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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 490 - ver ahora
Transcripción completa

Tuve que darme cuenta de que iba a suceder.

Detener los acontecimientos cuando aún estaba a tiempo.

¿Y qué piensa hacer ahora?

Volver a enamorarla.

Ya lo conseguí una vez, volveré a conseguirlo otra.

-"Hay heridas que tardan más en curar"

que otras. Y yo tengo toda la paciencia del mundo.

Estaré a su lado hasta que sane.

Me gusta de verdad, Felipe Álvarez-Hermoso.

-"Leonor está vendiendo"

su participación en el yacimiento de oro.

-No, no, eso no puede ser. Es un error.

¿Lo has entendido mal? -No,

no hay opción a confusión alguna. Lo sé a ciencia cierta.

-Ahora. Cuanto antes esté esa mujer en el penal, mejor.

Espero que con lo mal que lo va a pasar allí, se decida a hablar.

-¿Por qué estás tratando de vender tu parte del yacimiento

que a buen juicio nos dejó tu padre?

-No se lo dije porque temí su reacción.

Y tan solo trato de reinvertir el dinero en otra cosa.

-¿Qué cosa?

-En un negocio editorial.

-"Inicien el traslado".

Llévensela ya.

-Nos veremos pronto, picapleitos.

"Cercano está el final en el que por fin

podremos estar juntos".

"Me gustaría verte y celebrarlo".

"Para ello he preparado una sorpresa para ti".

"Te veo hoy, al caer la tarde, en la pérgola".

"No faltes". "No puedo esperar"

para darle la noticia.

Elena... ha logrado fugarse.

No sabe cómo me alegro de oír eso. -"¿Dónde está mi prometida?".

-En el altillo. Me ha dicho que suba usted en un rato,

que tiene ella una sorpresa para usted.

-Me la puedo imaginar.

Quizá no nos volvamos a ver.

Y no quiero quedarme con el recuerdo de una discusión.

Prefiero quedarme con el recuerdo de tus besos.

"Lo mejor que puedes hacer"

es dejarte llevar. Te lo estoy pidiendo por las buenas.

No es tan fácil, Fernando. Haz un poder. Debe terminar bien,

no sé si me estás entendiendo.

"¿Creías que ibas a escapar tan fácilmente?".

Supongo que cuando ese hombre te dio las llaves en comisaría,

pensaste que era un regalito de Cayetana.

¿Verdad? Qué equivocada estabas. Me voy a mi cita.

No paras de mirar el reloj.

¿Acaso tienes prisa?

No, en absoluto,

la cena está riquísima. Nadie lo diría.

Apenas has probado bocado.

¿Tirso está dormido ya? Últimamente está muy nervioso

con todo esto de la excursión.

No te preocupes por él.

Te he comprado un detalle.

No tendrías que haberte molestado. ¿Ni siquiera

vas a abrirlo?

¿Un diamante? Fernando, ha debido de costarte una fortuna.

Eres mi esposa.

No mereces menos.

Teresa,... yo te amo con todo mi ser.

Haría cualquier cosa

por verte feliz.

Por que no siguieras alejándote de mí.

Fernando, yo... Déjame terminar.

Quiero verte disfrutar en mi compañía.

Que en vez de rehuirme, busques mis besos.

Mis caricias.

Juntos podemos ser muy dichosos.

A mí me hubiera gustado que fuera así, pero...

No quiero más peros entre nosotros, Teresa.

Necesitas mi ayuda para dejar atrás el pasado.

Y yo te la voy a dar.

Te estaré esperando en nuestra alcoba.

Quiero que vengas con el collar puesto.

Esta noche, por fin... te vas a entregar a mí.

Como mi esposa.

No tardes.

Ya he esperado demasiado.

Te quiero.

No dejes de amarme, Simón.

Nunca lo hagas.

Vamos a llegar tarde a la ópera.

No vamos a la ópera, Úrsula. No debo alejarme mucho.

Me temo que la noche romántica de Fernando no va a concluir

como él pretende.

Teresa volverá a romperle el corazón.

Sí. Y el pobre Fernando va a necesitar

a alguien que le consuele. ¿Alguien como usted?

(ASIENTE)

Demos un paseo.

Hagamos algo de tiempo antes de que retorne a casa.

Dígame. Cuénteme algo más

sobre nuestra amiga en común, Elena.

Nada más puedo contarle de lo que ya le he dicho.

Aunque consiguió su libertad, toda la policía de la ciudad

está tras sus pasos.

Deberá estar una buena temporada escondida.

Esperemos que no dure en exceso.

Tengo una conversación pendiente con esa mujer.

Por cierto, no me ha contado qué cuitas se traía con ella.

Lamento defraudarla, pero esta noche no voy a actuar de forma distinta.

Mucho le está costando satisfacer mi curiosidad.

Pierda cuidado, Úrsula.

Algo me dice que muy pronto se va a enterar de todo.

Si supieras lo cerca que está tu fin.

Elvira.

¿Qué significa esto? ¡Burak, espera!

¡No intentes engañarme!

Lo he visto con mis propios ojos. Te has reído de mí.

¡No eres más que una vulgar buscona!

-Cuide sus palabras.

-¿Cómo? Que cuide ella su conducta de mujerzuela.

¡No le voy a consentir que sus manos rocen un solo pelo de Elvira!

-¡Me las pagaréis! -Pierde cuidado, infame.

No pienso mancharme tocándola,

no quiero volver a saber nunca más nada de ella.

¡Aquí os quedáis con vuestra vergüenza!

"Cercano está el final en el que por fin podremos estar juntos".

"Me gustaría verte y celebrarlo".

"Para ello he preparado una sorpresa para ti".

"Te veo hoy, al caer la tarde, en la pérgola".

"No faltes".

"Te amo".

"Somos nosotros, cariño".

"Ahí".

"Donde nadie nos puede hacer daño".

Inseparables.

Besándonos para siempre jamás.

¿Teresa?

¿Está bien?

Parece seria y preocupada.

No, no te preocupes. Estaba pensando en mis cosas.

¿Y tú qué haces levantado tan tarde?

Me dolía la cabeza. Iba a la cocina por un vaso

de agua.

Aquí tienes uno.

¿No será que estás nervioso

por la excursión?

Es posible. Con el agua ya se me pasan las molestias.

Al parecer, va a ser un agua milagrosa.

Anda, vuelve a la cama.

¿Y usted?

¿No va a su dormitorio?

No, todavía no. Ve a descansar.

Mañana te encontrarás mejor.

Lo siento, Fernando.

¿Así que a partir de ahora

esta es la relación que se supone voy a tener con mi única hija?

-No digas eso. -¿Por qué no, si es cierto?

Has visto cómo nos miraba.

Parecía considerarnos sus enemigos, no su familia.

¿Y qué debemos hacer?

¿Creernos esas peregrinas explicaciones

sobre el motivo por el que ha decidido vender?

-Ya la oíste.

Emprenderá un negocio editorial. -¡La oí!

Pero no escuché ni una palabra. Confabulaba sobre la marcha.

¡No existe tal negocio! ¿Para qué precisará tanto dinero?

-Suegra, eso es difícil saberlo.

Ni siquiera consiente que sepamos con quién está negociando la venta.

-Estamos siendo blandos con ella.

Deberíamos arrinconarla, y obligarla a que nos cuente

la verdad así. -Eso no serviría.

Puso pies en polvorosa en cuanto la presionamos.

-Eso es cierto.

Lo mejor que podemos hacer es tener paciencia.

Estamos teniendo paciencia, mucha paciencia,

más que el santo Job, con ella. -No queda otra.

Vayamos despacio con ella.

Debe volver a darse cuenta de que somos su familia

y que no le vamos a dar la espalda jamás.

Ya veréis como... dentro de poco todo pasa

y solo quedará un mal recuerdo. Y ahora

vámonos a dar un paseo. A ver si el aire nos despeja.

-Sí, ojala sea así.

Voy a mi alcoba a peinarme un poco.

-Creo que no estabas muy convencido de mis palabras, Pablo.

Liberto,...

este problema no se va a solucionar por sí solo.

La situación es mucho más complicada de lo que piensas.

-Agradezco entonces que hayas disimulado

para no aumentar la angustia de Rosina.

Pero también deseo que estés equivocado.

-Pues me temo que no, Liberto.

No hay motivos para alarmarse.

Conozco a Leonor, y sé que solo hay una razón para su proceder.

-¿Cuál?

-Detrás de su comportamiento

tiene que haber algo extremadamente grave.

Algo que ni siquiera nosotros podemos llegar a imaginar.

¿A qué hora terminas tu turno? -Aún me queda faena.

¿Y tanto interés?

¿Acaso le tortura la mala conciencia por nuestra última cita?

-La verdad es que sí.

No me comporté del todo bien contigo.

Pierda cuidado que una tiene mala memoria.

Quizás le permita enmendarse.

-Precisamente eso estaba pensando.

En invitarte a cenar. O lo que tú quieras.

-Suena tentador.

Pero igual es pronto para darle una nueva oportunidad.

-Mariana, esta vez será distinto.

Iré poco a poco.

Y me comportaré como un auténtico caballero.

Y, sobre todo, no haré espantada alguna.

-Salgo en una hora.

-Te estaré esperando.

Todas las peluquerías que hemos visitado han aceptado.

Venderán tintes Albora.

-Me alegra saber esa noticia.

Seguro que será el inicio de un gran negocio.

Por cierto, ¿sabe dónde se encuentra Trini?

La he estado esperando en la fiesta de los Valverde.

-Descuide, ha ido a casa a retocarse.

Habíamos pensado celebrarlo tomando champán.

-Me parece muy indicado.

Pero creo que sería mejor brindar en la casa del coronel.

Nuestra ausencia de su convite puede considerarla un desaire.

-Sí. Será mejor.

-Me alegra saber que tu negocio

va viento en popa.

-Te lo agradezco, Felipe.

-¿Quiere usted subir con nosotros a la fiesta para celebrarlo?

-No.

Mejor en otra ocasión.

No he sido invitado.

-Lo comprendo.

En tal caso, te debo un convite.

¿Marchamos a buscar a Trini, don Ramón?

¿Sucede algo, querida?

-No. No es nada.

Marchemos ya.

¿Adónde habrá marchado Burak? Estaba fuera de sí.

Lo más seguro es que haya ido a ver a tu padre.

Se lo debe estar contando. Será nuestro fin.

En maldita hora ha subido al altillo.

¿Cómo sabía que estábamos juntos?

Eso ahora no importa.

Quizá me vio salir de casa tras de ti.

Tienes razón. Ese ahora no es el mayor de nuestros problemas.

Sabe Dios cómo reaccionará tu padre cuando se entere de tu deshonra.

No nos quedemos aquí para averiguarlo.

Llévame lejos de aquí.

Deja que me marche contigo. ¿Has perdido el juicio?

¿Huir juntos? ¿Por qué no?

¿Acaso no pensabas marcharte tú de Acacias?

Sí, pero no tenía destino fijo al que ir,

no sabía adónde ir. Y, además,

no podría mantenerte. ¿Crees que me importa

el dinero o las penurias que podamos padecer

si estamos juntos? Estamos a tiempo de ser dichosos.

¿Y cómo podríamos serlo si estaríamos condenados

a pasar el resto de nuestros días huyendo de tu padre,

viviendo por siempre asustados?

-No, Elvira. Estoy cansado

de sentirme culpable de lo que soy inocente.

Tan solo somos un hombre y una mujer...

que se aman con locura. No dos delincuentes.

Para mi padre seremos mucho peor que eso.

Pues le haremos entrar en razones.

Terminará por aceptar nuestro amor.

¿Has perdido el oremus?

¿Acaso todo este tiempo que has estado a su servicio

no te has dado cuenta ya de qué clase de hombre es?

No le tengo miedo. Pues deberías.

Puede llegar a ser extremadamente violento.

No, Elvira, no.

Estoy harto de comportarme como un cobarde.

Le plantaré cara.

Y le diré cuánto te amo.

No, te lo ruego.

Vámonos lejos de aquí, como alma que persigue el diablo.

Hazme caso, por favor.

Brindemos por las primeras ventas de los tintes Albora.

-Y seguro que no son las últimas.

-Como ya le he dicho, Celia,

tiene usted entre las manos un magnífico negocio.

-Celia, querida, no pareces muy feliz por eso.

¿Acaso te ocurre algo?

-Coronel.

Nuestra más sincera enhorabuena.

¿Y Elvira? Me gustaría darle la enhorabuena.

-Eso me gustaría saber a mí.

Hace un buen rato que abandonó la fiesta.

-Seguro que se ha encontrado con alguna amiga

y está pegando el palique.

Ya sabe cómo son estas muchachas. -Lo sé, siempre dando la nota.

Espero que su matrimonio le haga sentar la cabeza y madurar.

-No parece que su futuro esposo

sea muy diferente de ella.

También ha abandonado su propia fiesta.

-Cierto.

Yo hace ya un rato que le vi marchar.

-Quizá estén buscando un momento de intimidad.

Al fin y al cabo, estamos hablando de su compromiso.

-Estás temblando.

¿Qué te pasa? -Ay, Víctor.

Temo que Elvira haya podido cometer una locura.

-Pierdan cuidado

que uno de los desaparecidos acaba de dar señales de vida.

-Burak, ¿dónde estaba?

Todos preguntaban por usted. -Descuide,

no me van a ver por mucho más tiempo.

¡Me marcho ya de esta casa!

Para no volver jamás. -Conténgase.

No es propio de usted comportarse con tamaña desconsideración.

-¿Ahora el desconsiderado soy yo? Ha intentado estafarme.

-No le consiento que me hable así.

Nunca he intentado estafarle. -¿Cómo que no?

Aseguraba que su hija era una señorita

de bien.

Cuando no es más que una... ¡vulgar meretriz!

(Voces de asombro)

-Que alguien pare la música.

Semejante afrenta solo se puede lavar en el campo del honor.

-¿Qué honor? En esta casa

no hay ni asomo de él. Ha criado una degenerada,

a una prostituta. Y pretendía deshacerse de ella casándola conmigo.

Por fortuna, he abierto los ojos a tiempo.

-¿Cómo se atreve a hablar así de mi hija?

Está injuriando mi nombre. -Es su hija la que lo ha hecho.

La he descubierto en la cama, semidesnuda, en brazos

de otro hombre.

-Miente.

-No es nada más que la verdad.

-Estaba en un cuarto del altillo.

En el catre, con su mayordomo.

-Gayarre. -Dígame.

¿Es o no es esa la conducta de una mujerzuela?

No intenten ponerse en contacto conmigo.

Nada quiero saber de su familia.

Maldita la hora en que entré en relación con ustedes.

-Casilda, que la has liado sin comerlo ni beberlo.

-Intente mantener la calma. -¡No me diga cómo debo actuar!

¿Qué están mirando?

¡Fuera de mi casa!

¡La fiesta ha terminado!

¡Fuera!

¿A qué se debe tamaña urgencia?

-Preciso que me leas una carta. -¿No puede ser mañana?

-No. Con tanta ayuda a los Valverde con el ágape

no he podido ni abrirla.

-Pero ¿la carta es para usted? -Eso me ha parecido.

Sabes que sé juntar cuatro letras. -Tres.

-Menos chanza, tengo el corazón en un puño.

Mira que si es de mi Paciencia

y alguien le ha escrito la carta desde Cuba.

-Sí, yo le disipo las dudas

en un suspiro. Pero... (OLISQUEA) ¿Qué es ese olor?

¿Está guisando algo? -No, yo no.

-Pues mejor que mejor, con esa peste se iba a intoxicar.

Si huele así, no me quiero ni imaginar

ni cómo puede saber. -Vale. De verdad...

Pero... Pero, Servando, ¿qué es todo esto?

Está lleno de incienso y de especias.

Esto parece una iglesia o un mercado.

-Ande yo seguro, ríase la gente. Es para protegerme

de los hechizos africanos de la mala mujer esa.

-¿Aún seguimos con esa? -"Pa'" chasco que sí.

Que la Habiba os ha podido sorber el seso, pero conmigo no va a poder.

-Los hechizos no sé, pero esta peste terminará matándole.

-Bueno, no digas tontadas y léeme la carta esta de una santa vez.

-Sí que va dirigida a usted. -Ya te decía yo

que sabía distinguir mi nombre. ¿Es de mi Paciencia?

-Espere, hombre. A ver.

Vaya. Siento defraudarle, pero no es así.

Es de un señor que se presenta como albacea de casa de los Velando.

-Casa de los Velando.

Si esa casa lleva una porra de años cerrada.

-Pues parece ser que pretenden que no sea por mucho más tiempo.

Quieren venir a tasar el inmueble

y quieren que usted les atienda.

-Qué raro, tasar el inmueble de los Velando.

Igual quieren vender la casa.

O le ha pasado alguna desgracia a don Segismundo Velando.

Nunca estuvo muy bien de salud este hombre.

Lo mismo ha entregado la pelleja. -Oiga,

me gustaría resolver todas sus dudas,

pero el que va a entregar la pelleja seré yo como siga aquí.

No soporto este olor. Tome.

-Muchacha, ¿dónde vas

con semejante prisa? -¿Habéis visto al Simón,

o a Elvira? -¿Ha ocurrido algo?

-"Pa'" chasco que sí.

-El turco ese tan desaborío ha tomado las de Villadiego.

Y como el coronel encuentre a su hija o al mayordomo, esto acaba

como el rosario de la aurora. -La hija y el mayordomo.

¿Has visto en el altillo? Allí estará el Simón.

-No. Es donde primero ha mirado el coronel.

-¿Por qué los está buscando,

qué hacen juntos? -Ahora os pongo yo al día.

Os vais a quedar patidifusos. (RESOPLA)

¿Ves como te venía bien salir a pasear?

-Eso lo dirás tú. Tengo el mismo sofoco que en casa.

-Templa, mi amor.

Si Leonor ha decidido vender su parte,

habrá tenido en consideración

que el comprador sea un buen socio para ti.

-No sé yo si habrá tenido eso en consideración.

-No te va a dejar en manos de cualquiera.

-Liberto, yo ya no reconozco a mi hija.

Y no me preocupa tanto el negocio como esa sensación.

-Creo que la estoy perdiendo. -No, no pienses así.

¿Cómo va a poder ocurrir tal cosa? -Porque ya está sucediendo.

¿No ves que está rompiendo con todo los lazos que nos unían?

Mira, yo...

Yo no sé lo que le ha pasado en esa maldita isla,

pero la ha transformado por completo.

Poco queda en ella de mi hija.

(RESOPLA)

-Rosina, tengamos la misma paciencia que está mostrando Pablo.

-Temo que la suya

también se esté agotando. -Escucha.

Leonor está pasando por una experiencia

terriblemente traumática.

Y lo único que podemos hacer para ayudarla,

es ser cariñosos con ella. Darle tiempo.

-No sé si voy a poderle dar mucho tiempo. Depende.

¿De qué? -Hombre.

Para empezar, ¿quién es esa persona que Leonor ha convertido en mi socio

a la fuerza?

-Perdón. ¿No habrán visto a Elvira?

¿O a Simón, el mayordomo?

-No. Víctor, ¿es que ha ocurrido algo?

-Que, como no les encontremos antes que el coronel,

va a haber una desgracia.

No lo comprendo. No me dijeron

que ya se trasladaban a otro pueblo. ¿Qué más da que la feria

no esté en funcionamiento?

Soy feliz solamente con estar aquí a tu lado.

Sí, pero quería celebrar la noticia

con esta sorpresa. La intención

ya es suficiente. Has tenido una bonita idea.

Dime qué es eso que tenemos que celebrar,

que estoy inquieta con tanto misterio.

Que nuestra comedia está a punto de llegar a su fin.

Muy pronto

voy a poder gritar a los cuatro vientos

que estoy vivo. Y que te amo.

¿Cómo es eso posible?

¿La mujer que intentó asesinarme? Se encuentra bajo mi poder.

No tardaré en sacarle la verdad.

Y, una vez que confiese, tú no tendrás que ocultarte.

Podremos ir a hablar con tu esposo. Y le contaremos todo.

(RESOPLA)

¿Qué ocurre, mi amor?

¿No te ilusiona la noticia? Te equivocas. Me llena de dicha.

Es solo que temo el momento

en el que nos enfrentemos a Fernando.

Está cambiado.

No es el mismo,

mis desplantes le están transformando.

Cada vez se muestra menos paciente.

Mira...

Juntos le haremos entrar en razón.

No temas.

Eh, mi amor.

Que nada ensombrezca esta noche.

Vamos a dejar a un lado las preocupaciones

y vamos a ser felices. Hoy todo va a ser especial.

Y voy a empezar...

por hacer funcionar lo que queda de feria.

Cueste lo que me cueste.

Te lo prometo. Le voy a preguntar a este hombre.

A ver si puede abrirnos algo. Aguarda aquí.

(Puerta)

Teresa.

Cayetana. Es usted.

Veo que no le ilusiona mi presencia.

Sé que he regresado antes de tiempo,

pero no quedaban entradas para la ópera.

¿He interrumpido algo?

Veo que la noche no ha salido como usted había planeado.

¿Teresa está en su alcoba?

No.

No está en casa.

Ha salido.

¿Y dónde ha ido?

¿Quién puede saberlo?

Cualquier lugar es más de su agrado que permanecer a mi lado.

No entiendo por qué el mundo es tan injusto.

Usted ama a Teresa y ella, sin embargo,

no deja de darle la espalda una y otra vez.

Y, por otro lado, yo...

me sentiría tan dichosa si pudiera entregarme a usted.

Si pudiera entregarle todo mi amor.

Usted no merece tanto sufrimiento. Ni tanto desdén.

Si pudiera hacer algo para aliviar su dolor.

¿Por qué muestras tal semblante?

¿No era esto

lo que estábamos aguardando?

Por fin tenemos el contrato de venta firmado.

¿Qué más podías desear?

-¿Qué más?

Para empezar, no haber traicionado a mi familia.

Ellos me esperaban con los brazos abiertos.

Llenos de amor.

Sufriendo cada segundo de mi ausencia.

Y yo se lo pago así.

-Solo has hecho lo que tenías que hacer, Leonor.

Sabes que no tenías otra opción. -Sí.

No haber salido de esa isla.

Quizá hubiese sido lo mejor.

¿Sonríes?

¿Acaso te hace gracia mi sufrimiento?

-Lo que me divierte es que afirmes algo

que ni tú misma te puedes creer. -Ah, ¿ahora sabes lo que creo?

-No has podido olvidar tu vida en Fernando Poo.

¿O es que necesitas que te lo recuerde?

¿Quieres que te diga cómo eran tus días?

¿Que te hable de todo lo que tuviste que hacer en esas tierras, según tú,

alejadas de la mano de Dios? -No. No es menester.

Jamás olvidaré lo ocurrido.

-Entonces deja de lloriquear como una niña malcriada.

Ya está bien de dudas.

La vida es así. A veces debes pagar un tributo.

Y tú estás pagando el tuyo, nada más. -No está resultando barato.

-Ni más ni menos que el precio necesario.

Basta ya de lamentos.

Ahora que por fin hemos firmado,

hay que seguir con lo planeado.

Aún me tiemblan las piernas

de recordar el escándalo que hemos presenciado

en casa de los Valverde. Qué bochorno.

-Imagínate cómo estará el coronel, casi le da un síncope.

-¿Dónde estarán su hija y el mayordomo?

-Por su bien, espero que se hayan ido muy lejos.

No me quiero ni imaginar lo que les hará el coronel

si les encuentra. -Mejor no lo hagas.

Que ese hombre ha salido en su busca

dispuesto a todo. -Esperemos que recapacite

y no haga nada que pueda lamentar. -Yo no apostaría por ello.

Pero Ramón dice que no iba armado.

El coronel es de gatillo fácil. -Que Dios nos proteja.

-Mejor que se centre en esos dos inconscientes,

que van a necesitar de su ayuda. -Bueno, Trini,...

con todo el rifirrafe, al final no hemos podido casi ni brindar.

Por nuestro éxito con los tintes. -No, nuestro éxito no,

el éxito ha sido solo tuyo. -No. No lo hubiera conseguido

si no es por tus contactos

y tu mano izquierda. -Bueno, no hay quien se me resista.

¿Has visto cómo me las he camelado

para que aceptaran el trato? -Te dejo un poco más

y terminan pagándonos por poder vender los tintes.

Te has manejado fetén.

-No te extrañes. Ese ha sido mi mundo.

Y sé de qué pie cojean

y cómo hay que entrarles. -Te estoy muy agradecida.

Lo he estado considerando y creo que,

además de celebrarlo,... (RÍE) debería darte un porcentaje,

por los servicios prestados.

-¿No te ondula? De eso nada, Celia.

ayudarte ha sido suficiente pago. Me ha servido como entretenimiento.

-Por favor, ¿puedo insistir? -Como poder, puedes.

Pero mi respuesta va a seguir siendo que nones.

(Puerta)

-Te has salvado. De momento.

Voy a ver quién llama a estas horas.

-Elvira, espero que no te hayas buscado la ruina

por tu mala cabeza.

Luisi, ¿qué haces aquí?

-Venía por si tenían noticias de Elvira.

Pero ya sé que no es así.

-También nos preguntábamos dónde estarían ella y su amante.

-Temo mucho por ella.

Esto no ha sido tan solo una travesura.

Su padre no se lo va a perdonar.

-Eso nos tememos nosotras también.

-El coronel está por las calles buscándola,

llamándola a gritos. A mí se me pone la piel de gallina

cada vez que lo escucho. -Lo mejor sería

que te fueras a casa.

Tu padre está con él, y ya nos contará

cómo termina la noche. -No.

Debo volver a la calle. Quizá pueda ayudar a Elvira.

-Dudo que nadie pueda hacerlo. -Bueno, aun así,

es mi obligación. -Está bien. Te acompañaré.

Celia, ¿vienes con nosotras? -No, Trini,

ha sido un día muy largo y me encuentro un poco fatigada.

Hablamos mañana. -Claro.

-Adiós.

(FELIPE) "Es esta isla".

"Está llena de piratas y de tesoros".

-¿Y?

-Que te quiero.

El día menos pensado te secuestro y nos vamos a Barbuda,

nos compramos un barco, o mejor, lo robamos,

y nos dedicamos a atacar galeones

y a desenterrar baúles llenos de oro. -¿Estás bien?

-Mejor que nunca, Celia.

"Mira, estos son los peones. Como ves, son más".

Solo se puede mover una ficha por delante cada vez.

-Estos son como los canijos.

Que los enviábamos primero

para que se cansaran zurrándolos

a ellos. -Tano, atento.

Este es el caballo.

Y se mueve siempre en "L". Puede saltar

por encima de las fichas. -¡Claro! Como el Lagartijo,

que daba unos brincos que daba capones con las rodillas.

-Celia, no puede ser,

se acabó para siempre.

Temple, se lo ruego.

Regrese a su hogar y aguarde allí la vuelta de su hija.

-Pienso dar con ella cueste lo que cueste.

-No hay rastro de ellos. Se los ha tragado la tierra.

Del mismísimo infierno la traeré a rastras si es necesario.

Y escúchenme bien.

Espero que nadie en Acacias tenga la osadía de esconderla.

Si alguien la protege a ella o a ese desgraciado,

se las tendrá que ver conmigo. -Le digo y le repito

que no sabemos nada de su destino.

-¿Alguna novedad? -Nanay, señorita.

Y esperemos que siga así. Ese hombre está fuera de sí.

-Ay, esto va a acabar en tragedia.

Si la encuentra, la mata.

-Y su mayordomo no va a tener distinto destino.

-Habrá que hacer algo para evitarlo.

Coronel.

Le ruego que recapacite y que no monte un escándalo

en medio de la calle. -Demasiado tarde para evitarlo, ¿no?

-Pero es que no es necesario. No tiene por qué ir corriendo

en su busca y delante de todos.

-Debo encontrarla.

-Conociéndola, lo más inteligente será aguardarla en casa.

Elvira no va a abandonar así a su padre. Seguro que está dispuesta

a enfrentar lo ocurrido. -Es cierto, no es ninguna cobarde.

-No.

Es algo aún peor.

-Seguro que Simón, su mayordomo...

-No mencione ese nombre en mi presencia.

La verdad es que no creo que mi hija quiera abandonar también mi fortuna.

No soportaría empezar una vida nueva

sin los lujos que mi posición le brindan.

Sí, será mejor que espere esta noche en mi casa.

Si no aparece, no habrá rincón donde puedan esconderse de mi furia.

-¡Señor!

Tenemos que hablar.

Señorita.

¿Dispuesta a entrar en el mágico mundo de los espejos

con este humilde policía?

No tendrías que haber convencido al feriante

para que nos abriera. Mis cuartos me ha costado.

Te lo prometí y, aunque sea una modesta barraca,

voy a cumplir con mi palabra.

Hoy la feria abre solo para ti y para mí.

Entonces, ¿por qué aguardar más?

Ojala pudiéramos vivir aquí siempre.

Juntos y rodeados de magia. Lejos de las dificultades

que nos acechan. Así será muy pronto.

De momento será solo esta noche,

que no debería acabar nunca. Vamos.

(BALBUCEA)

¡Ah! ¡Ay!

Simón, por favor.

Señor, aquí todos nos miran. Sería mejor que habláramos en casa.

Después de humillar mi nombre

y el de mi hija, ¿se atreve a decirme lo que debo hacer?

-Escúcheme, por favor. -No hay nada que hablar, Gayarre.

Lo que ha pasado no se lava con palabras.

Temple, coronel. -No haga nada

de lo que pueda arrepentirse.

-Y suelte la mano de mi hija.

No se atreva a tocarla.

Padre, se lo ruego. Sí, eso soy.

Para mi desgracia.

Si pudiera escucharme. No volveré a escucharte

en lo que me queda de vida.

Me avergüenza hasta mirarte.

Ojalá nunca hubieras nacido.

Por suerte,

no tendré que soportar mucho más tiempo tu presencia.

Mañana ingresarás en un convento,

donde pasarás el resto de tus días. Padre, no.

Dedica tus días a pedir perdón a Dios.

Porque el mío no lo tendrás nunca. Jamás.

Eres una descarriada, como lo fue tu madre.

Una vulgar ramera. -¡No le voy a consentir...!

-(GRITA) ¿No me consientes?

Este es ahora tu defensor.

Un malnacido. Un traidor que se aprovechó

de mi confianza.

-Señor.

Yo siempre procuré serle leal. -(IRÓNICO) Claro.

¿A esto llamas lealtad?

A mancillar a mi única hija. -¡El amor me ha hecho actuar así!

¡Amo a su hija con todo mi ser!

¡Eso no se puede evitar!

-El amor.

El amor.

Una rata como tú no puede sentir tal cosa.

Al menos compórtate como un hombre.

Defiéndete.

-No, señor. Nunca voy a levantar la mano

contra el padre de la mujer que amo. Tiene mi palabra.

-Tú no sabes lo que es eso.

-¡Elvira!

Elvira, apártate, que es mejor.

-¿Es que no tienes sangre

en las venas? Trata de golpearme.

Defiéndete.

¿O es que quieres acabar muerto?

(Puerta)

Cayetana.

¿Por qué detienes tus besos y caricias?

He oído un ruido en el salón.

¿Un ruido?

Sí. Pero no es nada, voy a ver.

Voy contigo. No, no hace falta, voy yo.

Seguro que es fruto de mi imaginación.

Vuelvo en un suspiro.

Gracias por abrirnos la atracción.

Con Dios.

Ojalá esta fuera nuestra vida siempre.

Te prometo que muy pronto lo será. Estaremos siempre juntos.

Y nunca más nos separaremos.

Me gustaría creerte, pero eso me parece tan difícil...

Casi imposible.

Teresa.

La vida es como esos espejos en los que nos acabamos de mirar.

Nunca sabes lo que te va a mostrar.

Tirso.

Creo que tú y yo tenemos que hablar.

Tirso, ¿no me escuchas?

(GIMOTEA)

¿Estás llorando?

Tengo miedo.

Tranquilo.

No tienes nada que temer.

Cuéntame lo que has visto.

¿Fernando?

Cayetana.

"¿Vas a escribir?".

-Solo engraso las teclas.

Tendré que ir a la droguería a por alcohol

y jalea de petróleo.

Es una máquina nueva. Es una pena

que esté tan abandonada.

Todavía recuerdo el día que me la regaló mi padre.

-Me congratulo. Cuidar la máquina

es un inicio para retomar la escritura.

-"Eres peor que las fulanas de la calle".

Y vas a acabar como una de ellas.

Ahí tienes la puerta. La llave no está echada.

Pero como se te ocurra salir, como la abras,

te juro que te arrepentirás.

Lo que has pasado no es nada

comparado con lo que te quedaría por vivir.

No me pongas a prueba, Elvira.

Te lo advierto.

Hoy no trabajo por la noche. Si te apetece que nos veamos...

-No sé si podré.

-No quiero presionarte. Solo si te apetece.

-Si termino mis asuntos a tiempo, tal vez.

Tengo mucho trabajo y muchos compromisos.

-Solo divertirnos. Es lo que queremos los dos, ¿no?

-Claro.

Buenos días. No lo parecen.

Vaya cara de pena trae usted, Teresa. -¿Le ha pasado algo?

No sé ni dónde está mi esposo, ni Tirso ni Cayetana.

¿Les habéis visto? -Nones.

No han pasado la noche en casa

y ni siquiera han dejado una nota ni nada.

-¿Y Edicta no lo sabe?

Dice que estaban en casa.

Que no les ha echado en falta hasta esta mañana.

-Ay, madre. Tenemos el barrio gafado.

-Ese hombre es un cafre. No me extrañaría nada

que le hubiesen expulsado del Ejército.

Estoy muy preocupada por Elvira.

-Pierde cuidado. Que seguro que el coronel

no se atreve a ponerle la mano encima.

-¿No? Ya le vi anoche en mitad de la calle.

-Eso fue por el dislate del momento.

Tu padre está muy enfadado. No ha podido pegar ojo.

Ha dicho que hablaría con la policía, que declararía contra él.

-Ramón. Qué grata sorpresa. Es la primera vez que nos visita.

-Sí, espero venir una tarde con mi esposa a tomar té.

-Sí, cuando quiera. Pero esta tarde no va a poder ser.

Íbamos a La Deliciosa,

a ver si nos contaban algo de Simón. -En realidad, quería ver aLeonor.

-¿Con mi hija?

-Sí, madre.

De hecho, me alegro que esté usted todavía aquí.

Don Ramón es la persona

que me ha comprado mi parte del yacimiento.

"Menos mal que ya se puede contar lo del yacimiento".

No entiendo por qué Leonor

ha querido mantenerlo todo en secreto.

-Allá cada cual.

Para nosotros es una muy buena inversión.

No dejarás lo de las cafeteras, ¿no? -No.

Las cafeteras son nuestro negocio.

Esto era una oportunidad que debíamos aprovechar.

¿Te preocupa algo?

-Solo Rosina.

Espero que con la excusa de ser socio

no se quede metida en casa.

-Descuida, que cada uno en su casa y Dios en la de todos.

"Cayetana".

¿Dónde está?

Se lo han llevado para hacerle unas pruebas.

¿Por qué, qué ha pasado?

Ahora vendrá tu esposo y te explicará mejor.

Fernando, ¿dónde está?

¿Ahora te preocupas por él? ¿Dónde estabas ayer?

No es tiempo de reproches, ¿qué ha pasado?

Se lo han llevado a hacer unas pruebas.

Estoy cansada, no he dormido.

Me voy. -"Me la ha entregado Casilda".

Ha llegado para ti.

-¿De quién es? -No trae remite, pero mira el sello.

Viene de Fernando Poo.

-¿Quieres que la lea yo? -No.

-No.

-¿Le sacó algo a Elena?

No. Niega que Cayetana esté detrás del intento de asesinato.

¿Y si dice la verdad?

Imposible. Está tan obsesionado con Cayetana

que es incapaz de discernir la verdad.

No, Felipe, créame que no.

Solo necesitamos que Elena confiese.

Si descubriera algo con lo que obligarla a hacerlo...

Mauro, por favor. Ya sabe que hay asuntos que no apruebo.

¿Se refiere a la violencia? No se trata de eso.

Se trata de acabar con su resistencia.

¿Cómo?

Todo el mundo tiene un punto débil.

"Debemos hablar".

-No. No quiero que me digan nada.

Tirso, el médico ha venido hace un momento

para hablar con nosotros.

Nos ha dado una mala noticia.

¿No voy a volver a ver?

-Te llevaremos a todos los médicos. Y haremos todo lo que podamos.

-No quiero quedarme ciego.

Ahora no. Todavía me quedan... tantas cosas por ver.

"¿Quieres acabar tu vida"

en un penal?

Dame el vino.

No.

No, hasta que contestes a mis preguntas.

Ya conoces la cárcel.

Mataste a tu marido y a tu cuñado. Yo mismo te detuve.

Se lo merecían.

Qué poca memoria tienes.

Los mataste para quedarte con una herencia

que acababan de recibir.

Y si no hablas, te vas a pudrir en la cárcel.

  • Capítulo 490

Acacias 38 - Capítulo 490

05 abr 2017

Burak descubre a Elvira y a Simón en el altillo. El turco regresa a la fiesta e indignado le cuenta a Arturo la relación que su hija mantiene con su mayordomo. Lolita intenta esconder a la pareja, pero Simón da la cara. Arturo responde con violencia, y está dispuesto a matarlo por la afrenta.

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