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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 308 - ver ahora
Transcripción completa

Así que cree que podríamos ser amigas.

Soy una buena cristiana.

Estoy dispuesta a olvidar las humillaciones que me ha infligido.

Me gustaría volver al Patronato como asistente del padre Fructuoso.

Sé que soy una pobre inválida, pero

quizá demos ejemplo al mundo de la calidad de su alma caritativa.

Está bien.

Está bien, de acuerdo.

¿Qué se lleva en realidad mi esposo entre manos?

-Si traiciono a don Ramón y se entera,

rompería nuestra asociación y eso no sería bueno

para ninguno de los dos. Ni para usted tampoco.

Si sigue removiendo e indagando,

será suya la responsabilidad.

Si alivia esta desazón que me quema,

hablaremos de listas y de alumnos.

Quiero que me haga un préstamo.

Necesito su dinero para pagar los intereses

de los préstamos que tengo con don Clemente.

-Clemente y yo cada uno tiene sus clientes.

No es leal arañarnos prestatarios.

Su marido, con toda su integridad,

no es un hombre de fácil acceso. ¿Podría usted mediar por mí?

-¿Cómo?

-Su marido es prestamista.

¿Le importaría ayudarme a elegir

la tela que me vestirá camino del altar?

-Nos vendría bien una tercera opinión.

Llevamos rato sin decidirnos. -Por favor.

Sí, claro.

¿Me está diciendo de verdad que va a defender a Martín?

-Lo he pensado mejor

y creo que la justicia bien vale

los contratiempos que me traerán su defensa.

-Pues no sé qué decirle.

-Ah.

Te quiero, Juliana.

Siempre te he querido.

Y no me importa si me escucha todo el mundo.

Al contrario, me gustaría tener la voz más alta para decir:

Te quiero y te querré hasta el final de mis días.

Está usted pálida.

¿Se encuentra bien?

¿Seguro que está bien?

Parece que ha visto una aparición. Está blanca como la cera.

Es un pequeño vahído por no comer correctamente.

No debe tomarse tan a pecho lo de esos niños.

Ya le he dicho que haremos lo que podamos.

Esos pequeños son muy importantes para mí.

¿Qué tiene ahí?

Nada, no tengo nada. Teresa, estás sangrando.

Es cierto.

Seré torpe.

Seguro que ha sido

al engancharme con las hebillas del botín.

Al ajustármelo en las escaleras.

Cojo un pañuelo para cubrirle la herida.

A ver.

No parece nada.

Ha sido un pinchazo.

No puede andar tan despistada.

Está obsesionada con sus futuros alumnos.

Prácticamente somos lo único que tienen para salir adelante.

Es un buen pinchazo.

Es extraño que no se haya dado cuenta.

¿Quiere que le ayude con la blusa?

Sí, pero intente no mancharme. La sangre no sale con facilidad.

Coma y descanse, Teresa.

Se lo digo como amiga.

Me agrada que me aprecie de ese modo.

El cariño es mutuo.

Lo sé.

Y no se altere más.

Esos niños tendrán un lugar en el colegio.

No sabe cómo se lo agradezco.

No me venga con melindres.

Tenemos los mismos intereses.

¿Le apetece un jerez?

Sí, por favor.

Vamos.

Creo que estamos dando todo un espectáculo.

-Poco me importa eso ya.

-Tienes razón. Que hablen lo que quieran.

Sería de necios avergonzarnos a estas alturas.

-¿Qué te ocurre, amor?

-Que estamos teniendo demasiados espectadores, Leandro.

Mejor vamos dentro.

-No, no, no.

No tenemos nada que ocultar.

No es pecado decir a los cuatro vientos que nos amamos.

-Tu madre me ha dejado la sangre helada en las venas.

-No debe desasosegarte lo que mi madre pueda pensar.

Ya no.

-Enhorabuena, tortolitos.

-Gracias, hijo. -Madre, que ya diste el campanazo.

(RÍE)

-La verdad es que hoy es uno de los días más felices de mi vida.

El día en el que el hombre al que siempre he amado

me ofrece la oportunidad de compartir mis sentimientos.

-Sin duda es un gran día.

-Quedan todos invitados a chocolate y a buñuelos.

(Aplausos)

Que hoy estamos de fiesta.

Vamos dentro mejor.

Me temo que en barrio tienen conversación para varias semanas.

-Eso para que sigan hablando.

-Vamos.

Gracias.

Podemos continuar sin más dilación.

Para acabar, tengo una noticia importante que darles.

Quiero anunciarles que recuperamos a Humildad para el colegio.

¿Se encuentra ya restablecida?

No, pero pese a sus limitaciones,

está dispuesta a encargarse de las clases de religión.

¿Está en condiciones de hacer una labor tan importante?

Es una mujer piadosa y se preparó como novicia.

Además, el padre Fructuoso quiere que así sea.

Y a mí me interesa tener a una persona tan dispuesta.

Sí que es una buena noticia.

Está usted en todo, doña Cayetana. Gracias.

¿Alguna otra objeción? Sí.

¿Ha revisado la lista de los niños del hospicio que le entregué?

Por supuesto. Estoy trabajando para que ninguno de esos niños

se quede sin clase.

Me turba que los números no terminen de cuadrar

y los pobres se queden sin escolarizar.

Teniendo una vida tan terrible como la que tienen,

ya solo les faltaría eso para terminar en el arroyo.

Confíe en mí.

Nuestra labor como buenos cristianos es dar una buena educación

a los más desfavorecidos.

No he dudado de usted y de sus buenas intenciones.

Haré todo lo posible para que ninguno se quede sin plaza.

Y mire que son muchos.

¿Alguna otra objeción?

Entonces doy por finalizada la reunión de hoy.

Fabiana, espere.

Doña Celia me ha pedido que le preste

alguna de las hierbas que tiene para hacer los asados.

Por supuesto. Acompáñeme y sírvase lo que quiera.

¿Cómo le has asegurado que vas a admitir a los niños del hospicio?

No he hecho tal cosa.

Te acabo de escuchar.

Bien sabes que no es nada seguro.

Tienes que escucharme mejor.

Yo no he dicho eso. He dicho que haría todo lo posible.

Pero eso no implica que vaya a conseguirlo.

No dejas de sorprenderme.

Es un paripé para mantener tranquila a Teresa.

Hay que darle tiempo para que entienda que esta obra

tiene sus propios intereses.

No puedo evitar sentir lástima por esos niños pobres.

No te atormentes. (SE QUEJA)

Has vuelto a disciplinarte.

No tienes que castigarte así,

No puedo dejar de sentirme impuro.

Yo voy a hacer que se te quiten los escrúpulos.

Hoy Fabiana ha preparado el desayuno antes las burras de leche.

Ha debido de ir a casa de doña Cayetana, claro.

-Esa mujer trabaja demasiado para la edad que tiene.

Ni una moza podría con semejante tute.

-Le tiene demasiada lealtad a la que fue su señora.

-Parece que por fin el gobierno se ha decidido a hacer justicia.

Aquí dice que van a ejecutar a los anarquistas.

-Pues llegan con retraso las noticias.

Rosina ha preparado un ágape para recordar a Maximiliano

y celebrar que se haga justicia.

-Se tiene información más fresca

asomando la cabeza por el patio que leyendo los periódicos.

Ay, el bueno de Maximiliano.

Nunca lloraremos lo suficiente esa pérdida.

Echo de menos mis tertulias con él.

-A los buenos días, Luisa. -Buenos días.

-He visto caballerías entrar en las cuadras con mejores modales.

-Ah, gracias por compararme con una acémila.

Antes me recibías con más consideración.

-Lo siento, mi amor, solo era una broma.

Te has levantado muy tarde y ayer apenas te vi.

-Necesitaba salir a pasear y que me diera un poco el aire.

Pero ya ves, parece que regresé más sofocada.

-Eso será que caminaste demasiado.

-Sí.

Será eso.

O que hablé con muchas gentes.

-¿Y le contaron el suceso del mes, por no decir del año?

Don Leandro y doña Juliana se declararon su amor en público.

Y se dieron besos sin cohibirse.

-¡Como para no saberlo!

Todo el mundo habla de eso. Yo tengo que decir que me alegro.

El amor es lo más grande que tiene una persona.

Bueno, eso y la confianza con su pareja.

Bueno, voy a arreglarme

que quiero que Víctor me ponga al día.

-Antes de que se me olvide.

Dile a tu novio que he reservado una mesa para los cuatro

en ese restaurante nuevo, Premiere creo que se llama.

-Claro.

-¿Vas a comprarte un vestido nuevo para la cena?

-No.

No tengo el cuerpo para ir a restaurantes.

-¿Qué es lo que tienes ahora?

-Nada.

¿Qué he de tener, Ramón?

-Trini.

-Es menester que me cuentes lo que te tiene tan desasosegada.

No te reconozco con ese carácter tan agrio.

-Está bien.

Te diré toda la verdad.

Estoy hasta las pestañas de tus mentiras, Ramón.

¿Por qué no me dijiste que tu negocio era prestar dinero?

-¿Quién te ha dicho eso? -¡Qué más da!

No importa quién da el cante, importa la letra de la copla.

-Es cierto que he prestado algunos cuartos a algunos amigos,

pero mi negocio no es otro que el de las basuras.

-Sí, también me dijiste que tenías una oficina

y ahí no había más que ratas.

Ramón, no me estás contando toda la verdad.

Creo que no me estás contando ni una miaja.

Estoy muy preocupada por ti y por la familia.

-Todo lo que hago lo hago por vosotras.

-¿Y es tan difícil ser sinceros como lo éramos antes?

-Estoy muy ilusionada con lo de la madre de Víctor.

Él lo estaba pasando muy mal.

Esto le va a venir de guinda. -Seguro que sí.

La mayor ilusión de un hijo es ver felices a sus padres.

Lástima que la felicidad de una familia

sea tan difícil de conseguir.

(SUSPIRA)

¿Cómo se las va apañando con ese artilugio?

-En unas ocasiones mejor que otras.

-No tiene que ser nada fácil moverse con eso.

-Bien sea por caridad cristiana o por alguna limosna,

siempre encuentro a alguien que me auxilie con la silla.

-Es admirable la entereza con la que se enfrenta a la adversidad.

-También he tenido grandes alegrías estos días.

No está lejos mi boda con Mauro.

¿Qué?

¿Le parece inapropiado teniendo en cuenta mis condiciones?

-No, claro que no.

Me alegro mucho por usted.

-Y no soy la única que estoy de enhorabuena, ¿no?

Creo que en esta calle se ha vivido una escena casi calentita.

-Exageraciones.

Un beso. Eso sí, sin tapujos.

-Ya. Bueno, no se preocupe,

Dios les perdonará el exceso dada la alegría del momento.

Una confesión, una penitencia y arreglado.

-No creo que hayamos de arrastrar penitencias

por mostrar nuestro amor.

Ene so no pensamos igual, Humildad.

-Teresa.

Siéntese con nosotras.

Hoy estamos bien contentas.

Las dos celebramos el triunfo del amor.

Doña Juliana se siente enamorada y yo

cuento los días que faltan para mi matrimonio con Mauro.

Me alegro mucho por las dos.

Y usted, Humildad,

he de felicitarla por otros asuntos.

Me he enterado de su vuelta al Patronato.

Me hace mucha ilusión poderles ser útil.

En cuanto acabe los preparativos, empezaré a ir a las reuniones.

Supongo que eso le ocupará gran parte de su tiempo.

Sí, es que quiero que quede todo de perlas.

¿Sabe? Mauro es muy goloso

y le he encargado a doña Juliana una buena cantidad de dulces

y una tarta bien grande. Bueno,

todo ajuntado a nuestro presupuesto.

-Voy a por una libreta para tomar nota de lo que se necesita.

¿Quiere acompañarme, Teresa?

-No, mejor déjela conmigo que tenemos mucho de lo que charlar.

Estoy agotando todas las fuerzas que me quedan.

Quiero que la boda sea perfecta.

Mauro tiene que disfrutar

y llevarse un recuerdo imborrable de la noche de bodas.

Estoy segura de que esa boda no se le olvidará mientras viva.

Mauro es lo más importante. Es un hombre maravilloso.

Eso parece a juzgar por el brillo de sus ojos.

Es la mirada de una mujer enamorada.

Teresa, quería quedar a solas con usted

porque quiero pedirle un favor.

Me gustaría que me ayudara a elegir el corte del traje de novia.

No sé si eso sería buena idea. ¿Por qué no?

Ya me ha ayudado con la tela

y estoy segura de que tenemos un gusto muy similar.

Además, yo sin madre y sin amigas...

Teresa, por favor, se lo ruego.

De acuerdo, esta tarde la acompañaré a la sastrería.

Es usted oro molido.

Susana, apresúrese o llegaremos tarde al ágape de Rosina.

-Sí, no sé...

Voy enseguida.

-¿Qué le ocurre? Está usted temblando.

-Estoy bien. Habré cogido frío.

-Vámonos.

No sea que lleguemos las últimas.

¿Podría dedicarme un instante? Si lo que quiere es hablar

de los niños del hospicio, ya ha escuchado a doña Cayetana.

Esos muchachos merecen las mismas oportunidades

de ser educados que el resto. Me alegro de oírlo.

Me consta que es usted un buen cristiano.

Bueno... Muy devoto y bondadoso.

Un hombre de principios morales inquebrantables.

No, solo intento vivir de acuerdo con los mandamientos de la Iglesia.

Salta a la vista que la moral y las buenas costumbres

no son cosas baladíes para usted.

No entiendo muy bien

a qué vienen estas reflexiones.

Pienso que debe estar muy atribulado

por haber perdido esta insignia

de la Cofradía del Sagrado Corazón.

Gracias, es usted muy amable.

Si me disculpa, tengo prisa.

¿No quiere saber dónde lo he encontrado?

En cualquier lado. Soy algo atolondrado para esto.

Estaba en casa de doña Cayetana.

y no estaba en la estancia principal.

Estaba en la alcoba de la señora.

No sé...

No sé. Es muy extraño.

Cualquiera sabe cómo ha podido llegar hasta ahí.

Mi relación con doña Cayetana es meramente profesional.

No creo haberle dicho lo contrario.

Es usted quien me está dando una explicación

cuando yo no le he pedido ninguna.

¿Es que acaso he de pensar

que el alfiler no llegó por casualidad a esa estancia?

Por supuesto que no.

Tengo que marchar ya.

Me esperan para otra reunión.

Con Dios.

Espero que les gusten.

Estos bocados son los favoritos de la señora.

-Ya podrías haberte esmerado un poco más.

Espero que correspondas como debes a la generosidad de tu señora.

No es pequeño el favor que te está haciendo.

Muy bien lo sé, señora.

Que una no tiene boca nada más que para dar las gracias.

Ahora tienes que ser muy fuerte, Rosina.

Deberías aprender de Susana.

Mira lo bien que está después del escándalo

que dieron ayer Juliana y su hijo.

No te creas, que la procesión la lleva una por dentro.

-Ya me imagino. Qué disgusto más grande.

Leandro y Juliana besándose y declarando su amor en plena calle.

Jamás vi falta de decoro semejante. y menos en personas de su edad.

-Fue vergonzoso.

Pero ¿qué se puede esperar de esa lagarta?

-Bueno, puede que las formas no sean las adecuadas,

pero lo importante es que triunfe el amor.

-Lo que ha triunfado

es el descaro, la falta de educación y de decencia.

Os agradecería que dejáramos el tema. Punto redondo.

Bueno, Susana, no te alteres que te va a dar una apoplejía.

Con tu edad no estás para disgustos.

Ay, hija mía.

Qué lástima que mi hijo no piense de la misma forma.

Creo que lo peor está por llegar.

Seguro que van a estar un tiempo como pipiolos demostrando su amor.

Así que cuanto antes te hagas a eso, mejor.

No me digas eso que se me abren las carnes.

No sé si voy a poder soportar tanto descaro.

¿Cómo me he podido equivocar tanto con la educación de mi hijo?

-No te fustigues que tu hijo tiene una edad para saber lo que se hace.

Y hablando de hijos,

¿dónde está Leonor? ¿Por qué no está aquí?

Ah, está en el periódico. Tenía mucha tarea allí.

Ya. Como ves, Susana,

no eres la única que tiene que aguantar

los desplantes de sus descendientes.

¿Verdad, Rosina?

No estamos aquí para tratar ese tema.

Nos hemos reunido para rendir homenaje a mi Maximiliano.

-Que en gloria esté.

-Quiero proponer un brindis.

Quiero brindar por mi difunto esposo.

Y porque por fin se le va a hacer justicia.

Y su asesino

va a ser ejecutado.

Ese rufián de Martín solo merece perecer en el garrote.

Si todos esos malnacidos desaparecieran para siempre,

mejor nos iría a las personas de ley.

-Tiene que purgar por su crimen.

-Esperemos que no paguen justos por pecadores,

que nunca se sabe.

-En este caso no hay confusión.

Ese abanto

se va a retorcer en el garrote como se merece.

Cómo me gustaría ver su cara en ese momento.

Por la justicia.

-Y por el garrote.

¿Qué quieren de mí?

Pensé que me dejarían esperar mi hora en paz.

Martín, tengo buenas noticias para ti.

Felipe va a ser tu abogado.

-Casilda me ha pedido que intente librarte del garrote.

-¿Su adelanto da para su minuta?

-No le voy a cobrar como si fuera una marquesa.

Esa muchacha debe tenerte mucha estima.

A poca gente he visto hacer los sacrificios que hace por ti.

-Así es.

Casilda es bajita y mil veces mejor que el pan blanco.

-Me ha dicho que vendrá a verte cuando pueda.

-No, ya le dije al Sr. San Emeterio que no quiero verla.

-¿Cómo puedes decir eso después de lo que está haciendo por ti?

-No quiero que padezca de más mientras esperamos al ejecución.

Ya ha sufrido en demasía.

-Está bien. Será como pides.

Ahora siéntate

y cuéntame todo lo que sepas de los anarquistas.

desde el día que conociste a su jefe

hasta el día de los atentados. Quiero saberlo todo.

Tu vida depende de que me lo cuentes.

Don Ramón, este señor quiere verle. -Gracias, Fabiana. Puedes retirarte.

No vamos a tomar nada. No tengo tiempo para visitas.

No alcanzo comprender qué hace en mi casa.

Pensé que le había quedado claro que no voy a concederle el dinero.

-Eh, temple, que todavía no le he dicho nada.

-No tiene que decirme nada.

Usted es cliente de Clemente y yo no quiero líos.

Así que humo.

-Me da que se ha levantado con el pie izquierdo.

-Ponga atención. Lo que vengo a decirle le interesa.

-No voy a consentir que me diga lo que tengo que hacer.

Y mucho menos en mi casa.

-No me jeringue que los dos tenemos prisa por resolver nuestros asuntos.

Se lo voy a contar fácil para que usted lo entienda.

Yo le debo dinero a Clemente y no puedo devolvérselo

ni pagarle los intereses. Por eso usted

me va a prestar el dinero.

Si no cumplo con Clemente acabo defenestrado, ¿entiende?

-¿Y qué ocurre si no lo hago?

-Que iré a Clemente y le diré que usted

me ofreció el préstamo a sabiendas que soy cliente suyo.

-Eso es una falacia.

-Sí, pero eso Heredia no lo sabe.

Usted no lo conoce, pero sepa que no tiene muy buen perder.

Solo con saber que me ha recibido en su casa,

se va a montar la de Troya.

No quiero que se amilane.

Pero si Clemente Heredia se entera de que trata con sus clientes,

está perdido.

En este mundo en el que se ha metido,

nadie se anda con chiquitas.

-No voy a tolerar que me chantajee un petimetre como usted.

-Esto no es un chantaje.

Es un pacto entre caballeros.

Le doy un día para que recapacite.

Ah.

Y no le dé demasiado al magín,

que tiene una casa muy apañada

y sería una pena que se la destrozaran.

Buenos días.

Esa es toda la verdad.

Nunca quise ayudarles.

Si colaboré con ellos, fue obligado.

Por mi voluntad nunca hubiera hecho nada.

Estoy convencido de que todo fue como ha contado.

De no pensar así, no estaríamos en este despacho.

Que me muera aquí si sabía algo de lo que tramaban con el atentado.

Y Casilda menos todavía.

-Martín, no te voy a engañar. No lo tenemos nada fácil.

Tú mismo te inculpaste.

El gobierno quiere dar un castigo ejemplarizante.

Puede que su decisión sea inamovible.

Pero Martín ha colaborado con nosotros.

Gracias a él hemos detenido al resto de la banda.

Tenemos que pensar qué estrategia seguir.

Tenemos que llegar a todos los miembros del gobierno,

convencerles de que las declaraciones de Martín han sido cruciales.

Y de que él está muy arrepentido.

Eso a ser casi imposible.

Nadie ha dicho que vaya a ser fácil.

Tengo algunos amigos en gobernación que nos pueden ayudar.

Ya va siendo hora de que me cobre algunos favores.

Si alguna vez le investigara, seguro que acabaría entre rejas.

No le digo yo que no.

Tenemos que ponernos en marcha. El tiempo juega en nuestra contra.

Martín,

voy a hacer todo lo posible por sacarte de aquí.

¿Qué haces ganduleando? Sigue sirviendo la comida.

-Perdone, señora.

-¿Qué pretendes?

¿Dejarme en ridículo ante mis amigas?

¿Estás buscando dejarme mal matándolas de hambre o qué?

-No, señora. Es lo último que yo quiero.

-Pues arreando. Si te hemos contratado,

y muy a mi pesar, no es para que estés mirando las musarañas.

-Lo sé, señora. Voy a poner todo mi empeño.

Es que me ha dado un vahído

y por eso me he sentado.

Pero ya se me ha pasado.

-¡Excusas!

Arréglate y ponte a la faena.

-Perdone, señora, pero...

-¿Qué tripa se te ha roto ahora?

-Señora.

Yo tengo que pedirle perdón por todo lo que ha pasado.

Que una, sin comerlo ni beberlo, se ha visto metida en un embolado.

(SOLLOZANDO) Y sepa

que no he podido dormir ni una noche de corrido desde aquello.

También sepa usted

que para mí esta casa es lo más sagrado del mundo.

Como si fuera una iglesia o más.

Y que nunca se me ha pasado por la sesera

hacerle el menor daño a ninguno de los que aquí vivían.

-Pues bien que te luciste.

-(SOLLOZANDO) Señora.

Perdóneme, no hubo intención. Se lo juro por lo más sagrado.

-No sigas con esos disparates.

Si te hemos contratado,

y muy a mi pesar como he dicho,

no es para que te justifiques, es para que sirvas.

Por más que te disculpas, yo no voy a recuperar a mi marido.

Será mejor

que mantengas la boca cerrada.

No tientes a la suerte

porque te puede cambiar en cualquier momento.

"Y por encima de todo, pongan el amor,

que sujeta todas las cosas

juntas en perfecta armonía".

-No me termina de convencer para leerla en mi boda.

-Te voy a leer esta de "La carta a los corintios".

"Amor es paciencia y amabilidad".

"Amor no es ser celoso o jactancioso".

"No es ser arrogante o rudo".

"Amor es no insistir en nuestro propio camino".

"Amor es aguantar todas las cosas, creer todas las cosas,

esperar todas las cosas,

soportar todas las cosas".

"El amor nunca termina".

-Ay, muchísimo mejor.

Esta cita es acertada y firme.

Amor, justo estábamos eligiendo las lecturas para la boda.

¿Quieres escuchar la que he elegido?

Me encantaría, pero tengo que revisar

estos informes del caso de los anarquistas.

Ay, no tengas tanta prisa.

Hoy he pasado por la calle Acacias

y le he encargado a doña Juliana unas cosillas que...

Pero no te voy a decir lo que es por mucho que insistas.

También he encargado las flores y un ramo de flores azahar precioso.

Vamos a poner el altar que va a parecer un vergel.

De flores modestas, claro, dado nuestro presupuesto.

Pero todas creadas por el Altísimo.

Muy bien.

-De mucha enjundia deben de ser esos papeles.

Le importa su boda como si fuera otro el que se casara.

-Padre, tiene que disculparle. Mauro es tan trabajador.

Es menester que revise estos informes cuanto antes.

No te apures que no vamos a molestarte.

Yo tengo que ir a la sastrería

a probar el talle del traje de novia.

Ahí no te puedo ayudar.

Dicen que da mala suerte que el novio vea el traje.

No te preocupes. Voy a tener muy buena ayuda.

Teresa.

Se ha ofrecido a ayudarme en tan importante elección.

¿Qué pasa?

¿Te parece mal que Teresa me ayude en tan importante tarea?

No, ¿por qué iba a parecerme mal?

Ha sido la rabia de algo que he leído en el informe.

-Parece mentira que le afecten esas cosas

con todos los años que lleva de servicio.

A ciertas barbaridades no se acostumbra uno nunca.

Si no tienes inconveniente, Teresa me acompañará.

En esa elección no vienen mal dos opiniones.

No tengo ningún pero que poner.

De guinda.

Teresa es una mujer muy especial.

Me dará buenos consejos.

Tiene muy buen gusto.

¿Sabes? Me barrunto que vamos a ser muy buenas amigas.

Padre, por favor.

¿Me ayuda a llegar al dormitorio?

-No le veo muy ilusionado con el matrimonio.

Humildad lo está haciendo todo.

Ella está muy animada con el casamiento

y yo tengo asuntos pendientes.

Sí, no me cabe la menor duda.

Va usted al altar con el mismo espíritu

que un cordero va al matadero.

¿A qué está jugando con Humildad?

¿Es que quiere hundirla aún más?

¿No le parece suficiente dolor estar atada a una silla de ruedas?

Déjese de sandeces.

A mí un cura no me dice cómo actuar.

Yo muestro mis sentimientos cómo y cuándo quiero.

Sé lo que estoy haciendo. Me parece a mí que no.

Padre, no le consiento ese tono. Le voy a decir un par de cosas.

Voy a esa boda por deber.

Pero no voy a ser un hipócrita

dando saltos de alegría

ni gracias a su Dios por dejar a mi prometida lisiada

y a mí cargando con una losa por un pecado que cometí hace años.

(SUSPIRA)

Ay, Dios.

En este mismo momento salía a buscarte.

-¿Ha ocurrido alguna desgracia? -No lo sé.

¿Has hablado con Martín?

-Así es.

Te dije que hoy empezaría su defensa.

¿a qué viene tu apuro?

-He estado en casa de Rosina.

Un ágape para celebrar la ejecución Martín y de los anarquistas.

Y para homenajear a su marido, claro.

-Es normal que quiera recordar a Maximiliano.

Pero una cosa son los culpables

del atentado y otra muy distinta es el desgraciado de Martín.

-Eso no lo entendería Rosina nunca.

Si se entera de que vas a defender a Martín,

seguro que te busca las vueltas.

-Celia, no puedo amilanarme.

Ese muchacho se merece una oportunidad.

Selo he prometido a Leonor y a su esposo.

-Corremos el riesgo de que nos den la espalda todos los vecinos.

-Sí, lo sé.

Pero cada vez estoy más convencido de que es inocente.

Y ese pobre desgraciado y Casilda no se merecen lo que están pasando.

-Si lo tienes decidido, no puedo hacer otra cosa

que darte mi apoyo.

Disculpad que entre así, como si esta fuera mi casa,

pero os habéis dejado la puerta abierta.

Venía a por ti, Celia. ¿Te apetece un paseo?

No, no me apetece.

Me ha entrado un poco de jaqueca.

No me parece raro.

Que Felipe vaya a defender a Martín

te va a dar varios dolores de cabeza.

Disculpad, no he podido evitar escucharlo.

Cayetana, es mi oficio

y estoy acostumbrado a defender a toda clase de personas.

Pero hay que tener redaños

para ponerse de parte de ese elemento.

Aunque no me extraña nada siendo tú, que por cuatro reales defenderías

hasta al mismo Judas.

En este caso, el dinero no es lo más importante,

sino la justicia.

Este muchacho es inocente

y haré lo que me dicte la conciencia.

Eh, pero que los abogados tenéis conciencia.

Pensaba que os la extirpaban en la facultad.

A la postre va a resultar que eres buena persona.

Casi tanto como tú,

que vas a fundar un colegio para ayudar a los niños pobres.

-¿Por qué no tomamos un refrigerio?

Te deseo toda la suerte del mundo.

La vas a necesitar.

Tú siempre tan amable. Eres un ángel.

Permiso. Claro.

Ay, Celita.

Tu maridito está cada día más amargado.

Deberías esmérate más en tus tareas nocturnas.

Era una broma.

He venido porque estoy

un poco desasosegada y necesito contarte algo.

Escalón para arriba.

Escalón para abajo. Ahí, ahí.

-Santa Lucía de Siracusa.

Pero ¿qué le han hecho a Paciencia en los ojos?

-Tapárselos unos días.

No le puede dar ni la luz de un candil

si no quiere quedarse cegata. -Ya decía yo.

Ayer no veía nada. -Y de mirar el sol ha sido.

Le han dicho que el sol está para dar luz y calor.

Que si quiere ver algo brillante que mire un cristal.

-Eso lo sabe Jacinto, uno de mi pueblo.

Desde que le dieron un cantazo en la cabeza,

se come las nueves sin pelar. -Caramba.

Desde luego, menuda factura nos ha pasado la Virgen, sí.

-No digas eso, hereje. -La vista la habrás perdido,

pero el tacto está estupendo. Menudo pescozón.

-¿Y para cuánto tiene? -No nos ha sabido decir,

pero tampoco es de extrañar porque el médico era un pipiolo,

el de la casa de socorro. No llevaría ni diez minutos

fuera de la escuela de medicina. -Pues vayan a uno de pago.

La vista e ir bien de tripa es lo mejor de la vida.

-Si no tenemos un real. Un capricho de la Virgen es

que diéramos el dinero a los pobres.

-Y yo aprovechando

que Servando dormía como un ceporro,

cogí los ahorros y se los di a los tullidos de la iglesia.

Claro, luego no lo recordaba...

-Cuando me fui a dar cuenta, no teníamos ni un real.

Con todo lo que saqué de la venta del agua bendita.

Todo para pagar los vicios a cuatro lisiados.

-No hable así

que ahora Paciencia tiene una tara y se puede dar por aludida.

-Dos, hija.

La memoria y ahora la ceguera.

Estoy como los leprosos de la Biblia.

Pero gracias por defenderme, que este hombre tiene menos detalles

que la silla de un zapatero. En menudas manos he ido a caer.

-Pierda cuidado.

Si el médico le ha dicho que no es para siempre,

en dos días estará hecha un pimpollo.

Su Virgen la asistirá.

-¿Cuál? ¿La de los milagros?

-La del árbol, la que nos ha traído locos.

-La que se me aparecía. Menuda prueba me ha puesto.

Habrá que tener fe y esperar que quiera sanarme.

-Que se ponga rápido a la faena que me veo haciendo yo

las tareas de la casa yo solo. Y no son pocas.

-Voy a la portería que estoy un poco fatigada.

-Sí, anda.

De verdad que esto es lo que me faltaba. Encima de portero,

ahora tengo que ser lazarillo.

(Golpe)

-Pues aplíquese que Paciencia se va a dar un garbeo.

Corra, que acaba debajo de un carro. -La madre que la parió.

A ver, a ver. -¿Qué?

-Para acá, para acá. -Ah.

-La portería para acá. -Ah.

-Escalón. Escalón para abajo.

Para allá. Para allá, calle.

Para allá, portería. -¿Para allá?

-Para allá.

-Venga, ahí.

-De frente quieres decir. -Cuidado, mesa.

No he querido comentar nada del Patronato en casa de Rosina

porque contar algo en esa casa es como gritarlo en la iglesia.

Ya sabemos que la discreción no es una virtud de Rosina.

Si es que tiene alguna. En fin,

que me gusta contarte a ti solo mis cuitas.

Yo te agradezco esa confianza.

-Perdone la señora que no haya preparado nada,

pero vengo de la compra. ¿Desean tomar algo las señoras?

-Trae té, por favor. Y retira esto.

La verdad es que estoy contenta con el proyecto del colegio.

Me ha costado sacarlo adelante, pero finalmente estoy satisfecha.

No es tarea baladí la que te has impuesto.

Me consta que has tenido que enfrentarte a no pocas personas.

Así ha sido. Pero he contado con el Patronato.

Y sobre todo con el apoyo de Teresa.

Entonces, ¿qué te preocupa?

Precisamente eso: Teresa.

Parece que ha perdido la ilusión en el proyecto.

¿No la ves algo alicaída estos días?

Yo la veo como siempre.

No, estoy segura de que hay algo que la tiene fuera de sí.

Me gustaría ayudarla, pero no la veo abierta a las confidencias.

Me da a mí que es un tema de amores.

¿No crees que se pueda tratar de algo así?

No lo sé.

No me cuenta nada de sus desengaños amorosos.

¿Y por qué das por supuesto que se trata de un desengaño?

¿Hay algo que no te me estás contando, Celi?

No, no. Si lo he dicho por decir.

A las mujeres es lo que más nos descalienta.

Ya.

Es lamentable que una mujer guapa y sana tenga que sufrir por eso

y en cambio una lisiada como Humildad no tenga problema

para encontrar novio.

La vida tiene estas paradojas.

Como la boda de esa impedida con el policía.

¿Te has enterado de que se casan? Sí, qué disparate.

Humildad está jugando a la del perro del hortelano.

No sé por qué no viene Lolita con lo que hemos pedido.

Hija, qué impaciencia.

Se ve que te importa el tema.

Te veo muy acalorada. No, no.

Me es indiferente.

Me sofoco porque ya te he dicho que tenía jaqueca.

Bueno, en ese caso te dejo.

No quiero que empeores por mi causa.

Cuídate. Gracias.

Madre.

-Qué pena que os hayáis perdido el ágape que he celebrado

en recuerdo de tu padre.

-Los dos teníamos trabajo.

-Ya, sí. Pero estaban todas las vecinas.

Y se han extrañado de no veros brindando por la justicia

y por la ejecución del asesino de tu padre.

-No tienen por qué extrañarse.

Yo tenía que entregar mi columna y Pablo tenía tarea en el hipódromo.

Lo mejor es pasar página y seguir con nuestra vida.

Vosotros que podéis. Otros se han quedado por el camino.

Por lo menos la justicia me ha dado la razón.

-¿Estaba sirviendo Casilda en el ágape?

-Por supuesto.

¿Qué querías, que lo hiciera yo teniendo servicio?

Aunque ha estado lenta y poco atinada.

He tenido que llamarle la atención varias veces.

Yo creo que aguantará poco en casa.

Cuanto antes la echemos, mejor.

-Madre, no la tome con Casilda que bastante tiene ya.

-Eso no es asunto de mi incumbencia. Si ha entrado a servir, que cumpla.

Si no, que se atenga a las consecuencias.

Cómo me reconforta ver a una familia tan unida.

Qué lástima que no fuerais al ágape que ha organizado vuestra madre.

Andábamos en otros asuntos.

Deseaba veros para felicitaros por vuestro buen corazón.

No tiene por qué.

Readmitir a Casilda es un acto de justicia.

Sí, no lo dudo.

Pero involucrar a Felipe

es un acto de mucha generosidad.

¿Qué ocurre con Felipe?

Ah, que no estás al tanto. Tampoco querría pecar de indiscreta.

No, cuenta, cuenta.

Felipe va a defender a Martin por orden de tus hijos.

En fin, no os molesto más.

Os dejo que habléis de vuestras cosas.

Con Dios.

Mamá... -Ni me dirijas la palabra.

¿Les gusta el vestido?

-Le está de guinda.

Lástima que no pueda lucirlo mucho.

Quiero decir, todo el tiempo.

Va a ser una novia de cuento.

No sé si le gustará a Mauro.

-Lo importante es que le guste a usted.

A ver.

Los hombres, ya se sabe, son como el viento.

Cambian de dirección y no se sabe

por qué. -(RÍE)

Va a ser la novia más guapa del barrio.

Es usted una mujer muy valiente.

Y muy afortunada por tener amigas como usted.

No puedo más que agradecer todo lo que hace por mí.

-¡Descarada!

¡Tenéis que venir aquí

a restregarme vuestra lujuria!

Me alegra ver que proclaman su amor a los cuatro vientos

sin importarles que piensen que no tienen edad para eso.

No le falta razón.

Lo que los demás piensen nos importa bien poco.

-¡Un beso, hombre!

Quería felicitarles.

Cayetana.

Qué alegría da ver a una pareja tan pinturera por la calle.

Después de tantos años, por fin ha triunfado el amor.

Qué pena que no todo el mundo pueda decir lo mismo.

-Madre, es que tendrían que hacer una celebración por todo lo alto.

Compartir un poco la alegría con los vecinos.

-Eso está hecho.

Les convido a todos a una copa en café del Comercio.

-¿Vamos a ir a la competencia teniendo La Deliciosa?

Claro, es verdad.

Me alegra ver cómo un comerciante se preocupa más por sus negocios

que por sus amores.

¡Qué profesionalidad!

Juliana, no celebrarías.

Estarías atenta de las camareras, de las cocinas, de las cuentas...

-Tienes razón.

Mira, Leandro, tu madre.

-Vaya, sospecho que vamos a tener una función de teatro.

Sí, porque lo de dar la nota viene de familia, ¿verdad?

(RESPIRA ACELERADAMENTE)

¡Oh!

Ay, pero si está sin sentido.

-Menuda actriz va a perder el teatro español.

Conozco sus manipulaciones. Madre, levántese ya.

-Que no reacciona, Leandro. Que no está fingiendo.

-Madre.

Madre. ¡Madre!

¡Rápido, hay que llamar a un médico! Madre.

Madre.

No sé qué le ocurre a Susana. Está tardando en regresar.

Es lo mismo.

Creo que ya estoy convencida.

Ayúdeme, por favor.

Sin duda este es el vestido adecuado.

Teresa.

Quiero hablar de una cosa de mucho afuste.

Algo que va a cambiar nuestra relación para siempre.

Ya sé que no es la costumbre, pero no tengo relación mi familia

y tampoco conozco a nadie que merezca mi confianza

hasta este punto.

Quiero que usted me acompañe al altar.

Pero ¿cómo voy a hacer tal cosa?

Siempre ha sido muy cariñosa conmigo.

Siempre ha estado dispuesta a ayudarme.

Es usted una mujer buena y generosa.

Tampoco hay otra persona a la que tenga tanto afecto.

Teresa, quiero que sea usted que me acompañe hasta el altar.

Me haría la mujer más afortunada del mundo si aceptara.

No esperaba visita y menos la tuya.

¿Molesto? Nada de eso.

Verte aquí es la más grata de las sorpresas.

No sé dónde se ha metido mi criada.

Pero me alegro de que haya salido.

Así tenemos la casa para nosotros.

No me malinterpretes.

Esta visita se debe a que debo hablar seriamente contigo.

Madre, antes de que la arme, deje que le expliquemos.

-¿Que me expliques el qué?

¿Qué has hablado con don Felipe a mis espaldas?

¿Que le habéis contratado

sin mi consentimiento y sin mi permiso

para que defienda a ese anarquista del demonio?

Martín no es un anarquista.

Ese abogado me va a oír.

¡Es un hipócrita y un traidor!

¡Voy a tener que decirle unas cuantas palabras!

Durán me pidió dinero.

Me amenazó con decirle a Clemente que estábamos haciendo negocios.

Fuera cierto o no.

¡Maldito Durán!

Llevo todo el día dándole vueltas.

-Me temo que no nos queda otra que sucumbir a sus amenazas.

-¿Prestarle dinero a Durán?

Estuve hablando con Cayetana y me hizo muchas preguntas.

¿Preguntas sobre qué?

Sospecha que tiene usted problemas sentimentales.

Y está empezando a indagar.

No le conviene que siga por esos derroteros.

¿Cree usted que sospecha que Mauro y yo...?

No lo sé.

Pero me dejó preocupada tanta pregunta.

-Aquí lo que hay es una detención injusta

y un inocente en prisión.

-Como si le importara a usted eso.

Solo le mueve el dinero.

Y como lo sé, le voy a dar donde más le duele.

Atienda.

Si insiste en defender al asesino de mi esposo,

olvídese de gestionar las tierras que están llenas de oro.

Es usted una rata. -Más bien una víbora.

Sí, una serpiente.

Alguien sin escrúpulos

y con veneno en las venas en lugar de sangre.

El mundo es de los tipos como yo.

Leandro, no quiero vivir en una guerra con tu madre.

Me gustaría que nos lleváramos todos bien.

-Acabará haciéndose a la idea. Ya lo verás.

-No sé yo.

Los dos sabemos que su aversión hacia mí viene de muy lejos.

Me temo que no será fácil.

Hemos hecho lo posible

por admitir a los niños del hospicio en el colegio del Patronato.

Pero no hemos podido.

Sin embargo,

les hemos conseguido una salida.

Los que hemos tenido que rechazar,

serán acogidos en otros colegios

de reconocido prestigio

en los que podrán recibir una educación de calidad.

¿Qué instituciones son esas?

¿Qué te ocurre?

Ocurre que cuando he llegado a casa me he encontrado una mujer dentro.

Dice que se llama Josefa

y que le has contratado para que se encargue de mí a ciertas horas.

Así es.

Estoy acostumbrada a hacer cosas por los demás,

no que los demás hagan cosas por mí. Pues habrás de acostumbrarte.

Necesitas ayuda y punto. No.

  • Capítulo 308

Acacias 38 - Capítulo 308

27 jun 2016

Susana ve la declaración de amor de Leandro a Juliana y se distancia con su hijo. La viuda no puede soportar ver a la pareja junta y se acaba desmayando. Cayetana anuncia en el Patronato que admitirán a los niños pobres en el colegio. Trini discute con Ramón por las mentiras que les está contando. María Luisa se preocupa. Durán chantajea a Ramón: si no le da el préstamo, se chivará a Clemente igualmente. Rosina celebra la decisión de ejecutar a Martín. Casilda queda afectada.

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