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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1175 - ver ahora
Transcripción completa

Quiero hablar con su prometida. A solas.

¿Sospecha de doña Genoveva? ¿Pretende acusarla de asesinato?

-Espero que no se moleste y tampoco parecerle atrevido,

pero... el otro día me causó una enorme impresión.

-No me molesta, incluso me halaga.

No trato de acusarla a usted,

tengo otros sospechosos con mayores cualificaciones.

¿Quién?

No puedo darle esos nombres,

pero usted sí puede ayudarme a que mis sospechas sean más certeras.

Con mucho gusto.

Seremos felices en Cuba. Te lo prometo.

Méndez dijo que se pasaba el día escribiendo

y orando de forma compulsiva. ¿Qué escribía?

Vaya usted a saber.

-Y de repente llega el marquesito con el que "se puede hablar".

-No tan deprisa.

-¿Estás ilusionada?

-Un poco, sí.

Sé que no le dejan volver a la compañía.

¡Son unos asquerosos!

Y yo, encantao

de quedarme aquí a vuestro lado para lo que necesitéis.

No puedo quedarme. Felipe se casa,

y yo le miraría cada día pensando en que podría haber sido yo...

-¡Ay! Venga.

Doña Margarita ha confesado que su marido

estaba al tanto del intento de envenenamiento.

-¿La han detenido? -En la celda aguarda, sí.

-En mi modesta y poco docta opinión,

creo que Margarita está loca de atar.

-"Te han traído un paquete".

Igual Ildefonso ha querido tener un detalle contigo.

Está siendo muy atento.

-Debe ser un error en la entrega.

Ese era el comisario, ¿no?

¿Qué está pasando, Jose?

Marcia.

Mi esposa tiene algo que decirle.

¿Acaso no quiere escuchar lo que Marcia tiene que decirle?

Claro,... claro.

Disculpen.

Pasen, por favor. No.

No entraré en su casa.

Yo esperaré fuera.

Confío en mi esposa y respeto su intimidad.

Es mejor que lo que le tiene que decir se lo diga a solas.

Como desee.

Pasa, Marcia.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Pasos)

Toma asiento, por favor.

Parece que ha pasado una eternidad

desde la última vez que estuve aquí.

En cierta forma, así ha sido.

Han pasado muchas cosas.

Marcia, ¿qué ocurre?

¿Qué te ha traído aquí junto a Santiago?

Le expliqué que era vital para mí que hablara contigo.

Bueno,... en tal caso, ya estás aquí,

nada te impide decirme qué es tan importante.

Felipe,...

mañana me marcho junto a Santiago, a Cuba.

¿"A Cuba"?

Sí, para siempre.

Tú viniste a explicarme los motivos

por los que te ibas a casar con Genoveva.

Sentí que debía decirte de viva voz que me marchaba.

No quería que lo supieras por otro.

Te lo agradezco.

Mi tiempo en Acacias ha terminado.

Ahora debo comenzar de cero.

¿Junto a Santiago?

Es mi esposo.

Entonces,... esto es una despedida.

No volveremos a vernos nunca más.

(NIEGA)

Quiero que sepas...

que nunca olvidaré los días de dicha que vivimos juntos.

Te estaré por siempre agradecida.

No, Marcia,...

soy yo quién tiene que darte las gracias.

¿Tú, por qué?

Por haberme enseñado a amar de nuevo.

Será mejor que me marche. Sí.

Santiago aguarda fuera.

Adiós, Felipe.

Marcia...

Siempre te amaré.

-Vamos.

(EXHALA)

Aún aguardo tu respuesta, Jose.

¿Qué diantres estaba haciendo en casa el comisario Méndez?

-Nada importante, no te preocupes.

-No lo haría si no insistieras en ocultarme la verdad.

Aquí está sucediendo algo.

-Que no, te equivocas, chiquilla.

-Mira que mientes mal.

Si no hay más que verte,

con lo tranquilo que tú eres, y ahora tienes el baile de San Vito.

-Ay, Dios mío.

-Jose... -Está bien.

Está bien.

Hay...

hay algo sobre lo que te hemos estado mintiendo.

-Ah, empezamos a entendernos.

¿Y sobre qué han sido esas mentiras?

¿Acaso mi estado es más delicado de lo que creía?

-¿Qué dices? No, no es eso.

Se trata de Margarita.

-¿Margarita?

-Sí. No está fuera, de viaje, como te hemos estado contando.

-Por todos los santos, ¿le ha pasado algo a Margarita?

No me digas más, le ha hecho algo ese canalla de Alfonso

y por eso no ha podido visitarme.

-No, amor mío, no es eso.

-¿Entonces, ¿qué es?

Dímelo ya, que me tienes el corazón en ascuas.

-Margarita está detenida junto a su esposo.

-¿Cómo?

¿De qué se le acusa?

-De intento de asesinato.

-No, no es posible, se han equivocado.

Margarita no haría tal cosa.

¿A quién se supone que ha intentado asesinar?

-A ti, lucero mío.

-¿Has perdido el oremus?

-No. Ven, siéntate.

Siéntate, que te vas a caer.

Margarita... se aprovechó de tu buen corazón

para acercarse a ti,

y de acuerdo con su marido,

tratar de envenenarte.

Tú no has sufrido una enfermedad,

sino una intoxicación por envenenamiento.

Margarita...

te estaba suministrando un potente veneno en el té.

-Dios quiera que lleguemos a ser muy buenas amigas.

-Se equivoca, no lo llegaremos a ser,

porque ya lo somos. Grandes amigas.

¿Desea más té, mi querida amiga?

-¿Mi amiga... quería mi muerte?

-Y por poco no se sale con la suya.

-No puedo creerlo.

¿Todo fue un paripé?

-Sí. ¿Fingió...

su amistad para matarme? -Sí.

Ahora, cálmate, por favor.

Cálmate, cariño.

Te estás poniendo nerviosa. ¿Sucede algo?

Me estoy asustando. Madre, ¿está bien?

No está bien.

No he tenido otra que contarle la verdad.

¿Por qué ha hecho eso? Porque tenía que saberlo.

-¡Maldita sea su estampa!

¡Ojalá ese demonio de Margarita se pudra en la cárcel!

-Bueno, ya está, ya está en la cárcel.

Tranquilízate, por Dios santo.

Bueno, ya está, ¿eh?

(Suenan las campanas)

Estamos encantadas de que haya venido a visitarnos,

¿verdad, Camino?

-Sí, siempre es un placer verle, Idelfonso.

-Son ustedes muy amables.

Estaba de paso y he querido saludarlas.

-Ha hecho usted bien.

-No quiero entretenerlas, continúen con su trabajo.

Yo ya me marcho. -De ninguna manera.

Siéntese un rato con Camino.

A estas horas, hay pocos clientes,

puedo encargarme yo de atenderles.

-En tal caso, estaré encantado de sentarme un poco.

-Sepa que a Camino le agradó mucho el lazo que le envió.

-¿Lazo, yo no le he enviado ningún lazo?

-¿Ah, no?

Ahora que lo dice, no me parecía un presente propio de usted.

-Ya le dije, madre, que se trataba de un error.

Esa mesa está sin atender.

-Voy a ver que quieren.

-Me ha encantado el retrato que pintó de su madre.

-Es usted muy amable. -No, simplemente justo.

Se aprecia que posee una gran destreza con el pincel.

-Desconocía que entendiese de arte.

-Poseo unas pocas nociones.

Quien es un entendido en mi familia es mi abuelo.

Tiene una colección excelente de pintura: Sorolla,

Pinazo, Boldini...

-Me encantaría poder admirarla.

Quizá algún día, se expongan sus cuadros junto a los suyos.

-No diga tonterías. Me halaga en exceso.

-¿Por qué no iba ser posible?

Con su talento y esfuerzo,

llegará a ser una gran pintora algún día.

-Ojalá fuese así.

Pero ni siquiera puedo seguir practicando, mi madre me lo prohíbe.

-Creo que su madre comete un grave error.

De todas maneras,

no siempre vivirá bajo su influencia,

algún día podrá volver a pintar.

-En eso estamos completamente de acuerdo.

-No sé si su madre acertará con el pedido,

está más pendiente de nosotros que de sus clientes.

(RÍEN)

Mire otra vez.

(RÍEN)

¿Por qué está cambiando todo de sitio?

-Ya se lo he dicho antes,

hay que prepararlo todo para acoger a los asistentes

al funeral de Úrsula. -No creo que asistan muchos.

Se está tomando demasiadas molestias.

-Claro, ya serían menos, si uste me echará una mano.

-Yo no quiero tener nada que ver con ese funeral.

Que temo que el espíritu de Úrsula se quede aquí en la pensión.

-Menuda tontá.

-Muy buenas.

-Buenas.

-Un café con leche. -Tendrá que ponérselo, Fabiana.

-Claro, como una tiene poca faena.

Sírvale el café, que yo tengo que seguir preparándolo todo.

¡Cuánto me gustaría estar lejos de Acacias

para evitar el dichoso funeral!

Son pocos los que quieren acudir, yo el primero, pero...

las únicas que tienen una buena excusa son Agustina y Casilda.

-Mire, ahora que lo dice, ¿sabe lo que estaba pensando?

-Servando ha pensado, ha pensado.

Ay, Dios mío, Dios mío.

-Creo que sé quién está tras la muerte de Úrsula.

Agustina.

¿Y si ha sido Agustina para vengarse de lo del doctor Maduro?

-Lo estás diciendo en serio? -Completamente.

-Si Agustina no le hace daño ni a una mosca.

-A una mosca puede, pero Úrsula era un bicho peor.

Piénselo, por eso ha desaparecido tan de repente.

-Le recuerdo que ha ido a atender a su hermana.

-Una hermana que nadie conoce.

Y si Agustina es hija única y todo esto es una excusa, ¿eh?

-Ya basta, Servando.

No consiento que diga tales barbaries de la pobre Agustina.

Si ella estuviera en Acacias,

iría a ese funeral sin dudarlo.

-Claro que sí, para celebrar su éxito.

Está bien, solo era una teoría.

-Pues mire, si tiene más teorías semejantes,

hágales un favor a todos y guárdeselas pa usted.

-Bueno, yo me voy a largar.

Tengo un asunto muy importante que hacer y no lo puedo posponer.

-¿Y la leche?

-Que se la ponga esta señora, que a mí ya me ha puesto de mala.

-No se preocupe, que yo se la pongo. ¿Cómo quiere la leche?

-Calentita, por favor.

-Calentita.

(HABLA EN EUSKERA)

Toma, niña, te he traído una tisana caliente.

Toma, cariño.

¿Cómo se encuentra? Sigue dormida.

El calmante que le ha administrado el médico esta mañana

está haciendo efecto. Ya lo veo.

A tu pobre padre le ha caído la del pulpo por haberle contado la verdad.

La regañina del médico ha sido dura.

Espero que el disgusto que se ha llevado no tenga consecuencias.

Maldita Margarita,

te puedes creer que hasta desde su celda nos sigue perjudicando.

¿Y mi padre cómo está?

Ahí está, dormitando en el sofá.

No ha pegado ojo en toda la noche, el pobre se siente culpable.

No debería,

no le quedaba otra, si mi madre ya sospechaba la verdad.

-Agua. -Uy.

-Niña, sírveme un poco de agua.

-A ver.

Señora, vamos a incorporarla un poquito, yo le ayudo.

-Gracias.

-Muy bien, señora.

Vamos a ver.

Un poquito de agua.

Con cuidado.

¿Así? -Gracias, hija.

¿Cómo se encuentra, señora?

-Malamente, Arantxa.

Ay, Dios mío,

¿quién me iba a decir que Margarita me guardaba tanto odio

como para hacerme lo que me ha hecho?

Deje de darle vueltas, madre.

-Tiene razón, esa miserable

no se merece que se haga esta mala sangre no se merece.

Lo que tiene que hacer es reponerse.

Claro que sí, con fuerza.

Voy a la cocina, que no hay agua.

-Arantxa...

Aguarda, que tenemos que hablar.

-Dígame, señora, ¿qué?

-Quiero agradecerte que siempre estés velando por mí.

-Pero... si esa es mi obligación, señora.

Y además, yo lo hago bien gustosa.

-También quiero agradecerte...

que te hayas sacrificado haciéndome creer

que eras la responsable de la ausencia de Margarita,

aunque con ello te ganaras mi ira.

-Señora, no se me ponga así, que no le conviene nada.

-He sido muy malita contigo.

Quiero pedirte disculpas

por el maltrato al que te he sometido estos días.

Que no hay criada más fiel ni amiga mejor y más buena que tú.

-Señora, ¿no ve que me va a hacer llorar?

Tiene un corazón que no le cabe en el pecho,

y por eso la quiero tanto como la quiero.

-Ay, mi fiel Arantxa, mi amiga.

-Señora, por favor.

Ya, ya, ya, ya, se acabó el llorar.

Nada de llorar,

ya está.

Tengo que ir a por el agua. Y tú, tómate la tisana.

Sí.

-Ven aquí.

-"¿Cómo se encuentra su suegra?".

-Algo mejor, pero la pobre se llevó un gran sofoco al saber la verdad,

que la que consideraba su amiga la estaba envenenando.

-Lo lamento por ella.

Pero no creo que pudiesen ocultárselo mucho más tiempo.

-Yo lo creo igual.

-Discúlpeme, pero debo dejarle, espero que se mejore cuanto antes.

Transmítale mis mejores deseos. -Así lo haré.

-Fabiana, aguarde un momento.

-Disculpe, comisario, no le había visto.

¿Qué le trae por Acacias?

¿Acaso hay novedades sobre el asesinato de Úrsula?

-No, he venido a interesarme por la salud de Bellita.

He sabido que había recaído.

-Sí, eso mismo he oído yo. Esperemos que no sea nada.

-Hablando de Úrsula,

¿cómo marchan los preparativos del funeral?

-Me temo que vamos a ser cuatro gatos.

-Supongo que Santiago y Marcia estarán entre ellos.

-Marcia me ayudará a servir en el réquiem,

pero lo hace por pura bondad,

que ellos no tenían relación con la finada.

-¿De verdad?

Había oído que a Santiago y a Úrsula

se los había vistos juntos varias veces.

-Pues a mí no me suena de na.

-También he sabido que Marcia y Úrsula

tuvieron un agrio enfrentamiento.

-Arrea, ¿no estará pensando que ellos tengan algo que ver

con la muerte de Úrsula?

-De ninguna manera, tan solo preguntaba.

-Pues mire, haría mejor en preguntar por otros.

Santiago y Marcia son unos benditos

que lo único que han hecho es matarse a faenar pa reunir dinero

y marcharse a Cuba a buscarse un futuro mejor.

-¿"A Cuba", dice? -Sí, señor.

Por fin lo han conseguido.

De hecho, se marchan hoy mismo.

-¿Tan pronto?

-¿Y a qué esperar más?

Se van esta tarde, después del funeral.

(SUSPIRA) Bueno,...

le dejo, que voy a mis compras. A más ver.

-A más ver.

Ahí.

Le agradezco que me haya ayudado, Cesáreo.

Hacía falta limpiar la salida de humos,

que cualquier día se nos quedan las criadas ahumadas.

-No me cuesta nada.

Además, tenía la esperanza de ver a Arantxa en el altillo.

-Ya ve que no. Anda to el día con sus señores.

-Quiera Dios que pase pronto tan mala racha.

Se pasa el día con doña Bellita.

-Y con la recaída de anoche, aún más.

Quizás sí reúna tiempo pa acercarse al funeral de esta tarde.

-Si es así, no la voy a ver, soy yo el que no piensa ir .

-¿Sus obligaciones se lo impiden?

-Eso, y que no me da la gana.

La difunta era el mismo diablo y no voy a rezar por ella.

-Yo sí que iré, por dos motivos:

El primero, porque es de buen cristiano perdonar.

Recuerde que ahora me llamo Jacinto Recio y Lozano,

y tengo que hacer honor a mis apellidos.

-Aunque no sean tus apellidos.

¿Y el segundo motivo es...? -El segundo es aún más importante.

Así aprovecharé para repartir mis tarjetas entre los asistentes.

¿Quiere una?

-No gracias, ya me has dado muchas.

-Usted se lo pierde. -Con la paz de Dios, señores.

-Servando,

muy sonriente le veo.

¿Qué está tramando?

-Nada. Jacinto, ¿me puedes dejar una de tus tarjetas?

-Claro, faltaría más. Aquí la tiene. -Es para volver a verla.

Aquí tiene. -Muy bien. (RÍE)

Lo que recordaba, una birria.

Y con una letra la más de vulgar.

-¿Acaso las ha visto mejores? -Por supuesto.

Y ahora mismo te lo demuestro.

Mirad,...

las acabo de recoger de la mejor imprenta

de la ciudad.

Ahí tienen.

Miren qué letra más rococó y que historiada.

-Y que lo diga,

con tanta floritura, no se entiende la letra.

"Servando Gallardo".

"Inventor en general y propietario de la mejor pensión de la ciudad".

Sí que son de calidad.

-Vamos a ver, que me han costado un riñón.

Y alguien que se llama Servando Gallardo,

no se merece menos.

-Bueno, pues muchas gracias.

¿Dónde van ustedes? Pero ¿qué pretenden?

-Guardarlas. -De eso nada,

¿no les estoy diciendo que valen un potosí?

No, no, se ven y después se devuelven.

Y espérense que no se las cobre, que las han manchado.

-¿Para qué las ha hecho si no las va a repartir?

-A nadie no.

Las repartiré entre señores de alcurnia

y a propietarios, como yo.

Antes he visto al comisario Méndez por nuestras calles.

-Estará investigando el asesinato de Úrsula.

-Ya puede esmerarse.

Para mí que no tiene ninguna pista del caso.

-Yo no estaría tan segura de eso.

Ramón ha escuchado en el Ateneo a un policía decir

que pronto habrá una detención.

-Entonces, hay un sospechoso.

¿Quién será?

-Y lo más importante de todo, ¿se tratará de alguien de Acacias?

¿Le conoceremos?

-¿Van a acudir al funeral de Úrsula?

-De ninguna manera, querida, no he cambiado de opinión.

Úrsula no se merece homenajes.

-Ramón sí que quiere hacer acto de presencia.

Supongo que, al final, le acompañaré.

-Entonces, allí nos veremos. Trataré de sacar tiempo.

También quería ir a ver a Bellita. -Por cierto, ¿cómo se encuentra?

-Al parecer, ha empeorado al enterarse

de que Margarita y Alfonso

han sido detenidos por intentar envenenarla.

-No me extraña. Menudo disgusto.

-Esperemos que la cosa no pase a mayores.

-Bueno, pero ¿por qué no hablamos de cuestiones más alegres?

Antes vi a Camino con su nuevo pretendiente,

parecían estar pasando un buen rato.

-Así es, queridas amigas.

No puedo estar más satisfecha con Ildefonso.

Parece que mi hija y él han congeniado a la perfección.

-Me alegra mucho escucharlo, ojalá haya dado con el candidato idóneo.

-Me conformo con que Camino se olvide de las tonterías

que le metió la tal Maite en la cabeza.

-Si es así, me debe una merienda.

No olvide que fui yo quién le presentó a Idelfonso.

-No desaprovecha usted la oportunidad, Rosina,

pero está bien, queda invitada.

Y usted también, Carmen. -Muchas gracias.

Me temo que debo dejarlas.

Miren la hora que es y aún no he preparado la comida.

No hace falta que me acompañe a la puerta.

Las veo luego. -Con Dios, Carmen.

-Con Dios. -Con Dios.

-Rosina, y hablando de Maite,

¿cómo va la inauguración de la galería de su esposo?

Ya sabe que la pintora elegida no es santo de mi devoción,

pero tengo curiosidad por saber cómo son sus cuadros.

-Tendrá que preguntárselo a otra persona.

Yo quería ir al estudio a ver su obra,

pero Liberto me lo ha impedido,

alegando que no hay que molestar a la artista.

-¿De verdad?

-Sí, como si yo fuese a molestar a alguien,

con lo discreta que soy.

-Me sorprende tal proceder por parte de su esposo.

-Y a mí, Felicia.

Empiezo a temer que los cuadros sean demasiado modernos

y, por eso, Liberto no quiere que los vea.

Conociendo a Maite, no me extrañaría.

Quiere ser tan moderna, que a veces se pasa.

Lo que se debería de exponer son marinas, paisajes bucólicos...

Eso sí es pintura.

Ahora, una cosa sí le digo,

voy a conseguir ver esos cuadros antes de que se expongan.

Lo conseguiré.

¿Más té? -Sí, por favor.

(Motor de coche)

¿No has terminado con el equipaje? -Ya me queda poco, no te apures.

-Toma, guarda también los pasajes y nuestros papeles.

(RESOPLA)

Tras el funeral, cogeremos el tren nocturno a Cádiz,

y mañana zarparemos.

-Aún no te he dado las gracias.

Fue un detalle muy bonito que me dejaras despedirme de Felipe.

Sé que para ti no fue nada sencillo.

-Me duele en el alma saber que sigues amándole.

-No pienses en eso, la distancia me ayudará a olvidarlo.

-Eso me gustaría creer.

Es toda mi esperanza.

Porque por mi parte, Marcia, ya lo sabes,...

te amo con todo mi ser.

Mi único deseo es que llegues a amarme tanto como a Felipe.

Si ese día llega, seré el hombre más feliz de la tierra.

-Te prometo que intentaré ser la mujer que mereces.

-Seremos muy dichosos en Cuba, ya lo verás.

La vida nos ha brindado una nueva oportunidad,

y debemos aprovecharla.

(Puerta)

¿Esperabas a alguien?

-¿Se puede pasar?

-Sí. -Veníamos a despedirnos.

-Y a traeros algo para el viaje.

Les he preparado un paquete con queso, legumbres y chorizo.

-No tendrían que haberse molestado.

-Ya nos lo agradecerán cuando estén en la lejana Cuba,

que seguro que allí no hay viandas como estas.

-Y... yo les traigo un saco con castañas de Naveros del Río,

un manjar inigualable.

Ah, y mi tarjeta también.

Tomen.

No la pierdan,

que me ha costado un ojo de la cara. -No se preocupe,

la guardaremos como oro en paño.

-Son ustedes tan buenos...

Les vamos a echar mucho de menos.

Fabiana,...

¿podría darle estos pañuelos a Casilda y a Agustina?

-Descuida, hija, se los daré en tu nombre.

-Perdónenme, pero es que...

me da tanta de pena pensar que no volveremos a vernos, que...

-Venga aquí, Servando.

-(SERVANDO LLORA)

"Creo que su madre comete un grave error".

De todas maneras, no siempre vivirá bajo su influencia

y algún día podrá volver a pintar.

-En eso estamos completamente de acuerdo.

-Está más pendiente de nosotros que de sus clientes.

(RÍEN)

(Timbre)

Don Liberto, no le esperaba.

-¿Molesto? -No, en absoluto.

Pase, se lo ruego.

-Solo será un momento, que ya veo que está ocupada.

Quería saber cómo iban los preparativos para la exposición.

-Muy bien. Precisamente, estaba embalando todo.

Todo, menos un cuadro en el que quiero seguir trabajando.

-Claro, como crea conveniente. Ya le dije que es usted la artista.

Mañana enviaré a unos mozos para que lleven los cuadros a la galería.

-Claro, que vengan cuando quieran, estaré aquí.

-(RESOPLA)

Le reconozco que estoy ilusionado con la exposición,

pero también un poco temeroso.

-¿Le sigue preocupando la reacción de los asistentes?

-En especial, la reacción de mi esposa.

Ya sabe cómo es. La temo más que a un miura.

-(RÍEN)

Mire, mire.

-¿Doña Maite?

¿Se encuentra bien? Parece abstraída.

-Discúlpeme, estoy un poco nerviosa por la exposición.

Siempre me pasa al inaugurar. -Ya.

No se preocupe, estoy seguro de que tendremos éxito.

Me marcho, que tengo mucha prisa. No es necesario que me acompañe.

-Gracias.

Tranquila, Fabiana.

Se la ve muy alterada.

-¿Y cómo quiere que esté, doña Felicia?

Mire la hora que es y nadie aparece.

-Tiene razón, el funeral está a punto de comenzar.

-A este paso, vamos a estar las dos solas.

-No se extrañe.

Úrsula ha hecho tanto mal,

que ni después de muerta, nadie quiere acordarse de ella.

Hasta yo he dudado en venir.

-Si ya lo sé, pero nadie merece dejar este mundo de tal forma.

-Mire, ahí vienen los Palacios.

-Gracias a Dios. Menos mal que aparece.

-¿No ha venido nadie más?

-De momento no.

-Al menos no estarás sola, Fabiana.

-Se lo agradezco.

Y a usted también, Carmen.

Y a ti, Lolita, sobre todo a ti,

que sé que has hecho un esfuerzo por venir.

Sé que no tenías aprecio a Úrsula.

-Así es, Fabiana.

He venido porque uste lo ha organizado y no quería disgustarla.

Pero a Antoñito no ha habido manera de convencerle.

-Además de que no tenía simpatía al ama de llaves,

tenía una importante reunión de trabajo.

-A las buenas. -Buenas.

¿Marcelina no viene?

-Nones, está visitando a un pariente.

-¡Vaya desastre de funeral!

-Aprovechando que están aquí,

permítanme que les dé una de mis tarjetas de visita.

-Agradecida, Jacinto.

Pero ¿para qué queremos tarjetas tuyas si sabemos dónde encontrarte?

-Eh...

-Jacinto, qué apellidos tan sonoros tienes:

Recio y Lozano, no sabía que te apellidabas así.

-Natural, hasta hace días, yo tampoco.

Buenas. -Buenas, Genoveva.

Gracias por venir. ¿Don Felipe no la acompaña?

No, mi prometido tiene mucho trabajo.

Además, es conocido su desprecio por Úrsula.

-No le faltan motivos.

-Disculpen el retraso.

Y disculpen a Rosina, no ha habido forma de convencerla.

-Bueno, pues en tal caso, ya estamos todos.

En fin,

yo he hecho lo que estaba en mi mano.

Si les parece,

podemos ir entrando.

Sí, claro.

-Vamos.

(Motor de coche)

-¿Marcia y Santiago, qué,

ya han marchado rumbo a Cuba?

-No, se irán esta tarde.

Querían brindar con Fabiana en memoria de Úrsula.

Aunque, otra cosa que no entiendo,

hace nada todos estaban a la gresca con el ama de llaves

y ahora brindan por ella.

-Yo nunca le tuve el menor aprecio, ya lo sabes.

Prefiero ni hablar de ella.

Sí me atañe más la marcha de Marcia.

Lolita está bastante preocupada. -Sí.

-Buenas tardes.

-Buenas. ¿Ya ha terminado el funeral?

-Hace una miaja. La iglesia estaba prácticamente vacía.

-Era de esperar.

-Don Antoñito,

creo que... no le había dado...

una de mis tarjetas.

-"Jacinto Recio y Lozano".

Unos apellidos muy sonoros.

-Su padre, don Ramón, me ha dicho exactamente lo mismo.

-Le voy a dar yo una de las mías.

Ya verá usted la diferencia. ¿Eh?

Bueno, sí, el diseño muy elegante

buen gramaje... -Ahí.

Lo que no entiendo es lo de Gallardo,

si tú te apellidas Gallo.

Gallardo, Gallardo, creía que iba más acorde con mi persona.

-Pues es una pena. Yo creo que Gallo es más bonito

y más noble.

-¿Más noble, dice?

-Sí, quizás no sepas

que el apellido Gallo es de noble linaje.

De hecho, yo tenía un compañero en el internado apellidado Gallo,

y todos envidiaban su escudo de armas.

-¿Escudo de armas?

-(ASIENTE)

Si no recuerdo mal, eran tres gallos de pelea y un torreón,

símbolo de poderío militar y valor en el campo de batalla.

En fin, me voy, no quiero estar presente en el brindis.

Con Dios. -Con Dios.

-La tarjeta.

-La tarjeta.

-¡De noble linaje!

No sabía que hacía yo cambiándome el apellido, en mala hora.

-Ahora tiene estas las tarjetas.

-Me da igual, las rompo todas.

Lo que tengo que hacer

es un escudo de armas que... No sé en qué pared lo voy a poner.

Igual hasta lo pongo fuera, fíjate.

Sí, señor.

Cada día que pasa odio más a Margarita.

Ojalá me la echara en la cara.

Descuida, amor, la ley ya se encargará de ella.

Que la encierren y tiren la llave.

Ahora que mi madre se recupera,

se entera de que la que consideraba su amiga intentó matarla.

Pobrecilla, es de entender su sofoco.

Debe sentirse tan traicionada.

Esperemos no lamentar habérselo contado.

Claro que no, Cinta, tu madre es fuerte,

se recuperará, ya lo verás.

(Puerta)

Voy a abrir, que Arantxa ha salido.

Doña Felicia, pase.

-Gracias. -Madre, ¿qué hace aquí?

No la esperábamos. -Venía a interesarme por Bellita.

El doctor se ha marchado hace un rato.

Le ha inyectado otra dosis del antídoto

y le ha suministrado un calmante.

Y ahora, ¿cómo se encuentra? -Reposando en su cuarto.

Don Jose está velando su sueño.

-En tal caso, pasaré a visitarla más tarde.

Por favor, siéntese.

Gracias.

¿Y tu padre, Cinta, cómo está?

Mal. El pobre se siente muy culpable

por haber originado su crisis.

Nada de culpa tiene.

Los únicos culpables son Margarita y Alfonso.

Además, Bellita iba a enterarse tarde o temprano de la verdad.

-Lo mismo que opino yo, madre.

-Afortunadamente, esos canallas ya están detenidos

y no pueden hacer más mal.

Su sombra es alargada.

Han perjudicado a mi madre aún estando lejos.

Olvidaos de ello.

Lo único que importa es que Bellita se recupere.

Y creo que esto sucederá antes de lo que esperamos.

Le agradezco sus cariñosas palabras de aliento, doña Felicia.

Usted y su hijo...

están apoyando a mi familia con todas sus fuerzas.

¡Qué alegría! No esperaba verte hoy.

¿Qué haces aquí?

¿No deberías estar preparando la exposición?

-Sí, pero ya lo tengo casi todo preparado.

-Me alegra escucharlo.

Y también tengo preparado el último cuadro para la exposición.

Está inspirado en ti, Camino.

-¿De verdad?

-Sí. ¿Quieres verlo?

-Por supuesto.

-¿Vamos ahora?

-Ahora no puedo.

-¿Qué te lo impide?

-Mi madre me ha dejado a cargo del restaurante.

Y, más tarde, Idelfonso quedó en pasar a verme.

-Ya.

¿Y si mandas aviso al tal Ildefonso para posponer la cita?

-Nada me gustaría más que estar contigo,

pero no me parece bien darle plantón en el último momento.

-Ildefonso se está portando muy bien, es muy atento.

-No sé a qué vienen tantos miramientos con ese mozalbete.

-No entiendo.

Parece que tuvieras aversión al pobre Idelfonso.

-No tengo nada en contra del "pobre Idelfonso", como se llame.

-No deberías hablar de él de forma despectiva,

entre otras cosas, es un veterano de guerra.

-Anda, ahora alabas a las personas que acaban con sus semejantes.

Acabáramos.

-Maite, estás muy rara.

¿Acaso te molesta que haya quedado con él?

¿Acaso olvidas que fuiste tú quien me animó a verlo?

Ahora te enfadas... -No estoy enfadada.

No hay motivo para ello.

¿O hay algún motivo?

-No, Maite, claro que no. No te reconozco, ¿qué te pasa?

-Ya te he dicho que nada.

Si quieres ver el cuadro, ya sabes dónde encontrarme.

Y vete, vas a llegar tarde a la cita con el tal Idelfonso.

Gracias.

El diario está helado.

"Jose Domínguez y Bellita del Campo".

"Principal de Acacias, 38".

Brindemos por la memoria de Úrsula.

-Servidor no brinda por esa señora.

-Servando, es al Altísimo al que le corresponde juzgarla.

-Buah.

-Sabias palabras, Lolita.

-Servando no es el único que opina igual.

Apenas han ido fieles a la iglesia.

-Y los que hemos ido,

ha sido más por uste, que por Úrsula, ya lo sabe.

-Ha sido el funeral más trise que haya visto nunca.

Menos mal que han ido los Palacios

y otros señores, como doña Genoveva y don Liberto.

-Tiene que disculparme porque al final no haya acudido,

pero tenía que preparar cosas para el viaje.

-Marcia, es de entender.

-Ay, perdonen que llegue tan apurada,

pero he tenido que ir a hacer unos recados pa mi señora.

-Pierda cuidao, Arantxa,

que estando las cosas como están en su casa, está más que disculpada.

-Aquí excusan a todos menos a un servidor.

-Lo importante es que ha llegao a tiempo pa despedirse de Marcia.

-¿Y Santiago?

-Aquí me tienen.

Lamento interrumpir, pero debemos marcharnos

si no queremos perder el tren.

-Sí, ya se nos ha hecho tarde.

-Bueno, llegó la hora de la despedida.

-Sí.

Pero antes, déjenme que les dé una vez más las gracias

por cómo me han acogido todo este tiempo.

Primero en el altillo,

y después aquí, en la pensión.

-No se merecen, Marcia.

-Claro que sí, Lolita.

Han sido muy buenos conmigo.

Jamás había conocido a gente de tan buen corazón.

De verdad,

han sido una verdadera familia para mí.

-Yo también les estoy muy agradecido.

-Les escribiremos desde Cuba.

-Allí tienen su casa.

-Agradecido, pero...

nos viene un poco a desmano.

-Márchense ya, no vayan a llegar tarde por nuestra culpa.

Venga.

-¿Vamos? -Venga.

-Qué nadie se mueva.

-Si viene a brindar, llega tarde.

-Si es un capricho brindar, no creo que les importe hacerlo.

-No he venido a brindar por ella, sino a hacerle justicia.

Vengo a detener a una persona relacionada con su muerte.

-Pero ¿a quién, señor comisario?

No puede ser, tiene que tratarse de un error.

-Claro que sí, Fabiana.

Deje que Marcia y Santiago se vayan, no vayan a perder su tren.

-Nadie va a coger un tren esta noche.

-Marcia, lo que...

-Marcia Sampaio...,

queda usted detenida por el asesinato de Úrsula Dicenta.

¿Doña Bellita del Campo y su hija Cinta Domínguez?

-Y don Jose Domínguez,

que es el padre de una y el marido de otra.

-¿Se dejan ver?

-Frecuentan el restaurante ese.

-¿Y a qué hora se les puede ver?

-¿Para qué quieres saber tanto?

Yo pensaba que era mi amiga, y era la mujer que más me odiaba.

Pagará por ello.

Pues no será por mi empeño.

He decidido no presentar cargos.

-¿Qué? -Yo no he hecho nada, por favor.

-¡Es un error, no pueden arrestarla! -¡No vuelva a tocarme!

Liberto tiene una copia de las llaves del estudio.

Esperaré a que ella no esté... -¿Piensa entrar a escondidas?

-Es que voy a ver esos cuadros y me voy a enterar

de qué pasa con ellos de una vez por todas, Felicia.

¿Me ayudará?

-"Cuente conmigo".

-¿Soy yo?

-Claro.

-Han dejado esto en la portería para usted.

-Gracias, Jacinto. -Con Dios.

-Con Dios.

-¿Qué pasa, Jose? -Na,

el correo. -"Hay una prueba".

Eme, ese, Marcia Sampaio.

-"Creo que lo que usted necesita..."

es un buen abogado.

¿Ha pensado en don Felipe?

-No sé. No le quiero cerca de ella.

Me dicen que Méndez ha detenido a alguien.

Tómeselo con calma, que seguro que es un error.

¿A quién?

¿Es a quien sospecho?

-Mucho me temo que sí, amigo.

Han detenido a Marcia.

Usted ha sembrado alguna prueba para que Méndez sospeche de Marcia.

Lo que dices no tiene ni pies ni cabeza.

Va a decirme la verdad.

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Acacias 38 - Capítulo 1175

09 ene 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Aleja

    Hace tiempo me parecía que la historia de Margarita ya la había visto en algún otro lado....y recién en este capitulo me doy cuenta que se trata de una historia real, en Argentina Yiya Murano, envenenó y mató a tres amigas poniendo veneno en las masitas (pastas) que llevaba para el te....Me encanta la serie! Cada dia espero, las nuevas historia y enredos de los personajes, especialente Casilda y Arantxa. Felicitaciones desde Bs As

    11 ene 2020
  2. Marilu

    ¡ Muchas gracias, Saro !!!

    11 ene 2020
  3. Saro

    Hola Marilu!. Preguntas acerca del nombre del "Comisario Méndez", pues el nombre del actor es David García-Intriago; a mí me gusta muchísimo su trabajo y su personaje pero, como tú muy bien dices, al ser sus apariciones esporádicas su nombre no figura entre los "PERSONAJES" ya que ahí sólo aparecen los fijos. Si quieres saber más acerca de David puedes acceder a su página web donde encontrarás información sobre su amplia trayectoria, su excelente formación e incluso su videobook. Espero haberte podido ser de ayuda. Saludos.

    11 ene 2020
  4. Marilu

    No voy a opinar del desarrollo de la trama ya que tiene, como siempre, idas y vueltas; pregunto porque el personaje del comisario Mendez no aparece entre los interpretes; ¿ como se llama el actor ? Si bien sus apariciones son esporádicas, el personaje hace tiempo tiene larga actuación por Acacias y amerita su inclusión

    10 ene 2020
  5. Victoria

    Preciosa y emocionante la escena de la despedida de Marcia en casa de Felipe ... ¡cuánto amor hay en esta pareja!!!. Espero que, con la detención de ella, puedan suceder cosas (aunque algunas puedan ser duras) pero que les mantengan unidos. Y qué puedo decir de la Familia Domínguez? ... ese D. Jose, ¡qué arte tiene!! y enamorado totalmente de su Bellita, a ver si ella se repone de una vez ... y Arantxa ¡qué mujer tan única!!. Fantásticos: Trisha, Marc, Manuel, María Gracia y Gurutxe.

    09 ene 2020