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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 498 - ver ahora
Transcripción completa

Teresa estuvo a punto de morir, la dejó encinta. Ha perdido

a la criatura y casi muere desangrada.

Sigue en peligro.

¡Fernando! ¡Enfermeros, por favor! -"¿Va a acusar"

a doña Susana de lo de su hija?

-Se ha estado entrometiendo en mi vida.

El caso, comisario, es que esa sastra parece que se ha hecho uña y carne

con mi desleal mayordomo. -Déjenos llevarlo

a nuestra manera. Le mantendremos informado.

-Hoy duermes aquí.

Mañana vengo y abro la sastrería para que dejen de comentar.

Y cuando a Simón le den

el alta, ya tendréis tiempo de fraguar

cómo procederéis después.

-"He oído hablar muy bien"

de los tintes Albora.

Si me "convenzan"

de las ventajas de su producto,

me gustaría llegar a un acuerdo para venderlo en la Francia.

-Le haremos una demostración y no le quedará ninguna duda.

-Encantado estoy con usted, madame. -Celia

no es madame.

Es "mademoiselle". -Comprendo.

-"Por desgracia,"

no pudimos de salvar a la criatura.

¿Qué criatura?

Estaba usted encinta.

-"¿Cómo pudo humillarme así?".

Es Mauro el causante de su mal.

Él es el veneno que ha emponzoñado lo que Teresa sentía.

Ojalá hubiera muerto de verdad. "Le vi el deseo de acabar conmigo".

Los hombres, por templados que podamos parecer, tenemos límite.

Y la infidelidad es uno de ellos.

Por no hablar de que Cayetana

no contribuirá a suavizarlo. "Ninguno de los dos"

tenemos la menor idea de dónde está esa muchacha.

-La creeré por el momento.

¿Conoce algún otro detalle que me sirva para encontrarla?

-Lo único que le puedo decir es que me parece extraño

que Elvira no haya huido antes de las garras coronel.

Don Narciso Domínguez se ha mostrado muy receptivo.

No ha concretado fecha, pero el dinero llegará cuanto antes.

Ganaremos días al menos.

-Gracias, Pablo.

En la vida

podré agradecer lo que haces por mí. "No está Fernando".

No ha querido venir a verme.

Le has engañado. ¿Qué esperabas? Ayúdame.

Habla con él. Convéncele para que venga a verme.

La angustia me comerá si no le pido perdón.

Vaya, parece que Susana sigue con sus labores de buena samaritana.

La sastrería cerrada a cal y canto. -No del todo.

Hoy ha abierto un rato. Pero se ha vuelto al hospital.

¿Cree usted que está cumpliendo una penitencia?

-Es posible. Si se va a dedicar a cuidar a todos los enfermos

del barrio, trabajo no le faltará. ¿Sabe usted algo

del cuál es la dolencia de doña Teresa?

-No he coincidido con Cayetana, que es la que enterada estará.

Pero parece algo de gravedad.

¡Ave María purísima!

Doña Úrsula, ¿está...?

¿Está usted viendo lo que yo estoy viendo?

Si la he dejado sin palabras, todo ha valido la pena.

¿Sabe que es la segunda noche que mi hija falta de su casa?

¿Qué clase de incompetentes son

sus tropas que no la encuentran?

-Modere sus palabras, por favor. Han hecho todo lo que estaba

en su mano.

-¿No le dije a quién preguntar sobre su paradero?

A ese mayordomo

y a la lianta de doña Susana.

-He tirado de ese hilo. Sí.

Aunque

me ha quedado una duda.

¿Qué quiere usted: encontrar a su hija o que detenga a su mayordomo?

-¿Qué está tratando de insinuar?

-No insinúo, caballero.

Afirmo.

Estoy al tanto de su odio por ese tal Simón y de los motivos.

Me parece una falta de ética que un militar de graduación

trate de manejar a la policía. -No consiento que dude de mí.

Estoy seguro de que Gayarre está detrás de la desaparición de mi hija.

Les encontraron yaciendo. ¿No lo entiende?

¿No cree que es motivo

para que ese malnacido la encubra? -No insista, coronel.

Su mayordomo no ha salido del hospital.

Deje de fingir que existe un complot. Los hechos son más simples.

Usted ha sido riguroso con su hija por una ofensa por parte de ella

y se ha fugado. Una disputa familiar.

-Me humillaron

delante de su prometido y delante de todo el barrio.

No es una riña por levantar la voz en la mesa.

Además, fuera como fuera,

su obligación es buscar a mi hija.

-Y lo haremos.

Pero a decir verdad, son muchos casos similares los que nos llegan

a comisaría todos los días. Como comprenderá,

no podemos otorgarle una prioridad

que no tiene. -Buenas noches,

caballero.

Debería haberlo hecho antes.

Así Elvira ni siquiera recordaría tu nombre.

No se habría convertido en una buscona

como tú.

Le enterramos. Todo el mundo lo vio. Le enterramos.

Ya le contaré algún día los detalles. Es una larga historia.

¿Las ánimas tienen querencia por este barrio o qué?

No soy tal, doña Rosina, se lo juro.

Jamás pasé al inframundo.

¡Ay, por Dios! No diga usted enormidades.

¿Le importa

dejarme un momento con doña Úrsula?

Vaya tranquila,

doña Rosina, que no me como a nadie.

A no ser

que a doña Úrsula no le importe que lo que contaré se haga público.

-Doña Rosina, por favor, ¿puede dejarnos solos?

Se acabaron sus enredos, señora.

Su hora ha llegado. ¿Ha perdido

el oremus? ¿A qué vienen estas amenazas?

¿De verdad que no lo sabe? No tengo

la más remota idea de lo que tiene en mi contra.

¿Le dice algo

Elena Pérez Casas?

Se trata de un vieja conocida, pero he retomado

el contacto con ella.

No sé de quién me está hablando. No conozco a nadie con ese nombre.

¿De verdad que no la conoce?

¿Se encuentra bien?

Se ha puesto del color de la cera.

Me siento un poco indispuesta. Debe de ser el relente que hace.

Ya.

Yo más bien diría que le asusta que esté vivo.

Y lo que le he contado. ¿Y sabe qué?

Que hace bien en temerme.

Sé ciertas cosas sobre usted y su amiga Cayetana.

Elena ha sido muy explícita en sus explicaciones.

No puedo saber lo que esa mujer le ha podido contar

ni tampoco de lo que me acusa.

¿Tiene usted pruebas de que hay cometido algún delito?

No.

No tengo ninguna prueba.

Y es posible que el testimonio de Elena no sea válido ante un juez.

Pero para mí

es suficiente.

Entenderá que su opinión me importa bien poco.

Si tiene algo contra nosotras, será mejor que recurra a los tribunales.

Eso si puede.

De una manera o de otra, se va a hacer justicia.

Ya sea por parte de la ley

o por mis propias manos.

Pero no se van a ir de rositas después de intentar

quitarme la vida.

¿Pero qué enormidades está diciendo?

No sé lo que esa mujer le ha podido contar, pero le juro

por lo más sagrado, que nunca he tratado de hacerle daño.

Deje de jurar en vano. Sé muy bien que me miente.

Me está usted ofendiendo, caballero.

¿De verdad piensa que soy tan estúpido

como para creerme sus patrañas?

Podría haber acabado

con ustedes cualquier noche sin que llegaran

a darse cuenta.

Pero prefiero que cada día cuando se despierten

lo primero que piensen es que puedo caer sobre ustedes.

Con Dios, señoras.

Un placer verlas.

-¿Qué le ha dicho el policía?

-Nada de enjundia.

-Pues nadie lo diría.

¿Está usted bien? Está descompuesta.

-Bueno,

será la impresión de haberlo visto, ha sido como...

Como toparse con un espectro.

Será mejor que continuemos el paseo.

-Sí, sí, claro. -¿Me permite?

-Sí. Nos irá bien

tomar el aire para reponernos de...

De esta impresión.

¡Ah!

Soy yo, soy yo.

Siento haberte asustado. Pero no quería despertarte.

Elvira.

Me moría sin verte.

Ven. Ven, siéntate.

Mi amor,

necesitaba saber que estabas bien.

Por fin estamos juntos.

Has tenido que sufrir mucho.

Pero no por las heridas.

Me mataba pensar que te podría haber pasado algo.

Ya ves que soy más dura de lo que pensabas.

He sabido apañármelas.

Lo imaginaba.

Y te prefiero a salvo de tu padre, la verdad.

¿Doña Susana te ha acompañado?

No.

Me he escapado.

Ella no quería que saliera de la sastrería.

Tiene miedo,

y la entiendo.

Se está jugando mucho por ti.

Por nosotros.

Más por ti, Simón.

Al fin y a la postre es tu madre.

¿Te ha contado la verdad?

Sí.

Se ha sincerado conmigo.

Tienes que estar muy contento.

Sí.

Sí, sí.

Mi paso por Acacias ha sido un camino de espinas,

pero al final ha merecido la pena recorrerlo por ella.

Y por ti.

Conocerte ha cambiado mi mundo. Deseo salir de aquí

de una vez y empezar nuestra nueva vida juntos.

Ya nada va a poder separarnos.

¡Elvira!

¿Qué haces aquí?

¿Cómo se te ha ocurrido salir? No se sofoque, doña Susana.

Puse cuidado en que no me vieran.

Alama de cántaro, ¿y si estuviera tu padre vigilando?

Está ojo avizor a ver qué pasa.

Ha llamado a la policía

para que hable con nosotros.

-Sosiéguese. Ha de ver como nada pasará.

-¿Sosegarme?

No me estáis poniendo las cosas muy fáciles.

Siento haberla contrariado, pero necesitaba ver a Simón.

Aunque solo fuera un instante.

Perdóneme, doña Susana.

Bueno, ya no tiene remedio.

Pero tenemos que irnos a la sastrería y encerrarnos allí.

Se me parte el alma por tener que dejarte.

-No sufras.

No sufras, amor mío. mañana mismo

iré a buscarte.

(Puerta)

(Puerta)

(Puerta)

¿Se puede saber quién llama así?

¿Dónde está el fuego? Rosina, por Dios.

-Trini, Trini, ¿a que no sabes a quién vi ayer?

-Debe ser alguien gordo. No sé, el Papa de Roma.

-Menos me hubiera inquietado. -Rosina, ¿Se puede saber

¿quién es ese personaje?

-Mauro.

-Mira, si es una de tus bromas, no tiene gracia.

Que hace tiempo ya

que cría malvas. ¿No tomaste un par de anisetes

y le confundiste con alguien?

-Trini, ¿por quién me tomas? Estaba tan vivito y coleando

como lo estás tú ahora. -Te creo.

Te creo. Pero es que me resulta increíble.

¿Vivito y coleando y por la calle?

No sé qué quieres que diga. No salgo de mi asombro.

-Si es que no hace tanto que le enterramos.

-¿No te dio ninguna explicación de por qué aparece de esa forma?

-A mí ni "chus" ni "mus".

Se quedó hablando... -¿Con quién?

-Con Úrsula. -Con...

-Con permiso. Le traigo el correo, doña Trini.

Qué alegría verla, doña Rosina.

Aunque se haya ido a otro lado, es "acaciera"

de tomo y lomo.

-Pues muy amable. Pero no me dices nada que no sepa.

Sigo siendo propietaria.

-Ya. Si quiere, doña Trini,

ya me ocupo yo de la limosnera

y del abrigo de doña Rosina. Como no tiene criada,

no le vendrá mal una ayuda. -Mira, sí.

Que Rosina y yo tenemos de qué hablar.

-Y no se preocupe, que ya cierro yo la puerta.

A ver.

-Servando. -¿Eh? Sí, no. Es que...

Tenía una mota de polvo.

-Está bien. Ve y avisa a Celia a escape.

Tenemos mucho que hablar. -¿Ha ocurrido

alguna desgracia? -No.

Nada que te deba preocupar. Venga. -Sí. Ahora.

Ahora mismo voy.

(SUSPIRA)

No me ha pillado

por el canto de un real.

Se me cayó esta mañana. Un lamentable accidente.

-Ya. Me hago cargo.

-Termine y déjenos solos.

Lleva una hora para recoger dos cristales.

Si los infantes fueran tan lentos,

no podríamos mantener las colonias que nos quedan.

Usted y yo somos personas ocupadas. No me andaré

con rodeos.

Es evidente que el comisario Méndez no va a hacer nada

por encontrar a mi hija.

-Se equivoca.

Por lo que sé, la policía sigue con su búsqueda.

-No intente dorarme la píldora.

Soy consciente de que hay animadversión hacia mi persona.

-No soy de esa opinión. -Me da igual.

La ley está de mi parte. Mi hija está bajo mi custodia.

No puede andar a su libre albedrío.

La policía tiene que cumplir su misión.

-Y así será.

Quizá Elvira necesita unos días para aclarar sus ideas.

-O para cometer nuevos disparates. -Los jóvenes son impetuosos.

Dale algo más de tiempo.

Verá como termina regresando a casa con las orejas bajas.

Su severidad está en boca de todo el barrio.

-Me importa muy poco la opinión de los demás.

No me gustan las esperas largas. Y menos por esta causa.

No voy a permitir más incorrecciones.

Mi hija ha atentado contra mi honor y se ha deshonrado.

Su vida nunca volverá a ser la misma.

-Barrar una vez y perder la vida.

No me gustaría estar bajo sus leyes, coronel.

-¿Está usted a gusto trabajando en la comisaría?

¿Es una ocupación satisfactoria?

¿Más satisfactoria que los tribunales?

-La verdad es que estoy contento con la labor que realizo.

-Supongo que sus ingresos son menores al trabajar para la administración.

-No todo en este mundo es el dinero.

Me resulta muy gratificante mi nuevo empleo.

-Eso está muy bien. Pero tengo

entendido que vive usted en una pensión de lo más humilde.

-Eso se algo temporal.

-Yo podría hacer que salga cuanto antes de ese nido de pulgas.

Supongo que no le vendrían mal unas pesetas.

Solo le pido que utilice su influencia con el comisario Méndez

y acelere la búsqueda de mi hija.

-¿Cree que puede comprar a todo el mundo?

-No conozco a todo el mundo.

-Haré lo que pueda. -Estoy seguro.

-Con Dios.

-Con Dios.

Estúpido presuntuoso.

Ponme las flores más coloridas que tengas.

Quiero darle alegría a la casa.

¿Cómo se encuentra doña Teresa? ¿Y qué ha pasado?

No es de tu incumbencia, pero pronto estará restablecida.

-Cierro el quisco para ir a verla.

No. No puedes visitarla. El doctor ha ordenado reposo absoluto.

Debemos hacerle caso si queremos

que se recupere cuanto antes. Y no pintas nada en el hospital.

Doña Teresa también me importa.

Si es lo que ha mandado el doctor, no le enmendamos la plana.

Tendremos que esperar a que vuelva para verla.

Ya está.

-¿Qué pasa?

¿No se puede visitar a Teresa?

No. Por el momento no.

-A mí me gustaría verla. Debe sentirse muy sola en el hospital.

No. Estamos Fernando y yo para hacerle compañía.

Pues si vosotros podéis verla, no entiendo por qué yo no.

Precisamente por eso, porque estamos nosotros.

Edita vendrá a buscarte el ramo, no te demores.

-Enseguida lo tiene, señora.

-Cayetana,

¿qué le ha pasado a Teresa?

Debe de ser algo muy grave para llevar tanto tiempo en el hospital.

No, Celia, no es grave. No seas impaciente.

En cuanto llegue, podrás preguntárselo tú misma.

Espera, Cayetana.

¿Sabes que Mauro está vivo?

Trini me ha contado que le han visto en Acacias.

Sí. Lo sé.

Pero de todas formas, ese hombre ya no forma parte de nuestras vidas.

Ni de la de Teresa. Está casada. Así que de poca enjundia es la noticia.

Te veo después.

Nada. Rosina sigue sin aparecer.

Había quedado con Casilda para comprar lo necesario para la cena.

-Poco la conoces si creías que llegaría a tiempo.

Con lo que vio anoche no volverá hasta contárselo a todas las vecinas.

-La verdad que el tema tiene su enjundia.

-Pues sí.

No entiendo por qué Mauro fingiría su muerte.

-No tengo ni idea de qué justifica tal decisión.

-Alguna explicación tendrá. Me consta que Mauro es buena persona.

De no ser por él, estaría preso. O algo peor.

-¿Qué hago?

¿Voy a la compra

o lo dejo? Como no nos demos prisa, no queda ni un ramo de berzas.

-Pues...

-¿Podríais preparar un plato típico de la tierra de Habiba?

-No me parece mala idea.

-¿Y cómo voy a cocinar yo eso?

Porque a lo mejor allí comen monos, serpientes o algún bichejo

que vaya por esos lares. -Habiba puede acompañarte,

compráis los productos

y te dice cómo se hace. -Claro.

Así conocéis algo más de su país.

-Es que para mí que en el mercado no hay nada del África.

Más que nada porque todo lo traen de huertas de alrededores.

-Además yo no estoy a gusto paseando sola.

Me miran como a un gorila suelto.

-Yo podría acompañarte. Yendo conmigo

no tienes nada que temer.

-¿Tú no me acompañas?

-No, no. Tengo tareas que hacer en la casa.

-Está bien.

Iremos al mercado.

-¿Y qué vamos a comprar?

Porque digo yo que carne de cocodrilo no van a tener.

-Haremos pollo con salsa de cacahuetes. Eso sí que habrá.

-Ah, pollo. Menudo lujo. Pues sí que comen bien los africanos.

¿Quieres que demos un paseo juntos?

Los dos solos.

-¿Pero tú no tenías labores de la casa?

-Sí. Pero puedo dejarlas para otro momento.

Para ti siempre voy a tener tiempo.

Me hace daño.

¿A qué vienen

esos modos? ¿Cómo no me ha advertido

que Mauro San Emeterio sigue con vida?

¿A qué viene este juego? Le recuerdo

que en esto está tan implicada como yo. Y le aseguro

que no caeré sola.

Serénese, Úrsula.

Han sido unos días de locos.

Si no se lo he contado, es porque no tuve ocasión.

Debería haberla buscado.

No me valen sus disculpas.

¿Disculpas?

Perdóneme, pero si alguien tiene que disculparse, es usted.

¡Pero qué desfachatez!

¿Cómo se atreve a decir algo así?

Le encomendé una tarea que no cumplió.

Las consecuencias son culpa suya.

No.

No va a amilanarme.

Esto es cosa de las dos.

Estoy harta de los juegos

que se trae con Elena. ¿Qué le encargó?

¿Qué le ha hecho a Teresa?

¿Qué va a decirme? ¿Que no es por su causa que está en el hospital?

¡Chist!

Todo a su debido tiempo, Úrsula.

Tendrá las respuestas que busca, pero cuando sea la ocasión adecuada.

Me parece que no ha entendido lo que está pasando.

Mauro tiene a Elena.

Por esa razón esa calandraca no ha dicho nada.

Ni "chus" ni "mus". Es evidente

que está de lado del policía.

¿Está segura de lo que dice?

Eso me dio a entender Mauro.

Ayer tuvo la desfachatez de venirme a buscar al barrio.

Cree que Elena ha hablado de más.

Es más que posible.

Espero que se equivoque. Si es así, estamos en mala situación.

Lo sé.

Pero le digo

una cosa.

De esta tendremos que salir juntas.

Será mejor que no haga nada más a mis espaldas.

¿Entendido?

Espero que te tomes toda la comida.

-Mientras no sean acelgas... Las odio.

Cuénteme algo.

Me inquieto cuando hay alguien

y no dice nada. -Estoy contigo.

No debes temer nada.

-Como no puedo verle la cara,

no sé lo que ocurre.

-No me ocurre nada. Simplemente estoy cansado.

No me entra la comida.

-Eso no puede ser.

He sabido que ayer con Celia tampoco cenaste bien.

-¿Qué le ocurre a Teresa?

-Come, Tirso, por favor.

-¿Es que está muy enferma? -No.

No le ocurre nada. Come.

(Puerta)

¿Por qué no está con ella en el hospital?

Si está mala,

estará muy triste ella sola.

-¿Cómo hago para que te comas el guiso?

Perdón, Tirso.

No quería asustarte. Estoy alterado

con todo lo que pasa, pero quiero que estés tranquilo.

Está bien y pronto estará con nosotros.

Edita, por favor, llévate al niño a comer a la cocina.

No puedo seguir con todo esto.

Lo sé. No le falta razón.

Las cosas ya pasan de castaño oscuro.

Tiene que poner una solución a todo esto.

Tiene razón.

Tengo que actuar.

Simón.

Qué alegría ver esos dos luceros bien abiertos.

Traigo un guiso de patatas.

Que dentro lleva medio gorrinillo

y bien de guindillas.

-Pues te lo agradezco. No sabes qué apetito tengo.

-Pues si te comes un poco de esto, puedes subir un monte y bajar

antes del segundo plato.

-Con que me dé fuerzas para salir, me sobra.

-Gracias.

¿Has visto al doctor? -No.

Al parecer ha ido a visitar a sus enfermos

y no volverá en el día.

-Pero si esperaba salir hoy mismo de aquí.

Tendré que esperar un día más. ¡Esto parece una cárcel!

-No exageres. Por un día más no te va a pasar nada.

-Lo que daría esta servidora

por quedarse en cama, aunque fuera una vez.

En Cabrahigo no se quedan en cama ni los recién nacidos.

-Como debe ser. La cama solo es para vagos, ancianos o enfermos.

-Pues lo que tú eres. A ver si crees que te tienen

por gusto. -No tengas prisa.

Cuanto más tardes en aparecer por Acacias, mejor.

-Ya le digo.

El coronel sigue echando humo por las orejas.

Usted le tiene que haber visto.

-Sí. Al salir de las sastrería.

Afortunadamente, era de lejos.

-Pues mejor.

Espero que la hija de ese endriago también le tenga lejos.

No le hizo nada con lo del Turco.

Si la coge ahora, la defenestra toda.

Como poco la mete en un convento

para luego de endiñarle dos sopapos.

-No te sofoques por la muchacha.

Estará a buen recaudo en casa de unos familiares o en un hotelito discreto.

¡Ay! Esa muchacha

tiene sus mañas. ¿No te parece?

-Si usted lo dice...

Pero me extraña que se haya marchado estando Simón en el hospital.

Bueno,

yo hago mutis, que tenía intención de visitar a doña Teresa.

-Ni lo intentes.

Su esposo y Cayetana han dado órdenes de que no entre nadie a visitarla.

-¿A las criadas? -A todo hijo de vecino.

Yo llevo aquí varios días y me ha sido imposible entrar

a desearle pronta recuperación.

-¡Huy! ¿Y a qué viene tanto secretismo?

-Quién sabe.

Quizá necesite reposo

o cosas de Cayetana. Quién sabe.

-O que no quiere

que la vea don Mauro. Con la tirria que le tiene.

Lo de ese hombre tiene delito, por policía que sea.

Engañarnos haciéndose pasar

por muerto. -Eso ahora me importa

un ardite, Lolita.

Señores.

Es de suponer que estarán hablando de Mauro.

-Me da igual su charla.

Solo quiero que hablemos de nosotros.

El resto del mundo no nos importa.

¿Dónde quieres que vayamos?

-Me gustaría que nos quedáramos un rato aquí, en la pérgola.

-Hace mucho tiempo

que no nos sentamos aquí.

-¿Recuerdas los momentos

que pasamos aquí juntos?

-Sí.

Y cómo te enseñaba a leer.

Tenías tantísimas ganas de aprender...

-Tú eras tan dulce

y tan paciente al enseñarme.

Aquí me enamoré como un loco de ti.

-No sé cómo conseguí darte las clases.

Solo tenía ganas de besarte.

Pero

ha pasado tanto tiempo de todo aquello,

que es como si formara parte de otra vida.

-No quiero que pienses así.

Hemos pasado mil problemas juntos.

-Sí.

La vida nos ha tratado con dureza.

Hemos perdido a muchos seres queridos

y después lo de aquella maldita isla.

-Cariño, sé que has sufrido mucho. Pero hay una cosa que no ha cambiado

un ápice en todo este tiempo.

El amor que nos tenemos el uno por el otro.

Y que nació precisamente aquí.

-Y que sigue teniendo la misma fuerza.

-Garantía de que podemos

confiar en que todo saldrá bien. -Da gusto ver

cómo se hacen arrumacos los tortolitos.

-Como corresponde a un matrimonio. -Claro que sí.

Ya sabía yo que volveríais a estar bien. No conozco a nadie

más cabezota que este.

Con lo mal que lo has pasado.

Mírate ahora.

-Lo hemos pasado mal, pero las nubes se están retirando.

-Y yo que me alegro.

Marcho. Tres son multitud. -Debes de tener

mucho trabajo en La Deliciosa. -No entra un alfiler.

-Tengo el local repleto de tertulias.

Todo el mundo hablando de la resurrección del policía.

-Y tú a poner más cafés y chocolates. -Mientras unos

hablan y discuten, otros hacemos el agosto.

Sigan con lo suyo.

-Pablo, ¿tan mal lo has pasado este tiempo?

-Mi vida ha sido un infierno desde que nos separamos, sí.

Pero ya no me acuerdo de eso.

Ahora solo sé que estamos en la gloria.

La camisa no me llegaba al cuerpo cuando vi a Mauro.

Lo primero que pensé es que era

una aparición. -¿No me diga

que a su edad todavía cree en espectros?

-No es que crea o deje de creer,

pero haberlos "haylos". Y doy fe de ello.

-Señores,

¿qué van a querer tomar? -Café para todos,

que aquí tenemos mucha tela que cortar.

-Ahora mismo se lo sirvo.

-Sea lo que sea, lo que me parece indignante

es que un hombre de ley haya montado semejante comedia.

-Más le valdría pensar en el daño que va a causar a su alrededor.

Celia, tú me dijiste que Teresa

lo había pasado peor. -Bueno, no lo dije

de esa forma.

Que es cierto que Teresa después de la muerte

se vio sumida en un abatimiento. No le demos vueltas.

Trini,

¿has pensado ya con quién probaremos los tintes

para que lo vea? -Por eso no te preocupes.

Tengo a la persona perfecta.

-Qué queréis que os diga. De acuerdo con don Ramón.

Lo que ha hecho Mauro no tiene ninguna explicación.

Se ha burlado de todo el vecindario.

-No deberían ser tan duros.

-¿Y le parece bien que se burle?

-Lo que puedo decirles es que todos conocen a Mauro.

Y lamentaron su muerte.

¿No pueden darle el beneficio de la duda?

-No resulta fácil hacer lo que pide.

Considero que su falta es de extrema gravedad.

A no ser que usted sepa algo que nosotros desconocemos.

-No, no.

Pero estoy seguro que detrás hay una razón de peso.

-Quizá se vio obligado

por una investigación.

-A mí no me vale ninguna excusa.

¿Recuerdan la boda de Teresa?

-Nunca había visto una novia tan triste.

La pobre Teresa no pegaba ojo ni a sol ni a sombra.

Iba como un alma en pena llorando por las esquinas.

Eso y nada más que eso ha conseguido Mauro haciéndose pasar por muerto.

-Si es que lo que no me entra a mí en las sesera

es que si quería desaparecer, ¿por qué se presenta ahora?

-Se tenía que haber ido

a tomar viento fresco. Lejos.

A Francia o más para allá.

-Yo no voy a decir que esté bien lo que ha hecho.

Pero no me voy a olvidar

del cable que echó a mi Martín.

-Si cosas buenas ha hecho. Pero es como Juan Palomo:

yo me lo guiso, yo me lo como. Y hago lo que me sale de las pestañas.

-Yo me barrunto que con tal de conseguir lo que busca,

no le importa a quien perjudique.

-Pamplinas.

Ese hombre es un malaje.

Le tengo mucho aprecio a doña Teresa y lo que le ha hecho no tiene nombre.

-Pues no sé yo. Eso debería decidirlo

la susodicha. "Osease", doña Teresa,

que es la más interesada.

-No te equivoques. Es como mala hierba.

Solo puede esperar que le haga perder la chaveta.

-No le falta ni una "miaja" de razón.

Que a más lejos de él, mejor va a irle.

Huy, ya ha comprado

Usted las castañas. -Me he pasado

por el mercado antes de subirme aquí.

-Yo he estado

y no la he visto. -Con el gentío que había.

-Yo he estado con Habiba.

A mis señores se les ha antojado comer cosas de su tierra.

¿Y qué has comprado? ¿Hormigas?

-Que no. Pollo. Y algunas otras cosas que yo no sabía vendían

en el mercado.

El caso es que yo tendré que cocinarlo,

pero de catarlo nones.

-A ver si no te va a dar tiempo a hacer el bordado ese de los íberos.

-Más vale que te dé. Si no, a Servando le da

un tabardillo. -Que no, "señá" Fabiana.

Que ya lo he empezado.

He bordado una flor de Acacias y un león rugiendo.

-¿Y qué pinta un león en todo esto?

-Pues no sé. Pero Servando se ha empecinado en que lo ponga

para que tenga más empaque. -Ya.

Loca te va a volver como le hagas caso en todo.

Tú haz lo que te plazca y ya está.

-Uh, qué poca sangre.

¿Pero es que no os hace ilusión pensar que en tiempos de Mari Castaña

ya andaba gente por aquí? O que podían tener la misma tristeza

y alegría que nosotros.

-Con que no se los comiera un oso tenían bastante.

-Yo quisiera saber es lo que está preparando Servando.

Todo esto no vale

para nada.

¿Qué haces aquí? Doña Cayetana.

No. Estaba revisando los conductos

de la chimenea, que...

Que están atascados y están... Están llenos

de hollín. Venga, venga.

Venga, mire.

Ahí.

Mire, ahí.

Mire, mire. No, no, asómese. Si vale la pena

verlos. Mire.

Servando, yo no veo nada.

Por eso mismo. Está taponada. Hay que limpiarlo

echando diablos. Más vale

prevenir que curar.

Sí. Lo que tú digas. ¿Dónde está Edita?

Se fue a hacer las habitaciones.

Haga el favor de seguirme. -Iré hasta donde usted me diga.

La señora ha tenido la gentileza de prestarse a una prueba de tintes.

-De culo se va a caer cuando vea lo bien que va.

-¿Le molesta la aplicación? ¿Ha sentido algún picor

o escozor?

-No, no, no. Mire, es que

la señora es un poco dura de oído.

Bueno, bastante. Bueno, en realidad está más sorda que una tapia.

Pero no ha dicho ni "mu".

-¿Y cómo ha podido convencerla si no oye bien?

-Trini es persuasiva. Cuando se le mete algo entre ceja y ceja, no para.

-Es de suponer que con usted pasará lo mismo.

Le basta con una sonrisa para que todo el mundo haga lo que ordene.

-¿Preparados para ver el tinte?

Le he puesto un tono rubio que les va a dejar

con la boca abierta.

Amarillo trigo se llama este.

-Debo confesar que estoy impaciente por ver el resultado.

¡Ay, Dios mío!

-¿Qué ha pasado, Trini? ¿No era amarillo trigo?

-No, no lo entiendo. No lo entiendo.

Había quedado fetén.

Debe haber seguido subiendo el colorante después de peinarla.

Más que trigo

parece una lechuga.

-¿Podrían darme un espejo?

-¿Un espejo dice?

-Usted no hace falta que se mire.

¡Que está más bonita que un San Luis!

¡Que digo un San Luis! ¡Que un coro celestial!

-¿De veras? -Bueno.

Va a causar sensación entre todas su amigas, se lo digo yo.

-Boquiabiertas las dejará.

No habrán visto cosa igual. -Que está hecha

un pimpollo. Si hasta parece que pese menos.

Admirado va a dejar a todo el mundo.

-Bellísima. Una Venus está usted hecha.

Muchísimas gracias.

Trini, ¿se puede saber

qué le has echado? ¿Cómo se le quedó de ese color?

-Celia, no tengo idea.

Igual el pelo de las mujeres gruesas reacciona de otra manera.

No lo sé. -No digas disparates.

En algo te harás equivocado.

Se habrá quedado muy decepcionado

con el accidente que tuvimos.

-No puedo decir que sea la mejor demostración que he visto,

pero puedo asegurar que ha sido la más divertida.

-Le ha gustado, le ha gustado.

-Si usted tuviera a bien

concedernos otra prueba,

nosotros podríamos demostrarle que ha sido un error.

-Hasta el mejor escribiente

echa un borrón de vez en cuando.

-Está bien. Pueden hacer otra demostración,

pero con la condición que no la hagan conmigo.

Ahora

me gustaría comer algo. Estoy desfallecido.

-Pues vaya usted

a La Deliciosa. Le van a tratar de fábula.

-Me acompañarán, supongo. -Yo...

Lo siento. Mi esposo me espera.

He de marcharme ya. Se preguntará dónde estoy.

A más ver.

-Espero que usted sí pueda venir conmigo a cenar.

¿O también la espera alguien?

-No. Yo no tengo a nadie. Quiero decir que no...

No me espera nadie. -En ese caso,

estaré encantado de poder invitarla.

-Lo siento, pero

si no le importa, me quedaré en casa.

Hoy estoy un poco fatigada.

-En ese caso, no insisto más.

Le deseo una buena noche.

La verdad es que me ha encantado la comida de tu tierra.

Son sabores distintos, pero muy sabrosos.

-Para un día está bien. Pero he de reconocer

que sigo prefiriendo una fabada o un lechón asado.

-Lo importante es que estamos en familia.

Hacía mucho que no disfrutaba de una cena así.

-¿Y esas cartas?

-Las he dejado para revisarlas más tarde.

-¿Qué tienes, Habiba? Has estado callada toda la noche.

-No me ocurre nada. Simplemente

que me resulta extraño volver a probar comida de mi tierra.

-Echas de menos tu isla, ¿no?

-Echo mucho de menos a las pocas gentes

que dejé allí. -Ya.

-Algunas amigas.

Y luego está ese hombre.

-Bueno, tienes que hacer

un poder para olvidar aquello.

-Me siento avergonzada por importunarte así

con mis cuitas.

Preferiría no mostrarme así.

-No quiero que te sientas mal por mi causa.

Bueno, yo me voy a ver si Liberto quiere tomar un whisky conmigo.

-¿Crees que no me doy cuenta de lo que haces?

No te quiero cerca de mi esposo.

-A mí tampoco me gusta que me dejes todo el día con el servicio.

Mira bien lo que haces, Leonor,

si no quieres que le cuente algo inconveniente a tu esposo.

-No intentes amilanarme.

Pronto conseguiré el dinero

y tú desparecerás de mi vida para siempre.

¿Se da cuenta de la cantidad de delitos en que ha incurrido?

Se ha saltado las normas del cuerpo, las legales y las del sentido común.

No he obrado dentro de la legalidad.

Es usted muy indulgente consigo mismo.

No ha obrado cerca de lo que debe de ser el comportamiento de un policía.

Toda la policía, su amigo Felipe, incluso yo,

nos desvivimos. Detuvimos a Elena Pérez casas.

Me consta que cumplían con su deber.

Pero todo era

una vil mentira. Usted engañaba a sus propios compañeros.

En el fondo me alegro de que esa mujer se fugara.

Habríamos cometido una injusticia.

-No se puede decir que fuera inocente. Trató de matar a Mauro.

-¡Pero no lo hizo!

Su comportamiento ha sido indigno

de su cargo.

¿Qué artimañas utilizó para fingir su muerte?

Cuando esperaba a la muerte atado a las vías del tren

un indigente me vio y corrió a socorrerme.

Con tan mala suerte que una vez me hubo soltado,

terminó siendo atropellado por el tren.

Y ni corto ni perezoso decidió que ocupara su lugar.

Fueron momentos muy confusos, comisario.

Pensaba que si me daban por muerto,

atraparía a quien encargó mi asesinato.

No quiero seguir escuchando sus explicaciones.

Será mejor que se las reserve para cuando esté con el juez.

-Le ruego que reconsidere la situación.

No pudo pensar con claridad y le pareció

una buena idea.

No hace falta que me defienda.

Sé lo que hará el comisario y no tengo argumentos para oponerme.

Efectivamente.

Debo suspenderle de empleo y sueldo.

Iniciaré los trámites para expulsarle del cuerpo y llevarle

ante los tribunales.

Asumo las consecuencias de mis actos.

No debería haberse presentado en comisaría.

No tiene sentido seguir ocultándome.

Todo el mundo sabes que estoy vivo.

Nadie se lo ha tomado a bien.

No ven razones para justificar lo que ha hecho.

Tendré que cargar con su resentimiento.

No puedo explicarles qué me llevo a ese camino.

¿Ni siquiera a Teresa?

Tiene que explicarle que pretendía dar caza a Cayetana

y no a Elena.

Que sospecha que está tras el intento de matarle.

Debo hacerlo, sí.

Aunque temo su reacción.

Has venido.

No podemos

seguir así.

Fue una torpeza visitar a Simón.

Una irresponsabilidad. Como él, que quiere salir antes de hora

del hospital. Es de entender que no tenga ganas

de seguir allí. Esa impaciencia,

ese ímpetu, no es una virtud de juventud.

Es más bien una condena.

No se lo tome a mal.

Es el amor.

La necesidad de pasar nuestro tiempo juntos.

Esos sentimientos tienen lo mismo de hermosura que de peligro.

De momento no nos han descubierto.

De momento. Por culpa de vuestra cabeza loca

podemos echar a perder lo conseguido.

Igual que echaste a perder tu compromiso. Qué sofoco.

No quiero ni pensar en eso. Compartir el lecho

el mismo día que te despedías de medio barrio

para irte con tu prometido. Qué bochorno, Dios mío.

¿Dábamos la espalda

a los sentimientos? Sí.

Y que te comportaras con la decencia que corresponde a una señorita.

Fue una locura y no medí las consecuencias que podría traernos.

Pero en el fondo no me arrepiento.

No te arrepientes porque Simón sigue con vida.

Le amo.

Era la forma que tenía para no perderlo.

Ahora voy a estar de acuerdo con tu padre,

como lo estaría cualquiera. ¿Está en contra de que nos amemos?

Que nos amemos, que nos amemos.

El amor son pamplinas. La humillación a la que sometisteis a tu padre

no tiene nombre.

Me duele que diga eso. Él ha dispuesto de mi persona

a su antojo y yo solo podía decir "amén".

Como corresponde a cualquier hija que se precie.

La obediencia a los padres

es la piedra angular de la sociedad.

Todavía me cuesta un poco moverme.

Me ha dicho el médico que te recuperas bien.

Así es.

Espero salir pronto de aquí.

Lo siento.

No me sirve que pidas perdón.

Me gustaría que supieras

que lamento todo el daño que te he hecho.

Reconozco que me ha costado llegar hasta aquí.

No tenía ganas de verte,

de mirarte a los ojos.

Tampoco sabía muy bien qué decirte.

Sé que te he hecho mucho daño. No.

No lo sabes.

Como tampoco sabes las consecuencias que puede tener todo esto.

No solo me has hundido a mí.

Has llevado tu mentira tan lejos

como para involucrar a un pobre crío. Tirso.

Pobre pequeño.

¿Sientes pena por él?

No para de preguntarme por cómo estás.

Y yo no sé qué decirle.

¿Cómo se le dice que su madre es una mezquina,

una adúltera?

¿Cómo le digo que jamás nos has querido?

Fernando, sé que me he comportado de una manera indigna

y carente de toda decencia,

que merezco todo lo que me dices, pero jamás quise haceros daño.

Pues te has lucido bien.

Sé que no vas a creerme, pero

cuando fui a ver a Mauro,

cuando creí sentirme morir,

mi intención era despedirme de él.

Ni sabía que estaba embarazada.

Tienes razón.

No te creo.

Te juro que estaba decidida a quedarme

al lado de Tirso y de ti.

Mi intención era ser una buena esposa y una buena madre.

Me repugna oírte.

Nunca dejarás a Mauro.

Es cierto que le amo.

Le amé antes y el amaré siempre.

Es algo que no puedo cambiar mientras tenga corazón.

Así que era aquí donde se escondía.

Qué alegría verla, Celia.

No sabe lo mucho que necesitaba este abrazo.

Me siento tan sola aquí...

¿No hay nadie con usted?

-"La policía ha encontrado a Elena".

Y cuando Teresa regrese a su casa se enterará de todo.

En esto tiene razón.

Vaya y explíquele la verdad.

Dele las explicaciones pertinentes.

Temo que cuando le cuente mis sospechas,

todo salte por los aires

una vez más.

Si eso pasa, tendrá que afrontarlo.

-Ya nada puede poner en riesgo todo esto.

Y menos

mi amor por ti.

-Me arrepiento de lo mal que lo hice.

De las mentiras... -Ya está. No pienses en eso.

No quiero que tu cabeza

se vuelva a llenar de tormentos. Cariño,

eso ya pasó.

Se acabó.

Te lo aseguro.

-Dicen que la policía encontró el cadáver de Elena.

Dicen que ha sido un suicidio, pero

yo no lo creo.

¿Y si alguien la presionó y se le fue la mano?

No todo el mundo es como usted ni sigue sus métodos.

Algunos creemos en la justicia

y en el cumplimiento de la ley.

¿Incluso si usted ya no es uno de sus representantes?

-"Nos acompaña".

No estoy acostumbrada a tantas comidas y reuniones.

Me voy a retirar a descansar.

-"Parece con la cabeza en otra parte".

-"Me pilláis con trabajo".

Y no tengo mucho tiempo ahora para atenderos.

-Ya.

Últimamente nunca tiene tiempo para nosotros. Solo para Simón.

Cariño, ¿me esperas en la chocolatería?

"Usted es su marido".

"Usted manda".

No tiene que sentirse mal por ello.

Simplemente impone su voluntad por encima de la suya por su bien.

No soy ese tipo de hombre. Tendrá que serlo si quiere

que Teresa olvide a Mauro San Emeterio y caiga rendida a sus pies.

Porque es eso lo que quiere, ¿verdad?

"Fernando parece cambiado. En su visita"

llegó a amenazarme. Y su mirada...

No sé.

¿Qué, Teresa?

Llegó a darme miedo.

Pero bueno, supongo que Cayetana

estará templando sus nervios

y haciendo esfuerzos por tranquilizarle.

Yo no estoy tan seguro de eso.

¿Por qué dices eso?

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  • Capítulo 498

Acacias 38 - Capítulo 498

19 abr 2017

Mauro amenaza a Úrsula, sabe de su relación con Elena, y no va a parar hasta meterlas en la cárcel. Úrsula advierte a Cayetana, las dos van a tener que luchar mano a mano. Arturo ofrece dinero a Felipe para que Méndez retome la investigación de Elvira. Pablo y Leonor se besan por primera vez desde que ella regresó de África. Este acercamiento abre más todavía la brecha entre Habiba y Leonor. Habiba intercepta una carta del banco.

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  1. Maria Teresa Parisotto

    A mi no me encanta. Dacuerdo que los ricos ganan, pero no siempre. Cayetana tiene que desaparecer.

    13 jun 2017
  2. Helena

    Sacar a Elvira manipuladora como ella sola i empalagosa...i resolver las muuertes de Manuela i los demasssss......

    30 abr 2017
  3. maria

    me encanta la serie pero por favor... quitar ya a los personajes de Simon y Elvira....son un rollazo tremendo de empalagosos, soso y un largo etc....Please acabar con ellossssssssssssssssssssssss

    22 abr 2017
  4. Maria Martinez

    Pues a mi me encanta... llevo enganchada a la serie desde junio...y os puedo decir q no me habia enganchado a ninguna otra serie desde hace muchiíiiiiiisimos años. Cuando no puedo verla como hoy...la pongo a estas horas de la noche. Un os actores de matricula de honor y las historias muy buenas.

    20 abr 2017
  5. Clara

    Yo creo que la serie está muy bien hecha. Es verdad que las tramas se alargan mucho pero, es normal, se trata de una telenovela diaria no de una película. A mí me parece que para no llegar a cansar está muy bien que entren personajes con historias nuevas. La nueva trama entre Simón, Susana y Elvira está de lo más interesante ahora mismo. Los actores bordan cada secuencia. Son lo mejor de Acacias. Destaco especialmente a Trini y Lolita que dan mucha alegría a la serie con su simpatía.

    20 abr 2017
  6. Judith

    Acacias 38... Donde las tontas abundan, los criminales no pagan por sus pecados y un equipo policial inutil! Mucha intriga y vueltas por gusto que lo unico que hacen es que quede uno desencantado con la serie.

    20 abr 2017
  7. Idelisha

    Ya esta serie no tiene sentido seguir viéndola es un verdadero lastre, ningunas de las historias terminan bien y le añaden otra para alargar la serie más y más. No tienen creatividad éstos guionistas, puras bobadas se ha vuelto ésta serie. Ya terminenla por favor!

    20 abr 2017
  8. Hortensia

    Insostenible la situación de Habiba, ya cansa su actitud, guionistas, ya desvelen esa trama que cansa. Otro personaje muy incómodo, Servando, por Dios que estupido y chocante! No caigan en pequeños errores que la teleaudiencia capta, lean nuestros comentarios.

    20 abr 2017
  9. Lalo Landa

    Es normal que a medio mundo le caiga la noticia como balde de agua fria. Pero que bueno que Rosina estuvo presente cuando Mauro se puso a cantarle las rancheras a doña cuervo. Rosina es despistada pero no es tonta: Cuando mauro le dice "algun dia le contare la historia que es larga" y por la expresion de la otra luego de la confrontacion, como cobarde que es (impagable, asi como cuando la usurpadora lo ve en el hospital), ya se estará preguntando que rayos pasa aca, debe ser algo gordo y asi. De ahi los cotilleos, pero mejor porque esos sucesos raros dan de que hablar y por ende llaman la atencion. Ya esta que lo de guadalupe y demas, en cualquier momento cae pues esas 2 van a estar con miedo ahorita. Lo que mas llama la atencion y esta muy raro, es a quien cariños frecuenta doña cuervo y que elena descubrió: O es alguno de los Sotelo Ruz (no olvidemos que la bruja le guarda resentimientos a la tia y primos, obvio porque hasta ellos se habran dado cuenta que era una usurpadora y no su pariente. Hasta fotos de la niña había ademas de la famosa cicatriz), o algun otro muerto que volvió a la vida y aun no aparecerá hasta que llegue el momento (cadaveres han dejado, pero no hemos visto que todos lleguen a su sepultura). Al coronel algo turbio le van a encontrar ademas de lo de la muerte de la esposa: las divisas cubanas que le encomienda a simon antes del secuestro, no podian depositarse hasta cierto tiempo despues. Que raro si se supone que era dinero "legal".

    20 abr 2017
  10. Mabi

    Raúl Cano Cano era Leandro , por si no recordaban su nombre

    20 abr 2017
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