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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 463 - ver ahora
Transcripción completa

Tiene que aceptarlo, tía,...

Rosina y yo nos queremos

y ahora estamos unidos en santo matrimonio.

Nada puede hacer para evitarlo. -¡Eh!

Muchas cosas podría hacer, pero sea,

haré como si me pusiera una venda en los ojos.

Ahora,

lo que no podré evitar es el qué dirán las gentes de bien

cuando se enteren.

-Déjenoslo a nosotros.

-Ya les comunicaré nuestro feliz enlace a las vecinas

cuando encuentre el momento. Te he preparado una sorpresa.

-Espero que no sea nada peligroso.

Descuida, nadie se enterará.

Estaremos los dos solos.

Necesitas centrarte en tu futuro.

Tu futuro como dueña de tu vida.

-Lo intento, madre, lo intento con todas mis fuerzas.

-Pocas me parecen.

¿No lo tienes claro todavía?

-"Yo solucionaré sus problemas".

Le demostraré a doña Celia que su marido la quiere.

-"Me preocupa"

quién ha entrado aquí

en mi ausencia.

-Doña Susana sí que estuvo aquí. -"Me vio hablando con su marido".

-Me es indiferente.

-Estaba pactando una cita para mañana.

-Todo esto me da asco y eres una lianta.

-Solo trato de que abra los ojos de una vez.

Acuda mañana a esa cita

y sabrá quién es su marido.

Necesitaría conocer los nombres de los funcionarios

de la reunión del indulto.

Secretario Giner.

Del ministerio de Gobernación.

Cuando firme los papeles, intente hablar con él.

-"Alguien ha estado

en el ministerio preguntando por su indulto".

¿Tiene usted idea

de quién puede estar indagando a estas alturas?

No hay que ser inteligente para saberlo,

el comisario Valle o alguien muy cercano a él.

Pero descuide,

esta misma tarde me encargo.

"Me gustaría saber quién fue la persona

que habló a favor de mi indulto".

Lo lamento, señora, no estoy al tanto de eso.

Debería preguntárselo

al nuevo comisario.

¿Se puede saber quién ocupa su lugar?

¿Puedo ayudarla en algo, señora?

No se me ocurre de qué podríamos hablar.

Seguro que si lo piensa un poco, verá como sí.

Déjeme marchar, tengo prisa. Pierda cuidado.

No la entretendré mucho.

Lo justo para hablar claro.

Sin máscaras.

Ha de saber...

que ahora que soy un nuevo comisario,

voy a emplearme a fondo en demostrar todos sus crímenes.

Descubriré qué se esconde tras ese pelo rubio

y esos portes de gran señora.

¿Le queda claro?

Cristalino.

Todos van a saber quién es usted.

Es usted patético.

Casi me da hasta pena.

Es como esos moscardones que se dan contra el mismo cristal

pensando que lo van a traspasar. Se equivoca.

Cuento con medios con los que no contaba.

Tengo todo el tiempo del mundo.

Y lo más importante,

ya no tengo nada que perder.

No me asusta, Mauro.

Por mucho poder que tenga,

es el mismo miserable.

No he terminado. Suélteme ahora mismo.

Pensó que separándome de Teresa me hundiría en la desesperación.

Y no le faltaba razón,...

me ha destrozado el corazón.

Vaya, creí que no tenía entrañas,

que solo le movía el odio hacia mí.

Ahora sí.

Ha hecho lo peor que podía hacer.

Me ha liberado.

Por eso no me temblará el pulso.

Ahora nada me va a detener.

Tengo la determinación

y los medios.

Me alegro de que se sienta tan cómodo en su nuevo puesto.

Le juro que voy a acabar con usted, Cayetana.

Y más pronto que tarde.

¿Ha terminado?

No.

Esto es solo el principio.

Le deseo mucha suerte.

Voy a brindar por ello

en la fiesta de pedida de Fernando y Teresa.

¿Puedo irme ya

o me va a detener?

Cada cosa a su tiempo.

Ahora sí puede irse.

Con Dios.

Con Dios.

¡Simón!

Andas como si te persiguiera el diablo.

¿Qué tienes?

-Las prisas propias del oficio que me ha tocado.

-Ya.

-Quiero comentarte algo de mucha enjundia

y de lo que quiero que te enteres antes de que se haga público.

-Sería una descortesía no dedicarle un minuto precisamente a usted,

aunque esté escaso de tiempo. -Estoy cansado de esconderme

y más si no es necesario.

Te lo voy a contar, te alegrarás.

-Bien, no me vendrá mal una alegría, francamente.

-Rosina y yo nos hemos lanzado a la aventura.

Hemos contraído matrimonio en una ermita

del campo salmantino.

-Pues no le voy a ocultar la sorpresa que me produce

ni lo mucho que me alegro.

Mucha felicidad en su matrimonio. -Te lo agradezco.

Y sinceramente,

deseo que puedas vivir libremente tu amor con Elvira.

-No tengo ni la libertad ni las facilidades que han tenido.

Espero poder cumplir ese sueño.

No nos va a ser nada fácil.

-Todo puede cambiar en un momento.

Ánimo.

Y no te entretengo más, que veo que andas con prisa.

Abur.

-¡No puedes entrar, está cerrado!

-¡No vengo a comprar un traje!

-¡Ya te advertí que no quería verte!

-Me va a escuchar aunque tenga que obligarla.

-¡No te consiento esta insolencia!

¡Háblame como me corresponder, soy una señora!

-Tengo grandes dudas sobre eso. -¿Cómo te atreves a hablarme así?

¡Márchate si no quieres que llame a los guardias!

-Perfecto.

Me parece muy bien que hablemos con ellos.

Además de decirles que es una mala persona, les diré que es una ladrona.

-Has perdido el oremus.

¿De qué estás hablando?

-No me tome por tonto.

Sé que me robó mi caja con mis fotografías y con las estampas.

¡Se lo ha llevado de mi cuarto!

-Podría haber sido cualquiera. Yo no he estado en ese altillo.

-¡Basta ya de mentiras! ¿Me oye?

¿Por qué le cuesta tanto reconocer que soy su hijo?

-¡Cállate!

¡Márchate, no te quiero seguir escuchando!

-Yo no he venido a hacerle nada malo.

Se lo prometo.

Solo he venido a recuperarla como madre.

Siempre he anhelado tener una familia, estoy harto de estar solo.

-Yo nunca te pedí que vinieras a mi vida.

-¿Eso es lo único que tiene que decirme?

No quiero una madre como usted.

Dios mío, que mi padre siga dormido.

Por fin podemos estar solos.

Esto es una locura.

Lo sé, pero quería preparar una sorpresa para ti.

Nos podrían escuchar las criadas.

No haremos ruido.

Si tu padre se entera,

todo el cuidado que hemos tenido no va a servir para nada.

Se va a liar otra guerra de Cuba. No seas cenizo.

He tenido toda la cautela del mundo.

¿Qué te ocurre, por qué estás tan mohíno?

Discúlpame.

Hoy no tengo ánimo para nada, lo siento.

¿Qué es lo que te desasosiega?

No tengo ganas de hablar.

Necesito estar solo, Elvira.

Hoy no voy a ser una compañía agradable.

¿Es por ese secreto que no deja de apesadumbrarte?

Lamento encontrarme así, pero no puedo hacer nada por evitarlo.

Y no te puedo decir nada sobre esto.

Ya lo harás cuando lo consideres oportuno.

Pero no voy a consentir que sufras tú solo.

Estoy para apoyarte en todo lo que te suceda.

Tienes que confiar en el futuro, en las alegrías que nos va a traer.

Me gustaría hacerlo, pero no puedo evitar verlo todo negro.

Confía en mí.

Lo que hoy es negro mañana brillará como el sol.

Todo nos irá de perlas si nos apoyamos el uno al otro.

No te veo muy convencido.

¿Acaso dudas de lo que te digo?

No.

De ninguna de las maneras.

No sé qué haría si no te tuviera a mi lado.

Entonces, ayúdame con estas viandas.

Te he preparado una cena digna de un general.

Tengo que confesarte que Huertas tiene el don de confundirme.

-Lo mejor que puedes hacer es ignorarla.

Lo único que sabemos de ella es que es una lianta.

-No sé qué interés tiene citándome de esa forma.

Pidiéndome que casi espíe a mi esposo. ¿Qué busca con esto?

¿Qué puede haber que todavía yo no sepa?

No sé qué interés tiene en que les vea amancebados.

-A mí no me da el entendimiento para tanto galimatías.

Aunque he de decirte que el otro día,

Huertas me pareció honesta, su arrepentimiento parecía sincero.

Pero no entiendo

a santo de qué viene con estas.

-Tal vez solo busque

confundirme y terminar de hundirme en la desesperación.

Tal vez se trate de otro asunto.

Que esté tratando de enmendar el daño que nos ha hecho.

Puede ser cualquier cosa.

-Pues yo me inclinaría más 2por lo primero.

Huertas no es precisamente una santa.

No tuvo reparo a la hora de quitarte a tu esposo.

-Quizá se haya arrepentido.

(SUSPIRA) ¿Qué debo hacer?

¿Ir o no ir a la pensión de Felipe?

(Puerta)

-Huy.

No son horas de visitas. ¿Esperas a alguien?

-No.

-Perdón, buenas noches. -Buenas noches.

-He tenido el atrevimiento de comprar estas flores en el quiosco.

-Efectivamente, ha sido un atrevimiento.

No puedo aceptarlas.

Entiéndelo, Felipe.

Es mejor que guardemos las distancias.

Por favor, márchate.

-Celia, por favor, concédeme unos minutos.

Sé que no los merezco.

Pero si hablamos sosegadamente,

te diré la pena que siento al estar separado de ti.

El tiempo de tomar algo en la chocolatería. Está abierta.

-Es menester que te diga que no, aunque me duela.

-Celia, te lo ruego.

Me lo debes por los años que pasamos juntos.

-Yo no te debo nada.

Te ruego que salgas de esta casa.

-Muy bien.

Si es lo que quieres...

Solo puedo desearte buenas noches.

-¿Te sientes bien?

-No, Trini, estoy a mil malditos kilómetros de sentirme bien.

(SUSPIRA)

No puedo seguir así.

Tengo que tomar las riendas sobre mi vida.

No puedo seguir dando bandazos.

Necesito saber toda la verdad sobre mi esposo.

-Ya, pero es que a lo mejor no deberías ir.

Puede resultar muy doloroso. -Lo soportaré.

Pero no puedo seguir sintiéndome culpable

cada vez que veo a mi esposo como un alma en pena.

-Lo cierto es que...

lo mismo viéndolo con ella, se te aclaran todas tus dudas.

-Así es.

No voy a permitir que Felipe vuelva a cegarme.

Le conozco.

Y me conozco a mí misma.

No volveré a apiadarme de él.

-Celia.

Es una prueba muy dura por la que vas a pasar.

-Lo sé, Trini, pero no tengo otra opción.

Trini, por favor.

Discúlpame, pero quiero estar sola.

-Claro.

Daría cualquier cosa por estar siempre a tu lado.

Algún día lo conseguiremos.

No vamos a ser menos que Liberto y Rosina.

¿Qué les ha ocurrido?

Liberto querría que lo supieses.

Te vas a poner muy contenta.

Se han casado.

Aprovechando su viaje, se han casado.

Me alegro de que el amor haya triunfado.

Han apostado muy fuerte el uno por el otro y han salido ganando.

Gracias por contármelo.

Yo apuesto igualmente por nosotros, pero cada cosa, a su tiempo.

Lo sé.

Pero lo único que deseo ahora mismo es entregarme a ti.

Mi único anhelo es verte feliz.

Que nada te turbe, porque yo estoy a tu lado.

Lo sé.

Sé que puedo contar contigo.

Eres el amor de mi vida.

No sé si en el futuro, podremos estar juntos.

Si podremos formar una familia.

Ese es mi sueño.

Yo no podré querer a otro hombre.

Si algún día la vida nos separa,

quiero verte entregado a mi cuerpo y mi alma.

Quiero que me hagas tuya, Simón.

No quiero hacer nada de lo que puedas arrepentirte, Elvira.

Tu fe y tu moral están en contra de eso.

Tal vez deberíamos esperar.

¿Esperar a qué?

Estoy convencida de lo que vamos a hacer.

No, espera, espera.

Espera un momento, un momento.

Si no pudiera casarme contigo, estarías marcada por la deshonra.

Si no me puedo casar contigo,

quiero que seas el primer hombre con el que haya yacido.

Por favor, Simón.

No dejes que el destino tome lo que tú no quisiste.

Te quiero tanto.

Entonces, hazme tuyo.

Buenos días, Fabiana. "El Adelantado".

-Aquí lo tiene, recién salido de la imprenta.

Cuidado, no se manche.

Lástima que traiga más malas noticias que buenas.

-Los periódicos no venden buenas noticias.

Así somos de morbosos.

¿Cómo vas con el negocio?

-Todavía me cuesta un poco el tema de las cuentas.

Pero tampoco se tiene que haber estudiado Salamanca

para vender cuatro flores y cuatro periódicos.

Si me aturullo, llamo a Martín.

Ya me ha enseñado el nombre de los periódicos y de las revistas.

Ya verás como en unos días, lo llevas de perlas.

Sí, señorita.

Me encuentro con más fuerza y más lozana que cuando tenía 20 años.

Sigue así mucho tiempo.

Y que ustedes lo vean.

Con Dios. A más ver.

Después de desayunar, debo ir a casa a hacer la prueba del vestido.

¿Te acompaño? De ninguna de las maneras.

Da mala suerte que el novio vea el vestido.

No sabía que fueras supersticiosa. No lo soy, pero da mala suerte.

Acompañaré a Tirso al oftalmólogo.

Espero que tenga la solución para ese muchacho.

Te ha caído en gracia. Es un chico especial.

Listo como un zorro. No se le escapa un detalle.

Y eso que tiene problemas para ver.

Yo también le tengo mucho aprecio.

Con un poco de ayuda, puede tener un futuro muy brillante.

¿Has pensado en cómo será nuestro futuro?

Muchas veces.

Y creo que viviremos de una forma serena y plácida.

Tanta paz no es buena.

Yo me figuro una casa llena de criaturas

corriendo para arriba y para abajo. ¿Cuántos debemos tener?

Muchos, ya te lo dije.

Sabes que me encantan los niños.

Los que vengan serán aceptados. Por supuesto que sí.

Seguro que serán todos tan guapos e inteligentes como su madre.

Y caballerosos y educados como su padre.

Voy a ordenar que amplíen la casa

para tener muchas habitaciones.

Piensa en un despacho para mí.

No voy a dejar de trabajar. Por supuesto.

Tendrás tu propia habitación.

Aunque no tendrás tiempo con tantos críos.

Trataremos que sea así.

Los niños del colegio me van a necesitar.

Por supuesto que sí.

Pero primero, es la familia.

Como es de ley.

Vamos a ser muy felices.

Supongo que sí.

Te prometo que tendremos una vida plena los dos juntos.

Y cuando seamos ancianos y veamos a nuestros nietos en el jardín,

solo podremos pensar en lo felices que hemos sido

al encontrarnos el uno al otro.

(Chirría una puerta)

Elvira.

¿De dónde vienes?

¿De dónde quiere que venga?

He ido a misa con la hija de los Palacio.

Sabes que no me gusta que salgas sola.

¿Por qué no has esperado a Gayarre?

Ella insistió en que fuéramos a la misa de las ocho.

Pues no te he oído salir.

No quería molestarle tan temprano.

María Luisa quiso que fuéramos a la chocolatería después

para saludar a su novio.

Y no pude negarme.

Qué obsesión tan estúpida.

Estar con un churrero.

No entiendo cómo sus padres se lo permiten.

Empiezo a pensar que esa muchacha no es una amistad adecuada para ti.

Es la única chica de mi edad en la casa.

Y su familia es de las mejores.

No sé, esa Trini no es precisamente una persona de alcurnia.

Procura no frecuentar en exceso esas compañías.

Voy a hablar del asunto con Gayarre.

¿Dónde se habrá metido ese mayordomo? Padre.

¿Sabe de lo que me he enterado a la salida de la iglesia?

Liberto y Rosina han contraído matrimonio.

Han aprovechado que estaban de viaje para casarse en una ermita.

Esto es inaudito.

Vaya par de fantoches.

Al menos, han tenido la decencia de casarse lejos.

¿Qué más da dónde lo hayan hecho? No seas simple, hija.

Un bodorrio en el barrio sería un insulto.

A mí me es indiferente. Es más, les deseo lo mejor.

Yo no puedo decir lo mismo.

Espero que tengan una vida miserable.

No es de buenos cristianos ser rencoroso.

Debería ser más considerado.

No sé qué tipo de miramientos quieres que tenga

con dos personas que no respetan ni la tradición ni la decencia.

Una viuda casándose con un hombre más joven que ella.

Es el colmo de la desvergüenza.

Peor es casarse con alguien a quien no se ama de verdad.

Pamplinas.

El amor es un invento de cuatro poetuchos del siglo pasado.

Lo importante es el honor, la tradición.

Y comportarse conforme a la clase social.

Pero padre... ¡No hay peros que valgan!

Casarse con un chisgarabís cuando yo la estaba pretendiendo.

¿Hasta dónde vamos a llegar?

"Tendrías que ver cómo se ilumina el cielo"

en algunas noches del norte.

Parece que va a llegar la aurora, pero no.

Sigue siendo medianoche.

-África tiene que ser espectacular.

-Muy poco caso me estás haciendo. Te estoy hablando de Noruega.

Pon un poco de tino con el café.

No estás regando los huertos.

-Perdona, madre.

Hoy no tengo la cabeza muy centrada.

-¿Qué tienes?

-No es nada.

Simplemente, que...

he dormido poco y mal.

Pero bueno.

Cuéntame cómo son las gentes del norte.

-Pues son...

algo reservados, pero amables.

Y muy dispuestos cuando se les conoce.

La verdad es que en todos mis viajes,

he dado con más gente dispuesta a ayudarme

que a ponerme trabas.

-¿No pecas de optimista?

-Te aseguro que no.

Todas las gentes con las que me he topado

no solo me han acogido con cariño,

también me han aconsejado dónde invertir y qué negocios hacer.

-Eso es que has tenido mucha suerte.

-Sobre todo, mucha voluntad.

Gracias a mis viajes y a mis inversiones,

he conseguido reunir un capital que me ha permitido

ser una mujer independiente.

No sé si te das cuenta de lo que te quiero decir.

-Perfectamente, madre.

-En ese caso,

quiero que te cargues de energía.

Hoy vas a tener un día muy importante.

-¿En qué estás pensando?

-No voy a permitir que pierdas más el tiempo.

Tienes que labrarte un futuro.

Quiero que me acompañes a una reunión.

-No tengo ánimos.

-Vas a tener que hacer un poder.

Voy a presentarte a una persona que lleva un negocio

que te va a interesar.

-Es que hoy no va a poder ser.

Tengo otros asuntos que atender.

-¿Qué tipo de asuntos?

-Nada.

Nada importante, cosas mías.

Algo baladí de la casa.

-Qué mal se te ha dado mentir toda la vida.

-No le diga eso a su hija.

Doña Celia miente menos que un niño de teta.

-Gracias por tu opinión.

¿Te importa dejarnos solas?

¿No estarás pensando en ir a ver a Felipe

y me lo estás ocultando como una jovencita adolescente?

-No es eso, madre.

-Hija, has pedido la nulidad matrimonial.

Ese es un paso muy grave.

¿Eres consciente de lo que significa?

-Por supuesto que sí.

Por eso, debo estar segura de lo que voy a hacer.

Bueno, que no puedo quedar hoy y punto redondo.

-(SUSPIRA)

Apriete bien los tornillos, Servando.

Como se caiga esa pata, no tenemos repuesto.

-Qué atrevida es la ignorancia.

Pues has de saber que en esto de la carpintería,

tengo más maña que el padre de Jesús.

-¡Mal rayo le parta a una!

No tengo más que callar y aguantar desaires.

-¿Se puede saber por qué subes bufando como un cabestro?

-Por "na" que le importe.

¿Y tú?

¿"Ande" vas de paisana y tan zalamera?

-Tengo apaños que hacer.

El primero, votar en la junta de vecinos.

-¿Es que te has vuelto propietaria?

-Como mis señores no viven aquí,

me han pedido que vote por ellos.

-¿Y se puede saber qué vas a votar?

-Me han dicho que lo que prefiera, que confían en mi buen tino.

-¡Natural!

Como que eres una mujer inteligente, dispuesta y guapa donde las haya.

A ti no se te escapa una.

Menuda avispa está hecha.

-Déjese de lisonjas. ¿Qué quiere que haga?

-Que digo yo que no estaría mal que votaras a favor del ascensor.

Y que si tengo que soltar un dinerillo por ello, no pasa nada.

-Es usted más bandido que Luis Candelas y toda su banda.

-Se saldrá con la suya y sin gastarse una peseta. Voy a decir que sí.

Pero no por un soborno,

sino porque nos viene de guinda.

-Lo que yo decía.

Una de las mujeres más listas de la casa.

No como otras.

¿Mm?

-Huertas.

Me barrunto que no te has acicalado solo para la junta de vecinos.

-Ya te he dicho que después tenía otro asunto.

-Desembucha.

-Luego voy a la pensión a verme con Felipe.

-Huertas, ¿otra vez has vuelto a las andadas?

-No te amosques, que tengo un plan.

Esta con bordados

es igualita a la que utilizó Isabel de Baviera en su boda.

Sí, muy bonito,

pero me parece un poco de mal agüero.

La mataron hace tres años.

A mí me parecen todas divinas. Espere que le enseñe más.

Mire.

Esta es... perfecta. Es preciosa.

Menudo trabajo tiene.

Se puede mejorar.

Tengo una propuesta que hacerle.

¿Qué le parece este vestido?

¿Cómo tiene usted esta foto?

¿Qué te parece?

Que estabas muy guapa.

Era un vestido maravilloso para un día inolvidable.

Bueno, de hecho,

sigo conservando ese vestido.

¿Qué te parecería llevarlo tú en tu boda?

La verdad es

que es una pena que nadie vuelva a lucirlo.

Es una pieza única.

Con unas telas de las que ya no se hacen.

Y un corte exquisito. Está mal que yo lo diga,

pero lo hizo una servidora. Toda la razón, Susana.

No vas a encontrar nada más elegante.

No termino de verme llevando el mismo vestido que otra.

Es que no es de otra, Teresa, es mío.

Además, le podíamos hacer las modificaciones necesarias

para que quedara más a tu gusto.

Podríamos hacerle unos volantes con este encale blanco que le ha gustado.

Seguro que quedaría perfecto,

pero la verdad es que me sentiría incómoda

llevando el mismo vestido que tú.

Lo entiendo.

Es solo que el día de mi boda

fue un día tan feliz que me gustaría que te transmitiera...

un poco de esa felicidad.

Por un momento me había ilusionado pensando

que las dos nos casaríamos con el mismo vestido.

Como un... sello de hermandad;

algo que nos uniera para siempre.

Pero... no pasa nada.

Está bien.

Te daré el gusto.

La verdad es que...

el vestido es muy bonito y...

con los volantes quedará impecable.

Ha hecho usted una gran elección.

Vamos a tomarle medidas inmediatamente.

A ver, cintura...

¿Tan mal te ha parecido mi idea que te has quedado muda?

-Más que muda me he quedado helada, Huertas,

que eso puede terminar muy malamente. -O muy bien.

-¿Estás segura de que don Felipe no va a picar?

Es como ponerse delante de un morlaco vestida de rojo.

-Estoy convenida de lo que va a hacer.

-Pues ve menos peripuesta,

que cuanto más hermosa es la manzana, más fácil es caer en la tentación.

-Has de ver como todo sale según lo pensado.

-Dios lo quiera.

-Me voy a la reunión,

que cuanto antes se empiece, antes se termina.

-"Bueno, sentaros, que os vamos a cobrar lo mismo".

Bien, ya es la hora. Si les parece, comencemos con la junta de vecinos.

El primer punto del orden del día es...

(Llaman a la puerta)

-Disculpen el retraso.

-¿Qué hace esta aquí?

-Vengo en representación de mis señores. Me han dado voz y voto.

Aquí tengo la autorización.

-Siéntate, que para mañana es tarde.

-No, gracias. Prefiero quedarme de pie.

Lo que nos faltaba, el servicio opinando...

Bueno, no es la primera vez que viene el servicio.

-Bueno, a ver si podemos seguir sin interrupciones.

Nos hemos reunido aquí entre otras cosas

para hablar de la instalación de un ascensor.

Sí, y yo no entiendo por qué necesitamos una modernidad similar.

Llevamos toda la vida subiendo a pie.

-Porque no vive en el altillo, si no, no le parecería tan inútil.

-Bueno, siempre puede servir

de ayuda para los que viven en los pisos más altos.

-El ascensor no solo es un invento de lo más útil,

además, es un signo de progreso.

Acacias 38 no se puede quedar atrás.

Así demuestra que está del lado de la burguesía más adelantada.

-Por Dios, madre, que estamos en una junta,

no en una manifestación sufragista.

-A mí me parece que añadirá valor a la casa.

Y además, es algo útil para cuando se viene cargado.

Aunque nosotras nunca traigamos peso. -Deberíamos instalarlo.

Bueno, pues no voy a ser yo quien se oponga.

Si tan encaprichadas estáis con el invento...

Bien. Entonces, las que estén de acuerdo con el ascensor...

-Yo no estoy de acuerdo. Me parece un despilfarro.

-Si tú eres la viuda de oro.

¿Por qué no aflojas el puño

y te gastas unas pesetas en beneficio de todos?

-No me venga con milongas, Consuelo,

que usted solo habla por interés.

Si quiere el ascensor que lo paguen los pisos de arriba.

-Si a ti te conviene, si vives en el segundo.

-Vivía. Vivía.

Al coronel que le ondulen. -Bueno, Rosina,

es menester que entiendas

que ninguno tenemos interés de aprovecharnos de ti. Como de nadie.

-Utiliza la cabeza, además de para llevar ese bonito peinado.

Todos los pisos, al tener mejor acceso,

amentarán su valor.

Con una pequeña inversión vas a doblar el precio de tu vivienda.

-Bueno. No es baladí lo que dice.

Pudiéndose subir con menor esfuerzo,

un principal pasa a ser como un segundo,

y eso supone unos cuantos miles de pesetas en el precio.

Podré subirle el alquiler a Valverde.

-Entonces, la que esté de acuerdo que levante la manos.

Queda aprobada la instalación del ascensor.

-Por fin sopla un aire de modernidad en este casa.

El progreso llega a Acacias.

(Risas)

¿Señorita Palacios?

Buenas tardes.

-Buenas tardes.

-Va usted mucho por la iglesia. Debe ser muy creyente.

-Sí, bueno, lo normal.

-No es tan normal a su edad.

No son muchas las señoritas que dedican tanto tiempo a sus rezos.

-Si usted lo dice...

-Me gustaría pedirle un favor.

Le ruego que no lleve a mi hija a misa tan temprano.

No me gusta que Elvira salga a primera hora de la mañana.

La veo sorprendida.

Elvira me ha contado que ha ido a primera hora.

¿No es así?

-Sí, sí, claro.

Hemos ido las primeras en entrar a la iglesia,

pero si a usted le va mal, no volveremos a esa hora.

Con esta manía que ha dado de ir dos veces, me falta tiempo,

pero es que tengo tantas cosas que agradecer...

-Es muy amable por cambiar así sus costumbres.

-Con Dios. -Con Dios.

-Gayarre, no quiero que se separe de mi hija ni un segundo.

Esa muchacha estaba mintiendo,

y creo que Elvira no ha sido sincera.

-Yo no le he notado nada extraño, señor.

-Por eso es mayordomo y yo mandaba a un regimiento.

Le falta perspicacia.

Sospecho que Elvira se trae algo entre manos.

-Yo observo en ella un comportamiento de lo más complaciente.

-Espero equivocarme.

Pero, mientras tanto, quiero que esté pendiente de todo.

-Como ordene el señor.

-Me da que tu dulce niñita te está tomando por le pito del sereno.

Coronel.

¿Qué van a querer las señoras más elegantes de Acacias?

Tengo unos bartolillos recién sacados del horno que quitan el sentido.

Susana, por qué no te sientas y te tomas un piscolabis.

-Te agradezco tu ofrecimiento,

pero no quiero tomar nada en este sitio.

No soy bienvenida.

-Mejor vuelvo luego.

Vamos, Susana.

Conocemos tus reticencias,

pero hace tanto tiempo que no nos sentamos todas juntas

y hay tanta tela que cortar...

Sea.

Chocolate para todas.

Tenemos que coger energía para los preparativos de la boda.

¡Qué rápido que va todo! Esta semana es la pedida.

¡Qué emocionante!

Fernando es un de los que se visten por los pies.

-Es un mocetón de bandera.

Tiene un porte que parece una estatua

de los griegos o los romanos.

Sí que es atractivo, sí.

-¿Y ya sabe dónde van a celebrar la boda?

Me encantaría que fuera al aire libre,

en un jardín cuajado de flores. -Qué ordinariez.

No que fuéramos paganos.

Es menester que una boda se celebre en un templo

como Dios manda.

-Pero ¿qué más da eso?

Teresa ha pasado muchas penurias.

Se merece ser feliz y celebrar sus nupcias en el lugar que quiera.

Para eso tiene a Fernando, al hombre adecuado para ella.

Están hechos el uno para el otro. Diga que sí,

que hay mucho crápula suelto.

-Ayer mismo, por la noche, en ese establecimiento,

vi a don Mauro con una mujer.

Parece ser que también ha pasado página.

-Teresa, me siento

un poco sofocada. ¿Me acompaña a dar un paseo?

-Aguardad un momento.

Me gustaría deciros algo.

Me he casado con Liberto. (TODAS) ¡Oh!

-¡Enhorabuena! -¿Y les han dejado

casarse por la iglesia? -Sí.

-¡Os tenemos que organizar un sarao por todo lo alto!

¿Y tú, Susana, qué opinas de la boda?

-Yo ya estaba al corriente.

Pero cuando me enteré ya era demasiado tarde para parar eso.

No sé cómo clasificarlo. -Pues lo tienes fácil:

es un acontecimiento muy feliz. -No lo tengo tan claro, Rosina.

Es una vergüenza.

-Algo de razón tiene. Rosina, ya sabes que te apreciamos,

pero casarte con un hombre que podría ser tu hijo no es un asunto

del que puedas estar orgullosa.

¿Cómo os atrevéis a juzgarme así?

Yo lo he pasado muy mal

con la muerte de mi esposo, y después con la huída de mi hija.

He tenido que capear

mil y un problemas,

¿y alguna de vosotras me ha apoyado?

No.

Ninguna de vosotras estuvisteis apoyándome.

¡Mis amigas!

El único que estuvo a mi lado en todo momento fue Liberto,

y tengo todo el derecho del mundo a estar junto a él.

Y ninguna de vosotros tiene la autoridad moral para juzgarme.

Definitivamente Rosina ha enloquecido.

Uf.

¿Haciendo cambios?

Nada, un par de cosas.

Le veo más serio ahora que es comisario.

¿Serio? Anda, siéntese,

y vamos a tomar algo,

que no hay que perder las viejas costumbres.

Hay cosas que no cambian.

La verdad es que no me vendrá mal.

Cada día es más oscuro que el anterior.

Las cosas no mejoran en mi casa.

¿Qué tal las primeras horas en el cargo?

Pues como era de esperar,

bien interesantes.

Cayetana trató de sobornar al comisario del Valle

para que olvidara su investigación.

Esa mujer no dejará nunca de intrigar.

Se quedó con un buen palmo de narices

cuando descubrió que yo era el nuevo comisario.

Hubiera dado cualquier cosa por ver su cara en ese momento.

Blanca como la cera se puso

cuando le dije que iba a ir a por él

con los recursos que me da mi cargo.

Se revolvería como una serpiente.

Bueno, no demasiado.

Pero trató de atacarme recordándome la boda de Teresa.

Por cierto, ¿qué tal le fue con la chica del otro día?

Mal.

Malo. No...

La herida está demasiado fresca para pensar en otra mujer.

Pamplinas.

Un clavo quita otro clavo.

No soy de esa opinión.

No sé si algún día podré superar esto, Felipe.

Mauro, dejando las brabucanadas

a un lado, entiendo su desazón.

A mí me pasa lo mismo con Celia.

Bonito par de desgraciados estamos hechos.

Hasta la pena más grande termina pasando.

El trabajo nos ayudará a salir del bache.

Si es así,

voy a ser el policía más eficiente,

porque nada deseo más que seguir adelante.

Lo importante es que esté convencida del paso que va a dar.

Cómo no iba a estarlo.

Fernando es un hombre estupendo,

educado,

con buena planta,

que cae bien a todo el mundo.

A mí también me parece un hombre muy especial, pero...

Sin duda es una persona de mundo.

¿Y eso es suficiente razón para pasar página?

Fernando es el hombre perfecto.

¿Qué más puedo desear?

Estar enamorada.

No veo en sus ojos el brillo que tiene

una novia en la semana de pedida de mano.

Se equivoca. Le tengo mucho aprecio a Fernando.

Yo también aprecio a mucha gente, pero no me caso con ellos.

Quiero decir que le quiero.

Es posible que...

siga sintiendo una punzada en el estómago

cada vez que oigo hablar de Mauro.

Tiene que sacarle de su mente y de su corazón.

Lo sé.

Pero soy consciente que...

no sentiría algo tan intenso por ningún otro hombre.

A veces es muy doloroso sacar de tu vida a alguien que has amado.

Pero es necesario.

La vida no se detiene por nadie.

Estarás contenta.

Me has dejado en evidencia delante de todas.

-Me ha parecido el momento más oportuno para contarlo.

Es curioso que te hagas tu la víctima cuando los datos

iban dirigidos a mí.

-Te has expuesto innecesariamente.

Tampoco tenías que defender con tanta vehemencia tu amor.

No es como para ir haciendo alardes.

-Lo que hay entre Liberto y yo es tan bello y tan grande

que no hay razón para esconderlo.

Y a quien le escueza que se aguante.

Susana, estoy cansada de tener que ir a hurtadillas

como si fuera un caco.

Harta de ser juzgada por cualquiera.

Nadie sabe por lo que he pasado ni por lo que estoy pasando.

-Supongo que no tener noticias de Pablo y Leonor...

debe ser un auténtico infierno.

-Ya no sé qué hacer, Susana.

¿Estarán bien? ¿Seguirán en ese país?

-No et desasosiegues, Rosina,

mi sobrino está rastreando huellas que hayan dejado.

-Teniendo en cuenta cómo se marcharon de aquí...

Y por todas las penurias

que habrán pasado. -Y la forma de avisarlos,

que no es la más segura.

-Cada día tengo más miedo de que se queden perdidos

en esas tierras salvajes del extranjero.

-Dios quiera que vean el anuncio que has puesto en los periódicos.

-Rosina.

Traigo noticias de la embajada.

-Por tu semblante no debe ser nada nuevo.

-No, no lo es.

Han ingresado a una pareja de españoles

en un hospital de Marruecos.

Al parecer, han tenido un accidente y sufren graves quemaduras.

-¡Ay, Rosina! -¡Rosina!

-¿Qué pasa? ¿Qué le has dicho?

Gracias por abrirnos, muchacho.

Ya puedes largarte.

La señora es una buena amiga y clienta del abogado.

Ya le esperamos aquí nosotras solas.

Como...

queremos darle una sorpresa, tú no le vas a decir ni chus ni mus.

Así que toma estas monedas para que tengas la boca bien cerrada.

Pues aquí tiene la habitación de Felipe.

Igualita que estaba la semana pasada.

-¿Y qué hacías tú aquí la semana pasada?

-Pierda cuidado, que no hice más que ayudar a Lolita a subir maletas.

-Pobrecillo.

Nuestro ropero es más grande

que este cuarto.

No puedo evitar que me dé lástima.

-Déjese de lamentaciones, que tenemos poco tiempo.

-¿Qué quieres que haga?

-Escóndase en ese cuarto quieta y callada.

Le voy a poner delante de sus ojos toda la realidad.

Qué desvergüenza la de doña Rosina.

Asumir sin ningún reparo

su indignidad.

Puedo entender que una mujer añosa se encapriche de un jovencito,

pero de ahí a contraer matrimonio hay un gran trecho.

-Rosina ha llegado muy lejos con Liberto.

Yo les tengo mucho aprecio, pero casarse con el sobrino de doña Susana

es lo más atrevido que ha llegado a hacer.

En el caso de Rosina no me sorprende.

No es la primera locura que hace.

Se encadenó a ese árbol con las revueltas

o cuando acabó con ese matasanos...

Doña Rosina es siempre una caja de sorpresas.

Ya puedo imaginar el esperpento de verles aquí paseando del bracito.

Más de uno va a pensar

que está paseando a su abuela.

-Yo no veo el motivo de burla,

más bien deberían compadecerse.

Ay, bueno, María Luisa, tú eres demasiado joven y sentida.

Sí.

Supongo.

Debo dejarlas, señoras. Con Dios.

Con Dios.

Debo dar una importante noticia.

Huertas, ¿qué haces aquí?

¿Cómo has entrado?

-No ha sido difícil. Ya me conocía el camino.

-¿Dónde está tu amigo?

-No ha podido venir.

Andaba muy ocupado el pobre.

-Me has engañado con lo de tu compañero, ¿no?

-Yo no te engañaría por nada del mundo.

Te aseguro que mis intenciones contigo son muy buenas.

"Mauro es el nuevo comisario".

Eso no nos beneficia a ninguna de las dos.

No. Ahora tendrá mucho poder.

Y no va a dudar en utilizarlo en nuestra contra.

Seguro que es él el que estaba preguntando

sobre su indulto.

Sí, y como siga se va a descubrir todo.

Temo que esta vez acabe con nosotros, Ursula.

Me tiene que ayudar a cortarle las alas.

¿Qué quiere que haga?

Está claro.

El nuevo comisario ha de morir.

¡Alto! ¡Quieta ahí, Fabiana!

-¡Contra! ¡Qué mosca le ha picado!

-La de la generosidad.

Hoy vamos a desayunar como reyes.

Bollos de la chocolatería recién horneados. Convido yo.

Para que luego digan que no tengo detalles.

-¡Arrea! ¡Pues sí que se dio usted fuerte en la cabeza, Servando!

¿Qué es lo que se celebra?

-La aprobación de la junta para poner el ascensor.

-Nos reuniremos con Celdrán.

Es un joven recién graduado en química

por la universidad

que ha descubierto una fórmula para tintar el cabello

de forma permanente.

-¿Tintar el cabello?

¿Y qué negocio hay ahí?

-Te asustarías. -"¿Ha ocurrido algo?".

Me está asustando.

-Casilda.

Voy a pedirte una cosa, pero no puedes ninguna pregunta.

-¿Son noticias sobre Pablo y Leonor?

-Ninguna pregunta de ningún tipo.

Prométemelo, Casilda.

-Se lo prometo por los clavos de Cristo.

-Ayúdame a hacer la maleta.

Liberto y yo nos vamos de viaje. -¿Adónde van?

Tu padre tiene la mosca tras la oreja y sospecha.

-Cierto. Yo también lo he notado.

Pero no de ti.

No imagina que mi vigilante sea mi enamorado.

-Igualmente deberíamos tener más cuidado.

Si se entera sería terrible.

-"Bueno, cuenta".

No te dejes ningún detalle. ¿Qué sucedió? ¿Fuiste?

¿Y te escondiste?

-Detrás de una puerta.

-¿Y bien?

-Felipe no lo esperaba.

Él pensaba que había quedado con un amigo de Huertas por unos asuntos.

Pero le dijo que el amigo no había podido llegar y que estaban solos.

-Vamos, que se le insinuó.

Le dijo que podían aprovechar para pasar un buen rato juntos.

-¿Y qué hizo Felipe?

-En cuanto tenga ajustado el pecho y le haga unos remates,

le haré llegar el vestido.

Se lo subirá un mozo, se lo prueba y me dice cómo le está.

Se lo agradezco.

¿Acaso no le agrada?

Sí, ¿por?

No parece usted muy contenta. ¿A qué viene eso?

Teresa está contentísima.

Cualquiera diría que se va a casar usted. No parece una novia muy feliz.

¿Elvira?

Pienso en lo importante que son los amigos de Cayetana

y en lo peligrosa que es si se siente amenazada.

Quizá esa sea la forma de hacerla caer.

Quizá deba agitar el avispero para que se ponga nerviosa

y empiece cometer errores,

y en uno de esos..., pillarla.

Espero que salga ileso de todo esto.

Yo también.

Yo también lo espero.

-"Así que Mauro

San Emeterio".

-Ese hombre se ha convertido

en una piedra en el zapato;

alguien cuya existencia hace que la nuestra

sea más complicada.

-No me gusta mezclarme con la policía salvo en este caso.

-Lo entiendo.

Es mucho más peligroso no acatar las órdenes

de doña Cayetana. -Desde luego.

No se apure. Lo haré.

Mauro San Emeterio tendrá una muerte a su altura.

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  • Capítulo 463

Acacias 38 - Capítulo 463

27 feb 2017

Simón amenaza a Susana por robarle sus objetos personales y le dice que no entiende por qué insiste en rechazarle como hijo. Susana se muestra dura y le reprocha que no le pidió que reapareciera en su vida. Elvira invita a una cena íntima a Simón, hacen el amor y se quedan dormidos hasta el amanecer. Elvira llega a casa del altillo y Arturo está a punto de pillarla, pero ella le miente. Arturo no acaba de creer a su hija y ordena a Simón que intensifique su vigilancia.

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  1. María Jesús

    Estoy un poco cansada de esta serie siempre matan a los mejores y resucitan alas uracas de verdad que aburrimiento ya pueden cambiar a los escritores porque se van cargar la serie

    02 mar 2017
  2. Sonia

    Me parece fatal k Cayetana y Ursula siempre se salen con las suyas y me parece k es una locura se casó con Liberto k podría ser su hijo y k rápido se ha olvidado del pobre Maximiliano y a lo d Teresa no entiendo pq no abre los ojos y ve k Cayetana le está haciendo la daño y k no se case con el baboso d Fernando

    01 mar 2017
  3. La gringa

    Los guionistas necesitan una evaluacion urgente con un buen psiquiatra, que fijacion tienen con el crimen. Si viviera cerca de ellos me cambio de localidad con urgencia. Ah y si se cargan a Mauro adios acacias, me dedicare a leer buena literatura, esto es un bodrio de lo peor.

    28 feb 2017
  4. José

    He visto y leído guiones malos pero este...Por favor falta sólo escenas de " lesvis"

    28 feb 2017
  5. Gaviota 143

    POR FAVOR...SUPLICO A LOS GUIONISTA NO MATEN A MAURO, LO MÁS LÓGICO ES QUE SI SE QUEDA SIN TERESA, PUEDA HACER JUSTICIA Y PILLAR A CAYETANA...PIENSEN ESTE FINAL, DECEPCIÓN TOTAL SI LO HACEN

    28 feb 2017
  6. Rosa maría

    Sí muere Mauro para mi Acacias habrá terminado. Como pueden permitir esto los guionistas? Osea que la moraleja es que triunfen los malvados que sus numerosos crímenes se queden en la nada, así sin más. Cuando va ha despertar la tonta de Teresa manipulada hasta la médula. La serie ya no tiene sentido

    28 feb 2017
  7. Marilena

    Es increíble que en esta serie los malos siempre salgan victoriosos, o las malas. Aunque tampoco trago al gandul de Servando, increíble su papel también. Desde luego como definitivamente se carguen a Mauro una servidora se despide de Acacias 38 para siempre. Ya lo que faltaba, que ni siquiera la Justicia se haga con estás dos lagartas de Cayetana y Úrsula. Pues nada, por mi que se vayan de rositas todos.

    28 feb 2017
  8. pilo

    Mauro no debe morir..., entre todos los enamorados de acacias el de Teresa y Mauro es el mas bonito. Se q se va a casar la tonta de Teresa con el baboso de Fernando, pero no maten a Mauro, pq sé q para mi acabó acacias.

    28 feb 2017
  9. Aurora

    He estado leyendo lo que pasa esta semana. No estoy de acuerdo con los acontecimientos que he leído. Por ejemplo la muerte de Mauro, Cayetana lo manda matar. Cuando, está mujer pagará por todo el daño que ha hecho y por todas las muertes que lleva en su conciencia. Aparte era una historia de amor tan linda, no me parece lógico que muera Mauro.

    28 feb 2017
  10. Alba

    Simón tiene 34 años, las estampitas que le envió Susana van de 1867 a 1901. Se debió quedar embarazada cuando ya era viuda. Víctor debe ser más joven. La verdad es que el actor que hace de Simón aparenta menos edad.

    28 feb 2017
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