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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 483 - ver ahora
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No puede ser.

Es un sueño.

Si estás vivo, ¿qué ocurrió, Mauro?

¡Chist! ¿Por qué desapareciste?

Ya habrá tiempo de preguntas. "Te entiendo".

Y no te voy a presionar.

Es lo que querías decirme.

Que no habrá vuelta atrás. Y así será.

Aunque me costará no llamarte esposa.

"Lograste deshacer los nudos".

Fue un milagro.

De la oscuridad surgió un hombre, un mendigo supongo.

Que me desamarró y tiró

de mí para ponerme a salvo.

Ni siquiera recuerdo su cara.

¿No has vuelto a verlo?

Entonces el cadáver,

o los restos, eran de ese hombre.

"¿Dónde debe estar?".

No lo sé.

Como comprenderá, de saberlo estaría más tranquilo.

Voy a buscarla. -"El anterior".

Don Mauro San Emeterio. ¿Cómo está ese asunto?

-Aquí está toda la información sobre la asesina. Elena Pérez Casas.

-"Las persona"

que te dije está interesada en el yacimiento.

-Buenas noticias.

Prepárate para la negociación. Que las prisas no te nublen.

Demuestra tu sangre fría.

-"¿Por qué no has dicho nada"

sobre lo de Teresa?

-He sabido que Teresa tiene problemas con su marido.

Creo que si no ha regresado, es porque lo ha decidido.

¿Ves lo que nos has hecho sufrir? -"Bienvenido".

Señor Demir, las ganas que tenía de conocerle.

He oído hablar tanto de usted...

El placer es mío, señorita.

He oído historias sobre su belleza, pero ninguna

le hace justicia. -"No pondré paños calientes".

Además de estar preocupado me has humillado como marido.

Hemos de poner fin a esta ambigua situación de nuestro matrimonio.

¿Qué es eso? Dos pasajes para un trasatlántico

que dará la vuelta al mundo.

Dejaremos atrás Acacias

y reflexionaremos juntos.

No parece entusiasmarte mucho que hagamos ese viaje juntos.

No es eso lo que me sucede, es que

creo que no es el momento adecuado para partir.

Hace tan solo

unas semanas que nos hacemos cargo de Tirso.

También he contado con él. Tengo pasaje

para el muchacho.

Pero él necesita muchos cuidados. No te preocupes por eso.

El barco tiene las asistencias que requiere.

Teresa,

¿qué mejor regalo puede haber para él?

Los dos sabemos que no se va a recuperar de su enfermedad.

De esta forma podrá visitar lugares que si lo retrasamos, quizá no pueda.

No te falta razón, pero...

Me sigue dando miedo que Tirso haga un viaje tan largo.

Es menester

que salgamos de aquí.

Debemos pasar unos días a solas para afianzar nuestro matrimonio.

Fernando, voy a ser sincera contigo.

No quiero hacer este viaje.

Lo lamento, pero no quiero marcharme.

No es el momento de emprender una aventura juntos.

Te equivocas. Nos vendrá muy bien hacer ese viaje.

Ahora no.

Tal vez deberías marchar tú solo con Tirso.

Tienes razón, que es una oportunidad para él.

Yo no puedo. No me pidas eso.

No quiero marcharme sin ti.

Por mucho que me lo pidas, no cambiaré de opinión.

Te amo.

Necesito que estés a mi lado.

Lamento no poder complacerte, pero he de quedarme aquí.

Te ruego que recapacites.

Debemos salir de Acacias.

El fantasma de Mauro no deja de perseguirnos.

Y siento que te estoy perdiendo día a día.

Si seguimos aquí, terminaré perdiendo la razón.

Créeme que no quiero hacerte daño. Entonces ven conmigo. Hagamos

ese viaje.

Teresa, eres mi esposa.

Fernando, si me obligas a partir,

los dos sabemos que será aún peor.

Sabes

que nunca te obligaría a hacer algo que no quisieras.

Tienes razón.

Nunca lo hash echo y nunca lo vas a hacer.

Siento con toda mi alma el daño que te estoy haciendo.

Pero no puedo marcharme.

Lo lamento.

Es cierto.

Me conoces perfectamente.

-Me ha costado.

Pero he aprendido a darme cuenta

de cuándo ocultas algo.

¿Qué le ha ocurrido a Teresa?

-Lo siento.

No puedo contarte nada al respecto.

-¿No merezco tu confianza? -Por supuesto que sí.

Y cuando llegue el momento te contaré todo con pelos y señales.

Por ahora lo único que puedo decirte

es que Teresa se encuentra bien.

-Eso me reconforta, pero no es suficiente.

Tengo aprecio a Teresa.

Me gustaría saber qué le ocurre para ayudarla.

-Teresa está pasando por un momento muy difícil.

Le costará aceptar la nueva situación

que se presenta.

-¿Ni siquiera me dices dónde se encuentra, por qué no ha regresado?

-Tranquila.

Ya te he dicho que está bien.

Si no ha regresado a su hogar, no creo que tarde.

-No entiendo a qué viene tanto secretismo.

Acogimos a Teresa como profesora

de nuestro hijo. Y la he tratado como a mi hermana.

¿Por qué razón no puedo saber qué le ocurre?

-Celia, paciencia.

Lo que sí puedo decirte

es que va a necesitar una amiga.

-Te regodeas en crearme más inquietud.

-Lo siento. No es esa mi intención.

-Espero que no sea una triquiñuela de las tuyas.

-Tranquila. Pronto lo entenderás todo.

-Está bien.

Pero me da rabia que no me lo cuentes.

-Celia, no puedo.

Lo que sí puedo decirte

es que tendrás que ser el hombro donde se apoye.

-Eso no hace falta ni que me lo pidas. Lo iba a hacer yo.

-Lo sé. Te conozco perfectamente.

Y sé

que siempre ayudas a tus amigas.

Si nuestra situación no fuera la que es,

no me guardarías este secreto.

-No.

No lo haría.

Pero tú y yo estamos separados.

Y eso ya no lo podemos cambiar.

"Me parece asombroso"

que siendo de un país tan lejano tenga negocios aquí.

Desde que se inventó el ferrocarril las distancias están desapareciendo.

El mundo se hace más y más pequeño. De hecho, hace días

me comentaron que unos hermanos americanos

harán volar un aparato.

-Qué locura. Esos yanquis no saben qué inventar.

El hombre no está hecho para esos menesteres.

-Si lo consiguen, estará cercano el día en que podamos desplazarnos

por los aires a gran velocidad.

Sería maravilloso poder viajar a cualquier parte

en tan solo horas.

Estoy convencido de que las ciencias cada vez avanzan más rápido.

-No meta esas ideas a mi hija.

Ya es bastante fantasiosa de por sí. -Seguro. Pero no tanto

como encantadora.

Favor que usted me hace.

¿Y en qué consisten exactamente esos negocios?

Principalmente construcción.

Eso me parece maravilloso. ¿Construye muchas viviendas?

No solo eso.

Este año he terminado

la construcción de un monumento que está llamado a ser un símbolo.

¿Algún palacio?

No. La torre del reloj.

El sultán ha mandado construir una

en cada plaza. Y aún pecando de inmodestia, la mía es la más bonita.

Cómo me gustaría poder verla.

Su país tiene que ser apasionante.

Estaría encantadísimo de mostrárselo. Con su permiso, don Arturo.

-Quién sabe.

Me gustaría que aceptara nuestra hospitalidad

y se instalara en casa.

-Se lo agradezco, pero no es necesario.

El hotel es muy agradable.

-No. Aquí estará más cómodo que en cualquier

establecimiento de ciudad.

Ya sabe cómo son los hoteles.

Siempre acaba uno por encontrar alguna chinche en la cama.

-No quiero causarles molestia.

-Nunca podría causar molestia.

Hágale caso a mi padre.

En ningún lugar se encontrará como aquí.

Y podrá contarme más maravillas de su tierra.

Me tiene cautivada

con sus historias. Sería un necio si rechazara

su ofrecimiento.

Simón, vaya inmediatamente a recoger

el equipaje del señor Demir.

-¿No prefieren que termine de servir la cena?

Ya nos apañaremos.

Está tardando en salir.

Tiene que contarme más detalles sobre esa bonita torre.

Me parece fascinante.

Por supuesto.

¡Ay!

Pablo.

¿Aún despierto?

Leonor y Javiva se fueron hace rato a descansar.

Y nosotros íbamos ahora. -Que tenga buenas noches.

Yo tengo cosas que hacer todavía. -Ya.

Eso es que todavía

andas escribiendo la declaración a Leonor.

-Sí. Pero no soy muy ducho en esto de juntar letras.

No sé si lo que hago no es más que un sucesión de majaderías.

-Estoy seguro

de que le encantará escuchar lo que tengas que decirle.

-¿Y si empieza a reírse qué?

-Qué va. Mi hija nunca haría

tal cosa. Y menos si lo que escribes sale de tu corazón.

-Yo no sé nada de metáforas ni te artificios de esos. No sé.

-Eso no tiene importancia si has sido sincero con tus palabras.

-Mira, hacemos una cosa.

Nos lo lees y te damos nuestro parecer.

¿Has olvidado que fui la agente literaria de Leonor?

-Algo sé sobre letras y sobre mi hija.

-Eso. ¿Quién mejor que Rosina

para aconsejarte? Eso es jugar

con los triunfos en la mano.

-Que no. Que vamos a dejarlo.

Se me revuelven las tripas.

-No seas timorato y lee de una vez.

De los cobardes jamás se escribió una línea en los libros de historia.

-A la primera risa dejo de leer.

-Venga, dale.

Por muy mal que esté no vamos a reírnos de ti.

-No me voy a escapar ni aunque salga corriendo.

-Empieza de una vez.

Ni Cervantes se hizo tanto de rogar.

-A la primera. -Sí.

A ver.

"Querida Leonor, todos los que andamos

por este mundo nacemos una vez,

cuando nuestra madre nos da la vida".

"Pero algunos tenemos la suerte de nacer dos veces".

"La segunda es cuando descubrimos la razón de nuestra existencia".

"El motivo por el que Dios nos ha puesto aquí".

"Yo puedo recordar ese segundo nacimiento".

"Como si fuera algo que hace un minuto que ha sucedido".

"Fue en la pérgola".

"Cuando me enseñaste a leer las primeras letras".

"Cuando te miraba,

cuando sentía tu aliento o cuando nuestras manos pues

se rozaban durante un instante".

"Y en esos momentos

comprendí que había vuelto a nacer

y que mi único cometido en la vida era

amarte".

"Y eso es lo que he hecho".

"Es lo que voy a hacer hasta el final de mis días".

Y ya está.

Ya. Está muy mal, ¿no?

-Ay, Pablo. Ni un ángel se explicaría mejor.

Pensar que no hice otra cosa más que poner obstáculos

para que no te acercaras a mi niña.

-Poetas han publicado libros

que no tenían tanta emoción. -No he rellenado ni media cuartilla.

-Seguro que mi hija

jamás podría encontrar a alguien que le quisiera tanto.

-Pablo,

no tengo ninguna duda de que Leonor

se rendirá cuando le leas estas palabras.

¿Han visto qué descaro?

Ahí plantada como si fuera la dueña de la calle.

Y con ropas cristianas. -Quién sabe en qué

se convertirá la ciudad.

Una no deja de escandalizarse. -Y que lo diga.

Está llena de maleantes, de mendigos, de mujeres de la calle

y gentes de malvivir.

-Y ahora esto.

-Si al menos tuviera la decencia de no exhibirse en pleno día

y delante de la casa del Señor.

-¿Qué hace aquí? Menudo aguacero le está cayendo, y eso que no llueve.

-Aguardo a Leonor, que ha pasado a la iglesia.

-Espero que le sea más provechoso que a esas arpías.

Tanta caridad y luego son peores que Pedro Gotero.

-La ignorancia,

que es muy atrevida. Y los que menos luces

tienen son los que desconfían de lo que no conocen.

-Me revuelve la bilis que la miren como a un fenómeno

de feria.

-No es eso

lo peor que nos ha pasado a los de mi raza.

-¿No tienen otra cosa que hacer?

Humo, que no es el teatro. -Templa.

No me montes una escena. -Me puede la rabia con los botarates.

-Agradezco que me ayudes.

Pero yo ya llamo bastante la atención sin estas algaradas.

-Acompáñeme a la fuente

a ver si se calman esas chismosas.

-Anda. Pues sí que nos ha salido fresca la africana.

-"Tenéis que entender"

que Acacias se rige por unos principios morales imperturbables.

Y que llevan presentes desde que se hicieron estas casas o antes.

-No cuentas nada que yo no sepa. Nací aquí.

-Bueno, pues se lo cuento a Elvirita. Que parece que no lo sabe.

Fue una broma sin malicia.

No quería molestar a nadie, ni a ti.

Te has pasado de la raya.

-Es injusto que le hagas responsable a ella de todo.

No, no lo es.

María Luisa no podía imaginar lo que haría.

Bueno,

la verdad es que me pilló de sorpresa.

Pero tú y yo

ya lo hablamos y me has perdonado.

Perdónala y cerremos el tema. Perdóname, Víctor.

Fue una niñería. Quería llamar la atención de alguien

y llamé la atención de todo el barrio.

-Bueno,

a eso tampoco le des más importancia.

Yo cuando se supo lo de mi padre tuve que aguantar habladurías

de todo el barrio.

Y aquí estoy, tan pancho.

-Nuestros vecinos no son los más tolerantes del mundo.

-Esperemos que todo quede en agua de borrajas.

Y que nadie le cuente a tu padre.

-Pues sí, si no queremos que acabe como tragedia griega.

Los vecinos saben que mi padre no se anda con medias tintas.

Y nadie le ha ido con el chisme. -Bueno, mejor ir

a poner unas velitas a la virgen para que todo siga igual.

Yo marcho a trabajar.

Luego te veo.

Tu prometido es canela en rama, pan de Dios y oro molido.

Pues sí. Es un cielo y me tiene en un altar.

Pero nadie quiere ver a su novia besarse con otro.

Y menos con otra. Pobre. Lo comprendo.

Si Simón besa a otra, yo me tiro al río.

Pues imagínate

a otro.

Pues mira, lo prefiero.

Ay, Elvira, no digas indecencias y no lo tomes a chanza.

Aún no ha acabado. Andemos con cautela con tu padre

si quieres recuperar

tu relación con el mayordomo. Pamplinas.

¿Qué sería de la vida sin un poco de riesgo?

Por tu sonrisa me barrunto que ya has hecho algo.

Y seguro que nada bueno.

Así es.

Le estoy dando celos a Simón

con el invitado de mi padre.

No me parece buena idea.

Te equivocas. Deberías ver cómo se le encienden

los ojos de ira.

Elvira, ten cuidado, que juegas con fuego.

Puede que lleves razón.

Ya lo veremos.

"La vida nos ha dado una segunda oportunidad".

Aprovechémosla.

Gocemos de una maldita vez.

(Puerta)

¿Cómo te encuentras?

Bien.

Como aún no me has dado explicación de dónde pasaste la noche...

Empecé a andar,

a dar vueltas por la calle.

Ensimismada

y recapacitando sobre todo lo que había pasado.

Pasaste toda la noche deambulando por las calles sola.

Qué temeridad.

Cuando me di cuenta de lo tarde que era

y de lo lejos que estaba de casa, cogí una habitación de un hotel.

No me sentía con fuerzas para volver a casa.

Supongo que después de esta escapada las dudas se habrán resuelto.

Te veo distinta.

Como si algo hubiera cambiado en tu vida.

Como si ya tuvieras claro el camino que tienes que coger.

No andas desatinada.

Pero todavía queda un largo camino para que todos estemos bien.

Me alegra que hables de todos.

No dudo de que tengas

muchas cuitas en la cabeza, pero eres la única.

¿Crees que no lo sé? Fernando lo está pasando muy mal.

Fernando te adora. Y no entiende por qué no puede hacerte feliz.

Eres su esposa y te debes a él.

No es necesario que me recuerdes mis compromisos.

Pues entonces reacciona

y dale todo el cariño que merece.

No lo sé, Felipe.

No sé adónde nos llevará todo esto.

Pero pase lo que pase, no volveré a separarme de Teresa.

Me alegra que el reencuentro haya ido bien.

Lamento no habérselo podido decir antes.

Y no es de extrañar.

A mí me resultaba cruel no contarle que usted no había muerto.

Y ver el sufrimiento de Teresa por su ausencia.

Todos hemos pasado unos días

tremendos.

Desde que me mandó la nota citándome y apareció y hasta el día de hoy

me he mordido la lengua para no contarle nada a nadie.

Ya lo sé, amigo.

Aprecio mucho lo que ha hecho por mí.

Necesitaba ayuda y silencio.

Y usted era la única persona en quien podía confiar.

En la comisaría

ha habido novedades.

El comisario Méndez se ha incorporado a su puesto.

Se centrará en buscar a Elena Pérez Casas.

Es un buen policía.

Seguro que utilizará todos los medios a su alcance

para encontrarla.

Mauro,

¿hasta cuándo va a seguir escondido fingiendo su propia muerte?

Le puede traer consecuencias. Lo sé.

Puede afectar a su carrera profesional.

Debería salir, desvelar el engaño.

No, Felipe. Si se descubre que sigo con vida,

ni plan se irá al traste.

No sé cuánto tiempo

podré seguir manteniendo el secreto.

Le ruego que no flojee, amigo.

Es vital que nadie más sepa nada.

Trataré de que así sea.

Celia se ha percatado de que hay gato encerrado.

Y aunque he estado callado,

sé que hará lo posible por descubrir qué ha pasado.

Eso puede ser un problema.

Debe impedir que siga indagando.

Haré lo que pueda.

Pero Celia es amiga de Teresa.

Solo espero

que ella sea discreta.

Muy bien.

Soy consciente de que al haberme presentado ante ella doy un paso

para volver a la vida. Pero necesito más tiempo.

No quiero apremiarle,

pero el tiempo se le agota.

Confiemos un poco en la suerte.

Espero que su plan salga bien.

Es mucho lo que está arriesgando.

Leonor, ¿queréis sentaros a tomar un chocolate?

Víctor los prepara cada vez más ricos.

-Es porque tú me inspiras,

gitana. -Os lo agradezco,

pero íbamos a dar un paseo. -Bueno,

tomaos un chocolate y luego dais el paseo.

Las calles no las quitan.

-Está bien. Nos quedaremos unos minutos haciéndoos compañía.

-Puedes sentarte con nosotros.

No nos importa sentarnos con una criada.

-Te agradezco la confianza, pero estoy bien de pie.

Y no, no soy ninguna criada.

-Leonor, ¿cómo va tu vuelta? Te veo mejor, más animada.

-He estado mucho tiempo fuera

y volver a la vida real me cuesta un poco.

-Estoy deseando que organicemos una merienda. O mejor,

una cena con baile. Y así podré contarte lo que ha sucedido

en este tiempo. -Déjate de bailes.

-Sí que me gustaría.

Pero no tengo el cuerpo para jaranas. -Pues tendrás

que hacer un poder y recuperarte. Así saldremos

los cuatro a divertirnos. O bueno,

los cinco si viene tu amiga.

-Supongo que has echado de menos la buena comida.

-En algunos momentos.

Pero mis prioridades eran otras en esos días.

-¿Sigues queriendo bollos de crema?

Pido ahora mismo una ración

y nos los sirven. -No, no.

No te molestes. -Pero si no es molestia.

Nos dedicamos a eso.

-Leonor, acuérdate que tenemos esa cita pendiente

y se nos está haciendo tarde.

-Es cierto, no me acordaba.

Vais a tener que disculparnos.

-Bueno, no os preocupéis. Dejamos los bollos para otra ocasión.

O mejor prepararé otros. Se van a quedar duros.

-Cuando quieras hablamos.

-Con Dios.

Qué infierno habrá tenido que pasar para volver tan cambiada.

-Pues no lo sé.

Pero espero que Pablo haga

que vuelva a ser la de siempre. -Eso espero.

Porque este encuentro me ha dejado desasosegada.

-Yo por lo menos

he descubierto qué postre darle a Pablo para su cena romántica.

Toma.

Pon un poco de más gracia

con las flores, Lolita. En vez de colocar un jarrón

parece que siembras una era.

-Fabiana, en Cabrahigo no nos andamos con tantas lindezas.

Lo que crece en el campo y no sirve para dar de forraje a las bestias

pues se arranca y sanseacabó.

-Vengo a echar una mano. (MURMURANDO) "Ya ves tú esta".

(CASILDA MURMURA)

-¿Qué andas rezando

por lo bajini? Pareces un monaguillo renegado.

-Pues mira, sí, Lolita, sí.

Ando descompuesta con la nueva amiga de doña Leonor.

-¡Huy! ¿Qué te ha hecho?

-¿Va de señoritinga en la casa?

-Un poco. Pero no es eso lo que me amuela.

Lo que me jeringa es tenerla tan cerca de Martín.

-Pierde cuidado con eso.

Si Martín es un cacho pan, Casilda. -Por eso mismo.

Porque es que de bueno es tonto.

Y ahora le ha dado por defenderla delante de todos.

¿Y qué? Que hacen buenas migas.

-Yo me andaría con ojo.

Que hay mucha lagarta por ahí suelta, sea de la color que sea.

-Si ya te digo que les he pillado un par de veces de confidencias.

Y ella no habla con "naide"

que no sea doña Leonor. -Tampoco me fío mucho de ella.

A saber las barbaridades que habrán hecho.

-Pues por mucho que se vista de señoritinga

hay maderas hechas para hacer santos y maderas hechas para ser tablones.

-Es que no me extraña tu sofoco.

El Martín es un hombre. Y viendo unas faldas se le va el sentido

y hasta la decencia. Y más pues con esta chica,

que es exótica.

-Para mí que exageras tú, Lolita.

Si el mocetón bebe los vientos por su Casilda.

-Yo no digo que no, Fabiana.

Pero Martín es más fácil de enredar que un gato en un ovillo.

¿No se acuerda de lo de la actora?

-Oye, Lola, que eso no fue nada.

Que ella sí que quería, pero el Martín le dijo que nones.

-Eso es bien cierto.

Pero la cómica no se puede comparar con la Javiva.

Que lo mismo en su tribu es de ley yacer con el primero que ves.

-Pero qué barbaridad, señora Fabiana. Dios no lo quiera.

-Eso no es lo peor.

Que yo también he escuchado que se comen a los blancos guisados

como si fuera un cochinillo.

-¿Cómo se va a comer a mi Martín?

Y desde luego que este hombre es bobo.

¿Qué puede ver en esa? -Qué va a ver.

Que es negra.

Y que a saber qué haría tu Martín cuando era

soldado por los mundos de Dios. -Y digo yo

que en las Filipinas debía de haber indígenas de esas.

-Pues está claro que no me quedaré de brazos cruzados

viendo cómo me roban a mi hombre.

-¿Qué se le habrá ocurrido a la pequeñaja?

-Cualquier enormidad.

-No deberías

tomártelo tan a pecho.

-No es para menos.

Teresa no ha regresado hasta la noche pasada.

-¿Y se sabe qué ha estado haciendo este tiempo?

-No, no he tenido ocasión de hablar con ella.

-Supongo que algo muy gordo ha debido ocurrir para comportarse de esa forma

tan extraña.

-Sé lo que me ha contado Cayetana.

Les ha dicho que necesitaba tiempo para pensar.

Afortunadamente

a Teresa no le ha ocurrido ninguna desgracia.

A ti no te sorprende nada de esto Felipe.

-La verdad que siempre pensé que su desaparición no era grave.

Lo importante es que se encuentra bien.

-Esperemos que se recupere de la pérdida de Mauro.

-Ya ha pasado algún tiempo y no se repone.

-Ya. Es de suponer.

Si mi madre se hubiera muerto sin poder

despedirme de ella, yo también me hubiera sentido

muy angustiada.

-Sí. Perder a un ser querido de esa manera

resulta más doloroso.

-No te aflijas, querida.

Que de seguro que donde esté tu madre estará montando un jolgorio.

-No me cabe

la menor duda. Seguro que donde se encuentre mi madre

habrá un buen vino, música

y baile.

Por eso os he citado aquí.

Quiero brindar con vosotros por mi señora madre.

Por doña Consuelo. -Por doña Consuelo.

-Por Consuelo. -Por ella.

Porque nos sirva de ejemplo en la vida.

También quería

daros las gracias.

Porque me habéis dado

todo vuestro apoyo cuando más lo necesitaba.

-Para chasco que no íbamos a estar a tu lado.

Menuda castaña de amigos seríamos.

-Me habéis dado la fuerza que necesitaba

para afrontar lo que le pasaba a mi madre

y para empezar con el negocio

de los tintes.

-Ya sabes que siempre contarás

con nosotros. -Por supuesto que sí.

Ese ofrecimiento le honra, amigo Felipe.

Los dos han pasado por una situación muy difícil.

Pero han demostrado ser capaces de superarla

y mantener el cariño que les une. -Eso es.

Creo que deberíamos brindar por vuestra nueva vida.

-Por la nueva vida.

Y porque nos traiga felicidad a los dos.

Fíjate bien.

¿Qué pasa si cambias un valor al otro lado del igual?

Nada.

Que cambia de signo.

Lo que es positivo pasa a ser negativo y viceversa.

Igual que si te pasas de mi barrio a este.

No te entiendo.

Pues es bien fácil.

El que allí es un gaznápiro aquí es un señorito.

Y si eres un señorito y te llevan allí, mejor hacerte

de la piel del diablo o te caerán palos hasta en las pestañas.

No es mala esa explicación. Es que usted

ha estudiado en la universidad.

Pero en la calle se aprende lo mismo o más.

Como sé mucho, ¿puedo jugar?

No, señor. No te moverás hasta aprender a resolver las ecuaciones.

Lo de tu barrio es útil, pero esto también.

-¿Cómo va la tarde? ¿Progresas en tus lecciones?

-Ya lo creo. Pero me iría mejor algo más de juego

y menos estudio. Me duelen los codos de tanto trabajar.

No seas exagerado.

No llevamos ni media hora.

-No os molesto más.

Tenéis mucha tarea por delante. -Pierda cuidado. En un rato

dejo libre a doña Teresa para que puedan dar un paseo.

-Es un gran idea. No es menester que nos quedemos en casa

con la tarde tan bonita que hace.

Vas a tener que ir solo con Tirso. Yo no puedo acompañaros.

¿Puedo saber por qué?

Bueno, tengo que hacer

muchos recados y quizá no llegue a cenar.

Muy bien. Como quieras.

-De todas formas

podemos ir al estanque a remar. Nunca he montado en barca.

-No es posible. Tienes pinta de ser buen remero.

Nos embarcaremos esta misma tarde.

-También podríamos tomar un helado. -Por supuesto que sí.

Y cenaremos en un café como dos señores.

Que Teresa no venga no significa que tengamos que pasar hambre.

-Voy a terminar a escape.

Menuda tarde que vamos a pasar juntos.

Qué pena que se la pierda, Teresa.

No te preocupes por mí.

Disfrutad todo lo que podáis.

Pero primero vamos a terminar los deberes.

Ya podemos marcharnos a casa.

-Esperaba bastante más. Estoy muy decepcionada.

-Esta persona no estaba dispuesta a poner más sobre la mesa.

-No me refiero solo a la cantidad.

También estoy molesta por lo blanda que has sido.

-La oferta era más que suficiente.

-Pamplinas.

Siempre se puede conseguir más. -Era justo. ¿Cómo pedir más dinero?

-Siendo más atrevida. -No estoy cómoda en esta situación.

-No podemos hacer lo que nos place. -Yo siempre

me he alejado de las cuestiones de dinero.

-Razón de más para dejarse aconsejar.

Solo tienes que hacer lo que yo te diga

y todo marchará de perlas.

-¿Tengo otra opción?

-Sabes que no.

-Esperadme, Leonor y compañía.

¿Qué hacéis por el barrio?

-Íbamos de regreso a casa.

-Sí que estáis dando vuelta pasando por aquí.

-Leonor se empeñó en enseñarme el edificio donde vivieron.

-¿No lo conocías? -No con tanto detalle.

-Le he enseñado los Jardines del Príncipe.

-Si quieres seguir conociendo la zona, demos un paseo juntas.

-Mejor en otra ocasión. -No. Mejor ahora.

Así podemos charlar sobre vuestro viaje.

-Madre, las dos estamos agotadas de dar tantas vueltas.

-Y estos zapatos me hacen daño.

No estoy acostumbrada a este calzado.

-Puedes andar descalza si estás más a tu gusto.

Los vecinos ya están curados de espanto.

-Madre, déjelo. Tengo las fuerzas justas para volver a casa.

-Espero que esté todo correcto. -Estoy seguro de que sí.

-Aún así no deje de revisarlos. No quiero que haya ningún error.

-No iba a dejar de hacerlo.

Una cosa es la amistad y otra distinta

a lo que nos comprometemos en estos documentos.

No olvido lo agradable que me resultó la cena de ayer con ustedes.

-La hospitalidad es muy importante para mí.

-Tengo que decirle que me sentí

como si estuviera en mi casa.

Además la compañía de su hija hizo la velada

infinitamente más agradable.

-Me alegra que estuviera a gusto.

-No podía ser de otra manera.

Elvira es una mujer muy hermosa además de simpática e inteligente.

-Le agradezco los cumplidos.

Pero reconozco que en ocasiones no es así.

-No puedo creerle.

-Elvira a veces es digamos demasiado impetuosa.

-Es una cuestión de la edad.

¿Cómo sería si siendo tan joven no fuera un poco rebelde?

-No puedo hacerme

a la idea.

Ha sido muy tozuda desde niña.

-Esos caracteres son los más estimulantes.

Un caballo que no haya que domar

no merece la pena.

Como toda mujer

ella se irá puliendo hasta convertirse en una señora.

Si la coge un marido firme y cabal.

-Estoy seguro.

-Créame, tiene usted en casa un diamante en bruto.

Se lo aseguro.

He visto esa capacidad de transformación en Elvira.

Será afortunado quien la talle.

-Me alegro que vea

sus cualidades.

Llevo toda la vida luchando para educarla como la señorita que es.

-Está todo correcto.

-En ese caso entiendo que estamos más cerca de nuestro objetivo.

Gayarre, guarde estos documentos en el cajón del escritorio.

¿Qué le parece si vamos a dar una vuelta antes de cenar?

Conocerá mejor la ciudad.

-Me parece una idea excelente para abrir el apetito.

-Adelante.

No puede ser.

Llevaba todo el día esperando este momento.

Y yo.

Dices que eres feliz, pero veo mucha tristeza en tus ojos.

¿Te encuentras mal?

No. Estoy encantada de estar a tu lado.

Te siento

extraña.

Algo te ha ocurrido hoy.

No te apures. Te digo que estoy bien.

Cariño,

ni un secreto más entre nosotros.

Tienes razón.

No tiene sentido mentirte.

No me encuentro bien.

Cuéntame.

¿Qué es lo que tanto te atormenta?

Lo que me ocurre es muy simple.

Después de la noche mágica que vivimos

he puesto los pies en la tierra.

Mi amor, escúchame.

Vamos a salir adelante.

Pronto viviremos como una pareja normal.

Mauro, no sé lo que nos traerá el futuro.

De lo que estoy segura es de que una buena persona

va a salir herida de todo esto.

Fernando.

Ha sido un interesante paseo.

No esperaba que esta ciudad tuviera monumentos tan sugestivos.

-Me imagino que se fijará en detalles para sus próximas construcciones.

-No lo dude. Viajar es una fuente inagotable de ideas.

-Señor, ¿quiere que salga a buscar a la señorita Elvira?

-No es necesario.

Mejor preste atención a sus cometidos y no esté tan pendiente de mi hija.

-Disculpe, señor, pero no alcanzo a comprenderle.

-Está usted un poco zoquete hoy.

Los cubiertos están mal colocados.

¿Desde cuándo se pone el tenedor de carne antes que el de pescado?

-Discúlpeme, señor. Ha sido una distracción imperdonable.

-Excuse el error. Debo estar en todo.

-No tiene que disculparse.

Los dos en alguna ocasión hemos comido

con las manos. Y eso con suerte.

Buenas noches.

-Buenas noches, hija. -Señorita,

¿sería tan amable de acompañarme a la cocina, por favor?

No se me ocurre a qué puedo ir allí.

Me gustaría que diera su visto bueno a la crema de verduras.

¿Ahora tengo que hacer de cocinera? No sé para qué

tenemos servicio. Bueno...

-Gayarre, no sea impertinente

y sirva la cena.

No sé qué le pasa hoy, pero no me gusta nada.

-Discúlpeme, señor. Trataré de enmendarme.

Señor Demir,

espero que esté disfrutando de su visita.

-No se figura hasta qué punto.

-Dejémonos de melindres y sentémonos a la mesa.

Hoy tengo algo muy importante que decirte.

Fernando ha estado a mi lado en todo momento.

Cuidándome y respetándome sin pedir nada a cambio.

No me cabe duda de que es un buen hombre.

Juntos

nos hemos hecho cargo de un niño.

Tirso.

Y para él somos como sus padres.

Hemos emprendido un proyecto de futuro juntos.

¿Qué va a ser ahora de ese niño?

Bueno,

todo se irá solucionando.

No te angusties por nada.

Mauro, no puedo evitarlo.

Soy feliz a tu lado

y no hay nada que desee más, pero

volver contigo traerá mucho sufrimiento a dos inocentes.

Es todo por mi culpa.

No debería haberme casado cuando supe que estabas muerto.

No digas eso. Tú no sabías

lo que estaba pasando.

¿Cómo encajará Fernando ahora

que tú estás vivo?

Pues tendrá que hacerlo.

Antes o después debemos decirle la verdad.

Debería ser cuanto antes.

No puedo seguir mintiendo a Fernando.

Digámoselo mañana.

¿Mañana?

No. Necesito más tiempo. ¿Tiempo para qué?

Para apresar a la mujer que intentó matarme.

Necesito que todo el mundo siga creyendo que estoy muerto.

Es la forma de acercarme

a Elena Pérez Casas. ¿Cuánto tiempo te llevará eso?

No te lo sé decir.

Supongo que poco.

Eso espero.

Porque no puedo aguantar esto mucho más tiempo.

Le he estado esperando para cenar.

Cené algo con Tirso en la calle y ya no tenía apetito.

Fernando,

sé que Teresa se ha vuelto a marchar.

No sé qué le ocurre.

No entiendo por qué me rechaza.

¿Qué he hecho mal? No se torture.

No ha cometido ningún error.

¿Por qué siento que está más lejos

de mí?

¿De verdad que no lo sabe?

Mauro le regaló a Teresa un juguete como este.

Cuando discutieron Teresa lo rompió.

Pero al parecer

ha comprado uno igual.

¿Por qué haría algo así?

Deje de cerrar los ojos, Fernando.

De alguna manera este objeto le hace

sentir a Mauro más cerca.

¿Jamás piensa olvidar a ese hombre?

Cayetana, por favor, guarde ese maldito trasto.

No somos quién para revisar las cosas de Teresa.

Es usted muy considerado.

Lástima que su esposa no lo sea tanto con usted.

Teresa no debe comportarse como lo hace.

Adquirió un compromiso con Vd. y con Dios al contraer matrimonio.

Y no está cumpliendo. ¿Y qué puedo hacer yo?

Tal vez ha llegado el momento de dar un paso al frente.

De reclamar los derechos que le corresponden como esposo.

Es muy posible que usted tenga razón.

Padre, ¿va a dejarme con la intriga hasta los postres?

¿Qué me iba a contar?

Lo siento. Lo siento.

Si me acompaña a la cocina podremos quitarle la mancha.

Sí que estás desatinado hoy. No, no es necesario.

-Verás, hija,

desde hace cierto tiempo he estado cruzando correspondencia

con el señor Demir.

Ambos tenemos un objetivo común.

Esas conversaciones han fructificado y hemos pactado

y firmado los términos de un acuerdo.

¿En qué clase de negocios está metido, padre?

¿Va a dedicarse a la construcción? No.

No se trata de eso.

Pero el contrato que hemos firmado es tan sagrado como cualquier otro.

-¿Se lo digo yo? -No.

Mejor que se lo diga yo mismo.

Espero que encaje la noticia con alegría.

Elvira,

Burak Demir

se va a convertir en tu esposo.

-Espero que esto la haga muy feliz.

-Elvira, por favor,

te ordeno que te comportes y vuelvas a sentarte.

Esta es una decisión ya consumada y nada

podrá alterarla. Así que lo mejor

que puedes hacer es hacerte a la idea

y celebrarlo con nosotros.

¿Qué te ocurre, Casilda?

-Pues que necesito que me ayude usted, Servando.

Martín últimamente pasa mucho tiempo con la cacao

y yo ya no sé qué hacer.

-¡Uh! Estás celosa de la negra.

-Pues sí. Ando un poco escamada.

Eh.

Esta me lo quita y se ponen a tener hijos café con leche.

-No me quiero imaginar eso ni en mis peores pesadillas.

-Pues ayude a la Casilda, hombre.

-Pero tienes que estar dispuesta a cualquier cosa.

-Cualquier cosa, todo por recuperar a mi Martín. Todo.

Se lo juro por estas que son cruces.

Vete.

Elvira, por favor.

Vete. Ibas a irte, ¿no?

Pues vete ya y déjanos en paz.

Hay cosas que no sabes, Elvira.

Si pudiera contártelo, entenderías lo que...

A mí la verdad ya me da igual.

La única verdad es que voy a ser la esposa de ese hombre fatuo

que me dobla la edad. Esa es la verdad.

Y a ti ni te importa.

No digas eso.

Es lo que querías, ¿no?

Que me alejasen de aquí.

Y vas a quedarte de brazos cruzados mirando como me casan y destierran.

¿Es que no vas a reaccionar ni siquiera ahora?

-"Felipe y yo nos tenemos verdadero cariño".

Y deseamos la felicidad del otro. Como amigos.

Nos irá bien separados.

Estoy convencida.

-Celia,

me alegra mucho verte tan decidida y tan entera.

-La nueva Celia.

La Celia de los negocios.

-"No quiero que nada"

entorpezca la cena.

Como antes,

cuando no sobraba el mundo.

Nos sentábamos en un banco de un parque sin hacer nada.

Solo hablábamos y veíamos a la gente pasar.

Como si todo lo de nuestro alrededor nos sobrara.

Como si no fuera con nosotros.

Como si con nuestro amor nos bastara.

Solo ella y yo.

-Todo eso volverá.

Ya lo verás. Solo necesita tiempo.

-Yo tengo todo el tiempo del mundo. Y más paciencia aún.

Yo solo quiero volver a recuperar la pasión

y el amor que teníamos entre nosotros.

Quiero recuperar a mi esposa. -"Llevo mucho"

intentando meterte en vereda.

Ofreciéndote pretendientes y nada te gusta.

Todos mis esfuerzos no han servido para nada.

Lo mismo no quiero casarme con quien Vd. diga.

Estoy harto de tu rebeldía, de tus desplantes, de tus salidas de tono.

Por eso decidí acordar tu matrimonio. Punto.

Punto no, padre.

¿Te atreves a retarme?

-"Qué contentura tiene Pablo"

en el cuerpo.

Ojalá la cena sorpresa para Leonor salga según lo esperado.

-Pues sí.

"Se ha esforzado tanto que bien se lo merece".

-"Sí".

-"No te entiendo".

Soy un títere en tus manos.

Vas y vienes. Haces y deshaces.

Me utilizas. Eso no es verdad.

Estoy harto de tus rechazos, Teresa.

Como si no quisieras que te tocara.

Y yo ya no puedo más. Fernando, yo...

No hay nada.

Lo que tenemos es Tirso y un contrato de matrimonio vacío

de sentido. Lamento todo lo que está pasando

entre nosotros.

Todo lo que tú me estás haciendo.

No te lo mereces.

Ya no me creo tus palabras, Teresa.

De nada te van a servir.

Así que hay alguien detrás de usted, Úrsula Vicenta.

Y voy a descubrirlo.

"Ya sabe lo mucho que hay en juego". "Mucho, sí".

"Atrapar a Cayetana".

Primero debemos demostrar

su relación con Elena Pérez Casas.

Que esa pobre menesterosa tan solo la obedecía cuando quiso matarle.

Y hasta que no demos con ella no podremos demostrar nada.

Todo ahora es especulación.

Lo sé, amigo. Soy el primer interesado en que se esclarezca.

Por algo finjo mi muerte.

Mauro,

nadie tiene que saber que el objetivo es doña Cayetana.

Nadie

es nadie. "A veces"

es mejor no esperar nada

y así no nos pueden hacer daño

ni decepcionarnos.

Habla como si hubiera pasado por lo mismo.

Así es.

Mi difunto esposo me hizo pasar por una situación similar.

Entiendo el vacío del que habla.

Agradezco sus palabras, Cayetana.

Teresa no entiende que es una persona sensible

y que no es la única que está triste,

que sus sentimientos importan. Así es.

Y que usted tiene unas necesidades como esposo

que tienen que ser atendidas. Ojalá Teresa me entendiera tan bien.

Ojalá Teresa le quisiera como merece.

"Toda la culpa"

y todos mis pesares

desaparecen cuanto estoy cerca de ti.

Mauro, soy feliz a tu lado.

Teresa.

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  • Capítulo 483

Acacias 38 - Capítulo 483

27 mar 2017

Teresa le dice a Fernando que se niega a alejarse de Acacias, no se irá con él de viaje. Cayetana intenta hacer ver a Teresa que está haciendo daño a Fernando. Teresa aprovecha cualquier ocasión para visitar a Mauro a la pensión. Elvira sigue dando celos a Simón con su comportamiento con Burak.

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