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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 444 - ver ahora
Transcripción completa

Usted empujó a su criada por la ventana.

Ella intentó resistirse

y se agarró a su vestido

intentando salvarse. No.

No, eso no es cierto, está mintiendo, yo nunca haría algo

tan horrible.

(CASILDA) "Fabiana".

Fabiana, que está usted de vuelta.

Ay...

Ay...

Fabiana.

(CRUZ) "¿Todavía tienes frío?".

-No.

No estaría mejor ni en el salón de baile más elegante del mundo.

-¿Piensas como yo?

Aquí cerca han abierto un hotel.

-Vamos.

Aquí lo único que hacemos es pasar frío.

-"Voy a pedir al juez"

una orden para internar a Cayetana

en un centro donde no pueda hacer daño a nadie más

ni a sí misma.

Eso la matará.

-Hasta que el juez no la dictamine, está en todo su derecho

de regresar a casa. "Cuénteme qué ocurrió".

Le suplico que me deje.

No me entra el aire.

¿Quiere que avise al médico? No hace falta.

A lo mejor mañana me viene la memoria.

Espero que no sea tarde.

"Nos ha costado mucho"

conseguir que Cayetana se quede en su casa.

No voy a echarlo todo por la borda. Eso la honra,

pero ¿seguro que le puede dar los mejores cuidados?

¿No sería mejor para ella

tener un tratamiento en un centro especializado?

-"¿Le parece de recibo ponerse a bailar en público"

con ese joven?

-Por favor, no irá a decirme que siente celos de Víctor.

-No son celos.

Una mujer de su edad y de su posición,

que mantiene una relación conmigo,

no puede dar estos espectáculos.

-¿Doña Cayetana? -Ha "salío" al hospital.

-¿La señorita Teresa iba con ella? -Sí, sí,

han ido en cuanto supieron que Fabiana

está "recuperá". (FABIANA) "Es menester"

que hablemos. Yo no puedo oponerme.

Gracias.

Me alegro de que Teresa nos haya dejado a solas,

así podemos hablar tranquilamente.

¿Cómo te encuentras?

Estaba muy preocupada.

Lo que hiciste fue horrible.

Estamos solas, no tiene por qué disimular.

Y al menos,...

tenga el respeto de no soltarme embustes.

Tiene razón.

No tiene ningún sentido el seguir haciéndolo.

Las dos sabemos lo que ocurrió,...

pero yo solo sé lo que he contado a todos.

¿Qué ha ocurrido? No hemos podido llevarnos a Cayetana.

Se ha ido con Teresa al hospital a ver a Fabiana.

Pero eso es terrible, comisario.

Si estamos en lo cierto, Cayetana le haría daño de nuevo.

Por eso hay que ir al hospital a escape y sin demora.

Puede estar en peligro. Vamos.

-Inspector San Emeterio.

Apúrense, ahora voy yo.

¿Qué hará con la jugosa información

que le facilité?

A Sara no la va a encontrar.

Ha huido hoy de la ciudad.

A saber dónde estará a estas horas.

No muy lejos.

Viajar es caro y no tiene un real.

No crea.

Esa mujer no está sola.

No ha hecho todo lo que ha hecho por diversión

o por usted, no sea tan ufano.

No conozco todos los detalles de las maniobras de esa mujer

para inmiscuirse en su relación

con Teresa Sierra. Ni yo se los voy a dar.

No lo necesito.

Me basta con lo que sé y con lo que supongo.

Malos entendidos,...

apariciones de esa mujer en los momentos más inesperados,

objetos abandonados en su casa para ser encontrados

por la señorita Teresa.

Todo eso ha ocurrido, sí.

Todo eso

tiene una firma, inspector.

¿No se ha percatado?

La firma de Cayetana.

Así es.

Doña Cayetana

maneja los hilos.

Paga para que se haga lo que desea. Maneja también los tiempos.

Pero Cayetana está loca.

Ha perdido el contacto con la realidad, es inofensiva.

Reconozco que a mí misma me ha engañado con su actuación.

Doña Cayetana no será inofensiva ni después de muerta.

¿Quiere decir que...?

Que está fingiendo locura

para salvar el pellejo...

y obtener venganza...

de usted,...

de mí...

Hay que evitar que siga así. Yo ya le he informado,...

ahora lo dejo en sus manos.

¿No hará nada después de lo que le dije?

¿A qué está esperando? ¿Por qué tiene tanta prisa?

¿Le asuste que Cayetana siempre haya estado cuerda?

La teme, ¿verdad?

Yo no temo a nadie. Ya lo creo que sí.

Sabe que si se demuestra que nunca estuvo loca,

le darán garrote, por eso quiere que me dé prisa.

Quiere que todo se destape cuanto antes

porque teme que vaya a por usted. ¿Tanto miedo le tiene?

Pierda cuidado.

Úrsula Dicenta sabe cuidar bien de sí misma.

¿Qué?

¿Cómo has sido capaz de inventar una historia así?

Nadie creerá que me cansé de cuidarla,

que me harté de su locura... Pues parece que sí, Fabiana,

me ha creído todo el mundo. Hasta Teresa.

Vamos,

aún puede recapacitar.

No sé por qué lo hiciste, tus motivos tendrías,...

pero te perdono.

¿Usted me perdona a mí?

Aún podemos arreglar las cosas.

Ha llovido mucho para apañar "na", señora.

"Demasíao". Lo que hiciste

fue una tontería.

Don Mauro no piensa así.

¿Ha estado aquí?

Quería saber muchas cosas.

Me ha preguntado mucho. ¿Qué le has dicho?

Nada.

De momento.

Si no te conociera, pensaría que me amenazas.

-Yo solo le digo

que no pensaba contar "na" de "na",

pero ahora he "cambiao" de parecer.

¿Qué vas a hacer?

¿Vas a matarme?

Voy a hacer lo mismo que harías tú.

Te voy a matar y luego voy a seguir

haciéndome la loca. Nadie te hará justicia.

Te comerán los gusanos. Vas a ser tan insignificante

muerta como en vida.

¿Tú querías verme en el garrote?

Tiene gracia.

Al final sé a quién he salido.

Tú me llamas malvada, y tú que eres

mi propia madre, me quieres ver muerta.

Deseo que pagues por tus maldades.

Porque eres mi hija,

y prefiero ver a una hija "encerrá" pagando sus culpas, que a una Belcebú

dando tormento al que se le acerca. ¡Venga!

¡Mátame!

¿Qué haces?

Mátame.

Mátame.

Así te encerrarán de por vida. Tu sitio

está ahí con los locos,

porque tú estás loca, pero loca de maldad.

Quieta.

Quieta.

No me dejas otra salida.

Que Dios me ampare.

¡No, no! ¡No!

(Golpe)

-¿Qué ha sido eso? (SERVANDO) ¡Se ha caído del balcón!

(TRINI) ¿Qué ha ocurrido? ¡Fabiana!

¡Fabiana! (MARTÍN) ¡Es Fabiana!

Voy a hacer lo que tenía que haber hecho hace tiempo,

decir que me lanzaste al vacío y que estás loca.

Como hagas esto, me van a meter

en un casa de reposo. Soy tu hija.

No me hagas eso, no voy a soportarlo.

Haberlo "pensao" antes, hija.

No.

No vas a hacer nada porque no te conviene,

porque eres una vieja chocha, débil e indefensa.

No deberías jugar con fuego.

No te tengo miedo.

Ayuda. Ayúdame.

Llama a un médico.

Llama a un médico.

¿Operadora?

Sí, sí, pásemelo.

Gayarre, ¿dónde está usted?

¿Cómo?

Una nevada...

¿Y hasta cuándo tendrá que retrasar su regreso?

Más de dos o tres días.

Avíseme si la tormenta empeora.

Cuídese.

¿A doña Rosina le van a gustar esos aperitivos?

Creo que el salmón le da pampurrías, le preguntaría antes.

Está muy ilusionada con este ágape

y no me gustaría que algo fuera mal.

-¿Qué ágape?

Les he preguntado de qué ágape hablan.

-Era una sorpresa, don Arturo.

-Usted lo ha dicho, era.

Hablen.

-Doña Rosina nos había "encargao" un aperitivo

para celebrar su reciente amistad.

-Está muy ilusionada y quería que lo mantuviéramos en secreto

para darle la sorpresa.

Ella es así, le gustan este tipo de eventos.

-Pues a mí no.

Le dije que no me parecía buena idea, pero parece que ella siempre hace

caso omiso y termina haciendo lo que quiere.

-Cancele todo de inmediato.

-Pero, señor...

-Ya me ha oído.

-No sé yo si a doña Rosina le va a parecer bien todo esto.

-Nada tiene que decir ella.

Sufragaré los gastos de todos los preparativos.

¿A cuánto asciende?

-No lo sé, tendría que mirarlo.

-¿Y a qué espera?

-Acompáñeme.

-¿Qué tal? ¿Cómo estás?

¿Ocurre algo?

-He metido la pata, Liberto.

-¿La pata tú? Mira que me extraña.

-El coronel nos ha escuchado hablar del ágape sorpresa,

y no solo ha dejado de ser sorpresa, sino que le ha sentado...

regular. -¿Regular?

-Regular tirando a muy mal.

Vamos, que lo ha cancelado.

Ojalá pudieras venir conmigo.

Ojalá esta noche no acabara jamás.

-Señora, doña Trini ha "venío" a verla.

Doña Celia.

Decía que...

-Lolita,...

déjanos a solas, haz el favor.

¿Qué?

¿Otra vez pensando en él?

-¿Me has traído lo que te pedí?

-Sí.

Dos pasajes para el barco que sale pasado mañana

hacia Nápoles.

¿Qué ocurre?

Ya.

Temes que alguien los descubra si los llevas tú.

Te entiendo. Todos hablan de tus asuntos con Felipe,

así que ya se los llevo yo. -No, no, no, no.

Gracias, Trini, no hace falta.

-¿Qué ocurre, Celia?

Tienes una expresión un poco extraña.

Estás un poco pálida.

-Es que tengo que pedirte una cosa.

La última, Trini.

Pero tienes que jurarme que no me vas a juzgar, y que

no vas a cuestionar mi decisión.

-Me estás asustando,

Celia. -Júramelo.

-Está bien. Está bien, te lo juro, pero habla de una vez.

¿Y Fabiana?

Cayetana, por Dios, ¿dónde está Fabiana?

Está... Hemos visto al médico

metiéndola en la sala de operaciones en estado de máxima gravedad.

¿Qué ha ocurrido? Dice que ha tenido

una grave crisis. Que hay que intervenirla inmediatamente.

No entiendo nada. Solo me ausenté unos minutos.

¿No estabas cuando ocurrió?

Estábamos hablando tranquilamente,...

y de repente,

Fabiana se empezó a encontrar mal y yo corrí a buscar a un médico,

y cuando volví...

estaba muy mal.

Estaba muy mal.

Tranquila, Cayetana saldrá de esta, ya lo verás.

¿Qué ha dicho el médico?

¿Cuál es su estado?

Tiene un edema intracraneal

y que tiene que intervenirla inmediatamente.

Y puede que no despierte.

Qué mala suerte tiene usted, Cayetana.

Siempre que se queda a solas con Fabiana, le ocurre algo.

Otra vez con esas.

Hasta en las circunstancias más dolorosas no dejas de malmeter.

No me avisaste de que Fabiana había despertado.

Teresa, te estás equivocando.

Fabiana se está muriendo, ¿no nos respetas ni en estos momentos?

¡Fuera!

Te estás equivocando. ¡Vete, Mauro!

¡Fuera!

-Será mejor que salgamos

antes de empeorar las cosas.

-Perdone que diga esto en estas circunstancias,

pero tendrá que acompañarme a comisaría, doña Cayetana.

Es una orden preventiva

hasta que el juez tome una decisión.

Por favor.

Fabiana podría morir. Es inhumano que nos aleje del hospital.

No te preocupes.

Hemos de estar aquí.

Fabiana nos necesita.

Por favor, tenga piedad de nosotras.

Supongo que no importará que esperemos un poco.

Esperaremos a ver qué pasa con Fabiana.

Gracias.

(Puerta)

Hoy hace un día radiante y divino.

La mañana huele a azahar, a flores recién cortadas

y hay una luz que lo salpica todo de color.

¿Por qué no damos

un paseo?

Qué oscuro todo. ¿Ha muerto alguien?

-Déjese de paripés.

¿Se cree que no sé lo que hace?

-¿Yo qué he hecho?

-¿Va a seguir disimulando?

-O me da una pista o temo que ando algo perdida.

¿De qué demonios me está hablando? -Del ágape que está preparando.

-Era una sorpresa. ¿Quién se lo ha contado?

-No lo iba a organizar.

Hablamos de ello y le dije que se olvidara. Pedí una cita discreta,

a solas.

Y pensé que lo había usted aceptado.

-Sí, pero luego pensé que sería muy bonito

sorprenderle a usted con algo festivo.

-Lo he cancelado sufragando los gastos.

-¿Qué? ¿Lo ha cancelado? -Ya le dije que no me gustaban

tales celebraciones públicas.

-Pensé que lo decía por su severidad militar,

pero que lo agradecería. -No digo nada por decir. No me gusta

que haga nada a mis espaldas.

-Lo lamento, no quería incomodarle.

-Pues lo ha hecho.

Y mucho.

-No pensé que se molestaría tanto.

-No creo que pensara usted nada ni por un momento.

-Ahí se equivoca, sí que pensé.

Pensé que pasaríamos un buen rato.

-Nadie se lo ha pedido.

No me gusta, no me apetece, y no me parece divertido.

No sé por qué tengo que repetirlo siempre.

Punto.

-Eso sí que no.

-¿Disculpe?

-Que ni punto ni punta.

No es nadie para decirme a mí lo que debo o no decir,

y menos para callarme la boca.

No me va a hacer sentir mal

por haber querido hacerle sentir bien. ¡Por ahí no paso!

-¿Que no pasa? -Eso he dicho, no paso.

Y permítame decirle otra cosa.

¡Quizá debería quitarse ese palo que tiene metido...

en el gaznate!

-Me está usted ofendiendo.

-Pues lo siento mucho, mi muy señor mío,

pero también me ha ofendido usted a mí.

-¿No siente el menor respeto por mí?

-¿Y usted? Yo no se lo he faltado.

-Sí lo ha hecho.

Contraviniendo mi voluntad, saltándose mis deseos y haciendo

lo que quería sabiendo que me disgustaba.

-Tan solo pretendía pasar un rato agradable, y de paso,

hacerle pasar un rato bueno a usted. ¿Tan grave es?

-Lo que es grave es que una mujer de su edad

no distinga entre los asuntos serios y las cosas sin importancia.

-Yo tengo la edad que me viene en gana.

¡Y no me hable como si fuera una viejecita!

¡Mire qué planta tengo! -Se comporta como una chiquilla.

¿No se toma nada en serio? -Por supuesto que sí.

Me pongo seria cuando hay que ponerse seria,

pero eso no quita disfrutar de la vida de vez en cuando.

Pero si usted no sabe o no le da la gana hacerlo,

está claro que deberíamos terminar con esta amistad.

Buenos días. -Buenos días.

-(CIERRA LA PUERTA)

Sírvame otra copa.

-¿Está usted seguro?

El alcohol aclara mis ideas.

-A mí me las suele enredar aún más.

Bébasela esta vez con más calma.

-Todo lo que está pasando con mi esposa...

no me deja dormir...

ni trabajar.

Apenas puedo comer.

-Lamento oír eso, Felipe.

Como lamenté también que no me escuchara anoche.

-Su comportamiento cada día es más extraño.

Ayer la encontré bailando sola en la calle.

Riendo...

Como si estuviera...

-¿Ida?

-Feliz.

-Bueno...

Dentro de lo malo, eso...

no suena tan mal.

-Parecía que le daba igual todo.

Que la vieran,...

que hablaran de ella...

Parecía que le daba igual yo.

Me ignora, don Ramón.

Le da igual lo que yo haga o piense.

Por eso hago cosas de las que no me siento orgulloso.

-No fue bonito verle partir con Huertas en ese carruaje.

-Lo sé,...

sé que no estuvo bien,...

pero yo también necesito un consuelo, un desahogo.

¡Solo quiero que mi esposa vuelva a quererme!

-Temple, hombre, temple.

Nadie puede obligar a nadie a que le quieran a uno.

-Lo sé.

Celia consiguió cambiarme...

hasta como era yo antes.

-¿Qué quiere decir?

-Ya no encuentro consuelo con las mujeres.

El otro día con Huertas,...

no fui capaz de...

Todos estos problemas

me afectan en facetas de mí mismo

en las que jamás pensé que tendría problemas.

-Entiendo.

Bien...

Seguro que será algo pasajero debido a su actual estado de ánimo.

-Eso espero, don Ramón,...

lo contrario sería terrible.

(Puerta abriéndose)

-Hola, ¿ya estás aquí?

Empezaba a preocuparme.

-Lo sé, Ramón, lo siento,...

me retrasé porque...

Ay...

Tuve que hacer unas gestiones para Celia.

-¿Para Celia?

¿Qué gestión?

-Don Felipe, no le había visto. -¿Que qué gestión?

¿En qué anda metida? ¿Qué le pidió?

-Bueno, no tiene importancia. -¡Dígame la verdad!

¡¿En qué anda metida mi esposa?! -¡Basta!

Está pasando por una mala racha, pero no son formas de tratarla.

No le permito que le hable así,

y menos, que le ponga la mano encima.

Lamentándolo mucho, le pido que se marche de mi casa.

Váyase a la suya y tranquilícese.

Este hombre está irreconocible, Trini.

O arreglan pronto la situación, o terminará muy mal.

-Ramón.

me temo que esto ya no tiene arreglo.

Vamos a mi dormitorio. ¿Estás segura?

No deseo más hombre que tú.

Quiero que sepas que soy tuya.

Aunque me veas sonreír ante Liberto,

serás el único que me toque.

No, no, no. Si vuelve tu padre, nos matará.

Si nos ve,

será mejor. Habrá de aceptarlo.

Una vez mancillado

mi honor y el suyo.

Estás loca.

No, no, no. No por tu padre, sino por mí.

¿Por qué?

Porque te amo, Elvira.

Debo respetarte.

Demostrártelo a ti ya mí mismo.

No hay nada que desee más que estar contigo

y conocer todos los rincones de tu cuerpo.

Yo también.

Ya, pero...

debe ser algo que recordemos toda la vida.

No un encuentro furtivo y apresurado.

Quiero amarte con delicadeza.

Directamente,...

no con el miedo en el cuerpo.

¿Cuándo?

Cuando regrese del convento.

No me olvides.

Pensaré en ti a cada momento.

(Puerta cerrándose)

¿Molesto?

Claro que no.

¿Qué haces aquí? He venido a verte.

Me ha abierto la cocinera.

¿Quieres tomar algo?

Un digestivo no estaría mal.

¿Estamos solos?

Mi padre está en su alcoba.

No está de muy buen humor.

Me da que él y doña Rosina han regañado.

Lo sé.

Esta mañana vi a tu padre y parecía algo enfadado.

Eso es quedarse muy corto.

Está insoportable, no hay quién lo aguante.

¿Sabes cuál ha sido la razón? Sí.

Rosina quería darle una sorpresa preparándole un ágape

para celebrar la amistad que tienen.

No sé si odia más las sorpresas o las celebraciones.

Pues es una lástima. Era una buena ocasión para divertirse.

También odia la diversión.

Ah.

¿Coñac? Sí.

Mi padre es un hombre de ideas férreas.

Mi madre era el ser más alegre del mundo

y eso a él le incomodaba sobremanera.

Si doña Rosina quiere llevarse bien con él,

habrá de asumirlo y acatar su voluntad.

Pues Rosina no es muy de acatar así en general.

Está acostumbrado a que las mujeres que le rodean le obedezcan

y hagan lo que él decida.

¿Crees que doña Rosina

podría asumirlo?

Si me lo hubieras preguntado antes, te diría que no,

que ni muerta aceptaría tales menesteres,

pero últimamente estoy empezando a dudar.

¿Qué quieres decir?

Que Rosina le permite cosas que jamás pensé que permitiría a nadie.

¿Qué cosas? Le deja que le acompañe

a la reunión con los empresarios,

cede a sus normas de vestuario, le permite

que le diga qué decir,

cómo debe comportarse... Y Rosina...

Parece que conoces muy bien a esa mujer.

¿Perdona?

Y que llevas muy bien la cuenta de lo que hace y lo que no.

Me preocupo por ella porque es amiga de mi tía, nada más.

Y porque es mi vecina.

Doña Celia también es todo eso y no estás al tanto de sus menesteres.

De la misma manera, Elvira,

lo que pasa es que no te has dado cuenta.

Bueno...

¿Vamos a dar un paseo?

¿Por qué no?

Voy a buscar el abrigo.

Oh...

(Puerta)

¡Ya voy!

Uh... ¿Qué haces aquí tan de "amanecía"?

-Vengo a traerte nuevas sobre Fabiana.

-¿Qué ha "pasao"? -Que está peor y malamente.

Ayer por la mañana le dio un tabardillo

y la han "tenío" que operar de urgencia.

Están aguardando a ver cómo avanza. -Dios quiera que bien.

-Que sí, Lola, tú descuida.

La "seña" Fabiana es más fuerte que el mármol.

-Dios te oiga, Casilda.

-¿Y usted qué hace aquí?

-Te lo he traído porque está haciendo una friegas

para echarle a la "seña" Fabiana.

Servando, eso huele que echa "p'atrás".

-¿Qué más dará? Mientras que curen...

Y esto, esto, muy señoras mías, lo cura todo.

-Cura o te mata, una de dos. -Mañana mismo saldremos de dudas,

porque pienso untárselas a Fabiana. -No, no, no.

Servando, no, ¿eh?

Mejor esperamos a que salga del hospital.

-Mejor no sé, pero inútil, un rato.

Esto es para personas enfermas.

-Me estaba yo preguntando, Servando,

¿y por qué no prueba primero con nosotras?

Y si la cosa funciona, ya prueba con la pobre de Fabiana.

-Pero ¿qué dices, Lola?

-Vosotras estáis "mu" malamente.

-Uh, "pos" sí,

pero peor que las mulas del campo.

¿A que sí, Casilda?

-Hechas carbón.

Yo tengo la espalda, que madre mía.

-¡Que no, hombre,

que no, que lo necesito todo para ella!

Mañana mismo voy a ir al hospital, y así se ponga el médico

como se ponga, yo se las unto.

¿Es que has "perdío" el oremus o qué? ¿Eh?

¿Quieres que nos envenene con eso?

-¿Qué prefieres, que se lo eche a la Fabiana

y que la remate?

Primero que pruebe con nosotras.

Y si no se nos cae la piel, que se lo unte a la Fabiana.

-¿Sí?

¿Y cómo vas a convencerlo?

-Tengo una idea.

(REZA EN LATÍN)

¿Quieres que te traiga algo caliente?

Tiene que ponerse bien.

Señor, por favor, te lo pido.

Fernando.

¿Cómo está? ¿Ha pasado el médico? ¿Se sabe algo de Fabiana?

Ayer la intervención fue bien, pero la tienen en observación.

No quieren aventurarse.

Habrá que esperar.

¿Cómo está usted?

Estoy preocupada por Cayetana.

Ella no está bien.

Los nervios, la ansiedad, el estar aquí no es bueno para ella.

(REZA EN LATÍN)

No puede ser.

Pobre Fabiana...

No lo merece.

Ella no lo merece. Yo lo merezco.

Cayetana, no tienes la culpa.

Tienes que tranquilizarte, ¿me oyes? Teresa.

¿Ha pensado en lo que hablamos?

No puedo dejar que se la lleven a una casa de reposo.

Piense en usted.

No puedo

ni debo.

Si Fabiana se muriese,...

o si no lo hiciera,...

no podría llevar a Cayetana a un sitio de esos.

Lo que no podría o debería hacer es sacrificarse sola.

No es solo responsabilidad suya. Es un sacrificio.

Lo hago porque quiero.

Podría ser peligrosa.

Es como un animal herido, no sabe lo que hace.

Es impredecible.

En cualquier caso,...

no voy a dejar

que se la lleven a una casa de reposo.

Cayetana me necesita.

Rosina.

-Liberto, buenos días, no... No te he oído.

-¿Te encuentras bien?

No sé, tienes mala cara.

-No, no, sí, es que he venido a rezar por Fabiana.

Me he enterado de que ha empeorado y me ha dado mucha pena.

-Sí, algo he oído.

Lo siento, no sabía

que le tuvieras tanto cariño.

-Bueno, es verdad

que nunca nos hemos rozado demasiado, pero la conozco desde siempre.

Una se acostumbra a los que la rodean

y no quiero que nada malo le pase.

-Claro. ¿Entonces esa cara no tiene que ver

con don Arturo? -¿Qué pasa con él?

-Verás, Rosina, don Arturo ha cancelado el ágape

que le habías preparado por sorpresa y a sus espaldas

con tanto cariño e ilusión.

-¿Y... cómo es que lo sabes tú?

-Al barrio le gusta darle a la húmeda.

Le vi muy enfadado con Víctor y María Luisa.

-Ya.

Lo que sé es que te gusta recrearte en los chismorreos

y más si tienen que ver conmigo.

-No te pongas dignas, que no tengo la culpa.

-No, pero no me gusta que te metas en mis asuntos.

-No me meto en tus asuntos, solo me preocupo por ti.

-Pues nadie te lo ha pedido.

-No, no, no, no.

No te vas sin escuchar lo que tengo que decirte.

Es cierto que no me lo has pedido, pero me preocupo por ti.

Es algo que no puedo evitar.

Y si el coronel ha cancelado el ágape,

pues me molesto.

No quiero que nadie te haga sentir mal

ni que te quite la ilusión si quieres preparar una fiesta

con los que te quieren

para celebrar vuestra amistad.

-Bueno, la verdad es que...

me ha hecho quedar mal con los vecinos.

Había invitado a los más allegados.

He tenido que desdecirme.

-Ya sé muy bien lo que te gustan esas cosas, Rosina.

Me refiero a la jarana, a las fiestas,

a las celebraciones. -Pues sí. Sí.

Me gusta la jarana y las celebraciones.

Sí.

-Rosina.

¿Tú eres feliz?

-¿A qué viene eso?

-Pues... no sé,

porque últimamente te veo seria, triste, resignada...

-No, soy muy feliz, tremendamente feliz.

-Ah, ¿sí?

¿Y por qué últimamente nunca te veo reír?

Ni siquiera sonreír.

-Porque echo mucho de menos a mi familia. ¿Has olvidado

que hace meses que no veo a Pablo

ni a mi hija Leonor? ¿Sabes lo duro que es eso?

-No, no se me ha olvidado.

No quería molestarte. -Lo has hecho.

-Lo siento. -Más lo siento yo.

Y quiero que te dejes de meter en mi vida.

Y que dejes de comportarte así,

movido por los celos. -No tengo celos.

-Sientes celos de mi relación con Arturo.

Por eso la pones en duda.

-Que no pongo en duda nada, pero es cierto que no me gusta.

-Que no te gusta.

-No, no me gusta, la odio.

¿Sabes por qué la odio, Rosina?

Porque no te reconozco.

No sé quién eres.

-Soy yo, Rosina Rubio. -No.

No eres la Rosina de la que me enamoré hasta perder el sentido.

Esa Rosina Rubio luminosa,

alegre, que se quería comer la vida a bocados.

La Rosina que me hizo perder el oremus con sus besos.

Por la que hubiera dado todo.

Todo por pasar un momento a su lado.

O toda una vida mejor.

La Rosina Rubio a la que quise hasta la locura.

-¡Liberto! ¡Liberto!

(FERNANDO) "Bien sabe Dios"

que no estoy de acuerdo con esto,

y creo que doña Cayetana estaría mejor en una casa de reposo

siendo atendida debidamente y con los cuidados que su estado requiere.

Pero no voy a insistirle más. Respetaré su deseo

y su decisión.

Cambiaré mi criterio en beneficio del suyo.

¿Hará eso de verdad?

¿Hará eso por mí?

Mediaré y haré todo lo posible

para tratar que nadie saque a doña Cayetana de su casa

ni la separe de usted.

Si es lo que desea... Es lo que deseo.

Lo deseo con todas mis fuerzas.

Que sea así pues.

Pero ¿cómo lo va a hacer?

El comisario del Valle está dispuesto a todo

con tal de llevarla allí. Tiene mucho poder, Fernando.

Quizá, pero yo tengo la amistad del juez Márquez,

el responsable del caso.

Y él es quien tiene la última palabra.

¿Y qué va a hacer?

Adelantarme a los acontecimientos.

No sé qué sería de mí sin usted.

De nosotras.

Me alegra pensar que antepondrá mi deseo a su criterio.

Yo lo haría todo por usted.

Usted es mi vida, Teresa.

¿Quiere un poquito, Servando?

-Pues si no es mucho pedir...

-Le vamos a dar un buen cazo.

Y hasta le vamos a dejar repetir.

Con una condición. -Lo que sea.

-Que el ungüento ese nos lo dé primero a nosotras.

-¿No os he dicho que es "pa" los enfermos?

¿Qué mal tenéis vosotras? Parecéis fuertes.

-El mal del cansancio y del hartazgo infinito.

-Sí, además, eso tan mal no nos va a dejar.

-Os lo daré, aunque sea por no escucharos.

Pero me tienes que poner un cazo de los grandes

y dejarme repetir.

-Buenas tardes tengan ustedes.

-¿Adónde vas tú con ese brío?

-Buscando al Servando andaba.

-¿Para qué me requieres, Lince?

-Pues para dos cosas, y bien concretas las dos.

La primera, referente a eso.

Para usted, y por extensión, para todo el mundo.

Lo del Lince.

Me lo he pensado

y no me hago.

Pensaba que me sentiría distinto y me siento un cretino.

En el mercado, el choteo ha durado dos horas a mi costa.

Así que, desde este momento,

quiero que me volváis a llamar Martín.

-Ay, no sabes la alegría que me das, Martín.

"Pos" así sea, Martín, ¿eh?

-Bueno, muy bien. ¿Y el punto dos?

-Necesito que venga a la azotea para ayudarme a poner el tendedero.

-Pues mira, casi que prefería yo el punto uno

porque no tengo tiempo.

Guardar el altillo bien lleva lo suyo.

-¿Usted? No se amuela la vieja.. Mejor me callo "pa" no liarla.

-Tengo que darles

unas friegas a las muchachas. No doy abasto.

-¿Unas friegas a mi canija?

-Sí, hombre, en los muslos nada más.

Bueno, bueno, y un poquito en el cuello y en los brazos, pero...

-No, no, ni el pelo le dejo yo.

Si alguien le da friegas, seré yo

y nada más que yo. -Buah.

-A ver ese ungüento, Servando.

-Pues ahí lo tienes.

-Oye, Lola,

¿tú estás segura de esto? -Estoy un poco "asustá",

pero todo sea por la Fabiana. Mejor morir nosotras,

que le haga una avería.

-Entonces,

entonces dele usted, Servando,

échenoslo antes de que nos arrepintamos.

-Uh.

¡Quite! -Ay.

-Ni ay ni au. No es usted "espabilao" ni "na".

-"Espabilao" y listo. Me voy a hacer rico.

Como triunfe el ungüento este, de oro me voy a hacer.

¿Se puede saber qué haces?

-Acariciarte.

-Huertas, déjame.

No me apetece.

-No estarás así por lo del otro día.

No le des más importancia, le puede pasar a cualquiera.

Ya verás cómo no te vuelve a pasar, haré todo para que no ocurra.

-Suéltame y cállate.

-¿Qué te pasa? -Déjame en paz.

¿Me oyes?

Eres una pesada.

-Felipe... -Pero ¿por qué no me dejas?

¡Vete, olvídate!

-¿Por qué no aceptas que esto no se ha acabado?

-Lo nuestro, bonita, nunca ha empezado.

Para mí solo has sido un juguete,

una distracción.

Me fui contigo porque era fácil,...

pero no tienes nada especial.

Eres una más.

Una cualquiera.

Me dejé llevar y fui tonto.

Tú me manipulaste.

Destrozaste mi vida y mi matrimonio.

Ojalá no te hubiera conocido nunca.

¡Largo!

No te quiero

volver a ver nunca.

¿Cruz?

-Eres tú...

-He venido a traeros los billetes.

-Lo has conseguido.

-Saldréis por la tarde. Un carruaje os recogerá

en el cruce de caminos. A la salida.

Al norte.

Habréis de estar allí a las seis. Os llevará al puerto de Valencia

y allí cogeréis un barco hacia Nápoles.

El viaje por los caminos es largo,

pero es más seguro que ir en tren.

La policía vigila las estaciones de la ciudad.

Os busca todo el mundo.

-Entonces ha llegado el momento de despedirse.

-Cruz...

-Nunca antes había sentido nada así por nadie.

Haces que la vida se pare, que todo parezca posible.

No voy a poder separarme de ti, Celia.

No voy a ser capaz de decirte adiós para siempre.

"Necesito que me consigas otro pasaje"

en el mismo barco. -¿Otro? ¿Para quién?

¿Has perdido el oremus?

-Trini, me juraste que no me juzgarías.

-Celia, te has vuelto loca.

-Estoy más cuerda que nunca.

-¿Vas a dejar tu casa?

¿Tu familia, tu vida, tu esposo...?

Celia,

serías una proscrita. -Pero estaré viva.

Sí, repudiada,...

pero viva.

-Celia... -Trini.

Te lo ruego.

Si eres mi amiga y me quieres de verdad, ayúdame y no me juzgues.

Consígueme ese billete y no hagas más preguntas.

"Para siempre" es una palabra muy atrevida.

-¿Qué quieres decir?

No te entiendo.

-¿Confías en mí?

Entonces no digas nada más. -Ya, pero ¿y cómo...?

-Chist.

Adiós.

¿Adónde ha ido Fernando?

A hacer unas gestiones.

¿Qué gestiones?

Algo que nos viene bien a las dos, Cayetana.

Ya lo verás.

Él hará que todo se solucione.

Es nuestro ángel de la guarda.

¿Por qué tardan tanto en decirnos cómo está?

No lo sé. No lo sé.

Gracias por estar aquí.

A mi lado.

No sé qué haría sin ti.

Nunca te apartaré de mi lado.

Nunca.

El médico.

Enseguida vuelvo.

¿Qué le ocurre, amigo?

No trae buena cara.

Nada.

Prefiero no hablar de ello.

De hecho, venía a comisaría para olvidarme de todo.

Bueno, como quiera.

¿Y usted?

Tampoco parece tener ganas de irse de verbena.

No se equivoca usted.

Un mal día.

El peor de los que recuerdo últimamente.

¿Qué ha ocurrido?

No tengo ni idea de dónde puede estar Zenón.

Es como si la tierra se lo hubiera tragado.

¿Fernando no le ha dicho dónde podría estar?

Me dijo que se iría a su pueblo, a Campo de San José,

pero allí no le han visto desde hace meses.

Y para colmo, he discutido con Teresa.

¿Otra vez?

Me echó del hospital hecha una furia.

¿Qué le hizo usted?

Me encendí y arremetí contra Cayetana.

Sí, ya sé, no debería haberlo hecho.

Bueno...

Lo bueno es que el día de hoy llega a su final.

¿Una copa?

No.

Mejor no estropearlo.

Y prefiero estar solo

para ordenar mis pensamientos.

Con Dios.

A más ver, Felipe.

(SARA) "Estimado Mauro:

ha llegado la hora de que sepas la verdad".

¿Por qué no abre los ojos? ¿Qué ocurre?

Tiene que recuperarse.

No, no es solo cansancio lo que tiene.

Me ocultas algo, ¿qué hablabas con el doctor?

Me contó que la intervención no había dado

los resultados esperados. Sé más clara.

Cayetana, no han podido eliminar el edema que la mortifica.

¿Entonces...?

¿Su final está cerca?

¿No va a despertar?

Yo no he dicho eso.

Sí, sí que lo has dicho.

(FELIPE) "¿Y esa maleta?".

¿Emprendes algún viaje?

-¿Y adónde iba a ir?

Le llevo algo de ropa vieja a los pobres de la iglesia.

-Van a ir bien vestidas gracias a ti.

Esta ropa está nueva.

-Nueva o no, me he cansado de ella.

¿También vas a decirme qué ponerme?

-Estoy teniendo mucha paciencia contigo. ¡Dime la verdad!

-Aunque no lo creas, es lo que hago.

-Unas flores no me harán olvidar lo sucedido, claro.

-Lo entiendo, mi forma de tratarla fue inadecuada.

-Y del todo, inmerecida. No había hecho nada para merecerla.

Solo trataba de sorprenderle y de agradarle

preparando ese ágape

a sus espaldas. -Ese fue el problema.

Tengo una razón para que no me gusten las sorpresas.

-Pues si es así, debería compartirla conmigo.

-Hay ciertos temas de los que me cuesta hablar.

-Haga un esfuerzo si de verdad me estima.

Creo que merezco una explicación. (CELIA) "Ojalá no fuera así,"

pero...

es que...

me he enamorado con todo mi ser de ese hombre.

-Bueno... Entonces, contra eso no puedo luchar.

-¿No vas a tratar de detenerme?

-No lo lograría aunque quisiera.

(ROSINA) "El caso es"

que me ha invitado a cenar hoy.

Los dos a solas, para que enterremos el hacha de guerra.

Y habrás aceptado. -No le he dicho

ni que sí ni que no. ¿Qué hago, Susana?

Después de la fiesta frustrada, sería como aceptar mi derrota.

-Déjate de tontunas y acepta la invitación.

Yo nunca fui amiga de romances entre viudos,

pero es que aquí tenéis los dos mucho que ganar.

El coronel está muy solo. "Ya que quieres hablar conmigo",

hagámoslo sobre esa misteriosa mujer por la que aún bebes los vientos.

No, preferiría hablar de otro tema.

¿Tanto te cuesta sincerarte conmigo?

Estoy convencida de que esa mujer está muy cerca de nosotros,...

en la misma Acacias,...

y que te afecta mucho cuando te cruzas con ella.

Liberto, dejémonos de juegos.

Se que se trata de Rosina.

"Veo que la situación continúa tensa".

¿Tensa?

Diría que no es la palabra.

Mi casa se ha convertido

en un infierno.

Estoy harto de Celia.

Ya no sé ni cómo actuar.

Tenga paciencia.

La perdí hace tiempo.

El santo Job soportaría sus desplantes un segundo más.

Hoy, sin ir más lejos, la encontré haciendo una maleta.

¿Acaso piensa abandonarle?

Eso creo.

¿Qué es?

Es de Fernando.

Nos cita en la comisaría. ¿A las dos?

No me mentía con lo que me contó de Sara y Cayetana.

¿Y a qué se debe que confíe de una vez en mi persona?

Eso no viene al caso.

Y yo no he dicho que confíe en usted.

He dicho que la creo.

Entiendo.

Pero, dígame, ¿qué va a hacer al respecto?

¿Dejará que doña Cayetana siga burlándose de la justicia y de usted?

(COMISARIO) "Gracias por venir tan pronto".

No parecía dejarnos otra opción.

-No alargue nuestra espera y díganos qué tiene que comunicarnos.

-Perdone que no lo haya hecho antes,...

supuse que ya

lo sospecharía.

-Ya ve que no es así.

-Me ha llegado una orden del juez Márquez

relativo al internamiento de doña Cayetana.

¿Y bien? ¿Qué han decidido?

  • Capítulo 444

Acacias 38 - Capítulo 444

31 ene 2017

Cayetana visita a Fabiana en el hospital y la criada amenaza a la señora con confesar la verdad para mandarla a una Casa de Reposo, pero sufre una crisis. Teresa se preocupa por Cayetana, no la dejará sola. El médico llega para darles el diagnóstico.

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