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No recomendado para menores de 7 años  Acacias 38 - Capítulo 20 - ver ahora
Transcripción completa

No soy cualquier hombre.

Me quieres. Dilo. Nunca te he querido.

¡Mientes! No.

Me arrepiento cada día que pasa, cada vez que te veo.

Te odio, Germán de la Serna.

¡Te odio! ¡Te odio!

Es la continuación del relato.

Es una novela por entregas.

-Lo leeré antes de llevarlo al periódico.

-¿De verdad?

-Soy su admirador.

-Y mi socio desde hoy.

Se terminó.

No va a volver a suceder. Te lo prometo.

Si no he de ser madre, seré una mujer perfecta.

Me voy a concentrar en ello.

¿Ernesto se va a Cuba?

¡Cuánto me alegro!

Por él.

-¿A Cuba? Eso está en... -En ultramar.

Y nada se nos ha perdido allí. ¿A que no?

Ni a mí ni a Ramón.

-¿Y eso qué quiere decir?

-Vas a tenerme muy cerca, hermana.

Cerca está el día en que tus sueños se hagan realidad.

Y también los míos.

Los tuyos.

Que tú y yo algún día podamos estar juntos.

Llegará un día en el que yo seré libre.

Y podremos estar juntos.

No sabes lo que deseo que eso sea cierto.

Pero todo cambia cuando hay obligaciones.

Voy a dejar a Cayetana.

¡Maldita fregona!

No sabes con quién estás jugando.

Señores, los invitados.

-Pasen. Sean bienvenidos a mi hogar.

Encantado de conocerle.

Felipe Álvarez. -El placer es mío.

-Adelante.

-Señora.

Don Justo Núñez.

Está muy rico.

-Está de toma pan y moja.

Voy a probar yo también.

-Yo también quiero pan.

-Y yo.

Está sabrosa esta salsa.

-Llevaba desde niña sin disfrutar así de un plato.

-¿Qué es?

-Una veoluté de perdiz.

-¿Mande?

-¿Y qué más da lo que sea?

Está riquísima.

-¿Pasarán muchos días aquí? Hay muchas cosas para ver.

-Partiremos en cuanto acierte mis asuntos con su esposo.

-Espero que sea en horas.

-¿Es asunto complicado?

¡Ay, perdón!

No debí preguntar.

-Es normal su curiosidad.

-No son asuntos para hablar fuera del despacho.

-Ha sido una indiscreción.

-No, insisto. No se preocupe.

Me viene bien hablar.

Quiero poner fin a mi antigua vida.

-Señor Núñez.

Es tema harto doloroso para usted.

No es necesario.

-Lo es, créame.

A no ser que les incomode con mi relato.

-Hable sin tapujos.

Es bueno desahogarse con desconocidos.

-Desde aquella noche,...

...todo el mundo lo es.

-¿Cómo es eso, señor mío?

-Pronto lo sabrá.

¿Retiro la mesa?

El señor no ha cenado. Mantén la cena caliente.

¿Cómo te encuentras?

Mucho mejor.

Sufrí una indisposición, pero estoy recuperada.

No saldrías de tu habitación.

Dejáis de trabajar, pero andáis por ahí con vuestros novios.

No, claro.

No salí en todo el día. Bueno...

Solo necesitabas descansar un poco.

A mí me pasa. Hay días que no me levantaría.

Claro que soy la señora y me lo puedo permitir.

Me llevaré la sopa.

¿El señor va a querer sopa?

No tengo hambre. Tomaré fruta.

Esposa.

¿No vas a cenar?

Te vas a poner enfermo como Manuela.

Aunque lo de ella ha sido un "ipso facto".

Te equivocas. Es sano.

Las cenas deben ser frugales.

¿Cómo está el paciente que te ha hecho pasar el día fuera?

Mejor, mucho mejor.

Bueno...

Hoy todos los enfermos se curan.

Tu mano lo mejora todo.

¡Ah, no!

Que la criada se ha curado sola.

No necesitó que la tocara tu ciencia.

¡Vaya!

¿Estamos de merienda campestre?

Cayetana, estoy cansado y estamos solos.

Pues descalcémonos y hablemos a voces.

Vienes colorado del sol.

Esos pacientes debían estar tumbados al aire libre.

Ya me gustaría que hubiera sido así.

Si no desean nada más, me retiraré. Espera.

¿No quieres que mi marido te explore?

No es necesario, señora.

No temas si tiene que verte sin ropa.

Es médico.

Está acostumbrado a sacrificios.

¡Qué desagradable tiene que ser ver todo tipo de gente en cueros!

¿Verdad, esposo?

Por eso no eres médico.

Querida.

Una señora estudiando. ¡Qué majaderías dices!

Si el señor no quiere explorarte, retírate ya.

Y a cuidarse.

Fui arrojado a una zanja.

Mis agresores pensaron que había muerto.

-¡Qué horror!

-Rufio me encontró.

-Más muerto que vivo.

Menudo susto nos metió.

Lo echamos al carro pensándolo cadáver y avivó.

-Gracias a su familia, sigo vivo.

Desde entonces, es un hermano para mí.

-Es de rigor el agradecimiento. -¿Y su esposa?

¿Qué le hicieron?

-Quizá lo mismo que a mí.

Desapareció con su madre aquella noche.

-¿Muertas? -Sí, las dos.

Y también la criatura que Carmen llevaba en sus entrañas.

-Estaba embarazada.

¡Malditos!

No serían capaces de hacerle nada en su estado.

-La razón me dice que sí.

Eso fue lo que sucedió.

Aunque nada recuerdo de mi vida pasada, ni de esa noche.

Será terrible no saber quién es uno.

-Un tormento, don Felipe.

Lo peor de todo es

no recordar el rostro de mi esposa.

Dicen que era un ángel.

-¿Y no han dado con sus cuerpos?

-Metro a metro ha mirado.

-Aparecerán.

En una zanja como él.

-Es menester arreglar los documentos para darlas por muertas.

Quiero cerrar tan doloroso capítulo de mi vida.

-Es difícil si no hay cuerpos.

-Por eso quiero sus servicios.

Usted es uno de los mejores abogados del país.

Joven, preparado, imaginativo.

-Lo haré.

-¿Imagina que siguiera viva?

Tal vez, tras perder la memoria como usted.

Tal vez extraviada en algún lugar

buscando entre los rostros que se encuentre

el recuerdo de su amado marido.

-A veces sueño que es así.

Que caminaré sin rumbo, veré a una mujer,

los dos nos miraremos a los ojos,

y nos reconoceremos.

-Rezaré para que suceda.

Vamos a endulzarnos un poco.

¡Herminia, los postres!

Imposible.

No me sale.

-¡Anda! ¡Que qué poca maña!

Si pusiera el empeño que pone en aporrear la máquina de escribir

hacía unos bordados que ni las bragas de la reina.

Bueno, no se preocupe.

Lo haré yo y a su madre le da gato por liebre.

-¡Ah!

He comprado leche. ¿Le traigo una taza?

-Antes dime si has visto a Pablo.

-No, pero era muy temprano cuando salí.

-¿Ayer no me atreví a decirle que me publicaban los relatos?

Sentí que le traicionaba. Él me animó.

-Le hará feliz que usted sea feliz.

Llaman a la puerta

-¿Visitas?

-Ve a ver quién es.

-Vienen a visitarla, señorita.

-¿Claudio? ¿Tú tan temprano?

-El periódico

trae importantes noticias.

Una empresa alemana ha patentado un medicamento

con ácido salicílico que asegura ser la panacea de todos los males.

Magnífica noticia.

No sé si tanto como para una visita tan temprana.

-Quizá haya algo más.

-A ver.

Aquí está.

"La encrucijada", de Leopoldo Safo.

-¿Ha salido ya?

-Esta mañana en el café se comentaba.

Será un éxito.

-"La historia de un hombre y una mujer que lo tenían todo en contra".

-Pero un momento.

Es su historia. ¿Quién es ese Safo ladrón?

-Soy yo, Casilda.

Leopoldo Safo es mi pseudónimo.

Ya te explicaré qué es.

-¿"Sudónimo"?

¿Seguro que ese "sudónimo" no la ha robado?

-Seguro.

Dentro de poco, Leopoldo Safo será más famoso que Pérez Galdós.

-Pérez Galdós. ¿Es usted?

¿Otro "sudónimo" suyo?

-No.

"La encrucijada", nuevo folletín. ¿Te apetece leerlo?

-Después lo haré.

-Volvemos a la normalidad.

Más folletines y menos asesinatos anarquistas.

La Policía poco hace para buscar a esos facinerosos.

Ni que fuera el tal Houdini ese.

-No te burles a los anarquistas.

-¿Aún sigues preocupada?

Ya andarán lejos.

-¿Qué pasará si vuelven? Podemos perderlo todo.

-¿Cómo va a ser eso?

No son el hombre del saco. -No.

Pero se apropian de lo ajeno.

Por eso me da miedo que ahora delegues tus negocios en Ernesto.

-¿Qué tienen que ver los anarquistas con Ernesto?

-No tiene experiencia. Poco sabe de eso.

-Aprenderá. Es tu hermano.

-Me preocupa que le hagan el lío.

En mi familia, cada uno sabe de lo que ve.

En mi casa el parné, ni en pintura.

-Al contrario.

Nadie entiende más de dinero que el que no lo ha tenido.

Es sorprendente su desenvoltura.

El otro día dejó boquiabiertos a unos empresarios con sus ideas.

Parece como ha estado siempre con ellos.

-No sé.

No termino de verlo.

-Pierde cuidado.

No conoces a tu hermano.

-¿Querrán más café los señores? -Sí.

-No, gracias.

-Balbina, ¿los anarquistas siguen por el barrio?

-Espero que no, señor.

-Ninguno lo sabemos.

Lo mismo nos dan un porrazo y nos quitan todo.

-Eres novelera.

Se conforman con dar tiros.

Las rentas van viento en popa.

Debemos gozarlas y dejar que otros trabajen.

¿Y qué mejor que la familia para encargase de tal empresa?

Buenos días. Buenos días.

Me llevo "El adelantado" para la sastrería.

Hay un relato de un autor nuevo. De esos que le gustan a don Leandro.

Muchas gracias. A usted.

¿Era la misma insignia?

No la olvidaré en la vida.

Una dobla a blanca sobre fondo granate.

He estado en esas cuadras y no la he visto.

Tienes que ayudarme a encontrarla. Lo haré.

Miraré caballos y mantillas uno a uno,

del derecho y del revés.

Gracias. No sé qué haría sin ti.

Creo que la encontrarás.

Y que conoceré a mi sobrinilla.

Cuando vi la insignia, el corazón me dio un vuelco.

Pensé que podría tenerla entre mis brazos.

Así lo quiera Dios.

¿Y cómo fue el resto del día en las cuadras?

Maravilloso.

Por un día olvidé problemas, complicaciones y malandanzas.

Ya no creía que pudiera haber un futuro y lo hay.

Y en este futuro está don Germán.

Hablamos mucho.

Tomamos decisiones firmes aunque deban esperar.

Alcanzaremos la felicidad.

Cuidado.

No sé si estamos hechos para ser felices.

Mucha malaventura debe traer nuestro apellido.

Aunque ahora ni lo llevas.

Eso es una señal de que la mala fortuna nos deja.

Debemos luchar para lograrlo.

Debíamos evitar efusiones en público.

Y tantas cosas...

Lo necesitaba.

Siempre has sido tan zalamera...

Y cierto es que debemos luchar por el amor.

Se hace cuesta arriba.

Escalaremos.

Deja que te ayude.

¿Te acuerdas del primer día de nuestro matrimonio?

-No lo olvido.

-Quise aprender a hacer el nudo.

-Por eso no lo olvido.

Era imposible que recordaras los pasos.

Parecía la soga de la horca.

- Más me valía haber nacido mujer para no tener que llevar corbata.

Pero terminé aprendiendo.

-Me costó.

Estás muy guapa hoy.

-¿Te gusta mi nuevo vestido?

-Me gustas tú.

Y celebro verte feliz y sin sombras.

-Soy feliz porque estoy al lado de mi marido.

Ayer, con tu cliente, pensé en lo duro que sería perderte.

Que algo nos separara

y que camináramos los dos al lado sin encontrarnos.

-Eres una soñadora.

Me temo que la esposa de don Justo pasó a mejor vida.

-Quizá.

Por eso quiero aprovechar cada minuto contigo.

No se sabe dónde puede estar el mal.

-Aprovecharemos juntos cada minuto.

-Pero será dentro de unos días.

Voy a tener una semana complicada con los papeles de don Justo.

Es un caso que me dará buenos dividendos y quizá renombre.

-Esperaremos entonces.

Me hace gracia la pareja.

Dos Justo, un caballero, y su amigo el jornalero.

-Mojando pan en salsa y comiendo a dos carrillos.

Eres muy lista imitándolo para que no se creara una situación incómoda.

Núñez tiene una posición desahogada.

Pero le costará adaptarse a la ciudad.

Estaré pendiente de ellos. No solo en el despacho.

-Haz por que disfruten.

Ese pobre hombre separado de su esposa habrá sufrido mucho.

Algún día llegaré tarde.

-Tranquilo.

Mis miedos han desaparecido.

Mi deber es estar a tu lado.

Dejaré de recelar.

Y, en cuanto a los hijos,

será lo que el Señor disponga.

-Señora.

El pañuelo que me pidió.

-Aquí está.

¿Verdad que es elegante mi marido? -Sí, señora.

Más pinturero no lo hay.

¿Desea algo más?

-Sí.

Limpia la habitación del fondo.

-¿La de los niños? -La que iba a ser de los niños.

Quiero que la limpies bien a fondo.

Que tires los dibujos infantiles y los juguetes.

Le daremos otra utilidad.

-Enseguida me pongo.

-¿Qué harás en ella?

-Ya lo verás.

Yo también tengo mis secretos.

Y venga, al trabajo, que tus clientes te esperan.

-Volveré en cuanto pueda.

Ávido de ti.

Buenos días.

Buenas, don Leandro.

Preparo el traje de don Armando. Bien.

¿Tienes el pantalón?

En cinco minutos estará.

Estupendo. ¿Y el periódico?

Ahí lo tiene. ¡Ah!

-Hola, hijo.

¿Es el periódico?

Estará nuestro anuncio. -Ya miro, madre.

Pero espere un momento.

Se habla de un relato: "La encrucijada".

-¿Un folletín?

-Eso parece, pero bien escrito. Escuche.

"Ella le enseñó a leer".

"Y él, a ella el auténtico significado del amor".

"A asomarse al abismo de sus ojos sin miedo".

-No sé cómo un hombre hecho y derecho puede gustar de esas historias.

-No se las dé de desengañada, que usted también las disfruta.

-"Daban clases en un jardín oculto".

Pero entre

tan-to,

Ve-tusta era su

cárcel.

"Y entre clase y clase, se rozaron".

Haremos lo posible para estar juntos.

"El beso llegó en el momento más triste:

la separación".

-¡Madre!

-Ve a casa.

-Madre... -¡Que vayas a casa!

-"Una separación inevitable. Había gente empeñada en que no se amasen".

"¿Sería su primer y último beso?".

"¿O lucharían con uñas y dientes por su amor?".

-¡Bah!

Historias más propias de criadas si supieran leer las brutas.

-Los que comentaban en el café eran hombres de barba cerrada.

¿Y quién es la autora?

Autor. Hombre.

Leopoldo Safo.

-Fábulas y tontunas.

Señoras con criados, amores que lo pueden todo

y madres separadas de sus hijos.

-Lo peor es que esas cosas siguen pasando.

A las puertas del siglo XX.

-Pasan. Pasan y pasarán.

Pobres y ricos no deben mezclarse, como la lejía y el amoniaco.

¿Me prestaría luego el periódico? ¿Ahora lees?

Pongo empeño, que uno debe progresar.

Eso está muy bien, muchacho.

No lo queme.

Deje que lo lea a la hora del almuerzo.

-Deberías aplicarte en el "Tratado de sastrería" para ser alguien

y dejarte de folletines.

Eso es caminar y lo demás es gastar suela.

¡Por Dios bendito!

-¿Dónde aprendes eso?

-Me vienen al verte.

Y si no te veo, pienso en ti. Todo el día estás en mi cabeza.

-Zalamero.

Si me llevas en el pensamiento, que se note.

-¿Y si te digo que te he comprado un regalo?

¿Qué?

-Si es un brillante, me creeré todo.

-Es un pañuelo. Pero ya llegarán los brillantes.

Ya verás.

-Rita, dentro hay clientes que atender.

-Ya voy, señora.

-Y tú podías ayudar en lugar de entretener a las camareras.

-¿A servir mesas?

Madre, yo no soy camarero.

-¿Ah, no? ¿Y qué eres tú?

¿Un calavera?

Porque ni estudias, ni trabajas.

Todo el día de fiesta. Y gastando dinero en regalos.

-Madre, me da sombra. ¿No se puede echar a un ladito?

Sin dinero has de espabilar.

No te daré más.

-¡Vaya enfado el de Juliana!

Cuando un hijo te sale trapisondista...

¡Qué suerte tenemos con la nuestra!

-Los jóvenes son zascandiles por naturaleza.

Mira quién viene por ahí.

-Buenas tardes.

Buenas tardes.

Cuánto tiempo sin verles por aquí.

-Buenas tardes.

Últimamente, vamos más al café de Levante.

Hacen la mejor bollería.

-Opinable.

Aquí, en La Deliciosa, el chocolate es insuperable.

¿No quieren acompañarnos?

-Desgraciadamente, se nos hace tarde. En otra ocasión.

-Nos encantaría ahora que Claudio y Leonor han retomado su amistad.

¿Quién sabe si algo más?

-Sí. Los jóvenes siempre tan veletas...

-De eso hablábamos.

¿No tienen un minuto para tomar un chocolate?

-Lo siento. Imposible.

Saben que mi trabajo me impone sacrificios.

¿Qué no daría para tener tanto tiempo de ocio como usted, don Maximiliano?

En otro momento, nos vemos. -Con Dios.

-¡Presuntuosos!

-Pero podridos de reales.

¡Ea! No te amueles. No te conviene.

¡Ay!

¡Ahí! Muy bien.

Llévense la cuna y la mecedora.

Acompáñales y que suban los muebles.

Y trae un paño que viene todo polvoriento.

-Voy, señora.

Ahí.

¿Lo han traído todo?

-No, señora.

-Pues venga, a por ello.

-¿Un piano?

-Una pianola.

Aquí vamos a recibir a las visitas.

-¿Sabe tocarla?

-Supe.

Hace muchos años que no toco.

Está un poco desafinada.

-Es muy bonita, señora.

-Quizá vuelva a hacerlo.

Era el sueño de mi vida.

Y ahora que otros se esfuman

desempolvaremos los viejos.

¡Emilia!

¡Dichosos los ojos!

-¡Qué abandonada me tiene!

-Ando con asuntos de trabajo.

No ha de pasar ni una semana más sin que te visite.

-Lo esperaré con ansia.

A más ver.

-Una clienta, supongo.

-Así es.

Mi profesión me obliga a relacionarme con todo tipo de personas.

-No es mala dedicación la suya.

Yo, desde aquello que sucedió, no he tenido distracciones.

-Hay que ponerle remedio.

¿Qué le parece si organizamos para esta noche una pequeña francachela?

-¿Qué propone?

-Una partida de cartas, un buen champán,

unos puros de La Habana y unas señoritas que nos hagan compañía.

-Rucio se acuesta a la hora de las gallinas.

Pero nosotros podremos divertirnos.

Si recuerdo jugar a las cartas.

-Mire quién viene por ahí.

La ocasión la pintan calva.

Víctor.

-Don Felipe, buenas tardes. Compañía.

-¿Conoces al dueño de La Ballena?

-Amigos íntimos, don Felipe.

-¿Quieres ganar unos duros?

-Más que comer con los dedos.

-Pues hazme un favor.

Pídele reservado para esta noche.

-Eso está hecho, sí.

-Gracias. Házmelo saber cuando lo tengas.

Eres un buen amigo, Víctor.

-Yo siempre dispuesto, don Felipe.

Ahora voy para allá.

-¿Joven de confianza?

-Absoluta.

Un tunante.

Déjelo en mis manos.

Será una velada memorable.

Si se rompió es que lo pusiste mal.

-¡Y dale! Alguien la ha golpeado. Yo trabajo concienzudamente y con magín.

-Bueno...

-No te das cuenta a estas alturas.

-Ahora siete años de mala suerte.

-Es con los espejos, no con los cristales.

-Para el caso, lo mismo son.

-¡Mira que eres calamidad!

Los espejos reflejan las cosas.

Los cristales dejan pasar la luz, la forma y los colores.

-¡Diantre de hombre!

Ya sé que no es lo mismo, pero en fin...

-¿Qué?

¿Has oído eso?

-¿El qué?

-¿Eso no lo oyes? -Yo no oigo nada.

-¿Cómo vas a oírlo si solo rajas?

-Soy muda como una estatua.

-A la buena de Dios.

-¿No puede haber aquí tranquilidad, que esto parece la calle Mayor?

-¿Qué le pasa?

-Que dice que oye algo misterioso.

-Y dale.

-Está claro que es imposible estar en silencio.

Bajen las voces, por favor.

¿No habéis oído?

-¡Ah! Los lamentos de Caridad, la antigua portera.

-¡Paparruchas!

Historias de viejas.

-¿Una fantasma?

-Llevaba años sin dar señales.

Algo ha pasado para que vuelva.

¿Cómo murió? En un incendio.

Caridad fue una de ellas, pero hubo más muertos.

¡Tremendo infierno hubo aquí!

¡Ay!

-Mira, siete y otros siete. Ahora catorce años de mala suerte.

Yo me voy para arriba antes de que Caridad provoque más desatinos.

-Servando, con lo mañoso que es usted, vaya destrozo ha hecho.

-¡Oy!

-Voy a por la escoba.

Pablo.

La señorita Leonor quiere verte.

¿Y cuándo podrá? Esta noche.

Cuando sus padres duerman. En la pérgola.

Allí la esperaré.

Me voy antes de que la señora me eche en falta,

que en esa casa me piden más que me pagan.

Casilda.

Muchas gracias.

No olvidaré lo que haces por mí.

Todos con el relato de "La encrucijada".

Ni que fuerais uña y carne con Safo.

¿Lo has leído?

¿Parezco licenciada? Hay otras ocupaciones.

Como bailar.

¿Te gusta bailar?

Sí, pero nadie me lleva.

¿No te gustaría llevarme?

Yo soy como un pato.

Encontrarás a otro.

¿Acaso no te gusto?

Eres muy guapa, pero no eres mi tipo.

Pues que te zurzan.

¿Intentabas seducir al chico de la sastrería?

Es un buen mozo.

Pensé que picabas más alto.

Pero antes debo sacar del agua muchos pequeños.

No es mala táctica.

Ese chico habla mucho con Manuela.

Y no solo hablar.

Hasta abrazados les vi hoy.

¿Abrazos?

Esa chica es una pelandusca.

Tráeme un chocolate y ven.

Quiero hablar contigo.

Jaque mate.

Se está convirtiendo en una costumbre ganarte.

Antes no lo lograba.

Aprendes muy rápido, Leandro.

Ni mucho menos.

Cada vez piensas menos en proteger tu rey y más en conquistar la reina.

¿Es esa una metáfora? Ya ves.

Sastre y poeta. Ya.

Deberías usar tus dones para conquistar a una mujer.

Sueñas con Juliana.

No sé por qué no lo intentas.

No se pueden borrar años de distancia.

Y no tengo fuerzas para iniciar el acoso que te mueve a ti.

Mira.

Yo no soy quién para dar consejos a nadie.

Pero hay que luchar por lo que uno desea.

No te quito la razón, amigo.

Mas no encuentro tanta energía como veo en ti.

Reconozco que la motivación por estar con ella

me aviva el ánimo.

Y toda barrera me parece pequeña.

Lo celebro.

Y me alegro por ti.

Últimamente noto en tu mirada una alegría que no puedes disimular.

Cuando uno tiene motivos para estar contento,

ha de notarse.

La cara es el espejo del alma.

Cierto.

Y supongo que es dicha lo que se refleja.

Sí.

Voy a la conquista de la reina.

De mi reina.

Te recuerdo que el juego tiene dos reinas.

¿Qué harás con la otra que ocupa tu casa aunque no esté en tu corazón?

Nunca ha estado en él.

Y aún no tengo respuesta para esa pregunta.

Temo la reacción de Cayetana si se entera de lo de Manuela.

Es una mujer de armas tomar.

No es de las que se dejan repudiar.

Últimamente, está menos agria de carácter.

¿Quién sabe si la edad aplaca esa disposición?

No lo fíes todo a eso.

Tu mujer es genio y figura.

Quiero creer que no le hará mal a Manuela cuando conozca mis planes.

Aunque bien es verdad,

que no veo el momento de hablarle de ello.

¿No puedes ganarte la confianza del mancebo de una sastrería?

Quizá vales menos de lo que pensaba.

Si me lo pide y me recompensa, haré lo que esté en mi mano.

Pero no persigue los ojos de una mujer.

Tal vez no sean los ojos lo que le debas dar.

El Señor te dio ese cuerpo.

Para el teatro.

Empieza por el teatro de la vida.

Pablo puede ser tu público.

Debes enterarte de todo sobre Manuela.

¿Qué quiere saber?

Todo.

Su talón de Aquiles, su punto débil.

Quiero saber de dónde viene, qué familia tiene.

Cualquier cosa para hacerle daño.

¿Tanta inquina por un desliz de su marido?

Por jugar con lo que es mío.

Tú, como nada tienes, no lo entiendes.

¿Y si no consigo averiguar nada?

Este billete no será tuyo.

¿Eso son 100 pesetas?

Y si lo que me traes lo vale,

podrás hacerte con dos como este.

Por eso vendo a mi madre.

De seguro que lo has hecho y por menos.

Ponme agua y ocúpate de tu trabajo.

No me conviene que te echen antes de hacer lo que debes.

Prepare los billetes que serán míos.

¿No se cena en esta casa?

-Cuando llegue el señor.

-¿Quién es el señor si no el que trae el dinero para pagar la comida?

Ahora soy el administrador de los bienes de tu marido.

-No de todos.

Y te quitará el poder.

-No lo conseguirás.

Me divertirá verte intentarlo.

Siempre me divierto contigo.

Un folletín.

"La encrucijada".

"Los amores de una joven rica y un hombre pobre".

Al revés que tú y tu esposo.

-¡Contente, boca!

No la vayamos a tener.

-Estás en mis manos, infeliz.

Controlo el dinero de tu marido.

Me resultaría fácil desplumarle.

Es un imbécil.

-No vuelvas a insultarle.

-O...

-O acabaré contigo.

Me basto y me sobro.

-Me beberé un coñac pagado por tu marido mientras me lo cuentas.

-No le perjudiques.

Todavía sé llevar una navaja en la liga.

Te lo aviso.

-Para dejarle en la calle, puedo elegir entre estafarle,

seducir a su mujer

o a su hija.

Aún no lo he pensado.

-Deja a María Luisa. Es una niña.

-Casi la prefiero a ella.

Así recuerdo lo que hacía contigo a su edad.

Te acordarás de ello, ¿no?

¿Recuerdas lo que disfrutabas antes de casarte con tu marido?

Ordena que sirvan la cena.

Tengo hambre y no esperaré.

Puerta

-¿No ha llegado mi padre? Me muero del hambre.

-Hoy se retrasa.

Cenaremos ya.

Déjame ver.

Hay algo nuevo en tu cara que te hace bellísima. ¿Qué es?

-Tal vez sean los pendientes.

-No.

No es eso.

Es la juventud.

Te estás convirtiendo en una mujercita.

No hace falta que me halague.

Que tengo ojos.

Realmente, son muchas posesiones.

-Cierto.

Y hace unas semanas pensaba que no poseía nada.

Solo la comida que Rucio me ofrecía.

-La vida nos depara sorpresas.

-Así es.

Los acontecimientos se me vienen encima como un torrente de agua.

¿Y sabe una cosa?

Me queda mucho más por averiguar.

-Es un caso fuera de lo común.

-Don Felipe.

-¡Víctor! Te esperábamos.

¿Confirmada la reserva?

-Pues no. Ha surgido un problema.

Una inundación en La Ballena.

-¡Qué faena!

Tenía todo preparado para esta noche.

Siento ser portador de la mala noticia.

-¿Conoces otro lugar para jugar la partida?

-Ninguno que me dé tanta confianza como La Ballena.

-Alguno habrá, Víctor. Tú sabes de correrías nocturnas.

-Se me ocurre una solución.

La chocolatería.

-¡Hombre, Víctor!

El asunto requiere discreción.

A esa hora está cerrada.

Echamos los cierres y yo me ocupo del alcohol y de los puros.

-¿Y doña Juliana? ¿Has pensado en eso?

-Mi madre, una vez que cierra, no vuelve hasta la mañana siguiente.

Seguro.

-Es tentador.

Pero no me gustaría que tu madre lo descubriese.

-Descuide. No se enterará.

-Visto así...

Don Justo, ¿qué opina usted?

-Son ustedes los que saben. Adelante.

Yo, con tal de sacar de mi mente mi pasado, me va bien.

-Con un par de señoritas y un buen coñac, lo logrará.

Créame.

Hola.

Hola.

¿Has leído el periódico?

¿Has leído el relato de Safo? Todos hablan de él.

Seguro que te gusta.

Sé que te agradará su forma de escribir.

Lo siento.

No sé por qué. ¿Qué tenemos que ver en esto?

Me hubiera gustado que lo supieras por mí.

Solo debías decírmelo antes de que me enterara.

Lo intenté.

Temía que te enfadaras.

¿Enfadarme por qué

si yo he ido contigo a todas las revistas?

Fue Claudio Castaño quien logró que publicara.

Sabía que no te agradaría.

¿Claudio Castaño?

Tiene relaciones,

amistades,

sabe estar.

Es el socio perfecto para ti.

Yo no lo hubiera conseguido.

Soy un pelagatos.

Por favor, Pablo.

Quiero que me entiendas.

¿Entender qué?

¿Que tu vida será la que tu madre quería?

Te entiendo.

En mi casa, se pasaba hambre.

Hoy mi padre ha tenido sus medicinas y hemos cenado.

Lo he conseguido gracias a los relatos.

¿Te ha pagado el periódico o Claudio Castaño?

¡Por favor, Pablo!

Nada ha cambiado.

Mi promesa de estar contigo sigue en pie.

¿Cuándo?

No lo sé.

Iremos más despacio, pero llegará.

Perfecto.

Avísame cuando vayas a cumplirla

y no tengas secretos con Claudio Castaño.

Eres lo más importante para mí.

Más que mi vida.

Siempre supimos que costaría.

¿Vas a desistir ya?

¿Y qué hago?

Ten paciencia y lucha.

Mira. Mejor me voy antes de decir algo que no quiero.

¡Oh!

Víctor les espera. Yo me despido de mi esposa.

-No se apure.

Hemos cenado bien y quiero pasear.

-Cómo deseen.

En una hora, estoy en el local.

-Allí nos vemos.

-Gente agradable don Felipe y la parienta.

-Que sean de fiar es lo que nos atañe.

¿Quieres ir a la partida?

-Claro. Me pirran los naipes.

-Tal vez tengamos compañía.

-Que mi señora no lo sepa. Hay buenas mozas aquí.

-No lo sabrá por mí.

¿Y qué has hecho mientras estaba con don Felipe?

-A caminar de un lado para otro.

No me haría a un lugar con tanto gentío.

-Sí, yo también prefiero el pueblo aunque a veces es amena la ciudad.

-Esperemos que hoy sea una de esas ocasiones.

Don Felipe entiende de leyes, pero más de amenidades.

-Se te ha desatado el zapato.

Te ayudaré.

-Eh...

-¡Hija! No debe llamarme así.

Se me va el santo al cielo.

No nos habíamos visto desde que ayudaste a Pablo.

Todo salió bien.

Aguarda.

Ven. Infórmame de los detalles.

-Listo.

-No es menester que los ates.

Casi no me resiento.

De verdad, amigo.

-No me cuesta. ¿Vamos al garbeo?

-Me gustaría es que ese abogado localizase a mi esposa y a su madre.

-No te empeñes.

Están muertas.

-Lo sé.

Pero quiero que reciban cristiana sepultura.

-Que así sea.

-¿Esos dos son vecinos?

No tengo el gusto.

Visitas de alguno de los señores.

Don Germán te ayudó a liberar a Pablo.

Así es.

Ese médico parece dispuesto a ayudarte cuando acudes a él.

Es buena persona.

¿En serio?

¿Solo eso?

¿Te ayudaría si supiese la verdad? Sí.

Desengáñate.

No sufras cuando te lleves la sorpresa.

Le diré toda la verdad.

¿Que no eres quien dices ser?

¿Que mataste a tu marido y abandonaste a tu hija?

Le explicaré por qué lo hice.

¿Y te perdonará?

¿Por qué? Porque me ama.

Y porque yo a él le amo.

Por última vez, déjate de extravíos y razona.

Esos afectos te llevarán a la ruina. Sí.

Lo que voy a hacer está claro.

Debes dejarte de amoríos.

Mire, madre.

Puede que me descubran y me maten, pero veo a Germán y pierdo el pie.

No vuelvas a verlo.

Eso que me pide no puede ser.

-Buenos puros gasta el leguleyo.

-No va a gastarlos. Sus reales saca con sus servicios.

Pianola

Me place que le des otro uso a esta habitación.

-Estoy ensayando una romanza que no sé si recordarás...

-¿La que tocabas en el salón de tus padres la primera vez que te vi?

-Esta noche la tocaré para ti.

-Mucho lo siento, pero he quedado con don Justo.

Mucho trabajo me está dando este nuevo cliente.

Mucha animación hay en la ciudad.

-Ya verá lo que le tengo preparado.

Pero, primero, brindemos.

Por los negocios y por las mujeres.

-¡Ole!

-Salud.

-No les importará que nos acompañen estas señoritas, ¿verdad?

-Don Felipe, sabe cómo divertirse.

-El galanteo le ayudará a recuperar la memoria.

-Señores, cuando quieran, empezamos la partida.

Vayan tomando asiento.

Hoy podrás vestir tus mejores galas.

Se inaugura la casa de la salud.

Hoy me quedaré en casa con Carlota.

A punto estuvimos de perderla, pero está mejor gracias a ti.

Salvaste a Carlota.

Y está más feliz que nunca.

Yo he observado que está más contenta.

Si las cosas están en orden, los niños lo notan.

Solo crecen felices en una familia unida, ¿no?

Bueno, debo irme ya.

Me echarán en falta.

Muy interesante es eso que lees que pierdes hasta las formas.

-Disculpa. Loca ando con la historia del periódico.

-"La encrucijada".

-Es sobre un amor imposible.

-Bien conozco ese tema.

Yo también he leído este relato.

No está mal escrito.

El autor conoce el alma humana.

-Demasiado bien para ser un hombre.

-Pues bien claro que pone su nombre. Leopoldo Safo.

-Conozco ese relato y no sería raro que doña Juliana tuviera razón.

-Muy bonito es el amor.

Pero nos hace sufrir en ocasiones.

Por eso es fundamental escoger a la persona adecuada.

Si la encuentras, la vida has de pasar con ella.

-Porque, de no ser así, toda la vida la pasarás lamentando

no haber tenido coraje de luchar por tus sentimientos.

-No les falta razón.

Siempre se pueden corregir los errores.

Cuenta ya lo que sabes.

Sé cuál es la cuadra de la doble A.

Podré saber quiénes se llevaron a mi niña.

Caballos de Asensio Abadía iban en el carro.

Van por otros andurriales.

Habremos de dar con ellos.

Mañana uno de los mozos de esa cuadra irá al quiosco.

Y podrás preguntarles.

Nos dirá dónde está mi pequeña.

¿No estaría más cómodo en otra mesa?

-¿En qué mesa habría una muchacha más linda?

No busco más que nos llevemos bien, que charlemos, que nos conozcamos.

¿O acaso no eres mi sobrina?

-Yo no soy familia suya.

-Pero yo te aprecio.

Recuerda que el llevarnos bien es un mandato de don Ramón.

Y no quiero contrariarle.

-Rondas a la hija de los Hidalgo y de la peor forma nos hemos enterado.

-Siento haberle contrariado, pero... -Nada tienes que decir.

No la verás más y punto redondo.

Me debe ayudar. Padre debe entrar en razón y permitir esta relación.

Leonor es perfecta para mí. -Sí.

Es la que necesitas.

Es la que buscábamos.

Correcta, necesitada, ideal.

No puedo vivir esta mentira.

Ya haremos lo que nos plazca.

Pero antes hemos de cerrar asuntos que nos atormentan.

Me desazona la impaciencia.

Pero te pido que no te olvides de Carlota.

No quiero que sufra por esto.

No podría vivir con eso.

Me gusta verte tan recuperada.

Por un momento, temí que perdieras el seso.

Desde que cesé en la pretensión de quedarme en cinta, estoy mejor.

Desazonados tenía el cuerpo y el espíritu.

Confórmate.

No a todas nos bendice la maternidad.

No me queda otro remedio.

Pero, desde que lo he asumido, veo a Felipe más complacido.

Y yo, más segura de su amor.

¡Qué bendita es la inocencia!

Nunca se puede estar segura de un hombre.

Mucho aprecias a tu hija. -No andas desatinado.

Siempre está a mi lado y su opinión es importante.

-Para eso estamos la familia, para ayudarnos.

-Si le das un poco de tiempo, os llevaréis bien.

-Pierde cuidado. Seremos uña y carne.

Convenció a su madre para que la dejara escribir.

-Le convencieron los duros de Claudio.

Con la despensa llena, no le importa nada.

Usted escribe y en la despensa hay algo más que miseria.

Todos contentos.

-Todos menos Pablo.

No soporta que haya publicado por Claudio.

Me ha apoyado y yo se lo he pagado mal.

-No me gusta meterme donde no me llaman.

Más le valdría olvidarlo.

Por muy buenas intenciones que tenga, es pobre como una rata.

¿Adónde vas?

¿Adónde, Rita? Al trabajo.

Así me gustan los hombres, formales.

Muchos hay de esos.

Ya, pero a mí no me agradan todos.

Me podrías llevar a un baile y te cuento mis gustos.

Mal no me vendría distraerme que últimamente solo penas escucho.

Gordo es el asunto por tu cara.

Así es.

Lo que debo decirte es de gran importancia.

Te doy mi palabra de que lo que aquí se diga

no lo sabrá ni la Tierra.

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Acacias 38 - Capítulo 20

11 may 2015

Justo cena en casa de Felipe, su nuevo abogado: aún espera encontrar a su mujer con vida. Al salir, está a punto de encontrarse con Manuela. Cayetana oculta que ha descubierto que Manuela y Germán han estado juntos. Acude a hablar con Rita para que le dé información sobre Manuela.

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