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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 466 - ver ahora
Transcripción completa

Estás hermosa.

No tanto como tú lo estabas el día de tu boda.

Te equivocas, Teresa, mírate.

Serás la novia más hermosa de todos los tiempos.

Y sin duda, la más feliz.

"¡Elvira!".

-¿Tamaño escándalo?

Uh, señor coronel...

¿Ocurre algo?

¿Qué hace aquí? -¿Dónde está mi hija?

Y no me mientas.

-No tendría por qué hacerlo.

Su hija de usted está con una servidora.

-"Es una embaucadora"

que se ganará su confianza.

Espero que no la esté protegiendo.

Si no cumple sus funciones, me veré obligado a despedirle

y a hacerme con los servicios de un mayordomo más severo.

-"Dime,"

¿aceptas o no la propuesta de Celdrán?

-Pues claro que sí.

¿Por qué si no me iba a leer este ladrillo?

-Ven aquí que te abrace.

Deseo que seas muy feliz junto a Fernando.

Te lo agradezco de corazón.

Y yo también te deseo la dicha.

Ojalá encuentres pronto una persona

que te ame como te mereces.

La maquinaria y los engranajes solo caben en un lugar.

-¡Todo sea por el progreso! -Y ese lugar,

Servando, es la portería.

Si queremos instalar un ascensor en Acacias 38,

debes abandonar tu casa.

"¿Qué le ocurre, mujer?". ¡Me han robado!

¿Por dónde ha ido?

¡Ha huido hacia los jardines del Príncipe!

¿Ha entrado en los jardines? Sí, por ahí.

-"¡Pablo!".

¡Ah!

¡Pablo, hijo mío!

Pensé que nunca más te vería.

¿Y mi hija? ¿Dónde está Leonor? ¿Y mi niña?

-¿No está aquí?

-"Sigue haciéndome dichoso"

aceptando esta muestra de compromiso y de mi amor.

La llevaré siempre

en mi mano con dicha y orgullo.

(Tren)

(INTENTA GRITAR)

Al salir del barrio, hubo gente que la reconoció.

Sus escritos la han hecho célebre

y corríamos el riesgo

de que su fama acabara conmigo en el patíbulo. Decidimos separamos

y reencontrarnos en Málaga.

-Pero...

¡¿La dejaste sola?! -Fue idea de ella.

Ella decidió que nos separáramos.

Decía que tomaríamos el mismo barco,

que cada uno llegaría a Málaga por su lado,

sin contratiempos. -Una mujer joven, bella, fugitiva

cruzando España sola y expuesta a mil peligros.

No me parece una idea muy sensata. -¡Lo siento!

¡No lo pensé, me dejé llevar por el miedo!

¡Ella estaba tan segura del plan...!

-¡Era tu responsabilidad que no le sucediera nada!

-Chist. Tranquilizaos.

No es momento ahora de reproches.

Vayamos a casa y hablemos con calma.

Lo más importante es que aparezca.

-¡Tengo que saber lo que le ha hecho a mi hija!

-¡Llegué a Málaga, pero no estaba allí, no la vi, lo siento!

Dios. -¿Pablo?

¡Que es Pablo, Martín!

Ay...

¡Ay, Pablo!

¡Qué alegría

volverte a ver! Estás con nosotros.

-¡Suelta, suéltale, Casilda!

¿Qué le has hecho

a mi hija? ¡¿Qué le has hecho?!

-¿Dónde está Leonor?

¿No ha vuelto? -¡¿Dónde está mi hija?!

-Tranquila, doña Rosina.

-Casilda.

Llévate a Pablo a casa, ¿quieres? Que se dé un buen baño.

-(LLORA) -Sí, don Liberto.

-Voy con ellos.

-Sí, será lo mejor, Martín, gracias.

Mi amor.

Mi amor.

-¿Qué pasa?

¿Necesitan ayuda? -Sí, Víctor.

¿Puedo llevarla a La Deliciosa?

-Claro.

Allí va a estar tranquila. Vamos.

-Vamos, Rosina.

Gracias, Víctor.

Le he dejado los sobres con el dinero

para cada una de las chicas.

Encárguese de repartirlo. La espero mañana aquí,

Edicta.

Por fin se han ido todos.

Parecía que íbamos a tener que echar a Susana con aceite.

La fiesta ha sido un éxito.

Sí, por todo menos por el cíngulo de Susana.

Castidad en el matrimonio,

menudo regalo tan inoportuno.

Cada día que pasa está más retrógrada.

Esas que por todo se asustan en público,

a saber lo que hace cuando se queda sola.

Menudo aquelarre. De pensarlo, me descompongo.

¿Usted cree, doña Cayetana? No, no.

Realmente no, creo que Susana no.

Susana cuando se queda sola,

se toma medidas para hacerse un hábito de monja.

Sois muy crueles los dos.

Dejad a Susana con sus cíngulos de seda y sus hábitos monacales.

Muy bien las criadas que has contratado.

Cierto, sí.

He hablado con la mayor de ellas, Edicta, para que sirva en esta casa

a partir de mañana.

Sustituirán a Fabiana.

Me parece muy bien.

Me alegro de que le parezca bien, Fernando,

porque me gustaría que usted y mi amiga Teresa

se quedarán a vivir aquí

mientras construyen la suya.

¿No sería un abuso?

Estábamos pensando en alquilar un piso

en el vecindario mientras construyen la casa.

Ni hablar.

Me sentiría ofendida si Teresa

rechazara mi ofrecimiento.

Esto es muy grande para una mujer sola.

¿Y qué mejor que compartirlo con las personas que más amo?

Claro que acepto tu invitación,

pero no queremos ser una incomodidad para ti.

¿Incomodidad?

Nunca podríais serlo.

Además,...

tú eres mi gran apoyo.

Mi persona de más confianza.

Me siento un abusador.

Invadir su hogar... Que no,

don Fernando, es puro egoísmo, es por no quedarme sola.

Ya está todo hablado.

Será un placer. Hablaré con los obreros

para que se den prisa y no seamos una molestia.

No hace falta. Lo que bien se hace, bien parece.

Y vamos a brindar por esta agradable noticia.

Abra uno de los champanes. Será un placer.

Voy a por las copas.

Por vosotros.

Por vuestra estancia en esta casa.

Y por los planes que salen a pedir de boca.

Oh.

Doña Susana...

-Doña Úrsula.

¿Aún en la calle? -Presta a recogerme.

Ya es hora. -Ni que lo diga.

A mí se me ha hecho tarde en la fiesta de pedida.

-Dígame, ¿cómo ha ido?

-Todo a la perfección.

Les he regalado un cíngulo de oro y seda

para el sacerdote que les case. Para recordarles la castidad

que debe presidir en su matrimonio. Les ha encantado.

-Oh... No me extraña.

Un regalo muy adecuado.

¿Y la fiesta en sí?

-Ay... Ya sabe lo que son las fiestas

y los ágapes en casa de doña Cayetana.

De lo bueno, lo mejor.

Otras virtudes no sé si tendrá,

pero recibiendo en casa es un portento.

-De casta le viene al galgo.

En otros tiempos, las recepciones en casa de los Sotelo-Ruz

fueron muy famosas.

¿Y Teresa?

¿Cómo estaba?

Es un día muy especial para ella.

-Estaba feliz. No tanto como don Fernando,

se ve que ese hombre bebe los vientos

por ella. -Son jóvenes.

Merecen un futuro dichoso.

-Le veo muy bienintencionada

para no haber estado entre los invitados quiero decir.

-Y créame que lo siento.

Al margen de que los asuntos del patronato

me hayan alejado de Teresa,

siento por ella mucho cariño. No tengo ninguna animadversión.

Al contrario.

La veo llena de virtudes. -No sé si ella

se percata de su simpatía.

-Oh, no.

No se percata, se lo aseguro.

Ya sabe que los malos entendidos se instalan entre las persona

muy a nuestro pesar.

Le digo una cosa,

me encantaría ser invitada a la boda, aunque solo fuera a la ceremonia.

-Ah.

No creo que de saberlo Teresa la rechazara.

Quizá debería acercarse más a ella.

-Eso haré.

Además, seguramente pronto necesitará ayuda.

-¿Por qué dice eso?

-Simple intuición.

La vida es un camino de espinas,

y antes o después, todos necesitamos ayuda.

¿Quién sabe si en un momento como este de felicidad para ella,

le llega una noticia inesperada y demoledora?

-Parece como si usted supiera algo.

-Lo mismo que puede saber usted.

Nada que no sepa alguien que ha vivido tanto como nosotras.

La vida es circular,

doña Susana,

y al lado de la mayor de las felicidades,

se agazapa siempre la peor de las desdichas.

Con Dios.

-Con Dios.

Parece que llevas todo el día sin comer.

-Llevaba dos días sin comer nada.

Quería llegar lo antes posible cuando supe la noticia.

Ha sido un largo viaje.

-Sáciate.

-No.

Tengo que contar lo que sé.

-¡Habla de una vez! -Tranquila, Rosina,

cálmate.

Deja hablar a Pablo.

-La policía buscaba a un matrimonio

y a Leonor le pareció buena idea que nos separáramos.

Además, ella era conocida,

decía que juntos corríamos peligro. -Nunca

debiste dejarla sola. Nunca. -Ya, eso lo sé hoy.

En aquel momento, nos pareció buena idea.

La guardia civil casi me detiene dos veces.

Primero, antes de subir al tren,

y la segunda, en Linares. Ahí creí que se acababa mi huida.

Pero tuve suerte.

El guardia no buscó tras las cajas donde yo me escondía.

-Tal vez la encontraran a ella y fuera detenida.

-No, habría salido publicado.

La policía nos hubiera informado.

-El caso es que habíamos quedado

en encontrarnos en Málaga,

en el mismo muelle donde partía nuestro barco rumbo a Marruecos.

Llegué de milagro.

Diez minutos antes de su salida.

Estaba lleno de gente.

De familiares, de viajeros, de curiosos, de estibadores...

Corrí de un lado a otro, pero...

no la encontré.

-¿Habría subido ya al barco?

-No lo sé, no lo sé.

Anunciaron que iban a retirar las pasarelas

y yo tenía que tomar una decisión.

Subir con la confianza de que ella estuviera a bordo

o quedarme en tierra y esperarla.

Corrí hacia la pasarela, puse un pie en ella, pero...

en el último momento, me arrepentí

y volví al muelle.

Vi partir el barco en el que quizá viajaba Leonor.

-Ay, mi hija, mi pobre hija...

-No creía que subiría sin esperarme.

Tal vez ella pensó que estaría a bordo y decidió viajar, no lo sé.

El caso es que me quedé en Málaga, escondido,

fugitivo, viviendo de lo que conseguía.

Descargando barcos,...

trapicheando,

incluso de la caridad.

Me arrepiento de muchas de las cosas que tuve que hacer allí.

Al cabo de unos días, me di cuenta de que no iba a venir.

O que estaría aquí en la calle Acacias con usted o...

O que estaría en Marruecos. -¿No fuiste a buscarla?

-Claro que fui a buscarla.

Me subí a un barco de polizón, la busqué por Melilla,

por Ceuta, Tánger, Tetuán...

He visto crueldades que no pensé que vería.

Estuvieron a punto de fusilarme

porque se pensaban que yo era un espía.

Me atracaron dos veces.

Yo le enseñaba a todo el mundo el retrato de Leonor.

Nunca me deshice de él.

-Ay...

Pero nadie la había visto.

Estaba en Tetuán...

dispuesto a volver y entregarme cuando...

leí el anuncio de mi indulto,...

y decidí regresar pensando que Leonor estaría sana y salva, pero...

ya veo que no.

-Tal vez

ella también haya leído el anuncio...

y regrese en poco tiempo.

-Yo puse a mi hija en tus manos

y tú la pusiste en peligro.

Tú debías cuidar de ella,

¡pero la dejaste sola, abandonada a su suerte!

Si algo le pasa,

sea lo que sea,...

tú serás el único culpable.

(PARPAN)

(Puerta)

Lolita, pasa. Te estaba esperando.

-Señor, que está medio en cueros.

No sé si entrar.

-Durante mi enfermedad me viste con menos ropa.

-Uuuh...

Vaya leonera.

En un momento le pongo orden.

-Anda, deja esa ropa ahí. Y cuéntame,

¿qué tal van las cosas en casa?

-Yo le cuento a usted lo que quiera,

porque esta camisa se va sola a lavar.

Déjeme que le ayude. -Lo mandaré a una lavandera.

¿Cómo está doña Celia?

-Se le echa de menos en casa, no se lo niego,

pero ella anda "animá" con eso de los tintes.

-¿Tintes?

¿Qué es eso de los tintes?

Es que no sé si hago mal diciéndoselo.

Lolita, por favor, habla de una vez.

¿Vas a estar siempre igual?

Me lo debes.

He pagado tus salarios muchos años,

ahora tienes que compensarlo.

-Lo de los tintes es un negocio que va a hacer con doña Consuelo.

De unos tintes de pelo que los traen de no sé dónde. Del extranjero.

O de un inventor. Algo así.

-¿Tintes para el pelo?

Menuda estupidez.

-Que no. Ahora está de moda

que las mujeres se tiñan "pa" taparse las canas.

O que las morenas se pongan rubias.

Dicen que ganarán mucho "money", como dice doña Consuelo,

y que no van a necesitar un hombre.

-Eso habrá que verlo.

Pero, vamos, que ojalá le vaya bien.

Lolita, por favor, deja eso.

-Estaba yo pensado, señor.

¿Me vería a mi guapa de rubia?

-Un espantajo parecerías.

-Oh. -Tú has nacido morena,

y así tienes que seguir.

-Pues en Cabrahígo había una rubia y todos querían sacarla al baile.

-Mejor habrían hecho sacándote a ti.

Lolita, tienes que hacerme un favor. -Diga.

-Toma, es para Huertas.

Que vaya a este lugar, le pueden dar trabajo.

Un empresario pasará un tiempo en este hotel.

Así podrá dejar Acacias,

que es lo que quiere.

-¿Seguro que eso es lo que quiere?

-Completamente.

Pero no le digas que te he dado la tarjeta.

Es muy orgullosa, no se dejará ayudar por mí.

-¿Y quién le digo que me la ha "dao"? -Pues no sé,

alguien de Cabrahígo. Que ese pueblo sirva para algo.

-Okey.

-¿Okey?

¿Qué es eso de "okey"?

-"Pos" no sé, pero doña Consuelo lo dice

cuando algo le parece bien. Que está de acuerdo con eso.

Bueno, ¿no me deja que le eche una mano?

-Lolita, no te voy a poder pagar.

¿Por qué crees que vivo aquí

y no en el hotel París?

-Por eso no se preocupe usted, cuando vuelva a tener, ya me pagará.

Estoy segura de que usted no va a durar mucho de pobre.

Y que no está bien que esté aquí solo.

Que es que no se apaña, no se apaña.

Elvira.

Elvira.

Te estoy llamando. ¿Estás enajenada?

Perdón, no le he advertido. Disculpe.

¿En qué demonios pensabas?

Tenías esa sonrisa que tanto me desagrada.

Esa que me recuerda

a la de tu madre.

Honra merece

quien a los suyos se parece. ¿No dicen eso?

Le he pedido disculpas. Estaba bordando.

¿No lo ve? No hacía nada malo. Estoy harto de tus salidas de tiesto.

Lo siento, padre.

No quería faltarle al respeto.

Servando me ha entregado este sobre para ti.

¿Para mí? ¿De quién?

Eso es lo que quiero saber, de quién.

Ábrelo.

Es de la tía Bárbara,

la hermana de mi madre. Sé quién es.

¿Qué se le ofrece?

Se va a vivir fuera y quiere que vaya a visitarla

para despedirse de mí. Al extranjero.

¿Qué irá a hacer esa perdida en el extranjero?

Pues nada, le contestas

con una carta educada y le dices que no.

¡Padre! Es mi tía, es mi familia,

quiero ir a verla. Que no. No tengo que repetirlo.

Puedes volver a tus bordados.

No quiero que tengas contacto con ellos.

Lo quiera o no, es mi familia.

¡Ya me has oído, Elvira! ¡No me saques de mis casillas!

Ahora hay métodos más modernos.

El primero que se inventó fue el daguerrotipo,

se llama así porque lo inventó un señor llamado Daguerre.

Yo haré un invento.

Se va a llamar tirsotipo.

¿Sí? ¿Y qué invento va a ser ese?

Eso no lo sé, ya se me ocurrirá.

Bueno, espero que sea un buen invento.

A ver...

Te explico.

Una cámara fotográfica

es un cajón oscuro con una lente por la que pasa la luz

que refleja una cara o un objeto.

¿Entiendes?

Sí.

Qué listo. A mí me costó

mucho tiempo entenderlo.

Bueno, el caso es que

esa luz se refleja sobre una superficie con productos químicos

y se queda fijada ahí.

¿Y qué superficie es esa?

Antiguamente eran

placas de cobre planteado,

después pasaron a ser placas

de vidrio sensibilizado con sales de yodo,...

y después, placas flexibles.

Ahora incluso fabrican película enrollada.

Y gracias a eso existe el cinematógrafo.

Eso, eso es lo que quería que me enseñara.

Si no aprendes primero fotografía, no puedes aprender eso.

El cinematógrafo son muchos negativos de fotografía

a mucha velocidad.

¿Una fotografía detrás de otra?

¡Exacto!

¿Por qué parece que se mueven las imágenes?

Sabía que me ibas a preguntar eso,

así que vengo preparada. Mira.

¡Hala, qué bonito!

¿Sabes quién es? ¿Quién?

Es Pulgarcito antes de entrar en el país del Ámbar.

Como mi cuento. Quiero verlo otra vez.

Déjeme a mí.

-¿Ha visto Tirso ya al protagonista de su cuento?

-Mire.

-Algún día iremos al cinematógrafo

y lo veremos con personas reales. -¡Sí, por favor!

Pero hoy no puede ser.

-Además, tenemos que ir a que te curen la vista.

Y nosotros tenemos nuestra boda.

Cuando estemos libres, te llevaremos.

La clase ha terminado por hoy.

-¿Puedo quedarme mi películas? Claro, es tuya.

Gracias.

-No te agobies por la boda, yo me encargo.

Gracias.

No olvides bajar a pagar a Víctor la factura de la cena de ayer

antes de que lo haga Cayetana. Es verdad, ya voy.

"Tengo algo para ti".

"Ábrelo".

Es un zoótropo.

Hazlo girar.

Somos nosotros, cariño.

Ahí,

donde nadie nos puede hacer daño.

inseparables...

"Besándonos para siempre jamás".

Aquí lo dice bien claro.

El empresario de éxito

debe poder suministrar el producto a los clientes.

Es fundamental que controle la fabricación

y, o, la importación del bien en cuestión.

-Eso te lo garantiza Celdrán.

Él se ocupa de la fabricación del tinte.

Para eso es el químico.

-¿Y la patente?

-¿Para qué la quieres? -Bueno,

imagínate que Celdrán se muere.

No voy a quedarme sin negocio. -Celia,

¿piensas en que se muera?

Mi Ramón siempre dice

que no hay que tener corazón en los negocios,

pero tú te pasa.

-Hay que tener previstos todos los imprevistos.

-Que Celdrán se muera no es un imprevisto, es una faena.

-Bueno, Trini, como quieras, pero imagina que empiezo a trabajar

cumpliendo con toda la red comercial, consigo hacer muchos encargos,

y va Celdrán y se muere de la alegría.

-Pues el negocio al garete. -Pues no,

no voy a aceptar que se vaya al garete sin más.

Quiero tener acceso a la fórmula magistral.

-No te la va a dar.

Si te la da, no le necesitas

para nada.

-Que la deposite en un notario y que me la den si muere.

-¡Eso sí que es buena idea!

Al final se te va a dar bien esto de ser empresaria.

-Es que este libro está lleno de hallazgos.

Es importante tejer una red comercial

que haga llegar el producto a los consumidores.

¿Dónde se va a vender esto?

-En droguerías, ¿no?

-¿Junto al betún de Judea? No.

Hay que pensar en algo, en algo más innovador.

Venderlo a las peluqueras.

-Ay, pues yo conozco muchas de cuando trabajé de manicura.

-Me tienes que ayudar. Se lo venderemos

a las que tienen establecimiento y a las que visitan.

Me niego

a que estén junto al betún de Judea y mezcladas con el salfumán.

-A Cabrahígo llegó un buhonero con el remedio "pa" las canas.

Se lo puso al alcalde que tenía el pelo blanco, tenían que verlo.

Le dejó el pelo más negro que el alma de Judas.

Allí lo compraron "tos".

El cura,

el de la alforja, el Aquilino,

se le quedó el pelo blanco de un susto.

-Sí, hasta mi abuelo lo compró.

La que se lió.

-¿Y funcionaba? -¡Quite!

Era betún de Judea. Por eso me he "acordao".

Duró el pelo negro lo que tardó en llover.

Menudo emplasto se les hizo a los "presumíos".

-El buhonero tuvo que salir por patas.

Y no acabó en el pilón porque corría mucho

el muy sinvergüenza. -¿Y si nos pasa eso?

-¿Que acabemos en el pilón?

-No, que se vaya con la lluvia.

-No, hombre. -Tenemos que probarlo.

Lolita.

¿Te ofreces voluntaria?

-No, señora.

No me voy a poner el pelo de amarillo.

-Ah, no, no, no.

Conmigo tampoco contéis. A mi Ramón le gusto así.

-Está bien.

Me lo pintaré yo.

-No te preocupes, hija, lo haré yo.

-No, madre,

si yo no confío en mi producto,

¿quién lo hará? Yo seré el escaparate

de mi negocio. -Mira, Celia, sí,

va a resultar que eres buena en esto.

Te harás más rica que el marqués de Salamanca.

(RÍEN)

¿Qué quiere que le diga? Sé lo mismo que usted.

Pablo apareció sin doña Leonor. -Menudo informador eres.

Eso lo saben hasta los indios del Amazonas.

Detalles, Martín, quiero detalles. -¿Qué hago? ¿Me los invento?

-¡No, que pongas el oído!

Martín, es que si no pones el oído, nunca serás un buen portero.

El intríngulis es poner oído

antes que hacer los pequeños arreglos.

-Yo le vendo el pescado como lo compré.

Pablo iba como alma en pena,

sucio, mal vestido, parecía un menestral,

con más hambre que el perro de un ciego.

Casilda le preparó ropa limpia,

un caldo con sus buenos cachos de carne

y un baño caliente. -¿Y no dijo nada?

-¿A nosotros?

Ni una palabra.

Más tarde llegaron don Liberto y doña Rosina

y nos mandaron a la alcoba.

-¡Pues ese es el momento para hacer que te vas

y te quedas escuchando! -No, me fui a la cama,

era lo que correspondía. -Así nunca serás un buen portero.

Al fin y al cabo, ¿de qué me ha servido ser el mejor?

Anda que... (CARRASPEA)

Ayúdame a sacar eso, no quiero que termine en el basurero.

-¿Para qué quiere que movamos todos esos muebles?

-Ah...

Mis días en Acacias se han terminado, Martín.

¿Acaso no escuchaste a don Ramón?

Va a poner el mecanismo en mi vivienda.

Entre estas paredes se quedan mis sueños.

Aquí vi crecer a Leonor,

marcharse, y también vi crecer a María Luisa,

que dentro de nada saldrá por aquí vestida de novia.

Las hijas que nunca tuve.

Aquí he visto a los vecinos

felices e infelices.

Y a criadas venir del pueblo con el pelo de la dehesa,

y algunas incluso,...

hasta aprender a escribir y a leer como los señores.

Sí, Martín,...

aquí se queda mi vida.

-Vaya, Servando,

me va a hacer llorar.

-Me iré a Cuba con mi Paciencia, quizá...

allí haya edificios

tan buenos como este,...

y consiga trabajo un portero de la metrópoli que...

Ayúdame a sacar esta mesa.

-Ahí. Siga.

Venga.

-¿Qué hacéis con esta mesa?

¡Aquí en medio no me la dejéis! -Don Ramón,

seré un profesional hasta el final. Si mis servicios

no se requieren, me iré. -¿Qué insensateces dices?

-A mí no hace falta que me comuniquen las cosas

dos veces ni que me echen.

Ya me comentó que iban a poner en mi vivienda el mecanismo del ascensor.

-Sí, pero yo nunca te dije que te fuéramos a despedir.

-¿Y dónde quiere que viva? ¿En la calle?

-Ya te encontraremos algún sitio para vivir.

No nos podemos quedar sin portero.

-Entonces...

(CARRASPEA)

Entonces no me despiden.

-Pues claro que no, hombre de Dios. -¡No me...!

-Servando, Servando, contrólate. -Perdone usted, perdone.

¡Que no me despiden, Martín! ¡Que no me despiden, Martín!

¡Que no me despiden! -Que se queda,

que se queda.

¿Liberto?

Buenos días. -Buenos días.

-¿Alguna novedad?

Me quedé preocupado con lo de doña Rosina.

-No, lo que ya sabes.

Pablo está en el hospital, pasará allí toda la mañana.

-¿En el hospital?

¿Qué pasa? ¿Tenía algún tipo de dolencia?

-No, no, es solo por precaución.

Nada más. Llegó bastante débil

y la higiene no ha sido su mayor preocupación.

-Claro. -Así que más vale prevenir.

Le harán una revisión.

-¿Y de Leonor?

¿Ha dicho algo coherente? -Nada.

A saber dónde estará.

-¿Es cierto de lo que me acabo de enterar?

-¿Lo de Pablo?

Lo es.

-¿Dónde está Leonor? -Eso le decía a Víctor,

que no sabemos.

Se separaron al poco de huir y no volvieron a verse.

-Ay, ¿dónde se habrá metido esta chiquilla?

Aunque yo temía más por él.

Que Leonor es más lista que el hambre.

-Confiemos que haya visto los anuncios como él

y también aparezca. -Tendríamos que contárselo

a María Luisa.

Que lo sepa por nosotros en vez de que se entere por la calle.

-Pues la noticia ya corre,

tendremos que darnos prisa. Víctor, déjalo,

yo me ocupo. -Se lo agradezco.

Tendrá más tacto que yo.

Ya me conoce, soy directo y al toro.

-Disculpen,

pero no he podido evitar escuchar.

Lamento las noticias sobre el paradero de doña Leonor

y me preocupa cómo puede habérselo tomado doña Rosina.

-Está muy inquieta y con jaquecas desde ayer.

Le transmitiré su preocupación.

-Espero que se recupere y que doña Leonor aparezca pronto.

Si puedo ser de ayuda,

no duden en pedírmelo.

Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

-No me cuadra que esta se preocupe por nadie.

¿Qué querrá?

Felipe, ¿cómo va eso?

-Bien, nunca pensé

que la comisaría me diera tanto trabajo.

-Ya ve, la gente cree que la labor de la policía

es solo detener a ladrones.

-¿Y usted por aquí? Le hacía disfrutando de su retiro.

-La burocracia no tiene fin.

He tenido que firmar unos papeles, los últimos.

Tengo muchas ganas de marcharme

con mi caña a pescar.

-No sabe la envidia que me da. -Venga un día a vernos.

Mi mujer hace un arroz riquísimo.

Venía a despedirme de Mauro, ¿no está?

-No ha venido en toda la mañana.

Y me extraña, tenía que firmar unos expedientes.

Aquellos.

-Esta es la parte del trabajo que más odiaba,

la parte administrativa.

¿Y qué tal lo lleva Mauro?

-Se resigna a que debe cumplirla para que todo funcione.

Le gusta la calle, no tener las posaderas en la silla.

-Con permiso.

Han enviado una comunicación para usted.

-Avisen al juez y al inspector que acudan al puente de Mediodía.

Cuando aparezca San Emeterio, dígale que estamos allí.

-¿Problemas?

-Ha aparecido un cadáver en las vías.

Hay que levantar el cuerpo para reanudar el servicio.

-¿Le han dicho de qué se trata?

¿De un accidente, de un suicida?

-No.

Tan solo que era un hombre.

-Tengo un carruaje esperando

y mi casa no está lejos del puente de Mediodía.

Le acerco.

-Se lo agradezco, ¿por algún motivo?

-No sé,

no me quedaré tranquilo hasta que no asista al levantamiento.

¿Sabe una cosa, letrado?

Los policías

lo somos hasta que nos morimos,

no hasta que nos retiramos.

-Le veía con tantas ganas de marchar a casa,

que me sorprende que quiera acudir.

-Cuando le he visto leyendo la carta, he tenido una mala sensación.

Llámelo intuición, llámelo corazonada,

pero me crea o no me crea, ese cadáver va a traer problemas.

-Le creo.

Vamos.

Con Dios.

¿Quieres flan? Lo dejó hecho la señora Fabiana.

-No, no me da tiempo.

-¿Por qué tanta prisa? Has subido a comer muy tarde.

-Tuve que hacer un "recao".

-¿Adónde fuiste?

-"Pos" cosas mías.

¿Una no puede tener secretismos?

Anda que no los has tenido tú.

-Pues anda que a mí me importa.

-¿Se puede? Buenas tardes nos dé Dios.

¿Eso es un flan?

-De huevo y leche, si gusta...

-Pues una miajita.

(RÍE) Ay...

Una miajina, pero que no me quede con hambre.

-Le va a dar un empacho, tragaldabas.

-Torres más grandes han caído.

-¿Para qué trae la maleta?

-Para mudarme aquí al altillo.

Órdenes de don Ramón.

Ponen el mecanismo del ascensor en mi casa.

-¿Aquí al altillo?

Pero usted es un hombre.

-Toma, y Simón también

y no dices "na".

-Pero aquí no hay sitio. -Habrá que hacer hueco.

A ver si vas a contradecir sus órdenes.

De verdad, Huertas,

¿me vas a hacer comer el flan

sin un cachito de pan, mujer?

Oye, y...

Muy rico. ¿Quién lo ha hecho?

-La Fabiana. -Tiene muy buena mano

"pa" los dulces.

Ahora que me voy a quedar yo aquí,

ella se puede dedicar a hacer los postres.

Arroz con leche,

natillas,

tocino de cielo... Buah.

Vamos a vivir mejor

que los "marajaramajas" estos de la India.

Se me hace hasta inaudito

verte sin tu padre como una sombra.

Y a mí.

Cuando me dijo que viniera sola, qué sorpresa.

Seguro que no le apetecía nada escuchar el sermón.

Qué soporífero se pone el párroco con la caridad.

Que sí, que hay que dar a los pobres, no lo repita cada día.

Bueno, venga, enséñame el pañuelo.

¿Te gusta?

Es muy bonito,

pero dime para quién es.

Ya lo sabes, para mi amor secreto.

¿No ves que al final voy a acabar enterándome?

Dímelo y así no me obligas a andar fisgoneando.

No te vas a enterar de nada.

Por mucho que fisgonees,

no tienes ni idea.

Conozco a todos los hombres del barrio, lo sacaré.

-Buenas.

¿Y ese pañuelo? ¿Me dejas verlo?

Es solo un pañuelo.

¿Bordado por ti?

Sí. ¿A ver?

Tienes buena mano.

Qué pena que no lo necesites.

Te contrataría para bordar para mí.

Muchos hombres piden pañuelos,

pero este es especial. ¿Es para tu padre?

Sí.

Siempre se los hago yo. Ah... ¿Y por qué ha venido hoy

a encargarme tres pañuelos? -No sea cotilla, doña Susana,

será una sorpresa para su padre.

-O para otro hombre.

Como se entere don Arturo, va a montar en cólera.

Espero que no haya un nuevo duelo.

¿Tienes un nuevo pretendiente?

-¿Otro pretendiente? Ni que fuera Cleopatra.

Eso solo pasa en los folletines. -Ay,

qué inocentonas que sois las jóvenes.

Como si no se os notara en la mirada.

Si hasta yo fui así a vuestra edad.

A rey muerto, rey puesto.

-No me la imagino cambiando de novio como de enaguas.

-¿Qué, Elvira? No tienes nada que decirme?

Que imagina unas cosas locas por ver un pañuelo.

Ya querría un pretendiente que me tratara como una reina.

Tengo que volver ya a casa,

ya sabe lo estricto que es mi padre.

Ve, ve.

No le provoques, ya conocemos el pronto que tiene.

-Don Dios.

-Don Dios, María Luisa.

Lo sabe todo. No sé cómo se ha enterado.

-Que no, que no sabe nada. Solo lanza la caña

para ver si picamos, vámonos.

¿Todo en orden?

-Sí. El borrador está redactado.

Solo falta mecanografiarlo y firmarlo.

El juez es muy eficaz.

-¿Pueden retirar el cadáver? -Sí, en unos minutos.

¿Algún indicio de su identidad?

-El tren ha dejado el cuerpo irreconocible.

-¿Usted qué cree?

¿Suicidio o accidente?

-O asesinato.

Aunque me inclino a pensar que ha sido suicidio.

-La verdad es que admiro su vocación.

A unas horas de emprender su viaje,

y está aquí intentando averiguar qué ha pasado.

-Ya le dije que la intuición me lanzaba una señal.

Esta muerte no es una muerte cualquiera.

Disculpe, ahora vuelvo.

Hemos tenido suerte.

Han encontrado la cartera en la chaqueta.

No la habían visto porque estaba debajo de un miembro amputado.

-Un momento.

Esta cartera es igual que la de...

-La cédula de Mauro San Emeterio.

No tendrías que haber pasado a pagarle a Víctor.

Te dije que corría de mi cuenta,

comida, bebida y lo que hiciera falta.

Bastante estás haciendo como para pagar las facturas.

Al menos me dejarás pagar el banquete.

Tampoco.

Y no pienso discutir, tengamos la fiesta en paz.

El dinero no es problema. Para Fernando tampoco.

Así que no insistas.

Lo haré hasta que lo consiga.

No te van a valer de nada

tus tretas.

¿Qué querías que compráramos?

Ropa de cama

para la cama que vais a compartir.

Hay centenares de sábanas en casa.

No querrás acostarte con él en sábanas viejas.

Puede que así tu matrimonio no funcione y te deje a medias.

No son viejas. Muchas están sin estrenar.

Para que él funcione

me basto y me sobro.

Así que no me vas a dar ningún capricho.

Quería regalaros unas sábanas con vuestras iniciales

para la primera noche.

No seas tozuda.

Ya he visto unas que hay

en el armario de la ropa blanca. Con hilo de Escocia.

Se me ha antojado usarlas la primera noche.

Bueno, pues ya veremos.

He pensado en habilitar un cuarto como despacho para Fernando.

No hace falta. Estaremos bien, tal y como está la casa.

Lo que quiero es que os guste tanto vivir conmigo,

que no os queráis ir nunca de esta casa.

Nos echarás por fastidiosos.

Sí, a escobazos.

Perdonen

que interrumpa sus risas.

Enhorabuena por su fiesta de pedida de ayer.

Comentan los vecinos que fue todo un éxito.

Lo celebro. Gracias.

Quería ofrecerme para lo que necesiten en el colegio.

Cuentan maravillas del ala norte.

Y con su trabajo con los niños.

Estos días que estará usted

más ocupada, tal vez necesite de mis servicios.

Podría inspeccionar que los niños

realizan sus actividades a tiempo.

Acompañarlos, cuidarlos...

Llevarlos a las revisiones médicas.

Asegurarme que el comedor

alimenta debidamente a esos angelitos...

No hace falta.

Ya lo he organizado todo, pero se lo agradezco.

¿Te importa si no te acompaño en el paseo?

No, claro.

Puede hacerlo Úrsula.

Me acabo de dar cuenta

que tengo que subir a casa para supervisar unos horarios de clase.

No compres más sábanas, hay de sobra.

Déjame que haga las cosas a mi manera.

Te veo luego.

Con Dios.

Con Dios.

No le gusta usted nada, y no me extraña.

¿Vio el pañuelo rojo atado en el Sagrado Corazón?

Sí. Me llenó el pecho de alegría.

Supongo que la noticia llegará en breve al barrio.

Mauro San Emeterio nunca más volverá a ser un problema.

Fernando.

Disculpa, no te hoy entrar.

¿Estabas dormido?

No. Solo pensaba.

No me digas que vas a ser

uno de esos hombres que dicen que pensaban mientras dormían.

Admite que estabas dormido, no pasa nada.

Ayer nos acostamos muy tarde.

Tendré que admitirlo.

¿No salías con Cayetana?

Nos hemos encontrado con esa mujer tan desagradable, Úrsula.

Me he inventado que tenía trabajo.

Los horarios de las clases.

Precisamente con eso estaba, con los horarios de las clases.

Para que veas que no me he dormido, solo, que me he parado a pensar.

¿En qué?

En nosotros.

En nuestra boda.

(Llaman)

Voy.

No. Ya va Edita.

Tanto tiempo sin criada,

se me olvida que no tenemos que ir a abrir.

¿Esperabas a alguien?

No. Como ya te he dicho, pensaba en nuestro matrimonio.

Quedan pocos días.

No te habrás arrepentido.

No. Deseo que llegue el momento con la misma ansiedad,

que los niños esperan a los Reyes Magos.

-Perdonen que llegue sin avisar.

Me ha abierto la nueva criada.

Felipe, ¿qué pasa?

Traigo malas noticias.

Trini, ¿sabes si ha ocurrido algo con Felipe?

-¿Con Felipe? No.

Con el que hay revuelo es con Pablo. Ha regresado.

¿Lo sabías?

-No. -Pues ha regresado.

Y sin Leonor.

-¿Y por qué Leonor no ha venido con él?

-¿Tú lo sabes? Pues yo tampoco.

¿Y por qué me preguntabas lo de Felipe?

-Me acabo de encontrar con él,

y tenía cara de haber visto al diablo.

-¿No iría a buscar a Celia?

-Pues si ha ido a buscarla, no la ha encontrado.

Por allí viene.

(RÍE)

Doña Celia.

Pero ¿qué se ha hecho usted en el cabello?

-¿No le gusta?

-Está usted muy guapa.

Rara, pero muy guapa.

-Trini, ¿qué te parece?

-Que pensando

en hacerme lo mismo estoy. Estás ideal.

-Lo mismo opino yo.

-¿Y a qué se debe este cambio de imagen?

-Ya sabe, don Ramón,

mi negocio.

Usted bebe café para promocionar sus máquinas,

y yo me tiño el pelo.

-Pero ¿qué has hecho, insensata?

Ay, ay, ay,

el pelo rojo. Eso es demoniaco.

-Susana, para ti hay descuento.

¿Has pensado en teñirte de azul?

-(RÍE)

-Loca. Loca, locos. Estáis todo locos.

Os estáis volviendo locos en este barrio.

¡No puedo más!

-(RIENDO) No puedo más.

Felipe, diga lo que le ha traído aquí.

Son muy malas noticias.

Las peores que nunca pensé que tendría que dar.

No tema, hable de una vez.

Se trata de Mauro.

¿Qué ocurre?

Hable, por favor.

Ha muerto.

No. No puede ser.

Me han dicho los guardias que ha estado trabajando toda la noche.

-Revisando las pruebas del atropello.

Buscando algún indicio que nos permita pensar que...

que Mauro no era ese cadáver destrozado.

-Dios lo tenga en su gloria.

Váyase a casa y guarde el luto debido.

Es todo lo que podemos hacer.

-No tengo casa, comisario. -Tendré que visitar a Teresa.

Aunque haya rehecho su vida, Mauro era muy importante para ella.

-Pues aplíquese el cuento, señora.

-¿Qué quieres decir?

-Ya sé que una no es quién para meterse donde nadie la ha llamado,

pero señora, aunque usted haya rehecho su vida, don Felipe

necesita alguien para pasar la pena. -No estaría bien que yo...

-Es que solo la tiene a usted. -Te quiero así, Teresa.

Con tu pasado.

De hecho, tu pasado ha hecho que te quiera como eres.

Lo que quiero decir,

es que des rienda suelta a tu dolor, Teresa.

Llora.

Llora, por favor.

Yo no me sentiré postergado ni me voy a ofender.

Llora.

Pero no hundas cuchillos en tu interior.

-Si os digo la verdad, yo me siento egoísta

como ha dicho Flavia. -¿Y tú?

¿Por qué motivo?

Ninguna razón tienes para que te pasen malas ideas por la cabeza.

Acabas de decir que jamás le harías eso a tu Martin.

-No, no, que no es por quitarme la vida.

No.

Es porque no puedo evitar pensar que con la muerte de don Mauro,

la policía se va a quedar más parada, que un coche de caballos.

Y precisamente ahora, que el Pablico necesita que la policía

busque a doña Leonor. -Nos encontramos

con una desorganización propia de las circunstancias.

Lo siento. -Descuide, no es su culpa.

Ya hizo bastante consiguiendo el indulto de Pablo y perseverando

en la búsqueda del verdadero asesino de Guadalupe.

-¿Ha avanzado usted algo en ese sentido?

-Alguien pagó al mozo que te acusó del asesinato.

Alguien quiso hacerte pagar

por algo que desconocemos. Es lo que he podido averiguar.

-Mi presencia aquí, esta tarde,

responde más a un reclamo de amistad.

¿Me necesita usted?

Siempre que no sea un estorbo.

¿Qué quiere?

Hay un pequeño asunto sobrevenido.

Un asunto con el que no contaba, y quiero solucionar

a la mayor premura.

Sea más explícita.

Una vez más, se trata de conjurar una amenaza.

Conjurarla, definitivamente.

¿De quién se trata?

-Ya que no me permite viajar a Zamora para ver a mi tía Bárbara,

al menos la escribiré una carta de adiós.

Una idea excelente.

Así te ejercitas en el género epistolar.

Aunque con la edad que tiene la pobre,

no creo yo que tengamos oportunidad de intercambiar muchas cartas.

Ella quiso marcharse.

No puede pretender que toda la familia cambie

sus costumbres para despedirla.

Así se lo escribiré en la carta.

Que sepa al menos por qué no acudo a verla por última vez.

Puede que seas solo el mayordomo para don Arturo, pero para su hija

eres algo más.

-Creo que no la entiendo.

-Sí que me entiendes.

Ya lo creo que sí.

Lo que no sé es por qué, tan cabal como te crees tu mismo,

eres capaz de mantener esa mentira.

¿No sería mejor

que te abrieras y me contaras cuál es tu verdadera relación

con la hija el coronel?

-Sé de lo que se habla. La desesperación no tiene nombre.

Es algo que te viene de dentro, y nadie de fuera

tiene la culpa, señorita.

¿Cree que saldría adelante?

¿Que me olvidaría?

¿Que encontraría su camino sin mí? Pero...

No me llore, señorita.

No me llore.

Espero que la muerte del comisario no trunque sus planes de unirse

para siempre con Teresa.

Ese sería también mi designio, mi más ferviente deseo.

Pero no seré yo quien empuje a Teresa a tomar una decisión apresurada.

¿Apresurada? Llevan ustedes tiempo planeando.

Insisto, señora,

lo dejaré todo en manos de Teresa,

y ella será quien guíe mis acciones.

Si necesita tiempo, se lo concederé

gustoso. Aun a costa de su felicidad.

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Acacias 38 - Capítulo 466

02 mar 2017

Pablo aclara que Leonor y él se separaron antes de llegar a Málaga. Al escuchar esto, Rosina sufre un ataque de nervios porque entiende que tal vez Leonor esté en peligro y le acusa a Pablo de ser el culpable de lo que le ocurrió a su hija. Teresa y Fernando aceptan vivir en casa de Cayetana mientras se construye la suya. A pesar de los buenos momentos con Tirso y Fernando, Teresa no es capaz de olvidar a Mauro. Aun así, decide seguir con los planes de la boda. Felipe le da a Lolita el contacto de un hombre que empleará a Huertas lejos de Acacias. Arturo no autoriza a su hija a acudir a despedir a su tía Bárbara. Felipe le cuenta a Teresa que Mauro ha muerto.

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  1. Consuelo

    Estoy un poco cansada de Teresa, es muy sufridora. Tampoco me convence mucho la actual situación de Úrsula, de criada a gran dama, no me lo creo. Era mucho mejor en su antíguo rol. Los veo desde Ecuador.

    18 mar 2017
  2. laura

    Horroroso lo de Mauro,burdo . Ahora falta q no haya muerto y aparezca vivito y coleando., o amnésico recurso trillado por cierto. Aburre tanta muerte y tanta venganza impune de Cayetana y Úrsula. Teresa no espabila ni que la tiren del tren...

    13 mar 2017
  3. Rosario

    Mauro no debe morir porque representa los valores de la justicia, la honestidad y la incorruptibilidad, valores que necesitamos sentir como el aire ( aunque sea en película) porque nos ahoga la realidad corrupta e injusta de nuestra sociedad. Si Mauro muere, muere con él la esperanza de que se haga justicia ante tanto mal. Necesitamos que al final triunfen los valores buenos.

    09 mar 2017
  4. Clary

    Yo creo lo mismo e ya no me gusta, la veo desde de Austria...La muerte de Mauro me ha desmotivado y no tengo ganas de asistir la novela....

    05 mar 2017
  5. Ayah

    Como todos los demás han comentado, Mauro no debería de morir. Ya bastante me disgustó y desagrado que Manuela y Germán murieran. Si no vuelve Mauro muy pronto a la serie y el y Teresa vuelven juntos ya no seguiré viendo la serie. El guionista se está sobrepasando mucho, Mauro no puede morir.

    04 mar 2017
  6. Eve

    He visto la serie desde el capítulo 0. Me he mantenido leal a la serie porque me encanta pero me molestó que mataran a Mauro. No puede ser que los guionistas le den una muerte tan miserable.¿ Solo muertos son felices? Manuela y De la Serna, las dos niñas, Felipe... creo que los unicos que son felices sin morir son los que escaparon a Paris. Y de paso con eso.,, ya me tiene hasta el gorro Susana! Hace y deshace a su antojo y no la atrapa nadie! Me encantaría que se descubriera su "secretito" vaya una hipócrita! Y la Ursula tiene mucha cola que le pisen... y no hay ningun rastro para que la atrapen? Recuerden que salió su imagen en un periodico como asesina.

    03 mar 2017
  7. Teresa

    Que penita, ¿todas las series en Italia aún peores que acacias? parece imposible. Puedo creer q no hagan series de época pq son muy caras y q no gasten tanto en decorados y vestuario, pero con un guión peor, mas disparates y tomaduras de pelo... me parece mentira.

    03 mar 2017
  8. Josefina

    Espero que no muera Mauro ya basta de tantas muertes

    03 mar 2017
  9. Varla Lee Rodríguez

    Qué lastima que muere Mauro!! Yo vivo en Italia, acà estan super atrasados con la novela, fijaos que ha apenas muerto Lourdes!! Pero me encanta la serie. Las series italianas no tienen tanta buena calidad como las españolas, y los actores italianos son pésimos. Arrea! No os quejèis tanto que nunca he visto novela con un argumento tan sofisticado y tan requete churro entre poliziesco y romantico. Y las dos culebrillas de Ursula y Cayetana me hacen reír montones! "Es de mucha enjundia!" Jaja

    03 mar 2017
  10. Marga

    Espero que Mauro realmente no este muerto y reaparezca mas tarde, igual que hicieron con Ursula, así equilibraríamos la balanza del bien y del mal un poquito. Además, en la sombra de que tdos lo crean muerto podría encontrar alguna prueba con la que acusar a Cayetana y Ursula, para que al menos así la verdadera Cayetana (Teresa) y Fabiana se caigan ya del guindo y se enfrenten a Anita (Cayetana). Por otra parte podría volver Leandro para echarle un cable a su hermano Simon y modernizar esa sastreria.

    03 mar 2017