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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 464 - ver ahora
Transcripción completa

Quizá pensó que separándome de Teresa me iba a hundir.

Ha hecho lo peor que podía hacer.

Me ha liberado.

Ahora nada me va a detener.

Tengo la determinación

y los medios.

Le juro que voy a acabar con usted, Cayetana.

Y más pronto que tarde.

"No vengo a hacerle nada,"

solo vengo a recuperarla como madre.

-Yo nunca te pedí que vinieras a mi vida.

-¿Eso es lo único que tiene que decirme?

No quiero una madre como usted. -"Quiero saber"

la verdad sobre Felipe. -A lo mejor no deberías ir.

Puede resultar muy doloroso.

-Lo soportaré, pero no seguiré sintiéndome culpable

cada vez que le veo lamentándose. -"Si no pudiera casar contigo,"

te habrías convertido en una mujer marcada por la deshonra.

Y si no puedo casar contigo,

quiero que el primero con el que haya yacido seas tú.

Te quiero tanto...

Entonces, hazme tuya.

-"¿De dónde vienes?". "He ido a misa con María Luisa".

No quiero que salgas sola. ¿Por qué no has esperado a Gayarre?

Insistió en que fuéramos a la misa de las ocho.

"¿Cómo tiene usted"

esta foto? Un vestido maravilloso.

¿Qué te parecería llevarlo tú en tu boda?

Está bien.

Te daré el gusto. Ha hecho usted

una gran elección. Vamos a tomarle medidas.

-"No lleve a mi hija a misa"

tan temprano.

No me gusta que salga de casa

a primera hora de la mañana. -Sí, sí, claro,

hemos sido las primeras en entrar.

Con Dios. -Con Dios.

No quiero que se separe de mi hija ni un segundo.

Esa muchacha miente. -"Han ingresado a unos españoles"

en un hospital de Marruecos.

Han tenido un terrible accidente y sufren graves quemaduras.

-¡Rosina! -¡Rosina!

-"Me has engañado".

-No te engañaría por nada del mundo.

Mis intenciones contigo son muy buenas.

"Mauro San Emeterio es el nuevo comisario".

-Eso no nos beneficia. No. Temo que acabe con nosotras.

Tiene que ayudarme a cortarle las alas.

El nuevo comisario ha de morir.

Repítamelo para que no haya duda ni confusión.

¿Me está pidiendo que...?

Que se ocupe de una vez

de que Mauro perezca en el infierno.

Cómo he echado de menos trabajar con usted.

Vaya a la iglesia.

Allí le espera una mujer.

La ayudará a organizarlo todo. ¿Quién es?

La reconocerá seguro.

¿Y bien?

Ya que mi amigo no ha podido venir y estamos tú y yo solos,

¿por qué no hacemos algo para pasar el rato?

-Huertas.

Eres una mujer muy atractiva.

Cualquier hombre estaría feliz de tenerte.

-No sé por qué,

pero esa frase suena a que viene un "pero".

-Pero no puede ser.

No volveré a intimar contigo.

Espero que no te haya ofendido, pero no pasará nada entre nosotros.

Ya lo habíamos hablado.

-Pensé que esta vez sería distinto. -¿Distinto por qué?

-Tu mujer ha regresado y te ha rechazado.

No quiere saber nada de ti, eres un hombre libre.

-Que Celia no quiera saber nada de mí,

no significa que esté libre.

Mi corazón le pertenece.

Estar sin ella se me hace muy cuesta arriba.

Me odio.

Me odio por haber provocado esta ruptura.

Por haberle hecho tanto daño.

He tenido que pasar por esto para darme cuenta

de la realidad. -¿La realidad?

-Que la amo.

La amo con un amor tan profundo que no he conocido precedentes.

Hasta a mí me ha sorprendido.

No podré volver a amar a ninguna mujer...

como amo a Celia.

Lo sé.

Huertas, no puedo estar con ella

porque ella no me quiere,...

pero tampoco quiero estar contigo

ni con ninguna otra mujer.

Después de todo es lo que merezco.

-No digas eso, nadie merece la soledad.

-Sí, yo sí.

Por mujeriego y por conquistador.

Por haberle hecho tanto daños durante años.

Quien la hace, la paga.

Tengo que ir a comisaría.

Espero que no te haya ofendido.

Tómate el tiempo que necesites.

-¿Está bien,

doña Celia?

-Déjame sola.

(CIERRA LA PUERTA)

Así que

Mauro San Emeterio.

-Ese hombre se ha convertido

en una piedra en el zapato.

Alguien cuya existencia hace que la nuestra

sea más complicada.

-Me alegro de que sea él.

Tengo algo pendiente con ese policía.

-Ahora es comisario.

No me gusta mezclarme

con la policía, salvo en este caso.

-Lo entiendo.

Es mucho más peligroso no acatar las órdenes

de doña Cayetana. -Desde luego.

No se apure, lo haré.

-Ah, una última cosa.

No nos importaría que sufriera algo más de la cuenta.

-Anudaré un pañuelo "colorao" al Sagrado Corazón...

cuando la faena

esté hecha. Y no se preocupe,

Mauro San Emeterio

tendrá una muerte a su altura.

¡Maldita seas,

Cayetana Sotelo-Ruz! Yo también me alegro de verle, Mauro.

Felipe, no le había visto. Ya imagino.

¿Qué ha pasado?

No le quiero aburrir con mis menesteres.

Necesito que me ayude a despejar mi cabeza de mis pesares.

Qué mejor manera que un relato de doña Cayetana.

Esa mujer es... la piel de Barrabás.

El mismo cuento de siempre, ¿no?

El gato persigue al ratón y el ratón se escabulle en un rincón.

Y llama a sus amigos para que le ayuden.

La sombra de esa mujer es muy alargada, Felipe,

y se extiende cada vez más.

Tiene amigos

en todas partes y todos le rinden pleitesía.

Le tienen miedo.

Es su red de contactos la que consiguen que se salga con la suya.

¿Sabe ya quién intervino

para concederle el indulto? Aún no.

El secretario Giner no sabe quién llevó su nombre

a la reunión donde se decidía,

pero tuvo que ser alguien con poder. Tiene que serlo.

Pese a todo, quiere seguir adelante.

Claro, es mi deber y obligación.

Nadie le culpará si hace que lo olvide.

No puedo hacer eso, Felipe,

no sería justo.

Sabe que no soy ningún cobarde. No se trata de cobardía,

sino de prudencia.

Piense lo importantes que son sus amigos

y lo peligrosa que es esa mujer si se siente amenazada.

Quizá esa sea la forma de hacerla caer.

Quizá deba agitar el avispero para que se ponga nerviosa

y cometa errores. Y en uno de esos,...

pillarla. Espero que salga ileso de todo esto.

Yo también.

Yo también lo espero.

¿Va a la fiesta de pedida de Teresa?

No.

No quiero coincidir con Celia.

No quiero someterme al dolor de ver

los pocos sentimientos que le quedan hacia mí.

¿Y usted?

Tampoco.

No dejo de pensar que la boda se acerca.

No sé cómo voy a vivir el momento en el que se den el sí quiero.

Con mucho dolor.

De lo contrario, sería usted de piedra.

¿Te ha mandado mi padre?

Quiere que te acompañe personalmente.

Nunca estuve más de acuerdo con una de sus órdenes.

He estado toda la liturgia pensando en mis pecados.

En tus pecados.

Algo tan placentero, que da tantísima felicidad

como lo que sucedió entre nosotros en el altillo, debe de ser pecado.

Como mínimo, mortal.

Probablemente así sea.

También debería serlo irse del altillo sin avisar.

No quería despertarte.

Estás tan guapo cuando duermes...

No hagas eso, Elvira.

Es muy difícil disimular cuando una vive a punto de salírsele

el corazón del pecho.

Precisamente quería hablarte de eso.

¿Qué ocurre?

Nada. No, no, no, no me malinterpretes.

No me arrepiento de nada de lo que sucedió.

Créeme, el peligro merece la pena.

Soy feliz a tu lado

y no dejo de pensar en ti.

Ni yo en ti. ¿Entonces cuál es el problema?

Tu padre.

Tiene la mosca tras la oreja, ha empezado a sospechar.

Cierto. Yo también lo he notado,...

pero no de ti. No imagina que mi vigilante

sea mi enamorado.

Igualmente deberíamos tener más cuidado.

Si se entera, sería terrible.

-Buenas noches, Elvira.

Doña Susana, ¿está ya de recogida? Sí, hija.

Discúlpame.

No he podido evitar fijarme

en el precioso bordado que llevas.

Me alegro que le guste, yo misma lo bordé.

Tienes maña para ello,

a la vista está.

Me gusta y me entretiene, las cosas como son.

Aunque no me he acercado por eso, querida,

quería agradecerte que dieras la cara por Liberto en el duelo.

Es muy buena persona,

no se merecía lo que mi padre le hacía.

Siento mucho que lo vuestro terminara como terminó.

No hay nada que sentir.

Ahora toca alegrarse por la boda

de la reciente pareja.

Espero sinceramente

que sean muy felices.

Liberto tiene en mí una amiga.

-Deberíamos ir subiendo a casa, señorita Elvira,

a su padre no le gusta que ande tan tarde por la calle.

-Disculpa un momento.

Últimamente no dejo de verla acompañada

de ese mayordomo.

¿A qué se debe?

Mi padre me lo ha puesto de vigilante.

Simón es aún peor que él, no me deja ni a sol ni a sombra.

Ojalá pudiera deshacerme de él y descansar un poco.

Con Dios.

-¡Señorita!

¡Señorita!

(RIENDO) Y luego,

cuando su madre le dijo a doña Rosina que aflojara el puño,

que era la viuda de oro y no lo parecía.

¿Estás tratando de decirme algo,

querida?

Quieres que os deje solas,

¿no es eso?

-Creo que no se me habría ocurrido en la vida,

pero ya que lo dices... -Bueno,

pues os dejo para que habléis de vuestras cosas.

Porque si doña Celia ha venido tan tarde,

debe ser porque es asunto de enjundia el que le trae.

-¡Cómo hila mi marido, cómo hila!

Ven, eres más bueno que el pan de oro.

Hale, arreando.

Bueno, cuenta, cuenta, y no te dejes ningún detalle.

¿Fuiste a la pensión?

¿Te escondiste?

-Detrás de una puerta.

-¿Y bien?

-Felipe no lo esperaba.

Él pensaba que había quedado con un amigo de Huertas,

pero Huertas le dijo

que no había llegado y que estaban solos.

-Vamos, que se le insinuó.

-Le dijo que podían aprovechar para pasar un buen rato juntos.

-Será bicha inmunda...

Eso ya lo sabíamos, vamos a lo importante.

¿Qué hizo Felipe?

-La rechazó.

-¿De verdad?

-Le dijo que no volvería a estar con ella

ni con ninguna otra mujer.

Que me quería.

Que se había dado cuenta ahora.

-Ay, Celi, pero eso es fetén.

-No me lo esperaba, Trini.

-Te voy a decir una cosita,

pocos hombres rechazarían a una jovenzuela tan descarada.

Te lo digo yo. -Muchos no sé,

pero el Felipe de otra época...

no hubiera dudado un segundo en sucumbir.

-¿Por qué lo dices

con esa cara de pena? Es una buena noticia.

-Porque estaba allí escondida,...

escuchando la declaración de amor de mi marido, escuchando las palabras

más bonitas que nadie me había dicho. -¿Y?

-Que aunque por una parte fue gratificante,...

también fue triste.

-Vamos a ver, Celi, ¿triste por qué?

-Porque me dio igual.

No sentí nada.

-¿Nada de nada?

-En otro momento de mi vida,

esas palabras me hubieran supuesto un vuelco al corazón.

Mi completa felicidad. Hubieran valido la pena

todas las infidelidades y todas las humillaciones.

Me hubieran hecho la mujer

más feliz del planeta,...

pero ahora... -Pero nada te importa porque Felipe

ha dejado de importarte.

-Solo sentí pena.

Por él y, y por mí.

Por el matrimonio en el que nos hemos convertido.

Fui buscando expiar mi culpa

y solo conseguí sentirme aún más culpable.

-Pero ¿culpable por qué? -Por saber que ya no le quiero...

y que no voy a volver a quererle nunca.

Y que ya no hay nada entre nosotros.

Absolutamente nada.

Ay... Ese es mi señor.

Lo sabía. Sabía que no caería en la trampurria,

en el engaño y en la estafa.

-Muy a mi pesar he de reconocer

que Felipe ama a doña Celia con toda su alma.

-Ya te digo yo

que vuelven a arrejuntarse y vuelve a ser la normalidad.

-Yo así lo espero. Solo quiero

que él sea feliz.

Aunque no sé si mi estrategia funcionó.

-¿Cómo que no sabes?

-La reacción de doña Celia fue extraña.

-¿Extraña? Explícate.

-Sí, no sé, triste,

fría...

No se alborozó, no pareció conmoverse.

-Por el impacto. Claro.

Ya te digo que le perdona

como que me llamo Lolita.

¡Huy!

¿Qué haces tú aquí? No te había visto.

-Que he "venío" a ayudar a la "seña" Fabiana

"pa" que abra el quiosco bonita. -No sé qué haría sin vosotras.

Lolita duerme conmigo

"pa" cuidarme por las noches.

Y tú, mi Casildica,

que vienes bien tempranito "pa" ayudarme.

¿Qué más se puede pedir?

-Se olvida de que yo he hecho el desayuno.

-Pue gracias a ti también, Huertas.

-Si es que cómo no vamos a ayudarle, con lo que nos ha "cuidao".

-Pero eso ya se acabó,

porque me encuentro requetebién, "recuperá" y con mucha contentura.

No os desviváis más por mí.

-"Seña" Fabiana, si eso lo hago yo con mucho gusto.

No me quite usted la alegría.

-¡Alto,

quieta ahí, Fabiana!

-¿Qué pasa? ¿Qué mosca le ha "picao"? -La de la generosidad,

hoy vamos a desayunar como reyes. -Bollos de la chocolatería

recién "horneaos".

Para que digan que no tengo un detalle.

-Sí que se dio fuerte

en la cabeza, ¿eh, Servando?

¿Y qué es lo que se celebra?

-La aprobación para poner el ascensor.

-Dios se lo pague, esto está de lujo. -Eso va a dar

estatus al edificio, y por consiguiente,

a su portero, "usease",

al menda.

-Va a ser la envidia de todos los porteros del barrio.

Cola harán para ver su invento.

-¿Qué dices del barrio?

De la ciudad entera.

Todos los días hay que sacarle brillo.

Ya sabe, Martín,

lo quiero reluciente, precioso

y perfecto. -¿Y qué velocidad coge eso?

-¿Y qué se hace "pa" que suba y baje cuando una quiere?

¿Se le habla?

-Se le habla, dice... No seas ignorante.

Vamos a ver.

Eso tiene unas cuerdas que se accionan por un sistema

de poleas, y entonces el ascensor sube o baja.

-¿Qué cuerdas? Lo que hay son botones.

Botones de llamada.

Como pulsadores.

Le das al uno, y te sube al uno.

Al dos, y te sube al dos. Y así con todos.

-Eh...

Pulsa... ¡No digas tonterías! Si os portáis bien,

algún día os daré una vuelta

"pa" que sepáis lo que se siente.

-¿Y "pa" qué queremos saberlo? No lo vamos a usar.

Nosotras vamos a seguir subiendo cargadas

por las escaleras de servicio.

-Siempre lo mismo, las tontas del pueblo.

-No me veréis a mí subir a ese cachivache

así lleve piedras en el bolsillo.

Yo aquí, en tierra firme.

-Fabiana, no dé usted la espalda la progreso.

Le digo, esto solamente es el principio.

Dentro de nada,

los ascensores volarán.

Iremos volando

de edificio a edificio.

-Servando, tiene usted unas cosas...

-No, hágame caso, ya verá, hombre...

La calle se va a dejar de usar.

Ya sabe cómo soy.

Si es que soy un visionario.

Dios, de verdad, qué ansia...

¿Quieres otra?

Sí,

están de rechupete, señorita.

Espero que te guste la sorpresa que hemos preparado.

¿Ustedes a mí?

-Te hemos comprado algo.

-¡Unas lentes!

¿Y bien?

¿Ves mejor?

-Dinos algo, hombre.

-¡Es magia!

Bienvenido a la realidad.

¿Así han visto ustedes todo el rato?

¿Eso es un cuadro?

Pensaba que era una ventana.

Y esas frutas

pensaba que eran una mancha.

Las galletas. Son tan bonitas como buenas están.

Me alegro que te valgan las lentes.

Son perfectas. Gracias, señorita Teresa.

No ha sido cosa mía, si a alguien debes agradecérselo,

es a Fernando. Fue idea suya.

Gracias, don Fernando, son los dos muy buenos conmigo.

Qué bonita es usted.

Mucho más

de lo que me imaginaba.

Es la señorita más guapa de todas las señoritas del mundo.

-Ahí te doy la razón, demuestra que eres un chico inteligente.

Calla, zalamero.

Pero ten cuidado, puedes caer en sus redes.

Cuanto más la conoces, más bonita te parece.

Hip, hop.

Hip, hop. Hip, hop.

Hip, hop. Hip, hop.

Hip, hop.

¿Te unes, Lolita?

-¿Yo?

-Hacer ejercicio

activa el cerebro, mejora la circulación de las piernas

y sobre todo te hace una mujer mucho más feliz.

-Si servidora ya es bastante feliz

después de meterme los bollos de La Deliciosa.

-Mejor me lo pones, mujer.

Venga, anímate, te vas a sentir más ligera.

-La faena de la casa ya me hace sentir ligera.

Una no para de mover estas carnes desde la aurora hasta la anochecía.

-Buenos días, madre.

-¿Te unes, hija?

-No, gracias. -¿Un poquito de ejercicio

de buena mañana?

-No, gracias.

-Bueno, ¿qué?

¿Y cómo fue?

-¿Cómo fue el qué?

-¿Cómo que qué?

Eso tan misterioso que tenías que hacer.

-Ah, eso...

-Sí, eso.

¿Cómo fue?

-Bien.

-Lolita.

¿Puedes ir a la cocina y prepararme un zumo de verduras?

-"Useasé", un puré. -Sí.

Un puré, y luego lo cuelas.

¿Me lo vas a contar ahora?

-¿Contar el qué?

-¿Dónde estuviste ayer? ¿Cuál es ese sitio

tan misterioso?

-Ninguno, madre, ¿queda café?

-Como quieras, hija.

Hablé con mi conocido y pacté la reunión para hoy.

-¿Qué reunión?

-La reunión de la que te hablé.

-¿De qué se trata?

-Del futuro, hija.

Concretamente... de tu futuro.

-¿Mi futuro?

Nos vamos a reunir con José Celdrán.

Es un joven recién graduado en Química

por la universidad

que ha descubierto una fórmula para tintar el cabello

de forma permanente.

-Tintar el cabello...

¿Qué negocio puede haber ahí? -Te asustarías.

-Me asustaría si supiera el dinero que vas a perder en eso.

-Yo solo te pido que vayas a esa reunión

y que le escuches. Luego tú ya decides.

-Muy bien,

como desees, pero no sé qué tiene que ver

con mi futuro.

-Te vas a convertir

en la encargada del negocio, Celia.

-¿Yo?

Pero si yo no sé nada de tintes, madre.

-Por eso necesitamos a Celdrán.

Nos va a contar todo lo que debemos saber.

Créeme, hija,...

este es el camino hacia tu independencia.

(RÍE)

María Luisa, me alegro de verte.

¿Cómo te has animado a visitarnos

precisamente hoy?

-Llevaba semanas queriendo hacerlo, y su acercamiento me lo recordó.

Les he traído unos bollos. -Gracias, muy amable.

Quizá después pruebe alguno.

Ahora, lamentablemente he de dejaros. Tengo asuntos que atender.

Con Dios, padre.

-Con Dios.

(CARRASPEA)

¿Qué más te dijo mi padre?

Me alabó que fuera una buena cristiana.

Me aplaudió nuestra amistad

y me pidió que no fuéramos tan temprano a misa.

Que no le gustaba

que su hija llegue sola a las ocho.

¿Y tú qué le dijiste? Disimulé,

le dije que de acuerdo, que no volveríamos a ir tan temprano,

pero no me gustó que me utilizaras.

Podías haberme puesto en un aprieto. Sí, no debí hacerlo.

Haberme avisado antes.

Por favor, no te enfades.

Pero ¿qué te pasa con tu padre?

¿Por qué le mientes?

¿Dónde estuviste

para llegar a las 08:00?

No puedo contártelo.

Se trata de ese hombre misterioso del que no quieres hablarme.

No preguntes más, que nada puedo decir.

No es justo.

Si voy a ser tu coartada, tengo derecho a saber quién es.

No me protejo a mí misma, sino a él.

Si se supiera su identidad, le pondría en un serio aprieto.

No estará casado. ¿Qué?

No, no, claro que no. ¿Entonces a qué tanto misterio?

Por favor...

Está bien. No preguntaré más,

pero que sepas que soy buena guardando secretos.

No sería la primera vez que cubro a una amiga en asuntos de amor.

Ah, ¿no?

Leonor, la hija de doña Rosina,

mantuvo una relación clandestina con el que ahora es su marido,

Pablo.

¿Y por qué era clandestina?

Él no era señor, sino mozo,

trabajaba en la sastrería.

Yo, al principio, no lo entendía,

¿cómo te puedes enamorar

de alguien que no es de tu misma posición social?

Pero luego entré en razón.

Se llama amor y lo puedes encontrar

cuando menos te lo esperas y en los lugares más inhóspitos.

Y es irrefrenable,

imparable, arrollador. Y te quita el hambre.

Y te arrastra a las más absurdas locuras.

Se apodera de tu voluntad.

Se apodera hasta de tu alma.

Veo que las dos sabemos de qué se trata este asunto del amor.

¿Quieres probarlo?

Claro.

¿Ha caído un ángel del cielo

o es mi esposa la que veo? Un ripio.

-Calla, loco, nos pueden ver...

-¿Qué más da que nos vean? Todo el mundo sabe

que somos marido y mujer. -¡Sí, no me acordaba!

Aún no termino de hacerme a la idea. -Deberías ir haciéndotela.

Elvira me ha mandado una nota.

-¿Elvira? ¿Y qué decía?

-Pues que...

nos desea mucha felicidad

y nos felicita

por nuestro matrimonio. Como el coronel apenas la deja salir,

ha decidido mandarnos palabra escrita.

-Elvira es una buena muchacha.

Me recuerda tanto a Leonor...

Liberto, ¿dónde estarán? ¿Por qué no sabemos nada?

-Has de calmarte, Rosina, y tener paciencia.

Hemos pedido datos de los españoles ingresados

por quemaduras en ese hospital, pero todavía

no hay respuesta. -¿Y cuándo piensan dárnosla?

-No es tarea fácil.

Al parecer, esa pareja no llevaba documentación.

-¿Y si fueran ellos? ¿Y si fueran mi hija y mi yerno?

-Estoy seguro de que no son ellos. No me gusta verte así,

mi amor.

-Supongo que no podemos hacer otra cosa más que esperar.

-Lo cierto... es que sí que hay algo que podemos hacer.

-Viajar a Marruecos.

-¿A Marruecos tú y yo?

-Tenemos que presentarnos en ese hospital

y ver con nuestros ojos

que no son Pablo y Leonor. -Eso es muy arriesgado.

No sé si me atrevo. -¿Ni siquiera de mi mano?

Soy tu esposo, Rosina Rubio,

y no permitiré que te pase nada.

Yo cuidaré de ti.

Y si finalmente esa pareja son tu familia,

te voy a llevar hasta ellos.

-Te amo, Liberto.

-Venga.

Ve a preparar la maleta, yo mientras iré

a comprar los billetes

del primer barco que salga. -Ah, pero, aguarda un momento,

no se lo cuentes a nadie de momento. No quiero que se preocupen.

-Rosina, no van a ser ellos,

ya lo verás.

-Luego os veo, ¿eh?

Señora.

Señora, ¿está usted bien? ¿Ha "ocurrío" algo?

Me está asustando. -Casilda.

Voy a pedirte una cosa, pero no puedes hacer

ninguna pregunta de ningún tipo.

-¿Son noticias

sobre Pablo y Leonor? -Ninguna pregunta de ningún tipo.

Prométemelo, Casilda.

-Por los clavos de Cristo.

-Vamos a hacer la maleta.

Liberto y yo nos vamos de viaje. -¿Adónde?

Dígame si frío o calor por meterle un abrigo.

-Calor, Casildita, mucho calor. Vamos.

(Graznidos)

(Puerta)

Ay...

-Tiene visita, doña Celia.

-No estoy para visitas, Lolita. -Será solo un momento.

La Huertas dice que será una miajilla.

-No le molestaré mucho, señora.

-¿En qué puedo ayudarte, Huertas?

-Solo quería contarle que todo lo que pasó fue mentira,

una estrategia, si no, no lo hubiera hecho.

Quería demostrarle que la quiere.

Tenía que ver usted quién es su esposo.

Se lo dije que lo haría.

-¿Cómo sabías que iba a rechazarte?

-Porque no era la primera vez.

Lo había hecho ya

y me había dejado claro que no sucedería nada.

Está sufriendo, no tire por la borda su matrimonio.

-Yo no hago tal cosa.

Fue él quien acabó con todo esto hace ya mucho tiempo.

Tan solo cometí el error de seguir a su lado.

-¿El error?

-Lo hice por inercia.

Puede que por costumbre o...

Incluso a veces pienso que por vergüenza a qué diría la gente,

pero no por amor.

Por amor no lo hice.

-¿Ya no le quiere?

-No.

Y sé lo injusto que es cuando parece que tú sí lo quieres.

-Yo solo quiero que sea feliz.

-A mí me da igual.

Me alivia verle arrepentido,...

sobre todo por todo el daño que me ha hecho,...

pero ya no me afecta lo que él haga.

-¿Y no hay vuelta atrás?

¿No puede cambiar de opinión?

-Ya nada va a cambiar entre nosotros.

Mi matrimonio con Felipe se ha terminado.

-Nunca será feliz sin usted.

Una última cosa,

¿cree usted que todo esto es por mi culpa?

¿Que lo que pasó entre Felipe y yo

fue lo que hizo...?

-Una infidelidad no rompe un matrimonio.

Tú solo fuiste la gota que colmó el vaso.

-Eso pensaba yo también,

pero me alegro de haberlo oído de sus labios.

No hubiera podido soportar ser la responsable

de la infelicidad de Felipe.

-Nadie puede dar la felicidad a alguien.

Tampoco quitársela. Deberías buscar tu propia felicidad

tú misma, más allá de a quién tengas

al lado.

A pesar

de todo lo ocurrido entre nosotras,...

también mereces ser feliz.

-Gracias, señora.

-Que tengas suerte.

-"El Gobierno"

ha decretado la hora oficial del meridiano de Greenwich,

unificando las horas

en todas las provincias españolas.

-¿Ya no tendremos que cambiar los relojes?

-Eso parece.

-¿Ni siquiera en Canarias?

Allí tendrían una hora menos.

-Un país, un horario.

-Lo que deberíamos hacer es cambiar la hora en verano y en invierno

para aprovechar las horas de luz. -No le quito la razón,

ahí la lleva usted.

¿Y qué opina usted,

Felipe?

-Disculpe, no le estaba escuchando.

-Hablábamos de la unificación de horarios

del Gobierno.

-Sí.

Disculpe, don Fernando,

pero lamentándolo mucho no podré asistir

a su fiesta.

-Siento oír eso.

Lamento que no venga. -Mi trabajo

no me lo permitirá.

-Lo primero es lo primero,

pero sepa

que le echaremos de menos.

Sobre todo Teresa, que le tiene en alta estima.

-Discúlpeme ante ella.

Aunque ya trataré de contarle mis razones personalmente.

-Es comprensiva y entiende que tenemos obligaciones.

-Se lleva una joya,

por eso quería felicitarle personalmente.

Cuídela bien.

-Lo haré, se lo aseguro.

Sé que soy un hombre afortunado y voy a dedicarle toda mi vida.

Por cierto, ¿han visto ustedes el anillo

que le he comprado?

-¿Cómo lo vamos a ver si no nos lo ha enseñado?

¡Uh!

-Precioso, don Fernando,

qué barbaridad. -Tiene usted muy buen gusto.

Teresa caerá rendida

a sus pies mañana en su fiesta.

-No sé si va a ser así.

-¿Por qué duda?

-Teresa no se obnubila

por una joya. Ella es mucho más que eso.

-Así es,

ella no es así.

Me gusta que se dé cuenta y que hable así de ella.

Lo siento,

he de marcharme. -Espere, Felipe,

voy a acompañarle un rato, no quiero dejarle

con esos pensamientos que veo que son un tormento.

-Gracias, es usted un gran amigo.

-Un gran amigo que va a invitarle

a estas copas. Cóbrame, Víctor.

-Déjese, Ramón, invita la casa. -Gracias.

-Con Dios. -Con Dios.

¿Por qué habrá "rechazao" su invitación a la fiesta?

-¿No cree que tenga trabajo?

-Pero ni por un segundo. ¿Usted sí?

-No, pero no le he insistido para no ponerle en un compromiso.

He creído que lo hacía por su relación con Mauro.

-¿Usted cree?

Aquí hay mucha gente que quiere a Mauro, otros habrían dicho lo mismo.

Creo que el verdadero motivo

es que las cosas en su casa no están bien

y don Felipe no quiere ir para no incomodar a doña Celia.

-Quizá tenga razón.

-Es una pena verlos así con "to" lo que se han "querío".

-Espero no tener que verme jamás en esas circunstancias.

-Que no, hombre, usted ya verá cómo no.

-Eso espero. No me imagino una vida sin Teresa.

-Y eso que se las veía usted negras.

Casi tira la toalla.

-No veía el momento de casarme con ella,

y míreme ahora. -Anillo en mano

y camino del altar. Casi "na".

Por usted.

Creo que con esto tengo suficiente. ¿Seguro, Susana?

No la hagas bajar más.

No te apures, dudaba de la medida del pecho,

la tomé mal.

Espero no haberla distraído

de sus obligaciones. No ha sido ninguna molestia.

En cuanto tenga ajustado el pecho, le haré llegar

el vestido a escape.

Se lo subirá un mozo a su casa, se lo prueba y me dice.

Se lo agradezco.

¿Acaso no le agrada?

Sí, ¿por?

No parece usted muy contenta. ¿A qué viene eso?

Está contentísima.

Cualquiera diría que se va a casar. No parece una novia muy feliz.

Ni caso. Son los nervios.

¿Tanto ha pasado, Susana,

que ya no te acuerdas de lo mal que se pasa?

Esperemos que sea eso,

si no, apaga y vámonos.

¿Acaso lo dudas? Teresa está feliz.

De hecho, me recuerda mucho

a los días previos a cuando casé.

Yo también sentí nervios, inquietud.

Me bailaba el suelo bajo los pies.

¿A ti por qué?

Por Ponce.

Acababa de morir y era mi prometido.

Acababa de vivir una tragedia terrible.

Y estaba muerta de pena y de miedo.

¿Y si nadie casaba conmigo?

Pero no,

ahí apareció su hermano, Germán,

dispuesto a coger el relevo

y todo fue... fabuloso.

La ceremonia, el convite, los invitados...

Germán fue tan bueno conmigo...

Fue un día precioso,

como sacado de un cuento de hadas.

Y a la postre,

está mal que lo diga, salí ganando

porque me enamoré perdidamente de él.

La vida nos golpea y nos sorprende

de igual forma.

Eso es cierto.

Solo deseo que seas tan feliz como yo lo fui con Germán,

de quien solo tengo momentos preciosos

que recordar.

Así lo espero yo también.

Y solo faltará que la vida te bendiga con una criatura preciosa,

con los ojos de Fernando

y con tu sonrisa.

¿Verdad?

Si saca también los ojos de Teresa, mejor que mejor.

¡Apúrate, madre, o llegaremos tarde a la reunión!

(Puerta)

¿Era aquí la reunión?

Pensé que era en la universidad...

Felipe.

¿Qué haces aquí?

-¿Debo pedir permiso para venir a mi casa?

-No, pero estaba a punto de salir.

-Bonita excusa.

-No es una excusa, debo acompañar a mi madre a una reunión,

que, por cierto, está a punto de aparecer.

Así que, por favor, márchate,

no quiero que tengáis un encontronazo.

-Tu madre me da lo mismo. Celia, te ruego que me escuches.

He de decirte algo. -Felipe, ¿qué quieres?

-No puedo vivir sin ti.

Me falta el aire,

me ahogo.

-Ya me lo has dicho y ya te contesté, no.

-Celia, te amo.

Sé que es tarde, pero te amo. -Tú lo has dicho.

Es tarde.

-Celia, por favor, te lo ruego. -Felipe,

¿qué quieres de mí?

No insistas o esto terminará siendo un infierno.

Cada día la misma conversación,

las mismas promesas. -He cambiado.

Te lo juro.

Nunca volveré a hacerte daño.

Seré el marido que te mereces.

Celia, esto es muy duro.

Es un tormento.

¿No tienes corazón?

-¿Cómo?

¿Cómo que no tengo corazón?

¿Crees que esto no es doloroso para mí?

-Sí.

Supongo que sí.

-No lo pongas en duda.

-Dame una oportunidad.

Los dos nos merecemos una oportunidad.

-¿Estás lista, hija?

Nos vamos pues.

-Lo siento, pero hemos de marchar.

Cierra la puerta

al salir.

Buenas noches, Juana.

Puede retirarse.

¿Va a salir, padre?

Sí, he quedado con algunos militares retirados en el Ateneo.

¿Tan tarde?

¿Te parece mal?

¿Te molesta que te deje sola?

No, no, no, para nada.

Vaya y diviértase.

Yo haré mis tareas y marcharé a la cama.

Estoy muy cansada.

Que descanses.

Dulces sueños, querida.

¡Elvira!

¡Elvira!

¡Elvira!

Lo sabía.

Ahí va el mozo con mi vestido de novia.

El mismo que llevará Teresa en su boda.

Se la ve feliz, señora.

Está usted disfrutando de su venganza, ¿verdad?

Así es, Úrsula.

La venganza es un plato que se sirve frío,

pero yo estoy deleitándome

escogiendo cada uno de sus ingredientes.

Teresa va a revivir todo el dolor

que yo he sufrido.

¿Qué quiere decir?

Casarme con Germán

fue el mayor error que he cometido nunca.

Nunca debí hacerlo,...

porque nunca me quiso.

Germán me hizo tanto daño,

que aun a día de hoy,

siento cómo me duele.

Gracias.

"Teresa cometerá el mismo error casándose con Fernando,

de ahí que debamos llevar el mismo vestido".

"El error de ambas

es el mismo".

"El vestido también ha de serlo".

"Fernando la va a hacer tan desgraciada

como me hizo a mí Germán".

Yo amé a Germán.

Y murió.

Y Teresa también va a ver morir al hombre que más quiere.

Mauro.

Ella también intentará engañar a su corazón como yo engañé al mío.

Pensé que Germán algún día me querría.

Y no fue así.

Si Teresa piensa que algún día amará a Fernando,..

eso nunca va a pasar.

"Para ella empieza un calvario

al lado de una persona a la que no ama".

Su vida a partir de esa boda va a ser un infierno.

"El infierno que merece".

"Y en todo infierno,..."

hay un demonio.

El mío fue Germán.

"Y el suyo va a ser Fernando,...

el hombre que la va a hacer la mujer más infeliz de la faz de la tierra".

"Y yo...

estaré ahí para verlo".

Todo tiene que salir perfecto,

no quiero ni un invitado sin copa.

A vuestras labores, aún queda mucho por hacer.

Pierda "cuidao", doña Cayetana,

que servidora se encargará de que salga fetén.

La señorita se lo merece.

Te lo agradezco. -"¿Cuándo empezará"

la obra? Mejor mañana que "pasao". -Paciencia,

Servando, que todavía quedan unos cuantos flecos por aclarar.

-¿Unos flecos?

No se irán a echar ustedes ahora para atrás.

-Según las mediciones técnicas,

la maquinaria y los engranajes solo caben en un lugar de esta finca.

-Donde haga falta, y si hay que sacrificar

la mitad, se sacrifica.

¡Todo sea por el progreso! -Ese lugar,

Servando, es la portería.

-"No sabe lo que hace mi hija"

y debía saberlo.

Vigilarla es la principal tarea que le encomendé.

-Lo sé.

-Pero no lo hace, al menos, como debiera.

¡Debe ser implacable!

¡Vigilarla en todo momento!

-Debería pasar más horas aquí para que no escapara.

-Cómo lo haga no es de mi incumbencia,

pero cumpla con su obligación.

-Así lo haré, señor,

y no volverá a pasar nada similar.

-"Hasta las 00:00"

estuve hablando con mi madre. -Huy.

Me barrunto que sería de hombres.

Ahora vas a estar soltera y disponible.

-Qué enormidades dices.

Hablábamos de José Celdrán,

un conocido de mi madre. -Sabía que era de hombres.

-No es un hombre, es un químico.

Un químico que ha descubierto la fórmula

para tintar el pelo de forma permanente.

-¿Qué quiere decir?

¿Que la que es morena puede ser rubia sin peluca?

-Eso mismo. -¡Oh!

-"Debo prepararle las maletas"

a doña Rosina y a su esposo.

-Ah, ¿que se van de luna de miel?

Es verdad.

No es lista ni na doña Rosina.

Va a rentabilizar su inversión. -No sea borrico,

Servando, ¿eh?, no me hable así de mi señora, por favor.

-Qué raro que marchen

estando doña Leonor y Pablo sin aparecer.

¿"Pa" "ande" van?

-"Pos" eso es un misterio, no me han "querío" decir dónde.

-"Yo recibí clases"

para ayudar a mi padre en los negocios.

Aprobé el examen gracias a mi madrastra,

pero rápidamente comprendí que era un mundo hecho por y para los hombres.

-Yo no digo que sea fácil,...

pero con un poco de tesón se pueden conseguir muchas cosas.

-No se engañe, usted es como yo, una mujer normal

que necesita el respaldo y la protección de un hombre.

"Espera, Teresa,"

contigo quería hablar.

Llevo días considerando que debería decirte algo.

Mauro, tú y yo ya nos hemos dicho todo.

Te equivocas.

No te he dicho que te deseo la mejor de las suertes en tu matrimonio.

Buenas tardes.

Ya puedes salir.

-"Muchas gracias,"

doña Susana. -De nada.

¿Tienen todos copa? -Ajá.

Apuraos.

-Gracias.

Ahora sí, brindemos por los novios,

para que el destino les traiga lo que todos les deseamos.

-Por los novios.

(TODOS) Por los novios.

-"¡Auxilio!".

¡Auxilio!

¡Por favor, que alguien me auxilie, por el amor de Dios!

¿Qué le ocurre, mujer? ¡Acaban de robarme!

Soy policía.

¿Por dónde ha ido?

¡Ha huido hacia los jardines del Príncipe!

¿Ha entrado allí? ¡Sí, por ahí, por ahí!

Te estoy preparando un regalo para que no olvides lo que siento,

un bordado para que lo lleves siempre contigo.

Ten seguro que será el presente más bonito y valioso que he recibido.

(RÍE)

-¿Qué ruidos son esos?

¿Señorita Elvira?

¿Qué hace aquí?

Qué susto me ha "dao".

No diga nada,

ya lo veo. -"Vamos, Rosina,"

el carruaje está listo. -Gracias, Liberto.

Por acompañarme y estar a mi lado en todo momento.

-¿Qué esperabas?

Soy tu marido.

Vamos.

¿Qué tienes, Rosina?

Amor, ¿estás bien?

  • Capítulo 464

Acacias 38 - Capítulo 464

28 feb 2017

Cayetana manda a Úrsula a hablar con Elena para organizar la muerte de Mauro. Felipe rechaza a Huertas y le dice que sigue amando a Celia, sin saber que ella lo está escuchando. Aun así, ella sigue negándole. Mauro no logra saber quién ha intervenido para indultar a Cayetana, pero sabe que debe ser alguien muy poderoso. Simón advierte a Elvira de las sospechas de Arturo. Teresa y Fernando le regalan a Tirso unas gafas con las que el niño logra ver mejor.

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  1. Mirta

    No puedo creer que después de casi 500 capítulos todavía haya que soportar que los personajes sean tan impunes como el de Cayetana, tan pusilánimes como el de Teresa, tan rastreros como Ursula, tan abyectamente sometidos como Fabiana, tan ingenuos y perdedores como Mauro. Estamos hablando de una época en que cualquiera terminaba en el garrote por muchísimo menos de las atrocidades cometidas por algunos de estos personajes. Y, la verdad, esto ya aburre. Hay grandes actores en esta serie, pero la insistencia en conservar las situaciones tal como están planteadas hasta el momento, provoca un creciente desinterés. Ojalá que lo modifiquen antes de que sea tarde.

    03 mar 2017
  2. Alma

    Esta teleserie es de nunca acabar, Cayetana que es invencible, Teresa una tonta de remate, donde esta Paciencia? Despiden a este personaje interesante y repiten constantemente los crimenes. Ya es hora de poner final a Cayetana y Teresa.

    01 mar 2017
  3. Maria del Carmen

    Es una pena que maten a Mauro porque es verdad... Cayetano siempre se sale con la suya...y sigue acumulano delitos, ¿es que no la van a detener nunca? Servido se supone que es un personaje cómico se la serie, pero todo lo que hace lo hace con maldad y envidia se pasa tres pueblos me cae muy mal. Los más lindo son Rosa y Liberto. Es precioso y menos mal que se casaron para que así nadie se meta y no los puedan separar. También son muy monos Simón y Elvira espero que se puedan desacertado del coronel para que no les separen.. y Teresa se merece lo que la pase por tonta tanto confiar en Cayetano en vez de en Mauro que tanto decía que lo amaba, pues porque no le creía nunca. ¡Queremos castigo para Cayetano y Ursula YA!

    01 mar 2017
  4. Coco

    Me encanta !!! no le veo nada de malo ojalá nunca termine . saludos desde Lima Perú

    01 mar 2017
  5. Xesal

    Ya es un poco pesada con Cayetana saliendose con la suya. Ursula ya estorba, se ahoga y regresa rica y señora es inverosímil. Siempre matando y culpando a otros. Guionistas un poco mas de realidad y menos fantasía continuada en cada capítulo

    01 mar 2017
  6. Victoria

    De acuerdo con Mabi, al que no le guste que no la vea, pero hay millones de personas a las que nos gusta y que la seguimos a diario a través de la tv, sin contar a todas aquellas que la ven sólo por la web y no pueden hacerlo por tv. La prueba de todo ésto está en la audiencia que sigue teniendo. Gracias a su equipo artístico y técnico por el excelente trabajo que realizan y esperemos que TVE tenga en cuanto los datos positivos de audiencia para continuar con su proyección. ¡¡¡Larga vida a Acacias 38!!!

    01 mar 2017
  7. Mabi

    Creo que no es ni una cosa ni la otra, me explico: ni la novela es tan densa, ni tampoco tan almibarada... Es interesante, muy bien actuada, habrá a quien le guste más uno que otro actor, pero de allí a defenestrar a todo un equipo de trabajo...si vieran las novelas de mi país!!!!! Siempre lo mismo y con los mismos actores, va... aprendices salidos de realitis. Vamos!!!!apoyemos un poco, si queremos, sugiriendo, dando a conocer que nos gustaría, pero no amagar con no verla mas, que por los comentarios, si la siguen aunque aparenten aburrimiento. Saludos desde Argentina

    01 mar 2017
  8. elena

    He estado mas de una semana sin poder verla y cuando vuelvo no ha pasado nada de nada. Por favor más ritmo que me duermo. Teresa eres una pamfila y aburres. Cayetana es repetitiva y aburre. Servando es simplemente insoportable y el peor actor que he visto nunca. Susana es repelente y aburre. Y la trama Celia Felipe es cansina. Hasta los nuevos, el coronel intransigente, la hija consentida y el mayordomo sufridor aburren. Los unicos que le dan algo de chispa a la serie son Rosina y Liberto. Casilda y Lolita. Señores guionistas: más ritmo!!! Y si no tienen ideas finalicen con dignidad antes de agotar al espectador.

    01 mar 2017
  9. Avatar de Idelis Palma Idelis Palma

    Ésta serie ya no tiene ninguna emoción, Cayetana relaja con todo el mundo y nadie es capaz de descubrirla. Teresa cree ciegamente en ella después de haberse acercado a ella para descubrirla, como es posible que esta mujer no esté presa? Y el disparate que han hecho con la historia de Celia y Felipe no tiene límites. Ya no dan gana de verla, la alargan tanto que cometen muchas estupideces. Ursula después de haber sido una criada, con un poco de dinero que le sacó a Cayetana ahora es rica y respetable. Sacan tantas historias tan poco creíbles que ya no tiene ningún encanto, y lo peor es que lo mismo pasa con Seis Hermanas; a las dos series las han convertido en monótonas y aburridas.

    01 mar 2017
  10. Blanca M

    Me gusta Acacias, pero no entiendo porque desaparecen tantos personajes . Empezando por Germán y Manuela, luego los padres de Victor quienes viajaron a París y nunca se los vio. Leonor y Pablo también han desaparecido. Tamo también desapareció. Creo que es la serie de los desaparecidos

    01 mar 2017