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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 239 - ver ahora
Transcripción completa

No, no puedo aceptarlo.

No le puedo cobrar.

La Deliciosa también quiere

solidarizarse con esta causa.

De ningún modo, no fue nuestro trato.

Yo quedé en convidarlos y así lo vamos a hacer.

Pues permítame al menos que los gastos sean a escote.

No, Juliana, bastante ha hecho usted aportando su salón.

bueno.

Comprendo que esté usted indignado

porque Cayetana esté en la calle.

No se hace idea de hasta qué punto es hiriente verla pasear a su aire,

como si fuera otra vez

la más respetada.

Lo sé.

Pero no hay avances

en la búsqueda de los cuerpos de su hermana y De la Serna.

Todo indica que no los habrá.

¿No puedo hacer nada contra Cayetana?

No sin los cuerpos.

Pero eso no quiere decir que la haya olvidado.

Tengo motivos para querer llegar hasta el final.

Me sorprende que una mujer como tú entre en el juego de Cayetana.

-Yo no entro en su juego, Leandro.

Es la segunda vez que me increpas

por esta causa.

-Lamento ser tan injusto contigo, Juliana.

Mira,

estoy seguro de que esa mujer

lo hace todo para recuperar su prestigio y..., y su poder.

-Me trae sin cuidado cuáles sean sus motivos.

Yo tengo claros cuáles son los míos,

que es ayudar a esa pobre gente.

No te preocupes, uno ha pasado tantas penurias que estoy curado de espanto.

-Tú cuenta conmigo para lo que necesites.

Los cuerpos tan grandes han de pasar tantas fatigas como los pequeños.

-Soy un hombre afortunado. -Pocos dirían eso

después de lo que has pasado.

-No saben la suerte que he tenido al conocerte.

-¿Ese quién es?

-Un periodista de "El noticiero español".

¿Quién le ha avisado de esto?

-Esos lo saben todos, señora, es su trabajo.

-Mucho me extraña, Fabiana,

de esto solo sabíamos la gente del barrio.

Alguien se lo ha tenido que decir.

-Pues ya ve usted quién puede ser.

La misma de siempre. -Leandro tenía razón.

Esta mujer me ha estado utilizando.

-A usted y a todos como hace siempre.

-Has de hacerte cargo de tus responsabilidades.

-Bueno, no me siento con ánimos.

-Pamplinas. Has de cerrar las contratas

y vigilar que nadie se pase. -Ya lo haré en su momento.

-Su momento es ahora.

Tu apatía no es excusa para que perdamos dinero.

Los intereses de la familia van antes que tus caprichos.

Sé una Palacios y no una melindres de folletín.

Bastante vergüenza pasamos ya con el chocolatero.

-No pase apuro, madre.

Me vestiré e iré a visitar a los contratistas.

No quiero que pierdan una peseta.

-Seguro que está detrás de que María Luisa me pillara con esa mujer.

-No te quepa la menor duda.

Y creo que deberíamos juntarnos para desenmascarar a esa arpía.

-Cuente conmigo para lo que sea menester.

-Vamos a destapar la verdad de doña Lourdes.

Es mi segundo intento, así que no puedo fallar.

Es menester que me acompañe a comisaría.

No tiene ninguna razón para detenerme.

Yo no he cometido ningún delito, se arrepentirá de esto.

Es el niño que sacó del hospicio.

No va a conseguir que me amilane.

David.

Parece que he acertado.

Sé que ese chaval no está aquí,

y tendrá que darme explicaciones.

Se equivoca conmigo, inspector.

Le recomiendo que no vaya por ahí.

Eso ya lo veremos.

Tendrá que acompañarme

a comisaría.

Es de una editorial. ¿Sí?

De la única que tuvo el detalle de quedarse con el manuscrito.

Por Dios, por Dios. Que les interese mi novela.

Ay.

Nada. Otra negativa.

Serán tocinos.

Ya se arrepentirán y vendrán otros

que se darán cuenta de que vales un potosí.

No me quedan muchas puertas donde llamar.

¿Te ha traído aquí Teresa, tu maestra?

No temas, chaval. Soy policía. He venido a ayudarte.

-¿Le ha pasado algo? ¿A Teresa?

No, pero la hemos detenido. Ya no volverá a haceros daño.

La señorita no nos hace nada.

Os saca del orfanato de espaldas a las autoridades. Eso no se hace.

¿A dónde os lleva? Es para que no nos peguen.

El chaval me lo ha contado todo.

Ya podría haberlo hecho usted.

¿Se aburre y le gusta que le cuenten historias?

Me gusta saber la verdad. ¿Por qué no me dijo que saca

a niños del orfanato para apartarlos de sus mayores?

Sus mayores dejan abandonadas a las criaturas de pequeños.

Una vez que levantan cuatro palmos del suelo,

pasan a recogerlos para dedicarlos a la mendicidad o a robar.

Si se portan mal, los muelen a palos.

Padres, tíos, abuelos.

Cualesquiera con su sangre, van a recogerlos

para luego tenerlos como esclavos.

Usted los saca de tapadillo del orfanato y se los da

a familias de bien. Ya lo sabe todo. ¿Contento?

Déjeme presa, deme el garrote o lo que tenga pensado para mí.

Quiero proponerle un trato.

Le dejo marchar y permito que siga con sus manejos en el hospicio.

¿A cambio de qué? De información.

Solo quiero saber cuándo saldré y qué ha hecho con David.

Está bien.

Le contaré la verdad.

David está en el mismo lugar donde lo encontré.

Esperando a ser recogido para continuar su viaje.

Usted puede marcharse cuando le plazca.

-Anda, qué broche tan bonito.

Brilla como las estrellas. -Ha de serlo.

Es de diamantes. Lo heredé de mi bisabuela.

-Entonces, debe valer un potosí.

-Sí, es lo único de valor que tengo. El resto son baratijas.

Me va a dar tanta pena venderlo.

-Señora, ¿me está diciendo usted

que ha tenido esa joya para empeñar y aun así

he estado meses sin cobrar el jornal y a sopas de ajo?

Señora, mire que si adelgazo un gramo más, desaparezco.

-¿Me cuestionas, deslenguada? Esta joya la guardaba

por si las cosas se torcían más. Si ahora me veo obligada

a venderla es por un asunto de vital importancia.

Sé que usted creció en el hospicio.

¿Es por eso por lo que se preocupa tanto de los niños?

Sí, allí me crie.

Pero antes estuvo usted acogida en un convento.

¿Cómo sabe tanto sobre mí?

¿Puedo marcharme ya? Sí. Puede irse cuando quiera.

Ay. Perdón, perdón.

Lo siento, de verdad. Tenga.

No se puede ir así. Deje que le traiga

una blusa limpia. Está bien.

Ya veo que es cierto que su sentido de la moral

es muy amplio.

Tenga.

No querrá que me quite la ropa delante de usted.

No. Perdón.

Disculpe. No era mi intención derramar el café.

Si hubiera sido a propósito, ya hubiera sido el colmo.

Bueno, es una forma de hablar. Ya sabe lo que quiero decir.

Está bien. Solo quiero salir de aquí.

No es plato de gusto estar en comisaría más de la cuenta.

No, no lo es.

Ni agradable ni necesario.

¿Se puede saber qué mira?

Lo siento.

-Entonces, ¿seguro que no oyó nada de lo que decían doña Susana

y doña Lourdes? -Sí, pero en ese chismorreo

había gato encerrado y el gato estaba maullando.

-¿Cómo? -Yo me entiendo, Víctor.

-¿Por qué cree usted que esta mujer me quiere apartar

de esa manera? ¿Qué le he hecho? -No tengo ni pajolera idea.

Me da a mí en las tripas otra vez que esta mujer oculta algo.

-¿El qué? -No lo sé.

Hemos de desenmascararla. Esta vez no puedo errar haciéndolo.

-Difícil menester es ese, doña Trini.

Ella es más lista que los linces. Se ganó a María Luisa,

a las señoras del barrio. Claro, como va de atenta,

de amable, de educada. -Sí, es perfecta en su trato

y modales. Lo sé. Impecable en su comportamiento.

-Solo conmigo perdió una vez las formas.

-Y no creo que vuelva a cometer otra equivocación. Víctor.

Debemos pensar en otra forma de saber qué pasa en esa casa.

-Ya me dirá usted cómo.

-Creo que se me acaba de ocurrir algo.

-¿El qué? -Tú deja que yo lo resuelva.

Y ahora ve. Ve, que no sospechen. -Voy, voy.

-¿Qué, Fabiana? ¿A por agua?

-Pues ya ve usted. -¿Has visto cómo ha refrescado?

Y parece que ahora viene calima. -Sí. Eso parece. Sí.

-Y doña Cayetana, qué oportuna ayudando a los soldados.

Qué mujer. La de virtudes que le dio Dios.

-A la que parece que no le dio tantas virtudes es a usted.

Al menos, la del fingimiento y el disimule.

-¿Tanto se me nota?

-Y más. A ver. ¿Qué quiere de mí, señora?

-Háblame de doña Lourdes, Fabiana.

-¿Hablarle de qué? -Ayer las vi a ella

y a doña Susana hablar en la sastrería.

Me da que esos dos se traen algo. -¿Algo de qué?

-Relacionado con que María Luisa y Víctor

hayan roto su compromiso. ¿No crees que tras esa desgracia

está la mano de tu señora? -Yo no sé nada de nada.

-¿Y no crees que doña Lourdes oculta algo y engaña a todos?

-Sabe de sobra que no puedo hablar de lo que pasa dentro de la casa

en que faeno. No son asuntos de parlotear.

-Ay, Fabiana. Lo sé. No te lo pediría

si no fuera un asunto de enjundia. Fabiana.

Está en juego la felicidad de María Luisa.

Y la de Ramón. Lo único que quiere en el mundo

es ver a su hija contenta. -No sé yo, señora.

Está malamente meterse en los asuntos de los señores.

-Fabiana, me lo debes.

¿Quién te recogió cuando doña Cayetana te echó a la calle

y no tenías donde caerte muerta? -Usted.

-¿Cuántas veces me dijiste que te hice un favor tan grande

que me estarías siempre agradecida? -Muchas, muchas veces.

-Pues Fabiana. Llegó el momento de devolvérmelo.

-¿Qué me dice usted, señora? Que lo hago o lo hago, ¿no?

Que no me queda otra cosa que hacer.

-Que no, Fabiana. No. No es eso, mujer.

Si no quieres, no me digas nada. Te lo pido por favor.

Con el corazón en la mano, Fabiana. Necesito que me ayudes.

¿Me ayudarás en esto sí o no?

Marcho. Solo una cosa más.

¿Qué más quiere de mí? ¿Echarme otro vistazo?

Que me responda a una pregunta.

Cualquiera diría que lo que quiere es retenerme contra mi voluntad.

¿Por qué querría yo hacer eso? Usted sabrá si hay motivo oculto.

¿Cómo se hizo la cicatriz de su abdomen?

Sí que ha mirado a gusto. ¿Y bien?

Con el debido respeto, usted y yo no tenemos amistad.

No he de contarle nada sobre mi pasado o sobre mi vida.

Si esa es la clase de información de la que me hablaba,

olvide el trato.

Tengo motivos de sobra para tenerla en comisaría

el tiempo que me plazca por lo que hace con esos niños.

¿Va a hacerlo usted?

Entonces, con Dios.

Espero no volverle a ver nunca más en mi vida.

Aunque sé que eso sería mucho pedir.

¿De vuelta a casa?

Parece que se ha quedado la noche fría, ¿eh?

-Sí. Don Maximiliano.

Deténgase un momento, por favor.

Quiero hablar con usted. ¿Hablar de qué?

Ya sabe de qué. Ayer dejamos una conversación

a medias. No dejamos a medias nada.

Ya me dijiste lo que debías. Sé de sobra tu opinión.

¿Qué más quieres de mí, Pablo?

Piense en su hija cuando esté a punto de perder todo apostando.

No voy a perder nada. Eso usted no lo sabe.

Tengo todo controlado. Lo que tiene es un vicio.

Como esos que fuman opio. Se sabe bien que la única forma

de controlarlo es dejándolo de repente y radicalmente.

Deja de tratarme como si tuviera tres años.

Métete en tus asuntos, Pablo. Eso es lo que estoy haciendo.

Usted es asunto mío. Y su mujer también.

Son los padres de mi esposa. Eso será así para siempre.

No crea que le quiero fastidiar,

pero sabe que Leonor le quiere más que a nada en este mundo.

¿Sabe lo triste que se pondría si se enterara de que apuesta?

¿Sabe la decepción que se llevaría si se enterara de la noticia?

Yo también quiero a mi hija. ¿Por quién me tomas?

Pues ahora tiene la oportunidad de hacer algo por ella.

¿El qué?

Deme todo el dinero que ha ganado en las apuestas.

Démelo antes de que empiece a perder.

¿Para qué? ¿Quiere o no ayudar a Leonor?

Pues haga lo que le pido, por favor.

-Tenías razón, Leandro. Esa mujer lo único que quería

era llevarse los méritos y la gloria.

Mira. Ella, ella y solo ella es la protagonista de todo esto.

A esa mujer le da igual el hambre, las necesidades de la gente

y todos los ejércitos de soldados de la ciudad.

A esa mujer solo le importa ella misma. No estaba ayudando

a los soldados por altruismo. Solo lo hacía para darse bombo

y que se hablara de ella. -Para recuperar su nombre.

Y el poder que tenía antes. Cayetana no hace nada

si no recibe nada a cambio.

Me molesta que la vinculen con Germán.

"Cayetana Sotelo Ruz, una de las principales limosneras

de la ciudad. Un alma caritativa.

Aunque ella no piensa dejar a un lado su labor, exige al Estado

que dé respuesta a estos hombres que se jugaron la vida por el país.

La gente de buen corazón debe alzar su voz contra esta injusticia".

-Me ha estado utilizando, Leandro. Lo que hemos hecho por los soldados

lo podíamos haber hecho perfectamente sin su ayuda.

Vamos, que no la necesitamos para nada.

-Bueno. ¿Y qué más da quien se lleve la gloria?

Tú tenías razón, Juliana. Aquí lo importante es

quién se beneficia de todo esto. -Eso sí es cierto.

-Esta gente está comiendo caliente. ¿Qué más da el responsable?

-En fin, pues a eso me voy. A seguir dándole de comer

a esta pobre gente.

-Guadalupe, Pablo.

Cayetana. Sale en la portada del periódico.

-Es lo único que buscaba. Ya lo ha conseguido.

Menuda bruja. No hace nada que no le reporte beneficio.

Ayer fui a ver al inspector San Emeterio a la comisaría

para que me dijera cómo va el caso.

-¿Y? Sigue sin fiarse de nosotros.

Es un tipo listo. Eso ya lo sabíamos.

Pero tampoco se fía de doña Cayetana.

Ayer me aseguró que aunque esté libre, no va a dejar el caso

de ninguna de las maneras. -Por muy listo que sea ese hombre,

Cayetana podría ganárselo. Siempre se sale con la suya

y llevándose a todos a su terreno. Y para muestra,

lo que ha hecho con Fabiana.

-Guadalupe, ¿aún siguen sin arreglarse?

-No. Aunque parece que últimamente Fabiana hace un esfuerzo

porque haya un acercamiento.

Hay que ver lo que Fabiana quiere a Cayetana.

Es devoción lo que siente por ella.

-Guadalupe, debería hacer un poder por limar las asperezas.

Que su amistad no la estropee Cayetana.

-Solo te digo que podríamos salir de vez en cuando de Acacias.

Qué hartura. No nos vendría mal pasear por el centro alguna vez.

-Tienes hartura de que Cayetana vaya de bondadosa con los soldados.

Arrea. Pues venga.

Échate unos buenos aceites y acicálate de lo lindo.

En un rato voy a buscarte. -Ya voy. Qué premura.

-¡Hasta ahora, Celi!

¿Y bien? -¿Y bien qué, señora?

-Pensé que venías a contarme alguna novedad o algo había pasado.

Dejo un traje a doña Susana de don Ramón para cogerle el bajo.

-Oh. ¡Recórcholis!

-¿Preferiría acaso que algo malo hubiera pasado en esa casa, señora?

-No, mujer. Tampoco es eso.

¿Seguro que no pasó nada raro?

-No. -¿Tampoco ha tenido doña Lourdes

una actitud sospechosa?

-No, no. -¿Ni recibieron visitas raras?

-No. En la casa todo sigue normal. Todo tristón, eso sí es verdad,

pero normal. Doña Lourdes anda liada

con la tarea que le encomendaron a la señorita María Luisa.

-¿Su tarea? -La reforma que le encargó el padre

que apañara, pero claro. La chiquilla como tiene la cabeza

en el asunto de Víctor, no tiene ganas ni de chuflas

ni de apañar nada de nada. -Ya.

O sea, ¿doña Lourdes le ayuda con la reforma?

-Sí. Y sobre todo, con los asuntos de los números

y las cosas de dinero. La niña no es muy espabilada

para esos menesteres. Se sacaría el título ese no sé cómo

porque hasta la madre va a hacer recados a la obra.

-Entonces, parece que Lourdes se implica mucho en la reforma.

-Eso parece, sí. -Pero mucho, mucho.

-Por el bien de su hija, señora. Para no fallarle al padre

y no acabe regañándola, digo yo.

-Señoras, ¿de paseo? -Mal estaríamos

si fuéramos de faena con aceites encima

y tan preciosos ropajes.

-Bello detalle tuvo usted con los soldados, doña Juliana.

La felicito. -La verdad es que esa gente

no cesa de darme las gracias. Lo debieron pasar realmente mal.

-Sin duda. ¿La podemos ayudar en algo?

Andamos con un poco de premura. -Pues la verdad es que me gustaría

hablar con usted a solas.

-La espero dentro, madre. -¿Y de qué naturaleza

es el asunto que no se puede tratar delante de mi hija?

-Me gustaría disculparme en nombre de mi hijo.

Si creen ustedes que ha hecho algo que las haya podido ofender.

-¿Si creemos? -Sí. Es que estoy segura

de que todo esto forma parte de un terrible malentendido.

-No estaría yo tan segura de eso.

-Ya. Bueno. En cualquier caso,

ruego perdonen a mi hijo. Y a mí misma.

Estoy segura de que si hablamos sobre el tema,

llegaremos a un entendimiento y se aclarará todo este entuerto.

-Nada hemos de hablar. Está todo muy claro, doña Juliana.

Desde luego, nada hay que perdonar. Gracias a Dios, el compromiso

no ha sido tan longevo como para haber ofensa

o hayamos de arrepentirnos de nada en absoluto.

Cada uno puede seguir con su vida y tan divinamente.

-Pero... -Buenos días, doña Juliana.

-María Luisa.

-¿Cómo lo consigue usted, doña Trini?

¿Cómo ve pasar cada día al amor de su vida y hacer

como que no lo conoce?

-Te diría que todo pasa, pero te estaría engañando.

Cada día es peor y más triste, Víctor.

-¿De verdad lo dice usted? -Pero todo se arreglará.

Verás cómo desenmascaramos a esa mujer y María Luisa al final

se acabará dando cuenta de que todo fue un embrollo.

-¿Y cómo se supone que vamos a hacer eso?

-Pues no andamos por mal camino. ¿Sabes qué me dijo Fabiana?

-¿Qué? -Que Lourdes ayuda a María Luisa

en la reforma, la que le encargó Ramón, y que está muy preocupada

por el presupuesto. ¿No te parece eso extraño?

-Ahora que lo dice, por eso estaba tan preocupada con el asunto.

No quería que ayudara a María Luisa con el menester.

-Lo sabía. -¿A santo de qué hace algo así?

¿Por qué? -No lo sé.

Algo quiere. Doña Lourdes es muy tradicional.

Animar a María Luisa a trabajar con hombres no me cuadra.

-Y por eso estaba tan empeñada en que yo no me metiera

en cuentas y presupuestos.

-No sé qué, pero hay algo aquí, Víctor, que me huele muy mal.

-De todas formas, necesitamos pruebas. No podemos acusar

a alguien sin ton ni son.

-¿Y no se te ocurre cómo?

-A lo mejor sí que se me ocurre. Cuando ayudaba a María Luisa,

hice muy buenas migas con el capataz y otros obreros

de la obra. Si hay algo raro, a lo mejor me lo dicen.

(MONJA) -¡Fin del recreo! ¡Fin del recreo!

-Le digo que no puede usted pasar.

Otra vez usted. Veo que se alegra de verme.

He intentado evitarlo. Este hombre ni tiene modales

ni atiende a razones. No se preocupe, madre. Ya lo sé.

No hace ni 24 horas que nos despedimos.

Sabía que no iba a tener tanta suerte como para no verle

nunca más, pero no pensé que fuera a ser tan pronto.

¿Qué le ocurre? ¿No puede vivir sin mí?

Estuve pensando y no es justo que yo sepa cosas suyas

y de su pasado y no le haga partícipe.

Si es por eso, no se apure. Váyase tranquilo.

Si hubiera querido saber algo, ya le habría preguntado.

Creo que ha de saberlo. Está en su derecho.

No quiero hacer uso de él. ¿Por qué?

¿Por qué qué? Si alguien me dijera

que sabe algo de mi pasado, querría saber de qué se trata.

¿No tiene curiosidad? Ni la más mínima.

¿Qué teme de su pasado, Teresa, para no abrir esa puerta?

No temo nada. Sencillamente, no me interesa.

¿Quiere algo más? Teresa debe volver a clase.

No puede retenerla más tiempo. Quiera o no quiera,

le interese o no, usted y yo hablaremos

de ese pasado al que tanto teme y del que no quiere hablar.

Y vamos a hablar ahora.

¿Cómo se hizo esa cicatriz que tiene en el abdomen?

Buenos días. Soy Cayetana Sotelo Ruz.

¿Es el periodista que quería entrevistarme?

-Encantado.

No sé por qué su periódico quiere entrevistarme de nuevo.

Ya dije todo lo que debía. No quiero dar más bombo.

No soy yo la protagonista, sino estos pobres soldados

que pasan hambre y están olvidados de la mano de Dios tras luchar.

-Madre. -Hola, hijo.

Comentábamos que Cayetana es una santa. Hay que ver lo mucho

que hace por estas personas. ¿Y Celia? Me ha extrañado no verla

al lado de Cayetana en todo esto. Ella que siempre se preocupa tanto

por las clases más desfavorecidas. -Más le preocupa a mi esposa

la crianza de mi hijo. Bien sabe que un hijo

quita mucho tiempo a una madre. -Es verdad. Cuando Leandro tenía

la edad de Tano, yo no daba abasto.

Ah, Teresa. Mira, las capas que me...

-Felipe. Espero que esto no se convierta

en el resurgimiento de Cayetana. -¿Acaso lo duda?

-Debió hacer más por demostrar la culpabilidad de esa endriaga.

Se lo debía a Germán. Usted también era su amigo.

-Y el suyo. La culpa es de usted por no contarme toda la verdad

y hacerme partícipe del asunto. Y eso que se lo pedí varias veces.

-Sea como fuese, esa mujer se saldrá con la suya de nuevo.

Y recuperar su prestigio, su resplandor y el poder de antes.

¿Qué preguntas son esas? ¿Qué trata de hacer?

¿Vilipendiarme? ¿Difundir falsos rumores

sobre mi persona? -Solo quiero esclarecer la verdad.

¿Fue acusada del asesinato de su esposo?

Y nada se demostró. ¿Y corría el rumor

de estar relacionada con envenenar a su hija Carlota?

¿Fue así? ¡Cállese!

Usted no tiene escrúpulos. No permitiré que difunda

falsos rumores sobre mí y manche mi buen nombre

por querer vender más periódicos.

Esta entrevista ha terminado.

¿Y bien? ¿Se ha quedado sin palabras?

¿Necesita que le repita la pregunta?

¿Cómo se hizo la cicatriz de su abdomen?

No es decoroso hablar del abdomen de una mujer.

No es interés romántico. No se confunda,

pero vi esa cicatriz por casualidad.

Creo que sé cómo se la hizo. ¿Por casualidad?

Empiezo a dudar que no tirara usted el café a propósito.

¿No me ha oído? ¿Recuerda cómo se hizo la cicatriz?

¿Recuerda cuándo? -Teresa.

Fue una época anterior a la llegada del hospicio.

¿Estás bien? Fue antes siquiera

de la acogida en el convento. Ha de acordarse.

De pequeña, hubo un accidente. ¿Recuerda el accidente?

Antes del accidente, tuvo una intervención quirúrgica.

Apendicitis. ¿Eso tampoco lo recuerda?

De ahí la cicatriz. Debe acordarse, Teresa.

Tuvo horribles dolores antes de la intervención.

Vamos, haga memoria. No lo recuerdo.

Imposible que olvidara ese dolor. Teresa, era una niña.

Debió parecerle una pesadilla.

La intervención se la practicó el doctor Néstor Viejo.

¿Le suena ese nombre?

Teresa, Teresa. ¡Basta! ¡Cállese!

¡Márchese fuera! ¡Déjeme en paz! Teresa, estoy aquí para ayudarla.

¿Qué le asusta tanto? ¿Por qué no quiere hablarlo?

¿Por qué no lo intenta? ¿No me ha oído? ¡Váyase!

¿He de echarle a empujones? ¡Váyase!

No, no es necesario. Conozco el camino.

No se confunda.

Esto no ha quedado aquí.

Volveremos a hablar del tema.

(Gritos)

-Ay.

-¿Le sirvo el té aquí, señora? -Sí, sí. Sí, sí.

Casilda, Susana me ha contado que esta mañana en la chocolatería

un periodista puso verde a Cayetana

y que desde entonces no sale. Ni siquiera se la ha visto

en la merienda de los soldados. -¿Y qué le hizo el periodista

para cogerse tamaña calentura? -Preguntarle por la acusación

en el asesinato de su esposo y su implicación en la muerte

de su hija. -Hablar de los trapos sucios

de una nunca es de buen gusto. -Eso no le pasaría

si no quisiera siempre darse bombo.

(Puerta)

-¡Oh! ¡Ay!

Señora, tiene usted visita. -Doctor Malía.

¿Qué hace aquí? No sabía que supiera mi casa.

-No es ningún adivino uno. Está en su ficha de paciente.

¿Recuerda? La rellenó el primer día que vino.

-Sí, sí. Claro. De verdad. Es que iba a salir ahora

por recados. No puedo atenderle. -No. Si será solo un minuto.

Venía a verla porque me dejó muy preocupado el otro día

tras visitar mi consulta. Como estaba por el barrio,

pues me he decidido a visitarla. -Es usted todo amabilidad.

Justo ahora salía. Casilda, mi sombrero.

-Mientras se lo pone, tenemos tiempo para hablar,

que ya sé cómo son las mujeres para acicalarse.

Solo me preocupo por mis pacientes. ¿Cómo van sus cavilaciones

acerca de su operación? ¿Concretamos ya una fecha?

-Nones. Aún le doy vueltas a todo. -¿Y por qué darle tanto al magín?

-Es una decisión muy importante y de por vida.

Cuando me opere, no puedo desoperarme, digo yo.

-Sí. Dice bien. Si es así, la comprendo.

Es más, la animo a que se deje la cara como Dios se la dio.

-¿De verdad lo cree? -Claro, por supuesto.

Roza usted lo perfecto y magnífico.

Del uno al diez, le pondría un... -¿Un once?

-Ocho.

-¿Ocho? -Nadie es perfecto.

-Pero yo quiero serlo. -La perfección es muy difícil

de alcanzar. -¿Cuán difícil es?

-En su caso, sería coser y cantar. Roza usted lo sublime

y magnífico.

¿Me permite? -¿Qué cosa va a hacer?

-Será solamente hacerle un par de dibujitos

para que vea los retoques a hacer para convertirla en una diosa.

-Casilda, el señor ha ido al club, ¿verdad?

Pues dele al lapicito, pero rápido.

-Por favor. -Ah.

-Mira.

-Uno a uno. Pónganse en fila. -No se alteren ustedes.

Hay para todos. ¡Por favor!

-Es el hambre, Paciencia. Aprieta mucho.

-¡Un momento! -Qué sinvergüenzas las señoras.

Solo vienen a hacerse la foto y cuando hay trabajo, mutis.

-Sí. -¡Por favor!

-¡Firmes!

¡Todos a una fila de uno sin rechistar!

¡Bajo techo se descubre uno!

Así. -¿No había más medallas

que ponerte encima? -¿Y qué le hago? Si me favorecen

las condecoraciones. Como nacer con ellas.

-Te favorece, querido, es cerrar el pico

y arremangarte para ayudar. -¿Qué te crees que hago?

Poniendo orden con clase y con distinción.

-Y yo que pensaba que hacías el tonto.

-Eso es porque no tenéis ni idea de asuntos del ejército.

Ya os lo dicho. Porque no quise. Si llego a querer

y sigo con la carrera militar, yo a estas alturas

sería sargento comandante o teniente. Vaya usted a saber.

-Haga lo que sea menester, Servando, pero ponga orden

en estos soldados. Se desmadran con facilidad.

-Arrea, no le anime usted. Ya tenemos bastante.

-Tú, Paciencia, a callar. Usted, doña Juliana, a escape.

¡Y usted, soldado, firme! ¡Y salude! ¡Ahí!

¿Qué? ¿No me había escuchado?

¿Quiere que le convoque a un consejo de guerra?

-Santa María. Ha creado un monstruo.

-Ese pelito, leche.

-Ay.

-Y bien. Cortamos un poquito por aquí

y levantamos los pómulos otro poquito.

Y... "Et voilà".

-Dios Santo. ¿Todo esto debe hacerme para hacerme ser un diez?

-Es un poco aparentoso. Se trata solo de dos detalles.

-No sé lo que será, pero sí lo que parece. Obra de ingeniería.

-¿No se le ha ido a usted un poco la mano con el carboncillo?

-¡Oh, mi esposo! ¡Salga por la puerta de servicio

para que no le vea! -No hacemos nada deshonesto.

-El señor no entenderá que está a solas con su esposa.

Acompáñeme.

-Maldita cerradura. Cada día está peor.

¿Qué pasa aquí? ¿Nadie sale a recibirme?

¿Se puede saber qué haces, Rosina? -Es una técnica francesa

para abrir los poros y alisar el cutis.

-Ay. Tú y tus chaladuras. Anda, ve a quitarte

eso de la cara a escape, por Dios. -Sí.

¡Oh!

¡Oh!

-Los niños ya se han acostado.

Les ha gustado mucho que cenaras con ellos en el comedor

y que les contaras un cuento.

A mí también me ha hecho mucho bien.

Sin embargo, tú apenas has comido nada.

No tenía mucho apetito.

No tienes buena cara, hija. ¿Por qué no duermes aquí hoy?

No se preocupe, madre. Estoy bien. No, no estás bien.

La conversación con ese policía te ha trastocado en gordo.

No es eso. No. Sí, hija. Sí es eso.

Las dos lo sabemos. Él quiso indagar en tu pasado

y eso a ti siempre te produjo mucho desasosiego.

¿Por qué no miras y ves qué hay ahí?

No quiero, madre. No sé. Quizá necesitas eso.

Plántale cara y ve qué hay en ese pasado

que te hace tanto daño. De verdad, no me apetece

hurgar en el pasado. Quizá es eso

lo que necesitas. Digo que no, madre. No insista.

Lo siento, solo... No, ya sé. Ya sé, hija. Ya sé.

No tienes nada que lamentar.

Mira, solo te pido una cosa.

Quédate esta noche y te vas mañana.

Hija, es que no puedes ir por ahí así tan triste y sola.

Venga, esta noche solo, ¿vale?

No me dejará irme, ¿no? No.

¿Le apetece un té? Sí.

-¿Le parece a usted que me vaya con la música a otra parte?

Quiero ir a llevarle unos chocolates a una amiga

que ha tenido una criatura. -Sí, pero antes, ten.

-¿Qué es eso? -El broche de mi bisabuela

que te enseñé ayer. Ve al Monte de Piedad

y véndelo. No puedo ir. Exponerme a que alguien me vea

sería una vergüenza. -¿Seguro que quiere hacer esto?

-Sí. Necesito el dinero para la operación

del doctor Malía. No veo otra forma.

-La forma es asumir que el tiempo pasa para todos.

La cara cambia, lo cual es normal

y es ley de Dios. Además, que aunque eso pase,

usted sigue estando guapa y resalada. No se toque nada.

-Ya me lo dirás cuando tengas mi edad.

Eres muy joven, Casilda. Mírate, apenas una niña.

No lo entiendes.

-Doña Rosina, yo no tendré mucho seso,

pero sí tengo dos ojos y una boca para decirle a usted

que se equivoca de cabo a rabo.

Es una mujer muy hermosa y linda.

Y más rebonita que muchas jovenzuelas.

¿A qué quiere cambiarse nada?

-¿Puedo confiar en que venderás el broche y me traerás el dinero

sí o no?

-Sabe usted que sí. -Pues arreando.

-Venga, otra vez. -Pero si siempre me ganas.

-Ande, doña Trini. Juegue conmigo. ¿Dónde está?

-Aquí. -Perdió de nuevo, doña Trini.

-Algún día deberás decirme cómo lo haces.

-Cuando usted se case conmigo.

-Tanito, déjate de requiebros y tira a tu casa a cenar.

Tus padres deben estar esperándote.

-Mi padre tiene una cita y mi madre no cenará sin él.

Seguro que le espera.

-Doña Trini, no sabe de lo que me he enterado.

-Tano, cariño. -Sí, que sí.

Ya me marcho.

No se apure usted.

-Bueno, ¿qué? ¿Has ido a la obra?

-Y he hablado con el capataz. -¿Y?

-Y tenía usted toda la razón. Doña Lourdes fue mucho últimamente

y queriendo hacer cambios. -¿Qué tipo de cambios?

-Al parecer, quiso cambiar materiales de envergadura

por otros de peor calidad. -Y más baratos. Como si lo viera.

-¿A que no sabe quién se queda con la diferencia?

-Lo sabía. Era raspamonedas... -A mí hay algo que no me entra.

Don Ramón es un hombre de posibles y además es muy generoso.

Si su esposa necesita dinero, él le prestaría el que necesitara.

-A no ser que no pudiera decir para qué es.

-¿Para qué lo necesita? ¿Qué oculta esta mujer

que ni se lo dice a su esposo? -No lo sé, Víctor.

Eso hemos de averiguar. Esta vez no puedo fallar.

No podemos decir nada de lo que sabemos hasta saber

a qué juega doña Lourdes. -Sí.

Debemos estar muy, muy seguros de ello.

-Mucho. -Absolutamente.

-Martín, ¿se puede saber por qué me diste embuste

como una tonta del bote? -¿De dónde vienes tan tarde?

-De ver a una amiga que ha tenido un rorro.

No me cambies de tema. ¿Qué haces aquí? ¿No me dijiste

que tenías sitio en la iglesia? -Y lo tenía.

Al final, preferí pasar la noche bajo la luz de la luna

y las estrellas. -Sí, y con un frío de agárrate

y no te menees. A mí no me la das con queso.

-No te quería preocupar. -¿Estás loco?

¿Tú sabes el frío que hace? Y además no tienes una manta

para echarte encima. -Tengo un saco

y me basta y me sobra.

-¿Por qué no me contaste nada? -Debe ser la falta de costumbre

de que alguien se preocupe por mí.

-Si sigues a la intemperie, te quedarás pajarillo, hombre.

-Venga, que no es para tanto. Uno es recio, pequeñina.

-Estás majareta si piensas que te dejaré aquí.

-Pero Casilda... -Ni peros ni peras.

Te buscaré un sitio donde dormir y punto redondo. Vamos, Martín.

-¿Por qué está tan convencido de que Teresa es quien busca?

Tengo un pálpito. Algo más tendrá usted.

Ciertamente. Estuvo acogida en el convento

cercano a la casa de los Sotelo Ruz

y tiene una cicatriz en el abdomen.

Cicatriz que demuestra que fue operada de apendicitis.

¿Casualidad? Lo dudo.

¿Le preguntó usted por esta cicatriz?

Pero se niega a hablar de su pasado.

¿Y eso por qué? Algo hay en él

que le impide echar la vista atrás y adentrarse.

Le atormenta sobremanera. ¿Qué puede ser?

No lo sé, amigo. Si la conociera...

Esa mujer emana fortaleza.

Cuando te mira, es como si te estuviera retando

con tan solo un pestañeo. A la vez tiene algo vulnerable

que te apetece proteger.

Y otras te apetece estrangularla.

Salió adelante sola, sin el mundo de su parte.

Es maestra, ¿sabe? No le importa jugarse

su propia seguridad por ayudar a los niños del hospicio.

Tan solo su pasado parece atormentarle.

¿Por qué será?

Le pregunté y le cambió hasta el gesto.

¿Le cambió? ¿Qué quiere usted decir?

Se convirtió en un ser desvalido.

En alguien que necesita protección, como si fuera

un animal herido al que hay que curar.

Entiendo lo que quiere decir.

¿Qué habrá en su pasado que tanto le atormenta?

No lo sé, pero creo que en usted hay algo más que simple curiosidad.

¿En mí? Mauro.

¿No se estará obsesionando con esa mujer?

Lo único que me obsesiona es resolver el caso, Felipe.

Está bien. En ese caso, no insistiré más.

Solo quería ayudar. ¿No es eso lo que hacen los amigos?

Don Mauro, ¿no cree que en el tiempo que hace que nos conocemos

hablamos poco de nuestros asuntos personales?

Ciertamente, amigo.

Poco sabemos el uno del otro aparte de lo que opinamos

al hilo de los casos que nos atañen. Sé que está casado.

Sí. Y adoptó un chico hace poco.

Así es. Tano.

Con él llevo el equilibrio y la paz a mi hogar.

¿Quién me lo hubiera dicho tres meses atrás?

¿Y usted? ¿Yo qué?

¿Alguna mujer? ¿Tiene esposa esperándole en casa?

¿Tiene hijos? Nunca me cuenta nada

de su vida familiar. No tengo vida familiar.

Le recuerdo alegre y animoso. Optimista y bullanguero,

pese a su pasado, pero ahora algo ensombrece su mirada.

La gente cambia, Felipe.

Sobre todo cuando ocurrió algo.

¿Qué ha cambiado en su vida, amigo?

Se está haciendo tarde.

Parece que Teresa no es la única que no le gusta hablar

de su pasado. Gracias por el cigarro, Felipe.

A usted por la conversación.

Y disculpe si le molesté con mis preguntas.

(Oraciones)

(Gritos de auxilio)

¡Ah!

-¡Hija, gritabas!

Ay. Solo fue un mal sueño, cariño.

Había fuego, madre. Llamas.

Gritos. ¿Qué era, madre?

¿Por qué han tenido que volver las llamas a mis sueños?

No sé, hija. No sé. Quizá fui demasiado dura contigo.

No debí animarte a recordar. Algunos recuerdos

se deberían quedar enterrados para no hacer daño.

No quiero volver a tener ese sueño.

No quiero volver a ese incendio.

Verme entre las llamas. No quiero.

No, no va a volver. No va a volver. Yo te lo prometo, cariño.

No va a volver.

Ay.

-Desayune, vístase y salga a la calle con la cara bien alta.

No, prefiero quedarme en casa. No tengo fuerzas

para salir y aguantar miradas reprobatorias de vecinas.

No hable así, señora. No se deje vencer.

Es culpa mía que se atrevan a tratarme con tal desdén.

He sido demasiado blanda con ellas. Debí hacerles pagar

el que me dieran la espalda cuando fui detenida.

Se equivoca. Actúa usted como debe ser.

Ha de recuperar sus simpatías y volver a ganarse su confianza.

Solo entonces podrá golpearlas con más fuerza.

La venganza sabe mejor si se sirve fría.

Hay algo que ardía en deseos de mostrarle.

Esta es la portada que elegimos para la novela.

-"Servir y callar", de Leonor Hidalgo.

¿Qué le parece? ¿Qué me va a parecer?

Mi buen Pablo, me encanta. Verá cuando la vea Leonor.

Ayer estuve en la imprenta más barata de la ciudad

y con el dinero que me dio nos prepararán cien ejemplares.

-Estas telas criaban polvo en el almacén.

No tienen ningún valor ya. -Ahora ninguno.

En el fondo me da pena Cayetana. Mírala, después de todo

lo que dijeron de ella en los papeles y ahí está,

ayudando como si tal cosa. Tan entera.

-La verdad es que me parte el alma que la critiquen tanto.

La de barbaridades sobre ella. -Las que se merece.

Y hasta diría que se quedaron bien cortos.

-Señora, ha de venir conmigo.

Hay un mozo esperándola en casa. Trae un telegrama para usted.

¿Un telegrama? ¿De quién? Lo envían de palacio.

Su Majestad la Regente en persona.

-¡Ah! ¡Un hombre! -¿Y eso? ¿Una rata muy grande?

-Lolita, detente. No le escalabres.

-Suéltame, que le dé su merecido.

Seguro que es un ladrón o algo peor.

-Casilda, tus amigas son de armas tomar.

-¿Casilda? ¿Es que acaso te reconoce este armario ropero?

-Ay, tome. El primer plazo acordado para la operación.

-Me alegra ver que al final tomó la decisión correcta.

-Espero que así sea. Me pongo en sus manos.

-Doña Rosina, el sobre es lo que no termina usted

de soltar de las suyas. -¡No me había dado cuenta!

Puede contarlo si quiere. -No, no. En absoluto.

No es necesario. Confío plenamente en usted.

Túmbese en la camilla.

Gumersinda, proceda. Va a recuperar

todo su esplendor.

No lo dude.

Me hubiera gustado oírlo de boca de Rosina.

Me extrañó mucho que no viniera. -Discúlpala.

Está un poco apocada. Además aseguraba tener que atender

un compromiso que no podía eludir. Algo de enjundia ha de ser.

Conociendo su interés por asuntos ajenos, es de suponer

que se morirá de ganas por saber de qué trata

el telegrama que he recibido de palacio.

-Bueno. Lo cierto es que yo también siento curiosidad.

Espero que sean buenas noticias.

Compruébalo tú misma.

-A la fuerza se te debió ablandar la mollera.

Mira que meter a un hombre aquí. Hubiese preferido una rata.

-Templa, Lolita. Ya te ha oído. No es sorda.

Casilda, ¿acaso has olvidado ya las normas del altillo, mujer?

¿Eh? Está más que prohibido que los hombres duerman aquí.

-Ya lo sé, señora Fabiana, pero es que Martín

se estaba helando de frío a la intemperie.

¿Cómo iba a dejarlo allí fuera? -Nos podrías haber creado

grandes prejuicios, Casilda. ¿No te das cuenta?

Júranos que no volverá a ocurrir.

-¿No pensarás marchar a la calle con ese peinado tan descuidado?

-Madre, no me pida más. No se imagina el esfuerzo titánico

que me ha costado tan solo vestirme.

-Ese canalla te ha causado mucho sufrimiento.

-Y no se imagina usted cuánto.

Me cuesta tanto entender su comportamiento.

Quizá si hablara con él y escuchara sus explicaciones.

-Por encima de mi cadáver. Nada debes escuchar de ese bellaco.

-Pero, ¿y la reforma?

Hay muchas cosas que resolver.

Padre depositó toda su confianza en mí y no quiero fallarle ahora.

-Pierde cuidado. No lo harás. Yo iré y me ocuparé de todo.

Tu padre no tiene por qué saberlo.

-¿Cómo pretende que registre las cosas de doña Lourdes,

mi señora? -Fabiana, cómo no lo sé.

Solo te pido hacerlo. -¿No comprende usted

que le debo una lealtad a esa familia?

-Por la lealtad que les mereces te lo pido.

Fabiana, hazlo por Ramón y por María Luisa.

-Nones. No puedo hacerlo. Va en contra de lo que me enseñaron

porque una será pobre, pero honrada y no se hace mal donde sirves.

-Está bien, Fabiana. Está bien.

Tienes razón. -Claro.

-Si tú no puedes hacerlo, pues lo haré yo misma.

-¿No es algo temprano para beber? -No creo que las horas que yo beba

te incumban. -Sí me incumbe lo que se comente

de ti en el barrio. En nada nos beneficia

que se rumoree sobre tu recién adquirida afición a beber.

-Y a mí en nada me importa lo que digan o dejen de decir.

-Pues debería, aunque solo sea por tu hija.

Tras lo ocurrido con el tal Víctor, no precisa de otro escándalo.

Yo hice un trato.

Les permitía continuar con sus prácticas poco legales

con sus acogidos a cambio de cierta información.

-Esa información está en su pasado.

Esa información podría cambiar su vida.

Quizá no quiere que cambie.

¿Y no sería mejor que eso lo decidiera ella?

Ayúdeme a poder contársela.

Que entonces, sea Teresa quien decida

si olvidarlo o seguir hasta el final.

Hasta saber toda la verdad.

-Agradecida, Trinidad. -No hay de qué.

Vamos a ver qué guardas.

¡Oh!

Yo di con usted a través de otro caso.

En mi proceso descubrí cosas de su pasado

que creo que quizá usted no conoce.

¿Qué puede contarme de mí misma que no sepa yo?

Ahora lo verá.

¿Y estas niñas?

¿Acaso no la reconoce?

Una de ellas es usted.

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Acacias 38 - Capítulo 239

18 mar 2016

Trini intenta tener a Fabiana como aliada para desenmascarar a Lourdes. A la criada se le escapa que Lourdes se está haciendo cargo de los negocios inmobiliarios que Ramón dejó en las manos de María Luisa. Víctor confirma a Trini que Lourdes está robando dinero de la obra. Mauro acude al hospicio para volver a intentar que Teresa hable de su pasado, pero la maestra no está dispuesta a escucharle. Su pasado es algo tan doloroso que lo tapa con el olvido.

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  1. Imma

    Ole por los guionistas. Al desaparecer German y Manuela creí perder el interés por la serie, pero le ha dado una vuelta impresionante! Se estaba haciendo demasiado empalagosa y ahora..... Se agradece el toque de misterio. Genial

    06 abr 2016
  2. Stela

    Es todo un injusticia kbManuela y Herman han sido asesinadoa. La serie e menos atractiva sin ellos

    29 mar 2016
  3. claudia

    ña herencia de justo es para familia de manuela, o realmente se lo dejo a cauetana? la herencia de justo debe aer de la familia manuela o realmente se lo dejo a cayetana?? la reyna despues despreciar a cayetana ahora la busca- no entiendo. so creen qie manuela y german se fueron a cuba por el tiempo no han mandado nada que diga llegaron bien--- los pasajes se quedaron casa tia de german. nadie fue a ver??! hay muchas interigantes

    26 mar 2016
  4. Susana Lache Mendez

    hely espana esta cerca a italia quando kieras venir hasme un timbro te ospedo yo sin problemas!!! :)

    22 mar 2016
  5. Sara

    Me encanta la actitud de Pablo con don Maximiliano, eso tiene buena pinta. Mauro me está pareciendo un poco cansino con Teresa, o se lo dice o no se lo dice, pero que no la cansinee tanto

    19 mar 2016
  6. rasky

    yo creo que la casilda cuando era joven y cantaba, conocio a un chico rico y no les dejaron casarse, tubieron a cayetana, pero el se caso con una rica y nacio teresa, jejeje yo me lo invento todo , es que me esta gustando mucho el giro que ha tomado desde las muertes de los suicidas, es bien bonita , mas que al comienzo y estoy de acuerdo con las compañeras que antes escribieron,pero el chocolatero es el mas guapo jeje, morenazooo y zalamero, lo bien que lo hace el papel, MIguel Diosdado me encanta esa mirada

    18 mar 2016
  7. Hely

    Un saludo muy cordial para esa bonita nación como es Italia. No la conozco pero confío en el tiempo en que pueda hacer una visita. Eso sí he visto italianos aquí en España y me han encantado. Los vi como gente abierta y encantadora. Por último ¡Viva Italia!

    18 mar 2016
  8. Mengis

    Por qué se tarda tanto en subir un avance? Lo lògico sería que se subiera una hora o así después del capitulo; nada más termino de verlo, me dan ganas de saber que es lo que pasa la semana siguiente, què ganas de ...

    18 mar 2016
  9. Susana Lache Mendez

    esta telenovela es lindisima es un gran entretenimiento emosion amor e tanto misterio .todos los autores son muy bravos de gaetana hasta el portero a mi en particular me gusta el abogado e el polizia son asi sexis ..les mando un beso a todos e continuen a entretenernos esta novela es seguida tanto anche en eeuu espero che en italia lo osigan mas asi vienen los actores ..un abrazo desde italia..!!

    18 mar 2016
  10. susana lache mendez

    ESTA TELENOVELA ES MUY LINDA COMPLEMENTEI AL AUTORI MA EL ABOGADO E EL POLIZIA SN LINDISIMOS E MUY SEXY UN BESO ENORME A TODOS LOS ARTISTAS SON BRAVISIMOS..!!!!!!!!!!

    18 mar 2016