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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 305 - ver ahora
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Mírame. ¡No!

He dicho que me mires.

¿Qué te han dicho los médicos?

¿Qué ha ocurrido?

Lo peor que podía ocurrir.

Humildad.

-"Basta, madre".

Nunca vuelva a hablar así de Juliana, por favor.

Ni de ella ni de nuestro hijo. -¡Ay!

No sé qué me pasa.

Me mareo.

Ay, Dios mío. Virgen santa, pierdo el sentido.

Leandro, ayúdame.

¡Ay, Dios mío!

-Agárrese, así no se volverá a caer.

-(LLORANDO) ¡Dios mío!

¡Ay!

(SOLLOZA)

-"Pensaría que no quería que viniera. Además, ha invitado a Durán".

-¿Se conocen? -Sí, es cliente mío.

Es un negocio pequeño y cada uno tiene su parcela.

No se meta en parcela ajena.

-"¿Que readmita a Casilda?".

Le va a pedir que vuelva quiera yo o no.

-¿Adónde vamos a ir a parar? -Le digo yo eso

a mi madre y me cruza la cara.

-Sin embargo, Rosina,

creo que si alguien ha de ceder esas hemos de ser nosotras.

-Pero ¿qué dices? ¿A qué viene tamaña chaladura?

-Estamos solas en el mundo, Rosina.

Si perdemos a nuestros hijos, ¿qué nos queda?

"Hoy puedo decir"

que este colegio va a ser construido

sobre la memoria de don Germán de la Serna.

-Procedan, por favor.

"Ha habido otro atentado en un café en el centro de la ciudad".

-¿Anarquistas? Eso parece.

Una respuesta a la detención.

No hay víctimas graves, solo heridos.

Ven al interrogatorio.

"Confía en mí"

Nunca te voy a fallar.

Pero ¿puedo yo confiar en ti?

-Eres mi hija.

Antes me arranco los ojos que traicionarte.

"¿Qué haces aquí? -Vengo a ver a Humildad".

Humildad está...

-Paralítica.

Gracias, Juana.

El Señor me ha condenado a esta inmovilidad.

Su razón es infinita y acepto el castigo.

Qué bonitas flores, Teresa.

¿Son para mí?

Sí, es un presente.

Mauro, por favor, acércamelas.

Agradecida, mas no debería haberse molestado.

Veo que está sorprendida por mi estado.

Lamento haberla impresionado.

Mi desdichada enfermedad es la culpable.

Mi última crisis ha terminado arrebatándome

la movilidad de mis piernas.

Pero ¿cómo es posible?

¿Qué ha ocurrido?

Apenas lo sé.

Tan solo recuerdo pequeños retazos.

Ese desdichado día acudí a los jardines

en busca de Mauro.

A partir de ahí todo se me hace borroso.

Sentí un fuerte pinchazo que recorrió todo mi espinazo

y mis débiles piernas dejaron de responderme.

¿Qué han dicho los doctores?

No me han dado ninguna esperanza. Nunca más volveré

a ponerme en pie.

Estaré en esta condenada silla hasta el resto de mis días.

Teresa, no se preocupe por mi persona.

Ese fin tampoco tardará mucho

en llegar. Calla, no digas eso.

¿Por qué no, Mauro? Es la verdad. La única verdad.

Ya sabía que todo esto iba a pasar.

La parálisis se irá extendiendo por todo mi cuerpo hasta que...

(SUSPIRA)

Algo se podrá hacer. No.

Tan solo rezar.

Le ruego que me tenga presente

en sus plegarias.

Aseguran que no se puede hacer más.

Hoy abandonará el hospital.

Cuando recoja mis cosas Mauro me acompañará a casa.

Seguro que hay alguna forma de que mejore

o un doctor que encuentre una cura. No, Teresa. Es mejor no engañarse.

Debo aceptar mi suerte con resignación cristiana.

Es lo que Dios ha querido y no debemos oponernos a su voluntad.

"¿Nuestra opinión importa menos que un real?

-"Estamos solas en el mundo, Rosina".

"Si perdemos a nuestros hijos, ¿qué nos queda?".

-Madre, no sabía que estaba aquí.

Pablo y yo nos vamos a la cama. Ya es tarde.

-Buenas noches.

-"Por ti, Rosina".

Por permanecer junto a mí en las desdichas y en las alegrías,

aunque te he dado más de las primeras.

-Te equivocas.

(SUSPIRA) A pesar de todo lo que hemos pasado,

bien sabe Dios que me has hecho muy dichosa.

Ay, qué vergüenza.

Con esto, la Bella Otero va a parecer a mi lado recatada.

-La Bella Otero a tu lado es más fea que Pifio.

"Emperadora. -Adulador".

-"Esta es mi Rosina, la bella",

dulce y sensual Rosina que a mí me gusta.

Sorpresa. No entiendo nada.

-¡Sorpresa! (TODOS GRITAN)

(Aplausos)

¡Ay!

Paciencia, ¿ha visto a su Servando?

-Pues por la fuente andaba. ¿Querías algo de él,

muchacha? -Sí, que suba donde mis señores,

que se ha roto un picaporte. -Pues ahora vendrá.

Pero si tienes que marchar ya me encargo yo

de darle el recado. No te preocupes.

-¡Ay, Paciencia!

¿Está bien? ¡Casi se traga la puerta!

¿No la ha visto?

-Muchacha, si la llego a ver no me golpeo.

¿No te digo, mastuerza? -Pues no es pequeñaja la condenada.

Eso es que no ve usted bien. -"Tontás".

Una ha tenido siempre la vista de una liebre.

-Será una liebre ciega.

Si echa la mano para palpar lo que hay delante.

Eso es de mirar tanto al sol.

-Que no es al sol a quien miro, que es a la virgen.

Que me ha bendecido con su aparición.

Pues si le tiene tanta estima, pídale unos anteojos.

-¿Sabes qué?

Que ahora vas a avisar tú al Servando.

-¡Oh, vamos! -Hombre, con la niña...

-Paciencia, que se va a dar.

-(GIME) ¡Dios!

-¡Ay!

(RÍE)

Arrea, Servando, va a tener suerte su señora para no verle

con semejante facha de quedarse ciega.

Pero ¿qué le ha ocurrido?

-Pues nada, ¿qué me va a ocurrir? -Parece recién salido del basurero.

Hay mendigos más elegantes.

-Pues porque no habrán hecho voto de pobreza como un servidor.

-(RIENDO) O sea, que Paciencia se ha salido con la suya.

-Que es muy cabezota.

Ahora le ha dado por decir que los cinturones y los zapatos

son artículos de lujo. -Pues, aun así,

sería mejor no llevar nada que ese cordón atado.

-Quita que, como me quite la cuerda,

capaz de caérseme y enseñar las vergüenzas.

-Espere una miaja.

He visto a su señora e iba con sus buenos zapatos.

-Ella, al ver a la virgen, no tiene obligación de penitencia

y, además, (CARRASPEA) y entre nosotros,

es que no le gusta que le vean los juanetes.

-¿No se ha percatado de que como los señores

le vean le darán para el pelo?

-Calla, no seas agorera. Se me ocurrirá algo.

-Tiene que subir a casa de don Felipe a hacer unos arreglos.

Lo que tiene que hacer es parar este desaguisado y decirle la verdad.

Que no se le apareció la virgen. -No, que no me atrevo yo a romperle

el corazón de semejante manera con lo ilusionada que está.

-No se atreve a dejar de engañar a esos pardillos

con su agua bendita. -Que no.

Pero si es que se venden como caramelos.

Solo hay que ver lo satisfechos que están.

Están como unas castañuelas. -Usted verá.

Como que me llamo Lolita que de esta sale escaldado

por avaro.

Qué barbaridad.

Los anarquistas han vuelto a hacer de las suyas.

Han puesto otra de sus bombas en un café.

-Dios nos asista.

¿Ha habido víctimas que lamentar? -Mortales no,

gracias a Dios.

Pero no sé hasta dónde vamos a llegar.

Parece que el gobierno ha decidido actuar en consecuencia.

-Dígame, padre, ¿hay noticias de más enjundia en su diario?

-¿Qué noticia habría más importante que la que te he contado?

-Pues no sé.

La inauguración de las obras del colegio de Cayetana.

Y si viene acompañada de retrato, mejor que mejor.

-Eres incorregible, María Luisa.

Sí, me ha parecido ver

en las últimas páginas algo sobre el asunto.

Y aquí tienes, un retrato

de tus amigas acompañando la noticia.

-Buenos días.

-Buenos días. No te hemos esperado para desayunar.

-No te preocupes. Habéis hecho bien.

Se me han pegado las sábanas.

(CARRASPEA)

Bueno, Ramón,

estarás orgulloso de la fiesta. Tus invitados parecían satisfechos.

La verdad es que, con los que hablé, me parecieron de lo más amable

y buena gente, pero poco doctos en los negocios.

-¿Qué querías, Trini?

El negocio de las basuras no se nutre de Sénecas especialmente.

Está compuesto de gente

de lo más normal. -(ASIENTE)

A las que les encanta el monís más que a un niño un dulce.

-Gente corriente a la que le gusta

el dinero y lo que se puede comprar.

Tú misma parecías encantada con la joya que te regalé.

-Sí, Ramón.

Te he dicho que prefiero tu compañía a cualquier joya del mundo.

Pasa más tiempo conmigo

y me harás la mujer más dichosa.

-Bien, pasaré más tiempo contigo si ese es tu capricho,

pero no en reuniones de negocios.

-¡Oooh!

Veo que se avecina tormenta.

Me caerá una buena regañina. -La que te mereces.

Te pedí que no te inmiscuyeras

y te presentaste en la reunión.

-Ya te dije que había olvidado la limosnera.

-Trini, ni entonces ni ahora te creí.

Tienes suerte de que tengo una reunión.

Ya hablaremos luego.

-Vas tú dado si crees que me voy a mantener al margen.

-(SUSPIRA) Temple, Trini.

Tanta preocupación está de más. Mi padre la adora

y le está atosigando sin necesidad.

-¿Sin necesidad dices?

María Luisa, conozco a tu padre como si lo hubiera parido.

Sé que anda en cuitas que le preocupan

y tengo que averiguar qué es. -Está bien.

No insisto, que es bien terca, pero creo que se está equivocando.

(GIME)

La dejo.

Tengo cosas que hacer.

Llevaré el vestido a la sastrería para que me lo arreglen.

A más ver.

Pues no entiendo tanta molestia en enseñarme los papeles.

No creo que me voy a molestar en leer las letras.

-No seas impaciente.

Tan solo quiero mostrarte un retrato.

-Espero que no sea de los atentados de las portadas.

No quiero saber de tales horrores. -Nanai.

Es una noticia sobre el inicio de las obras

del colegio Carlota de la Serna. -¡Oh!

Ya veo a doña Cayetana salir toda emperifollada.

-Me ha dicho mi hijo que la ponen por las nubes.

A la susodicha y a su patronato.

Si supieran de qué material está hecha la condenada.

-Ay, no se haga mala sangre, Guadalupe.

-Mira, aquí está el retrato.

Aparecen ella y todos los invitados.

-Conozco a alguno. Gente de postín.

-Uno de los retratados no lo es.

Mira bien.

-¡Arrea, si es la Fabiana!

Aquí apartadica, mírala. -Apartadica, sí.

Y hecha un dolor.

¿No te amosca esa cara?

-¿Quería que saliese bailando la jota?

Se ve que no está acostumbrada a ser retratada.

Yo habría salido con cara de espanto. -Ya, pero no es expresión

de miedo ni de nervios, es...

No sé.

Espantada.

Sí, espantada como si hubiera visto un ánima.

-Pues lo mismo la vio, que esto es un cementerio.

Qué cosas.

Hacer un colegio para niños finolis sobre la tumba

de otros.

Hablando del rey de Roma. Por la puerta asoma.

Fabiana, venga para acá.

Para acá.

Que se ha vuelto célebre, que hasta sale en los papeles.

Mire, aquí, en la esquinica.

¿Eh? -Sí, ya veo.

Ya veo. -Huy, no lo diga usted así.

Ni que estuviese acostumbrada. Guarde un ejemplar

de recuerdo.

Será mejor que vuelva a faenar,

que una no es tan ilustre como otras para poder gandulear.

-Fabiana,

menuda cara tenía usted.

¿Qué?

¿Tanto le impresionaba la prensa?

-El oír hablar tanto de mi niña me tenía "descalentá".

¿Tan raro es de entender?

-No, claro que no.

-No haga caso a Lolita.

No es menester que lo guarde. Para nada quiero yo el retrato.

Espera. Espera, Humildad.

Deja que te ayude. Detente.

He de aprender sola. (CHISTA)

Ya está, mira.

He puesto una rampa para salvar el escalón.

Adaptaré el resto a tu nueva situación.

Aquí.

(SUSPIRA)

(SOLLOZA) No, no llores.

No llores, Humildad.

(LLORA)

No, no sé cómo voy

a ser capaz de no llorar.

No sé qué va a ser de mí si no soy capaz de atravesar

una puerta. Arrojo, pronto le cogerás el tino.

Además, voy a buscar una criada para que te atienda.

¿Servicio yo? Ni que fuera una gran señora.

Lo mereces más que la mayoría de las que conozco.

No merezco nada y muchísimo menos que estés a mi lado.

No empieces, Humildad.

Teniéndote a mi lado te arrastro a un infierno en la tierra.

No es justo.

Deberías estar disfrutando de la vida en vez de...

En vez de estar cuidando a una impedida.

No me gusta

que te llames así. Lo soy.

En vez de pasar tus días cuidándome,

deberías ser dichoso.

Humildad, es aquí donde quiero estar, ¿de acuerdo?

Y nadie me ha obligado a ello.

Tu buen corazón.

Me haría dichoso verte sonreír de nuevo.

Eso solo tú podías lograrlo.

Mauro, tú eres el único motivo que me hace tener valor

para seguir luchando, para seguir con mi desdichada vida.

Y así será.

Mira,

voy a estar a tu lado

dándote fuerza.

Intentando hacer dichoso cada día de tu vida.

Tienes mi palabra.

Dime qué quieres y yo lo haré.

Huy, algo te ronda la cabeza.

Dime.

¿Qué hago para seas más feliz?

Habla, Humildad.

Pídeme lo que sea.

-"Qué terrible desdicha".

Pasar lo que te queda de vida postrada en una silla de ruedas.

Se me partió el alma al verla aparecer así

y saber que, en cierta manera, soy culpable de su desdicha.

No diga eso, querida. No es así. Ninguna culpa tiene usted.

Aunque nos cueste aceptarlo, ha sido designio de Dios.

-Celia, cariño, ¿has visto a Lolita?

-No.

La mandé a buscar a Servando y aún no ha vuelto.

-Cuando regrese, que venga a verme. Tiene que preparar un ágape.

Vienen unos banqueros para tratar las cuentas de Rosina.

-(SUSPIRA) -¿Qué ocurre?

-Ay, Felipe,

no imaginas el estado en el que se encuentra Humildad.

-(SUSPIRA) No solo lo imagino.

Lo sé.

Mauro me puso al corriente.

Pobre mujer.

Me manifestó su determinación de cargar con lo que sea menester.

Toda la ayuda que precise. Lo sé.

Y no tema.

No he pensado pedirle lo contrario.

Vuelvo al despacho.

Dale aviso a Lolita.

-Ánimo, Teresa.

No es de extrañar que esté afectada con lo caprichoso que ha sido

el destino.

Es fácil asumir que he perdido a Mauro

para siempre.

Compréndalo.

No le queda otra cosa que ocuparse del cuidado de Humildad.

Lo sé. Él nunca se separará de ella.

Su conciencia no se lo permitiría.

Precisamente por ese proceder me enamoré de él como una tonta.

Ojalá no lo hubiera hecho nunca.

Quizá esa distancia sea la mejor.

Hasta ahora sus sentimientos solo le han traído pesares.

Así me gustaría creerlo, pero me cuesta.

Si supiera cómo me arrepiento de los malos deseos que sentí

hacia Humildad y ahora, al verla así,

siento compasión hacia esa desdichada.

Compasión y un insoportable sentimiento de culpa

que no desaparecerá jamás.

(RESOPLA)

Todos los diarios hablan del atentado.

¿Nunca va a terminar esta locura?

Bueno, el gobierno está dispuesto a intentarlo.

Ha prometido mano dura.

Parece no agradarte tal determinación.

Me preocupa cómo afecte a Martín.

Pues no debería hacerlo.

No es justo que se vea perjudicado si no ha tenido que ver.

Cariño, lo que sea justo o no en estos casos no tiene enjundia.

Madre, nosotros nos marchábamos.

-No, no os marchéis. Quería hablar con vosotros.

Pues usted dirá.

La situación ha cambiado tras la muerte de Maximiliano.

Ahora es Pablo

el que ha de llevar las riendas.

-Madre. -Déjame continuar.

Tú, como esposa, eres la señora de la casa.

Y yo, en cierto modo,

me he convertido en una invitada.

Hombre, eso tampoco es así y lo sabe.

Es así, pero no creas que me hago la víctima.

Tan solo trato de ser realista.

Mi opinión ya no cuenta tanto como antes.

Pero no os culpo por ello porque era irremediable.

Es ley de vida.

Tan claro como eso tengo que no quiero alejarme de vosotros.

Nada deseo menos que irme a vivir lejos de Acacias.

Y tampoco quiero que os marchéis vosotros.

Porque..

Porque sois lo único que me queda.

Sois mi familia.

-Madre.

(SUSPIRA)

Siempre voy a estar a su lado.

Siempre. No lo dude.

Jamás le voy a dar la espalda.

-Te lo agradezco, hija.

Así que...

si es vuestra voluntad, volved a contratar a Casilda.

Yo no me puedo oponer.

-¿Tenemos entonces su aprobación? -No, hija.

Mi aprobación la puedes obtener.

No lo puedo impedir.

Verá como el tiempo le mostrará que ha hecho bien.

Casilda es de la familia. No se arrepentirá.

Eso ya lo dudo más. Podrá volver,

pero no la trataré como antes. Lo lamento, de eso no soy capaz.

Nunca volveré a considerarla parte de esta familia.

Así, cuanto menos hablemos,

mejor. No me dirigiré a ella. No le daré órdenes.

Faenará aquí,

mas nunca olvidaré lo que hizo.

-(RESOPLA)

Caballero.

-(CARRASPEA)

-¿De dónde vienes tan lozana? -De la sastrería.

Solo se encontraba Leandro.

Doña Susana no estaba. -Vaya.

No digas que la has echado de menos. -Tan solo me parecía extraño.

Leandro dijo que no se encontraba bien.

-Ya.

Tuvieron ayer una buena zapatiesta.

Por fin don Leandro se atrevió

a decirle cuatro verdades.

-La verdad, sí parecía serio y afectado.

Creo que deberías hablar con él. -A las buenas, Víctor.

-Don Ramón. -María Luisa, ¿has visto a Trini?

Acabo de pasar por casa y no estaba allí.

-No, se encontraba en casa cuando me fui.

Debió salir.

Padre,

perdone que se lo diga, pero...

creo que debería poner menos atención en sus negocios

y más en su esposa.

Trini necesita de su compañía. -Pierde cuidado, que así lo haré.

Sé que está inquieta por mi proceder. Y, ahora,

vuelve con tu prometido.

Como decía, fue un lamentable error organizar el ágape ayer.

-El error fue no invitar a Clemente Heredia.

Está claro que no le agradó que le dejara al margen.

-Al fin mostró su verdadera naturaleza.

No pretendía ser mi amigo ni mi socio.

Tan solo quería avisarme que hay líneas rojas que no debo traspasar.

Una amenaza que no tuvo problema en dejarme bien claro

en mi propia casa.

¿Se han hecho eco los diarios del atentado de ayer?

Todos ellos sin excepción aseguran en sus páginas

que el gobierno promete una respuesta firme.

Dios nos coja confesados. -Pierde cuidado, Casilda.

Martín no tiene nada que temer. Él ya no tiene relación con eso.

Así es, Casilda. No le des más vueltas.

En nada le va a perjudicar a él.

Poco a poco todo vuelve a su cauce. Sí.

Y de hecho,

traemos buenas noticias. (ASIENTE)

-Pues no se las guarde.

Últimamente no abultan.

Mi madre ha accedido a que vuelvas a trabajar

en casa. ¡Ay, Dios la bendita!

Pero ¿está usted segura de esto?

Así lo comentó hace un momento.

No creo que me haya perdonado.

Es más buena que el pan de Dios.

Hombre, tanto como perdonar...

-No te vamos a engañar.

Ni de lejos ha olvidado lo ocurrido.

Por evitar nuestra marcha

de casa ha accedido a que vuelvas a trabajar con nosotros.

-Comprendo.

No tenían que tomarse tanta molestia. Era lo justo.

Bastante has pagado ya.

Pero es que si ella no quiere yo no puedo aceptar el empleo.

-No enredes más, que nos costó un mundo convencerla.

-Es que he de reconocer que me tiemblan las canillas

de pensar cuando la tenga de frente. -No tiembles.

Mi madre ha dado un paso y con el tiempo comprenderá

que estaba siendo injusta. Y tú, por el momento,

recuperarás tu jornal.

-Que me viene como agua de mayo, no voy a mentir.

No es suficiente para que contrates un abogado

para Martín.

-Bueno,

que Dios les bendiga por haber hecho tanto por servidora.

Y ojalá tengan razón y me toque vivir momentos más dichosos.

¿Adónde vas con tanta prisa?

A ver a Martín y contarle

las buenas nuevas, que seguro que le alegrarán.

Ahora, le digo una cosa señora, y esto que quede entre nosotras,

le temo más a su madre que a un toro.

(Puerta)

(Llaman a la puerta)

Ya va. Ya va.

¡Oh!

-Pero ¿qué haces, mastuerza? Pero ¿no me reconoces?

-Pues sí, por eso he intentado cerrarle la puerta.

-Pues sí que estás brava. Si lo llego a saber no vengo.

-Mejor.

¿Ha perdido la poca sesera que le quedaba?

¿Cómo se le ocurre subir con semejante facha?

-He venido a hacer los arreglos que me has dicho.

-Se lo harán a usted como lo vean.

-(TITUBEA) Tú templa, que está todo bajo control.

He visto a unos señorones

en busca de don Felipe. -Ah, y como tenía visita

iba a arreglar la reunión.

-No, pero ¿por quién me tomas tú?

-No me haga contestar a tal pregunta.

-Bueno, tú templa,

que está todo bajo control.

Mientras que él atiende a las visitas

arreglo el picaporte y no se dará cuenta

de que estoy aquí. -¿Así hace usted las cosas?

¿Escondiéndose eternamente? -Eso no, y eternamente tampoco.

Solo hasta que me haga rico con el agua bendita

y me pueda quitar los ropajes estos. -Pues mejor déjeselos puestos.

Si le echan a la calle va a necesitar la ropa de mendigo.

-¡Cállate ya!

Vamos a la faena, que cuanto antes empiece, mejor.

-En eso tiene razón. Aquí tiene el picaporte.

-(GIME)

Está atascado.

-Pues por eso le hemos avisado.

-Anda, deja de quejarte

y ve a la cocina por aceite.

Esto lo arreglo en un santiamén. -Por su bien así lo espero.

-Venga, anda.

-No se arrepentirán del acuerdo.

Seguro que es lo más beneficioso para su banco y para mi cliente.

Doña Rosina estará de acuerdo de las condiciones.

¿Qué significa esto?

-Disculpe, señor.

Es un mendigo que ha llamado a la puerta

pidiendo limosna.

Tome.

Aquí tiene el aceite.

Y unas monedas.

Hala.

Ahí tiene.

¿No le dije que me esperara en la calle?

Ay, como mi señor es muy caritativo nunca faltan mendigos

llamando a la puerta.

Se lo avisé.

Le va a caer la del pulpo.

Ahora le explico, señor.

-No, Lolita. No son tus explicaciones las que quiero,

sino las de Servando.

Cuando termine que venga a verme.

Quiero hablar con él muy seriamente.

Volvamos al salón, señores.

-Las perras me las quedo.

A las buenas, Leandro.

¿Cierras ya el negocio? -Así es.

Hoy no me encuentro con ánimo para seguir faenando.

Mejor marcho a descansar.

-Tu madre no ha venido

en todo el día, ¿está enferma?

-Enferma no.

Su mal es de otra naturaleza.

-Ya, entiendo.

-Pero no te preocupes.

Se repondrá, como siempre lo ha hecho.

(SUSPIRA)

Marcho.

Mañana será otro día. -Hasta mañana.

-Don Leandro.

¿Tiene un momento?

-Tú dirás, Víctor.

-He sabido que se enfrentó a doña Susana por defenderme.

Y créame que se lo agradezco.

Que no era menester.

Yo estoy bien.

-Descuida, que no lo he hecho por ti, sino por mí.

No soportaba más sus desplantes

hacia vosotros dos.

Y no lamento lo que ha ocurrido.

Lamento no haberle puesto los puntos sobre las íes antes.

Anda, ve a ayudar a tu madre con la terraza.

Trini.

¡Trinidad!

-¡Ay!

Perdona, que no te había visto. -Ya me he dado cuenta.

¿Dónde marchas tan distraída?

-A casa en búsqueda de Ramón.

-No hace falta que te apresures tanto.

Antes le vi con un hombre caminando y conversando.

Me alegro de haberte encontrado,

así puedes acompañarme al bazar de aquí al lado.

Compraré un presente a Tano.

Iremos a visitarle donde mi prima.

Trini.

Antes no me has visto y ahora no me escuchas.

-Ay, claro que sí.

Que me contabas algo de un regalo para tu prima o algo por el estilo.

-Lo dicho, no te has enterado de la misa la media.

¿Qué te tiene tan preocupada?

-Ay, qué disgusto más grande.

-Ya lo veo, pero ¿qué ha pasado?

-Verás,

esta mañana, aprovechando que Ramón no estaba en casa,

pues miré en su mesa.

-Trini...

No debes revisar sus papeles a escondidas.

-Y yo no lo haría si me dijera lo que quiero oír.

El caso es que yo buscaba la dirección

del local este donde tiene

el negocio que se trae. -Ese de basuras.

-Sí, eso dice él.

Y ojalá no lo hubiera visto nunca.

-Trini,

dime de una vez qué encontraste.

-Nada.

-¿Nada?

-Nada de nada, Celia.

No había local ni negocio y casi no había ni edificio.

-No lo entiendo.

-Yo tampoco lo hago.

Esa dirección estaba a las afueras

donde Cristo perdió el gorro.

Era un local desvencijado dispuesto a venirse abajo.

-¿Y allí acude todos los días? -Nones.

Me he quedado investigando un poco con los vecinos

y nadie a visto a nadie allí.

-¿Y si te equivocaste?

Pudiste apuntar mal la dirección. -No, Celia. No.

Estoy segura de que era allí.

-No le encuentro explicación.

-Pues sí la tiene.

Celi, de verdad que me barruntaba que mi Ramón me ocultaba algo,

pero temo que es peor

de lo que creía.

Celi,

que mi Ramón me engaña.

Disculpe, ¿sabe dónde está el preso Martín Enraje?

Le han sacado del calabozo, pero tenía permiso para visitarle.

Agradecida.

¡Martín!

Vengo del calabozo. Estaba como loca buscándote.

-Casilda. -Traigo una noticia fetén.

Vuelvo a casa de los Hidalgo.

¿Y ese aire fúnebre? ¿Qué ha ocurrido?

Déme una explicación, se lo ruego.

Antes siéntate, por favor. No me voy a sentar.

Me quedaré de pie y contésteme, que me tiene con el alma en vilo.

Créeme que lo lamento, Casilda.

El gobierno tomará medidas

ante el atentado y las revueltas anarquistas.

¿Qué clase de medidas?

Responderán con mano dura.

Hemos recibido órdenes del ministerio para dar garrote

a los presos acusados

de anarquismo.

Pero...

tales nuevas a nosotros no nos atañen.

Martín no ha hecho nada.

Y, además, les ha ayudado a capturar a otros anarquistas.

No.

Casilda. -¿A él le van a ajusticiar?

¡No!

No sabe cómo me satisface su visita.

Le debía una visita tres el acto de ayer.

Usted no me debe nada.

Ni necesita excusa para venir a mi casa siempre que lo desee.

La colocación de la primera piedra fue bien recibida por el obispado.

Me alegra oír eso.

Por lo que me ha llegado,

también en la alta sociedad y la prensa.

Pero, ante todo, lo que se comenta

es cómo brillaba usted

por encima de todos los demás. No siga, por favor.

Está claro que sus halagos son fruto de la estima que me profesa.

De ningún modo. No es que no la aprecie.

Quiero decir que todos la han admirado.

Es verdad que he recibido diversos telegramas

de felicitación de varias autoridades.

¿Lo ve? De hecho, yo también pensé en escribirle uno.

Me decidí a comunicárselo en persona.

Me alegra que haya tomado la decisión correcta.

En realidad no podía tomar otra.

Necesitaba verla.

Ha de saber que no consigo quitármela de la cabeza.

No puedo dejar de pensar en usted.

En su rostro.

En sus labios.

Por favor, deténgase.

No podemos dejarnos llevar por los impulsos.

Lo que hacemos no está bien.

No es decente.

No podemos dejar que nuestros deseos nos impidan ver la realidad.

Usted es un hombre casado y yo una pobre viuda

que echa de menos a su difunto esposo.

Aunque el deseo sea mutuo y nos queme por dentro,

contengámonos en nombre de la decencia.

Tienes razón.

Le ruego me disculpe. Mi proceder no tiene perdón.

Será mejor que marche ya. Secretario.

Espero que lo que ha sucedido no...

impida que nuestra amistad perdure.

No me prive de su presencia. Quiero...

Necesito que me visite.

No...

No tema.

Siempre contará con mi estima

y mi apoyo incondicional.

Señora.

Padre, le agradezco que haya venido.

-No podía ignorar la llamada de una de mis feligresas

asegurando que precisa confesión.

No es necesario tu agradecimiento.

Comencemos sin más demora.

-Ave María purísima. -Sin pecado concebida.

-Padre,

he pecado contra la ley de Dios. He faltado a la verdad.

-A veces

nos vemos forzados por evitar un mal mayor.

-Me arrepiento ante todo del trato que he dispensado a doña Cayetana.

Le mentí para ayudar a Mauro

y fui incapaz de poner la otra mejilla,

como haría una buena cristina cuando...

Cuando me maltrató.

Dios me puso a prueba y le he fallado.

-Continúa.

Hija mía, continúa.

-También me arrepiento

de los sentimientos de odio que despertó en mi corazón.

Quiero purgarlos, sacarlos de mí.

Necesito ser una mujer limpia y pura

para poder así enfrentarme al futuro que me espera.

(Llaman a la puerta)

Teresa, te estaba aguardando.

Cuando recibí tu nota requiriéndome supuse

que no sería por nada bueno.

Ahora, al ver tu rostro, compruebo que no me faltaba razón.

Así es.

Reconozco que no tengo buenas noticias.

Ha sido uno de mis peores días.

Lo malo siempre se puede superar.

Pareces temer lo que tienes que decirme.

Te pido que no lo alargues más.

No quería que te enteraras

por otro. ¿Enterarme de qué?

Me voy a casar con Humildad.

Bueno, Humildad. Vamos, no guarde más

ese misterio. Contéstame ya. Por favor, hija.

¿Qué futuro es ese al que aseguras

que te enfrentas?

-Padre, voy a casarme

con Mauro. -¿Cómo?

¿Al fin vais a bendecir vuestra unión?

-Sí, hoy ha prometido que así será.

El sueño de mi vida por fin está muy cercano a realizarse.

-Me llena de dicha escucharte. -Por eso era tan importante

que me diera confesión.

Quiero llegar al altar siendo una mujer

sin pecados para poder así

certificar ante Dios mi amor por Mauro.

-Mi enhorabuena.

Sé lo mucho que ansiabas este momento, Humildad.

-Así es.

Mis plegarias por fin han sido atendidas.

-Estaré orgulloso de oficiar

tu boda.

-Gracias.

(SUSPIRA)

Supongo que solo me corresponde darte la enhorabuena.

Teresa, por favor, compréndeme. Pierde cuidado, que ya lo hago.

En cierta forma,

escucharte es un alivio.

Ahora todo está claro y cristalino como el agua.

Nunca hubo nada entre los dos.

Y nunca lo habrá.

Discúlpame.

Me tengo que marchar ya. Aguarda, por favor.

¿Por qué, Mauro?

Ya nada tenemos que decirnos.

Te equivocas.

No soy hombre de muchas palabras.

Gracias a ti he imaginado lo que podría ser la felicidad.

Conocerte ha sido lo mejor que me ha sucedido.

Aunque no pueda estar contigo...

te quiero.

Siempre te querré.

Cállate, Mauro.

¿Ya va otra vez para el árbol? Qué perra le ha entrado.

-No puedo quitárselo de la cabeza. Ella se va a quedar ciega

y yo sin trabajo.

No me quieren ver vestido sin decoro. Me ponen de patitas en la calle.

-Hay que convencerla de que no hay virgen en ese árbol.

-Tú me dirás cómo.

Bueno, ya están aquí los monos de repetición.

Yo prefiero no ver esto.

-Madre, aquí está Casilda.

Dígale qué quiere que haga y ella lo hará.

¿Quitar el polvo y así deja de hacerlo usted?

-Encárgate tú de darle las órdenes que consideres oportunas.

-Señora,

yo quería darle a usted las gracias.

-"Buenas tardes, Trini".

-Buenas tardes. -¿Algún encargo que entregar ya?

-Todo salió a su hora.

-Mejor, que el médico me ha ordenado reposo.

-Huy, ¿has ido al médico, Susana?

-Claro. No estoy bien, no.

Aunque apenas me queje, tengo la salud muy deteriorada.

-Le diría que tiene la tensión alta y que evite los disgustos.

-Precisamente.

Se nota que empezaste a estudiar medicina, aunque no acabaras.

-Madre, cómo se nota que lleva yendo a ese médico

25 años y siempre le dice lo mismo.

Debería cambiar de médico. -Debería cambiar

tantas cosas.

-No sé si me voy a acostumbrar a que falte usted,

que era de lo mejor que me he encontrado en la vida.

-Muy callada estás esta mañana.

-Ya ves.

¿Vas a ir hoy a la oficina esa del negocio de basuras?

-En cuanto me acabe este suizo.

-Últimamente te ocupa mucho tiempo.

Has de tener muchos y muy buenos colaboradores ahí.

-Los mejores.

Y más que van a hacer falta para dar abasto a tanta tarea.

-Pues se me ocurre una cosa.

¿Por qué no invitas a tu mano derecha un día aquí, a casa, a cenar?

Me haría mucha ilusión conocerlo. O no, mejor aun,

podríamos organizar una merendola para los trabajadores.

Dicen que contentos rinden mejor.

¿Y si te adelantamos el sueldo para el abogado?

-¿Cómo?

Imagínate que el abogado cobra lo que ganas en un año.

Te adelantamos el sueldo de un año y así lo pagas.

Me están haciendo un lío. La costa está

en que te adelantamos el sueldo

y luego nos lo devuelves con tu trabajo.

Eso es como si me lo prestaran. No, no, no.

Es un adelanto. Nosotros te damos el dinero

y haces lo que quieres. No es asunto nuestro.

-"¿Has hablado con tu marido?".

-(ASIENTE)

-¿Le has dicho que en su oficina no había ni un alma?

-No.

He dejado que me lo contara él.

-¿Y?

-Nada.

Quizá espere el mejor momento. -Que no, Celia. Que no.

Está haciendo la mentira más grande.

Es como una bola que va cogiendo cada vez más y más nieve

y no hay quien la pare. -¿Qué vas a hacer?

-No lo sé.

No quería verme en la tesitura

de echarle en cara que me miente, pero no me queda más remedio.

-¿Y cómo?

-Todavía no sé la forma,

pero le voy a poner entre la espada y la pared.

-Buenas tardes. Disculpen la demora.

Asuntos en el obispado me han retenido.

Disculpado queda. -¿Quiere que le sirva algo?

Sí, por favor. Un café.

Para los tres.

Recoja el sombrero del secretario, que se sienta como en casa.

Es un amigo muy querido aquí.

Disculpe.

Lleva una insignia nueva.

Cofradía del Sagrado Corazón. La del padre Fructuoso.

-Es usted muy observadora. Hablando del padre, esperémosle

para iniciar la reunión. Me temo

que otros asuntos le impiden venir. Está con los preparativos de la boda

de esa muchacha que lo acompaña, Humildad.

¿Se casa?

Cuando Dios cierra una puerta abre una ventana.

-"El padre preguntaba si queríamos coro en la boda".

¿Coro? (ASIENTE)

Pues no sé, ya lo pensaremos.

No es un tema que haya cabilado.

-No queda mucho tiempo. Solo quedan 15 días.

En caso de querer coro,

habrá que decirle lo que interpreta.

¿15 días?

¿No nos estamos precipitando?

¿Se refiere a retrasar la boda?

No, creo que no.

-¿Qué es lo que se trae con mi esposo?

Lo de las basuras no se lo cree ni un niño.

(RÍE) -Perdone, señora,

pero los asuntos de su marido los debe tratar con él.

Ramón le contará lo que quiera y se callará lo que desee,

que para eso le ampara el derecho.

-Si no es por las buenas, será por las malas.

-¿Por las malas? -(ASIENTE)

-(RIENDO) ¿Y qué va a hacer usted?

¿Agredirme?

-No, por Dios. Caballero, no.

Voy a romperme la camisa, voy a gritar

y le voy a acusar de haberme agredido.

Todos vendrían a ayudarme y mi esposo me creería.

-Por favor, doña Trinidad.

-O canta o empiezo.

He hecho un listado con los más avanzados en sus estudios.

¿20?

No, no habrá tantas plazas.

-Creemos que hay que hacer el esfuerzo.

No, yo nunca habría aceptado semejante cantidad.

Escoja a 10 mejores de la lista y le daremos una educación esmerada.

Son 20.

Ya lo hemos hablado.

Pido que se acepte esa lista de alumnos.

  • Capítulo 305

Acacias 38 - Capítulo 305

22 jun 2016

Rosina se da cuenta de que no quiere alejarse de esa casa y su familia, por lo que acepta el regreso de Casilda. Leonor y Pablo se lo comunican a la criada, pero llega una mala noticia: las autoridades han decidido ejecutar a todos los anarquistas detenidos. Ramón se preocupa por Trini, no sabe dónde está. Trini descubre que la oficina a la que Ramón dice ir está vacía. Víctor y Leandro tienen un acercamiento.

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