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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 479 - ver ahora
Transcripción completa

Pero si hay una posibilidad de que hallen el remedio

para tu enfermedad, agarrémonos a esa esperanza.

-Yo he tenido una vida maravillosa, Celia.

¿Por qué iba a estropearlo al final?

-"Lo mejor que puedes hacer es salir y distraerte".

Si tu padre fuera más flexible y te dejara venir al carnaval...

No tengo la menor idea de qué es esa fiesta.

Son festejos que se organizan en el barrio.

Pedí a tu padre que te dejara venir,

pero se negó.

-"No quiero que mi madre no luche".

-¿Y tú has pensado que quizás lo cruel

es no llevar a cabo la última voluntad de tu madre?

"Esa dama de compañía tan rara"

es lo único que le da tranquilidad a mi hija.

Y ahora lo único importante es que se recupere.

-Si yo soy el primero que está dispuesto a acoger a Javiva,

en tratarla como uno más.

Si no tengo más que agradecimiento.

-Escucha, Pablo.

La alegría de recuperar a tu esposa tiene que pesar más que eso.

-"El carnaval es para mujeres indecentes".

No pienso amilanarme. Iré a esa fiesta sí o sí.

Ya lo veremos. -"Quisiera saber"

qué has hecho con el corsé. Lo llevo puesto.

Me encantaría vértelo ahora mismo.

Puedes hacerlo si quieres.

-"Yo sé cuidar de mí misma".

-Lo sé.

Pero a la postre vas a necesitar ayuda.

Y quiero ser yo quien te la preste.

No puedes negarme ese derecho como hija.

-No me queda otra que hacer de tripas corazón.

¿Te gusta?

"¿Ha leído ya el periódico?".

Dicen que el diamante azul va camino de Nueva York.

Sí, ya lo he leído.

La verdad es que me pica la curiosidad.

¿De dónde sacó una joya así?

"Déjame sola". -"¿Qué te ocurre, Teresa?".

¡Por favor, vete!

Está bien.

Como veas.

No puedo revelarle quién me ha prestado el diamante

ni tampoco quién lo lleva a Nueva York.

¿A qué viene tanto secretismo?

Únicamente puedo decirle que sí,

efectivamente,

conozco a todo el mundo.

¿Y por qué se deshizo del diamante tan pronto?

Ya sabe que la mala suerte

parece perseguir a quien porta esa joya. Por eso

he extremado las precauciones.

Como comprenderá no quiero que me ocurra una desgracia.

Buenas noches.

Ah.

Se me olvidaba.

Hay una noticia

que lo mismo le interesa leer.

Aquí.

Con Dios.

"La policía ha encontrado el cadáver

de un hombre muerto junto a la fuentecilla del Carmen".

"Dos miembros de la guardia municipal encontraron el cadáver

de un hombre sin identificar".

"Falleció por una rotura de las vértebras del cuello".

¡Maldita seas!

Don Fernando, ¿qué hace ahí solo?

¿No ha ido bien?

Entiendo que las cosas no han salido

como usted había previsto.

Le aseguro que nada ha salido como había previsto.

¿Quiere que lo hablemos?

Discúlpeme, doña Cayetana.

Tomas un café muy negro.

Negro como el carbón

de la chimenea. Como el tizón.

Me refiero al café.

Vamos, que no pretendía

acusarte de nada ni insultarte.

Bueno,

¿cómo está el café? ¿Está bueno?

Casilda. Casilda.

¿Sabes qué?

Creo que me siento mal

de la tripa.

Será mejor no tentar

a la suerte.

¿Puedo acompañarte?

¿Este te es de alguien?

¿Puedo tomármelo?

¿Te sientes bien

en esta casa?

Eso es lo que quiero, que te sientas bien.

Mira, yo no sé

qué pasó en Fernando Poo.

Sé que eres importante para mi esposa.

Así que quiero que te sientas cómoda aquí. Bueno,

he ido a la joyería a comprarle un...

Un regalo a Leonor.

Te he comprado un detallito.

-¿Para mí? -Sí.

¿Te gusta?

-Nunca nadie me había regalado algo

tan hermoso y tan elegante.

-Pues me alegro de haber acertado.

-Nunca nadie me había regalado nada.

-Pues

te mereces mucho más que un broche, Javiva.

Mira,

tú has salvado a mi esposa

y la has traído a su casa.

Creo que no hay joyas suficientes

para agradecerte lo que has hecho.

Y lo que has hecho por mí.

-Me alegro de que digas eso.

-Yo

quiero que sientas que...

Que puede confiar en mí.

Que en mí tienes un amigo.

Bueno, y ahora vives aquí.

Así que eres una más de la familia.

Bueno.

Mi madre no accede a someterse al estudio que le podía salvar la vida.

-¿Te ha dicho que no?

-Pero al menos

la he convencido para que cambie de actitud

y se tome todo esto de otra manera.

-¿De otra manera? ¿Qué quieres decir?

-Ha accedido a bajar el ritmo,

a descansar,

a evitar los excesos.

-¿Consuelo ha accedido a todo eso sin rechistar?

Mira que me extraña. -¿Por qué? Ha cambiado de parecer

y ha entrado en razón. Hasta la más terca

de las mulas cede

en ocasiones. -Sí.

Pero tu madre no.

-Me lo ha prometido.

No vamos a carnavales,

no te digo más. -Uh.

Pues mira, eso me deja de pasta de boniato.

Con lo contenta que parecía ayer.

-Pero ha recuperado el seso y la razón.

-Hija, los carnavales no serán los mismos sin la alegría

de tu madre, qué quieres que te diga.

-Trinidad Crespo,

ni se te ocurra tratar

de convencerla. Primero la salud.

-Pues claro que sí. ¿Por quién me tomas?

(Puerta)

Vengo a traerte los materiales

que me has pedido para las máscaras de carnaval.

-¿Lo tienes? ¡Me muero por verlos!

Qué maravilla.

-No sé qué clase de máscaras pretendes hacer.

Pero veo mucho "colorinchi" y poca clase.

-Susana, son plumas.

-Plumas de colores y brillantinas.

No creo que eso sea de muy buen cristiano.

-Los cristianos no se divierten.

-Rezando y pidiendo por los más desfavorecidos.

-Susana, el carnaval es un día alegre

en el que todo el mundo puede ser algo que normalmente no es.

-Tú no distas mucho.

Pero tú verás.

-Bueno, bueno, bueno, bueno. Mi Ramón y yo vamos a ganar

el concurso de máscaras.

Todo el mundo hablará de nuestras máscaras.

-¿Y que peguen la hebra a costa de una

es algo bueno y de aplaudir?

-Susana, por favor, no seas ceniza.

¿Sabes lo que te digo? Deberías soltarte la melena.

Lo mismo te gusta.

-Pamplinas.

Mira, Celia, ya que estás aquí,

dale esto a tu madre.

Así me ahorro unas escaleras.

-¿Te ha hecho un encargo? -Para su máscara de carnaval.

-Ah.

Lo siento, Susana,

no hará falta. No iremos a la fiesta de máscaras.

-¿Cuándo lo habéis decidido?

-Ayer de anochecida.

-Ah, pero tu madre me la pidió

hace un rato.

-Sabía yo que ni la más terca mula podía con tu madre.

¡Ay! ¿Qué más, Susana? A ver.

¡Ay, mira qué ideales! -Cuidado, Trini.

Cuidado. -Si son todas para mí.

¿Te encuentras bien?

He de preparar unas cuentas para la clase de matemáticas.

Pero no consigo concentrarme.

¿Es por lo que sucedió ayer entre tú y Fernando?

No, no me ha contado nada. Entré en el salón, le vi la cara

y deduje que las cosas

no fueron bien. No. No han ido bien.

Y tampoco habéis podido solucionar hoy vuestras desavenencias.

Ni siquiera ha dormido aquí.

Lamento oír eso.

No sé cómo voy a solucionar esto.

Teresa,

sé que vuestros asuntos de pareja no me competen,

pero sabes que soy tu amiga, ¿verdad? Cuenta conmigo

si necesitas hablar o desahogarte. Es solo que es

un menester un poco... Complicado.

Embarazoso.

Entiendo. Asuntos de alcoba.

No consigo intimar con Fernando.

La verdad es que quería contártelo.

Bueno, a veces esas cosas suceden. No hay que darle más importancia.

Son temporadas que una pasa.

No sé si lo voy a conseguir nunca.

Cada vez

que me mira,

que me quedo a solas con él,

cada vez que parece que me voy a dejar llevar

por sus besos, por sus caricias...

¿Qué sucede?

Veo a Mauro.

La cara de Fernando se transforma en la de Mauro.

En su piel,

en sus besos, en sus caricias.

Como si mi mente regresara a los momentos íntimos con Mauro.

Las palabras dulces de Fernando parecen salidas

de la boca de Mauro. Entiendo.

No, Cayetana, no entiendes

lo incómodo que es esto.

Y lo duro que se me hace.

Es como si fuera a traicionar a Mauro,

como si estuviera a punto de hacer algo malo.

Mi mente se ofusca, se bloquea y...

Termino echando a Fernando. Y eso no está bien.

¿Y crees que no lo sé?

¿Crees que no pienso en lo maravilloso,

en lo bondadoso y paciente que es Fernando?

¿Que no sé el daño que le hago? Así es.

Y sin embargo, no puedo evitarlo.

No sé cómo superar este bloqueo.

Tienes que hacer un poder, Teresa.

Estás siendo muy injusta con él. ¿Y qué hago, Cayetana?

¿Cómo lo hago?

No lo sé.

Tienes que superar esto.

No solo porque Fernando es tu esposo y tiene sus derechos, sino

por...

¿Por?

Porque Mauro San Emeterio está muerto.

Y no se puede traicionar a los muertos.

Fernando es un buen hombre.

¿Qué quieres? ¿Acabar perdiéndolo?

Pues eso es lo que pasará si no dejas a un lado tus recuerdos.

Un coñac,

por favor.

-Ponme a mí otro.

Esa cara que me traes no es la de un recién casado

normal y corriente.

-Puedo ser cualquier cosa antes de un casado

normal y corriente.

-No va bien con Teresa.

-No va. Ese es el problema.

No hay nada entro nosotros.

-¿Pero qué quiere decir?

Si acaban de casarse. Lo mismo son ajustes

de la vida conyugal. -¿Puedo ser sincero contigo?

-Sabe Vd. que sí.

-Pero te pido discreción.

No me gustan las habladurías

de este barrio.

-Aquí se entera uno de muchas cosas.

Me entran por la oreja, pero no me salen

por la boca.

-No debería decírtelo,

pero me estoy volviendo loco.

Teresa y yo

no hemos tenido momentos a solas.

Ya sabes a qué me refiero.

No hemos tenido intimidad.

-Arrea.

Siento oír eso. -Yo me desvivo por ella.

Trato de no forzar la situación,

de tener paciencia. Pero no recibo nada a cambio.

Más allá que veo que

se esfuerza en cumplir por una obligación.

-Y de nada sirve.

-Hace un poder, pero

no lo consigue.

Verla sufrir,

ver que le cuesta acercarse a mí es tan frustrante

y tan triste...

-Tiene que ser horrible.

-No se lo deseo a nadie.

-Tengamos en cuenta que doña Teresa se casó de luto.

Igual le hace falta un poco más

de paciencia de lo normal.

-Debí suponer que ese luto no presagiaba nada bueno.

Nuestro matrimonio parece tocado

por la mala suerte. -No diga usted eso.

-No debí casarme con una mujer enamorada de otro.

-Estaba.

Usted lo ha dicho. Está muerto.

-Quizá eso sea peor.

Si viviera, al menos

podría medirme contra él. Pero no puedo con un fantasma.

-El problema es que aquí todo le recuerda a él.

Desembarazarse de todo donde le conoció no es fácil.

-En eso tienes razón.

-¿Por qué no ponen tierra de por medio por unos días?

-¿Hablas de hacer un viaje? -Hablo de salir de aquí,

de alejarse de las preocupaciones, de ver un sitio más bonito.

-Quizá no sea mala idea. -Coja un carruaje.

Llévesela donde luzca el sol.

Ya verá como se relaja

y se olvida de lo que le ensombrece el alma.

-Tienes razón, Víctor. Quizá lo haga.

Eres un buen amigo.

-# Doña Susana,

# doña Susana

# más que sastra es beata revenida, de tocado,

# mantilla, rezo y homilía.

# Hasta Cristo resucitado

# le daría un pescozón por levantarse de la tumba sin razón. #

-¡Ale!

-# Doña Rosina, doña Rosina fue a operarse,

# el careto y casi se deja hasta el coleto.

# El matasanos no la rajó. Y fea como quicio se quedó. #

-# Se quedó. #

-# Fea como el quicio se quedó. #

-Servando, ¿no será capaz de decirlo? -Bueno, eso y mucho más.

No he acabado. ¿Por dónde iba?

-Doña Rosina. La estaba poniendo

de vuelta y media. -Vamos a por ella.

# Doña Rosina se arruinó y sopas de ajo jaló. #

-# Jaló. #

-# Ahora que es ricachona ni una migaja cambió.

# El dinerillo, el dinerillo, el dinerillo, dinerillo, dinerillo. #

-# Y ni un real va a soltar,

# ni un centimillo se va a gastar. Que no, que no, que no. #

-¡Bueno! Ahí está. Casilda. -Venga, hombre.

-¿Y tú, Lolita, qué? ¿No haces copla a tu señora?

-Para chasco que nada malo he de decir de ella.

Es buena a rabiar.

Pero, oiga, ¿y del Simón?

-Oye. Venga.

(LOLITA TACONEA)

# Simón, el mayordomo,

# más que criado parece

# un palomo.

# Con sus ínfulas de grandeza se me antoja de la realeza.

# Ta, ta, ta.

# Lo siento, amiguete,

# no eres más que un mozalbete,

# criado nada más. Y pobre como rata quedará. #

-# Quedará. #

-Madre mía, la Fabiana tiene razón. Esto no acabará bien.

-Tú no hagas caso a la Fabiana. Es una agorera.

Don Ramón ha dicho que nadie se iba a ofender.

-Ya, Servando, pero no sé yo.

Usted de primeras lo ve todo muy fácil.

Y a la postre vamos a terminar todos metidos en un fregado.

-Naranjas de la China. Tú hazme caso.

Si se molestan, don Ramón saldrá en nuestra defensa.

# Para que lo entiendan. Para que lo entiendan. Lo entiendan. #

-# Tarra, ta, ta. #

Que es carnaval.

En carnaval todo vale.

-Bueno.

Que sí, que todo vale.

Menos meterse con los señores.

¿Os recuerdo lo que pasó con el libro de doña Leonor?

Casi terminamos en la calle.

-Pero eso no es lo mismo, Casildica.

-¿Por qué no iba a ser lo mismo?

-Porque eso no es tan gracioso. -Claro.

-¿Qué te crees,

que van a molestarse deslomados de la risa?

-O sea, que vamos a hacerlo, ¿no?

Vamos a cantar todas esas cosas en medio de la calle

y a pecho descubierto.

-# Ay, descubierto. Ay, descubierto. Con el pecho

# descubierto #.

-Bueno, pues entonces dejadme a mí, que tengo una requetebuena

para don Liberto. Que el hombre

será muy majete,

pero le cantan los pinreles

que da gusto.

-Toma.

-Vamos.

¿Qué te ocurre, hija?

¿Perdón?

No pareces muy contenta.

Estoy revuelta por el aniversario de madre.

Y la marcha de tía Bárbara no ha ayudado.

Tampoco es que la vieras muy a menudo.

Sabía que estaba aquí por si la necesitaba.

Me entristece pensar que ya

no la tendré cerca.

Padre, mi vida me aburre.

Me siento muy sola.

Soy como una anciana dentro de un cuerpo de zagala.

Si tuviera una distracción... Hija, no sigas por ahí. Sé bien

dónde quieres llegar. ¿Yo? ¿Dónde quiero llegar?

Al baile de máscaras del barrio. Ahí quieres llegar.

A preguntarme. No, mejor dicho,

a suplicarme que te deje. No es cierto.

Desde que ayer me negué estás desplegando

tus malas artes para convencerme. Pero no te esfuerces,

no voy a aceptar. Padre, ¿qué más le da?

Claro que me da.

No quiero bajar vestido de papanatas,

haciendo el ridículo delante de la gente.

Olvidémonos de los disfraces y de las máscaras.

Bajemos tal cual.

Por compartir la fiesta con nuestros vecinos.

Distraernos nos irá bien.

Quedarnos en casa y descansar también.

Deme el gusto, padre, se lo ruego.

Cumplo con mis obligaciones,

con lo que me ha impuesto.

Esto va a ser así, ¿verdad?

¿Así cómo?

El otro día querías ir a ver a tu tía Bárbara,

yo me negué y no paraste hasta que accedí.

¿Harás igual con los carnavales? ¿Ser una niña malcriada

que se niega a no tener lo que quiere?

Sí.

Así es exactamente como pensaba comportarme.

Voy a rogarle hasta quedarme

sin saliva.

Está bien. Iremos.

¡Ay!

Pero

nada de disfraces.

Se lo prometo.

Muchas gracias, padre. Lo pasará bien.

No lo creo.

Voy a escribir unas cartas para Gayarre.

Te lo advierto, nada de disfraces.

-# Hay mucho de todo. #

¡Toma!

-Es muy gracioso, Lolita.

-¿No cree que se vayan a molestar con las murgas?

-Claro que no.

Hasta Susana tiene su sentido del humor. ¿Y sabes qué?

Que si le pica,

que se rasque.

-La de Simón me la inventé yo. -Bien graciosa que te ha quedado

la estrofa. Ya lo creo.

-Y, doña Consuelo,

¿por qué hay tres máscaras? Una para usted,

otra para doña Celia. ¿Y la tercera?

-Para ti.

-¿Para mí?

-¿No te gusta?

-Me rechifla.

¿Pero entonces qué he de hacer?

¿Me voy en la murga a cantar con el coro

o me voy con ustedes en la comparsa de máscaras?

-Pues ve un ratito con cada uno y san se acabó.

-¿Y no cree que a los señores les voy a molestar?

-Lo mismo que antes. Si les molesta, dos piedras.

Son carnavales, Lolita.

No debería haber ni señores ni criados

ni clases de ningún tipo.

-Suena bien eso que usted dice.

-Los tiempos están cambiando, querida.

Hasta en la calle Acacias.

-Ahí le doy la razón.

Que hay hasta una negra andando por las calles tan pancha.

Pero negra

como las pezuñas de las cabras. ¿La ha visto?

-Es una mujer, Lolita.

De otro color. Pero una mujer como tú y yo.

-Como usted y como yo

tampoco.

Que no es de color, es negra.

La he visto yo.

Negra así tostada.

(Puerta)

-Es Celia. Corre.

Guarda esto. Que no lo vea.

Llévatelo. -Vale.

-Lolita.

Déjanos a solas.

Prometiste que te tomarías las cosas

de forma más templada.

Dijiste que no irías al carnaval.

¿Me tomas por el pito del sereno?

-Te tomo muy en serio, hija.

Pero me tomo más en serio a mí misma. -No parece.

No parece que te lo tomes en serio.

-¿Crees que no?

¿Crees que no me molesta estar así?

¿Crees que no odio saber que llegará el día

en que pierda la vista y la vida?

¿De qué sirve que me encierre en casa a esperar a la muerte, Celia?

No, hija.

Si el de la guadaña quiere venir, que venga.

Que me va a encontrar

cantando y riendo.

Sí. Divirtiéndome

y tratando de aprovechar hasta el último minuto.

-Pero, madre... -Pronto no podré ir a ningún baile.

Por favor, no me encierres en una casa.

No permitas que mi vida

se vuelva aburrida y gris, Celia.

Porque si no, me habrás matado antes de que me llegue la muerte.

Me encantaría que vinieras al baile de máscaras conmigo.

Pero si piensas de otra manera que yo,

iré sola.

-Por supuesto que iré, madre.

Por supuesto que iré.

# Liberto el de los pies pestosos a cabrales huele al pasar.

# Un día llegó de provincia a casa de su tía sin más.

# Poco a poco

# el trabó con todos buena amistad

# y sedujo con sus artes a una anciana del lugar.

# La boda se celebró no aquí, sino allá.

# Bien lejos de habladurías, chismorreos, bla, bla, bla.

# Feliz está el jovenzuelo

# y contenta la viuda está.

# Pese al olor a pezuñas se quieren y nada más. #

-¿Me llamas, Casilda?

-Nones.

¿A qué viene la pregunta? -Creí oír mi nombre en tu boca.

-Pues no. Oyó usted muy mal,

señor mío. -Ah.

¿Y esta mesa para dos con velas y todo?

-Pues es que

no se lo puedo decir.

Porque es un sorpresa.

No me tire de la lengua. -¿Una sorpresa para quién?

¿Para mí?

-He sido yo.

Le he ordenado a Casilda que prepare

una comida romántica para ti y para mí.

Ve a la cocina y abre la cocina que me regaló

el administrador de mi yacimiento.

-¿La carísima? -Sí.

La gran reserva de lujo.

Hoy es un gran día.

Y quiero tirar la casa por la ventana.

Anda, ve a escape. Ah, airéala un poco.

-Voy como una saeta, señora.

-¿Qué sucede? ¿No te ha hecho ilusión?

-¿Estás de chanza?

Me encanta.

Pero no entiendo el motivo de tanto dispendio. ¿Qué se celebra?

-Que estás a mi lado. ¿Te parece poco?

-Pues sí. Muy poco, poquísimo.

-Porque estar a tu lado es la cosa más fácil.

En todo caso debería celebrar

y agradecerte a ti.

-Fruslerías.

Gracias por estar y aguantarme. -¿Aguantarte yo a ti?

-Sí. Mi sequedad, mi mal humor,

mi mal carácter mientras la desaparición de mi hija.

No he sido la mejor esposa del mundo. -Yo no conozco a ninguna mejor

ni más guapa. -Liberto, he estado irascible

y cascarrabias. -No, no.

Triste y abatida. -Calla. Y, sin embargo,

tú has estado a mi lado,

apoyándome. -Pues claro.

Es mi lugar preferido.

-Me has estado apoyando, dándome tu calor,

tu aliento. Es que no te merezco.

Tú sí te mereces a una mejor que yo. -La busqué.

Pero no la encontré en la tierra.

Tal vez cuando podamos viajar al espacio...

-Mira que eres zalamero. Calla.

No te merezco.

Soy una gritona.

Y a veces pierdo los nervios con mucha facilidad.

-En esto no te quito la razón.

A veces me gustaría poner mis manos en tu cuello

y asesinarte. Tal vez eso fue lo que enamoró de ti.

-¿Mis gritos?

-Tu energía inagotable,

tu fuerza,

tu tesón.

Y porque eres la única persona capaz de poner patas arriba mi mundo.

Te quiero, Rosina.

-Yo te quiero más.

-¡Ejem! ¡Ejem!

Señora,

que me preguntaba yo...

Que bueno, que si no quieren

nada más de mí, pues

que les pido permiso para dejarles a ustedes solos.

Y marcharme a la calle Acacias. Es que los del altillo

están preparando una sorpresa para carnavales.

-¿Y de qué se trata?

-Una que dejaría de serlo si yo le doy a la húmeda aquí.

-Anda, ve antes de que me arrepienta. Sirves la comida, eso sí,

antes de irte.

Liberto, hablando de carnavales,

le comenté a Leonor

lo de la fiesta, pero dice que no tiene ganas.

No está para jarana

ni para jaleo, ya lo sabes.

Pero sin embargo, yo sí

que tengo ganas. ¿Te gustaría que nos llegáramos?

-No hay cosa que me apetezca más que asistir a carnavales de tu mano.

-Ay, qué bien. Pero tenemos que ir adecuados.

¿Qué máscaras nos vamos a poner? -Eso déjalo de mi mano. Me encargo.

Será una sorpresa.

-Que de sorpresas tenemos.

-Por el carnaval.

-Por las sorpresas.

Venga, venga, venga, venga.

(SERVANDO TOCA EL MATASUEGRAS)

# En acacias hay malos, hay buenos, hay ricos y hay pobres.

# Hay mucho de todo. # - # ¿De qué? #

-# Hay mucho de todo. # -# ¿De qué? #

-# Hay mucho de todo. # -Venga. La de doña Susana. Venga.

-# La sastra doña Susana

# más que sastra es beata revenida, de mantilla,

# de rezos y homilías. # (TODOS) ¡Chist!

# Hasta Jesús resucitado

# le daría un pescozón

# por levantarse de la tumba sin razón. #

# En acacias hay malos y buenos,

# hay ricos y pobres, hay mucho de todo.

# Hay mucho de todo. #

-# ¿De qué? # -# Hay mucho de todo. #

-Bueno, bueno, bueno. No os aplaudáis tanto, que tampoco

ha salido tan requetebién. -No diga "tontás".

Que esto ha salido fetén, fetén.

Me han entrado ganas de unirme y salir con vosotros a dar voces.

-Claro que sí. Es lo que debería

usted hacer.

Además aún no tenemos disfraces de señores.

-¿Y cómo vais a ir entonces? -Con unos antifaces

hechos con periódicos.

-Venga, Fabiana. ¿Por qué no se inventa unos versos?

-¿Yo? -Sí, sí.

-No sé si me daría bien

la cosa. -Ande, Fabiana.

Si con darle un poquito al magín y pensar en lo que le molesta

ya está hecho.

-Ajá. -Sí, sí.

Creo que se me ocurre algo. -¿De la Cayetana?

-No exactamente, niña.

A ver.

# De Naveros llegó bien plantado el mozuelo.

# Agarrado a su esposa, no le soltaba el pelo.

# Siempre anda más tieso que los palos de yeso.

# Engañando, robando, timando, liando.

# Engañando, robando, timando, liando.

# La esposa se le fue. # - # Se le fue. #

-# Se le fue. # -# Al otro lado del charco

# con su hermana moribunda y se olvidó del marido.

# El Servando revenido no se acuerda de ella.

# Servandito, liante, que nos tienes a maltraer.

# ¿Qué sería de Acacias sin tu barrer y barrer? #

-# Sin tu barrer y barrer. #

# Y en Acacias hay malos y buenos, hay ricos y hay pobres

# y hay mucho de todo. # -# ¿Hay mucho de qué? #

-# Hay mucho de todo. #

-Me encanta, doña Fabiana.

-Pues a mí no me encanta. No está usted admitida en la murga.

-Arrea, Servando, ¿y eso por qué?

-¡No me da la gana! -No, no, votemos.

Votos a favor de que se incluya.

Aprobado.

Bienvenida a la murga de Acacias,

doña Fabiana.

Buenas tardes.

Hombre, dichosos los ojos que te ven.

Lo atado en corto que te tiene tu padre.

Por eso te he mandado llamar. Ha salido a hacer gestiones.

¿Estamos solas?

Así es. Ay.

Cuanto me alegro. Es incómodo tenerle

escuchando nuestras conversaciones como si fuéramos a hacer algo.

No lo sabes bien.

Mi mayordomo tampoco está.

Ha ido a correos a entregar unas cartas de mi padre.

¿Digo a Juana que te traiga algo?

Deja. Acabo de tomar una achicoria.

No te vas a creer lo que he de contarte.

Siéntate y atiende bien.

Venga, suéltalo ya,

que me tienes en ascuas.

Mi padre me deja ir con él al carnaval.

¡Eso es fabuloso!

Es más que eso. Es liberador.

Por fin una distracción. Pensé que me moriría

entre estas paredes. ¿Cómo lo conseguiste?

Con mucha insistencia,

persistencia y tenacidad.

O sea, que ha sido más pesada que una mula.

Y hasta un poco más.

¿Y qué máscara te vas a poner?

¿Te dejo una de señorita?

No voy a llevar máscara.

¿Irás a un baile de máscaras sin ella?

Iré con lago mejor.

Iré con un disfraz. ¿Y de qué te vas a disfrazar?

Es sorpresa. Pero te doy una pista. Habla.

Esas fiestas son para revelarse,

¿no? Eso dicen.

Pues mi disfraz cumple esa función.

¿Y de qué clase de acto de rebeldía estamos hablando?

Estoy harta de que los hombres

quieran saber qué me conviene y decidan por mí.

¿Entonces?

Tengo un plan.

Y tiene que ver contigo.

¿Conmigo?

Se van a enterar.

Cuenta. ¿De qué se trata?

¿En serio?

Pero tú has perdido el oremus.

¿No está Javiva?

-Ha ido a comprar unas cosas.

-Últimamente es raro verte sin ella.

¿Y tu madre?

-Con Liberto, dando un paseo.

-Ya.

Pues me alegro que al fin estemos solos.

-¿Para qué?

-Bueno, eh...

Te he traído algo.

-¿Qué es?

-Una sorpresa. Un regalo.

Ten. Ábrelo.

Mucho dinero se ha dejado con el párroco

encargando esas misas. ¿A qué se debe tal dispendio?

-Siempre hay culpas que expiar

y almas descarriadas por las que rezar.

-Cayetana.

¿Cómo estás?

¿Has visto lo revolucionada que está la gente

con las celebraciones del carnaval? Sí. La gente tiene costumbres

de lo más absurdas. A esto no hay quien le encuentre sentido de ser.

Costumbres paganas. ¿Dónde están los buenos cristianos?

-Disfrazados de mamarrachos.

-Me alegro de ver que el barrio

no está del todo perdido, que hay gente como yo

que no asistirá a la fiesta de las máscaras.

Gracias a Dios que existen ustedes. Vamos, Susana, no te quejes tanto.

A tu negocio esta fiesta

le va como anillo al dedo.

Tienes la sastrería de bote en bote.

Eso no te lo niego.

Pingües beneficios me está dando a mí

esta tontería del carnaval.

Y ahora que lo dices, marcho. Tengo trabajo.

Sí. Yo también tengo mucha prisa. -Hoy mismo

debería recibir un importante donativo

de las familias nobiliarias

a las que he logrado implicar en el colegio.

Le agradezco mucho su labor, Úrsula.

Está demostrando ser una amiga fiel.

Espero que siga siéndolo. Eso depende.

¿Lo será usted conmigo?

He de reconocer que a mí me gustaría enormemente.

Creo que formamos un buen tándem

y somos buenas socias.

¿No le parece? Sí.

Sin embargo para ser buenas socias es indispensable no tener secretos

entre nosotras. Yo se lo cuento todo. En cambio usted

sigue guardándose cosas.

Todo a su debido tiempo. No sea

usted impaciente. Por cierto, Úrsula, me gustó tanto

el diamante azul que he contactado con sus propietarios

y les he hecho una oferta.

Buenas tardes.

Son unas alianzas.

-Exactamente iguales que las que llevamos

el día de nuestra boda.

He mandado tallarlas para nosotros.

Las nuestras se perdieron

y pensé que te gustaría tenerla.

Mira, Leonor, necesito que volvamos a ser lo que éramos antes.

Yo no sé lo que sucedió en esa isla,

las penurias y calamidades que tuviste que pasar,

pero yo estoy aquí

para ayudarte a olvidarlo.

Sea lo que sea, puedes apoyarte en mí

para dejarlo atrás,

para empezar una nueva vida.

¿No dices nada?

Leonor.

Te he echado de menos.

-No me encuentro bien.

-¿Por qué? ¿Qué ocurre? -No es nada.

Quiero echarme un rato. -¿Qué tienes?

¿Qué te duele?

¿Te acompaño? -Pablo, solo estoy cansada.

-¿Te preparo una infusión caliente?

-Gracias, Javiva.

-Ve. Ahora te la llevo.

Qué bonitas están quedando. ¿Al final vas a ir

al carnaval?

No tenía intención, pero me he visto obligada a aceptar.

¿Por Tirso?

Está empeñado en ir

al baile de máscaras. Claro. Es un niño muy alegre.

Se lo pasará de fábula.

¿Y tú? ¿Irás? No. Yo no.

Pero tú tienes que ir.

Te irá bien salir con Fernando y con Tirso.

Distraeros, pasarlo bien.

Además, que no solo lo tienes que hacer por ti,

también por Fernando.

Lo sé.

¿Qué llevas ahí? ¿Qué es eso?

Esto es un regalo para Tirso.

¿Es un disfraz?

Un disfraz de mago.

Os oí decir algo del mago

de la luz y le encargué a Susana confeccionar

un disfraz a su medida. Le va a encantar.

Le vas a hacer el niño más feliz del mundo.

¿Y tú?

¿Yo?

¿Cómo vas con tu felicidad?

Mejor.

Teresa, todo en esta vida es un intercambio.

La alegría de Tirso, el que te haya sacado de la depresión. Todo eso

tiene que ser recompensando con una habitación para él solo,

cuidados, regalos que le hagan feliz, como ese disfraz.

Y tú tendrías

que hacer lo mismo con Fernando.

Hasta ahora él ha sido el que te lo ha dado todo.

Su amor, su bondad,

su paciencia.

Ahora tienes que se tú la que se lo recompense.

Gracias.

Es del administrador del patronato.

¿Algo importante?

Sí. Me informa de que hemos recibido un importante donativo

de las familias que trajo Úrsula. Gran noticia.

Ese dinero va a servir para las familias más necesitadas.

Sí. Así es.

Yo me marcho. Les dejo solos. Se lo agradezco.

Debo hablar con mi esposa.

Gracias por venir con tanta premura, Felipe.

-Cuando a uno le llama la suegra, viene a escape.

Aunque sea su ex suegra ya.

-Quería tener un momento a solas contigo

para poder pedirte algo.

-Usted dirá.

-Me alegra que hayáis puesto punto y final a vuestro matrimonio.

-Entenderá que no me muestre tan entusiasta.

-Ahora que sabes de mi enfermedad,

supongo entenderás por qué hice todo lo que hice

y de la manera que lo hice. Creí que me quedaba

sin tiempo, Felipe. Y me entraron las prisas.

De ahí mi interés en acelerar todo el proceso.

-Lo sé.

-Sé que lo sabes.

Y te agradezco tu actitud en el juicio

y que no pusieras impedimentos

para la anulación.

-Hice lo que tenía que hacer.

-Y te lo agradezco.

Y además quería

pedirte algo, Felipe.

Me quedo sin tiempo.

Y tengo que asegurarme de que dejo a mi hija

en buenas manos. -¿En las mías se refiere?

-Aunque sea desde la distancia,

me gustaría pedirte que cuidaras de Celia cuando yo

ya no esté. -Aún queda mucho para eso.

-¿También vas a fantasear con mi recuperación?

No te pega nada ser un iluso

ni un inocentón. -No lo soy.

-Pues entonces

hablemos en plata y de verdad.

Me muero

y quiero asegurarme de que cuidarás de ella

aunque no seáis matrimonio.

Si ella

necesitara ayuda... -Puede estar segura

que no dejaría que ocurriese nada.

-Yo he intentado hacer de ella antes de irme

una mujer fuerte e independiente.

Y creo que lo he conseguido. Celia ahora

es capaz de encarar la vida sola.

Pero si en algún momento difícil necesitara un amigo,

espero que tú puedas contarte entre uno de ellos.

-Consuelo, yo quiero mucho a Celia.

Y sueño que me mire con los ojos que aún le miro.

Sé que es harto difícil,

pero no pierdo la esperanza.

-Quién sabe.

La vida da tantas vueltas...

-Seré su apoyo para todo lo que pueda necesitar.

Aunque ella no me quiera.

-Me alegra mucho oírte decir eso.

Eres un buen hombre.

Creo que al final

vamos a llegar a entendernos.

-Gracias, Consuelo.

-Perdón. No sabía... -No. No te apures.

Yo marchaba.

-¿Por qué no te quedas a cenar con nosotras?

-La verdad es que debía marchar a comisaría,

pero si me esperáis un rato,

regreso de inmediato.

No hay mejor compañía para pasar una bonita velada.

Siento lo que ocurrió anoche.

No he venido para que nos hagamos reproches ni nos pidamos perdón.

Sin embargo, quería decírtelo.

¿Por qué no hacemos un viaje?

¿Tú y yo?

Podríamos ir a ver el mar. Está precioso en esta época.

O quizás a la montaña.

No hicimos viaje de novios tras la boda.

Después del carnaval podríamos salir unos días.

¿Qué te parece? Fernando,

creo que no va a pasar lo que crees.

¿Y qué es lo que crees que creo

que va a pasar?

Que alejándome de Acacias

me olvide de Mauro.

No va a servir de nada. No lo sabes.

Mauro no está en esta calle,

ni en esta ciudad.

Mauro está dentro de mí.

Y por mucho que me aleje

seguiré llevándolo conmigo. Fernando, ojalá no fuera así.

Pero lo es.

Y no puedo evitarlo.

A pesar de ser tu esposa,

tengo la sensación de que le traiciono.

Lo siento.

Pero es la verdad.

La verdad duele.

Pensaba que ibas a hacer un esfuerzo.

Sabes que no es justo,

¿verdad?

No puedo estar toda la vida esperando un milagro

para que me quieras.

Aguardando a que se te pase la tristeza

o dejes de pensar en él.

Teresa, no puedo más.

Lo siento.

Quizá sea yo quien tenga que hacer

ese viaje. Y así

podría pensar qué hacer.

A la vuelta decidiríamos.

¿Decidir?

Fernando, ¿qué tienes que decidir?

No hemos consumado nuestro matrimonio.

Si lo deseas,

podríamos anularlo sin problema.

He de reconocer

que pasaría pena infinita.

Pero prefiero estar solo si no puedes quererme.

Fernando, aguarda.

Quédate, te lo ruego. ¿Para qué?

¿De qué serviría?

Déjame intentarlo.

No quiero hacerte daño. Tarde.

Ya lo has hecho.

No sé cuánto tiempo podré soportar esto.

Qué maravilla.

Mira cuánta gente, madre.

-Pues sí, hija. Por fin este barrio

me parece medio normal.

-¿Medio normal? Si van todos los vecinos enmascarados.

¿Dónde ves tú la normalidad? -Pues en que todo el mundo

está divirtiéndose sin pensar

en el qué dirán, actuando

con naturalidad.

Disfrute del baile.

Algo me dice

que nos traerá sorpresas.

-Quizá lo planeado deba llegar a su fin.

Sepa que Elena Pérez Casas ha vuelto a la ciudad.

Está escondida,

a buen resguardo de la policía.

Siempre dispuesta a brindarnos sus servicios.

-"Disculpe, señor".

La señorita Elvira no está en casa.

-¿Qué me está diciendo?

¿Dónde se ha metido ahora esa niña? ¿Quién le dio permiso para salir?

-Habrá salido a hacer algún recado, nada más.

-No intente disculparla.

Tendría que haberme esperado.

Me va a oír cuatro palabras cuando la encuentre.

"Ahora te toca a ti. A ver si tienes suerte".

Se lo agradezco, pero será mejor

que tire usted. Vamos.

Deme el capricho, se lo ruego.

Le ha tocado el beso.

Si quiere premio, pague

una prenda.

Teresa, ¿qué miras?

Está esperando tu esposo. Debes besarle.

-"¿Qué hacéis aquí plantadas"

como dos pasmarotes? Venga, a bailar.

Así tienes que estar siempre, hija mía.

Así.

-"Lo que se proponía ha resultado más laborioso, señor".

-¿Pero qué demonios?

Esta insensata, se ha vuelto loca.

¿Nunca se cansará de retarme? Se arrepentirá de esto,

se lo juro.

-"Hija, para semblante serio el tuyo".

¿Qué te ocurre que ni me escuchas?

-Trini, discúlpame, pero es que estoy preocupada.

-Eso ya lo veo. Que tengo ojos en la cara.

¿Qué te tiene tan mohína?

-Mi madre.

-¿Le ha pasado algo?

-Espero que no. No doy con ella.

-Bueno, mujer, lo mismo no sé, se ha sentido fatigada.

¿Has mirado en casa?

-En casa y en todo Acacias.

Parece habérsela tragado la tierra.

-"Podrías mirarme".

No sigas ignorándome.

Has llorado. ¿Por qué?

-Deja de preguntarme, Pablo.

-Cariño, dejaré de preguntarte cuando tú me contestes.

-No, Leonor, aguarda. No.

Tú no vas a ninguna parte si contarme qué ocurre aquí.

¿Qué le pasa a Leonor?

"Teresa,

salga a bailar".

"¿Con ese extraño?".

"O con nosotros".

"Pero diviértase".

"Le he dado todo el tiempo del mundo".

He intentado ganármela de todas formas.

Pero es imposible.

La sombra de Mauro planea entre los dos.

Haga lo que haga, siempre me es negada.

Y no creo merecer este trato.

Sí.

Tiene usted razón. No es justo

el proceder de Teresa.

No sé cómo no ve la clase de hombre que tiene a su lado.

Nunca encontrará

un esposo tan entregado,

enamorado

y caballeroso.

Agradezco sus palabras.

"Espero descubrir"

quién se oculta tras esa máscara antes de que termine la noche.

  • Capítulo 479

Acacias 38 - Capítulo 479

21 mar 2017

Cayetana intenta consolar a Fernando tras el rechazo de Teresa, pero él se va de casa. Celia se da cuenta de que su madre no entrará en vereda y que seguirá con su vida alocada. Consuelo le explica a su hija que no dejará de vivir la vida que le queda, por corta que sea. Elvira convence a Arturo para que le deje ir al carnaval. Tiene un plan y quiere contar con María Luisa. Pablo intenta acercarse a Leonor y le regala una alianza, pero ella le vuelve a rechazar.

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