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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 493 - ver ahora
Transcripción completa

He dado con una presa.

Margarita se llama.

Tenía buena relación con Elena.

Bien hecho. Quiero verla, hablar con ella.

No nos podemos arriesgar.

No sabría quién soy. Aún así, sería una temeridad.

De acuerdo.

Sabe lo que tiene que hacer. Perfectamente.

Supongo que no se le escapa que si nos relacionan con Elena

podemos acabar en el presidio.

No me diga lo que debo o no debo hacer.

Quiero hablar con ella

antes de que desaparezca para siempre. ¿Entendido?

-Te vi con la camarera de la chocolatería.

-Prefiero no hablar de esto. -No, no te lo tomes a mal.

-¿Cómo es la muchacha? -No es como tú.

Te quise desde el primer momento que te tuve.

Y deseaba lo mejor para ti.

Y sin embargo,

no tuve valor, mi pequeño, no lo tuve.

Perdóname. "Nuestras cuitas son"

insignificantes cuando ocurre algo como lo de Tirso.

Quiero dedicarme en cuerpo y alma a él.

¡Oh! Eh, eh, eh.

¿Qué te ocurre?

No es nada.

Un dolor de estómago y cierto mareo. "Quisiera hablar"

con usted acerca del pago del yacimiento.

-Te dije que no había problema. Solo esperar a que el banco

provisionara los fondos. -Ya lo sé.

Y créame que mi intención no es abrumarle.

¿No podría intentar agilizar los trámites?

-Lo haré por la amistad que une a nuestras familias,

pero no te aseguro nada. -Me conformo que lo intente.

Necesito verle.

Vamos. Hagámoslo antes de que regrese tu padre.

Gracias, Edita.

Puedes retirarte al altillo.

Teresa.

¿Dónde has estado? Te he esperado en el hospital.

He tenido que firmar

unos informes del colegio.

Ahora voy al hospital.

Solo he venido para cambiarme de ropa y asearme.

¿Has dejado a Tirso solo?

Le han sedado y dormirá de un tirón.

Y tengo una buena noticia para darte.

¿Sobre él?

El médico me ha dicho que mañana

le darán el alta y podremos traerle.

Nada me hubiera alegrado más la noche.

Quiero estar allí cuando él despierte.

Espera, Teresa.

Necesito hablar contigo.

He estado pensando en el futuro de Tirso.

No te agobies con eso ahora.

Bastante tenemos con aguantar el tipo delante de él.

Habrá tiempo de pensar en el futuro.

Lo que he pensado requiere de una decisión inmediata.

Nada podemos hacer para evitar el sufrimiento de su ceguera, pero sí

garantizarle cierta calidad de vida, incluso si nosotros faltáramos.

¿Quieres ponerle dinero a su nombre?

Quiero más que eso.

Me gustaría que le diéramos nuestros apellidos.

Adoptarlo legalmente sería la solución.

¿Estás de acuerdo?

No vais a ninguna parte.

Y tú debes marcharte inmediatamente a tu casa.

-No.

No puedo marcharme dejando sola a Elvira con usted.

¿Qué va a hacer? ¿Pegarle como hizo con Simón?

Es mi casa y no quiero visitas.

Márchate o atente a las consecuencias.

No puede enfrentarse a todo aquel que me preste socorro o me defienda.

-Yo solo trato de ayudarla.

-Ya está bien.

No estoy dispuesto a escuchar los sermones

de dos niñas malcriadas. -Su hija necesita compañía.

El apoyo de los que la apreciamos.

Tengo que permanecer a su lado.

-Más temprano que tarde acabarás saliendo de esta casa.

Por cada minuto que pases en ella

Elvira lo sufrirá luego.

-¿No le importa el daño que le hace?

-Eso no es asunto tuyo. Tiene lo que merece.

Tú empeoras la situación.

Por favor, María Luisa, no me dejes sola.

Le ruego que me permita quedarme.

Yo solo quiero consolarla, darle un hombro en el que llorar.

-Y sacarla de esta casa.

Estás acabando con mi paciencia.

-¿Pero es que no tiene corazón?

-Tu padre tuvo que darte un correctivo cuando eras niña.

Eres una malcriada.

Si estimas a Elvira,

sal de esta casa

o ella pagará las consecuencias de tu insolencia.

-No.

Debes marcharte. Temo por ti.

Yo soporto lo que sea. Llevo toda mi vida haciéndolo.

Vete, amiga, te lo ruego.

Está bien.

Me marcharé.

-Celebro que hayas entrado en razón. -No, no lo he hecho.

Simplemente no quiero darle excusas para que le haga daño a Elvira.

-Me resulta indiferente con tal de que salgas.

Me importan muy poco tus motivos.

La verdad es que no esperaba una proposición de este tipo.

Es de entender que te sorprenda.

Pero aunque nuestro matrimonio no marcha bien,

deberíamos intentarlo por el niño.

La verdad es que tiene un futuro muy incierto.

Adoptarlo legalmente sería garantizarle

que no pasará una vida de penurias.

Sabes que eso es lo último que deseo.

Pero esto significaría dar un paso más.

Afianzar nuestra unión.

Si estás de acuerdo con mi propuesta, deberás comprometerte firmemente.

Se acabaron las actitudes esquivas,

los rechazos y la distancia.

Sabes que nunca fue de mi gusto comportarme de esa guisa.

Si quieres adoptar a Tirso, tendrás que olvidar a Mauro.

¿Estás de acuerdo con mis condiciones?

"¿Va a ser siempre así?".

¿Siempre a oscuras?

Tirso, no te voy

a engañar.

Haremos todo lo que sea posible, pero

han dicho que no hay solución.

¿Ni un poco de luz?

Yo estaré a tu lado.

Te ayudaré y no me separaré de ti.

Te voy a contar todo lo que veamos.

Prométamelo.

Te lo prometo.

Nunca vas a estar solo.

Mis ojos serán tus ojos.

¿Siempre?

Nunca vas a andar solo por este mundo sin que yo te dé la mano.

¿Qué me contestas?

Estoy decidida a adoptar a Tirso.

Debemos dar todo lo que está en nuestra mano.

¿Aceptando mis condiciones?

Todo se hará según sea lo mejor para él.

¿Eres consciente del compromiso?

Si no lo eres, le haríamos un flaco favor al niño.

Te juro que todo se hará como me pides.

No me basta con que me lo jures. Tendrás que demostrármelo.

Todo lo que te digo lo has de ver.

Me voy a entregar a esta familia.

Estoy convencido que el cariño que compartimos por ese muchacho

terminará uniéndonos

como el matrimonio que somos.

(Puerta)

Pase antes de que le descubran.

Veo que mis consejos caen en saco roto. Sigue arriesgándose.

No sufra por mí. Soy cuidadoso. No lo parece.

No puede salir cada dos por tres. ¿No ve el peligro que corre?

Ya lo sé. Pero cuénteme. ¿Pudo hablar con Margarita,

la compañera de celda de Elena? Así es.

Cuénteme a escape. ¿Ha sacado algo de enjundia?

Siento decepcionarle. No he averiguado nada que nos ayude.

¿No le dio pistas sobre sus puntos débiles?

O no los tiene o no he sido capaz de hacer que confiese.

Si yo hubiera ido a interrogarla, habría sacado algo.

Usted es más ducho sobre estos menesteres.

Pero encontrarse con ella es imposible.

Tiene que recordar toda la conversación.

Analizar cada punto, cada detalle. Me gustaría repetírsela

palabra por palabra,

pero no recuerdo nada que nos ayude.

Vamos, no se dé por vencido tan fácilmente. Estrújese la sesera.

Cualquier palabra puede ser una pista.

Está bien.

Según Margarita, Elena es dura como una piedra.

Como bien sabe, viene de una familia de posibles.

Se escapó de su casa siendo mozuela.

¿Le dijo la razón? Al parecer se enfrentó

a su padre cuando se casó de segundas.

Según Margarita no soportaba a su madrastra.

Y salió con las joyas de la familia.

Sí.

Desde entonces vivió en la calle. Así es.

Haciendo cualquier cosa

para ganarse las lentejas. ¿No le habló

de que tuviera alguna relación?

Un amigo, un novio, un chulo tal vez.

No.

Ni amantes ni amigos.

Al poco tiempo intentó retomar el contacto con la familia.

Intentó reconciliarse con su padre y en parte lo consiguió.

¿Le contó si alguien visitaba a Elena?

No.

Bueno, su padre

fue a visitarla una vez. Y eso la dejó tremendamente melancólica.

No le dijo de qué hablaron.

Parece que eso la afectó fuertemente.

Y tanto.

A los pocos días estuvo a punto de matar a una presa en una discusión

por un "quítame de allí esas pajas".

Eso es bastante interesante.

¿Está pensando lo mismo que yo?

La relación su padre era lo único que la afectaba.

Parece que hemos dado con su punto débil.

Además ese hombre no era muy ducho con los negocios.

Tenía problemas de dinero.

¿Lo ve, Felipe? Es usted un buen detective.

Y yo sin saberlo.

Es que no puedo mantener el sosiego.

Me resulta una noticia inquietante. Debe hacer un poder y calmarse.

Trataré de hacerlo.

¿No me negará que resulta de lo más alarmante

que don Felipe haya hablado con una compañera de celda de Elena?

Así es. La visita de Felipe no augura nada bueno.

Temo que este asunto se nos esté yendo de las manos.

Puede que Margarita haya contado algo de interés a Felipe,

pero no ganamos nada sofocándonos.

Tenemos que permanecer frías.

Lo mejor será que nos deshagamos de lastres, de esta tal Margarita.

Sí. Puede que tenga razón.

Muerto el perro se acabó la rabia.

De esta manera puede que a Elena le dé por salir a la luz.

Aunque quizás no haga falta llegar tan lejos.

Hable de una vez. Ya sabe que no me gustan los acertijos.

Según pude averiguar, el dinero que le dimos a Elena

por su colaboración no se lo quedó ella.

No creo que lo empleara

en obras de caridad. No.

Yo tampoco lo creo. Pero sí sé que se lo dio a otra persona.

Hay que averiguar quién es esa persona.

Es urgente que hable con esa mujer.

Ya lo sé.

Me gustaría saber qué se traen entre manos ustedes dos.

"La policía me busca en el barrio de Las Iglesias".

"Iré a su casa por la puerta de servicio".

"Le sorprendería saber lo que averigüé de Úrsula".

No me importune usted con ese tema. Ya estoy de lo más hastiada.

¿Ha sucedido algo que yo no sepa? No.

No. Nada que deba preocuparle.

Solo que estoy revuelta porque Fernando

está marcando distancias conmigo.

Trata de acercarse a Teresa. Es ese renacuajo

de Tirso. Parece que su ceguera les está uniendo.

No sabe hasta qué punto puede ser inoportuno un crío.

No se haga mala sangre y actúe.

Es usted una mujer

con recursos.

Así es, Úrsula.

Algo haré para evitar que esa reconciliación

llegue a buen puerto.

Sabía que no se quedaría con los brazos cruzados.

En la única casa en que hay orden es en la de nuestros señores.

-Si no fuera por la visita esa que les llegó del África.

-Ya estamos echando leña. No hay ninguna queja con Habiba.

Es una mujer humilde y apañada.

-Las visitas son como el pescado. A los tres días

de estar en casa ya apestan. -Claro.

En Cabrahigo si uno se tira tiempo de más en casa de alguien,

se le mete una culebra en la cama y salen a escape.

-Déjate de bichos, que estamos tranquilos.

-Ya me gustaría poder decir lo mismo. Nunca estuvimos tan revueltos.

-Ay.

Cuando vi al Simón ahí, "in albis", qué impresión.

Parecía de cuerpo presente.

-No digas enormidades. Que verás como sale con bien de esta.

-No sé yo qué decirte.

He tenido compañeros en la guerra que con menos daño se han ido

a criar malvas. -Dios quiera que salga adelante.

Aunque le está bien empleado. -Pero bueno,

¿cómo piensa eso?

-Le ha pasado por sacar los pies de la albarda.

De quedarse en su sitio no le hubiera pasado nada.

¿A quién se le ocurre

cortejar a la hija del amo? -Andaba "enamoriscao".

Ni que fuera el primero de clase baja que se enamora.

¿No se acuerda de Pablo y Leonor?

-Él no trabajaba para los padres de ella.

-Eso no son razones para dejar a un hombre a las puertas de la muerte.

-En eso no te falta razón. Aunque encamarse

y hacerle perder la virtud enloquece a un padre,

y más si es coronel. -Ay.

¿Qué va a ser ahora de él?

No le van a contratar ni de limpiabotas.

-Pobre zagal. No tiene quien le atienda.

Está más solo que la una en el mundo. -Ya.

Doña Susana no se separa de él.

-Y le cuida con mucho celo, que yo lo vi, pegadita a la cabecera.

-¿A qué vendrá tanto interés por él?

-Caridad cristiana dice ella.

-Doña Susana podrá tener peor carácter

que un capataz de jornaleros, pero es muy devota. La conozco.

-No ganamos para sorpresas.

-Pues agarraos los machos.

¿A que no sabéis que doña Rosina y don Ramón son socios del yacimiento?

-¿Qué?

Yo es que...

Bueno, la verdad es que es poco lo que podemos contarle del día a día

del yacimiento. -Así es.

Todo está en manos de la empresa que lo explota.

Nos ingresa los beneficios. -Tenemos que renovar el contrato

cada cierto tiempo. Es que todo marcha viento en popa.

-Lo cual no quiere decir

que las cosas no puedan funcionar mejor.

Si no tienen inconveniente,

me gustaría asistir a la próxima reunión de la empresa explotadora.

Me gustaría visitar los terrenos

donde están los yacimientos. Explorar nuevas

posibilidades, ampliar el negocio.

-Ah, pues por mí encantada. Todo lo que sea mejorar para usted

es hacerlo para nosotros.

-Estamos convencidos de que su buen olfato nos hará ganar mucho dinero.

-Traigo un tentempié, que no todo es hablar de negocios.

-Te lo agradezco, iba a desfallecer.

-La verdad es que estoy muy contenta

de teneros como socios.

Aunque me da pena haberle comprado su parte a Leonor.

No sé, siento que es como si nos aprovecháramos de ella.

-Nada más lejos

de la realidad. Pagamos un precio justo por las tierras

y lo que contienen.

-Si mi hija nunca estuvo a gusto con el negocio.

Lo suyo son las letras. -Sí.

Es de suponer que será más feliz con su negocio editorial.

-No, no se trata de una editorial.

Mi esposa pretende sacar una revista cultual

y literaria. -Ah.

Espero que le vaya de perlas.

Aunque es una lástima, porque en este país

no es la primera diversión leer.

Antes va la maledicencia, el cotilleo y la envidia.

-Tampoco sea tan pesimista Cada vez más gente

sabe leer. -Y menos que entiendan lo escrito.

-Mucho interés tiene que tener tu mujer con el tema de la revista.

Porque ayer vino con apremio

a pedirme el dinero efectivo de la venta.

-Bueno, sabe lo impacientes que son los jóvenes.

-Sí que lo son. Pero lo cierto es que vino

con mucho apremio. -Pues no lo entiendo.

Si tardará meses en sacarlo adelante.

-Según me contó, lo quería para unas oficinas

para su negocio.

Pero francamente la vi muy

desasosegada.

-Bueno. -Demuestra lo ilusionada que está.

-Sí, ya conoce a mi hija. Es muy impulsiva.

Le ruego que no se lo tenga en cuenta.

-Por supuesto que no lo haré. Es como otra hija para mí.

-Seguro que cuando la revista esté en la calle se sosegará.

-Sí. -Claro.

-"Para mí que eso es hacer pan con tortas".

No me veo a doña Rosina y a don Ramón de socios.

-No andas muy desatinada, Lola.

Para aguantar a doña Rosina hacen falta un par.

Y no sé si tendrá tanta paciencia.

-Como que saca de quicio

al más pintado. -Como Servando.

Que me tiene más atufado que la chimenea de un tren.

Se aprovecha del viejo del piso.

-¿Y qué hace

el "pisacharcos" del portero? -Pues nada menos

que camelarse a Segismundo para tener su piso.

-No me creo hasta dónde llega la desvergüenza de ese hombre.

-Que se ande con ojo, que como el abuelo

se entere del tinglado,

le pone de patitas en la calle. -Ejem. Un poquito

de silencio por favor. El ilustrísimo

señor Velando viene a hacernos una visita al altillo. Se ruega

respeto a su persona. -Será pelotillero...

(DON SEGISMUNDO TOSE)

Seguid a lo vuestro. Por mí no...

-Un momento, don Segismundo.

Mire, mire. Tome, tome. Tome esta achicoria,

que está caliente y va de guinda para las toses.

-Eso. Y siéntese aquí. Estará cansado de tanta escalera.

(Campanilla)

Qué campanitas más bonitas tenéis aquí.

No es que tengáis muchos lujos.

Aquí hay unas corrientes que cortan. -Ya le digo.

Como que se podrían secar jamones.

-Y yo con el piso cerrado

y cogiendo humedades.

Menos mal que las monjitas que lo van a heredar

vendrán a ventilarlo de vez en cuando.

-Pues nada, mejor será que nos vayamos,

no sea que vaya a coger una pulmonía o un cólico.

A ver. Vaya usted a saber

quién ha hecho esa achicoria.

-Sí. Esto apenas está

en condiciones como para unos minutos.

Os dejo a lo vuestro. -Hala, venga.

-La verdad que es una lástima que le deje el piso a las monjas.

Y mi Martín y yo

viviendo ahí en la casa de los guardeses.

Más pequeña y sería una caja de zapatos.

-Y eso que eres bien pequeñita.

Pero a ver dónde nos metemos con la descendencia.

-Sí que es una lástima dejárselo a las monjas.

Si me lo dejara a mí, vamos,

le podría echar un cable al Simón, llevármelo allí

y ayudarle a recuperarse. -Vaya.

Mal irá este mundo si todos son tan avariciosos.

Tanto criticar a Servando y estáis deseando

que el viejo os deje el piso en herencia.

-Ya ha escuchado al anciano. No hay quien viva decentemente.

-No es justo

que sea solo Servando quién se arrime al ascua.

-Me voy, que no quiero seguir escuchándoos.

Allá con vuestras conciencias.

Desde luego...

Espero que todo esté a su gusto.

-Seguro que sí.

Este establecimiento cuenta con unas camareras

de lo más eficientes. -Me alegro de que esté satisfecho.

Tenga cuidado done pone la mano, no sea que le derrame la bebida.

-Me entran ganas de darle un par de tarrascadas a ese.

-No debes sofocarte. Es parte de mi trabajo.

-Pero me enerva

que tengas que seguir aguantando los requiebros.

-No sientas pena por mí.

Estoy acostumbrada a lidiar con semejantes elementos.

-Está bien.

Pero me cuesta no cantarle las 40.

-Oye,

¿por qué no pasas a buscarme y me llevas a alguna taberna?

-Podría hacerlo.

¿Pero no sería mejor pasar la noche en la habitación?

Podríamos pedir que nos suban de comer.

-No. Hoy tengo ganas de jarana. De salir, de bailar

y de ver gente. -Ya. Pero estoy fatigado.

Yo prefiero estar charlando tranquilamente.

-Eso es aburrido. Tendremos tiempo cuando seamos mayores.

-Yo lo soy.

-La otra noche no lo parecía.

-¿Me vas a hacer salir?

-Venga, anda, dame el gusto.

-Está bien.

No me puedo negar a nada de lo que me pides.

Luego pasaré a recogerte.

Perdón. ¿Va todo bien?

-Pues no. No va bien, don Felipe.

-Ayer entré en casa de los Valverde para ver cómo estaba Elvira.

Cómo me trató don Arturo.

Pensé que iba a pegarme. No lo he pasado peor en mi vida.

-De verdad que me entran ganas de ir y decirle cuatro cosas.

Si hubiera sido tan fiero cuando debía,

no habríamos perdido Cuba. -Hay cosas que mejor dejar pasar.

No vayáis a esa casa.

-Si no tengo interés en verle,

pero sí a su hija y saber que está bien.

-¿Otra vez estás con el tema de Elvira?

¿No te quedó claro ayer que no debes meterte en asuntos de los Valverde?

-Parece que no, don Ramón.

Ha estado en casa del militar con funestas consecuencias.

-Fui a interesarme por Elvira.

Don Arturo me trató peor que si hubiera robado plata.

Me echó con cajas destempladas. -Eso te sucede por meterte

en camisas de 11 varas. -No, Ramón.

Al margen de que esté mal, no se consiente que la traten así.

¿Quién se ha creído?

-Diga usted que sí. Me da igual que pase el día entre pistolas.

-Detente, Víctor. Solo falta que suceda otra desgracia.

Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios, don Felipe.

Don Ramón.

Quiero pedirle que controle a su hija.

Se coló en mi casa sin permiso.

Y eso no es todo. Cuando la reprendí

me trato sin ningún respeto.

-Le ruego que le disculpe.

Mi hija no tiene demasiada experiencia y no supo comportarse.

-Pues deberían haberla educado mejor.

Ya tiene unos años. -Yo no me meto

en sus cosas.

Así que no se meta usted

con la educación que doy a mi hija.

Es indiscutible que su comportamiento

no ha sido el adecuado. Pero si se ha comportado así,

es por lo inquieta que está por su hija.

-Lo que le pase a mi hija Elvira es solo asunto mío.

Con Dios.

-Tienes demasiado aguante. Yo le daría dos mamporrazos.

-Lo mejor que podemos hacer es quedarnos quietos

y no emporar las cosas.

-¿Y no piensa hacer nada por Elvira?

-Esa chica no tiene defensa posible.

Solo podemos esperar a que todo acabe bien.

Es una cabeza loca, pero

pobre muchacha.

¿Estás contento por haber dejado el hospital y volver a casa?

¿Quieres que te preparen algo de almorzar?

Tirso,

queremos contarte algo.

Ahora no tengo ganas de cuentos.

Lo que te voy contar

no tiene nada de novela.

Que sepas que siempre voy a estar a tu lado.

Voy a ser tu guía.

Y yo también.

No temas por nada.

Estaremos pendientes de ti.

Siempre estarás protegido.

Aunque nosotros faltemos.

¿Y sabes por qué?

No.

Hay algo que queremos proponerte.

¿Qué te parece si te adoptamos?

¿Quieren que sea su hijo? -Exactamente.

Si tú quieres, claro.

-¿Hijo de verdad? De verdad de la buena.

Claro que quiero.

Padre.

¿Puedo llamarle así? -Claro que sí.

Diré a Edita que prepare la habitación para Tirso.

"Allá voy, Jesús querido".

"Voy a ti, Jesús amante, a recibirte delante,

lleno de santa emoción".

"Ven a mí, dueño adorado, ven a mí, Dios de mi vida".

-¿Dónde está el enfermo?

-Se lo llevaron para drenarle un coágulo.

-Pues espero que no sea peligroso. -No sé. Pero yo ando

inquieta de lo mucho que tardan.

-Y todo por culpa de este calandracas de don Arturo.

Mal rayo le parta. Tuvimos otro encontronazo con él.

Ese hombre es un bestia.

-Temo mucho por Elvira.

Sigue encerrada a cal y canto. -No quiero hablar de los Valverde.

Lo importante es que Simón salga de esta.

-Pierda cuidado. Verá como se recupera.

Estamos aquí para ayudarla.

-Que te va a hacer falta, Susana.

Me da que estás rota. -No creas.

Ya he echado alguna cabezadita. -Mejor las echarías

en tu casa. Vete.

Nosotras cuidamos de él. -No.

De ninguna manera. Yo de aquí no me muevo.

-Susana, está bien tu entrega.

Pero podrías caer enferma. No te arriesgues.

-Tengo que seguir aquí.

-Pues no entiendo a qué viene tanta cabezonería.

Ese hombre podría ser cuidado por cualquiera de nosotras.

Tenemos el mismo lazo que tú. Ninguno.

-Que te digo que no.

Para mí es como una penitencia.

No puedo dejarla.

-Bueno,

como desee.

Nosotras estamos aquí para lo que necesite.

-Pues ya que lo decís, podríais acompañarme a rezar.

Dios es el único que puede ayudar

a ese pobre desamparado.

-Esperemos que los rezos sean escuchados.

(TODAS) Por la señal de la santa cruz,

de nuestros enemigos líbranos, Señor.

Es mejor que guardes esa carta.

Podría traernos problemas que la vea alguien.

-Solo quería volver a leerla.

-¿Para qué?

Deberías dejar de pensar en el tema.

Sabes que no puedes hacer más.

-Confío en que todo salga bien.

-Yo creo que la reunión con don Ramón

resultará provechosa. -Eso espero.

Ay, hija. Nos hemos reunido con don Ramón.

No sabes lo entusiasmado que está. -Una cosa menos de qué preocuparnos.

¿Cómo va la revista?

-Bien. ¿Por qué lo preguntas?

-Me inquieta que te eches demasiado trabajo a tus espaldas.

-No te apures. Tengo tiempo de sobra.

-¿No sería mejor que tu madre

te echara una mano? Como representante.

-Descuida, Pablo. No necesito ayuda.

-Tu madre es buena negociante. Te conseguirá buenas condiciones.

Don Ramón dice que buscas unas oficinas.

-Así es.

-Cerca de aquí alquilan un edificio.

Tendrías sitio de sobra. Si me dejas

negociar, lo saco por cuatro perras.

-Deberías ir cuanto antes.

Estas oportunidades vuelan. -Es tarde.

Ahora no habrá nadie que nos atienda. -Lo buscamos. Hay que ir a escape.

La ocasión lo pinta. -Bien.

Está bien. Pero

antes tengo que ir a la habitación a buscar abrigo.

Pase. Pase usted sin compromiso, que mi señora no está en casa.

-No quisiera molestar.

Mira que puedo venir más tarde.

-Uh, quite, quite. No, no. Le he visto muy apagado en el altillo.

Y la Lolita le ha preparado un bizcocho de brandy

que se va a poner muy fuerte.

Siéntese.

Gracias.

-¿A que está rico?

-Exquisito. -Claro.

Es que los pasteles de la Lolita no son moco de pavo.

Qué gusto verle que se lo coma con tanta gana.

Una es muy de ayudar. Al que se ponga por delante.

Viudas, enfermos, pobres,

cómicos, militares en graduación. A todos

les socorro por igual. -Esos sentimientos te ennoblecen.

-Ahora me tiene muy desasosegada

un amigo que tengo enfermo en el hospital.

Es uno de los mejores mayordomos.

Y claro, pues si sale de esta, se queda en el arroyo.

Coma, coma.

Y es que una pues no para de darle a la sesera

de a ver cómo le puedo ayudar. Si él tuviera un sitio

donde guarnecerse, podría ayudarle

a recuperarse. ¿Qué le parece?

-Eres una moza muy buena.

Muy grande.

-Claro. -Contigo se podría decir

que eres una mujer de bandera.

Como que estás a la misma altura. -Usted que me mira con buenos ojos.

Si una es del montón. -Del montón

de arriba, gitana.

-No seas tan zalamero.

Venga, coma.

Coma bizcocho, que parece que le está animando.

Eso.

-Me recuerdas

a una novia que tuve

hace ya muchos años,

cuando yo era joven.

-Pues entonces no hará tanto.

(TOSE)

-Huy, no se me muera ahora, por Dios. ¡Ay, madre!

Suba, suba.

Ahí está.

Huy, huy, huy.

Velando.

(SERVANDO CARRASPEA)

¡Ejem!

Que yo traía unos cables para la lámpara,

pero si molesto, vuelvo más tarde.

-Que el señor Velando se ha atragantado con un bizcocho.

-Menos mal

que tuve suerte, zagala. De esta

casi entrego la pelleja.

-¿Y qué hace usted aquí?

-Pues nada.

Aquí Lolita, que ha sido muy amable

y me ha convidado a un pastel.

Mira lo que te digo.

Es una muchacha bastante buena.

Si vieras

lo preocupada que está por encontrarle casa a un amigo...

-¡Oh! Es que es muy buena.

Y muy espabilada.

Sí.

Venga, acompáñeme a la portería, que tengo cartas urgentes que darle.

A ver.

Arriba.

Ahí tiene.

-Hasta luego, resalada.

Muy rico el pastel.

-Venga.

¿Tú qué hacías, calandraca?

Intentando camelarte al viejo.

No perdías el tiempo. Te tengo calada.

¿Ahora quién es el ruin?

-"Me tiznas", dijo la sartén al cazo.

El mismo derecho tendré a quedarme con el piso que Vd.

-Ni se te ocurra intentar convencer a don Segismundo

para ser heredera. Ese piso

es mío.

-Eso ya lo veremos.

-Eso lo estamos viendo.

-Animal.

Teresa.

Qué alegría verla.

Ya tenía ganas de preguntarle por Tirso.

¿Cómo se encuentra?

Regular. Ha sido un golpe muy duro.

Y aunque el muchacho tiene mucho espíritu,

le va a costar adaptarse.

Ay, pobrecillo.

Sepa que le tengo presente en mis oraciones.

Se lo agradezco.

Y le ruego también que rece por mí.

¿Qué le ocurre?

He de confesarle

que estoy muy desanimada.

Los días pasan y Mauro sigue sin resolver quién quiso asesinarle.

Tenga paciencia.

Una investigación como esa requiere su tiempo.

Lo sé. Pero hasta que no lo consiga no podrá salir de su escondrijo

y ser hombre libre.

No se sofoque.

Todo llegará.

No lo sé.

Y luego está todo lo de Tirso,

que me necesita más que nunca.

¿Cómo darle la espalda ahora ciego?

No sé por qué una cosa no va con la otra.

Para asegurar el futuro de Tirso

Fernando y yo vamos a adoptarle.

Con todo lo que eso supone.

Si va a dar ese paso,

tendrá que poner...

Tendrá que poner fin a su relación con Mauro

y entregarse a su esposo.

Se me parte el alma por Mauro.

Le amo

y me hunde dejarle en la estacada, pero si vamos a adoptar a Tirso,

debería dejar de verle.

Entiendo perfectamente su desazón.

Pero si yo estuviera en su situación,

no tendría ninguna duda.

Elegiría a mi hijo.

Ya sé que usted lo daría todo por él.

¿Pero y yo?

¿Seré capaz de hacer lo mismo por Tirso?

Los sacrificios que una madre tiene que hacer

son de una entrega total.

Tiene que mirar en su interior si quiere a Tirso como si fuera suyo.

Si es así, la renuncia a Mauro le será menos dolorosa.

Difícil pregunta.

No tiene otro camino.

Por última vez, Elena. ¿Quién te ordenó

asesinarme?

¿Cuánto te pagaron?

Puedo seguir todo el tiempo que quieras.

¿Por qué no acabas con esto?

Solo tienes que decirme quién te dio el dinero.

Parece que hiciste buenas amistades en el presidio.

Con Margarita soltabas más la lengua.

Con ella eras mucho más habladora.

¿Pensabas que no daríamos con tu compañera?

Ahora me prestas más atención.

¿Te asusta que te diga que sé lo importante que es tu padre para ti?

¿Qué ocurre, Elena?

¿Temes que le hagamos algo?

Jenaro Pérez Casas se llama, ¿verdad?

Estás pinchando en hueso.

Mi padre me importa un comino.

Como si lo matas tú mismo.

Estoy seguro de que mientes.

Di lo que te plazca.

Odio a ese tipejo. No. Tú le adoras.

Por eso le has dado el dinero que has ganado con esto.

Tratas de que te perdone.

No sé de dónde sacas

todos esos embustes.

Elena, he investigado.

Y he descubierto que tu padre

recibió una importante cantidad de dinero.

¿Es o no es verdad lo que digo?

¿Dónde lo puede haber metido?

"Nada es gratis. Me lo debes".

Fernando Poo.

La están extorsionando desde la isla.

¿Pero quién?

Hay que reconocer que tu madre es de lo más insistente.

-Pierde cuidado. Sé manejarla. -No lo dudo.

Pero yo estoy agotada de aguantarla.

-Mi madre solo trata de ayudarnos. Me da pena tener que engañarla.

-Tienes que mantenerte fuerte, Leonor.

-Lo sé.

Pero a veces me falta hasta el aliento. Dudo que pueda seguir.

-¿Qué tal ha ido?

-Como me esperaba.

No hemos encontrado a nadie que nos diera razón.

-Ya. ¿Y tu madre? -Se ha quedado paseando.

No tenía ganas de regresar a casa tan pronto.

-Es una lástima que no haya salido bien este asunto

de las oficinas. Con tanta prisa como corría.

-¿Qué te pasa?

Te veo raro esta tarde.

-¿Qué me va a pasar?

Nada.

-No me gusta nada que me mires así.

-No sé a qué te refieres.

-Voy a la habitación a cambiarme.

-Te acompaño. -Esperad.

Quería comentaros algo.

Quiero que sepáis

que podéis contar conmigo para lo que necesitéis.

Si necesitáis ayuda con la oficina

o con cualquier otra cosa,

podéis contarme vuestros problemas.

-No necesitamos más ayuda.

Bastante nos está mareando mi madre. -Pero es que yo conozco a tu madre.

Quizá yo os sirva de más.

¿No hay nada que te desasosiega?

-No. Ahora me preocupa quitarme esta ropa y descansar.

-¿Seguro que no te ocurre nada?

-No. Nada.

Descansa. -Gracias.

Ay, daría mi vida entera porque te recuperaras.

Por mucho que flaqueen mis fuerzas, te prometo

que voy a seguir aquí, a tu lado.

¡Ay!

Simón.

-¿Dónde estoy?

-Sosiégate.

Todo ha pasado.

Estás en el hospital.

-Arturo me... Me golpeaba y...

¿Y Elvira? ¿Elvira dónde está?

-No, no. -Puede estar en peligro. Déjeme.

-No.

No puedes levantarte.

Podrías volver a perder el conocimiento.

-Debo estar con ella. Su padre es capaz

de cualquier cosa. -Ya lo sé.

Ya hemos visto lo que te ha hecho. Pero

tienes que sosegarte.

Ella está en casa. Se encuentra bien.

-No mienta.

-Te juro por lo más sagrado

que te estoy diciendo la verdad.

María Luisa fue a visitarla.

Aunque don Arturo no la deja salir de casa,

ella se encuentra bien.

-No, no. Tengo que ir con ella cuanto antes.

-No, no, no. Cada cosa a su tiempo.

¿Cómo te encuentras?

-Me estalla la cabeza y me duelen todos los huesos.

Por lo que veo, el coronel me golpeó con saña.

-Es un milagro que estés vivo. Has estado cerca del otro mundo.

-¿Qué hace usted aquí?

¿Está vigilando para que no cuente nada a nadie?

-No. -¿Qué busca entonces?

-Nada.

Todo.

Tu perdón.

-Extraño cambio el suyo.

-Es que

cuando vi cómo te golpeaba ese animal,

algo muy dentro de mí

se rompió.

Y supe que...

Que aunque había intentado negarte,

eras mi hijo

y te quería.

Te quiero.

-Solo recibí sus desplantes.

-Ya. Lo sé.

He cometido muchos errores en mi vida, pero negarte

ha sido

el mayor de ellos.

Yo no...

Quiero implorar tu perdón, Simón.

Perdóname.

Perdóname, Simón.

Perdóname.

Perdóname.

-Quisiera creerla.

-Si te contara la verdad... -Hágalo.

Hágalo. Cuénteme su verdad de una vez.

Quizá así pueda entender algo.

Déjame de una vez.

¿Cómo te tengo que decir que mi padre me importa un comino?

Muy bien.

Entonces no te importará que le visite.

Si eso te divierte...

Parece ser que te costó mucho

que te perdonara

tu falta.

Que olvidar que le robaste las joyas.

Yo puedo contarle que tú eres responsable de horrendos crímenes.

Puedo hacer que te vuelva a dar la espalda.

Que te repudie de una vez por todas.

Sí. Eso voy a hacer.

Después de hablar con él

hasta rechazará el dinero que le has dado.

Puedo hacer que se avergüence de ti,

que no te vuelva a mirar a los ojos.

¡Espera!

No puedes hacer eso.

Si no quieres que vaya a verle,

dime quién te encargó el trabajo.

Eso no lo puedo hacer.

Pero por favor, no hables con mi padre.

Necesita el dinero.

No le obligues a que lo rechace.

Está enfermo. Y solo así

podrá pagarse el hospital.

El nombre de quien te ordenó matarme o tu padre.

Elige.

Úrsula.

Ella fue la que me encargó que te matara.

Qué alegría que estés despierto. Qué gran noticia.

-Gracias, señorita. Es usted muy amable.

-Estábamos todos preocupado por ti. Sobre todo doña Susana.

No se ha separado de tu cama ni un instante.

-¿Cómo está Elvira?

¿Qué ocurre?

-No está bien, Simón.

Su padre no la deja salir de casa ni me permite visitarla.

-"¿Pasa algo"

con Leonor? -No, no. Nada de eso.

Es mi tía quien me preocupa.

-¿Qué le ocurre?

-No se separa de la cama de ese chico, de Simón.

He ido a visitarla y no tenía

buen aspecto, pero se niega a ir a descansar.

No entiendo qué penitencia paga para imponerse tamaña tarea.

-A ver, extraño es, no te voy a engañar.

Pero... -Es una dedicación

total y absoluta, Pablo. Casi desproporcionada.

He estado pensando.

¿Si se le estuviera yendo la cabeza? "Educar a un crío"

no es tarea fácil. Lo hemos pensado bien.

Sí, sí, sí.

Ya lo supongo.

Además en el caso de Tirso, al ser un niño ciego,

necesita más cuidados que un niño normal.

Atención constante y a todas horas.

Lo sabemos. Pero estamos dispuestos a dar ese paso.

Pronto todo será legal.

¡Oh!

¿Qué te ocurre, querida? ¿Estás bien?

Sí. No es nada.

"Lo que ocurrió no fue nada".

No siga por ahí, Cayetana. Ni lo mencione.

He de pensar en Teresa. Es mi esposa.

Y en Tirso.

¿Y quién piensa en mí?

Siento algo muy poderoso por usted, Fernando.

Y sé que a usted le pasa lo mismo conmigo.

Lo que ocurrió en la alcoba lo demuestra.

Lo que sucedió fue que sucumbí a los placeres de la carne.

Estaba solo, triste

y atormentado.

Fui débil.

-"Bueno, me reconoceréis"

que nunca habíamos visto a Susana en una situación así.

Lo siento mucho, Liberto.

Tu tía es la mujer más seca y clasista.

Lo que está haciendo por el mayordomo

es como poco extraño.

-Extraño sí es,

para qué engañarnos.

-Lo será,

pero le hemos de agradecer los cuidados a ese pobre muchacho

sin familia. Y lo más importante

es que salga por fin del hospital.

-Claro.

-Así que esa sabandija

ha conseguido sobrevivir. -"Se lo ruego".

Hable con el médico. Dígale que me dé el alta.

-No, no, no. No voy a poner en juego tu vida.

Lo siento. Olvídate de eso.

Pero

sí voy a hacer algo,

Simón.

Te voy a ayudar con Elvira.

Quiero demostrarte que puedes contar conmigo para todo.

Voy a sacar a Elvira de esa casa,

sea como sea. -"He conseguido que el banco acorte"

los plazos para la entrega de efectivo.

-¿Eso significa que voy a poder tener el dinero ya?

¿Hoy?

-No. Eso no va a poder ser tan rápido.

-¿Cuánto más tendré que esperar?

-Apenas unos días. Estas cosas son así. Es una cantidad

muy elevada.

-¿Cuánto más tardara? -Espero que tan solo sean unos días.

Yo he conseguido acortar los plazos, no puedo hacer nada más.

Habrás de esperar. -"Don Ramón"

es bueno y honrado. No nos va a engañar.

Es solo que no puedo con tantas amenazas.

Estoy agotada de todo esto.

Necesito que esto termine ya.

-¿Qué ocurre?

-La carta no está en el capítulo donde yo la dejé.

Habiba, ¿tú has tocado este libro?

-No. Yo no lo he tocado.

-"¿Seguro que quieres seguir con todo esto?".

¿A qué te refieres?

Me refiero a que si de verdad quieres adoptarlo.

Fernando, ya lo hemos hablado.

Y sí, estoy segura. ¿A qué viene esto?

Viene a que es un paso muy importante.

No me gustaría que te arrepintieras,

que te echaras atrás

y te alejaras de nosotros.

No sé por qué estas dudas.

Las dudas vienen por Mauro.

No dudo de tus buenas intenciones.

¿Pero es esto de verdad lo que quieres?

¿Puedes asegurarme que has olvidado a ese hombre?

"Van a adoptar a la criatura".

Entiendo.

¿Y qué va a hacer? ¿Ha pensado algo?

¿Y cuándo no lo hago, Úrsula?

Estoy en ello. Le aseguro que no dejaré

que Teresa levante cabeza.

Me voy a ocupar de que pague

por cada uno de sus actos.

  • Capítulo 493

Acacias 38 - Capítulo 493

10 abr 2017

Teresa, consciente de que el futuro de Tirso depende de ella, decide adoptar al niño junto a Fernando, aunque sepa que eso le separa de Mauro. Gracias a la compañera de celda de Elena, Felipe y Mauro descubren su punto débil: su padre. Úrsula se entera de que Felipe interrogó a la compañera de celda, y se lo comunica a Cayetana. Elena se ablanda y le cuenta a Mauro que fue Úrsula quien la contrató.

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