www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5483833
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1178 - ver ahora
Transcripción completa

Uy. ¿Quién anda ahí?

-Soy... soy yo.

Perdona, pero estaba la puerta abierta.

Espero no llegar en mal momento. -Le estaba mostrando un cuadro a...

a Camino.

Lo primero que quería es felicitarle por la limpieza

con la que se hizo mi encargo con Andrade.

Seguro que él encontró excesiva la paliza que recibió.

-¿Le pueden hacer a otra mujer lo que me han hecho a mí?

-Si siguen en la calle, pueden volver a intentar algo contra ti.

O contra nosotros, que fuimos los que propiciamos que la detuvieran.

-Pues presenta cargos contra ellos, me habéis convencido.

Se trata de Marcia. Lo que quiero es que la defienda,

que la saque de la cárcel cuanto antes.

He visto a Javier Velasco salir del edificio.

Ha venido porque le he pedido la defensa de una persona.

¿De quién? De Marcia.

Quiero que me ayude a buscar la llave.

-¿Qué llave?

-La llave del estudio de Maite, para ver los cuadros.

-Es una carta de... Edgar Golden, el productor americano

que le quería contratar como actor.

Vendrá unos días a España y le gustaría reunirse con usted

para ofrecerle una suculenta oferta, no encuentro cuál es el problema.

-No sé qué hacer, don Ramón.

-Hable con ese hombre,

consúltelo después con Bellita y tome una decisión.

-No deja de preguntar por las costumbres de doña Bellita.

-¿Un admirador o...? -Eso dice él, pero yo no me fío.

Yo me haré cargo de su defensa, soy su abogado

y la sacaré de la cárcel aunque sea lo último que haga.

Me comentan que anda haciendo preguntas

sobre doña Bella del Campo, ¿qué busca?

-¿Por qué la retienen? -Junto al cuerpo de Úrsula

encontraron un pañuelo con las iniciales de Marcia.

El pañuelo no es una prueba. ¿Tiene algo más?

Algo que me ha llegado esta misma mañana.

Léalo usted mismo.

Es una copia, el original está a buen recaudo.

¿De dónde ha sacado esta carta?

La recibí en comisaría esta misma mañana.

Como puede leerse, acusa claramente a Marcia del asesinato de Úrsula.

No debería tenerla en cuenta.

No deja de ser un anónimo difamatorio.

No tan anónimo.

¿Qué quiere decir?

La carta está escrita de puño y letra por la difunta Úrsula.

¿Y cómo puede estar tan seguro?

Cualquiera se pudo hacer pasar por ella.

Es una posibilidad,... pero muy reducida.

He encontrado documentos escritos por la finada

y un grafólogo ha verificado la similitud entre ambas grafías.

Me sorprende que dé credibilidad a esa mujer.

Sabe perfectamente que no estaba cuerda.

Usted mismo me habló del altar pagano que tenía en el convento.

Lo que usted y yo pensemos es irrelevante.

Intento fiarme solo de las pruebas que tengo.

Pruebas que esa mujer dejó para incriminar a Marcia.

Reconozca que dejar un pañuelo en la escena del crimen

y escribir una carta son pruebas bastante retorcidas

para no ser reales. Propias de una mente perversa.

como la de Úrsula.

Nos conocemos hace tiempo,... y sabe que solo considero

lo empíricamente demostrable.

¿Le parecen poco las fechorías que ha cometido esa mujer?

Entiéndame, Felipe. En un informe psicológico,

la fragilidad mental de Úrsula es indemostrable.

Por el amor de Dios, comisario, pregunte en Acacias:

nadie le hablará bien de ella.

Dudo que un tribunal considere más fiable los comentarios vecinales

que las pruebas materiales. Como letrado debería saberlo.

Y también sé que un comisario

debería estudiar diversas líneas de investigación.

Marcia es inocente, y usted también lo sabe.

Mi trabajo no es dejarme guiar por lo que pienso y creo,

mi trabajo es encontrar pruebas y seguir los protocolos

con todos los sospechosos.

Entonces, según usted,...

Marcia es la única sospechosa. Yo no he dicho eso.

¿Entonces? ¿Tiene otros nombres?

Sí.

Y creo que le van a gustar tan poco como el de Marcia.

¿De quién me habla?

Entienda que deba reservarme esa información,

pero sí le adelantaré que la única que tiene

pruebas concluyentes en su contra... es Marcia.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Bueno, ¿qué, me va a contestar o voy a tener

que llamar a la autoridad? -No,

no llame a la guardia, que yo le explico.

-Ya está tardando.

-Yo solamente quería un retrato firmao de la gran Bella del Campo,

que un servidor es admirador suyo.

-¿No es usted muy joven para conocer a Bella del Campo?

-Del sitio donde vengo to el mundo conoce a la gran Bella del Campo,

bueno, a ella y a su marío, don José Domínguez,

que por algo somos del mismo pueblo.

-Un momento, ¿es usted de Almería? -De Garrucha, como el Choco,

el orgullo de to el pueblo. Mire,...

guardaíco lo tengo como un relicario, y aquí me enteré

que vivían en este barrio.

Me presento: mi nombre es Julio Expósito,

y he aprovechao que estoy de permiso pa pasarme por aquí.

La que se puede liar en el pueblo como yo consiga el retrato.

-Emilio Pasamar, propietario de ese restaurante.

(Silbido de admiración)

-Jartá elegante.

-Gracias.

Me ha dicho que estaba de permiso.

-A puntico de licenciarme en el cuartel.

-Pues estará contento, podrá volver a su pueblo y ver a su familia.

-Iré, pero pa no quedarme.

El Ejército me ha despertao el gusanillo

que tengo de viajar por to el mundo,

así que voy a reengancharme al Ejército.

-Sabe usted que corre el riesgo de que lo destinen a Marruecos.

-Más me asusta a mí el hambre y la miseria, que pa bien o pa mal,

en el cuartel nunca me ha faltao un plato de comida caliente

ni un lecho donde dormir. -El panorama en el norte de África

no es que sea muy alentador.

-Si supiera de dónde vengo, cambiaría de opinión.

El frente no tie que ser muy diferente al cuartel,

allí te ponen un plato de comida y ejercicio diario

pa defender a la patria. ¿Qué más se pue pedir?

-Me recuerdan sus maneras al marido de Bellita.

-Bueno, por algo le he dicho que somos del mismo pueblo.

-No le prometo nada, pero como amigo de los Domínguez

le aseguro que voy a hacer lo que esté en mi mano

para conseguirle ese retrato. -¿Está de guasa?

-No, lo digo en serio, hablaré con Bellita y a ver qué me dice.

-Muchísimas gracias, de verdad, don Emilio.

Por estas que aquí tie un amigo pa lo que haga falta.

Con Dios. -Lo mismo digo, con Dios.

-Servando, pero ¿qué haces barriendo a estas horas?

-Na, barriendo serrín que han echao pa los orines de los caballos.

La Fabiana se ha empeñao en que lo barra antes de mañana, de verdad,

qué asco de vida la mía, de verdad.

-Que sea leve, yo me voy a casa a descansar un poco,

que ha sido un día largo.

-¿No le apetece tomar algo?

-No, pero estoy deseando llegar a casa y ver a mi esposa.

-Hay que ver, quién le ha visto y quién le ve.

Se ha hecho todo un hombre.

-A la fuerza ahorcan.

-Tiene que estar muy orgulloso don Ramón de su descendencia,

todo un Palacios, sí señor.

Que... hablando de apellidos,

ya he encontrao el escudo de mi familia:

preciosos,

unos gallos bonitos y unas torres...

-Pero, a ver, ¿cómo que escudo de la familia y gallos y torres?

-Sí, sí, los mismitos que usted me dijo.

-Pero a lo mejor no me entendiste bien, Servando, no es tan sencillo.

-¿Cómo que no es tan sencillo? -El escudo de armas

no depende solo del apellido.

-¿Ah, no? -Debes saber el linaje

del que desciendes, el antepasado concreto del que procede tu familia.

-Ah, se refiere a lo de los abuelos y bisabuelos.

Bueno, mi tía Froilana, que es muy vieja, lleva la cuenta

de los nacimientos y enterramientos en Naveros.

-Ya, pero puede que tengas que investigar muchos años atrás,

incluso siglos, y comprobar si alguien de tu familia

recibió el escudo de armas. -Así que siglos, ¿eh?

-Claro, solo así sabrás si tienes derecho o no

como descendiente a portarlo.

-Pues fíjese que yo creía que el escudo de armas era pa todos

los que nos apellidábamos Gallo. -Ya. Pues no.

-Ya. Se lo preguntaré de todas formas, pero...

deje que lo barrunte, que creo que ya tengo la solución.

-Bien, te deseo mucha suerte, buenas noches.

-Buenas noches.

-Buenas noches, Jacinto. -Buenas noches, Antoñito.

Pues sí que tienen miga los apellidos, sí.

No hay margen al error.

La carta que me mostró el comisario Méndez

acusaba claramente a Marcia.

No puede ser, ¿la pudo usted leer? Sí.

Según Úrsula, se había citado con Marcia,

y ante el temor a que Marcia tratara de darle muerte,

escribió esta carta acusándola antes de los posibles hechos.

¿Por qué Marcia iba a matarla? Según dice, por venganza.

Úrsula fue quien cerró el trato con César Andrade

para que le alquilara a Marcia. Como si fuera ganado.

La carta está sellada y fechada...

el día anterior a los hechos.

Ella sabía que iba a morir y decidió acusar a Marcia para perjudicarla.

Lo que no sabemos es quién pudo matar a Úrsula.

La única forma que tenemos de salvar a Marcia

es desenmascarando al culpable. Ojalá se pudra.

Cálmese, por favor, ¿de acuerdo? Cálmese.

No vamos a salvar a Marcia con gritos.

¡Y tampoco la vamos a salvar con esa carta de por medio!

-Buenos días, Felipe.

Comisario,... ¿alguna novedad?

Venía a hablar con Santiago Becerra, a solas.

Muy bien, si me necesita, ya sabe dónde encontrarme.

Gracias, Felipe. De momento, me basta con Santiago.

-Usted dirá, ¿qué quiere saber de mí?

-Cuidao con la bata. Ahí.

Mire, mire quiénes han venido a verla.

-Ay, Bellita, qué ilusión, esperamos no importunarla.

No se preocupe, si mi madre está encantada de tenerlas,

¿verdad que sí, madre? -Claro que sí, hija.

-Gracias.

-Lo que pasa...

es que una todavía no tiene el cuerpo para arreglarse.

Espero que me disculpen.

-Claro que sí, la entendemos perfectamente, Bellita.

-Arantxa, haz el favor de preparar un cafelito para las señoras.

-Ahora mismo. -Yo prefiero una manzanilla.

-Cómo no. -Y yo, un chocolatito.

-¿Espeso como siempre, doña Rosina? -(ROSINA RÍE)

Espero que le agraden los roscos de naranja

que le he traído. Ay, ¿son del horno?

Recién salidos, calientes están.

Genoveva, ¿cómo ha sabido que me gustan?

¿Se lo has dicho tú, Arantxa? -No.

No, no culpe a su criada, un pajarito en el horno me lo dijo.

Y a ese pajarito se la tengo yo jurada, no hay manera

de competir con estos roscos,

a no ser que haga yo mi tarta de zanahoria.

Permítame, doña Genoveva, y los voy preparando para servir.

Gracias.

Ay, Bellita, así da gusto. La envidio.

-¿Lo dice usted por su criada o por sus postres?

-Por ambos.

-Ay,...

no imaginan el bien que me hace su compañía.

-Para eso hemos venido, Bellita, a subirle el ánimo

y que vuelva a pasear pronto por el barrio.

-Diga usted que sí, Carmen, que en esta casa me tienen encerrada

como una cautiva.

Por Dios, madre, no diga eso.

Nosotros nos preocupamos por usted.

-Además, para lo que hay que ver

ahí fuera, mejor se queda usted en cautiverio.

-Imagino que estará al corriente de la detención de Marcia.

-Algo me ha contado la niña. Dicen que tienen pruebas

que la inculpan en la muerte de Úrsula.

Pues muy buenas tienen que ser esas pruebas, porque no veo yo

a Marcia muy asesina.

-Fíate de las mosquitas muertas.

-Entre el asunto de Marcia y su juicio contra Margarita,

no ganamos para pleitos en este barrio.

Pensé que había decidido no presentar cargos contra ella.

-Tuve mis dudas, Genoveva,...

pero lo mejor es que la encierren, para que no cause más mal a nadie.

-¿Y tú qué, Cinta,

tienes prevista alguna actuación?

Con la última, el barrio se quedó con ganas de más.

Primero habrá que esperar a que mi madre se cure.

Primero me quiero hacer un hueco en España

y con el tiempo ir a América.

-Cinta, no sabía que quisieras irte a América.

-Tranquila por su Emilio,...

que de aquí a que la niña se vaya, aún va para largo.

Estoy de acuerdo con Bellita.

Cinta debe primero capitalizar

el éxito de su debut y no lanzarse al vacío.

-Eso es, que la prisa nunca es buena consejera.

Tranquilas, que hasta que no vean a mi madre por bulerías,

no me iré.

-Ay, Bellita,

estará usted orgullosa de su familia de artistas, ¿eh?

-Decir lo contrario sería mentir.

Que mi niña y mi José son lo más grande para mí.

-Su marido lo pasó muy mal durante su convalecencia.

-Y tanto,...

que ni dormía ni comía ni nada,

siempre pegadito a mí como un niño de teta,...

y lo contento que se puso cuando desperté.

Ha pasado muchas fatigas el pobrecito mío.

Bueno, no se preocupe, que eso ya pasó.

Aunque ayer me crucé con él...

y me pareció un poco serio.

¿Le ha ocurrido algo? -No, que yo sepa.

-Serán...

Serán imaginaciones mías, no me hagan mucho caso.

-Señoras,...

con cuidado, por favor, que está todo muy caliente.

Gracias. Gracias, Arantxa.

-El día de la detención, usted y Marcia se iban de viaje,

¿me equivoco?

-Así es, íbamos a coger el expreso

para Cádiz y embarcar el día siguiente a Cuba.

-¿Por qué tantas prisas?

¿Fue usted o Marcia quien auspició el viaje?

-Fue idea de los dos.

Llevábamos meses ahorrando, cuando tuvimos el dinero,

decidimos irnos.

-Me consta que no eran los primeros billetes que habían comprado.

Anteriormente habían adquirido unos billetes que fueron devueltos,

¿por qué esas idas y venidas? -No era un buen momento,

así que decidimos cancelar el viaje.

-No era buen momento.

Quizás porque le salió una oportunidad de trabajo

que compensaría el retraso. -No he dicho nada de ningún trabajo,

simplemente no era buen momento.

-¿De dónde sacó el dinero para pagar el segundo viaje?

-Pude devolver los billetes anteriores.

Apenas quedaban plazas,

así que no fue difícil recuperar nuestro dinero.

-¿Los vendió usted o Marcia? -Fue Marcia

quien los devolvió en el consignatario, yo estaba trabajando.

-Tengo una hipótesis.

¿Quiere saberla?

-Sospecho... que me la va a contar quiera o no.

-Aunque fue Marcia quien se citó con Úrsula,

fue usted quien con el pañuelo de su esposa acudió al lugar de los hechos

para dar muerte a Úrsula sin percatarse de perder el pañuelo.

Lo que no me cuadra es el móvil del crimen.

¿Qué cuitas tenía usted con Úrsula?

¿O acaso se trataba de un encargo que usted cumplió por dinero,

dinero que necesitaba para el viaje?

-No pienso continuar sin la presencia de un abogado.

-Quiere un abogado. -Estoy en mi derecho.

-Cierto,... pero le haré una advertencia:

si ha sido usted, aún está a tiempo de salvar a Marcia,

porque si el asesino no aparece,...

las cosas se pondrán muy feas para su esposa.

Avisado queda.

-¿Se puede saber qué estás haciendo?

Pero si es casi la hora de comer. -Ya, es que desde que falta Casilda

ando descolocada con la comida.

-Tanto criticarla y quejarte y ahora no puedes vivir sin ella.

-Bueno, sí, la verdad es que la echo bastante de menos.

-Yo también, espero que esté disfrutando de su viaje

allá donde haya ido. -Y yo.

Con lo bien que se está aquí, no entiendo esa manía

de irse tan lejos, como mi Leonor y mis tres niñas.

-Por cierto, ¿sabes si le han llegado ya los regalos?

-Puede, aunque no me extrañaría que Leonor

se hubiera molestado por los juguetes.

Por ella, las trillizas solo recibirían libros.

-Para eso están las abuelas, para malcriar a los nietos.

-No me llames abuela, que no me gusta.

-Mi amor, ¿me podrías preparar otro de estos?

Es que no dejo de mirarlo y se me van los ojos.

-Si es casi la hora de comer.

-Pero ayer apenas cenamos, y para desayunar había galletas.

-Cógete un plato.

Si no regresa pronto Casilda, nos moriremos de inanición.

-Rosina, tú...

en las cartas que te envía mi tía,...

¿alguna vez te dice algo de Maite?

-No, ¿qué me va a decir? -No sé, algo...

sobre ella, su persona, su familia.

Al fin y al cabo, era sobrina de don Armando, ¿no?

-Bueno, yo creo que no tiene mucha relación con los padres,

debe ser por su vida bohemia, que no es de su agrado,

lo que entiendo perfectamente. -Claro, es que París

no tiene nada que ver con esto, y mucho menos en los ambientes

en los que se mueve ella.

Espero que su relación con Armando sea menos tensa.

-Según Susana, tío y sobrina se llevan a la perfección.

Resulta que Maite es la hija del hermano preferido

de don Armando, por eso él tenía tanto interés en que Maite

se integrara bien en Acacias.

-Es que no sé a ti, pero a mí me intriga mucho

que una chica como ella, tan guapa, culta, inteligente,

no se haya casado todavía.

-Sigue, no escatimes en piropos.

Ni que fuera la reina Victoria Eugenia.

-No, no me malinterpretes.

Pero me extraña mucho que una mujer como ella siga soltera.

¿Qué mujer conoces para la que el matrimonio no sea su prioridad?

-Alguna habrá.

Esa mujer tiene un punto excéntrico que me descoloca,

pero yo no le doy tantas vueltas como tú,

se ve que no me interesa tanto.

-A mí lo único que me interesa aquí eres tú, que te quede claro.

-Ya.

Me ha quedado bueno, ¿verdad?

¿Hago otro?

¿Quién te va a cuidar mejor que yo, alfeñique?

¿Qué le parece?

-Creo que tiene un talento increíble,

la fuerza que es capaz de imprimir a sus dibujos es admirable,

hasta un simple boceto parece cobrar vida.

-¿No lo dice por cortesía?

-Sinceramente... confiaba en su destreza, pero no esperaba

encontrar un trabajo tan bueno.

¿Cuánto tiempo lleva haciendo esto?

-Empecé a dar clases hace muy poco, pero siempre me ha gustado dibujar.

-Desde luego, no es la obra de un aficionado.

Estos bocetos son muy profesionales, Camino.

-Me encanta dibujar y pintar, y cada vez que lo hago

me gusta dar lo mejor de mí. -¿No tenéis frío?

-No, se está bien, el sol calienta y es agradable.

-Señora,

su hija tiene un gran talento, sus dibujos me han dejado impactado.

-¿De verdad le han gustado?

-Si es capaz de hacer esto con unas pocas clases,

no me quiero imaginar el resultado con una formación más continua.

-No sabía que entendiera de arte.

-Realmente soy un mero aficionado, pero soy capaz

de detectar el talento y, créame, Camino posee un don

que debería ser aprovechado.

-Intuyo entonces que no le parece mal

que una mujer se dedique al arte. -Todo lo contrario.

Sería egoísta por mi parte impedir que otros disfruten de su talento.

-Ya veo que los dibujos de mi hija le han impactado.

-¿Y a quién no?

Mire, fíjese usted en ellos.

Camino domina cada trazo, desde el más simple

hasta la técnica más sofisticada.

Es que no son simples ejercicios,

estos bocetos están cargados de vida, de pasión, de emoción.

¿O no está de acuerdo conmigo?

-Sí. Sí, parece que están bien.

-¿Bien?

Mire, fíjese en el río: dígame si no es capaz de sentir el agua fluir.

-Camino, ¿cuándo has hecho esto?

-En el estudio de Maite, ella me enseñó a dibujar naturalezas.

-Es que no es un río cualquiera, es un río vivo,

dinámico.

Todo el boceto está cargado de una atmósfera campestre,

pero no es el único.

Fíjese en este, no le dejará indiferente.

Esta mañana he estado corroborando tu coartada,

en la tienda donde compraste los pañuelos el día del asesinato.

Me atendió un señor mayor, muy amable, ¿se acordaba de mí?

Estaba cerrada.

Los propietarios han cerrado el negocio

y se han marchado al pueblo. No puede ser.

He estado preguntando por la zona y...

nadie te recuerda por allí.

Porque tendrán miedo, Felipe,

nadie quiere problemas con la policía.

Tranquila, tranquila.

Tarde o temprano encontraré a alguien que corrobore tu coartada.

Eres demasiado morena para pasar desapercibida.

Alguien se acordará. No lo sé.

Ni siquiera guardo el recibo de los pañuelos que compré.

Se lo exigiré a los dueños,...

y los encontraré allá donde estén.

Demostraré que tú no mataste a Úrsula.

Confía en mí.

Hay algo que me preocupa más:

¿de dónde salió ese pañuelo con tus iniciales?

¿Cuándo fue la última vez que lo viste?

No lo sé.

Hace tiempo que lo echo en falta, pero no recuerdo

cómo o cuándo lo perdí. Te lo pudieron robar.

No sé.

Marcia, por favor, piensa bien.

Puede ser un dato crucial para tu defensa.

Lo haré, te lo prometo. Bien.

¿Por qué te odiaba tanto Úrsula?

No te entiendo, Felipe.

Úrsula... dejó una carta acusatoria contra ti.

El comisario Méndez la recibió poco después de su muerte.

-Qué buen cuerpo da la sopita de picadillo.

-Uy, y con sustancia, porque le he echao pularda en vez de pollo.

¿No es demasiado pronto para almorzar?

Tengo el desayuno aquí arriba. A ver, normal,

como que te has zampao todas las rosquillas de doña Genoveva.

Dos o tres que dejó doña Rosina. Estos días estamos intentando...

que sean un poco antes las comidas y las cenas

para que tu madre se pueda acostar temprano,

porque lo que necesita es reponer fuerzas.

-Mi José y yo, que no se ha despegado de mi vera

en todo este tiempo.

¿Verdad, corazón mío?

Padre, ¿está usted bien? Se ha quedado traspuesto.

-No pasa nada. Dándole al magín que estaba.

-Uy. Muy serio debe ser para quedarte tú sin palabras.

-Y tanto.

Como que míster Golden me ha vuelto a ofrecer que me vaya a Hollywood.

-¡Ahí va! ¿Pero no estaba el americano en Italia?

-Acaba de volver. Se ha enterado de que Bellita

estaba mejor y me ha citado para hablar.

-Bien calladito lo tenías. ¿Lo has visto ya?

Le habrá dicho que sí, ¿no?

Cuando cuente que el señor va a salir en las películas...

-Deja que se explique, que lo tenéis acorralado.

¿Le han dicho cuándo partirá?

Eh...

-Voy a renunciar al cinematógrafo para siempre.

¿Que usted ha dicho que no?

-Niña, deja que hable.

-Míster Golden tampoco se lo esperaba.

Me ha contado que ha conocido a un muchacho joven en Italia

que apunta maneras, un tal...

Rodolfo Valentino.

Le he dicho que no y va a tirar con él.

No puede hacer eso. Ya dejó escapar una oportunidad como esta.

-¿Va a dejar que un chiquillo se lleve por delante su sueño?

-Arantxa, mi sueño es disfrutar de mi familia.

El susto de quedarme sin mi lucero me ha hecho más viejo,

pero también más sabio.

Ya no soy ningún pipiolo,

y creo que con dos artistas en la familia hay más que de sobra.

-José, mi vida,... ¿estás seguro de lo que dices?

-Como que tengo delante de mí a la mujer más hermosa.

Ahora es el turno de Cinta,...

y mi deber es estar a su lado,

como he estado contigo todos estos años.

-Ay, desde luego,...

no hay hombres como usted, don José.

-Como que rompieron el molde nada más nacer.

-Niña, alegra esa cara, que se te va a agriar la sopa.

Padre, es que...

no lo entiendo, muchos matarían por lo que usted está rechazando.

No, canelita, te equivocas:

muchos matarían por tener una familia como esta.

Mi lugar está aquí,

junto a mi mujer y mi hija, y si alguien tiene que triunfar, eres tú.

-Tu padre tiene razón, hija,...

ha llegado el momento de que tires para delante y muestres tu talento.

Nosotros ya tuvimos nuestro momento.

No sé...

No sé qué decirles.

Les necesito tanto.

-¿Me entiendes ahora, canelita mía?

¿Por qué? ¿Por qué Úrsula me acusa a mí?

No lo sé, esperaba que tú me dieras una respuesta.

Yo... yo nunca le haría daño a esa mujer, todo lo contrario,

y ella me humilló y me compró como si fuera mercancía.

Hay vecinos que os vieron discutir.

Fue ella la que me provocó, me dijo cosas horribles,

y yo intenté ignorarla, pero ella insistió.

Marcia, baja la voz.

Baja la voz y cálmate.

Piensa bien.

¿Te dijo algo que la empujara a escribir esa carta?

Felipe, yo no fui.

Jamás mataría a alguien, es todo una patraña,

¿por qué no me crees? Por supuesto que te creo,

por supuesto que te creo,

yo y todos los vecinos de Acacias.

Todos los días me preguntan por ti,

están deseando que salgas libre.

Te juro que soy inocente.

Nadie duda de tu inocencia, nadie.

Le pediré al comisario Méndez que te permitan recibir visitas.

Al parecer, Marcelina y Fabiana tuvieron problemas para entrar.

La verdad es que...

me hace falta un abrazo de Fabiana,...

o una carantoña de Servando.

Han sido como unos padres para mí.

¿Te valdría de momento...

un abrazo mío?

Por favor.

Cierra los ojos y olvida dónde estás.

Te sacaré de aquí.

Te lo prometo.

-Mira, Marcelina, mira.

He hablao con don Felipe para que medie con el comisario

y se las haga llevar a Marcia.

-La verdad es que nunca había visto unas habichuelas tan renegrías.

¿Y dice que se llaman frijoles? -Pues sí.

Ay, la fiesta que les hubiera hecho Marcia,

seguro que los hubiera cocinao como en su tierra.

-Ya ve usté qué mal pueden hacerle, ya son ganas de contrariar.

-Pues sí, hija.

Voy a llevarlas a la fresquera, no se vayan a estropear.

-Espere, señá Fabiana.

¿Qué le dijo al comisario Méndez cuando le prohibieron el paso?

-¿Qué le iba a decir? Que hiciera la vista gorda,

que para eso hace muchos años que ya nos conocemos.

-Poco me parece pa el rato que se echaron.

-Está bien, entre nosotras:

le dije que todos pensamos

que Marcia es inocente y que si servidora tenía que ir a declarar,

que contara conmigo. -Bien hecho, señá Fabiana,

to es poco pa ayudar a Marcia.

-El comisario me dijo que si me necesitaba, que ya me llamaría.

-Uy, la rabia que da no poder ayudar, la verdad.

En fin, me vuelvo a mi quiosco. Con Dios, señá Fabiana.

-Con Dios, hija.

-Adiós. -Con Dios.

-A buenas horas aparece usted, Servando.

¿Se pue saber dónde demonios estaba? -En la mantequería,

haciendo una llamada de teléfono, que el de la pensión estaba ocupado

con el viajante de relojes. -¿Ha pasao algo en su familia?

-Nada de enjundia. Estaba hablando con mi tía Froilana,

que es la más vieja de Naveros y lo recuerda to.

Es capaz de nombrar a uno que sirvió en las tropas del Cid,

no le digo más.

-¿Y pa eso tanta urgencia?

-Me tenía inquieto un asunto con mis antepasados que...

ella era la única que me podía ayudar.

-Sí que se pone misterioso, Servando.

-¿Qué tiene ahí dentro que huele tan bien?

-¿Qué? ¿No me va a contar lo que ha hablao con su tía?

-Nada, nada, hemos dao un repaso a mis antepasaos.

Me ha dicho que mi tatarabuelo era un sinvergüenza de cuidao.

Que no hay familia de Naveros que no le haya engañao,

mentido, robao o algo peor.

-Menuda prenda.

¿Y qué más, qué más le contó de ese hombre?

-Mi tía se toma su tiempo, me estaba saliendo la llamada por un riñón.

-Anda que no es usté agarrao.

¿Por unas pesetas más se va a quedar con la intriga?

-No, haré el escudo, pero no revolveré más

las cosas de mi familia, lo copiaré de algún libro de esos.

-Y piensa colgar el escudo sin que sea de su familia.

-¿Usted se imagina el empaque que pue dar aquí un escudo?

-Primero, rechaza su apellido, y ahora se aprovecha de él.

Pa mí... que su tatarabuelo no era el único sinvergüenza de su familia.

-Oiga, sin ofender, Fabiana. -Usté perdone.

-Ahí, ahí, ahí.

-No sabes cuánto me alegra saber que doña Bellita se está recuperando.

-Según mi madre, está tan animada, que cualquier día la vemos cantando

por aquí.

-El barrio necesita noticias como esta.

La detención de Marcia nos ha afectado a todos.

-¿Usted cree que es culpable? -En absoluto,

pero si el comisario Méndez la ha detenido, es que tendrá motivos

suficientes para ello.

-Supongo.

En fin, tengo que dejarle, tengo que volver al restaurante.

-Y yo con mi ronda. Con Dios.

-Con Dios, Cesáreo.

Maite, ¿qué haces aquí?

-Tranquila, solo serán unos minutos para saber cómo estás.

-Podrían vernos.

-¿A qué vienen estos nervios?

-Liberto nos vio abrazándonos, no sé si lo has olvidado.

-Bueno, no hay nada malo en un abrazo.

Eso es lo que debería pensar él.

¿Recuerdas cómo lo hicimos ante él?

Pues así es como debemos actuar, con normalidad.

Si Liberto nos viera asustadas, sospecharía

y podría averiguar lo nuestro.

De nosotras depende lo que él crea.

-Llevo huyendo de él todo el día, como si fuera el diablo.

Si me lo encontrase, no sé qué cara poner.

-Pues haz lo que te digo, y no te preocupes,

es lo único que podemos hacer.

-Ojalá Liberto olvide lo que ha visto.

-Y lo hará. Confía en mí.

-Me encantaría quedarme aquí contigo el resto del día,

de verdad,...

pero no puedo. -Lo sé.

Venga, vete,... y recuerda cómo comportarte.

El doctor ha dicho que todo está bien.

¿Ves como no había nada de qué preocuparse?

Soy primeriza en estas lindes, me asusté con los mareos

y las náuseas.

Además,...

los cambios en mi cuerpo me hacen sentir insegura,

poco atractiva.

No digas eso.

Para mí eres la mujer más bella y deseable del mundo,

ahora más que nunca.

¿Crees que podemos confiar en la discreción del doctor?

Es de total confianza, no debemos preocuparnos por él.

No quiero que trascienda tu embarazo antes de la boda.

Por eso debemos acelerar los preparativos,

precisamente he elaborado una primera lista de invitados

para ir comunicarlo cuanto antes.

¿Quieres que la veamos juntos? No.

Ahora no es el momento, estoy con el caso de Marcia,

no quiero que nada me distraiga. Como quieras.

Sí me gustaría que la vieras cuando tengas un momento.

He quedado para merendar en casa de doña Rosina,

la contrastaré con las señoras para no dejarme

a nadie importante.

Te dije que quería una boda íntima, con los más allegados.

No quiero un evento social, y mucho menos en tu estado.

Por supuesto, como desees.

¿Qué haces aquí?

Vengo a hablar con don Felipe.

Quizá... tenga cosas que contarle sobre usted.

No te atrevas.

Genoveva, ¿sigues ahí?

¿Con quién hablas?

Tienes visita, alguien quiere verte.

(Pasos)

Santiago.

Vamos a mi despacho. Por aquí.

Ay,...

qué bien que haya podido venir usted un poquito antes.

Tome asiento, así podemos hablar tranquilamente del asunto

de la llave de Liberto. -Esta mañana,

con las señoras delante, fue imposible.

¿Le ha comentado algo su marido? -No, no, no sospechó nada.

Qué bien estuvo usted al decir que se había caído.

-Hay que saber reaccionar en esos momentos.

-Yo, en cambio, casi tartamudeé cuando lo vi aquí plantado

en el salón. -Fruslerías, estuvo usted estupenda.

Bueno, y ahora que tiene las llaves del estudio, ¿cuál es su plan?

-Esperar a que Maite salga para poder entrar en el estudio.

-¿Va a entrar a hurtadillas en una propiedad?

-¿Para qué cree que quiero la llave? Además, tan ajena no es,

el estudio es propiedad de mi marido.

-Rosina, tenga cuidado, a ver si se va a buscar un problema.

-Mire la merienda que han preparado en la chocolatería del centro.

-Tiene un aspecto impecable. -Aspecto y sabor.

El repostero sirve también a palacio.

A ver si llega Genoveva y podemos empezar.

-La verdad es que la pobre tiene que estar tragando hiel

con el asunto de Marcia. -No es para menos.

Hay que ver cómo es la vida. Con la de letrados

que hay, ¿y tiene que ser Felipe quien defienda a esa muchacha?

-El asunto está en boca de todos,

deberíamos comentárselo a Genoveva para que don Felipe dé marcha atrás.

-Yo creo que mejor no nos metemos en camisa de once varas.

(Llaman a la puerta)

¡Casilda!

Que no está, no me acostumbro. Al final la voy a echar de menos.

Ay, querida, Genoveva. Perdonen el retraso,

me he entretenido en la portería recogiendo la correspondencia.

Gracias. A usted.

No se preocupe.

Tome asiento, ya está todo listo. Qué buena pinta.

¿Los ha traído usted, Felicia?

-Son de la chocolatería del centro, son unos reposteros excelentes.

Estábamos Rosina y yo comentando la defensa

que va a hacer don Felipe de Marcia.

Y no son las únicas.

Sé que está en boca de todo el barrio.

¿Y no le preocupa?

En absoluto.

Conozco a Felipe y sé que nunca mezclaría los sentimientos

con el trabajo. Don Felipe es muy sensato,

y un excelente profesional.

Si él ha aceptado el caso, es porque considera que es su deber.

¿No haríamos lo mismo por alguien a quien hubiésemos amado?

Yo pienso que la lógica no funciona en asuntos del corazón.

No me opondré a que Felipe actúe acorde con su conciencia.

Es más, le apoyaré,

y quien quiera hablar, que hable.

-Es admirable la coherencia de sus palabras.

Gracias, doña Felicia,

aunque me da que doña Rosina no las comparte mucho.

-No, al contrario, yo creo que la confianza es fundamental

en la pareja.

Por cierto, traigo la lista de invitados de mi boda.

¿Quieren verla? No me gustaría dejarme a nadie.

Claro.

A ver.

Ah...

Muy bien pensado, ¿eh?

-¿Seguro que no están los señores?

-No, esté tranquilo.

La señora duerme, y los demás han salido.

-¿Y va a tardar mucho? No quiero que me pillaran.

-Cesáreo, no me ponga prisa,

déjeme hacer las cosas como Dios manda y luego ya saldremos.

Todo a su tiempo.

-Dicen que lo bueno siempre se hace esperar.

-Pues eso, eso, aplíquese el cuento, Cesáreo.

-Anda que no le he echao de menos. Está usted muy despistada.

-(HABLA EN VASCO) No sea gañán.

Guarde las formas, que estamos en casa de mis señores.

-Mujer, que uno no es de piedra. -Entonces tome una rosquilla

para entretener las manos, y déjeme trabajar.

(HABLA EN VASCO)

¿Quién se ha creído usted para sentarse en la mesa de mis señores?

Cesáreo, por favor, a comer a la cocina.

-Mujer, perdone.

No se demore mucho, que me gustaría disfrutar de su compañía

como Dios manda. -A mí también.

Cesáreo, las miguitas, ponga la mano. A la cocina.

(Suena el teléfono)

Jesús, ¿ahora quién llamará?

Residencia de los señores Domínguez, buenas noches, dígame.

-Emilio, ¿qué haces aquí? Vas a coger un resfriado.

-Nada, madre, necesitaba tomar el aire fresco,

que llevo todo el día dentro.

-Tienes razón, un poco de frío nos vendrá bien.

-Me he dado cuenta que Camino está mucho más tranquila.

Parece que la relación con Ildefonso le ha sentado bien.

Al final va a ser cierto eso de que necesitaba un pretendiente.

-Ildefonso es un buen muchacho,

y tiene en consideración a tu hermana.

Esta mañana me comentó cuánto admira el talento de Camino.

-No, si al final Maite va a tener razón y Camino tiene dotes

para el dibujo.

¿En qué piensa, madre?

-Me preocupa que Ildefonso aliente las inquietudes artísticas

de tu hermana.

Ahora Camino está más sociable

y no quiero que vuelva a las andadas con el arte.

-Madre, debería aceptar que su hija dibuja de maravilla.

Negar lo evidente solo le traerá problemas.

-Garantizar su futuro es mi único problema.

Espero que la relación con Ildefonso cuaje.

Bueno, vamos a terminar de recoger.

Estoy helada.

Rosina,... ¿qué hace aquí a estas horas?

-Vengo de montar guardia en la puerta del estudio de Maite.

-Como la pillen, se va a meter usted en un lío.

-Para eso, esa mujer tendría que salir de su casa, y no hay manera.

-Es mejor que se quite de la cabeza la idea de entrar en el estudio...

o solo va a tener disgustos. -No, no voy a claudicar

así como así, aún me queda una posibilidad,

pero he de pedirle un favor.

-Buenas. -Buenas.

-Buenas noches. -Buenas noches.

-Ya sabe qué pienso sobre estos asuntos.

-Sí, ya lo sé, pero necesito que usted me ayude.

¿Está dispuesta a hacerlo?

-Dígame.

-Necesito que usted se cite con Maite, la entretenga un rato

y así yo poder entrar en su estudio. -No puede pedirme eso.

Mi relación con Maite es muy tensa,

¿cómo me voy a citar con ella?

-¿Le tengo que recordar que Camino está en tratos con Ildefonso por mí?

¿Y usted no es capaz de corresponderme

haciéndome este sencillo e insignificante favor?

¿Qué me dice?

-Rosina.

-Por favor.

(Llaman a la puerta)

¿Qué maneras son estas de llamar?

¿Qué diablos?

¿Cómo te atreves a venir aquí?

¿Qué clase de tarado eres para hacer esto?

Nadie me ha visto entrar.

El portero ya está recogido.

Eres un insensato, nos estamos jugando la vida.

Tómese una tila si lo necesita

y preste atención a lo que le tengo que decir.

No me interesa lo que tengas que decirme.

Que sea la última vez que me importunas con tus tonterías.

Tranquila, no habrá muchas más.

Si he venido hasta aquí es para decirle una sola cosa.

Más le vale que Marcia salga pronto de la cárcel o será usted

quien le acompañe al cadalso.

Tus amenazas me dan risa.

Abandona esta casa ahora mismo, no quiero volver a verte más.

Contaré todo a la policía:

su implicación con el asesinato de Úrsula, los engaños,

todo.

Como sea que te llames, veo que te estás ablandando.

Póngame a prueba y verá de qué soy capaz.

¿Tan enamorado estás de esa mulata

que eres capaz de inculparte para librarla de la cárcel?

Pobre infeliz. Te deseo suerte,

aunque conociendo tu trayectoria patibularia,

en prisión te sentirás como en casa.

Los tipos como tú os adaptáis hasta el mismo infierno.

Los tipos como yo

no lanzamos las campanas al vuelo antes de tiempo.

A estas alturas, dudo que ni tú mismo sepas quién eres,

aunque, sinceramente, me da igual cómo acabes,

siempre que sea lejos de mi vista.

Lárgate.

Creo que no me he explicado bien.

En ningún momento he pensado en auto inculparme para salvar a Marcia,

mi amor por ella es muy grande,...

pero mi deseo de venganza es mayor.

Hablaré con la policía...

y la acusaré de haber orquestado el asesinato de Úrsula Dicenta.

Lo que me pides es un imposible.

Quiero a Marcia en la calle,...

y quiero que lo haga...

ya. -Es usted muy cariñosa,

demasiado afectuosa, diría yo. -¿Se refiere usted...

al abrazo que le di a Camino?

-Trate de evitar esas muestras de afecto con una joven tan inocente.

-Arantxa, ¿qué le ocurre? Algo muy gordo

tiene que estar pasándole para que ayer no me hiciera caso

y hoy no haya ido al mercado.

-Ayer estaba aturdida con su charla

y hoy no me ha dado la gana ir a ningún sitio.

-Felicia.

¿Qué querrá ahora? -"¿Cómo ha ido con Julio?".

¿Quién es ese tal Julio?

Un muchacho.

Llegó al barrio preguntando por doña Bellita y por ustedes.

-Y es de Almería, la tierra de tu padre.

Tiene un salero y un deje que me recuerda mucho al de tu padre.

Te lo suplico una vez más: déjalo.

Es mi obligación como abogado y no pienso renunciar a ella.

-Le agradezco que haya venido. -¿Qué quiere de mí?

-"Solo preciso que me escuche".

-"Por supuesto".

-No hay moros en la costa.

-Yo no me opondría a que mi esposa tuviese inquietudes artísticas.

El amor por la pintura es un signo de educación y de cultura,

y es algo que me resulta muy atractivo en una mujer.

-Es usted un sol. -No,

es usted quien ilumina toda esta calle con su dulzura.

-Ha habido épocas en las que antepuse los negocios a la familia

y las recuerdo como las más tristes de mi vida.

-¿A que ahora no cometería ese error?

-Claro que no.

Será que con la edad nos hacemos aún más sabios.

Si no entiendes mis decisiones

y ayudarme en estos momentos,

quizá me haya equivocado de persona.

¿A qué te refieres?

Que quizá no sea propio llegar al altar con una persona

que es incapaz de ayudarme en estos momentos.

¿Estás pensando anular la boda?

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1178

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Acacias 38 - Capítulo 1178

14 ene 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1178" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1178"
Programas completos (1187)
Clips

Los últimos 3.777 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

El administrador de la página ha decidido no mostrar los comentarios de este contenido en cumplimiento de las Normas de participación

comentarios.nopermitidos