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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 568 - ver ahora
Transcripción completa

Aquí tiene el dinero que pretende invertir.

Le hago entrega.

Es... una cantidad más que considerable.

-El mundo es de los que se arriesgan, amigo Antonio.

-Me parece que usted y yo vamos a disfrutar mucho

haciendo negocios juntos.

-"Muy en contra de lo que todos pensábamos y deseábamos,"

Germán y Manuela no estaban en Cuba.

Sino cerca de aquí.

Sus cadáveres han sido encontrados...

en los terrenos adyacentes al Colegio Carlota De la Serna.

La noticia de su muerte era real.

Lo de su fuga... era falso.

-"Todos sabemos quién ha sido".

Ha sido Cayetana.

Han encontrado los cuerpos en el colegio, en sus terrenos.

-O Úrsula.

-¿Recuerdas el cinco de mayo? -Domingo.

-¿Recuerdas algo más? -Sí. Mi madre vino a verme.

-"Doña Úrsula ha sido puesta en libertad".

Ha demostrado tener una coartada el día de la muerte de Tirso.

Es usted un inútil. ¡Es usted un patán!

Olvide a Úrsula. No piense en culparla a ella.

Ocúpese mejor de demostrar su inocencia, doña Cayetana.

Acuda a la morgue a identificar los restos.

Le llegará una citación para un interrogatorio.

Y vaya pensando cómo justificar la presencia de esos dos cuerpos

en unas tierras de su propiedad.

"Antes de su marcha, me aseguró que a su regreso desvelaría la identidad

de mi hija. -Así es. Se lo prometí.

-Pero ¿qué hace?

-En este sobre está escrito el nombre de su hija.

-¿Y a qué espera para entregármelo?

-Le aseguré que se lo desvelaría. Y aquí está.

Pero hay una condición más...

antes de que se la entregue.

-Deje de jugar conmigo.

¿Qué quiere?

-Que se case conmigo.

-¡¿De qué demonios está usted hablando?!

¿Qué clase de locura es esa de que nos casemos?

¿Acaso no tiene suficiente ya con todo lo bueno

que he hecho por usted?

-Piénselo antes de negarse.

Esa boda es requerimiento imprescindible

para que yo le permita conocer el nombre de su hija.

-Me niego. Rotunda y definitivamente.

Lo que usted pretende es extorsionarme

y yo no admito chantajes. Olvídelo.

-Dejaré que lo piense.

Eso es, es ridículo. Es una proposición grotesca.

Mire, yo no le he negado la ayuda económica.

Incluso la he acogido en mi casa.

Pero ¿casarnos?

Es demasiado, es absurdo. Además, yo no siento nada por usted.

-Oh. -Nada.

-No hay que ser un lince para darse cuenta.

Yo tampoco siento nada por usted.

De acuerdo. No sería una boda por amor.

-Ni por amor ni por ninguna otra razón.

No habrá boda.

-¿Ha dejado de interesarle encontrar a su hija?

-¿Por qué? ¿Por qué?

-Cuando el nombre que escondo se conozca,

cuando la relación filial que tiene usted con esa mujer salga a la luz,

habrá un cataclismo social.

Y necesitaré protegerme.

Su apellido me garantizará...

que no me alcanzarán los rayos de la tormenta.

-Es usted despreciable.

-Soy inteligente.

Quizá... algo egoísta.

Pero no es despreciable intentar sobrevivir.

La supervivencia es un instinto.

Debería sosegarse.

Le conozco bien y sé que es incapaz de hacer daño a una mujer.

Para su gracia o su desgracia, es usted un buen hombre.

Ten cuidado, que está muy caliente.

Ven.

Te quiero.

(Llaman)

Pablo.

Pase.

Buenos días.

Pablo, es muy temprano. ¿Ha ocurrido algo?

Vengo de reconocer el cadáver de Manuela.

Lo siento. Mi más sentido pésame.

Créeme sincero.

Ya, ya sé que usted...

Bueno, ustedes, están detrás del descubrimiento de los cadáveres.

Por eso me dijo el otro día

que se descubrirían cosas que me afectarían.

No podía desvelar nada más, y menos...

hasta que la identidad de los fallecidos hubiera sido confirmada.

Ha habido un momento en la morgue que se me doblaron las piernas.

Pensaba que no podría cumplir con el trámite.

Aquí nos tiene para lo que necesite.

Les necesito.

Pero no busco ni compasión ni consuelo.

Busco justicia.

Para mi hermana y para mi madre, para que descansen

de una maldita vez. Y para mí.

Tengo que hacer algo para vengar a Germán y Manuela.

¿Cómo podemos ayudarte?

Díganme quién les mató.

¿Cayetana?

¿Úrsula?

Solo díganme un nombre y el asesino, o asesina,

saldará sus cuentas con el Señor.

Pablo, la justicia se encargará de ello.

Me encargaré yo. Denme un nombre.

Un nombre. No le diré a nadie que me lo han dicho ustedes.

Pablo, aún no lo sabemos a ciencia cierta, aún no.

Pero estamos haciendo todo lo posible por llegar al fondo

del asunto, a la verdad. Confía en nosotros,

lo vamos a conseguir.

No es tan difícil. Es solo una palabra.

¡¿Tan difícil es de comprender mi urgencia?!

A mí también me han matado un hijo. Pues con razón de más.

Yo también vengaré a Tirso.

Pablo, templa, te lo ruego, ¿eh?

pocas personas habrá con más deseo de justicia que Teresa y yo mismo.

Pero no podemos actuar sin conocer todos los datos.

Tenemos que esperar a la autopsia.

Sin duda, nos indicará con toda certeza la verdadera culpable.

Esperar, esperar y esperar. ¡Esto es insoportable!

Ha sido pavoroso. Apenas reconocí a Germán.

Al hombre que fue.

Eso no era nada.

Eso eran ropas mugrientas, polvo,... muerte.

Ha sido horrible.

Ya me lo puedo suponer, señora. Ande.

Venga.

Venga conmigo, venga.

Siéntese.

Beba una miaja de tila... que le vendrá bien, ya verá.

Es que, ¿por qué me pasa esto a mí?

¿Qué voy a hacer ahora, Fabiana?

Los rumores...

se dispararán.

¿Han empezado ya a decir algo en la calle?

Los vecinos ya saben que los difuntos son...

el señor y Manuela, sí. Palurda.

Esa palurda, si no hubiera aparecido en mi vida,

hasta Carlota estaría viva.

Hasta disfrutaría viendo su asqueroso cuerpo mugriento.

No se haga usted mala sangre, señora.

¿Más? Imposible.

Los señores se reunieron todos ayer en casa de doña Celia.

¿Y qué dijeron? ¿A quién acusan?

A nadie. Gracias a Dios.

No me sirve de nada que me mientas.

Ya lo sé, señora. Lo sé.

Pero la verdad, nadie la acusa a la franca.

Puede que alguno guarde sus dudas, eso sí.

Entonces, ¿por qué nadie viene a verme?

¿Por qué nadie me da el pésame y se preocupa de mí?

No les dé usted importancia. Son veletas.

Usted no destaque, que el asunto corra rápido,

piensen lo que ellos piensen.

Pero, sobre todo,...

no se me venga usted abajo. No.

Eso no.

Claro que no.

Me voy a defender. Voy a luchar.

Nadie me va a vincular con esas muertes,

y tampoco con el enterramiento.

Si alguien lo intenta...

Úrsula ha preferido atacarme con el pasado,

con esas muertes añejas.

No sé por qué no ha querido acusarme

de lo que pasó aquí entre ella y yo no hace tanto.

¿Qué más da? Me defenderé, acabaré con ella.

Tendrán que esperar mucho más si pretenden acabar conmigo.

Mire, señora.

Suéltame.

Temple usted, señora.

Si una no se puede contener, lo mismo harán los demás.

Y entonces hablarán en demasía, hija.

Ven. Ven.

Todos se quedaron pálidos cuando diste la noticia

de que los cadáveres encontrados eran de Germán y Manuela.

Estupefactos.

-Aunque mucha gente estaba en contra de esa relación,

eran muy queridos.

Incluso yo, más que acostumbrado a los hechos luctuosos,

estoy con el estómago encogido desde que los desenterraron.

-Yo no puedo dormir de la angustia.

-Ven aquí.

-Volveré después para recoger las tazas.

-No se vaya, Simón.

-Señora.

-He hablado con don Ramón... y con Fabiana.

Mañana podrás instalarte en el altillo.

-Se lo agradezco profundamente, señora, pero no es necesario

que hablemos de eso ahora, si tienen cuitas mayores.

¿Más café, señor? -No.

Tengo asuntos pendientes.

Hasta luego, cariño. -Hasta luego.

-Supongo que se estará preguntando por mi relación con don Felipe,

por vernos ayer y hoy.

Quiero que sepa que... -No he visto nada, señora.

Ni ayer ni hoy.

-¿Su código del honor, la discreción?

-Apunte otro apéndice a mi código de honor.

Jamás opino sobre la conducta de mis señores.

-¿Y si yo se lo demando? ¿Y si me interesa su opinión?

-Lo siento, pero preferiría que... -Se lo ruego, Simón.

Más que nada, porque no tengo con quién hablar de este asunto.

Y usted...

ha demostrado sensatez y honor

en sobradas ocasiones. Sería mi consuelo.

La sinceridad de los extraños.

-Está bien. En ese caso...

Mire,...

no pierda usted ni un solo minuto de su tiempo en considerar lo que digan

o puedan decir los demás.

Disfrute, señora.

Aproveche cada instante al lado de don Felipe.

-Es cualquier cosa menos conservador, Gayarre.

-Lo he aprendido a costa del sufrimiento.

No hay que perder un instante cuando quieres a alguien.

-Sí, pero el mundo se haría lenguas si supiera que vuelvo a querer

al que fuera mi esposo.

-Permítame el atrevimiento, señora.

Haya sido su esposo o no,...

se nota a la legua que don Felipe la adora.

Ese sentimiento es mutuo.

En ese caso...

Si le resultara incómodo algo de lo que le voy a decir,

hágamelo saber y callaré al instante.

Si desea besarle, bésele. Si desea abrazarle,

abrácele.

Eternice cada momento de amor, hágalos durar todo lo que pueda.

La vida es demasiado corta.

-Esas palabras son más valiosas si cabe, sabiendo lo mucho

que ha sufrido.

Lo que aún sufre.

Gracias, Simón. Es más que generoso.

Lo siento, pero no conozco más detalles que lo que os he contado.

Felipe y la propia policía están esperando los resultados

de la necropsia. -¿Y eso qué es lo que es?

-Pues cuando los difuntos abandonan este mundo

en circunstancias sospechosas,

los médicos abren sus cuerpos de arriba abajo,

para saber de qué o por qué perecieron.

-Corrígeme si me equivoco, Celia.

-Lo has explicado muy bien, aunque...

no solo abren los cuerpos, sino que también

analizan la sangre por si hubiera algún otro fluido.

Por si apareciera veneno, por ejemplo.

-Toma ya. La ciencia avanza

una barbaridad.

-Ojalá sea la ciencia lo suficientemente exacta

como para esclarecer los hechos.

Si la desgracia no tiene vuelta atrás,

al menos así sabríamos lo que realmente ha sucedido,

lo que ya es un alivio.

-¿Y cómo está Pablo?, que no te lo había preguntado, hija.

-Pues ya se lo puede imaginar. Está deshecho.

Y lo más preocupante...

es que no se limita a aceptar lo que ha pasado y a pasar su duelo.

En su cabeza da vuelta la venganza.

-Y no es para menos, coñe.

-Ave María Purísima; por el amor de Dios, no hables así, Trini.

Que no es desquite lo que nos pide nuestro Señor,

sino resignación.

-Pero eso es más fácil de decir que de hacer, Susana.

-No te digo yo que no. En estas situaciones, nada es fácil.

Con que os diga que no me he atrevido a escribir a Leandro

para contarle el fatídico destino de su mejor amigo.

-Descuida, mi hija y Víctor ya le mandaron un telegrama.

-Gracias, hija.

No sé cómo se lo va a tomar mi Leandro.

Puede que... sus pensamientos no estén tan lejos de los de Pablo.

-Y nosotras tan cándidas pensando que se habían fugado

y se habían puesto el mundo por montera.

-¿Y qué íbamos a pensar, si encontraron los féretros vacíos?

-Si fueron conscientes de su destino,

sus últimos momentos debieron ser pavorosos.

-Que el Señor los tenga en su seno.

Yo voy a rezar hasta que me falten las fuerzas.

-¿Cómo morirían?

Da canguelo hasta pensarlo, ¿eh?

-Puede que la investigación nos ayude a salir de dudas.

¿Y qué me decís del lugar del enterramiento?

Sin querer señalar a nadie, pero eso de que encontraran los cuerpos

sepultados en los terrenos del colegio, debe ser una señal.

Eso no puede ser casual.

-¿Alguna de ustedes sabe algo de Cayetana?

¿Me están diciendo que a ninguna de ustedes

se le ha ocurrido acercarse a darle el pésame?

-Yo lo había pensado. Claro que es lo natural

en esta situación, pero...

si queréis que os diga la verdad, no me he atrevido.

A ver cómo se lo iba a tomar.

Es mejor dejar pasar el tiempo y que se esclarezcan los hechos.

-Sí, en estos casos una no sabe cómo actuar bien.

-Entre nosotras, señoras,...

¿alguna sospecha de que Cayetana pudiera tener algo que ver?

-Bueno, no tenemos noticias suficientes todavía, pero

bien podría ser como pensábamos, Úrsula, claro que sí.

Por favor, con lo que sabemos de ella,

otro asesinato cabe en el terreno de las suposiciones.

Aún recuerdo su mirada la noche de los Paulinos.

-A ver, señoras. Estamos pasando

de sospecha en sospecha como las ardillas, de pino a pino.

Yo, si os place saber mi opinión, tanto monta, monta tanto.

No me fío de ninguna de las dos, ni de Cayetana ni de Úrsula.

Son las personas con menos compasión que me he echado a la cara.

¿Ha tomado ya una determinación?

-Disculpe que no me tome tan a la ligera el matrimonio con usted.

-Insisto.

No hablamos de un matrimonio apasionado ni de cuitas del amor.

Es una simple y llana transacción comercial.

-Es usted más fría que una lápida.

-Y dura como ella. No lo dude.

Pero las circunstancias podrían quebrarme.

No puedo esperar mucho más.

-No me presione o puede que le salga el tiro por la culata.

-Tiene usted mucho más a perder que yo.

Romperé el sobre y nunca más sabrá de su hija.

-No es que me importe demasiado, pero ¿interrumpo?

-Hijo, ¿estás bien? Te noto desasosegado.

-Doña Úrsula podría responder mejor que yo.

-No le entiendo, joven. ¿Qué trata de insinuar?

-¿Insinuar? Nada más lejos de mi intención.

No solo aventuro, sino que afirmo.

¿Le ha contado ya a mi padre que anda en jaleos con la ley?

¿Por qué fue detenida?

-¿Cómo que detenida? -La policía se la llevó

y muy bien custodiada. -Ha sido todo un malentendido.

Un error. Yo no tengo nada que ocultar.

-Es usted... No, no sé lo que es.

Pero, desde luego, no lo que afirma ser.

En el mejor de los casos, es una impostora.

Y probablemente, una estafadora.

-¿Por qué se ensaña conmigo? Desdígase, se lo ruego.

-¿Desdecirme?

Solo digo lo que mis ojos han visto.

¿Por qué se necesita una escolta no pequeña para conducirla a usted?

Y algo más intrigante,...

¿por qué ese comisario acompaña a una estafadora a ese sanatorio?

-Por favor, basta ya.

No tolero que en mi presencia hables en ese tono a una señora.

-¿Señora?

¿No me está usted escuchando, padre? Le tiene usted enajenado.

-He dicho que basta ya. Se acabó.

-No entiendo por qué su hijo... -Le ruego que le disculpe.

Doña Úrsula, la juventud, a diferencia de lo que la gente cree,

es un periodo muy triste de la vida.

Todas esas puertas que están ahí frente a nosotros,

parece que no se van a abrir nunca.

Mire, de verdad, sin filosofías, por favor, discúlpeme.

-Lo intento. Bien sabe Dios que lo intento.

Pero es que su hijo me ofende.

-Hablaré con él.

-No necesito que hable con él.

Lo que necesito es que me dé una respuesta.

De gente como su hijo y de calumniadores

es de quienes debo protegerme.

Quiero que me dé una respuesta esta misma noche.

De lo contrario, me marcharé.

Desapareceré para siempre y nunca sabrá el nombre de su hija.

-Usted no tiene talla moral...

para presionarme de esta manera.

Antes he calificado lo que intentaba hacerme de chantaje.

Pero me quedaba corto.

-¿Que no tengo talla moral?

No estamos hablando de moralidad. Recuerde...

que soy la única que puede ayudarle a olvidar todo el tormento

que ha vivido estos años.

-No cederé a su extorsión.

-Sí que cederá.

Se casará conmigo.

¿Sabe por qué?

Porque soy la única solución a su tormento.

Para que veáis, y como siempre he mantenido, que no hay dinero

más importante que otro. Ese capitalito son las ganancias

que habéis obtenido.

-Desde luego que es usted el mago de las pesetas, don Antoñito.

-Que no, Casilda, que no es un mago. Es financiero.

Pero yo agradecido igualmente, ¿eh, señorito?

-¿Cuánto hemos ganado?

-La bolsa de valores ha duplicado vuestros ahorros.

¿Y tú qué, Servando, no dices nada?

-Que los ponga a trabajar otra vez.

-No, no, no, no, de eso nada.

El tema se acaba aquí. No tentéis a la suerte.

-Que no, Servando, que la avaricia rompe el saco.

Además, don Antoñito tiene razón: los pobres, con tener suerte

una vez, ya hemos cumplido. Así que Martín, reparte.

-Mi más sincera enhorabuena a todos.

-¿Habéis visto como la vida se ve de otro color?

Si es que a uno ya le pica la palma de la mano y, lo único que piensa

es en gastar pesetas.

-Servando, a ver si nos vamos a volver locos.

Que los ricos son ricos porque no gastan.

-¿Sí?

-¿Tú qué piensas que vamos a hacer con esto?

¿Vamos a meterlo debajo de una piedra

para que se lo coman los roedores?

Pues no señora, no. ¿Y vosotras qué pensáis?

¿Tú qué piensas, Martín? -Bueno, yo soy más partidario

de un punto intermedio.

-¿Qué hace? -Disfrutar de la euforia colectiva.

Es un buen momento, ¿no?

¿Cuándo habías visto tú tanto dinero junto?

-Muchas veces. -¿Sí?

En mis sueños, claro.

-Pues este es de verdad. Y tu parte es digna de celebración.

Así que, deberíamos celebrarlo.

Sí, por todo lo alto.

¿Por qué no me acompañas a un café teatro nuevo que han abierto?

Me han dicho que es el no va más.

-Usted... y servidora.

Solos.

¿Me está diciendo el señorito que vayamos usted y yo de picos pardos

y sin carabina?

-Disfrutaremos de la velada y, luego, pues...

lo que surja.

Ha tenido que ser un golpe bien duro para mi padre.

Imagínate.

Saber que tu mejor amigo fue asesinado y enterrado sin piedad.

-Y para tu madre.

Les tenía mucho aprecio a Germán y Manuela.

Al menos, tus padres se tienen el uno al otro para darse consuelo.

Dejemos de hablar de esto y recordemos

a don Germán y a Manuela felices.

-Espero no molestar. Me ha abierto Lolita.

-Usted nunca molesta, abuela, ¿cómo va a molestar?

-¿Quiere sentarse? -Es solo un momento.

Perdona que me meta donde no me llaman,

pero anda todo el mundo

por la calle comentando el terrible suceso de Germán y Manuela.

Y... tienes la chocolatería a rebosar.

-Pues hace usted muy bien en avisarme.

Ahora mismo bajo. Vida, luego hablamos.

Abuela.

-Siéntese.

María Luisa, querida.

Yo sé que tú tienes mucho aprecio a Simón.

Me gustaría que habláramos un poco de él.

-Bueno, va despacio, pero se está recuperando.

No debe usted preocuparse. -Ojalá pudiera estar tan segura.

Parece que va mejor, sí.

Pero me temo que su comportamiento es bastante errático.

Por ejemplo, ya lo comentamos ayer.

Su dulzura,...

sus atenciones con sor Adela, ¿te parecen normales?

Te vi hablando con ellos el otro día.

Parecíais muy animados.

-Sí. Víctor y yo les invitamos a dar un paseo con nosotros,

pero no aceptaron.

Simón dijo que tenía algo que hacer con sor Adela.

Al final va a tener usted razón y,...

han hecho una buena amistad en muy poco tiempo.

-¿Cuán de profunda es esa amistad?

-Pues no lo sé, doña Susana. Solo sé que va muy deprisa.

Sor Adela ha conseguido con Simón lo que no hemos logrado sus amigos.

Darle ese empujoncito de ánimo que tanto necesitaba, y aliviar la pena

por la pérdida de Elvira.

-Es de agradecer el comportamiento de esa monjita.

Es dulce y piadosa.

Pero ¿no ves algo extraño en ella?

Si llegaran a ser muy amigos,...

sería peor el remedio que la enfermedad.

-¿Habla usted de romance?

No, hombre, no, doña Susana.

El mismo Simón me dijo que estar con sor Adela

le trae recuerdos de Elvira. Por eso, su afinidad con ella.

Además, que ella es monja. No, no, imposible.

-Tú eres joven, María Luisa.

Y gracias a Dios no te pones siempre en lo peor.

Pero con lo que yo he visto y he sufrido,

no lo descartaría.

No voy a consentir que terminen escarmentados.

Lo evitaré. -¿Cómo?

(Llaman)

Uy.

Anda, Lola, que antes te has ido a escape del altillo.

No hemos podido charlar de la guita que hemos ganado.

Te queríamos dar las gracias.

Gracias a ti se ha apeado el Antoñito y nos ha cogido el parné.

-Pues si yo no he hecho nada.

-No poco.

Tú te los has camelado, como cada vez pasáis más tiempo juntos...

-Uy. Tengo que fregar y luego recoger las sábanas.

-Recontra.

Menudo atapelos. Oye, esto es caro.

Parece que quiere pasar por nácar.

-Es nácar.

Y sí, antes de que me lo preguntes, me lo ha regalado el señorito.

Y me ha invitado a ir a un café teatro.

-¿Solos? Luego dices que si yo cotilleo.

Hombre, como para dejarte a tu aire.

¿No te había dicho yo que eso no es un buen avío?

Él es un señorito y tú una criada.

Un ufano y tú...

una desgraciada, Lola.

-Oye, que solo me ha invitado a ir al café, y no a la piltra.

-Como que te lo iba a decir.

-Ya sabré yo guardarme si llega a sobrepasarse.

Yo también tengo derecho a pasármelo bien.

Que me río, me hace gracia.

Y por las mañanas me levanto contenta y cantarina.

-Ya. A lo que tú llamas contenta, en mi barrio se dice "enamorá".

-Arrea y que te ondulen. ¿Sabré yo diferenciar?

-Pues diferencia, Lola, diferencia.

No vaya a ser que cuando te quieras dar cuenta, ya estés más colgada

que un cantimpalos. Y ya lo dice el catecismo:

"Luego llegará el crujir de dientes".

Que sois muy distintos.

Ya no es solo que seas criada, sino que también eres de Cabrahígo.

-Eres más bruta que un arado, Lola. -Para el carro, que en Cabrahígo

el arado barbecha solo.

-¿Y él, qué me dices de él? Un señorito, criado a la estufa

y educado allí en las Américas.

¿Tú crees que te pareces en algo...

a las mujeres en las que está curtido?

Seguro que son muy educadas, refinadas, y más que bonitas.

-¿Me estás llamando espanto y zafia? -No, eso lo has dicho tú, ¿eh?

Yo digo que tú eres guapa... de tu guisa, claro está.

-Pues él dice que sí.

-Sí. Si yo no digo que no se haya encaprichado de ti.

Incluso que le haces gracia, sí. A mí también me la haces.

¿Y a que no por eso te haces ilusiones conmigo?

Pues lo mismo. Echa el freno, Madaleno.

Que no quiero que te parta y luego sufras.

-Descuida, que no se me han de alzar los pies del suelo.

¡“Dita” sea! -Servando.

A usted no le alegra ni un coro celestial.

Me imaginaba yo que no cabría en su piel por el dinero que hemos ganado.

-¡Calderilla!

He ido a preguntar cuánto cuesta un pasaje para Cuba

y, no tengo ni para la ida.

Con el dinero me llevo, me van a echar al agua

antes de cruzar las "Ozores".

-En ese caso, me alegro.

Conociéndolo, no es usted hombre de océano.

-Para que veas que estaba convencido de ir, eso sí,

iba a ir en el camarote, pero para ver a mi Paciencia,

que en la última carta me ponía que me echaba mucho de menos.

Bueno, que nos echaba de menos a todos, pero a mí también.

Si es que lo que quiero es ver a mi mujer, Martín.

-Eso no es tan raro, ¿no?, digo yo. -No, Servando.

Y no desespere. Si hasta la propia Paciencia le diría eso.

-Seguramente sí, pero

¡ya sabes que yo soy de desesperaciones, caramba!

¿Y si se olvida de mí?

Porque ya sabes que, para Paciencia, la memoria no era su fuerte.

Lolita, ¿has terminado de recoger la colada?

Te ayudo a doblar las sábanas, que una sola es muy engorroso.

-No se inquiete que ya me apaño yo sola.

-Mujer, si te lo estoy ofreciendo de ley.

¿No te gusta llevarlo puesto? Es muy bonito.

-Es que una no tiene tiempo para presumir.

-Ya.

¿Ni siquiera... para agradar a quien te lo compró?

-Ya hablamos de eso, doña Trini.

-Lo sé. Y según tu filosofía Cabrahiguense,

mi hijastro es un liante que nunca se sabe cuándo miente y cuándo no.

-Así, que a veces suelta unas trolas,

que le sientan a una el culo. Con perdón.

-Nada, moza, desahógate.

-Pues si es que de nada tengo que desahogarme.

No debería ni hablar del andoba.

Olvidarle, y olvidar lo que hace. Sobre todo lo que dice.

Sus bromas, sus requiebros.

Sus regalos, sus citas. -¿Cómo, cómo, cómo? Alto ahí.

¿Te ha invitado a un garbeo?

Ah. ¿Y a ti no te parece

que vaya en serio, que sea formal, en una palabra?

-Pues no sé. Yo creo que me invita de verdad.

Vamos, que no lo hace para reírse de mí.

Pero ¿para qué?

¿Usted cree que entre él y yo podría haber algún futuro?

Pues si somos más diferentes que una mula y un galgo.

¿Qué futuro hay entre una mula y un galgo?

Por muy fina que sea la mula y por muy fuerte que sea el galgo.

-Lolita, frena, que te embalas como el tío Facundo

por la cuesta de La Ermita del Santo.

Vamos a ver, ¿tú estás a gusto cuando estás con él?

¿Y sientes que te corre un gusanillo como por aquí,

a la altura del buche?

-Como si me corren orugas de las gordas, y con pelo.

Pero ¿dónde voy yo con un mozo

como el señorito? A hacer la paleta.

¿Alguien puede soñar con hacer la paleta? No.

Pues yo a faenar por un jornal, y él...

Pues él donde quiera.

-Muy bien, paisana.

Muy clarito lo ves, ¿eh?

Que no, hombre, que no. Que no ves tres en un burro.

Vamos a ver, ¿que tú quieres pasarte toda la vida faenando?

¿Sin haber tenido tiempo para ir de verbena?

-Pues lo que le ha tocado a una. -Mira, Lolita, ¿eh?

Es que te ponía de rodillas y de cara a la pared como en el colegio.

Vamos a ver, ¿no has pensado nunca en...

vivirlo, dejarte llevar, salga como salga?

Lolita, hija, tienes que ser feliz.

Con mucho cuidado, eso sí.

Pero con ganas.

-(Voz de Antoñito) ¿Lolita?

Estás aquí.

Y usted también, Trini. Mira qué bien.

Enseguida me marcho, ¿eh?, que solo quería pedirle un café

a Lolita. -¿Solo?

Bueno, pues... nada. Entonces soy yo la que se marcha.

-A más ver. -Doña Trini.

-Bueno, si estás muy liada... no te preocupes, ¿eh?

Solo venía a saber tu veredicto.

-Yo no tengo de eso.

-Sí, sí tienes, Lolita, es solo una palabra.

Sí.

-¿A lo del café?

Felipe, agradecemos que haya venido a informarnos de la investigación,

pero ¿podría dejarse ya de terminología legal e ir al grano?

Disculpen, deformación profesional y algo de pedantería.

Pero seré conciso.

Sin que sea nadie reparable, han de saber que estamos

teniendo algunos problemas con las autopsias.

¿Qué tipo de problemas?

Cayetana se niega a que se practique en el cuerpo de Germán.

¿Y puede negarse? Le pediremos al juez un mandamiento

para que se pueda llevar a cabo.

Con o sin el permiso de Cayetana. Pero puede negarse.

Es su viuda.

¿Y la investigación en el cuerpo de Manuela?

Ahí, los impedimentos son técnicos.

El forense no puede darnos resultados definitivos.

Pero ¿no encuentran veneno en la sangre que queda?

El doctor está convencido de que a Manuela le subministraron un tóxico.

Los datos no son concluyentes.

Que ese forense insista, por Dios.

Alguna traza debe de quedar, por sutil que sea.

Y si buscar venenos es demasiado genérico,

que se centre en el que Cayetana utilizó para matar a Tirso.

Se lo transmitiré. Pero créame, es lo único que puedo hacer.

Sabía que Cayetana no se iba a rendir tan fácilmente.

Yo también lo sabía.

¿Siempre se saldrá con la suya?

¿No significan nada las leyes, la policía, los jueces?

¿Va a seguir jugando eternamente con la justicia,

con los sentimientos del resto del mundo?

Si vale de algo, esa sensación de impotencia la sufro yo,

y parte del equipo de investigación. Incluido el forense.

Pero no hay que perder la esperanza.

Les seguiré informando. Es lo único que puedo hacer.

Gracias, Felipe.

(SUSANA CARRASPEA)

Una mujer que ha entregado su vida a Dios,

debería ser ajena a la vanidad mundana.

Que la vida a extramuros... no lo confunda, sor.

-Tan solo trataba de hacerme a la idea de,...

de cómo le quedaría a la señorita que lo lucirá.

¿Puedo pedirle algo, doña Susana?

-Veamos qué.

-Querría solicitar su permiso.

Me gustaría... salir... en un rato.

Es que tengo que visitar a un familiar muy allegado

que hace años que no veo.

-No puedo hacer eso, sor Adela. Usted está bajo mi responsabilidad.

Y es como si sustituyera a la Madre Superiora.

Y no creo que sor Genoveva le diera ese asueto.

-Por favor, señora, solo será un par de horas.

Y Simón me acompañaría.

-No solo se trata de disciplina, hija.

Si a usted le pasara algo, Dios no lo quiera, yo sería la responsable.

Por mi permisividad.

-¿Y qué me pasaría si Simón está a mi lado?

-Tengo que recordarle, hermana, que ha traspasado los muros del convento

como sacrificio para hacer una labor social cristiana,

no para pasear con Simón, por muy cabal que sea el muchacho.

-Creía...

No sé, daba por descontado que usted se alegraba

de que estuviera ayudando a Simón a sobreponerse de su desgracia.

De hecho, fue por eso por lo que usted solicitó mi ayuda.

Y creo que lo estoy haciendo. Poco a poco se ve que Simón

está saliendo de su oscuro pozo.

-Lo siento, hija. Estoy obrando en conciencia.

-Y algo más, ¿verdad?

-Pues sí.

Si quiere escucharlo, sí, hay algo más.

No quiero problemas con el párroco de mi iglesia y, por descontado,

tampoco con la Madre Superiora.

Ni se me pasaba por la cabeza que usted pretendía saltarse las normas.

-No lo haré. -Gracias a Dios, hermana.

Me quita usted un peso de encima.

Usted céntrese en la labor social.

Su familiar bien sabrá los sacrificios que impone la clausura.

-No volveré a meterle en una tesitura similar.

-Eso espero.

Y no se lo tome tan a pecho. A mí me alegra

ver cómo recupera la sensatez... y la obediencia de una hermana.

El sagrado corazón de Jesús también estará muy contento.

Bueno.

No nos hemos dejado nada en el tintero.

La tenemos acorralada.

En su momento la acusamos de los asesinatos del agente Soler

y de Tirso.

Y esquivó la acusación haciendo recaer las sospechas sobre Úrsula.

Después, aceptamos la ayuda de Úrsula

y hemos conseguido encontrar y exhumar

los cadáveres de Manuela y Germán.

Y, sin embargo, Cayetana volverá a salir indemne.

Solo nos queda una salva. Un último embate.

¿Estás dispuesta a revelar...

que tú eres la verdadera,... la legítima Cayetana Sotelo Ruz?

Solo con ese paso radical, conseguiremos desenmascararla.

Su nombre, y con él sus apoyos en las alturas, se desmoronarán.

¿Crees que la dejarán sola? Sí.

Esa gente, los poderosos, no fundamentan sus lealtades

en la trayectoria vital de las personas, sino en el nombre.

En la familia, en la sangre.

Cayetana volverá a la situación social

que le proporcionó su nacimiento.

Hija de una criada y de un padre desconocido.

Eso es. Con un agravante, mi amor.

No solo será una proletaria más,

será una proletaria estafadora.

Y si lo primero ya es determinante para esa gente de la aristocracia,

lo segundo es imperdonable. Más aún, punible.

No se va a salvar. No se va a salvar.

Vale, Mauro, la desenmascararemos.

Y cuanto antes mejor.

¿Has pensado en ti?

En nuestro hijo, quiero decir.

Lo haremos por él.

Por mis hijos.

Por el que fue y por el que será. Por ellos.

Por ti y por mí.

Y tú yo juntos, mi amor. Siempre juntos.

Víctor. -Antoñito.

Tienes que ayudarme, como en los viejos tiempos.

¿No conocerás algún café teatro que colme mis ansias

de presumir de muchacha guapa?

-No es que yo lo frecuente mucho,

pero hay que se llama "El telón", que por lo visto está muy de moda.

Cuéntame,...

¿quién es la afortunada?

-Lolita.

Sí, me ha costado,

pero al final ha acabado contestándome con un "sí".

-¿Lolita, nuestra Lolita, la de Cabrahígo?

-Sí, no tengo el honor de conocer a ninguna otra Lolita por el barrio.

-Esa a quien conoces tú, Antoñito. ¿Sois novios?

-Bueno, no, todavía no. Todavía.

-¿Tú te lo has pensado bien?

Yo no creo que tu padre se ponga muy contento.

Me imagino a tu hermana al borde del síncope.

No. Creo que tienes muy mala idea de los Palacios.

Somos mucho más fuertes de lo que tú te piensas.

Déjate de síncopes. No voy a pedirle la mano.

Vamos a disfrutar de un espectáculo juntos.

-Pero es una criada, Antonio.

-Bueno, él se casó con una manicura, y paisana de Lolita.

O sea, que no creo que sea el más indicado para hablar de casta.

-Sí. Lo que pasa es que él ve la criada en el ojo ajeno,

no manicura en el propio, no sé si me explico.

-Sí. Sí, sí, que tienes razón.

Yo creo que lo mejor será guardar el secreto de la cita.

-Demasiados secretos vas teniendo tú para ser un recién llegado.

Lolita, el tinglado que tienes montado con la bolsa...

-Lo de la bolsa no es ningún tinglado, ignorante.

Es una ocupación legítima. -No si lo haces a tu modo.

-Mi modo es imaginativo y provechoso.

Y más ahora, que acepté a don Arturo como inversor.

-Eres un temerario.

¿No te das cuenta del berenjenal en el que te puedes meter?

El coronel no va a parar hasta que le devuelvas todo su dinero.

¿Tú sabes disparar? Porque ese hombre es un fanático de los duelos.

-Sí, y agradezco tu dedicación, pero no me puedo quedar aquí adulándote.

Que me tiene que tomar medidas para un traje para mi cita.

-Me parece muy bien. Solo espero que no te explote todo en la cara.

-Mira quién entra.

-¿Aquí es donde te desempeñas, hijo?

-Bueno, he venido a saludar a mi amigo Víctor.

-También era esa mi intención.

-No sé si es este el lugar más apropiado

para lo que tengo que decirte, pero es que últimamente

no te veo en otros sitios.

Hijo, me tienes un poco preocupado.

Desde que regresaste,

no has hecho nada.

Eso si no tenemos en cuenta los esfuerzos que hiciste por escapar

de aquel vaquero. -Zamora no se ganó en una hora.

Padre, déjeme un poco de margen.

Estoy observando,

estudiando la zona,

valorando mis oportunidades.

-Pues esperemos que ese periodo no se demore en exceso.

Hijo, siempre y cuando te dediques a alguna honrada industria,

no voy a ser yo quien te ponga ningún impedimento.

Pero honradez, Antonio, honradez.

Y el nombre de la familia por encima de todo.

-Sí, que ya no tengo cinco años.

Esa lección la tengo muy bien aprendida.

La honradez es la bandera de la familia Palacios.

"O séase", nuestra bandera.

Ha llegado el momento de escuchar su respuesta.

¿Qué pretende?

¿No va a contestarme?

-Sí.

Lo voy a hacer. Obtendrá su respuesta.

Pero antes tendrá que escucharme.

Puede que conozca mi historia, pero...

quiero que la escuche de mis labios. -No va a conseguir

que me compadezca.

-Ni lo pretendo.

Siéntese.

Mi abuelo, mi padre,...

Toda mi familia hemos sido orfebres desde que queda memoria.

Buenos orfebres.

Aunque siempre artesanos, siempre modestos.

Yo tenía...

talento para el dibujo, para crear joyas.

-Talento que todavía conserva.

-Tenía muchos sueños. Mis joyas iban a ser admiradas.

Pero carecíamos del capital suficiente para poder producirlas.

-Por eso hizo lo imposible

para acercarse a la alta sociedad.

Alabo su osadía.

-Yo era entonces ambicioso. Mucho.

Nada podía detenerme.

Me propuse conseguir el capital necesario para poder

crear mis propias alhajas.

Enseguida comprendí que...

la solución pasaba porque me ayudara una familia de posibles.

Conseguí acercarme a una familia adinerada, los Sotelo Ruz.

Al cabo de unos años, ellos me dieron el dinero suficiente

para poder establecerme.

-Admiro el buen uso que ha hecho usted de ese capital.

-Ellos invirtieron en mi idea,...

en mi fábrica de joyas.

Pero yo era tan joven, para la ambición como para el error.

Mis instintos me jugaron una mala pasada.

Una noche,... bebido,...

me aproveché de mi condición de señor en casa de aquella familia.

Y seduje a una de sus criadas. Fabiana, se llamaba.

-Que se quedó embarazada.

-Sí, yo era tan egoísta,...

tan ambicioso, tan calculador,...

que no podía responsabilizarme de aquella criatura.

Hacerlo hubiera supuesto el fin de mis sueños.

Mi desprestigio, mi muerte social. Yo no podía permitirlo.

-Y ese error le ha reconcomido durante todos estos años.

-Sí.

Me ha acompañado todos estos años.

Cuando mi situación económica...

se hubo estabilizado, quise enmendarlo.

Quise encontrar a mi hija.

Incluso en vida de mi mujer. A mi pequeña.

-Demasiado tarde.

-Demasiado, sí.

Cuando por fin regresé al hogar de los Sotelo Ruz,

un incendio había devastado su casa.

Todos habían muerto.

Incluida mi hija.

Anita.

-O al menos eso es lo que usted creyó.

-Sí, durante muchos años.

La culpa me ha... atormentado durante todo este tiempo.

Mi famoso broche de la ninfa.

Ese que me ha hecho conocido en el mundo entero.

El joyero de palacio.

Lo diseñé

en memoria de la hija que yo creía muerta.

-No siga padeciendo.

Ahora, el destino, a través de mí,

le da la oportunidad de recuperarla.

De hacer las cosas como se debe.

-Necesito encontrar a mi hija.

Necesito mirarle a la cara para poder pedirle perdón.

-Si tanto lo desea...

-Sí.

Acepto sus condiciones.

Me casaré con usted.

Estoy deseando que llegue esta noche para tener la cita contigo, Lolita.

Hasta pienso estrenar un traje.

Sí. Vamos a estar los dos solos...

sentados al mismo nivel, no como ahora.

Dos personas iguales disfrutando de su compañía.

-"Simón, tiene que entender que no voy a pasar mucho más tiempo

en su compañía".

A doña Susana no le gusta que me desvíe de mis labores,

tanto en la sastrería como en el convento.

Y no le falta razón.

-No, no debe rendirse, no puede dejar este asunto a medias.

-Simón, soy religiosa. Me debo a la oración y a los pobres.

-¿Está completamente segura?

-"Yo ya he cumplido con mi parte de nuestro acuerdo".

Entrégueme ahora el sobre que guarda con tanto celo.

-Es mi única garantía.

No puedo correr el riesgo de que usted se eche atrás

en cuanto haya leído el nombre.

-¿Acaso duda usted de mi palabra de caballero?

Sabe perfectamente que jamás he incumplido una promesa.

-No es que no me fíe de usted.

Es que no me fío de nadie.

La policía ha detenido la investigación de Germán y Manuela.

-Cayetana está utilizando todas sus influencias

para obstaculizar la labor de la policía.

-No puedo entender cómo puede obstaculizar su trabajo.

-Es su viuda. Tiene todo el derecho a no autorizar la autopsia.

Cayetana es culpable y, utiliza todos los medios a su alcance

para que no la señalen. "Me ha extrañado no verte".

Y quería saber lo que piensas.

Celia, ¿por qué nadie ha venido a visitarme?

No lo sé.

¿Me crees capaz de quitarle la vida a Germán?

¿Al amor de mi vida? ¿A mi esposo?

"Ha llegado el momento".

"Teresa debe revelar ya quién es en realidad".

Hay que decir a los cuatro vientos que se trata de una impostora.

Dejen las cosas como están.

No veo por qué razón.

Doña Cayetana se convertirá en una hidra.

La creo capaz de todo. Su furia es terrible.

No me voy a amilanar ni un ápice, Úrsula.

Ruego que lo piensen un poco más.

No es necesario, la decisión está tomada.

No hay vuelta atrás.

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  • Capítulo 568

Acacias 38 - Capítulo 568

27 jul 2017

Mauro y Teresa evitan que Pablo cometa una locura contra Cayetana. Lo mejor es esperar a que el juez haga justicia. Simón se convierte en confidente de Celia y se entera de su relación con Felipe. Antoñito aprovecha el dinero recaudado en la estafa para dar beneficios a la gente del altillo, se contagia de su alegría y le pide a Lolita una cita. Casilda advierte a su amiga de la barrera que separa a señores y criadas, pero Lolita no pierde la ilusión. Servando tiene una nueva idea: con los rodillos del fonógrafo podrá mandarle un mensaje de viva voz a Paciencia a Cuba. Cayetana obstaculiza la investigación negando su consentimiento para la autopsia de su marido. Mauro propone a Teresa revelar su identidad, así Cayetana perderá el favor de la gente y será más difícil que se interponga en la investigación de la policía. Jaime accede a casarse con Úrsula.

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  1. Veronica

    En el momento que te Mauro a propone a Teresa y cntar a todos los vecinos su verdadera identidad. Mauro la dice:estas segura? Estas bien o algo así... Y y ella se. Toca la barriga de la y descoloca el cojín qué se lleva a cabo ¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿p

    16 ago 2017
  2. Jessica

    Los amigos y compañeros me ayudan cono hacen los amigos se precupan alguna vez soy amiga y compañera de felipe Álvarez hermoso y teresa sierra los manchegos

    28 jul 2017
  3. Mimi

    Nosotroa tambien queremos una invitacion...

    28 jul 2017
  4. Jessica

    Felipe Álvarez hermoso y teresa sierra soís mis amigos y compañeros de trabajo ahora vamos hacer películas nuevas tecnologías encontradas para siempre

    28 jul 2017
  5. Jessica

    Jessica fernandez arias felipe Álvarez hermoso Teresa Sierra son los nuevos personajes y proy agonistas de acacias 38 por toda la Castilla puedo de Hinojosas de calatrava zuareal puertollano y casa de ves 102 alvacete Castilla la Mancha España felipe Álvarez hermoso y teresa sierra son para mi manchegos casa de ves también es de la casilla la mancha España recoger vuestras cosas personales y recoger vuestro móviles haceros las maletas

    28 jul 2017
  6. Jessica

    Los imvirados que van a mi celemonía Teresa y felipe

    28 jul 2017
  7. Jessica

    Felipe Álvarez hermoso y teresa sierra irán a mi boda están imbitados son felipe Álvarez hermoso y teresa sierra los demás no

    28 jul 2017
  8. Jessica

    Y teresa y Felipe no

    28 jul 2017
  9. Jessica

    Y los demás tambien Para aprender a ir a mi cumpreaños

    28 jul 2017
  10. Jessica

    Y lo sabéis estáis castigados por no ir al mi cumpreaños se acabo

    28 jul 2017