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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1200 - ver ahora
Transcripción completa

Imagino que es consciente de que su testimonio

podría condenar al garrote a una persona.

-Lo sé,

pero es mi deber proteger al inocente

y castigar al culpable.

-Estoy cansado de dar vueltas a pistas falsas que no sirven.

-Entiendo sus suspicacias, pero...

le ruego que escuche mi relato y decida usted qué hacer con él.

-¿Cómo ha dicho que se llama?

-Soy el padre Anrubia,

el sacerdote del convento donde Úrsula profesaba como novicia.

-¿Qué relación tenía con la finada?

-En general, con las hermanas...

trato de administrar los santos sacramentos,

oficio las misas, impongo las penitencias

y las escucho en confesión.

-E intuyo que Úrsula se confesó ante usted.

-Así es.

Pocas horas antes de su muerte, me convocó a su celda.

Padre,

hay una mujer que quiere acabar con mi vida

y necesito contárselo, por lo que pudiera ocurrir.

Como comprenderá, no tomé en serio sus palabras.

La mujer llevaba semanas dando muestras de demencia

y cualquier cosa que dijera era producto de una enajenada.

-Aun así, ha venido a contármelo.

-En cuanto he sabido de su muerte,

han vuelto a mi cabeza sus terribles palabras.

-Hay algo que no me encaja.

El asesinato de Úrsula tuvo lugar hace un mes.

¿Por qué acude precisamente ahora a informarme?

-He estado fuera todo este tiempo.

El mismo día de los hechos partí con mi orden al Vaticano,

donde el santo padre nos recibió en audiencia privada.

Comprenderá que no he tenido acceso a los diarios españoles.

-Y ha sido al volver

cuando se ha enterado de la muerte de Úrsula Dicenta.

-Por eso he contactado con usted, para contárselo todo.

(Sintonía de "Acacias 38")

Mi nombre es Emilio Pasamar.

Necesitamos hablar con Concha López para averiguar un asunto

sobre una denuncia. ¿Es usted?

-Yo no tengo na que contarles. -¡Claro que sí!

Usted denuncio a Maite Zaldúa, ¿por qué lo hizo?

-Camino, cálmate y déjame a mí.

¿Quién le empujó a hacerlo?

¡¿Cuánto le pagaron por cometer esta fechoría?!

-A mí nadie me ha dao na. Seré pobre, pero decente.

-Es una embustera, seguro que ni siquiera conoce a Maite.

-Más me valía no conocerla. Esa mujer es una depravá

que intentó engañar a mi niña, por eso la denuncié, por asquerosa.

Y ojalá se pudra en la cárcel, ¿les queda claro?

-¿Está usted hablando de Maite Zaldúa, la pintora?

-La mismísima, que engatusa a las niñas con sus chuminás de París.

-No. Debe tratarse de un error.

-Se acabó la cháchara.

Si vuelven a molestarme, llamaré a mi marido,

que es guarda real en la Casa Campo y vendrá con su escopeta.

-Maite no haría algo así, es imposible.

-Venga, vámonos, Camino.

Pues la... -Pues...

(AMBOS RÍEN)

¡¿Qué?! ¿Se les ha comido la lengua el gato?

-No, no, no. -La lengua dice.

La lengua. -No, no, no.

-No. Eh...

Nada de enjundia, señora.

Hablar por hablar.

-A otro perro con ese hueso.

O me cuentan ahora mismo qué pasa con ese Julio

o se lo pregunto yo misma.

-Es que... - Verá...

Igual ,señora, esto que le vamos a contar no le va a gustar mucho.

-Déjate de requiebros y desembucha.

-Pues...

Verá...

El paisano de don José,...

el chaval, en realidad es...

-Es, es... -Es...

-Es, es.

-¡Es un caradura de mucho cuidado! -Eso, eso.

-Un buscavidas. -Un tuercebotas de tomo y lomo.

-Pero si el muchacho parece la mar de simpático.

-Es que le va la vida en eso, hombre.

Ese muchacho es un embaucador.

-Sí. -Vamos,...

un sinvergüenza de tres al cuarto.

¡Por Dios, maldita ciudad de rateros!

No puede una fiarse de nadie, ¿eh?

-De nadie, de nadie.

Ahora comprenderá usté porqué no queríamos decirlo,

para no disgustarla.

-A puntito he estao de invitarlo a comer a casa.

¡Menudo sinvergüenza!

-Buah, buah.

Vamos, vamos... -Bueno...

Vamos, cómo hemos salido de esta.

-Si es que somos los más grandes.

-Buah, qué bien. -Aquí.

-Nos hemos mantenido ahí. -(RÍE)

-Pues nada.

Bellita está encantada,

me ha contado que fuiste muy galante.

-Por Dios, si solo le ayudé a recoger sus cosas del suelo.

-Algo más sería,

que mi señora no para de hablar de lo educao que eres.

-Don José, uno será de pueblo, pero tiene sus maneras.

-Maneras y gracia, que solo hay que escucharte

para sentir el tronío andaluz de tu sangre.

Eso es lo que se ha llevado por delante a mi Maribelli.

-Uno es como es, para lo bueno y para lo malo.

-No seas modesto, que poco malo hay en ti.

¿Sabes una cosa?

Le voy a contar a Bellita que eres mi hijo.

-Oiga, don José, no quiero meterle en problemas.

-Este es el momento y hay que aprovecharlo.

-¿Usted cree?

¿No sería mejor esperar a que Cinta volviera de su gira?

-Tú tranquilo, que yo me encargo de todo.

Mire, don José, que no es lo mismo ser un joven simpático

que un hijo postizo.

-Ni postizo ni na, tu eres mi hijo, si no hay más que verte.

-Como usted quiera, pero sepa que yo no se lo he pedido.

-Lo sé,...

pero el cuerpo me pide contarle la verdad a Bellita,

que este secreto me reconcome por dentro.

Además,

un hijo es lo mejor, ¿o no?

Y más cuando se entere que eres tú. Se va a quedar patidifusa.

-¿Usted cree? -Claro que sí.

Si ya la tienes rendida a tus pies.

Dentro de na la tienes comiendo de tu mano, hazme caso.

-No imagina la alegría que me dan estas palabras.

-Pa eso estamos, hijo, pa eso estamos.

(CHISTAN)

-Se ha dormido.

-¿Y Carmen? ¿No viene con usted?

Se ha quedado cerrando la tienda con Marcia.

-¿Qué?

Que se ha quedado cerrando la tienda con Marcia.

O echando una cabezadita, quién sabe.

-Padre, ¿se ha encontrado con Felipe?

-Sí, hace un rato le vi en la calle.

Lo vi más centrado,

La luna de miel ha sido corta pero provechosa.

-Ya.

¿Y le preguntó usté sobre Marcia y su traslado al altillo?

-No me ha dicho nada y tampoco me ha parecido oportuno sacar el tema.

-Confiemos que la separación de Marcia y Santiago no le afecte.

-No sé yo.

Solo faltaría que se echara atrás después del "Sí quiero".

-Hijo, don Felipe no es un niño caprichoso.

Sabrá mantenerse donde le corresponde.

-O eso o aquí se va a armar la de san Quintín.

-Voy a la cocina a por agua,

te traigo un vaso, que en tu estado tienes que beber mucho.

-Lo sé, lo sé, pero antes de dormir no quiero,

que si no, cada dos por tres estoy yendo al escusado.

(Ruido)

-¡Chist! Suegro, por Dios.

-Padre, tiene que ser como un samurái.

-Como santa Teresa, levitando.

-"Buenas noches".

-Buenas.

-¿A ustedes también les ha convocao Cesáreo?

-Eso parece, lo que no sabemos es para qué.

-A ver si ha recuperao el trabajo. -No estaría nada mal,

que a nadie le amarga tener un amigo sereno.

-La que no anda muy católica es Marcia.

Casilda, ¿te ha comentao algo del disgusto con Santiago?

-No, la verdad es que no me ha dicho ni mu.

¿Lo oyen? Son pasos. A ver si va a ser Marcia.

-Hombre. -Hombre.

Dichosos los ojos. Veo que ha recuperao el trabajo.

-Así es, ya echaba de menos el gabán del uniforme.

-Nos asustó con la espantá que dio.

-Tienen razón,

los papeleos con el ayuntamiento llevan su tiempo.

En fin, en un rato empiezo mi ronda.

-Va a ser un descanso tenerle en las calles de nuevo.

-Di que sí, que su sustituto siempre estaba malencarao.

-Bueno, digo yo, si no es indiscreción,

no llevará algo de manduca ahí dentro, ¿verdad?

-Es usté un glotón, Servando.

-No me digas que no te llegan los efluvios del choricico.

-Jacinto, que van a pensar que te mato de hambre.

-Dejen las vergüenzas

y vamos a celebrar con lo que he traído.

-Así se habla, sí, señor.

Choricillos de León... -Ole.

cecina de mi pueblo. -Oh.

-Dios.

-Y orujo del Bierzo para subir los ánimos.

-A ver, a ver.

Oh. Lo bien que se come en los pueblos.

¿Y esas caras a qué vienen? -¿Que a qué vienen esas caras?

-Pronto olvidan ustedes que este hombre ha dejado plantada a Arantxa.

-¿Por qué dice eso?

Arantxa y yo nos hemos separado de mutuo acuerdo.

-¿De mutuo acuerdo?

Por no decir "si te he visto no me acuerdo".

-Hablan sin conocimiento.

Vivir en un caserío es muy aburrido,

por no hablar de la familia de Arantxa.

-Y porque me aburro, cojo el petate y me voy.

-No fue así, fue Arantxa la que me animó a irme.

-No veo que le costara mucho marcharse.

-Eso.

-¿Qué? ¿Hacemos un brindis por Cesáreo?

-Yo me bajo al chiscón, que estoy muy cansada.

-Yo también me voy al catre, que no son horas.

-Espera, Marcelina, que voy contigo.

-¿Qué les pasa a estas?

-Vamos a coger los vasos, a más tocamos.

Me ha parecido ver a Cesáreo, en la calle.

Pues sí que se ha cansado pronto de las Vascongadas.

-Lo habrá confundido con otro.

Sirvo.

(Ruido)

Samurái, hijo, samurái.

(Llanto de bebé)

-Cosita...

Uy, uy, uy... Chist.

Ya, ya, ya, ya.

-Lo siento.

-Díselo a él.

Ya está, ya está.

(Llanto de bebé)

(Llanto de bebé)

(CHISTA)

Chist.

(Llanto de bebé)

-Otra noche más sin dormir.

-A ver si yo me puedo encargar. -¿Tú?

-Sí, sí, ya verá.

"Iepa-iá".

"Iepa-iá", Moncho.

-Anda, hijo, calla, calla.

-Pruebe usted.

-Solo me faltaría dar gritos como un salvaje.

-¿Tenemos algo más que perder?

-Está bien.

"Iepa-iááááá".

"Iepa-iááááá".

(Llanto de bebé)

Esto es absurdo.

-Los dos juntos, a lo mejor se aturulla y para.

-Así, a lo alto, como decía Jacinto.

(AMBOS) "Iepa-iááááá".

-No.

Yo creo que ya, ya está bien, hala.

-Lo mejor es mentalizarse. -Sí.

(Llanto de bebé)

Antoñito, corre al 38 y da aviso a Jacinto para que venga. Tira.

-¿A estas horas?

-Sí, tú dirás.

O te aprendes el grito o le ponemos una cama al portero.

-De cama nada, tiene que haber otra solución.

-Sí, dejarle llorar hasta los cuatro años

y quedarnos todos locos.

-Antoñito, vamos ahora mismo a buscar a Jacinto

porque no aguanto más estos gritos.

-Tira, tira.

(Llanto de bebé)

Ay, Monchito.

Venga, venga. (SUSPIRA)

Venga, venga. (CHISTA)

(CHISTA)

Así, así, así.

(Suenan las campanas)

¿Estás más contenta, reina mora?

-Hasta que no he escuchao a la niña no las tenía todas conmigo.

-Ya has oído que la actuación salió fetén y que está contenta.

-Y tanto, como que se trabucaba pa contarme to.

Dice que se le ha acercado algún aficionado pa preguntarle por mí.

-Anda que no hemos llenao teatros en Córdoba.

-El Gran Teatro, ¿recuerdas? Qué hermosura.

-Muy cerquita de donde está actuando la niña.

El suyo es más chiquitito, pero con más solera.

-Lo que daría por estar con mi Cinta.

-Si acabas de hablar un buen rato por teléfono con ella.

Acuérdate de nuestra época, que ni las cartas llegaban a tiempo.

-Qué ganas de volver a la normalidad.

A ver si damos con una criada en condiciones y tiramos para adelante.

-Tiempo al tiempo, sin prisa pero con pausa.

Verás, cielo mío... -Buenos días.

-Hola. -Buenos días.

-He hablado con Cinta por teléfono, imagino que ustedes también.

-Na más levantarse nos ha llamado.

Su actuación ha sido un éxito.

-Como tenía que ser.

Su hija es una gran artista, estoy muy orgulloso de ella.

-Así estamos nosotros.

Tráenos a Bellita y a mí dos cafés con leche y unos suizos,

cuando puedas.

-Ahora mismo. Pero ¿se lo van a tomar aquí?

Hace mucho frío.

-Sí, aquí, aquí.

-Ahora vuelvo.

-Oye, ¿no has notado a Emilio un poco mustio?

-Buena cara no tiene el muchacho.

Sin duda, los Pasamar lo están pasando fatal

con la detención de la profesora de Camino.

-Pobrecilla la chiquilla.

Con lo ilusioná que estaba con la pintura...

-Sí. Lucero mío...

-Don José, doña Bellita,

miren lo que dicen los periódicos de su niña.

-Qué barbaridad, ¿ya ha salido algo?

-Sí, pero como es un teatro en provincia, la noticia es chiquitita.

-A ver. Aquí, aquí.

-A ver, a ver.

Escuchad.

"Cinta Domínguez quiere ir a más".

"Cada gesto, cada desgarro en su voz nos traslada a los más grandes,

a los maestros de la canción,

como la gran Bellita del Campo,

madre y maestra

de esta joven revelación". Ole.

-Toma ya, crítica bonita.

-José, paga a Marcelina el periódico, que me lo quedo.

-Deje usted, que invita la casa. Y ahora vuelvo al quiosco.

-Si ves que hablan de ella en otro periódico, nos lo guardas.

-Claro que sí.

-Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios. Lo voy a guardar como oro en paño.

-(SUSPIRA)

Bueno, ahora sí. -Dime, hijo.

-Verás, amor mío, que... -Buenos días, señores.

-Cesáreo, ¿qué hace usted aquí?

-¿No se había ido con Arantxa a su pueblo?

-De eso precisamente quería hablarles.

Si me permiten, me gustaría contarles

qué ha pasado entre Arantxa y yo. ¿Me permiten?

-Sí, claro. Usted dirá.

-Aquí habla todo el mundo.

¿Seguro que no prefieres trabajar en el principal?

Sabes que me encantaría compartir despacho contigo.

Lo sé, pero lo lógico es mantener mi despacho aquí, en casa.

Entiéndeme, en el principal tendría demasiadas distracciones.

Como quieras.

Voy a preparar una infusión, ¿quieres?

No gracias.

Agustina debe estar por ahí. Dile que te la prepare.

Juraría que la dejé aquí.

Señor, ¿busca algo?

Agustina, ¿ha visto una carpeta que dejé sobre la mesa?

No lo sé, señor.

Hice limpieza durante su ausencia,

pero no toqué nada de la mesa, tal y como me ordenó.

¿Está segura?

Quité algunos papeles que había por el resto de la casa,

pero de la mesa no toqué nada.

¡Esa carpeta tiene que aparecer!

Felipe, ¿qué pasa?

Antes de irme dejé una carpeta sobre la mesa y ya no está.

¿Cómo no va a estar? No está.

No está, no sé dónde diablos se habrá metido, pero no está.

Vamos a calmarnos y pensar bien las cosas.

Agustina, trate de hacer memoria.

Cuando limpió el despacho, ¿cogió algún papel o alguna carpeta?

No sé, señora, no recuerdo haber cogido nada.

Repasemos los posibles sitios donde podrían estar.

He mirado por todas partes y no está.

Felipe, no pierdas la calma y pensemos con calma.

¿Adónde vas?

¿Es esto?

Sí.

Son estos.

Ya está, todo solucionado.

¿Cómo ha llegado mi carpeta a esa caja?

Le dije que no tocara los papeles de la mesa.

Lo siento, señor, yo tampoco sé qué hacían en esa caja.

No lo sabe. Usted es la única que entra en esta casa.

Perdóneme, señor.

Es verdad que últimamente tengo algunos olvidos,

pero le prometo que no volverá a ocurrir.

Eso espero.

Retírese.

Cariño, no te ofusques,

ha sido un simple olvido, no hagamos leña del árbol caído.

Esos documentos son muy importantes.

¿Qué hubiera pasado si no los hubieras encontrado?

Nada, tú lo habría hecho tarde o temprano.

La caja estaba junto a la puerta. Con papeles para tirar.

Menos mal que nadie la bajó.

Hace unos días me acusaste de coger los trozos de la carta de Úrsula.

Es evidente que fue Agustina quien los debió tirar.

Tienes razón, lo siento.

Yo lo siento por ella.

Cada vez se le va más la cabeza.

Creo que deberías plantearte si merece la pena

seguir manteniéndola en la casa.

Reconozco que ha perdido facultades,

pero me duele despedirla.

Lleva años conmigo

y no quiero dejarla en la calle.

Felipe Álvarez Hermoso, tiene usted un corazón de oro.

Adoro ser su esposa.

Me he vuelto a dormir, hija.

Te dejo, voy a preparar la comida

para que Lolita se pueda encargar del pequeño Moncho.

-Vaya tranquila, yo me encargo de la mantequería.

-(BOSTEZA)

Esta criatura nos va a matar a todos de sueño.

Cuando crezca, van a echar de menos estos días.

-Qué bien lo sabes.

Y tú qué, ¿mejoran las cosas con tu marido?

-(NIEGA)

-Marcia, yo te tengo mucho aprecio,

de verdad,

y siento que un matrimonio tan joven sufra de esta manera.

-Carmen, yo prefiero no hablar de eso.

-Tienes razón, perdona.

Gracias por tu ayuda, Marcia. Lolita y yo

te estamos profundamente agradecidas.

-Lo hago con gusto.

-Lo sé.

Lo sé.

Tengo que dejarte. Con Dios.

-Con Dios.

¿Qué estás haciendo aquí?

¡Te dije que no quería volver a verte!

¡Fuera de aquí!

¡Fuera!

Buenas. -Buenas.

-¿Podría ver a Camino? -Camino no ha llegado todavía.

-Si no le importa, la esperaré aquí.

-Como quiera.

-Verá, Emilio,

vengo a decirle a su hermana que estoy muy arrepentido

por haber interrumpido nuestra relación.

No me comporté bien.

Debí mantener la cabeza fría en vez de actuar en caliente.

-Espero que Camino lo comprenda y me perdone.

Emilio, ¿cree que tengo alguna posibilidad con su hermana?

-Creo que es mejor que no pierda el tiempo y vuelva en otro momento,

mi hermana no vendrá en todo el día.

-¿Le ha pasado algo, acaso está enferma?

-No, pero ha tenido una discusión bastante brusca con mi madre,

y dudo que las dos quieran cruzarse en el restaurante.

-Entiendo.

¿Podría darle estas flores de mi parte?

-Sí, claro. -Gracias.

No le entretengo más. Que tenga un buen día.

-Igualmente. Con Dios.

-Emilio.

-Don Liberto, ¿ha pasado algo?

-Tengo algo muy importante que contarle.

-"Te desprecio..."

con toda mi alma,

has arruinado mi vida y la de la gente que quiero.

Fuera de aquí.

-Escúchame antes.

-No, no quiero,

solamente sabes mentir.

-Será la última vez, te lo prometo.

-Está bien,

dime lo que me tengas que decir y vete.

-Estoy muy avergonzado por todo lo que ha pasado.

Si no he venido antes

es porque he preferido que antes enfriases tu enfado.

-No es cosa que se pase en unos días, sigo muy enfadada.

-Lo sé.

Y respeto tu decisión de marcharte al altillo.

No estamos casados y puedes hacer lo que quieras.

Pese a las mentiras que te he contado,

hay algo que es completamente cierto:

el inmenso amor que siento por ti. Créeme,

eres lo mejor que me ha pasado en mi vida,

y tan solo te ruego una oportunidad, por favor, la última.

Somos seres a la deriva,

nos merecemos ser felices.

Estamos a tiempo.

Yo tenía la oportunidad de ser feliz con Felipe,...

hasta que tú llegaste el día de mi boda haciéndote pasar por mi marido,

y nos separaste definitivamente.

Tú arruinaste mi felicidad.

Por tu culpa,

Felipe está condenado a vivir un matrimonio infeliz

con Genoveva.

¿No te das cuenta del daño que has causado?

-Lo siento.

Entiéndeme...

-Es que... ni siquiera puedo gritar a los cuatro vientos

que eres un farsante.

Felipe no puede saber que no eres Santiago,

no puedo causarle más dolor.

-Perdóname.

-Jamás.

Jamás te perdonaré.

-Te puedes quedar en la habitación de la pensión.

Buscaré otro sitio.

Jamás volveré al lugar donde me han mentido tanto.

Quiero estar el altillo,

donde la gente va de frente.

-Tus cosas siguen allí.

No tienes qué recogerlas si no quieres.

-No te preocupes, volveré a recogerlas

cuando encuentre un lugar en el altillo donde guardarlas.

Ahora, vete.

No quiero verte nunca más.

¿Qué me dice?

-No sé.

Tal vez sea un error o tal vez no.

-Eso es algo que usted debe valorar. La decisión está en sus manos.

Si quiere, esta misma tarde puedo llevarlo a cabo.

Piénselo y ya me dice lo que decide.

-Pero, don Liberto, ¿por qué lo ha hecho?

Su comportamiento me confunde.

-Verá, Emilio, en parte le entiendo,

yo también estoy confundido.

Por una parte, siento un profundo rechazo

por lo ocurrido

y por otro tengo un gran cargo de culpa por el dolor ocasionado.

Supongo que en parte les tengo afecto.

Tampoco sé si estoy haciendo lo correcto.

Solo espero que sea lo que sea, sea para bien.

¿No?

Con Dios.

-Con Dios.

Felipe.

Te he echado mucho de menos. Solo he estado unas horas fuera.

Cada minuto sin ti es una eternidad.

¿Y tú?

¿Me has echado también de menos, aunque solo sea un poco?

Da gusto ser recibido de esta manera.

Siéntate y cuéntame cómo te ha ido el día.

Mejor no. Ha sido bastante aburrido.

Me da igual.

Quiero saber lo que haces cuando no estás conmigo.

Está bien.

Tras el susto que me llevé esta mañana,

trabaje varias horas

y, luego compartí una larga y aburrida comida con un cliente.

Conmigo te lo habrías pasado mejor.

¿Ah, sí? Cuéntame qué has hecho tú.

Me encanta que te preocupes por mí.

Para tu tranquilidad, te diré que esta mañana se ha pasado el doctor.

¿Qué te ha dicho? Que la gestación va de maravilla.

Me alegro.

¿Y Agustina?

¿Ha tenido otro despiste?

Imagino que sigue igual, prefiero no agobiarla.

(Grito)

Es Agustina.

Agustina, ¿está bien? Agustina, ¿está bien?

Levántese. Cuidado, cuidado.

Poco a poco.

(SE QUEJA) Incorpórese. Eso es.

Con cuidado, Agustina. Ahí está. (SE QUEJA)

¿De dónde vienes?

-¿Tengo que darle explicaciones de todo lo que hago?

-No me hables así, soy tu madre.

-Vámonos, Camino, antes de que se haga más tarde.

-¿Adónde?

-A por los manteles, ¿te has olvidado?

-Búscate un mozo, yo no soy una burra de carga.

-Vas a acompañar a tu hermano. Estoy harta de tus desplantes,

y de tus malas contestaciones.

Aquí todos arrimamos el hombro y no se nos caen los anillos.

¿Me has entendido?

-Vámonos ya o encontraremos el almacén cerrado.

Haz lo que te digo. No vamos a por los manteles.

-¿Cómo? -Sígueme y calla.

Visto lo visto, ayer no quedó muy claro

los diferentes tipos de gritos borregueros,

algo ancestral, como demuestra el escudo de familia

que aquí pueden ver.

-¿Eso es un escudo heráldico?

-Jacinto, por favor,

al grano.

-Hoy, probaremos otro método.

Vamos a aprender los dos tipos de gritos borregueros.

Cada uno es importante según la oveja que tengan.

Ya lo aprenderán más adelante.

Tenemos el grito hacia arriba o ascendente

o el grito hacia abajo o descendente.

¿Vale? Arriba, abajo.

Les voy a hacer una explicación para que lo repitan, ¿de acuerdo?

El de pa'rriba es: "Iepa-iáááá".

"Iepa-iááááá".

Y pa'bajo es: "Iepa-iááááá". "Iepa-iááááá".

"Iepa-iááááá".

"Iepa-iááááá".

Sublime, Jacinto, si tú lo haces muy bien,

pero somos nosotros los que tenemos que aprender.

-Gracias por los cumplidos, pero las clases las doy yo.

¿Algún voluntario para empezar?

-Antonio, empieza tú, que yo no me veo.

-De acuerdo. Levántese y vamos a calentar.

Recuerde.

Calentemos... -(RESOPLA)

¿Qué hace? Eso lo hacen los caballos, no los borregos.

¿De acuerdo?

Bien, bien.

Yo señalo y usted grita, ¿de acuerdo?

-"Iepa-iá".

A ver.

-"Iepa-iá".

-Bueno, a ver,

ayer le iba bien cogiendo el bastón

probemos de nuevo.

Coja el bastón, concéntrese en él, ¿de acuerdo?

Tranquilidad, ¿eh? Libérese.

-"Iepa-iá".

-"Iepa-iá". -"Iepa-iá".

-¡Iá! -¡Iá!

Vamos a probar.

-"Iepa-iá". -"Iepa-iá".

-"Iepa-iá". -"Iepa-iá".

Bien, bien. Hay que afinar los matices, pero vamos mejorando.

Poco a poco, poco a poco.

Don Ramón, su turno.

-Esto es bochornoso. -Sin pensar, padre, sin pensar.

-Usted coja el bastón y sienta el poder, la energía del cayao.

-"Iepa-iááá".

No ha salido bien, ¿no?

-A lo mejor demasiado bien.

Yo creo que eso es más propio para una zarzuela

o una reunión en el Ateneo.

-Así no se podría dormir a Moncho, ¿verdad?

-Esto va a ser más duro de lo que pensaba.

-Don Ramón, vamos a probar con el zurrón.

Póngase el zurrón.

Ahí. El bastón y el zurrón, muy bien.

El cayao... Y ahora sí, sin miedo,

suéltese. A la una, a las dos y a las tres.

-"Iepa-iááá".

Esto vas a hacer.

Te escondes ahí atrás, quietecito,

y cuando llegue Bellita, yo le doy la noticia

y entonces entras tú con los pasteles.

-¿Y qué hago? ¿Se los doy a ella?

-Mejor te esperas, que la mujer se habrá quedao de piedra

y habrá que contarle la verdad antes.

-¿Se la cuenta usted? -Entre los dos, un ten con ten.

Con nuestra labia y los dulces nos la metemos en el bolsillo.

Ya verás

-¿Seguro?

-Que sí, muchacho. Confía en mí.

¿Cómo has conseguido el permiso?

-Hablé con Liberto y él hizo las gestiones.

-¿Liberto?

Pero a él no le agradaba la idea de que viniera a ver a Maite.

-Te dije que tuvieras paciencia.

Liberto y yo queremos ayudarte.

-Sí, ayudarme.

-Camino, por favor, no me odies,

sabes que haría cualquier cosa por ti.

No apruebo lo que haces con Maite,

pero siempre y pase lo que pase, me tendrás a tu lado.

(Puerta)

-¿Será Maite?

¿Por qué tarda tanto su señora?

Digo yo que estará buscando a una criada

y se habrá liado hablando con las vecinas.

(Puerta)

(CARRASPEA)

¿Qué pasa, reina mora?

-El disgusto que traigo por culpa del sereno,

dejar plantada a mi Arantxa con lo buena que es.

-¿Has hablado con Arantxa? -Lo he intentao,

pero el teléfono más cerca del caserío está a dos horas en carro.

¿Te crees lo atrasaos que están?

-Mujer, no te hagas mala sangre, seguro que Arantxa está bien.

Recuerda la morriña que tenía de su tierra.

-Sí, supongo que sí. Allí estará con su gente.

-Amor mío, hay algo que tengo que contarte sobre Julio,

ese muchacho de mi pueblo tan galante y caballero.

-¿Galante y caballero?

¡Ese Julio es un prenda de cuidado, un pirata!

-¿Hablamos del mismo Julio?

-¡Cuánto más lejos esté esa mosquita muerta, mejor!

No quiero volver a verlo ni en pintura,

¡y como se me cruce, se va enterar del genio de Bella del Campo!

-Pero...

Pero ¿no me habías dicho que te agradaba el muchacho?

-Eso era antes.

Me he enterado de que es un embaucador y un embustero.

¿Sabías que no hay taberna donde no deba dinero?

Eso sin contar que es un raterillo sin escrúpulos

capaz de robar a su propia madre.

El peligro que he corrido sin saberlo

cuando me ayudó con la limosnera. (SUSPIRA)

Estoy seca.

-Métete en un cuarto, en el que sea, que no te vea.

-¿En qué cuarto? -El que sea, venga.

-Vamos.

(CARRASPEA)

-¿Qué te pasa, que te veo todo sofocado?

-Qué me va a pasar, no me pasa nada.

Nada.

Ha sonado la reja tres veces y ninguna ha sido Maite.

-Siéntate y deja de dar vueltas. Te estás poniendo más nerviosa.

-Si no la veo pronto mi corazón va a estallar.

(Pasos)

-Te espero fuera.

Sé prudente, os están vigilando.

(LLORANDO) ¡Maite!

(Puerta)

¿Cómo está Agustina, qué te ha dicho el médico?

Ha tenido suerte. No ve ninguna fractura,

aunque sí varias contusiones por todo el cuerpo.

Debió ser un golpe fuerte.

De hecho, aún sigue conmocionada. La he dejado durmiendo.

Las criadas se ocuparán de ella.

Siento muchísimo ese accidente.

Supongo que debió resbalarse con el suelo recién encerado.

A perro flaco todo son pulgas.

Nunca un refrán tuvo tanta verdad.

(Puerta)

¿Esperas a alguien?

Es muy tarde, solo puede ser un vecino.

(Se cierra la puerta)

Es el comisario Méndez, que ha venido a visitarnos.

Qué sorpresa, ¿a qué se debe este honor?

¿Desea tomar algo para brindar por nuestro recién matrimonio?

Me temo que tendremos que postergarlo para otro día.

Vengo por un asunto de vital transcendencia.

Usted dirá. Nos tiene en ascuas, comisario.

Se trata del asesinato de Úrsula Dicenta.

Necesito hablar con doña Genoveva.

¿Me está acusando de estar implicada?

No me malinterprete, yo no acuso, investigo.

Niño, venga pa fuera.

Pa fuera.

¡No! -Lo siento, lo siento.

-Da igual, fuera, fuera.

Espera.

Mi madre,...

seguro que ella habló con la lavandera

y la convenció de que te denuncie.

Voy a hablar con mi madre para convencerla

de que retire la denuncia, y sé cómo hacerlo.

Úrsula se había convertido en una grave amenaza para Genoveva.

No es descabellado que contactara con un tercero para asesinarla.

Ya, vuelve a la carga con la acusación contra mi esposa.

El otro día las noté enfadadas conmigo,

y me imagino que pensarán que la he dejado abandonada.

Bueno, no quiero que piensen que soy un desconsiderado ni un mal hombre,

lo que pasa es que la vida en el caserío no era para mí.

-"Iepa-iá". -"Iepa-iá".

-"Iepa-iá". -"Iepa-iá".

-"Iepa-iá". -"Iepa-iá".

-Vale, ya le habéis despertao, ¿estáis contentos?

-¿No os dais cuenta de lo que habéis hecho?

Deberíamos buscar una sustituta más joven.

Con mayor equilibrio mental y físico.

Agustina lleva muchos años a mi servicio,

y me resisto a dejarla en la calle. Adoro tu buen corazón,

pero debemos ser prácticos, tomar una decisión por el bien de todos.

No vuelvas a acercarte a mí.

Si quiero, puedo ponerte las cosas muy difíciles.

-Sabes que nunca lo harías.

-Tú pruébame.

(Silbido)

Eulalia. -Julio José.

¿Qué pasa?

¿Ya no te trata con amor? Ay, estos hombres...

Pasa que me he enterado de que fue usted quien lo trajo de Brasil

para impedir mi boda con Felipe, miserable.

¿Qué?

¿Qué le parece?

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Acacias 38 - Capítulo 1200

13 feb 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Sí y los más pesados con los mono temas de la familia Palacios... De la Familia Domínguez... De la Familia Pasamar y las inclinaciones de la niña pija... Vaya con Camino que inclinaciones tenia en sus secretitos. Y que cabezona y impertinente y la mamá insoportable manipuladora insufrible. Genoveva obsesiva como Cayetana por los hombres, maridos y la pobre de Marcia, con ese "marido de pega y secretudo" En fin solo faltaban Arantxa y Cesáreo liados, y separados. Madre mía que pesadillas. No es una novela de sobremesa o tarde de entretenimiento, no de terror. Y ningún guionista recuerda que la mejor de todos los personajes es Casilda y lleva 10 años viuda para que le busquen un hombre como Dios manda, guapísimo como German y Telmo, además de posibles para que deje ya de servir a doña Rosina que es un personaje de los más rastreros de la serie.

    ayer
  2. Victoria

    ¡Enhorabuena por esos 1.200 Capítulos!!! ... sois los mejores.

    pasado viernes