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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1184 - ver ahora
Transcripción completa

Te vas a poner a limpiar esta casa

hasta que quede como los chorros del oro, ¿eh?

-(SE ENFADA)

(EXHALA)

¿Los dos solos? -Ildefonso es todo un caballero,

confío plenamente en él. Será un paseo por los alrededores.

-¿Vamos, Camino?

-Sí.

-Hoy mismo podría acabar con la vida del tal Israel Becerra,

o Santiago Becerra, como se ha hecho conocer para todos.

Agradezco su profesionalidad,

pero por el momento, prefiero que espere

y esté atento a mis instrucciones.

Eran las cinco de la tarde cuando entré en la tienda.

¿Cómo puedes estar tan segura?

Porque en ese momento pasaba el sereno cantando las horas.

Qué va, si hasta hace poco estaba convencida de no aceptar el caserío,

y ahora estoy rumiando echar a correr de aquí.

Marcia recuerda la hora porque el sereno de la zona

estaba cantando las cinco de la tarde, ¿me sigue?

Sí. Quiere que localice al sereno

para que dé fe de que Marcia estaba allí.

Eso es, exacto.

He hablado con sus superiores en el cuartel de la montaña

y ¿sabe qué me han dicho?

Nos han dicho que Julio Expósito está de permiso,

en su pueblo, velando a su tío que acaba de fallecer.

¿Qué es esto?

La prueba de que no fui yo quien inculpó a Marcia.

¿De dónde ha salido esta carta?

Está escrita por Úrsula, de su puño y letra,

la escribió antes de morir.

Pero esto... no demuestra nada,

tan solo la locura que aquejaba a esa mujer.

Nunca he creído que no fuera una pobre mujer desvariada,

una mujer dominada por el odio y el resentimiento.

Como ves, yo quedo exculpada de haber intentado implicar a Marcia.

Todo es una sarta de mentiras.

Úrsula habla de lo que usted ama,

como si amara a alguien que no fuera usted misma.

No te he enseñado la carta para que me juzgues a mí,

sino para que veas la causa de que las sospechas de Méndez

hayan caído sobre Marcia.

Lo del pañuelo es un detalle sin demasiada importancia

que cualquier abogado podría desactivar.

No,

no creo en nada de lo que dice.

Usted no es capaz de decir la verdad,

tan solo de retorcerla para su propio beneficio.

Has leído la carta igual que la he leído yo.

Deja de decir sandeces que no llevan a ningún lado.

También la he visto usar al hijo que lleva dentro

para engañar al pánfilo del abogado.

Juega a dos bandas.

O a más, ¿quién sabe?

Pero yo no, solo quiero una cosa, amo a Marcia.

¿Después de haber venido para destrozarle la vida?

¿Después de haberte hecho pasar por quien no eres, por su esposo?

Le voy a compensar todo el mal que le he hecho

y, voy a empezar por usted.

Si ella no sale de inmediato de la cárcel,

será usted quien le sustituya en la celda.

Sabe que puedo conseguirlo.

Y tú sabes que puedo conseguir que me acompañes,

si decidimos hacernos daño,

acabaremos de la mano en el patíbulo.

Lo que me ocurra a mí ha dejado de importarme.

El tiempo ha empezado a contar para usted,

ya sabe... lo que va a pasar.

Has tirado por la borda la última oportunidad.

Es una pena.

Hasta nunca, cómo te llames.

(Sintonía de "Acacias 38")

Y... te gané.

Es injusto. Injusto o no, te gané.

Pero porque yo cometí un error. Mañana te doy la revancha.

Es que, sin apostar nada no me concentro,

debería haber algo en juego. -Nada de apostar.

No es dinero, padre. Es apostarnos un beso o algo así.

¿Un qué? Menos todavía.

A saber por dónde se acaba.

Mal pensado. Soy una señorita.

Ya sabes lo que dicen,

piensa mal y acertarás. ¿No te vas a la cama?

Sí. ¿Te acompaño a la puerta, Emilio?

-No. Tu padre me ha dicho que me iba a dar a probar

un licor de su tierra.

En la tierra de mi padre solo hay cactus.

-Pues de cactus es el licor.

Sí, señor.

Anda, vete a dormir y déjanos un rato a tu enamorado y a mí.

¿Qué se traerán entre manos?

Buenas noches. Buenas noches.

Buenas noches. Y abrígate, que hace frío.

¿Qué es eso de hacerte probar un licor?

Vaya excusa peregrina.

-Que necesito hablar con usted a solas, don José.

-Sí, ya me he dado cuenta. ¿Qué pasa?

-Quería yo hablarle del joven que anda rondando por el barrio

y preguntando por doña Bellita y por usted.

-¿Has descubierto algo?

-Que ni admirador ni zarandajas,

es otro asunto el que le ha traído a Acacias.

-Cuéntame.

-Pues... la verdad es que no sé cómo decírselo.

-Pues con valor. Valor y al toro, muchacho, venga.

-(EXHALA)

Menos mal que ha vuelto Casilda,

se vuelve a comer bien en esta casa.

-¿Es que no te gustaba lo que yo te preparaba?

-Mujer, tú tienes muchas virtudes, pero la cocina no es una de ellas.

-Porque no nací para criada.

A ver si una va a tener que ser señora y a la vez una sirvienta.

-Naciste para cortesana.

-Eres un descarado.

Porque te conozco, nada más que eso.

A ver qué ha hecho Casilda de postre.

-Me encantarían unas natillas. ¡Casilda!

-¿Quieren ya el postre?

Se van a chupar las yemas de los dedos. Voy a por él.

-Ha dicho que nos vamos a chupar las yemas de los dedos.

Yo apuesto por tocino de cielo.

No, natillas o flan, ya verás.

Van a ver qué rico está.

-¿Qué es?

-Shebakiya.

-¿"Sobaquilla"? Qué asco, ya te lo estás llevando.

-Que no, que es un postre árabe que está riquísimo.

Está hecho con harina, con sésamo, anís y miel.

Hm...

Está buenísimo.

Pruébalo, Rosina.

Exquisito. De las mil y una noches.

-Sí que... Sí que está rico.

¿Has aprendido a hacerlo en Marruecos?

-Sí.

No me imaginaba que viajar fuera tan bueno.

-¿Por qué no te sientas con nosotros?

-¿Yo?

¿Con ustedes?

¿En esta silla?

-Por una vez y sin que sirva de precedente.

-Sí, sí.

-Cuéntanos qué viste, qué comiste,

qué te llamó la atención...

-Es que... en Marruecos es todo tan distinto a España.

Los colores,

los sabores, los olores, la ropa...

-Y la gente. Habrás conocido a mucha gente.

-No pueden imaginarse cómo son de bonitas las noches en el desierto,

con el cielo lleno de estrellas.

Y los zocos, allí se puede comprar todo lo que se les ocurra.

Hay unas especias que ni servidora sabía que existían.

-Mucha gente que habla español, ¿no?

-Y menos mal, que de su idioma no entendía ni jota.

-¿Y son guapos los marroquíes?

-Bueno, pues...

Sí que hay guapos, feos... Hay de todo.

-Claro. -Como aquí.

-Sí.

-Bueno... -Pero...

Lo que más me llamó la atención fue...

cuando los llaman a la oración,

se me puso la piel de gallina.

-Menos mal que has vuelto, te hemos echado de menos.

-Yo la que más, no tenía a nadie a quien regañar.

Yo también los he echao de menos.

¿Les ha gustao el postre?

-Mucho.

-Un día les preparo el té como lo toman ellos,

estaba riquísimo.

Y... eso es todo, creo que no me olvido de nada.

-Vaya momento de llegar esa noticia.

-Entonces, ¿cree que puede ser cierto?

-No te miento,

puede serlo y puede no serlo.

Yo qué sé.

El relato, las fechas, los nombres,

los acontecimientos... Todo es creíble.

-Entonces, no hay duda.

-Si no es verdad, es una historia muy bien tramada.

Llena de nombres y lugares que recuerdo de mi juventud.

-¿Y qué va a hacer?

-De momento, consultarlo con la almohada

y no precipitarme. Cinta no sabe nada, ¿no?

-Solo Antoñito y yo estábamos presentes

cuando Julio nos lo contaba.

-Espero que Antoñito no se vaya de la lengua antes de tiempo.

-Me ha dado su palabra de honor de no hacerlo.

-A ver, Emilio,

sé que en una pareja no puede haber secretos

y que no está bien que le ocultes cosas a Cinta,

pero te pido que esto no se lo desveles todavía.

Yo tampoco se lo diré Bellita,

hasta que no esté seguro.

-Descuide. De mi boca no saldrá.

Ya llegará el momento de que lo sepan,

cuando confirmemos su veracidad.

-¿Cómo piensa hacerlo?

-Encontrándome cara a cara con ese muchacho.

¿Me puedes ayudar?

-Por supuesto, cuente conmigo pa lo que necesite.

-Y asegúrate de que Antoñito no dice nada, pídeselo por favor.

-Lo haré.

Pero ya le digo, me dio su palabra de honor.

Tranquilícese, don José, que todo se va a arreglar.

Buenas noches. -Buenas noches.

(Afilador)

¿Un coche fabricado en hora y media?

-Eso es lo que tardan en la fábrica Ford, en Detroit,

desde el 6 de enero.

-¿Y cómo lo hacen tan rápido? -Trabajo en cadena le llaman.

Mientras uno pone el volante,

otro pone el asiento, otro los pedales...

-Qué cosas. ¿Se imaginan hacer una cama así?

-Una la sábana bajera, otra la almohada, otra las mantas...

-Nos íbamos a caer todas las unas encima de las otras.

-Para eso hacen falta ingenieros que organicen el trabajo.

Qué gran ingeniero podía haber sido yo.

-Y yo.

No empiecen,

que ni el uno ni el otro es ingeniero ni na que se le parezca.

A ver si va a pasar como con el escudo heráldico,

que si el del uno era penoso, el del otro era penoso y medio.

-Y no sé si eso de fabricar un coche

en una hora y media es buena idea,

así se llenan las calles de máquinas de esas,

que solo sirven para atufarnos.

-Así hay tantos atropellos, Agustina,

más nos valdría volver a las tartanas, como antiguamente.

-¿Hay muchos coches en Marruecos, prima ?

-Pocos, lo que sí hay son camellos.

-Será como montar a caballo.

Yo en el pueblo montaba a caballo.

Qué gran jinete podría haber sido.

-Ya sería en burro, Servando.

(Suena el timbre)

Bueno, ¿alguien quiere más café?

-Yo.

-¿Y usted, Cesáreo?

¿Por qué no deja los papeles y desayuna tranquilo?

-En estos papeles puede estar la salvación de Marcia.

-¿Qué son? ¿Oraciones a la virgen?

-No, es la lista de todos los serenos

y los turnos de los últimos 15 días.

-¿Y cómo va a salvar eso a Marcia?

-Alguno la habrá visto en el centro durante el asesinato de Úrsula.

-¿Y eso cómo se sabe?

-Mirando los turnos uno por uno. -¿Podemos ayudar?

-Podemos hacer como Ford, el de los coches.

Cada uno coge un papel y todos miramos uno.

-No hace falta, creo que lo tengo: Matías Gutiérrez.

Y además, le conozco.

Voy a hablar con don Felipe.

Disculpen.

-Bueno.

-¿Qué pasa?

¿Es que no están contentos?

-A mí me ha pillao tan de improviso, que no sé qué decir.

-¿Se imaginan a Marcia libre de nuevo?

Pa La Habana que se iría como las liebres.

-Pero libre, que no liebre.

-A ver si tiene suerte Cesáreo y ha dado con la tecla.

Pa hacerle un monumento sería.

-Ojalá.

No, no, de uno en uno, por favor, que son lienzos valiosos.

Prefiero que tarden una hora más a que alguno llegue con desperfectos.

Gracias.

-Veo que todo está en marcha.

-Y bien temprano, como queríamos.

Pensé que el día

de montar la exposición no iba a llegar, y ya está aquí.

Esperemos que los clientes respondan.

-Desde luego que sí.

Aunque le diré que...

es más excitante el proceso,

que los propios resultados.

-Si tuviéramos buenos resultados, nos vendría muy bien. ¿No?

-¿Sigue pensando que corremos riesgo por la temática de los cuadros?

-El riesgo ya está asumido, Maite.

Con que no se nos lleve por delante, me conformo.

-Ya.

Sepa que en este tiempo he llegado a considerarle más

un amigo, que un casero o un galerista.

De ninguna forma querría perjudicarle.

-Ya le digo que no temo al rechazo de algunos sectores.

Quizá hasta sea una buena publicidad para nosotros.

Nos haremos un buen nombre como modernos y rompedores.

-Claro.

Además, no hacemos nada que vaya contra la ley.

-Al menos no contra la ley de los hombres.

¿Ha decidido qué hará después de la exposición?

¿Volverá a París?

-Mi idea es quedarme hasta el final

para ayudarle en la venta de los cuadros.

-No será necesario.

-Vaya, ni que estuviera deseando que me fuera.

-Le voy a ser sincero,

creo que esta ciudad...

es muy pequeña para su talento, su futuro y sus costumbres.

-¿Mis "costumbres"?

-Sí.

Es una ciudad tan pacata,...

que no se me ocurre otro lugar en el que pueda estar mejor que en París.

-Lo pensaré.

Sí, tengan cuidado con esto, por favor.

Perdona que te haya puesto el té en la cocina,

pero es que en el salón no hay quien hable:

si no está mi madre, está mi padre y, si no, los dos.

Y en el restaurante, o está mi madre, ni hermano y medio barrio.

Pues eso, el caso es que nunca podemos hablar tranquilas.

El otro día, yendo con tu hermano, nos encontramos con Ildefonso.

Estuvimos charlando con él.

Sí, me lo comentó Emilio.

No me extraña que estés loca por él:

es guapo, simpático, culto, buen conversador...

Y un héroe de guerra.

Sí, un joven agradable. ¿Agradable?

No, mucho más que eso.

Me ha dicho Emilio que tu madre está encantada

y que tú estás mejor que nunca. Sí.

Los dos saben mejor que yo lo que quiero y necesito.

¿No es verdad que estés bien?

Sí, pero no tiene nada que ver con Ildefonso.

Es verdad que es un joven simpático, culto, inteligente,

pero... pero no estoy enamorada de él.

¿No?

En absoluto.

Nunca voy a sentir nada más allá de simpatía o de amistad por él.

Si lo tienes tan claro... ¿Se lo has dicho a él?

No. Y no sé cómo hacerlo.

Yo solo te doy un consejo, no dejes que la situación vaya a más.

Si no eres clara con él, va a ser peor para ambos.

Señora, ya he terminado el resto de la casa.

Debería limpiar aquí, en el salón.

¿La estorbo?

Es su casa, no podría estorbarme.

Lo que no quiero es ser yo quien la incomode a usted.

Da igual, iré al despacho.

¿Ha acabado con el diario? Es por llevarlo al altillo.

Estos días lo seguimos por si dicen algo del caso de Marcia.

Puede llevarlo, pero le adelanto que hoy no dice nada sobre ella.

Pobre mujer, no se merece lo que le está pasando.

Agustina,...

¿está segura de que no es culpable?

Completamente, no lo es.

Y don Felipe logrará demostrarlo muy pronto, quizá hoy mismo.

¿Y cómo va a conseguir algo tan difícil?

Al parecer, ha aparecido un nuevo testigo.

Bueno, todavía no ha aparecido

pero lo están buscando, y creen que lo van a encontrar.

¿De dónde saldría ese mirlo blanco?

Don Felipe está buscando debajo de las piedras

y parece que puede haberlo encontrado,

un sereno que habría visto a Marcia.

Todos arriba sabíamos que no iba a rendirse,

ese hombre es incansable y un gran abogado.

Bueno, usted lo sabe.

Sí, es un gran hombre.

Y Marcia se merece que la suelten y marcharse a Cuba con su esposo,

a empezar una nueva vida.

Dios la oiga, Agustina.

(Puerta)

Voy a abrir.

# Desde Santurce a Bilbao,

# vengo por toda la orilla,

# con la falda remangada,

# luciendo la pantorrilla.

# Vengo deprisa y corriendo

# porque me oprime el corsé.

# Voy gritando por las calles:

# ¿Quién compra?

# ¡Sardinas frescue!

# Mi sardinita... #

-¿Qué alaridos son esos?

Parece mentira que se pueda cantar tan mal en esta casa.

Treinta años llevo esperando a que la de la falda arremangada

venda la sardina y nos deje tranquilas,

que tiene que estar como la mojama de tiesa.

-Pues bien bonita y alegre que es la canción.

Pa quien sepa cantarla.

-Y tenga buena voz, que lo tuyo no son gorgoritos, son berridos.

-Uy, discúlpenme,

discúlpenme las señoras por no ser una diva de la canción.

-Ni de la limpieza, aquí hay polvo.

-Ahí no hay polvo.

-Cinta, ven a mirar.

Sí hay polvo, podría escribir mi nombre con el dedo.

-Pero ¿por qué dicen eso?

Si está tan limpio, que podría servir ahí unas cocotxas de merluza.

-Arantxa, me obligas a bajarte el sueldo.

La verdad es que estás dejando mucho que desear como criada.

-Me voy a callar, mejor me voy a callar.

-Y encima respondona.

Arantxa, me vas a obligar a despedirte.

-¿Despedirme?

¿Me está amenazando con despedirme?

-Como lo has oído.

-Pues va a tener que ser más tarde.

Me van a perdonar porque voy a hacer una llamada de teléfono.

¿En horario de trabajo?

En el que me sale a mí de la coronilla, sinsorga.

Voy a hablar con mi prima Biotza,

que tengo una conversación pendiente con ella.

-No te puedes ir sin terminar de limpiar esta casa.

-Aquí tiene usted la bata.

Toma el cubito y el plumero.

A ver si sabes cómo funciona.

Adiós.

(Puerta)

Felipe, qué sorpresa, no te esperaba.

Es solo un minuto,

que tengo que ir a ver a Méndez, pero tengo que hablar contigo.

Parece algo importante.

¿Les dejo entonces solos y limpio el salón más tarde?

Sí, Agustina, por favor.

¿Por qué no aprovecha para ir al mercado?

Recuerde que le he pedido que me traiga nueces.

Descuide, que lo llevo apuntado. Con su permiso.

Las nueces son buenas para el embarazo.

¿Ha ocurrido algo?

He dudado si decírtelo, pero creo que lo mejor es que estés al tanto.

Siéntate.

¿Qué pasa, Felipe?

Se trata de Santiago.

Sabe que estás embarazada,

me dio la enhorabuena con total naturalidad.

¿Has hablado con él de ese asunto? No. ¿Con Santiago?

¿Qué relación podría tener yo con ese hombre?

Ya, eso me temía.

Ni imaginar quiero que ahora esto lo sabe todo el mundo.

Qué bochorno. Espero que no,

alguno de los señores me habría dicho algo,

tenemos confianza

y saben que deberían informarme si se corre la voz.

No me importan tanto los señores como las señoras.

¿Te imaginas que Rosina o Felicia lo supieran?

Tengamos esperanza.

Te he informado para que estés sobre aviso.

Me voy a ver a Méndez.

Pero antes, abrázame.

Juntos solucionaremos todos los problemas.

Claro que sí.

Claro que sí.

Debo irme. Te veo más tarde.

¿Operadora?

Con el bufete de Javier Velasco.

Velasco, soy Genoveva.

No deje pasar ni un minuto más.

Proceda.

Menos golpes, que esa mesa cuesta un dinero.

Mecachis, cerrado otra vez.

-Aquí está el periódico.

Mire, dice que su majestad

ha nombrao a tres condes más.

Con sus torres, flores de lis y hasta leones.

-¿Estás de chanza?

-Ninguno tiene un pajarraco desplumao.

A lo mejor está a tiempo de llamar a don Alfonso

y que le haga un sitio entre la aristocracia.

-Lo de la aristocracia debería de desaparecer.

Todos deberíamos ser iguales.

-¿Quién le ha visto y quién le ve?

Si ahora va a resultar que se ha hecho anarquistas.

-Pues pensándolo estoy.

Es usté como la fábula de La zorra y las uvas,

que como no llegaba, dijo que no le gustaban.

Me voy.

-El que rompe, paga, no digan que no lo avisé.

-A las buenas.

¿Qué?

Ya me ha dicho Marcelina que ya no quiere ser marqués.

-Nunca he querido.

Se le han quitao las ganas por lo del pollo desplumao,

pero no me engaña. -La culpa es de mi tatarabuelo,

no me dejó ni cuartos ni prestigio.

Con un baldón como el mío quería ver yo al duque de Alba.

-Bueno, deje de pensar en eso,

somos lo que somos, no tenemos que pagar las deudas de los antepasaos.

Lo importante es ser una buena persona.

-Cierto. Y a mí, a buena persona no me gana nadie.

¿Y esa lupa?

-Pa quemar hormigas.

-Con el frío que hace te van a salir muchas.

-Es pa una tontería,

que no alcanzaba a leer la letra pequeña de mi escudo.

-¿Y qué ponía? -"Yepaya".

Ese grito me lo enseñó mi padre,

nos acompaña desde hace generaciones.

-Pues aquí va a morir.

-¿Por qué?

A ver, no tienes hijos...

No tienes a nadie a quién contárselo.

-Se lo enseñaré al hijo de Lolita.

-Seguro que los de Cabrahígo tienen su propio gritos.

Esa gente tiene de todo.

-Pues sí. Bueno, algo se me ocurrirá.

-Mira que...

Ya viene, ya viene, ya viene.

(Puerta)

-No hagas trampa, que nos conocemos, Lolita.

-Qué emoción. ¿Qué me vais a enseñar?

-Ahora lo verás. ¿Está todo listo, padre?

-Todo listo. Puedes destaparte los ojos.

-¿Ya? -Ya.

-¿Qué es eso?

-Un caballo.

-Pero si yo me subo ahí lo aplasto.

-Lolita, que es para tu hijo.

-Es el primer regalo para nuestro hijo.

-Ah, pensé que sería algo pa mí.

Como ha sido a mí a la que han tapao los ojos...

-Pensamos que te haría ilusión.

-No, en to caso le hará ilusión al niño.

Y pa que eso pase, tiene que pasar muchos años

o pa que yo le deje subirse al caballo.

-Bueno, pero le hará compañía en la habitación.

Le podemos poner un nombre.

-Un cacho de madera con nombre qué bien.

-Lolita, tú también tendrás regalos, ya verás.

-¿Otro caballo? Por mí se lo ahorran.

-No te entiendo, Lolita.

-Ya. Es que aquí nadie me entiende, Antoñito.

Es que...

entre ustedes se entienden muy bien,

pero a mí, nadie me entiende.

-Perdona si hemos hecho algo mal, no era nuestra intención.

-Ya.

Aquí to se arregla pidiendo perdón,

y nadie entiende lo que tiene que entender.

-Pues sí que es verdad que no entiendo nada.

-Ni yo.

Y aquí tiene el recibo de los pañuelos que compró Marcia.

Los dueños de la tienda están dispuestos a declarar

que Marcia estuvo allí aquella tarde.

Muy bien.

Supongamos que los recibos son ciertos

y los comerciantes lo atestiguan,

cosa que no dudo por mi confianza en usted.

Ni así significa nada.

A ver, ¿cómo que no va a significar nada?

Los forenses dan una horquilla de cuatro horas en la muerte de Úrsula.

Supongamos que Marcia estuvo en la tienda a la hora que ella dice,

cuatro horas es tiempo suficiente para ir y volver del centro

al lugar del crimen.

El cuerpo fue descubierto pocos minutos después de fallecer.

Esa era la creencia que teníamos, no lo que dice la ciencia forense.

No me puedo creer tal incompetencia.

No ponga en tela de juicio el trabajo de los servidores de la ley.

Sabe que lo que diga delante de un juez

tirará por tierra toda la investigación.

Le estoy dando la oportunidad de rectificar y cambiar de estrategia.

¿Qué estrategia me propone?

¡Dejar de buscar pruebas contra Marcia y encontrar al asesino!

¿Le recuerdo la carta de Úrsula?

Esa prueba se la voy a tirar delante del juez.

No creo que el juez esté muy de acuerdo.

Presente esas pruebas al juez y verá el ridículo que hace.

Está excediéndose, Felipe.

No retiro una sola palabra.

Y esta noche espero tener una prueba exculpatoria definitiva.

No sé si llega a tiempo.

Además, no le creo.

Tendrá que hacerlo,

sobre todo cuando le diga que se trata de un defensor de la ley.

Un sereno confirmará que Marcia estaba en el centro

en el momento de la muerte de Úrsula.

¿Un sereno de servicio?

Así es, su nombre es Matías Gutiérrez.

Muy bien.

Le escucharé.

¿Por qué no había hablado de él?

-No supe que tuviera importancia, comisario.

-Todo la tiene.

En ese caso, no la interrogaré más hasta escuchar a ese testigo.

Daré orden de que la devuelvan a su celda.

Comisario,...

déjeme un momento a solas con ella.

Dos minutos, en dos minutos viene el guardia.

-Te estás arriesgando mucho hablando así al comisario.

Aunque no lo parezca, en momentos así,

el comisario Méndez es mi amigo y un gran policía.

Descubrirá la verdad.

Ay, tengo miedo.

Eh, tranquila,

tranquila.

La próxima vez que te saquen del calabozo

será la definitiva.

La próxima vez te sacaré a la calle en libertad, te lo prometo.

Ojalá.

Qué nervios. Tú tranquila.

Padre, ¿se quedó mucho tiempo con Emilio de cháchara?

No, unos minutos.

Lo que tardó en probar el licor.

Licor de cactus. ¿Lo puedo probar yo?

No, además se acabó.

-¿Licor de cactus? Debe de saber a rayos.

-Hombre, rico rico...

-Buenas tardes.

Gracias por estar aquí para escuchar lo que les tengo que decir.

-Estamos deseando escucharlo, Arantxa.

-Bueno, pues...

estoy muy disgustada por el trato que he recibido

en los últimos días.

Yo pensaba que era una más de la familia.

-Y lo eres,

te lo hemos demostrado.

-Lo era, lo era, don José, pero ya no lo soy.

Así que... he tomado una determinación.

-Dinos cuál es, que nos tienes en ascuas.

-Hace unos días recibí una llamada de mi tierra,

para informarme de que había muerto mi tía Sorkunde.

-Vaya, mujer, lo siento. ¿Qué quieres, ir al funeral?

-No se preocupe, que ya está enterrada

y ya se ha abierto el testamento.

¿Te ha dejado algo?

Todo me ha dejado.

El caserío, que es uno de los mejores del Arrialde,

me ha dejado tierras,

cabezas de ganado, huerta, una quesería, en fin...

A mí y a mis cinco primas.

Pero ha puesto una condición.

-¿Cuál?

-Para aceptar la herencia tenemos que comprometernos

a explotar el caserío, las tierras y todo.

Pero eso significa... que hay que vivir allí.

-¿Y te vas?

-Pues yo no quería, señora,

yo no me quería ir, pero después de los desplantes

y desprecios que me han hecho ustedes,

no me ha quedado más remedio.

Ya he hablado con el notario para aceptar la herencia.

Pero te vas, ¿no?

¡Sí, me voy, me voy!

-Enhorabuena, Arantxa.

-Mira que nos ha costado, ¿eh?

Dame un abrazo.

Que sepas que pienso ir a verte.

-Pero no entiendo nada, ¿ustedes lo sabían?

-Y sabíamos que iba a costar convencerte.

-¿Y por qué lo sabían?

Vino Fabiana a decírnoslo.

Quería hablarles de Arantxa.

-Hágalo bajo, que la tenemos en la cocina.

-Estábamos comentando lo rara que está últimamente.

¿Usted sabe el motivo?

-Así es.

Y creo conveniente que estén al tanto para solucionarlo.

-Hable ya, que nos tiene en ascuas.

-Bueno, Arantxa está así porque ha recibido una herencia,

un maravilloso caserío.

-Digo.

No me extraña que esté disgustá.

¿A quién no le disgusta heredar de la noche a la mañana?

-Don José, me temo que no lo comprende.

La condición para que Arantxa acepte el caserío,

es irse a vivir a las vascongadas.

-¿Tendría que abandonar esta casa?

-Dice usted bien, señora.

Y la pobre no sabe qué decisión tomar.

Tiene que dar una respuesta antes de una semana.

-¿Esto ha sido una encerrona?

-(ASIENTE)

-(ASIENTE)

Claro.

-¿No están descontentos conmigo?

-Pero por supuesto que no,

pero no podías perder esta oportunidad, hija.

-Ay, señora.

-Mi Arantxa.

-Anda que... Mi amor.

Señor, pero qué insustancial es, qué mal me lo han hecho pasar.

(LLORA)

Deprisa, hay que montar las mesas para las cenas

y preparar los aperitivos. Tenemos solo media hora.

-Buenas tardes, madre. -Buenas tardes.

Si se nos da bien esta noche,

puede ser una de las mejores semanas del año.

Ayuda con los aperitivos.

Necesito hablar con usted.

-¿Ahora?

Tenemos media hora para preparar las cenas.

-Ya, pero esto es importante para mí,

no quiero estar toda la noche con esto y no atender las comandas.

-Está bien, dime.

-Se trata de Ildefonso.

¿Te ha pedido una relación formal?

Imaginaba que sería rápido, pero no tanto.

-No, no es eso. -Ah.

Entonces, me da la sensación de que este asunto será inminente.

Ildefonso es el mejor pretendiente que puedes tener:

es educado, culto, de buena familia

y guapo, ¿no te lo parece?

-Sí, me parece todas esas cosas, pero si me deja,

le diré lo que le quería decir.

-Me callo. Es que estoy tan emocionada con tu relación...

-No quiero seguir viendo a Ildefonso.

-¿Qué?

-Ya me ha oído, madre.

Ildefonso es inteligente, culto y guapo.

No habrá mejor pretendiente para mí, pero no quiero verle más.

-Pero ¿por qué?

-Porque no estoy segura de estar enamorada de él

y no quiero ser infeliz, pero tampoco quiero hacerle infeliz a él.

Necesita una mujer que le quiera.

-¿Qué disparate es ese?

-Es lo que quiero.

-Me has pedido seguir con la pintura y he aceptado.

Que sepas que me habría encantado negártelo.

-Eso no tiene nada que ver.

-Te he dado más libertad, y no la merecías.

-No he hecho nada que no sea trabajar.

-Para dejar de trabajar debes marcharte de esta casa,

y eso lo harás del brazo de tu marido.

-Ya no estamos en la Edad Media. -Claro que no.

Pero en la Edad Media y ahora,

los hijos respetan y obedecen a sus padres.

Y te ordeno

que sigas viendo a Ildefonso y comprometerte con él.

-¿Quiere condenarme a la infelicidad?

-No,... solo intento protegerte de ti misma...

y darte un mínimo de felicidad.

Y ahora ponte a trabajar.

No lo sé, don Ramón, estoy muy preocupado.

No consigo nada para exculpar a Marcia.

Algunos asuntos requieren más de paciencia.

Lo sé, pero el tiempo se acaba,

y bastante me está costando que Méndez no la haya acusado.

No debe cejar en su empeño, es la única esperanza que tiene Marcia.

Ya sabe lo que se dice en ese sport, el boxing,

te puede salvar la campana.

Hasta la campana lucharé.

Animo a Marcia,

le prometo cosas que no sé si podré conseguir,

como que la sacaré del calabozo.

No lo sé.

A veces siento la necesidad de rendirme,

dejar que Méndez la acuse y preparar la defensa ante el juez.

Ánimo, amigo, no desespere, sus esfuerzos se verán recompensados.

-Ven aquí.

Don Felipe,...

perdone que le moleste.

Don Ramón. ¿Qué ocurre?

Es Matías el sereno que estaba de turno el día de la muerte de Úrsula.

¿Y qué dice? ¿Vio a Marcia?

Sí. Vio a una muchacha mulata muy atractiva.

Y la vio varias veces a lo largo de dos o tres horas,

entre las cuatro y las siete. Eso es maravilloso.

¿Puede ir a declarar? Sí.

Le hemos buscado un sustituto para que estuviera libre esta tarde.

Habrá que pagarle la guardia. No te preocupes por eso.

Vamos a comisaría, tiene que declarar ante el comisario.

Discúlpeme.

-Vaya, vaya. Ya le dije que le salvaría la campana.

Con Dios. -Con Dios.

Encantado, soy Felipe Álvarez-Hermoso.

-Sí, ya me ha contado Cesáreo...

(SUSPIRA)

¡Ay! Ay, amá, que...

Qué susto me has dado. Pero ¿qué haces aquí?

Cómo te vamos a echar de menos.

No me puedo cree que me vaya a despertar un día y no estés ahí.

No teníais que haberme hecho esto.

Es que si no, no había quién te convenciera.

Y me encanta como cantas, aunque te dijera que no.

A ver si te crees que las únicas que cantáis sois tu madre y tú.

La voy a cantar en el escenario para acordarme de ti:

¿Ah, sí?

# Desde Santurce a Bilbao... #

¡Acompáñame, tonta!

# Vengo por toda la orilla,

# con la falda remangada,

# luciendo la pantorrilla.

# Vengo deprisa y corriendo,

# porque me oprime el corsé.

# Voy gritando por las calles:

# ¿Quién compra?

# ¡Sardinas frescue! #

Ay, cariño mío.

Si la cantas en los escenarios,

eso va a ser un éxito, vas a hacer gira mundial.

En trainera.

-Hala, pero ¿qué son esos cantares que se escuchan desde la escalera?

-Ya ve, Fabiana, aquí, la cría y yo haciendo el ganso.

¿Me dejas a solas con Fabiana?

Así le pongo al día de los nuevos acontecimientos.

Pero no tardes, que no me quiero separar de ti hasta que te vayas.

Ahora mismo bajo.

Con Dios. -Con Dios.

-Venga, Fabiana.

-Entonces, ¿se va?

-Ya sé que fue usted quien habló con mis señores.

-Fue sin mala intención.

No quería que se sacrificara sin pensárselo.

-No sé si hago bien, Fabiana, porque esta también es mi familia.

Usted no sabe lo buena gente que son.

-Como todos, pero nosotras también tenemos que pensar a veces

en nosotras mismas.

No solo en ellos.

Como yo, cuando dejé de servir y me quedé con la pensión.

-Sí.

Pero a la chiquilla la he criado en mis brazos desde que nació.

-Ya es mayor.

Y bien que la ha cuidao usted, que es una mujer hecha y derecha.

-No sé si me voy a acostumbrar a estar lejos de ella.

(SOLLOZA)

-Ande, ande,

eche unas lagrimas, que eso siempre alivia mucho, mujer.

-Y menos mal que don José y doña Bellita

se quieren como se quieren,

que no hay matrimonio que se quiera así.

-Pero no son ellos lo único que usted deja atrás.

-No, Fabiana,

usted también, con lo amigas que nos hemos hecho...

Y a toda la gente del altillo...

No les voy a olvidar en la vida, en la vida, nunca, nunca.

-¿Y Cesáreo qué, Arantxa? ¿Qué piensa hacer con Cesáreo?

-(LLORANDO) ¡Ay, Fabiana!

-Ven aquí, ven aquí, ven aquí.

Julio, ¿no?

-Sí.

Gracias por acceder a reunirse conmigo, don José.

-No lo hago de buen grado,

pero lo que me ha contado Emilio no me permitía evitarlo.

-Sepa que todo lo que dice es verdad.

Siento...

suponer un contratiempo para usted. -Dejémonos de cumplidos

y veamos qué pruebas tienes.

-Usted firmó esta foto...

-Claro, te la firmé hace unos días.

La conseguiste con malas artes.

Ya me extrañaba a mí que alguien me admirase por mi arte.

Sepa que necesitaba su firma para compararla

y corroborar que era usted la persona que buscaba.

Mire.

Su firma no ha cambiado nada en más de veinte años.

¿La reconoce? -Perfectamente.

-Si quiere, lea la carta.

¿Recuerda a quién se la envió?

-¿De dónde has sacado esta carta? -¿Recuerda a Rocío?

Dime de dónde la has sacado, ¿la has robado?

-Yo no he robado na, y no me ha hecho falta.

Rocío era mi madre.

Ella me dijo quién era usted.

-Escúchame, muchacho,

yo tengo una vida, una familia, una paz...

¡No vas a venir a destrozar todo esto porque a mí no me da la gana!

-Yo no quiero destrozar na.

¡Te vas a ir con viento fresco, desaparece de Acacias, ¿entendido?!

-No creo que sea usted capaz de deshacerse de mí

sin dejarme hablar y conocerle. Mi madre no me contó eso de usted.

-Niño,... has venido al barrio de mala fe,

merodeando,

preguntando sobre mí, sobre mi esposa, sobre mi hija,

¡como si fueras un salteador de caminos!

-¿Y qué esperaba?

¿Que me presentara en su casa y hablara delante de doña Bellita

y de su hija? -Escúchame una cosa,

¡no quiero volver a verte nunca más!

-Nunca pensé que un padre no quisiera ver a su hijo nunca más!

¿Me está diciendo que mi madre me mintió?

Soy su hijo, hijo de Rocío y de usted.

Usted lo sabe, sabe que no le miento.

Usted es mi padre, y por usted me llamo Julio José.

Sepa que... me gusta mucho que me llamen por ese nombre.

Le agradezco que haya venido.

Tome asiento.

Gracias.

He terminado de tomar declaración al sereno, a Matías Gutiérrez.

Le habrá dicho lo mismo que a mí.

En términos generales, sí.

Me ha dicho todos los lugares en los que vio a Marcia.

¿Los ha comprobado?

He mandado a dos guardias a hacerlo,

pero no tengo duda de que ese hombre dice la verdad.

Esto, unido a lo que declaró la señora Fabiana,

sitúa a la acusada lejos del lugar de la muerte de Úrsula.

Esta mañana hablé con el fiscal en el juzgado.

Ni cree que la carta sea definitiva,

ni confía en la prueba del pañuelo.

Si se confirma la coartada...

La conclusión a todo esto parece clara.

Marcia es inocente.

Lo que no entiendo es lo de la carta de Úrsula.

Comisario,...

esa mujer ha sido acusada de toda clase de delitos,

incluido el asesinato.

Verá, la madre superiora de la congregación

donde se ocultó Úrsula los últimos días

ha declarado que sus facultades estaban perturbadas.

No le dé más vueltas,

esa la carta es el fruto de una mente desquiciada.

Que se adelantó a su muerte.

Que no pensaba con claridad y que daba palos de ciego.

Tiene que liberar a Marcia ya, no puede tenerla encerrada.

Sosiégate, no puedes asistir así a la exposición.

-No sé si podré, tengo el estómago que se me sale por la boca.

-Liberto, tienes que hacerlo.

Saca el coraje que tengas dentro o nos llevas a la ruina.

¿Quién cree que es el verdadero asesino de Úrsula?

Muchos odiaban a Úrsula.

¿Alguno tanto como para acabar con ella?

¿Dónde encontraremos a otra criada?

No se preocupe, hay muchas criadas que vienen del pueblo

dispuestas a servir.

Pero no habrá ninguna tan buena como Arantxa.

Eso es otro cantar.

Cuénteme qué ocurre, que me está preocupando.

-Cesáreo, me vuelvo a mi tierra.

He aceptado la herencia de mi tía.

En primer lugar,

me gustaría agradecerles su gentileza

por haber dedicado parte de su tiempo en asistir

a la exposición de esta gran artista, doña Maite Zaldúa.

Es un detalle para que te acuerdes de nosotros cuando te lo pongas.

-Ay, amá.

¿Se va a quedar en la ciudad y va a perder a la mujer que ama?

Usted verá, pero es una pena.

¿Soy libre? Así es.

Por fin se ha hecho justicia.

Ya no pesa ninguna acusación sobre ti.

(LLORA) -"¿Una carta para mí?".

(FELICIA) No puede ser.

Me aterra que se entere de esto y vuelvan las desavenencias

entre nosotros.

Hace na hemos vivío un drama por una sospecha infundá.

-Ya.

Por mí, no se apure.

Seré muy discreto con el tema.

-Eso espero.

Ni Cinta ni Bellita pueden enterarse de esto.

Una noticia así destruiría esta familia.

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Acacias 38 - Capítulo 1184

22 ene 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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Añadir comentario ↓

  1. Pilar Méndez

    Qué emotiva la escena entre los Domínguez y Arantxa! No tiene gracia que se vaya...

    23 ene 2020
  2. Victoria

    ¡¡Por favor, no nos quitéis a Arantxa!!!

    23 ene 2020