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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 480 - ver ahora
Transcripción completa

Yo quiero que sientas que...

Que puedes confiar en mí.

Bueno, y ahora vives aquí.

Así que eres una más de la familia.

Bueno.

"Cada vez que me mira,

que parece que me voy a dejar llevar por sus besos",

veo a Mauro.

No sé cómo superar este bloqueo. Tienes que hacer un poder.

No solo porque Fernando es tu esposo y tiene derecho,

sino porque Mauro está muerto.

"Querías ir a ver a tu tía Bárbara".

Me negué y no paraste hasta que accedí.

¿Harás eso con los carnavales? Rogaré hasta quedarme sin saliva.

Está bien. Iremos.

¡Ay!

-"No permitas que mi vida se vuelva aburrida y gris".

Me encantaría que vinieras al baile de máscaras conmigo.

Pero si piensas de otra manera que yo,

iré sola.

-Por supuesto que iré, madre.

Por supuesto que iré.

"Esas fiestas son para protestar y rebelarse, ¿no?".

Eso dicen. Pues mi disfraz cumple esa función.

¿Y de qué clase de acto de rebeldía estamos hablando?

Tengo un plan.

Y tiene que ver contigo.

Yo se lo he contado todo y usted se guarda cosas.

No sea usted impaciente.

Por cierto, Úrsula,

me gustó tanto el diamante azul

que he hecho una oferta a sus propietarios.

-"Te he echado de menos".

-No me encuentro bien.

-¿Por qué? ¿Qué ocurre? -No es nada.

Solo quiero echarme un rato.

-¿Qué te duele?

¿Voy a por algo? -Pablo, solo estoy cansada.

-¿Quiere que te prepare una infusión?

-Gracias, Javiva.

-Ve. Ahora te la llevo.

-"Seré su apoyo para lo que necesite".

-Eres un buen hombre.

-Gracias, Consuelo.

-"Aún no hemos consumado el matrimonio".

Si lo deseas, podríamos anularlo sin problema.

Fernando, aguarda.

Quédate, te lo ruego. ¿Para qué?

No sé cuánto tiempo podré soportar esto.

¿No se va a probar la máscara?

Está usted

bien guapa.

Si apenas se me ve el rostro.

Usted estaría bella hasta cubierta

por un saco de esparto.

¿Será posible? ¿Ya sabes de requiebros?

Ya estás disfrazado.

Aún es pronto para el carnaval.

Tiene razón. Será mejor que te lo quites,

no sea que lo manches. -Nones.

No me lo quitaré nunca.

¿Piensas ir al colegio vestido de mago?

¿Y por qué no?

Iba a dejar a mis amigos boquiabiertos.

-No cabe duda.

-Podrían ensayar el baile de esta noche.

Ahora no, Tirso.

¿Por qué no?

No sea que esta noche con máscaras no lo hagan bien.

-Descuida.

No creo que bailemos mucho.

Todavía no sé

si voy a asistir al carnaval. ¿Cómo?

Pero bueno, qué tontería. No le hagas ni caso.

Está bromeando. No, Cayetana. No tengo cuerpo.

Tendrás que hacer un poder. Esta tarde iremos todos a festejar.

Aunque yo no soy muy amiga del carnaval.

Pero sí. Debemos animarnos.

Teresa,

por favor,

hágalo por mí.

No quiero perderme los festejos.

-Iré a dar un paseo. Vendré para comer.

¿Por qué no acompañas a Fernando

y enseñas el disfraz a los niños?

Yo voy enseguida a La Deliciosa.

¿Qué es eso de que te vas a quedar en casa?

Está bien de lamentos.

Tienes que reponerte de una santa vez,

Teresa.

Ya le has fallado a tu esposo. ¿Vas a fallar a Tirso?

Liberto,

de ninguna manera me voy a poner este espanto.

-¿Por qué no, querida?

Estabas la mar de divertida. -Tenemos distintos conceptos

de la diversión. No solo estoy horrorosa,

sino que me recuerda a alguien

que no deseo recordar.

-Te va a escuchar Javiva.

Aparte de que no le haces justicia.

-No se parece en nada

a esa máscara. -Mismo color comparten.

No voy a llevar puesta esta máscara que me has traído y punto redondo.

-Pues haces mal. ¿Sabes la cantidad de sustos

que podrías dar a los vecinos con ella?

-Si quieren diversión, que se compren un mono.

-La fiesta comienza en unas horas. Me dirás qué máscara vas a llevar.

¿Pretendes ir de león?

-Anda, ¿y por qué no?

-Es mi disfraz, no el tuyo.

-¿Es que no crees

que puedo inspirar pavor? -Demasiado,

diría yo.

Saldrían los vecinos corriendo

con tu rugido. -En tal caso, rugiré, rugiré,

pero como un gatito, Miau.

-Anda.

Se ha escapado un león del circo, ¿no?

-Muy gracioso.

Soy un león estupendo.

Y si no querías que te robara

este adefesio, haberme traído una máscara más lujosa.

-Querida suegra, los carnavales no son tiempos de lujo.

Los señores y criados se comportan y se visten igual.

-No estoy de acuerdo.

Hasta disfrazados hay clase. -No.

Pablo tiene razón. Lo que importa

es divertirse.

-Yo me acuerdo hace unos años, cuando todavía era mozo,

que pues coincidí con Leonor en un carnaval

y tapado con mi disfraz me puse a bailar con ella

un buen rato haciéndome pasar por señor.

-¿Y mi hija no se enteró?

-No. Escapé antes de que se descubriera el entuerto.

-Buena historia, Pablo. ¿No se lo has contado a Leonor?

-Por lo menos mil veces.

Cada vez que llega carnaval no pierde ocasión de repetirlo.

-La travesura lo merece,

¿no?

-Te equivocas.

Es una tontería.

-Hija, ¿te lo has pensado mejor? ¿Finalmente

nos vas a acompañar a los carnavales?

-No hay nada que pensar.

Ya le dije que prefería quedarme en casa descansando.

-Cariño,

¿por qué no te animas si sabes que me agradan estas fiestas?

-Y nadie te impide acudir, Pablo. Javiva se quedará

haciéndome compañía.

-Pablo, no te quedes sin ir al carnaval por mi culpa.

Acompaña a Liberto y a mi madre.

-Claro.

Por supuesto, Pablo.

Si te apetece... -Es que se me han quitado las ganas.

-Te lo ruego. No hagas que me sienta culpable.

Te irá bien airearte.

Yo estaré bien. No temas por mí.

Teresa, ¿dando un paseo?

Venía en busca de Tirso.

En tal caso me parece que no tendrá que buscar más.

Con Dios. Con Dios.

Felipe.

¿Se sabe algo de la investigación de...?

Sobre la muerte de Mauro.

Lamento decirle que no Estamos en punto muerto.

Sigue sin haber rastro de esa mujer.

Elena. Se la ha tragado la tierra.

Nos han informado que vendrá un nuevo comisario.

¿Y se sabe quién es el elegido? Sí.

El comisario Méndez.

Siendo inspector sirvió en la misma comisaría.

Germán de la Serna me lo presentó. Eran muy amigos.

Espero que pueda dar un empujón.

Ojalá tenga usted razón.

Y ahora, si me disculpa, voy a ver Tirso.

Teresa.

Disfrute del baile.

Algo me dice que el carnaval traerá muchas sorpresas.

Querida, siéntate con nosotros. No. No hay tiempo para eso.

Venía a buscaros. Debemos empezar

a arreglarnos para el carnaval. ¿Viene con nosotros?

Bueno, pues entonces

no tardemos más, no sea que cambie de opinión.

Yo debo cambiarme

de vestido y buscar mi máscara.

¿Dónde marchan con tanta urgencia?

-A vestirnos para el carnaval.

-Yo diría que tú ya vas preparado para eso, pequeño mago.

Sí. Él sí. Pero Teresa y yo no.

¿Va a asistir al baile de máscaras, doña Cayetana?

Pensé que no era amiga

de tales fiestas. No.

No lo soy. Lo hago por Tirso

y por Teresa.

Adelantaos. No me gustaría que os retrasarais.

Tengo algunas cuitas

con Úrsula.

No soporto a esa pazguata.

Sigue con pena y estoy harta de animarla.

Quizá el juego que había planeado deba ya llegar a su fin.

Sepa que Elena Pérez Casa ha vuelto a la ciudad.

Está escondida,

a buen resguardo de la policía.

Pero dispuesta a brindarnos sus servicios.

No, Úrsula. Por el momento no será menester.

No estoy dispuesta a acabar tan pronto mis planes.

A Teresa le queda mucho

que sufrir antes de ganarse el eterno descanso.

Como desee. Por cierto,

¿ha podido ya comprar el diamante azul?

Ardo en deseos de volver a verlo.

Pues aún tardará en hacerlo. El joyero

que me lo tiene que vender persiste en no hacerlo.

Cuánto lo lamento. Ya le dije que escogía muy bien sus clientes.

Agradecido, Gayarre.

Estaba deseando terminar las gestiones y volver a casa.

-Últimamente recibe y envía mucho correo a Estambul.

¿Quién es ese hombre

con el que se cartea, ese Burak Demir?

No recordaba habérselo oído nombrar antes.

-Digamos que de momento es un buen amigo.

Al que, por cierto, espero recibir pronto.

-¿Va a venir a España?

-Sí. Así me lo ha confirmado.

Tenderá que preparar el cuarto de invitados.

Al ser un hombre elegante y de mundo, Burak Demir se alojará

en un hotel, pero tenemos que estar preparados.

Tengo la obligación de ofrecerle acomodo.

-Daré orden de que limpien la habitación.

-Bien, Gayarre. Otra cosa.

Prefiero que no comente nada con Elvira.

Es mejor que por ahora no lo sepa. -¿Por qué motivo?

-Porque es mi capricho.

Ignoraba que tuviera que darle más razones.

-Disculpe, señor.

No sabía que su visita tenía que ver con la señorita Elvira.

-¿Por qué habría de saberlo?

Muestra usted

mucho interés hoy por mis asuntos familiares.

-Era curiosidad.

Lamento haberme mostrado tan imprudente, señor.

-Descuide. Pronto satisfará su curiosidad.

Por cierto, hablando de Elvira,

¿dónde se ha metido? Me extraña no haberla escuchado.

Vaya a su habitación, por favor.

Disculpe, señor, pero la señorita Elvira no está

en casa.

-¿Qué me está diciendo?

¿Dónde se ha metido ahora esa niña?

¿Quién le ha dado permiso

para salir? -Habrá salido a hacer algún recado.

-No intenten disculparla.

Tendría que haberme esperado.

Me va a oír cuatro palabras

cuando la encuentre.

-¡Huy!

Coronel, no se espante.

¡Que soy yo!

Que soy Trini.

¿Qué? ¿Le gusta la máscara para carnaval? Divertida, eh.

-Divertida no me parece la mejor definición.

Si me disculpa, tengo prisa.

-No se apure. Solo le entretendré un momento. Venía a darle

las razones de su hija. Le vi entrar.

-¿Sabe dónde está? -Así es.

En mi casa. Preparando el carnaval con María Luisa.

-Gayarre, puede retirarse.

-Con Dios.

-¿Cómo que preparándose?

Dejé claro que no quería disfraces.

Ni siquiera le di permiso

para salir. -No se sulfure,

por favor. Cosas de muchachas.

-Me calmaré cuando la traiga

de vuelta. -Coronel.

¿Acaso pone en duda mi persona?

Le digo que su hija se encuentra

bajo mi techo. Está bajo mi responsabilidad y la de mi esposo,

al que no creo que le haga gracia saber que usted cuestiona que su hija

está con la nuestra. Espero que no les de un disgusto.

Ni a él ni a las niñas, que nada malo hacen.

-Lamento que interprete mi actitud

como desconfianza hacia los suyos.

Pero ya le dije que la educación de mi hija

es un tema tan solo de mi incumbencia.

Y creí dejar bien claro, meridianamente claro, el tema

del carnaval.

-Así fue, Coronel. Lo dejó claro. Lo dejó clarísimo.

Más si viera lo dichosa y feliz que está su hija,

seguro que le permitía quedarse en mi casa.

Queriéndola como usted la quiere,

no creo que desee verla triste y compungida.

Es usted un padre justo y cabal.

No esperaba menos de usted.

Y no se apure, que la tendré muy vigilada.

-Está bien.

-Sabía que entraría en razones.

Pues nada, que voy a terminar de prepararme.

Le veo luego en el baile.

A más ver. -Con Dios.

(Música de carnaval)

Teresa, ¿qué te pasa?

¿Te sucede algo? Hace rato que no veo a Tirso.

¿Dónde se habrá metido? Descuida.

Estará jugando con los chiquillos. Claro.

Seguro que sí. Y nosotros sigamos

su ejemplo. Déjalo, Cayetana. No me apetece.

Bueno, pero a mí sí. Deberíamos divertirnos.

¿Jugamos a la ruleta?

Me ha tocado la flor.

Me sonríe la fortuna.

Agradecida. Ahora te toca a ti.

A ver si tiene suerte.

Se lo agradezco. ¿Pero no será mejor

que tire usted? Vamos.

Deme el capricho. Se lo ruego.

Le ha tocado el beso.

Deberá pagar un prenda.

No me mire así.

La prueba es dulce.

Debe besar a su esposa.

Teresa, ¿qué miras?

Te está esperando tu esposo. Debes besarle.

Bueno, qué beso más torpe.

Creo que ese beso no merece

un premio.

¿A qué tanto empeño en mirar hacia allí?

¿Ves a alguien conocido?

Si me disculpan...

Mira lo que has conseguido. Fernando.

¿Adónde va? ¿Le ocurre algo?

Lo lamento, Cayetana.

Preciso estar solo.

(Música de carnaval)

Ah.

Qué maravilla.

Mira cuánta gente, madre.

-Pues sí, hija. Por fin este barrio

me parece medio normal.

-¿Medio normal?

Pero si van todos los vecinos

enmascarados. ¿Dónde ves tú la normalidad?

-En que todos se divierten sin pensar

en el qué dirán y actuando

con naturalidad.

Puedes creerme, hija.

La verdadera máscara la llevan todos puesta a diario, no esta tarde.

-No seas un juez tan duro.

También hay buenas gentes en estas calles.

-Sí. Los palacios, las chicas del altillo y alguno más.

Con los dedos de la mano se pueden contar.

-Muy criticona te encuentro. ¿No se te pegarán las malas costumbres?

-Eso nunca, querida. -Ya.

-Y ahora mismo lo vas a poder comprobar.

(RÍEN)

¿Tú crees que esas vecinas

de las que me hablas podrían bailar así, Celia?

(DOÑA CONSUELO TOSE)

-¿Te encuentras bien? -Mejor que nunca, hija.

Después de verte reír y bailar así

yo solo puedo sentirme dichosa.

-¡Uh!

Rosina.

Qué miedo dais.

-Y a ella porque no la habéis escuchado rugir.

-Si queréis ver algo que da más pavor, mirad esas máscaras

que vienen por ahí.

-Hola, queridos.

Qué máscaras más

divertidas. -¿Verdad que sí, Rosina?

Las he hecho yo misma.

-Lo hubiese jurado. Al parecer, Trini, has dejado

sin plumas a todos los pájaros de la ciudad.

-Rosina, el carnaval es propicio para el color

y el exceso. -Cuánta verdad, Trini.

-Y hablando de excesos,

es el momento de brindar

con una copita.

Bebámonos el aguardiente

de un trago. Que en el carnaval

tanto la elegancia como la identidad

han de perderse hasta en el beber.

Será mejor que no me tome

más de esto o las fiestas acabarán pronto para mí.

-Huy, Celita.

-Ay, Dios mío.

Muchas gracias.

Me encanta verte tan contenta, hija. Así te quiero recordar.

Y quiero que tú me recuerdes feliz.

-Cuenta con ello.

Te agradezco lo que has estado haciendo por mí.

-Y más que voy a hacer, te lo aseguro.

-¿Pero qué hacéis aquí como dos pasmarotes?

Venga, a bailar.

Así tienes

que estar siempre, hija mía.

Así.

Teresa.

Teresa.

Teresa, la estaba llamando.

Disculpe, Celia. No la había escuchado.

La he visto y quería que se uniera a nuestro grupo. Estamos bailando.

Aunque por lo que veo,

no tiene cuerpo para bailes.

No debería haber venido al carnaval.

Váyase de mi lado antes de que le amargue la fiesta.

No sin antes ofrecerle mi hombro para que comparta sus penas.

¿Qué le sucede?

No dejo de hacer daño a quien menos se lo merece.

Mi matrimonio es un infierno.

Descuide.

Su marido es un hombre muy comprensivo.

Sabe que está pasando

por un mal momento.

Creo que

con mis continuos desplantes estoy acabando

con su paciencia.

Pero no le culpo.

Otros se habrían rendido ya.

Pero no puedo evitarlo.

No puedo sacarme a Mauro de mis pensamientos.

De hecho

dudo que algún día pueda hacerlo.

Teresa,

la están invitando a bailar. Espera una respuesta.

Teresa, ¿me permite un consejo?

Salga a bailar.

¿Con ese extraño?

O con nosotros. Pero diviértase.

Por una noche deje a un lado tanta tristeza y tantos dilemas.

Estoy segura de que a Mauro le hubiera gustado

verla sonreír y disfrutar de la vida.

Venga. Si se da prisa, alcanzará

a ese enmascarado tan apuesto. Vamos.

Hay algo en usted que me resulta

extrañamente familiar.

Como si ya nos conociéramos de antes.

Dígame, se lo ruego, ¿es así?

¿Quién se oculta

tras esa máscara?

Tiene razón.

Prohibido en carnaval preguntar quién se oculta

tras una máscara.

Disfrutemos de nuestros bailes sin más preguntas.

Teresa. Tirso.

¿Dónde estabas?

Estaba preocupada. Estaba jugando.

¿Me acompaña a las casetas de juegos?

Los otros niños no quieren.

Claro, vamos.

Lo lamento, pero tendremos que interrumpir nuestro baile.

El deber me llama.

Espero descubrir quién se oculta tras esa máscara

antes de que termine la noche.

Celia.

Hoy estás especialmente bella.

-¿Habéis visto a mi madre?

-Pues lo cierto es que hace rato que se marchó. No ha vuelto.

-Qué extraño.

¿Dónde se habrá metido? -Pierde cuidado.

Seguro que está bailoteando con un mozo apuesto

y misterioso.

-¡Eh, muchacha, no tantas urgencias! Dame un vasito

de esos. -Calma, querida.

-Como siga bebiendo a ese ritmo, el león se va a volver más fiero.

-¿León? ¿Qué león?

-¿Y María Luisa? ¿Por qué no ha venido con ustedes?

¿Se encuentra indispuesta? -No. No creo que tarde.

Estaba terminándose de preparar con Elvira.

-Solo son máscaras.

¿Para qué tantos preparativos? -Pues no lo sé, amigo.

Pero miedo me da imaginármelo. Porque esas dos

jovencitas juntas tienen más peligro que nuestro león.

-Bueno, veremos qué sorpresa nos tienen.

-Pues hablando de sorpresas,

miren a aquel portal.

-# ¿Mucho de qué? # -# Hay mucho de todo. #

-Qué sorpresa nos tenían.

-Yo ya estaba al tanto. Servando me cantó para pedirme permiso.

-# Ricos y pobres. Hay mucho de todo. #

-# ¿De qué? # -# Hay mucho de todo. #

# En Acacias hay buenos y malos, hay ricos y hay pobres.

# Hay mucho de todo. # -# ¿Hay mucho de qué? #

-# Hay mucho de todo. # -# ¿Mucho de qué? #

-# Hay mucho de todo. # -# ¿Mucho de qué? #

-# Hay mucho de todo. #

-De Naveros.

Vámonos. -Venga.

# De Naveros llegó bien plantado el mozuelo.

# Agarrado a su esposa. No le soltaba el pelo.

# Siempre andaba más tieso

# que los palos de yeso. Engañando, robando, timando, liando.

# Liando, timando, robando y engañando.

# La esposa se le fue

# al otro lado del charco

# con su hermana moribunda y se olvidó del marido.

# Y el Servando no se acuerda ya de ella.

# Servandito, que nos tienes a maltraer.

# ¿Qué sería de esta calle sin tu barrer? #

-Qué ingenioso.

-Simón.

El mayordomo.

Vámonos.

-# Simón, el mayordomo,

# más que criado parece un palomo. Con sus ínfulas

# de grandeza se me antoja de la realeza.

# Pero lo siento por ti, amiguete,

# no eres más que un pobre mozalbete.

# Criado nada más.

# Y pobre como rata quedarás.

# Quedarás, quedarás. #

# En Acacias hay ricos y pobres,

# y hay mucho de todo. # -# ¿Hay mucho de qué? #

# ¿Hay mucho de qué? # -# Hay mucho de todo. #

-¿Y qué tiene el barrio?

-# Tiene el barrio

# unos señores

# que no se puede aguantar.

# Que te miran desde arriba

# y te desloman a faenar. #

-Pero en el barrio también hay

unas damas que vienen desde abajo.

Pero otras que han sabido

hacerse amar.

-# Trini se llama

# la doña.

# Nunca le hagan rabiar. #

# Trini llegó y venció

# ganándose el corazón

# de los pillos

# del altillo y del hidalgo don Ramón. #

-¡Olé!

-# En Acacias hay buenos y malos, ricos y pobres. Hay mucho de todo.

-# ¿Hay mucho de qué? # -# Hay mucho de todo. #

# Mucho de todo. #

-La sastra. Doña Susana.

(TODOS) ¡Huy!

# La sastra doña Susana

# más que sastra es beata revenida,

# de mantilla, de rezos y homilías. # ¡Chist!

# Hasta Jesús resucitado

# le daría un pescozón por levantarse de la tumba sin razón.

# Sin razón, sin razón. #

-¿Pero qué significa esto?

-Esto ya no te parece tan ingeniosos eh.

-Doña Rosina.

Venga, venga, venga.

(TODOS) Luego está doña Rosina

con sus locuras y manías.

Quiso operarse el jeto

y casi pierde

hasta el coleto.

El matasanos no la rajó

y fea como pifio se quedó.

Doña Rosina fue pobre

y sopas de ajo jaló.

Ahora que es ricachona

y ni una migaja cambió.

-# El dinerillo, el dinerillo. #

-# Ni un real va a gastar ni a soltar un centimillo. #

-# El dinerillo. Ni un real va a soltar

# ni a gastarse un centimillo.

# En Acacias hay malos y buenos y hay mucho de todo. #

-# ¿Hay mucho de qué? # -# Hay mucho de todo. #

-¡No pienso consentir semejante desplante!

-Templa, templa, querida. Veremos cómo termina esto.

-¡Liberto!

(RÍEN)

# Liberto el de los pies pestosos

# a cabrales huele al pasar.

# Un día llegó de provincia a casa de su tía sin más.

# Poco a poco él trabó con todos buena amistad.

# Y sedujo con sus artes a una anciana del lugar. #

-¿Qué dices? ¿Estás dispuesto a seguir escuchando,

a que continúen?

- # Bla, bla, bla. Feliz está el jovenzuelo

# y contenta la viuda está.

# Pese al olor a pezuñas

# sí se quieren, nada más.

# En Acacias hay malos y buenos y hay mucho de todo. #

-# ¿Hay mucho de qué? #

-# Hay mucho de todo. #

-Muchas, muchas gracias, Servando y la comparsa.

Muy ocurrente la murga. -No, don Ramón.

Todavía nos queda doña Cayetana,

nos queda don Felipe... -Mejor lo dejamos para otra ocasión.

No tentemos la suerte.

Hala, hacedme caso. Id por ahí a divertiros.

-¿Habéis visto cómo os decía que no se iban a molestar?

-Mejor que nos detengamos.

Por la cara que ponen se va a liar la de Dios.

-Te dije que se liaba la del pulpo. Vamos.

-Así que usted

estaba al tanto de tamaña barbaridad.

-Digamos que Servando se limitó a cantar la parte más amable

de la murga.

-¿Va a dejar que se vayan tan anchos?

Hay que ponerles

en su sitio. -Bueno, Rosina,

es mucho mejor dejarlo pasar.

Quien se pica ajos come. -Claro.

Como tú sales mejor parada... Exijo que se les eche.

-Templa, querida.

Es cierto que molesta un poco. Pero se trata de una chanza de carnaval.

-Tiene razón. Cuanta más importancia le demos, más populares serán.

-Celia, ¿tú no dices nada?

-Yo mejor me marcho a buscar a mi madre.

A fin de cuentas don Ramón les ha cortado antes de mi turno.

-Qué cara. -Ya.

-Bueno.

Rosina.

Gayarre.

-¿Desea algo, señor?

-Acuda a casa de los Palacios.

-¿Ocurre algo? -Sí.

Que mi hija me toma por el pito del sereno.

-En teoría estaba con María Luisa arreglándose para la fiesta.

-Usted lo ha dicho, en teoría.

Quiero que compruebes si es así.

No deseo enfrentarme a los Palacios,

pero que no me tomen por tonto.

Era Elvira la que tenía interés en venir a estar fiesta.

No entiendo esta impuntualidad.

No se tarda en ponerse una máscara.

-Me temo que lo que se proponían resultaba más laborioso.

-¿Pero qué demonios?

Esta insensata se ha vuelto loca.

¿Nunca se va a cansar de retarme?

Se arrepentirá de esto, se lo juro.

¿Por qué tanto silencio? Toquen un bolero que baile

con mi pareja. Elvira, por Dios.

-Deténgase. No lo empeore montando un escándalo.

-Ay, estas muchachas...

-Y tú ríeles las gracias. Seguro que estabas al tanto

de esta locura. ¿No es cierto?

Ah, mira qué bien me viene. Sácate esto.

Gracias. Y tú esto.

-Víctor, sirve un coñac, anda. -Ahora mismo. Véngase a la barra.

Ahí lleva toda la fiesta sentado.

Ni esta boca es mía ha dicho.

-Vamos a hacerle compañía. Haber si conseguimos animarlo.

-Dudo que lo consigamos. Ahora, por mí que no quede.

-Pablo,

¿qué haces aquí cuando todos se divierten?

-Por eso trato de alejarme.

No me siento cómodo entre tanta alegría.

-¿Y Leonor? ¿Se ha quedado en casa?

-Sí. No tenía fuerzas para venir.

-Poco a poco.

Ha pasado por mucho. -La verdad que a mí

me resulta raro no verla en las fiestas.

Lo normal en ella sería estar ahí fuera animando.

Leyendo poemas o un discurso

sobre los carnavales. Estas cosas que le gustan.

-Ya nada es normal, Víctor.

-Te veo más triste y preocupado que antes de que apareciera.

¿Va todo bien?

-No. No va bien.

En su regreso Leonor ha interpuesto una distancia conmigo

que no logro comprender. No sé.

Es como si tanta desdicha le enfriara los sentimientos.

-Pues como ha dicho don Felipe, Pablo,

tendrás que ser paciente. -Si yo trato de serlo, pero es que

me mata que no me deje que la ayude

ni que le brinde mi amor. -Pierde cuidado.

Todo pasa. Siempre.

En un par de días se te han olvidado estos malos retos.

-Pronto volveréis a ser un matrimonio feliz.

Y ahora venga, afuera a divertirse.

Todos debemos dejar a un lado nuestras preocupaciones.

Si no, sigue el ejemplo

de María Luisa.

-¿De María Luisa?

¿Por qué la pone como ejemplo?

-¿No estás al tanto de la que está armando junto a Elvira?

Te digo que al coronel Valverde casi le da

un síncope al verlas. Son las estrellas de la fiesta.

-Me van a disculpar.

Perdón.

(Aplausos)

Venga. Aplaudid.

Han bailado fenomenal.

Además, es carnaval. Y todo vale

con tal de divertirse. Venga.

-¿Tú también?

-Don Ramón, prefiero que baile con un novio de pega que es mujer

a que lo haga con uno de verdad.

-Supongo que ambos tenéis razón. Habrá que tomárselo con humor.

¡Así que todo valía para divertirse!

¡Ustedes! Sigan tocando.

El baile continúa. Venga.

Tú baila conmigo. Tú con Ramón.

No, tú aquí. Aquí.

Celia, hija, por fin apareces. ¿Dónde estabas?

Te has perdido el baile de Luisa y de Elvira.

-¿Qué baile? -Uno del que no se dejará

de hablar en meses. Por no decirte nada del beso.

Ay, mi Ramón.

Pobre. Lo que me va a costar calmarle.

Tendrías que haberle visto

la cara. Y a Víctor

yo creo que le tiemblan las canillas.

Ay, mi Luisi.

Mucho azúcar tiene que echarle al café

para quitarle el amargor a su novio.

Hija, para semblante serio el tuyo.

¿Qué te ocurre que ni me escuchas?

Trini,

discúlpame. Es que estoy preocupada.

-Eso ya lo veo, que tengo ojos en la cara.

¿Qué te tiene tan mohína?

-Mi madre.

-¿Le ha pasado algo a Consuelo?

-Espero que no. No doy con ella.

-Bueno, mujer, lo mismo no sé, se ha sentido fatigada.

¿Has mirado en casa?

-En casa y en todo Acacias.

Parece que se la hubiera tragado la tierra.

-La verdad es que

hace un rato que no la veo.

Al final voy a tener razón.

Y ha aparecido por ahí un enmascarado enamoradizo.

-Es posible.

Pero, Trini, te lo ruego, ayúdame a buscarla.

Tengo el presentimiento de que está bien, pero prefiero asegurarme.

-Claro, claro, claro. Mira, será mejor

que nos dividamos. Ve tú a la chocolatería.

¿Quieres algo, cariño?

¿Qué es esto?

Me encanta verte tan contenta, hija.

Así te quiero recordar.

Y quiero que tú me recuerdes también feliz.

-Cuenta con ello.

Te agradezco todo lo que has hecho por mí.

Y más que voy a hacer. Te lo aseguro.

Mucha suerte, madre.

Te deseo una vida hermosa.

Señora.

-Sí. -Ya está el equipaje en el coche.

Puede partir cuando quiera.

-Muchas gracias.

Que seas muy dichosa, hija mía.

Te lo mereces.

Que no puedo. -Te tienes que calmar.

-Esto me supera.

-No hay otra opción. Tienes que calmarte.

-No es preciso que os calléis. Podéis seguir.

Ya veo

que es mi presencia la que os impide hacerlo.

-¿Por qué has vuelto tan pronto?

-Porque echaba de menos a mi esposa.

Pero ya veo que el sentimiento no es mutuo.

¿De qué estabais hablando

que teníais que mantenerlo en secreto?

Leonor, ya que no tienes la delicadeza de contestarme,

al menos podrías mirarme a la cara.

No sigas ignorándome.

Has llorado. ¿Por qué?

-Deja de preguntarme, Pablo.

-Cariño, dejaré de preguntarte cuando tú me contestes.

No, Leonor, aguarda. No.

Tú no vas a ninguna parte sin antes contarme qué ocurre aquí.

¿Qué le pasa a Leonor?

Fernando.

Por fin le encuentro.

Le estaba buscando.

¿Qué hace aquí?

No tengo ni cuerpo ni ganas para carnavales.

Ya imagino.

Me tenía preocupada.

Me alegra saber que aún hay alguien que se preocupa.

Porque lo que es mi esposa poco afecto demuestra.

No hable así.

Tiene que tener paciencia con Teresa.

Lo lamento, pero se me está agotando.

Le he dado todo el tiempo del mundo, he intentado ganármela.

Pero es imposible. La sombra de Mauro

sigue planteando entre los dos.

Separándonos.

Sea fuerte.

No deje de luchar por ella.

No me quedan fuerzas para seguir luchando por su amor o su estima.

Haga lo que haga, esta siempre me es negada.

Y no creo merecer este trato.

Sí.

Tiene usted razón. No es justo

el proceder de Teresa.

¿No va a intentar defenderla?

No puedo seguir haciéndolo.

No entiendo a qué viene su empeño en tratarle con tanta desconsideración.

No sé como no ve la clase de hombre que tiene a su lado.

Nunca encontrará

un esposo tan entregado,

enamorado

y caballeroso.

Agradezco sus palabras, Cayetana.

Ya no me acordaba de lo que era

sentirse reconocido.

Un hombre como usted merece esas palabras y muchas más.

Disculpen.

Celia.

Discúlpeme.

¿No habrá visto al hombre de la máscara blanca?

¿Qué le ocurre? ¿Ha estado llorando?

No es nada.

Ya se lo contaré.

Sepa que me satisface

que me pregunte por ese hombre. ¿Por qué?

Porque él también la estaba buscando.

Como no la encontraba,

me ha dicho que la esperaría junto a la fuente.

Que se lo dijera.

¿Por qué tiene tanto interés?

¿Le conoce? Es lo que me dispongo a averiguar.

¿Qué te ocurre, Teresa?

¿Qué despierta en ti ese hombre?

"Somos nosotros, cariño".

Donde nadie nos puede hacer daño.

Inseparables.

Besándonos para siempre jamás.

En nuestra burbuja.

Siempre que te sientas decaer,

siempre que estés triste,

hazlo girar.

Contempla nuestro beso.

Piensa en mí.

Cuidado, que ahí viene tu padre. Está muy enfadado.

Lo mejor es que le digáis a todo que sí.

Todavía se está pensando si enviarte a un convento.

-Es carnaval. Debería entenderlo. -Sí, Luisi, hija.

Es carnaval, no una orgía romana.

-"¿Va a castigarla?".

-Voy a encarrilarla.

Que donde ruge el tigre no rebuzna el burro.

Ella sabrá lo que le conviene.

-"Deberías ser más amable con Víctor".

-Yo tendré cuidado con ellos. Tú debes tenerlo con Pablo.

-¿Con Pablo?

-Tienes que disimular más ante él.

Cada vez hace más preguntas y es menos paciente hacia tu actitud.

Al final va a descubrirlo todo.

-"¿Has decidido hacer algo, Pablo?".

-Escribiré una carta a Leonor.

-Se me impone algo más imperativo, Pablo.

-Ella fue quien me enseñó a leer y escribir. Es importante para ella.

Leonor volverá ser quien era.

Voy a recuperar a mi esposa.

-"Es de mi madre".

Todo lo que dejó pendiente.

Me cede todas sus propiedades.

Toda su fortuna.

La patente de los tintes. Todo. -Celia,

eso es un dineral.

Te deja solucionada la vida.

Pero para siempre. -Sí.

Y hay un documento más.

Mi nulidad de matrimonio

con Felipe.

-Mocita.

De ti hablábamos.

-Buenos días, señoras.

-Menudo espectáculo dimos ayer, eh.

-No debimos. Les pido disculpas.

-¿Se puede saber en qué pensabas, insensata?

-¿Has ido a confesar ya? -"Nos echarán".

Por nuestra mala cabeza. -La nuestra no.

La del señor Servando.

-Para el carro, que aquí cantamos todos.

-¡Usted nos convenció! -Anda que no pusiste tú ideas

para las letras. -Lo hice engañada.

Que usted dijo que don Ramón lo aprobó.

-Cuidado, que vienen.

-"Hola".

-Por fin te dignas a aparecer.

-No me atrevía.

¿Estás enfadado?

-Tú me dirás.

Solo escucho hablar de mi novia la machorra.

¿Sabes qué ha sido lo peor?

Me recomiendan que rompa mi compromiso

sin escucharte.

¿Quiere usted tomar algo?

Sí, por favor. Un chocolate.

De inmediato. Por favor.

-Me va a perdonar, doña Cayetana.

Espera un segundo.

Después de lo que pasó ayer

será mejor que no nos quedemos a solas.

Sí.

No me lo recuerde. Yo también me arrepiento.

Si me disculpa...

Vas a cometer un tremendo error de cálculo.

¿Qué hace usted aquí? Seguirte.

Vete. Déjame sola.

En un momento. No temas.

¿Qué hace, Gayarre? -"A ver si celebra la cuaresma

con tanta devoción como los carnavales".

Ayer se lo recordé a Teresa.

Tras los días de desenfreno llegan los de recogimiento y dolor.

¿A Teresa? Sí.

La encontré casi al final de la fiesta.

Corría tras alguien como si le fuera la vida en ello.

¿Y sabe usted quién era ese alguien?

Un hombre enmascarado creí ver.

Pero no sé su identidad. No lo alcanzó.

-¿Me pregunta por su enmascarado? Ha acertado.

Pues no sé nada.

No le había visto antes. No le conocía ni tampoco reconocí su voz.

No me sirve

de mucha ayuda. ¿Por qué tiene tanto interés?

No se lo va a creer,

pero por su forma de bailar...

¿Buen bailarín?

Te hacía sentir única en el mundo.

  • Capítulo 480

Acacias 38 - Capítulo 480

22 mar 2017

Felipe le cuenta a Teresa que vendrá un nuevo comisario que le dará un impulso a la investigación de la muerte de Mauro. Comienza el carnaval. Fernando no puede soportar que Teresa siga con sus desplantes y marcha a casa, donde se encuentra con Cayetana. Ambos acaban besándose. Durante la fiesta, un hombre enmascarado le ofrece bailar a Teresa. Elvira aparece en el baile disfrazada de hombre, bailando con María Luisa. Para provocar a su padre y a Simón, Elvira besa a una desconcertada María Luisa al acabar.

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