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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1181 - ver ahora
Transcripción completa

Y búsquele a Marcia un letrado capaz de aceptar los procedimientos

de forma objetiva.

Será lo mejor para ella.

Y también lo mejor para usted.

Necesito 48 horas para probar su coartada.

Se lo pido como amigo.

El Choco.

Ahí está. -Muchas gracias, don José.

Lo cuidaré como la Virgen a sus cabellos.

No me he encontrado bien a lo largo del día.

¿Por el embarazo?

¿Por qué no me has dicho nada? Ya estabas demasiado agobiado.

Bien sé que ni yo ni nuestro hijo somos tu principal preocupación.

Las críticas de mi debut han llegado a Buenos Aires.

¿Es de Oswaldo? Sí.

Y como se acuerdan de usted, quieren verme.

Quiere organizar una gira.

-No creo que Camino permita que nada le distraiga

de su romance con Ildefonso. Además, Ildefonso y su abuelo

el marqués son aficionados al arte,

hasta le puede sacar partido a su amistad con Maite.

Mi tía Sorkunde ha muerto.

Ha dejado en herencia el caserío a seis sobrinas.

-Y a usted no la ha dejao na, ¿verdad?

-No, al revés, yo soy una de esas seis sobrinas.

-Enhorabuena. -No se precipite.

La condición para recibir la herencia

es que las seis vivamos en el caserío y lo cuidemos.

Y tendría usté que irse p'allá

dejar a sus señores y dejar Acacias, ¿no?

Tengo un encargo para usted.

No veo billetes.

Son los datos de la persona en cuestión.

¿Paliza también? No.

Traslado al más allá.

Veo que cuando decía la palabra "ejecutar",

no lo hacía sin intención.

¡Lo que me parece estúpido es que mi profesora

no acepte que pueda tener amistad con otras personas!

-Yo tengo claro lo que quiero en mi vida y lo que me hace feliz

pero tú no, todavía no.

Aclárate, será lo mejor para las dos.

-Seré joven, pero no una ignorante.

-Y te quiero.

-"Un retrato del colosal don José Domínguez

y que quiero que me lo firme usted".

-"Esto te lo firmo yo y te lo rubrico".

-"He estado dándole vueltas"

a cómo perdí el pañuelo que encontró la policía.

Recuerdo perfectamente que lo tenía en la mano

y me estaba secando las lágrimas con él

cuando discutía con...

¿Con quién?

Con Genoveva.

Marcia, es de vital importancia

que lo pienses bien antes de contestarme.

¿Estás segura de lo que dices? Sí, Felipe,

La última vez que tuve el pañuelo fue cuando discutí con Genoveva.

¿Sobre qué discutíais?

¿Acaso lo dudas? Sobre ti, Felipe.

Ella nos descubrió juntos en tu casa, conversando.

Sí..., lo recuerdo.

Genoveva estaba fuera de sí.

Me acusó de buscar tu daño,

de no mostrar atisbo de piedad hacia tu persona.

Eso no es cierto.

Sabes bien que nunca te he culpado de nada.

Aun así, sus palabras me hirieron como dagas.

No pude contener mis lágrimas y tuve que secarlas con el pañuelo.

Esa fue la última vez que lo tuve conmigo.

Se me debió de caer en ese momento.

Y apareció en la escena del crimen involucrándote en él.

Por eso creí que era importante comentártelo.

Y así ha sido. Te felicito por haberlo recordarlo.

Haré todo lo que esté en mi mano por descubrir

a manos de quién pudo ir tu pañuelo.

Es la mejor pista que tenemos.

(Sintonía de "Acacias 38")

Camino, tienes que irte,

tu madre te estará esperando en el restaurante.

-Sí, iré en un momento.

-A mí también me cuesta separarme de ti.

Ojalá pudiéramos estar así para siempre.

¿Qué te sucede, amor mío?

Estás triste y melancólica.

-No es nada.

Últimamente no dejo de pensar en aquella historia que me contaste,

la de esa dama con la que tuviste un romance.

Que cuando se descubrió vuestro amor... acabo...

-Sí.

Acabó quitándose la vida.

Se llamaba Ángela.

-Me produce una honda tristeza pensar en ella.

Tristeza y miedo.

-¿Miedo?

-De ver a qué límites es capaz de empujarte una pasión.

-Sí, te entiendo.

Pero no temas, conmigo no te va a pasar nada de eso.

Te lo prometo.

Nunca me lo perdonaría.

Prefiero morir antes que hacerte daño, te lo prometo.

-¿Y si no está en tu mano?

-Sí, lo estará, ya lo verás.

Además, ha sucedido algo que no te he contado.

-¿El qué?

-He tenido una entrevista con tu madre.

-¿Una entrevista? ¿Para qué?

(Puerta)

Liberto, aquí estás. ¿Dónde te habías metido?

Le he estado dando vueltas al asunto de la inauguración.

-No era necesario. -Claro que sí que es necesario.

Tú no sabes de estas cosas.

Mira, haremos lo siguiente:

enviaremos invitaciones a todo el mundo.

La inauguración debe ser un éxito artístico y social.

-Eso sería lo ideal, sí.

-Debemos lograrlo, cueste lo que cueste.

Hemos arriesgado mucho dinero en esta aventura.

Maite, no nos puede fallar.

Liberto, ¿qué te pasa? Tienes mala cara.

-No, no me pasa nada, cariño, estoy perfectamente.

-Cualquiera lo diría. Liberto, que nos conocemos,

a ti te ha pasado algo. -Que no, mi amor.

No es nada importante, es que...

He sido testigo de cómo en la calle le daba un síncope a una señora.

-Pobre. ¿Y está bien?

Sí, supongo que sí. Se la han llevado al hospital.

-Ya verás como no es nada. eres tan sensible...

Menudo susto te habrás llevado.

-Terrible. En fin...

¿Qué me decías de Maite?

Felicia y Maite han arreglado sus diferencias.

Y ya era hora, siempre andaban a la gresca.

-¿Ah, sí? -Sí.

¿Ves como no hay nada por lo que inquietarse?

Todo lo contrario.

-Me gustaría estar segura de eso. -Puedes creerme.

Tu madre y yo vayamos, no creo que vayamos a ser grandes amigas,

pero he conseguido que entierre el hacha de guerra, por fin.

A partir de ahora tendremos una relación cordial al menos.

-No esperaba que sucediera algo así.

-Ya ves, todo se va solucionando.

-¿Tú crees que mi madre podrá entender algún día nuestro amor?

-Me encantaría, pero no lo creo.

Que nos agrade y sorprenda que haya cambiado de opinión,

no significa que entienda nuestros sentimientos.

-Tienes razón.

-Tendremos que seguir siendo prudentes.

-No es sencillo ocultarse ante todos.

Negar a los que más quieres tus sentimientos.

-Lo sé. Ya te advertí en su momento que no lo era.

-Y ahora empiezo a comprender plenamente tus palabras.

Tus advertencias sobre la tortura que supondría vivir escondidas

con pavor a ser descubiertas.

-Sí, esa es la vida que nos ha tocado vivir.

Es a lo que estamos condenadas.

-Odio tal clandestinidad, ese disimulo continuo.

Pero es un precio que estoy dispuesta a pagar por estar contigo.

-Maite, tú me has dado la vida.

Yo ya no podría vivirla sin ti.

-Yo tampoco.

-Por eso no comprendía tus celos.

¿Cómo podías pensar que miraba a otro hombre?

Siento una gran estima por Ildefonso, pero nada más.

-Perdóname, era el miedo a perderte, por eso dudé de ti.

-No vuelvas a hacerlo.

Ni tampoco trates de alejarme del que considero un buen amigo.

Es un hombre sensible, y estoy segura que te agradará

cuando le conozcas.

A las buenas.

-Casilda, madre del amor hermoso, qué sorpresa.

Ya estás aquí, hija. -Pa chasco que sí, aquí estoy.

-Me la he encontrado en la calle arrastrando su maleta.

-Servando no ha perdido la ocasión de cargármela a mí.

-Uno es un caballero, no voy a permitir que la muchacha

suba aquí con la maleta.

-Pero yo quería que la cargara usted, no yo.

-Déjense de tontás, desgraciaos,...

dejemos que Casilda nos cuente.

¿Es bonita Mallorca, Casildita?

-Supongo.

-¿Cómo que supones?

¿No te ha agradado el viaje?

-Sí, sí, sí que lo ha sido.

Me ha encantao conocer un sitio tan bonito y diferente

como es el desierto.

-¿El desierto?

Yo me imaginaba que Mallorca sería más verde.

-A lo mejor Mallorca sí que lo es, pero lo que es Marruecos,

es más árido que un campo de Castilla en agosto.

Sepan ustedes que llegué a la costa a coger el barco

pa Mallorca.

-Eso tenías previsto.

-Pa chasco que sí.

Lo que no había planeao es que me equivocase de barco.

Me subí a uno que me llevó al Norte de África, a Marruecos.

-Santo Dios.

Al principio me extrañé, iban vestidos muy diferentes,

no entendía ni una palabra del mallorquín, pero resultó ser árabe.

-Pobrecita.

-De pobrecita na, señá Fabiana.

Ha sido una de las experiencia más bonitas y exóticas de toda mi vida.

También les he echado mucho de menos.

Allí hacía un calor de mil demonios.

Les he traído unos dulces árabes.

-Preferiría una ensaimada mallorquina.

Los dulces, fragancias pa las mujeres...

Y pa Servando y Jacinto, un sombrerito

-Ah, pues... agradecido, prima.

-Con tal de que no nos los hagas poner.

-Casilda, te has tenido que gastar to el parné

que te quedaba de la lotería en presentes.

-Ya. Es que les he echado mucho de menos.

-No vuelvo a subir al altillo hasta que dé a luz.

Era verdad, me han asegurado que te habían visto entrar en el barrio.

¿Te ha gustado Mallorca?

-Bueno, bueno, siéntate aquí, Lolita,

que es una larga historia...

Y te vas a quedar patidifusa.

-Sí. Pero antes de volver a contarlo, que es muy larga,

díganme, ¿qué tal todo por aquí?

-Eh... -Eh...

-¿Qué ocurre? ¿Y esas caras? ¿Ha ocurrido algo malo?

-Sí, Casilda, sí que ha pasao algo, y bien gordo.

Los guardias se han llevao presa a Marcia.

-Madre del amor hermoso, eso no es posible.

¿De qué la acusan?

-Del asesinato de Úrsula, hija.

-Dios mío.

(Puerta)

No le esperaba, comisario.

Disculpe que lo visite a horas tan inapropiadas.

No se disculpe, mi casa siempre está abierta para usted.

Pase, por favor. Gracias.

Dígame, comisario, ¿ocurre algo?

No, no se alarme.

Solo quería avisarle de que, después de pensarlo largo y tendido,

he decidido hacer una excepción en nombre de nuestra amistad.

Tome asiento. Gracias.

¿Una excepción, a qué se refiere?

Felipe, le voy a conceder esas 48 horas que me pidió,

antes de pasar a Marcia a disposición del juez.

Bueno, en realidad, ya serán algo más de 48.

Se lo agradezco. No está de más que lo haga,

me estoy jugando una sanción si me descubren.

Soy consciente de ello. No lo olvidaré.

Me sentiré pagado si se apresura lo más posible.

Debe darme algo pronto con lo que pueda justificar tal retraso.

Alguna prueba que muestre la inocencia de su defendida.

¿Ha encontrado algo nuevo?

Marcia,

es de vital importancia que lo pienses bien antes de contestarme.

¿Estás segura de lo que dices? Sí, Felipe.

La última vez que tuve el pañuelo fue cuando discutí con Genoveva.

¿Está usted bien, Felipe?

¿Hay algo que quiera contarme?

No, no, comisario,

aún no he encontrado nada.

Lamento escucharlo.

Haré lo que esté en mi mano para demostrar la inocencia de Marcia.

Le agradezco lo que hace por nosotros.

Le aseguro que no se arrepentirá.

Me gustaría estar seguro de eso.

En fin, no le entretengo más.

Felipe,...

¿me permite que le hable sinceramente, como su amigo?

Claro, como tal le considero.

¿Está seguro que hace lo correcto al llevar en persona este caso?

Te he dicho que no quería nada de comer.

Aguarda y prueba un brioche de estos.

Son lo nuevos que hemos traído y están deliciosos.

Me mimas en exceso.

Y es un verdadero placer hacerlo.

Luego te daré una bandeja para que se la subas a tu madre.

Venía a contarte lo del telegrama y termino desayunando de nuevo.

Es lo mínimo para celebrarlo.

Por lo que me has contado, te admiran hasta en Argentina.

De momento, lo único que quieren es que actué allí.

Y una vez lo hagas, no tendrán otra que adorarte.

Me temo que no eres muy imparcial en este tema.

Pues no, la verdad es que no, tus éxitos son los míos.

Estoy tan orgulloso de ti, amor.

Pero hay una cosa que no entiendo.

¿El qué?

¿No te había dicho tu madre que era mejor hacerse una carrera en España?

Así es, pero no se nos había presentado la posibilidad

de marcharme fuera.

-Cinta, tenemos tanto lío con los desayunos,

que no he podido felicitarte.

Descuide, sé que a estas horas están muy ocupados.

¿Qué opina tu madre de este asunto?

Actuar en Argentina, ni más ni menos.

Se ha quedó muy sorprendida,

pero creo que también está muy ilusionada.

No es para menos.

De todas formas, deberías pensártelo.

Cruzar el océano y estar fuera de casa no es tontería.

Perdona.

-Por cierto, ¿conseguiste el retrato firmado que te pedí

para el joven soldado?

No del todo. Mi madre ya ha firmado el retrato,

pero me falta la firma de mi padre. Hoy mismo hablaré con él.

De acuerdo.

Que agradable sorpresa, no esperaba su vista, Liberto.

-He pensado en acercarme a conversar un rato.

Espero no molestar. -Usted nunca lo hace.

¿Un café? -No, muchas gracias.

No le quitaré mucho tiempo.

¿Hay alguna novedad sobre la detención de Marcia?

-Ninguna.

Por lo que he hablado con nuestro amigo Felipe, por desgracia,

las cosas no pintan nada bien para la muchacha.

-Lamento escuchar eso. ¿Qué más le ha contado?

-Poco más, Felipe no fue muy concreto, estaba muy ocupado.

-No me extraña.

Le queda una ardua labor preparando su defensa.

-Por esa razón no quise robarle más tiempo.

-No es un caso cualquiera para él.

Si fracasa, supondría la condena de Marcia.

-Por eso le encontré nervioso, preocupado,

en su rostro se notaba la turbación que siente.

¿Le sucede algo, Liberto?

Su rostro no refleja mucha más tranquilidad que la de Felipe.

-Ya veo que me conoce bien, estimado amigo.

Sí, la verdad que yo también estoy muy preocupado.

-Si puedo ayudarle en algo...

-Me temo que no está en su mano, pero sí podría escucharme.

Me vendrá bien desahogarme.

-Usted dirá.

Antes de nada,

prométame que guardará el secreto bajo siete llaves.

-¿Duda usted de mi discreción?

-En absoluto, don Ramón,

pero comprenderá que se trata de un asunto muy delicado.

-Tiene mi palabra.

Todo lo que me diga no saldrá nunca de este cuarto.

Qué frío. -Ya cierro yo, Agustina.

Pues eso, le he traído el ungüento del que le hablé

para que le dé unas friegas a su señora.

-Se lo agradezco, Fabiana.

Pero la encuentro seria,

preocupada.

-No se equivoca usted, no.

-¿Está así por Marcia?

-No dejo de sufrir por ella.

Cada vez que una servidora piensa que está en la cárcel

rodeá de verdaderos ladrones y delincuentes,

me entran los siete males.

-Dios la proteja y la ayude a salir de semejante infierno.

-No dejo de rezar por ello.

En fin,

y su señora, Agustina, ¿está ya más recuperá?

Me han contado que tuvo un fuerte mareo.

-No la han engañado.

Me dio un buen sobresalto.

-Pero, ¿qué le pasa exactamente?

-Entre usted y yo,

creo que su mal tiene nombre y apellidos,

se trata de don Felipe.

No es que yo le critique que ayude a alguien en apuros,

como lo está ahora Marcia, Dios me libre...

-Pero a doña Genoveva no le ha hecho ninguna gracia.

-Y con motivo, después de todo lo sucedido,

tiene que verles ahora de nuevo juntos.

-Así que, su señora tiene mal de amores, ¿no?

-Las dolencias del alma, a veces son peores que las del cuerpo.

Y no solo eso,...

que no salga de aquí,

pero escuché a don Felipe confesarle a su amigo don Liberto

que seguía amando a Marcia.

-Entre usted y yo, le diré que a mí no me sorprende.

-No quiero hablar mal, y menos de mi señor,

pero, ¿por qué se va a casar con doña Genoveva?

¿No es eso deshonesto por su parte?

-Es complicao, Agustina. -No tanto,

que lo que está mal, está mal, y punto redondo.

Buenas.

¿Cómo se encuentra, doña Genoveva?

Precisamente, estaba preguntando por usté.

Algo mejor, Fabiana, te agradezco el interés,

-Fabiana ha traído para usted un ungüento

que asegura que es mano de santo.

Si le parece,

le doy ahora unas friegas.

Claro, no se pierde nada por probar.

Se lo agradezco. Iré a mi alcoba a prepararme.

-Puyes yo tampoco la he visto tan mal.

¿No estará fingiendo?

-¿Cómo puede ser tan mal pensada, Fabiana?

Claro que está mal.

Casi cayó redonda delante de mis propios ojos.

Sus reservas y dudas para empezar a hablar,

me están alarmando.

¿Tan grave es lo que le sucede?

-Le reconozco que es algo que me ha dejado muy turbado.

Verá,...

si he acudido a usted es porque le considero una persona inteligente,

ecuánime y de mente abierta.

-Le agradezco tal juicio a mi persona.

-Solo le pido que me escuche con serenidad.

-Trataré de hacerlo.

Le reconozco que ha despertado mi curiosidad, así que,

empiece sin más preámbulos, se lo ruego.

-Por casualidad, he descubierto que...

que dos hombres del Ateneo, dos conocidos nuestros,

mantienen una relación amorosa.

-Me sorprende escucharlo, pero continúe.

Como esperaba, no se ha llevado las manos a la cabeza.

-No tengo por costumbre escandalizarme,

y mucho menos sin conocer toda la historia.

¿Cómo se ha enterado?

-Es muy largo de explicar y muy complicado.

-Y, la verdad sea dicha, tampoco es lo más importante.

-No, supongo que no.

Lo que sí debe saber es que,

desde que me he enterado, estoy hecho un mar de dudas.

-Le comprendo.

-¿Qué cree que debe hacer un hombre decente,

delatar a esos amantes contra natura

o callar en beneficio de ambas partes?

-Lo que me consulta es un asunto muy espinoso.

-En eso no podemos estar más de acuerdo.

-Aunque prohibido por igual por la Iglesia y la justicia,...

el amor entre dos hombres es algo que existe,

e incluso, considero que en muchos casos, no responde al mero vicio,

sino de un amor auténtico.

-Me sorprenden mucho sus palabras.

-Es mi forma de pensar.

Algunos hombres, por naturaleza,

no pueden evitar esas inclinaciones

ni los sentimientos que llevan aparejadas.

-He de decirle que no todo el mundo piensa así.

-Es mi manera de pensar.

En mi opinión, no juzgues y no serás juzgado.

No soy quién para decir nada al respecto.

Lamento no haberle sido de mucha ayuda.

Y ahora va a aceptarme ese café, qué le va a venir muy bien.

-Sí, seguro que sí.

Qué alegría verte tomando el aperitivo con nosotros.

Sí, poco a poco va mejorando. -(ASIENTE)

No hay más que ver con qué apetito te tomas el pescadito frito.

-Es lo que más necesito para terminar de recuperarme,

buena comida y la mejor compañía. Por cierto,

¿qué les ha dicho el médico después de la visita?

-Estaba satisfecho con el buen avance de la enfermedad.

-A ver si se decide de una vez a darme de alta.

-Las prisas no son buenas, amor. Debes tener paciencia.

Tenemos mucho que celebrar. No solo tu buen estado de salud,

también la oferta de Oswaldo a la niña.

Canelita, qué orgulloso estoy de ti. Gracias, padre.

-Yo también,

pero no quiero que olvides lo que hemos hablado,

sería mejor que te hicieras un nombre en España.

-Ya se lo va hará en la Argentina.

¿Y si, Dios no lo quiera, la cosa no funciona bien allí?

Si vuelve a su tierra tras un fracaso,

le va a costar remontar el vuelo.

-No seas agorera. Eso no tiene porque pasar.

-Hay que ponerse en lo peor. Madre, si tiene razón.

Sabe bien de lo habla. Lo tendré en cuenta.

Así lo espero.

Padre, hablando de arte y artistas, me falta su firma.

Un admirador suyo le pidió a Emilio un autógrafo suyo firmado,

se ve que es un soldado de su pueblo.

¿Has visto, José?

En nuestra Andalucía aún conservan buenos recuerdos de nuestro arte.

-Yo también me he encontrado con un admirador.

-Qué casualidad. -Sí.

Supongo que no tiene importancia. Como bien dices, aún nos recuerdan.

-Y esperemos que sea así por mucho tiempo.

Voy un momento al dormitorio a por una toquilla,

que tengo frío.

-Voy yo a por ella. -No, José,

que me niego a que me sigáis tratando como a una enferma.

En seguida estoy de vuelta.

-Niña, ahora que no nos oye tu madre,

quiero que sepas que te apoyo de corazón en lo de Argentina,

creo que puede ser una buena oportunidad para ti.

Yo también lo creo.

Pero tu madre no está en condiciones de acompañarte en tal largo viaje,

y yo debo quedarme con ella.

Eso no, no lo había pensado.

(Pasos)

-¿Quieren más boquerones?

-A eso no puedo decirte que no, Arantxa.

Pero antes déjame que te pregunte algo.

-Usted dirá, señor.

-¿Tú acompañarías a la niña a Argentina?

A nosotros nos va resultar imposible.

Y ella precisa tener a alguien de la familia a su lado.

-Si eso es lo que me gustaría a mí, que estuviésemos siempre juntos.

-Pero ¿qué diantres le pasa a esta mujer?

La Casilda no dejó de hablarnos de su viaje en toda la noche.

Las tantas nos dieron escuchándola en el altillo.

-La de aventuras que habrá vivido en esas tierras lejanas.

Hay qué ver cómo es esta muchacha. No tiene cabeza alguna.

Pa que la hubiese pasao algo, allí perdía en el desierto.

-Al parecer estuvo encima de un camello,

se paseó por las dunas

y ha comió manjares en el desierto.

-"Manjares" dice, donde se ponga un buen cocío.

-En eso tiene más razón que un santo, Fabiana.

-Y en cuanto al camello,

se me ponen los pelos de punta solo de ver un bicho de esos

con dos jorobas cerca de una.

-Pues a la Casilda le quedaron ganas de más.

Aseguró que sí tuviera posibles, se iría otra vez de viaje.

-A la que nos descuidemos,

se va a vivir a uno de esos países que no hablan cristiano.

-Yo si pudiera, me iría a las Américas.

No sé, a Nueva York o a San Francisco.

-¿Qué se te ha perdido allí, desgraciá?

-Lo mismo que a mi prima en Marruecos.

Tiene que ser toda una aventura pasear por esos países.

Más me imagino yo a Jacinto perdido en una de esas montañas que hay,

que paseándose con un americano.

-Pero Jacinto puede pasearse por donde le plazca.

Con la buena planta que tiene y lo rebonico que es,

seguro que hace buenas migas con cualquiera:

con los esquimales, los indianos y hasta con los chinos.

-Señor, lo que hay que oír.

Al final, va a ser una suerte que seáis más pobres que las ratas.

-Pobres sí, pero mi prima es muy echá p'alante.

-Mientras no se caiga de morros.

¿Dónde vas, loca, dónde vas?

-Ay.

-¿Cómo se te ocurre subirte a la silla?

¿Has perdido el oremus?

-¿Qué pasa, qué pasa? -¿Cómo que qué pasa?

Que estás a semanas de salir de cuentas.

-Deberías tener más cuidao.

Es verdad, pero que no me hago a la idea de que estoy a punto de parir.

-A este paso, cuando te des cuenta, el niño tendrá ya tres años.

-Una ha estado tan pimpante estos meses, que ni lo había pensao.

Marcelina, échale una mano y ayúdala a colocar los botes.

Venga. -A ver si llegas.

-Lolita,...

ponme medio kilo de garbanzos, anda.

Marcia, qué disgusto me he llevao cuando me he enterao.

No me tenía que haber marchado de viaje.

-Mujer,

aunque estuvieras aquí,

no hubieras podido hacer nada.

-Eso te crees tú,

si yo hubiera estado aquí,

le habría puesto al comisario a caer de un burro.

-Nos habría detenido a las dos. -Pues mira,

-Tan ricamente estaríamos las dos sin faenar dándole a la sin hueso.

Por más que le doy vueltas y vueltas al magín,

no entiendo cómo te han acusado de semejante barbarie.

-Yo tampoco, Casilda.

Lo único que impide que caiga en la desesperación es que sea Felipe

quien se encargue de mi defensa.

-Lo sé, me lo contaron en el altillo.

Don Felipe es muy buen abogao,

en el pasado se encargó de casos muy complicaos.

¿Qué no hará ahora tratándose de ti?

¿Le has visto estos días?

-Claro, como mi abogado tenemos que vernos.

-¿Solo... como tu abogao?

-El otro día

me abrazó al verme.

En sus brazos... me sentí,... me sentí segura

por unos segundos.

Y dichosa, a pesar de las circunstancias, claro.

-¿Y Santiago? ¿Has pensao en él?

-No dejo de hacerlo, Casilda,

estaba decidida a embarcar con él rumbo a Cuba

y empezar una nueva vida.

Pero la vida es así.

Si hubiésemos adelantado el viaje un día,

estaría rumbo a Cuba y no entre rejas.

Ay, amiga,...

es como si la vida quisiera que sufra.

-No, Marcia, lo que la vida quiere

es que seas dichosa,

valiente y que luches por lo que de verdad quieres.

-No, Casilda, las dos sabemos que eso es imposible.

Y nada tengo que ver con Felipe, va a casarse con Genoveva.

-Sí, Marcia, y tú ya estás casada.

-Sí,... yo estoy casada.

¿Estás seguro que no ha pasado nada en casa de los Domínguez?

-No, que yo sepa. ¿Por qué lo pregunta?

-Debo confesar que he encontrado a Arantxa preocupada e inquieta.

No hay motivo, ahora que su señora está mejor.

-Pero el susto que se han llevado con Bellita es difícil de superar.

-Con la tunanta de Margarita en prisión, no creo que pase nada.

-No crea. Yo tenía una oveja, Anacleta,

que se puso muy mala de comer bayas venenosas,

y aunque nunca la llevé por esos campos,

pasé mucho tiempo con el mal cuerpo.

-¿No me estarás comparando la indigestión de una oveja

con el envenenamiento de Bellita?

-El susto es el mismo.

-Que Arantxa y don José no se enteren de semejante comparación.

Mire.

No todos parecen tan preocupados.

-¿Qué? Bien, ¿no? Tomando un café calentito.

-No será por usted. Fabiana nos ha servido.

¿Dónde se mete?

-Vengo de pedir presupuesto al mejor cantero de la ciudad.

-¿Encargando su lápida? -No, señor,

quería saber cuánto me costaría

hacer el escudo de mi familia en piedra.

-¿Aún sigue con eso? ¿Y para qué lo quiere?

-Para colgarlo en la fachada.

Me va a costar un ojo de la cara, pero vale la pena.

Mis gloriosos antepasados se merecen ese dispendio.

-Quizás no sean tan gloriosos,

que según me ha dicho Fabiana, no sabe si su apellido pertenece

a la rama noble de los Gallo.

-Haga caso al Cesáreo y ahórrese el parné.

Los escudos solo traen quebraderos de cabeza.

-Serán los tuyos.

No compares tus antepasados. ni tus blasones, hombre.

-En mala hora encargué yo el mío.

Ojalá no hubiese descubierto que venía de familia de cabreros,

con lo mal que se ha llevado uno con las cabras.

-Se están metiendo en dificultades.

¿A santo de qué viene saber si sus apellidos son ilustres o no?,

si su situación no va a cambiar.

-¿Cómo que no? Eso es algo de mucha enjundia.

Quiero demostrar que soy tan noble,

como el Gallo que batalló con el Cid Campeador.

Nos preguntábamos cómo va evolucionando su caso.

-Apenas hemos podido hablar con usted los últimos días.

He estado ayudando a Marcia, buscando pruebas que la exculpen.

¿Y ha tenido suerte? No del todo.

He dado con los tenderos donde Marcia compró la tarde del crimen.

-Eso es una buena noticia.

-Lo sería más si no hubiesen cerrado el negocio

y se hubieran marchado de la ciudad.

-¿Les ha dado aviso? -Sí.

Y aunque el comisario Méndez me ha dado 48 horas

para encontrar pruebas y que exculpen a Marcia,

el tiempo pasa rápido

y no sé cuánto puedan tardar los dueños de la tienda en volver.

-Han de prestar declaración y reconocer a Marcia.

Sí.

Intentaré convencer al comisario para que los espere.

-Esperemos que lo logre.

En fin, les mantendré informados.

¿Y ustedes cómo están? ¿Alguna novedad?

-Pocas, estimado amigo. Lolita está en la recta final del embarazo.

-Es verdad, en seguida saldrá de cuentas.

-Pronto llegará un nuevo Ramón Palacios a este mundo.

-Solo Dios sabe que prodigios presenciará.

¿Y usted, Liberto?

¿Cómo van los preparativos para la inauguración?

Bien, no puedo quejarme.

Ahí está.

¿Dónde vas, Lolita?

Recuerda tu estado.

(Puerta)

-Déjeme que la ayude. Ahora mismo le subo esa garrafa.

-No hace falta, no es menester. -A mí no me cuesta nada,

y usted no está en condiciones de subirse a las sillas.

-No es el primero que me lo dice.

Agradecida. Ya que está...

-Traiga.

-Ahí va. -Ahí.

Y... esta.

-Hale. Ahí, ahí.

Qué bien.

Bueno, ¿en qué puedo atenderle?

No habrá venido a colocarme las garrafas.

-Tiene razón. Verá, quería unas galletas.

Me gusta tomar algo antes de acostarme en la pensión.

-Ahora mismo se las sirvo.

¿Cuántas quiere? -Ponme una docena.

¿Está de paso por el barrio?

-Por unos días. Y estoy encantado,

no sabía que este barrio tuviera vecinos tan ilustres.

El otro día me enteré

de que la gran Bella del Campo vive aquí al lado.

-Sí, en el 38.

Y mi familia puede presumir de contar con su amistad.

-Entonces, podrá informarme sobre su estado de salud.

Me han dicho que ha estado muy enferma.

-Sí que sabes sobre la susodicha.

-Disculpe, no quería parecer chismoso.

Soy un gran admirador suyo, de ahí mi interés.

De hecho,

estoy aguardando una foto firmada por la gran artista y de su esposo.

-Pues le alegrará saber que ya está casi recuperá.

Ha superao el envenenamiento.

-¿Cómo dice? ¿Fue envenenada?

-Sí, por una mala artista envidiosa de su arte.

Pero no logró su pérfido objetivo. -Maldita sea su estampa.

Atentar así contra una gloria nacional...

-Amor, qué bien que estés aquí.

Hablaba con este joven de Bella del Campo.

-Sí, ya me parecía.

-Usted debe ser el admirador de la artista

que anda por nuestras calles.

-Vaya, veo que empiezo a ser conocido.

-Si nos disculpa,

mi esposa ya debería ir cerrando la mantequería.

-Sí, no quería entretenerla.

-No, no. Sus galletas.

En esta ocasión, invita la casa. Espero verle pronto por aquí.

A más ver.

Hala.

-Te creía un poco más discreta.

No deberías contar cosas de nuestras vecinas al primero que entre,

por muy admirador de la artista que sea.

-No seas tan sieso.

Se le ve buen muchacho.

¿No te has fijado que habla con el mismo sonsonete de don José?

-Da igual, nada sabemos de él.

Si quiere saber de los Domínguez, que les pregunte a ellos.

Madre, ya he terminado todos los recados que me dijo.

Maite.

¿Qué hace aquí?

-Tu madre me ha mandado llamar.

-¿Por qué motivo?

-La he hecho venir porque es importante que hable con las dos.

¿Nos sentamos?

Padre, ya le di su foto firmada a Emilio, él se la dará al recluta.

Aquí os encuentro.

Quería hablar con vosotros.

Por su rostro parece de enjundia. ¿Qué le sucede?

Estoy bien, quien me preocupa es Arantxa.

-Sí, lleva un día algo extraña.

-Es más que un día y es más que extraña, José.

Parece que está un poco triste.

He estado pendiente de ella y llora cada dos por tres sin motivo.

-Habrá pelado cebollas.

-¿De verdad, José, eso es lo que crees que le sucede?

-Mujer, era por buscarle una explicación convincente.

-Tendrás que esmerarte más.

Estoy muy inquieta por ella.

Me ha dicho varias veces que nos quiere mucho.

Sí, y a mí, y sin venir a cuento. -Es normal,

nosotros también la queremos, son muchos años a nuestro servicio.

-Tantos como para saber que Arantxa no es dada a semejantes arrebatos.

-Sí,...

la verdad es que si peca de algo es de ser algo siesa.

Y también peca de tener un oído excelente.

-Les he traído unos dulces.

-Parece no haber oído nada.

-Les he preparado los dulces favoritos de cada uno.

Porque yo se los quería ofrecer con todo mi afecto.

Creo que sé lo que te pasa,

estás triste por tener que venirte a Argentina conmigo.

No hay motivo para estar triste.

Quiero deciros que he tomado una decisión.

Voy a hacer caso a madre,

primero haré carrera en España y más tarde haré las Américas.

¿Estás segura, hija? Sí, padre,

lo he pensado bien y es lo mejor.

Así, mi madre estará curada

y podremos ir todos juntos, incluida Arantxa.

Que hija más buena y más lista me concedió dios.

-Eso es lo que yo quiero, que estemos juntos para siempre.

(ARANTXA LLORA)

-¿Veis como algo le pasa que no nos cuenta?

Tenemos que hacer algo.

-¿Y eso por qué?

Mientras le dé por cocinar dulces y estar cariñosa,

no veo el problema.

(Puerta)

Voy a abrir yo, que Arantxa no está en condiciones de atender a nadie.

-Chiquillo, ¿no puedes dejar de comer dulces ni un solo momento?

-Chiquilla, es pa no darle a Arantxa más motivo de disgusto.

Nos lo ha preparado con tanto cariño...

-Buenas.

-Buenas.

¿Fabiana, en qué podemos ayudarla?

Madre, nos tiene con el corazón en un puño, díganos algo.

-Quería hablar de tu relación con Maite.

-¿De mi relación?

-Exactamente.

He estado reflexionando largo y tendido al respecto.

Hace unos días,

una conversación interesante con Ildefonso

me hizo ver que tal vez no estaba siendo muy justa contigo.

-No la comprendo. -Es muy sencillo.

Has puesto mucho interés en la pintura...

y mucha pasión.

-Así es. -Por ese motivo,

he reconsiderado mi postura.

Sería una pena que te apartara de la que puede ser tu vocación.

Así que voy a permitir que sigas pintando.

-Se lo agradezco, madre.

-Pero no puedes desatender tus obligaciones en el restaurante

y con tu familia.

-No se preocupe.

-De la misma forma,

no pondré trabas a que sea la propia Maite

la que te guíe, te enseñe y te asesore en tu afición por el arte.

-Gracias. Gracias, mil veces gracias.

-Espero no arrepentirme.

Maite, tendrá unas obligaciones que tendrá que cumplir.

-La escucho.

-Las clases tendrán lugar en el restaurante

y bajo mi supervisión.

-Madre...

-No he acabado, Camino.

Y por supuesto, no podrán ser muy frecuentes,

ya te he dicho antes que bajo ningún concepto,

podrán interferir en tus obligaciones.

-Continúe.

Cuente también con que las clases se centrarán

en materias artísticas.

No quiero que adoctrine a mi hija con ideas revolucionarias

sobre la mujer, sobre la sociedad, como ha ocurrido antes.

A la mínima que escuche a Camino cualquier idea inapropiada

o revolucionaria, terminaré con sus enseñanzas para siempre.

Lo ha entendido, ¿verdad?

-Sí.

-Madre,...

me ha hecho muy dichosa.

(Llaman)

Ay, disculpe, doña Genoveva,

no esperaba que abriera usted en persona.

¿Sucede algo? No se alarme.

Le traigo el correo de la tarde.

Si necesita algo más... No, gracias.

Con Dios.

(LEE) "Úrsula Dicenta".

Era un representante de artistas. ¿Otro?

Sí, y como el resto, se quería hacer cargo de mi carrera.

Pero, creo que antes de nada, tengo que considerar otras ofertas.

No me he comprometido con nadie.

"Antes de reunirse conmigo entre las sombras del averno,

conocerá lo que es el sufrimiento como nadie antes lo había hecho".

"Desde el más allá y con infinita crueldad,

voy a destruir todo aquello que ama".

Sé más respetuosa con la señora.

No sé qué te pasa, pero estás distraída.

Y no das ni una.

-Eso no es cierto, señor, yo en nada he descuidado mis obligaciones.

-Y respondona.

-"El asunto se las trae".

Tu prometido defendiendo a la mujer con la que casi se casa.

¿Dónde se ha visto eso?

-En ningún lado, es de locos.

Queda poco tiempo para que expire el plazo que nos ha dado Méndez.

Entonces, ¿Marcia pasará a disposición judicial?

Así es.

-"Los partos suelen ser..."

un poco de dolor,...

y después, toda una vida de felicidad.

-Y cuando dice dolor, ¿dice dolor muy doloroso?

No has comentado nada del pañuelo.

La última vez que lo vi fue cuando discutí con Genoveva.

No he dicho nada porque... no hay nada que contar.

¿No vas a investigar al respecto?

Genoveva está guardando un reposo estricto...

para no perder al hijo que esperamos.

Es la primera vez que me muestro en público a tu lado, sin reservas.

-Camino, pero tenemos que mantener las formas.

Algo te preocupa desde hace días, a mí no me engañas.

Liberto, por favor, dime algo, y no me des excusas, ¿eh?

-Está bien, tú ganas, te lo contaré todo.

Felipe,...

te lo ruego, si algo me amas, abandona.

Encarga la defensa de Marcia

a otro que pueda defenderla tan bien como tú.

A cambio, te prometo cuidarme

las semanas que quedan hasta nuestra boda,

tejiendo así al hijo que esperamos.

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Acacias 38 - Capítulo 1181

17 ene 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes

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