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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 488 - ver ahora
Transcripción completa

Señora Elena Pérez Casas.

Me alegro mucho de verla.

Mucho.

¿Y usted?

¿No se alegra de verme a mí?

No sé si ha oído hablar de mí.

Más vale que me ayude y no intente colarme mentiras.

-No podrá relacionarme con la muerte

del comisario San Emeterio. Porque nada tuve que ver con ella.

-Seré yo quien decida retomar relaciones con mis amistades.

Es que no se imagina lo mucho que me agobian sus preguntas sobre la fuga.

-Hija, si lo hacen con su mejor intención.

Quieren que te sientas acompañada,

arropada, quieren que sepas que cuentas con ellos.

-Pero es que a mí recordar me duele mucho.

Me ahoga.

"Si enviáramos dinero"

a un abogado, pronto se sabría nuestra vinculación.

De todos modos pierda cuidado.

Como ya le he dicho, Elena está acostumbrada

a tratar con la policía. Sabrá aguantar los interrogatorios.

Es una profesional. -"He conseguido"

cerrar el trato. Ha puesto una condición.

La otra parte quiere tener la misma capacidad de decisión que mi madre.

-Conseguiremos manejarlo. -Quizá.

Pero a costa de discusiones.

-Hubiera preferido encontrarla muerta. Al menos

podría seguir soñando

con que alguna vez me quiso.

-Ya que clamas por una charla sincera,

hubiera preferido que no existieras.

-"Me la tomaré".

Pero en otro sitio.

Y siempre que cuente con tu compañía.

¿A qué hora sales? -En una hora más o menos.

-No se hable más.

En una hora te recojo. -"Elvira va a dar"

una fiesta para despedirse del vecindario antes de su boda.

Y la organizará usted. No confío en nadie más.

-No, no, no. Insisto, señor.

No me es posible retrasar mi marcha.

¿Ni siquiera si te lo pido yo?

Ayúdame, Simón.

Cuánto te he echado en falta.

Cuántas ganas tenía de besarte, de abrazarte, de tenerte.

Yo también, amor mío.

Cada día al despertar lo primero que pensaba era

si volvería a verte, si aparecerías.

Debo proteger nuestro secreto.

Lo sé.

No se me olvida, pero eso no quita que yo desee verte.

¿Has tenido problemas tras el viaje?

Problemas no, pero

la situación con Fernando es insostenible.

Me duele verle sufrir.

Él no se lo merece, no es culpable.

¿Te ha exigido algo?

Tiene sus arranques de orgullo

y de deseo, supongo.

Él me quiere y no puedo reprocharle nada.

Muy pronto acabará tu suplicio.

Mauro, prométemelo.

No puedo aguantar más mi vida en esa casa.

Pero lo que más me duele es hacer daño a Fernando.

Me siento sucia

y culpable. No.

Yo le di el sí, yo me casé con él, Mauro.

Tú no sabías que yo estaba vivo.

Pero eso no es excusa.

Fernando no merece sufrir

solo porque yo me sintiera tan sola que ya todo me daba igual.

Si no salgo pronto de esa casa,

terminaré odiándome a mí misma.

Mi amor, aguanta un poco más.

La policía ha detenido a Elena Pérez Casas.

La están interrogando.

Y en cuanto confiese, podré salir a la luz.

Y vendré a por ti.

Que sea cuanto antes, por favor.

No lo dudes.

Apenas consiga mi objetivo, correré a buscarte.

Solo ante tus brazos estoy tranquila.

Me siento pura e inocente.

No tardaremos en reunirnos.

Para siempre.

Me quedaría el resto de la noche.

Algún día no tendremos que separarnos.

Permaneceremos juntos todo el tiempo.

Espero que ese día llegue pronto.

Se me parte el corazón cada vez

que me alejo de ti.

Quédate a mi lado un minuto más.

No puedo, Mauro.

Después de ese minuto vendría otro.

Pasarían horas.

Y sería la misma desazón

al marcharme. Pronto no tendremos

que escondernos. Te lo juro.

No hace falta que lo jures.

Sé que es así. Es nuestro destino.

Pase lo que pase

juntos

para siempre.

No me cabe duda.

Tengo que marcharme, aunque se me abren las entrañas por tener

que hacerlo. Es menester que aguantes un poco.

Ya estamos al final del camino.

Adiós, mi amor.

Contaré los minutos que faltan para volver a verte.

Estoy convencido de que así será.

A mí me ocurre lo mismo.

No dejaré de pensar en ti ni un solo segundo.

Adiós, mi amor.

¿Aún así?

Deberías de acostarte.

Mañana tenemos tarea. -Pierde cuidado. Estoy descansada.

-Estás de suerte.

Yo no me encontraba tan fatigada desde la isla.

-Déjate de pamplinas, Habiba.

No vengo a hablar de cualquier cosa.

No te consiento que provoques a mi esposo

con tus insinuaciones. ¿A qué vino

dejar la puerta abierta mientras te cambiabas?

-Yo no le obligué a que mirara. -Habiba, no me confundas.

Mi Pablo no es de tu interés.

No me creo que fuera un descuido. -Claro que no lo fue.

Si dejé la puerta abierta,

lo hice a sabiendas de que Pablo iba a pasar.

-¿Cómo eres tan lagarta? -¡Sosiégate!

Todo tiene una explicación, y no la que piensas.

-No entiendo a qué viene exhibirse.

-Estoy velando por nuestros intereses.

Necesitaba aplacar las sospechas de Pablo.

Lleva unos días poniéndome en duda

y necesitaba convencerle de que lo que le conté

era así. -¿Por eso mostrarte en cueros?

-¿De qué otra forma le voy a enseñar las marcas que cruzan

ni espalda?

Solo quería que por un momento se imaginara por lo que pasamos.

Que viera con sus propios ojos las vejaciones que he sufrido.

-¿Y no hubiera bastado con contárselo?

-Créeme,

es la única forma de que tu esposo deje de hacerme preguntas incómodas.

-No puedo evitar tener dudas

sobre lo que dices. -Tus celos no tienen ningún sentido.

No he venido para seducir a nadie, y menos a tu marido.

-Sea.

Pero no vuelvas a hacer algo así. -No te sofoques.

Es menester que te concentres en lo que es importante.

-Aún tengo que coger las escrituras del yacimiento.

-¿Ya sabes dónde las guarda tu madre? -Sí.

En la caja fuerte. -Hazte con ellas.

Debemos llevarlas al notario para formalizar la venta.

-Quiero que esto acabe.

-Pues aplícate en tus tareas y terminará.

-Y que Pablo no sea problema

entre nosotras. -Eso no tiene por qué suceder.

-No tiene por qué suceder si tú

te mantienes alejada de él.

-Procuraré hablar lo menos posible con Pablo.

-Se tiene que mantener alejado

de nuestros planes. Y si alguien debe aclararle algo,

esa seré yo. Aunque no creo que lo haga.

Ni se lo merece ni lo puede exigir.

Son excelentes estos puros que ha traído de su tierra.

-Me alegro. Un negocio que quiero empezar es la importación de tabaco.

-No pierde usted el tiempo. -Ya sabe.

El que no nada se lo lleva la corriente.

-Pues espero que pueda encontrar un momento para acudir a la recepción

que ofrecerá mi hija.

Me haría mucha ilusión que estuviera.

-¿Cuál es el motivo del ágape? -Aunque acabamos de llegar,

Elvira ha hecho algunas amistades.

Y ya sabe lo pesadas que son ellas

para estas cosas.

Padre, afortunadamente la mayoría de personas son más sociables que Vd.

El caso es que quiere despedirse de los vecinos antes de embarcar

con usted hacia Estambul.

Es lo menos que podemos hacer. Sería una descortesía

dejar el barrio a la francesa. Pamplinas.

-Diga que sí. Nunca está de más

hacer una fiesta. Estaré encantado

de acompañar a mi prometida.

Me hace muy feliz que acuda.

Ese es mi mayor interés,

que se sienta bien.

-Elvira, déjanos solos, por favor. Debemos tratar

algunos asuntos

que no te conciernen. Como usted quiera, padre.

Les dejo solos para que puedan hablar.

No deja de extrañarme el buen talante de mi hija

estos días. Nunca pensé que sería todo

tan fácil. -No entiendo el mal concepto

de su hija.

-Eso es porque no la conoce tan bien como yo.

Me sorprende que haya aceptado

la boda de tan buen grado. -No tengo queja

de ella. Es una mujer encantadora. -Puede que sea su influencia

la que la está haciendo cambiar.

-Sea como sea, estoy satisfecho con el devenir

de los acontecimientos. -Me gustaría revisar los acuerdos

a los que hemos llegado.

-¿Es necesario? Estamos entre amigos y caballeros.

-Sí, lo somos. Pero nunca está de más

dejar las cosas claras. Quiero que mi hija reciba su dote.

-No se preocupe.

Voy a ser muy generoso en eso.

-Espero que generoso signifique lo mismo en nuestro país

que en el suyo. -Quizá más.

Le aseguro que quedará muy satisfecho

en ese aspecto. -Si no dudo de su generosidad.

Pero me gustaría cuantificarla en pesetas.

-Por supuesto que sí.

Veo que es usted un negociador implacable.

-Solo intento proteger mis intereses. Es bueno afianzar una posición.

Cuando quiera empezamos.

(Puerta)

Mauro, ¿qué hace usted aquí?

Pase.

Es una imprudencia que salga a plena luz del día.

Tenía que hablarle.

Quedamos en que iría a verle. No podía esperar.

Es un irresponsable.

Puede echarlo todo a perder.

No se ofusque. He tenido cuidado

de que nadie me vea.

No debería ser tan confiado.

Tengo que saber cómo van las cosas por comisaría.

No hay novedades.

Elena Pérez Casas sigue sin decir ni "chus" ni "mus".

Y dudo que vaya a hacerlo. Era de esperar.

¿Y qué quiere que le hagamos?

Debe insistir al comisario para que apriete las tuercas

a esa delincuente. A los detenidos hay que motivarlos para que hablen.

No tomará bien que le ambiente la plana.

Hay que esperar que algún acontecimiento

la obligue a confesar. ¿Y si nada cambia?

Yo no puedo esperar tanto.

Es urgente que hable.

Está bien.

Hablaré con el comisario. A ver si puede utilizar métodos

más expeditivos con ella. Aunque lo dudo.

Mientras esperamos a que Elena hable

Teresa vive un infierno

en su casa. Me consta que es así.

No puedo dejar que siga atrapada en ese matrimonio.

Mauro,

le voy a ser sincero.

Dudo que le saquemos nada a Elena.

No con los métodos que están empleando.

Es una mujer dura

y fiel como un perro.

Le da igual pasar el resto

de su vida en la cárcel.

En ese caso habrá que hacer otra cosa.

¿En qué está pensando?

Ya lo verá.

Vámonos.

Este país va camino del desastre.

Estos políticos

van a acabar arruinándonos a todos. -Y que lo diga.

Menuda panda de mangantes.

-Todo ha ido de mal en peor desde que Azcárraga cesó como presidente.

-A mí el Sagasta este

no me gusta ni mucho ni poco.

Debería haber formado gabinete

hace 24 horas y todo sigue

sin nadie que se haga cargo.

-No hay que echarle la culpa de todo.

Han sido los de la oposición lo que no le ayudan

en su nombramiento. -Claro.

Todos van a su avío.

Lo que pase les trae al pairo. -Mira, en eso

estoy totalmente de acuerdo contigo.

Las negociaciones son infructíferas porque ninguno cede,

aunque sea por un bien mayor.

-Y si no, ¿qué va a pasar?

-Que se convocarán elecciones.

-Si este país no cambia, y me temo que no lo va a hacer,

me barrunto que todo seguirá como siempre. Qué aburrimiento.

-Tampoco te creas, eh. Estamos en un momento apasionante de cambio.

-Me va a perdonar, pero yo

tengo que seguir con la faena.

A los pobres nos da igual quién gobierne.

Nos dan los mismos palos. -Ya.

Entonces me voy al Ateneo,

a ver si encuentro contertulio que le interesen estos temas.

Esta mañana se ha levantado más bien tarde.

Me gustaría pedirle algo.

-Dime.

-Que me dejara arreglar el patinazo

del otro día. Metí la pata hasta el corvejón

cuando me puse a imitar a su gente.

-No importa.

Parece ser que aquí estáis hechos todos de la misma pasta.

Y ya estoy harta de vuestras miraditas y de vuestros juicios.

-Mi intención no ha sido ni molestarle ni faltarle

al respeto. -Bien que te luciste.

Sé que soy diferente para vosotros.

Pero ocurre exactamente al revés

y yo no os trato ni con extrañeza

ni con desprecio.

Ya hemos hablado de esto.

Sois todos iguales y punto redondo.

-Habiba,

de verdad que me apena que nos meta en el mismo saco a todos.

Nosotros somos distintos.

-¿Sí?

¿En qué os distinguís?

-En nosotros puede confiar.

-No me creo tal cosa de tu mujer.

-En eso se equivoca.

Mi Casilda no tendrá mucho mundo,

pero tiene un corazón que no le entra en el pecho.

-Será verdad si lo dices.

Pero no soy la que pone en duda a los demás.

Son ellos los que desconfían de mí desde que puse

un pie en este barrio.

-Sí. Pero es porque no la conocen. Si usted hiciera el esfuerzo

por integrarse, todo sería más fácil. La podemos ayudar.

-¿Por qué yo un esfuerzo?

Son ellos los que no me han tenido respeto.

-No tire la toalla.

Juntos podemos abrir los ojos a los demás.

-Te lo agradezco,

pero no pienso mover un pelo por ese menester.

No necesito a nadie.

-Si viniera conmigo a Acacias, todo se solucionaría.

Solo le pido eso.

Un par de horas.

Aún no me has contado por qué Elvira lloró en tus brazos la otra tarde.

-No la hacía a usted tan cotilla. -No es cotilleo.

Es que me preocupó verla con semejante disgusto.

-Ya se lo contaré más adelante. No es momento ni lugar.

Aunque no debería darle importancia. Son asuntos de señoritas.

(TRINI RÍE)

Buenos días. -Buenos días.

-¿Qué van a tomar?

Les aviso que cualquier cosa será poco

para mi amor y mi futura suegra.

-Ponnos un par de cafés que hagamos uso de la máquina

de mi esposo. -Muy bien visto, doña Trini.

Se lo sirvo

sin azúcar. Me empalagan con tanta belleza.

-¿No me digáis que no hacen una pareja más maja que las pesetas?

-Muy apañados. -Marchando dos cafés.

Que no falte de nada en esta mesa.

-Lo de Susana no es de extrañar.

Sé que es una siesa. ¿Pero a ti qué te ocurre, Celia?

-Nada.

Ando desde ayer

un poco descompuesta. -Reza porque no sea la gripe.

Peor que la peste. Al que le toca se lo lleva.

-Por Dios, Susana, no digas enormidades.

Con su permiso voy a sentarme con ustedes.

Y sin él también, por supuesto. -Claro.

Quería avisarlas de que mañana daré una fiesta

por mi compromiso y para despedirme de los vecinos.

Están invitadas. Y Víctor y don Ramón.

-Hija, nos va a venir de perlas. Hace mucho que no hacemos fiestas.

Y nos conviene alegrarnos.

Mi plan es marcharme con mi prometido cuanto antes.

No quería hacerlo sin decir adiós.

Bueno, pues cuenta con todos nosotros.

Menudos somos. Como para perdernos un sarao.

-Yo no tengo mucho ánimo.

Pero haré un esfuerzo. Y yo se lo agradezco de corazón.

-¿Y cómo es que ahora que se va vuestro mayordomo

hacéis una fiesta?

Simón no se ha ido. Mi padre le ha convencido para que nos preste

este último servicio.

-Elvira, ¿me acompañas a elegir unos dulces?

Por favor. Por supuesto.

¿Hasta dónde pretendes llegar con esto?

Toda esta alegría no es más que una pantomima.

No te vas a casar.

Veremos hasta dónde tengo que llegar.

Pero sí, efectivamente. Ni me pienso casar ni Simón se va a ir.

Casilda, ¿puedes traerme un poco de agua?

¿Dónde se habrá metido esta mujer?

¿Por qué has pedido una tasación del yacimiento?

¿Qué hacen las escrituras ahí?

Leonor, te ruego que me contestes. No sé lo que está pasando aquí.

-No son tus asuntos.

No te incumben. -¿Cómo que no?

Soy tu esposo.

¿Por qué piensas en vender tu parte del yacimiento?

¿Es lo que preparabas?

-Así es. Estoy pensando en montar un nuevo negocio.

-Lo que no entiendo es por qué haces todo esto a mis espaldas.

-Porque es lo mejor.

Mira, Leonor, una cosa es que estemos distantes,

que no me perdones todo lo que has tenido que pasar,

que me guardes rencor. Vivo con ello.

Lo que no entiendo es por qué

perdiste la confianza en mí. -No puedo hacer

que sea de otra forma.

-Tú eres mi esposa.

Además de tener la potestad legal... -¿Qué?

-Necesito saber que cuentas conmigo. -Las cosas

ya no son como antes.

No puedo explicarte lo que me ocurre.

-¿Sabe tu madre qué haces?

-No lo sabe y no tiene que enterarse.

-Pues deberías decírselo.

Si no confías en mí, hazlo en ella.

-No. De ninguna forma. Esto no puede

salir de aquí.

-Si no se lo dices tú, se lo diré yo.

-No lo hagas

si quieres que recupere la fe en ti.

Más vale que te calles.

Por el bien de todos, espero que lo entiendas.

-No me gusta que me amenaces.

Mira la de hojas que he encontrado.

Las he clasificado por su forma como me enseñó.

Mire.

Esta es "pandurada" y esta es "palmatifida".

Has hecho un trabajo admirable en muy poco tiempo.

Es que las plantas me gustan más

que las matemáticas. De mayor me dedicaré

a estudiarlas.

-¿Cómo van las lecciones?

Muy bien. Tirso es muy aplicado y aprende muy rápido.

Cuando quiere.

Sí. La verdad es que es impresionante.

La de nombres que ha aprendido para algo tan sencillo

como las hojas de los árboles. Lástima que no sirvan

para gran cosa. -No se crea.

Es útil para conocer el tipo de árbol.

Mire, le voy a regalar

una hoja "reniforme"

que tengo repetida.

Qué bonita.

¿Sabes lo que voy a hacer?

Voy a ir a los Jardines del Príncipe

a ver si veo el árbol al que pertenece.

Aunque creo que lo que hiciste es arrancarla

del balcón.

Me alegra verte tan entusiasmado con las ciencias.

¿Has aprendido ya a usar

la brújula que te regalé? -Ya le digo. Con ella

es imposible que me pierda. Vaya adonde vaya.

La utiliza hasta para ir

al quisco. No eres el único que lo pasará bien

estos días. También tengo planes

con Teresa.

No es exactamente una excursión,

pero que lo pasaremos bien.

¿A qué te refieres? ¿Por qué dices eso?

Te preparo una sorpresa.

No te puedo decir más.

Será de tu agrado.

-Me duele la tripa.

He comido demasiados buñuelos en el desayuno.

Vamos a la cocina a que te prepare una tisana.

Deberías ser más comedido con los dulces.

Si no me duele nada.

¿Se puede saber por qué mientes?

Porque uno es pequeño, pero no pierde ripia

de nada. Me he dado cuenta

de que todo lo que me contó ayer tiene que ver

con don Fernando, ¿verdad?

Es a él al que teme hacerle daño.

No pases pena. Son asuntos

de mayores. Y no te metas en camisas de once varas.

Quiero que sea tan feliz

como yo.

¿Te ocurre algo?

No. Nada.

Estoy fetén. Vamos a seguir con las hojas.

Como quieras.

Les he preparado unas galletas

que se van a morir del gusto.

Medio kilo de manteca me he dejado en prepararlas.

-Sí que tienen buena pinta esas galletas.

No va a quedar ni una.

-¿Y qué tanto dispendio? A mí me da

que tantos lujos tiene que ser por algo.

-No se le escapa a usted una, señora Fabiana.

Pues sí. Son para agasajar

a una invitada que tenemos hoy

en el altillo.

Habiba.

-Ya me olía yo que había gato encerrado.

-Esto no ha sido buena idea, Martín.

Mejor será que me marche. -No, no. Aguarde un momento.

Para marcharse con viento fresco

hay tiempo.

-Ande, pase sin miedo.

Que aquí no hay más que buenos sentimientos

y gente bondadosa.

Somos todos

mucho más nobles que todos los señores juntos.

-Me marcho. No tengo por qué aguantar estos desplantes.

-Me he apartado porque hay una tabla suelta en el suelo

y la silla cojea.

-Anda, Lolita,

sírvele una taza de achicoria.

¿La ha probado alguna vez? Le va a encantar.

-Lo dudo. Acostumbrada al café de mi tierra

no tendrá tanto sabor.

-Menudas ínfulas.

En su pueblo atan los perros

con longanizas. -No.

Pero tenemos todo el café. -Haberse quedado allí.

-Las galletas, venga. -Sí.

-Venga, vamos a tomarnos unas galletitas,

que seguro que son

del gusto de todos.

-Veremos lo que dice la señorita del pan "pringao".

Igual no come porque lleva manteca. -No acostumbramos

a comer cerdo. -Salvajes.

Del cerdo son buenos hasta los andares. Voy a poner

una vela a la Virgen por vuestra salvación. Que seguro

que coméis personas. -Fabiana, no hable así.

Habiba no es de esos. Está civilizada.

-¡Estoy harta de vuestros desplantes!

-Mira, muchacha, cuidado con lo que dices.

Una será bruta, pero es cristiana vieja.

-Con su pan se lo coma.

Vosotros sí que sois salvajes.

-Menudo papelón hemos hecho.

-No sé por qué la habéis traído.

-Nosotros queríamos darle la oportunidad de conocernos

y que se sintiera una más.

Y vosotros os habéis comportado como ceporros.

-Tú hazte amiga suya, que ya verás como te va.

A saber lo que ha dicho al marcharse.

Para mí era una maldición.

-Huy, no diga usted eso.

Que estas saben de brujerías y todas esas cosas.

A uno en Cabrahigo le echaron mal de ojo y se le murió el pollino.

-No lo tratarían bien.

Que en tu pueblo son muy brutos, Lola.

-Si lo trataba mejor que a su hijo.

Pero se le despeñó.

-Dejaos ya de sandeces.

Habiba es una buena mujer.

Pero nadie le ha dado la oportunidad. -Y un cuerno.

A ti más te valdría rezar.

Esa...

Esa nos ha echado a todos un mal de ojo. Seguro.

-A rezar

y a tocar madera.

Que eso es más cierto como que es de día.

Anda que andamos listos. A ver cómo nos quitamos este mal fario.

Leche.

¿Cómo se encuentra Tirso? ¿Sigue indispuesto?

No. Fue un malestar momentáneo.

El niño ha pasado por muchas emociones estos días.

Espero que sea así. No me gustaría

tener que cambiar los planes

para los dos.

Está muy bueno este te.

Lo traen directamente de Londres.

Teresa, tengo que confesarte que me escuece que muestres

tan poco interés por la sorpresa

que te preparo.

Lo hago para mantener la intriga.

Si sigues hablándome de tus planes,

terminaré descubriéndolos. Si apenas te cuento nada.

Si quieres, podemos hablar un poco de ello.

En otro momento. Ahora, si me disculpas, me voy a ir

a descansar. Estoy fatigada.

Te encuentras indispuesta como Tirso.

Qué casualidad, ¿no?

¿A qué viene esto, Fernando? No quería incomodarte con mi malestar.

Espero que tus evasivas no sean porque te dé pereza hacer planes.

No me gustaría que así fuera.

Te ruego un poco más de paciencia y comprensión.

¿Paciencia? ¿Más?

A mi lado el santo Job

parecería la imagen del desasosiego.

Pero tendré más paciencia si es lo que quieres.

Lamento haber oído la conversación que ha tenido con su esposa.

No he podido evitarlo.

Definitivamente

Teresa tiene suerte de tenerle a su lado.

Agradezco sus palabras.

Es una lástima que ella no lo aprecie.

No merece que le trate de esta guisa.

Gracias, Cayetana.

Es reconfortarte que alguien se dé cuenta

de mis sacrificios.

Es usted un hombre admirable.

(Puerta)

(LEE)"Debo contarle algo".

"Úrsula".

-¿Va todo bien?

Sí. Sí, sí. Es solo que debo atender

un asunto.

Ven conmigo. Debo escribir una nota y quiero que la mandes.

Echa sin miedo, mujer, que no me va a hacer daño una copa

de coñac. -No tiene usted mal beber.

Ayer tomó unas cuantas.

-Pero no lo pasamos mal, ¿no?

-A decir verdad, nunca me he reído tanto.

No sabía que un abogado

pudiera ser tan sandunguero.

-Hoy podríamos ir a algún baile.

-No sé. No quiero que piense que una anda

todos los días de jarana por las tabernas.

No se confunda. No soy

ninguna descarada que se va

con el primero que llega. -No pienso eso.

Me gustaría disfrutar de tu compañía.

He comprobado que me hace mucho bien.

-Ni que una fuera ahora el remedio

de una botica. -Eres mucho más que eso.

¿Vamos a vernos hoy?

-No sé. Que luego a la hora de madrugar voy muerta.

-Vamos, no te hagas la remolona.

El rato que pasamos ayer juntos

me supo a poco. Un poquito más.

No se hable más.

Cuando termines de aquí

te paso a recoger.

-Mire que es usted tozudo.

Está bien. Pase a buscarme.

Si me promete que nos recogeremos pronto.

-A la hora que me digas.

-Pues no están nada mal los tratos que salen con las peluqueras.

-Así es. Parece que el negocio de los tintes está causando furor.

-Menudo ojo tenía Consuelo para los negocios.

Te va a hacer de oro con todo esto.

-Hay tanto que agradecer a mi madre...

-Será sinvergüenza.

Anda que no hay cafés en los que tontear que tiene que venir

a La Deliciosa.

-No. Puede ir adonde le plazca.

Verle aquí no me produce ni frío

ni calor.

Ne agradaría saber que se está recuperando

y que tiene compañía.

-Eres demasiado buena.

-Lo que pasa es que Felipe no sabe estar solo.

Me quedaría más tranquila si supiera que tiene una mujer que le quiere

y que le cuida.

-Pues yo no es por chinchar,

pero a juzgar por cómo se miran

y cómo se ríen, ya la ha encontrado.

-Pues mejor para él.

-Anda,

vámonos.

Tampoco tenemos por qué estar contemplándoles

como dos pasmarotes. -Sí. Tienes razón.

No quiero que piense que trato

de aguarle la fiesta. -Venga.

¿Qué le parece este vestido

para la fiesta de Elvira

-Muy bien. Pero te pongas lo que te pongas,

vas a resultar

la más bonita de la recepción.

-No puedo hacerle caso.

Eso es pasión de padre.

-La verdad es que tengo sentimientos encontrados

con esa fiesta.

Por un lado me alegro que don Arturo haya podido conseguir

encarrilar a su hija, pero por otro lado

lamento mucho su marcha. Sé a ciencia cierta que os estabais

haciendo buenas amigas.

(Aplausos)

Supongo que tú también lamentarás

mucho su marcha, ¿no?

¿Estoy en lo cierto o no estoy en lo cierto?

-Sí.

Supongo que sí.

-Muy buenas. ¿Cómo va la tarde?

Don Ramón. -Bien. Estupendamente.

Pero mucho me temo que tu prometida anda por las tierras de Babia.

Supongo que a ti te hará

más caso. Si no, andas listo.

Me voy a la estafeta

a ponerle unas letras a Antoñito. Hace mucho que no sabemos de él.

A ver si allí consigo que alguien me escuche.

-¿Qué le pasa a tu padre?

-Si tiene razón el pobre. No le prestaba

la menor atención.

Pero estoy con el alma en vilo. -¿Por qué?

¿Qué te preocupa? -Elvira.

No sé exactamente qué está planeando. La conozco

y estoy segura de que será algo muy gordo.

No tengo duda de que no se marchará con el turco.

-Eso es imposible. Si está todo hablado. Ha aceptado.

-Pues algo buscará para romperlo.

-Sí que está bien el barrio. Leonor que ayer no salió

ni a saludarnos. Habiba que no nos aguanta.

Pablo con cara de funeral.

Ahora me cuentas esto. -Este barrio es un sin vivir.

Si lo de Elvira es malo, lo de Leonor es peor.

Apenas sale. Y cuando lo hace, siempre es

acompañada de Habiba. -Bien esquivas.

No hay quien les saque una palabra.

Yo supongo que Pablo nos mintió cuando dijo que se había arreglado.

-Hay algo raro en todo esto.

Y lo peor es lo que sufren nuestros amigos.

Hay que ver. Con lo que se querían y ahora pasando

por esto. -Dios quiera que no nos pase nunca.

-Pues claro que no.

Nosotros vamos a amarnos siempre.

Pase lo que pase.

La próxima vez que tenga algo que decirme

venga directamente. No tenemos tiempo que perder.

No hay que correr

riesgos innecesarios.

No quería presentarme sin avisar como ayer, por eso envié la nota.

Déjese de zarandajas y formalismos. Dígame qué ha pasado.

Se trata de Elena.

Sigue en comisaría detenida,

pero según he podido averiguar el nuevo comisario no le ha podido sacar

ni una palabra.

Sabía que a esa no le faltarían redaños.

Muy difícil lo van atener para sacarle dos palabras seguidas.

Muy bien. Eso está muy bien.

Pero no entiendo sus prisas por contármelo.

No veo ninguna novedad en lo que me dice.

Es que hay algo más.

Van a trasladar a Elena a un penal. Y esa noticia

no es tan buena.

Es injusto. No tienen nada contra ella.

Es un abuso de poder. Sí, es posible que se extralimiten,

pero lo que yo le diga,

usted lo va a ver.

Como no han conseguido nada en comisaría

van a intentar quebrar su voluntad en otro sitio.

Si no ha hablado ya, no lo hará por mucho que la amedrenten

en el penal. De su silencio dependemos.

Si aguanta unos días más, y estoy segura que lo hará,

la policía muy pronto no tendrá otro remedio que soltarla.

Tengo muchas ganas de verla en persona.

¿Qué tiene que tratar con ella?

Nada.

Solo quiero darle las gracias por lo que ha hecho.

La mantendré informada de lo que ocurra.

Sí, por favor.

Si tiene alguna otra noticia, corra a contármela.

(Puerta)

Usted aquí.

-¿Ves a lo que me obliga tu presencia

en este barrio?

A entrar por la puerta de servicio.

-Eso, que yo sepa, no es delito.

-Pero sí una deshonra.

Tenía que hablar contigo sin encontrarme con Arturo y su hija.

No sabría cómo justificar esta conversación.

-¿Y qué quiere ahora? Ayer ya nos lo dijimos todo.

-Ayer me dijiste que te ibas

y sigues aquí.

He venido para decirte que es la última oportunidad que te doy.

Contaba con que te habrías ido

y sigues aquí.

Mi paciencia se ha terminado.

-Pues habrá de buscarla. Hasta mañana no podré partir.

Y el primero que no quería estar en ese ágape era yo.

-Sé que tenéis fiesta. Dos minutos después

de acabar tu tarea debes salir a escape de aquí.

-Créame que lo haré con mucho gusto.

-Me da igual cómo, siempre y cuando

desaparezcas de Acacias.

-Me da usted pena.

¿Ni con todo lo que le dije ayer va a moderar su actitud?

No le importa nada de lo que he tenido que pasar. ¿Tan fría es

que no le importan los sentimientos de su propio hijo?

¿Cree que me dejaré amedrentar

por usted?

Está muy equivocada.

-¿Me quieres decir que te vas a echar atrás?

-No, no, no. Por supuesto que me voy a ir. Pero no por sus amenazas.

Es porque... Porque me asquea verla.

-Mide tus palabras, mayordomo.

Me debes un respeto. -Yo a usted no le debo nada.

¡Salga!

-Me dan igual tus desplantes.

Solo quiero que desaparezcas

de Acacias. -Pierda cuidado.

No volverá a verme más.

Venir a buscarla ha sido el mayor erro de mi vida.

Fuera.

Me alegro de verle por aquí. Que esta casa sin usted

es una vaca sin cencerro.

-Celia me ha mandado llamar.

¿Tú sabes por qué?

-Pues no. Una es la criada y hace lo que le mandan.

Y escucha lo que puede. Pero hoy no he oído nada.

-Es normal que no sepas nada.

De cualquier modo, pronto me enteraré.

-Ya verá como son buenas nuevas. ¿Le preparo algo para tomar?

-No. Solo quiero ver a mi esposa.

Bueno, a la que fue mi esposa.

-Voy a avisarla.

-Lolita, déjanos a solas.

-Celia, me alegro que me hayas hecho llamar.

Siempre dispuesto a hablar.

-Por Dios, Felipe. Basta ya de hipocresía.

No te permito que te entretengas conmigo.

-¿Qué es lo que pasaba?

-¿Piensas hablar en serio o me tratarás como a una idiota?

Deberías de animarte.

-¿Qué?

-Que con esa actitud no conseguirás nada.

Solo la paciencia puede ayudar a tu mujer.

-No puedo.

No me da el magín para entender lo que le está pasando.

-Entenderás todo en su momento.

Dale tiempo.

El día menos pensado

volverá a ti.

-No sé por qué dices eso.

Nada me hace pensar que vaya a cambiar de actitud.

No me quiere.

Y punto.

-Te equivocas. Sigue siendo la misma de siempre.

-Y si es así, ¿por qué me guarda tanto rencor?

¿Por qué me desprecia y no cuenta nada?

¿No voy a recuperarla nunca?

-Te prometo que lo harás.

Si me dejas,

yo voy a ayudarte.

Confía en mí. Volverá.

Celia, no entiendo nada de lo que me dices.

A decir verdad, esperaba otro recibimiento.

-Entonces no me ocultas nada. -Claro que sí.

Que no te oculto nada quiero decir.

-Es... Es increíble que puedas llegar a ser tan falso.

-Si tienes algo que reclamarme, dímelo claramente

y termina con este galimatías.

-No me tienes el menor respeto. -Te juro

que no entiendo estos reproches.

-Ayer vi a Mauro.

A Mauro

con Teresa.

Besándose. Detrás del quiosco.

Adiós, mi amor.

Ni en cien años volvería a vivir algo tan chocante.

Ahora entiendo qué me ocultabas en comisaría.

Tú ya estabas al corriente,

¿no es cierto?

-Sí. Entonces ya sabía que Mauro no había muerto.

-¿Por qué lo mantuviste en secreto? ¿Por qué no me lo contaste?

¿Por qué dejaste que sufriera por Teresa?

-Está bien.

Mereces que te cuente toda la verdad.

No debes dudar nunca más.

Yo estoy de tu lado.

Puede que sea así, sí. Pero

creo que es menester

que no hablemos más.

-Como prefieras.

-Buenas noches.

-Me parece exageración comprar un vestido nuevo

si solo es la recepción de un vecino.

-Todo es poco para mi morena.

Quiero que seas la más elegante de toda la fiesta.

-Sí.

Te parece mal que me arregle tanto para esa fiesta.

-No, no. No tema, suegra.

Mis problemas están alejados de lo que se ponga en una fiesta.

-Ay, hijo,

tienes una cara de mustio que asustas.

Pon mejor cara. -Pues no, no puedo.

Y tampoco la pondrá buena cuando le cuente lo que le debo contar.

-¿Qué es lo que ha ocurrido? No nos tengas en ascuas.

-Será mejor que se siente, doña Resina.

-Madre del amor hermoso.

(Puerta)

Eres tan hermosa...

Me gusta mirarte cuando duermes.

Tu rostro está tan sereno

sin las preocupaciones

del día...

Sigue durmiendo.

No quiero perturbarte el sueño.

Quién me iba a decir que una mujer como tú,

tan dulce,

tan angelical,

se iba a convertir en mi peor demonio.

En mi obsesión.

Te amo, Teresa.

Sea como sea, vas a ser mía.

Te juro que nuestros labios volverán a juntarse,

que volveré a disfrutar de tus besos.

Lo siento, Fernando.

Siento todo el daño que te estoy haciendo.

Leonor está vendiendo su participación

en el yacimiento de oro.

-Repítelo, que creo que no te he entendido.

-Su hija está vendiendo... -¡Calla!

Entonces sí te había entendido, pero...

Eso no puede ser. Es un error.

Entendiste mal. -No hay opción a confusión alguna.

Lo sé a ciencia cierta. -"Ni que le hubiera molestado Simón".

Que parece que haya venido a jalarse los "canapeses".

¡Quite! -Supervisando que esté bien hecho.

¿Te parece poco?

-Lo que me parece bien mejor me lo callo.

-A los buenos días.

-Huy, Martín, gracias a Dios que has venido.

Hay que revisar la instalación eléctrica.

El Servando no se levanta nada más que a por pan.

-Enseguida lo hago. Pero antes quiero que me prestéis atención.

Alguien quiere hablar con vosotros.

"Mi prometido es muy importante. Todo debe de estar"

a la altura de su posición social.

Que no tengo claro que tú sepas cuál es.

Lo tengo clarísimo, señorita. Meridiano.

Estoy seguro que su futuro esposo quedará encantando.

Pues a mí no me gusta.

Este mantel es muy feo.

Es el más indicado según el protocolo.

Te equivocas. ¿Vas a llevarme la contraria?

"Ha llegado la invitación de la despedida de Elvira".

No sé si podré asistir.

¿Y eso?

Tengo cosas que hacer.

Cosas como ir a ver a Mauro San Emeterio.

¿A qué viene esa pregunta?

Sabe mejor que yo que Mauro... Mauro está vivito y coleando.

¿Qué?

¿De qué está hablando?

No trate de disimular ni de mentirme.

Yo misma lo vi con mis propios ojos. Con usted.

Besándose

concretamente. -"Hija, ¿puedo hablar contigo?".

-Justo ahora íbamos a salir.

-Seguro que serán solo 10 minutos.

-Son asuntos de familia, Habiba.

Mejor que las dejemos a solas.

¿Te apetece dar un paseo?

Se ha levantado una cálida mañana.

-¿Qué ocurre, madre?

"Te veo hoy".

"Al caer la tarde. En la pérgola".

"No faltes".

"Te amo".

Gracias, Celia.

Quémela. No me gustaría que acabara en manos inadecuadas.

¿Va todo bien?

Es Mauro, que quiere verme esta tarde.

Pero no sé si lo tendré tan fácil para ausentarme.

Ya. Entiendo.

Creo que el momento

de decir toda la verdad está cerca.

Pronto todo saldrá a la luz, pero

temo la reacción de Fernando.

-"Rellene las copas"

y sirva los canapés. -Enseguida, señor.

-Espero que Elvira sepa lo que hace.

-Con ella nunca se sabe.

Lo dices por su prometido, ¿no?

-No me da buena espina.

No me gusta un pelo.

¿Sabe cómo será su vida en Turquía?

-Pues no tengo ni la más remota idea.

Espero que sí. No me gustaría que se arrepintiera

toda su vida.

-Estás realmente preciosa, querida.

Gracias.

"Estoy segura de que Teresa caerá rendida a sus pies".

"A propósito,"

¿dónde está? En su habitación.

Acabando de arreglarse.

-Don Fernando,

buenas tardes.

¿Está usted lista?

¿Cuando no lo estoy, Úrsula? Hace rato.

Le deseo mucha suerte para esta noche, Fernando.

Se la merece.

-Gracias por ayudarme en todo.

No me las dé. No sea bobo. Lo hago con mucho placer.

-Doña Cayetana,

no puedo esperar para darle

la noticia de lo que me he enterado.

(Puerta)

¿Ibas a marcharte sin decirme adiós?

"¿Y mi prometida?".

-En el altillo. Me ha dicho que suba usted en un rato.

Como en media hora. Que tiene ella

una sorpresa para usted.

-Me la puedo imaginar.

-Bueno, pues si no quiere nada más de mí, yo me voy a faenar.

-Chica, no le hable a nadie de lo que me ha dicho.

¿De acuerdo? Y que no nos molesten en un buen rato.

-"Me alegra que por fin llegues".

¿Qué es todo esto? Es para ti y para mí.

Le he dicho a Edita que nos deje a solas.

Me encargaré de servir.

Fernando, yo... Teresa,

ha llegado el momento de nuestra noche de bodas.

Siéntate.

Haz el favor.

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  • Capítulo 488

Acacias 38 - Capítulo 488

03 abr 2017

Úrsula le dice a Cayetana que Elena está detenida. Habiba manipula a Pablo para que no dude la historia que le ha contado sobre su vida y la de Leonor en Fernando Poo. Pero Pablo descubre que Leonor está gestionando la venta de su parte del yacimiento de oro y se lo echa en cara. Habiba promete ayudarle a recuperar a Leonor. Elvira organiza un ágape de despedida antes de embarcarse con Burak hacia Turquía. Elvira le confiesa a María Luisa que algo tiene pensado para que Simón no se vaya del barrio.

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Añadir comentario ↓

  1. Alba

    Pilar Méndez no van a quitar acacias, quitan seis hermanas

    04 abr 2017
  2. Loreto

    A mi me gusta la serie. Aunque Teresa no me gusta nada, siempre está de morritos. A la mínima de cambio saca de su lado a Mauro, no tiene confianza en el. Cree más a Cayetana. Y Elvira es malísima actriz. Había es una antipática que va con ínfulas.

    04 abr 2017
  3. Amador Merced Rivera

    Lo mejor para el serial es un final feliz y ya que venga la proxima serie porque series kilometricas se repiten muchos hechos y se quedan cabos muy sueltos como por ejemplo Celia al darle muerte al politico que la queria violar y donde esta la investigacion?otra muerte Ursula con la muerte de la monja? Y si sigo no acabo ven? ese es el problema que el patron del serial se brinca y se desubica y por tal no es tan entendible , recomiendo que allanen el final y que cada cual pague por sus culpas y el final seria honorifico y si repiten el serial en un futuro capte audiencia ; creo estamos listos para un nuevo y apacionante serial .Saludos.

    04 abr 2017
  4. Teresa

    Pues yo no quiero q quiten acacias es la unica serie q estoy viendo y la verdad me entretiene bastante

    04 abr 2017
  5. Pilar Méndez

    El otro día escribí, en el capítulo 484, y lo repito por si alguien no lo ha leído ya que han eliminado unos cuantos días la sección de comentarios: de verdad vais a quitar Acacias 38 y en su lugar Servir y proteger? Es un formato que no pega en esa franja horaria...No seré yo quien la vea. Volveré a los documentales de la 2, aunque algunos ya estén repetidos. Lo siento por los actores y trabajadores de la novela.

    04 abr 2017
  6. Martha

    Mas aburrida imposible

    04 abr 2017
  7. Mabi

    Insisto" MAS SI EL BULTO ( ACACIAS ) NO INTERESA, POR QUE PIERDEN LA CABEZA OCUPANDOSE DE MI !!!!!! YO SOY ASI ! Chann, chan.

    04 abr 2017
  8. Idelisha

    Uyyy! Que serie con tantas estupideces, ya no tienen más que contar para alargarla; cayetana siempre sale libre de culpas y sigue haciendo de la suya. Que malos actores, ya no me creo nada de lo que hacen; más de un año con ésta serie y cada día más para atrás. Un aburrimiento total, que mediocre argumento.

    04 abr 2017
  9. Mabi

    Que suerte!!!! Leonor nos ha dado a entender que sigue enamorada de su Pablo!!! Y no permitirá que Habiba se haga " la viva" insinuándosele a Pablo y bien por éste al no seguirle el jueguito. Celia ¿ que pretende al reprocharle a Felipe el no haberle contado que Mauro vive? No lo hacia cuando era su esposa, menos ahora, eso si, su cara, la de Felipe, al creerse que le pedía explicaciones por su acercamiento a la nueva mesera ,estuvo buena. Pobre Rosina, no gana para disgustos !!y Liberto...que paciencia...veremos que nos deparará ver mañana entre Elvira y su prometido, y Simón en el altillo ...

    04 abr 2017
  10. criolla

    Teresa es pesada, llorona haciéndose la sacrificada, Fernando un pelele. A ver si refrescan la serie, esta monotoma.

    03 abr 2017
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