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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 426 - ver ahora
Transcripción completa

Señorita, ya está bien de malos recuerdos.

Tengamos solo en cuenta el futuro,

tú lo has dicho antes.

Y tu futuro es que voy a lograr que sea

tu mejor Navidad. "En el nombre"

de la estima que profeso a Teresa, no hable así de ella.

-No es estima, sino amor.

-No sabe lo que está diciendo. -Un día

usted se va arrepentir de lo que hace por ella.

Y ese día no está tan lejano.

¿No crees que esté mejor? Eso es lo que me preocupa.

No lo comprendo.

Si termina por recuperar la sesera, la justicia

podría pedirle cuentas de nuevo, ¿no?

-"Mi madre, una mujer de armas tomar".

-¿Y siempre había vivido en esta ciudad?

-Casi toda su vida.

Aunque pasó temporadas en el norte; no debía de tener más de 10 años.

Mire la madre que tengo, casi nada.

-Tiene razón, sí que es bella.

A pasar de que la velada resultara accidentada,

me alegró ver a doña Rosina.

No me malinterprete, padre.

Doña Rosina puede ser algo peculiar, pero me agrada.

Haría bien en frecuentar su compañía.

"En el fondo, debemos alegrarnos"

de que ambos lo intentamos.

-Insisto en que en mi caso no es así,

pero, la verdad sea dicha, Arturo es muy elegante,

educado y serio. -Sí, Elvira es agradable y divertida.

Ojalá que al final todo cuaje y sea el comienzo de nuestra dicha.

-He visto a Felipe con esa criada

que te trae por el camino de la amargura;

la tal Huertas. Lo de tu marido clama al cielo.

Vuelves a tener a una criada

rondando tu casa. -"No podemos seguir así".

Debemos tomar una determinación.

Estoy decidida.

"Este va a ser el primero de muchos días felices".

Sí.

La culminación de nuestro amor.

A partir de ahora, siempre estaremos juntos.

Sí, mi amor.

"Tampoco le gustan las Navidades".

-¿La conozco de algo? -Tenemos algo más en común: Teresa.

-Solo quiero advertirle. -¿De qué?

-Sobre el objeto de su estima, el tal Mauro.

Temo que Teresa no conozca todos sus secretos.

-¿Qué es lo que tenemos que hablar? No sé a qué te refieres.

Y no sé qué hay que cambiar. -Que no lo sepas

ya es suficiente razón para tener que cambiar.

-Celia, tú y yo estamos bien.

Somos marido y mujer, ante Dios y ante los hombres.

-¿Niegas los problemas de esta relación tan hipócrita?

-¿Hipócrita?

-¿Cómo llamas a que hayan tenido que contarme

que te han visto con Huertas hoy mismo?

-No creas todo lo que te dicen las cotillas.

-Por supuesto, pero tampoco me creo todo lo que me dices tú.

Tengo decenas de demostraciones de que no debo hacerlo.

-¿Quieres algo?

¿Bebes porque tienes sed, o para ganar tiempo?

Conmigo no te valen esas tretas, me las conozco todas.

-No me has dicho si quieres beber algo.

Hay sapos que hay que acompañar con algo para que pasen por la garganta.

-No, no quiero.

Y, claro, esto para mí no es un mal trago.

Como ya he tenido que pasar muchos sapos

de tus infidelidades...

Solo busco que lleguemos

a un acuerdo beneficioso para ambos.

-¿Un acuerdo beneficioso?

¿Hablamos de negocios?

-Pues quizá sería lo mejor.

Que empezáramos a ver nuestro matrimonio como un negocio.

En los negocios tienen que dar buena imagen de cara a la calle.

¿Te imaginas entrar en una tienda y que el dueño te dijera

que el género es desastroso?

-No sé adónde quieres llegar.

-Pues que tenemos que dar buena imagen a los extraños.

Tenemos que aparentar ser un matrimonio feliz y ejemplar

y que nuestros vecinos nos vean como un ejemplo.

-¿Aunque no lo seamos? -Aunque ni lo intentemos.

Dentro de casa no tenemos que acercarnos.

No tenemos que dormir juntos.

Ni siquiera tenemos que hablarnos más allá de lo imprescindible

-No te puedo creer.

Estás siendo completamente irracional.

Me castigas por no estar durante el secuestro.

-No.

No sabes cuánto me alegro de que no estuvieras.

Me he dado cuenta de tantas cosas...

Tu relación con esa criada me ha hecho darme cuenta

de lo falsa que era la nuestra.

-Mi relación con Huertas no existe.

-Pues lo siento por ti.

Y te repito,

lo único que pretendo es que dejemos de ser la comidilla.

Y que nuestros nombres no se revuelquen por el barro.

Lo único que quiero es...

vivir en paz

dentro de lo posible.

¿Aceptas?

-No me das otra opción.

-Lo celebro.

Le diré a Lolita que...

me sirva la cena en la salita de la cocina.

Tú puedes cenar aquí, en el comedor, como siempre.

Buenos días, dormilona.

¿Sabes que estás muy guapa cuando duermes?

¿Y cuando despierto no?

Cuando despiertas, aún más.

Cuando tú despiertas, se abre el día.

Buenos días, halagador.

Hemos dormido en el sofá, nos van a doler los huesos.

Si me besas, olvido los dolores.

Tienes razón. A mí ya no me duele nada.

Besos anestésicos

para acabar con el dolor.

Deberíamos patentarlos.

Felicidades en grajeas del doctor San Emeterio.

Para que pase lo que pase, no olvidemos estos días

y lo felices que hemos sido.

Y que vamos a seguir siendo.

Lo de la proyección de la feria ha sido solo el comienzo.

Cada día a tu lado buscaré tu felicidad.

Vamos a desayunar.

Debo regresar al barrio y salir de esta burbuja.

Podemos quedarnos aquí para siempre, como si fuera nuestro castillo.

Y vivir del aire.

De eso nada.

Qué poco romántica.

Lo justo. Yo te preparo el desayuno.

¿Qué te apetece? No, tú siéntate.

Yo lo haré.

Hoy soy su esclavo, señorita.

Y le voy a preparar un té...

y un huevo pasado por agua. Lo desayunan

los ingleses.

Qué internacional. Habrá que probarlo.

¿Qué es esto?

Eh, nada.

Expedientes, restos de investigaciones antiguas.

¿Cómo lo voy a olvidar?

Hasta en nuestro momento de mayor felicidad está sobre la mesa.

Olvídalo, Teresa.

Devolveré el informe y no me meteré en un caso

en el que esté implicada Cayetana. No te creo.

Teresa.

Cayetana nunca más será un obstáculo entre nosotros.

He estado a punto de perderte y me he dado cuenta

de que nada justifica eso.

¿Hablas de verdad?

Completamente, mi amor.

Cuando acepté mi traslado a Santander,

decidí abandonar mi obsesión.

Una obsesión que me llevaba a ser infeliz sin ti.

Y no he cambiado de opinión.

Tengo tu promesa.

No me defraudes.

No lo voy a hacer.

Cayetana nunca más será un problema entre nosotros.

Señora, ¿ha "despertao" usted? ¡Albricias!

Dame agua.

Ponme bien la almohada, quiero incorporarme.

No se canse, señora.

Tenga.

He "hablao" con el médico y le van a dar el alta.

Pronto vendrá la enfermera y nos podremos ir.

¿Por qué estoy aquí?

Está en el hospital.

Ya lo sé, estoy preguntando que por qué estoy en el hospital.

Recuerdo que ayer hablé con Teresa...

de las Navidades, y estaba todo bien.

La llevé a una reunión con Úrsula,...

y esa maldita mujer hizo que se enfrentara a ella.

Y usted la amenazó.

¿Le hice algo?

No, gracias a Dios.

Recuerdo destellos.

Nunca debí llevar a la señora.

Sufrió de ansiedad por mi causa. Calla, calla.

Quiero recordar y me duele la cabeza.

-¿Cómo está?

-Hable en voz queda, se lo ruego. No sé

si querrá dormir,

pero está mejor.

-¿Y Teresa? Tengo que hablar con ella.

-No está, pero ha de llegar ya. Tiene que firmar el alta.

-Dile que necesito hablarle.

Bueno, y a ti.

El juez Márquez quiere analizar la situación legal de Cayetana.

-Cada vez que entran esos señores se derrumba lo que hemos hecho.

¿Qué le quiere hacer ahora?

Pobre de doña Cayetana.

-No es a ella a quien quieren hacerle nada.

Tenéis la custodia, pero no saben si sois las personas adecuadas.

-Todo esto es por mi culpa.

Si es que no la tenía que haber llevado a Úrsula. Maldita sea.

-Yo no puedo ayudarte.

Soy el fiscal adjunto de la comisaría.

Mi obligación

es comunicaros lo que decida el juez.

-Si no la dejamos,

don Felipe, ni dormimos por estar a su lado.

-Que no puedo hacer nada.

Es un asunto que decidirá el juez Márquez.

Díselo a Teresa.

Y cuando den el alta a Cayetana, debe pasar por comisaría.

-Sí, señor.

-Sed discretas.

Nadie está al tanto de este asunto.

No se lo he dicho ni a mi esposa. Y lo prefiero.

-Descuide.

¡Fabiana!

-Ve.

Dígame. ¿Con quién hablabas?

Con nadie.

Un enfermero que venía para lo del alta.

Cierra las cortinas, me molesta la luz.

¿Va a tomar más café, señor? -Sí, por favor.

¿Ha leído lo de las matrículas

de los vehículos a motor?

-Sí, será divertido saber de dónde es cada uno.

-Sí.

M de Madrid, B de Barcelona, V de Valencia...

Lo difícil será

cuando empiecen por la misma letra. Por ejemplo, la S.

Santander, Salamanca, Sevilla, Soria, Segovia...

No sé si me dejo alguna.

-Ya lo tienen todo pensado. Van a poner dos letras.

Ya verá cómo acabamos aprendiéndolo.

-Seguro, Gayarre, seguro.

Hasta servirá para conocer mejor

España.

Buenos días.

Ya sabes que no me gusta que salgas de tu cuarto sin vestir.

Voy vestida, padre.

Con ropa de estar en casa, pero vestida.

¿O me ve igual que aquellas mujeres de la playa de Guanabo, en Cuba?

En cueros vivos, Simón.

No les daba vergüenza. No creo que a Gayarre le interesen

las costumbres de las antiguas esclavas.

Sírvale zumo a mi hija, por favor. -Sí, señor.

Además, que más da cómo vaya vestida.

Solo me ve Simón

y él ni se da cuenta.

-No le haga caso.

Ya sabe que mi hija no tiene cabeza ni sentido común.

¿Estará hoy en casa, padre?

Tengo una reunión en el Ateneo, posiblemente almuerce allí.

Aprovecharé para ir de compras.

Liberto te acompañará.

No.

Él estaba ocupado.

No sé qué papeles tenía que arreglar.

Me contó, pero no me enteré.

Me aburría.

No puedes ir sola.

Una mujer comprometida no puede andar sola.

O vas conmigo o con Liberto o, en un caso excepcional,

con alguna amiga.

¿Y qué hago?

¿Me quedo encerrada?

¿Por qué no llamas a esa joven, la hija de don Ramón?

Seguro que ella te acompaña.

No tengo ganas de ir de compras con María Luisa.

Pues entonces te quedas encerrada.

Gayarre, le hago responsable de que mi hija no salga de casa.

No le quite el ojo de encima.

(RÍE)

Ya has escuchado a mi padre.

No me puedes perder de vista en todo el día.

¿Me vas a preparar un baño?

-Por favor, señorita.

A lo mejor tengo que pedirte que me frotes la espalda.

¿O te lo tiene que pedir mi padre?

Me verás como a aquellas mujeres de la playa.

En cueros.

¿Va a tomar más café, señorita?

No seas cobarde y mírame.

¿O vas a negar que el otro día me mirabas con pasión?

Me acorraló aprovechando que llevaba una sopera en las manos.

Culpas a la sopera,

se veía a la legua que querías besarme.

¿Sabes a qué me recordó?

Al día que nos conocimos.

¿O vas a negar que me deseabas lo mismo que entonces?

Le ruego que no siga por ese camino.

No es...

decoroso.

Claro que no es decoroso.

Es de todo menos decoroso.

¿No tienes sentimientos, no te dice nada el corazón?

¿No te molesta verme con Liberto?

Ni a mí,

ni a la mujer de la foto,

ni a nadie,

eres incapaz de querer.

Lo siento por ti, Simón.

Anda... Buenos días, Servando.

Justo veníamos hablando de usted, de lo del coro de los niños.

Teníamos ganas de felicitarlo.

-Pues gracias y felicidades merecidas, pero eso ya pasó.

Ahora me enfrento a nuevos retos.

-Ah.

-Muy pensativo lo veo.

-No, ahorrando movimientos.

El trabajo que tengo precisa de estrategia.

-¿Lo "cualo"?

-Bueno, pues que tengo que poner

esta tira de adornos

de un lado a otro.

Vamos a ver, si fijo en un lado de la pared la tira,

tengo que bajarme de la escalera, mover la escalera

y volverme a subir, con la eventualidad

de sufrir un percance.

-No parece muy complicado. -No, pues menos lo sería

si pudiera trabajar en ambos extremos a la vez,

si tuviera a mi Paciencia que me ayudara,

que en gloria esté.

-Servando, no está en la gloria, está en Cuba.

-Bueno, es lo mismo.

Ella está gozando del clima cubano y ahorrándose el invierno,

vamos, en la gloria bendita.

-No, Servando, no es lo mismo.

-No es lo mismo yo, no paro de un lado a otro.

Si no son las chimeneas,

son las calderas, colgar adornos...

Vamos, vivo sin vivir en mí.

-Yo le puedo ayudar.

-No, Martín, tienes que ir a buscar trabajo.

-Casilda, es un minuto ayudar a este hombre.

Le ayudo a poner el adorno,

que bien que te gusta ver el portal engalanado.

-¿Y usted no necesita contratar a nadie para que le ayude

ahora que no está la señora Paciencia?

-"Pa" esta labor, me basto y me sobro yo solo.

-Ya.

Ya veo.

Por eso anda de un lado de la pared a otro quejándose como una Dolorosa.

-Pero eso es un momento que se me pasa "ipsofapto".

Martín, ¿me acompañas al 32,

a ver si nos prestan una escalera y ponemos el adorno?

-Sí, vamos. -Voy un momentito a por...

-Bueno, pero en cuanto termines te vas a buscar faena,

que es lo que nos va a dar mejor vida.

-Arreando.

-Gracias.

-Oy...

¡Casilda!

-Buenos días, señora y compañía.

-Buenas, ¿se puede saber qué haces aquí?

Ve a casa, coge el capazo, te cambias

y vas al mercado, y me traes un filete.

Me lo preparas con esos pimientos que tan ricos te salen.

-Qué bien se cuida usted.

-Mis reales me cuesta.

-Pues, hala,

con Dios.

-Con Dios.

-Lo que te decía,

como el perro y el gato.

-Qué pena, siempre han sido un matrimonio ejemplar.

Celia tan guapa y él tan elegante.

-Pero ve unas faldas y va tras ellas,

y Celita ya se ha hartado.

Ayer estuvo en un tris de contármelo todo,

pero apareció Trini y ya no dijo

ni esta boca es mía. -Inoportuna.

-Ya ves...

La mona, aunque se vista de seda, mona se queda.

Lo que yo te diga, ese matrimonio no llega a primavera.

-Pues ya me dirás qué hacen si se llevan tan mal.

-Pues partir peras.

Y menos mal que estamos en España.

Si fuera en otros países,

se volverían a casar con otros.

Por ejemplo, en Francia.

¿Tú sabes la desvergüenza que hay en Francia?

-¡Oh, pareja!

Buenos días, ¿saliendo de paseo?

-De compras.

Mi marido quiere hacerme un regalo por las fechas.

A la joyería vamos.

-Aprovecha, Celita, y que te compre un diamante.

(RÍEN)

-Mi mujer se lo gana día a día.

Ahora, si nos disculpan.

-Diría que de crisis nada, están mejor que nunca.

Un diamante nada menos.

-No me creo nada.

A ver vamos.

-¿He aparentado bien? ¿Estoy aprobado?

-Un poco exagerado.

Y sonríe a la gente, que es gratis.

¿Quitarnos la custodia

de Cayetana?

Eso me ha dicho don Felipe.

Por eso me he venido corriendo para contárselo.

¿Con quién está?

Con una enfermera.

Le he prometido dos reales si no la dejaba sola.

Señor, espero que no se la desmande.

Bien hecho, Fabiana, no te preocupes.

Hablaré con el juez.

No la van a apartar de nuestro lado.

¿Y si nos la quitan?

¿"Ande" la van a llevar? ¿A una casa de locos

con otros que se lo hagan "to" encima?

Cuánta injusticia, pobre señora.

No dejaremos que la lleven a un sitio de esos.

Por encima de mi cadáver, antes me tienen que matar.

No va a llegar la sangre al río.

(Llaman a la puerta)

A ver si es don Felipe y le explica. Vete a abrir.

-Buenos días.

¿Nos puede dejar solos, Fabiana?

-Me voy para el hospital. No se olvide

de que tiene que firmar. De acuerdo, después iré yo.

Me alegra verle, Fernando.

¿Quiere tomar algo?

No, gracias.

Teresa, estoy preocupado por el patronato.

¿Alguna novedad?

No, no hay ninguna novedad, se trata de doña Úrsula.

Hará todo lo posible para quedarse con la presidencia.

Le da igual si es un accidente con los niños

o un supuesto caso de agresión

lo que se invente.

No hay nada que la detenga.

Lo sé, pero ahora mismo no puedo pensar en sus maniobras.

Cuando pueda hacerlo, tal vez sea tarde.

Lo más importante no es el patronato, sino Cayetana.

Sabe que puede contar con mis abogados.

No hace falta que vuelva a repetírselo.

No se trata de un asunto de abogados, es personal.

¿Personal?

¿San Emeterio de nuevo?

No, en esta ocasión no tiene nada que ver.

¿Y si Mauro no fuera quien de verdad cree?

¿Y si tuviera secretos?

¿Sabe usted algo?

¿Hay algo que me quiera decir?

No, no sé nada.

Solo le ruego que no desatienda el patronato.

Quién sabe si no podrá dar marcha atrás.

Gracias por el aviso.

Ahora, si me disculpa,

necesito quedarme a solas, tengo mucho en que pensar.

Sé el camino a la puerta.

Espero que pueda poner en orden sus pensamientos.

Con Dios.

Lleve esto al juez.

Pida que me traigan el expediente de doña Cayetana.

Hombre, Mauro.

Me alegra volverle a ver por comisaría.

Le hemos echado de menos.

Yo nada, jefe, en absoluto.

No mienta.

Usted no puede vivir sin esto.

¿Cómo está? Bien, comisario.

El disparo es un recuerdo, no me ha dejado secuelas.

Soy el mismo de antes.

Pues no lo olvide y no vuelva a ponerse a tiro.

No van a errar dos veces.

Me alegro de que esté aquí.

Tengo buenas noticias.

Pensaba ir a su casa, pero aprovecho que ha venido usted.

Ha sido revocado su traslado a Santander.

Eso significa...

Eso significa que se reincorpora a esta comisaría.

(SUSPIRA)

No crea que no sabía

que no quería marcharse.

¿Y los casos no resueltos?

¿La falsa muerte de Úrsula?

No creo que el juez mueva ahora papeles del pasado.

"Tabula rasa"

y nosotros a hacer nuestro trabajo,

que no es otro que encerrar a los malos.

¿Es el expediente que le pedí?

Gracias, puede marcharse.

Es el expediente de doña Cayetana.

Va a venir esta tarde.

Ya sé que usted...

tiene unos días de descanso, pero si quiere echar un vistazo...

Es posible que el juez cambie el régimen de custodia.

No, señor comisario.

No quiero saber nada de ningún caso en que esté envuelta doña Cayetana.

Es mejor hacer borrón y cuenta nueva.

No me ha traído más que sinsabores.

Buena decisión.

Lo mejor es que vaya a casa

y descanse estos días que va a estar de baja

para que así pueda regresar dando lo mejor de sí mismo.

Se lo agradezco.

Y le agradezco su gestión para que permanezca en esta comisaría.

Ha sido un placer.

Es usted el mejor colaborador que he tenido.

Ahora, si me disculpa,

tengo mucho trabajo.

Claro.

¿Por qué no saluda a los compañeros?

Se alegrarán de saber que está de vuelta.

Gracias, comisario.

Doña Rosina.

-Don Arturo.

-¿Qué hace en la calle con este frío? -Me gusta más el frío que el calor.

¿A usted no?

-En Cuba echaba de menos el frío de España

y aquí echo de menos el calor.

Nunca satisfechos. -Ley de vida. ¿Qué hace por aquí?

-Iba camino del Ateneo Militar a juntarme con antiguos compañeros

y hablar de política.

-Cómo les gusta la política a estos hombres.

A mi Maximiliano le apasionaba.

Disculpe mi curiosidad,

pero me pareció extraño no verlo en la chocolotada.

-Hubiera ido solo por verla a usted,

pero no me gustan esos actos.

¿Quiere que demos un paseo?

-Me encantaría, pero tendrá que ser esta tarde.

Voy a la sastrería, ¿quiere acompañarme?

-Será un placer.

-Ay, espere, guardo mi carta.

Es de los administradores de mi mina de oro.

-¿Va todo bien?

-Sí, vendrán a verme en breve.

Hay que hablar del estado de la veta y de los pagos.

-¿Siempre se ocupa usted?

-Bueno, qué remedio, soy viuda.

Hay que ver la de cosas que he tenido que hacer

desde que falta mi Maximiliano.

¿Caminamos?

-Tuvo que ser un gran hombre.

-Sí, tenía sus cosas, pero era un gran hombre.

Fue una pena que nos abandonara tan pronto.

-¿Y no prefiere dejar esas reuniones en manos de su abogado?

Don Felipe cuidará a la perfección de sus negocios.

Y seguro que don Maximiliano no disfrutaría

viéndola a usted en esas reuniones rodeada de hombres.

-No crea, mi Maximiliano era un liberalote.

Respecto a Felipe, es muy perspicaz,

pero, ya sabe, el ojo del amo engorda el caballo.

Mejor me encargo yo.

¿Quién le dice

que mi Maximiliano no me está guiando desde el más allá

para que tenga buen ojo?

-Quizá soy un hombre del siglo pasado y no avanzo con los tiempos,

pero veo a las damas muy elevadas para los asuntos del dinero

propios de mercaderes.

La veo a usted como a una mujer en medio de tiburones.

-Arturo, eso es muy antediluviano.

-Perdóneme ese defecto, lo solucionaré.

Verla a usted manejarse será un antídoto para mis dudas.

-Le agradezco su amabilidad por acompañarme.

Y seguiremos hablando del tema.

Ya verá cómo deja de tener dudas

sobre los negocios con mujeres. -Así lo deseo.

-Y búsqueme para ese paseo.

Será para mí un gran placer.

-Y para mí, a sus pies.

¿No te aburres?

Hago mi trabajo, señorita.

Eres muy pesado con lo de "señorita".

Es mi obligación llamarla así.

Señorita.

Podrías acompañarme tú de compras.

Su padre me ha hecho responsable de que no salga de casa.

Y no va a salir.

Me siento prisionera.

Mi padre no iba a enterarse.

Está en el Casino Militar,

de tertulia con otros tan antiguos como él.

No va a enterarse, en este barrio,

permítame que lo dude, señorita.

En este barrio todo el mundo se entera de la vida de todo el mundo.

No me lo ponga difícil, por favor.

Borde pañuelos, haga punto...

Lea.

¿Ha probado con las novelas de detectives de su padre?

Son muy entretenidas.

Me aburren las novelas de detectives.

Simón, quiero un té.

Pero si es casi hora de comer.

¿También me vas a decir cuándo puedo tomar un té?

Eres todavía peor que mi padre.

Ahora mismo se lo preparo,

señorita.

Felipe, se acabó el paripé, ya no hay que disimular más.

¿Me puedes soltar el brazo?

-Celia, esto es absurdo.

(Llaman a la puerta)

-Hola.

Os he visto entrar.

¿Molesto?

-No, querida, tú nunca molestas.

-Celia, voy al despacho, amor mío, tengo que arreglar unos documentos.

Si me necesitas, estoy allí.

-Tranquilo, cariño, nadie ha de molestarte hasta la comida.

"Cariño", "amor mío". (RÍE)

Da gusto oíros así de empalagosos.

Ya veo que ha amainado la tormenta.

-En absoluto, puro teatro.

Lolita ha ido al mercado

y no puedo ofrecerte nada, pero pasa y charlamos.

-Celi,

¿cómo que teatro?

-Bueno,

compostura,

que es lo que le interesa a la gente,

que aparentemos ser un matrimonio feliz.

Cómo estemos de verdad no le interesa a nadie.

-¿Y a ti?

-A mí cada vez me importa menos todo esto.

He llegado a un acuerdo con mi marido.

Sonrisas y cariño de cara a los demás

y sinceridad dentro de casa.

Así cuidamos nuestra reputación,

pero no nos hacemos ilusiones.

Ni el uno ni el otro.

-¿Y crees que así estarás satisfecha?

-Me conformo con mis pequeños triunfos.

Hoy Huertas nos ha visto saliendo del brazo y casi se descompone.

Se va a arrepentir de no haber aceptado mi dinero.

-Bueno, Celi, tampoco te dejes llevar por el rencor, no te hará feliz.

¿Y tus sentimientos?

-No te preocupes.

Ya no siento nada por mi marido.

-¿Nada de nada?

-Ni siquiera despecho.

Me he desenamorado de él.

-¿Del todo?

-Casi del todo.

Pero no quererle es mi curación

para que no me duela lo que él hace.

No temas por mí.

A pesar del naufragio de mi matrimonio,

nunca he estado mejor.

-Celia, es muy duro eso que dices.

-Pero es la verdad.

Es lo que nos ha tocado vivir.

Son los tiempos modernos, ¿no?

Nada que ver con lo que vivieron nuestras abuelas.

No sé si volveré a sentir amor,

pero dudo que sea por mi marido.

¡Bua!

Mira qué guapa estás en esta.

-¿Te parezco guapa?

Pero si tengo cara de cansada.

-La voy a enmarcar, la voy a poner al lado de la cama

y la voy a mirar todas las noches y todas las mañanas,

María Luisa de mi vida.

-Yo quiero otra tuya, Víctor de mi corazón.

Eres más empalagoso que las tartas de La Deliciosa.

La chocolatada fue un éxito.

-Las Navidades están siendo un éxito.

Deberías encargarte siempre de prepararlo.

Siempre.

-Víctor, que mi padre está en casa.

-Uno rapidito, estoy que no me puedo.

-Uno vale.

-(CARRASPEA)

Que corra el aire entre los dos

o va a ser la última vez que dejo entrar a este muchacho.

-Perdone, don Ramón.

-María Luisa, hija, vete a por el libro de cuentas.

-Sí.

-Voy por el dinero, Servando.

-(RÍE)

A punto de haber sido descubierto.

Ya pensaba yo que don Ramón iba a coger la espingarda.

-He pensado lo mismo,

pero la carne es débil y uno pierde la compostura.

En fin... ¿Cómo va todo, Servando?

-Ahí estamos, sin un minuto que perder.

Sin mi Paciencia, el doble de trabajo.

También cobraré el doble, eso sí.

-No hay mal que por bien no venga.

-Aquí está el sobre.

-Pero...

Aquí falta la mitad.

-¿La mitad? Pero si lo acabo de contar.

-Falta la parte de mi Paciencia.

-¿Paciencia?

Paciencia está en Cuba.

-Ya, ya, pero yo hago el doble de trabajo, hago su trabajo.

-Esto no funciona así, Servando.

El portero tiene un sueldo y su ayudante otro.

Búscate uno, te ayudo a encontrarlo.

No sé que pasa con María Luisa, no debe encontrar mi libro.

Ahora vuelvo.

-Su gozo en un pozo, Servando.

El doble de tarea por el mismo dinero.

-Pero...

Pero esto no es justo.

-Puede contratar a un ayudante.

Martín está buscando trabajo.

Lo mismo le interesa.

-"Señorita".

Aquí tiene su té.

¡Señorita!

¡Señorita!

¡No, no, no, Elvira!

¿Estás ocupado, amor mío?

-Reviso contratos de las cafeteras.

El negocio va viento en popa.

He tenido que encargar otra partida.

-Es que mi maridito es un hacha.

Querido, necesito que me ayudes.

-A tu disposición estoy.

-Ale, a doblar sábanas.

Venga.

-¿Quieres que yo doble sábanas?

-No se te van a caer los anillos por hacerlo.

-Trini, necesitas

una criada.

Yo no puedo estar doblando sábanas,

y tú tampoco, que eres una señora.

-¿Una criada para qué, para que nos salga rana?

Estoy harta

de meter desconocidas en casa.

Tú y yo, y María Luisa hasta que se case, doblaremos sábanas.

Coge de este lado.

Vamos.

-Qué bochorno. Si me vieran los vecinos...

Solo te falta ponerme una cofia.

-Ramón, ¿tú te crees que esta casa es la única en que cuecen habas?

-Tendrán sus mandangas,

pero no me imagino al coronel Valverde

doblando sábanas, ni a Felipe ni a Maximiliano.

-Pero ¿y tú qué sabes?

Cada uno en su casa y Dios en la de todos.

Se cierra la puerta y nadie se entera de nada.

(Llaman a la puerta)

Ya voy a abrir yo.

Tú descansa,

que las labores del hogar te dejan agotado.

A las buenas, don Felipe. Adelante.

-Gracias.

Buenas tardes, don Ramón. -Amigo Felipe, ¿un jerez?

-Se lo acepto.

-Uy, no, yo me voy a seguir con mis labores.

Ramón, luego seguimos con lo que estábamos.

-¿He interrumpido algo? -No.

Me da hasta vergüenza decirlo.

Estaba doblando sábanas con mi mujer.

Nuestras esposas

ya no nos tienen respeto.

¿Imagina que mi padre habría doblado?

-Claro que no, pero es mejor que lo que me ha propuesto mi esposa.

-¿Poner la mesa, lavar los platos?

-Peor.

Aparentar en la calle que somos un matrimonio feliz

y no dirigirnos la palabra en casa.

-Tome asiento y me explica mejor a qué se refiere.

-Lo dicho.

Quiere que nuestro matrimonio se base en las apariencias

de cara a las habladurías, para evitarlas,

pero que no sea una verdadera unión.

-¿Y usted ha aceptado?

-¿Quiere engaños?

Pues los va a tener.

Voy a fingir que he aceptado,

pero solo para volverla a enamorar, y usted me tiene que ayudar.

-¿Cómo podría serle de ayuda yo?

-Usando a su esposa, a doña Trini.

-¿Y qué es lo que puede hacer mi esposa?

Celia escucha mucho a Trini, tiene su opinión en alta estima.

-Son buenas amigas, sí.

Si usted le cuenta mis buenas intenciones,

se lo comentará a Celia.

-No va a resultar tan fácil.

-(EN VOZ BAJA) Para nada, en absoluto, nada fácil.

-Debo recuperar mi matrimonio.

-Haré lo que esté en mi mano.

-Menudo chasco se va a llevar don Felipe.

Perdón, perdón, pase.

Buenas tardes.

-¿Quiere un chocolatito?

Hace un frío que pela. -No, gracias.

Ya sabe lo mucho que aprecio su chocolate, pero no puedo.

¿Ha visto a la señorita Elvira?

-No me suena haberla visto, ¿se ha perdido?

-No.

No, no, no...

Ha salido de casa sin su cartera. Gracias.

Si la ve, podría... Nada, mejor nada.

-Le digo que tiene su cartera, ¿no?

-Eso, eso. -Ahí viene mi prometida.

Lo mismo sabe algo. ¿Has visto a la señorita Elvira?

-Pues... no,

pero ayer me dijo que quizá iría de compras.

-Sí, es verdad, iré a preguntar a la sastrería.

Muchísimas gracias.

-¿Para qué la busca?

-Porque se había dejado la cartera en casa o no sé qué.

Buenas tardes, doña Susana.

¿Ha pasado por aquí la señorita Elvira?

Quería comprar pañuelos.

-No, por aquí no ha pasado.

He recibido unos pañuelos que le encantarán, díselo.

-Se lo diré. ¿Con don Liberto no estará?

-No, él andaba en asuntos de papeles.

Estará fuera del barrio todo el día.

-Está bien. Muchísimas gracias, doña Susana.

¡Lolita!

-¿Qué ha "pasao"? Parece que hayas visto al demonio.

-La señorita Elvira se me ha escapado de casa.

¿La has visto?

-Antes, cuando volvía del "mercao", iba a los Jardines del Príncipe.

-¿Sola?

-Sí, eso me ha "parecío". ¿Qué pasa?

-Su padre la ha dejado a mi cuidado y en un despiste...

se me ha marchado. -Ah.

¿Has "preguntao" en la sastrería? Estará con el señorito Liberto.

-No, acabo de preguntar.

Me va a caer una buena.

-Ay...

Venga, subo el cubo y te ayudo a buscarla.

Aunque en mi casa las cosas andan un poco mal.

Mis señores está con el fuego "cruzao".

-No, no, ya iré yo a mirar a los Jardines del Príncipe.

Si no está ahí, pues nada, que sea lo que Dios quiera.

Gracias.

Página 2.

Debería leerla.

-Seguro que usted me hace un resumen.

-Es un artículo del padre de Salvador,

el niño que quedó peor parado del accidente.

En resumen,

pone de vuelta y media al colegio y al patronato.

-Es normal protestar por un accidente.

-No, no habla del accidente,

sino del abandono al que se ven sometidos tras él.

Ningún responsable se ha puesto en contacto con la familia

para interesarse por el hijo.

Desamparo, desinterés, abandono.

Todas son palabras que escribe ese padre,

no me las invento yo.

-Desde el primer momento ese hombre se enfrentó al patronato,

quiso poner una demanda sin escuchar explicaciones.

-El que yacía en una cama de hospital era su hijo.

No le culpo.

-Sé que la presidenta del patronato tenía mucho aprecio a ese niño.

Sufrió con las noticias,

pero no era el momento de dar explicaciones.

-No justifique lo que no tiene justificación.

La señorita Teresa Sierra no ha cumplido

con su obligación, y usted lo sabe.

Siempre hay un momento para ofrecer ayuda.

O aunque solo sea para decir

lo siento.

Es una pena que una labor tan encomiable como la de nuestro colegio

y la memoria del doctor De la Serna y su hija Carlota

se estén echando a perder por la incompetencia de esa mujer.

-No creo que su memoria sea su meta, doña Úrsula.

-Le demostraré que está equivocado.

En este papel están los nombres y direcciones

de los padres de los niños afectados por el accidente.

Si les preocupan lo más mínimo,

alguien debería ponerse en contacto con ellos.

-Gracias, lo haré.

-¿Usted?

Podría ser.

A la actual presidenta se lo impide su soberbia.

Y...

piénselo.

Si en algo aprecia la labor del patronato,

no deje que esa mujer acabe con él.

Reláteme los hechos, comisario.

-Doña Cayetana abandonó su reclusión en su domicilio

para ir a una reunión del patronato

acompañada por su criada, Fabiana Aguado.

-¿Había solicitado permiso?

Ostentamos de su custodia,

no es necesario pedir permiso para salir a la calle.

¿La reunión era en la calle?

Si es así, aceptaré su protesta.

No. Entonces le ruego que no hable

si yo no se lo pido, o me veré obligado a pedirle que se ausente.

Sí, señoría.

¿Dónde se celebraba la reunión? -En una sastrería

sita en la calle Acacias.

-¿Eso es normal?

-Suelen celebrarse en casa de doña Cayetana.

Es de suponer que doña Úrsula cambió el lugar

para que el patronato votara en libertad.

-¿Y lo logró?

-Los hechos que se analizan lo impidieron.

La junta no pudo votar.

-Qué oportuna,

doña Cayetana.

Nadie diría que es una persona que no controla sus actos.

Prosiga, comisario.

-Como le iba diciendo,

doña Cayetana se presentó en el local

para formar parte de la reunión.

Según todos los testigos,

al principio su conducta era correcta.

-¿Qué sucedió entonces? -Perdió el control.

Insultó a doña Úrsula Dicenta

y la amenazó con unas tijeras.

-¿Llegó a producirse la agresión?

-No.

La señorita Sierra y el inspector San Emeterio

lo impidieron, alertados por Fabiana.

-Es decir, cumplió con las labores de custodia encomendadas.

-Así es.

-Doña Cayetana puede comportarse en sociedad durante algunos periodos.

¿Qué opina usted, don Felipe?

-No estoy seguro.

-También se deduce que, después de comportarse de manera civilizada,

puede tener un rapto de violencia, ¿no es así?

-En diferentes circunstancias, los testigos dicen

que su comportamiento es...

más agresivo.

-Lo que tenemos que hacer es dilucidar si puede ser controlada

por las mujeres que guardan su custodia

o si es un peligro para sí misma, para sus vecinos,

incluso para doña Fabiana o doña Teresa.

Es todo muy exagerado, no es un peligro para nadie.

¿Cómo le tengo que repetir que no hable si no le doy la palabra?

¡Señorita!

¿Señor?

(Puerta)

-Menos mal que llego a casa.

No sabe el frío que hace en la calle.

El tiempo pasado en Cuba me ha desacostumbrado a estas temperaturas.

¿Ha caldeado ya la casa?

-Sí, señor.

A primera hora, señor.

Le diré a la cocinera

que le prepare un caldo, es lo mejor para entrar en calor.

-No quiero perder el apetito, prefiero esperar a la cena.

Mejor tomaré un ron de las Antillas, resucita a un muerto.

¿Qué no hará con este frío que cala los huesos?

-Se lo sirvo, señor.

-Esta muchacha siempre dejando todo por medio.

Y eso que dicen que las hijas son más ordenadas

que los hijos.

-Perdón, señor.

Lo siento, tenía que haberlo recogido yo.

-Espero que no le haya dado problemas

y que no haya insistido mucho en salir.

-Verá, señor, hay algo que... debo confesarle.

Su...

Hola, padre.

¿Ha visto si me he dejado mis bordados?

-Estaban aquí en medio.

Debes ser más cuidadosa, hija.

Es lo mismo que lleva diciéndome Simón todo el día.

No ha parado de controlarme ni un instante.

Es la tarea que le he encomendado.

Pero no sabe qué tarde tan aburrida he pasado.

Espero salir mañana.

Ya veremos.

Gayarre, ¿qué es eso que me quería confesar?

-Nada, nada, señor, es una tontería.

En realidad, el comportamiento de la señorita Elvira ha sido ejemplar.

En ningún momento ha hablado de salir.

-Me alegro, así debe ser.

Al final la controla usted mejor que yo.

Bien, por lo que dicen los presentes,

lejos de ser una simple amenaza,

a punto estuvo doña Cayetana

de clavar unas tijeras a doña Úrsula. -Eso es una exageración, señor juez.

-Esta mujer puede dañar a alguien o a sí misma.

Yo lo impediré.

¿Y si se lo hace a usted?

Aquello fue un brote puntual.

Fíjese en ella, siempre está serena y tranquila.

En ningún lugar estará mejor que en casa.

¿Qué opina usted, comisario?

-He visto a tanta gente indefensa

que de repente se convierte en una fiera cuando menos se espera...

Señoría, eso fue un hecho aislado.

No hay nada que temer.

Fabiana y yo

cuidaremos de ella.

-¿Y si las ataca?

¿Y si la próxima vez que la tenga delante

es para acusarle de haberlas matado?

¿Cree que yo me lo podría perdonar?

Es mi responsabilidad

decidir dónde está mejor cada persona

para proteger a la sociedad y protegerla de sí misma.

¿Qué pasa, Teresa?

Tranquila, Cayetana.

No quiero que me hagan nada, ayúdame.

No entiendo cómo podéis vivir sin servicio.

-Susana, no se nos caen los anillos por servir unas tazas de té.

-Pero antes sí que lo teníais.

La verdad es que nunca hemos llegado a entender muy bien

por qué despediste a esa muchacha.

-Huertas, era un encanto.

-"¿Qué ha 'pasao'?".

¿Has "empezao" a pagar tus pecados con don Felipe?

-Acabáramos, ¿tiene que ser por un macho?

Me encorajinan las palurdas

que creen que si no levantas cabeza es por un hombre.

-Me complazco de haber educado a una señorita como Dios manda.

Liberto, tiene mi permiso para cortejarla.

-Y no se hace idea de lo agradecido que le estoy.

A ambos se lo agradezco.

-A mí no me queda otro remedio que alabarle, Arturo,

por haber criado tan bien a su hija y por sus muchas otras gracias.

-Gracias las que usted tiene. -"Por fin va a casar usted"

con un hombre que él ha escogido

y a quien usted apenas conoce.

De nuevo te confundes.

A partir de hoy, Liberto y yo nos conocemos muy bien.

A poco que lo hubieras pretendido, podrías haber sido tú.

Si hubiera sido mujer de mi gusto, nunca se habría entregado a él.

-"¿Qué te parece"

si organizamos una comida con Teresa y con Mauro?

-Pues no me apetece.

-Vamos, cariño, por favor, pon un poco de iniciativa.

Si se trata de aparentar, cuanto más aparentemos, mejor.

Podríamos invitar a don Ramón y a doña Trini.

Sería una almuerzo muy divertido.

¿Quiere decir eso que os habéis reconciliado o acercado un poco?

-Quiere decir que Felipe está ansioso por que tolere sus calaveradas.

-Ya, y tú no estás por la labor, por lo que veo, ¿no?

Celia, a lo mejor deberías pensar

en perdonarle, aunque no se lo merezca, no digo que sea así.

-Me gustaría poder seguir tu consejo,

pero no creo que pueda.

Creo que ya he transigido demasiado.

Sara, preferiría que usted...

Qué bien huele eso.

La verdad es que estoy canino.

No se hable más, pondré la mesa.

Bueno, voy a buscar

una botella de vino que creo que tengo en alguna parte.

-"¿Acaso no es evidente?".

"Es lo que trataba de decirle".

"Doña Teresa no está en condiciones de atender,"

de dirigir,

tan excelsa institución.

-No digo que esté usted equivocada, no soy quién,

pero sí le digo

que no es para debatirlo entre usted y yo,

sino en el siguiente pleno.

-No podría estar más de acuerdo.

Como puede ver, uno de los padres de los niños heridos

ataca sin compasión al patronato.

Duda de nuestro honor.

Me siento atacada,

rodeada por todos los sitios,

pero resistiré.

Seguiré cuidando de Cayetana y su interés.

Jamás abandonaré.

¿Ni si se lo pidiera Mauro?

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Acacias 38 - Capítulo 426

04 ene 2017

Celia propone un pacto a Felipe para acallar los rumores de los vecinos. Celia le confiesa a Trini que se ha desenamorado de Felipe, su esposo le importa cada vez menos. Mientras tanto, Felipe le cuenta a Ramón que piensa reconquistar a su esposa.
Mauro promete a Teresa que Cayetana no volverá a ser un obstáculo entre ellos. Felipe informa a Fabiana de que el juez quiere revisar la situación legal de Cayetana para decidir si sigue a cargo de Teresa y de ella.
Arturo deja a Elvira al cuidado de Simón todo el día. Simón le pide a Elvira que no lo provoque más, pero se escapa de casa a sus espaldas. Cuando Simón va a comunicar al Coronel que su hija ha desaparecido, ella aparece por sorpresa.
Ramón comunica a Servando que no cobrará el sueldo de Paciencia. Él se molesta.
Úrsula hace ver a Fernando que Teresa tiene desatendido el Patronato y que eso tendrá consecuencias. El comisario Valle pone en duda ante el juez Márquez la custodia de Teresa sobre Cayetana, mientras que Teresa le pide que le permita seguir cuidándola. El juez parece dudar.

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  1. Colette

    Bueno, el capitulo 427 fue muy esperanzador. Imagino que la proxima semana empezaran los problemas... Y estara mas movido todo. Por lo que se puede ver en el avance, Cayetana esta cada vez mas recuperada, veremos como resulta eso. Hasta el lunes Acacianos.

    05 ene 2017
  2. yanilemma

    A los del Patronato les pagan para no hablar. La historia de amor entre Mauro y Teresa es muy buena para ser cierta, seguro ya le caen chincgas hasta separarlos.... La novela me encanta pero no voy a mentir q muchas veces como q se salen de contexto... No entiendo entonces la Ursula se libro de la muerte de la Mamà de Pablo? Pablo y su Madre nunca supieron de la muerte de Carmen (Manuela)? Le dieron menos roll a la Casilda y eso si me hace sufrir, no es justo! Pero pues... Que le vamos hacer!!

    05 ene 2017
  3. Libre del trullo.

    Siii, mauro ni un rasguño en su cuerpo!!! jajajaja. Y cuantos deberian estar en el trullo, XD!!! Muhos actores ya han hecho sus maletas porque esta serie pasa de castaño oscuro!!

    04 ene 2017
  4. amoryamar

    Aquí los detalles no lo cuidan para nada. Todos curan rápidamente Mauro, Cayeta la quemadura, Simón el secuestro, ... es una novela sin muchos detalles pues el escenario siempre es el mismo, tienen una habitación de reserva que usó Manuela con Germán cuando vivieron juntos sus últimos episodios, donde vivió Ramón y su hija...vamos comodín el escenario ese cambiando muebles. Pero aún así me resulta amena distrae mi día, me da humor, amor, pasión, no me fijos en las menudencias y así disfruto más. Hubo un momento que dije no la veo más, cuando Germán y Manuela salieron, continúe más tarde xq los que me rodean lo hacían y nuevamente me enganché con los actores. Cuando Rosina y Liberto se separaron quise dejar de verla pero mi intriga de si volverán o no me deja Unida aún a ellos. Elvira Borda el papel de niña repelente, ¿quién me dice que le cae bien?, trabaja estupendamente con su papel de estirada, niña mimada y un poco tonta. Igual que fue en una época M. Luisia, ahora ya más centrada y con miras a casarse. Para mi si todos son felices .... acaba la novela pues por desgria eso sí que no vende, porque sino pienso que se volvería una novela erótica pues sólo pasión y amor, ya me diréis! !!! Espero ansiosa ver ese cruces de miradas con tanto amor y celos de Rosina y Liberto, a quien no conseguimos ver ese celo en la mirada es a Simón, un poco más de pasión en esta pareja!!!! Chao.

    04 ene 2017
  5. María

    Donde Cayetana debería de estar es en la cárcel o en el psiquiátrico.

    04 ene 2017
  6. Vini

    Hace pocos días que a Mauro le han pegado un tiro y después le han operado. Ayer llevaba una venda en el pecho y hoy se ha levantado a pecho descubierto y sin un rasguño. Deberían cuidar esos detalles, con el trabajo que tiene que llevar una serie como esta, estos gazapos lo estropean.

    04 ene 2017
  7. Colette

    Teresa si no quiere perderlo todo tiene que hacerse fuerte ante las circunstancias y rapido.

    04 ene 2017
  8. Colette

    BRAVO!!! por Celia, nunca pense que asumiria una posicion tan pragmatica y hasta moderna. Que dejen de fastidiar y dejen que Cayetana regrese a su casa. Es verdad en ningun sitio estara mejor que alli. Por favor, no vuelvan a Fernando malo, que es el unico aliado que tiene Teresa dentro del patronato. Y que ira a hacer la SARA con la informacion del expediente de Cayetana?? seguro nada bueno. Bueno, Acacianos, con dios y hasta mas ver.

    04 ene 2017