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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 455 - ver ahora
Transcripción completa

La humedad y la soledad...

hicieron que mis pensamientos se ordenaran de forma pasmosa.

Y, de repente,...

me di cuenta de la realidad.

De la realidad.

Sé que merezco un castigo...

y aceptaré lo que la justicia me depare.

¿Viene con el cuento ahora?

Sí, ahora.

¿Ahora que le han dado un indulto? (ÚRSULA) "Váyase o será peor".

Si no lo hace,

aténgase a las consecuencias.

-"En los próximos días,"

tramitaré la nulidad de vuestro matrimonio.

Tanto el dinero de dicho matrimonio como esta propiedad,

me pertenecen.

-¿Cómo dice?

-Digo que has gozado de una situación estupenda gracias a mí, querido,

pero el chocolate del loro se ha terminado.

Harás las maletas y saldrás de mi casa.

Y cuando lo hagas,

Celia regresará para firmar la nulidad.

(FERNANDO) "Estabas distante con Cayetana".

Tengo la sensación de que ha estado fingiendo este tiempo.

¿Está mal?

Nada de lo que haces está mal.

No se puede hacer nada

contra los pálpitos. Si es el tuyo, que así sea.

Lo peor es que...

si es verdad que me ha engañado,

¿cómo puedo saber que no lo seguirá haciendo?

No puedes.

-¿Tampoco vas a confiar en mí?

¿Por qué nadie confía en mi hombría?

¡¿No puedo defenderme

como un hombre?! ¡Estoy harto, Simón!

Harto de que todos me den por muerto,

de que crean que no puedo vencer.

Deja las cosas como están

y cuida de Elvira.

-Me alegro de que esté de vuelta.

Cayetana Sotelo-Ruz ha vuelto.

Nada pierde por escucharme.

Hay un indulto...

a punto de ser aprobado por el Gobierno.

Yo puedo conseguir

que sea usted una de las agraciadas.

Buenos días.

He pensado que me invites a desayunar

unas rosquillas como esas.

Algún beneficio tendrá el ser tu prometida. Aunque, bueno,

ya veo que el único dulce son esos bollos.

Sigues bien sieso y cariacontecido.

-Perdóname. No es el recibimiento que mereces.

Dame tus manos.

Sabes que te quiero con toda mi alma

y que haría lo que fuera por ti, ¿verdad?

-Eso está mucho mejor,...

aunque lo dices con un aire de funeral

que se me hiela el alma.

¿Cuándo me dirás qué te ocurre? -Sabes que no puedo, no insistas.

Confía en mí. -Si lo hago,

pero solo espero que esos asuntos

de hombres que tienes con Liberto acaben pronto

y vuelvas a ser el mismo.

Víctor, ¿tiene un momento?

-Para ustedes siempre.

¿En qué podemos ayudarles?

Cayetana quiere un ágape por su recuperación y la de Fabiana.

-Qué gran idea. ¿Cuándo piensan celebrarlo?

-Esta tarde.

-Huy, pues no nos sobra mucho tiempo.

¿Será posible? No serán muchos invitados.

Ustedes, sus padres,

y algún vecino más. -No hay problema. Yo no podré estar,

pero María Luisa se encargará de todo, ¿verdad?

Además, ya nos ha demostrado su talento en estos eventos.

-(CARRASPEA)

Por supuesto.

Concretemos detalles.

-Me alegra ver

que Teresa y usted andan bien. -Eso espero, Víctor, eso espero.

Te lo agradezco, Lolita, siempre me levanto con un hambre canina.

(RIENDO) Ya veo, ya, señora.

No he visto a nadie desayunar con tamaño brío.

-Pues esto no es nada,...

cuando viajé por los EE. UU.,

descubrí con agrado que allí se desayuna leche, huevos, panceta,

dulces y demás manjares. -Arrea,

¿y "pa" el almuerzo?

¿Una vaca entera?

Para servidora, esas mezclas,

aparte de un derroche, me parecen una "guarrá".

Panceta y dulces, habrase visto...

-Cada lugar tiene sus costumbres.

-Pues es posible.

Algunas son "tontás" y otras son fetén.

"Pa" costumbres buenas, las de Cabrahígo,

mi pueblo y el de doña Trini. Un año se tiene que venir

"pa" fiestas. Se quedará "pasmá". -Eso está hecho.

Me agradas, muchacha.

En mi modesta opinión,

lo mejor que se ha hecho aquí ha sido contratarte.

-Don Felipe, ¿le sirvo ya el desayuno?

-No,

desayunaré fuera.

-¿Te importaría dejarnos solos, Lolita?

El señor y yo debemos hablar.

Felipe,...

no deseo ser brusca contigo,

pero debo recordarte el motivo de mi visita.

-Tranquila,

no lo he olvidado.

-No es lo que parece.

¿Cuándo piensas abandonar la casa?

-La respuesta es bien sencilla,

nunca.

Es mi casa y no pienso marcharme por mucho que usted lo diga.

-No es deseo mío, sino de Celia.

-(RIENDO) Vamos.

No me engañe. Reconozco su mano tras esa decisión.

Usted la convenció de esta locura.

De tratar de anular nuestra unión. -Te equivocas.

Han sido tus actos los que le han hecho tomar

tal determinación. -No pienso rendirme.

No dejaré de luchar por mi matrimonio.

-Ya ha terminado,

y mejor harías en aceptarlo de una vez por todas.

Ya te recordé en su momento que nada de esto te pertenece,

pero no quiero reincidir en los mismos argumentos y reproches.

-Y como ve, son inútiles.

-Ya suponía que no ibas a entrar en razones tan fácilmente,...

pero si quieres guerra, has de saber que estoy preparada

para ella. Más pronto que tarde

acabarás aceptando tu derrota.

-Eso está por ver.

(Puerta)

La estaba esperando.

¿La ha visto subir alguien?

No. He tenido buen cuidado

de que no fuera así.

Me he enterado de que está preparando usted un ágape

en La Deliciosa para celebrar su indulto.

Y por mi vuelta como la que siempre he sido.

Entenderá que no la haya invitado.

Descuide, así es.

Pero he de reconocerle que, en cierta manera,

me duele.

Yo soy la máxima responsable de su libertad.

Usted solo se limitó a cumplir con lo pactado

y ha salido ganando con el acuerdo. Ah, ¿sí?

¿El qué? Conservar la vida. ¿Le parece poco?

Pero hay algo que me intriga.

¿Cómo le ha resultado tan sencillo conseguir mi indulto?

Tengo que reconocerle

que dudé que fuera capaz.

Pensé que esas promesas eran solo un intento de salvar el pellejo.

Pues ya ve que no fue así.

Yo cumplo con mi palabra.

Sí, esta vez sí, pero no me ha contestado.

¿Cómo lo logró?

Lo lamento, pero seguirá sin respuesta.

Espero simplemente

que le sirva de confirmación de algo.

¿De qué?

De que ahora soy una mujer poderosa,

con capital y tantos contactos

como usted.

Por eso...

creo que

será mejor no seguir tratándonos de destruir

mutuamente.

Nos será mucho más provechoso

colaborar juntas.

Créame,

le convengo mucho más como amiga

que como enemiga.

Me está ofreciendo su amistad. Así es.

Pero de igual

a igual. Yo he sido su sirvienta,

pero no volveré a serlo nunca más.

Aguardo su respuesta.

Le aseguro que no se arrepentirá de aceptar mi proposición.

Es posible,...

pero hay algo que busco en mis amigos y que no encuentro en usted.

Dígame el qué.

Confianza.

Para que yo acabe de tenderle la mano,

usted debería demostrarme, sin ningún género de dudas,

que puedo contar con usted.

¿Qué más puedo hacer

para demostrárselo?

¿Ya está preparado, padre?

Sí.

Sería desconsiderado llegar tarde a la cita.

No entiendo qué puede haber de cortés en matar a otra persona.

¿Dónde se celebrará

el duelo?

En el cerro del Moro.

Un campo cercano, pero aislado de curiosos.

¿Puedo acompañarle?

De ninguna manera.

No es lugar para una mujer.

Rosina va a asistir.

Rectifico entonces.

No es lugar para una mujer decente.

Padre, se lo ruego, estoy muy angustiada,

no quiero quedarme sola. Baja a la iglesia.

No pienso aparecer acompañado de mi hija.

No quiero que vaya solo. No lo haré. Gayarre me acompañará.

Él será mi padrino, así se lo he solicitado.

¿No se ha negado?

¿Por qué habría de hacerlo?

Al contrario que tú, está al tanto

de cómo se arreglan cuestiones de honor.

Debo marchar ya.

Elvira, compórtate y no llores.

Recuerda que eres hija mía.

Agradecida.

¡Rosina, aguarda!

-Lo siento, ahora tengo mucha prisa.

-Descuida, mujer,

que tan solo te voy a robar unos minutos.

Sabrás que hemos hablado de cambiar la instalación de las campanillas.

-Sí, y mandé a Martín para que lo hablara con vosotros,

pero tengo cuitas de más enjundia. -Ya, lo entiendo.

Estás preocupada por lo de Pablo.

-Entre otras cosas.

-Seguro que Felipe consigue el indulto, confía en él.

Además, también has de ocuparte de otros asuntos más banales.

Lo mejor es cambiar la instalación.

Rosina, debemos modernizarnos aunque sea un gasto.

-Mira, ahora no estoy para más derroches

y menos si se beneficia Arturo. -¿Por qué dices eso?

Creí que tenías una relación estrecha con él.

Rosina,

a ti te preocupa algo más que lo de Pablo.

¿Qué tienes, mujer?

-Mira, Trini, podéis hacer lo que os venga en gana,

cambiar las campanas, lo que os plazca, no voy a discutir por eso.

Os ruego que no os peleéis más. Os aseguro que ya voy a tener

bastantes disputas por hoy.

¿Qué te parece, Rosina? ¿Me queda bien la levita?

-¿Cómo puedes bromear en un momento así, Liberto?

-¿Se puede?

¿Estamos listos? -En un momento, Víctor.

-Déjame que te acompañe. -No, tía,

ya tengo conmigo a mi padrino y a mi juez,

no preciso más testigos.

-No quiero dejarte solo.

-La llevo en el pensamiento, no lo dude,

pero es mejor que no venga por lo que pueda pasar.

-Ay...

-Adiós, tía.

Rece por mí.

Vámonos.

(ÚRSULA) "Váyase del barrio..."

y no vuelva a poner un pie en la calle Acacias.

Si no lo hace,

habrá de atenerse a las consecuencias.

Fabiana, acabo de hablar con los médicos.

Están satisfechos. Al parecer, te estás recuperando

a las mil maravillas. Sí, y hasta están considerando

darme el alta hoy mismo.

Eso es maravilloso.

Así podrás asistir al ágape de esta tarde en La Deliciosa.

¿Y a cuento de qué,

señorita, si "pue" saberse?

Por tu recuperación

y por algo más.

Fabiana, te traigo muy buenas nuevas.

Cayetana ha aparecido por fin.

No parece ni satisfacerte ni sorprenderte.

Ya estaba al tanto, señorita,

Casilda vino antes a verme

y ya me puso al día. ¿Por qué estás tan alicaída?

¿Acaso no te alegras?

Sí.

Pues lo disimulas muy bien.

Fabiana, no temas,

Cayetana está bien.

No solo la han indultado, sino que...

ha recuperado la cordura.

¿Ha "recuperao" las entendederas? ¿Sí?

¿Cómo ha "sío" eso?

Un auténtico milagro.

La pesadilla ya ha terminado y todo volverá a ser

como era.

Ha preguntado por ti y está deseando verte.

Y yo a ella también.

Pero dudo que yo esté en condiciones de abandonar el hospital

con tamaña urgencia.

Yo todavía

no me siento muy cristiana.

"Pa" mí,

que yo debería quedarme aquí

unos días más, señorita.

De verdad.

No parece muy animado, amigo.

Mejor no pregunte.

¿Todo bien?

Me temo que no.

Yo tampoco estoy en mi mejor momento.

Aquí tiene.

El último informe sobre Cayetana Sotelo-Ruz.

Con él su causa

queda archivada.

Y como siempre, ha quedado libre de toda culpa.

Y milagrosamente, no solo ha recuperado la libertad,

también la cordura.

No he sido capaz de hacer justicia, Felipe.

Y en el camino, he perdido a Teresa.

No ha conseguido hacerla entrar en razones.

Ayer intenté por última vez hacerle ver que es una impostora,

que se ha reído de nosotros

con sus argucias, pero fue inútil. Cayetana,

como siempre, tiene la habilidad de engañar a todos.

Especialmente a Teresa. Se aprovecha de su buena voluntad.

Y ella se niega a ver la verdad.

Yo para ella solo soy una molestia.

Fernando es el hombre que siempre la ha apoyado.

¿Sigue con su propósito de casarse con él?

Sí.

Y cuando llegue ese día, se pondrá punto y final

a un sueño que no se hizo realidad.

La he perdido para siempre.

¿No cree que ha llegado el momento de poner tierra de por medio?

Encuentre una mujer para rehacer su vida,

igual que ella.

Lo sé, Felipe,...

pero su consejo no es fácil de cumplir.

Y yo no soy la persona más adecuada para hacerlo.

Mi situación no es mejor que la suya, puede creerme.

Menudo par de perdedores estamos hechos.

Deberíamos encontrar tiempo para olvidar nuestros problemas.

¿Qué le parece si mañana por la noche tomamos unos vinos?

No. Vamos.

Nos vendrá bien.

Así, de paso,

retrasaré mi llegada a casa

y no veré a mi suegra.

¿Su suegra?

Ha venido dispuesta a amargarme la vida,

y le aseguro

que el tiene talento para ello.

¿Sí?

Cifuentes, llévelo a Gobernación.

Buen día, doña Consuelo,

me es grato verla de nuevo. -Agradecida, Servando.

Nada ha cambiado

por aquí. ¿Y tu señora?

-Bueno, precisamente en eso

sí han cambiado las cosas.

Mi señora está en las Américas, en Cuba,

se ha ido a cuidar a una hermana enferma.

-Pues no es mal lugar ese para estar, créeme,

con esos ritmos y esos bailes

tan sensuales. -Pues lo está arreglando usted.

-Espero que si le apetece bailar, se acuerde que tiene aquí al menda

y no se descoque por esos mundos.

-¡Pero Trini! -¡Consuelo!

¡Ay, por fin nos encontramos!

Qué alegría... Bueno, estás radiante.

Tenía pensado pasar a visitarte por casa,

pero con Felipe ahí, no sabía si estaba el horno para bollos.

-Pues, efectivamente, no lo está, pero ven cuando quieras.

-Así lo haré.

Bueno,

y ahora que estamos solas, dime, ¿qué te trae de nuevo por aquí?

-¿Acaso no te alegras de verme? -Sabes que sí,

pero lo cierto es que me intriga tu aparición tan repentina.

-Me envía mi hija Celia.

Quiere que le ayude

a romper definitivamente su matrimonio.

-Bueno, es cierto que me carteo con ella,

pero no me ha comentado nada.

-No quería airearlo hasta no estar segura.

-Bueno, Consuelo, sabes que conseguir la nulidad matrimonial

no es asunto sencillo. -No,

no lo es, lo sé,

pero esperamos que los continuos devaneos de Felipe

nos faciliten la tarea.

-¿Entonces está plenamente convencida?

-Así es.

El vaso de su paciencia ya se ha rebosado.

Todas las oportunidades que le ha dado a su esposo

han sido despreciadas.

-Consuelo, pero tú bien sabes

que los matrimonios no son fáciles. -Sí, pero el suyo es un infierno.

Yo también pensaba que el amor que Celia siempre había profesado

a Felipe sería suficiente para superar sus crisis, pero no puede.

Ese amor ha muerto.

-Sí, me lo aseguró antes de irse, pero...

pensé que con la distancia se le pasaría y recapacitaría.

No sé. -No ha sido así.

Seguir viviendo al lado de Felipe solo puede hacerle más daño,

y ella se merece ser feliz.

-Dios sabe que sí, que es más buena que el pan.

-Trini, créeme,

yo voy a poner todo de mi parte

para terminar con esta situación cuanto antes.

Consuelo ha venido a ponerme de patitas en la calle.

-Esa mujer es todo un carácter.

No me gustaría tenerla como oponente.

-Sé cómo se las gasta, pero no me voy a rendir sin luchar.

Ya nos hemos enfrentado

otras veces. -Sí, he sido testigo de sus choques.

-Eso es lo que más me duele, que Celia la haya mandado

sabiendo que nos llevamos mal.

-Por desgracia, parece que su esposa

está cortando los puentes que podrían acercarlos.

-Ahora entiendo sus palabras al marcharse.

Lo estaba planeando todo a mis espaldas.

-¿Así lo cree?

¿Que lo tenía todo pensado antes de irse a ver a Tano?

-Me temo que sí.

Hace unos días la vi hablando con su madre,

seguro que sabía que su partida era definitiva.

-En cierta manera, y aunque no lo comparto,

comprendo su proceder,

no la hubiese dejado marchar si llega a saber

que no había esperanzas.

-No creo que lo ocultara, su esposa debería estar al corriente.

-Cuidado, Felipe,

no la tome usted con ella, no tiene ninguna culpa.

-Lo siento, don Ramón,

estoy muy furioso,...

pero voy a hacer todo lo posible para que Celia regrese a su sitio.

Todavía soy su esposo.

-Ella pretende que no sea por mucho tiempo.

-Está por ver. Estoy en condiciones

de evitarlo.

Puedo denunciarla por abandono del hogar

y hacer que regrese. Incluso puedo hacer

que la encierren en un convento. -Temple, amigo,

no lo solucionará yendo a las malas.

-Ni tampoco por las buenas.

-Disculpe, señor, un mensajero ha "traío" esta carta.

-¿Te ha dicho de qué se trata? -Nones, al parecer

es algo oficial, viene de un ministerio.

Esto es inconcebible.

Pasan diez minutos de la hora marcada.

-Sea paciente, señor,

no tardarán en aparecer.

-¿Qué se puede esperar de alguien que no cumple las normas de cortesía?

-Por ahí vienen.

-Disculpen la tardanza. -No lo hago.

Debería saber

que hacer esperar a su adversario es una falta de cortesía.

-Descuide, don Arturo,

en unos minutos puede tener también satisfacción

por esta ofensa. -¿Está todo listo?

-Sí.

He traído un doctor tal y como hemos acordado.

-Caballero...

-No sé si es correcto que una mujer

sea el padrino.

-Según los códigos del marqués no habría ningún problema.

Estamos aquí reunidos para que una ofensa quede resuelta por duelo.

La justa será con pistolas,

a la voz de mando

y a una distancia de 15 pasos.

-(SUSPIRA)

-¿Está segura de poder estar a la altura, señora?

-Téngalo por seguro.

-Es de esperar que se comporten según lo acordado.

Siguiendo cada norma del código de honor.

Han de saber

que ayer analicé el terreno y cumple los requerimientos.

Como mandan los cánones,...

está aislado y apartado

de miradas y oídos indiscretos.

Ay...

Ay, Dios mío...

Ay, Dios mío...

Protégenos... (REZA ENTRE DIENTES)

(LIBERTO) "Ambos hemos intentado ilusionarnos con esta relación".

Hemos creído que podríamos enamorarnos

y olvidar a esas personas.

Pero nos hemos dado cuenta de que eso era imposible.

Que no se puede mandar en nuestros sentimientos.

Hemos sido unos tontos.

Tontos hubiéramos sido

si hubiéramos seguido con esta huida hacia delante.

¿Y qué es lo que toca ahora?

Si te parece, podemos ser amigos.

Que sepas que estaré encantado de ayudarte en todo lo que necesites.

Elvira.

Liberto, ¿qué haces aquí? Evitar tu ruina.

Tu padre te busca. -"¿Dónde demonios estabas?".

Liberto dice

que me estaba buscando. Si hubieras estado donde deberías,

no hubiera sido preciso. -Al poco de verle,

me la encontré en la calle charlando con una vecina.

Ve a reunirte con tu amado y dejad que me encargue de vuestra seguridad.

¿No saldrás a escape si le ves aparecer?

Venga, antes de que me arrepienta. Corre.

No es justo.

Llevad los canapés a las mesas.

Que a los invitados nos les falte bebida.

-¿Víctor no está contigo? -Tenía cuitas privadas que atender.

Tan secretas que ni siquiera

me las ha contado. -Se habrá ido tranquilo,

ha dejado una encargada fetén.

-Qué orgulloso estoy de ti. -Gracias de corazón,

padre.

-Echo de menos a bastantes vecinos.

Me extraña no ver a los Valverde.

-A mí me parece peculiar que no están Susana ni Rosina.

Con lo que le gusta chismorrear a la una

y comer de gorra a la otra. -No seas mala.

-Hoy me encontré con Rosina y la vi un poco aturullada.

No sé. Espero que esté bien. -Pierda cuidado,

seguirá inquieta por la suerte de Pablo.

Aunque, sea por lo que sea, no va a llegar a tiempo.

Por ahí viene la homenajeada.

-Parece que sí que se ha recuperado del todo.

Mira cómo camina.

Sigue dándose aires que resfrían.

-Qué alegría verla de nuevo tan bien.

Se lo agradezco mucho.

Al fin estoy respuesta.

Ha demostrado tener mucho valor por dejar atrás

tantos padecimientos.

-¿Y Fabiana?

Pensé que nos acompañaría.

Así lo deseaba yo también, pero no ha sido posible.

Ya le han dado el alta, pero aún se siente débil.

Ha preferido quedarse allí. -Lo importante

es que se recupere,

pero no debemos añorar a los que faltan,

sino de celebrar con los presentes. Bien dicho.

Entremos. -Adelante.

Aún no me puedo creer la jugarreta de Servando.

-No te amuela, a mí lo que me extraña es que aún te sorprenda.

Como si no hubieras "tenío" tiempo "pa" darte cuenta

de cómo se las gasta.

-Ha estado a punto de liarla por asistir a la reunión de vecinos.

-Y da gracias a que doña Trini ha "convencío" a la señora.

-Ha accedido a poner las campanillas en el altillo.

-Pues sí, y mira tú que eso es "mu" raro

porque es de la cofradía del puño "cerrao".

No es amiga de gastar de más.

-Según me contó doña Trini, no se resistió.

-Aquí pasa algo raro, la conozco como si la hubiera "parío".

Está "desconocía". -Andará inquieta con lo del indulto.

-Que no es solo eso.

Yo te digo que algo más la "tie" en vilo.

-Casilda, Martín,

por fin os encuentro.

¿Habéis visto a Rosina? -Nones.

Precisamente veníamos hablando de ella.

-Vengo de su casa, no la encuentro.

-¿A qué se debe la urgencia? ¿Ha "ocurrío" algo malo?

-No, por una vez que traigo buenas noticias... Inmejorables.

-No se las guarde para usted, don Felipe, que nos tiene

con el corazón en un puño.

-He conseguido incluir a Pablo en la lista de indultados.

-Ay... -¿Eso quiere decir

que se libra?

-Está libre de toda culpa.

-Ay, madre mía...

Qué alegría que me ha "dao".

Perdone, ha "sío"

la emoción. -No te preocupes.

Hay motivos de sobra para alegrarse. -Y usted que lo diga, don Felipe.

Bueno, voy a ir a buscar a doña Rosina, ¿eh? Ay...

"Eres un buen tipo".

Pues no lo sé, es la primera vez que me lo dicen.

No.

No puedo consentirlo.

Quiera Dios que llegue a tiempo.

¿Han cargado las armas?

-Yo no...

No sé nada de armas.

-Si me lo permite, yo...

la ayudaré.

-Por supuesto.

-Están en perfecto funcionamiento.

-Antes de comenzar,

don Arturo,

debo preguntarle si aceptaría una satisfacción

que evite el duelo.

-Lamento haberle ofendido, nunca fue mi intención.

-¿Y bien?

¿Lo considera suficiente?

-La afrenta es demasiado grave.

Solo se puede limpiar con sangre.

-Esto es una locura.

En tal caso, procedamos.

Las armas están preparadas.

Que los padrinos las entreguen y ocupen su lugar.

-(HABLA ENTRE DIENTES)

Ay, por el amor de Dios.

Te quiero, amor mío. Te quiero. -Te amo.

-Hagan el favor de mantener la compostura.

-Espérame ahí, Rosina.

No me va a pasar nada.

-Colóquense espalda contra espalda.

Ay, Dios mío...

-Contaré 15 pasos.

-Ay, Dios mío...

No se vuelvan hasta entonces.

¡Uno!

¡Dos!

¡Tres!

¡Cuatro!

¡Cinco!

¡Seis!

¡Siete!

¡Ocho!

¡Nueve!

¡Diez!

¡Once!

¡Doce!

¡Trece!

¡Catorce!

¡Quince!

¡Vuélvanse!

Mírala,

como si nada hubiese ocurrido.

-Mujer, quizá haya cambiado para bien.

Todo lo vivido puede haberle marcado. -Ramón,

pareces tonto.

La serpiente siempre será serpiente, solo muda la piel.

-Teresa.

Brindemos por nuestro futuro.

Hoy estás especialmente bella.

Gracias.

Debe ser por la alegría de ver a Cayetana recuperada.

¿A qué esperas?

Ve tras él.

¿De verdad quieres que vaya?

Quiero que superes tus dudas

de una vez por todas. Que vengas a mí segura.

Mauro.

Aguarda.

Teresa, ¿qué haces aquí? ¿Por qué abandonas la fiesta?

Porque creo que debo decirte algo.

Mauro, te debo una disculpa.

Debí haber dejado que te explicaras cuando te vi con Sara.

Debí confiar en tu palabra.

Eso ya es agua pasada,

pero sí sigues confiando en la de Cayetana.

Ni antes ni ahora dudaste de ella.

No puedes pedirme que no me alegre por verla recuperada.

¿Por mucho que te advierta de sus intenciones?

Nunca me creíste respecto a Sara y no me has creído respecto a ella.

Te dije que creo que todos sus actos fueron guiados por su locura.

Sí, ya me lo dijiste, sí.

Supongo que todo está hablado

entre nosotros.

Tú te casarás con Fernando

y yo renunciaré a seguir luchando

por tu amor.

Pero déjame decirte dos cosas.

La primera, que deseo que seas muy feliz junto a él,

sabe Dios que lo mereces.

¿La segunda?

Que te cuides de Cayetana.

Te lo ruego, no vuelvas con eso.

Quiero que estés prevenida.

No tardarás en sufrir una desgracia

como todo el que la rodea. Fabiana,

su hija y tantos otros. Todo eso solo fueron accidentes.

No, eso es lo que aparentan. La mano de Cayetana

siempre está detrás.

No serías ni la primera ni la última en arrepentirte de confiar en ella.

¿Siempre volvemos al mismo punto?

¿No ves que esas desavenencias han terminado

por separarnos?

Lo sé.

No entiendo que la pongas a ella antes que a nuestra felicidad.

No pienses que haya cambiado.

Esa confianza te causará la muerte en sus manos el día menos pensado.

Adiós, Teresa.

Adiós para siempre.

Trini, disculpa, ¿has visto a Teresa?

Mira.

Por ahí va.

-¿Estás bien?

Sí.

No te preocupes, ya está todo aclarado.

Teresa.

Por fin apareces. Estaba aguardando por ti.

Para hacer el brindis.

María Luisa.

¿Todo el mundo tiene copa?

-Eh...

Sí, tan solo faltamos Teresa y yo.

Atención, por favor.

Queridos amigos, Cayetana quiere dedicarnos unas palabras.

Tranquilos, que voy a ser breve.

Quería brindar con todos ustedes por mi regreso.

No solo a Acacias, sino también a la cordura.

Atrás queda ya

la peor etapa de mi vida.

Créanme cuando les digo

que... he estado una larga temporada en el infierno,

pero por fin he salido de las sombras y las tinieblas.

Siempre recordaré la dedicación

y el cariño

que me han prodigado todos ustedes durante estos aciagos días.

No es momento de entristecernos. Brindemos todos juntos

porque Cayetana Sotelo-Ruz ha vuelto.

-¡Por Cayetana!

-¡Por Cayetana!

-Mmm...

¡María Luisa!

¡Que alguien ponga música!

¡Que empieza el baile!

¡Ramón, ven para acá! -Voy.

(Música)

Llegas tarde.

-Disculpe,

pero nuestra invitada no tenía interés en acompañarme.

Se ha defendido como gato panza arriba.

-Buenas tardes, madre Ascensión.

-Úrsula.

-Veo que me recuerda.

-¿Qué...? ¿Qué significa este atropello?

¿Qué estoy haciendo aquí?

-Muy sencillo.

Ha venido a recibir

el pago por un trabajo muy mal hecho.

"Dígame ya cómo puedo vencer sus reticencias".

Estoy dispuesta a todo para convencerla de mi sinceridad.

Tome asiento, Úrsula.

Lo que quiero que haga por mí...

tiene nombre.

Madre Ascensión.

Esa religiosa hizo que mi paso por el convento fuera un infierno.

Me temo que he de recordarle que cumplía mis órdenes.

Sí,...

pero lo hizo con demasiada dedicación.

Y usted pretende ser mi amiga,

así que no puedo pedirle cuentas.

¿Y a la madre Ascensión sí?

Así es.

Se excedió al tratarme así.

Y tiene que ser castigada.

¿Y pretende que sea yo

quien le administre ese castigo?

Así me demostraría su lealtad.

Quiero que le arrebate la vida con sus propias manos.

(Música)

Por nosotras.

Por ti.

Me alegra verte así,

radiante y brillante como siempre.

Todo te lo debo a ti.

Señores,

conocen perfectamente

las normas pactadas que han aceptado previamente.

Espero,

esperamos, que no falten a ninguna de ellas.

Les preguntaré con la palabra "prevenidos.

Y una vez estén conformes

y hayan contestado afirmativamente, daré tres palmadas

acompañadas de tres palabras.

Uno.

Dos.

Fuego.

No varíen la posición de su pistola hasta la primera palmada.

Y disparen simultáneamente

a la voz de fuego. -Pero ¿es que nadie

va a parar esta locura?

¡Por favor! -Cállese.

(LLORA)

-Ay, Dios mío...

No permitas que Liberto sufra daño.

-¡¿Prevenidos?!

-Sí.

-Sí.

-¡Uno!

¡Dos!

-No.

-¡Fuego! ¡Alto!

¡Pare!

¡Deténgase!

¡Padre, por favor, deténgase!

-Apártate.

No me pongas en ridículo. No lo comprende, padre,

todo esto es culpa mía.

¡Nunca hubo amor entre Liberto y yo,

tan solo estima!

Le pedí que siguiera fingiendo frente a usted.

¡Tan solo quería que dejara de presionarme!

¡Que dejara de torturarme con su búsqueda de pretendientes!

Padre, no merece la muerte por eso.

Solo quieres salvarle.

Me deshonró besando a Rosina. -¡Lo lamento, de verdad,

y le pido perdón por ello,

pero tenga clemencia! No le mate por mi error,

por favor. No haga algo de lo que se arrepienta

mientras viva.

No.

No.

(Disparo)

¡Me hace daño, padre! Y más que te debía hacer.

¿Cuándo pensabas contármelo?

No tiene derecho a maltratarme.

¡Tengo derecho a lo que me dé la gana!

¡Entre Liberto y yo no hay nada!

Padre, no amo a ese hombre, usted lo sabía.

Eres mentirosa y manipuladora. ¿Qué hace?

Eres como tu madre y no te saldrás con la tuya.

¡¿Por qué la odia?! ¡Arruinó su vida y quiere arruinar la mía!

No se atreva a azotarme, no soy una niña.

Sé cómo tratarte. ¡Como debí hacer con tu madre!

¡Con tu madre!

Si me golpea, se arrepentirá.

"¿Y esos papeles?".

Asuntos pendientes del patronato.

Temas que dejamos abandonados

y tenemos que retomar.

¿El ala norte se abrió?

Está operativa y con los nuevos alumnos.

Fue un gran acierto afrontar la construcción.

¿Cuadraron las cifras?

Conseguimos el crédito que habías aprobado.

Aunque no estuvieras, tus órdenes se siguieron a la perfección.

El crédito fue en el banco del Progreso, ¿verdad?

Sigues pendiente de todos los detalles.

Tal vez haya llegado la hora de que recuperes tu puesto como presidenta.

(COMISARIO) "Les traigo los papeles del indulto de Cayetana".

¿Se va a encargar usted, Mauro?

Por favor, comisario,

creo que me corresponde.

No haga ninguna locura.

Limítese a hacer que firme sin iniciar ningún proceso en contra.

Y si le provoca,...

aguante. Descuide.

Precisamente hablábamos de ese indulto.

¿Quién habrá influido

sobre el ministro?

Alguien muy poderoso, sin duda.

Muy por encima de nuestro humilde lugar en nuestro mundo.

¿Y no nos podemos enterar? No se meta en camisa de once varas.

No mueva nada, no haga nada.

(FERNANDO) "Teresa".

Seguimos teniendo una conversación pendiente.

Sobre ti,

sobre mí...

y sobre Mauro San Emeterio.

Lo sé.

Todavía no me has dado un sí claro.

Dijimos delante de todos los vecinos que nos prometíamos

y no tenías toda la información en la mano.

Pero...

desde la última vez que hablaste con él,...

veo que tienes dudas de que sea buena idea.

-(REZA EN LATÍN)

Amén.

-¿Ha terminado con sus rezos? Son los últimos,

madre Ascensión.

-No me mate, no me mate, por favor,

no me mate.

-No tengo otro remedio. -Me debe mucho.

¿Ya no recuerda mi ayuda?

La saqué de su pasado oscuro, de los peores momentos de su vida.

Déjeme vivir, yo soy una monja, soy una sierva de Dios.

-¡No la hubo más pecadora otrora! -¡Solo Dios...

puede demandarme el cumplimiento de mis votos, no usted!

Si me toca,

caerá sobre usted el peso de la culpa.

"Estoy hecha un mar de dudas".

Ayúdame a no ahogarme.

No te entiendo.

Mauro, necesito que me des una señal.

No quiero cometer el error de mi vida.

Dijiste que renunciabas a seguir luchando por mi amor.

Así es.

Te lo dije y lo mantengo.

Voy a casarme con Fernando a no ser que...

Mauro, por favor, dime algo.

Tú debes tomar tus propias decisiones.

Pídemelo, por favor.

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  • Capítulo 455

Acacias 38 - Capítulo 455

15 feb 2017

Teresa y Fernando preparan el ágape en la chocolatería. Cayetana está feliz, hace un brindis y recuerda a Fabiana, quien alarga su estancia en el hospital. Felipe se queja de que Celia no dé la cara. Además, no quiere abandonar su casa y Consuelo le declara la guerra. Felipe consigue el indulto de Pablo. Teresa pide perdón a Mauro. Él le advierte que algún día morirá a manos de Cayetana. Arturo y Liberto llegan al duelo. Rosina se viene abajo. Elvira, por su parte, va corriendo para evitar el duelo, pero su padre finalmente dispara. Cayetana le pide a Úrsula una prueba de lealtad: matar a la Madre Ascensión. Ella no tiene más remedio que aceptar...

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