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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 539 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué es esto?

¡Fuera! ¡Fuera de mi casa!

-Esto no es lo que parece.

-Lo que me faltaba.

Mi esposa y un paleto en mi propia casa.

-Por favor... -No me trates...

como a un mentecato. -Te lo puedo explicar.

No lo pienses más, olvida a Cayetana.

¿Olvidarla? Nosotros somos mejores.

Nos queremos.

El amor es algo que ella nunca va a conocer.

Eso es lo que nos diferencia de ella. Y nos hace mejores.

Pero ¿me sigues queriendo?

¿Acaso lo dudas?

"Ya tengo una edad".

-No, doña Rosina, no. -Sí, sí.

Además, alojarme en un hotel...

y dejar sola a Celita como está ahora, no, querida.

Tranquila, que no lo voy a hacer.

Soy humilde, prefiero...

cantar en la intimidad, en familia, con mi voz,

y en una humilde y desafinada pianola.

-Don Arturo ha retirado la denuncia.

Aquí traigo los documentos que acreditan

que ya no tiene cuentas pendientes con la justicia.

-Pero ¿eso quiere decir que soy libre, que puedo salir?

-Siempre que lo desee. Y con sentido común.

Voy a organizar un baile.

Me ha dado la idea la Reina, que me ha invitado a su "garden party"

en palacio. ¿De verdad?

Siempre lo hace. Va a ser como nuestras reuniones de antaño.

Muy buenas, Lolita.

"Lo siento".

Te expreso mis disculpas.

-No las acepto, Trini.

Don Arturo acaba de ofrecerme que me quede aquí unos días,

en la habitación de invitados.

Y pienso aceptar su oferta.

"Mauro y yo nos amamos".

Pero eso no significa que podamos estar juntos.

Y tengo miedo.

Después de este intento por arreglar las cosas,

no habrá vuelta atrás.

Es nuestra última oportunidad.

¿Has probado el pescado?

Pues sí, lo he probado, pero no me he enterado bien de su sabor.

Quizá tenga que repetir.

Mi amor,... podemos ser felices.

Y lo vamos a ser.

¿Qué ocurre?

Ayer estabas convencida de que podíamos empezar de nuevo.

No es nada, ha sido un día largo.

¿Qué ha pasado?

Me he encontrado con Cayetana

en casa de Celia.

Pero no estropeemos nuestra cena.

Prometimos no mirar atrás.

Y lo haremos. Lo intentaremos.

Te quiero.

Y yo.

Nos falta el postre. Ah.

Uh. Delicioso.

Espera, espera.

¿Lo oyes?

¿El qué?

La música.

¿Me concede este baile, señorita?

Llevo toda la noche esperando, caballero.

(Música)

"Tal vez debería seguir tus pasos..."

y desaparecer como tú.

Te quiero, Mauro.

"Amas a un hombre que te ha engañado".

"Que ha jugado contigo, que no es de fiar".

¿Por qué le amas tanto a él, que tan mal se porta contigo,

y me rechazas a mí, que vivo por y para tu felicidad?

No tengo la respuesta a tus preguntas.

A veces el corazón no entiende de la razón.

Pero es la verdad, Fernando. Yo no puedo evitar lo que siento.

Le amo, y es un amor tan profundo

y tan irracional, que no muere,

"y no se debilita".

"Me huiste desde el primer día".

Te quedaste embarazada de otro hombre.

Sé que he cometido errores.

Y sé que voy a pagar toda mi vida por ellos, pero...

lo que tú me quieres hacer es ruin e inmundo.

"Teresa, ten cuidado".

"Te lo ruego".

"No. No puedes dejarme, no".

¡No!

Una cena excelente.

Muchas gracias, don Arturo.

-Agradézcaselo a Casilda, es ella la que cocina ahora para mí.

¿Tomamos una copa?

-Me refería más bien

al hecho de acogerme en mi involuntario exilio.

-No hay de qué.

-Gracias.

-¿Ha leído sobre los atropellos por tranvía?

Parece que aumentan como una plaga.

-Apenas he podido leer la prensa esta mañana,

y eso que me gusta andar bien informado.

Al parecer,... el destino se ha empeñado

en fastidiar mis rutinas cotidianas.

-Imagino que echa de menos su sillón y sus pantuflas.

-No, no es eso.

Mal que me pese,...

a quien echo de menos es a mi esposa.

-Le comprendo, ¿cómo no le voy a comprender?

La compañía de una buena esposa es irreemplazable.

-No, no, no, por Dios, no me interprete mal.

Yo me encuentro muy a gusto aquí...

Discúlpeme usted, mi comentario ha sido poco delicado.

Mi queja no es nada,

cuando usted acaba de perder a su hija.

-Disculpado queda.

Es mi fama, mi aspecto incluso, de hombre duro y enérgico

lo que hace que los demás no se percaten de mi dolor.

-Yo no suelo hacer caso a esos chismes, créame.

Soy también padre de una joven y...

me hago cargo perfectamente de lo que tiene que estar usted pasando.

-Es una derrota que nunca superaré.

En fin.

Me retiro a mi garita.

Está siendo una temporada muy difícil.

-Que descanse usted, don Arturo.

-Gracias.

-Y muchas gracias de nuevo por su hospitalidad.

Es una demostración de ausencia de rencor,

después de haber acogido a Elvira en mi casa.

(Llaman a la puerta)

(Llaman a la puerta)

-Con permiso.

Doña Trini me manda con esta maleta para usted.

Esto es como llevarle el almuerzo a los vendimiadores.

Pero bueno, una ha nacido para correveidile, qué se le va a hacer.

-Gracias.

Trae también la caja con las pertenencias de Elvira,

quiero devolverlas a su padre.

Considero que es lo más justo.

-Enseguida las tendrá usted aquí.

Bueno, cuando la señora me dé permiso, claro.

-¿Quieres algo más?

-Mire, señor,...

una...

Voy a ir al grano, como los vencejos al trigal.

¿Está usted seguro de lo de dormir en casa ajena?

Por algo que sé que no es plato de buen gusto de nadie.

Que el Benito se ha tomado unas libertades que para qué,

y es verdad que una es solo la criada,

y no debería meterme... -Exacto.

Solo eres la criada.

Y no deberías ni intentar enmendarme la plana.

Es más, y quiero que te quede bien claro,

no deberías siquiera comentar con nadie

lo que está pasando en mi familia. ¿Entendido?

-Más que si lo hubiera sermoneado desde el púlpito.

Que en boca cerrada no entran moscas.

-Pues hale.

Ve y trae las cosas de la señorita Elvira, que en paz descanse.

-A mandar. Que para eso estamos.

Mi amor, ¿qué te ocurre?

¿Te encuentras mal? ¿He hecho algo mal?

No, no es nada.

Dime, ¿qué te ha molestado?

No es tu culpa, Mauro.

Perdóname.

Por favor, no,... no me malinterpretéis.

Agradezco muchísimo que vengáis a visitarme.

Vuestra presencia y amigable charla siempre me da ánimos.

-Esa es nuestra intención.

Lo que no queremos es incordiarte,

y no nos gustaría ser unos latosos que no respetaran tu duelo.

-No es duelo lo que guardo.

Es...

No lo sé, una avidez tremenda por averiguar.

Y gracias también a vosotros.

No puedo olvidar unas palabras que me dijiste, Leonor, hace unos días.

Me reconfortan.

-Me alegro. Y ¿qué dije?

-Algo así como...

que el amor hace milagros.

Que estabas segura que el amor que yo siento por Elvira

la había salvado.

Con tus propias palabras, pero más o menos era eso lo que dijiste.

-Bueno, Simón, eso eran otras... -Desde que me hablaste así, Leonor,

no sé, la esperanza se ha enseñoreado de mi corazón.

Sé que Elvira está viva. Viva y esperándome.

-Mira, Simón,...

yo no quiero confundirte con mis palabras.

Y mucho menos hacerte sufrir más, pero...

no sé, creo que...

que no deberías cerrarte a las noticias.

Estar tan metido en ti mismo

y estar más abierto a la realidad.

-Sigo con atención el periódico. Me informo a diario en la naviera.

Creedme, os aseguro que no estoy simplemente

aferrándome a un deseo.

-Pero precisamente en el periódico han constatado

que no había supervivientes.

-Lo que no han dicho es que no han encontrado supervivientes,

no que no los hubiera.

Seguro que el milagro del que me hablaste se ha producido.

-Simón, han pasado muchos días.

-Está bien. A pesar de creer en ese milagro,

también hay otras opciones mucho más realistas.

Por ejemplo.

¿Y si el padre de Elvira ha recibido noticia de que su hija está viva

y no quiere divulgarlo para evitar que yo me reúna con ella?

-Simón,...

este argumento me parece un poco retorcido, perdona que te lo diga.

Y un consejo,...

yo rectificaría tu opinión sobre el coronel.

Una cosa es que no estemos de acuerdo con sus opiniones

o sus formas,

y otra muy distinta es que sea la encarnación del mal.

-Ha demostrado cierta humanidad retirando la denuncia.

-Vamos, no os dejéis engañar.

Ese hombre es de la piel del demonio.

Ahora se escuda en su condición de padre

y se protege con su fama de perdonavidas, pero es el demonio.

-¿Alguien quiere un té? ¿Y unas pastas?

Las he traído hoy mismo del horno.

-No, gracias, doña Susana, pero ya nos íbamos.

-Ay, no, por Dios, no os retiréis tan pronto, os lo pido por favor.

Simón, incluso yo, necesitamos más que comer

la compañía de buenos amigos.

Voy a por tazas.

Lolita, te has dejado una telaraña ahí arriba.

-¿"Ande"? -Ahí.

Mira, al lado de ese cuadro.

No, más arriba.

Un pelín más arriba.

Ahí, ahí, justo ahí, sí.

-Ahí, ahí. -Uy.

Ande ya, señorito, y déjeme faenar tranquila, ¿eh?

Que una ya tiene bastante sin sus chanzas.

En mi pueblo,

los mirones se callan y dan tabaco.

-Lolita, eres pura alegría para mi alma, que lo sepas.

-Lo que soy es yesca, para sus calores.

-Antoñito, ¿tienes un momento?

-Señorita María Luisa.

Esta nota es para usted. Es de doña Cayetana, que la invita

a una reunión de señoras en su casa.

Es de esta mañana.

-Pues sí, para reuniones estoy yo hoy.

Pero en fin, a doña Cayetana no se le puede decir que no.

-Bueno, ¿qué querías?

-Estoy muy afligida por el distanciamiento entre padre y Trini.

-Pelillos a la mar.

Han discutido como cualquier otro matrimonio, pero se arreglará.

Los que se pelean se desean.

-No estaría yo tan segura en este caso.

Anoche estuve hablando con padre.

Siente herido su orgullo y, dice que no va a volver a casa.

-Pero recapacitará. -O no.

Vete tú a saber lo que le estará metiendo el coronel en la cabeza

con su trasnochado sentido del honor y de la hombría.

-Pero padre es mucho más listo que todo eso,

y no se va a dejar influenciar por lo que le diga un carcunda.

-¿Por qué no vas a casa de don Arturo

y tratas de convencer a padre para que vuelva a casa?

-Eso sí que no.

No seré yo quien se inmiscuya en matrimonios ajenos,

que bastante tengo con encontrar el mío.

Que, por cierto,

estoy buscando una novia con buenas intenciones.

-¿Desde cuándo, cabra loca?

Mira, no digas insensateces. No te veo yo a ti casado

y guardando fidelidades.

-Pues te equivocas.

Porque estoy buscando... una novia guapa,...

y alta.

Y como con buena planta.

Y que me quiera con ardor.

Y con fuerza,

mucha fuerza.

Vamos, una "Sansona".

-Antoñito,...

¿tú has abierto el aguardiente de padre?

O sea, te estoy pidiendo ayuda con su conflicto con Trini,

y tú te pones a hablarme de forzudas.

-Bellas forzudas, que Dios las bendiga.

-Mira espero que al menos me ayudes a llevar

este asunto con máxima discreción.

No me gustaría que los vecinos nos mirasen por encima del hombro.

-No te preocupes, que por mi parte no se va a enterar nadie.

De hecho, me gustaría no haberme enterado ni yo.

Lolita, ¿me preparas un baño?

Que siento la necesidad de relajar mi nervadura.

-¿Acaso se cree el señorito que una no tiene nada que hacer

a estas horas?

Bueno, y que no, porque va a venir doña Trini

y me regaña... -Va a ser cuestión de un minuto,

y me voy a quedar muy relajado y muy calladito.

-Anda, Lolita,

prepáraselo, a ver si es verdad que se calla.

(Llaman a la puerta)

Lolita, la puer...

...ta.

-¿Cómo está hoy mi gitana?

-Anda, que contenta me tienes tú también.

-Tú sigues enfadada por lo de nuestro cuadro, ¿no?

Pues yo precisamente venía a pedirte perdón por eso.

Es verdad que no me he portado del todo bien.

Aunque también es cierto que ahora... -Víctor,...

si tú supieras lo poco

que me importa ahora tu arrepentimiento...

Tengo un asunto de familia del cual no quiero hablar

y que me absorbe.

El resto, ahora, me parecen pamplinas.

(Se abre una puerta)

¿Estás mejor?

Poco a poco, Mauro.

No malgastes fuerzas en tratar de ocultarme lo que de verdad sientes.

Ojalá pudiera yo empapar todo tu dolor.

Olvídate de hacer que yo me sienta mejor.

Tienes que centrarte en ti misma.

Tienes que recuperar las ganas de vivir.

Curar ese dolor que te está consumiendo.

Ya sé que lo que te estoy diciendo no será de gran ayuda.

Como tampoco lo he sido yo en este tiempo.

Teresa, yo te prometo que he hecho todo lo posible

por salvar nuestra relación. Todo.

Pero te veo así...

y ahora sé que de seguir por este camino,

terminaríamos haciéndonos mucho daño.

Teresa,...

es que siento que...

esperas de mí mucho más de lo que por desgracia te puedo dar.

Y no quiero seguir decepcionándote.

Mauro, me gustaría decirte que te equivocas.

Y que me siento en paz a tu lado, pero...

no puedo.

No quiero mentirte.

Ahora, cuando estoy contigo,...

los recuerdos no me dejan vivir y...

mi dolor se transforma en furia...

al ver que has sido incapaz de vengar la muerte de Tirso.

Mauro, sé que es injusto, pero...

no puedo mentirte.

A mí también me asaltan los recuerdos.

Ayer, cuando bailábamos,

me sacudió la imagen de cuando fingimos

ser dos desconocidos.

Justo antes de...

De mi boda con Humildad, sí.

Y también recordé las noches...

en las que nos amamos sin fin.

Libres.

Recordé tu sonrisa...

Esa que ya no aflora en tus labios, Teresa.

Y tanta remembranza,...

tanta... diferencia entre el ayer y el hoy,

me confirmaron que... has dejado de quererme.

Por favor, no digas eso.

Es que no hay que poner paños calientes, mi amor.

No soportaría que siguieras conmigo por compasión o lástima.

Teresa, juntos,...

juntos nos hacemos daño.

¿Vas a romper conmigo?

Pues nada, ea. Si os tenéis que ir...

Muchas gracias por vuestra amena charla y por vuestra compañía.

Simón y yo estaremos encantados de veros cuanto antes.

-Muchísimas gracias, doña Susana.

No tardaremos en regresar. -Por cierto, Leonor,

¿vas a acudir a la reunión de doña Cayetana?

-Pues no es que me sobren las ganas, pero sí, acudiré, qué remedio.

Nobleza obliga. Nobleza y mi señora madre,

¿a qué engañarnos? -Nos vemos en un ratito.

-Y tú, Simón, ahora que tienes más tiempo y movilidad,

pues nos vemos por el barrio. Por la chocolatería.

-Sí, Pablo tiene razón.

Te irá bien salir y compartir charla con los amigos.

-A más ver.

-A más ver. -A más ver.

-Yo también la dejo, madre, voy a terminar la maleta.

-Simón,...

pero ¿qué perra te ha entrado con eso?

¿Dónde vas a ir que estés mejor que conmigo?

-A la pensión. No quiero seguir dando de qué hablar

y que terminen haciendo lenguas de usted.

-No tienes que preocuparte por eso.

Se me ha ocurrido una excusa para que te quedes en casa.

Diremos que haciendo uso de tus conocimientos,

me ayudas a llevar los asuntos administrativos de la sastrería.

Y yo te doy un techo a cambio. -No.

Terminarán por indagar a qué tanta bondad para conmigo.

-Pues más problemas tendremos si andas solo por esos mundos de Dios.

No se hable más.

Mientras guardemos luto por Elvira,..

tú te quedas aquí.

-No estoy de luto.

-Pues deberías.

Y otra cosa que deberías...

es cumplir la promesa que nos hiciste al comisario Méndez y a mí:

ir a casa del coronel

y agradecerle que retirara la denuncia.

-No, no, no, no.

No estoy de humor. -Pues harás un esfuerzo.

Yo te acompañaré.

Bueno, primero mandaremos a Liberto para que allane el camino

y anuncie nuestra visita.

-No lo haré, madre, no insista.

-No me seas levantisco.

¿Qué quieres, que llame a tu hermano Leandro

y venga aquí, a meterte en cintura?

-Así me gusta. Me voy a la reunión de Cayetana.

Y no hace falta que te diga...

que espero que no hagas ninguna tontería.

Mauro, por favor, no te quedes callado.

Me debes una respuesta.

¿Quieres que nos separemos?

¿Justo ahora?

Mauro, yo te quiero.

Más de lo que puedas imaginar.

También yo te quiero, Teresa, también yo te quiero.

Pero no podemos seguir así.

Juntos no haríamos más que...

Aumentar las cargas que ambos llevamos.

¿Y por separado no van a ser más leves?

Quizá.

Pero quizá también por separado

podríamos hacer algo que nos recompusiera.

¿Para qué?

Para acabar con Cayetana, por ejemplo.

Teresa, tenías razón.

Debemos dar un paso atrás para cobrar empuje...

y arremeter contra ella de nuevo.

Y eso no lo vamos a conseguir si seguimos...

conformándonos con estar juntos y...

lamernos las heridas.

¿Qué hacemos entonces?

Lo que tienes que hacer es ir, Cayetana.

Como excelsa representante de las señoras de Acacias.

Agradezco tu empuje, Susana,

pero la verdad es que no estoy segura de ir.

-A mí se me haría muy difícil negarme.

Mirad qué invitación más relamida,

enjundiosa y cortés.

"Su graciosa Majestad la Reina se complace en invitarle a la colación

y baile que se celebrará, Dios mediante,

en los jardines de palacio".

-Lo que ahora se llama un "garden party".

Es que, la verdad, no sé si tengo fuerzas suficientes.

-Pues haz un poder, Cayetana,

que ausencias como la tuya, darían que hablar.

También daría que hablar mi pesadumbre.

Estoy pasando muy mala estación con la desgracia de Teresa

y estoy segura que todo palacio notaría mi ausencia de ánimo.

-Algo tendrás que hacer para pasar ese trago.

Precisamente en eso estaba pensando.

Siento que necesito recuperar la alegría

y, a todas nos iría bien algo de estímulo, ¿verdad?

Por eso os he citado. -¿Quieres que te hagamos cucamonas?

Podemos hacerte cosquillas para endulzarte el espíritu.

-O me las hacéis a mí, me encantan las cosquillas.

Sobre todo las que me da Liberto, sabe muy bien dónde aplicarlas.

-Perdona que te lo diga, Rosina, hija, pero...

no me parece bien tu comentario

entre señoras dignas de tal tratamiento.

Lo que tengas que hablar con tu confesor,

lo hablas con tu confesor, no lo airees en público.

-Perdona que te diga, pero soy mujer casada

que cumple devotamente con sus deberes maritales.

Hasta Dios dice que santifiquemos el matrimonio.

No me seas beata.

-Bueno, si Rosina ha terminado ya con sus procacidades,

diré lo que tanto tiempo llevo intentando proponer.

He pensado, si es también de vuestro agrado,

organizar un baile al modo de palacio,

un "garden party" casero.

-Sería ideal.

-Sí, luciríamos nuestras mejores prendas y trajes.

-Hasta a mí, poco dada a festejos,

me parece de perlas. Acacias necesita un poco de alegría.

-Yo tampoco es que sea de mucha verbena,

pero he de reconocer que no nos vendría mal

algo de divertimento, después de la mala racha que llevamos.

-Pues yo, aún sabiéndome en minoría, no puedo dejar de decir

que quizá tanta alegría ofendería a los que más están sufriendo.

-Y me refiero a Teresa, Simón, incluso al estirado del coronel.

-Pues... no lo había pensado.

-Ay, vamos, vamos, que la vida sigue.

Cuenta con nosotras, Cayetana.

Leonor, le voy a encargar a Susana un traje nuevo para ti.

Haremos que luzcas espléndida. -No. Madre.

No. No creo que sea necesario.

Además, ¿se lo ha pensado usted bien?

Porque le costaría unas buenas pesetas.

-Bueno,

dejemos por una vez de lado las gurruminas.

Además, ahora que Celia me ha acogido tan amablemente

en su residencia, podemos permitirnos

el dispendio. Así se habla, vecina.

Con clase. Yo también me sumaré al derroche

y estrenaré alguna joya para alumbrar la velada.

Celia, ¿me acompañarás

a comprar la alhaja? Yo, yo te escoltaré

con mucho gusto. Gracias.

(Llaman a la puerta)

(Llaman a la puerta)

Buenas, don Ramón.

Disculpe, pero es que no esperaba encontrarle aquí.

-Pues heme aquí, joven.

Exiliado de mi propio hogar.

Pase, pase y sentémonos.

Antes de todo, quisiera darle las gracias.

Usted me abrió los ojos respecto a mi esposa

y ese mal hallado de Benito.

-Bueno, pero eso tan solo fue una impresión.

En realidad nada de cierto sé. -El resto

ya lo he averiguado yo.

Le pondré al tanto de todo, si usted me asegura absoluta discreción

sobre este enredo.

-Faltaría más, don Ramón, cuente con mi silencio.

Y con mi consuelo si lo necesita.

-Lo que usted

solo pudo entrever...

yo lo comprobé con mis propios ojos.

Se besaron, Liberto. Se besaron delante de mis narices.

Como puede usted imaginar, monté en cólera, discutí con mi esposa

y aquí me tiene usted, acogido por don Arturo como un fugitivo.

-No sé qué decirle, caballero. Me ha dejado de piedra.

Yo sigo pensando que Trini bebe los vientos por usted.

No sé, tal vez ha sido un malentendido.

-No me haga usted darle detalles, Liberto.

Lo vi con mis propios ojos y, Trini no me lo negó.

-Entiendo.

Las mujeres.

Que no podemos vivir sin ellas, pero con ellas tampoco.

-Mujeres. Usted bien lo ha dicho.

Yo adoro a mi Trini, ya lo sabe usted.

Con sus salidas de tono y con su impulsivo carácter,

sus cambios de humor y...

Pero de ahí... De ahí a verle besar con otro hombre,

Liberto, eso es traición.

Eso es traición, deslealtad, infamia.

Es que, hasta me sofoca contarlo.

-Don Ramón, cuente con mi silencio. Y con mi comprensión absoluta.

-Vaya, Liberto, Dios aprieta, pero no ahoga.

Y hace que los malos momentos que estoy pasando

pueda compartirlos con allegados. ¿Qué le trae por aquí?

-Concurro para agradecerle su magnánimo gesto

de retirar la denuncia contra el desdichado Simón.

Gracias, señor.

-Espero no tener que arrepentirme de mi nobleza.

Lo hice en buena parte por los ruegos de doña Susana

y por su petición. -Será para bien, no lo dude.

-No estaría yo tan seguro.

Gayarre es otro sin dios de los que tanto abundan ahora, un resentido.

Un mal español.

¿Se pueden creer que me acerqué a casa de doña Susana

para transigir con él y se negó a hacer las paces?

-No se lo tome usted tan a la tremenda.

El ímpetu es un rasgo definitorio

de la juventud.

Ese muchacho pronto aprenderá que el rencor no es cosa buena.

Y más cuando hay difuntos por medio.

-Por eso fui a hablar con él.

Pensando en mi difunta niña.

¿Qué sentido tiene que sigamos pleiteando entre nosotros

cuando ya nada la podrá resucitar?

-Rehágase, don Arturo, que nos hacemos cargo.

¿Quién sabe?, tal vez todo esto acabe resolviéndose para bien.

Si lo tiene a bien, mi tía Susana y Simón vendrán esta tarde a su casa

para mostrarle agradecimiento.

-Pueden venir cuando quieran.

Pero hasta que no lo vea, no creeré que Gayarre

se avenga a mostrar gratitud.

No, no, si mientras he estado faenando de gañote,

a la señora le ha venido de perlas. Vamos, se ha ahorrado

todos los cuartos de mi jornal dejándome al cargo del coronel.

-Fuiste tú la que la empujó al apaño.

-Ya, ya lo sé, Martín.

Pero lo que yo quiero decir es, que doña Rosina

no puede disponer de mí

como si yo fuera un botones de esos de los recados.

-En eso tienes razón.

No te pueden tratar como si fueses una pelota

que pueden echar a rodar cuando ellos quieran.

-Eso es lo que yo razono.

Vamos, que no me quiero ir a ninguna parte,

y menos, al Sabiñánigo ese.

Que me han dicho que hace un biruji que te corta el cutis.

Además, que todo ¿para qué?

Para ir a por una caja que ni la señora sabe

qué es lo que lleva dentro.

-Es una herencia de su tía. Y ya sabemos cómo es doña Rosina

de rapaz y codiciosa.

Dice que no, pero seguro que se muere de ganas

por saber lo que hay dentro de esa caja.

-Ya, y manda a la menda a los montes.

A ver ahora cómo le digo yo al coronel que me tengo que ir

y que se queda sin mis oficios.

-Mala papeleta es. No te digo yo que no.

Si al menos pudiera ir contigo, sería como...

una luna de miel.

-¿Sabes lo que estoy pensando?

Que si esa raposa quiere que yo vaya al Sabiñánigo ese,

claro que voy a ir, sí,

pero como dentro de la caja haiga buenos dineros,

tú y yo cruzamos la frontera

y abur, doña Rosina.

-No exageres, mujer.

Bien sabes que ni tú ni yo somos de robar.

-Que ya lo sé, Martín. Mira, no sé ya ni lo que me digo.

Esta mujer me tiene hasta la coronilla.

-Sosiégate, canija.

Iré a hablar con doña Rosina, a ver si consigo

hacerla cambiar de opinión.

Ya iba detrás de ella para hablarle de este asunto,

pero se metió en una reunión con las señoras y no pude encararla.

A ver si ahora tengo algo más de suerte.

-¿Dónde vas, subalterno? Que me tienes que echar una mano

para traer el cuadro y enseñárselo al señorito Víctor.

-Pues tráigalo usted, que yo tengo prisa.

-Si ya te conozco. Si cuando se trata de trabajar...

-Le dijo la sartén al cazo.

-Ande, deje que ya voy yo.

-Eso, tú vas a por el cuadro y a sacarle las castañas del fuego

a tu marido, pero ya me lo encararé

yo a este perillán gandul.

¿Eh? -Vamos a ver.

-A ver qué te parece.

¿Eh?

¿A que he tenido una buena idea?

Como todas las ideas que tengo, la verdad.

-¿Usted ha perdido la chaveta?

Pero ¿cómo cree que voy a amistarme con María Luisa

enseñándole este despropósito?

-Pero si esto es un disparate. -Vamos a ver,

un disparate era cuando te entregó el cuadro el pintor.

-Si María Luisa había contratado al mejor artista de la ciudad.

¿Usted cree que... esta cosa le va a hacer gracia?

Oye, no hables por ella, que las mujeres siempre nos sorprenden.

Tú avísala, tú avísala y así le vemos la reacción.

-No, Servando, aquí no me pueden traer ustedes a nadie.

Lo siento. Pero es que yo ya lo dije ayer.

Que no quiero problemas con el coronel,

que es ahora el que me da el sustento.

-Casilda, que no se diga que vives siempre acogotada.

Antes por doña Rosina y ahora por el coronel.

-Oiga, Servando, de "acogotá" nada, ¿eh?,

y menos por doña Rosina, que ya no me endiña el jornal.

-Así se habla, pequeñaja, así.

Tú, Víctor, tráete a tu novia, que ya verás tú cómo me encargo yo

de que te vuelva a apreciar, vamos.

Por estas, palabrita del niño Jesús, ¿qué te parece?

-Voy a intentar traerla.

Total, las cosas no pueden ir a peor.

-No, que hombre, que no.

Si esto es una maravilla, ¿no lo ves?

-Pues sí que pueden ir a peor.

Sí que pueden.

Ahora podemos hablar con tranquilidad.

No sé si lo sabe, pero Rosina está pasando unos días en esta casa

y, es un poco... entrometida, digamos.

Sí, digámoslo así.

Le agradezco su discreción, doña Celia.

-Celia tiene razón. Desahóguese.

¿Qué era ese asunto tan importante que quería contarnos?

Verán, eh...

Esta vez no me resulta fácil abrirme ante ustedes, pero...

es necesario.

-Somos sus amigos, hable sin prevención.

Bueno, eh...

La cosa es que Teresa y yo...

hemos tomado la decisión de separarnos.

Ave María Purísima.

¿Para siempre?

Quizá el tiempo y el destino nos vuelva a reunir, pero por ahora sí.

Es definitivo.

Necesitamos curar nuestras heridas.

Por separado. -Lo siento mucho, amigo.

-Pues no ha debido ser una decisión fácil,

por la situación en la que se encuentran.

Además se adoran.

Así es.

Pero bueno, ustedes tomaron una decisión parecida y...

por lo que se ve,

no les ha ido tan mal.

Se nota que se siguen queriendo.

Y ahora son un apoyo incondicional el uno para el otro.

le comprendo a usted, amigo.

Nuestra relación estaba viciada.

Por mi culpa, pero viciada.

Y sí,...

como se ha demostrado, fue una decisión inteligente el separarnos.

En fin, el caso es que aunque ahora

yo no sea la mejor compañía para Teresa,...

no quiero que se quede sola y desamparada.

Querría pedirles un favor.

Son ustedes mis únicos amigos.

-Claro.

Nosotros la ayudaremos en lo que sea necesario.

¿Verdad, Felipe?

-Por favor, la duda ofende.

No esperaba menos de ustedes.

Pero aún querría abusar más de su confianza, doña Celia.

-Pida, que nunca será considerado abuso.

Verá, no sé si ahora que Liberto y Rosina se han acomodado aquí,

podría usted también acoger a Teresa.

Cuente con ello.

Rosina y Liberto no pasarán muchos más días en esta casa.

Espero.

Y rezo por ello.

Además, para mí será un gusto contar con la compañía de Teresa.

Nunca podré pagarle esta deferencia.

Calle y no hable de pagar, que lo que es placer no lleva precio.

-¿Qué piensa hacer ahora, amigo?

Bueno, pues por el momento seguiré en la pensión.

Y tendré que buscar empleo.

Todos mis sueños: la justicia, el amor,...

se han ido al garete.

-No hable usted así, Mauro.

-Celia tiene razón.

Si le podemos ayudar en algo, en el empleo, por ejemplo,

no dude en pedírnoslo. Y olvídese,

¿quién sabe si el destino se ocupará de reunirle con Teresa

en un futuro no tan lejano como parece ahora?

Ojalá el tiempo le dé la razón, Felipe.

Bueno.

Les quedo muy agradecido.

Voy a buscar a Teresa para traerla aquí.

No pasará ni una noche sola.

-La estaré esperando con los brazos abiertos.

Con Dios. A más ver.

¿Sale usted, don Arturo?

-Sí.

Me llegaré hasta el Ateneo, como acostumbro hacer

la mayor parte de los días.

-Si no tiene usted demasiada prisa, le pediría

que me concediese un instante.

-Diga usted.

-Verá,... a lo mejor no es buen momento

para remover según qué sentimientos, pero...

considero mi obligación saldar una deuda que tengo pendiente

con usted.

-No era consciente de obligación alguna por su parte.

-Le pedí a Lolita que trajera esta caja con las pertenencias

de Elvira.

Son unos trebejos que ella dejó en mi casa antes de partir.

Es justo que ahora le pertenezcan a usted.

-Gracias, don Ramón.

Ha cumplido usted con su deber

como buen caballero español.

Ahora soy yo el que está en deuda con usted.

-De ninguna manera, don Arturo.

Me gustaría, eso sí, que estos objetos tan queridos por Elvira

tuvieran en usted algún efecto de consuelo.

-Lo tendrán, claro que lo tendrán.

-¿Salía, coronel? -Vaya.

Parece que los hados no quieren hoy que acuda al Ateneo.

Pasen.

¿Qué desea, señora?

-Si me disculpan,

yo marcho a dar un paseo. -Vaya tranquilo.

Gayarre y compañía tienen cosas que contarme

y querrán intimidad. ¿O me equivoco, Gayarre?

-Verá usted, don Arturo,...

hemos venido con la mejor de las intenciones.

Espero no ejerza usted rudeza alguna

y podamos hablar sin que se altere.

-¿Por qué habría de hacerlo?

¿Hay algo en el pasado que indique que yo ejerza violencias

contra alguno de ustedes?

Se equivoca de sujeto, señora.

-Aquí, mi...

mi protegido,

Simón, aquí presente, ha querido personarse

para agradecerle el gesto de compasión que ha tenido

al retirar la denuncia que pesaba sobre él.

-¿Y él no tiene boca?

¿No tiene edad?

¿Qué le impide hablar?

-Gracias.

-¿Gracias? ¿A secas?

¿Eso es todo?

-Vamos, Simón. Me lo habías prometido.

-Si es a esto a lo que han venido,

deberé pensar que solo quieren ultrajarme más

de lo que ya lo han hecho.

Salgan inmediatamente de mi casa.

No me hagan perder el tiempo, o peor, la paciencia.

-Simón, te lo suplico, dale agradecimiento y satisfacción

a don Arturo.

Él ha demostrado ya que no tiene doble cara.

Y que su deseo de reconciliación es sincero.

Compénsale con tus palabras.

-Está bien,

está bien, lleva usted razón, doña Susana.

Quizá el coronel haya conseguido...

engañar a todos, incluso estoy seguro de que muchos

consideran franco y noble su paripé.

Gayarre, sal de mi casa.

-¡Suélteme! -Simón.

-Pero a mí no me engatusa, coronel.

No creo en sus gestos de clemencia.

Usted nos oculta algo, a mí y a todos.

Seguro que sabe algo más de Elvira.

¡No te atrevas a mentar su nombre en mi casa!

-Acostúmbrese. ¡Me va a escuchar decirlo una y otra vez

mientras sea necesario!

Elvira no está muerta.

Y usted lo sabe.

-Gayarre, es un impertinente.

Un maldito buscapleitos.

Te vas a arrepentir. -Es usted quien se va a arrepentir.

Si Elvira hubiera muerto,

usted y solo usted sería el único culpable.

-Simón, ¿quieres hacer el favor de callarte, por favor?

Coronel,...

le prometo por lo más sagrado que había cedido

a venir a darle las gracias.

¡¿Dónde vas con las cosas de mi hija?!

-Tengo más derecho que usted sobre el recuerdo de Elvira.

¡No des un paso más!

Eres un descastado, Víctor Ferrero.

Un descastado, un descarado, un descocado y todo lo que empiece

por "des" y termine por "ado". -Perdóname,

no sabía ni de lo que hablaba. Si yo quería hablar del cuadro.

-Mira, por mí como si dices misa.

Ese cuadro ha pasado a mejor vida. Y será mejor que ni me lo recuerdes.

-De eso se trata, María Luisa. Que no ha pasado a mejor vida.

Que Servando, con sus mañas,

ha conseguido convertirlo en otra cosa,

le ha dado otra utilidad.

Algo gracioso. Me gustaría que lo vieras, la verdad.

-Ver como mi sueño del lienzo no sirve ni para mantel de meriendas,

en serio. -Que te va a sorprender.

Está en la casa de los Valverde.

Por favor, ve a verlo cuando quieras.

-Mi única intención es ayudarte a salir de este brete.

-Deberías actuar tú con más cuidado.

Lo único que estás consiguiendo es ponerla en evidencia.

-Soy consciente de eso

y bien que lo siento.

-Entonces trata de enmendar tus actos.

-No puedo hacerlo. No tengo ni edad ni ganas

para vivir bajo el ala de nadie.

Y mucho menos para fingir agradecimiento con ese hombre,

cuando estoy seguro que actúa con todo el cinismo

y la mala fe de este mundo. -¿Ves como no tiene remedio?

No atiende a razones.

-Has de admitir que don Arturo no hace otra cosa

que dar muestras de bondad.

Vamos, os tiene a todos engañados.

Estoy seguro que sabe algo más sobre Elvira

que no nos cuenta. -¿Ah, sí?

¿Y en qué te basas para hacer afirmaciones de tamaño calibre?

-"Siempre has sido de ir a llorar a la eras".

-¿Se puede saber qué haces aquí, Benito?

-Buscarte.

-¿Para qué? ¿No has hecho bastante ya?

-Pues claro que no.

He venido a enmendar los errores, Trini, te lo juro.

¿Quieres aceptarme?,

Trinidad Crespo.

-"Le diré que si yo estuviera en su lugar",

no estaría en su lugar.

-No comprendo qué quiere decir con ese galimatías.

-Que no estaría ahí sentado tan pancho,

sino metiéndole un tiro al malnacido que pretende a mi mujer.

-Afloje usted, don Arturo,

que en ningún momento he dicho que Trini

estuviese con otro hombre. -Ni yo lo supongo.

Pero quiero que sepa que si fuera así, puede contar conmigo

y con mis armas.

Lo más importante para un hombre es el honor.

-Le agradezco su interés, pero a mí no me convencen sus métodos.

Soy menos beligerante. Y si fuese necesario, que no lo es,

resolvería el asunto de forma más...

pacífica.

-De acuerdo que tu tía ya tiene una edad, y es muy beata,

pero ¿y si está enamoriscada de Simón?

-Anda, anda. Menudo disparate.

-¡Pero bueno!

No es la primera vez. Míranos a Liberto y a mí.

-Que eso no tiene nada que ver con nosotros, Rosina.

Mi tía ha buscado un sustituto de hijo

al que proteger.

Acuérdate que ya intentó controlarme cuando mi primo Leandro

marchó a París.

-Y a Simón le viene de perlas que alguien le proteja y le apoye.

Que don Arturo puede hacerle mucho daño si se lo propone.

-No sé qué decirte.

El coronel ha cambiado mucho su talante estos últimos días.

Ahora todos piensan que es una persona de bien.

Un cacho de pan. -Sí, del duro.

-Señorita María Luisa, haga usted un poder...

y mire lo que le hemos preparado.

-Está bien.

Me quedaré.

Pero solo porque sé lo pesado que puedes llegar a ser, Servando.

-Pero siéntese, siéntese, señorita, no sea que se vaya a caer de culo.

Con perdón. Siéntese.

Aquí, venga.

Una,...

dos,... y tres.

-"¿Se puede saber qué es lo que te pasa?".

-¿Qué me va a pasar? Nada.

-A mí no me mientas, Trini, que te conozco bien.

Ayer estabas más mustia que un geranio apagado.

Pero pensé que era porque no aguantas a nuestra amiga.

Pero ya veo que hoy sigues igual.

-Bueno, lo cierto es que no me encuentro muy católica, Celia.

Pero bueno, será por estos calores que estamos pasando,

que me amodorran.

-Pues has de espabilarte, recuperar la alegría.

Para una persona optimista que tenemos en el barrio,

no podemos perderla.

-Haré un poder.

-Piensa en cómo nos vamos a divertir en el baile.

-Remover el asunto del robo sería otro modo de flagelarme.

Y ahondar en la herida. -Yo pasé por un trance

similar al suyo.

Tiene que estar usted destrozado.

-Por eso quiero rendir un homenaje a Elvira.

Ya que no puedo dar santa sepultura a sus restos,

me gustaría reunir a los vecinos para rezar por su alma

y memoria.

-Por supuesto, don Arturo, cuente con nosotros.

-Se lo agradezco especialmente, porque quiero pedirles el favor

de que se encarguen ustedes de organizarlo todo.

"¿Qué te parece?".

Me lo he comprado para la ocasión.

Me parece que vas a impresionar a todo el barrio.

Sería una pena perdérselo.

Celia.

¿Y esa cara de circunstancia?

No creas que no sé lo que te ocurre.

Me he enterado.

¿A qué te refieres?

A que Teresa también va a estar viviendo en tu casa.

Eso va a parecer la pensión del peine.

Tenía que auxiliarla. Sí. Claro que sí.

Pero por eso te incomoda acudir al baile.

Celia, no pases pena.

Hace mucho tiempo que somos amigas tú y yo.

Y entiendo tu inquietud, así que no me voy a molestar si no acudes.

Me alegra que lo veas así.

Solo me entristece que no estés conmigo.

-"Quizá debería ser más expeditivo"

y acabar de una vez por todas con lo de este hombre.

Aunque confío en que Trini y él no hayan vuelto a verse.

Esperemos que ese mameluco desaparezca de nuestras vidas

y que esta herida

que se ha abierto entre nosotros sane pronto.

Eso... si logro olvidar el comportamiento

de tu madrastra.

-No sé si debo decirle esto.

-Por el amor de Dios, hija, dime lo que sepas.

-Benito no se ha ido.

-Ayer fue a buscar a Trini

y le ofreció un anillo.

-Si no te importa, Cayetana, me quedo aquí en tu casa

haciéndote compañía, hasta que llegue la hora de la reunión.

Es que estoy cansada de estar en casa de Celia.

Teresa parece un alma en pena,

paseando por las esquinas como si fuera un fantasma.

¿Tan mal está?

Es de una languidez absoluta.

Yo sé que la pobre muchacha lleva una pesada cruz a cuestas,

pero qué poco espíritu.

Tú y yo también hemos sufrido grandes pérdidas, demontres,

y no nos hemos convertido en unas ánimas.

Pobre mujer. Siento mucha compasión por ella.

Algo tendría que hacer para sacarla de esta postración.

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  • Capítulo 539

Acacias 38 - Capítulo 539

16 jun 2017

Lolita intenta intervenir a favor de Trini ante Ramón, pero él no está dispuesto a escucharla. María Luisa ve cómo Benito le ofrece un anillo a Trini, la muchacha no puede creer que Trini pase página tan rápido.
A pesar de las advertencias de Méndez, Simón no está dispuesto a rendirse: acude a casa Valverde y roba las pertenencias de Elvira. Mauro se da cuenta de que, a pesar de sus deseos, que él esté con Teresa solo sirve para avivar los malos recuerdos; así que decide tomar la iniciativa y desaparecer de su vida. Mauro les pide a Felipe y a Celia que acojan a Teresa en su casa.

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  1. Elisa

    No aguanto a Teresa, solo llora y se deprime, no ha tenido un solo capitulo en la que se le vea feliz por dios... No para de rayarse

    20 jun 2017
  2. Luna

    Si el guionista dedicara unos minutos en leer estos comentarios, nos haría la mar de felices dándole punto y final a esa ridícula y pesada acacias. Es que ya no hay nada de sorpresa o algo que nos contente y nos devuelva las ganas y la ilusión de verla completa. Yo desde hace unas semanas veo sólo el adelanto del próximo capítulo para ver si me pica el gusanillo de verla y na, que lo mismo aburrrreeeee y Cayetana y Teresa son tan repetitivas. Personajes cansinos diría yo.

    19 jun 2017
  3. Ozema

    Hay la verdad esta un poco aburrida ya, Cayetana siempre hace lo que le da la gana y no pasa na ahora otra vez la Sara si esto no cambia la suelto en la banda la serie

    19 jun 2017
  4. Çarmen

    Yo creo que la están alargando demasiado y ya se hace un poco pesada, y encima dicen que le queda 250 capítulos mas cuando todos estamos deseando que termine y veamos al bicho de Cayetana en el garrote

    19 jun 2017
  5. Eva

    Por dios acaben ya con esta novela esta ridícula pesada y muy fantástica, si sigue así dejare de verla

    19 jun 2017
  6. Marta U

    Ya está, ha perdido la magia, la ilusión y sirpresa de otras etapas...SOLO favorecen el mal de Cayetana, Ursula y Fabiana, y es impune!!!, y Teresa y su constante depresión, llorando a todo...NO hay nada más interesante. Llevo grabados los últimos 15 capítulos y no voy ni a verlos, he perdido la ilusión. De seguir así, deberían cancelar esta serie y dar paso a nuevas ideas, propuestas, personajes e historias no contaminadas ya con "la rutina"!!!

    19 jun 2017
  7. CATI SALVA

    POR FAVOR ACABEN D UNA VEZ .ES PETETICO SIEMPRE LO MISMO LA TRISTEZA DE TERESA I LA MALDAD DE CAYETANA.PARECE Q A LOS GUIONISTAS SE LES HA ACABADO LA IMAGINACION

    17 jun 2017
  8. Sandra

    Últimamente se me hace taaaaaaaaaan aburrida la serie que si me la pierdo no pasa nada...me estoy desenganchando con mucha facilidad.

    17 jun 2017
  9. Marieta

    Esta serie que se lleva un premio a la ridiculez continuara otros años con Cayetana asesinando Teresa llorando los payasos de los sirvientes Esta serie debe tener recomendados en ella por que no existe motivo por tener este insulto a la inteligencia de los televidentes Es pésima.

    16 jun 2017
  10. Mariela

    ¡¡ Esta Teresa !!!! igualita a la gata Flora ( " cuando se la meten grita y cuando se la sacan llora" ) hasta que el tonto de Mauro se aburra de ella habrá que soportarla ?????????.- y a Trini, tan " avispada " ella, le salió mal el jugar con fuego, o acaso no se vio venir lo que iba a suceder? y para colmo con un tonto como Benito, si al menos hubiera sido otro mas "entrañable"

    16 jun 2017