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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 541 - ver ahora
Transcripción completa

En la cárcel ya hablamos todo lo que teníamos que hablar.

Claro como el agua me quedó todo lo que dijiste.

Por eso quería decirte que andaré por aquí unos días más.

Lo tendré en cuenta.

Benito, levántate de ahí.

-No me muevo hasta que no me des la respuesta.

-Una tarascada es lo que te voy a dar

como no recuperes la razón y te pongas en pie.

-Pero ¿por qué te empeñas en tapar lo que sientes?

-Benito, que a ver si te entra en la mollera que yo tengo marido

y que me hace la mar de feliz.

Que lo mejor es que te largues con viento fresco, ¿estamos?

-Te perdono. Ya sé lo que puedes llegar a hacer

por contentarme. Vámonos, que no quiero ni ver ese cuadro.

"Me he enterado".

¿A qué te refieres?

A que Teresa también va a estar viviendo en tu casa.

Por eso te incomoda acudir al baile.

Hace mucho tiempo que somos amigas.

Y entiendo tu inquietud, así que no me voy a molestar si no acudes.

-"Benito no se ha ido".

Ayer fue a buscar a Trini y le ofreció un anillo.

-¿Y qué respondió Trini?

-Creo que le rechazó, pero no puedo decírselo con seguridad,

porque estaba apartada y no pude oírlo.

-"Si te paras a pensar,"

yo tampoco soy tan mala persona.

Solo una pobre desgraciada que trata de salir adelante.

Si tuviera a alguien a mi lado como tú, mucho mejor me irían las cosas.

Yo puedo ser muy agradecida.

-"Tiene que estar usted destrozado".

-Por eso quiero rendir un homenaje a Elvira.

-Por supuesto, don Arturo, cuente con nosotros.

-Se lo agradezco, especialmente porque quiero pedirles el favor

de que se encarguen ustedes de organizarlo todo.

-Pierda cuidado, organizaremos unos rezos dignos del funeral de un Papa.

Si le parece bien, contaré con la ayuda de Susana.

Al fin y al cabo, ella es la más devota de las vecinas.

-No seré yo el que cree nuevos problemas.

-¿Utiliza a esa mujer para olvidarse de Teresa?

Felipe, por favor.

Me ofende que piense así. Entonces, ¿qué estaba haciendo aquí?

Nada. Felipe, no hacía nada. Ya le digo que no hay nada más.

Mis sentimientos hacia Teresa no han variado ni una pizca.

La más bonita del baile va a ser. Como cada vez que va a una reunión,

que es usted el centro de todas las miradas.

¿Le preparo algo para cenar? No, no tengo apetito.

Normal, porque anda usted entusiasmada con lo del baile.

No, Fabiana, no es por eso. Es otra cosa la que me preocupa.

¿Es Úrsula lo que le quita el sueño?

Por mucho que lo intento, no puedo quitármela de la cabeza.

Allá donde esté, estará preparando su venganza.

No pierda usted el sosiego.

Aquí estaré yo con mil ojos y mil oídos

para enterarme de lo que pasa.

Ya verá como en cualquier momento le daremos caza.

No. No es tan fácil.

La policía lleva días buscándola sin éxito.

Yo intento poner mi mejor cara con los vecinos, pero estoy angustiada.

Esa mujer es escurridiza y peligrosa.

Necesito tenerla controlada.

Olvide esas cuitas

y piense en algo fetén antes de dormir.

Es menester que deje que las preocupaciones

se marchen con el sol.

La noche la hizo Dios para descansar.

Me hastías con tus refranes de vieja.

Aplícate el cuento y lárgate.

Como quiera la señora.

(Llaman a la puerta)

Entra antes de que te vean.

¿Puedo ir sirviendo ya la cena, señorito?

-¿Qué tienes preparado?

-Pues acelgas y tortilla a la francesa.

-Vaya aburrimiento de comida.

-Pues si quiere usted divertirse, cómprese un mono,

que a una la han contratado de criada, y no de cómica.

-Pues no será porque te falte salero.

Oye, ¿por qué no me haces unos huevos fritos con patatas?

Y dos lonchitas de jamón, que las acelgas son para las cabras.

-Pues ni que esto fuera un café,

que aquí cada uno se puede comer lo que le salga de las pestañas.

-¿No vas a darme el capricho, reina mora?

-Sí, si fuera el único. Pero es que parece

que se le ha hecho la boca un fraile.

Que no haces más que pedirme caprichos.

-Sabes que estás la mar de guapa cuando te enfadas, ¿no?

-Pues ahora tengo que estarlo un rato,

porque se me está enervando la sangre

-Ahora mismo estás

para hacer locuras, Lolita.

-Vale ya de requiebros, señorito.

Que como se me escape el puño a pasear,

va a ver lo bonito que tengo el puño.

-Nada, que cuanto más arisca, más me gustas.

Doña Cayetana está organizando un baile.

¿Qué?

¿Quieres ser mi pareja?

-Mire que está feo tomar el pelo de esa manera

a una desgraciada como yo. -Te lo digo totalmente en serio.

-Pues, para empezar,

contigo no iría ni a la vuelta de la esquina.

Y, para terminar, pues sí, iré al baile,

pero como criada.

-Pues es una pena.

Porque con un traje de noche, serías lo más bonito del evento.

Pero ¿por qué estás siempre tan arisca?

¿No será que te falta un poquito de amor?

-Lolita, llama inmediatamente a doña Trini, tengo que verla.

-¿Va usted a arreglarse con doña Trini?

-Eso ya lo verás. -Pero entonces viene para quedarse.

-Las cosas no son tan sencillas como me gustaría.

-Ay, Ramón, qué alegría que estés de vuelta en casa.

-No lances las campanas al vuelo, Trini.

Solo he venido para

pedirte que cites a Benito mañana.

Tengo que hablar con él.

-Ramón, ¿no irás a hacer ninguna barbaridad?

Te prometo que ese hombre no pinta nada entre nosotros,

te lo digo de corazón, Ramón. -Tú primero tráemelo.

Después ya hablaremos.

"¿Cómo ha ido el encargo que te pedí?".

Bien.

Estoy consiguiendo todo lo que me pidió.

¿Estás segura de eso? Completamente.

Se puede decir que tengo a Mauro San Emeterio comiendo de mi mano.

Pronto podremos hacer con él lo que se nos antoje.

Esta noticia merece un brindis.

¿Y estás segura de que Mauro no sospecha nada?

Confíe en mí.

Tengo a ese hombre en el bolsillo. Me alegra oírte decir eso.

Es pobre diablo no sospecharía nada ni aun teniéndolo delante.

Está destrozado por la riña que ha tenido con doña Teresa.

¿Tan mal está? Peor.

Está hecho carbón por la separación.

Aún así, sigue obsesionado en encontrar a esa tal Úrsula.

¿Y qué es lo que has oído exactamente?

Parece ser que encontrar a esa señora, va a suponer

solucionar todos sus problemas.

Al menos, el que tiene con doña Teresa.

No.

Eso no hay nada que lo pueda solucionar.

Él parece estar convencido.

Ni un milagro lo conseguiría.

De hecho, eso sería encontrar a Úrsula.

Que ocurriera un milagro.

Intervención divina aparte,

él no pierde la esperanza.

Bueno, para eso estás tú aquí.

¿Qué quiere que haga?

Primero, no olvidar lo mucho que me debes.

No lo olvido, señora.

¿Recuerdas que un día te dije que si volvía a verte

por aquí acabaría contigo? Y no lo hice.

Sé que camino y respiro

Gracias a su compasión. ¿Y lo segundo?

Si Mauro se entera de algo de Úrsula, sea lo que sea,

por pequeño que sea, vas a correr a contármelo a escape.

Necesitabas dinero, ¿verdad?

Buena memoria tiene usted. Pues si trabajas para mí,

y trabajas bien, serás debidamente recompensada.

¿Debidamente cuánto es?

Más de lo que puedes imaginar.

Yo tengo mucha imaginación, señora.

Pues mejor para ti. Anda, vete con cuidado.

Nadie puede verte en este edificio. Y sal por la puerta de servicio.

Pues si el coronel te dijo eso, es un detalle bien bonito

el que tuvo contigo. -¿Cómo bonito, Fabiana?

Eso es de agarrarse los machos.

Vamos, que una es criada y siempre anda endiñada.

Yo no estoy acostumbrada a que me digan esas cosas

ni a que sean gentiles conmigo.

-¿Qué fue lo que te dijo exactamente?

-A ver, ¿cómo, cómo fue la cosa? -Yo le conté que doña Rosina

me había mandado irme a los Pirineos

a resolver el asunto de la herencia. -Trae comino.

Sí. Aquí está.

Y bueno, al hombre se le retorció el hocico.

Estaba preocupado de imaginarme ahí sola por esos mundos de Dios.

-Ya.

Eso es porque tiene el asunto de la hija clavado en el alma.

De ahí su preocupación.

Cebollino. -Pues sí.

Algo de eso habrá, "señá" Fabiana. Ya le digo yo,

hasta se ofreció a contratar un mozo para que fuera a cumplir el menester

de doña Rosina en mi lugar. -Pero ¿pagado de su bolsillo?

-Como se lo digo. Me puso los dineros en la cara

y me dijo que los cogiera y, que hiciera con ellos

lo que se me antojara. Que contratara al mozo

que más me placiera.

-Arroz.

-¿Y tú no lo aceptaste? -Pues no, "señá" Fabiana.

Es que yo no quiero líos con doña Rosina.

Ya le dije que lo resolvería

como buenamente pudiera.

Es que, desde luego, el coronel ha cambiado mucho

desde que pasó la desgracia de la señorita Elvira.

¿Dónde se habrá metido Lolita, que hace más de media hora

que le pedí que bajara a por vainilla y azúcar?

-Ya se lo digo yo, "señá" Fabiana, ahora es distinto.

A mí lo que me da pena es que haya tenido que ver muerta a su hija

para que se le ablande el corazón.

-Aquí le traigo las viandas.

-Pero ¿por qué has tardado tanto, muchacha?

-Pues ya sabe cómo es esto, Fabiana.

Que una baja a por una chuminada y con prisa y, se encuentra

a todo el mundo ocioso y con ganas de darle a la hebra.

Como a ti no te gusta darle a la húmeda, ¿verdad?

-Bueno, "señá" Fabiana, que va a hacer pastel, ¿no?

-Sí. Tartaletas de crema y frambuesa regadas con ronmiel y vainilla.

-Ay, que se me hace la boca agua solo de oírla.

-Pues sí, ya hace mucho tiempo que no las hago.

Creo que desde que falleció la niña Carlota.

A ella le gustaban tanto. Se las comía de dos en dos,

el angelico.

Pero bueno, si ahora me salen como antes,

las pondré a servir en la fiesta que va a dar doña Cayetana en su casa.

-Y muy requetebién que hace usted. Bueno,

¿y de qué hablabais?

Que parece que os habéis callado. -De nada.

De nada de enjundia.

-Del coronel, ¿no?

-Pues no, Lola, no sé, ya no me acuerdo de lo que estaba hablando.

Pues claro que sí. De la bondad del coronel

y, de todo eso que todo el mundo menciona.

-Ese hombre ya no es tan rancio como antes.

-Pues yo no me creo nada, que malamente

que se lo ha hecho pasar al Simón.

Aunque es verdad que don Ramón nada más que tiene elogios

y buenas palabras para él. Está pasando unos días en su casa.

-¿Ah, sí? ¿Y eso por qué?

-Nada, cosas de los señores.

Que vamos, que yo no me creo que una persona pueda cambiar así de repente

de un día para otro. -Arrea, Lola, ¿y por qué no?

El que nace malo, muere malo. -Pues yo no estoy de acuerdo.

Además, que nadie es ni bueno del todo ni malo del todo.

Todos somos un poquito ángel y un poquito demonio.

-Pues ahí te doy la razón, Casilda.

Que hay oscuridad en el corazón de todo hombre.

-Bueno, y de muchas mujeres también.

Es verdad que algo tiene que haber en lo que decís, que ese hombre

le ha quitado la denuncia al Simón. -Para que veas.

Bueno, "señá" Fabiana, ¿le echamos una mano con esas tartaletas?

-Claro.

-Vamos.

Ese hombre es un cínico. Un endriago sin corazón.

-Por mucho que le insultes no va a cambiar nada.

-Es que no me puedo creer que tenga a todo el mundo engañado, Víctor.

Ha pasado de ser un hombre despreciado por todos,

a que todos sientan lástima por él por haber perdido a su hija.

Si fuera verdad, lo entendería, pero no lo es.

Este hombre es más listo que el hambre.

-Además, ha retirado la denuncia contra mí

solo para ganarse la simpatía de los vecinos.

-Y parece ser que lo ha conseguido. Ahora todos habla bien de él.

Tendrías que escuchar hablar a mi suegro.

-Es un ser despreciable, eso es lo que es.

-Pero templa, que de nada sirve que pierdas los nervios.

-Es que no puedo.

No puedo con él, Víctor. Su sola imagen me repugna.

-Pero si yo opino exactamente lo mismo que tú.

El problema es que tus continuos enfrentamientos con él

van a acabar con la abuela en el hospital.

-Ya.

Ya lo sé, ya lo sé, Víctor. Y es la que menos se lo merece.

-Olvídate de este hombre y sigue con tu vida.

-¿Y eso cómo se hace? -Pues no lo sé.

Pero este hombre es un mal bicho y, tarde o temprano

todos se darán cuenta.

Yo lo último que quiero ahora es darle problemas a mi María Luisa.

Y más ahora que me ha perdonado por lo del cuadro.

Por fin volvemos a estar bien.

-(RÍE)

Voy a demostrarles a todos que ese hombre

les está engañando. -¿Y cómo piensas hacer eso?

-Tengo un as en la manga. -¿Qué as?

-Algo que pertenece al pasado, pero que podría hacerle mucho daño

al coronel.

Elvira me hizo jurar mantener el secreto,

pero ya no tiene ningún sentido respetar una promesa,

porque ese hombre no respeta nada ni a nadie.

¿Y bien?

No insista más, Celia.

No se me ocurre ningún nombre para este tinte suyo

de su nueva colección.

Porque no lo ha pensado en serio.

Eso es porque soy mala con los nombres, ya se lo dije.

¿Qué le parece "Fuego del desierto"?

No. Es un poco pobre.

Necesito algo con más pasión, algo que impacte.

"Fuego del infierno"

o "Fuego de las garras de Belcebú".

¿Eh?

(RÍE)

Déjelo ya, Celia, no tengo ánimo para chanzas.

Vamos, Teresa, trate de animarse.

Le conviene. Piense en su estado.

(Se cierra una puerta)

Buenos días, Felipe.

Les ruego que me disculpen.

-Siento si he interrumpido algo.

-No. Descuida, si no es culpa tuya.

Pero es que esa idea de Mauro de separarse no está sirviendo de nada.

Al menos para ella.

Es como una vela encendida que va derritiéndose lentamente.

-Es muy triste verles así.

-Y es que nosotros no podemos sustituir a Mauro.

Ella le necesita a él, no a nosotros.

-Tienes razón.

Este intento por recomponerse el uno separado del otro,

solo sirve para alejarse más. -Para que rompan definitivamente.

Tenemos que hacer algo, Felipe.

-¿Hacer el qué? -Necesito que entiendas que Benito

no es quien tú crees que es.

-¿Y quién cree usted que yo creo que es?

-Pues un mal bicho, ladino y astuto que intenta robarle la esposa

a otro hombre. -¿Y no es así?

-Ni Benito es un mal bicho ni yo soy una desvergonzada.

-Pero yo no pienso eso de usted. -Luisi,

Benito tan solo es un hombre de pueblo.

Simplón, bonachón, que no tiene ni dobleces ni malas intenciones.

-Que pretende a una mujer casada y eso está mal.

-Ya, pero es que él no me ve así.

Piensa que aún soy esa moza revoltosa que era yo de chica.

-Pero es que usted ya no es así. -Pero no lo sabe.

Él se quedó ahí, en el pueblo. En nuestra juventud,

en su pasado.

Tiene una vida muy aburrida.

Y yo creo que ha idealizado un poco quién soy yo.

Lo cierto es que poco tengo que ver con aquella muchacha

que iba de barro hasta el cuello y se pegaba con los mozos

para parecer una más.

Ni siquiera le gustaría

quién soy yo ahora.

-Arrea,

aparte de una hermosa, voy y me encuentro con dos.

Qué buena mozuela ven mis ojos.

Buena dentadura y buena cabellera.

Vamos, que no habrá problema para casarla usted, pero bien.

-Benito, a que te doy un cachiporrazo?

-Tú puedes darme lo que quieras.

Tengo todo esto para ti, ten. -Pero ¿se puede saber qué es esto?

-Pues un ramo, se entiende.

-¿Y para qué quiero yo un ramo tuyo?

-Por darte contentura y alegría, mujer.

-Amargura me dais.

Benito, que esto no es una cita romántica.

-Ah, ¿que no es una cita?

-No, nones. Naranjas de la China.

Entonces, ¿para qué me has hecho llamar?

-Porque mi esposo quiere hablar contigo.

-¿Cómo que tu esposo?

-A ver, al principio yo también puse esa cara,

pensando que era una mala idea.

-Porque lo es, Trini. -No, no lo es.

Ahora creo que es lo mejor.

Así podrás hablar con él y explicarle la verdad,

y nada más que la verdad.

-No sé yo, Trini, si esto

-Lo haces y punto.

-Como tú digas.

-Hale.

Pues tira para la casa, que quiero salvar mi matrimonio.

-Espera, espera, pero ¿ahora? No.

-¿Algún problema?

-No, ninguno.

-Pues tira.

Tengo que reconocer que nada se me ocurre para ayudar a Mauro

y a Teresa a reconciliarse.

Ponme un asunto legal encima de la mesa y, seré capaz

de mover cielo y tierra para buscar la solución.

Pero los asuntos amorosos

eso nunca ha sido lo mío.

Como bien sabes. -Fruslerías.

-Es verdad.

¿Sabes cuántas veces pensé cómo solucionar lo nuestro?

¿En cómo acercar posturas cuando sabía que tú

ya estabas muy lejos de mí? -Felipe, no vayas por ahí.

El recuerdo de esos momentos solo me trae recuerdos tristes

que quisiera olvidar.

-Lo siento, querida.

No quería entristecerte.

Tan solo dejar constancia que si no pude arreglar lo nuestro,

difícilmente podré arreglar lo de los demás.

Quizá sea más fácil

ver la paja en ojo ajeno, que la viga en el propio.

-En eso tienes razón.

No puedo verles así.

Tan alejados, tan

Tan distanciados, tan mal.

Y más sabiendo el amor que sienten

el uno por el otro. -Celia,

¿en qué lugar están tus pensamientos?

-Me acordaba de

Recuerdo un día, cuando tú y yo nos separamos,

que coincidimos en La Deliciosa.

Tú estabas con los vecinos y yo, con mis amigas.

-Como otras tantas veces. -Sí.

Muchas veces habíamos estado en esa situación.

Tú con los vecinos de tertulia y yo con mis amigas unos metros más allá.

Era una situación normal y cotidiana.

-Celia, no te sigo.

Pues que a pesar de que era una situación normal y cotidiana,

después de nuestra ruptura,

nada era normal.

Porque yo no

no podía acercarme a ti ni

ni rozarte la mano,...

ni darte un beso.

Ni esbozar una sonrisa.

-Recuerdo perfectamente aquel día.

Rodeados de familiares y amigos que seguían con sus vidas.

Yo quería marchar contigo después de la tertulia.

Pero no pude. Aquel día lo pasé realmente mal.

-Volver a situaciones cotidianas hace que te des cuenta

de lo que has perdido.

¿Y si hacemos lo mismo con Mauro y con Teresa?

-¿Hacer el qué?

¿Una cena en casa de doña Celia? ¿Nosotros cuatro?

¿No va a poder venir?

No sé si debo, estando Teresa viviendo allí.

¿Qué tipo de cena es?

No es una cena romántica, si a eso es a lo que se refiere.

Tan solo es una reunión de amigos.

¿Habrá más invitados?

Celia ha mandado ya algunas invitaciones.

Ella necesita compañía.

Y a usted le tiene mucho cariño.

Vendrá, ¿no?

-Buenos días, don Felipe.

¿Molesto?

No, no. Pasa, tranquila.

-Yo ya me marchaba.

Veo que anda ocupado en menesteres más importantes.

Quizá no le debí pedir que viniera a la cena.

No, no estoy ocupado. Allí estaré.

Con Dios.

Con Dios, Felipe.

-¿De qué cena hablaba don Felipe?

De una que ha organizado doña Celia.

¿Vas a marchar, pues?

Había comprado viandas para cenar.

Quizá debería quedarme, no sé si es buena idea ir a esa cena

sabiendo que Teresa estará allí.

Pero está deseando verla, ¿no?

Y don Felipe te acaba de dejar en bandeja la mejor de las excusas.

La echo mucho de menos, Sara.

Echo de menos su piel,

su mirada,

el olor de su pelo al pasar.

Sus ojos mirándome. Escuchándome.

Echo de menos contarle lo que me alegra, lo que me preocupa.

Todo eso que uno solo comparte

con quien ama por encima de todo.

Si eso es lo que sientes de verdad no deberías dejarla escapar.

No debes rendirte, Mauro.

No es tan fácil.

¿Puedo ayudarte de alguna manera?

No sé, ¿puedo hacer algo para que Teresa y tú?

No. No, Sara.

Aunque quizá sí hay algo que puedas hacer por mí.

Lo que sea. ¿De qué se trata?

De Úrsula.

Anda, trae esto para acá.

-¿Tú de verdad crees que es buena idea hablar con tu esposo?

-Bueno o malo, es lo que hay.

-Pues a ver si me va a arrear al final, ¿eh?

-Mi padre no es así.

Es un hombre de paz y de palabra.

-Pues bien que me arreó la última vez.

-De paz o de guerra, vas a hablar con él.

Y hablarás lo que sea menester para que me perdone.

Don Benito.

-Don Ramón.

-Sea usted bienvenido a mi casa.

-Gracias.

-Padre.

-Ramón, mi amor.

-Padre.

-Gracias por su hospitalidad,

don Ramón.

-¿Desea usted beber algo?

-No.

-Reconozco que he pensado mucho

lo que iba a decirle hoy. -Espere, don Ramón, deje, deje

déjeme hablar a mí primero.

-¿Usted?

Tengo que decir algo de crucial importancia.

-De acuerdo. Le escucho.

-Quisiera pedirle disculpas.

-Supongo que por haber besado a mi esposa.

Más bien por haberla dejado escapar.

Nunca debí dejar que se marchara de Cabrahígo.

-¿Me está usted insultando? -¿A que te doy un guantazo?

-Esperad, dejadme terminar, os lo ruego.

Trini y yo fuimos novios cuando apenas éramos unos críos.

-En otra vida, diría yo.

-Créame cuando le digo que no ha pasado ni un solo día desde entonces

en el que me haya olvidado de ella.

¿Sabe?, no es que fuera la más guapa de las mozuelas del pueblo.

-Oye.

Pero sí que era la más alegre, simpática y divertida

que jamás un bruto zagal de Cabrahígo

como yo, podía haber encontrado.

Tenía luz, tenía arrojo, tenía color, ¿sabe usted?

-Sé muy bien de lo que me está hablando, sí.

-Y es que no es que lo dijera yo, si es que lo decía todo el mundo.

Era la única hembra entre

seis o siete hermanos, creo recordar.

-Ocho.

-Ocho.

-Y su padre

trabajaba todos los días de sol a sol en el campo.

Que bien lo veía yo en la era de Paco.

Su madre, la pobre, después de dar a luz nueve veces, no

no salía mucho de la cama, ¿sabe usted?

-Tenía mala salud, la mujer.

-Era Trini

la que sacaba la casa adelante.

Bueno, la casa y a sus hermanos.

Era la que se levantaba, la que cocinaba y la que ayudaba a su padre

en el campo.

Y al final del día,

todavía tenía tiempo para cuidarlos a todos.

Dígame, don Ramón, ¿cree usted que algún día se quejó?

¿O que perdió su alegría o

su buen carácter?

-Sé que no.

No.

-No hubo un solo día en el que dejara de reír.

Había señoras en el pueblo que hasta se pensaban

que estaba un poco loca porque

se reía hasta de más para todas las desgracias que le tocaban.

Porque, créame,

Créame cuando le digo que la situación de Cabrahígo era dura.

La risa la salvó a ella. Como salvó a sus hermanos.

Siempre les contaba alguna broma o

o les decía algo para que se les alegrara el día.

Y no había noche en que no les contara un cuento

de dragones o de princesas.

Porque tú siempre quisiste

ser eso, Trini,...

una princesa.

Y no te dabas cuenta de que eras una Cenicienta.

Solo que a ti no se te apareció ninguna hada madrina

para concederte un deseo.

Tú fuiste tu propia hada madrina.

No me culpe por lo que le voy a decir.

Ni crea que le insulto, que bien sabe Dios que no es mi intención.

Pero créame, don Ramón, cuando le digo,

y le juro por lo más sagrado, que no hay ni un solo día

en que no me haya arrepentido de dejar escapar a Trini Crespo.

Es una mujer tan especial,

que sé que jamás encontraré una como ella.

Sabe usted que nunca la besé. Por pudor.

Porque éramos muy críos o porque

porque nunca creí tener tanta suerte.

Por eso cuando la vi, pensé

que tenía que besarla. Para no morir

sin saber lo que se sentía.

Aunque yo ya sabía que era demasiado tarde.

Don Ramón,

el beso que usted vio fue de despedida.

El primer día en que yo puse los pies en esta casa,

yo ya sabía que ella había encontrado su lugar en el mundo.

Que había encontrado un hogar.

Que su lugar era aquí, junto a usted.

Y que ni yo ni nadie conseguiría arrancarla de ahí.

-Muchas gracias, Beni, por esas palabras.

-Esas palabras son la verdad.

No sea idiota, amigo.

Esa mujer es un tesoro.

Llegó el momento de irse a Cabrahígo.

Dios mío, esto sabe a pan de oro.

-Martín, hijo, que no te comas las tartaletas.

Que las ha preparado la "señá" Fabiana como ensayo para la fiesta.

Y quiere que se las ponga de merienda a las señoras.

-Las señoras ya hemos llegado.

Cayetana nos ha convocado para hablar de los preparativos

de la fiesta. ¿Y Fabiana?

Cayetana quiere que sirva la merienda.

Enseguida se lo digo, señora. -Doña Rosina.

Ya que está usted aquí,

¿podría hablarle de un menester que me tiene el corazón encogido?

-¿Qué menester?

¿Podría hacer yo ese viaje a los Pirineos para ir a buscar

la herencia de su tía abuela segunda?

¿Tú en lugar de Casilda? ¿Y eso por qué?

-Pues

primero, porque así se me quita usted de encima durante un tiempo.

-Eso no suena mal, la verdad. ¿Y segundo?

-Y segundo, porque enviar a Casilda por esos mundos de Dios

no es buena idea. Es canija

y poca cosa.

Está muy poco hecha a andar por esos caminos.

¿Qué me dice?

-Que no.

-¿Que no? -No. No puede ser.

Mi tía abuela era una mujer muy estricta, y protocolaria.

Respetaba las normas, defendía el hacer las cosas correctamente,

¿entendéis? Y aquí, lo correcto

es que sea Casilda la que vaya a por mi herencia.

-Será como usted diga.

-Pero ¿qué dices, Martín?

-Sí, sí, Casilda, es la decisión de la señora

y nosotros hemos que acatar. Eso sí,

si por esos caminos de maleantes

y gente de malvivir,

de repente te encuentras con un desalmado...

-¿Tú crees que eso puede pasar?

-Por supuesto que sí, esos caminos son peligrosísimos.

-Entonces, ¿qué hago yo?

-Tú sueltas la caja de doña Rosina a escape y pones pies en polvorosa.

-¿Qué? ¿Cómo?

-Por supuesto.

Ningún dinero del mundo vale perder la vida por ello,

¿no cree usted, doña Rosina?

-No, no, claro que no. -Lo importante es que Casilda

vuelva de una pieza.

Así que lo dicho, canija, tú sueltas la caja

y, aquí paz y después gloria.

-Sí. Entendido.

"Clarisísimo". Yo les entrego la caja

y así ellos no me hacen nada.

-¡Un momento!

-¿Sí?

-No puedes hacer pasar a Casilda por ese trago.

-¿Qué quiere usted decir, señora?

-Que es mejor que sea tu esposo el que vaya a los Pirineos.

Eso sí,

si tú te encuentras con maleantes, defiendes mi caja

con tu vida, ¿estamos? -Por supuesto, señora.

-Ni se te ocurra poner un pie

en Acacias sin el legado de mi tía abuela Encarnación.

-Se lo prometo.

-Bueno, Casilda, ya puedes sacar el servicio.

-Ay, mi Martín. Ay, mi Martín.

Gracias.

Gracias, gracias, gracias por convencerla.

-¿Para qué está un marido,

si no es para salvar de los peligros a su mujer?

-(SUSPIRA)

Aunque, bueno,

aún nos queda un peligro por sortear.

-¿Cuál?

-Servando.

Te tiene que dar permiso para ausentarte unos días.

-Y me temo que eso no va a ser nada fácil.

Entonces, ¿ha solucionado el asunto que le tenía a maltraer

con su esposa? -Así es.

Todo se ha resuelto convenientemente.

-O sea, que ha puesto a ese hombre en su lugar.

-Creo que más bien ha sido todo lo contrario.

Ese hombre

me ha hecho darme cuenta de lo bobo que he sido.

(Llaman a la puerta)

-Disculpe.

Buenas.

-¿Llego tarde para esa copa? -Pasa.

-Hijo. -Sírvete tú mismo.

Aquí tu padre me estaba contando... -Lo de Benito.

Yo estuve presente y escuché el discurso

con mis propios oídos.

-¿Qué discurso?

-Bueno, ese hombre le habló de una forma muy cariñosa a Trini.

De su pasado, de lo mal que lo pasó en la infancia.

-Yo también me quedé de piedra.

-Pero ¿acaso no conocía usted la infancia de su propia esposa?

-No, hijo.

Me avergüenza decir que no con tanto detalle.

Ella nunca quiere hablar de ese asunto.

-No dudo que ese hombre hablara de su esposa de forma cariñosa,

y que su esposa de usted sea una gran mujer,

pero ¿va a dejar que ese tal Benito se marche sin recibir su merecido?

-Así es.

Tan solo es un pobre diablo que se arrancaría los ojos

por haber dejado escapar a Trini.

-Lo que temo es que a usted le pase algún día lo mismo, padre.

No debió desconfiar de ella.

-¿Encima?

-Encima y debajo.

Trini no le ha dado ningún motivo para que actúe

como un chiquillo celoso.

-Tienes razón, hijo.

Pero ¿qué podría hacer para enmendar la situación con ella?

-Pues podría hacerle ver que ya no es ninguna Cenicienta.

Estas tartaletas son gloria divina, Fabiana.

Espero que las sirvas el día de la fiesta.

-Muchas gracias, señora, es usted muy amable.

-Coge una, Susana.

-¿Todavía sigue pensando en lo que le dijo ese hombre?

-Sí, Luisi, hija.

No recordaba todas esas cosas de mi infancia.

-Anímese, doña Trini.

Benito tiene razón: tiene usted una sonrisa

que nos alegra la vida a todos.

-¿Y la música?

¿Qué pasa con ella?

¿Qué música amenizará la fiesta?

Un cuarteto de cuerda interpretando obras en directo.

Qué cosa más divina.

-Y muy elevada. ¿Entonces no vamos a bailar?

Sí, Rosina, vamos a bailar.

Pero con clase. Tenemos que competir

con la "garden party" de la Reina, ¿y tú quieres montar una verbena?

Yo quiero divertirme, que pensaba que era una fiesta.

Ay, hablando de clase, aún he de elegir la joya para el baile.

-Bueno, ¿qué os parece la que he elegido yo?

-Tiene usted un gusto exquisito, doña Cayetana.

-Y parece cara. -Y muy elegante.

-Para joyas, la que le vi a Úrsula.

¿A Úrsula?

El diamante azul.

Era una pieza increíble.

Te perdías en su reflejo, era como adentrarse

en un abismo.

Era...

realmente curiosa, curiosa.

-¿Y dónde se habrá metido esa mujer?

-¿Y de dónde sacaría el dinero para comprarse una joya así?

-¿Creen ustedes que vendrá al baile? -Conociéndola, capaz es.

¿Podemos dejar de hablar de Úrsula, por favor?

Perdón.

No quería ser tan brusca. -Sobre todo, querida,

porque no se trata ni de tu hermana ni de tu prima,

¿a qué tomártelo tan a pecho?

Bueno, porque fui yo quien la traje a Acacias.

Y no nos ha reportado nada bueno.

Me siento responsable. -Ninguna culpa tienes tú

de las maldades de esa mujer,

lo que tenemos que hacer es olvidarnos de ella.

Y pasar página. Amén.

Me alegro que finalmente haya venido a cenar.

Ya le prometí que lo haría, amigo. ¿Una copa?

Gracias.

Está todo precioso, doña Celia.

-Gracias.

Mauro.

Me alegro de verte.

Tienes buen aspecto.

Tú también.

-Mauro.

¿Has encontrado ya empleo?

En ello estoy.

¿Y dónde estás buscando?

Bueno, por aquí, por allí... Un poco...

¿De qué estás buscando?

De lo que sea.

Entiendo.

El otro día me ofrecieron trabajar para una señora rica.

De detective privado.

Resulta que la mujer

quería que siguiera a su esposo porque decía que era

un hombre muy casero,

que no le gustaba callejear ni ir a las tertulias con los hombres.

Pero, según la mujer,

últimamente pasaba mucho tiempo fuera de casa.

Ya. Salía de amanecida

y volvía a las tantas de la noche.

-¿Y le siguió?

Me llegué a su casa a primera hora de la mañana dispuesto a seguirle.

¿Y era verdad? ¿Tenía esa amante?

¿Amante?

El hombre salía por la puerta de delante

y al minuto volvía a entrar por la puerta de atrás.

Se pasaba el día en el sótano leyendo el periódico.

Y la criada le llevaba viandas sin que su mujer se enterara.

No tenía una amante, lo que tenía eran ganas

de perder de vista a su mujer.

Era casero, sí, y lo seguía siendo.

(RÍEN)

¡Don Arturo!

Pase, por favor, pase.

¿Y bien? ¿Qué hace usted aquí?

-Sé que no son horas para andar de visita,

pero necesitaba hablar con usted.

-Siéntese.

-Gracias.

También sé que nuestra relación no ha sido muy buena últimamente.

Así que entendería que no quisiera usted ayudarme.

-¿Ayudarle, en qué?

-Se me está haciendo muy difícil no poder dar a mi hija

el servicio religioso que se merece tras su muerte.

-Entiendo.

-Como sabe,

hasta que no finalicen las tareas de búsqueda

y no den a mi hija oficialmente por muerta,

no podré oficiar su entierro.

Claro, y...

quizás también deba usted asumir que a lo mejor...

no hay cadáver que enterrar.

-Lo sé.

Pero, haya o no haya cadáver, soy hombre religioso.

Y necesito poner a mi hija bien con Dios.

-Por supuesto.

Y darle la despedida que se merece.

-Orar por ella en algún tipo de acto, no sé.

No sé muy bien cómo hacerlo.

Pero doña Rosina me sugirió que tal vez usted podría ayudarme,

aunque entiendo que la última persona a la que usted quiere ayudar

es a mí.

-Por favor.

Lo haría por su hija, la tenía en gran estima.

-¿De veras?

-Soy capaz de dejar nuestras rencillas a un lado

por una causa tan noble.

Además,

estoy de acuerdo

en que esa muchacha merece que le demos

un servicio religioso bonito y respetuoso.

-Se lo agradezco.

-Usted se ha portado bien con Simón.

Ese chico está loco de pena.

Déjeme que vaya a la alcoba.

Tengo un libro de oraciones para difuntos.

Escogeremos las más indicadas.

-Es usted un cínico.

-No quiero problemas, Gayarre. -Un poco tarde para eso, ¿no cree?

-Es usted muy pesado.

Para ser mayordomo, debería tener más equilibrio en sus afanes.

-Le voy a hundir.

Voy a demostrarle a todo el mundo que es usted un embustero.

-¡No te consiento! -Es hora que se sepa

qué sucedió con la madre de Elvira.

-¿Qué demonios crees saber?

(RÍEN)

Se equivoca, Celia.

A usted se le da igual de mal poner nombres a los tintes que a mí.

Color "Fuego del infierno".

Oye, pues a mí me parece muy comercial.

(Llaman a la puerta)

-Disculpen ustedes.

-¿Qué quieres, Lolita?

-Pues una señorita pregunta por don Mauro.

¿Por mí?

-Perdona que haya venido sin avisar,

pero se trata de una urgencia. ¿Qué ocurre?

Es sobre aquello que me pediste antes.

Ha resultado un éxito.

He de contarte una cosa de Úrsula.

Lo lamento pero he de marchar.

-¿Tan pronto?

Lo siento.

Vamos.

(GIME)

Pues lo lamento mucho, pero no me apetece salir,

así que dejémoslo para otro día.

-Ah, no, tiene que ser hoy.

Pero bueno, esta criada insiste más que yo.

-Sí, parece que no acepta un "no" por respuesta.

Lolita, ¿no tienes que hacer nada en casa de doña Celia?

Mira que ayer tuvieron cena y tendrás que recogerlo todo.

-No, esa faena quedó terminada. Me dio tiempo anoche de sobra.

Como terminó antes de lo previsto. -¿Y eso por qué?

-A mitad de la velada, que se presentó una mujer

preguntando por don Mauro.

¿Una mujer? Sí.

Al escucharla, don Mauro

se fue tras ella.

-¿Y se puede saber qué le dijo para motivarle tamañas urgencias?

-Pues, al parecer, sabía el paradero de Úrsula.

¿Cómo?

Eso no puede ser, ¿qué más sabía?

"A punto ha estado" de entregar la pelleja.

Que ya no sabía una qué artes poner para recuperarla.

Le vendrá bien estar a la fresca.

Y a mí también, que no ha nacido la valenciana para estar encerrada.

-Yo...

-Sí.

-¿Dónde estoy?

¿Qué me ha pasado?

-¿No recuerda nada?

Señora, ¿cómo se llama?

Pero ¿no me ha escuchado?

¿Cuál es su nombre?

-"El coronel vino a visitarme".

Y solicitó mi ayuda

para preparar las exequias de Elvira.

-¿Y cómo se ha atrevido?

¿Es que acaso se ha olvidado de sus diferencias?

-María Luisa, más que nuestras diferencias, ambos coincidimos

en nuestra fe y en la tristeza que tenemos por el destino de su hija.

-Claro que sí; además, la muchacha

ni siquiera ha tenido un funeral en condiciones.

-No, al no haberse encontrado el cuerpo, ni siquiera

se ha podido celebrar su entierro.

-Eso no quita para que un padre desee que el alma de su hija

quede a bien con Dios.

He pensado que, aparte de la misa que vamos a celebrar,

podríamos reunirnos para rezar por ella.

-Y Simón debería hacer lo mismo,

en lugar de buscar nuevos enfrentamientos con el coronel.

-"Padre, ¿qué?".

¿Preparado para el gran momento? ¿Cómo se encuentra?

-Tembloroso como un flan, hijo mío. Si es que me siento como un imberbe

antes de su primera cita. -Claro, pero eso es de puro amor.

-Mejor lo llamaría puro pavor.

No me tenía que haber dejado convencer por ti, Antoñito.

Todo esto no puede salir más que entre muy mal

y fatal. -Descuide, padre,

apostaría mi mano derecha a que va a ser todo un éxito.

-Esperemos a que tú no pierdas tu mano y yo a mi Trini.

-He encargado una comida exquisita.

Y María Luisa ha ido a buscar a doña Susana

para que le arregle un traje a doña Trini.

Todos hemos cumplido con nuestra labor.

Bueno, todos no, casi todos. -¿No lo dirás por mí?

Porque yo he hecho todo lo que me aconsejaste.

-¡Que no, que no y que no!

-Haga el favor, sabe que no se lo pediría

si no fuera asunto de la mayor enjundia.

-¡Te he dicho que no, y punto redondo!

-Vamos a ver, Servando, ¿qué le cuesta darle el capricho?

-¿Que qué me cuesta? Mis buenos sudores.

¿Y me quedo yo solo a cargo de la portería?

-Razone, hombre, que yo no me voy por ahí a recorrer mundo.

Que me voy al Pirineo, a cumplir el encargo de doña Rosina.

-A mí como si te vas a Roma a saludar al Santo Padre.

Además, doña Rosina quiere que vaya Casilda.

-Y así era,

pero, como usted comprenderá, no voy a permitir que mi mujer

vaya a hacer sola ese viaje. Esos parajes pueden ser peligrosos.

-No, no tema, no creo que se la vayan a comer los lobos.

Para ellos, Casilda

no les sirve ni para acompañar el vermú.

-¿Piensas tener esperándome hasta el final de los tiempos?

Dijiste que entrabas un momento, y llevas aquí la intemerata.

-Sí, ya salía. -La verdad es que hemos acabado ya.

-¿Sí?

Eso espero, que una está deseando ya llegar a casa.

-No. No, a casa no.

-Arrea. ¿Y eso por qué?

-Pues porque aún me tiene que acompañar a hacer un último recado.

-¿Otro?

Susana, de verdad, van a acabar conmigo.

Esta mañana, Lolita, y ahora Luisi.

Van a hacer que recorra hasta el último rincón de la ciudad.

-Bueno, no se preocupe que lo haremos en un momento.

Víctor me ha mandado que le dé una nota a un conocido.

-¿No la puede mandar por correo?

De verdad, que este muchacho no gasta ni en sellos.

(RESOPLA) "Ya vi que estás contando"

con la ayuda de Sara.

Mauro, ¿acaso has olvidado todo lo que ocurrió

cuando contaste con su ayuda?

Nos engañó,

y bajo el poder de Cayetana trató de separarnos.

Y estuvo muy cerca de conseguirlo.

Ya lo sé, Teresa.

No lo he olvidado. ¿No temes tropezarte

con la misma piedra? No, porque Sara ha cambiado.

No es la misma mujer de antes.

La vida la ha tratado con mayor dureza.

No, Mauro, no. Las personas no cambian.

Y vuelven a cometer los mismos pecados.

No, te equivocas.

Mira, Sara ya demostró su arrepentimiento

con aquella carta en la que confesó la verdad.

Y ahora yo la necesito para acabar con Cayetana.

Creo que te dejé claro como el agua

que yo tenía que ser la primera en enterarme de si Mauro

se veía con Úrsula de alguna forma.

Créame, sucedió todo tan rápido,

que no tuve ocasión de acudir a informarla.

Muy bien.

Pues ahora me tienes delante. Cuéntamelo todo.

Sepa usted que Mauro me envió a hablar con una mujer

de mala vida y peor reputación.

¿Y qué quería de esa mujer?

Que le preguntara si tenía noticias de Úrsula.

¿Y fue así?

Por sorpresa me dijo que estaba escondida

en casa de una comadre suya.

Mauro está moviendo Roma con Santiago para sacar a Úrsula

de dicho escondite.

-"Ay, Trini".

Si te vieran así en Cabrahígo.

-Dirían...

que nunca habían visto una mujer más bella.

-Ramón.

¿Cuánto tiempo llevas ahí? ¿Por qué no has dicho nada?

-Porque tu hermosura me estaba dejando absorto.

Pero

ese vestido aún está incompleto.

Le falta algo.

¿Llego en mal momento?

Parece mohíno, disgustado.

No, Sara.

Tan solo estaba recordando...

momentos del pasado que nunca volverán.

Esa tristeza tan solo puede tener una causa.

Se ha reencontrado con Teresa, ¿no es así?

Eso no es lo que importa ahora.

Tan solo saber si has cumplido con lo que acordamos.

¿Fuiste a ver a Cayetana?

Así es. ¿Le hablaste de Úrsula?

-"Usted me ha salvado".

-Gracias a mis artes

y mis hierbas.

Pero no crea, que no lo tenía claro en un principio.

-¿Cuál era mi mal?

-¿No te amuela?

Si lo hubiera sabido no hubiera gastado tantos sudores.

-Y nosotras...

¿nos conocíamos de antes?

-Nones.

Dios no ha querido cruzar nuestros caminos hasta ahora.

¿No se acuerda dónde la encontraron?

¿Ni siquiera sabe cómo llegó a esa caseta

perdida en el Camino del Pardo?

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Acacias 38 - Capítulo 541

20 jun 2017

Cayetana encomienda a Sara que la avise si Mauro descubre algo sobre el paradero de Úrsula. Simón decide usar una nueva estrategia para poner contra las cuerdas a Arturo: recupera el contacto de Remedios para desvelar la verdad sobre el asesinato de Mercedes. Celia y Felipe organizan una cena con Mauro y Teresa con el fin de acercarles nuevamente. Pero la cena se termina cuando Sara va a buscar a Mauro: ha encontrado la pista de Úrsula. En la reunión convocada por Ramón, Benito le interrumpe y le cuenta la verdad de lo que ha ocurrido entre él y Trini. Le confiesa que es la mujer más maravillosa que ha conocido y que esa es la razón por la que la pretende, pero que sabe que el corazón de Trini le pertenece a Ramón. Martín convence a Rosina de que le deje viajar a Sabiñánigo en lugar de Casilda.

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  1. Rosa

    Haced como yo verla cada cuatro capítulos..y veréis que no perdéis nada

    22 jun 2017
  2. Amador Merced Rivera

    Caballeros guionistas o quien este dirigiendo esta enjundia se los repito ya la serie se cayó.Los comentarios hablan por si solos, hay que tratar de arreglar esto y sacar un nuevo serial aunque sea con los mismos escenarios y los mismos personajes porque con esta serie pierden teleaudiencia que podrian capturar en otro serial , consejo de televidente de TVE. Ya el serial llegó a su punto culminante y se ha estancado con las repeticiones, tan buen comienzo pero parece que el final se ha olvidado o no saben como terminarla y le estan haciendo daño a tan buenos artistas poniendolos en situaciones de tonterias repetitivas,otra vez Cayetana y la fiesta de la Reina,los personajes aparecen y desaparecen por arte de majia, nada mas falta que Guadalupe, German y demas muertos aparescan resucitados, de verdad se les fue el tranvia al serial ; borrón y cuenta nueva. Saludos pongan oidos a estas palabras y adelante con el nuevo serial.

    22 jun 2017
  3. Jessica

    Descansa

    22 jun 2017
  4. Jessica

    Cojeremos las vacaciones de verano gonzalo Trujillo es mauro Alejandra Méco es Teresa Sara miquel es cayetana Ander azumendi es Fernando marc parejo es Felipe jessica fernandez arias es Ines Aldea es celia Sandra manchena es rosina alba brunet es leonor jorge pobes es liberto Carlos serrano clawr es pablo juanma navas es ramón anita de rey es Trini cristina abad es Maria luisa Miguel disolado es victor manu regueros es Arturo Laura rozalen es Elvira Jordi coll es simon gallaré Inma Pérez quieros es Fabiana monset Alcovero es usula Javier chou es Marín marita zafra es gasilda rebeca Alemañy es lolita David muro es Serrando amparo fernandez es susana soler somos actores Sandra manchena es rosina alba brunet descansamos somos actores

    22 jun 2017
  5. Jessica

    Acacias 38 personajes son felipe Álvarez hermoso jessica fernandez arias es Ines Aldea es celia Sandra manchena es rosina alba brunet es leonor jorge pobes es liberto Carlos serrano clawr es pablo juanma navas es ramón anita de rey es Trini cristina abad es Maria luisa Miguel disolado es victor manu regueros es Arturo Laura rozalen es Elvira Jordi coll es simon gallaré Inma Pérez quieros es Fabiana monset Alcovero es usula Javier chou es Marín marita zafra es gasilda rebeca Alemañy es lolita David muro es Serrando amparo fernandez es susana soler somos actores Sandra manchena es rosina alba brunet es leonor jorge pobes es liberto Carlos serrano clawr es pablo juanma navas es ramón anita de rey es Trini cristina abad es Maria luisa Miguel disolado es victor manu regueros es Arturo Laura rozalen es Elvira Jordi coll es simon gallaré Inma Pérez quieros es Fabiana monset Alcovero es usula Javier chou es Marín marita zafra es gasilda rebeca Alemañy es lolita David muro es Serrando amparo fernandez es susana soler somos actores Sandra manchena es rosina alba brunet es leonor jorge pobes

    22 jun 2017
  6. Angel Castro

    Veo esta serie desde que comenzo. Cada dia se vuelve mas estupida. El inutil de Mauro lleva 400 capitulos diciendo que atrapara a Cayetana. El guionista solo da vueltas y vueltas en circulos sin saber que inventar. Es surrealista que Ursula lleve viva un mes envenenada y sin comer. Una serie horrible, y pesadisima...por no hablar de los 10 minutos de adelanto del capitulo para rellenar. PATETICO, ACABEN CON ESTA SERIE

    21 jun 2017
  7. Mariela quitoga

    Que pena. Que. No. Haya un final. O porlomenos un desenlace. Como que sigue en lo mismo. I ya aburre .. con desir que ya no Veo. Opté por ver en internet así paso rápido para. Saber si hay algún cambio. Ósea se perdí el enteres de tan linda novela ...

    21 jun 2017
  8. Olga Pie

    Aure Quisiera saber cual de los dos ; Mauro o el actor que lo representa es el alcohólico porque se la pasa bebiendo . No es buen ejemplo para el auditorio especialmente para los jóvenes

    21 jun 2017
  9. Mariav

    Lastima una serie buena convertida en cuento aburrido Acacias 38 ha petdido tido el interes.

    21 jun 2017
  10. Melany O

    Es una de las novelas que me ha gustado ver,mas coincido con los comentarios dados que se ha estancado la trama y me aburrí de que Cayetana salga siempre librada de sus males, deben conseguir que otro personaje sea el villano de la trama...ya sólo leo el resumen es la red y así me evitó tanto absurdo, por ahora no he logrado engancharme a la trama y es una lástima porque hay buenos actores

    21 jun 2017