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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 489 - ver ahora
Transcripción completa

Quería avisarlas de que mañana daré una fiesta por mi compromiso

y para despedirme.

Están invitadas. Y Víctor y Ramón. "Estoy preparando"

una sorpresa. No te puedo decir más.

Será de tu agrado.

-Estoy harta de vuestros desplantes y vuestra ignorancia.

-Mira, muchacha, cuidado con lo que dices.

Una será bruta, pero es cristiana vieja.

-Vosotros sí que sois salvajes. -"Esta alegría es una pantomima".

No te vas a casar.

Veremos hasta dónde tengo que llegar. Pero efectivamente,

Ni me pienso casar ni Simón se va a ir.

-"No he venido aquí"

para seducir a nadie, y menos a tu marido.

-Sea.

Pero no vuelvas a hacer algo así. -No te sofoques.

Es menester que te concentres en lo que es importante.

"Tengo que marcharme".

Aunque se me abren las entrañas

por tener que hacerlo. Es menester que aguantes un poco.

Ya estamos al final del camino.

"¿Qué hacen las escrituras en la mesa?".

-No son tus asuntos. No te incumben. -¿Cómo que no?

¿Vendes tu parte del yacimiento? -Así es.

Pienso en montar un nuevo negocio.

-Dudo que saquemos nada a Elena. Es una mujer dura.

Le da igual pasar el resto de su vida en la cárcel.

Habrá que hacer otra cosa.

¿En qué está pensando?

Lo verá. -"Van a trasladar a Elena"

a un penal.

Como no han conseguido nada en comisaría,

intentan quebrar su voluntad en otro sitio.

Si no ha hablado ya,

no lo hará en el penal.

De su silencio depende nuestra tranquilidad.

-"Ayer vi a Mauro. A Mauro"

con Teresa.

Besándose. Detrás del quiosco.

Tú ya estabas al corriente de todo esto, ¿no es cierto?

-Sí.

-"Tienes una cara"

que asustas. Ya podrías

poner mejor cara. -Pues no, no puedo.

Ni usted tampoco la pondrá buena

cuando le cuente.

-"Te amo, Teresa".

Y sea como sea, serás mía.

Fernando.

Fernando, ¿se encuentra bien?

Sí.

Puse a juzgar por su cara, no lo parece.

¿Ha ocurrido algo?

Nada distinto a lo que son las últimas semanas,

si es a lo que se refiere.

Me refiero a su infelicidad.

No me gusta verle así. Parece tan triste...

Estoy bien.

Sus ojos no dicen lo mismo.

¿Cómo puede Teresa tratarlo así?

No lo puedo entender.

No me gusta

verle pasar ese calvario.

Usted no lo merece.

No.

No me lo merezco.

Pero Teresa no es la responsable.

¿Que no lo es?

Se lanzó a un matrimonio huyendo del pasado.

No por amor.

Y ahora se ha dado cuenta de que su huida fue en balde.

Es usted demasiado bueno. Lo que soy

es necio.

Tuve que darme cuenta de que esto iba a suceder.

Tuve que detener los acontecimientos cuando estaba a tiempo.

Pero mi amor por ella me pudo.

Y con el que yo tenía pensé que sería suficiente para los dos.

Pero me equivocaba.

¿Y qué piensa hacer ahora?

Volver a enamorarla.

Si lo conseguí una vez antes de la boda, volveré a conseguirlo otra.

¿De verdad lo cree?

Tendré paciencia.

Iré tan despacio como ella necesite.

La volveré a pretender como si fuéramos novios. Le haré un regalo.

Un collar quizás.

Eso le gustará.

Muy bien.

Mañana por la tarde les dejaré a solas. Y haré

porque todo salga bien.

Y rezaré por usted.

Gracias, Cayetana.

¿A qué vienen tantas prisas?

-Eres tan hermosa,

tan cálida...

Tenía ganas de pasar un rato contigo.

El ir de tabernas juntos se me hace poco.

Ardo en deseos de besarte,

de poseerte,

de tenerte entre mis brazos.

Has encendido la pasión en mí, Mariana.

-Y sin embargo no hemos quedado con nadie para ir de verbena.

¿A qué tantas prisas?

¿Por qué no me sirve una copa?

-Quizá no tienes el mismo interés en mí.

-Me da la sensación que más que fijarse usted en mí está tratando

de olvidarse de alguien.

-Te equivocas.

Me fijé en ti desde que entraste en la chocolatería.

-No sé si creerle.

-Es la verdad.

-La verdad es que yo sí que me fijé en usted

nada más verle contonearse por la calle Acacias.

-¿Ah, sí?

¿Y qué pensaste?

-Que no estaba nada mal.

Pero ni se me ocurrió que pudiera estar a mi alcance.

-Pues ya ves que sí.

Estoy tan a tu alcance que podrías tocarme si quisieras.

Don Felipe.

Ya le he dicho que no tengo ninguna prisa.

-Lo siento.

-No.

No lo lamente.

Hay heridas que tardan más en curar que otras.

Y yo tengo toda la paciencia del mundo.

Estaré a su lado hasta que el corazón se le sane.

Me gusta de verdad, Felipe Álvarez Hermoso.

Es tarde.

He de marchar.

-Te acompaño.

-No hace falta. Vivo muy cerca.

Buenas noches.

Leonor y Habiba están en su alcoba y no parece que vayan a salir.

-¿Estás seguro? -He estado un rato

con la oreja pegada y no se escuchaba ni una mosca volar.

Deben haberse quedado dormidas.

-Habla, Pablo. Has dicho que concernía a mi hija.

Tengo el corazón en un puño.

-Prométame que no le dirá que yo le he contado nada.

-¿Qué ocurre? Me estás asustando. -Prométamelo.

Los dos.

Le juré a su hija

que no lo contaría. Y no quiero traicionarla.

Y menos ahora.

-Sí, sí, te lo prometo. ¡Pero habla, por los clavos de Cristo!

¿Le ha pasado algo malo?

-No, no. No está enferma, gracias a Dios.

A ver.

Leonor está vendiendo su participación

en el yacimiento de oro.

-Repítelo, que creo que no te he entendido.

-Su hija está vendiendo... -¡Calla!

Entonces sí te había entendido, pero... No, no, no. Eso no puede ser.

Has entendido mal. -No, no.

No hay opción a confusión alguna. Lo sé a ciencia cierta.

-Pero para vender el yacimiento ha tenido que haber

negociaciones previas. Ha tenido que rebuscar las escrituras.

Porque estaban a muy buen recaudo.

¿Y me dices que ha hecho todas esas cosas a mis espaldas?

¡Se va a enterar!

-Rosina. -¿Qué?

-Mantén la calma.

¿Has perdido el oremus?

-¿El legado de su padre en manos de quién?

¡Pone en peligro el sustento de la familia!

-Rosina, basta ya.

Tienes que tranquilizarte un poco.

-¿Cómo quieres que me tranquilice? Ya no reconozco a mi hija.

¿A quién vende el yacimiento? ¿Quién es el comprador?

-No lo sé. Pero más que el quién a mí lo que me preocupa

es por qué. Que usted conoce a su hija.

Es sensata. No entiendo por qué

hace esto. -Yo te diré por qué.

Te juro por la Virgen de los Milagros que se lo saco a la fuerza.

Me va a dar explicaciones. ¡Ya lo creo!

-No, no. -Mi amor, mi amor.

Cariño, si haces eso, conseguirás el efecto contrario

al que deseas.

Leonor ahora está pasando un momento muy sensible.

Y si la espetas y exiges de mala manera, vas a conseguir alejarla más.

¿Es eso lo que quieres?

-Liberto tiene razón.

Tenemos que manejar esto con inteligencia.

Si encaramos mal la situación, la podemos perder para siempre.

Espero que al coronel le guste la lavanda.

-Pues claro que sí, Fabiana. Es usted muy amable.

Todos lo sois.

El Simón os está muy agradecido.

Pese a que cuenta con el servicio, sin vosotros

no hubiera conseguido una fiesta como Dios manda.

-¿Don perfecto

no puede soportar una fiestecita sin importancia?

-Pues sin importancia no es, Servando.

Es la despedida de la señorita Elvira antes de irse a tierras lejanas.

-El coronel no escatima en detalles.

Tira la casa por la ventana.

-Pues si yo hubiera sido

el mayordomo de esa casa,

lo hubiera hecho en un periquete y sin molestar a los amigos.

-Si Vd. hubiera sido

el mayordomo, habría payasos amenizando el convite.

(CASILDA RÍE)

Además viniendo el prometido

de la señorita Elvira de Turquía,

en lugar de disfraz de payasos habría puesto un turbante.

(SERVANDO RÍE IRÓNICAMENTE)

Reíros, reíros.

Ingratas sin corazón.

-O sensatas con cerebro, según se mire, Servando.

Y ni que a usted le hubiera molestado el Simón.

Que parece que viene a jalarse los "canapeses". Quite.

-Supervisando que esté el trabajo bien hecho.

¿Te parece poco?

-Lo que me parece bien

mejor me lo callo. Y tengamos la fiesta en paz.

-A los buenos días.

-Huy, Martín, gracias a Dios que has venido.

Hay que revisar la instalación eléctrica.

El Servando no se levanta más que a por pan.

-Enseguida lo hago. Pero antes quiero que me prestéis atención.

Alguien quiere hablar con vosotros.

El otro día no la recibisteis buenamente que se diga.

Y pese a todo quiere deciros unas palabras.

-Seré breve, que sé que andáis atareados.

Y no quiero estar más

del tiempo necesario en casa de un señor que si me viera, me echaría.

-No te lo voy a negar. Las cosas como son.

Como ese hombre te vea, nos echa a todos del susto que le entra.

-Quería que escucharais de mi boca

quién soy y de dónde vengo

antes de juzgarme y de creer que soy un perro verde

o un bicho raro de tres cabezas. Porque no lo soy.

-¿Y se puede saber quién eres?

-Alguien como tú,

Servando.

Con la piel más oscura

a lo mejor.

Pero con la misma sangre corriendo por mis venas

y el mismo corazón que se rompe igual cuando alguien le hace daño.

Vengo de una aldea de agricultores y gente humilde

de Guinea.

Aunque la verdad es que apenas recuerdo nada

del único lugar que puedo considerar

mi hogar.

Unos señores llegaron un día a mi pueblo

cuando yo era chica y se llevaron a los niños y a los hombres.

¿"Ande" se los llevaron?

-A trabajar a otro lugar.

A Fernando Poo.

Allí necesitaban

mano de obra barata.

Me separaron de mi madre.

Casi no recuerdo ya su cara.

Al principio pensé que no sería asunto tan grave,

que podría trabajar, ganar unos buenos reales para ayudar a mi madre,

para que ella tuviera mejor vida que yo.

Pero los señores de la plantación

pagaban tan poco que apenas me daba para enviar nada.

Al final me daba

para vivir.

La vida allí era horrible.

Trabajábamos de sol a sol.

A nadie le importaba si caíamos enfermos

o si teníamos heridas en las manos y no podíamos faenar.

Ni siquiera pude salir de allí cuando enfermó mi madre.

Así que no sé cómo serán vuestros señores aquí,

pero no creo que disten de mis señores

de allí.

El mundo no debía dividirse entre negros y blancos,

sino entre ricos y pobres.

Entre los que dan las órdenes y los que las obedecen.

La verdadera diferencia

está en el dinero.

Y que yo sepa, ni vosotros ni yo

tenemos ni un real.

-Creo que hablo en nombre de todos cuando digo:

"Lo siento, Habiba".

No nos hemos portado bien contigo.

-Más bien no.

-Malamente te hemos tratado.

Acepta nuestras disculpas.

A partir de ahora

es una más de esta familia.

-Gracias, Fabiana.

Gracias a todos.

-Será mejor

que nos marchemos, Habiba.

Como el coronel la vea aquí, arma la de San Quintín.

-Perros judíos que somos, eh. Pobre muchacha.

-¿Pobre?

¿Habéis visto el collar que lleva? Eso es de brujería o de magia negra.

-Cállese, Servando.

¿No ha escuchado las penurias por las que tuvo que pasar la pobre?

¿No se le ablanda ni un poquito el corazoncito?

-Ya, ya.

Pero... Pero... -Punto en boca.

Antes de que le rompa el centro de flores en la cabezota esa

dura que tiene. Ale.

¿"Ande" pongo esto, Simón?

-Mira, uno ahí y el otro justo aquí.

¿No te pasas un poco de picajoso?

-No.

Pero te agradezco todo lo que hacéis por ayudarme.

-Es lo menos que podíamos hacer por ti.

Ahora eres uno de los nuestros.

-Te lo que quería agradecer a ti.

Sabes lo que significa esto para mí.

-Sé que no es fácil aguantar el tipo

con el mejunje que tienes en la cabeza.

-Más bien en el corazón, que lo tengo hecho añicos.

¿Está todo listo, Gayarre?

Casi todo, señorita.

Te asegurarás de que haya copas suficientes.

Aunque vinieran el doble de invitados,

tendríamos copas para todos.

Les habrás pasado un paño para que brillen.

Lo primero que hice de amanecida.

¿Y las bebidas? ¿Están frías?

Así es. Y el mejor champán aguarda en la hielera.

Espero que todo salga como es debido.

No quiero ni un solo error. Está todo en perfecto estado

y según dictan las más estrictas normas de protocolo.

Así lo espero.

Mi prometido es una persona muy importante.

Todo tiene que estar a la altura

de su posición social y su ralea,

que no tengo claro que sepas cuál es.

Lo tengo clarísimo, señorita. Meridiano.

Estoy seguro que su futuro esposo

quedará encantado.

Pues a mí no me gusta.

Este mantel es muy feo.

Es el más indicado según el protocolo.

¡Y yo digo que te equivocas! ¿Vas a llevarme la contraria?

No,

señorita.

Pues cámbialo.

Quiero otro más elegante.

Avísame cuando esté listo.

-¿Quieres que te ayude?

-No. No, no. Yo lo haré.

-Pero vas a tener

que quitarlo todo y volverlo a poner.

Con lo apañado que te había quedado.

-No importa.

Solo espero que este día llegue a su fin.

¿Molesto? Nada de eso.

Gracias. Puedes retirarte.

Ha llegado la invitación de la despedida de Elvira.

No sé si podré asistir.

¿Y eso?

Tengo cosas que hacer.

Cosas como ir a ver a Mauro San Emeterio.

¿A qué viene esa pregunta, Celia?

Sabe que Mauro está... Mauro está vivito y coleando.

¿Qué?

¿De qué está hablando?

No trate de disimular ni de mentirme.

Yo misma lo vi con mis propios ojos.

Con usted.

Besándose

concretamente.

Detrás del quiosco.

Debería tener más cuidado,

Teresa.

Luego hablé con Felipe y me lo aclaró todo.

Así que puede ser sincera conmigo.

Parece conmocionada.

Aliviada más bien.

La verdad es que me alegro que haya sido usted quien lo ha descubierto.

Así puedo hablarlo con alguien.

Le debo parecer una enajenada.

Lo que me parece es que está usted en un buen embrollo.

Se casó con Fernando porque Mauro había muerto

y ahora regresa a la vida.

¿Qué va a hacer?

No lo sé.

Fernando es un hombre bueno

y comprensivo, pero yo no dejo de hacerle daño.

Y más daño que le va a hacer

cuando Mauro salga a la luz y se dé cuenta de que está vivo.

¿Y qué he de hacer?

¿Traicionarme a mí misma?

¿Traicionar a mis sentimientos, a mi corazón?

¿Aún lo ama?

A Mauro quiero decir.

Con toda mi alma.

Celia, cometí un error casándome con Fernando.

Fue un intento absurdo de intentar superar el duelo.

Un intento desesperado.

La mayor estupidez que he hecho nunca.

El mayor de mis errores.

Un error que no es tan fácil de deshacer.

Yo sé bien lo que es estar encerrada en un matrimonio.

No sé qué hacer, Celia.

No sé cómo manejar todo esto.

Pues tendrá que descubrir a Mauro.

No se puede estar escondiendo siempre.

¿Cree que Fernando lo entenderá?

Ha de entenderlo, es un buen hombre.

¿De verdad cree que Fernando será tan comprensivo

como para dejarla marchar con Mauro?

¿Tiene los documentos del traslado de Elena Pérez Casas?

-Sí, comisario. No quiero volver a verte por comisaría.

¿Van a encerrarla ahora? -Ahora mejor que mañana.

Cuanto antes esté en el penal mejor.

Espero que se reblandezca y quiera hablar.

Aguarda en el pasillo.

-Hasta ahora has mantenido la boca cerrada.

En ese penal te enseñarán a hablar.

-Lo dudo.

No sabe bien con quién está hablando, picapleitos.

-Está todo en orden. Inicien el traslado. Llévensela ya.

-Nos veremos pronto, picapleitos.

Hija, ¿puedo hablar contigo un segundo?

-Justo ahora íbamos a salir. -Estoy segura que serán 10 minutos.

-Son asuntos de familia, Habiba.

Mejor dejarlas a solas.

¿Te apetece dar un paseo?

Se ha levantado una cálida mañana.

-¿Qué ocurre, madre?

-A Habiba le apetecía

pasear sola.

-Ya no tienes escapatoria, hija. Basta de mentirnos.

Cuéntanos la verdad de lo que está pasando aquí.

Él no me ha dicho nada.

Pero es tu esposo.

Y creí que debía estar para escuchar lo que voy a preguntarte.

Por eso le pedí que viniera.

Estás poniendo la misma cara

que cuando rompiste el jarrón que heredé de mi madre

y no querías decirme dónde habías escondido las piezas.

-¿Qué quiere preguntarme, madre?

-¿Por qué tratas de vender tu parte del yacimiento

que a buen juicio nos dejó tu padre antes de fallecer?

-¿Cómo lo sabe? -Los abogados

me advirtieron de lo que tratabas de hacer.

Un interesado en comprarlo pidió una tasación. Pregunté a tu esposo,

pero no dijo nada por no traicionarte.

Así que te lo vuelvo a preguntar.

¿Por qué me haces esto, hija?

-A usted no le estoy haciendo nada.

Esa parte es mía y puedo hacer lo que me venga en gana.

-¿Qué te hemos hecho para que no confíes en nosotros?

-No se lo dije porque temí su reacción.

Y no hago nada malo. Trato de reinvertir el dinero en otra cosa.

-¿Qué cosa?

-¿Cómo?

-Que para qué quieres el dinero. ¿En qué lo quieres invertir?

-En un negocio editorial.

-¿Qué tipo de negocio? -Uno que no puedo explicaros,

pero que podría ir bien. -¿Mejor que una mina de oro?

-Mejor no lo sé, pero que me haría más ilusión tener seguro que sí.

-No puedes actuar por tu cuenta. ¡Somos una familia!

¿En manos de quién nos has puesto?

¿A quién le intentas vender tu parte del yacimiento?

¿Y qué negocio es ese que requiere tanta inversión?

-¡Basta ya, madre! ¡Déjelo! Le he contado

lo que quería saber. No tengo que darle

más explicaciones a usted. Y ahora me marcho.

-Leonor, Leonor. -¡No!

Habiba me está esperando.

"¿Has tenido oportunidad"

de hablar con tu esposo? ¿Hablar de qué?

Bueno, te ha preparado una bonita sorpresa.

Pero no me preguntes. No puedo decirte nada.

Conozco a esas peluqueras. Son muchos años tratando con ellas.

Van a querer vender los tintes en sus centros de belleza.

-Así Dios lo quiera. En un rato lo sabremos.

Esta tarde tenemos la reunión.

-Tintes para el pelo, Celia.

De verdad, no sé si has hecho bien en invertir

en ese disparate. -Por favor.

No es un disparate. Será un éxito.

No seas agorera. -Es una pena

que no vayan a la fiesta de Elvira.

-Bueno, quizás lleguemos antes

de que todo termine. -La echaré

de menos. Hicimos buena amistad.

-Cosa que, si me permites

la osadía, no llego a comprender.

Esa chica no es como tú, María Luisa.

-¿Como yo? ¿A qué se refiere, doña Susana?

-Recta y una buena católica. -Es simpática y divertida.

Y mi amiga. Se lo he dicho.

-Sin embargo estoy contenta

de que se case al fin. No iba bien

por el camino por el que iba.

-¡Ay, Dios! Bueno.

¿Y cómo será vivir en Turquía?

-Exótico y diferente como poco.

-Teresa,

¿va a venir a la fiesta de Elvira?

-Lo lamento, pero no puedo.

-¿Usted tampoco?

-Madre mía, al final no voy a conocer a nadie.

Teresa tiene que cuidar de Tirso. Yo voy a la ópera y no puedo.

-Usted y don Fernando están haciendo

muy buena labor por ese chico. -Sin que sirva

de precedente,

estoy de acuerdo con Trini. Son ustedes

un matrimonio modélico

y un ejemplo para esa criatura. Ese muchacho debe de estar

muy feliz con ustedes dos. Gracias, Susana.

Tirso está muy contento.

Especialmente con una excursión que harán a la sierra.

Hasta está haciendo una colección de hojas.

Y ahora, si me disculpan, se me hace tarde. He de marchar.

-Teresa, aguarde un momento. Tengo una de esas colecciones

en el despacho. Tano también hacía una. Acompáñeme.

La tengo en uno de los cajones.

¿Qué ocurre, Celia?

Felipe me ha pedido que te la haga llegar.

Es de Mauro.

(LEE)"Mi amor,

te escribo esta misiva para hacerte llegar la mejor de las noticias".

"Ha ocurrido algo que hace que todo se precipite".

"Cercano está el final

en el que por fin podremos estar juntos".

"Me gustaría verte y celebrarlo".

"Para ello he preparado una sorpresa para ti".

"Te veo hoy, al caer la tarde,

en la pérgola".

"No faltes".

"Te amo".

Gracias, Celia.

Quémela. No me gustaría que acabara en manos inadecuadas.

¿Va todo bien?

Es Mauro, que quiere verme esta tarde.

Pero no sé si lo tendré tan fácil para ausentarme de casa.

Ya. Entiendo.

Creo que el momento

de decir toda la verdad está cerca.

Pronto todo saldrá a la luz, pero

temo la reacción de Fernando.

De verdad, Servando, que no me puedo creer

que no se le ablandara el corazón con el drama de la cacao.

Bueno, Habiba quiero decir. Habiba.

-¿Por qué ablandarme? -Su historia

es bien parecida a la nuestra. -Parecida no sé en qué.

Un poblado con las chabolas de paja llenas de trogloditas africanos

no tiene que ver con mi Naveros del Río.

Un sitio de gente de bien con casas bien robustas.

Casas de piedra. -¿Se puede ser

más obtuso que usted?

-De obtuso. Más listo que el hambre de un menesteroso.

No como vosotras, que os dejáis engañar como bobas.

Parece mentira. ¿No veis que la cacao os ha echado un hechizo?

Y vosotras os lo habéis creído. -¿Un hechizo?

¿A qué se refiere?

-Antes a nadie le caía bien. A todo el mundo le daba mal fario.

Todos se reían de ella. Y ahora hasta la Fabiana la quiere adoptar.

¿Eso cómo se llama?

-Eso se llama acercamiento. Amistad. Entender que metimos

la pata hasta el fondo. -Brujería,

vudú, magia negra. Mientras os contaba esas milongas,

que seguro inventó,

os estaba echando por debajo un conjuro africano.

Y vosotras

os habéis creído esa sarta de mentiras que salían por su boca.

-Vamos a ver, Servando. ¿Cree usted que eso ha podido hacerlo?

¿Que nos ha podido hechizar?

-Claro que no, Casilda. El Servando es un mentiroso. Eso no es verdad.

-Es más verdad que la Catedral de Burgos.

-¿Y cómo nos ha hechizado? -Con el collar ese que tiene.

-¿Con el collar?

-Sí. Que lo tiene que tener lleno de raíces

y de polvo de posesión y esas cosas, que lo respiras y zas.

-Zas. -Sí. Que perdisteis la voluntad.

Que os dejasteis llevar por sus palabras.

Ahora mismo estáis en sus manos.

Cualquier cosa que diga lo obedeceréis.

-Deje de asustar a Casildica. Que es aprensiva, "rediez".

-¿Yo soy eso?

-Sí, Casilda. Que no existe ningún conjuro.

Aquí lo único que existe

es un hombre zopenco y terco como una mula.

-¿No lo dirás por mí?

-Lo digo por mi prima la del pueblo.

Cállese de una vez y ya de paso deje usted

de beber y de comer, hombre. No nos quedará

para los invitados. Márchese ya de aquí.

-Oye... -Aire, aire. Tire, tire ya.

Hombre.

¡Ay! Y tú, Casilda,

olvídate de las chaladuras de ese hombre.

¿No ves que está aburrido y no sabe qué inventarse?

Y venga, ponte con las bandejas que el Simón va a venir.

Va a empezar a servir. Va. Aligera.

(Música)

¿A qué se dedica usted en Turquía?

-A la construcción principalmente. -Qué interesante.

-Don Arturo, una fiesta excelente.

No he podido evitar fijarme en que ha previsto

hasta el último detalle. Todo a pedir de boca.

-Es mérito de mi mayordomo, hombre perfeccionista donde los haya.

Incluso más que yo. Y eso no es fácil.

Le presento al hombre afortunado

que se llevará a mi preciosa hija.

Don Burak Demir, de tierras turcas.

-Encantado de conocerle,

don Burak. Ramón Palacios, empresario también.

Aunque de tierras no tan lejanas. -El gusto es mío, don Ramón.

-Espero sepan perdonar la ausencia de mi esposa.

Tenía una reunión de negocios

muy importante. -No sé

qué le ha entrado a las mujeres para meterse en asuntos de hombres.

-No sé las demás, pero estas dos no tienen que envidiar a ningún hombre.

No me gustaría tenerlas delante

en una negociación.

Me han prometido que acudirán en cuanto acaben.

-Gayarre,

rellene las copas

y empiece a servir los canapés. -Enseguida, señor.

-Solo espero que Elvira sepa lo que se hace.

-Con ella nunca se sabe.

Lo dices por su prometido, ¿no?

-No me da buena espina.

No me gusta un pelo.

¿Tiene idea de cómo será su vida en Turquía?

-Pues no tengo ni la más remota idea,

espero que sí. No me gustaría que se arrepintiera

toda su vida.

-Estás realmente preciosa, querida.

Gracias.

No se apure. Enseguida me marcho.

Estoy esperando a Úrsula para ir a la ópera.

Les dejaré a solas para que estén tranquilos.

Se lo agradezco.

Es muy amable y lo pone todo fácil.

Bueno, eso es lo que hacen los amigos, ¿no?

He encargado un menú muy especial a Edita y lo está haciendo.

Quiero que sea una noche romántica.

Inolvidable.

Lo será. Estoy segura de ello.

(Puerta)

Estoy segura de que Teresa caerá rendida a sus pies.

A propósito,

¿dónde está? En su habitación.

Acabando de arreglarse.

-Don Fernando,

buenas tardes.

¿Está usted lista?

¿Y cuándo no lo estoy, Úrsula? Hace rato.

Le deseo mucha suerte para esta noche, Fernando.

Se la merece.

-Gracias por ayudarme, Cayetana.

No me las dé. No sea bobo.

Lo hago con mucho placer.

Doña Cayetana.

No puedo esperar

para decirle de lo que me he enterado.

Elena ha logrado fugarse.

No sabe cómo me alegro de oír eso.

¿Quieres tranquilizarte?

Como sigas en ese estado, vas a preocupar más a tu familia.

¿Eso quieres? -Claro que no.

-Cálmate. -¿Cómo quieres que me calme?

¡Estoy mintiéndoles! Traicionándoles a cara descubierta.

-Estás haciendo lo que debes hacer.

-Debo hacer que todo sea como antes. -Y eso sucederá

si seguimos con el plan tal y como lo hemos hablado.

Has de mantener la compostura y tranquilizarte.

Has de hacer un poder por disimular mejor.

Aparentar ser la Leonor de siempre.

-¿Crees que no es lo que hago?

-Has de hacerlo mejor.

Has de doblar esfuerzos.

-¿Doblar esfuerzos?

-Como yo con los criados del altillo.

Les he parloteado un poco.

Les he dicho dos palabras bonitas y otras milongas con sentimiento

y me los he ganado a todos y cada uno.

Ahora no me ven como un bicho raro.

Bueno,

todos, todos no. El zoquete y boca buzón del portero ese no.

Es hueso duro de roer.

Pero terminará convenciéndose de que soy un angelito.

Es cuestión de tiempo.

-Yo no tengo tus habilidades.

No se me da tan bien el arte del embuste,

hacer creer algo que no soy.

-Leonor,

¿sabes algo del comprador? -Sí.

Espera a que lleguen los papeles firmados.

Espero sinceramente que no haya complicación.

-No las habrá. Confía en mí.

Todo está a punto de terminar, Leonor.

Solo te pido un poquito de paciencia.

Si me disculpan un momento...

Seguro que Estambul es una ciudad maravillosa.

Lo es.

Y dentro de poco lo será más aún, cuando contemos con su presencia.

-Y dígame, señor Demir,

¿cree que las máquinas de café expreso

tendrían buena acogida en su país?

-Lo veo difícil. Están muy apegados

al café turco.

Pero nunca se sabe.

-Cómo es mi padre. No pierde ocasión para ampliar el negocio.

-Diga que sí, don Ramón.

Llevamos las máquinas de café y después La Deliciosa.

-Señor.

¿Permite un momento, por favor?

-¿Ocurre algo? ¿Algún problema?

-No. No, no, no. Ningún problema, señor.

Creo que todo está dispuesto.

La comida preparada y lista para servir.

Así que creo que el resto del servicio

puede hacerse cargo de la fiesta.

-¿Me está usted pidiendo permiso para retirarse?

-Sí, señor.

Había pensado en coger un tren esta noche. Si no salgo, no voy a llegar.

Me gustaría tener tiempo

para preparar mi equipaje.

-Lo cierto es que me desconcierta su petición.

No me cuadra esta premura con su talante.

Pero ha sido usted un buen sirviente. No voy a negarle el favor.

Marche tranquilo. Tiene mi permiso.

-Agradezco su buen trato. Y haberme dado la oportunidad de servirle.

Solo quería decírselo antes de marchar.

-Gracias a Vd. por el buen trabajo

que ha hecho en esta casa.

Nunca olvidaré su lealtad.

Me costará encontrar un sirviente como usted.

-Gracias, señor.

-Les animo a conocer mi país.

Les aseguro que quedarán maravillados.

-Es una idea muy seductora, pero me temo que es un viaje demasiado largo.

Les ruego que me dispensen.

-Faltaba más.

(Puerta)

¿Ibas a marcharte sin decirme adiós?

Me alegra que por fin hayas llegado.

¿Qué es todo esto? Es para ti

y para mí.

Le he dicho a Edita que nos deje a solas. Yo serviré.

Fernando, yo... Teresa,

ha llegado el momento de tener nuestra noche de bodas.

Siéntate.

Haz el favor.

Muchacha, ¿qué quieres?

-Tengo un recado para usted de la señorita Elvira.

-Dime. ¿Qué te ha dicho? -Se ha ausentado y me ha dicho...

-¿Qué hace aquí?

-He venido a por un poco de agua. ¿Qué le ocurre?

-No encuentro a mi hija por ninguna parte. ¿Sabe dónde está?

-Ha ido a asearse.

Sí. Es que necesitaba descansar de tanta visita.

-Eso no está bien. Tiene invitados.

-Supongo que son muchas emociones juntas.

Seguro que regresará en un momento. No se apure.

-Le espero en la fiesta. No tarde.

Debe atender a los invitados. Están aquí por los prometidos.

-Me refresco el gaznate y voy.

¿Dónde está mi prometida?

-En el altillo. Me ha dicho que suba usted en un rato.

Como en media hora.

Que tiene ella una sorpresa para usted.

-Me la puedo imaginar.

-Bueno, pues si no quiere nada más de mí, yo me voy a faenar.

-Chica, no le hable a nadie de lo que me ha dicho.

¿De acuerdo?

Y que no nos molesten en un buen rato.

Deberías regresar a tu fiesta de despedida.

Esa gente está ahí por ti. No deberías hacerles esperar.

Quería decirte adiós.

Ya me lo has dicho.

Ahora te lo ruego, márchate.

¿Y ya está? ¿Esto termina aquí?

Tú te vas a casar con Burak. Mañana te vas a Turquía.

Y yo me voy hoy de Acacias. ¿Qué esperas que pase?

No lo sé.

Mira, quizás será mejor

que olvidemos que nos conocimos, Elvira.

Y seguir con nuestras vidas.

Solo contéstame una cosa.

¿Me llegaste a amar de verdad?

Sí.

Y te sigo amando, Elvira.

Pero nuestros caminos se separan aquí.

Nuestros destinos son diferentes y nada podemos hacer para cambiar eso.

No te apures, Simón.

No voy a tratar de retenerte más.

Y tampoco voy a asediarte a preguntas

sobre por qué me abandonaste o qué es eso

que te trajo Acacias de lo que no puedes hablar.

Posiblemente esta sea la última vez que nos veamos.

Y no quiero quedarme

con el recuerdo de una desagradable discusión.

Me alegro.

Porque yo tampoco quiero eso.

Prefiero quedarme con el recuerdo de tus besos.

(RECUERDA)"Te voy hoy".

"Al caer la tarde. En la pérgola".

"No faltes. Te amo".

¿No es de tu agrado la comida?

No tengo

mucho apetito. Teresa, me he esforzado mucho

para que salga todo

a pedir de boca. Te lo agradezco, pero...

No me lo agradezcas.

Quiero que pongas de tu parte.

La cena está deliciosa y me gustaría que la disfrutaras.

Tanto como el regalo que te he preparado.

Lo mejor es dejarte llevar.

Te lo estoy pidiendo por las buenas.

No es tan fácil, Fernando. ¡Has un poder!

Esta noche terminará como debe ser.

No sé si me estás entendiendo.

Come.

Tengo una cita importante a la que no puedo faltar.

No te muevas de aquí. No tardaré.

¿De verdad pensabas que ibas a escapar tan fácilmente?

Supongo que cuando ese hombre te dio las llaves en el pasillo

pensaste que era un regalito de Cayetana, ¿verdad?

Qué equivocada estabas.

Qué sorpresa te llevarías al comprobar que detrás estaba yo.

Has tenido mala suerte, Elena.

Hasta ahora has podido mantenerte en silencio ante la policía.

Pero en esta habitación no podrás guardar tus secretos.

Aquí no.

Aquí no tengo por qué respetar la ley.

Puedo hacer lo que yo quiera.

Y nadie te va a ayudar.

Vas a confesar, Elena Pérez Casas. La duda es cómo.

Eso ya depende de ti.

¿Vas a obligarme a sacarte la verdad a la fuerza

o vas a ser buena

y nos lo vas a poner fácil a los dos?

Ambos sabemos que detrás de tu intento de darme muerte

está Cayetana Sotelo Ruz.

Quiero oírtelo decir.

Y quiero pruebas.

Me voy a mi cita.

Piensa en todo lo que te he dicho.

Ah, pues sí que va dirigida a usted. -Ya te decía yo

que distinguía mi nombre.

¿Es de Paciencia? -Espere.

A ver.

Vaya.

Siento defraudarle, pero no es así.

-Vaya. -Es de un señor que se presenta

como albacea de casa de los Velando.

-Casa de los Velando.

Pero si esa casa lleva una porra de años cerrada.

-Pretenden que no sea por mucho más tiempo.

En la carta informan

que vendrán a tasar el inmueble. Y quieren

que como portero les atienda.

-Claro. Tasar el inmueble.

-Eso estaba pensando.

En invitarte a cenar. O lo que tú quieras.

-Suena tentador.

Pero igual es pronto para darle una oportunidad.

-Mariana, esta vez será distinto.

Iré poco a poco.

Y me comportaré como un auténtico caballero.

Y sobre todo no haré espantada alguna.

-"No, Liberto".

Este problema no se solucionará por sí solo.

La situación es más complicada de lo que imaginas.

Conozco a Leonor. Y sé que solo hay una razón para su proceder.

-¿Cuál?

-Detrás de su comportamiento hay algo extremadamente grave.

Algo que ni siquiera nosotros podemos llegar a imaginar.

No dejes de amarme, Simón.

Nunca lo hagas.

"Coronel,

nuestra más sincera enhorabuena".

"¿Dónde está Elvira?".

Me gustaría darle la enhorabuena. -Eso me gustaría saber a mí.

Hace un buen rato que abandonó la fiesta.

-Pierda cuidado. Se habrá encontrado con alguna amiga

y está pegando el palique. Ya sabe cómo son.

-Sí lo sé. Siempre dando la nota.

Espero que su matrimonio le haga sentar la cabeza y madurar

de una vez. -"Está bien de dudas".

La vida es así. A veces tienes que pagar un tributo.

Y tú estás pagando el tuyo. Nada más. -No está resultando barato.

-El precio necesario.

Basta ya de lamentos.

Ahora que por fin hemos firmado

hay que seguir con lo planeado. -"¿Han visto a Elvira?".

O a Simón, el mayordomo.

-Pues no. Víctor, ¿es que ha ocurrido algo?

-Como no les encontremos, habrá una desgracia.

"Dime qué es eso que debemos celebrar".

Estoy inquieta con tanto misterio.

Que nuestra comedia está a punto de llegar a su fin. Muy pronto

voy a poder gritar que estoy vivo y que te amo.

¿Cómo es eso posible?

La mujer que intentó asesinarme se encuentra bajo mi poder.

Y no voy a tardar en sacarle toda la verdad.

Y una vez que confiese tú no tendrás que ocultarte.

Podremos hablar con tu esposo y le contaremos lo ocurrido.

"No entiendo por qué el mundo es tan injusto".

Usted ama a Teresa y ella sin embargo no deja

de darle la espalda una y otra vez.

Y por otro lado yo

me sentiría tan dichosa si pudiera entregarme a usted,

si pudiera entregarle todo mi amor...

Usted no merece tanto sufrimiento ni tanto desdén.

Si pudiera hacer algo para aliviar su dolor...

No creo que mi hija quiera abandonar ni fortuna.

No soportaría una vida nueva sin los lujos

que mi posición la brinda.

Sí. Será mejor que espere en mi casa.

Si no aparece, no habrá rincón donde puedan esconderse de mi furia.

"Simón, llévame lejos".

Deja que me marche contigo. ¿Has perdido el juicio?

¿Que huyamos juntos? ¿Por qué no?

¿No pensabas marcharte de Acacias?

Sí, sí. Pero no tenía destino fijo. No sabía

adónde ir. Y además no tengo medios

para mantenerte. ¿Crees que me importa

el dinero o las penurias que padecer si estamos juntos?

Aún estamos a tiempo de ser dichosos.

No, Elvira. No.

Estoy harto de ser un cobarde.

Le plantaré cara

y le diré cuánto te amo.

No, no. Simón, te lo ruego.

Vámonos lejos como alma que persigue el diablo. Hazme caso.

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Acacias 38 - Capítulo 489

04 abr 2017

Pablo le cuenta a Rosina que Leonor pretende vender su parte del yacimiento. Habiba se pone del lado de Leonor. Habiba finalmente es aceptada por las criadas cuando cuenta su historia en Fernando Poo. Celia le dice a Teresa que sabe que Mauro vive.

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  1. Moises Bentata

    Estimados, en el capitulo de la serie Acacias emitido el 4 de abril han inluido en uno de los diálogos un insulto : "perro judío" que creía que la sociedad española ya había erradicado de su lenguaje popular por su sentido antisemita que sólo puede despertar un sentimiento que como judio español consideraba ya superado en la España del siglo XXI. Necesito explicación y corrección sobre este lenguaje que recuerda la mayor expresión de intolerancia hacia una parte de la sociedad española. Moisés Bentata.

    14 abr 2017
  2. Ihntza

    Que intriga con leonor pobre pablo.que no me quiten a simon que es lo mas bonito de la televisión ....esta muy interesante me encanta acacias

    05 abr 2017
  3. Carmen

    Me encanta Acacias , espero que no nos dejen sin esta telenovela .

    05 abr 2017
  4. Carmen Serrano del Rey

    Espero que sigua acacias , que no nos la quiten , es mi serie preferida , además se está poniendo muy interesante . Que será la 1 , sin su telenovela acacias !!!!!!!!

    05 abr 2017
  5. Billie

    Cambienle el peinado a Cayetana,, porque lo que tiene parece un nido de gusanos. Y la serie esta mejorando mucho. Enhorabuena.

    05 abr 2017
  6. Frida Rogatky

    estoy sorprendida por la conversación de las criadas en la cocina del Coronel refiriéndose a Habiba por su origen negro yel dicho de Lolita "perros judíos"

    05 abr 2017
  7. JOSEFINA SILVEIRA BATALLA

    Por fin se está poniendo interesante

    05 abr 2017
  8. Alba

    Estupendo capítulo, emocionante, te deja deseando ver los siguientes para ver cómo se desarrolla todo. Muy buena interpretación de Elvira y Simón. Esperemos que no llegue la sangre al río. Qué será lo que le pasa a Leonor.? Para qué necesita ese dinero? Otro misterio por resolver. Estaba pensando que al coronel se le gafan todas las fiestas que da en su casa aunque tenga un mayordomo perfecto.

    05 abr 2017
  9. Olga Marquez

    Es para que le den el hijo.para pagar x él

    05 abr 2017
  10. Mabi

    Que intriga con Leonor !!! Ha de ser algo muy extremo para que siga al pie de la letra, y sin poder revelarse, ante la " autoridad" ?!?! De Habíba ...la encerrona de Rosina, Liberto y Pablo a Leonor, muy bien planteada. Ojalá Susana revierta su actitud hacia Simón, si es que se ve amenazado por el coronel, y pueda gritar que es su hijo a pesar de la " comidilla" que seria tal confesión en el barrio.

    05 abr 2017
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