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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 574 - ver ahora
Transcripción completa

Adela me ha estado explicando sus razones para dejar el convento

y regresar a Acacias. Y la entiendo.

Ahora a organizarse.

¿Qué dice Susana?

¿Le dará trabajo a Adela?

-Lo siento.

Pero ya se nos ocurrirá algo, sor Adela, seguro.

-A mí no me importa que se quede en mi casa todo el tiempo que requiera.

Hasta que encauce su vida.

-"Cayetana Sotelo Ruz".

Necesito verla cuanto antes.

Tengo que presentarme y pedirle

que me perdone por haberla abandonado.

-Jaime, yo en tu lugar me lo pensaría mejor

y, sobre todo, esperaría un tiempo.

-Aguardaré.

Aguardaré.

El feliz acontecimiento tendrá que esperar.

Quiero empezar con buen pie la relación con esa hija

a la que he anhelado durante tantos años.

De momento el juez, que ya está libre de presiones,

ha decidido autorizar la autopsia a Germán.

Y si se confirma que es un homicidio,

podremos acusar de él a Cayetana.

Celia,... deja de atormentarte.

Pronto vas a ver que Úrsula es la culpable de todos esos crímenes.

Pero da igual lo que yo te diga,

si la policía me sigue acusado.

Ojalá hubiera aprendido más de tu bondad.

De tu dulzura.

-"Ahora ha hecho cosas, sí. Pero ella no mató a Tirso".

Ni a don Germán.

Claro que los mató, Fabiana.

Y también a Manuela.

Y no se olvide de la pequeña Carlota.

Falso. Eso no es posible.

No es verdad.

La justicia le dará la razón a usted o a mí.

"¿No vas a invitarme a entrar,"

Anita?

Vamos a ver,

la idea es que te quedes a solas en casa con Lolita.

Será otra oportunidad para que triunfe el amor.

-Ya.

Pero, por lo que yo he podido colegir, Lolita no está en el ajo.

-Para que se quede Lolita a solas contigo, hay que engañarla.

Pero tú tranquilo.

Que todo lo hacemos por tu bien, Antoñito. Todo por tu bien.

-"Cuando me tuvo usted"

secuestrada,... le ofrecí un trato.

Un trato que usted rechazó.

Ahora le ofrezco, sin rencor,...

otra oportunidad.

Puedo ayudarle.

Debería elogiar mi capacidad para perdonar y pasar página.

Usted trató cruelmente de arrebatarme la vida.

Y, sin embargo, yo...

le pago ofreciéndole una solución a todos sus problemas.

Antes de pedirme mis alabanzas, Úrsula,

dígame cuál es esa salida de la que habla.

Comprendo el por qué de desvelar su identidad.

Reconozco que ha sido una jugada buena.

Le he asegurado el ganarse el favor de todos los vecinos y amigos.

Supongo que no ha venido aquí a darme coba.

Yo nunca lo haría.

Si bien ha estado acertada al hacer esa confesión,

eso no ha sido suficiente para parar la investigación.

Mauro y Teresa siguen tras usted.

No me está contando nada que no sepa.

Le queda poco tiempo, doña Cayetana.

Ha perdido usted los asideros que tenía en el gobierno y la justicia.

De hecho, el juez ha autorizado

que se continúe con la autopsia de don Germán.

Está usted cayendo sin remedio.

Su situación es más que desesperada.

A no ser...

que pueda recuperar sus contactos, sus relaciones sociales.

Solo así se salvará.

¿Cómo voy a hacer eso?

Sí. Soy hija de una criada.

¿Cómo voy a recuperar mi prestigio y mi estatus?

Puede hacerlo con la ayuda de...

su padre.

¿Qué dice de mi padre? No conozco a mi padre y lo sabe.

Pero yo sí.

¿Cómo sabe quién es mi padre?

Tras la caída por el Puente de los Lamentos,

investigué su pasado.

Y pude averiguar quién era el hombre que dejó preñada a Fabiana

cuando esta era criada de los Sotelo Ruz.

No me fue fácil encontrarlo, pero...

una vez que lo logré, pude acercarme a esa persona

y ganarme su confianza.

Dígame quién es.

Le desvelaré su identidad... a su debido tiempo.

¿Es un hombre poderoso?

¿Puede hacer algo por mí?

Créame que lo es. Dígamelo.

Dígame quién es ahora mismo, no tengo tiempo que perder.

Antes... es menester que usted haga cierta cosa.

¿Qué quiere que haga?

Santa Virgen de los Milagros,...

te pido que acompañes a Cayetana en este viaje que va a emprender

lejos de Acacias.

Es una pobre pecadora descarriada que necesita que la guíen

por el buen camino.

-Celia. Querida.

Ay, qué buen día hace hoy. ¿Qué nos traerá de nuevo?

-¿Quién sabe? Seguro que no hemos de aburrirnos.

Huy, tú te has enterado de algo y tienes que contárnoslo a escape.

-Se va a enterar todo el barrio más pronto que tarde.

Cayetana se va a marchar de Acacias en breve.

-Pero no puede hacer tal cosa.

La autopsia de su esposo no ha terminado todavía.

-Sí, precisamente antes me he cruzado con Felipe

y me ha dicho que los resultados de la autopsia saldrán hoy mismo

y serán determinantes para Cayetana. -Tenemos que contárselo

a Pablo. Tal vez él quiera tomar cartas en al asunto.

-Con vuestro permiso, nos vamos.

Con Dios. -Con Dios.

-A mí ya no me extraña nada de Cayetana.

-Después de descubrir que no era quien decía ser,

es hasta lógico que cambie el rumbo de su vida

y deje atrás estas calles.

-No es la única que está sufriendo grandes cambios.

Tenéis que saber que Adela está alojada en mi casa.

-¿Y qué pinta allí la monja?

Está confusa.

Necesita un tiempo para darse cuenta de si su vocación sigue intacta.

-Pues no debería tener tantas dudas. Hace tiempo que tomó los hábitos.

-Yo confío en que la muchacha sabrá reorientarse.

Por eso la estoy acogiendo por un tiempo.

-Usted siempre tan dispuesta, doña Celia.

-Yo supongo que en unos días ella se dará cuenta de que su vocación

sigue siendo fuerte y regresará al convento a venerar a Nuestro Señor.

Pero, si no es así, entonces

habrá hecho bien en marcharse de allí.

-Muchos vaivenes me parecen para una monja.

Debería haberse quedado en el convento.

-Sí. Que ese es el lugar que le corresponde, y no el mundo.

Aquí lo único que va a hacer es aumentar sus dudas.

-Cada uno hace de su capa un sayo, como buenamente puede.

Y nosotros no tenemos más que asentir y callar.

No es de buen cristiano meterse en los asuntos de los demás.

-Vaya ínfulas se gasta la Celita.

-¿No cree que a lo mejor ha cometido un error

negándole el trabajo a Adela?

Si la hubiera admitido, la tendría más controlada.

-Lo peor es que ahora pernocta en casa de Celia,

en la misma casa donde trabaja Simón.

Tanta cercanía no me gusta nada.

-Bueno,...

esperemos que se imponga la decencia

y el amor que aún siente Simón por Elvira, claro.

-Toda la culpa la tiene Celia.

No tendría que haberla acogido. Esa mujer ha cambiado mucho.

Desde que está liberada del matrimonio, todo le va bien.

Y eso no es así.

¿Qué miras con tanto interés?

No me digas que también te vas a lanzar al mundo de los negocios.

-Quía.

Dios me libre de meterme en semejantes berenjenales.

Estaba leyendo la crítica que han hecho

de la función del Teatro del Príncipe.

-No sabía que estabas interesada en ese tipo de lecturas.

-Escucha, aquí dice que la interpretación

que hace la gran Italia Vitaliani de "La dama de las camelias"

es, sencillamente sobrecogedora.

Sería una buena opción

para ir hoy al teatro.

La gran Vitaliani, siempre que actúa en Nueva York,

tiene un éxito rotundo.

-Que ya se lo hemos dicho a la niña. ¿No me vas a dar ese capricho?

-Solo le pido al cielo que si algún día me pides

que me tire desde una ventana, que sea un bajo.

-(RÍE)

-Por supuesto que tendrás tus entradas.

Las conseguiré cuando salga del banco.

-Una cosa que tenemos hecha. Ya está la casa despejada.

-No sé yo si esto va a ser una buena idea.

-Confía en mí. Que todo va a salir de perlas.

Luego iré al mercado a compraros unas viandas para que cenéis.

-No tenía que haberse tomado tantas molestias.

Todo va a ser trabajo perdido.

-Pamplinas.

Vais a tener una cita romántica como Dios manda.

-Como a mi padre no le guste la obra y vuelva antes de tiempo

no vamos a tener campo para correr.

-Tú no te preocupes, que yo me encargo de entretenerle.

Además, lo tengo todo controlado.

Le he dejado a Lolita un vestido encima de la cama

para que esté bien arreglada.

-Que no. Que no, que no, que no, que no.

Que nos vamos a pegar un leñazo bien gordo.

Si Lolita no me quiere ver ni en pintura.

-Antoñito, confía en mí y déjate llevar.

Que aún no te he contado mi arma secreta para conquistar a Lolita.

-Bueno,...

cuénteme, ¿cómo es que sabe hablar alemán tan correctamente?

Blanca,...

solo trato de ayudarla.

-Aprendí, simplemente.

-No es un idioma sencillo. A la gran mayoría le cuesta

varios años hablarlo con cierta soltura.

-Yo no he dicho que lo hable. Solo es cuestión de estudiarlo.

-Si le resulta tan simple, no me extrañaría

que entendiera otros idiomas.

¿Entiende el francés?

¿Podría traducirme esta carta de trabajo?

-(LEE EN FRANCÉS)

Dice que han recibido el encargo y que están contentos con el pedido.

También puedo traducir del inglés.

Pero no me gusta que me pongan a prueba.

-No era esa mi intención.

Pero entiendo que ha recibido una educación exquisita.

-No me toque. -Disculpe, no pretendía

importunarla.

-Tengo que salir a hacer unas gestiones.

-Mi padre gusta del sándalo.

¿Le gustan los perfumes?

Luisa, por favor, prepárale un baño de sales a la señorita.

Dele todos los perfumes y aceites que ella desee.

No dude en pedir todo lo que necesite.

Esa joven es todo un misterio, padre.

-Hijo, la verdad...

tengo que reconocer que no sé cómo tratarla.

Me da... miedo dejarla sola.

-¿Por qué razón?

-Me preocupa que se pueda hacer daño.

¿No piensas igual?

-No. Creo que es precisamente lo que más necesita.

Soledad, para reconciliarse consigo misma.

-Dios quiera que no te equivoques y que no tengamos una desgracia, hijo.

Cualquiera sabe por dónde puede salir una persona

que ha pasado por lo que ella.

Samuel,... loca o cuerda,...

un manicomio no es lugar para olvidar.

¡Lolita! Sí que has madrugado.

Tan temprano y ya de vuelta del mercado.

Pues ya sabe lo que le toca a una. Madrugar.

Ea. ¿Qué te ocurre?

Ni que fuera la primera vez que nos encontramos en la calle.

Perdóneme, señorita.

Pero es que ahora no sé cómo tratarle ni qué decirle.

¿Con qué nombre le llamo yo ahora? Pues, ¿cuál va a ser?, con el mío.

Llevo demasiados años atendiendo a Teresa, como para cambiarlo.

Ya.

Es que una es cortita de entendederas, pero vamos,

que a mí con el que le bautizaron también me vale.

A más ver. Doña...

A más ver.

No te preocupes, mi amor.

Es normal que nuestros conocidos estén confundidos con tu identidad.

Al menos al principio.

Mauro, se me hace muy cuesta arriba continuar por estas calles.

Tú piensa que todo esto lo hacemos por Tirso.

Y por brindarle a nuestro hijo un futuro libre de rencor.

Un futuro sin la sombra de Cayetana.

Doña Celia.

¿Cómo se encuentra hoy?

Molesta.

Cuando me contaron la verdad, me quedé conmocionada.

Pero ahora que la he digerido, y tras la confesión de Cayetana,

les diré que me siento defraudada.

No me parece bien que me hayan tenido in albis todo este tiempo.

Celia, lamento en el alma no haberle contado antes la verdad,

pero pudo enterarse antes de que Cayetana lo anunciara.

Me quedé sin palabras.

Pero ahora que han pasado los días, le diré que me siento engañada.

Y no han sido los únicos.

También le he manifestado a Felipe mi disgusto por no habérmelo dicho.

No le culpe.

Felipe no podía revelarle la identidad de Teresa.

No estábamos seguros de que fuera conveniente decir la verdad.

¿Y usted cómo se encuentra, Teresa?

Tanta tensión en su estado no es bueno.

Pierda cuidado, no me ha afectado.

No he vuelto a sentir las molestias del inicio del embarazo.

Espero que pase pronto todo esto y pueda descansar.

De hecho, ayer estuve hablando con Cayetana.

Me despedí de ella. Va a marcharse.

Está destrozada.

No sé si creerla.

Estoy segura de que está fingiendo.

¿No se tratará de otra de sus tretas?

No sé qué decirle, Teresa.

Por lo que yo sé, le ha vendido el colegio a Ramón.

Es muy posible que esté tratando de poner tierra de por medio

antes de que se conozcan los resultados

de la autopsia de Germán.

Pero ¿dónde puede ir?

(Se cierra una puerta)

Susana, pasa, por favor.

Carmen, retírate.

Aquí me tienes.

¿Para qué me has hecho llamar?

Supongo que debes despreciarme por lo ocurrido.

Comprenderás que ha sido una sorpresa de órdago para todos.

Me imagino que hasta te debe hacer cierta gracia, que la que siempre

se ha sentido por encima de los demás, ahora resulta que es la hija

de una criada. Una bastarda.

Te equivocas.

En nada me divierte lo que te está pasando.

¿No me desprecias por ser una advenediza?

¿Una persona sin apellidos?

¿Con un nombre tan vulgar como "Anita"?

No lo hago.

Siento una gran compasión por ti. Susana, por favor,

de nada me sirve que no seas sincera conmigo ahora.

No tiene sentido que te andes con paños calientes.

Es cierto que en otra época te hubiera juzgado.

Cruelmente.

Pero la vida me ha cambiado.

Todo el mundo tiene un pasado, y si te enfrentas a él,

te cambia la manera de ver la vida.

No. No voy a juzgarte.

Nadie debería hacerlo.

Colijo pues que también ha habido grandes cambios para ti

en los últimos tiempos.

En cualquier caso, me alegro mucho de que pienses de esa forma.

No sé lo que hayas podido llegar a hacer en tu vida.

Pero no tienes ninguna culpa...

de que Fabiana cambiara tu identidad.

Yo era solo una niña.

Ni siquiera pienso que ella la tenga.

¿Quién no quiere lo mejor para sus hijos?

Cierto.

Gracias, Susana.

Me voy de Acacias, pero...

me reconforta haber hablado contigo y saber que dejo aquí

a una amiga de verdad.

De eso no te quepa ninguna duda.

Te deseo lo mejor en la vida.

Rezaré mucho por ti.

Sea como sea, Cayetana no puede seguir en este barrio.

Ni en este barrio ni en ningún otro sitio.

Yo solo espero que antes o después ella reciba su castigo.

Es muy posible que pronto lo sepamos.

Por ahí vienen el comisario Méndez y Felipe.

-Tenemos noticias que darles.

Hemos terminado el análisis

del cuerpo de Germán y, los resultados son concluyentes.

Se ha encontrado veneno en sus tejidos.

El mismo veneno que Cayetana guardaba en su casa.

¿Cuándo van a detener a ese endriago?

En cuanto esté todo dispuesto.

Tiene que ser lo antes posible, comisario.

Ha de saber que Cayetana está planeando abandonar el barrio.

Tendré que presionar a mis superiores. Lo haré a escape.

-No me queda más que felicitarles.

Por fin lo han conseguido.

Han derrotado a Cayetana.

-Buenos días. -Don Arturo.

-Don Ramón. -Dígame.

-Si tiene un momento, me gustaría hablarle de su hijo.

-Claro. ¿Ocurre algo,

ha habido algún problema con los negocios?

-Todo lo contrario.

-Entonces todo marcha bien. -Estupendamente.

Su hijo ha resultado ser un lumbreras en esos menesteres.

-Siempre le he considerado un lince para los negocios.

-He recuperado parte de mi inversión y he recibido beneficios,

lo que tiene mérito, teniendo en cuenta la situación de la bolsa.

-Bueno, él siempre está siguiendo los movimientos,

con lo que, claro, consigue buenos resultados.

-Si le soy sincero, llegué a desconfiar de él.

Pero me ha demostrado con creces su talento.

-Tenga en cuenta que al haber estudiado en los colegios

de Estados Unidos e Inglaterra, allí de otra cosa no sabrá,

pero de negocios, lo saben todo.

-Pues puede estar muy satisfecho.

Ha aprovechado bien las enseñanzas. -Muchas gracias.

-Con Dios. -Con Dios.

-Pierdan cuidado, que les iré informando de sus inversiones.

Con Dios.

-Antoñito, hijo.

Ven aquí conmigo, que voy a invitarte a una copita de licor

en La Deliciosa.

-Le veo de buen humor, padre. ¿Se ha levantado eufórico?

-Motivos tengo.

Acabo de encontrarme con don Arturo y, según lo que me ha dicho,

sé que puedo confiar plenamente en ti.

-Ah, no sabe... cuánto me alegro. Pero... ¿qué le ha contado?

-Que está muy satisfecho con tu trabajo.

Me gusta saber que has recapacitado y te has olvidado de chanchullos.

Sabía que esta vez no me ibas a fallar, hijo mío.

Vamos.

-"Bueno, señorita,"

entonces, ¿cuál prefiere que le prepare para el teatro?

-¿Cuál te gusta más? -El de la derecha, sin duda.

-Cómo sabía que ibas a elegir el que tiene más escote.

Luego no te quejes si me miran, ¿eh?

-A mí que me envidien por llevarte del brazo no me importa, mi vida.

-Gracias, Lolita.

-Si no te parece mal,...

antes del teatro me gustaría pasar a ver a Pablo y a Leonor.

-De acuerdo. Ahora más que nunca necesitan nuestro apoyo.

-Sobre todo Pablo. Anda descompuesto con la investigación.

-Bueno,... todos tenemos nuestras preocupaciones.

-¿Y a ti qué te quita el sueño, gitana mía?

-Pues por un lado, lo de Germán y Manuela.

Y por otro, lo de Adela. Se ha marchado del convento

y, doña Celia le ha dado cobijo en su casa.

-De verdad que no entiendo tanta preocupación.

Si la chiquilla no tuviera a quién acudir o tuviera que dormir

debajo de un puente, entendería por qué alarmarnos.

Pero...

-¿Es que te has olvidado que Simón trabaja en casa de doña Celia?

Ahora conviven bajo el mismo techo.

Doña Susana está preocupadísima, y a mí también me inquieta.

-Pues yo creo que estáis viendo gigantes donde nada más hay molinos.

-Hay algo peligroso en esa convivencia.

Es normal que Adela esté agradecida a Simón.

Pero me temo que los sentimientos de amistad puedan dar paso a otra cosa

y, que Simón, aturdido por la pena de Elvira, no se dé cuenta.

-Yo creo que lees demasiados folletines.

-Ay, Víctor, no te chancees de mí.

Simón se ha refugiado en su amistad con Adela de una manera enfermiza.

Parece que siente la necesidad de ayudarla en todo momento

y de protegerla como si fuera su paladín.

-Visto así,

no parece que te falte razón.

-No sé si hablar con Simón y avisarle.

-No, no, tú no te metas en camisas de once varas.

-¿Y si hablo con doña Susana? -Peor.

Si ya está preocupada, que le vayas con el chisme,

la sacarás de quicio.

-Trataré de no sacar el tema con ellos.

Pero me temo lo peor.

-"Es que no puedo creerme" que sea cierto.

-Pues como te lo estoy diciendo. Cayetana se marcha de Acacias.

Ay, si quieres que te diga la verdad, me ha dado pena

verla en ese brete.

-Pero ¿cómo que pena ni qué pena? ¿Cómo puedes decir eso?

¿No te das cuenta?

Si trata de quitarse de en medio, es para escurrir el bulto,

por lo Germán y la hermana de Pablo.

-En eso tienes razón.

Yo no creo que le dejaran irse

si hubieran encontrado en la autopsia algo de enjundia.

-¿Dónde tendrá pensado marcharse?

Porque ahora no es una señora de posibles.

A este paso, termina sirviendo en una casa.

-No digas enormidades.

Que ella, donde termine cayendo,

lo hará de pie.

Lo que me faltaba por ver.

Hermana, ¿dónde se supone que va?

-A la iglesia. -Espero que a confesarse.

Porque no está cumpliendo con sus votos, ni de lejos.

¿Y cómo es que lleva el hábito, si ha abandonado el convento?

-Es que no dispongo de otras ropas.

-Alma de cántaro, pero ¿cómo le ha podido hacer eso a sus compañeras?

¿Y a la Madre Superiora?

Incluso a mí misma, que me está dando un disgusto de órdago.

-Lo siento, no quería contrariar a nadie.

Será mejor que se vuelva por donde ha venido.

Le prohíbo entrar en la iglesia. -Susana, sosiega.

No puedes prohibirle tal cosa. -¿Cómo que no?

Cuando el párroco la vea, me voy a quedar a la altura del betún.

Yo le convencí para que se quedara unos días en Acacias.

Por ahí no paso. -Mire,...

puede que tenga razón y que no esté haciendo lo que debo.

Pero nadie va a prohibirme escuchar la palabra del Señor.

Les dejo con Dios, señoras.

-Vaya con la monja. Qué descaro.

-Fresca. Ya ni las religiosas guardan buenas formas.

Ay.

-Susana.

¿Qué pasará luego, mi amor?

Cuando todo esto termine.

A mí me gustaría vivir cerca del mar.

Nunca lo he visto, pero...

me han contado que contemplar esa enorme extensión de agua

te produce... una intensa sensación de paz.

Y creo que sería un buen lugar

para criar a nuestro hijo.

Pues te prometo que voy a conseguir una casa junto a la orilla.

Y veremos amanecer cada mañana

entre las sábanas. Como una familia dichosa.

Y por las tardes pasearemos por la playa cogidos del brazo.

Hasta que se ponga el sol.

Bueno, ya ha pasado un tiempo.

Voy a ver cómo sigue el asunto de la detención.

Mauro, prefiero que te quedes conmigo.

Serán solo unas horas, mi amor.

No quiero que todo esto se dilate,

ahora que Cayetana planea marcharse.

"Pa" mí que se están diciendo que se quieren.

-¿Para qué me quería, Servando? -Ah, sí.

Tengo mucha tarea en casa.

-Sí, "señá" Carmen, que la llamaba porque he recibido una carta

para doña Cayetana, pero me he colado,

que al final la misiva era para don Ramón,

así que perdone haberla entretenido. -No se apure.

Que en la vida se dan muchos paseos de balde.

-¿Ha visto...?

¿Ha visto usted a esos dos tortolitos del abanico?

¿Qué se estarán diciendo? -¿Quiénes?

Pues estos dos.

La señora de la chocolatería y el que está apoyado en la fuente.

-Cualquiera sabe, Son un poquito añosos

para andarse con estos juegos.

-¿Y no le intriga... lo que estará pasando?

-Lo único que me intriga es saber si voy a terminar mi tarea a tiempo.

-No, espere, échenos una mano, a ver si sabemos

qué es lo que están tramando. Mire usted,

que si no tienen un romance , estamos echando por los suelos

la reputación de dos familias.

Mire usted si sabe interpretar lo que están diciendo.

-Está bien. Me quedaré un momento.

Le está diciendo que le quiere.

Y...

ahora le está pidiendo que le siga cuando se marche,

no hay duda.

Estos están más liados que un saco de hilos.

-No, pero... usted siga, ¿qué más le está diciendo?

-Ay, ¿qué más da?

¿No se ha enterado ya de lo que quería?

Y ahora les dejo, que mi faena no se va a terminar ella sola.

-Con Dios.

Estos dos, cuando se levanten, no les pierda de vista.

Ah. ¿Qué quiere que haga, que les siga?

¿Por qué tengo yo que hacer eso? -Por qué lo vas a tener que hacer,

porque es la única forma de matar dos pájaros de un tiro.

Así sabremos si estos dos están liados, y si de verdad

la señora Carmen conoce el lenguaje de los abanicos.

-Pero ¿y nosotros qué ganamos con eso, Servando?

-Por Dios, Martín, es que a veces pareces lelo.

Porque así sabemos si la "señá" Carmen

no ha sido siempre criada y, si aquí hay gato encerrado.

¿Lo vas entendiendo?

-La ha cogido usted con la señora Carmen.

-No, es que no sería la primera que aparenta lo que no es.

Bueno, ahí tienes a doña Cayetana.

Toda la vida creyendo que es lo que es y, al final mira,

ni doña ni Cayetana. Así es que,...

no los pierdas de vista. -Pero Servando,...

-Chist. Venga, trae.

Quítate eso. Y procura que no te vean.

Ea.

"Lolita,"

nosotras nos vamos al teatro. Quiero que limpies la cocina.

Llegaremos tarde.

-Descuide, que se la voy a dejar limpia como una patena.

-Te tomo la palabra.

Y espero que esta noche no me decepciones.

Y te esfuerces en hacerlo todo muy bien.

-Si tiene alguna queja sobre mí, me gustaría que me lo dijera.

Porque una intenta hacer de lo bueno, lo mejor.

Y si no, se lo dice a doña Celia, que es mi patrona.

-Bueno, Lolita, pues eso ya se verá.

La cocina,... como una patena.

Pero antes pásate por el salón. Que quiero que recojas unas cosas.

A más ver.

-Páselo bien en el teatro.

Hala.

Bonito sino el de las criadas.

Trabajar, mientras que otros se divierten.

Me da a mí que doña Trini tiene mucho que ver con esto.

Menuda encerrona que me ha montado.

-Espero que no te moleste. No quiero recibir otro puñetazo.

-Que no está bien engañar a una pobre desgraciada como yo

así de esta manera; estoy muy disgustada con ustedes.

-No te lo tomes a la tremenda, mujer.

Solo te estoy pidiendo otra oportunidad.

Hazlo, aunque sea por no desperdiciar

toda esta comida.

-Que no puede ser.

Que usted va hecho un pimpollo y, yo llena de lamparones

de estar todo el día faenando. -Eso no es ningún problema

porque doña Trini te ha dejado un vestido, jabones y agua caliente.

-Vamos, que de aquí no me escapo ni por la ventana.

-Está todo pensado para que disfrutes de la noche.

Es... lo menos que te mereces.

-"Alma de cántaro".

"Pero ¿cómo le ha podido hacer eso a sus compañeras?".

"¿Y a la Madre Superiora?".

"Incluso a mí misma, que me está dando un disgusto de los de órdago".

Adela, la veo inquieta. ¿Qué está escribiendo?

-Una carta de despedida para Simón.

-¿Cómo es eso, ya nos va a dejar?

-Tengo que volver al convento.

-¿Puedo preguntarle a qué se debe esa marcha

tan repentina?

-La Madre Superiora seguro que está sufriendo por mi culpa,

y eso no es justo.

Además, más pronto que tarde mandará alguien a buscarme

y quiero ahorrarle ese disgusto.

-Entiendo sus razones, pero ¿a qué se debe ese cambio de opinión?

-Es que he tenido un encuentro desagradable con doña Susana.

Me ha reprendido duramente por la actitud

que estoy tomando.

-Yo no sé qué tiene que opinar ella en todo esto.

-Se siente responsable, porque al final fue ella

quien mandó que viniera yo al barrio.

-Adela,... desengáñese.

La sastra siempre ha sido muy amiga de meterse en la vida de los demás.

Pero de cualquier manera, ella me ha hecho ver que

no solo estoy traicionando mis votos,

sino que estoy haciendo daño a mucha gente.

-No debe hacerle mucho caso.

Doña Susana tiene unas opiniones...

muy radicales y...

las expresa de forma muy vehemente.

-Pero es que tiene razón.

Tiene razón. Esto es una insensatez.

-Una insensatez

es aceptar una vida que usted no ha elegido.

-Mire,... ¿no se da cuenta de que,

de que aquí no tengo futuro?

Si no hubiera sido por...

por su ayuda, ni por la de Simón, yo no tendría un sitio donde comer,

ni siquiera tendría un techo donde dormir.

-Adela, no se preocupe, puede quedarse en mi casa

el tiempo que precise. -No.

No quiero ser una carga para nadie. -Le aseguro que no lo es.

Me hace compañía.

-Le agradezco con toda mi alma su gentileza.

Pero creo que mi sitio es el convento.

-Está obcecada con las palabras de Susana.

Tómese un tiempo.

Reflexione.

Antes de... dar un paso que ya no tenga vuelta atrás.

Estás preciosa.

Y el vestido te hace un cuerpo muy escultural.

O sea, que tú siempre tienes un cuerpo escultural,

pero que con el vestido se te nota más.

-No me sea zalamero. Si esto me aprieta por todos lados.

En Cabrahígo solo le dan flores a los difuntos.

-Son para demostrarte lo mucho que te aprecio.

Y lo... atractiva que me resultas.

-Me gustan.

Pero al final se mustian. Mejor sería dárselas a las cabras.

-Bueno.

¿Nos sentamos a disfrutar de las viandas?

-Uh, ¡pero cuánta comida!

Si aquí va a sobrar más de la mitad.

Le puedo llevar un poco a los del altillo.

Un poco de esto. Para que lo prueben, digo.

Y esto.

-Bueno, ¿por qué no me cuentas cosas sobre tu pueblo?

¿Eh? Según tengo entendido,

las fiestas patronales son famosas en toda la región.

-Sí, pero porque siempre acaba alguno descalabrado.

-Bueno, pero habrá... baile, ¿no?

Y verbena y todo tipo de atracciones.

-Pues si se puede llamar atracción a perseguir al lechón.

Al final acaban todos igual, de embarrados, digo.

Los mozos y el guarro.

-¿Y el baile?

-El baile sí me gusta.

Pero, vamos, nada del otro jueves.

Cuatro músicos y... a cantar las coplillas de siempre.

-Y las fiestas de San Cosme, ¿cómo son?

-Sí que le ha aleccionado bien doña Trini.

Pues si le tengo que contar todas las fiestas del pueblo,

desde la siembra hasta la recogida, que son un zurrón de ellas.

-Bueno, pues mejor hablamos de Nueva York, ¿No?

Allí las casas son enormes.

Están construyendo un edificio que va a tener 22 pisos de altura.

El "Flatiron", se llama.

Sí, va a ser el más grande de la ciudad.

Los americanos es que no tienen límite.

Van a acabar construyendo hasta en el cielo.

-Pues pobres criadas, las que trabajen allí.

Van a llegar reventadas a ese altillo.

Claro, es que hacen las cosas sin pensar.

-Ya.

A ver qué puedes hacer.

Desde que hablé con ella, lleva aquí todo el tiempo leyendo la Biblia.

-Déjeme a mí.

Trataré de animarla.

Doña Celia me ha contado su encuentro con doña Susana.

-No se apure, no tiene importancia. En muy poco tiempo

estaré en el sitio que me corresponde.

-¿Sigue convencida de regresar al convento?

-Ese es mi lugar.

Y lo demás son... quimeras...

y castillos en el aire. -Discrepo.

El lugar que le corresponde, es donde usted desee estar.

-Puede decir lo que le apetezca, mi decisión está ya tomada.

-Les dejo para que hablen de sus cosas.

-Mire,...

puedo llegar a comprender que decida marcharse.

Que vuelva a encerrarse de nuevo.

Comprendo su temor a que la Madre Superiora sufra por su culpa,

o incluso a su miedo. -Pues si es así,

está todo hablado.

Tengo que hacer lo que debo, Simón.

-Sí, sí, sí. Es su elección y yo no soy quién

para cuestionarla.

Pero... dígame sinceramente,...

sor Adela,...

¿es eso lo que quiere?

-Mis deseos no importan aquí.

-¿De verdad piensa que Dios la ha llamado para llevar una vida

de recogimiento y de oración?

¿De verdad siente que su vocación es firme?

-No puedo echarme atrás.

-Sabe que eso no es cierto.

Usted puede recuperar el control de su vida cuando quiera. Siempre.

Además,...

¿va a regresar a ese convento sin cerrar el capítulo de Carlos?

-Le ruego que no vuelva con eso.

-Reconozca que estaba emocionada con la posibilidad de verle de nuevo.

-No continúe.

No debo dejarme llevar por mis sentimientos.

-Espere, sor Adela, espere.

Haga lo que crea conveniente, de acuerdo.

Pero si decide volver a ese convento,

mejor hacerlo habiendo saldado esa cuenta, ¿no?

-Está bien, me quedaré.

Pero con la condición de que retomemos la búsqueda de Carlos.

-Sí, por supuesto. Lo haremos de inmediato.

-Necesito cerrar ese capítulo de mi vida.

Es menester liberarme de él para decidir qué voy a hacer.

Si volver al convento...

o integrarme en la vida seglar.

-Me parece la decisión más acertada.

Que no.

Que déjese de tontadas.

No cambio yo mi Cabrahígo, por todo el Nueva York ese entero.

Me va a comparar un país en el que se monta al novillo,

en lugar de torearlo. Menuda memez eso de los rodeados.

-Rodeos. Lolita, se llama rodeos.

Y bien interesante de ver que es. Y vas a...

reconocer...

que también son bastante menos sangrientos, ¿no?

-Pero que no tiene que estar tan de su lado.

Además, que por culpa de los yanquis,

hemos perdido Cuba y Filipinas.

-Hablando así me recuerdas cada vez más a Servando.

-Pues haberle invitado a él.

Que lo mismo la cena era más divertida.

-No te lo tomes así, que era una broma.

Venga, quédate un poco más.

Dame ese capricho.

Me da que para convencerte, voy a tener que usar algo

que me dio doña Trini.

Ella lo llama... su arma secreta.

(Música)

-Pero ¿cómo ha conseguido la música del cortejo de Cabrahígo?

-Bueno, sabes que doña Trini me echó un capote

y también me ha enseñado algunos pasos.

-Huy.

(LOLITA RÍE)

(RIENDO) Pero qué torpe que es.

Si baila así, no se le arrima

ni la Rogelita, que es coja.

-Es que no me sé muy bien los pasos, pero si bailas conmigo igual..

-Huy.

-Cuidado.

-Huy.

(RÍEN)

-Si bailamos así en la plaza del pueblo, acabamos en el pilón.

Tengo que subir al altillo.

Es que no vaya a ser que llegue don Ramón y...

nos vea de esta guisa.

-Pero si quedan horas para que lleguen, mujer.

No entiendo a qué viene tanta prisa.

Ahora que empezábamos a estar bien...

-Pues... es que no hay nada que entender.

Me tengo que marchar a escape.

Quién pudiera traerte de vuelta del "País del ámbar".

(Llaman a la puerta)

Pensaba que se trataba de Mauro.

Vengo a traerle una carta.

Es de doña Cayetana.

Me resulta extraño que la emplee para este menester,

después de todo lo que ha ocurrido entre las dos.

Reconozco que fui a visitarla para disfrutar de mi victoria.

Para verla derrotada, al borde del cadalso.

Pero...

lo que me encontré fue una mujer hundida,

deseosa de que su final llegara lo antes posible.

Doña Cayetana ya no es nadie.

Todos la han abandonado.

Tan solo ha podido recurrir a mí...

para que le trajera esta carta.

Gracias, Úrsula. Con Dios.

"Querida Teresa".

"La vida nos ha hecho hermanas

y después enemigas".

"Lo lamento, pero... tal vez es mejor que sea así".

"No soy buena persona, y nunca lo he sido".

"Lo mejor para todos es que alguien acabe conmigo".

"Todo aquello

de lo que habéis estado acusando es cierto".

"No niego que tenga mis razones,

que cada muerte fue para defenderme".

"Para proteger lo que más amaba".

"Menos la de Tirso".

"Para él no tengo motivo".

Maldita seas.

Vengo a despedirme.

Bien que me gustaría acompañarte en este viaje.

Bien sabes que esto no es posible.

A partir de ahora... tendremos vidas separadas.

Y eso no es plato de buen gusto para mí.

Me preocupa qué pueda pasarte

por esos mundos de Dios. No tienes que preocuparte.

Sabré salir adelante, siempre lo he hecho.

Pero la policía anda detrás de ti, no te lo pondrá fácil.

Antes,... antes tendrías que haber marchado.

Lo sé.

No sé, no estoy segura de que esta sea la mejor opción.

Quizá tú puedas ayudarme.

Pídeme lo que quieras.

Te juro... que hasta mi vida daría con gusto por no tener que ver

cómo marchas de Acacias.

Entonces,...

dime quién es mi padre.

"Tengo que comprobar"

hasta dónde llega tu infamia.

"Maté a Germán y Manuela porque querían acusarme de asesinato".

"Lo de Carlota fue un accidente".

"Todo lo hice para defender mi corazón

del mal que querían hacerme".

"En el fondo,...

me alegra que tú seas quien a la postre haga justicia".

"No me perdono arrebatarte a Tirso".

"Ese pequeño ángel al que quité la vida ha sido la gota

que ha colmado el vaso".

"Mi conciencia no puede acarrear tanto peso".

Tienes que confesarme de una vez cuál es el nombre de mi padre.

No.

No puedo decirte quién es. ¿Qué pasa?

¿Que eres tan fresca que no te acuerdas de quién te preñó?

Eso no lo digas ni en broma.

Claro que lo sé.

Yo metí la pata una vez, pero nunca más.

Por estas.

¿No te das cuenta de que es mi única tabla de salvación?

Por favor, hija.

Por favor.

No me pidas eso. Madre,...

tú lo acabas de decir.

La policía va tras de mí.

En cualquier momento pueden entrar en esta casa y llevarme.

Y esta vez sí, acabar en el cadalso.

¿No son para ti razones suficientes?

¿No te das cuenta de que tú eres solo una criada?

No puedes hacer nada.

Pero tal vez mi padre tenga posibles, tenga poder.

Tal vez él sí pueda sacarme de este trance en el que ando metida.

¿Me lo vas a decir?

Me has dicho que harías cualquier cosa por mí,

¿verdad?

(TARAREA)

Me tengo que ir. -Lolita...

-"¿Tiene idea de cómo dar con Carlos?".

-Este es su pueblo.

Casas de Santisteban.

Ahí... vivía la última vez que nos vimos.

Pero de eso hace mucho. Antes de que entrara en el convento.

Era apenas una mozuela.

Es imposible que siga allí. -Eso no lo sabe.

Mire, Casas de Santisteban está muy cerca de aquí.

Mañana, al alba, vamos hacia allí y lo comprobamos.

¿Está dispuesta?

-"¿Dónde está mi hija?".

-No tengo por qué responderle. Cuide sus formas, Úrsula.

-Tengo derecho a saberlo. Es mi hija.

-Y gracias al reciente compromiso que ha adquirido con mi padre,

también es mi hermanastra ahora.

-Nada hay por encima de los lazos entre una madre y su hija.

-Lazos que usted ha roto.

No volverá a acercarse a ella. No dejaré que le haga daño.

A partir de ahora, yo trataré a esa muchacha como se merece.

-¿Interrumpo?

"Señor,"

tú que siempre me has cuidado y no has permitido

que me suceda nada malo,...

dame la fuerza que necesito.

Dame la luz que requiere mi empresa.

Y te ruego que no me abandones ahora.

No abandones a tu fiel sierva.

"Soy una mujer perdida".

"Sola".

"Y sé que siempre será así. No voy a oponerme a mi final".

"Podría haberte enviado esta carta firmada y habría bastado

para que la justicia me condenara. Pero necesito verte".

"Necesito decirte adiós".

"Haces bien en tomarte esa copa".

¿Por qué? Tenemos algo que celebrar.

-Se va a proceder a la detención de Cayetana.

  • Capítulo 574

Acacias 38 - Capítulo 574

04 ago 2017

Úrsula le revela a Cayetana cómo pretende salvarla: con la ayuda de su padre. El comisario Méndez desvela a Mauro y Teresa que la autopsia de Germán apunta a Cayetana como culpable de su asesinato. Adela tiene un encuentro con Susana en el que la monja reafirma su postura: se quedará en Acacias hasta que sepa cuál es su camino. Simón apoya a Adela y vuelve a animarla a buscar a Carlos. Trini planifica una encerrona a Lolita para que tenga una cena romántica con Antoñito. Pero todo es un desastre: no tienen nada en común criada y señor. Úrsula accede a salvar a Cayetana a cambio de que la señora acabe para siempre con Teresa. Para ello hace que Cayetana le envíe una carta a la maestra citándola en su casa.

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