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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 421 - ver ahora
Transcripción completa

¡Por la homenajeada!

-Arrea, qué despliegue, pero ¿qué se celebra?

-¿Creías que te ibas a marchar sin una despedida en condiciones?

-Queremos brindar contigo, Paciencia.

¡Por tu pronta vuelta!

(TODOS) ¡Por Paciencia!

-Como padre sensato me preocupa su futuro.

y creo que estaría en las mejores manos si se comprometiera

con su sobrino. -Ah...

¿Y su hija opina de forma similar?

-No se ha manifestado, pero me consta que le agrada su compañía.

Tú sientes lo mismo por mí,

he notado cómo me miras de reojo cuando te crees a salvo.

Toda tu frialdad hacia mí no es más que una máscara.

-Deje que se lo diga, no mil, sino una vez,

váyase, por favor.

¿Quién es esta mujer? Nadie que le interese.

Vuelva a casa, el cuarto de un criado no es lugar para una señorita.

-Este es el recuento oficial de heridos trasladados al hospital,

la mayoría ya han sido dados de alta, tras las curas.

Quedan dos niños todavía ingresados.

¿Cómo están? ¿Su estado es grave? Su pronóstico es reservado.

-Si me hubiera escuchado, nada de esto hubiera sucedido.

¿A caso me está acusando de lo ocurrido?

Su soberbia es la culpable.

-Te he buscado ocupación. -La encontré por mí misma.

-¿Dónde trabajarás? -Aquí, en el edificio.

De hecho seguiré viviendo en el altillo.

-Has perdido el oremus, la policía va tras de ti.

-Lo sé, pero tenía que correr el riesgo,

y recuperar lo que me pertenece.

¿Qué hacen aquí? Ya lo verá.

Teresa, crea que lo lamento, pero queda usted detenida.

Se le acusa como responsable de la tragedia en el acto escolar.

-Espero que tenga un buen viaje.

Hasta la vista.

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

(RESPIRACIÓN ACELERADA)

Ayuda.

Ayuda.

Socorro, estoy vivo.

Que alguien me ayude, por favor.

Poco ha tardado en descubrir mi treta.

¡Suéltela!

Teresa...

¡No!

Parece claro que hoy, uno de los dos morirá.

Si es así, que sea yo y no ella. No, Mauro.

(GRITA)

¡Inspector!

¡Doctor! ¡Doctor!

¿Conoce usted a Salvador?

Es uno de los niños del coro, tiene una voz angelical.

Se rompió la pierna por varios sitios.

El niño tendrá una voz angelical,

pero su familia es presa de un rencor demoníaco.

Ellos han insistido en que se castigue a los responsables.

Pobre Salvador, yo soy la primera que quiere que se les castigue.

Señorita Sierra,

hasta que no acaben las investigaciones,

y podamos achacar los hechos a otra persona,

usted es la única responsable.

Créame que lo lamento.

Voy a negociar con la familia de Salvador,

si retiran la demanda, aunque mantengan la del colegio,

usted podría esperar acontecimientos en su casa.

Aunque lo veo poco probable.

¿Y si hablo yo con ellos?

Eso está totalmente prohibido.

La situación es la que es, y tiene que resignarse.

(Puerta)

¡Adelante!

Déjelo ahí y márchese, por favor.

Le he traído algo de comida para evitar el rancho del calabozo.

Así podrá comer caliente.

Yo solo quiero salir de aquí, no comer mejor que el resto de presos.

Quizá no salga tan pronto como espera.

Le recomiendo que coma y coja energía.

Perderla no le servirá de nada.

Le aseguro que le tengo afecto, pero no puedo hacer otra cosa.

Cruz, por favor... -Tengo que entrar.

-¿Sabes qué haría el señor si te encuentra en su casa?

-Ya, pero no me queda más remedio.

-Te entregará a la policía,

o, aún peor,

te pegará un tiro, fue militar, no se andará con paños calientes.

-Mi hermano perdió su esclava en el secuestro,

tiene grabadas sus iniciales y su fecha de nacimiento,

si no la cojo, nos entregarán a la policía.

-¿Sabes dónde está?

-En el salón o en la cocina.

-Seguro que las criadas han limpiado, barrido y fregado,

la tendrían que haber encontrado ya.

Puede que alguna criada la hay encontrado y vendido.

¿Era de oro?

-No, creo que no.

No me puedo arriesgar, debo comprobar que no está.

-Espera, yo entraré a buscarla.

-¿Tú por qué?

¿Por qué te ibas a arriesgar? -Porque te debo.

-A mí no me debes nada.

-Por el día en que me encontraste en la calle y me llevaste a casa.

Y tengo más posibilidades de entrar sin que nadie se extrañe.

-Doña Celia, ¿está bien?

Me había parecido escuchar voces. -¿Voces?

No.

Es que cantaba.

Qué bochorno.

Estaba...

mirando la limpieza del edificio.

No me fío de que el portero, sin su parienta, lo tenga todo en orden.

-Pues juraría que eran voces de hombre y de mujer.

-No, no.

-Debe ser que con el susto del secuestro

veo peligros en todas partes.

-Sé que cuesta creerlo con todo lo sucedido últimamente,

pero el barrio es tranquilo, ya verá.

-Sí, la verdad es que cuesta creer.

Si no necesita nada, me vuelvo a casa.

Si tiene alguna queja de la limpieza del edificio,

dígame y se lo haré saber al portero.

-Lo haré, con permiso.

-Y no le diga a nadie mi afición por cantar a dos voces,

tenor y soprano.

-Descuide, será un secreto.

(SUSURRA) Cruz.

-Doña Celia, ay, doña Celia,

¿está don Felipe en casa? -No, ha salido.

¿Pasa algo?

-Venga conmigo, haga el favor, que han detenido a la señorita Teresa.

-Vamos.

Gracias por organizar esta despedida a Paciencia.

-No me las tiene que dar.

¿Cuanto tiempo lleva Paciencia en el edificio?

-Cuando yo llegué ya estaba.

-Y cuando yo nací. -Yo no recuerdo el edificio sin ella.

La echaremos mucho de menos.

-A quien me ha extrañado no ver es a Celia,

¿sabes algo de ella? -No.

Es extraño que no haya venido, ella también aprecia mucho a Paciencia.

No sé, luego le preguntaré.

¿Nos vamos, Ramón? -Sí.

Yo subo después, padre, tengo que hablar de algunos asuntos con Víctor.

-¿Pensáis que me chupo el dedo?

vosotros queréis estar solos, y lo vuestro

está pasando de castaño oscuro. -Anda, que eres una antigualla.

Eres un carcunda, Ramón.

Deja que se queden un rato solos para hacerse sus promesas de amor.

Anda, vamos.

Luisi, no tardes.

-Nos vamos, señorito Víctor.

-Sí, muchas gracias por el convite. -Yo encantado.

-Cuidarme de Servando que menudo pieza está hecho.

Ahora sin la mujer que le ate en corto, este nos monta un expolio.

-Eso, que menudo es Servando.

Este es el bicho que picó al tren.

-Pero no se inquiete que nosotros le echaremos un ojo.

Y lo hemos dejado todo recogido, las tazas y las mesas.

-Podían haberlo hecho las camareras.

-Quite, quite, nosotras no estamos acostumbradas a que nos sirvan.

Limpiamos, para eso hemos venido al mundo.

-Bueno, pues agradecido.

Con Dios. Muy buenas noches.

-Tiene razón Víctor.

-No teníamos que haber limpiado. -No es eso,

lo digo por lo de que Servando es capaz de armar una así cada día.

-Pues más creo yo que va a ir como alma en pena.

Simula estar bien, pero en el fondo echa de menos a Paciencia,

que él es un sentimental y un bendito.

-No se engañe, que él anda haciendo

sus cábalas, pensando cómo gastar el dinero del tesoro.

-¿Qué tesoro?

-¿No sabéis?

Servando le dio a Paciencia el mapa de un tesoro que encontró

sabe Dios dónde.

-¿Un tesoro? Servando tiene la cabeza llena de pájaros.

Genio y figura hasta al sepultura.

Será como el tesoro de Cabrahigo,

un oro que creían escondido por los sarracenos

cuando los echamos del pueblo. -¿Y no era oro?

-Lo andan buscando, han agujereado el pueblo entero y no dan con él,

el pueblo parece un colador.

-Servando en tu pueblo no habría desentonado,

habría encontrado hombres tan dementes como él o más.

La señora Paciencia sí que lo sabe llevar.

-Pues ya estamos aprendiendo o se arma la marimorena.

-Por allá va, muy afectado no se le ve para lo mal que lo ha pasado.

-Verás cuando llegue a la noche a la cama

y le entre frío en los pies,

que no va a tener a Paciencia para que se los caliente.

-A ver lo que le dura la compostura.

-Vamos a casa que está a punto de empezar a jarrear.

-Buenas noches, Lola. -Adiós.

Estoy segura de que Felipe hará todo lo que está en su mano para ayudarla.

En cuanto regrese hablaré con él.

-¿Y no se le puede llamar antes?

-Ahora está en los juzgados, allí es imposible localizarlo.

Pero no te apures, a ver si no tarda más de dos de horas.

-Temo que mi señora se ponga nerviosa cuando lo sepa,

ya sabe que últimamente, no controla bien sus emociones.

-Tratas a tu señora como si fuera una niña,

y Cayetana es una mujer,

por duros muy que sean los tiempos que está pasando.

-Usted no ha compartido un día entero como yo.

No está católica, doña Celia.

Cuando se entere de que su amiga está en el calabozo se va a enajenar.

-Pues a eso nada le podemos hacer.

¿O sí?

¿Podrías localizar a don Fernando Mondragón?

Teresa me habló muy bien de él,

dice que tiene muchos contactos.

-Sé que está de viaje, pero no sé a dónde ha ido.

Vaya, parece que no hay noticia buena.

¿Que no hay noticia buena?

¿Qué ha ocurrido?

Nada, señora, de los precios del mercado hablábamos.

¿Tan grave es lo que ha pasado para que me tengáis que mentir?

Han detenido a Teresa

por un accidente en el colegio. ¿Es grave?

No hay muertos, si a eso te refieres.

Felipe no está localizable y estamos pensando

en quién podría ayudarla, solo se nos ocurre Fernando Mondragón,

el miembro del patronato,

pero está de viaje y no sabemos dónde.

Podríamos ve el libro de actas del patronato.

¿Y dónde está ese libro?

Es el que está encima de la mesa.

Busca en el acta de la última reunión.

A ver...

Aquí está.

Don Fernando está hoy en Lisboa.

Tenía una reunión en la embajada.

No conseguiremos que Teresa duerma en libertad.

Mandemos un telegrama para que mañana no duerma en prisión.

Tenéis que hacer todo lo posible para sacarla de ahí.

no hay nada peor que estar presa injustamente.

Señorita...,

¿dónde pondría Arthur Conan Doyle? ¿Con la C o con la D de Doyle?

Ni idea, ni lo sé ni me importa.

Voy a ponerlo con la D, si su padre se queja ya lo cambiaría.

¿Quería usted algo?

Sí, sí que quería.

Pues usted me dirá.

¿No me vas a dar una explicación?

Lo haría si supiera acerca de qué.

¿Vas a seguir tomándome el pelo?

Le aseguro que esa no es mi intención.

Me has hecho rebajarme, subir al altillo

para que me hagas caso, y resulta que hay una mujer a la que amas.

Sí, no me mires como si me hubiera vuelto loca.

La rubia del retrato,

¿me equivoco?

Ya le dije que no le iba a contestar quién es esa mujer.

No hace falta que me lo digas, lo sé perfectamente.

¿Lo sabe?

-Gayarre, ayúdeme con esto antes de que lo ponga todo perdido.

Ha empezado a llover.

Gracias.

Celia.

¡Celia!

-¡Ay!

-Perdona, hija. -¡Por Dios, qué susto me has dado!

¿Dónde estabas? ¿En los cerros de Úbeda?

-Pues en mis asuntos, Trini.

-¿En tus asuntos? ¿Y cuáles son tales?

-Míos.

-Ay qué secretismo...

Celia...,

te echamos de menos en la despedida de Paciencia.

-Me encontraba mal y...

-¿Mal?

¿Qué te duele?

-Nada, era mal de ánimo.

¿Por Felipe? Celia, no se lo merece.

-Ni he pensado en él en todo el día.

Por nada en especial, no me apetecía ir.

Lo siento mucho por Paciencia.

Espero que le vaya bien.

-Buenas noches.

Perdón por venir tan tarde.

Lolita me ha dicho que estaban aquí.

-¿Quieres un té? No te he ofrecido nada, Trini.

-Por mí no.

-Por mí tampoco, solo venía a pedirle su ayuda, doña Celia.

-Pues tú me dirás.

-Se trata de la ornamentación navideña de la calle,

antes siempre se encargaba Cayetana.

-Este año no podrá ser, no está para guirnaldas.

-Pues menos mal.

No lo digo porque me alegre de que no esté de humor,

lo digo por su gusto horroroso.

-Era la calle más bonita de la ciudad,

la menos recargada y las más elegante

-Con adornos tristes, caros, pero tristes,

Y es navidad, lo que hace falta es color, alegría, ¿no?

-Bueno,

por eso necesito su ayuda, para mantener el buen gusto.

"La deliciosa" pagó los adornos,

y Víctor quiere que nos encarguemos nostras.

-Es que me pillas mal, no tengo ánimo.

-Yo sí que te ayudo, y tú también, Celia.

No vamos a dejar a la niña sola con esto.

-Por favor,

no quiero una calle con más colores

y más alegría, quiero una calle elegante.

-Está bien, te ayudaré.

Pero yo te doy mi opinión y tú te encargas de todo,

no quiero ir por ahí comprando guirnaldas.

-Es navidad, y si no hay alegría es una roña.

-No se preocupe, Trini, habrá fiestas, chocolatadas,

y villancicos, pero por favor,

deje que la decoración sea sobria y alegre.

-¿Sobria y alegre?

-(ASIENTE)

Que se seque bien, caía aguanieve, no me extrañaría si nieva esta noche.

-La nieve es bonita cuando cae, pero una incomodidad después.

En Cuba la echaba de menos,

uno se harta del calor, lo bueno es ver pasar las estaciones,

con su frío, calor, lluvia...

-A esta estación le corresponde un vino de Oporto

servido al calor del hogar, ¿se lo sirvo?

-Por favor.

Veo que está usted ordenando la librería.

-Así es, señor.

Buenas tardes, padre. Buenas tardes, hija.

¿Nevaba?

Apenas caía aguanieve.

Me encantaría ver nevar.

Me temo que pronto lo verás.

Hija, quiero hablar contigo.

¿Ahora?

Está bien. Dígame.

Es por este joven, Liberto, el sobrino de doña Susana,

creo que deberías aceptar en caso de que quiera cortejarte.

Padre, ya sabe que no me gusta que se meta en mis amores.

Ese joven te conviene, es educado, y de buena familia.

Y, por lo que me han dicho, muy trabajador.

Gracias, Gayarre.

De acuerdo, padre,

además es un joven muy apuesto,

por una vez estoy de acuerdo con usted,

si me propone dar un paseo juntos aceptaré sin dudarlo.

Me alegro de que, por fin, atiendas a razones,

seguro que pronto te invita a dar ese paseo.

¡Buenos días!

-Un momento. -¿Has visto que abrieron el quisco?

-Sí.

Cállate un momento, por favor.

Ay, ya. Terminado.

Qué tensión.

-Ni que fuera un vestido para la reina.

-¿Lleva las manos limpias?

-Pues claro, ¿quién te crees que soy?

-Toca esta tela.

-Qué suave. -Es para el vestido de Nochevieja

de la esposa del notario Elizondo.

Si lo hago mal monto un estropicio.

Creo que no cortaba una tela tan cara

desde el quimono japonés de Cayetana.

-Ah, sí, no me acordaba de aquello.

¿Cómo se llamaba el pretendiente que trajo la tela?

Duque de Somoza o algo así. -Exacto.

-Ay...,

y mira cómo pasa la gloria en este mundo.

Fíjate en Cayetana, entonces

cortejada por uno de los hombres más ricos de la ciudad,

y ahora encerrada en casa,

medio enajenada y acompañada de una maestra y una vieja.

-No llames así a doña Fabiana,

además, las dos debéis ser de la misma quinta.

-Pues viejas.

Yo no me quito años como otras.

Los años hay que llevarlos con dignidad,

y hacer cosas que le corresponden a la edad de cada una.

-A saber qué corresponde a cada edad.

-¿Sabes si van a adornar la calle por navidad?

-Ni lo sé ni me importa,

yo no lo voy a patrocinar, lo tengo claro.

Bastantes afanes tengo en navidad.

Mucho trabajo...

y lo de mi sobrino.

-¿Lo de tu sobrino? ¿Qué le pasa a Liberto?

-El coronel Valverde y yo hemos decidido dar un empujón

para que Liberto y su hija Elvira se conozcan mejor.

Y habrá que ir promoviendo que se vayan encontrando.

-Pero Liberto y la coronelita, me parece un disparate.

-¿Disparate por qué? La chica es educada, guapa, joven

lo que mi sobrino necesita.

-Sí, sí, lo decía por lo de montarlo vosotros,

porque, ya se sabe, que los jóvenes se resisten

a dejarse guiar por los mayores.

-Con un poco de mano izquierda...

Son los dos... Están hechos el uno para el otro.

Qué emocionante, ¿verdad?

Padre, ¿qué tengo que no deja de mirarme?

Nada.

Me sorprende que aceptaras a la primera

mi propuesta de dejarte cortejar por Liberto.

Para una vez que coincidimos en los gustos, no me haga arrepentirme.

Hablaré con doña Susana para propiciar algún encuentro.

Estas fechas navideñas son perfectas.

No me tome por más inocente de lo que soy.

Seguro que ya hablaron antes de conocer mi opinión.

Lo más importante para un militar es la estrategia

anticiparse a los problemas.

¿Qué tipo de coronel sería si no lo hiciera?

Lo sé, así que no intente hacerme de menos.

Voy a buscar algo de abrigo para salir,

quiero ver el espectáculo si se pone a nevar.

Muy bien, hija.

Doña Celia, qué gran placer.

-El placer es mío, don Arturo. -Pase usted, por favor.

¿Me acepta un café? -No, muchas gracias.

Tan solo quería comentarle algo, pero no quería molestar.

-Usted nunca molesta. Dígame. Qué quiere comentarme.

-Nada de gran enjundia,

solo quería ponerle al día de las actividades

que estamos organizando con motivo de las navidades,

por si su hija Elvira y usted quisieran integrarse en ellas.

-Será un honor.

Echaba de menos las navidades españolas,

con su turrón y sus villancicos.

-¿En Cuba no eran así? -No en Cuba hace calor todo el año.

Y son más de tocar las maracas que la pandereta.

-Qué vicisitudes.

Tiene que ser maravilloso estar tan viajado.

Hablábamos de las navidades en Acacias,

lo primero es la ornamentación de la calle.

Este año seremos María Luisa y yo organizándolo.

si su hija Elvira quisiera ayudarnos y darnos ideas...

-Se lo comentaré, porque le apasiona ayudar.

-Habrá una chocolatada y nos encantaría contar con su presencia.

y concursos de villancicos y demás eventos tradicionales.

-Lo tendré en cuenta.

Señora, ¿le ocurre algo? -¿Por qué?

Porque no deja de moverse y mirar alrededor.

-Vértigo, estoy un poco mareada y no consigo centrar la vista

¿le importaría si me sentara?

-No, por favor. Siéntese. -Muchas gracias.

¿Puedo traerle algo? ¿Un vaso de agua, una manzanilla?

-Alcohol, para darme friegas en las sienes y en las muñecas.

-Sí, tengo de eso.

Enseguida vuelvo.

¿Un belén viviente? -Sí, aquí,

en la pérgola, todos los años lo hacemos en Cabrahigos.

Lo tengo todo pensado, usted de Virgen María,

el señorito Víctor de San José,

y los Reyes Magos, don Felipe, don Ramón y el coronel Valverde.

¿Y las demás? Susana, Celia, Trini, Elvira...

-De pastoras, de cabras, o lavanderas como las criadas.

-Eso no les hará ninguna gracia. ¿Y de Niño Jesús?

-Ese es el mayor intríngulis, como no hay niños en el barrio,

hay que escoger entre Servando o Martín.

O Casilda, que también cabe en al cuna.

-Déjate de insensateces, Lolita,

a ver si Celia me puede ayudar a hacer algo con elegancia y novedoso.

-Para novedoso, el belén viviente.

Ay, es que me haría tanta ilusión.

O alquilar un niño para Niño Jesús.

-¿Alquilarlo o robarlo directamente?

-¿Robarlo? Si hay que robar, pues se roba.

Pero luego lo devolvemos, ¿no?

-Por favor, Lolita. Anda, vamos para casa.

Servando, ¿sabes dónde están las cosas de navidad?

¿Qué te ocurre? -Nada.

Estaba recordando lo mucho que le gustaba a mi Paciencia

venir aquí de buena mañana

y saludar a doña Guadalupe,

y contarse los primeros chascarrillos del día.

-La verdad es que da alegría verlo abierto otra vez.

-¿Quién lo lleva ahora? -La floristería de la calle Mayor.

-Disculpe, señorita, ¿qué me había preguntado antes?

-Verá, estamos preparando las fiestas de navidad.

-Navidad, claro.

Ya falta muy poco.

-La señorita María Luisa es la encargada de engalanar la calle,

ya verá qué júbilo y que colorido, Servando.

-La navidad nunca ha sido una época que me gustara mucho,

menos el año pasado, claro.

-¿Cómo que no te gusta la navidad? A todo el mundo le gusta.

-Ya, yo esperaba eta año, con ganas,

pasar la navidad junto a mi Paciencia,

pero a estas horas estará en el barco, camino de Cuba.

Siempre recordará

la primera navidad que pasamos juntos.

Eso no se olvida.

-Servando, no se acuerde ahora de eso, que le da la llorona.

-Cuéntame, Servando, cuéntame.

-Pues verá, es que, cuando mi Paciencia y yo nos casamos,

ella se quedó en estado.

-¿Tuvisteis un hijo? No lo sabía.

No, que más hubiéramos querido, no.

La noche de Nochebuena,

me acuerdo que nevaba, teníamos para cenar pollo

y turrón de castañas de Naberos del Río,

e iba a ser una noche muy feliz. -Pero no lo fue.

Y es mejor, por no darle vueltas y revueltas.

-¿Y qué ocurrió? -Pues que

mi Paciencia cogió las fiebres de repente

y yo me eché a la nieve

a buscar un médico.

Luché a brazo partido, pero

no fue posible.

Además,

tampoco teníamos dinero para las medicinas.

Mi Paciencia perdió la criatura.

-Lo siento, Servando, no sabía nada.

-Bueno, pero el año pasado

me encontré a un niño de pecho que había abandonado la madre

parecía que

que la pobre criatura no iba a tener futuro, ya ve.

Encontré a la madre y la hice ver

que no había nada más importante en el mundo que un hijo.

La vida que mi hijo no pudo tener,

la tuvo esa criatura.

-Bien hecho, Servando.

-Me reconcilié con la navidad.

Además, ¿saben qué nombre le pusieron en agradecimiento?

Servando, como yo.

Mi Paciencia estaba tan orgullosa.

En cambio, esta navidad...,

aquí, solo.

Qué ingrata es esta vida.

-La echas de menos, es normal.

-Que no va a estar usted solo, Servando,

estaremos todos juntos en el altillo, haciendo trabalenguas

con un polvorón en la boca. -Claro que sí,

anda que no quedan navidades

para pasarlas juntos con mi parienta, cuando ella vuelva, claro.

Hasta que la salud nos deje, allá penas.

-Alegría, que va a nacer el Niño Jesús.

¿Y sabe dónde la Paciencia guardaba las guirnaldas?

-No, eso eran servidumbres de ella,

pero voy a mirar en el sótano.

-Gracias, Servando.

-Ay, Servando, Servando...

Tiene un corazón más grande que un piano de cola.

Pero ya sabía yo

que le iba a dar la pena negra. -A ver si conseguís

levantarle la moral entre todas,

que para eso no las hay mejores que vosotras.

Anda, vamos para casa.

Doña Celia, ¿se ha caído? -No.

La limosnera, se me había caído la limosnera.

¿Seguro que no se ha desmayado?

¿Llamamos a un médico? -No, ya estoy mejor.

Será mejor que vaya a casa. -He traído alcohol para las friegas.

-Claro. Muchas gracias, don Arturo.

Gracias de verdad.

Y...

no olvide decirle a su hija que hable conmigo

si quiere ayudar a engalanar las calles.

-Lo haré, descuide. -Adiós, don Arturo. Gracias.

Muchas gracias por la información, doctor Gala.

Esperemos que el mismo milagro que despertó a mi amigo

le ayude a recuperarse del todo.

Gracias.

¿Está dormido?

No.

Tan solo muy cansado.

Marcho. Volveré esta tarde cuando esté más recuperado.

No, siéntese, prefiero que se quede.

Estoy harto de estar solo.

Y tengo preguntas,

muchas preguntas.

Menuda alegría nos ha dado a todos.

Los médicos dicen que ha sido un milagro sin explicación.

Ya sabe lo que dicen,

que bicho malo nunca muere.

Me va a contar cómo se ha caído de la cama.

No había nadie en la habitación y...

traté de incorporarme, pero...

me fallaron las fuerzas

y caí al suelo.

Y luego me desmayé.

El médico con el que hablé dice

que las pruebas salieron bien,

que, probablemente, la caída y el desmayo ha sido por la debilidad.

Que me den un buen filete y verá cómo se me pasa la debilidad.

Creo que cuando desperté pensaba en eso,

en un enorme trozo de carne.

No le creo. No...,

pensaba en el disparo que me dieron.

Se comportó como un héroe.

Cuando llegue a Acacias los vecinos le harán un recibimiento triunfal.

¿Hubo más heridos, Felipe?

No, gracias a Dios, no.

El cabecilla de la banda ya ha sido detenido.

Del Valle lo ha tomado como un asunto personal.

No creo que tarde en detener a sus compinches.

¿Y Teresa, está bien?

Sé que no tengo derecho después de lo que le hice pasar, pero...

Soy tan iluso que esperaba verla a mi lado cuando despertara.

Teresa no se ha movido de su lado.

Ha velado su sueño.

Ha creído en su curación cuando todos le daban por muerto,

incluido los médicos.

¿Y dónde está ahora? ¿Por qué se ha marchado?

(Llaman a la puerta)

Higos confitados, tradición de Cabrahigo en vísperas de navidad.

-Adelante.

-Y yo con las manos vacías,

que es tradición de mi barrio. Somos más pobres que las ratas.

-En mi tierra ofrecemos achicoria a quien trae regalos.

-Deja, la preparamos nosotras. -No, no,

de eso nada, las damas son mis invitadas. Sentaos.

-Pero qué medallas más bonitas.

-Pues sí,

la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo,

nada más y nada menos.

Es mía.

-¿Ah, sí? -No, no, es del coronel.

Se la dieron por su heroísmo durante la batalla de Manzanillo.

-¿Manzanilla? -No, Manzanillo, en Cuba.

-Pensé que se estaban peleando por una manzanilla.

Bueno, cosas peores se han visto en mi pueblo, ¿eh?

-Y dime, ¿es muy antigua la tradición de los higos confitados?

-No te creas,

es que en mi pueblo somos mucho de tradiciones,

esta llevará siete u ocho años. Que sobraban higos.

-Ya irás conociendo Cabrahigos,

es un pueblo de lo más curioso.

-Antes que Cabrahigos debería conocer mejor Acacias.

¿Quién de vosotras lleva más tiempo aquí?

-La señora Fabiana.

Ah, que te refieres a nosotras. -Pues yo llevaré un año o así.

-Yo desde que era un mico entré en esta casa que era de los Hidalgo.

-Y lo sigues siendo, que no has crecido desde entonces.

-Lola, me estoy refiriendo a la edad,

que una ya sabe que de tamaño se ha quedado recortada.

-Y de los vecinos, ¿quién lleva más tiempo aquí?

-Pues yo de eso no sé.

Para mí que llevan todos aquí de toda la vida,

don Ramón vivía aquí con su primera esposa, Lourdes,

y tuvieron aquí a María Luisa, nació en Acacias, es acaciera.

Y luego vino a vivir doña Trini, su nueva esposa, la de ahora.

-Que es cabrita. -¿Eh?

-De Cabrahigo.

Y mis señores, doña Celia y don Felipe,

que vinieron cuando se casaron, hará 10 años.

-Bien. ¿Y los negocios?

La chocolatería, la sastrería, ¿siempre han estado aquí?

-Desde que esto dejó de ser campo, la chocolatería la inauguró

el bisabuelo de Ferrero, difunto marido de Juliana.

-¿Doña Juliana? No la conozco.

-Pues es la chocolatera, la madre del señorito Víctor.

Ella se casó con el hijo de la sastra, Susana,

con don Leandro, y se han ido a vivir a París.

-Y la sastrería, ni idea, del difunto Seler y de la sastra.

Yo creo que doña Susana le hizo el traje que llevó Colón a América.

-Y la Sábana Santa, no te jeringa.

-Entonces,

ningún vecino ha venido de fuera, del norte, por ejemplo.

-¿Del norte? Ni idea. -¿Dónde queda eso?

-Para el parque más allá. -Pues no sabría yo decirle.

Pero si quiere preguntamos a Fabiana y a Servando, igual saben algo.

-No, no hace falta, mujer.

Oye, comed.

Esto está buenísimo. Comed, que es regalo vuestro.

Quítele las esposas,

y déjenos a solas, por favor.

No sé por qué tengo que venir esposada, no pienso fugarme.

Siéntese.

Disculpe a mis compañeros, son poco caballerosos.

Pero solamente cumplen las normas.

¿Cómo está?

Figúrese, no es plato de buen gusto para mí estar aquí.

Me hago cargo, y aunque suene a tópico,

tengo buenas y malas noticias, ¿cual quiere antes?

Las buenas son menos habituales.

Y, muchas veces, las más necesarias.

Mauro se ha despertado.

Gracias a Dios.

No hay que cantar victoria, pero se ha despertado

cuando los médicos no daban un real por su vida.

¿Y está bien? ¿No tiene secuelas? Lo ignoro, pero

la mantendré informada a medida que vaya sabiendo.

Gracias, comisario, una noticia así alegra el peor de los días.

Pero también las tengo malas,

Salvador, el niño de la pierna rota...,

¿Qué ha pasado? ...tiene una infección en la pierna

y es posible que tengan que amputársela.

No puede ser, es un niño muy inquieto,

siempre está saltando y corriendo en el patio del colegio.

En esas circunstancias es muy difícil negociar con la familia,

para que retire la demanda y pueda dejarla en libertad.

¿Ha hablado con ellos? Sí, e insisten

en que el culpable de lo que le ha sucedido a su hijo

sea juzgado y castigado.

Y consideran que la culpable soy yo.

Mientras no haya pruebas de que las instalaciones fueron saboteadas, sí.

Confío en que aparezcan esas pruebas.

Y si habla con sus padres, exprésele mi deseo de que se cure.

¿Puedo pedirle algo? Claro,

si puedo, tenga por seguro que le concederé lo que pida.

Me gustaría ver a Mauro.

Me temo que eso no está en mis manos, señorita Sierra.

Lo siento.

Si cambiara su situación, se lo comunicaré.

Y si, finalmente, usted no puede,

quizá sea él quien venga a visitarla a usted.

Ay, llegas tarde.

Dos minutos. No es fácil moverse teniendo todos los guardias detrás.

-No quiero que nos vean juntos.

Mejor estamos aquí que en medio de la calle. Toma.

-Gracias. ¿Estaba en casa del coronel?

-Ha habido suerte, debajo del sofá.

-No limpian muy bien las criadas, debería despedirlas a todas.

-Don Arturo me ha pillado a gatas por el suelo.

Qué vergüenza. -Bueno...

Le diré a mi hermano que no la vuelva a perder, y menos en un atraco.

-¿Es que va a haber más atracos?

-A mí no me gustaría que los hubiera,

pero la vida no es como queremos.

Celia,

¿por qué nos has ayudado? -Ya te lo he dicho,

porque te lo debía, porque soy tonta.

Porque creo que tú y tu hermano no sois como tu padre,

y os merecéis una oportunidad.

¿O me equivoco?

-Nos ha visto.

-No me has contestado, ¿me equivoco?

Tía.

-Hombre, ¿no me digas que ibas a entrar a la iglesia?

-Pues no, tan solo pasaba por aquí camino de la sastrería.

Que yo sepa, hoy no es fiesta de guardar, ¿no?

-¿Y tiene que ser fiesta de guardar para hacerle una visita al Señor?

Valiente hereje, anda, vamos para la sastrería.

-Ya la visita usted bastante por usted y por mí.

-Eres un ateo y no te mereces todo lo que rezo por ti.

Acabo de pedirle por ti a la Virgen de los Milagros.

-¿Ah, sí? ¿Y qué pedía?

-Que te dé discernimiento y capacidad para aprovechar las oportunidades.

Que tienes una delante y, lo mismo, la dejas escapar.

-¿Cuál?

-La niña Elvira Valverde,

la hija de don Arturo.

Es guapa, buena moza,

su padre es un hombre de alcurnia,

y, además, no tendrías suegra que está criando malvas.

Es usted increíble, ¿y eso no sería pecado?

-Pecado es dejar pasar esa ocasión.

¿Por qué no conoces mejor a esa chica? Lo mismo te gusta.

-Está bien, pero si no me gusta, no me gusta y se acabó.

-¡Don Arturo!

-Doña Susana.

-Qué sorpresa, precisamente estábamos hablando de usted y de su hija.

(SUSURRA) -Tía, por favor. -Calla.

Me estaba diciendo mi sobrino lo guapa que es y las ganas que tiene

de intimar con ella, con todos los respetos

y con su permiso, claro está.

-Pues estamos de enhorabuena, ella me ha comentado lo mismo.

¿Por qué no sube después y nos hace una visita?

Así os vais conociendo.

-Claro, claro, será un placer, don Arturo.

No, no merecemos ninguna oportunidad.

Qué más da por qué cometemos estas tropelías

El caso es que robamos y atracamos y tomamos a inocentes como rehenes.

-No te creo, creo que vuestro padre os obliga.

Tú y tu hermano sois tan víctimas

como los que estábamos allí retenidos.

-¿Y? A fin de cuentas somos sus cómplices.

-No es fácil vivir cuando te falta lo más elemental.

Mi madre murió cuando éramos unos críos.

Y mi padre tomó la vía más fácil,

ir de ciudad en ciudad robando y atracando.

Dos críos éramos la mejor tapadera para sus trapicheos.

Mi hermano es mudo,

inspiraba mucha lástima a la salida de los teatros, mientras yo,

afanaba carteras.

Ya ves, somos una joyita.

Erais niños,

¿qué ibais a hacer?

Coque dices que no habla, pero cumplía las órdenes.

-Sordo no es, de hecho, tiene muy buen oído para la música,

deberías oírle tocar la armónica.

-Me encantaría.

-No, eso no va a pasar, tenemos que escapar.

Huir de aquí ahora que mi padre está preso,

por eso no podía dejar la esclava atrás.

De nada serviría huir para caer en lo mío.

-Pero vuestro padre hirió de gravedad a un policía,

y le presionan en comisaría.

Estoy segura de que no lo está pasando bien.

¿Que sucederá si os delata?

-Si nos delata sucederá lo de siempre,

dependeremos de él, pero es nuestra única oportunidad.

-¿Y dónde pensáis ir?

-No sé, donde pueda cambiar de vida,

donde pueda trabajar.

Donde mi hermano pueda estudiar música y...

y yo pueda formar una familia.

Te ayudaré.

aunque no lo creas, lo merecéis.

-Tienes que alejarte de nosotros,

has sido un ángel para mi hermano y para mí, de verdad.

-Cruz... -Adiós.

Para siempre.

(Puerta)

Buenas tardes.

Que alegría que me he llevado cuando me han dicho

que usted se había despertado.

A veces una cree que los rezos no sirven y está equivocada.

He rezado mucho, pero mis plegarias se han visto atendidas.

¿Puedo pasar? Sí, sí, pase.

Perdóneme,

no sé si es por los medicamentos o por haber estad inconsciente,

pero no sé quién es usted, no se ofenda.

No me ofendo en absoluto.

Con lo que le debo y lo que ha hecho por mí sería incapaz de enfadarme.

Soy Sara.

¿Sara?

Poco antes de que dispararan sobre usted,

me salvó de trabajar en un burdel.

Ah, sí, cierto, tengo una vaga noción de todo aquello.

Le aseguro que yo no lo olvidaré nunca.

Tendrá que contarme, pero seguro que solo cumplía con mi deber.

Sea como fuera me ayudó, y gracias a usted miro al frente con orgullo.

Vengo derecha del trabajo,

no le importará que coma algo mientras le hago compañía.

No, claro.

¿Qué es? Pan con jamón,

no es el mejor jamón, que ese es solo para mirarlo de lejos,

pero tampoco está agusanado.

En este hospital me matan de hambre, ¿me da un mordisco?

¿No le sentará mal?

Mal me sienta el aguachirri ese al que llaman sopa.

Pues, nada, que sea lo que Dios quiera.

No será jamón del caro, pero sabe a gloria.

¿No habrá traído una botella de tinto?

Pues no,

le puedo poner agua.

¿Agua? Bueno.

Qué le vamos a hacer, agua.

Sírvase usted también.

¡Salud! ¡Salud!

¿Más? No, no vamos a abusar.

Cuando acabe lo tengo que lavar.

¿Usted?

Le aseguro que tengo experiencia, lavaba a mi abuelo hasta que murió.

Y era un hombre muy alto, seguro que pesaba más que usted.

Y las enfermeras están muy ocupadas,

hay que echar una mano.

¿Quiere?

¿Se puede confiar en el Servando?

¿O no se puede confiar en el Servando?

Ahí tiene sus adornos, señora.

Cuando apaguemos las luces del portal,

verá cómo lucen las luminarias. -¿Seguro que no arderá el barrio?

-La duda ofende, señorita, que bien esmerado me he quedado

en pergeñar este ornamento lumínico.

¿No será usted de esos progresistas que reclaman la participación

de la mujer en actividades públicas?

-Le aseguro que mi esposa jamás será pasto de esas ideas tan avanzadas.

No consentiría que se exhibiera de esa manera, y menos

si fuera una joven tan bella como su hija,

claro está.

Le comunico al inspector don Mauro San Emeterio,

que le ha sido concedida, por orden ministerial,

la medalla al valor en acto de servicio

por el coraje demostrado en el secuestro ocurrido en Acacias 38.

Lo que necesito es salir de este hospital y demostrar

que Teresa no tiene responsabilidad en esa tragedia.

Sosiéguese, San Emeterio,

o le tengo que recordar que usted ya no tiene jurisdicción

en esta ciudad. Se me puede ir la razón

en cualquier momento.

No diga usted eso, señora. Es la verdad.

Pero voy a recuperar el mando de mis pensamientos.

Voy a volver a gobernar mi cabeza. Está soberbia, Elvira,

radiante. ¿Cómo anda, Simón?

-Detrás de ustedes, como mi señor manda.

¿Vamos pues?

¿Crees que estará bien visto ir del brazo en nuestro primer paseo?

-Depende de quién mire, como siempre.

-¿Cómo están esas almas de Dios? -Indignados,

como cabía esperar.

La familia del muchacho, más afectado es de mucha influencia

y está presionando a la judicatura para que trasladen a Teresa y su caso

a una jurisdicción donde se haga un juicio de verdad.

-¿Quiere decir que la juzgarán?

-Y sin paños calientes.

La juzgarán y la condenarán.

-Créame, señorita,

he intentado evitar por todos los medios posibles

esta desgraciada situación. Por favor,

dígame sin más rodeos qué ha ocurrido.

Acaban de comunicarme el traslado de su expediente a otra jurisdicción,

a otra brigada,

y el inspector a cargo ha pedido prisión incondicional para usted.

¿Creen que yo he tenido algo que ver con esa desgracia?

No se lo creen, pero sí sé lo que buscan.

Quieren castigarla a usted.

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  • Capítulo 421

Acacias 38 - Capítulo 421

28 dic 2016

Tras despertar en el hospital, Mauro intenta levantarse, pero se desmaya. Al recobrar el sentido, recibe la visita de Sara y, ante la ausencia de Teresa, accede a recibir sus cuidados. Teresa es señalada como responsable de lo ocurrido durante el acto en el colegio y permanece detenida.

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