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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 469 - ver ahora
Transcripción completa

Mauro.

Ahora que ya no estás aquí,...

me he dado cuenta de que...

de una u otra forma pensaba

que íbamos a estar juntos.

Pero eso ya no es posible.

Tal vez debería seguir tus pasos...

y desaparecer como tú.

Quizás encuentre el descanso en mi propia muerte.

Te quiero, Mauro.

(PABLO) "¿Cuántas veces le voy a tener que pedir perdón?".

¡Yo estoy sufriendo lo mismo que usted!

¡Amo a Leonor!

-¡Si fuera cierto, no te habrías separado de ella!

-No tenía otra opción.

Nunca te voy a perdonar por lo que has hecho. Nunca.

Te agradezco tu comprensión...

y que aplaces la boda.

Ahora lo más importante

es que te recuperes.

Yo me encargaré de anularlo todo y de buscar una fecha más adecuada.

-"Esto lo cambia todo".

Mauro asesinado.

-Un campesino

que trabajaba junto a las vías del tren

vio a una mujer salir corriendo momentos antes de que pasara el tren.

-"Está muy triste".

Hay que seguir con la vida

y no perder tiempo en lamentaciones.

Oveja que bala, bocado que pierde.

"Tirso se quedará ciego".

Pero ¿qué tipo de dios permitiría que un niño inocente pierda su visión?

-Dios escribe derecho

con renglones torcidos.

Nosotros no podemos alcanzar a entender

sus designios. "Tengo que darte este regalo".

Lo he bordado para ti.

El tribunal eclesiástico dictaminará sobre nuestro matrimonio.

Ya no podré llamarte esposa. "No anules la boda".

Nos casaremos cuando estaba previsto.

-¿Estás segura?

Completamente.

Teresa.

Has tomado la decisión acertada.

(Puerta)

¿Puedo pasar?

Adelante.

¿Cómo se encuentra?

Era un vestido precioso.

Y será una boda encantadora.

Aunque a juzgar por su cara,

nadie diría que va a casarse usted mañana.

Lo intento, Celia.

De ahí que siga adelante con la boda...

y con la fecha prevista, pero...

no puedo.

No hallo la manera de alegrarme,

ni siquiera la boda es razón para sonreír.

No diga eso.

Es lo que pienso.

Yo arrojé a Mauro a las vías de ese tren.

Teresa, eso es una sandez.

Yo fui el motivo de su infelicidad...

con mi negación.

Con mi rechazo.

Más cosas serían un motivo de dolor para él.

Algo más tuvo que haber para que tomara esa decisión.

No se fustigue.

Yo provoqué su muerte.

Yo le maté, Celia.

Yo he matado a la persona que más me ha importado.

No sabe lo que le pasaba por la cabeza.

Nadie lo sabe.

Ni lo sabremos nunca.

Pero no puede vivir con ese pensamiento y con esa culpa...

porque no levantará cabeza.

Ha de pensar en su propia felicidad.

Usted está aquí,

viva,

y tiene toda la vida por delante.

Lo sé.

También tengo a Fernando.

A Tirso.

Los niños del colegio también me necesitan.

Claro que sí.

Tengo que pensar en ellos.

Así es.

No puede encerrarse en el dolor ni en la pena.

Ha de mirar hacia el futuro.

No es lo que me apetece, pero...

es lo que debo hacer.

La boda... es...

un punto y aparte.

Un partir de cero.

Una oportunidad para dejar atrás todo lo demás.

No sé si podré olvidarme de todo esto.

De Mauro.

Ha de hacer un poder.

Aunque le resulte difícil.

Celia, lo difícil no es casarse.

Lo difícil es aprender a vivir sin Mauro.

Y eso no se aprende de un día para otro.

Pero retrasar la boda...

o volver a su vida...

no hará que el dolor pase.

Eso solo hará que Fernando sufra.

Y no es lo que quiero.

Él no se merece sufrir, es tan bueno conmigo...

Sigue hablando de Fernando como si fuera un amigo más que un amante.

Ya le dije que era el hombre perfecto.

Para cualquier mujer menos para usted.

Y también para mí.

Es solo que no siento

esa punzada en el corazón que sienten

los enamorados cuando se casan.

Eso solo lo sentía por Mauro.

Ahora mi corazón ha quedado vacío.

Pero Fernando lo llenará.

El amor es como un jardín

lleno de rosas.

Hay que regarlo

y esperar.

Y un día,

como por arte de magia,

florece.

Mauro ha muerto.

El amor ha terminado para mí.

Yo solo le digo que la vida sigue...

y es muy larga.

Me casaré con Fernando,...

pero no de blanco.

No es así como se siente mi alma.

¿Y cómo quiere hacerlo si no es de blanco?

A mi manera.

¿Cómo?

Que no me entienda mal, ¿eh?,

me alegro de que hayan "decidío" casarse.

Solo que no sé si eso es exactamente una boda.

-Claro que lo es. -¿Una boda

sin convite, sin celebración y sin "na"?

-Contenida y discreta,

íntima y rápida.

La muerte de Mauro nos impide alegrarnos.

-Eso lo entiendo perfectamente.

Al final va a convertirse

en un trámite.

A lo mejor,

pero un trámite que sella el compromiso entre dos personas.

-¿Le felicito o no le felicito?

-Claro, es motivo de alegría aunque aún no podamos alegrarnos.

-Por eso se lo decía yo.

No sé si deberían de casarse con la sombra de la tristeza

sobrevolando sus cabezas. Es una pena.

-No es lo que yo había soñado.

Pero si lo piensa bien, ¿cuál es el motivo de una boda?

-Usted lo ha dicho,

sellar un compromiso, iniciar su vida junto a otra persona.

-Y permanecer en lo bueno y en lo malo.

-Hasta que la muerte les separe.

-Teresa me necesita más que nunca.

La felicidad llegará poco a poco y yo soy un hombre paciente.

Esperaré.

-Usted es muy buena persona, don Fernando.

Y además, la quiere.

A mí me ha "convencío".

Yo le deseo suerte

y "toa" la felicidad del mundo.

¿Por qué se separaron?

-Los guardias buscaban una pareja y su retrato estaba por todas partes.

Pensaron que así tendrían más posibilidades de llegar a Málaga.

-Ay, Dios santo.

-Cuando Pablo llegó al puerto...

-¿Ella no estaba?

-Ni rastro, Trini.

Esperó unos días preguntando a todos, pero no hubo manera.

Nadie sabía nada de Leonor, ni la habían visto.

-Virgen santa, pobre chico...

-Entonces Pablo buscó trabajo en el puerto,

pero siempre pendiente

de todos los que llegaban.

Pasaron los días,

y nada.

Así que pensó que ella había llegado antes

y se había ido hacia Marruecos.

-¿Y entonces él se fue a Marruecos?

-Así es,...

pero allí tampoco estaba.

La buscó por todos los pueblos, preguntó a todos,

pero nada.

Y regresó a España.

-Y al ver el indulto,

pensó que ella lo había visto y que había regresado a Acacias.

-Espero que Leonor esté bien y a salvo.

He rezado tanto por volver a verla sana y salva, Trini...

-Seguro que lo está, Luisi, hija.

Hay que ver qué vida más complicada tiene esta pareja.

-¿No han llegado los vecinos?

-No. Estamos esperando, pero no ha venido nadie.

-Ni doña Consuelo siquiera.

-Nones.

-Pues ella era la más interesada en instalar este ascensor.

-Bueno, pero le habrá surgido algún imprevisto.

-¿A todos?

Entiendo que alguno no haya podido asistir, pero todos...

-Hombre, bastantes pesares tiene ya la pobre doña Rosina

como para pensar

en tales menesteres. Por ejemplo.

-Cierto. Pero ¿y el resto?

El resto no tienen pesares.

-El resto lo que tiene es desidia. -Falta de seriedad.

-Y de compromiso.

Que también estoy ajetreado con mi empresa de cafeteras.

Sin embargo, trato de encontrar tiempo

para atenderlo. Empiezo a estar harto

de ser el único que tiene interés.

Este presupuesto es indignante.

Es vergonzoso.

Es una estafa. Me niego a aceptar

algo tan abusivo.

Por eso debíamos hablarlo hoy en junta.

-¿Y qué es lo que va a hacer, padre.

-Pues creo que lo vas a tener que decidir tú solito, Ramón.

-Muy bien.

Pues yo decido que el ascensor no se pone.

-Oh.

¿Y cómo se lo vas a decir a Consuelo? Se va a molestar.

-Que hubiera venido a la reunión.

-Espero que esto no traiga consecuencias.

¿Y no puedo ayudarte yo?

¿De qué se trata? Gracias, pero venía a ver a Teresa.

¿Deseaba verme?

Sí.

Lamento mucho el fallecimiento de Mauro.

Sé por todo lo que está pasando.

Lo sé.

Posiblemente sea la persona

que mejor entienda mi dolor.

Sé lo unidos que estaban.

Le echo mucho de menos.

No sabe usted cuánto.

Puedo imaginarlo.

¿En qué puedo ayudarle?

He venido a ponerle al día sobre las novedades del caso de Mauro.

¿El caso?

Quedó claro que había sido un suicidio.

No, claro no estaba.

Por eso hemos seguido adelante con la investigación de su muerte.

Sé que no alivia su dolor, pero restará su culpa.

¿Y por qué?

¿Creen que ha podido ser un accidente?

Más bien un asesinato.

¿Por qué creen eso?

Al parecer, un testigo vio a una mujer salir corriendo

momentos antes. ¿Una mujer? ¿La han identificado?

Así es.

Esa mujer tenía mucha inquina a Mauro

por haberla encarcelado.

Al parecer, mató a su familia por envenenamiento.

Dios mío...

Salió de la cárcel hace un tiempo

y le había jurado venganza a Mauro.

Disculpad, pero no he podido evitar escuchar.

¿Es posible que esa mujer matara a Mauro?

Tan solo es una posibilidad.

Se llama Elena Pérez Casas.

¿La han visto merodeando por el barrio?

Mírenla bien, por favor.

Cualquier pista puede ser de gran ayuda.

No la he visto en mi vida. No.

Yo tampoco, no sé quién es.

Muy bien.

Entonces, marcharé.

Si recuerdan algo, por favor,

díganmelo.

Teresa.

Si me permite un consejo,

cásese.

Conocía bien a Mauro, y lo único que quería

es que usted fuera feliz.

Así que cásese y sea feliz.

Por él.

Gracias, Felipe.

Será lo que haga.

Con Dios.

Con Dios.

Anda, Pablico, hazme el favor de cambiar esa cara,

hombre.

El verte así me encoge el corazón.

-Estoy desesperado, no sé qué hacer.

-Pues tener fe y esperanza, eso podrías hacer.

El amor puede con todo y estoy convencida

de que la vamos a encontrar. -¿De verdad lo crees?

-Pues claro que sí.

Ella es una mujer lista y fuerte.

Vamos, una mujer

de los pies a la cabeza, como un hombre.

Y además, sabe cuidarse. -Era mi deber hacerlo, Casilda.

Rosina tiene razón, he estado pensando en ello.

-Mira, Pablico,

yo estoy segura,

y que me caiga aquí mismo si miento.

Yo tengo el pálpito de que donde esté,

está bien.

-Pero no debimos separarnos en aquel cruce de caminos.

¡Maldita sea, Pablo! ¿Por qué eres tan estúpido?

-(ROSINA TOSE)

-Será mejor que me vaya.

Iré a comisaría a ver si hay novedades.

-Permiso, señora.

-¿Permiso para qué?

-Para meterme donde no me llaman.

-¿Qué quieres, Casilda?

-No está siendo justa con el Pablico.

No puede echarle la culpa de la desaparición de Leonor.

-Tienes razón, Casilda, te estás metiendo donde no te llaman.

-Pablo ama a su hija más que a él mismo.

Bastante mal lo está pasando

como para que le cargue con la culpa.

-Casilda. -Que está pasando un calvario.

Lo mismico que usted.

Son una familia, por amor de Dios.

Ahora deberían estar "pegaos" como la leche y el café.

-¡Basta ya!

No te metas en esto o te convertirás en cómplice de Pablo

y serás tan responsable de lo que le pase a mi niña.

¿Qué haces aquí, Felipe?

-Vengo de casa de Teresa.

Quería saber cómo se encontraba.

-Yo también he ido a visitarla.

Lamento mucho lo que está pasando.

-Yo también.

Todos echaremos mucho de menos a Mauro.

-¿En qué puedo ayudarte?

-Me ha parecido conveniente, ya que estaba por aquí,

hablar contigo.

-¿Hablar conmigo?

¿Sobre qué?

-Quería pedirte disculpas.

-¿Disculpas?

-Por cómo te hablé anoche.

-Todo lo que pasa últimamente

me hace estar con los nervios a flor de piel.

-Lo entiendo.

No te preocupes.

-Celia.

¿De verdad crees que hemos de recurrir al tribunal?

-Felipe... -¿No podemos solucionar

los problemas solos?

-Ya te lo dije ayer.

-No hay nada que solucionar.

No hay marcha atrás.

¿Por qué me lo pones tan difícil?

-Porque no quiero perderte.

No puedo perderte.

-Haberlo pensado antes.

-Ya es tarde.

Has perdido a mi hija, Felipe.

Asúmelo y sigue con tu vida.

-Estará contenta, ¿no?

-¿Perdón?

-La ha manipulado para que me odie,

¡para que no acepte mi perdón!

-Yo no hago tal cosa.

Yo solo trato de ser su madre y estar a su lado.

Porque como bien me has reprochado en otras ocasiones,

a lo mejor no estuve lo suficiente cuando era una niña,

pero Celia

es una mujer independiente

y toma sus propias decisiones.

-Miente.

Y ahora, si me disculpa,

quiero hablar con mi esposa.

Lárguese de aquí.

Celia, por favor, díselo tú.

Celia, por el amor de Dios.

¿Es que no vas a decir nada?

-No estás actuando bien, hija.

Felipe ha de saber la verdad.

El proceso de nulidad se está acelerando.

El día del juicio del tribunal eclesiástico está cerca.

-Lo sé.

-Y Felipe no tiene claro que la decisión es tuya

y no mía. Y no es justo.

-Lo sé, madre.

-Has de hablar con él, hija.

Has de decirle las cosas como son. -Lo sé,

no insistas más. -Pues hazlo.

No quiero hacerle más daño. Felipe está pasando

por un momento muy duro por lo de Mauro.

Lo haré,

pero no ahora.

-¿Y cuándo, Celia?

¿De qué sirve retrasar el momento?

¿Qué quieres? ¿Alargar su dolor y su agonía?

¿Es eso lo que quieres?

¿Quieres que piense que aún hay alguna posibilidad de reconciliación?

¿Que todavía hay esperanzas para lo vuestro? ¿Eso quieres?

Pues eso es exactamente lo que pensará

si te ve dudar.

Si no das el paso.

Si no le dices las cosas tal y como son, Celia.

Eso es lo que pensó cuando te vio en el funeral del policía.

Que todavía sigues enamorada de él.

Debes romper

el vínculo con él cuanto antes, hija.

Por ti y por él.

Se lo debes a él y te lo debes a ti misma.

Los dos os merecéis

empezar una nueva vida, hija.

-Lo intentaré, madre.

-Hazlo, Celia.

La vida es muy corta, hija.

Algún día te darás cuenta.

Estas habichuelas están tan tiernas que hasta se parten con las manos.

-Mejor sabrán. -Hala, marcho.

Que don Ramón ya no va a instalar el ascensor en mi vivienda

y puedo volver a la portería. -Pues vaya usted con Dios.

-Fíjate que... hasta me da pena irme.

Se me hace como un nudo en el estómago.

-Haga tripas corazón, lo superará.

-Además, hombre,

que no se va usted tan lejos, a la portería "na" más.

Seguiremos siendo vecinos.

-Ya, pero no es lo mismo, Fabiana.

Yo ahí abajo, solo...

Y ustedes aquí acompañadas, hablando entre ustedes,

comiendo juntas,

bromeando juntas... -Ya,

pero a veces también regañamos. Piense en lo que se ahorra.

Además, está mejor con sus cosas "pa" usted solo.

Ya lo verá, ya lo verá.

-El nudo del estómago no le quita a usted el hambre.

-Las penas con el buche lleno son menos.

-¿No se iba usted ya? Váyase, rediez.

-Eso sí, Servando, arreando

que tenemos faena, venga.

-¿O quiere ayudarnos con la comida? -Quita, que tengo mal la espalda.

-Pues eso, túmbese en la portería y a descansar.

-Eso es lo que haré. -Hala...

-Ay...

(TODAS) ¡Ay...! -¡Ole, ole!

-Chist.

-¿Qué hacéis?

¿Acaso os alegrabais de mi marcha?

-Por mi empleo, Servando, no le dé vueltas de más.

-Y hablando de su marcha,

¿se le ha olvidado algo?

-Era por si me habíais "preparao" una fiesta de despedida

y algo había fallado

y no me habíais dado la sorpresa. -¿Una fiesta de despedida?

-Pero si lleva aquí

dos días, Servando. -Ya, pero es que

dos días conmigo es mucho tiempo.

-Ahí sí le doy la razón, una eternidad.

-¿Qué has dicho con eso?

-Si se lo digo, se me enfada. -Estáis hartas de mí.

¿Es eso? -Bueno...

No nos tire de la húmeda que acabamos malamente.

-¡No, venga, bribonas!

¡Di lo que tengas que decir! ¿Acaso tienes queja?

-Tengamos la fiesta en paz.

A ver, Servando,...

¿quiere quedarse a comer, y con la tripa llena,

baja a la portería?

-Pues mire, sí, me voy a quedar,

no le voy a hacer el feo,

y así lo podemos considerar como una fiesta de despedida.

Voy a bajar a dejar mis cosas. Así mientras les da tiempo

a preparar la comida y poner la mesa.

-Ay...

¿Para qué le invita usted? Ahora saca otra comida.

-Y sin mover un dedo una vez más. A mesa puesta.

-Lo veo tan solico que me da pena.

-Qué más da uno más, hombre...

-"Demasiao" buena es usted, Fabiana.

-Lo que soy es vieja...

Ya...

Ya llegaréis a mi edad y me entenderéis.

¿Estarás bien?

Claro que sí.

Bien, pues...

dejaré que te acomodes. Iré a ver mi cuarto.

Aguarda.

Debo decirte algo. Claro.

Luego le busco.

¿No es de tu agrado la habitación? He pedido la más grande.

Estando contigo podría dormir sobre brasas ardiendo.

¿Entonces?

¿Por qué hemos de dormir en habitaciones separadas?

Porque es lo más prudente.

¿En qué mundo absurdo es prudente estar separados?

En el nuestro.

Tú eres quien eres y yo soy quien soy.

No quiero, Simón.

Estamos lejos de casa.

Lejos de miradas indiscretas,

de la diferencia de clases.

Lejos de todo lo que nos impide ser felices.

Vamos a dormir en esta habitación juntos así arda Troya.

Sabes que no es una buena idea.

No.

Sabes que me importa un bledo, ¿no?

Eres imposible, Elvira Valverde.

Este es nuestro refugio.

Estamos solos y nadie nos impedirá pasar la noche juntos.

Al menos hoy.

Déjate llevar, Simón.

Nadie se enterará de nuestra historia de amor clandestina.

Últimamente no dejo de verla acompañada

de ese mayordomo.

¿A qué se debe?

Mi padre me lo ha puesto de vigilante.

Ya puedes salir.

¿Y ese pañuelo? ¿Me dejas verlo?

Es solo un pañuelo.

¿Bordado por ti?

Sí.

Tengo que darte este regalo.

Lo he bordado para ti.

Simón y Elvira.

Adiós, Simón.

(Puerta)

Celia.

¿Qué haces aquí?

Pasa, por favor.

¿Puedo invitarte a algo?

-Te lo agradezco, pero no.

He venido porque no quiero

que las cosas acaben mal entre nosotros.

-Las cosas no deberían terminar entre nosotros.

-Felipe, sé que estás nervioso

y que no estás pasando un buen momento.

-Y pese a todo, nunca he tenido las cosas más claras.

-Felipe... -Celia, escúchame, por favor.

Sé que he sido un memo,

un estúpido,...

un endriago contigo.

He sido el responsable del hundimiento de nuestro matrimonio,

pero hay amor entre nosotros.

Te quiero como el primer día que te conocí.

Y sé que tú también me quieres.

Y con amor todo es posible, de verdad.

Ese es el problema, Felipe.

Yo ya no te quiero.

-¿Qué quieres decir?

-Que no hay amor por mi parte hacia ti.

-No.

-No te creo.

Lo dices porque estás dolida conmigo.

-Lo digo porque es verdad.

-Celia.

Sé que te he engañado muchas veces

y sé que esta vez puede sonar a que...

-Felipe, me enamoré de otro hombre.

-¿Qué?

-Y él se enamoró de mí.

Y fue amor verdadero.

Él no veía en mí a la esposa sumisa y obediente.

No veía mi maquillaje ni mis joyas.

No veía mis peinados ni mis vestidos.

Él...

veía mucho más allá de todo eso.

Él veía a la mujer que soy.

La Celia que hay dentro de mí.

La que es capaz de todo.

La que tiene arrestos.

La valiente y la que no teme a nada.

A la Celia en la que me estoy convirtiendo.

Él la vio mucho antes de que la viera si quiera yo.

-¿Y quién es ese hombre?

-¿Qué importa eso?

-Le mataré.

¡Le mataré! ¡Te juro que le mataré!

-Felipe.

Ya es tarde.

Eso no importa.

Lo único que importa es que,

que yo ya no te quiero. -(LLORANDO) Por favor.

No lo repitas.

-Pero no fuiste tú

quien me alejaste de ti cuando tuviste una aventura.

Yo ya estaba muy lejos de ti.

Y por eso

amé a ese otro hombre.

Aunque no me marchara con él y te abandonara.

-Esto tiene que significar algo. -Eso significa

que no quise cometer el mismo error que cometí contigo.

No quise ser la sombra de un hombre y vivir a su servicio

y depender de él.

Solo quiero depender de mí misma.

Ser yo.

Una mujer.

Una persona.

-¿A qué te refieres?

-Que ya no quiero ser Celia Álvarez Hermoso

ni Celia nada.

Solo quiero ser Celia Verdejo.

Porque eso es lo que soy.

Me pediste que fuera sincera

y lo he sido.

Lo siento mucho.

(Puerta)

¿Puedo pasar, señorita Teresa?

La señora Cayetana

y don Fernando dicen que se alegría usted

de verme. Así es.

¿Se va a casar hoy con don Fernando?

Aún no lo sé.

Pensaba hacerlo por ti.

Por Fernando.

Por todos los niños del colegio.

Llevo toda la noche pensándolo...

y no sé si voy a tener fuerzas para hacerlo.

Pero el otro día me prometió usted que iba a tener fuerzas.

A veces, por mucho que uno quiera,

no siempre se pueden cumplir las promesas.

Ya lo verás cuando seas mayor.

Ni siquiera sé si voy a tener fuerzas para salir.

A veces no entiendo a los mayores, señorita,

dicen que son fuertes,

pero no lo son.

Ayer fui al médico de los ojos

por orden de don Fernando.

¿Sabe usted? Esa señora,

doña Úrsula,

me acompañó y me regaló unos caramelos.

¿Úrsula?

¿Te acompañó a la consulta?

Sí.

Tendría que haberlo hecho Fernando.

Él me dijo que no podía

y que me llevaría esa señora.

¿Y entonces fue buena contigo?

Un poco siesa, pero me daba la mano.

Eso es porque te portaste muy bien.

Aunque los mayores no me quieran decir la verdad,

sé que pasa algo malo.

Se lo vi al médico en la cara.

Voy a quedarme ciego.

No digas eso.

Es la verdad, señorita.

No, claro que no.

Y en caso de que fuera así,

que no lo es,

buscaríamos más opiniones. Iríamos a los mejores doctores.

Y todos dirían lo mismo, que voy a perder la vista.

Tirso. No.

Señorita.

Aguarde una miajilla. Déjeme terminar.

Si he de quedarme ciego, que así sea,

pero no me voy a quedar en la alcoba llorando.

Quiero salir a descubrir las cosas del mundo,

las más bonitas y bellas.

Las más grandes y hermosas.

Y quiero verla a usted...

casándose con don Fernando.

¿Qué hace?

Está con Tirso.

No entiendo tanto drama por lo de Mauro.

Tenían una relación extraña.

¿Le quería o le odiaba? No lo sé.

No sé si debemos hablar así de un finado.

No es de buen cristiano.

Hablamos de Mauro, el hombre que más calamidades me hizo pasar.

Que en paz descanse. Y a Teresa.

Espero que no tire su vida por ese hombre.

A ver si le da ánimos.

Y si no, habremos de respetarla.

Habremos de respetar sus decisiones,

decida casarse o no,

hacerlo de una manera o de otra.

¿Qué quieres decir?

(Puerta)

-Buenos días.

¿Qué haces aquí?

Don Fernando me ha invitado a petición de doña Teresa.

-Es comprensible.

Te tiene en alta estima.

Pasa.

¿Dónde está la novia?

-En su alcoba.

-¿Puedo verla?

-No es conveniente,

está con Tirso.

A ver si le da ánimos.

-Sé que lo ha pasado mal.

-Es más que eso.

No sabemos si asistirá al enlace.

-Dios le dé luz.

Mejor esperemos abajo.

Así no se sentirá presionada.

Vamos a la pradera.

-La acompaño.

Debemos ser optimistas.

Casará.

Adelantaos, ya voy.

(Puerta)

¿Qué haces aquí?

-En comisaría me dijeron que faltabas hace un día.

Supuse que estarías aquí.

-No tenía fuerzas ni ganas ni de trabajar.

-Ni capacidad para tenerte en pie.

-¿Me estás juzgando?

-No.

-Lárgate.

-He venido a despedirme.

Y a darte las gracias por el trabajo en Onteniente.

-No sé de qué trabajo me hablas.

-Nadie se ha ido de la húmeda.

Lolita ha guardado su secreto.

Pero te olvidabas de que tratabas conmigo,

que soy muy lista.

Felipe,

gracias de corazón.

Sé que esta vez lo has hecho por mí.

Para protegerme de mis sentimientos y que consiga olvidarte.

Eres un buen hombre.

Te he querido tanto...

Te besaría pero ese tipo de reacciones

son las que tratamos de evitar.

Solo te pido una última cosa:

lucha por tu esposa.

Por muy negro que lo veas, no tires la toalla,

no dejes que vuestro amor se rompa.

Lucha por Celia.

Gracias por todo.

Doña Cayetana.

¿Todo bien?

Sí.

Celia y Fabiana ya se han puesto en marcha.

¿Por qué no baja Teresa?

Está con Tirso. Espero que le dé paz y la haga razonar.

También yo.

Será mejor que me vaya,

la esperaré al pie del altar.

Claro.

¿Viene Ud.?

No. Adelántese, lo alcanzo enseguida.

¿No ha salido Teresa?

Sigue arriba, con ese niño.

Espero que recapacite y salga, lleva todo el día encerrada.

¿Dudando?

Sí.

No estoy segura de que vayamos a verla ir al altar hoy.

Ese niño es listo como hambre de menesteroso.

La convencerá.

Ojalá tenga razón.

Debo darle noticias.

¿Sobre qué?

Ayer Felipe vino a casa.

Nos dijo que la policía sospechaba que la muerte de Mauro

no fue suicidio.

Vieron a Elena Pérez Casas

cerca de las vías.

Debe alertarla.

La están buscando.

Y aunque la encuentren,

Elena no dirá nada.

Nada puede alterar mis planes.

Nada lo hará, esté tranquila.

Eso espero,

porque esto no ha hecho más que empezar.

Con la muerte de ese policía empezó todo.

Teresa ha perdido al hombre de su vida,

como yo perdí a Ponce.

Y ahora tendrá que casarse.

Para que su matrimonio con Fernando

fue el infierno que fue el mío con Germán.

Si Teresa quería saber...

lo que es ser Cayetana Sotelo Ruz...,

lo va a saber.

Hola, tía. -Liberto.

-¿Iba a algún sitio? -Así es.

¿Venías a verme?

-Quería pedirle un favor. -¿Un favor?

-Y consejo.

-¿Puede esperar?

Iba a ver a alguien. -Es importante.

-¿Ocurre algo?

No te veo buena cara.

-Se trata de mi esposa. -Di mejor Rosina,

que lo de tu esposa no lo encajo.

-La situación entre ella y Pablo es insostenible.

Solo se hablan para discutir.

Apenas se miran.

Cuando uno sale, entra el otro.

Se pasan el día como el perro y el gato.

-¿A qué se deberá esa reacción?

¡Se llevaban bien!

-Sí, pero ella le acusa de la desaparición de Leonor.

La culpa de abandonarla en el cruce de caminos.

No entiende por qué la dejó sola ni por qué lo decidieron.

-No le quito razón.

Pablo no sabe ni dónde está su esposa.

Se pasa el día triste

y con mala cara.

No me gustaría estar en su pellejo.

-Entiendo.

-No quieren salir a la calle.

Solo lo hacen para ir a preguntar a comisaría.

-Ha de ser un infierno

no saber ni dónde está tu familia. -Sí.

Casilda dice que ayer no se hablaron.

Ya ve.

Horas sin dirigirse la palabra.

-Bueno, pero...

¿en qué te puedo ayudar¿

-Ya he intentado mediar.

Intenté hacer entrar en razón a Rosina

pero la situación es insostenible.

-Rosina es terca, no dará su brazo a torcer.

-¿Qué puedo hacer? No podemos seguir así.

-Es difícil, no te lo niego.

Fui a tu casa a hablar con ella y dijo que tenía jaquecas.

-Y las tiene.

Está todo el día encerrada a oscuras.

Con ese pensamiento de que Pablo tiene la culpa de todo.

Solo sale para ir a comisaría.

-Sigo sin saber

en qué puedo ayudar.

-Rosina no sale para que no vean que está fatal.

Pero realmente lo está,

está muy mal.

Ya estaba así antes de que llegara Pablo.

No le va a decir nada,

pero necesita a sus amigas.

La necesita a Ud.

-No me va a recibir. Fui a hablar con ella.

-Si Ud. organizara algo...

-¿Algo?

-Sí, que se reunieran todas.

Que preparara alguna sorpresa y viera que la apoyan.

Necesita el apoyo de sus amigas.

Yo estoy sobrepasado, no sé qué hacer.

-Déjame pensar. Voy a ver qué puedo hacer.

-¿Y eso tan importante que tenía?

-Puede esperar.

-Gracias.

De corazón.

Qué negro se está poniendo el día.

-Teresa se retrasa.

He pedido paciencia al sacerdote.

-Que dios te lo pague.

Estoy convencida de que vendrá.

Viene alguien.

No va a venir.

No diga eso.

No debí mantener la fecha.

Debimos cancelar todo.

No, hizo lo que debía.

La he presionado

y no me he dado cuenta de lo mal que estaba.

Me siento tan estúpido...

No se haga cruces, aparecerá.

Aquí está el quid de por qué vuelvo a la portería.

-No le sigo.

-Es más clarito que el agua.

Las muchachas del altillo

han sido capaces de falsificar el presupuesto

para que yo no esté con ellas.

Te veo nervioso, Martín, ¿qué te ocurre?

-"¿Ocurre algo?".

Reunión de pastores, oveja muerta.

-Se despedían de una servidora. Marcho a mi nuevo empleo.

-Vamos a echarte de menos.

-Te deseo lo mejor,

Huertas.

-Agradecida, señora.

Créalo. -"Parece Ud...."

extrañado por mi vista.

-No podría ser de otra forma.

Después de lo de Liberto, no nos queda mucho que tratar.

-Se equivoca.

Debemos hablar de un asunto de la mayor enjundia.

-En tal caso tengo el tiempo que necesite,

mi hija ha salido de viaje.

-Lo sé. Es de ella de quien deseo hablarle.

-"¿Estás bien, Elvira?".

Tardas...

demasiado.

Paciencia. Roma no se construyó en un día.

¿Qué te parece?

"No aceptaré la nulidad sin luchar".

Hay una manera de detenerlo todo.

Haciendo pública su confesión.

El tribunal no seguirá adelante

si se conoce su adulterio.

-¿Sería capaz de desenmascararla ante todos?

¿De asumir la vergüenza pública

que eso conllevaría?

-Sí.

Es la única forma de recuperar mis derechos y no perderla.

"García",

¿qué hace Ud. aquí? ¿Ha pasado algo?

Dios mío, Leonor...

Teresa,

por todos los santos, haz un poder.

Vamos.

Y la señora más parece un reo yendo al cadalso

que una novia rumbo al altar.

"Te espero en la calle Misericordia a las 12".

-Fernando, ¿quieres recibir a Teresa como esposa,

y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas,

en la salud y en la enfermedad,

y así amarla y respetarla todos los días?

-Sí.

Sí quiero.

-Y tú, Teresa,

¿quieres recibir a Fernando como esposo

y prometes serle fiel en las alegrías y las penas,

en la salud y en la enfermedad,

y así amarlo y respetarlo todos los días?

  • Capítulo 469

Acacias 38 - Capítulo 469

07 mar 2017

La Junta de vecinos es un fracaso y Ramón cancela la instalación del ascensor. Felipe informa a Teresa y a Cayetana de que la muerte de Mauro puede que no fuera un suicidio. El abogado intenta disuadir a Celia de que no anule su matrimonio y acusa de todo a Consuelo. Por su parte, Consuelo azuza a Celia y le exige que sea clara con Felipe de una vez por todas. Celia le confiesa a Felipe que la relación que vivió con Cruz le cambió para siempre. Susana ata cabos y descubre que Elvira y Simón viven una historia de amor clandestina. Por su parte, la pareja llega a la posada y vive su amor lejos de las miradas de todos, pero ambos se lamentan de que nunca puedan mostrarlo abiertamente.

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Añadir comentario ↓

  1. Pablo

    Cayetana es mi personaje favorito ¿¿

    17 mar 2017
  2. M. Carmen

    Ya no me gusta acacias 38. Aunque vuelva a aparecer Mauro, ya no será lo mismo

    08 mar 2017
  3. Mabi

    Que divino Tirso !!! Si tiene las ideas más claras que cualquier adulto de Acacias!!! Felicitaciones para el niño actor !!!¿¿

    08 mar 2017
  4. Clara

    No puedo creer que Susana va a contar al coronel lo del romance entre Simón y Elvira, pensaba que lo utilizaría como chantaje para que Simón no cuente a nadie que ella es su madre. A ver cómo resuelven los guionistas esta historia que parece que está a punto de explotar. Deberían alargarla más, ahí están Liberto, Lolita e incluso María Luisa que los pueden ayudar en sus encuentros. Es que la sastra es mala y el pobre Liberto la quiere mucho, si se enterase de todas las cosas que hizo para separarle de Rosina. Por otro lado, la boda de Teresa, parece un funeral, no sé cómo Fernando ha accedido a casarse en esas condiciones, se ve a legua que no le quiere. Y Celia por fin se ha atrevido a contarle a Felipe que tuvo otro amor, se ha quedado pasmado, en esa sociedad machista se concibe la infidelidad en el hombre pero no en la mujer, es una trama muy interesante esa lucha de Celia por ser una mujer independiente. A ver qué pasa en los próximos capítulos. Lo mejor de esta novela son los buenísimos actores que tiene, entre los mejores: Lolita, Liberto, Simón, Rosina, Trini y por supuesto la malvadamente Cayetana.

    07 mar 2017
  5. Gloria

    Hermoso y realista monólogo de Celia a Felipe.

    07 mar 2017
  6. Gloria

    Hermoso y realista monólogo de Celia a Felipe. Auténtica realidad de la liberación a través del amor...

    07 mar 2017
  7. Saro

    ¡Qué preocupación se ve en la cara de Liberto! .. se siente impotente para consolar a Rosina, está desbordado por la situación que se ha creado en la casa entre su esposa y Pablo. Rosina está sufriendo mucho pero debe calmarse y pensar que Pablo no es culpable de lo que les está pasando. Es el momento de que la familia esté lo más unida posible. No me gusta ver a Rosina sufriendo ni tampoco a Liberto tan preocupado; necesito verles felices.

    07 mar 2017