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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 368 - ver ahora
Transcripción completa

Se ha cometido un terrible error.

Quedamos en deuda con usted.

¿Qué ha pasado para que me suelte?

¡Santa Bárbara bendita!

-¡Reaccione! ¡Teresa!

¡Celia!

¡Celia! ¡Teresa está aquí!

Parece que sufrió un desfallecimiento.

-¿Le has encontrado el pulso? -Sí, tranquila.

Parece que vuelve en sí.

Ha movido los párpados.

-¡Señora Fabiana!

-Me alegra tanto tenerla de vuelta...

¿Lo ha aclarado usted todo? ¿Ha dicho la verdad?

-No había verdad que contar.

-¡Fabiana! Me alegro tanto

de tenerla de vuelta por aquí. -No puedo quedarme.

Tengo que ir a ver a doña Cayetana.

¿Por qué te han soltado? -Hija,

olvida todo lo que ha pasado y céntrate en lo que pasará.

Escucha.

Me han soltado

porque Úrsula está viva.

-Teresa está muy débil.

¿Qué le ha pasado a Teresa?

Mi esposa y yo la encontramos desvanecida en el salón.

Por favor, prepáreme un encuentro con ella.

Mauro, no sé si ella va a querer. No me venga con esas, Felipe.

Está bien, pero solo cuando su salud mejore.

-No te vayas, Liberto,

quédate conmigo. Quédate conmigo.

¿Por qué coges la maleta?

-Para que pueda abrazarme aquí mismo.

-¿Y si te beso? -No,

porque voy a besarla yo antes.

-¿No me digas que Huertas fue despedida de la tabacalera?

-Así es, Celia.

Y tendré que enfrentarme a ella en los tribunales.

-Va a ser un trago para los Palacios.

-Tendré que hablar con esa trasegadora. Y, con suerte,

ganaré el juicio antes de que el juez golpee el mazo.

Ha sido todo un cúmulo de despropósitos,

con el único objetivo de involucrar a Cayetana Sotero Ruz

en uno o en varios asesinatos.

Usted avergüenza a la comisaría que yo dirijo.

Tomaré medidas.

Yo me lo pensaría mejor.

Su comisaría perdería prestigio,

si el caso fallido se hiciera público.

¿Me desafía usted?

Tómeselo como prefiera.

No le estoy desafiando.

Solo pretendo que reconsidere su posición.

Tengo que reconocer que no le faltan redaños.

Pero creo que no está usted en condiciones de aconsejar a nadie.

Piénselo bien.

Acaba de llegar a esta comisaría. Este es su primer caso.

Si todo lo ocurrido se descubre,

de una forma o de otra, terminará salpicándole.

Ya veo que va a por todas.

Comisario, estamos en el mismo bando.

No quiero hacerle quedar como un inepto.

Si yo caigo,

le puedo hacer caer a usted también. No lo olvide.

No somos de la misma opinión.

Si a primeras de cambio, hago aquí una limpieza

y elimino a los elementos indeseados, quedaré como un profesional ejemplar.

Lamento que piense así de mí.

Yo solo he tratado de que se hiciera justicia.

Nada justifica la mala praxis.

Y no me temblará el pulso

a la hora de expulsar a un mal policía del cuerpo.

Llevo muchos años de servicio. Siempre he buscado hacer mi trabajo

con la mayor eficacia.

Si eso fuera cierto, no habría tenido la necesidad de amenazarme.

A su vergonzosa actitud, se suma el más profundo de los desprecios.

¿Es usted consciente de que ha pervertido

todos los códigos éticos que corresponden a un policía?

¡No pienso achantarme!

Precisamente por ética me he comportado así.

¡No pienso escuchar más excusas! ¡Pues debería escucharme!

Dejar que le explique a qué tipo de enemigo nos enfrentamos.

¡Basta! ¡No juegue con mi paciencia!

¡Si fuera otro policía,

le habría expulsado y le habría metido en juicio!

Hay razones de más para que terminara en presidio.

¿Y a qué se debe tanta consideración?

Si no doy ese paso, es por consideración a su esposa.

¿Qué tiene que ver Humildad en esto?

Desde hace años, una gran amistad

me une a su familia.

Cuando revisando las fichas policiales,

descubrí que estaba casada con uno de mis subordinados,

acudí a visitarla.

¿Por qué me ha mantenido al margen de esto?

Ella me comentó que usted guarda mucho rencor a sus padres.

Pensaba que, de saber mi relación con ellos,

enturbiaría nuestra relación profesional.

Siento cariño por esa mujer. Desde que era una niña,

una devota cristiana que iba para monja,

me complace ver a jóvenes que respetan al altísimo tanto,

o más, que yo mismo.

Me produce un gran dolor ver el estado en que se encuentra.

Y descubrir el tipo de marido que tiene.

¡No le consiento que me hable así!

Puede criticar todo lo que le plazca mis métodos como policía,

pero no tiene ni idea

de todo lo que me he sacrificado por Humildad.

Sea como sea, que le quede bien claro

que si no le despido, es por no dejar a Humildad en la indigencia.

Tiene una mujer que no se la merece.

Y ya veré qué diablos hago con usted.

¿Tú? Le he traído estas flores.

¿Y a qué es debida semejante atención?

Quiero que todas las vecinas sepan

que el quiosco ya está arreglado, y otra vez en marcha.

Bueno, me alegro mucho.

Le diré a Fabiana que busque un sitio para ponerlas.

Has tenido suerte de que solo haya habido daños materiales.

La próxima vez, esos desalmados, te pueden encontrar trabajando

y las consecuencias ser funestas.

En fin, si no quieres nada más

puedes irte. Estoy fatigada. Lo mismo no me quedé a gusto

y tengo más ganas de cháchara.

-¿No ha oído a la señora? -Alto y claro.

Pero me gustaría seguir hablando

con la señora. -Pues no sé de qué.

Déjese de despropósitos y márchese al altillo,

que es su sitio.

¿Pero esta qué se ha creído? Disculpe esta patochada.

Me barrunto que los años hacen desvariar a Guadalupe.

Aviadas estamos, tener que soportar los disparates del servicio ahora.

¡Y tira esas flores a la basura!

Si aprecias en algo a esa embriaga,

habla con ella, porque como siga empeñada

en enfrentarse a mí va a salir trasquilada.

Pierda cuidado, señora, que la haré entrar en razón.

¡Ah!

He estado recapacitando sobre lo que me dijiste de Mauro.

Estoy convencida de que sabe que somos familia.

No, no seas simple. Eso es imposible.

Estoy segura de que está dando palos de ciego

a ver si encontraba algo de enjundia.

¿Está segura de eso? Completamente.

Si Mauro supiera el vínculo que nos une,

no hubiera tardado en utilizar esa información en mi contra.

Pero parecía bien seguro de saber que ocultábamos algo.

Puro teatro.

Mauro no ha dejado de levantar calumnias.

Si tuviera una información tan jugosa, habría actuado.

No. No, Fabiana. No puede hacer nada contra nosotras por ese lado.

De todas formas, mañana me voy a encargar

de que Mauro pague por todo lo que ha hecho.

¿Sabemos algo de Úrsula?

No.

Y eso que he movido Roma con Santiago.

Bueno, descuida. Yo me encargaré de encontrarla.

Puedes retirarte.

Señora,

¿está segura de que quiere que tire las flores?

Por supuesto.

¿Qué os parece?

¿Voy bien arreglada para el juicio?

-A esos sitios siempre hay que ir limpia.

Que una sabe cuando entra pero no cuando va a salir.

-Soy yo la que pone la demanda. Pachasco que terminara detenida.

-No te fíes ni una miaja, que cosas peores se han visto.

Nosotras siempre hemos sido la presa de los golpes.

-Para eso mismo voy a juicio,

para cambiar las cosas.

-Yo te digo que de los jueces y de los médicos cuanto más lejos mejor.

-Pamplinas.

¿Voy bien vestida o me he pasado un poco?

No quiero pasar por una muerta de hambre,

pero tampoco que crean que trato de parecer una señora.

Que soy una obrera, y a mucha honra.

-Tú vas guapa con lo que te pongas, Huertas,

que tienes muy buen talle, no como yo,

que cuando me pongo el sombrero parezco un champiñón.

-No se trata de ir guapa o fea,

eso ha de ser lo de menos en un juicio.

-El juez es hombre,

y a nadie le amarga ver el buen escote de una moza.

Yo, que tú, me desabrochaba el primer botón.

-No me puedo creer que sigáis pensando de esa forma.

-Pues es la verdad del cante, te escueza o no.

-Yo me desabrocho la camisa para estar cómoda,

no para solaz de un rijoso, sea juez o jornalero.

¡Ay, que no quiero discutir!

¡Tengo unas culebrillas en las tripas!

¡Uf!, me juego mucho en este juicio.

Mi nombre, la indemnización,

y alguna mejora para mis compañeros.

-Pues me barrunto que las cosas

no te las van a poner fácil. -Eso seguro.

Sus buenos abogados que habrá contratado la empresa,

a nada que me descuide, se lanzarán a mi cuello como lobos.

-¡Ay! Lástima que no le cayeras en gracia a mi señor.

Es más listo que el hambre.

Te hubiera echado un capote. -¿Ese burgués?

Ese nunca comprendería por qué estamos luchando.

Pierde cuidado, tengo un abogado que trabaja gratis para la causa.

-¡Buah! Si es gratis no será fetén.

Que, como dicen en mi pueblo:

"Si te prestan el arado es porque va mellado".

-Nosotras iremos a misa a pedir por ti.

-No creo que sirva de gran cosa, pero se agradece.

-¡Ay! ¡Qué preocupada va esta moza siempre!

A mí me parece que es más maja que las pesetas,

pero como siga así va a terminar padeciendo de la bilis.

-A mí me da de que, en mucho de lo que dice, no anda desatinada.

-¿Qué trae, señora Guadalupe,

que parece que viene echando más humos que un tren?

-Que traigo un sofoco que me ardo. -¿Y a qué viene el enfado,

que le va a dar un tabardillo, mujer?

-A Fabiana.

Apenas ha llegado ya ha vuelto a las andadas con Cayetana.

Por muchas vueltas que le doy al magín,

no puedo entender por qué me engañaste

con lo del comisario Del Valle. Lo siento, Mauro.

No era mi intención contrariarte,

pero es muy grande la inquina

que les tienes a mis padres, y yo no quería que tu relación laboral

con tu nuevo jefe se enturbiara al descubrir la relación con ellos.

¿Acaso piensas que soy un muchacho?

¿Que no tengo fuste para enfrentarme a eso?

No, por favor, no es eso.

Pero yo no quería que te enemistaras con tu nuevo jefe.

Por favor, Mauro.

Si te he ocultado esa información era solo

para protegerte.

Pues bien que te has lucido.

Lo siento.

Me pesa mucho tu disgusto,

pero tienes que entender que todo lo que hago

es movida por el gran cariño que siento hacia ti.

El comisario Del Valle es un buen hombre.

A la postre terminará ayudándonos. Él no es como mi padre.

Pero eso juega en mi contra.

Si, finalmente, destituirme de mi cargo,

no podré culparle.

Quizá...

ha llegado el momento de pasar página,

de empezar de cero en nuestras vidas.

Si yo hablara con Del Valle, él podría trasladarte

a otra ciudad,

y así olvidar todo esto que tanto te turba.

Ni hablar, Humildad.

No pienso consentir que intercedas por mí

para conseguirme prebendas laborales.

Ni tengo la menor intención de moverme de aquí.

¿Qué es lo que te retiene?

Pienso que lo sabes bien.

Humildad, trato de serte sincero, como te prometí.

Sabes que hay circunstancias

y personas que me me atan a esta ciudad.

Lo sé.

No continúes, por favor.

Mejor así.

No quiero mentirte.

Es lo que acordamos. Puedo vivir con ello.

Buenos días, mujeres. ¿Os apetece un buñuelo?

-¿A qué se debe tal convite?

Los compré para Servando, pero como no quiso catarlos

los subí para que no se estropeasen.

-Muy malo tiene que estar para rechazar algo de comida.

-¡Oh! Sigue de morros. Tanto que parece un jabalí.

-¿Por lo del uniforme?

-Sí. Dice que me ha perdonado que se lo haya encogido,

pero aún anda dando vueltas por el portal

dando unos suspiros...

No se sabes si es un alma en pena o un portero de finca.

-Claro. Es que su marido estaba muy ilusionado con esas ropas,

más que un párvulo vestido de marinero.

-¡Maldita sea mi memoria,

que se olvida de lo bueno...!

Y esto, sin embargo, lo tengo grabado aquí en la mollera

como si hubiera pasado hace diez minutos.

-Su marido es como un chiquillo.

Cuando encuentre otra cosa ara distraerse se olvida de esto.

-¿Qué me vas a contar que no sepa?

Si llevo casada con él más tiempo que tiene el canalillo.

-¿Y a qué espera, para buscarle una distracción?

-Lo he intentado.

Le he dicho que limpie la carbonera,

que engrase los picaportes, que cambie la tierra a las macetas...

-Pero que eso no son distracciones, Paciencia.

No me extraña que le siga mirando con cara perro.

-Pero si lo tengo ocupado y no piensa en el uniforme.

-Lo que le tiene es más revirado que una mona.

-¡Oy, Lolita! Pues yo ya no sé lo que hacer.

-Pues tiene que buscar algo del agrado de Servando.

-Pues como no sea la siesta no le conozco otra afición.

-¡Oy!

Haga un poder. Piense en algo más que le guste a su marido.

-¡Ay, Mucho me pides, Lolita! Si yo no siempre sé dónde trabajo.

He barrido más de una vez el portal del 36.

En fin, pero si yo... Le gusta inventar cosas.

Arreglar cachivaches..., aunque muchas veces no estén rotos.

Las castañas de Naveros, las casas de Naveros,

los ríos de Naveros... De su pueblo le gusta todo,

hasta los cantos rodados.

-Se me está ocurriendo una cosa que lo puede sacar de esta papeleta.

-Si es mandarle al pueblo y que no vuelva

ya se me ha ocurrido a mí.

No me parece buen apaño.

-Que me traje una cosa de Cabrahígo

que le va a distraer, más que a un tonto un lápiz.

-¿Sí? ¿Se puede saber qué es esa maravilla?

-Espera aquí una miaja que se lo traigo y se lo regalo.

Ya verá que a Servando le va a encantar.

-¡Ay, pues muchas gracias, Lolita!

¿Y estas criadas?

Dicen que ganan poco

y luego se dan el lujo de desayunar buñuelos.

Me gusta verte trabajar.

-Puedo darte gusto en cualquier momento.

No dejo de tener asuntos pendientes.

-Pones cara de absoluta concentración,

como si te fuera la vida . en lo que estás haciendo.

-Es mi obligación para sacar esta casa adelante.

-Lo sé.

Y eso hace que tu entrega al trabajo sea tan bonita para mis ojos.

-Tú eres lo más bonito de esta casa.

¿Qué digo lo más bonito? Lo más precioso.

(Llaman a la puerta)

-Voy a abrir. Lolita no ha bajado.

-Aquí me tiene.

¿Para qué me ha hecho llamar?

-Será mejor que te sientes.

Cariño, déjanos solos.

-Al grano. ¿Qué es lo que quiere usted conmigo?

Tengo prisa.

-¿Cómo se encuentra?

¿No debería seguir acostada?

Le agradezco su interés,

pero no aguanto ni un minuto más en la cama.

Es menester que estire las piernas.

Me alegra que se encuentre recuperada.

Siento que voy recuperando las fuerzas,

pero no me encuentro como antes.

Es normal.

Dese un poco de tiempo. Tiene usted una naturaleza muy fuerte.

Tan solo necesita un poco de reposo.

Pero un día o dos, a lo sumo,

que tengo muchos asuntos pendientes del colegio.

Un mozo ha traído esto para usted a primera hora.

"Querida mía,

ha llegado hasta mí la noticia de que no te encuentras bien".

"Espero, de corazón,

que tu indisposición sea algo fugaz,

y pronto te encuentres tan bien como siempre".

"Tu malestar me desasosiega, en grado sumo".

"Me siento hundido y abatido".

"Todo parece que se desmorona a mi alrededor".

"Todos mis planes se han ido al traste".

"Hasta mi trabajo pende de un hilo".

"La aparición de Úrsula lo ha cambiado todo".

"Me ha hecho ver que mis anhelos eran vanos

y que todo lo que pensaba estaba equivocado".

"He estado reflexionando seriamente".

"Este fracaso me ha abierto los ojos".

"Mi afán por destruir a Cayetana no solo no ha tenido fruto,

ha dado al traste con mi carrera,

y, sobre todo, me ha hecho perder el amor de mi vida, tú,

mi amada".

"Solo quiero pedirte un último favor".

"Permíteme que te visite". "Deja que vuelva a verte".

"Necesito saber cómo te encuentras".

"Estoy muy inquieto por tu salud".

¿Qué le ocurre, Teresa? No tiene buena cara.

Por un momento he notado que me faltaba el aliento.

Trate de sosegarse.

¿Es una carta de Mauro?

¿No se da cuenta de que solo saca dolor

de leer sus misivas?

Debería romperlas nada más recibirlas.

No está en condiciones de enfrentarse a estas emociones.

No puedo evitar sentir la más profunda de las penas.

La vida podría haber sido

tan diferente par nosotros.

Será mejor que vuelva a la cama.

Yo le llevaré una pasiflora.

Sí, será lo mejor.

Me encuentro indispuesta.

¿Usted se cree que me he caído de un guindo?

-Es tan cierto como que es de día.

-No puede ser. Me está tomando el pelo.

¿Acaso crees que perdería el tiempo contigo si no fuera cierto?

Al final va a ser verdad eso de que el mundo es un pañuelo.

La verdad es que no me extraña

que sea usted el abogado de esos malnacidos.

Todas las sanguijuelas terminan juntándose.

-Ahórrate esos exabruptos.

Aquí no vas a sorprender a nadie con tu labia.

-Pues ya está todo hablado. Nos vemos en el tribunal.

-Será mejor que te sientes y que me escuches.

Muy bien.

Como quieras.

Si te he hecho venir es porque, en el fondo, me caes en gracia.

Será mejor que te olvides del juicio y de la denuncia.

-¿Y por qué iba a hacer tal cosa?

-Porque no tienes absolutamente nada que hacer.

¿Qué va a hacer una pobre mujer como tú

contra una de las mayores industrias de este país

y contra uno de los mejores abogados de esta ciudad?

(Llaman a la puerta)

Si tuvieras dos dedos de frente,

desistirías de la denuncia.

Yo te aseguro que no voy a hundirte en la miseria de la que has salido.

Aquí tienes un buen trabajo, con una buena familia.

No lo estropees.

-No me da usted ni un poco de canguelo.

Cuando una tiene la razón de su lado, no tiene nada que temer.

-Yo no estaría tan seguro.

Siempre puedo encontrar algo que te ponga en un brete.

-Inténtelo.

No solo no me pienso retirar del juicio, sino que lo pienso ganar.

Ya veremos quién es más listo al final del proceso.

-Desde luego que lo veremos.

Se acabaron las trampas.

Ni doña Rosina ni nadie va a ver mis vergüenzas.

-Lo que yo te diga, a perro flaco todo son pulgas.

-Pues hay que jeringarse.

Una sisando tiempo de donde puede para ir al cinematógrafo,

y cuando llegamos nada. ¡Que nones!

-Menudo chasco. El cinematógrafo va a durar dos días.

-¿Dónde vas, gitana mía?

Te convido a un barquillo o lo que se te antoje.

Y a ti también.

-Pues es que ahora no puedo, Martín.

Pero me voy a dar brío para servir la comida a los señores

y así, luego, podemos dar un garbeo. -Date prisa,

gorrioncilla, que aquí te espero.

-¿Qué?

¿Todo bien?

-Sí. No parece que vaya a llover.

-No te chancees, que no te pregunto por el tiempo.

-Entonces no sé qué es lo que te pica.

-Pues te lo voy a decir bien clarito.

¿Lo dejaste de una vez con la siesa esa de la Enriqueta?

-¡Y dale!

Que no se puede dejar algo que no se ha empezado.

Ni tengo, ni he tenido nada que ver con esa mujer.

-¿Estás seguro de eso? -Solo tengo ojos para mi Casilda.

Para mí es la mejor mujer del mundo.

-Pues más te vale,

que la Casildica todo lo que tiene de chiquitilla lo tiene de buena.

Me jorobaría mucho que la hicieran daño.

-Pierde cuidado.

Mi único propósito en esta vida es hacerla feliz.

-Solo te digo que en Cabrahígo yo me encargaba de que los novillos

pasaran a bueyes.

¡Rás!

Un buen cuchillo

y a otra cosa. Ah,

y me debes un barquillo.

Parece ser que Fabiana sigue más callada que un difunto.

No suelta prenda de porqué la detuvieron.

-Nunca ha sido mucho de hablar esa mujer.

-Hace un rato se ha pasado a por un vestido de Cayetana

y no ha dicho ni "chus" ni "mus". Y mira que intenté sacarle algo.

-Nunca ha sido mucho de hablar esa mujer.

-Ni tú de prestarme atención. Dos veces me has contestado

lo mismo.

-¡Ay, disculpa! Se me ha ido el santo al cielo.

-¡Ay! Lo que es muy raro es que el inspector San Emeterio

decidiera soltarla de un día para otro.

Si había confesado el crimen,

tenía que haber recibido su castigo, y punto redondo.

Algo muy gordo tiene que haber pasado

para que el policía tenga que dejarla en libertad.

¿No?

¡Por Dios, Rosina!

¡Estás todo el rato en Babia!

Me haces menos caso que las tomasas en los títeres.

-¡Que sí, que te estaba escuchando!

-Pues no lo parecía. Estabas mirando al vacío,

y con la sonrisa en la cara que tienen los lunáticos

o los enamorados.

Tendrá que ser lo primero, para lo segundo ya no tienes edad.

-Claro. ¿Dónde voy yo a mi edad metiéndome en amoríos, verdad?

-A hacer el ridículo, seguro. Como Nuria,

la del 34. -¡Ay, sí!

-Lleva tres maridos y pasa de los 60. -¡Ay, sí!

-(CARRASPEA)

-¡Ay, sobrino! ¡Me tienes en ascuas!

¿Cuándo partes? -¿Y dejarla sola, tía?

¡No! No se va a librar de mí tan fácilmente.

He decidido que lo más bonito del mundo

se encuentra aquí. -¡Ay,

ay, ay, ay! ¡Ay, qué alegría!

(SUSURRA) -Te quiero. (SUSURRA) -Estoy loca por ti.

-¿Decías algo, Rosina?

-Sí, que me pone loca de alegría

veros tan felices.

(RÍE)

-Con su permiso, tía, me gustaría

invitarles a un chocolate en La Deliciosa

para celebrar que me quedo.

-Te lo agradezco,

pero ya sabes que ese establecimiento no es de mi agrado.

-Bien. Bueno, no se preocupe, no hay problema.

Si usted no acude al chocolate,

el chocolate acudirá a usted.

En un tris regreso con un servicio para los tres.

-Mira que me agrada que mi sobrino se quede en la ciudad,

pero... me tiene muy amoscada con ese cambio de opinión.

-Bueno, ya sabes lo impulsivos que son los jóvenes.

-¡Ya está!

Si se queda es porque anda metido en amoríos.

-Bueno, también puede ser debido

a otra causa. -¡Qué inocente eres, Rosina!

Este anda ennoviado con la chica esa tan mona

con la que le vimos. -Si tú lo dices eso será.

-Seguro.

Menuda vista tengo yo para estas cosas.

¿Cómo ha ido la reunión con Huertas?

¿Saliste tarifando?

-Con esa pobre desgraciada poca discusión puede haber.

-Felipe, yo la veo muy segura de sí misma.

¿No tienes miedo a que el juez le dé la razón?

-Hay pocas posibilidades de que pase eso.

El caso es que no quiere asumirlo, y eso, como poco, le costará dinero.

-¡Ay, pobre mujer! No creo que la sobre ni una peseta.

-He intentado prevenirla,

pero quiere guerra, y guerra va a tener.

-Vamos, que se está metiendo en un buen berenjenal.

-Así es.

Denuncia a la Cigarrera por haberla despedido,

como represalia, por acudir a la huelga.

-Entonces no le faltan motivos para ir a juicio.

-Tiene buenos testigos

y buenos argumentos.

Pero yo pienso agarrarme a algo más.

-¡Uy, Felipe! Miedo me da esa mirada.

¿Qué estás planeando?

-Lo que tengo en mente no lo sabe ni mi cliente.

Pero tengo que esperar a la vista de hoy para tomar decisiones.

-Me barrunto que vas a usar algún truco sucio.

-Ya te contaré, si es menester.

Lo que puedo asegurarte

es que esa pordiosera no va a ganar el juicio.

Es más, si sigue por este camino va a salir muy perjudicada.

-Felipe, me da pena la muchacha.

-Cariño, por favor, eres demasiado compasiva.

Hay que demostrarle cuál es su sitio y cuál es el nuestro.

-Te ruego que no seas muy duro con ella.

-Estos alborotadores son como los vicios.

Tienes que deshacerte de ellos

antes de cogerles cariño.

¿Y este regalo? Ni que fuera mi onomástica.

-Es para que termines

de perdonar mi desaguisado del uniforme.

-No, mujer, eso ya es agua pasada.

¡Pero mucha agua tiene que pasar! ¡Litros y litros

para encoger un paño tan bueno!

¡Pero muchos litros tiene que...!

¡Más que el río de Naveros en épocas de crecida!

¡O eres muy torpe o tienes muy mala intención para...!

-¡Pare quieto, Servando!

Su Paciencia no lo hizo con mala intención.

Y abra de una vez el regalo, a ver si es de su gusto.

-Bueno, haré un poder.

Si cada torpeza

que he cometido me la echaran a la cara,

se podrían escribir volúmenes con ello.

-¡Eso!

Que te aprovechas de que no tengo memoria.

-¿Y esto qué es?

¿Un pito? ¿Qué pasa? ¿Me habéis visto

con cara de sereno?

-Este es el mejor instrumento musical

del mundo.

-No sé si será el mejor,

pero puede que sea el más pequeño.

-No seas tote y escucha a la chica.

Lo ha traído de su pueblo

y te lo regala con la mayor ilusión del mundo.

-Si esto es lo mejor que hay.

Sin tener estudios musicales se pueden sacar las tonadas

que sean del gusto de uno.

En Cabrahígo se llama "cuchufleta".

-¡Anda, la leche!

Si es que hasta el nombre parece de broma.

-Pues allí todo el mundo tiene una.

Y cuando estás con el ánimo por lo bajo

se toca uno una copla y se pone más contento que unas castañuelas.

-Mira que me alegra que en tu pueblo

os contentéis con tan poca cosa. Pues nada, muchas gracias.

-¿Le vas a hacer el feo a Lolita de no probarla?

-¡Muer, los instrumentos musicales

requieren su tiempo, y ahora no tengo ganas de estudiar.

-Pero si esto es más fácil que hacer la "o" con un canuto.

¡Venga, un intento, Servando.

-Bueno. -¡Hale!

-¡Rediez, una cuchufleta!

Uno del ejército tenía una y tocaba diana con ella cada día.

Traiga, verá cómo suena.

-No, si no la había chupado todavía.

-¡Ey!

-Sigue. Sí que tiene su gracia.

¿Y tú me enseñarías a tocarla? -¡Hombre, faltaría más!

Si esto es más fácil que beber de botijo.

Hasta usted podría aprender.

-¡Pues venga con las clases, que para mañana ya es tarde!

¡Hala! -Adiós.

-¡Ay!

Pues parece que la cosa se ha salido de guinda.

-Si ya lo sabía yo.

¿Ha visto que fácil era enredarlo? Del uniforme ya ni se acuerda.

-Si es que es como un chiquillo.

-No, mujer, no, que los chiquillos son mucho más espabilados.

-Sí.

Salgo a misa.

Pon el cartel de "cerrado". hasta que vuelva,

así no te molestarán las clientas. -Como usted mande, tía.

Estoy a sus órdenes.

Bueno...

Bien, ¿en qué puedo atenderla, señora?

-¡Ay, déjate de chanzas. He visto salir a tu tía.

Y sabiéndote aquí solo no podía reprimir las ganas de entrar a verte.

-¡Miren ustedes la procaz!

-¡Ay!

(RÍEN)

-Me alegro tanto de tenerlaa mi lado.

-¡Ay!, ¿vas a seguir tratándome de usted?

-Me moría de ganas de tenerte entre mis brazos.

-¡Ay, temo que nos vean!

Pero por nada del mundo me perdería tus besos.

-No dejo de pensar en ti ni un segundo.

Eres la mujer más maravillosa

que he conocido nunca. -¡Ay, calla, que me azoras!

-¿Ah, sí?

Pues solo hay una forma de conseguir que me calle.

-¿Cuál?

-Besándome.

(Llaman a la puerta)

¡Liberto! -¡Ah!

-No, no te sofoques. Es posible que se vaya.

Liberto, ¿dónde te metes? Me ha dicho tu tía que estabas

en la tienda.

-¡Pero que está dentro!

-No va a ocurrir nada. Usted no se mueva de aquí,

que yo enseguida me encargo de él.

(TOSE)

¿Qué hacías, no oías que te llamaba?

Nada bueno, seguro.

Pues no sé qué puedes pensar que pueda estar haciendo ahí dentro.

Si soy más inocente que un niño. No te creo.

Seguro que tienes alguna muchacha ahí escondida,

entre las telas.

Pues no, Mira, ahí te equivocas.

Solo estaba aprovechando para echar una siesta.

Pues espabila, vengo muy cansado del trabajo.

Me vendría bien un chato de vino. ¿Me acompañas?

Nunca digo que no a una mujer bonita o a un convite,

porque supongo que convidas tú, claro.

Por supuesto. Pues no perdamos más tiempo.

-¡Uf!

¡Ay, Dios!

¿Quiere más té? Sí, por favor.

Le agradezco mucho que haya tenido a bien aceptar mi invitación.

No me lo agradezca.

Siempre es un placer verla.

Como comprenderá estoy algo desasosegada por Teresa.

Ya sabe usted que tenemos una gran amistad.

Es complicado adelantar un diagnóstico.

Por favor, doctor, le pediría que fuera algo más concreto

que la última vez que nos vimos.

Hay asuntos que han de quedar entre el doctor sus y pacientes.

Retírate, Fabiana, por favor. Nos apañamos.

Bien, y ahora que estamos solos, ¿podrás ser algo más explícito?

Dígame, por favor,

¿por qué está tan débil Teresa?

¿Por qué tuvo ese desmayo?

Teresa está sometida a una gran tensión interna.

Y en algunos momentos su cuerpo necesita

utilizar esos desmayos para defenderse.

¿Y de dónde le viene esa tensión tan grande que la deja

en ese estado?

Teresa tiene un gran conflicto sin resolver.

Bueno, pero precisamente eso es lo que usted está tratando.

Y creo que seguiré haciéndolo durante un tiempo.

Siento decírselo, pero el problema de Teresa no es un asunto baladí.

Me está usted alarmando, doctor.

No debe apurarse.

Lo que intento decirle es que la curación de Teresa es lenta

y complicada, pero no es imposible.

En la mente de Teresa hay dos fuerzas contrapuestas enfrentándose.

Sí, sé muy bien a qué se refiere.

Es muy difícil elegir,

y más cuando se tiene apego por las dos.

Lo sé.

Pero mientras no tome partido por una de ellas

el conflicto continuará y su salud se resentirá por ello.

¿Cree usted que su mente la puede hacer enfermar?

No le quepa la menor duda.

Le agradezco mucho la ayuda que nos está prestando, doctor.

Las gotas que le suministra a Teresa

le están siendo de gran ayuda.

Ese preparado es esencial si queremos conseguir nuestro objetivo.

Lo sé. Tenemos que cuidar bien de ella.

No le quepa duda de que está en nuestras manos.

Así es.

Y sé muy bien cómo ha llegado a esa situación.

Gracias.

Un placer, señora.

Como también sé cómo arreglar este entuerto.

¡Ay!

¡Ay!

¡Ay!

¡Ay! Se me va a salir el pecho por la boca.

¡Pablo! ¡Leonor! ¿Hay alguien en casa?

¡Qué hermosa está la luna esta noche!

-Grande y redonda,

como tus ojos de niña traviesa.

Estoy muy orgulloso de ti.

Te estás enfrentando a la vida como una jabata.

-No hago otra cosa que seguir tus consejos.

-Por un momento pensé que ibas a dejar que Liberto se marchara.

-¡Y yo! ¡Si no llega a ser por ti no vuelvo a verle.

(SUSPIRA) -Me alegro de volver al mundo para ese propósito.

Aunque lamento no poder celebrarlo

con una buena copa de ajenjo.

-Yo también me alegro mucho de poder verte otra vez,

aunque sea de esta guisa.

-Siento que esta sea mi última visita.

-¿Cómo que tu última visita?

-Donde estoy no son muy dados a los permisos.

Y ya he terminado la labor

que tenía pendiente. -Pero...

¡Que hagan una excepción!

Puedes venir los domingos, o en las fiestas, ¿eh?

Aunque pudiera no me sentiría muy a gusto.

No es que me parezca mal lo de Liberto,

pero hay cosas que escuecen, aunque uno sea un espíritu puro.

-Entiendo que no ha de ser plato de buen gusto

ver cómo me hago arrumacos con otro,

pero, Maximiliano,

que te quede claro, para mí ha sido una bendición tenerte cerca otra vez.

¡Una bendición! -Bueno.

Aunque ahora me vaya,

y no vuelvas a verme más,

yo siempre estaré cerca de ti.

Eso ni lo dudes.

-Me están entrando muchas ganas de llorar.

-Te lo prohíbo terminantemente. Ya has llorado bastante por mí.

Ahora tienes que celebrar

la vida, la alegría,

y el amor.

Me gustaría pedirte una última cosa.

-Lo que quieras.

-Aunque no tenga cuerpo,

me gustaría un baile de despedida,

como los de antes.

-Me encantará bailar contigo otra vez.

(Suena un vals)

¿Qué hace bailando sola?

Perdió la chaveta.

-La verdad es que no lo sé muy bien,

pero está claro que se la ve feliz.

Mejor será dejarla sola y que disfrute.

Y, sobre todo,

no preguntar.

Disculpe la espera. Acaban de avisarme de su visita.

No, descuide, he sido yo la que he obrado mal

presentándome sin avisar, pero necesito hablar con usted.

Estoy a su disposición.

Tendremos que utilizar este despacho,

el mío está ocupado ahora con otra visita.

Sé que el agente San Emeterio no se encuentra aquí.

He esperado a que saliera para presentarme.

Ya me hago cargo que no querrá cruzarse con él por nada del mundo.

Así es. No sé cómo reaccionaría de encontrarme con él de frente.

Como puede suponer,

es de él de quien he venido a hablarle.

Entiendo. Usted dirá.

Tendrías que haberme contado que Teresa andaba algo desmejorada

para que yo colaborara en cuidarla.

-Bueno... -Que una no será muy lista,

pero dispuesta un rato. -Ya sabes cómo es Teresa.

A veces, por no molestar parece que ni respira.

-Hija, que es es la prudencia personificada.

-Lástima que no todas sean así.

Estoy en un sinvivir por tu criada, Trini.

-¿Por Huertas?

Pierde cuidado, que el juicio es un asunto baladí,

es un "quítame de ahí esas pajas".

-Ya, pero me parece muy mala pata que sea mi marido

el abogado de la otra parte.

-Sí. La verdad es que sí,

porque con otro la muchacha

tenía el caso ganado, seguro.

Pero seguro que no es para tanto.

-Créame, está muy enconado con el caso.

Es como si disfrutara

haciéndole daño a esa chica.

-¡Celia, pues espero que te equivoques,

porque si no la muchacha va apañada.

-No sé qué le pasa a Felipe,

pero es como si tuviera un punto de venganza con ella

y no me gusta nada.

-La verdad es que...

a mí también me joroba que le haya cogido ojeriza.

Sí, porque es muy buena muchacha.

Es obediente y hacendosa como la que más.

No para en todo el día y me tiene la casa como los chorros del oro.

Lo único que quiere es algo a cambio. -Ya, no dudo de que sea buena criada.

Por eso me da miedo que Felipe la haga papilla en el juicio.

-Bueno,

yo confío en el criterio de tu esposo.

(Llaman a la puerta)

Ahí viene.

-A las buenas, don Felipe. -Trinidad.

-Ya me contarás qué tal.

A más ver.

-¿Cómo ha ido el trabajo?

-Ha ido todo de guinda.

-¿Ha perdido, la pobre muchacha? -De momento no.

Pero no solo va a perder el juicio,

sino que, además, van a acusarla.

-No entiendo. ¿Cómo puede ser eso?

-Durante la huelga, alguien entró en la tabacalera,

quemando todo el género y causando grandes pérdidas a la empresa.

-¿Y qué tiene que ver eso con Huertas?

-Vamos a alegar que la culpable es ella.

No solo no va a conseguir nada por su despido,

sino que además va a pagar por todo.

-Pero si es ella la que demanda. -Sí.

Pero daremos la vuelta a la tortilla.

Voy a conseguir que la condenen por sabotaje.

¿Comprende usted cuál ha sido el alcance

de las ofensas de ese hombre?

Sí, señora. Lo entiendo. No, yo creo que no.

Ese hombre primero intentó acusarme de la desaparición de Úrsula,

luego convenció, con sus malas artes,

a mi criada para que confesara un crimen que no había cometido.

Y ahora he sabido por la mismísima Fabiana

que Úrsula está viva, y que, por lo tanto,

ese crimen no se cometió.

Tengo que reconocer que todo ha sido

una sucesión de despropósitos. No, ha sido mucho más que eso.

Considero que ha habido mala fe en todo este asunto.

Yo lo achaco más a la incompetencia. Mire usted,

no defienda a su subordinado.

Sabemos cuáles eran las intenciones de Mauro San Emeterio.

Y quiero un castigo para él.

Quiero que ese hombre tenga un castigo ejemplar.

Que dé con sus huesos en la prisión.

Si no hace usted nada, acudiré a las altas instancias,

al gobierno, a la reina, si es necesario.

Le pido disculpas por todo lo que la hayamos importunado,

y no dude que tomaré medidas en este caso.

No espero otra cosa.

La investigación la llevo yo, no usted.

A mí me corresponde

decidir qué acciones se van a realizar.

Puede hablar con quien guste,

pero no voy a cambiar mi forma de actuar por sus amenazas.

Y ahora, si me disculpa, tengo otros asuntos que atender.

Claro. No le molesto más.

¿Sabe? Me alegra saber que es usted un hombre de firmes convicciones.

Eso me asegura

que va a actuar de forma recta,

y que hará lo que tiene que hacer en este caso.

Y haga el favor de quitarse ese guante, es ridículo.

No se preocupe, ya estoy casi restablecida.

Me alegro de que sea así.

Teresa, tiene usted una visita en el salón.

¿No será Mauro?

Lo siento, no he podido convencerle de que esperara su respuesta.

Te está diciendo la verdad.

Soy insufrible, lo sé.

Pero no me voy a ir hasta que hablemos.

Está bien. Estoy dispuesta a escucharte.

Teresa, siento importunarte de esta manera.

Siento ser como soy.

Por quererte tanto,

por no aguantarme las ganas de verte...

Pero necesitaba ver en tus ojos que te encuentras bien,

saber cuál es tu estado.

Te agradezco tu interés por mí.

Siento todo lo que está pasando

a nuestro alrededor.

Te juro que jamás quise que tú sufrieras.

Ya lo sé.

Supongo que lo de Úrsula

te ha traído muchos quebraderos de cabeza.

Te confieso que es la primar vez en mi vida que temo al futuro.

Pero lo de Úrsula y mi carrera es lo de menos.

Vengo de la calle y puedo volver a ella.

¿Entonces a qué temes?

A vivir sin ti.

Por mi cabezonería te he perdido,

y te he puesto en peligro.

No me lo perdono.

Yo también he sido muy terca.

No te eches a ti toda la culpa.

Teresa, la vida se puede ir en un suspiro.

Ya lo ves.

No perdamos más el tiempo.

Pase lo que pase, siempre voy a estar a tu lado, mi amor.

¿Y tú,

deseas que volvamos a estar juntos?

¿Y si salimos esta noche, usted y yo solos, hermosura?

-¡Ay, calla, que nos van a ver!

Que nos vean, que nos oigan,

que se entere el mundo entero de lo loco que me vuelves.

Rosina. -¿Qué?

-Soy el hombre más feliz del mundo.

-"Me gustaría

que nos viéramos

en el 14 de San Cosme, segundo piso,

mañana por la tarde.

Ponte guapa y tendrás la mayor sorpresa de tu vida".

-¿Una sorpresa para mí? ¿Quién lo firma?

-Es anónimo.

¡No lo entiendo!

¿Cómo va a desaparecer el rollo de película?

¿Quién ha podido llevárselo?

Estaba ahí, lo recuerdo perfectamente.

Preparadito para que el proyeccionista

se lo llevase para exhibirla.

Lo vi con mis propios ojos,

antes de ir al al camerino a descansar.

¿Quién ha estado aquí? Alguien que no fuese de nosotros.

Haz memoria, por favor.

-Solo Martín.

-No solo no van a indemnizar

a Huertas por la injusticia que cometieron con ella,

sino que, además, la van a demandar por sabotaje.

-¡Madre mía, pobre chiquilla!

Además, es que Felipe es muy buen abogado,

y como se le meta entre ceja y ceja

va a hacer lo que quiera con ella.

-¿Y no podrías hablar tú con él?

-Ni tú ni yo tenemos que hacer eso. -¡Ramón!

Lo único que pretendo es que Huertas no vaya a la cárcel

por defender sus derechos.

-Y yo lo único que pretendo

es que me hagas caso, por una vez en tu vida.

¿Dejarás este asunto y no te meterás en ello?

¿Me lo prometes?

-Sabe que esa gente son unos tiranos.

-Son empresarios. -Explotan a sus trabajadores.

-Que dan trabajo a un montón de personas.

Generan riqueza y hacen avanzar el país.

-El país lo hacemos avanzar los que arremangamos

y faenamos sin descanso por un jornal mísero.

¿Es que no se da cuenta de que las cigarreras apenas ganan

para vivir? ¿Que sus condiciones son inhumanas?

¿Que la mayoría acaban postradas en una cama y faltas de salud?

-¿Es verdad eso?

-Ya lo creo que sí.

¿Y esos modos? ¿Has regañado con alguien?

-Con esa criada maleducada,

estúpida y soberbia de Huertas. No la soporto, Celia.

-A juzgar por cómo has empezado la frase, no tenía la menor duda.

-Qué ganas tengo de ponerla en su lugar en el juicio.

Hacer que se trague su arrogancia,

y perderla de vista de una vez por todas.

-Templa, querido, que te va a dar un tabardillo.

-Don Ramón y doña Trini han hecho mal haciéndole un contrato.

-Mira que se lo dije.

Y peor han hecho manteniéndola a su servicio.

-Entiendo de lucha,

de no dejarse pisotear, y de no conformarse.

-A ver, una cosa es no dejarse pisotear,

y otra cosa es enfrentarse a ellos y pelear,

que eso no lleva a ningún lado bueno.

-Bueno o malo, donde me lleve allá habré de ir.

Y si por el camino me encuentro con personas sin escrúpulos

que tratan de arrebatarme lo que es de justicia

pues contra ellos habré de envestir.

-¿A mí te refieres cuando dices: "gente sin escrúpulos"?

-Ojalá la Fabiana

estuviera más atenta de este asunto. Otro gallo nos cantaría.

-Habría puesto orden en este desaguisado, dalo por hecho.

Peto ella no está a lo que está.

-Está a por uvas. O a la luna de Valencia,

no sabría i decirle una cosa o la otra.

¿Qué le ocurre? -Ojalá lo supiera.

Pero para el caso que nos ocupa lo mismo da.

No se puede contar con ella para nada.

Y me da a mí

que ha dejado de ser una de nosotras par siempre.

-¡Ay! ¿No exagera usted? -Ni una pizca de nada.

Me alegro que se encuentre mejor,

pero marcho a los juzgados

Aguarde un minuto.

Mauro no me contó

cómo quedó la situación en la policía tras lo de Úrsula.

¿Qué va a pasar ahora que se sabe que está viva?

¿Usted lo sabe?

-No voy a poder mantener este asunto

durante mucho tiempo.

La propia Cayetana se presentó en comisaría

a exigirme un castigo para Mauro,

Por lo mucho que ella, y su criada, han pasado.

-¿Qué le va a ocurrir a Mauro?

-Tarde o temprano esto estallará, y...

-¿Y?

Le expulsarán de la policía.

-¿Cómo?

Me encuentro algo mejor. Prácticamente, recuperada del todo.

Podría volver al trabajo a escape.

Teresa, eso no es cierto. No hace falta que se precipite.

No hay ninguna prisa en volver al colegio.

Tómese el tiempo que necesite.

La verdad que le digo que estoy bien.

Y yo le digo que aún la veo un poco débil.

Precisamente, le iba a proponer que se viniera a vivir aquí,

aunque sea algo temporal.

Yo la cuidaría y la atendería como bien merece.

No creo que eso sea buena idea.

-Me arrepiento

de cada uno de los días en los que me preocupé por usted.

De las noches que pasé en vela pensando

en cómo andaría encerrada en ese cuchitril.

Rezando para que Dios le diera fuerzas.

Su Cayetana la abandonó a su suerte.

La dejó tirada como a un trapo.

Ella no la quiere, Fabiana.

No la quiere.

Abra los ojos de una vez.

-Disculpe, señora, ¿puede venir un momento?

Sí, claro. Disculpen.

Un mozo lo ha traído para usted.

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Acacias 38 - Capítulo 368

06 oct 2016

Valle desprecia a Mauro y le desvela que conoce a Humildad. Mauro echa en cara a Humildad su mentira respecto a Valle. Ella le propone emigrar, pero él se niega. Felipe manda llamar a Huertas a su casa. Huertas no piensa retirarse del juicio como le propone Felipe, al contrario. Felipe aconseja a su cliente acusar a Huertas de sabotaje. Teresa recibe una nueva carta de Mauro y sus recuperadas fuerzas vuelven a fallar. Martín quema sus películas. Casilda y Lolita llegan frustradas porque el pase ha sido cancelado. Liberto confirma que se queda en Acacias. Rosina y Liberto se besan escondidos como adolescentes y Pablo está a punto de pillarles. Rosina agradece su ayuda a Maximiliano y él se despide de ella. No volverá. Paciencia le regala la cuchufleta a Servando y lo del uniforme queda olvidado. Cayetana aparece en comisaría para pedir cuentas por lo ocurrido al Comisario Valle. Mientras tanto, Mauro visita a Teresa y le ofrece un futuro juntos.

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  1. Lupe

    Ya hasta, me gustan,los comentarios,de don Amador,ya Teresa,me enfada yls calletana tanta,manda,sus crímenes,son. Perfectos

    08 oct 2016
  2. Cryss Pavón

    Me parece una novela ejemplar muy bien adaptada a la época Mi pareja favorita naturalmente es la de Liberto y Rosina , son muy bellos y hacen que la novela tenga escenas alegres y desenfadadas Cayetana, a ver si va a la cárcel ya !!!! Úrsula debería acabar con ella definitivamente! !! Casilda y Lolita son muy puras ¿¿ Y los demas personajes le dan la intriga y caracaracterísticas necesarias para que me enganchen ¿¿¿¿¿¿ me encanta!!!

    08 oct 2016
  3. piscis69

    Estoy de acuerdo con muchos de los comentarios,y sobre todo una vez mas Rosina y Liberto ponen frescura y diversion..... En cuanto a Cayetana ,me cansa un poco tanto poder como tiene ....su personaje debe cambiar algo...

    07 oct 2016
  4. Avatar de Ingrith Titi Ingrith Titi

    Ya me tiene aburrida Cayetana ahora resulta que en esos tiempos hasta la cicatriz le quitaron no no no ¿¿¿¿ tiene que sufrir tiene que pagar sufriendo Teresa tiene que recuperar su identidad la señora URSULA tiene que salir más y destruir lo que ella misma creo CON DOÑA CAYETANA

    07 oct 2016
  5. Amador Merced Rivera

    ya parece que Cayetana como protagonista principal se le esta yendo el tren y es que como canso tanto siempre saliendose con la suya siempre pues al publico, me incluyo no parece gustar mucho y ya se ve en los comentarios y creo seria mejor dejarla a un segundo plano y desarrollar otros como en el capitulo de hoy que se vio a Rosina y Liberto ,la misma Lolita con sus amenazas al Martin, Felipe y Huertas que parece que va a haber un romance y Celia podra pagar el asesinato que esconden lo mismo Felipe que provoco que una criada suya se ahorcara de tanto que abuso de ella y posiblemente Huertas se entere de ese entuerto y lo haga publico, A Cayetana hay que quitarle poder poco a poco y que sufra sus maldades y a su madre la Fabiana abrirle los ojos poco a poco y vea cuan ruin y despota es su hija y que se de cuenta que lo que ha creado es un monstruo que no se detendra hasta ver muertos a los que saben su secreto de ser hija de una criada y nada mas,de verdad a Cayetana hay que hacerla sufrir un buen rato hasta que se vuelva loca y la ingrecen en un manicomio por un tiempo en espera del famoso garrote que no llega,ahpero que no pierda la mente es siplemente un asoro,hay mas desarrollo en la serie inventen como lo han hecho hasta ahora que el serial si gusta y gracias por la Urraca la gran se~ora asi dice llamarse Ursula Disenta,denle mas exposicion,se las trae con su presencia a la Fabiana le dio un desmayo imaginate si se aparece en acasias pavoneandose de se~ora HUUUF.

    07 oct 2016
  6. Gloria

    Empezó muy bien la serie, pero a mí en verdad ya me enfadó el papel de doña Cayetana Sotero Ruiz, ya denle fin a este personaje porfis ¿¿¿¿

    07 oct 2016
  7. JENNI

    Creo que Felipe siente algo por huertas, por eso la ataca de esta maneraa.... me encanta el giro que esta dando acacias .... que fluya el amor que estamos un poco hartos de cayetana siempre de sale con la suya cansa... "supeer fan desde Francia"

    06 oct 2016
  8. amoryamar

    Me gusta mucho el romanticismo que representan Rosina y Liberto aunque se ve a leguas que no van a dejar que dure mucho tiempo.

    06 oct 2016
  9. amoryamar

    Cuando ves a Rosina tan ilusionada te transmite amor para todo el día. Que alocada y apasionada es. Me encanta el personaje.

    06 oct 2016