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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 491 - ver ahora
Transcripción completa

Teresa,

yo te amo con todo mi ser.

Te espero en la alcoba.

Esta noche por fin

te vas a entregar a mí.

-Elvira.

¿Qué significa esto? Burak, por favor,

escucha. No intentes engañarme.

Eres una vulgar buscona.

-Cuide sus palabras.

-Que cuide ella su conducta de mujerzuela.

-¡No le consiento que sus manos

rocen un pelo de Elvira! ¿Me oye?

Lo siento, Fernando.

-"Ha criado a una degenerada".

¡A una prostituta!

-¡Está injuriando mi nombre! -Es su hija la que lo hace.

La descubrí en la cama en brazos de otro hombre.

Estaba en un cuarto del altillo.

En el catre con su mayordomo.

"Temo el momento de enfrentar a Fernando".

Está cambiado.

No es el mismo hombre que conocía.

Mis desplantes le están transformando.

Cada vez se muestra menos paciente. Mira.

Juntos le haremos entrar en razón.

No merece tanto sufrimiento ni tanto desdén.

Si pudiera hacer algo para aliviar su dolor...

A veces tienes que pagar un tributo.

Estás pagando el tuyo.

Nada más. -No resulta barato.

-El precio necesario.

Basta ya de lamentos.

Ahora que por fin hemos firmado

hay que seguir con lo planeado.

¡Padre! Elvira. Elvira, niña.

Apártate, que es mejor.

¡Chist!

-¿Es que no tienes sangre?

Trata de golpearme.

"Tengo miedo".

Tranquilo.

No tienes nada que temer.

Cuéntame lo que has visto.

Cuéntamelo.

Te dije

que te quedaras en la habitación.

Tengo miedo.

Vas a aprender a obedecer.

Doña Cayetana,

¿qué me pasa?

Tengo miedo.

No tendrías que haber visto lo que has visto.

¿Dónde está?

No me deje solo.

Tirso, estoy aquí.

¿No me ves?

No veo nada.

Las luces están apagadas.

No veo nada.

Tranquilo.

Tranquilo, tranquilo. Estoy aquí.

Tranquilo.

Te voy a matar.

Defiéndete.

Sé un hombre.

-No voy a pelear con usted, señor.

-Cobarde.

-No es cobardía, señor. Es respeto.

Pégueme si quiere.

-Claro que te voy a pegar. Te arrepentirás de haber nacido.

-¡Basta ya! -¡Se acabó!

-Vamos, no os metáis.

-¡No os metáis! ¡Esto es entre don Arturo y yo!

-Que lo paren. Que no dejen que le pegue.

-Don Arturo, contrólese.

No somos animales salvajes, eh.

¡Eh! -Bien.

-O depone su actitud

o yo mismo llamaré a la policía. ¡Basta ya!

-Le contaremos lo que ha pasado.

Ese bastardo me ha humillado.

Y ha deshonrado a mi hija.

-Simón.

¡Que no se despierta!

-Se ha dado un golpe en la cabeza.

No. No, no. -¡Simón!

¡No, no, no, Simón!

¡Le has matado, asesino!

¡Suélteme!

-Mantenga la calma. No me obligue a usar la fuerza.

-¿Respira?

-Sí. -Hay que llevarlo a un hospital.

-Voy a llamar corriendo.

-Nos vamos a casa.

-No empeore las cosas.

-Es mi hija.

No se entrometa.

-Como vuelva a tocarle un pelo, yo mismo haré que se arrepienta.

¡No!

¿Vas a escribir?

-Solo engraso las teclas.

Mañana iré a la droguería a por alcohol

y jalea de petróleo.

Es una máquina nueva. Es una pena

que esté abandonada.

Todavía recuerdo el día que me la regaló mi padre.

-Bueno, me congratulo.

Cuidar la máquina es un inicio para retomar la escritura.

-Se ve que ha estado mucho tiempo sin usarse.

Las teclas se atascan.

Y la tinta está seca.

-No veo yo a tu madre

pues escribiendo a máquina.

Es normal que esté descuidada.

-Liberto tampoco es aficionado.

-Ya.

¿Dónde están?

-Han salido a dar un paseo y aún no han regresado.

Viendo la hora que es

se están retrasando.

-Espero que no lleguen muy tarde.

Mañana es un día muy importante.

-Mañana se conocerá al nuevo socio del yacimiento.

-Claro que sí.

-¿Seguro que es lo que deseas?

-No empieces otra vez.

He tomado una decisión

y no daré marcha atrás.

Sé lo que quiero.

-No, si en el fondo te entiendo.

A ti nunca te ha interesado ni el dinero, ni el oro ni los negocios.

En tu lugar haría lo mismo.

Destinar el dinero que me dieran

pues en cumplir mi sueño.

En mi caso, los caballos. En el tuyo tu carrera literaria.

-Y mi madre tendrá que entenderlo.

Porque no le va a quedar otro remedio.

-Es normal que se resista.

Ella va a tratar con el nuevo socio.

-Va a tener que aceptarlo.

Y no creo que le resulte difícil hacerlo.

-¿Has terminado con la máquina?

-Sí. Mañana iré a la droguería a por un par de cosas.

Está en muy mal estado.

-Bueno, eso será mañana.

Es hora de ir a dormir.

-Voy.

Pablo,

si ves a mi madre,

recuérdale que mañana tenemos cita con el socio del yacimiento.

Buenas noches.

-Buenas noches.

Lolita,

¿respira?

-Poco, pero respira.

-El golpe no tiene buena pinta.

-¡Ay, Dios! Para haberse matado.

-¿Víctor no fue a llamar a los sanitarios? ¿A qué esperan?

-Voy a buscarle. Quizá tenga algún problema.

Necesita atención urgente.

-Lolita, aparta.

Simón,

escúchame.

Te tienes que salvar.

¿Me oyes?

¿Me oyes?

Te vas a salvar.

Me está escuchando.

-Ya están de camino.

Deben de estar a punto de llegar. ¿Respira?

-A Dios gracias.

-Ya llegan.

Apártense, por favor. Dejen paso.

Los enfermeros sabrán cómo moverle.

-Disculpe, vayan con cuidado. Se golpeó la cabeza.

¡Te vas a arrepentir de lo que has hecho esta noche!

¡Usted sí que se va a arrepentir!

Va a terminar en la cárcel, asesino.

¿Va a volver a pegarme?

Pégueme, máteme, malnacido.

Así por lo menos dejaré de verle.

No me extraña que mi madre le odiara.

No merece vivir.

Se lo llevan.

¿Sabe rezar?

Rece para que no muera y no terminar

sus días en el penal.

Y no espere que vaya a perdonarle nunca.

Va a morir solo como un perro.

Aparta de la ventana,

no te vea alguien.

¿Qué pasa? ¿Se avergüenza de mí?

¡Yo sí me avergüenzo de usted!

¡He dicho que te apartes de esa ventana!

¡Pégueme!

Yo tampoco voy a defenderme, como él.

Es usted muy valiente

a la hora de pegar a los indefensos.

Claro que me avergüenzo de ti.

Mi hija es una buscona.

Tenía que haber llevado

la pistola y matarlo allí mismo sin compasión.

Él es mucho mejor hombre que usted. Me voy.

No vas a ninguna parte. ¡Voy al hospital!

¡No vas a ninguna parte!

(LLORA)

Por el amor de Dios, tenga caridad.

Deje que vaya al hospital. ¡No vas a moverte

de aquí, Elvira!

Si hace falta, te mataré a ti también.

¿No se da cuenta de que le amo?

¿No se da cuenta de que es el hombre de mi vida?

¡Cállate!

¡Cállate!

Eres igual que tu madre. Peor que tu madre.

Una mujerzuela indigna.

Por tu madre quise que muriera a un hombre.

Ahora se repite la historia. Como Simón muera...

¿Me amenazas?

Si muere, no me va a pasar nada.

Todo el mundo sabe lo que has hecho.

Humillarme.

Fornicar con un criado mientras un hombre decente pedía tu mano.

Cualquier juez entendería lo que he hecho. Nunca me pasaría nada.

Eres peor que las fulanas de la calle.

Y vas a acabar como una de ellas.

Ahí tienes la puerta.

La llave no está echada.

Pero como se te ocurra salir, como la abras, te arrepentirás.

Lo que has pasado no es nada

comparado con lo que te quedaría por vivir.

No me pongas a prueba, Elvira.

Te lo advierto.

¿Fernando?

Cayetana.

¡Tirso!

Buenos días.

Vuelve a la cama.

-Es tarde.

-No tanto. Vuelve.

¿Has dormido bien?

-De maravilla.

Hacía mucho que no dormía así. ¿Y tú? -También.

Aunque no estoy acostumbrada a dormir con nadie.

-Yo ya tampoco.

Hace mucho que duermo solo.

-¿Y por qué no nos quedamos un rato más en la cama?

Seguro que algo se nos ocurre. -Me gustaría.

Pero tengo trabajo.

-¿Trabajo que no puede esperar?

-¿Tú no trabajas hoy? -Sí.

Pero nos da tiempo. Me vuelves perezosa y dispuesta al amor.

-Las prisas no son buenas para estos asuntos.

-Aburrido.

-¿Crees que soy aburrido?

Ayer parecía que te lo pasabas muy bien.

Hay que ser muy tonta para dejarte escapar.

Solo una imbécil podría permitirlo.

Felipe.

Felipe, yo no... No...

No quería...

No me refería a doña Celia.

No quería recordársela.

-Está bien. No pasa nada.

-La gente dice que lo pasó muy mal.

Que... Que ella te echó de casa y luego no te dejó volver.

-¿Quién dice eso?

¿Los criados?

-Lo dicen en la chocolatería.

La gente habla de muchas cosas de las que no sabe.

-Está bien. Que no pasa nada.

Y no te creas todo lo que dice la gente.

Celia y yo nos separamos.

Ya está.

Y no me echó.

Lo hicimos de común acuerdo.

-Me arreglo enseguida.

-Tómate tu tiempo.

-No quería molestarle.

Hoy no trabajo por la noche. Si te apetece que nos veamos...

-No sé si podré.

-No quiero presionarte. Solo si te apetece.

-Si termino mis asuntos as tiempo, tal vez.

Tengo mucho trabajo y compromisos.

-Solo divertirnos.

Es lo que queremos los dos, ¿no?

-Claro.

Solo divertirnos.

-Voy al baño. Terminaré de vestirme allí.

Si puedes, te estaré esperando.

Qué suerte has tenido.

No queda nadie en el edificio.

Puedes gritar todo lo que quieras.

Eres un miserable.

Lo soy.

Y no solo eso.

También soy un miserable muerto.

¿Sabes lo que eso quiere decir?

Que puedo hacer lo que quiera

sin que nadie me persiga. Gracias a ti.

Te cogerán igual. Si me haces algo, te cogerán.

¿Ah, sí?

¿Y quién va a perseguir a un cadáver?

En cualquier caso, tú no estarás aquí para verlo.

He traído algo de comer, para que veas que soy bueno.

¿Puedo firmarme de ti si te suelto?

No.

Estoy seguro de que sabrás comportarte.

La educación acaba por aprenderse.

No te muevas.

Chorizo y queso.

No te puedes quejar, eh.

Estás mejor que en el hotel París.

Vaya modales.

Como gorrino en chiquero.

Lo que merece la compañía.

Te apetece un buen trago, ¿verdad?

No es un vino muy bueno, pero está fresquito.

Para que te lo dé, tienes que hablar.

¿Quién te pagó para matarme?

Vete al infierno.

Elena, mi paciencia tiene un límite.

Tu sed no.

Haré que te metan

en la cárcel.

Y esta vez será cadena perpetua como mínimo.

¿Quieres pasar lo que te queda en un penal?

Dame el vino.

No.

No hasta que contestes a mis preguntas.

Ya conoces la cárcel.

Mataste a tu marido y a tu cuñado. Yo te te detuve.

Se lo merecían.

Qué poca memoria tienes.

Los mataste para quedarte con una herencia que acababan de recibir.

Si no hablas, te pudrirás en la cárcel.

Siéntate.

Compórtate como una señorita. No te levantes hasta que termines.

O te vuelo la tapa de los seos.

¿Quién te pagó?

No necesito que nadie me pague para querer matarte.

No pensaba en otra cosa los años que pasé encerrada.

En matarte con mis propias manos.

Eras culpable. No hice nada que no tuviera que hacer.

No tenía nada personal contra ti.

Te arriesgaste y perdiste.

No te entiendo, Elena.

Te aviso de una cosa.

Lo voy a intentar una y otra vez hasta que lo logre.

Si no me matas tú,

te mataré yo a ti.

¿Sabes una cosa que he aprendido?

Que todo el mundo tiene un punto débil.

Hasta el más desalmado.

Yo voy a dar con el tuyo

y te voy a hacer hablar.

No hay nada que hablar. ¿Qué más quieres saber?

Te odio. No hay más razones.

Pon las manos detrás.

Ese hombre es un cafre.

No me extrañaría que le hubiesen expulsado del ejército.

Estoy muy preocupada por Elvira.

-Pierde cuidado, niña.

El coronel no se atreve a ponerle la mano encima.

-Ya le vio anoche en mitad de la calle.

-Pero eso fue por el dislate del momento.

Tu padre está muy enfadado. Ni siquiera ha podido pegado ojo.

Ha dicho que declararía contra él

y lo que hiciera falta. -Mi padre

es un hombre decente, no como ese canalla.

Nunca me ha levantado la mano, ni de pequeña.

-Es un caballero. Se cortaría la mano antes que levantarla.

-Qué alegría veros aquí.

Buenos días, doña Trini.

-Déjate de formalidades y cuéntanos.

-Eso. ¿Has podido ver a Simón?

-Lo he visto, pero no hablé con él.

Sigue inconsciente.

Están preocupados

con el golpe la nunca.

No saben si tiene un coágulo en el cerebro.

-¡Ay, Dios mío! -¿Está bien atendido?

-Muy bien, eso sí. -Bueno,

¿no saben quién vino a visitarle y se ha hecho cargo de los gastos?

Doña Susana.

-No me lo puedo creer. -No.

Si va a resultar que es mejor cristiana de lo que pensamos.

-No ha tenido una deferencia conmigo siendo su nieto

y ahora se desvive con un mayordomo. -Quien la entienda que la compre.

-Desde luego. -Nunca se acaba

de conocer del todo a alguien.

-Y todo por culpa de ese malnacido.

-Perdonen que les moleste. Era para saber si tienen noticias del Simón.

-Ahora iba al altillo.

Sé que estáis todas a avizores. Sigue todo como anoche.

-¿Y eso es bueno o es malo? -Pues regular, Lolita.

Ni se despierta ni empeora. Como el padre de los Cardoso.

-Ay, Señor.

¿Preparo croquetas? -Esperemos que no haga falta.

Es uno de Cabrahigo.

Estuvo "in albis" un año por un golpe en la cabeza.

Decían que la tenía más dura

que la testuz de un toro y que soportaría un topetazo.

-No lo consiguió,

pero casi.

Un año ni para acá ni para allá.

-Y el caso es que al despertarse pidió croquetas.

Se comió 83 de una asentada.

-¿Pero eso es verdad?

-Hombre. Que se abra el suelo si mentimos.

-Si me perdonan,

voy a contárselo a la Casilda, que estamos en un sin vivir.

-Ve tranquila. Voy contando todo lo que sepa.

-Muchas gracias. Es el mejor patrono del barrio.

-Olé.

-¿Qué ha pasado? ¿Se ha sabido algo?

-Pues nada. Sigue como estaba. -Maldita sea nuestra estampa.

Si lo mata el coronel, tendremos que hacer que se lamente.

Aunque signifique pagar un abogado.

-Yo doy todo lo que tengo.

Buenos días.

-No lo parecen.

Anda, que vaya cara de pena trae usted, señora Teresa.

-¿Le ha pasado algo? No están ni mi esposo ni Cayetana.

¿Les habéis visto? -Nones.

No han pasado la noche en casa y no han dejado nota ni nada.

¿Y Edita no lo sabe?

Cuando subió al altillo ellos estaban en casa

y no les echó en falta.

-Ay, madre. Tenemos el barrio gafado.

Voy a seguir preguntado.

Si sabéis algo, avisadme.

Casilda,

la cortina del coronel.

se ha abierto y se ha cerrado. -Pues esperemos

que no sea capaz de hacerle nada a su hija.

Lola, te voy a contar

una cosa. Pero no se lo puedes decir a nadie.

La señorita Elvira me pidió

que le dijera al turco ese... -A Burak.

No sé si se dice don Burak o Burak a secas.

-Como sea, Lola.

El caso es que la señorita me pidió que le dijera que subiera al altillo.

Y allí fue donde la vio

con Simón.

Luego ella quería ser descubierta.

-¿Y para qué quería eso?

Tiene intríngulis la cosa.

-No sé. Sigo dándole vueltas al caletre.

Doña Teresa, ¿ha vuelto Tirso a casa? ¿Sabes dónde está?

Pues en el hospital.

¿En el hospital? ¿Qué ha pasado?

Se los llevaron anoche y ya tarde, señora.

No se encontraba bien o tuvo un accidente, no sé bien.

Don Fernando llevaba

al niño en brazos. ¿A qué hospital?

Era tarde. ¿No estaba usted en casa?

Dime a qué hospital. No lo sé.

Supongo que al San Basilio, que está más cerca.

¿Por qué no dejaron nota?

Se marcharon muy preocupados. ¿Y dónde estaba?

Voy a buscarles.

¿Pero en serio lo mató? -Esperemos que no.

-El mayordomo sufrió un fuerte golpe en la cabeza.

Lo llevaron al hospital.

-Qué barbaridad.

-Y si lo que dicen que fue la causa es cierto, es un escándalo.

-Según dicen por ahí, su hija se ausentó de la celebración

y Burak, su prometido, subió a buscarla al altillo.

Bueno,

pues fue allí donde se la encontró con Simón en la cama.

-No. -Sí.

-No te creo. -Sí, sí.

-¿Estás seguro?

-Que sí. Es como te lo cuenta.

Solo espero que el coronel no la tome con su hija.

¡En qué hora alquilamos la casa!

-Mujer, no te culpes por eso. Ningún pecado tienes.

-No porque me culpe,

lo digo por previsión. ¿Cómo alquilo la casa si la mata allí?

La gafa para siempre.

(Puerta)

Voy yo, que Casilda ha salido a comprar.

-Querido, quizá deberíamos ir

a La Deliciosa, a ver si se sabe algo de Simón.

-Víctor iba a ir a visitarle al hospital.

Nos dirán lo que se sepa.

-Ramón, qué grata sorpresa.

Es la primera vez que nos visita. -Sí.

Espero venir una tarde con mi esposa a tomar te.

-Sí. Cuando quiera. Pero esta tarde no podrá ser.

Nos íbamos a La Deliciosa a saber de Simón.

-En realidad con quién he venido a encontrarme es con Leonor.

-¿Con mi hija?

-Sí, madre.

De hecho, me alegro de que esté usted todavía aquí.

Don Ramón

es quien ha comprado mi parte del yacimiento.

-¿Qué?

-Lamento no habérselo dicho antes, doña Rosina,

pero Leonor se empeñó en llevar la negociación

con extrema discreción.

Espero ser un socio digno de su confianza.

-Por supuesto,

don Ramón. No podíamos esperar uno mejor.

-Sí.

Es un honor para nosotros.

-Leonor, el banco

tardará unos días en tener disponible el dinero que debo abonar. La orden

de pago ya está dada, pero habrá

que esperar.

No hay apuro, ¿no?

-No. Claro.

-Nos sentamos. -Por favor.

Cayetana, ¿dónde está?

Se lo han llevado para hacerle unas pruebas.

¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

Ahora vendrá tu esposo y te explicará mejor.

Fernando, ¿dónde está? ¿Ahora te preocupas por él?

¿Dónde estabas ayer al traerlo?

No es tiempo de reproches. ¿Qué pasa?

Se lo llevaron a hacer pruebas. Yo estoy

muy cansada tras pasar la noche en vela. Me voy a casa.

Gracias, Cayetana, por acompañarnos durante toda la noche.

No podía haber hecho otra cosa.

Ya sabe usted que adoro a Tirso.

Hágame saber si hay novedades.

¿Me vas a decir

de una vez qué ha pasado?

Tirso ha sufrido una nueva crisis. Perdió la visión

sin que sucediera nada.

"¿Qué ocurre?"

Tirso dice que no ve.

Tirso, ¿qué pasa?

-Todo está oscuro.

Veo todo negro.

Encended las luces. -Cayetana, enciende las luces.

Tirso, tranquilo.

¿Ahora?

-No veo nada.

¿Qué me pasa en los ojos?

¿Ahora? -No.

¡Dios mío! ¿Por qué?

Ha pasado la noche preguntando por ti.

Y yo no sabía decirle dónde estabas.

Lo siento.

¿Qué han dicho los médicos? ¿Se va a curar?

Le están haciendo pruebas. Todavía no saben nada.

¿Puedo confiar en que te quedes aquí?

Claro.

No. Contigo no hay nunca nada claro.

Espero venir antes de que los médicos regresen.

Prefiero escucharles antes que depender de tu sentido común.

¿Estás seguro de que esto adelgaza?

-Debemos hacer esto todos los días.

Paseíto de media hora después de comer.

-No sé si el paseo comiendo castañas será igual.

-Castañas de Naveros del Río, no castañas cualquiera.

Es salud. Y me he inventado una frase de esas

de propaganda.

Castañas de Naveros, un banquete para los banqueros.

-Y para porteros. -Oye, qué buena idea.

Se lo diré a los del pueblo.

-La sastrería cerrada.

Hay que ver, eh.

Con lo siesa que parece doña Susana y en el hospital cuidado del Simón.

-Oye, el coronel lleva sin salir de casa todo el día.

-Con la que lío ayer... Veremos si cuando salga no lo abuchean.

-No, bueno, todavía habrá quien aplauda.

Tú sabes que Simón no es santo de mi devoción,

pero le echó valor. Bueno, ni huyó ni nada.

Se quedó ahí quieto, como un tanquero.

-No sé. Hay algo raro en todo esto.

Que lo descubrieran así con la señorita Elvira

me suena todo como a preparado.

-¿Cómo? Mira, don Segismundo.

-¿Ese quién es?

-Este es el propietario del piso vacío del tercero.

Ya te hablé de él. -Ah.

-Espérate.

Don Segismundo.

Dichosos los ojos.

-Servando.

Servando te llamabas, ¿no? -No, no.

Y así me llamo.

Qué alegría me da verle.

Vamos, le veo mucho más joven y más alto.

-Embustero.

Con lo que yo he sido.

Más guapo no lo había.

¿Y tu esposa? ¿Te vive todavía?

-Me vive, me vive, sí. Está en Cuba, con su hermana.

-Ten cuidado.

Que dicen que los cubanos

son muy apasionados.

A ver si no te vuelve.

-Anda, qué humorismo se gasta usted,

don Segismundo. Bueno, le...

Le presento al Martín. Verbigracia, mi ayudante.

-Encantado. -Para servirle. Martín.

-Así que has cambiado

a tu esposa por un mozo alto y joven.

Yo no me esperaba eso de ti, Servando.

-Don Segismundo, no se vaya a creer que yo...

-Por mí allá cada cual con las "moderneces" esas.

Vamos, que tengo que ver el estado en el que está el piso

para ver en cuánto se puede valorar.

-Ah, que lo va usted a vender. -Nunca se sabe.

-Pase.

Aquí huele a tomillo,

a romero

y a laurel.

Igual que en mis fincas.

-Es una larga historia, don Segismundo.

(DON SEGISMUNDO TOSE)

-¿Quiere que le traiga un vaso de agua?

-¿Una castaña?

-Maldita naturaleza.

Nunca os fieis

de los que dicen que es lo mejor.

La naturaleza no ha hecho nunca nada bueno por el hombre.

(TOSE)

Este hombre está en las últimas.

-Sí.

Y sin herederos.

Martín,

esto es una oportunidad.

Y no podemos desperdiciarla.

Gracias. -¿Y esto?

-Vosotras abridlas.

-¡Ramón!

-¿Oro?

-Y del bueno. -Hombre, no os iba a regalar

latón dorado. Todavía no es oro de nuestro yacimiento,

pero pronto lo será.

-¿Cómo que de nuestro yacimiento?

-Tu padre es desde esta mañana

accionista de una mina de oro.

-¿Cómo doña Rosina?

-Como que somos socios. He comprado su parte a Leonor.

-¿Y cómo no ha contado nada?

-Leonor se empeñó en mantenerlo en el mayor de los secretos.

Hasta que no lo hemos formalizado no quiso que se supiera nada.

-¿Por qué querría vender?

Esa muchacha está muy rara desde que ha vuelto.

-Quiere dedicarse a los libros, al mundo editorial.

-Siempre fue

su mayor ilusión. Miles de veces me habló de eso.

Cuanto me alegro de que lo consiga

y de que por fin

a una amiga le vaya bien.

-No estoy segura de que vaya todo tan bien.

-Mejor a que a otras...

-De Elvira no hay novedades, ¿no?

-Ni un alma se ha oído en todo el día en esa casa.

-Espero que su padre no la haya hecho nada.

¿Por qué no va usted a enterarse?

-Hija, sin motivos no puedo presentarme en su casa.

Me echaría con cajas destempladas, y con razón.

¿Del mayordomo

tampoco se sabe nada?

-No desde esta mañana.

Habíamos pensado ir a verle Víctor y yo, si usted me da permiso.

-Ve, ve. -Bueno, luego

les cuento. Con su permiso.

-Menos mal que ya se puede contar lo del yacimiento.

No entiendo por qué Leonor ha querido mantenerlo en secreto.

-Allá cada cual.

Para nosotros es una muy buena inversión.

-No vas a dejar las cafeteras, ¿no? -No, claro.

Las cafeteras son nuestro negocio.

Esto era una oportunidad para aprovechar.

¿Te preocupa algo?

-Solo Rosina. Espero que con la excusa de ser socia

no se pase el día en casa. -Descuida.

-Cada uno en su casa y Dios en la de todos.

Tirso.

Teresa, está aquí.

Aquí estoy, cariño.

Creí que no iba a venir.

Claro que sí. ¿Cómo no iba a venir?

-¿Cómo estás, Tirso?

-Me han echado unas gotas que escocían un poco,

pero no me he quejado. -Así me gusta, que seas valiente.

-Me los han tapado para que no me dé la luz.

Yo les he dicho que los cerraba, pero se han empeñado.

Tendremos cuidado.

Vamos, échate en la cama.

Tengo hambre.

-Ahora mismo pido que te traigan algo.

¿Te vale una vaca entera?

-O dos. -Marchando.

No se sabe si recuperará la visión.

Cuando Cayetana habló con Celia le estaban haciendo las pruebas.

Teresa tiene que estar desesperada. Adora a ese crío.

Esperemos que todo quede en un susto y se recupere.

Dios mío, perder la visión.

No se me ocurre nada peor.

Debería estar con ella apoyándola. Calma.

Calma y paciencia. No puede salir a la luz

que está usted con vida, y menos ahora.

¿Le sacó algo a Elena?

No.

Niega que Cayetana esté detrás del intento de asesinato.

¿Y si dice la verdad?

Imposible. Mauro, usted está

tan obsesionado que no discierne la verdad.

No, Felipe, créame que no.

Solo necesitamos que Elena confiese.

Si descubriera algo con lo que obligarla a hacerlo...

Por favor, hay asuntos que no apruebo.

¿Se refiere

a la violencia? No se trata de eso.

Se trata de acabar con su resistencia.

¿Cómo?

Todo el mundo tiene un punto débil.

Algo que le obligue a decir la verdad.

Pero no logro saber cuál es el de Elena.

Es un enigma para mí.

Quizás alguien que la conociera dentro de la cárcel.

Pasó mucho tiempo allí.

Las funcionarias o las antiguas compañeras de celda

seguro que son las personas que saben sus debilidades.

Usted tiene la información necesaria para hacerlo.

¿Sería capaz de preguntar?

Vamos, Felipe,

si pudiera, lo haría yo personalmente.

Está bien, Mauro.

Lo haré.

Pero le voy a ser sincero.

Tiendo a pensar que Elena dice la verdad

y que Cayetana no está detrás.

Lo está, Felipe, no lo duce.

Su maldad es mayor que mi obsesión.

Solo necesitamos que Elena nos lo confirme.

Ven a mí, Dios de mi vida.

Ven a mí, prenda querida.

Reina en mi corazón.

Y ahora, corazón mío... -Doña Susana.

¿Cómo está?

-Igual.

No reacciona.

¿Has venido sola?

-Con Víctor.

Pero no nos dejan pasar

a los dos juntos. Dicen que el paciente necesita tranquilidad.

-Hace un rato pasó el médico y me lo informó.

Nada de voces,

portazos, nada que pueda alterarle.

Al verle así

habrán pensado que en Acacias somos unos salvajes. Y no me extraña.

Pero el único salvaje es Arturo Valverde.

-Qué hombre más horrible.

-Su pobre hija. Esperemos que no le haya hecho nada.

-No han dado señales de vida en todo el día.

-Esperemos que sea buena señal y no mala.

Pidamos por ella.

Aunque lo que dicen que hacía cuando fue descubierta

demuestra que no es

muy buena cristiana.

Igual no lo merece.

-Parece dormido.

-Ojalá fuera así.

Los médicos

no aseguran nada.

Lo mismo puede despertar de repente que

dejar de respirar para siempre.

-Buscaré la forma de hacerle llegar las noticias a Elvira.

-Por culpa de esa mujer está así.

Pobre Simón.

-¿Se va a quedar usted aquí?

Si quiere, hablo con las criadas para que venga alguna a pasar la noche.

-No.

Yo me quedo a su lado.

-Como desee.

Yo me voy.

A ver si puede subir Víctor a verle.

Si necesita algo, ya sabe,

puede llamar al teléfono de La Deliciosa.

Para lo que sea.

-Gracias, María Luisa.

Con Dios.

-Con Dios.

Simón,

todo va a cambiar.

No te mueras, por favor.

No te mueras.

Me la ha entregado Casilda. Ha llegado para ti.

-¿De quién es? -No trae remite,

pero mira el sello.

-Viene de Fernando Poo.

-¿Quieres que la lea yo? -No.

No.

¡Dios santo!

¡Dios!

-"Nada es gratis. Me lo debes"·

-¿Cómo se atreve? -Tranquilízate.

No le hagas caso.

-Ya he hecho todo lo que me ha mandado.

Solo falta el dinero. Pero hasta que Ramón no me lo entregue,

no puedo hacer nada. Tú lo sabes.

-En unos días lo tendrás.

No te pueden hacer nada. Cuidado. Alguien viene.

-Estáis aquí.

Que voy a salir, a ver si me entero de cómo está Simón.

¿Os apetece dar un paseo? -No.

Ahora no podemos.

-Podríamos tomar un chocolate en La Deliciosa.

-He dicho que no. No insistas.

-Discúlpala, Pablo.

Está nerviosa con la venta del yacimiento.

-¿Y quieres acompañarme tú?

-No.

Voy con ella.

Usted me prometió una vaca, don Fernando. Esto es sopa.

-Corrí, pero no se dejó coger.

Además me resbalaba

detrás de ella. Ya sabes...

-El arma secreta de las vacas.

-Bien lo sabes tú.

Me he tenido que ir a bañar.

-Menos mal que no era toro y no se dio la vuelta.

-Entonces no tengo campo para huir.

Más rápido que los flamencos cuando atacaban españoles habría corrido.

Vaya dos.

Toma, una cucharada más.

¿Está rica?

Prefiero un filete.

Pero no está mal.

Déjeme a mí.

Espero que me quiten pronto la venda.

El médico dirá cuánto tiempo debes estar con ella.

¿Voy a volver a ver?

No me gusta nada

no ver.

Come un poco más.

¿Está llorando?

Tirso,

tenemos que hablar contigo.

-No. No quiero que me digan nada.

Tirso, el médico ha venido para hablar con nosotros.

Nos ha dado una mala noticia.

¿No voy a volver a ver?

-Te llevaremos a todos los médicos y haremos todo lo que podamos.

-No quiero quedarme ciego.

Ahora no. Todavía me quedan tantas cosas por ver...

¿Qué?

¿Sigues dándole vueltas al proceder de Leonor?

-Pues sí.

Y cada vez estoy más convencido que oculta algo de extrema gravedad,

de gran enjundia. -Ya.

Pero yo no sé qué hacer para enterarme.

-Pablo, ya hablamos de esto.

Es mejor no presionarla. -Ya, ya.

Ya lo sé. Sé que se cerraría más.

Si la conozco bien.

-¿Y cómo vas a afrontarlo? -Estaré atento.

No perderé de vista a ninguna. -"No estoy de acuerdo con Elvira".

Tampoco con que la maltrate.

-Quizás deberíamos intervenir para ver qué hace

el coronel con mando en plaza.

-Nosotros no vamos a hacer nada

hasta que no tengamos pruebas

de que la integridad física de Elvira corre peligro. ¿Me oís las dos?

Don Arturo tiene derecho a gobernar

su casa sin intromisiones.

Nos parezca a nosotros lo que nos parezca.

-"Da igual que la vida sea injusta con Tirso".

La inapelable verdad es que Tirso ha perdido la visión.

¿No has oído lo que acabo de decir sobre la medicina moderna?

Has hablado de medicina. Pero querías decir milagro.

Los milagros no existen. No para Tirso.

-Y cuéntame exactamente en qué consistirá tu negocio.

¿Qué publicarás?

-Le he estado dando vueltas

y creo que me inclino por una revista literaria.

Con reseñas y críticas de libros o reportajes

sobre los acontecimientos culturales que haya en la ciudad.

-¿No imprimirás libros?

-Quizá sí. No lo sé. -¿Has visto a mi tía por el barrio?

-Pues verla no,

pero sí sé que ha pasado la noche cuidando de Simón.

-¿Cuidando de Simón?

-¿Qué le ha dado a ella velar ese entierro?

No quiero decir que el muchacho esté a las puertas de la muerte.

-Quizá tan solo sea caridad cristiana.

Tirso tuvo suerte de encontrarse con Vd.

Necesitaba un modelo a quien imitar, y no lo podía encontrar mejor.

Ojalá pudiera ser

de verdad un ejemplo. Lo es.

Ya lo creo que lo es. Y Tirso lo sabe.

Puede confiar en que siempre estará a su lado.

Cualquiera haría lo mismo. No.

Cualquiera no. Ni siquiera quien airea a los cuatro vientos

su amor estaba a su lado cuando la necesitaba.

-"El otro día,"

anteayer

creo,

te vi

en animada conversación

con la camarera de la chocolatería.

-Prefiero no hablar de esto.

-¿Ya te marchas?

-Sí.

Me han pedido un favor. Debo reunirme con alguien.

-"Ninguna obligación la retiene".

-Me retiene mi deber de cristiana practicante.

-¿De verdad es solo eso?

No entiendo a qué viene tanto sacrificio.

Y la verdad, me gustaría comprenderlo.

-No hay nada que comprender.

Es solo compasión por un chico que está al borde de la muerte

y que no tiene a nadie. No tiene a nadie, está solo.

-"Dile a tu señorita que vine".

He visto salir a don Arturo y no sé de cuánto tiempo disponemos.

Vamos. Obedece.

Seguro que no quieres verme enfadar. Ve.

¿Cómo está Simón? ¿Sabes algo?

Todavía no se ha despertado.

¿Dan los médicos alguna esperanza?

"Me tiene un poco preocupada"

el paradero de Elena Pérez Casas.

Necesito verla y hablar con ella aunque sea una vez.

Luego puede irse al infierno.

Me parece que es un riesgo que no debemos asumir.

Supongo que no se le escapa que si nos relacionan con Elena,

también podemos acabar en el presidio.

No me diga lo que debo o no debo hacer.

¿Quién ordenó mi muerte?

Supongo que sabes que tengo más aguante que tú, ¿verdad?

No soy yo el que está atado y a merced de...

(Puerta)

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  • Capítulo 491

Acacias 38 - Capítulo 491

06 abr 2017

Cayetana descubre que Tirso no la ha podido ver con Fernando, porque el niño se ha quedado ciego. Teresa regresa a casa de Cayetana después de haber pasado la tarde con Mauro, la casa está vacía, Tirso está en el hospital.

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  1. Pochita

    La novela está de lo más interesante. Cuantas situaciones y conflictos por resolver. Susana está de maravillas. Saludos desde Argentina.

    07 abr 2017
  2. Mónica

    Que de destape ya el secreto de la tonta de Leonor y que esa habiba se le bajen los humos y un castigo severo para calletana por Dios.

    07 abr 2017
  3. Mabi

    Bravo por los hombres de Acacias ! Era hora que se le plantaran al bravucón del coronel; Simón aunque ha llevado las de perder en la pelea, pueda ser que consiga con su falta de conciencia, lograr que Susana lo reconozca públicamente ya que por su actitud ya lo empieza a reconocer como hijo.... Que madre al fin no sufriría al verlo a punto de " entregar la pelleja" ? Elvira me decepcionó un poco...se tendría que haber ido cuando el padre le ofreció la puerta sin llave, primó el buen pasar ante " el contigo pan y cebolla" ? Esperemos que no! La preocupación de Lolita por Simón..., cuanto amor no correspondido.....¿ para cuando un novio " fetén" para ella?

    07 abr 2017
  4. Qwerty

    Qué emocionante se está poniendo! Guiones, actrices y actores espectaculares!! Me encantan todos, pero el personaje de Susana es especial: se ha hecho odiar y ahora...amar.

    07 abr 2017
  5. Hola

    Otro capítulo del que sólo sacó 5 minutos el resto son escenas pa rellenar y hacernos perder el tiempo y la paciencia. Por. Cierto hoy hasta Elvira de espectadora pobre Simón y tanto que se enfrenta a su padre y es incapaz de ir al hospital

    07 abr 2017
  6. Saro

    Me ha encantado comprobar que tres valientes han sido capaces de enfrentarse a Arturo: Liberto, Víctor y Ramón; el coronel hace tiempo que se estaba mereciendo que alguien le plantara cara; sabemos que son los comienzos del XX pero, a pesar de éso, es un tipo muy soberbio, machista, retrógrado y, en el fondo, bastante cobarde. Me gusta ver a Susana mucho más humana que lo que ha sido hasta ahora, sólo espero que ese cambio sea real y definitivo. Buen capítulo y excelentes interpretaciones.

    06 abr 2017
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