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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 423 - ver ahora
Transcripción completa

Espera, Elvira, ¿he dicho algo que te haya molestado?

No, tú no, tú eres un cielo.

-(GRITA)

-"No te entristezcas".

"Tano estará pasando unas Navidades memorables".

-No lloro por él, lloro por mí.

Sin la compañía de mi hijo...,

no encuentro motivos para celebrar las fiestas.

-Me tienes a mí.

-¿Y dónde estabas cuando yo hubiera dado todo por ti?

-"¿Se quiere creer que me disponía a ir a la iglesia"

para prenderle unas velas a mi difunto esposo

y ni siquiera tengo fuerzas para hacerlo?

-Será un placer escoltarla, señora.

-Agradecida.

¿No nos prestaría usted su establecimiento,

la sastrería,

para que yo pudiera reunirme con algunos miembros de la junta?

Necesitamos un lugar fuera de las miradas maliciosas.

-No sé, la verdad,

yo no soy de meterme en politiquerías.

-No es politiquería

velar por el buen nombre de doña Cayetana.

-Sea.

Cuente con mi establecimiento y todas sus dependencias.

-"Es una infamia que la detengan

cuando sabemos que es inocente".

Tengo la responsabilidad civil.

Precisamente por eso debería usted estar más alerta.

Yo he avisado a don Fernando

con la ayuda de Cayetana y de Fabiana.

¿A Fernando por qué?

Para que la ayude

con sus contactos.

-"Presionan"

para que Teresa sea trasladada y procesada.

Comprendo el dolor de esos padres,

pero no es la persona a quien condenar.

Pero sin pruebas,

Teresa está en primera línea de fuego.

¿Y qué va a ser de mí?

De momento, será usted trasladada a un penal.

-"¿No me reconoce usted?".

Pues yo sí le conozco a usted, don Felipe.

Trabajé en La Deliciosa.

Me llamo Sara.

-Descuide, no irá a prisión.

Comisario,

dispongo de pruebas que demuestran la inocencia de la detenida.

-Si es cierto que las tiene, es menester que las muestre ahora mismo.

-Lo haré si me deja. -Por favor.

-En el momento que recibí el cable de Celia en Lisboa

me puse en contacto con unos abogados

para que hicieran una investigación.

-¿Le parecemos

poco competentes?

-No es mi intención enmendar la plana,

pero cuento con unos medios de los que ustedes no disponen.

Durante un par de días,

tuve a todos los investigadores de la ciudad a mi servicio.

Me ha costado unos buenos duros encontrar el testimonio,

pero no hay nada como soltar dinero

en los bajos fondos para encontrar la verdad.

Le ruego que lea los informes del abogado.

Según los testimonios que han conseguido,

después de que Teresa revisara el escenario y comprobara todo,

unos individuos recibieron el encargo

de quitar un pilar, lo que produjo el derrumbe.

-Si estas declaraciones son ciertas,

la situación cambia completamente.

Según este informe,

alguien intentó provocar este accidente.

Le he dicho que revisé todo a conciencia.

Ese escenario podría resistir un batallón de infantería.

-Esos hombres no sabían lo que hacían.

Recibieron un encargo anónimo

y, simplemente, cumplían con lo que les pedían.

-Los hechos parecen indicar que alguien quería que ocurriera.

¿Quién puede tener tan pocos escrúpulos

como para poner en riesgo a unos niños?

-Espero que la Policía dé con la respuesta.

-No lo dude.

Este caso ha pasado de una negligencia

a un intento de asesinato a unos pobres infantes.

-Supongo que con esto será necesario

para que Teresa pueda dormir en su casa.

-No está en mi mano ponerla en libertad.

-No comprendo cómo puede seguir detenida

sabiendo que es inocente, las evidencias son claras.

Le ruego que no me haga pasar otra noche en este infierno.

-Hasta que no revisemos los informes

y se lo pasemos al juez del caso,

no puedo hacer nada. -Eso puede llevarles días.

-Intentaré que sea el menor tiempo posible.

Estoy segura de ello.

Siento mucho que tenga que pasar

otra noche más en el calabozo. -No entiendo

cómo puede retener a una inocente. -Yo solo cumplo la ley.

Esa es mi obligación.

Es solo una noche más.

Lo importante es que se sepa la verdad,

y eso ya lo hemos conseguido.

Lo siento, Teresa.

Tiene que acompañarlos.

Para mí que esto habría que haberlo "largao" en el altillo,

pero me lo he tenido que guardar toda la noche.

Me quemaban las tripas de no poder soltarlo.

-Deja ya de dar vueltas

y suelta ya de una vez lo que has venido a decirme.

-Es más gordo que un gorrino de dos cabezas.

-Pues arranca ya de una vez,

que termino arreándote con el cepillo en la cabeza.

-Escuché con estas orejas que Dios me ha "dao"

que Úrsula quería hacer una reunión en la sastrería.

Y de espaldas a la señorita Teresa.

-¿Y por qué iba a hacer tal cosa?

-Blanco y va en cántaro, Fabiana.

Quieren quitar de presidenta a la maestra.

Yo no entiendo los tejemanejes y chanchullos que se trae esa gente,

pero, viniendo de Úrsula, será algo malo.

-De eso no te quepa duda.

Menuda púa está hecha.

-Por eso he venido a escape.

Le tengo en estima a la señorita Teresa y me sabe mal.

-Has hecho bien, tenemos que cuidarnos

de esa endriaga.

¿Qué haces aquí que no estás atendiendo a tu señora?

He venido solo a dar los buenos días a la Fabiana.

Qué bonito.

Os distraéis con cualquier cosa.

-Anda, apúrate, que no se te retrase el trabajo por nuestra culpa.

-Pero si es que por mucho que corra no se me van a dar bien las tareas.

He quedado con los del altillo para ver qué hacemos con Servando.

-Normal que esté el hombre mustio.

A ver si se os ocurre algo para animarlo.

Venga, tira, tira.

Señora.

El desayuno. Tenemos que hacer algo.

No la entiendo, señora.

Tenemos que ayudar a Teresa.

Ha escuchado lo que me ha contado Lolita.

Perfectamente.

Tengo que acudir a esa reunión.

Señora, no sé si usted está en condiciones.

Fabiana, es la única manera de evitar

que le quiten la presidencia a Teresa.

Es muy noble lo que usted quiere hacer,

pero estando tan "delicá" de salud no sé...

¿No sería mejor esperar

a que vuelva la señorita Teresa? No.

Puede ser tarde.

Fabiana, te aseguro que puedo controlar mis nervios.

Y será solo un momento.

Se me antoja demasiado embrollo. Bueno, puede ser,

pero necesito hacerlo.

Podríamos hacer una fiesta a Servando para animarle.

-Si va él, vamos a tener que fregar las escaleras, mujer.

-Un jamón anima a cualquiera.

-María Luisa, por favor.

-Las fiestas son para animar. -¿Y al día siguiente?

-María Luisa.

-¡Oye!

¡Eh!

Hablemos de uno en uno o no lo solucionamos hasta Reyes.

-A ver si nos damos brío, he visto almas en pena más animadas.

-Hoy ni se ha levantado. -Y eso que es hora de almorzar.

-Tendríais que haber visto

lo triste que estaba cuando se encendieron las luces.

-No le había visto así en mi vida.

-Pensemos en lo que más le gusta.

(TODOS) El dinero.

-No creo que esta vez sea suficiente con eso.

-Unos duros animan al más pintado. -Qué espíritu navideño:

pagar a una persona para que se anime.

-Conozco a más de uno en el Ejército que sería más feliz con dos pesetas.

-Hasta que se las gastara en vino. Pensemos en otra cosa.

-Podemos comprarle un saco gigante de castañas de Naberos del Río.

-Mira, eso sí que le gustaría.

Pero al comérselas estaríamos en las mismas, y encima empachado.

-Podríamos comprarle un canario

para que le cante y le alegre la portería.

-Un perro, "pa" que le alegre cuando llegue a casa.

-Un caballo, que se dé sus buenos garbeos.

-¿Y de dónde vamos a sacar los duros, Martín?

No creo que un animal vaya a suplir

la falta de Paciencia. -Tenemos que pensar

cuándo hemos visto a Servando más feliz.

-Con la cuchufleta.

-No, Lolita, eso sí que no. -Bueno, cantar

y darle a las maracas.

-¿Y la cara que se le ponía bailando la jota de Naberos?

-También cantó en el sainete de Leonor.

Según mi padre, lo hizo muy bien.

-Y compuso el pasodoble.

# -Con su talla y su talle,

su donosura... # -¡Eh!

-¿Qué?

-Ya sé lo que vamos a hacer

para poder animar al portero.

Tan fuertes eran los ronquidos que tuvieron que parar la representación.

La ópera en alemán debería estar prohibida,

solo incita a la violencia o al sueño.

A mí me encanta la ópera, pero prefiero el baile.

Mira, a mí también me gusta un buen ballet.

No, no me refería precisamente a ese tipo de baile tan... engolado

que se realiza en los grandes teatros.

No sé a qué otro tipo de baile puedes referirte.

¿Acaso al que se baila en las tabernas?

En una ocasión, escapé a una taberna

donde bailaban sones cubanos los recolectores de caña.

Uh...

Un sitio poco apropiado para una señorita

de tu posición.

No seas timorato.

Lo pasé en grande.

Me hubiera gustado acompañarte.

No sé yo si te hubiera agradado tanto.

Cuando regresé a casa, a mi padre casi le da una apoplejía.

Entonces pienso que no puedo llevarte a sitios semejantes,

no parece que le guste que le lleven la contraria.

Piensa que una casa puede llevarse de la misma forma que un cuartel,

y que una hija es como un cabo furriel.

Entonces...

mucho me temo que no te queda otra que obedecerle.

Lo intento.

Aunque no siempre consigo hacerlo.

La verdad es que a veces disfruto llevándole la contraria.

Veo que eres rebelde, me encanta.

-Disculpen que les interrumpa,

pero les comunico que el paseo ha terminado.

¿Se puede saber por qué razón?

El señor Valverde fue muy estricto con la hora de su regreso.

No pienso volver todavía.

Me resulta muy agradable la charla que estoy teniendo con Liberto.

Seguro que sí.

Pero su padre fue muy preciso con sus instrucciones.

-Pienso que deberías regresar sin demora.

De lo contrario, don Arturo no nos permitirá salir en otra ocasión.

Está bien, pero solo porque tú me lo pides.

Volveremos a vernos pronto.

Eso espero, me resulta grata tu compañía.

(TARAREA)

¿Has visto las violetas que he comprado para mi señora?

-Te han tomado el pelo, está más seco que la pata de un pollino muerto.

-Eso es verdad, no son ni la mitad de bonitas

que las que tenía Guadalupe.

Pero le van a parecer fetén.

Don Felipe le quiere hacer un ágape a su esposa,

algo muy romántico y de mucha clase.

Hasta me ha "mandao" comprar vino de ese que hace espuma.

-Me alegro por ellos. -Más me alegro yo.

No era plato de gusto verles tan enfurruñados.

-Ese matrimonio no tiene compostura,

por mucho que le preparen a la sosaina de tu señora.

-Mira, lo mismo en eso también te equivocas.

Aciertas menos que un adivino de feria.

Decías que me iban a tirar y la "despedía" has sido tú.

-A mí plin, yo tengo un empleo mejor.

-Pero bien que te escuece que te hayan echado.

Tienes que estar a rabiar.

-Sabrás tú lo que me pica.

-A poco orgullo que tengas, y de eso te sobra,

no te puede gustar haber salido "trasquilá".

Y sin don Felipe. -Eso ya se verá, y si no al tiempo.

Ese lo pone todo en su sitio.

-Mira, ahí sí que llevas razón.

Don Felipe no ha tardado ni un mes en darse cuenta de lo lianta que eres.

-Intenta que la boba de su esposa le perdone,

pero volverá a ser el hombre que realmente es.

Entonces me buscará

con las orejas gachas.

-Y le esperarás con los brazos bien abiertos.

-Los brazos y lo que sea menester.

-No sabía que además de loba fueras tonta.

¿No te queda dignidad?

-Eso es un privilegio de los ricos.

-Me das pena.

Siempre serás la otra, con la que el señor se divierte.

Podrás engatusar a don Felipe una y mil veces,

que los hombres pierden el seso con unos ojos bonicos y una sonrisa,

pero una y mil veces volverá con su esposa.

Es así como que tras la noche va el día.

-¿Qué sabrás tú de la vida, pueblerina?

-En mi pueblo, te habrían arrancado los pelos las mujeres decentes.

Un día se te quitará

esa galanura,

te quedará una cama llena de chinches

y el recuerdo de lo boba que fuiste.

-"¿Es necesario"

que la lleven esposada?

Haga el favor de quitárselas.

Ya está todo solucionado.

El comisario ha comprobado los testimonios.

No hay razón para retenerla.

Gracias a Dios y a usted, no podía seguir en esa celda.

Le aseguro que jamás regresará a ese sitio.

Ahora solo tenemos que hacer ciertos trámites y será usted libre.

De no ser por usted, no sé qué me habría pasado.

Es lo mínimo que podía hacer.

En este tiempo en Lisboa no he dejado de pensar en usted.

Es usted muy amable.

Todavía no termino de asimilar lo ocurrido.

Pierda cuidado, la Policía dará con el culpable.

Eso espero, me da miedo pensar que un individuo

capaz de poner en peligro a esos niños

ande suelto por la calle.

Corramos al juzgado, quiero terminar con esto.

Espere un momento.

¿Puede dejarnos un instante a solas?

¿Cómo se encuentra, Fabiana?

Me he enterado por sus compañeras

que el cuidado de doña Cayetana apenas le deja tiempo.

-Así es, no puedo dejarla ni un momento sola.

-Siento no haber tenido la oportunidad de conocerla.

Por lo que he oído, es una mujer excepcional.

-Sí que lo era.

Por desgracia, doña Cayetana ya no es ni una sombra de lo que un día fue.

-Me hago cargo.

La enfermedad se está cebando con ella, ¿no?

-No sabe usted hasta qué punto.

Otros años por estas fechas ya estaría dando órdenes

y hasta pendiente del más pequeño detalle.

-Tengo entendido que su casa era un referente para toda la calle.

Bueno, que su opinión era muy respetada por todas las vecinas.

-Ya le digo.

Desde que ella llegó,

siempre llevó la voz cantante.

-Ah, pensaba que ella era de las primeras en habitar esta casa.

-Quia.

Cuando ella llegó, ya había algunas familias aquí.

Pero ella enseguida puso a todas las señoras a su retortero,

aunque fuesen más antiguas.

-¿Quiénes son esas mujeres que estaban aquí antes de su llegada?

-Ha llovido mucho desde entonces.

Pero..., pero si no recuerdo mal,

ya estaban aquí

doña Rosina y doña Susana.

Esta incluso antes.

Fue su marido el que fundó el negocio.

-Bueno, alguna más viviría aquí antes de doña Cayetana, ¿no?

-Pues sí que es cierto,

que doña Juliana ya llevaba aquí viviendo casi toda la vida.

La Deliciosa se abrió nada más construir estas casas.

-Es usted como una enciclopedia del barrio, Fabiana.

-"Pa" chasco no iba a saberme yo

la vida y milagros de los que han "pasao" por aquí.

Son ya muchos años.

-¿Y...

todas esas mujeres que me cuenta

han vivido siempre aquí, en Acacias,

o vienen de otras ciudades?

-Eh...

Creo recordar...,

sí,

que doña Juliana

vivió un tiempo en San Sebastián.

-Ya no vive aquí, ¿no?

Al menos yo no la he visto.

-Se casó y se fue con su marido a París.

A él le salió una buena colocación por aquellos lares.

Pero mucho pregunta usted,

"pa" que luego digan que las mujeres somos chismosas.

-Es solo curiosidad.

A uno le gusta conocer el vecindario donde vive.

-Pues a leer la gaceta, caballero.

Ya sabe lo que le pasó al gato por curioso.

Tengo que irme, he dejado a doña Celia al cuidado de doña Cayetana

y no quiero abusar de la señora.

Le noto alterado.

¿Es por algo inapropiado que he dicho?

Ya veo que no pierde un detalle.

Es cierto que me encuentro algo nervioso, pero no es por nada

que haya podido decir.

Dígame qué le ocurre.

No sé si recordará que la noche que me marché a Lisboa

le dije que quería tratar un asunto con usted a mi regreso.

Lo recuerdo perfectamente.

Tal vez no sea el momento adecuado,

pero no me siento capaz de guardar silencio por más tiempo.

Han sucedido muchas cosas desde que usted se marchó a Lisboa.

No sé si está al tanto

de lo ocurrido en casa de los Valverde y todo lo que conllevó.

Algo me han contado.

Tuvo que ser una experiencia terrible.

Se puede decir que... ha cambiado mi vida.

Saber que usted había estado en peligro

y que seguía estando amenazada me hizo regresar de Lisboa.

Y se lo agradeceré siempre, pero... Apenas nos conocemos,

tan solo hemos tratado algunos asuntos en el patronato,

pero me parece usted

una mujer maravillosa.

Me gustaría

que me diera su permiso para poder pretenderla.

Me parece...

que mi proposición no ha causado la respuesta que esperaba.

Se me parte el alma por tenerle que decir esto.

Es usted una gran persona y un buen amigo,

sé lo importante que es para usted esta proposición

después de todas las malas experiencias que ha tenido,

pero prefiero ser honesta con usted

y no le voy a ocultar que mi corazón pertenece a otra persona.

Y esa persona es Mauro San Emeterio.

Verle a las puertas de la muerte

me hizo comprender que es el amor de mi vida.

Lo siento.

No debe disculparse por nada.

Le agradezco que me haya contado la verdad,

no hay nada peor que las falsas esperanzas.

Le agradezco su comprensión.

Solo espero que esto no empañe nuestra relación.

Me gustaría seguir trabajando con usted.

Y yo estaré encantada de que lo haga.

Entonces...

salgamos de aquí enseguida, supongo que querrá ver a Mauro.

Vayamos al juzgado a escape, será usted libre en un periquete.

Gracias, Fernando.

(SUSPIRA)

Las violetas no van allí, van al centro de la mesa.

Todo tiene que estar igual que en la cena.

-No es por malmeter, señor, pero "pa" mí que la otra vez

había violetas "pa" dar de comer a un rebaño, y hoy no hay ni una docena.

-Si cuando llegue,

cuenta las violetas, mal vamos.

Lo importante es el detalle. Ponlas en la mesa.

Parece que se retrasa, ¿no?

Espero que se presente. -"Pa" chasco que no iba a hacerlo.

Está en casa de doña Cayetana, no tiene pérdida.

Uy, ya está aquí.

Hasta la más torpe sabe que a los hombres hay que hacerlos esperar.

-Déjate de historias y déjanos solos.

-¿Y esta mesa?

¿Acaso esperamos invitados?

-No.

Siéntate, te lo ruego.

Hace unos días

que me comporté como un estúpido

y quería compensarte.

-Que te portes como un estúpido no es novedad.

Pero me alegro de que lo reconozcas.

-Tú preparaste una cena como esta y... yo la rechacé.

Te pido perdón por no darme cuenta de lo importante que era para ti

y por no comprender lo mucho que perdía

al negarme a sentarme a tu lado.

Te pido otra oportunidad.

-Lo lamento, pero he tomado un tentempié en casa de Cayetana

y no tengo apetito.

Tendrás que comer tú solo.

-No te marches.

No me dejes solo, por favor.

-Otro día comemos juntos.

Ahora mismo, lo único que me apetece es asearme y descansar un buen rato.

-Aguarda un segundo.

-Felipe, ya te he dicho que estoy fatigada.

-Celia, por favor, no te marches así.

Necesito saber que todo está bien,

que puedo estrecharte entre mis brazos sin rechazo.

-No seas vulgar.

Ya sabes que no me gusta.

-Ya.

Entiendo.

¿Dónde está Teresa?

Sabía que desoiría las recomendaciones de los médicos

y que saldría del hospital como alma que lleva el diablo.

Me va conociendo. No sé si es bueno para usted.

Es demasiado osado. No tanto, comisario.

Los médicos me pedían un par de noches y yo les he concedido una.

Tenga cuidado.

Está jugando con su salud.

En estos momentos, tengo otras prioridades.

Quiero ir a los calabozos a ver a Teresa.

Teresa no está aquí.

¿Ya la han trasladado al presidio?

Sosiéguese.

Ella ya está libre.

¿Cómo puede ser eso?

Ayer vino don Fernando Mondragón, el amigo de Teresa.

Sé bien de quién se trata.

Pues, bien,

parece ser

que, aparte de tener una buena posición,

este individuo conoce

a buenos investigadores y abogados.

Han conseguido unas declaraciones que exculpan a Teresa, ella está libre.

Veo que no se alegra mucho.

Lo que no alcanzo a comprender es, si está libre,

por qué no ha venido al hospital. No se apure.

El señor Mondragón y ella tenían que ir a los juzgados.

Eso puede que les haya entretenido.

En ese caso, debo ausentarme. ¡Mauro!

Le aconsejo que vaya directamente a casa y repose.

Esa herida está tierna y le puede dar un disgusto.

Ya descansaré cuando haya visto a Teresa.

(CARRASPEA)

-Este año su prometida no para de hacer cosas para la Navidad.

-Este año quiere preparar el belén,

la chocolatada y no sé cuántas zarandajas más.

¿Quieres una copita, Martín? -Venga esa copita.

-Niña, una copita.

-Bueno, las Navidades más pintureras de toda la ciudad.

-Bueno, quiere montar un coro de niños para que pidan el aguinaldo.

-Organizar un coro no es una tarea baladí.

Formamos uno en el Ejército

y nos atacaban los tagalos

para que calláramos.

Tuvo que ver con que perdiéramos las Filipinas.

-Como no haya un director como Dios manda,

la cosa suena a gato desafinado. -Y en vez de aguinaldo,

conseguirán que les tiren piedras.

Gracias. -Necesitamos a alguien

que sepa de música, de entonación, que tenga oído.

-Y dotes de mando.

Y dotes de mando, que a los críos o los atas en corto

o a los 10 minutos

están apedreando farolas.

(RÍEN)

-No se me ocurre nadie con esas aptitudes

en todo el barrio.

-Si es que no lo hay, Víctor.

Si hasta el ciego que canta coplillas en la iglesia desafina.

-Como no aparezca alguien, nos quedamos sin villancicos.

-Tenemos que encontrar a alguien

que haya compuesto música, que sepa cantar

y hasta tocar un instrumento, aunque sea la cuchufleta.

-Ya te digo que no hay nadie en todo el barrio.

(CARRASPEA)

-¿Además es sordo? -Es imposible que no nos haya oído.

-Yo ya no sé qué hacer para que se dé por aludido, ¿hacerle un dibujo?

-Si queremos que entre en el coro,

hay que ser más listos.

-A mí la sesera no me da para más. -Tenemos que picarle.

Si le picamos, entra en el coro o donde nos dé la gana.

-Ojalá tengas razón.

Ya le hemos dicho los niños que haremos el coro.

Le ruego que se aparte, tengo que terminar con esta labor.

Esta es mi casa.

Puedo ponerme donde me plazca.

Como guste.

Gracias.

Le ruego que deje de hacer eso,

conseguirá que se rompa el belén y tenga que pagarlo yo.

Si quieres que deje de molestarte, solo tienes que hacer una cosa.

Está bien.

Dígame cuál es su siguiente capricho.

Quiero que me mires

y me digas que te da igual que inicie un noviazgo con Liberto.

Dímelo.

Dime que no sientes nada

cuando me ves cogida de su brazo o cuando le murmuro cosas al oído.

Le ruego que me deje terminar con mi labor.

Por favor.

¡Puedes hacer como si no me escucharas,

como si no entendieras, pero sé que te importo!

Solo me importa terminar el nacimiento antes de las Navidades.

Mientes.

¿Por qué me has hecho volver a casa? Cumplía las órdenes de su padre.

Ah, ¿sí?

¿Eso es lo único que sabes hacer?

¿Obedecer?

(Puerta abriéndose)

-¿Todavía estamos así con el nacimiento, Gayarre?

Le veo algo despistado.

-No tengo excusa, señor.

Y menos cuando la señorita Elvira ha tenido a bien ayudarme.

-¿Qué tal el paseo con Liberto?

Ha sido una experiencia maravillosa, llegamos hasta el campo.

¿Hasta el campo?

Me parece una temeridad, Gayarre. Lo sé.

Pero Liberto es un hombre que no tiene miedo a nada.

Además de ser muy guapo y divertido.

Me alegra que te haya impresionado tanto.

Ese muchacho es de mi agrado.

Por una vez estamos los dos de acuerdo.

Toda una novedad.

estoy pensando en invitar a Liberto y a su tía

a una cena en casa por Navidad.

Así, las dos familias podremos ir conociéndonos.

Me parece una gran idea.

Lo vamos a pasar de fábula.

Gayarre, encárguese de todo.

-Como usted ordene, señor.

# (NIÑOS DESAFINANDO) Esta noche es Nochebuena,

# prepara tu corazón

que en el portal de Belén... #

-¡Muy mal, muy mal!

Cantáis menos que un grillo pisado.

El que no se adelanta porque se retrasa,

y el que no desafina porque no se le escucha.

-Sin panderetas no se pueden cantar villancicos.

-No me fío de vosotros, las vendéis para comprar golosinas.

Venga, los pequeñines delante, quiero que hagáis los agudos.

-Eso no va a salir bien.

El Pescaílla es el más alto de todos

y tiene una voz de pito que parece mi hermana.

-Poneos como os dé la gana, pero cantad a la vez.

Venga.

¡Oye!

Tú y el Pescaílla estáis fuera del grupo por asilvestrados.

-¡Jopé! ¿Por qué?

-¿Qué espíritu navideño es este?

-Acaba de echar al único que canta un poco de todos los que estamos aquí.

-¿En serio?

Un momentito. ¡Niño!

Puedes volver al coro.

Vamos.

Tú no, cada vez que abres la boca, parece que matan a un cochino.

Bueno, quédate y mueve los labios.

Vamos a ir desde el principio. Chavales, hacédmelo mejor

si queréis las chocolatinas. Vamos.

# (NIÑOS DESACOMPASADOS) Esta noche es Nochebuena,

# prepara tu corazón

# que en el portal de Belén

# está naciendo el amor. #

-Peor que antes.

Necesito más ruido, más voces, que se note que somos mucha gente.

-Se equivoca de medio a medio,

lo que tenemos es que cantar más bajo.

Así no se notan los fallos.

-Vamos otra vez desde el principio.

Bien alto, señores.

-Quita, el mocoso sabe más que tú.

Se te da peor que a un manco coser guantes.

-No se meta, Servando, es un regalo para mi María Luisa.

-Como no sea sorda, se espanta.

-En cuanto los niños me hagan caso, ya verá cómo cantan como querubines.

-¡Ni en tres días que tú vivieras!

Vas al fracaso absoluto como un carretero ciego.

Deberías dejarle esto a alguien como yo, algo más de música sabré.

-¿A usted? Pero si se está quedando sordo.

-Qué atrevida es la ignorancia.

Recuerda que tienes, en cuerpo presente,

al autor de "La niña de Cabrahígo",

que no es poca cosa. -(RÍE)

De eso no se acuerda nadie.

-De todo Acacias soy el que más sabe de música.

-Demuéstrelo, porque yo de boquilla también sé mucho.

-Me das cinco minutos y convierto a estos niños

en un coro de ángeles. -Venga.

Demuéstremelo.

Estos niños se ponen a cantar villancicos y les tiran tomates.

-Por favor, que son personas bajitas.

Mira, tú vete dentro.

Vente dentro, a nuestro lado, los monjes estos gregorianos

van a parecer una pandilla de grajos.

-Demuéstremelo.

Vamos a ver, zagales,

os voy a hacer

que cantéis como verdaderos ruiseñores.

Primero hay que calentar la voz.

Con lo bien que hemos hecho la pantomima,

doble ración de chocolate para todos.

-Cuenta con ello, chaval.

(RÍE)

Haced lo que yo.

Mi, mi, mi, mi, mi, mi...

Por ahí.

(Llaman a la puerta)

¿Esperemos a alguien?

Doña Rosina.

-Discúlpenme por presentarme en su casa sin avisar.

Usted es siempre bienvenida.

He venido porque me gustaría pedirles un favor.

Para ustedes será una tontería, pero para mí es importante.

-¿En qué podemos ayudarla?

-Es que...

Esta noche no me he visto con fuerzas para montar el belén sola.

Echo mucho de menos

a mi esposo y a mi hija.

Es natural, en estas fechas todos añoramos

a nuestros seres queridos.

Verán, es que...

Bueno, este ángel lo compramos mi esposo y yo

cuando empezamos a vivir en este piso.

Desde entonces siempre ha estado en nuestro nacimiento.

Si puede ser, pues...

me gustaría que estuviera aquí.

Es un detalle muy emotivo, doña Rosina.

Por supuesto que lo vamos a poner, ¿verdad, padre?

-Sin perder un segundo.

Como ve, carecemos de este bonito adorno.

Sin duda, se debió de perder en el traslado.

-Son ustedes oro molido, de verdad.

Voy a buscar al mayordomo para que nos prepare algo.

Gracias.

Hay que ver la de cosas que hacemos año tras año,

cosas que nos parecen rutinarias,

y que no valoramos hasta que las perdemos.

-La vida es así,

está llena de grandes y pequeñas pérdidas.

-Sí, son las cosas...

Antes, para mí colocar los adornos navideños

era una labor más.

Algo tedioso que servía para alterar el orden del salón.

-Y ahora lo hecha de menos.

-Mucho.

Añoro con toda mi alma el momento

en que mi esposo y yo colocábamos los adornos, el nacimiento...

La cara de mi hija,

su ilusión en la mañana de Reyes.

Son los mejores recuerdos de mi vida.

-Volverán tiempos tan buenos como aquellos.

Se puede perder una batalla, pero la guerra continúa.

-Quién sabe.

Ahora, intentar mantener las tradiciones se me hace un mundo.

Por eso he sido incapaz de colocar el belén sola.

-Pues ha de reponerse, atacar la tristeza con valentía

y no retroceder ni para tomar impulso.

-Eso es fácil de decir, pero, Arturo, la perspectiva

de verme sola estas fiestas con el servicio,

en mi casa tan grande, por esos pasillos, con esos salones,

me acongoja terriblemente.

-Pues eso no puede ser.

Son fiestas de celebración y alegría.

-Eso es muy bonito.

Pero la verdad del cuento es que yo soy una pobre viuda,

una pobre viuda que pasará las fiestas

más sola que la aguja del pajar.

-En la vida, todo tiene solución.

-Pues... en este caso no...

No sé cuál podría ser.

Yo creo que sí sé cuál podría ser.

A lo mejor se me ocurre algo para que no sienta tan sola estas Navidades.

Bienvenidos, señores.

Tengo que agradecerles

que se hayan presentado a esta reunión.

Soy consciente de lo poco apropiado

que es este local para celebrar una junta,

pero, dadas las circunstancias en las que nos encontramos,

me pareció urgente convocarles y hacerlo en un lugar discreto.

Sé que están todos ustedes

muy abochornados por lo que ha sucedido en el colegio.

Además, lógicamente, de preocupados

por la suerte de esos pobres chiquillos heridos.

Por si todo esto fuera poco,

la presidenta del patronato detenida.

No, no es que dude de las buenas intenciones de doña Teresa Sierra,

pero sí que dudo

sobre su capacidad para gestionar en estos momentos

nuestra institución.

Por esa razón

y por el bien del colegio Carlota de la Serna,

que con tanto esfuerzo levantó doña Cayetana Sotelo Ruz,

estoy convencida

de que lo mejor sería

votar para elegir

un nuevo miembro para la presidencia de este patrona...

(Puerta)

Creo que eso es algo sobre lo que yo debería opinar.

En primer lugar, me gustaría saber

por qué se convoca una junta a espaldas de todo el mundo.

Brindo por su salud

y por que se recupere completamente.

Amigo, no debería seguir bebiendo.

Mauro, por favor, no me sermonee.

Yo nunca lo hice cuando las cosas no le marchaban bien.

Lo siento, amigo.

No he sido muy oportuno en mi comentario.

No se apure.

Pero deje eso ya, no le va a hacer ningún bien.

Lo haré si usted se va para casa.

Acaba de salir del hospital,

debería estar en la cama reposando

y no contemplando cómo intento vaciar esta botella.

No le falta razón, Felipe.

Empiezo a sentir ya muchas molestias.

¿Dónde está Teresa?

La he buscado en los juzgados

y tampoco aparece aquí.

No sé dónde puede haberse metido.

Así es la vida.

No basta con que dos personas se amen,

tienen que hacerlo al mismo tiempo.

Eso no siempre ocurre.

Así es, amigo.

A veces el destino parece empeñado en ir en nuestra contra.

Tengo que seguir buscándola.

¿Estará bien, Felipe? Estaré perfectamente.

Estoy con mi buena compañía.

Pero si usted no cumple

con su parte del trato,

yo no voy a cumplir con la mía.

Como quiera, pero tenga cuidado con ese licor.

Sé por experiencia que es traicionero.

Tendré cuidado de no derramar ni una sola gota.

Eh, eh, eh...

(RÍE)

¿Se puede saber adónde vas?

-A dar un paseo.

-¿Quieres que te acompañe?

-¿Puedes andar? Parece que te hayas despachado a gusto con la botella.

-Tan solo me he tomado un par de copas.

Conozco un lugar donde podríamos estar los dos solos.

-Estoy segura de eso.

-¿Entonces vamos?

¿Eh?

-¿Qué ocurre?

¿La pavisosa de tu mujer te ha dado calabazas y vienes a buscarme?

-Eso no es asunto tuyo.

-No voy a consentir que me trates con ese desprecio.

Soy una persona, no un trapo que puedas usar y tirar.

No puedes venir a mí cada vez que se te antoje.

-Eh.

No me dejes así.

-No me interesa nada de lo que me puedas decir.

Y menos en ese estado.

Abur.

-(RÍE)

Me alegra verla tan restablecida, doña Cayetana.

Hemos convocado esta junta aquí

porque no queríamos molestarla en su casa.

A mí me molesta ver cómo intenta arrebatarle la presidencia a Teresa.

Tal vez fuera mejor aplazar la reunión para otro día.

Me sentiría muy mal

si empeorara por nuestra causa. No, no se apure.

Puedo continuar.

Como todos bien saben,

estoy luchando contra mi enfermedad.

Pero no he dejado de ser la Cayetana que creó este patronato,

la que levantó el colegio Carlota de la Serna.

Nadie pone en duda sus logros. La misma Cayetana

que decidió que Teresa

ocuparía mi cargo

mientras yo no pudiera cumplir con mis obligaciones.

Y eso nadie lo va a cambiar.

Todos sabemos que no busca otra cosa

que el buen funcionamiento del colegio,

pero, a causa de su enfermedad,

no es plenamente consciente de lo que sucede.

Eso no es verdad.

Usted misma me lo dijo.

Que no podía pensar con claridad, que los recuerdos

estaban... desdibujados en su mente.

Reconózcalo,

no puede fiarse de su razón.

No sabe distinguir bien

cuál es la realidad.

Igual que pensó

que don Germán y su pequeña Carlota seguían aún vivos,

que la estaban esperando

para abrazarla,

ahora piensa que Teresa

está haciendo una buena labor en el patronato.

Usted no se da cuenta,

pero esa mujer se está aprovechando de su locura.

Es usted una malnacida, eso no es verdad.

¿Y qué es verdad, doña Cayetana?

Ya no lo sabe.

-Señora, será mejor que volvamos a casa.

-¿Por qué confía tanto en Teresa?

¿Ya ha olvidado que ama al hombre que quiso llevarla al garrote?

¡No!

Qué gusto volver a pasear por estas calles.

Es un milagro.

No, el único milagro eres tú.

Pensabas que cuando me diera cuenta de que te quería

sería demasiado tarde,

pero te equivocabas.

No es demasiado tarde.

Te quiero, Mauro.

¿Y esa mala cara, muchacha?

¿Andas revuelta

con tu mal de amores?

-No sé si es amor, Casilda,

pero mal sí es.

por lo mucho que araña digo.

-Lo mismo, si...,

si lo sacaras "pa" fuera, te ayudaría a que fuera más llevadero.

-Torpe e imprudente sería mencionar al tipejo en cuestión.

-¿Y eso por qué?

¿Es un tipejo inconveniente?

-El que más.

-¿Un maleante de la calle?

-Hombre de alta estopa y más ralea.

-Arrea, ¿es un señor de Acacias, 38?

-"Buenos días".

-Don Arturo,

¿qué le trae a usted por aquí?

-Venía a invitarles a cenar esta noche.

Para dar la bienvenida a la Navidad.

-Es un honor, no lo esperábamos.

-Ya sabrá usted que mi hija se siente a gusto con Liberto.

¿Qué mejor ocasión para conocernos y acercar nuestras familias?

-Sabias palabras, será un placer.

-"Necesito que me arregléis estas chaquetas"

para los niños.

No, pero algo digno que se puedan poner,

que quiero hacerlo bien.

¿Entendido? -Que sí, Servando.

Marchando.

-Me tienes que echar una mano.

-Ya sabía yo, ¿qué he de hacer? -Una tarima.

-¿Qué? -Una tarima,

pero bien hermosa para que se puedan subir estos niños

y sus voces de gatos estreñidos suban al cielo.

-Lo que diga, Servando.

-Manos a la obra, hay mucho que afinar.

Apretando, que vienen dando.

Ahí. -Ale, ale...

-"Yo tengo otro regalo para usted".

¿Para mí?

¿Y eso por qué?

Porque se ha portado muy bien conmigo y porque es Navidad.

No te amuela.

Pensé en acercárselo a casa, pero... ya que le veo.

Tenga.

Sara, no hacía falta.

Ya le dije que no me debía nada.

Solo la vida, ¿le parece poco?

No le escuché entonces y tampoco voy a hacerlo ahora.

-"La cocinera ha preparado faisán con uvas y verduras".

¿Quiere que vaya sirviendo la cena, señor?

-Aún no, esperamos a alguien más.

-¿No somos los únicos invitados?

-Espero que no le importe.

-Por supuesto que no, era simple curiosidad.

-Un poco de paciencia, mi acompañante debe de estar a punto de llegar.

¿Hola?

Cruz...

"(Llaman a la puerta)"

-"Ya está aquí".

Le aseguro que será de su agrado, porque me consta que son muy amigas.

-¿Amigas?

-Buenas noches.

Adelante, por favor.

-Buenas noches.

"Te amo".

Ya lo sabía, pero...

verte en esa cama del hospital tan débil, tan vulnerable,

tan lejos de mí...

Creí que te perdía.

Tú nunca me vas a perder.

Nunca más te voy a dejar, ¿me oyes? Chist.

Te oigo, mi amor.

Pero olvídalo.

¿Qué más da eso ahora?

Es verdad.

Ya nada más importa. Solo tú y yo.

Tú y yo

y la vida que nos queda por delante. Juntos.

Sin nadie que nos separe.

"Lo haces por tu novia".

Por eso estás tan distante conmigo.

Es eso, ¿no?

¿Cuándo me vas a hablar de ella?

¿Tan poco la respetas que ni asumes su existencia?

Debería salir de mi cocina, no es lugar para una dama como usted.

¿Qué clase de novia es que ni te reúnes con ella por Navidad?

¿Qué clase de amor

te une a ella

que no tienes ganas de verla?

Lo mismo es que no la amas tanto.

Lo mismo es que me amas más a mí.

-"Señora, hágame caso"

y deje usted a ese mal bicho. No.

-(LLORA) Es una mala pécora

sin escrúpulos.

Usted es la responsable del derrumbe del colegio.

¡No es verdad!

No lo haga.

¡Auxilio, señores!

¡Está loca! -Deje esas tijeras, Cayetana.

No.

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  • Capítulo 423

Acacias 38 - Capítulo 423

30 dic 2016

Fernando tiene pruebas para conseguir la libertad de Teresa y lo logra. Acto seguido, Fernando pide a Teresa permiso para pretenderla, pero ella lo rechaza y le confiesa que su corazón pertenece a otra persona. Huertas y Felipe se encuentran y ella rechaza al señor.

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  1. Anamaria

    La foto que porta liberto es la de su madre, imagino que está buscando a su padre. Me gusta Rocina para el coronel por lo menos son cerca en edad. No se veía bien con liberto parecía su madre con su hijo o su sobrino. Me gusta Mauro para Sara ella es muy bonita. Y además muy dulce. Cayetana ya es más humana por lo tanto creo que puede conseguirse alguien, así no estaría sola y haciendo maldades.

    04 ene 2017
  2. María

    Me encantan Fernando para Teresa.. lo lamento por Mauro.. perontienen demasiadaa diferencias irreconcilables. Rosina me gusta mas para el coroner y su hija me parece muy repelente la pobre.. liberto es muy majo y no sé por qué pero le deseo lo mejor a Cayetana!

    03 ene 2017
  3. Marilu

    amoryamar: tengo una teoría de quien es la de la foto, imagino que es la madre de Simón y éste está a la búsqueda de alguien (¿quizás su padre?) o a la familia de su madre, que habría vivido en Acacias 38 ?, ya que está preguntando mucho por antiguos moradores. Entreveo un posible romance entre Rosina y el coronel y BIEN por Celia, que no lo perdone al altanero y déspota del marido o como mínimo que le haga pasar un infierno

    01 ene 2017
  4. Colette

    @Miriam: Si, esta saliendo muy poco en pantalla ahora. Una pena porque creo que su personaje esta mostrando una faceta que nunca o muy pocas veces le hemos visto antes: su vulnerabilidad, es como que todas las capas que ha ido acumulando a lo largo de su vida han ido cayendo poco a poco por lo que le ha pasado. Una nueva cara que el publico ya pedia a gritos...ahora es una Cayetana mas terrenal y eso se agradece, seria interesante que la redimieran de alguna forma. Aun da para mas su personaje, ojala lo trabajen bien señores escritores.

    01 ene 2017
  5. Miriam

    y ahora que hara cayeta se volvio loca? esta saliendo muy poco tuvo como 4 apariciones en toda la semana.

    31 dic 2016
  6. JOEL

    CREO QUE MAURO ES UN PETULANTE, DESPERTARSE Y CASI EXIGIR QUE TERESA ESTE ALLÍ CON EL CUANDO LA POBRE DESDICHADA ESTA PASANDO LAS DE CAIN EN PRISION, PARA MI GUSTO TIENE MAS QUIMICA CON FERNANDO QUE CON MAURO, ADEMAS ESTE ULTIMO PARECE SU PADRE DE LO VIEJO QUE SE VE.

    31 dic 2016
  7. Colette

    Honestamente en estos momentos me agradaria que Teresa estuviera con Fernando. Con Mauro todo como que es un eterno conflicto... Por cierto, no me equivoque con mi primera impresion del personaje de Sara (esta es peor que Humildad). Como hace falta que Cayetana este en plenas condiciones. Guste o no, es el personaje que mantuvo y mantiene la serie. Sin lugar a dudas es el personaje mas complejo y cuidado si no el mejor bordado de toda la historia.

    31 dic 2016
  8. Francisco

    No hay química alguna entre Liberto y Elvira

    31 dic 2016
  9. amoryamar

    Nos dan expectativas positivas entre Liberto y Rosina, pero van a seguir sin estar unidos. Aquí las relaciones de amor diran poco tiempo felices. Igualmente Teresa y Mauro ahora estupendamente pero vuando pase una semana ahí estará Sara y Úrsula para estropeando. Felipe y Celia hasta q apareció Huertas le iban fenomenal, paseaban y hacían una vida normal. Menos mal que por ahora hay una familia Trini y, Ramón y su hija, siguen bien avenidos. Buenísimos actores tiene esta novela. Resulta apasionante todas las tramas que alberga una pequeña calle la cual casi todos ellos tienen una historia apasionada. Menos mal que en mi vida Real no es así. .. :-) Espero que no hagan al final que Elvira se case con Liberto porque ahí no salta ni una chispa aunque le acerqué un mechero. Bueno habrá que esperar un poco más para saber de este entuerto pues aún no se sabe nada sobre quien es la de la foto.

    30 dic 2016