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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 17 - Ver ahora
Transcripción completa

Esta moza estaba presente en el atentado.

No tiene papeles, debe acompañarme.

Perdonen las molestias.

Manuela, te dejaste esto olvidado en la sastrería.

Parece que está en orden.

¿Qué quiere?

Papeles como los de Manuela. ¿Y si me pide la cédula?

No hay motivo. Madre tiene razón.

Necesita papeles. No lo pagaré.

Yo pondré el dinero.

"Contacta con quien los consigue y yo iré contigo a pagarlo".

¡Ese es!

-¡Alto en nombre de la ley!

¡Detengan a ese hombre! ¡Alto o disparo!

Está detenido.

Una carta de la casa de los señores Castaño.

-Qué alegría.

¡Dios mío!

Es de Claudio Castaño, quiere ver a Leonor y pode permiso para venir.

"Victoria sabía que su madre la miraba

y que la jornada sería terrible".

El inicio es prometedor.

-Habla de venganzas, de muertos vivientes.

La pena es

que no me lo publiquen.

Al ser mujer no logro que me hagan caso.

-"Es injusto el trato que da la sociedad a las mujeres".

"Yo nunca me he lanzado,"

pero seguro que con su ayuda, algún día, quién sabe.

La intimidad con tu esposa.

No es momento ni lugar.

Aprovecho ahora que estamos solos

para decirte que mañana por la noche me debo ausentar.

Toda la noche.

No me citaré con un hombre casado.

Hay dos tipos de mujeres:

las enamoradas y las que no.

Tú eres de las primeras.

¿Y qué hago?

Tengo mucho que perder.

Tu esposa me da órdenes como si sospechara.

Es imposible.

Iré, aunque quizá me retrase.

"Para que no olvides que tienes familia".

"No lo olvido, está presente".

Mi esposo recién salió, síguelo.

Quiero todos los detalles.

"Déjalo en mis manos".

"Parte".

"No le pierdas de vista".

¿Piensas delatarme?

-Sería peor, tengo mucho que perder.

-No lo sabes bien.

-¿La vida? Seguro que no te temblaría el pulso.

-Por ejemplo, la tuya, la de tu esposo,

la de esa hijastra.

-Ya me lo advertiste, por eso estás en mi casa.

Te has arrimado a un rico para llenar el buche,

pero no te hace feliz ni te hará.

-¡No le falta de nada para hacerme feliz!

¡Si me detestas, mejor!, siento lo mismo por ti.

Te voy a bajar esos humos, señora.

-¡Estás en mi casa, mamarracho, ni se te ocurra!

-Estás muy envalentonada, no te dan una solfa buena.

Ese marido tuyo debe ser un afeminado.

-Te lavas la boca para hablar de mi Ramón.

-Maldita ramera. -¡Señora! ¡Señora, estoy en casa!

-¿Y si me cargo a tu criada?

-¿Tú no defiendes al obrero?

Es más obrera que nadie.

-Por ahora te has librado.

-¡Señora!

Señora, con el debido respeto, ¿no me oye?

-Sí, claro que te oigo.

Creía que ya ibas a estar en la cama. -Estaba tendiendo

los cuellos y los puños.

¿Necesita algo?

-Me valgo sola.

Ve a descansar.

-Como mande.

-Déjame sola.

-A seguir bien, hermanita.

Mi Manuela.

Has de confiar en mí.

Y tú has de ser más sensato.

Manuela.

¿Adónde vas?

¿Qué tiene que decir?

Es Pablo.

Solloza

Llaman a la puerta

No, por favor, déjame.

-¡Señora, soy yo!

-Sí.

Pasa, Fabiana, pasa.

-¿Está usted bien, señorita Trini? -Sí.

Sí, sí, bien.

Como siempre.

-No sé, me ha parecido notarla como alterada.

-Una también tiene días malos,

aunque no le guste cargarlos sobre los demás.

-Ya sabe usted que Fabiana sabe escuchar.

-Lo sé.

Te lo agradezco.

-Puede contármelo todo, señora, soy una tumba.

-Lo sé, pero no hay nada que contar.

Ale, a descansar, que yo quedo bien.

-Como usted quiera.

Solloza

Vas a venir.

Vas a venir.

¿Detenido? Dijo que era gente segura.

Tan segura no sería, tu hermano es optimista.

Sí, eso, cúlpele a él, que solo nos sacaba las castañas del fuego.

No le estoy culpando, hace las cosas a lo loco.

Cállese.

Es un delito muy grave falsificar documentos oficiales.

Pobre Pablo.

¿Sabe dónde le han llevado?

Ni idea.

No se le ocurrió preguntar.

¿Quiere dejarle a su suerte? Me hubieran detenido.

Tenemos que saber dónde está y echarle una mano.

¿Cómo?

Ya se nos ocurrirá algo.

Para empezar, llevándole comida y una muda.

¿Tú?

Ni por sueños. ¿Recuerdas por qué estamos aquí?

Iré yo.

Usted no tiene cédula, ni puede decir que es su madre.

Me anudaré un pañuelo, me haré la tía indefensa y en paz.

Nadie molestará a una vieja. ¿Por qué exponerse?

Porque soy su madre.

Ea, arreando.

Iremos de comisaría en comisaría.

Tú te quedarás a una distancia prudencial y yo iré dando lástima.

A ver si hay suerte.

¿Ahora mismo?

¿Tienes algo de más enjundia?

Tiene usted razón.

Pablo es lo primero.

Vamos.

Vamos.

-¿Dónde está Fabiana?

No hay manera de encontrarla.

-Ha salido a unos recados. -Se ha ido sin plancha mis guantes.

-Ponte otros, tienes muchos. -Tienen que ser estos.

Son los únicos que combinan.

-En cuanto llegue te lo hace. Come algo.

Estos bollos están de chuparse los dedos.

-No tengo hambre.

¿Y a qué recados ha ido?

-Al mercado, se me ha antojado asadurilla.

-Yo no pienso comer eso.

-Tú te lo pierdes, bien rica que está.

Qué elegante.

¿Vas a algún sitio?

-No me gusta andar en bata, y menos cuando hay un extraño.

-Ernesto no es un extraño, es mi hermano.

-No es nada mío, así que, para mí, un extraño.

¿Y... Ernesto también va a comer la asadurilla?

-No podrá, tiene quehaceres.

-Mejor, no me gusta que haya tanta gente por casa.

En vez de un hogar respetable, esto va a parecer una pensión.

-Luisi, que estirada eres para tu edad.

-¿Sabe?, a mi padre le hacía gracia lo poco que desayunaba mi madre.

Ella decía que comía como un pajarito.

-¿Sabes? Yo también como como un pajarito.

Sí, los pajaritos zampan

a todas horas.

Y más los de campo, es de donde soy yo.

-Qué gusto da ver a las dos mujeres más bellas.

-Hola, cariño.

Guapo.

-Os veo ahí

y ¿sabéis lo que me parecéis?

-¿El qué, Ramón?

-Dos hermosos pajaritos en su nido. -¿Cómo has dicho?

-Que me parecéis dos pajaritos. -Dos.

-Me voy al banco. -Muy bien, cariño.

Pero vuelve pronto.

Fabiana va a hacer asadurilla.

-Por nada del mundo me la perdería.

-Y Fabiana sin venir, qué trasto de mujer.

-Habrá cola en el mercado.

-Cualquier excusa es buena.

-¿Su hermano va a seguir mucho por aquí?

-Para no ser nada tuyo, bien que preguntas.

¿Para qué lo quieres saber? -Es mi casa, tengo derecho.

Además, no es por mí.

Es por mi padre.

-No sé qué tiene que ver. -Mucho.

No quiero que le cause molestias. -¿De dónde sacas que Ernesto molesta?

-No, no me gustaría que lo molestase abusando de su hospitalidad.

-Mira, Luisi,

tu padre es mi esposo, la persona a la que más quiero.

No conozco a nadie más bueno. Mi único deseo

es hacerlo feliz.

A nadie voy a permitirle que abuse de él.

Tenlo por seguro.

Mmm.

Ernesto aún tiene algunos asuntillos que apañar.

Pero no te preocupes,

que no tardará en irse.

Puerta

-Por fin ha llegado

la pesada de Fabiana.

¡Casilda!

¡Casilda!

-Dígame, señorita.

-¿Has movido tú unos textos? -¿Yo?

Ni se me ocurriría.

-No sé, al limpiar o algo, piénsalo bien.

-No, ni los he visto.

-No es posible.

-Tampoco soy la única que zascandilea.

-¿Mi madre?

-No he dicho nada, que luego se la carga una.

-¿Quieres hacer el favor de llamarla?

No te quiero alarmar, Felipe, pero no te voy a mentir.

Estaba fuera de sí, como ida.

Agradezco tu sinceridad.

Por muy duro que me resulte.

¿Os miraba con espanto? A todas.

Como si fuéramos el diablo.

Intenté hacerla entrar en razón mostrándome como su amiga.

De nuevo mil gracias.

Me tiene muy preocupado.

Este episodio es solo el último de una serie de excentricidades.

Todo proviene de su terrible angustia por su infertilidad.

Lo sé, como sé que no es plato de gusto.

Deberá aprender a vivir con ello.

De lo contrario... Se volvería loca.

Lo digo como lo pienso porque os aprecio a los dos.

Lo sé.

¿Y tú ya te has conformado?

No diría yo eso.

Es difícil renunciar a dejar descendencia.

¿Para qué trabajas si no es para los herederos?

Tienes razón.

Son lo más importante, pero no desprecies a Celia.

No la desprecio.

Me gustaría que me diera un hijo,

pero... hasta a eso renunciaría para que recuperase su salud y buen tino

Esperemos que no lo haya perdido del todo.

Ten paciencia y piedad.

Lo procuraré.

Gracias

por contármelo.

Hasta pronto.

¿Novedades?

No muchas.

El marido de usted esperó un buen rato.

Al principio, con nervios; después, se descalentó.

¿Y cómo sabes tanto?

Por los gestos, a mí no me la dan.

No es como los demás.

Pero apuesto a que se le parece mucho.

Sigue. Al hartarse,

y era para hartarse, se volvió a su casa.

Aunque eso ya lo sabe usted.

Se excusó con un telegrama que le había dado la portera.

Ni telegrama ni nada, la Paciencia ni se lo cruzó.

Lo que me esperaba.

Su amante no se presentó.

¿Y lo dice usted tan tranquila?

Si conoces a los hombres, sabrás que de nada vale perder los papeles.

¿Tiene idea de quién puede ser?

Menos preguntas, tú limítate a cumplir con mis encargos.

A su disposición. Eso espero.

Quiero que te dejes ver más por el altillo

y no pierdas ripio.

Seré sus ojos y oídos entre las sirvientas.

Pero una tiene necesidades.

Que yo no olvido.

¡Usted ha robado mi relato!

-No he tocado tus papelajos, Dios me libre.

-Prefiero que me lo siga y que me los devuelva.

-¡Esto ya pasa de castaño oscuro!

No me gusta que escribas,

¡pero de ahí a robarte va un trecho!

-Le daría un arrebato, como con mi máquina.

-¡He dicho que no y es que no!

¡No quiero perder el tiempo!

Prepárate para tu cita.

-¿Qué cita?

-Claudio vendrá a buscarte. -¡No quiero salir con Claudio!

-A solas no, claro, Casilda os acompañará.

-Le recuerdo que estoy castigada.

-¡Yo pongo los castigos y yo los levanto!

Deja de preocuparte por cuatro letras y pon tu ser para ganar un marido.

-Esta vez no la voy a obedecer.

-¿Quieres que a tu padre le dé un arrechucho?

Después de comer es la cita.

Te avías, no quiero verte como una machorra sin afeites.

Resopla

Nada, ¿no?

-¿Para qué preguntas? -Porque me duele tanto como a usted.

-Ya será menos.

¿Te ha parecido sincera?

-Sí, no creo que haya tenido nada que ver.

-Si no has sido tú y ella tampoco, tú me dirás.

Nadie más ha entrado.

-Eso no es verdadero del todo.

-Déjate de acertijos, no hay verdades a medias.

¿Ha entrado alguien más?

-Ayer, el señorito Claudio estuvo con usted.

-Claudio.

Te entiendo muy bien, hijo.

La vida está hecha para disfrutarla,

pero hay que pensar muy mucho cómo se disfruta.

-Sentando la cabeza en la almohada de una buena mujer.

-Quitaría lo de la almohada, me parece atrevido.

Aunque ya eres todo un hombre.

Como tal, quiero que te involucres en los negocios.

-Agradecido, madre.

-Me ha dicho tu padre que le vas a acompañar después de comer.

Codo con codo.

¿Hoy, precisamente después de comer?

Me temo que no voy a poder. -¿Y eso?

Tengo una cita. -¿Con quién?

Últimamente sales mucho.

No te cites con mujeres sin haberlas supervisado yo.

Espero que sea, como mínimo, de nuestra posición.

Algo habrás aprendido con la señorita Hidalgo.

-Aprendí la lección, desde luego.

No se apure.

Qué suertuda.

Te ha ido bien.

De oca a oca.

Te toca a ti, Manuela. Sí, claro.

A la cárcel.

Te toca.

Voy a recoger esas muñecas que hemos dejado ahí.

Tenemos que hablar. Germán, ¿sigues en casa?

Luego. Hacía tanto que no dormía tan bien.

Me alegro de que suspendieran tu viaje.

Carlota, ¿qué haces en el suelo?

Ahora se lava, estábamos...

Llaman a la puerta

Voy a abrir.

De acuerdo con ser más liberales,

pero sigue sin gustarme que te arrastres como un golfo.

No había nadie en la puerta.

Debo ir a la plaza a hacer compra.

Carlota, luego seguimos jugando.

¿Te hace falta dinero? Déjala.

Tiene suficiente en la cocina.

¿Te has creído que va al mercado?

Eso ha dicho, ¿no?

Qué ingenuos sois los hombres, qué simpleza.

¿No has notado su tono?

Por no hablar del embuste.

Alguien ha venido a buscarla y no se atreve a decirlo.

¿Quién va a venir a buscarla aquí?

Si es que es lo que te digo.

Lo más probable, un novio.

¿Quién si no?

Carlota, ¿quieres que termine la partida con la ficha de Manuela?

Sí.

Un cuatro.

Un, dos, tres, cuatro.

Casilda.

-Buenos días.

¿Has dormido algo? Apenas.

Llegamos tarde y la niña se ha despertado pronto.

Traigo buenas noticias.

¿De veras?

¿Sabe dónde le tienen?

Ayer pasamos y nadie nos dijo nada.

Qué mala sombra tienen los guardias, ¿dónde?

En esta comisaría, aquí tengo las señas.

Me las escribió un funcionario.

Pobre Pablo.

Menuda noche habrá pasado.

¿Ha tenido que pagar?

Claro, aquí nadie da nada por nada.

Y eso haciéndome la desvalida.

Usuras. ¿Vamos?

¿Ahora? Claro.

Tenemos que intentar sacarle de prisión.

¿No habíamos quedado en que tú ni arrimarte?

Tengo mi cédula.

Usted ya se ha significado.

Vaya que les dé por pedirle papeles.

No puedo desaparecer toda la mañana de la sastrería.

Y yo tengo que llevar la compra, es la excusa que he puesto.

Unas mandadas no disponen de su tiempo.

Nos damos cita para después de comer.

Después de comer, en el parque.

Y no falle usted.

No pienso dejar a mi hermano, haré lo que sea.

No digas que nada.

Ayer te pusiste a llorar cuando estábamos mejor que nunca.

-Perdona, cuando digo "nada", quiero decir "lo de siempre".

Quisiera darte un hijo.

-¿No estás haciendo nada raro?

-No, ¿a qué viene eso?

-Celia, tienes antecedentes.

No hace tanto que casi te matas por ponerte un aparato del demonio.

-Tiempos pasados.

Ahora prefiero los métodos naturales.

-Y yo.

Por eso me da más miedo que vuelvas a las andadas.

Dime la verdad.

Pasos

-Su desayuno, señora. -Adelante.

-Herminia.

¿La señora hace algo distinto a lo habitual?

-No le pongas en ese brete. -Contesta.

-No sé, señor.

Distinto, no.

-¿Y qué pasó en la chocolatería?

-¿Qué te han contado?

-Que estabas fuera de tus cabales, que mirabas con espanto.

Te marchaste como si hubieras visto fantasmas.

-No me lo puedo creer.

-¿Me han mentido?

-Son unas chismosas.

Es cierto que me fui antes.

Pero porque no soportaba

su charla de cotorras y su mala fe.

Hablan de todo el mundo a sus espaldas.

-Por eso no se despelleja a nadie.

-Herminia, díselo tú.

No me despedí,

me fui deprisa y con rabia.

Las desprecié, por eso me calumnian.

¿Es así o no, Herminia?

-Talmente como dice la señora.

-De acuerdo.

-Dejémoslo aquí.

Quiero creerte, Celia.

Necesito creerte.

-¿Y te vas?

-Acudo tarde.

No quiero hacer esperar a una visita que puede resultar un buen cliente.

-¿Y no me das un beso?

Celia suspira

Gracias.

-No hay por qué.

-Te recompensaré.

Ahora déjame sola.

-Escúchame bien.

Si le pasa algo a mi esposa, no dudes que me las pagarás.

-Pero... -No le quites la vista de encima.

Te hago responsable.

Seas cómplice o no.

¡Ay!

-Cuidado.

Siga, siga.

-¿Puedo mirar ya?

-Ahora sí.

-Ah, mi máquina.

-Y funcionando.

-Verídicamente le digo que su faena ha dado.

-Gracias, Casilda.

Gracias, Paciencia, Servando. No ha debido ser fácil.

-Como hacer churros.

Usted tráigame cualquier artilugio que servidor se lo repara.

Aunque siempre hay quien duda de mi ciencia.

-Ay, pero qué bobo eres, terroncito.

Solo quería que te aplicaras, y ha funcionado.

-Ya lo sabe,

ahora y siempre,

si necesita usted un perito en aparatos, llámeme.

-Así lo haré, no lo dudes.

-Ea, vamos, marido.

El portal no se cuida solo. -Con Dios, vamos al tajo.

-No olvidaré el detalle.

Casilda, quiero probarla.

¿Hay papel por ahí?

-No estoy muy segura.

Las que vivimos aquí no gastamos mucho.

Con suerte, alguna sabe cuatro letras.

-Perfecto.

-¿Y así, nada más con poner el papel,

ya se le ocurren cosas que escribir, señorita?

-Con algo más, pero por ahí se empieza.

Uy.

¿Y esto?

¿Qué es esto?

-No sé leer, pero por la cara de usted...

Algo no funciona.

-Servando ha conseguido que las teclas se muevan,

pero las cambió de sitio. -Voy a decirle.

-No, no, déjale.

Sería demasiado humillante.

Aprenderé a escribir con el nuevo orden.

De todas maneras, no tengo mucha prisa.

He de buscarme un sitio.

-¿Su madre se lo ha prohibido?

-No.

Prohibido no, pero no quiero que me estampe la máquina.

-¿Y si se sube aquí?

-¿Aquí?

¿No sería una molestia?

-Solo subimos a descansar.

Podría escribir entre horas.

-Pues no es mala idea, Casilda.

Gracias.

Que es lo que pone aquí.

-Uy, qué cosas, cuánta letra para tan poca palabra.

No hay de qué, señorita.

-Me bajo. ¿Vienes conmigo?

-Claro.

-Oye, ¿has sabido algo de Pablo?

No le he visto desde ayer.

-¿Podrías buscarle? Me gustaría verle.

-Por si la ve con el señorito Claudio.

-No quiero más malos entendidos.

-Lo haré.

Haré porque ustedes se encuentren.

-Siempre me solucionas todos mis problemas.

-Todos no.

Ojalá fuera tan fácil.

Ni caso, ¿verdad?

No me deja ni pisar.

Es por la indumentaria, soy una doncella.

Que tengamos que vernos en estos trances.

Hemos sido señoras. Déjelo ya.

No hemos sido nada.

Lo que cuenta es lo que somos ahora.

Al menos me han confirmado que está dentro.

Voy a intentarlo.

Diré la verdad.

No pueden negar a una madre el ver a su hijo.

¿Cómo va a decir eso si no tiene ni cédula?

Pablo está dentro por conseguírsela.

Lo complicaría usted todo.

¿Qué hacemos? No podemos quedarnos.

Déjeme pensar.

Pones cara de ver a la Virgen.

No, pero sí, quizá, la solución a nuestras cuitas.

Ese que va a entrar en la comisaría es un inspector.

¿Crees que valen más que los números? Se llama Méndez.

Es amigo de Ger..., de mi señorito. ¿De veras?

¿Tu señorito nos echará una mano?

Podría intentarlo.

Ea, vete a buscarlo.

Yo aguardaré aquí.

¿Seguimos hablando de escritores?

-Vamos a hablar de negocios.

-Mánchester y sus textiles, apasionante.

-No, no.

De otros que puede que le interesen más, aunque me interesa usted.

-Más despacio.

No soy de esas bobas que pierden la cabeza.

-Pensé que solo le interesaban las palabras bonitas.

Es lo que escribe.

-Le voy a hacer una pregunta y quiero que me responda con sinceridad.

Si me miente aquí se acabó nuestra amistad, ¿de acuerdo?

-Pregunte.

-¿Cogió mis cuentos ayer?

-Qué pregunta tan fácil.

¿Por qué iba a mentir? Claro que lo cogí.

-Pero ¿por qué?

¿Para reírse de ellos con sus amigos?

-No sé qué le he hecho para que piense así de mí.

Los cogí para ayudarla.

-¿Qué es esto?

¿Dinero?

-El que le han dado por sus escritos.

Espero que ahora no me odie tanto como hombre de negocios.

-¿Los ha vendido?

-Es mi oficio.

Distingo cuándo algo tiene valor e intento venderlo.

Se los llevé a un editor y le parecieron dignos de ser publicados.

-¿Le gustaron de verdad? -Ahí tiene la prueba.

Pronto los verá impresos. ¿Feliz?

-Espere, espere, hay algo que no...

¿Sabe ese editor quién es la autora?

-Mi función es vender, no decir la verdad y toda la verdad.

-Nos les dijo que están escritos por una mujer.

-Pondría en riesgo la operación.

-¿Y cuándo lo publiquen?

¿Quién los firmará? -Un seudónimo.

-No me gusta. Debería haberme consultado antes.

No le di permiso para esto.

-Necesitaba el dinero y ahí está.

Olvide el resto.

-Quédese con su dinero. No quiero ser quien no soy.

-Se arrepentirá.

Jamás conseguirá publicar nada con la verdad por delante.

-Eso ya lo veremos.

Y eso es lo que los nuevos ricos aupados por el Gobierno no saben.

Que a la Bolsa se puede jugar tanto al alza como a la baja.

Yo puedo ganar aunque todo el mundo esté en pánico.

No me estás escuchando.

-¿Qué?

-Nada, que se me olvidó hacer de ti una inversora.

¿En qué anda tu cabecita?

-Perdona, es verdad, tengo en la cabeza pájaros.

-¿Y se puede saber por qué?

-Por nada.

No vale la pena.

-Todo lo tuyo vale la pena.

Al menos, para mí.

¿Es por tu hermano?

-¿De dónde sacas que mi hermano pudiera ser un quebradero de cabeza?

-Cierto no estoy, solo son suposiciones.

Y alguna deducción.

Lo cierto es que, desde que está tu hermano en casa, pareces otra.

-¿Y en qué lo nota usía?

Que parece un médico de esos de la cabeza que están de moda.

-Psiquiatra. -Ah.

-Se dice. Y sí, haré un poco de psiquiatría.

Desde que está tu hermano,

ya no te preocupa tanto el qué dirán.

Antes ocupaba tu sesera.

-Me he cansado de andar pendiente de esas vecinas que solo critican.

-Ni te molestan las puyas de María Luisa.

Es como si toda tú te ocuparas de tu hermano.

-Eso sí que e un infundio, o como se diga.

Harás que me moleste.

Yo solo vivo por una persona.

Por ti, amor mío.

-Y bien que se lo agradezco a Dios y al destino.

Pero tampoco me molesta que te ocupes de tu hermano.

Es lógico. Si no te importara tu hermano sería contra natura.

-Luego dirás que por qué te quiero.

Eres muy bueno.

-No exageres. Si tu hermano fuera un tarambana no le haría caso.

Pero, la verdad, parece un hombre de valía,

que se merece una vida mejor.

-Puede ser demasiado listo.

Siempre dándole vueltas a las cosas.

-Creo que le hace falta un empujón.

Y he encontrado el modo de centrarle.

Quizá no me oírte cuando te lo conté,

pero tengo negocios en Cuba.

-Sí, lo sé, con unos socios. -Sí.

Pues he estado hablando con esos socios y no estaría de más

tener a alguien de la familia

para tener un encargado allí.

No sería un puesto de relevancia, pero ayudaría a Ernesto.

¿Le complacería? -¿Cuba?

Estará encantado, te lo digo yo.

-No será coser y cantar.

Ahora que ya no es una colonia, hay que ser muy duro

para hacer negocios allí.

-Tú déjamelo a mí

y aceptará, ya verás.

Ramón.

Te quiero, cada día más.

"Señora".

¿Está usted por ahí, señora?

Señora, por favor, déjese ver, que me asusta.

¿Señora?

Escucha cánticos

Señora.

-Duérmete, lucerito

de la mañana.

Con la nanita nana

mi niño duerme.

-Señora, ¿no quiere usted ir a la cama?

Tararea

Descanse, señora, o será peor.

-Lucerito de la mañana.

-Señora, yo no soy nadie,

pero debería dejar de tomarse el bebedizo.

Yo le animé, pero a usted no le funcionó como debiera.

Si sigue así se enterará el señor.

-Siéntate.

-¿Yo? No, señora.

-Siéntate, por favor.

-Que no, señora. ¿Qué diría el señor si nos viera?

-Siéntate.

(SUSURRANDO) Ya, chis.

Deja de llorar, ¿eh?

Ya está aquí tu ama.

Y bien buena parece.

-Señora.

Yo... -Tú cállate y obedece.

Verás como su pecho puede darte mucha leche.

Sácate la camisa.

-Señora, el señor se enfadará.

-No seas rebelde, Herminia. Yo me ocupo del señor.

Desabróchate. -Señora, yo no puedo hacer eso.

-¿Vas a dejar que pase hambre? ¿No ves como llora?

Póntela en el pecho, aliméntala,

tiene hambre.

-Señora, con perdón.

Es una muñeca y me está asustando.

No tengo leche, que no he conocido varón.

-Chis.

(SUSURRANDO) Ya, ya, ya.

Ya, ya, ya.

Chis.

Aguanta un poco, hija. Aguanta un poco.

A lo mejor yo misma puedo darte de comer, ¿eh?

A ver, ven aquí.

Chis.

Tararea

Me sabe mal interrumpirla, señorita,

pero deberíamos estar de vuelta de la cita con el señorito Claudio.

Su madre se preguntará por qué tardamos.

-Ya bajamos.

¿Podré subir a escribir esta noche?

-Si no es a las tantas, ¿por qué no?

-Es lo único que me tranquiliza, escribir y escribir.

-Si es cuestión de salud... -Pues lo es.

Oye, ¿has sabido algo de Pablo?

-Ahí no he estado ducha, ni flores.

Nadie sabe nada ni le ha visto desde ayer.

-¿Ni en la sastrería? -No.

Raro.

Porque es un muchacho bueno, un hombre de ley,

muy cumplidor.

-¿Crees que mi madre habrá maniobrado para que le echen?

-Ay, señorita, no me haga esas preguntas.

¿Qué puedo saber yo?

-Tienes razón. No te meteré en más líos.

Aunque no creo que mi madre haya llegado a tanto.

Y más habiendo accedido a ver a ese.

-Eso digo yo. Su madre no querrá que deje de ver al señorito Claudio.

No, lo del Pablo es otra cosa.

-¿Crees que ya no quiere nada conmigo?

Soy demasiado complicada, todo el mundo lo dice.

-No piense eso de él, que Pablo es de ley.

-¿Verdad que sí?

Jamás faltaría a su palabra y él me la dio.

-Tenga por cierto que la cumplirá.

-Nos prometimos amor eterno y no cejar en el empeño.

Luchar sin importarnos los obstáculos.

-Ay, qué bonito.

Como un cuento de Polichinela.

-Pero tampoco puedo pedir imposibles, Casilda.

Pablo lucharía por el amor de una chica normal,

pero yo solo le doy problemas y angustias.

Todo el mundo,

incluso los hombres de ley, tienen un límite.

-Pablo, no.

Y se saltará todos los límites por usted.

Eso se lo digo yo.

-Venga.

¡Camina!

¡Soy persona!

Pablo.

¿Eres tú, Pablo?

¿Qué te han hecho? Si te han apaleado.

-¡Que camines! ¡No he hecho nada!

¡Aaah!

¡Guardia, que me han robado en plena calle!

¡Era un vago de los que piden!

Un hombre moreno, como de campo, medía esta altura.

Tenía una cicatriz enorme. -¡Eh! ¡Alto!

-Corre, hijo.

No querría estar en tu pellejo.

No sé qué hacer, Leandro.

Estoy dispuesto a todo,

pero ¿y si solo consigo hacerla infeliz?

Que sea ella quien te lo diga.

Eso es lo que trato de aclarar.

¿Y si ella me lo está diciendo a su modo?

Quizá no acudió...

¿Puedo pasar, señor?

Adelante.

No te vayas.

Se me ha hecho tarde y mi madre estará que trina.

Ya quedaremos otro día, Germán.

Manuela.

Hasta pronto.

¿Qué te pasó? ¿Te arrepentiste?

No. ¿Entonces, Manuela?

No sé si juegas conmigo, pero no me gusta.

No juego. Tiempo ha dejé juegos y cuentos.

Este cuento toma vericuetos muy complicados.

¿Qué cuento? El nuestro, demontre.

Me das una de cal y una de arena.

Para hablar nos escondemos y cuando podemos hablar

me das la del humo.

Lo siento.

De verdad, pero me hallo en apuro bien gordo.

Me habría gustado verte a solas,

sin ojos revoloteándonos.

Ya no sé qué creer.

A veces pienso que esos ojos te salvan de mi persona.

Y en eso te complaces.

Si crees eso no me conoces en absoluto.

Cuando no quería nada contigo bien a las claras te lo dije,

pero ayer deseaba pasar tiempo a solas contigo,

imaginando que ese sueño que tuvimos podía ser real.

Para que algo sea real ha de poderse tocar.

De ti no vi ni tu sombra.

Porque andaba a la busca de otra.

La de Pablo.

Pablo, otra vez.

Le han detenido y tenemos que ayudarle.

Tenemos. ¿Está herido?

No. No pinto nada.

Puedes ayudar, está en la comisaría de tu amigo.

No lo conozco tanto.

Por lo que sé podría estar metido en un lío.

En buenas trazas te trajo. Por llevarme a ti estoy viva.

Y por ayudarte estoy atrapado en ti.

Si en verdad te importo ayuda a Pablo.

Es buen chico.

No ha hecho daño a nadie.

Le conozco bien.

¿De veras?

¿Cuánto de bien?

No es lo que estás pensando.

Pensé que era el padre de tu criatura.

Eso, ni en broma.

Te trajo tras un aborto. Alguna responsabilidad tendría.

¡No! Tenía tu cédula de identidad.

Os veis a escondidas. Más claro, agua.

Agua sucia es la que tienes por mente.

Ea, ya me las apañaré.

Intenta hacerme pensar de otro modo.

Dame una razón para que esto tenga una explicación.

Un motivo para que te crea.

Debería bastarte con mi palabra.

Apenas te conozco. Desde luego.

Yo no puedo contarte más.

Soy un hombre racional

y he conseguido domar mi corazón a lo largo de estos años.

Aguantaré cualquier golpe.

Y prefiero el desengaño a la duda.

No sufras por tu trabajo, pero habla.

Habla y te sacaré de mi mente y de mi corazón.

¿Crees que me preocupa el trabajo?

Por Pablo no viniste y le quieres.

Creo que juegas conmigo.

Creo que por él, tanta reticencia a estar conmigo.

Por él, tantas evasivas.

¡Basta! ¡Basta de una vez!

Si quieres la verdad, la vas a tener.

¿No te disponías a confesarme cuál es tu relación con Pablo?

Aplaca tu impaciencia.

No es sencillo.

¿Y para mí sí? ¿Pensar que juegas conmigo por el amor de Pablo?

Pongo en tus manos mi destino y el de Pablo.

¿He de darte más pruebas de que no te quiero mal?

¿Qué más quieres, muchacha?

Yo precisaba de una identidad y él se enredó para procurármela.

¿Y por qué habrías de necesitarla?

¿Y la tuya?

Juliana, qué sorpresa.

-Viene a por un vestido que no existe.

-Se equivoca, madre, existe y es bien bello.

-Lo traje cuando no estaba usted.

-Como acostumbras.

Parece que andas buscando el momento para entrar cuando Leandro está solo.

Dura jornada la de las burguesas.

Ordenar al servicio y revisar invitaciones.

Eres patética. -Y tú, un asesino.

-Lo recuerdas.

-Pueden darse cuenta que andas con una falsa identidad.

Y, entonces,

al garrote de cabeza.

Lo mejor es que pongas tierra de por medio.

Mi esposo tiene negocios en Cuba.

Necesita a alguien que se haga cargo.

-¡Basta!

No es mi beneficio, sino el tuyo, el que procuras.

Señora, no tiene que darme explicaciones.

-Como has visto nuestra discusión,

estarás preguntándote.

-Servidora no se pregunta nada sobre la esposa de su amo.

Ciega y sorda soy a lo que no es mi faenar.

Brava noche.

Toda la noche, exaltada por pesadillas,

despertándose entre gritos,

empapada en sudor.

¿Qué clase se sufrimientos torturan así su alma?

-Yo sé lo que le pasa a la señora y no voy a seguir callada.

¡Yo solo le auxilié!

¡La señora fue quien insistió, se lo juro!

-No solo te pondré de patitas en la calle,

irás a la cárcel.

-Por favor, señor.

Apiádese de la pobre Herminia.

Ya está la nueva de palique.

Amable que es.

Con los hombres, veo. Caballeros con posibles.

Una cara bonita, pero vulgar,

puede atraerle clientes.

Tal vez tengas razón.

Pero como no espabile tendrá que ganarse el jornal en otro sitio.

¿Qué sabes de mi criada?

Nada. Algo le ronda la mollera,

que anda ensimismada, pero vaya a saber.

Pues no, lo sé.

Por eso te necesito.

La criada de los Hidalgo va siempre a su vera.

Sí, Manuela puede haberle confiado sus penas.

Son buenas comadres.

Pues la Casilda esa va a tener una nueva amiga.

Lo peor que le puede pasar a una muchacha de servicio

es tener asuntos con el amo.

¿No digas?

Vamos que...

¿Con el médico?

Ay, cuenta, cuenta.

Puedes confiar en mí.

Iremos por separado y nos veremos allí.

Diré a Cayetana

que debo visitar a un paciente.

Coraje, Manuela.

Pierde cuidado.

No va a flojearme el ánimo teniéndote a mi lado.

Manuela.

¿Anda por aquí la niña?

Sé que cree que solo hablo de mis negocios.

-No he dicho tal cosa. -No era necesario.

Su boca calla lo que revelan sus ojos.

Pero debe saber que no es cierto.

He reparado en sus anhelos.

-¿Mis anhelos? -Así es.

Sé que no solo le conduce el dinero.

Sueña con ser publicada.

Mas eso, siendo una mujer, sabe que no es fácil.

Confíe en mí.

Juntos podremos paliar esto. ¿Hay trato?

Traigo nuevas de Pablo.

Ayer lo vi en comisaría.

Un policía lo llevaba custodiado.

¿Pudo hablar con él?

¿Acaso piensas que perdí el Oremus? No me iba a dar a conocer.

Bien no está, eso sí lo vi.

Ni una miaja del rostro le quedaba sin marcar.

Le hemos convertido en un fugitivo.

Pensaba que no vendrías.

Año lleva una ayudando a mujeres sin que haya habido desgracia.

-¿Llamas ayuda a lo que has hecho? -Ella fue a buscarme.

Como ahora, que no me obliga.

-Me encargaré de que acabes entre rejas.

Dime qué veneno le procuraste.

-Solo mandrágora y otras hierbas.

-¿Qué escándalo es este?

¿Qué ocurre?

¿Tú? ¿Qué me has dado que me está quitando la vida?

¿Querías acabar con mi cordura?

-Cálmate.

-Señora, contrólese. -¡Ven!

-¡Celia! ¡Celia!

-Que el Señor nos asista, la ha matado.

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Acacias 38 - Capítulo 17

06 may 2015

Manuela se entera de que Pablo ha sido detenido y Germán se queda esperándole. Rita lo vigila y se lo cuenta a Cayetana. Guadalupe encuentra el lugar donde está detenido Pablo y finge un robo para permitir que Pablo escape. Ramón propone enviar a Ernesto a Cuba. A Trini le viene de perlas.

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