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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 295 - ver ahora
Transcripción completa

El rumor que hiciste llegar al padre Fructuoso

sobre las declaraciones de Úrsula en contra de Cayetana,

se ha extendido.

Espero que Cayetana,

con la maldad que alberga, no revierta el efecto,

y lo que hemos hecho no sirva.

Si Úrsula me ha delatado,

tomaré una decisión que ya debía de haber tomado.

Úrsula tendrá su merecido.

Nadie me traiciona.

Nadie.

¿Crees que Casilda merece terminar así?

¿Haciendo la calle como una zarrapastrosa?

¿Crees que merece sentir asco de sí misma?

Quien la hace, la paga.

Es lo que hay.

Si no luchas por tu vida, iré a por Casilda y la encerraré.

No.

No será capaz.

Sabe que es inocente.

Sé que es lo único que te hará reaccionar.

O hablas, o verás como ella pasa por un infierno.

¿Es lo que quieres?

"Tenemos que darle un susto a Norberto".

-¿Sugiere que hay que darle...?

-Un escarmiento, sí.

Yo me ocuparé de todo.

"Ahora es la pareja de Humildad". "¿Cómo?".

Lo que oye.

Por eso quedé con él,

Para asegurarme que era cierto.

¿Y?

Mauro y Humildad están prometidos. ¿No le da vergüenza salir?

Esta mujer no merece nuestra compasión.

¡Ah! ¡Ah!

No quiero volver a verla en mi vida.

No se acerque a este barrio

ni a mí.

"¡Lo siento, lo siento de veras!".

¡Nunca quise perjudicarle! ¡Nunca quise hacerle daño!

Mauro, has de creerme.

Ahora, abrázame, te lo ruego.

Templa.

¡Ah!

¿Qué ha sido eso?

Voy a ver.

Humildad...

¿Qué haces aquí?

Deja que te ayude.

¿Estás bien?

No, no lo estoy, Mauro.

Ayúdame a llegar a tu despacho, por favor.

No, no. Siéntate aquí y recupera el resuello.

Cómo necesitaba una mano amiga. Sentir tu estima.

Sin lugar a dudas, soy...

Ha sido el peor día de mi vida.

¿Qué te ha sucedido que te ha afectado tanto?

Lo que más temíamos.

No entiendo cómo, pero Cayetana se ha enterado de lo nuestro.

Si hubieses visto cómo me ha tratado en medio de la calle,

delante de todo el que pasaba...

Nunca. Nunca me habían humillado así.

Me he muerto de la vergüenza,

Nuestro Señor la maldiga.

Bueno, templa. Marchemos a casa,

allí podrás descansar y contármelo todo.

No me separaré de tu lado. Te lo agradezco.

Hoy te necesito más que nunca.

Aguarda un instante, iré a por mi chaqueta y marchamos.

Vamos.

Te ayudaré a caminar.

Aún aguardo una respuesta.

-Disculpe, pero no salgo de mi asombro por su propuesta.

-No tiene por qué sorprenderse.

Dejar claro a nuestros deudores que no permitiremos que se burlen

no es ninguna locura.

-Sí lo es, considerarme un hombre de coacciones y amenazas.

Siempre he optado por el diálogo,

nunca por la violencia. -Me encantaría poder alabarle,

pero en esta situación,

el diálogo no le saca del atolladero en el que está inmerso.

Darle tiempo al marqués de burlarse de las condiciones del contrato,

puede salirnos caro. -A algunos más que a otros.

-Estamos juntos en esto.

Si es blando,

el resto de deudores seguirán su mismo camino.

-No. Tenemos que encontrar otra solución.

-A mí no se me ocurre.

Ya se lo he dicho.

Si permite que el marqués se salga con la suya,

lo perderá todo.

-Tenga presente que eso lo tengo muy claro.

Maldito el día

que entré en este negocio. -Si me hubiera escuchado,

no tendríamos que pasar por esto.

-¡No es justo! -Chist.

-Siempre tuve intenciones honorables.

Ayudé a mis deudores, no apreté con intereses abusivos.

-Y ya ve cómo le han tratado.

Se ha portado de forma decente

y con el fin de cuidar el futuro de su familia.

No es justo, que por su buen carácter,

vaya a acabar en la ruina.

Tiene que parar los pies al marqués,

si no, se arrepentirá toda su vida.

-Mañana intentaré hablar con el marqués

por última vez.

Y si no logro hacerle recapacitar...

-Si no lo consigue, aquí estoy yo.

Qué maravillosa velada, Felipe.

Hacía tiempo que no lo pasaba tan bien.

-Deberíamos dejar a Tano más a menudo con tu prima.

Así podríamos disfrutar de estar solos.

-Felipe, no digas eso. No imaginas cuánto le añoro.

Yo también lo echo de menos, y también pasar tan buenos ratos.

Solos,

sin niños.

¿Fue el recuerdo de nuestro Tano lo que te impidió disfrutar la cena?

Te he notado un poco mohína.

-Sí, discúlpame, Felipe,

no podía quitarme de la cabeza a Cayetana.

-Tome, lo acordado.

Agradezco tu comprensión,

no debe ser fácil para ti guardar silencio

mientras acabo con alguien por el que tienes tanta estima.

-No, no es eso.

-Tienes que entender que estoy muy implicado en esto

y no puedo dar de lado a Mauro y a Teresa.

No puedo abandonar.

-Ni quiero que lo hagas.

Sé que haces lo correcto.

-¿Qué es lo que te ha hecho cambiar de opinión?

-La propia Cayetana se ha encargado.

Tenías que haberla visto.

Cómo trató a Humildad al enterarse que estaba en relaciones con Mauro.

-Imagino cómo habrá sufrido su furia.

-Tenías que haberlo visto para creerlo.

Tanta crueldad no puede ser justificada.

Es inhumano tratar así a un semejante.

La agredió, se burló de ella delante de todos.

-Pobre desdichada.

-El proceder de Cayetana no tiene perdón de Dios.

Ni tampoco el mío,

no es merecedora de mi estima.

-Entonces, ¿no te importa que vaya tras ella?

¿Que trate de desenmascararla?

-Al contrario,...

puedes contar con mi ayuda.

Ya no merece mi respeto, tan solo mi rechazo.

He podido ver su verdadero rostro.

Cebarse con una tullida.

-Me alegro de que hayas abierto los ojos,

que hay dejado de engañarte.

-No volverá a hacerlo jamás.

-¡Sereno!

Aquí tenéis las tostaditas,

Qué ganas de tener criada y no tener que prepararlas yo.

-Y yo de que deje de cocinarlas.

Se lo aseguro. -Deberíamos tener ya criada,

y una buena, no como la traidora de Casilda.

Parecía una mosquita muerta

y era más mala que la quina.

-Deberíamos esperar

a ver cómo prospera la explotación

antes de buscar servicio.

-Si eso te preocupa, no temas,

no una sino cien criadas

vamos a tener a nuestro servicio.

-Madre, no venda la piel del oso antes de cazarlo.

-La piel del oso está más que vendida.

Tenías que ver a los empresarios que trajo Felipe ayer.

Ay, se quedaron de piedra.

-Ya me lo contó ayer.

Conociéndola, no duro que quedaran petrificados,

pero eso no es necesariamente bueno.

-Confía en mí, hija.

Acabarán comiendo de mi mano.

Creo que bajaré a La Deliciosa.

-¿No le ha gustado su tostada? -Sí, me encantan,

pero quiero presumir

de mis dotes de negociante ante las señoras

que estén desayunando.

-¿Dónde está, Pablo?

¿Dónde está quién?

Sabes perfectamente quién.

La persona en la que los dos pensamos.

Casilda.

Pensaba que no te importaba su paradero.

Ni dónde estuviese, ni qué fuese de ella.

Sí que me importa.

Y mucho, aunque haya intentando negármelo.

No puedo quitármela de la cabeza.

Todo lo que nos ha ayudado toda la vida.

¿Tienes pensado hablar con ella?

Quizá.

Debo mirarla a los ojos

y ver qué tiene que decirme.

Me parece bien que vayas, pero no sola.

Yo te acompañaré. No, prefiero que no.

Es un asunto que debemos resolver Casilda y yo.

No sueñes con que te vaya a dejar ir sola a semejante barrio.

No te pondrás en riesgo.

Pablo... Es mi última palabra.

Cuando vuelva del hipódromo, te llevaré.

¡Víctor, aguarda un momento!

Disculpa, te he visto desde la sastrería.

Por fin apareces.

Víctor, es preciso que hablemos.

-Ahora es imposible.

He quedado con María Luisa.

-Comprendo.

-Víctor, qué pronto has llegado, por poco no me encuentras en casa.

¿Qué pasa? ¿He dicho algo inconveniente?

-En absoluto, María Luisa,

pretendía tener una conversación con Víctor, pero...

solo yo lo deseaba.

Víctor.

Ya no te insisto más. Cuando quieras hablar,

ya sabes dónde encontrarme.

Madre, ¿qué hace usted ahí?

-Observarte.

¿De qué hablabas con Víctor?

-No se puede saber, no son cuitas de su incumbencia.

-Sí que lo es,

que marches corriendo por verle dejándome sujetándote un patrón.

No me andes con silencios,

os veo hablar en secreto

y no siempre con buena cara.

¿Qué cuitas te traes con él?

Ya te he dicho que te pido una explicación.

-Madre, y ya le he dicho yo, que no puedo dársela.

¿Qué está haciendo fuera de su celda?

Poca cosa.

Aguardar mi libertad.

¿Qué está diciendo?

Lamento que sea el último en enterarse.

Se están ultimando los papeles para irme.

Ya se lo dije,

no iba a pasar mucho tiempo bajo su hospitalidad.

-Agente, ya veo que está al tanto.

La detenida ha quedado libre, compruebe que todo está en orden.

He intervenido en nombre del obispo

para que se hiciese justicia.

Que yo sepa, el obispo no manda aquí.

Y no está usted equivocado.

A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César,

pero su excelencia tiene muy buenas relaciones

con los que mandan.

Sus jefes no hacen oídos sordos

a sus consejos,

debería hacer igual.

No es muy ortodoxo

mantener presa a una mujer por mero capricho,

sin una acusación firme.

¿El obispado quiere enseñarme a hacer mi trabajo?

No, solo exigirle que lo acometa correctamente.

Ya sabe lo que tiene que hacer.

Quítele los grilletes.

Buen, veo que mi labor aquí ya ha terminado.

No les entretengo más.

Dé mis recuerdos a su superior.

¿Conoce personalmente al obispo?

No, no tengo el placer,

me refería a doña Cayetana.

No tardará en contarle

que ha cumplido con sus órdenes.

Le deseo mucha suerte, Úrsula,

la va a necesitar allí fuera.

Cayetana no volverá a confiar en usted,

No olvide que estaré aquí para escucharla. Para ayudarla.

¿Ayudarme dice?

Sí. A protegerla.

Los dos sabemos que su vida corre grave peligro.

Agradezco su preocupación,

pero sé cuidarme yo sola.

Disculpe, señor, ¿un aperitivo? -No tengo tiempo,

tengo que hacer una visita. Di que no llegaré a comer.

-¿Y no podría decírselo usted? Se va a poner hecha un basilisco.

Ha olvidado que la señora estaba preparando una comida especial.

-Diantres.

Las condenadas gachas. No me digas que eran hoy.

-Desde el alba lleva la señora pegada a los fogones.

Disculpe mi atrevimiento, señor,

pero haga un imposible por no faltar, está muy ilusionada.

(Puerta)

Era un mensajero con un billete para usted.

-Es de Ginés.

El canalla de Norberto quiere marcharse del país.

¡Maldita sea su estampa! -¿Le ocurre algo, señor?

-Ay... Las gachas me están quedando de padre y muy señor mío.

¿Quiere probarlas? Para ir abriendo boca.

-Ahora no, Trini. -Mejor. Si las catas,

no vas a aguantar hasta la hora de la comida. ¿Dónde vas?

-A ver a una persona. -No va a ser a una piedra. ¿A quién?

-Un asunto de negocios, intentaré llegar a comer.

-¿Cómo que intentaré llegar?

¿Para quién estoy cocinando?

¿Para el rey? -Entiéndeme, Trini.

Fabiana, tráeme la levita.

-Pues me gustaría, pero me lo pones difícil.

Llevas un tiempo misterioso, no pasas por casa,

ni me haces cariñitos.

Me he levantado a la fresca

para prepararte la comida que más te pirra.

Me decía a mí misma: "Me va a contar lo que le atribula".

-Ya basta de reproches, Trini,

no tengo tiempo para reclamos

de una esposa malcriada

ni para comidas ni para nada, diantre.

A ver si te enteras de una santa vez.

(Portazo)

Ay, Fabiana...

Mi Ramón no me ha levantado la voz nunca.

¿Qué le puede estar pasando?

Paciencia, ¿ha visto usted a Pablo? -Nones, niña.

Aún no ha regresado del hipódromo.

-En cuanto le vea entrar en la casa,

dígale que le ando buscando.

-Descuida y no me digas más.

Quieres preguntarle por la Casilda. Andas preocupada por ella.

-Me tiene el alma en vilo. Desde que se fue no podía dormir,

pero desde que escuché al Pablo, me falta el aire

para respirar.

-Ay, pobre niña.

Nunca pensé que fuera a terminar tan mal.

-Aquí no acabado nada.

En cuanto me entere de dónde está la pensión,

me la traigo por las buenas o por las malas.

-No te va a resultar fácil.

-La Casilda es poquita cosa, si hace falta,

la traigo arrastrando o cargada como un fardo.

-¿Y qué vas a hacer con ella?

Aquí no la puedes traer, los señores no la quieren ver

ni en pintura. -Me la llevaré para el pueblo.

Ya le buscaremos ocupación,

se puede quedar con unos tíos que en dos días la enderezan.

-Pues ojalá.

Es necesario que alguien la encauce.

En cuanto vuelva Pablo,

le digo que vaya a verte.

-Gracias.

-Huy.

Servando. -¿Sí?

-Ven acá.

Yo no sé por qué, pero juraría que aquí pone tu nombre.

-Leche...

-Las demás letras no las sé.

¿Te dice algo esa carta?

Sí. Me dice que sigo sin saber leer.

No tengo ni pajolera idea de qué pone.

Pablo, Pablo, Pablo.

Hazme el favor.

Mírame a ver qué dice esta carta. Claro.

Servando, ¿conoce a un compositor?

-Para nuestra desgracia.

Según esta carta,

ya tiene listo el pasodoble que le encargó.

¡Arrea!

¿No habías quedado en hablar con él para cancelar el encargo?

-Sí, y tuvimos nuestro tira y afloja, pero decidí continuar.

-O sea, que hubo más afloja que tira. Has perdido el oremus.

-No, vamos a ver...

Decidí, tengo mis razones, esa tonadilla

va a ser un éxito. -Ya.

Pues eso espero, de momento, le va a costar un riñón.

¿Cómo?

Junto a la carta, venía una factura con sus honorarios.

Ave María purísima. No había visto nunca tantos ceros.

-No. -¿O son "oes"?

-Esto tiene que ser un error. -El error fue casarme contigo.

Me vas a llevar a la ruina.

Lo lamento mucho, pero me están esperando.

Ya me contarán cómo acaba.

-Con Dios. -A ver ahora qué hacemos,

cuando se entere que no tenemos parné,

nos denunciará.

Oh.

Por tu culpa voy a acabar en la cárcel como un criminal.

-Templa, templa, ya hablaré con él

y entrará en razones. Llegaremos a un acuerdo.

-No.

-¿Ahora qué te pasa? -Pues que...

Juraría que le tenía que decir algo al Pablo, pero no recuerdo qué.

-Ay, Paciencia, qué cabeza la tuya. -Sí.

Y de lo del pasodoble, no te acordarás,

¿verdad? No...

No...

Ya veo que sí.

Voy a...

Felipe, por favor, no guarde más silencio.

¿Ha habido respuesta de los empresarios?

-Por eso he venido.

-Pues dígamelo ya, estoy al borde del síncope.

-Le diré cuatro cosas de lo ocurrido ayer.

No se procede así, y menos sin avisarme.

Primero,

se retrasa sin motivo. -No, no fue sin motivo,

quería hacerme valer y ponerles nerviosos.

-Más lo estaba yo que ellos.

-Segundo, se comporta como una mujer de negocios.

-Le sorprendí.

-Peor que eso, me aterrorizó.

Tercero, trata de imponer un precio desorbitado

sin consultármelo.

Creo que no midió las consecuencias de sus actos.

-Me aseguró que me iba a decir cuatro cosas. Y son solo tres.

-Es cierto, no he terminado.

Y cuatro,

no sé cómo lo ha hecho,...

pero su plan ha funcionado.

-¡Ah!

¿Aceptaron mi precio? -Sin rechistar.

-¡Ay, soy un genio, lo sabía, una generala!

-O una insensata con mucha fortuna. -Sí.

-Es increíble que haya conseguido esto.

No sé si le hago falta.

-No se preocupe, ya le encontraré utilidad.

Ahora tenemos que estar pendiente de cómo gestionan mis tierras.

No puedo hacerlo todo sola. -Estaré a su lado,

aunque lo de ayer no será el último sobresalto.

Con usted

hay que estar curado de espanto. -Ay...

¡Pablo, qué bien que estés en casa!

¿Ocurre algo? Sí, tengo un notición.

¡Leonor, ven! Quiero daros la noticia a los dos.

Ay...

Teresa, no insista. No me arrepiento de mi proceder con Humildad.

Se merecía mi trato y mucho más. A palos la debería haber sacado.

Le agradezco mucho que la desenmascara.

No tiene importancia.

Sí que la tiene.

No quiero imaginar lo que le habrá contado a Mauro.

Si hay algo que no soporto es la traición.

Sus malas artes han tenido algo que ver con la detención de Úrsula.

Al abrirle las puerta de mi casa,

debió de ver lo importante que era para mí.

Puede ser. Ni lo dude.

Mauro utiliza a Úrsula para atacarme.

A saber lo que debe estar haciendo

para conseguir algo en mi contra.

Por suerte no tendrá que aguantarlo mucho.

¿No?

Tengo mis contactos.

Si no me equivoco, Úrsula ya debe de haber sido liberada.

Aunque será lo último que haga por esa desagradecida.

No merece mi confianza.

¿Por qué?

Parece que esa coja

no era la única traidora que tenía a mi alrededor.

Parece que Úrsula iba diciendo embustes sobre mí.

No haga caso.

Posiblemente solo sean chismorreos.

Siempre ha confiado en ella. Teresa.

Si algo he aprendido, es que no se puede confiar ni en tu sombra.

Señora, ¿me mandó llamar? Sí, Fabiana.

¿Nos disculpa, Teresa?

Tenemos que tratar unas cuitas domésticas.

No me gustaría aburrirla.

Pierda cuidado, me marcho.

Agradecida por su hospitalidad.

Ya estamos con las lagrimitas. De eso nada, ricura.

-Perdóname, Fátima.

ES que estaba pensando en mi madre.

Si pudiera verme ahora...

-No te ondula...

Pues la mía vería que he seguido sus mismos pasos, y la tuya,

si era lista, estaría orgullosa de ver

cómo te has sacado las castañas del fuego.

-No estoy yo tan segura.

-Puedes estarlo de que hoy no pasará lo mismo que ayer.

Una puede ser buena, pero no tonta.

Estoy harta de atender a tus clientes.

Y no me mires con esa cara,

que ya tuve suficiente paciencia.

O te estrenas esta noche, o te pongo de patitas en la calle.

¿Estamos?

-Fátima, es que yo no creo que pueda hacerlo.

-Pues haz un poder,

tampoco es cosa de Sénecas.

Mira para otro lado y que el cliente haga el resto.

¿Debo recordarte que me debes monis por el techo y la protección?

-¿Protección?

-"Pa" chasco que sí. ¿Quién te crees que ha impedido

que Antón venga a darte las gracias por estar a la sombra?

Servidora.

-Lo sé, Fátima. Yo te debo mucho.

-Pues demuéstralo. Ahí fuera tengo un buen cliente.

Un caballero de posibles. ¿Le hago pasar o no?

Así me gusta.

Y no se te pase por la mollera hacerme quedar mal.

Adelante, pollo, su dama está lista.

¿Verdad que tenía razón

y es como un ángel caído del cielo?

Además, está casi a estrenar.

Afloje el parné y es toda suya.

Les dejo solos,

que aquí solo molesto.

Tómate el caldo, mujer,

te sentará el cuerpo. Nada me entra en él.

Tiene que comer.

Deberías aplicarte el cuento, tampoco has cenado.

El mal humor me ha quitado el apetito.

Tanta rabia solo puede tener una responsable.

Esa maldita Cayetana.

No andas desencaminada.

¿Qué? ¿Ha pasado algo más?

Sí,

Hoy ha vuelto a demostrarme su poder.

Úrsula, su criada,

ha sido liberada sin yo poder evitarlo.

Esa mujer hace y deshace a su antojo.

Siempre se sale con la suya. Eso debe cambiar.

A todo cerdo le llega su San Martín.

Tienes que destruirla, Mauro.

Hacerla pagar por sus pecados.

Eso intento. ¡No lo intentes, hazlo!

He visto al maligno en sus ojos.

¡No tengo duda de que es un demonio! Se merece la muerte.

Sí.

La muerte.

Solo le pido a Dios que no me lleve a su lado antes de verla sufrir.

Templa, mujer.

No te reconozco. Lo sé.

Mi deseo no es muy cristiano, pero es muy humano.

Quiero verla sufrir en su piel

la humillación que me hizo pasar.

Por favor,

véngame de ella, que dé con sus huesos en la cárcel

despreciada por todos. ¡Que el vil garrote sea su fin!

Te ayudaré en todo lo que sea menester.

Me muero y nada tengo que perder.

No lo comprendo, Celia, antes parecía incomodarle la situación,

prefería mantenerse al margen.

Escúchame, Teresa, Cayetana de la Serna

era mi amiga y nunca hubiese actuado contra ella,

pero Cayetana Sotelo Ruz

es un monstruo al que no soy capaz de reconocer.

Ya llueve sobre mojado.

mi marido me advirtió 1000 veces lo mala que era,

mas me resistía a creerlo,

pero ahora,...

viéndola humillando a una pobre tullida,

ha sido la gota que colma el vaso.

Deseo ayudarles en todo lo que sea menester y acabar con sus desmanes.

En tal caso, debería cambiar su consideración hacia mi persona.

Yo vendí a Humildad, yo soy la culpable de lo sucedido.

No, Teresa,

usted no la arrebató el bastón de mientras la insultaba.

No tenía otro remedio que actuar como hizo.

Fue Cayetana la que mostró su mal corazón.

Teresa, no desfallezca ahora,

no ha de cejar en su empeño.

Ha de lograr que Cayetana pague por su maldad.

Me estremezco al pensar que lo que nunca quise creer,...

la muerte de Carlotita,

Germán, Manuela...

Que pueda estar ella detrás.

Teresa, ánimo, yo estaré a su lado.

Era cierto que Cayetana ha logrado ponerla en libertad.

A tanto llega su poder.

Discúlpeme, tengo que hablar con ella.

Úrsula, aguarde.

Ya veo que ha terminado su cautiverio.

No pareces sorprendida.

Doña Cayetana me puso al tanto de que había movido los hilos.

Debe cuidarse de ella,

mantenerse alejada.

¿Por qué?

Ha dicho que le debo mi libertad.

Puede perder algo más que eso.

Ha intercedido en su favor para evitar que hable en su contra.

Ha mostrado ser inteligente.

Y precavida.

¿Qué cree que hará ahora que sabe que es un riesgo para ella?

Las dos sabemos la respuesta.

Corre usted un grave peligro.

Es posible,...

pero nada ganaría huyendo de ella.

Tiene poder y medios para encontrarme.

Puede hacer algo mejor que huir, guardarse las espaldas.

¿Cómo? Contándome lo que sabe.

Debe depositar en alguien esa información. Es su salvavidas.

(Puerta)

No hace falta que me acompañe, el señor me espera y sé el camino.

-Le estaba esperando.

-He venido lo más pronto que pude. ¿Pudo hablar con el marqués?

-Medio día pasé en su puerta sin que me recibiera.

-Ingrato, ni siquiera ha tenido la dignidad de dar la cara.

-Unos esbirros lo hicieron por él. Dijeron que no estaba en casa.

Es obvio que mentían. -No pudo traspasar las puertas.

-Con malos modos me lo impidieron.

-Cuídese de esa gente.

Cumplen las órdenes de su patrón

sin ningún tipo de reparo. -Así me lo pareció.

¿Qué clase de hombre tiene a su servicio a semejantes matones?

-Uno que precisa que le protejan de sus deudores.

No somos los únicos a los que ha estafado,

por lo que querrá abandonar el país.

-En mala hora me metí en el negocio de los préstamos.

-El negocio era bueno, la persona en quien confió, no.

-Creía en él, confiaba en su buen nombre, en su estatus.

-Un estatus que está dispuesto a mantener caiga quien caiga.

-Mi buena fe va a ser

la causante de mi ruina. -Lamento decirlo,

pero es lo que parece.

-De ninguna manera voy a rendirme tan fácilmente.

No voy a consentir que me estafen, que un señoritingo

juegue con el futuro de mi familia.

-Entiendo que está considerando mi propuesta.

-Así es.

Haga lo que sea preciso para que le llegue el mensaje.

No toleraré que se marche de España sin haberme pagado.

-Pierda cuidado, sé lo que tengo que hacer.

No se arrepentirá de esta decisión.

-Eso...

permítame que lo dude.

-Le mantendré informado.

-No sabía que habías vuelto a casa.

No te preocupes, te dejo solo,

no te molesto más.

Lo lamento,

pero no puedo hacerlo. -¡Quieta ahí!

-¡Por favor, que no! -¿Casilda?

¡Casilda, ábreme!

¡Soy Leonor! -¡Leonor!

¡Ayúdame!

-¡Doña Leonor! ¡Aquí!

-¡No la toques, cerdo!

-Te voy a dar tu merecido.

¡Baja esa mano si no quieres que te la arranque!

¡Lárgate o te pego un mandoble que te arranco las muelas!

Venga.

¡¿No me oyes?! ¡Que te largues!

-Esa moza no merece una pelea.

-(LLORA)

¡Qué...!

¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza!

Idos, por favor, os lo ruego.

Por favor.

Soy la peor persona del mundo

y no me merezco más que penas, dolor

y el sufrimiento que he provocado. Por favor, dejadme sola.

-No, Casilda.

Mírame. No voy a dejarte sola otra vez.

Jamás voy a volver a abandonarte.

Ya está.

Ya está.

¿Ahora te has aficionado al coñac?

-Déjeme tranquilo, madre.

-Ya lo hago.

Tan solo me sorprende. Nunca has sido amigo de licores.

Claro,

que tampoco te has mostrado nunca taciturno

y hundido,

al contrario,

una sonrisa siempre alumbró tu rostro.

-No tengo ánimos para sonreír. -Eso ya lo veo.

Lo que no entiendo es por qué.

Y por lo que veo, me quedaré sin saberlo.

Vente conmigo a casa a cenar. Mañana tenemos mucha faena.

Y es tarde. -Vaya usted yendo, madre.

Necesito estar un rato a solas. -¿A solas

con la botella?

No bebas mucho,

ya está viejo para tan malos vicios.

¿Aún está faenando?

-No.

Tan solo necesitaba un poco de aire.

Lo precisaba.

¿Quieres algo?

Decirle que ya estoy preparado para tener esa conversación...

que buscaba.

¿Lo está usted?

(Puerta cerrándose)

Úrsula, la estaba esperando.

Me complace verla de vuelta sana y salva.

Como si nada hubiera pasado, ¿no es así?

Así es, señora.

Todo sigue igual,

siempre a su servicio.

Como me gustaría creerla,...

pero no es eso lo que se dice por ahí.

No debería hacer caso de los chismorreos.

¿Ni siquiera quieres saber qué he oído sobre usted?

No,

salvo que la señora desee compartirlo.

Pues sí,

al menos para tener conversación

durante la cena.

Dicen que debería estar defraudada con usted

porque me ha traicionado hablando a la policía.

Qué tontería, ¿verdad?

No crea ni una palabra.

Por mucho que me tentaron,

nada dije sobre su persona.

Y bien sabe,

que podría haberlo hecho.

Que sé cosas que pueden dejarla mal parada.

¿Me amenaza usted otra vez? No.

Tan solo estoy advirtiéndola.

No veo la diferencia.

La hay.

Solo procuro llegar a un acuerdo beneficioso

para ambas.

Las dos sabemos

que mi situación en esta casa es insostenible.

Por eso he decidido marcharme.

No sabe cómo me complace escuchar eso.

Antes de alegrarse, déjeme terminar.

No me voy a ir con una mano delante y otra detrás.

Así que quiero hacerle una propuesta.

Muchas ganas tenía de hablar conmigo y ahora no suelta ni palabra.

-Hay tantas cosas que deseo contarte que...

no sé ni por dónde empezar.

-Empiece por lo de mayor enjundia.

-Así lo haré, Víctor.

Tienes que perdonar a tu madre.

Ella no es la única culpable de lo acontecido.

Yo también tengo buena culpa.

Me marché de su lado para cuidar a mi madre enferma.

La dejé abandonada a su suerte.

-Pero ¿usted no sabía que estaba encinta?

-Pero sí que habíamos tenido relaciones.

Tenía una responsabilidad hacia su persona,...

pero la di de lado

porque mi madre me precisaba.

O eso es lo que me hizo creer.

Fui un cobarde.

Un pelele.

Dejé que mi madre...

me manipulara a su libre antojo

y capricho.

Dejé que me separara

de la única mujer que he querido en mi vida.

-Algo que no entiendo.

Quiere que perdone a mi madre por ocultarme la verdad estos años,

pero usted no le perdona.

-Nuestro caso es distinto,

Ya no está en mi mano.

La grieta que se ha abierto entre los dos es demasiado grande.

Ni tu madre ni yo podemos arreglarlo,...

pero tú sí. Tú estás a tiempo.

No puedo soportar

verte separado de ella.

No puedo imaginar

el sufrimiento y la soledad que debió padecer...

cuando la dejé sola...

contigo en su vientre.

Ella cargó con todo.

Te dio una vida y un nombre.

Ella te quiere más que a nada, hijo.

Y ahora sé...

que se le está desgarrando el alma

y no puedo soportarlo.

-¿Por qué?

-¿No lo sabes, hijo?

Porque aún la amo.

Soy yo, Leandro, he olvidado las llaves.

¿Leandro?

¿Lo harás, Víctor?

¿Hablarás con ella?

-Esto es muy duro para mí, Don Leandro,...

pero le prometo que lo voy a pensar.

-No tengo ninguna duda de que decidirás lo correcto,

Y me alegra que hayas tomado en cuenta mi consejo.

-Yo me alegro de otra cosa.

-¿De qué?

-De que por fin hayamos tenido una conversación...

padre e hijo.

-Víctor.

¿Sonríe? ¿Acaso le han hecho gracia

mis palabras? ¿Cómo no iban a hacerlo?

A fuerza ha de estar bromeando.

¿O acaso es tan simple

como para pensar que puede pasar de la amenaza a la extorsión

sin consecuencias?

50 000 pesetas.

Es todo lo que preciso para asegurarme

de que no volveré a pasar necesidades.

Insiste en su proceder.

El acuerdo será beneficioso para ambas.

50 000 pesetas.

No se conforma usted con poco.

Los secretos que conozco

valen eso y mucho más.

¿Qué va a hacer con semejante fortuna una criada?

Yo no soy un simple criada.

Sí, sí lo es,

con ínfulas,

pero eso es lo que ha sido siempre,

un sierva que no sabe dónde caerse muerta.

No.

No le voy a dar ese dinero.

Guardará silencio

por el simple hecho de que yo se lo ordeno.

Su sitio es ese.

Obedecerme y servirme sin rechistar.

(CARRASPEA)

Huy.

Se me ha caído.

Límpielo.

¿No me oye?

¡Que lo recoja!

No.

No lo haré.

Y escúcheme bien.

Si no acepta el trato,

le diré a la policía dónde están los cadáveres

de don Germán y Manuela. No saldría impune.

No tiene las manos limpias en ese asunto.

Pero yo podré negociar mi libertad,

en cambio, usted, ni Dios

podría salvarla del garrote.

Muy bien, Úrsula, ya que veo que lo tiene todo tan pensado,

dígame, ¿cómo va a evitar

que le haga pagar su insolencia?

¿Que la calle para siempre? Señora,...

puede que sí sea una criada, pero lo que no soy es estúpida.

Me he asegurado

de que si me ocurre una desdicha irreparable,

todo lo que sé, salga a la luz.

Así que...

mejor que pague lo que le pido...

o acabará defenestrada.

¡Casilda! Chist. Silencio.

La hemos entrado a escondidas y por la escalera de servicio.

-Te caliento un caldo, que se ve que tienes cara

de haberlo pasado canutas, gandulilla.

-Yo te hecho un chal, no te lleve un mal aire.

-¡Qué bien, lo hemos pasado más mal

que en la sequía del 96! ¡Que las ranas llevaban cantimplora!

-Cuando sepáis lo bajo que he caído,

no me vais a mirar a la cara. -Lo pasado, pasado está.

-Don Norberto ha hecho el pago que le demandábamos.

Las 10 000 pesetas del préstamo extra...

y el primer plazo de las 40 000 que estaban en contrato

con sus correspondiente intereses.

-¿Pagó de buen grado? -Hubo que darle un aviso.

-¿Solo eso?

-Uno contundente.

-Pero ¿qué le ha hecho?

-Lo que había que hacerle.

-"Sé que no es algo de lo que deba estar orgullosa",

pero ante Cayetana no pienso poner la otra mejilla.

¿No me crees capaz?

Claro que te creo capaz,...

pero Cayetana es muy peligrosa.

Es un toro que aun herido de muerte se puede revolver

y llevarse por delante a quien empuñe la espada.

No tengo miedo de ella. Y eso te hace valiente,

pero por ahora prefiero mantenerte alejada.

Hazme caso.

Siempre hay muchos frentes abiertos, algunos se resuelven,

algunos se tuercen.

Nada es para siempre, ni lo bueno ni lo malo.

¿Y alguno se ha torcido en exceso?

Doña Susana.

Doña Susana, ¿quiere algo? -Sí, esto.

-¡Ah! -"No sabe lo que yo pretendo".

Nada conseguirá sin aliados.

¿Aliados?

Últimamente me llueven los aliados.

¿A quién se refiere?

¿Tenemos que jugar a que usted no sabe a quién me refiero?

Vaya entretenimiento más aburrido, señor San Emeterio.

Creo que regresaré a la seguridad del altillo.

Andar de noche por estas calles a estas horas,

no es recomendable para una mujer tan indefensa como yo.

¡Espere!

"La he visto llegar al barrio, incluso he podido hablar con ella".

Le he dicho que confiara en mí y que se protegiera de Cayetana

contándome todos sus secretos.

¿Crees que Úrsula puede aliarse de nuevo con Cayetana?

Tiene mucho rencor contra ella, pero le debe su libertad,

y esa criada es hábil e inteligente,

pagaría por asistir a lo que las dos se digan en privado.

Un duelo de serpientes, sin duda.

Voy a acabar con usted.

No, se equivoca,

soy yo la que va a acabar con usted.

¿Cómo me dijo antes?

Ah, sí,

que era una vulgar criada.

Y sepa...

que hay otra persona que intentará destruirla.

Ese policía no va a hacer nada.

  • Capítulo 295

Acacias 38 - Capítulo 295

08 jun 2016

Mauro consuela a Humildad tras la humillación de Cayetana. La culpa de Teresa aumenta. Humildad le pide a Mauro que se vengue de Cayetana. Celia también expresa a Felipe su desprecio por Cayetana tras la humillación que ésta hizo pasar a Humildad.
Después de muchas dudas, Ramón ordena a Ginés que le dé un "susto" a Norberto para que pague la deuda. Rosina se entera de que los empresarios han aceptado su propuesta. Leonor desea ir a ver a Casilda y Pablo accede a acompañarla. Casilda parece resignada a recibir a su primer cliente cuando Leonor y Pablo llegan in extremis para salvarla. Víctor reaparece por Acacias y Leandro le pide que perdone a Juliana. Susana, quien les escucha intrigada, descubre que son padre e hijo.

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Añadir comentario ↓

  1. Pilita

    Bajen el Ap por el teléfono celular del canal TVE. utilizo el WiFi, yo la veo todas las noches allí.

    09 jun 2016
  2. Juana

    Juana. Personalmente prefiero toda la vida a Mauro y Teresa, son personajes más reales y menos plañideros. Y no tan " buenudos" Sigan así!

    09 jun 2016
  3. Sandra

    Por favor regresen los capítulos a YouTube o permitan verlos en su canal por internet como al principio de la novela. Mirábamos todos los días aquí en California, pero ahora no podemos.

    09 jun 2016
  4. Ghia

    Esta novela está cada vez mejor!!! La adoro!!!

    09 jun 2016
  5. Yanuaceli Garcia

    Porque no dejan ver los capítulos por internet ??? Estoy fuera de mi pais y no he podido ver los capítulos . Cobren pero dejen verlos

    09 jun 2016
  6. wendy

    Milagro en acacias, Humildad, la piadosa moribunda beata recupera salud y energia. De que color son las pastillitas y a que santo le rezara?????

    08 jun 2016