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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 462 - ver ahora
Transcripción completa

Lleva este sobre al tercero izquierda y deprisa.

Que hagas un recado no significa que tengas el día libre.

Vamos a darnos prisa nosotros también.

Hay que firmar muchas invitaciones.

A ver si os voy a tener que azuzar.

Vamos, a firmar.

"Tu marido, si es que todavía debo llamarlo así,"

no atendía a razones.

Casi tengo que recurrir a la fuerza bruta para que salga de aquí.

-¿Cómo así? -No se iba ni con aceite hirviendo.

-Pobre Felipe.

-¿La pena te hace retroceder?

-No, pero es de cristianos sentir compasión.

-"Tengo buenas noticias".

La propuesta de que sea mi sustituto ha sido aprobada.

Seré el primero.

A sus órdenes, mi comisario.

"He pensado en regalarte"

el vestido de novia. No es necesario.

Sé que es algo que suelen hacer los padres.

Pero como somos huérfanas y estamos solas en el mundo, he pensado que

me gustaría ejercer de hermana.

Más que una hermana.

"He cometido errores,"

pero no olvides los aciertos. Pase lo que pase,

yo te seguiré amando.

-Separarnos es lo mejor que podemos hacer.

Por favor, vete.

-"Tenemos nuestros asuntos al día".

Por la ley de los hombres y por la de Dios.

-¡Dejad de hablar en clave!

-Que me he casado. -Conmigo.

-Pero ¿estáis locos?

-"Viene muy bien acompañado".

Guapa. Es solo una vieja amiga.

Dudo que haya tenido una amiga tan atractiva sin tener deseos.

Ahí le doy la razón, truhan.

Los planos de nuestra casa. ¿Ya están? Qué premura.

No son los definitivos.

Es una aproximación que me ha hecho un amigo arquitecto.

Habrá hecho muchas habitaciones.

Claro, pero si quieres, podemos pedirle que haga más.

Quiero tener muchos niños.

Carmen.

Lo siento.

Lo siento, no quería infundirte vanas esperanzas.

Mira, eres preciosa.

Cualquier hombre estaría orgulloso de que te fijaras en él.

Pero no estoy preparado para empezar una relación.

Y dudo si algún día volveré a estarlo.

Ya sabes que hubo una mujer en mi vida.

Y no logro olvidarla.

Esa mujer no sabe lo que se ha perdido.

He sido yo el perdedor.

Vamos, Susana, que tampoco es para que te pongas así.

-¡Calla, descocada, vampiresa, asaltacunas!

Y perdóname, Dios mío, por tan malas palabras.

-Tenga, un vaso de agua. A ver si se le pasa el sofoco.

-Al menos, se callará.

-¿Cómo se os ha ocurrido hacer semejante barbaridad?

¿Y dónde? ¿Y por qué?

-Porque nos ha salido del alma. ¿Verdad, querida?

-Del alma y de donde nos tiene que salir, de la peineta.

-Fue algo improvisado, la mar de natural.

Mientras visitábamos una ermita del campo salmantino,

nos entró tal arrobo y entusiasmo,

que hablamos con el cura para que oficiara los esponsales.

-Y así lo hizo,

después de publicar las amonestaciones, eso sí.

-Lo cierto es que nos queremos tanto,

que vamos a regularizar nuestra relación

ante Dios y ante los hombres,

con el único objetivo de no dar más que hablar.

-Esos párrocos rurales

son muy fáciles de manejar.

¿Qué queréis que os diga?

Como católica, me parece una auténtica vergüenza.

-Por favor,

no exageres, precisamente nos hemos casado

para no vivir en pecado, y así lo entendió

el mencionado padre.

-Qué vergüenza... El coronel Valverde.

va a poner el grito en el cielo. -El coronel Valverde

se va a tener que envainar el espadón y sus ideas.

-Pero ¿has pensado en tus pobres padres?

-Pues sí, tanto he pensado en ellos,

que les he redactado una carta contándoles los pormenores.

Tienen que aceptarlo, tía.

Rosina y yo nos queremos,

y ahora estamos unidos en santo matrimonio.

Así que nada puede hacer para evitarlo.

-Eh, muchas cosas podría hacer,

pero sea.

Haré como si me pusiera una venda en los ojos.

Ahora,...

lo que no podré evitar es el qué dirán las gentes de bien

cuando se enteren.

-Eso déjenoslo a nosotros, tía.

-Me trae sin cuidado lo que digan.

Como si no tuviera cosas más importantes por las que preocuparme.

-¿Sí? ¿Sí, Rosina? Dime una. -¡La situación de mi hija

y de mi yerno para no ir más lejos!

No sabemos nada de ellos.

-Pobres...

Si regresan, tendrán que enfrentarse a los cuchicheos de las vecinas.

¿Y por ellos? No.

Por ti, Rosina, por ti,

que no sabes vivir sin dar qué hablar.

-Me encargaré de que esté arreglado cuando aparezcan.

Si es que aparecen.

Ya les comunicaré yo nuestro enlace a las vecinas

cuando encuentre el mejor momento.

-No hay buen momento para tamaña noticia.

-Descuida, que no va a llegar la sangre al río.

-Chist.

Pero mientras, usted a callar.

¿Eh? Ni una palabra.

-Eso, Susana.

Contamos

con tu absoluta discreción.

(Pasos)

¿Te encuentras bien, hija?

-No, madre.

Bien no.

Son muchos recuerdos entre estas cuatro paredes.

-Pero no todos

son buenos, ¿verdad?

-Verdad.

Pero aun así, no consigo sentirme liberada

del todo.

He visto a Felipe.

-Mal hecho.

Creo que me sigue queriendo.

Temo haber sido demasiado implacable con él.

-Es normal que te asalten las dudas, hija,

pero no cedas, por favor.

-No lo sé, la verdad.

Nos juramos ante el altar que nuestro matrimonio era para siempre,

y si él me quiere,...

¿no debería intentar quererle yo también?

-No, hija, no.

Tu corazón habló hace tiempo.

La vida junto a él te resultaba insoportable.

Era una prisión asfixiante,

Celia,

no dejaré que te asalten las dudas.

-El Señor estableció el matrimonio

La nulidad nos la inventamos nosotros.

-¿Sabes lo que te pasa?

Que estás dando un paso

que muy pocas mujeres se atreven a dar,

aunque muchas sueñan con hacerlo.

Recorres un camino

completamente nuevo y desconocido, hija.

Y es normal que titubees en cada cruce.

-Pero ¿y si cada titubeo va llenando mi alma de negrura?

-No, mi pequeña. No, al contrario.

Cada bifurcación del camino,

cada duda superada,

debe ser

una liberación, mi amor,

un acicate para enfrentarte a la siguiente.

No quiero que tú seas una de esas mujeres

que no sabe vivir sin un hombre, Celia.

Vamos a hacer de ti una mujer fuerte, sí,

emancipada,

capaz de tomar sus decisiones y de ser feliz con su autonomía.

-Dicho así

no puedo quitarte razón,

pero no sé si conseguiré esa autonomía.

-Yo sé que es difícil, hija,

pero no cedas.

Ármate de valor, por favor, te lo pido.

-Te guste o no, yo siempre he vivido con un hombre.

Y Felipe siempre ha tomado las decisiones por mí.

-¿Y qué?

¿Qué vas a hacer?

¿Ceder ahora con todo lo que llevas ganado?

¿Volver con él

para que te humille de nuevo?

-Tal vez se haya reformado.

-Yo no te crié para que creyeras en cuentos de hadas, Celia.

Si vuelves con él,...

en cuanto te des la vuelta, estará en brazos de Huertas

o de cualquier otra mujer.

Y eso no va a suceder, ¿eh?

No mientras yo pueda evitarlo.

Buenos días, San Emeterio.

Buenos días, comisario.

Le traigo la confirmación de su nombramiento.

¿Tan pronto?

Pensé que se demoraría más. Ya ve usted que no.

En este memorándum le citan

para que firme los papeles para su ascenso.

¿Cuándo?

Hoy se tiene que presentar en el ministerio de Gobernación.

Saldrá de allí siendo comisario.

Mi más sincera enhorabuena.

Quizá esa enhorabuena la merezca usted más que yo.

Suyo ha sido todo el mérito.

No diga eso, Mauro,

no son formas de empezar un mandato.

Si yo le he propuesto y el ministerio lo ha aceptado,

es porque usted ha hecho los méritos suficientes.

No dude de nuestro sistema.

No, por favor.

Dios me libre de dudar de nuestra sacrosanta burocracia.

Aquí tiene.

Y dígame,

ahora que casi somos del mismo rango,

¿tiene su lugar dispuesto a recibirle con su nueva vida

y su caña de pescar? Casi.

Un sitio tranquilo,

sobrio, sencillo...

Aire puro,

mi santa esposa y mis infantes.

Vida tranquila para todos.

Lejos de la maldad de nuestras ciudades.

No sabe cómo le envidio.

Ya le llegará su momento, comisario.

Ahora tiene que ser nuestro adalid contra los malvados.

Espero estar a la altura.

Espero no, tiene que estarlo.

Mi momento de retiro ha llegado,

pero recuerde que usted me prometió seguir luchando.

Sobre todo en el caso de Cayetana Sotelo-Ruz.

No quiero ni la más pequeña duda.

Descuide, ha sido un momento de nostalgia por su marcha,

pero no cejaré.

Voy a seguir a esa mujer como un lobo en celo,

y no me detendré hasta acorralarla.

Y darle la puntilla.

Así será.

Vaya tranquilo.

Mucha suerte, san Emeterio. Gracias.

Espere, comisario, antes de que se marche.

Diga usted.

Quiero saber los nombres de los funcionarios

que estaban en la reunión del indulto de doña Cayetana.

¿Piensa usted investigar a los funcionarios de la monarquía?

Si es necesario...

Algunos han ayudado a Cayetana a evitar su castigo.

Bien vale que eche una ojeada a sus expedientes, ¿no cree?

Es su investigación, comisario,...

aunque... de poco le puedo ayudar,

solamente identifiqué a uno de ellos.

Será un hilo del que tirar.

Secretario Giner.

Del ministerio de Gobernación.

Hoy mismo, cuando tenga que firmar los papeles, hable con él.

Secretario Giner.

Gracias.

Mucha suerte, san Emeterio. De verdad que se la deseo.

Gracias, comisario.

De verdad.

¿Qué te pasa, cariño?

Apenas has probado el desayuno.

-No tengo apetito.

-¿Y eso?

Después de la noche que hemos pasado, me comería a Cristo por los pies.

-No seas blasfemo.

-Cómo estamos hoy por la mañana.

-Estoy preocupada.

Por más lejos que estén,

Leonor y Pablo deberían haber dado noticias de vida.

Hemos publicado la nota en todos los periódicos.

-Todo se andará, cariño.

Solo debemos tener paciencia.

Cuando menos lo esperemos, tendremos noticias.

-Me gustaría estar tan segura, pero no siempre termina todo con:

"Vivieron felices y comieron perdices".

-No desesperes.

-¡Felipe!

¿Puede acercarse un momento?

-Doña Rosina, don Liberto...

Faltaría más.

Me alegra encontrármelos por aquí.

Hacía tiempo que no les veía.

¿Dónde se habían metido?

-Estábamos casándonos.

Vamos, que nos hemos casado.

¿Tiene un minuto,

don Felipe?

Bueno, uno a uno.

Liberto y yo nos hemos convertido a los ojos de Dios en marido y mujer.

Querido, ¿de qué te extrañas?

-Pensé que íbamos a mantener la discreción.

-No, querido, yo iré informando a los vecinos

cuando considerara el momento oportuno.

Y mira tú por dónde,

este me lo ha parecido para contárselo a don Felipe.

-Y ha hecho usted bien.

Uno como abogado está curado de sorpresas.

Eso no significa

que no me pique la curiosidad.

¿No estaba en relaciones con don Arturo?

Y usted, don Liberto, ¿no pretendía a la señorita Valverde?

-Abracadabra.

Lo que antes era, ahora ya no es.

Y ahora somos esposo y esposa. No hay más que decir.

-Y no seré yo quien lo haga.

-Nos queremos.

Mucho.

¿No habría de ser eso suficiente?

-Lo es.

Lo es, señora.

Siempre que triunfe el amor

es motivo de alegría.

-Eso sí, le ruego que sea discreto. Como he dicho,

queremos informar nosotros a los allegados.

-Descuiden.

Mi boca estará cerrada.

-Agradecida.

Y ahora, ¿le puedo hacer una consulta?

-Las que quiera. -Estamos muy preocupados

por la falta de noticias de mi hija y de mi yerno.

-Aparecerán.

Hemos publicado la noticia incluso en Marruecos.

-Por eso precisamente, Felipe,

¿no deberían haber mandado ya una carta o un telegrama?

¿Y si no están en condiciones de leerlos?

-¿Qué podía impedírselo?

-Que estuvieran en un hospital. Dios no lo quiera.

O en presidio, sí.

Puede pasar cualquier cosa.

¿No es cierto, don Felipe?

-No seré yo quien diga que no.

La posibilidad de que no tengan acceso a la prensa existe, claro.

-¿Y cómo podríamos saber eso?

-Lo primero, no te alteres, cariño.

Los nervios no sirven para nada.

No solucionan nada, al contrario.

-Liberto tiene razón.

Su marido. -Sí, pero no cabe en cabeza alguna

que me quede de brazos cruzados.

-Yo le exijo tanto.

Hablen con las representaciones de Marruecos en nuestro país,

consulados, embajadas,

y que pregunten por españoles detenidos

u hospitalizados. -Ay, por Dios.

Dicho así suena peor

que como lo había pensado. -No te preocupes, mi amor,...

yo me encargaré de todo.

-Gracias.

¿Ha pasado buena noche, señor?

-Me alegro mucho de verle, Gayarre.

-Lamento regresar con un día de retraso

-Lo importante es que el embajador haya quedado satisfecho

con sus servicios.

¿Ha sido así?

-Hasta donde yo alcanzo, así ha sido, señor.

Le manda recuerdos junto con su agradecimiento.

-Entonces, pelillos a la mar.

Supongo que es consciente, pero se lo recalco de todos modos,

siempre que sea posible, debemos llevarnos bien con los diplomáticos.

-Eso he intentado, señor.

-Bien, Gayarre, muy bien.

Muy pronto entenderá lo mucho que significan mis palabras de hoy.

-Aguardaré con impaciencia, señor.

¿Está el señor solo en casa? -No, Elvira está en sus aposentos.

O, al menos,

eso espero.

-¿Por qué no habría de ser así, señor?

-Porque con mi hija

no se puede afirmar con seguridad.

Gracias a Dios que está usted aquí para controlarla.

Céntrese en su vigilancia y en la casa.

Por ejemplo, en la cocina. Está todo manga por hombro.

-Sí, señor. ¿Va a salir?

-Sí.

Ahora que está usted por aquí, podré hacer vida de hombre libre.

Me voy al Ateneo a una tertulia.

Dejo el castillo en sus manos.

-Despreocúpese, señor.

Coronel, últimamente se está tomando

muchas libertades. Esto ha de acabar.

Espera.

Será mejor

que no nos acostumbremos a esto.

Qué agonías.

No lo sabes tú bien.

No he podido dormir estos días pensando en ti y en tu seguridad,

y en cómo solucionar esto.

¿Has tenido problemas con tu padre?

Ninguno.

Parece que ha cambiado.

No es que me tenga por la niña de sus ojos,

pero se ha tranquilizado.

¿Por qué tenemos que hablar de mi padre?

Si supieras cuánto te he echado de menos,

me abrazarías y nos olvidaríamos de todo.

No puedo.

Aquí no, no en casa del coronel Valverde.

Te lo haría pagar bien caro.

No quiero separarme nunca más de ti, nunca.

Ni yo, pero debemos ser cautos.

Me he pasado el día pensando en ti y en tu regreso.

¿De veras?

Te he preparado una sorpresa de bienvenida.

Espero que no sea nada peligroso.

Descuida.

Nadie se enterará.

Estaremos los dos solos.

Lolita, quería agradecerte

cómo has cuidado la casa en mi ausencia.

-Es la obligación de una, señora.

-Vaya.

No estás tan dicharachera como de costumbre.

-Por la boca muere el pez y no ha llegado mi hora, doña Celia.

-Bueno, pero si te hago alguna pregunta, sí me contestarás, ¿no?

-Preguntas... A mí no se me dan, que me aturullo.

-Ya verás como no.

Me gustaría saber,

con tus propias palabras,

cómo se ha comportado Felipe en mi ausencia.

-Si ya sabía yo que por ahí iban los tiros del trabuco.

Con "to" el respeto del mundo, doña Celia,

es que su señora madre no quiere que una hable de estas cosas.

-No te preocupes por mi madre, yo soy la señora de la casa.

Es a mí a quien debes obediencia.

Contesta, por favor.

-Si no hay más remedio...

"Pos" verá usted,

don Felipe las ha "pasao" canutas.

No era él, era como un alma en pena.

Siempre recordando a la señora.

Tenía que haberle visto cuando su madre le dijo

que tenía que marcharse de la casa. Como si le echan de la patria.

-No creas que yo me siento contenta con esta situación,

al contrario,

me da mucha pena Felipe,...

pero tenía que hacerlo.

Tú lo entiendes, ¿verdad?

Tú piensas lo mismo que el resto del barrio,

que una mujer no debe abandonar a su marido.

¿No es eso?

-¿Una qué va a saber?

-No, si no te lo estoy reprochando.

Solo...

constato un hecho.

No es de extrañar que,...

que os parezca extraño.

Nunca habíais visto

a una mujer separarse así de su marido, a las bravas.

En mi pueblo, las únicas que se han "desprendío" de sus "maríos"

son las viudas, y dicen que se les aparecen para no dejarlas

vivir tranquilas.

-Lolita,...

tenía que hacerlo.

Tú lo entiendes, ¿verdad?

No podía vivir pendiente del qué dirán.

Necesitaba ser yo.

Apenas me conozco.

Siempre he sido el reflejo de un hombre.

"¿Cualo?".

Dispense, pero es que no entiendo ni jota.

-Tú te llevas ganando las habichuelas desde cría,...

sola, independiente,

pero yo no.

Yo solo he sido eso, el reflejo de un hombre.

Apenas me conozco.

Quiero ser yo misma, recuperar mi dignidad.

-"Pos" "mu" bien, señora.

"Mu" bien.

Pero don Felipe va a salir "perjudicao" con su descubrimiento.

-Yo no le deseo nada malo a Felipe,

al contrario,...

pero no volvería a vivir con él jamás.

-No se me venga abajo, señora.

-Solo estoy hablando en voz alta.

Quiero que Felipe sea feliz, pero no a mi costa.

-A servidora también le da pena.

Que es que su marido, o lo que sea ahora,

es de los que ya no hay muchos.

-¿Por qué dices eso? -Toma.

Cuando vine, él estaba incapacitado, y usted, en un sanatorio.

Sé lo que se empeñó

"pa" recuperarla a usted, lo daba "to" el hombre.

-Sí, fueron tiempos difíciles.

-Y a mí también me da pena.

¿"Pa" qué la voy a engañar?

-¿Y crees que no lo he pensado?

¿Crees que no lo he tenido en cuenta?

Te aseguro que más de una vez y de dos

he pensado en arreglar nuestro matrimonio, pero ¿para qué?

Mi madre tiene razón.

¿Para volver a lo mismo...

al mes, o peor, a los 15 días?

-Una no es quién "pa" advertir,

pero lo mismo don Felipe ha "cambiao" desde que usted se fue.

-No ha cambiado

ni cambiará nunca.

Lolita,...

tienes la lengua muy larga.

Yo sé que lo haces con la mejor intención,

pero mi hija y yo

preferiríamos que dejaras de entrometerte en nuestros asuntos.

¿No tienes nada que hacer en la cocina?

-No pagues tu mal humor con la muchacha.

He sido yo quien ha insistido.

-Para comentar de tu esposo me tienes a mí.

Sea como sea, está todo hablado.

No dudes, hija,

no te pongas sentimental. Piensa en lo que has sufrido con él.

Tú ahora, para ser una mujer independiente de verdad,

necesitas centrarte en tu futuro.

Tu futuro como dueña de tu vida.

-Lo intento, madre, lo intento con todas mis fuerzas.

-Pocas me parecen.

¿Es que no lo tienes claro todavía?

A ver, caballerete, tú aquí.

Y tú, Tirso, aquí.

Queridos alumnos,

hoy empezamos con nuestras clases de apoyo.

Habéis entrado a formar parte del ala norte,

pero debéis alcanzar pronto el nivel del resto de los alumnos.

Lo conseguiréis enseguida, no os quepa duda.

De modo que ánimo,

y a gastar esos codos.

Antes de comenzar con el programa,

queremos conocer vuestro nivel.

Cómo vais de lectura.

Tirso, ¿quieres leernos un cuento?

Este. "Pulgarcito".

¿Lo conoces?

No te avergüences por no conocerlo,

es incluso mejor.

Así puedes disfrutar

del libro a la vez que nos muestras tus habilidades con la lectura.

Cuando quieras.

"É-ra-se...

una... vez...

unos

len...,

leñadores...

mu, muy pobres".

"Muy pobres".

"El más pe-que-ño...

de todos,...

que era...

tam, también

el más astuto,...

nació...

muy

pequeño,...

del ta, tamaño...

de un pulgar".

"Y por eso

le llamaban...

Pulgarcito".

"Y cuando Pulgarcito salió de casa

él solo por primera vez,

se dio cuenta de que lo que más le gustaba

era conocer mundo".

"Y se puso a caminar

y a caminar sin mirar atrás".

"Valiente".

"Y en uno de esos pueblos,

Pulgarcito encontró una puerta".

"Era una puerta que brillaba una barbaridad".

"Y se acercó muy contento de haber encontrado un prodigio".

-Ni siquiera está leyendo "Pulgarcito".

-"Era muy grande

y bonita".

No lo está leyendo, es pura imaginación suya.

Así no podrás evaluar su nivel de lectura.

Lo sé,...

pero no hay mucha gente que sepa captar así la atención de los niños.

-"Y cruzó".

La puerta era la entrada a un mundo maravilloso.

Se llamaba "El país del ámbar".

Y a sus habitantes les encantaba.

Aunque no todo era alegría en ese mundo de fantasía.

Había dentro bichos malos que querían cargarse

ese mundo tan fetén.

Me gusta este muchacho.

Es capaz de enmendar la plana a los hermanos Grimm de carrerilla.

Susana.

Qué bien que te encuentro.

Así podemos charlar al sol, bien sabe Dios que me conviene.

¿Verdad? Yo también aprovecho estos días tan buenos

para salir a realizar algunas de mis tareas.

Te veo muy bien,

querida amiga. Bueno. ¿Y por qué no iba a estarlo?

No digo yo que no debas, al contrario,

pero sabiendo lo mucho que has sufrido...

Bueno, eso ya está olvidado, Susana.

Vuelvo a ser la de siempre, o mejor.

Y yo que me alegro.

También parece que Fabiana ha sacado nuevas fuerzas tras su,...

llamémosle, accidente.

¿Quién nos lo iba a decir? Que Fabiana abandonaría tu casa

y se pondría al frente del quiosco.

Sí, pero yo me alegro por ella.

Después de toda una vida de servicio, tiene su recompensa,

aunque sea con un comercio modesto que no dé muchas ganancias.

Tiene derecho a prosperar.

Aunque sea poco. Claro, claro.

Ni yo misma lo hubiera explicado mejor.

¿Y qué se te ofrece?

Vengo a encargarte el vestido de novia de Teresa.

¿Y sabes qué modelos le podrían gustar a tu amiga?

Quiero que sean del mejor género,

y en cuanto a los gustos de Teresa,

creo que le agradaría que se pareciera... a este.

Lo recuerdo.

Precioso, desde luego.

¿Crees que podrás confeccionarlo?

La duda ofende.

Ten por seguro que Teresa será la novia más bonita que hayas visto.

Yo misma subiré a tomarle medidas. Perfecto,

no esperaba menos de ti. Agradecida.

Y cuídame la fotografía.

-Tiene usted problemas. ¿Y cuándo no?

No se lo tome a broma, es muy serio.

Alguien ha estado en el ministerio de Gobernación

haciendo preguntas sobre su indulto.

¿Cómo le han llegado esas noticias?

Me ha llamado un conocido.

Pocas cosas hay en esta ciudad que se me escapen.

¿Tiene usted idea

de quién puede estar indagando a estas alturas?

No hay que ser muy inteligente para saberlo.

El comisario Valle o alguien cercano a él,

pero descuide, que esta misma tarde me encargo.

Puedes estar tranquila,

no volveré a molestarte...

nunca más.

Adiós.

Adiós, hija mía.

Ya se lo decía ayer a tu marido, Trini,

instalar un ascensor sería un gran adelanto para la finca.

Por no hablar del prestigio que nos daría.

-Claro.

Oye, ¿Celia no está?

-No, ha ido a la iglesia a prender unos cirios.

No me gusta tal costumbre, pero si la tranquiliza...

¿Necesitas algo?

¿Llamo a Lolita? -No, déjalo, era solo curiosidad.

Me has citado solo para hablarme del asunto del ascensor.

-Pues sí, no te voy a engañar, Trini.

Creo que tenemos que ser nosotras,

las señoras,

las que le demos un empujoncito a este asunto.

Si lo dejamos en manos de los varones, nos eternizamos.

-Si a mí no hace falta que me insistas,

y menos en la utilidad del cacharro ese.

Anda que no iba a ir yo señorona en una caja de esas...

-(RÍE)

¿Cuento contigo entonces?

-He dicho que me gustaría,

pero también tengo que entender a Ramón.

Consuelo,

es una obra de padre y muy señor mío

por no hablar del gasto.

Entiendo que haya algunos vecinos que se nieguen.

-Se negarán por poco tiempo.

Tú déjamelo a mí, que los voy a convencer a todos.

Uno por uno si hace falta. Sí.

Y además, ¿por qué se van a negar?

Esto es una cuestión de comodidad,

de salud, en algunos casos.

De prestigio, Trini. -Si a mí me parece

de perlas, me parece el futuro.

-Eso que tú llamas el futuro,

es ya en muchas ciudades el pasado.

Si queremos salir

del oscurantismo de este país, tenemos que darnos prisa, querida.

-Del oscurantismo y de deslomarse por las escaleras.

¿No te digo que me tienes convencida del todo?

-Menos mal

que me ha oído Lolita. Llevo media hora tocando.

¿Me ha mandado llamar, Consuelo? -Perdóname, Rosina,

estaba enfrascada en la discusión sobre el ascensor

y se me ha ido el santo al cielo. -Cuénteme ya, que ando muy ocupada.

-¿Se trata de Pablo y Leonor?

-Estoy que no me llega la camisa al cuerpo.

Deberían saber que pueden regresar.

-Dales tiempo, mujer. -Eso intento, Trini,

pero es que me da una fatiga horrorosa no tenerles ya junto a mí.

Ando desasosegada sin saber por qué no leen

las noticias. -El mundo es muy grande, mujer.

Pero tú tranquila,

ya verás cómo pronto les llega la noticia.

Te voy a hablar yo de temas más frívolos

a ver si así se te va de la cabeza ese pesar tuyo.

El invento de Servando, según él,

el ascensor.

¿Has pensado en este asunto, Rosina?

-Lo justito.

-Pues justamente

le estaba comentando a Trini lo atrasados que nos estamos quedando.

En las ciudades más importantes del extranjero, los edificios

de la categoría del nuestro, cuentan con la comodidad

de subir y bajar las escaleras mecánicamente. ¿Tú que opinas?

-¿Cuánto cuesta? -Descuida,

te lo puedes permitir.

-Claro que sí. Una cosa es que pueda

y otra, que quiera.

¿Qué tiene de malo subir las escaleras a pie como toda la vida?

Dios nos hizo con dos piernas.

-También nos dio fecha de caducidad.

Si ahora te niegas a la mejora,

ya te arrepentirás en unos años

cuando esas dos piernas

te empiecen a fallar, mujer.

¿Qué no darás entonces por tener un ascensor que te suba?

-Aún queda mucho para eso.

Además, yo no vivo en la finca, que suba y baje el coronel por mí.

-¿Y si vuelves algún día?

Rosina,

que ya no eres una muchachita.

¿Querrás una vida muelle?

-Perdone, Consuelo, pero me siento más joven que nunca,

y más ahora que me...

Eso, que me siento más joven que nunca.

-No seré yo quien lo niegue,...

pero, Rosina, sabrás que la juventud no es eterna.

-No voy a hacer más gasto en ese piso.

Bastante me he gastado en la reparación

de las dichosas campanitas.

-Piénsatelo. Te lo ruego. -No tengo nada que pensar.

Bueno estaría que gastara mi dinerete

en hacerle la vida más fácil a mi inquilino.

He dicho que no y es que no.

Siéntate, Tirso.

Está usted enfadada,

¿verdad, señorita? ¿Yo?

¿Por qué?

Porque me ha separado de los otros.

No, qué va.

Es solo que...

estamos extrañados con tu conducta. ¿Lo ve?

-¿Te han regañado muchas veces?

-Unas cuantas. Siempre que no digo lo que pone en los libros

y me lo invento.

Nosotros no vamos a regañarte.

Al contrario,

estamos muy impresionados

con la imaginación que le pones a la,...

digamos, lectura.

Te felicito por ese derroche.

Ahora bien,

a cambio de nuestra manga ancha, nos gustaría que nos dijeras

por qué te has negado a leer el libro.

¿Es que no sabes las letras?

No.

Es que no las veo.

-¿Y eso?

-Se me emborronan.

Me dijeron que necesitaba lentes.

¿Por qué no las llevas? ¡Toma!

Porque no tengo parné.

No se amuelen, no me hacen falta,

ni lentes ni nada.

Ni libros.

Me inventaré las historias que me dé la gana.

Tienes que leer como todos los niños.

No,

yo escucho fetén y aprendo a escape.

-¿Dónde están sus padres?

Tirso, respóndeme,

¿cuántos años tienes?

-Ocho.

Y soy huérfano.

Que no me había dado tiempo a decirlo.

-¿Sabes qué vamos a hacer?

Vamos a ir al médico para que te haga unos anteojos.

Para que puedas leer como los demás. ¿Te parece bien?

-¿Es un trato?

-Es un trato.

No te importa hacerle este favor a doña Trini, ¿verdad?

-Qué me va a importar limpiar allí o aquí,

al final nos acostaremos a las tantas hagamos lo que hagamos.

Oye, ¿quieres que te cuente un chisme "pa" hacer más corto el laboro?

-Los chismes son como el agua de mayo, siempre "bienveníos".

-Pues con este te vas a caer de culo.

Pero no se lo puedes cascar a nadie. -Ah, no, no,

una es una tumba, de tamaño caballería, pero una tumba.

-Doña Rosina

y don Liberto...

que se han "casao".

Sí, sí, don Liberto vive en la casa. -¡La madre que lo pa...!

Eso sí que es una "campaná".

-De las de Nochevieja. -Tu señora no se atasca,

lo mismo le dan 8 que 80.

-Ella es así,

hace las cosas como le vienen,

aunque es verdad que ahora está "apagá" con eso

de que no aparecen Leonor y Pablico.

-Ay, pues se merece que aparezcan pronto, ¿eh?,

y así poder celebrar su luna de miel más dulce que las colmenas del cura.

"Pos" me parece de guinda,

que los hombres se casan con jovencita aunque sean vejestorios.

-La verdad que sí.

Ya es hora de que nos toque escoger.

-Ea.

-La que está la mar de contenta es la "seña" Fabiana con su quiosco.

-Y que siga así la racha, que bastante mal lo ha "pasao" ya.

Si está visto,

si una no quiere salir "trasquilá" en los asuntos de los señores,

mejor no meterse.

Hoy he hablado con doña Celia

de don Felipe.

Me he "ganao" una regañina de la doña Consuelo...

-¿A ti quién te ha "dao" vela en ese entierro?

-Mi señora,

que no está segura y le pide consejo a una.

-Tu señora ha vuelto "mu" "cambiá".

Parece otra.

-¿Tenéis jabón de olor? -Arriba.

En mi mesilla, cógelo si quieres.

-Hablabais de doña Celia...

-Pues sí.

Ayer vio a don Felipe y hoy no las tenía "toa" consigo.

-¿Van a volver a juntarse?

-Pues no creo, Huertas,

a ella le tira volver, no digo que no,

pero se acuerda de los engaños de él,

y entonces se endurece.

-Yo solucionaré sus problemas.

Le demostraré a doña Celia que se equivoca,

que su marido la quiere y que no volverá a las andadas.

-¿Tú? Pero si tú eres juez y parte, Huertas.

¿Cómo lo vas a hacer? -Ya lo veréis.

Espero que hayamos terminado ya con estos apagones que teníamos.

La luz iba y venía como en una tormenta.

Haga el favor, páseme usted un trapo con aguarrás.

que hay aquí una mancha.

¡Servando, el trapo! -Ah, sí,

Sí, sí, sí.

-No se me despiste, que no me fío de esta escalera.

-Tú tranquilo, tranquilo.

Conmigo estás seguro. -Sí, más le vale.

¿A quién espera con tanta ansia?

-A mi aliada en pro del progreso y la civilización,

amén de una mujer de bandera, doña Consuelo.

Va a convencer a los vecinos para instalar el ascensor.

-Esa aliada suya le tiene prendado, ¿eh?

-Pero ¿qué dices, subalterno?

Que yo (CARRASPEA)

le guardo ausencia a mi santa.

-No quita para que pierda los papeles cada vez que ve a doña Consuelo.

Se pone nervioso al verla.

Apoya lo del ascensor solo para tener algo que hablar con ella.

-¡Infundio!

¡Infundios y calumnias!

Yo siempre he estado en pro del progreso

aunque haya señoras en medio. Aunque he de confesar

que tengo más posibilidades con doña Consuelo

de ganar la partida. Qué doña, ¿eh?

No hay quién se le resista.

-Sí, sobre todo usted.

-Para mí

doña Consuelo no es nada, bueno, no es nada.

Para mí es menos que nada, para mí es "nadísima".

-Buenas tardes.

-Téngalas usted

muy buenas.

-La escalera, que al final me estampo.

-Cuánto me alegra verla por aquí.

¿Cómo va nuestra cruzada en pro del progreso y la civilización?

-Calla, Servando, no me hables que estoy más que harta.

He citado a algunas señoras

y he intentado por todos los medios

atraerlas a nuestra causa, pues nada.

Imposible.

No consigo que ninguna acepte.

-Y una de esas señoras es doña Rosina.

¿A que sí?

-Bien las conoces.

-Perdón con lo que le voy a decir,

pero es que es una tacaña de tomo y lomo.

-El caso es que para avanzar algo,

tendré que hablar con Ramón y tratar de convencerle.

-Eso también es un hueso duro de roer, pero sepa usted

que me tiene a su lado incondicionalmente,

rendidamente

y decididamente.

-Mira quién viene por ahí. ¡Ramón!

Me alegro de verte.

-Muy bien empezada

esa conversación.

Ni yo mismo lo hubiera hecho igual. -También es un placer verla.

-¿Has pensado más detenidamente

en el asunto del ascensor?

-Se lo vengo diciendo yo,

que la finca valdría el doble si lo instalamos.

-Lamento decepcionarlas, señoras,

pero como le venía diciendo, no tengo capacidad de decidir.

Puedo convocar una reunión.

-Pues hazlo, Ramón,

por favor. -Servando,

di a los interesados que convoco una junta para mañana.

-Sí, señor. -Si no se le ofrece más, señora...

Buenas tardes.

-Cuidado, Martín,

no te vayas a caer.

-¡Buenas tardes!

-Servando, la escalera, que me voy a caer y me voy a quedar "baldao".

¿Tienes un momento?

-Claro.

-Tengo que pedirte un favor.

Es sobre mi compañero.

-Se ha metido en otro lío. -Es el pan nuestro de cada día.

Quiere ir mañana a tu pensión para que le aconsejes

sobre unos asuntos. ¿Podrías recibirle?

-Sí. Dile que se pase por la tarde.

Ya sabes dónde es. Allí me encontrará.

-Gracias en su nombre y en el de todos.

-No hay de qué.

-Doña Celia.

¿Me ha visto

hablando con su marido? -Me es indiferente.

-Estaba pactando una cita para mañana.

-Todo este asunto me da asco y eres una lianta.

-¿No iría aunque yo se lo pida?

-¿A mirar vuestros escarceos impuros?

¿Tratas de reírte de mí?

-Ni mucho menos.

Solo trato de que abra usted los ojos.

Acuda mañana a esa cita

y sabrá quién es su marido de verdad y cuánto la quiere.

Adelante.

¿Molesto, comisario?

Vaya, una verdadera sorpresa verla por aquí.

¿Busca a alguien?

A usted.

¿De veras?

Siéntese, por favor.

Usted dirá.

Verá, sé que hemos tenido nuestras diferencias en los últimos tiempos,

pero me atrevo a molestarle porque sé que es un buen hombre

y un buen católico.

Lo procuro, señora.

Es de la cofradía del Sagrado Corazón,

la misma a la que pertenecía Humildad.

Así es.

¿Qué tiene que ver con usted?

Ha sido usted un hombre justo

durante este tiempo

que ha durado mi padecimiento,

y ahora que he recuperado la cordura y la fortuna,

quería agradecérselo.

No es necesario.

Sí, yo creo que sí. Y como sé que no va a aceptar nada

por sí mismo,

he pensado que sí aceptaría una cuantiosa donación

a esa cofradía que tanto ama.

Sabía que nos entenderíamos. Ahora mismo le extiendo un cheque.

He visto de todo en esta vida.

Conozco a las personas, sobre todo a las malas personas.

¿Crees que me voy a dejar engañar

por unos ojos acuosos y unas palabras?

-¡Lolita!

¡Lolita! ¿Puedes venir, por favor?

-¡Uh!

Pero ¿qué gritos son esos?

Sí que te ha "sentao" bien tu viaje a los turcos.

¿Te han "tratao" mal?

-No, todo lo contrario.

Ya te contaré. ¿Quién ha entrado en mi habitación

en mi ausencia?

-Nadie, ¿quién va a entrar?

¿Te falta algo?

-Sí.

Sí que me falta algo,

una camisa y un par de gemelos. ¿Sabes algo?

-Ya te digo yo que ninguna ha "entrao" en tu cuchitril.

Pongo la mano en el fuego.

-Haz memoria, por favor.

-De las criadas ninguna, ya te digo.

Doña Susana. Doña Susana sí que estuvo aquí.

-¿Y por qué subió tan alto doña Susana?

-Porque nos arregló "toas" las cortinas.

Ya, ya.

No hace falta que digas "na".

A nosotras nos pareció raro,

pero a caballo "regalao" no le mires el diente.

Simón, ¿qué te pasa? Te has "quedao" "alelao".

-Nada, nada, no es nada, estaba pensando que,...

que creo que me he dejado la camisa y los gemelos en la embajada.

Lo siento. Lo siento, Lolita, y gracias.

Ha sido un placer, comisario.

Espero que con este cheque podamos seguir ayudándonos en el futuro.

Gracias.

Ah, una última cosa,

me gustaría saber quién habló en el ministerio

a favor de mi indulto.

Querría agradecérselo como he hecho con usted.

Lo lamento, señora, no estoy al tanto de ese asunto.

Quizá debería preguntárselo al nuevo comisario.

Perdón, ¿cómo ha dicho?

¿Usted ya no es el comisario?

Desde esta misma mañana, soy prácticamente un civil.

¿Y se puede saber quién ocupa su lugar?

¿Puedo ayudarla en algo, señora?

Hace tiempo que no sabía de usted.

Buenas tardes

y muchas gracias de nuevo, señora.

San Emeterio...

Señor...

No tan deprisa, doña Cayetana,

usted y yo tenemos una conversación pendiente.

Padre,...

¿sabe de lo que me he enterado a la salida de la iglesia?

Liberto y Rosina han contraído matrimonio

Han aprovechado que estaban de viaje

para casarse.

Esto es inaudito.

Vaya par de fantoches. -"¡No puedes entrar!".

Está cerrado. -¡No vengo a comprar un traje!

-¿Qué haces aquí? Te advertí que no quería verte.

-Me va a escuchar aunque tenga que obligarla.

-No te consiento

esta insolencia. ¡Háblame como me corresponde!

Soy una señora.

-Tengo grandes dudas sobre eso. -¡¿Cómo te atreves?!

-Debo confesarte que Huertas tiene el don de confundirme.

-Lo mejor es ignorarla.

Que lo único que sabemos de ella es que es una lianta.

-No sé qué interés tiene pidiéndome que espíe a mi esposo.

¿Qué debo hacer?

¿Ir o no ir a la pensión de Felipe?

(Puerta)

-Uh.

No son horas de visitas. ¿Esperas a alguien?

-No.

-"Tendremos una vida plena"

los dos juntos.

Y cuando seamos ancianos y veamos a nuestros nietos por el jardín,

solo pensaremos en lo felices que hemos sido

en encontrarnos el uno al otro.

Luego te veo.

-"Tienes que labrarte un futuro, Celia".

Quiero que vengas a una reunión.

-No tengo ánimos. -Te presentaré a una persona

que lleva un negocio que te va a interesar mucho.

-Ya, pero es que hoy no va a poder ser.

Tengo otros asuntos que atender.

¿Qué tipo de asuntos?

-Nada.

-"Huertas, me barrunto yo"

que no solo te has "acicalao" "pa" la junta.

-Te he dicho que después tenía otro asunto.

-Desembucha.

-Voy a verme con Felipe.

-Huertas, ¿otra vez has vuelto a las andadas?

-No, que tengo un plan.

-"Quiero pedirle un favor".

No lleve a mi hija a misa tan temprano.

No me gusta que Elvira salga de casa

a primera hora.

La veo sorprendida.

Me ha dicho que ha ido con usted a isa.

-"¿Cómo os atrevéis a juzgarme así?".

Yo lo he pasado muy mal con la muerte de mi esposo

y con la huida de mi hija y de Pablo.

¿Y alguna de vosotras me ha apoyado?

No.

Ninguna estuvisteis apoyándome.

El único que estuvo a mi lado fue Liberto,

y tengo todo el derecho del mundo a estar junto a él.

Ninguna de vosotras

tiene autoridad moral para juzgarme. -"¿Qué le parece este vestido?".

¿Cómo tiene usted esta foto?

¿Qué te parece?

Que estabas muy guapa.

Un vestido maravilloso para un día inolvidable.

Bueno, de hecho,

sigo conservándolo.

¿Qué te parecería llevarlo en tu boda?

-"Noticias de la embajada".

-Por tu semblante, no debe ser nada bueno.

-No, no lo es. Han ingresado a una pareja de españoles en un hospital.

Han tenido un terrible un accidente y sufren graves quemaduras.

-¡Ay, Rosina!

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Acacias 38 - Capítulo 462

24 feb 2017

Cuando la chica intenta besar a Mauro, él se disculpa y le explica que no está preparado para estar con ninguna mujer. Celia duda si ha sido demasiado dura con Felipe. Consuelo le ruega que sea fuerte y no vuelva atrás.

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  1. PILAR

    Porque no me permite reproducir los videos de la serie desde hace una semana por lo menos. Que pasa me van a fastidiar la serie, pues las demas series me las reproduce perfectamente. Quiero una solucion

    20 mar 2017
  2. Carmencita

    Pero como q Mauro muere!!! quién va a cuidar de Teresa con lo q se le viene encima!! el soso de Fernando? No puede ser Mauro es su gran amor y el q sabe todo y ha estado desde el principio con ella Tendrán q hacer la gran historia de amor Simón y Elvira xq si no...

    27 feb 2017
  3. Saro

    Hay que ver qué cambio tan positivo ha experimentado Rosina, ha dejado de ser aquella mujer miedosa, pendiente del qué dirán y que le costó la ruptura de su relación, para pasar a ser la mujer valiente a la que no le importa lo que diga la gente y defensora, por encima de todo, de su gran Amor y de su matrimonio con el hombre al que ama. Liberto ha vuelto a su vida y ella esta vez no lo iba a dejar escapar; Liberto es su gran Amor, el que siempre ha estado pendiente y preocupado por ella, el que le ha demostrado que la ama de verdad, el que no permitió que se le volviera a escapar y el que siempre ha querido pasar el resto de su vida con ella. Me gusta esta Rosina valiente, enamorada y sin miedos para decirle a todos que se ha casado con Liberto. ¡¡¡Qué grande eres Sandra y que creación tan genial de Rosina!!!

    26 feb 2017
  4. ana

    es lo bueno que puede hacer Gonzalo Trujillo es salir ya de la serie, su personaje es limite idiota que nada resuelve como super poli, y la pobre Sara Miquel como siga (ya 2 años de lo mismo que solo le han cambiado el peinado) no sera mañana cuando la nominen para los Goya.

    25 feb 2017
  5. Abunini

    Por favor no dejen que Mauro salga de la serie,

    25 feb 2017
  6. Saro

    Entre la emoción por su vuelta, la noticia de su enlace matrimonial y pedir que, por favor, nos permitan ver algo de su boda; acabo de darme cuenta que se me ha olvidado lo principal, darle mi más sincera Enhorabuena y desearles todo lo mejor, a mis queridísimos LIBERTO y ROSINA. Un beso y gracias por ser tan encantadores.

    25 feb 2017
  7. Teremex

    Estoy encantada con la boda de Rosina y Liberto, pero por favor, un peine para Celia.

    25 feb 2017
  8. Maria

    Que muere Mauro??? Porque siempre mueren los buenos......

    24 feb 2017
  9. manuela correas

    Manuela Que esperan los guionistas para que liberto se entere del asunto de simon y su tia?

    24 feb 2017
  10. Saro

    Porque nos ha salido del alma ¿verdad querida? sí querido...¡qué bonito!... y esa conversación de la pareja durante el desayuno ¡ha sido fantástica! Es fascinante como se dirige Liberto a Rosina llamándole "cariño" y mencionándole la noche anterior que han pasado. La cara de Felipe y, sobre todo la de Liberto, son un poema y Rosina con qué naturalidad suelta "estábamos casándonos". No te preocupes por nada "mi amor", yo me encargaré de todo...¡cuánto Amor, complicidad y belleza hay ahí!. ¡Qué pareja tan bonita forman!. Por favor, hablando de Amor, vuelvo a pedirles imágenes de esa boda en la pequeña ermita salmantina, supongo que para Vds. será sencillo (algún flash-back) y nosotros disfrutaríamos muchísimo. Gracias

    24 feb 2017