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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1172 - ver ahora
Transcripción completa

El trato era matar a Úrsula y cobrar, he hecho mi trabajo,

ahora le toca a usted.

Toma, no perdamos más tiempo.

No quiero un cheque, quiero efectivo.

¿De verdad te crees que estás en condiciones de exigir algo?

No voy a permitir...

que arruines tu vida... viniendo conmigo.

-¿Y por qué has roto el tuyo? ¿Qué quiere decir, que te quedas?

-"¿Qué ha sido eso?".

Deben ser campesinos. Debemos huir, no hay tiempo.

¿Te han pagado, por lo menos?

-No.

-He quedado en pasarme en Año Nuevo y me darán un extra por el retraso.

Como Agustina sigue fuera,

he pensao que quizá podría necesitarme

para adecentar la casa por si recibe invitados hoy.

-Se han esmerado ustedes, tiene todo una pinta deliciosa.

-Todo esto es un detalle de don Armando,

que ha tenido con los criados.

-Doña Susana no podía haber dao con ninguno mejor.

Sabe que Genoveva está embarazada.

Salió el tema del embarazo de Lolita

y debió notar que el asunto no me era indiferente.

Que tengo hambre.

El médico ha dicho que el hambre era síntoma de mejoría, ¿no?

Quiero que salga bien este matrimonio.

Porque usted ama a Genoveva.

Sí, aunque no confíe. Ni como a Marcia.

Debe olvidarse de esa muchacha.

-"No podemos levantar sospechas".

-Sobre todo con mi madre.

-Y si para eso tenemos que entablar amistad con hombres,

pues adelante.

Nieto directo del marqués de los Pontones.

Por eso he pensado en fijar una cita para que se conozcan.

¿Qué le parece si los convocamos en mi casa?

Estoy deseando desposar a mi hija.

Os quiero pedir perdón a los tres...

porque me he portado muy malamente con vosotros.

Os arrinconé...

y no he echado cuentas cuando me necesitabais,

y vosotros sois mi familia,

lo único que me importa.

-Me conformaré con tenerte cerca...

hasta que podamos vivir nuestro amor.

-Pero hasta entonces, tendremos que estar atadas con un lazo invisible

para el mundo.

-¿Un lazo como este?

-Esta mañana han... encontrado en el extrarradio el cuerpo de una mujer

atravesada por dos disparos.

Acaban de identificar el cadáver: era el de Úrsula Dicenta.

Dios mío.

(Campanas)

Mejor que nos veamos aquí, si nos ven los vecinos en la calle,

los cuchicheos serán como un terremoto, imposibles de parar.

Toda precaución es poca, pero desde ya le aviso, en este barrio,

no se va a hablar de nada que no sea el asesinato de doña Úrsula.

Lo imagino, la noticia lo merece.

Tome asiento. Gracias.

Le ofrecería un café, pero mi criada, Agustina, está de viaje.

Me atienden otras criadas en lo imprescindible.

No se preocupe, me hago cargo.

¿Y bien? ¿Alguna novedad?

Me desplacé al lugar de los hechos y pude ver el cadáver.

No cabe duda de que se trataba de ella, yo mismo la pude identificar.

Unos campesinos la localizaron, aún caliente.

¿Pudieron ver a su asesino? No, desgraciadamente.

Tampoco escucharon los disparo, pero debían de estar cerca,

el asesino no tuvo tiempo de esconder el cadáver antes fugarse.

Las prisas propician pistas.

¿Ha sido así?

Estamos analizando todo lo que se ha encontrado.

¿Algo interesante?

Todo es interesante alrededor de un asesinato,

lo importante es saber leerlo.

Comisario, veo que me oculta algo,

sus motivos tendrá.

Supongo que la investigación empezará en Acacias.

Es donde ha vivido en los últimos años

y donde estaba la gente que la quería y que la odiaba.

A Úrsula nadie la quería.

Lo sé.

Conocerla era odiarla,

por eso es probable que su asesino pertenezca a este entorno.

Quiera Dios que no.

Ya sabe que puede contar con mi colaboración.

Se lo agradezco.

Si no le importa, empezamos ahora. Bien.

Su criada está ausente.

Sí, Agustina.

Marchó al pueblo a atender a su hermana, desconozco los detalles.

Solo le puedo decir que se llama Matilde.

Matilde. ¿Y el pueblo?

Creo recordar que era por el norte.

¿No estará sospechando de ella?

He tenido que venir tantas veces a Acacias,

que conozco los odios que existen.

Agustina y Úrsula tuvieron diferencias extremas en el pasado.

Claro que Agustina es sospechosa,

igual que cada persona que me encuentre por estas calles.

Agustina es incapaz de matar.

Amigo Felipe, con todo lo que hemos visto y vivido,

¿todavía cree que hay alguna persona incapaz de matar

si cree que no va a ser beneficiado?

Quiero creer que existen personas íntegras.

Desengáñese. Hasta usted podría hacerlo.

Es verdad. No lamento la muerte de Úrsula,

pese a conocerla desde hace más de doce o trece años.

A ver si voy a tener que detenerle.

¿Por falta de compasión? Eso no es un delito.

Verá, Úrsula estuvo hace poco aquí,

insultando a Genoveva. ¿Qué ocurrió?

Que la puse de patitas en la calle.

Solo eso, no la maté, aunque...

no fue por falta de ganas, esa mujer siempre ha sido odio y hiel.

Tenga cuidado con lo que dice, Felipe.

Es un caso de asesinato y las palabras desvelan más

de lo que uno desea.

Tengo la conciencia tranquila.

Cualquiera que haya tenido disputas con Úrsula es sospechoso.

Entonces lo tiene difícil,

como usted ha dicho: "Se trata de todo el barrio".

(Sintonía de "Acacias 38")

Venga, madre, una cucharada más.

Chiquilla, aprende a contar,

que llevas tres cucharadas diciendo que es la última.

Sí, pero esta es de verdad.

¿Qué, las otras me mentías?

Como una bellaca,

lo mismo que hacía usted de pequeña cuando me daba la papilla.

Pocas te he dado yo, de eso se ocupaba Arantxa.

-Y no había que mentirte,

comías como una loba hambrienta.

Una cosa te digo, tenías apetito de vizcaína.

Venga, que no se me olvide la última cucharada.

-Ya está.

Claro que sí, si se lo ha terminado.

Ahora lo que quiero es dormir un rato.

-Vamos a prepararla. Déjame un poquito, cariño.

Así.

Le voy a dejar las dos almohadas, que acaba de comer.

Toma, cielo. -Gracias.

-A ver, ayúdeme.

-Hay una cosa... -Dígame.

-de la que no me he enterado.

No sé qué enfermedad tengo.

Es una intoxicación.

-A saber lo que ha comido o bebido fuera, por ahí.

Pero parece que ya se le limpia el organismo.

-Yo solo como alimentos de primera,

¿qué me pudo sentar mal? Que se mordió la lengua.

(RÍEN)

-Eres una descarada.

Pa que vea que no podemos estar seguros ni de nuestras lenguas.

Eso sí. Venga, ahora una siesta.

La del cura, que llaman en mi pueblo a la de antes de comer.

-En el mío la llaman la del obispo.

Si de la iglesia está claro que es.

(SUSPIRA)

Otra cosa que quería preguntar.

¿Y Margarita?

No sé por qué no viene.

Es mala suerte, siempre viene cuando usted está durmiendo.

La próxima vez, me despertáis.

-Sí, claro, para que el médico la tome con nosotras.

Ya se pondrá usted bien y podrá recibir visitas.

Ahora duerma,

y a la tarde le traigo las críticas que están saliendo

de la actuación de Cinta. -¿Son buenas?

-Dicen que es una de las mejores artistas en España en este siglo.

Después de usted, madre.

-Yo ya soy del siglo pasado.

Se acabó la cháchara.

Señora, baje, que le voy a colocar la almohada.

-Sí. -Ahí.

Muy bien. -Gracias.

-Así.

Ahora a descansar. Vamos, cariño.

Los médicos no se quieren comprometer

y no dicen que Bellita haya superado la enfermedad,

quieren que sigamos alerta. -Pero ¿está mejor?

-Por lo que me dice Cinta, sí.

Siguen preocupados por ella, pero empiezan a ver la luz al fondo.

-No sabes qué alegría me das.

Me he llevado muy mal con esa mujer en otros tiempos,

pero le he cogido mucho cariño.

-Normal, va a ser su consuegra.

-Sería una novedad que dos consuegras se llevasen bien.

Pelearemos por el cariño de los nietos, como todas.

-No diga eso, que no me imagino siendo padre.

Y menos con la cara de susto que tiene Antoñito desde hace semanas.

-Antoñito se acostumbrará,

igual que harás tú,

igual que hace la humanidad desde que el mundo es mundo.

-Ojalá, madre, ojalá.

-Los de la mesa uno han dejado un duro de propina.

-Ole los clientes generosos.

-Eso es que han quedado contentos con el servicio.

Enhorabuena, hija.

-Voy a servirles un digestivo, que se lo merecen.

Camino, parece que tenemos un nuevo pretendiente nuevo

y, este sí que es prometedor.

Esta tarde tenemos la cita con él en casa de Rosina.

-Como quiera, madre.

Yo voy a la cita y me comporto como una señorita,

pero quiero pedirle algo.

-¿Qué?

-Que me deje seguir pintando.

-No, eso no, la pintura no nos ha traído más que problemas.

-Es una afición que no hace daño a nadie.

-Camino tiene razón.

-He dicho que no.

¿Qué hombre va a querer casarse con una mujer con veleidades artísticas?

-Eso es absurdo.

Yo me voy a casar con una mujer que quiere ser cantante.

-¡He dicho que no y es no! Se acabó la discusión.

-Ya entrará en razón.

-No, Emilio, no lo hará.

Quiere someterme a su voluntad sin tener en cuenta lo que yo deseo.

Es una tirana,

aunque lo disimule con sonrisas.

Tengo la conciencia tranquila.

¿Qué me puede pasar?

Las cárceles están llenas de inocentes

que dijeron lo que no debían delante de la policía.

No creo que el comisario Méndez sospeche de mí.

No te confíes, no debiste decirle

tu verdadera opinión sobre Úrsula. Más vale callarse.

No lamento su muerte,

pero tampoco creo que haya muchos vecinos de Acacias que lo hagan.

Pero una cosa es eso, y otra matarla.

¿Tienes algún sospechoso?

No tengo la menor idea. Aunque se lo ganó.

Es cierto, pero aun así, cuando pienso que la han asesinado,

siento verdadera compasión.

Hay que tener sangre fría para asesinar a alguien,

por mucho mal que haya hecho.

En eso tienes razón.

Felipe, no quiero que tú pagues por quien lo haya hecho

por decir una frase poco afortunada delante de un policía.

Eh, eh, no te inquietes.

No debiste contarle al comisario tu discusión con Úrsula.

Ha sido un error. Al contrario,

lo mejor es no ocultar nada.

Si Méndez piensa que he mentido en algo,

dudará de todo lo demás que le haya dicho.

Lo mejor es ir con la verdad por delante,

y sobre todo en casos tan graves.

Estuviste a punto de estrangular a Úrsula.

Yo lo vi.

¿Eso se lo has contado?

No,... eso no.

Si Méndez lo supiera...

No se lo vas a decir.

Esto solo lo sabemos tú y yo.

No temas, yo no se lo diré.

Todos tus secretos están a salvo conmigo.

¡Yo no he matado a Úrsula! ¡Lo juro!

No necesitas jurarme nada.

Yo confío en ti como tú lo haces en mí.

Nunca diré nada en tu contra.

(Puerta)

Adelante, don Jose.

-Buenos días. -Buenos días, don Jose.

Disculpen el retraso, pero he visto al comisario Méndez entrar

y me he quedado sorprendido,

he preguntado por ahí a ver si alguien sabía a qué venía.

-¿Ha descubierto la causa?

-No, y eso me preocupa.

Nunca había vivido en un barrio con tantos misterios.

-Exagera usted.

-Ni un ápice.

El que no se ha visto en aprietos legales

o penales, le ha faltado poco.

-La verdad es que don Jose tiene razón.

Deberían abrir una comisaría en los bajos del 38.

-Le repito que exageran, en todas partes cuecen habas.

-Y en Acacias, a espuertas.

-Sea lo que sea, nos enteraremos antes que después.

-¿Qué tal está Bellita?

-Mejor, gracias a Dios.

Los médicos dicen que no nos confiemos,

que estas dolencias son muy traicioneras,

pero cada día que pasa, avanza una miajita.

-Parece mentira que unas gotas de veneno puedan hacer tanto daño.

-No sabemos, lo mismo esa mala mujer

se lo dio a mi esposa por litros.

-Parece mentira que la naturaleza no nos dé el veneno y su antídoto.

-Probablemente lo haga,

aunque nosotros no lo sepamos relacionar.

La naturaleza es obra de Dios y, como tal, perfecta.

-A veces uno duda.

-Eso lo discuten en la iglesia y delante del párroco.

Entre amigos no se habla ni de religión, ni de política.

-Ni de ese sport que tanto predicamento tiene últimamente,

el football.

-Sabe que el football me apasiona.

-Donde estén los toros... -En eso estamos todos de acuerdo.

De las hazañas de Belmonte,

y Joselito el Gallo, todos nos sentimos orgullosos.

Quién hubiera sido como uno de esos dos,

pero me faltaban arte y valor, las dos cosas, todo.

-No se flagele, seguro que fue un buen diestro.

-Sí, sí, Lo mejor que hice en mi carrera fue retirarme,

se lo aseguro.

-Estoy seguro de que eso no es así.

Y dígame usted, ¿se sabe algo de esa mujer, de Margarita?

-En el calabozo está.

Ahora que están aquí los dos, quisiera pedirles algo.

-Lo que sea.

-Supongo que irán a visitar a Bellita en breve

con sus esposas.

-En cuanto usted nos dé permiso para hacerle una visita.

-Será muy pronto.

Les pido que no mencionen a Margarita

delante de mi mujer

y que instruyan a doña Rosina y a doña Carmen

para que tampoco lo hagan.

-Confíe en nosotros.

-Muchas gracias.

Debo irme, que Cinta está cuidando de su madre

y tiene que descansar para sus actuaciones.

-Un éxito, según he leído.

-Esa niña ha salido a su madre, tiene tanto arte como ella.

En fin, con Dios. Muchas gracias.

Con Dios, amigo. -Con Dios, don Jose.

(Puerta)

Qué frío.

Buenas. -Buenas.

No esperaba que salieras tan temprano esta mañana.

No tenías que trabajar, ¿no? -No, quería dar un paseo.

-Pero ¿está todo bien?

-Sí, claro, todo bien.

Es solo que voy a echar de menos algunas partes de esta ciudad.

-Donde vayamos habrá lugares muy bellos también.

A La Habana le llaman la perla del Caribe, por algo será.

-Echaremos de menos a la buena gente,

pero lugares bellos encontraremos.

-Seguro que sí.

Y a tu lado, todo parecerá mucho más bello.

-Te veo inquieto. ¿Ha pasado algo?

-No, mujer, son figuraciones tuyas.

Estoy nervioso con nuestro viaje,

cambiamos de país, de continente...

-Es lo que tú querías.

-Sí, pero bueno, aunque uno lo desee,

cuando se acerca el momento siente vértigo.

¿No te pasa a ti?

-Confío en ti.

No es la primera vez que cruzamos el océano

y, pese a los sufrimientos, todo ha ido bien.

-Castañas de Naveros asadas en leña de castaño, que es lo propio.

¿Quieren? -He oído hablar tanto de ellas.

-No son la octava maravilla que dice Servando, pero están bien ricas.

-No son la octava maravilla porque no están tan atrás,

será la segunda o la tercera, eso es la maravilla de mi pueblo.

-Queman.

-Claro. Y calientan las manos en invierno.

Cuando era pequeño

me llenaba los bolsillos de castañas para ir a casa de mi abuela.

Y eran mi almuerzo, que en aquel entonces no sobraba de nada.

-Están muy buenas.

Les voy a echar de menos.

-¿Eh? -¿Cómo que nos va a echar de menos?

Para eso tendrían que perdernos de vista, ¿no?

-Claro. ¿Es que se van a algún sitio?

-¿Se han enterao?

-¿Qué? -¿Enterao de qué?

-Está to el mundo en el quiosco comprando el diario.

Han encontrao el cadáver de Úrsula.

-¿El cadáver? -La han asesinao.

-Ay, que Dios nos asista.

Qué locura, don Ramón, me voy a quedar sin ejemplares.

Menos mal que me quedan pa uste. -Ya pensé que ya no tendrías.

-El distribuidor se ha dao cuenta de que la noticia iba a interesar

en Acacias y me ha mandao más diarios que en un día normal.

-¿Es verdad lo que dicen?

-Aquí tiene su ejemplar, don Liberto.

-Sí. Toma, Marcelina. Gracias.

-Aquí lo dice.

"Muerta a tiros".

-En este barrio no ganamos para sustos.

¿Dónde? -Página cinco.

-¿Qué dice? -A ver si lo encuentro.

-"El cadáver de una mujer fue encontrado ayer

en las inmediaciones del río Alenzón,

se trata de Úrsula Dicenta".

-Entonces, es verdad que es ella.

-Como que publican hasta un retrato. -¿Muerta? No quiero ni verlo.

-No, es un retrato de doña Úrsula en vida.

-Ah, entonces sí.

-¿Por cuál de sus maldades la habrán matao?

-No es momento de recordar eso, sino de compadecernos por ella.

-Pero eso no quita las maldades, suegro.

-¿Es verdad lo que cuentan?

-Sí. Úrsula ha pasado a mejor vida.

-¿Asesinada? -En realidad, no lo dice,

podría ser hasta de un suicidio.

-¿En un camino al lao de un río?

No creo. -Ni yo.

Por eso esta estuvo el comisario por el barrio esta mañana.

-Vendría a avisar a don Felipe.

-Allí viene Cesáreo. A lo mejor sabe algo.

-Cesáreo, acérquese, por favor.

-Dígame. -¿Qué sabe del asesinato de Úrsula?

-¿Qué? ¿Úrsula asesinada?

-Léelo tú mismo.

¿Se sabe quién fue? -No dice nada.

En fin, me temo que el comisario Méndez

tendrá que visitar mucho el barrio en los próximos días.

-En esta página hablan de Genoveva.

-No lo había visto con la noticia del asesinato. ¿Qué dice?

-Habla de su reunión con la condesa de Mora en Ocaña.

Que hace una labor encomiable.

¿Qué es encomiable? -Digna de encomio.

O sea, muy buena.

-Dos veces sale el barrio en el periódico el mismo día.

Una buena y otra mala.

-¿Dice algo de la actuación de Cinta?

Mire, Cesáreo.

-No, yo no veo nada.

-Pues vaya chasco. En fin, me subo a casa.

No tardes, Liberto.

Con Dios.

-Espere, Rosina, ¿sigue en pie lo de la cita?

-¿Lo del pretendiente de Camino? Claro que sí.

Y antes iremos a ver a Bellita. -Espero que esté mejor.

¿Le ha dicho su esposo que no puede mencionarle a Margarita?

-Sí, me lo dijo.

Y hágame caso, entre ese muchacho y Camino todo irá bien, estoy segura.

-Eso espero. Con Dios. -Con Dios.

Cuéntame, ¿ha pasado algo nuevo en el barrio en estos días?

-En este barrio pasan tantas cosas,

que hasta se me olvidan. -Pues como en todas partes.

¿O crees que en mi pueblo no había dimes y diretes?

-Pues en el mío no, en el mío la vida es más tranquila.

-Lo que pasa es que llevas tanto tiempo sin ir, que no te acuerdas.

Un día tienes que coger vacaciones

y hacer un viaje para visitar a los tuyos.

-Ya me gustaría.

¿Y dejarles solos a usted, a la niña y a don Jose?

(CHASCA LA LENGUA) Ustedes también son como mi familia.

¿Y cómo va a funcionar esta casa sin mí?

(Llaman)

Madre, tiene usted visita.

Pasen.

-Muy buenas, Bellita. -Adelante, señoras.

-Buenas. -Pero si nos han engañado,

nos habían dicho que estaba usted enferma,

pero la veo más sana que una manzana.

-Será que me ve con buenos ojos.

-No se imagina cómo nos alegramos de ver que remonta.

Si hasta en su sonrisa se ve que está mejor.

-Poco a poco, gracias a Dios.

-Le íbamos a traer pasteles, pero nos han dicho que no podía comerlos.

-Alguien les ha mentido,

que me muero por un petisú de crema.

No, usted caldos reconstituyentes,

que su estómago no soporta nada más.

Eso nos han dicho,

por eso he mandado preparar un caldito que quite el sentido,

como dice usted.

-Aquí lo traigo. Huele que alimenta.

-Uy, mejor sabrá. Deme, Marcelina, lo llevo a la cocina.

Esta noche le pongo un cacito de este caldo.

A ver si va a estar mejor que el mío.

-Eso es imposible, me conformo con que no esté peor.

-(SONRÍE) -Seguro que son parecidos.

No discutan, que me agoto.

-Voy para la cocina. Con permiso.

-Hemos preguntado por usted a diario.

Cinta se lo puede decir. Sí, sí, varias veces al día,

ya lo sabe, madre.

-Así es. Hemos preguntado a Cinta, a don Jose, a Arantxa...

-Me lo han dicho.

Han sido muchos días entre la vida y la muerte,...

pero, lo que más siento es haberme perdido

el estreno de mi hija.

-Según los periódicos,

ha sido una sensación en el mundo de la canción española.

-Sí. Estamos deseando ir a ver tu próxima actuación,

vamos a hacer una excursión el barrio en pleno.

-Y los criaos y los menestrales, que también queremos ir.

Os conseguiré entradas, Marcelina, me encantará que vengáis todos.

Muchas gracias.

-¿Y a nosotras?

-Nosotras las pagaremos, que podemos.

-Eso, Rosina,

que el arte también cuesta hacerlo.

-Fíjese, he oído que hasta Vidal,

el crítico, fue al teatro.

Eso me dijeron, a ver si escribe sobre la actuación.

Sería todo un éxito.

-Yo, en cuanto pueda salir de esta cama,

iré a ver el espectáculo.

Si Dios quiere, con mi amiga Margarita.

-Pos mejor sola que mal acompañá.

-¿Qué? -Que será mejor que Cinta actúe sola

y no con otras artistas. Sí, sí.

Es que no se lo había dicho,

pero en el último momento me dijeron

que tenía que compartir escenario

con la Niña de la Cantera.

-No, no,

mejor sola, que cuando se tiene tanto arte,

no hace falta nadie más.

A no ser que cuando usted se encuentre mejor,

quiera actuar conmigo.

Sería tan bonito que hiciéramos el cierre juntas.

-Sí. Yo creo que el teatro se viene abajo.

-Bellita, ¿se ha enterado de las noticias del barrio?

Doña Genoveva y don Felipe se casan.

-Qué bien.

Nada mejor que una boda para que la vida vuelva a la normalidad.

Esperemos que para la fecha pueda venir al casamiento.

Ojalá.

Muy buenas. -Buenas.

¿Ven cómo no era tanto lo que había que hacer?

-Una hora recolocando tejas. Te parecerá poco.

Lo que yo me merecía era un día entero durmiendo.

Eso sí, a ver quién aguanta luego a Fabiana.

-De vez en cuando hay que hacerlo, y ya está.

-Yo agradecía un vaso de agua fresca.

-Yo me encargo.

-¿Ha hablado con usted el comisario Méndez?

-Me ha citado para más tarde. ¿Y ustedes?

-Yo no, y tampoco tengo nada que contarle.

-Yo he hablado con él.

Me ha preguntao si sé de alguien que tuviera algo contra ella,

y le he dicho que no tengo dedos suficientes pa contarlos.

-Hay que andar con cuidado de lo que se dice, que das un resbalón

y terminas en el calabozo sin comerlo ni beberlo.

-No voy a decir que la señá Úrsula era la más popular del barrio.

Sería mentir.

-Eso no, pero tampoco que la hemos matado entre todos.

Yo la conozco desde hace muchos años.

Y hasta me da un poco de pena.

-Se pasó la vida comprando papeletas para acabar mal, pero impresiona.

-No quiero esa muerte pa mí.

Abandoná en un camino pa que te encuentren las alimañas

antes que las personas.

-Yo no quiero esa ni ninguna.

Hay que ver lo que es la justicia divina.

-Pa que vea. Y no tenía mal apellido:

Úrsula Dicenta.

Podía ser dama superior.

Dicenta, Dicenta, sí, señor.

No es mal apellido, pero los hay mejores.

-¿Sigue con esa majadería de los apellidos?

-No es una majadería. El apellido condiciona a la persona.

Por cierto,

a ver qué les parece. Se me han ocurrido unos cuantos.

A ver.

Recio, Imperial y Lozano.

A mí, personalmente, me gusta más este último:

Servando Lozano.

Es algo como regio,

como juvenil también. -Pa eso, póngase Guapetón:

Servando Guapetón.

-Oye, oye, no está mal, además va mucho conmigo.

Recuérdamelo más tarde para después apuntarlo.

-Mire, Servando Gallo nació

y Servando Gallo morirá, se ponga como se ponga.

-Bueno, los americanos hablan del hombre hecho a sí mismo.

¿Por qué no empezar por los apellidos?

A ver, Jacinto, recuérdame

los apellidos que me dijiste ayer de los pastores.

-Manolín Vicioso,

Toño Bocagrande...

-¿Y el Ramiro este?

-Ramiro Cenutrio, pero ese era apodo.

-¿Ve, se da cuenta?

Son apellidos de tercera

que solo te llevan al fracaso.

-Entonces póngase... Servando de Borbón,

y lo mismo termina en el Palacio Real.

-Pues no está mal.

Servando de Borbón,

tiene prestancia. De Borbón.

Eso tiene empaque, Servando de Borbón.

Espero que Camino no llegue tarde.

-Le advertí de que venía su pretendiente,

no creo que se retrase.

-Esperemos que este le guste, que si no, no sé dónde más buscar.

-Tengamos fe, Rosina.

Ya se sabe cómo son las muchachas, les tiene que entrar por los ojos.

-No les hables de sus estudios ni de sus convicciones morales

lo que quieren es que el muchacho sea guapo.

-Eso le gusta a las muchachas de antes y de ahora,

yo tampoco quería uno feo. Y los mozos son igual,

prefieren una joven guapa, que no hacendosa.

-Pero Camino es guapa y hacendosa, no me preocupa.

Lo difícil va a ser que a ella le guste él.

-En fin, de nada sirve hacer predicciones,

cuando se vean, sabremos si se han camelado.

¿Más café? -Por favor.

-Por cierto, ¿ha sabido algo más del comisario Méndez?

-Lo único que sé es que ha hablado con los criados

para que le contaran los últimos movimientos de Úrsula.

-Como si ellos fueran a saber algo.

Después querrá interrogar a todo el mundo, qué pesadez.

-¿No quiere que pillen al asesino?

-Pues me da igual, si le soy sincera.

Sí, Felicia, Úrsula tenía

muchas cuitas con mucha gente, en cierto modo, se lo buscó.

-Pero ¿tanto como para matarla?

Diferencias muy graves tenía que haber.

-No le digo yo que no.

Pero en este caso, tiene mucha razón el refrán:

"Quien siembra vientos, recoge tempestades".

-Qué sabios son los refranes.

¿Y qué refrán aplicaría a la boda de don Felipe y doña Genoveva?

-(RESOPLA)

Uno muy común, "El que la sigue, la consigue".

Seamos claros, Felipe, de la que estaba enamorado era de Marcia,

pero Genoveva insistió y le convenció.

Pero no quiere decir que el objeto de amor de él haya cambiado.

-Pero llegó el marido de ella,

¿y sabe qué refrán le pongo yo?

"La mancha de mora, con otra verde se quita".

-No está mal traído.

(Puerta)

-Será Camino. -Voy a abrir.

Genoveva. Buenas tardes, espero no estorbar.

Gracias.

Usted nunca estorba.

Gracias. Por favor.

Pase. Tome asiento.

Buenas, doña Felicia.

-Buenas tardes, Genoveva.

¿Le apetece un café? Sí, por favor.

Estábamos hablando del asesinato de Úrsula.

Uy, qué disgusto.

Miren que he tenido desencuentros con ella,

pero no me lo puedo creer.

-Hablar de esa mujer siempre trae pena, desazón.

Que descanse en paz y olvidémosla. ¿Hablamos de otros asuntos?

Estoy de acuerdo.

-Hemos leído en el periódico sobre su encuentro en Ocaña

con la marquesa de la Mora.

Una mujer fantástica.

Me felicitó sinceramente por la labor filantrópica.

-Es normal que la aristocracia se fije en nuestra obra.

De hecho, esta tarde viene a casa

el nieto del marqués de los Pontones.

Vaya amistades de alto nivel.

Sí. Es el pretendiente de Camino, la hija de Felicia.

Viene a conocerla.

Pues que haya suerte, no sería una mala familia para la moza.

-La vamos a necesitar, mi hija no es fácil de contentar.

No me convencen,

se lo digo como lo siento.

-No le imaginaba tan puritano.

-Y no lo soy, puede creerme,

pero no se trata de mis gustos,

sino de lo que sea beneficioso para el negocio.

-Ya. Le aseguro que en Francia se venderían en una tarde.

-Y no lo dudo, pero Francia es Francia y España es España.

Aquí, los compradores son más clásicos y tradicionales.

-Todo el mundo es tradicional hasta que descubre algo nuevo

y lo adopta.

-Quizá aceptarían el estilo,

aunque sea gente con gustos clásicos,

podrían llegar a entender el arte moderno, pero un desnudo...

-El desnudo ha sido un tema tradicional en el arte.

-En España nadie colgaría un desnudo en el salón.

-¿Y en el dormitorio?

-¿"Dormitorio"? Se ve que hace tiempo que no vive en España.

Los dormitorios españoles tienen colgados crucifijos, no desnudos.

Maite, estos cuadros no se van a vender.

-Si el galerista, que es usted,

no está convencido, tendremos que suspender la exposición.

-Me dolería mucho tener que hacerlo, pero tengo que pensarlo.

Si no fuera la primera...

-¿Ha oído hablar de Remi de Ternay?

-¿El marchante parisino? Sí, claro.

-Está en España.

¿Y si le invitamos a venir y escucha su opinión sobre los cuadros?

-Bien, me encantaría.

-Pues yo contacto con él.

Es un "gourmand", bastará con que lo invitemos a comer para que acepte.

-Pero no le prometo nada.

Estoy seguro de que el valor artístico de los cuadros es alto,

de lo que dudo es de su salida comercial.

¿Entiende?

-Solo le pido que lo escuche.

-Lo haré.

(Motor de coche)

Sí, señoras,

lo que siento es que los doctores no me dejen volver a Marruecos.

-¿Volver? Ya ha sido herido, su labor allí ha terminado.

-Por la patria, uno debe de dar hasta la última gota de sangre.

No basta con haber sido herido. -Pero mejor quedarse a salvo.

¿Fue usted voluntario o como soldado de reemplazo?

-Voluntario, claro está.

Tras acabar mis estudios.

Estoy en contra de que los hijos pudientes

puedan librarse del servicio militar.

Si por mí fuera, aboliría esa ley.

-No estoy de acuerdo.

Hay clases y clases.

Los de clase acomodada tenemos otras formas de defender a España.

-Me va a disculpar, respeto su opinión,

pero no la comparto. -En fin,

no entiendo el retraso de mi hija.

-Ya verá cuando vea a Camino, Ildefonso, es muy guapa y elegante.

-Ardo en deseos de verla.

(Puerta)

-Ahí está. -Voy a por ella.

-Presiento que esto es un momento importante en mi vida,

tanto como cuando bajé del barco en Melilla.

-Sin duda.

-Buenas tardes, disculpen la tardanza.

-Buenas tardes. Soy Ildefonso Cortes, su más rendido admirador.

(SE QUEJA) Estoy baldao de arreglar las tejas.

¿Tenemos que hacer hoy la limpieza del quiosco?

-Sí, Jacinto, tiene que ser hoy, no protestes.

¿Es que no ves que no hay género? -¿Qué ha pasao?

-Los vecinos han comprao hasta el último diario.

Ojalá todos los días fuesen así.

-Pa eso tendría que haber un muerto al día.

Y ni así, que al tercero o al cuarto se pierde el interés.

-Pues sí, en eso tienes razón.

Mira, ahí viene el Servando,

que no te líe, que tenemos que acabar de limpiar hoy.

-Marcelina, Jacinto, ya tengo apellido.

-¿Antes no tenía?

-Sí. Pero uno señorial. -¿Y cuál va a ser?

Atentos.

(IMITA UN REDOBLE DE TAMBORES) Ante ustedes,

Servando Gallardo.

-A ver, dígalo otra vez.

-(IMITA UN REDOBLE DE TAMBORES)

Ante ustedes, Servando Gallardo.

-Pues suena bien.

-Y de alguna manera, se le parece.

Gallo, Gallo, Gallo, Gallardo

¿Qué opinas tú, Marcelina?

-Pues mire, me parece que si su padre,

su abuelo, su bisabuelo y así hasta la Edad Media

se llamaban Gallo, usted se tiene que llamar Gallo.

-Ya mujer, pero era algo vulgar.

-Vulgar es no honrar a sus antepasados.

Vamos, Jacinto, a limpiar,

que nosotros vamos a seguir con nuestros apellidos siempre.

-Gallardo era bonito.

Gallardo.

Me ha dicho su madre que le ayuda mucho en el restaurante.

-¿Le parece bien que una mujer trabaje?

-Claro que sí,

al lo menos hasta que llegan los niños.

Creo en la capacidad de la mujer para el trabajo y para los estudios.

-¿Y después de la llegada de los niños?

-Todo depende del trabajo, claro.

Una mujer con hijos tiene unas obligaciones que no son compatibles

con estar fuera de casa, pero si fuera un trabajo esporádico...

-Entonces, si yo fuera, por ejemplo, escritora...

-Me encantaría, la admiraría el doble de lo que ya la admiro.

¿De verdad es usted escritora? -No.

-Mi hija sí, es una afamada escritora.

Para mi desgracia, ahora vive en Lisboa, tan lejos de mí.

-¿Se dan cuenta de la hora que es?

Deberíamos ir a organizar la velada en el restaurante.

-Y debo pasar por la imprenta a recoger las cartas nuevas.

-¿No has ido todavía?

-No me dio tiempo.

No quería hacer esperar a Ildefonso.

-Qué pena, estaba siendo una tarde tan agradable...

-Que espero que se repita más veces.

-Claro que sí, siempre que mi madre lo considere oportuno.

-Nada hay que me haga más feliz.

¿Vamos? -Vamos.

-Ha sido un placer para mí, doña Rosina.

-Mi casa es su casa, querido.

Me saluda a su señora madre. -De su parte.

-Les acompaño.

(Timbre)

Voy.

Camino.

Entra, que nadie te vea.

-No te preocupes tanto.

-No quiero que tengas problemas con tu madre.

-No me vendría mal, y que me eche de casa,

hoy ha vuelto a prohibirme pintar.

-Acabará aceptándolo.

-Yo, desde luego, no acabaré renunciando.

Solo quiero vivir tranquila y hacer lo que deseo.

-No pides nada.

Camino, ya hemos hablado de esto.

-¿No te apetece? -Claro que sí,

pero no se trata de eso.

-No creo que un beso vaya a suponer un abismo.

Y no creo que me lo vayas a negar.

¿Estabas pintando? -Sí, pero no sé para qué.

Parece que mi arte es ajeno al gusto español.

-Eres muy buena, ya te aceptarán.

-Quién sabe.

¿De dónde vienes?

-De conocer a un pretendiente.

-¿Y?

-A mi madre y a doña Rosina les ha encantado,

se habrían casado con él si pudieran:

era educado, patriota,

de buena familia...

-¿Y a ti?

-Ildefonso me ha caído bien. No como para casarme con él,

pero tiene charla agradable, sentido del humor....

Y era guapo.

-¿Y tú le has gustado a él?

-Creo que sí.

Bueno, creo no, en realidad estoy segura de que sí.

-Entonces, habrá más encuentros.

-Eso le haría feliz a mi madre, desde luego.

-No puedes estar rechazando pretendientes uno tras otro.

Tu madre se dará cuenta de que no piensas aceptar a ninguno.

-Debería haberse dado cuenta ya.

-¿Y dices que Ildefonso te ha resultado agradable?

-Sí, más que los otros sí, desde luego.

-¿Sabes?

Tengo una idea.

A ver.

-Me gusta más el caldo que haces tú.

-No diga eso, señora, por favor,

que lo han hecho en el restaurante de doña Felicia.

-¿Y desde cuándo se come mejor en los restaurantes que en casa de una?

-Pues porque tendrán una cocinera profesional, ¿no?

-Tú también podrías ser cocinera profesional.

-Sí, y ministro de la Gobernación.

No me dore la píldora, señora, que le pido aumento de sueldo.

Venga, con esta terminamos. -No, no quiero más.

Lo que quiero es que me leas otra vez

lo que dice ese crítico de Cinta.

Qué orgullosa estoy.

-Vamos a desgastar el periódico de tanto leerlo.

A ver...

"Cinta Domínguez es digna hija de Bella del Campo".

"Si la madre era la reina de la canción española,

la hija es

la princesa y la heredera. ¡Larga vida a las dos!

-Ay.

Jose debería de mandar un regalo a ese crítico,

una pluma estilográfica o unos gemelos.

-Pues sí, luego se lo dice.

-Hay que tener a los críticos contentos,

que si no son como veletas, hoy les gustas y mañana no.

Aunque lo importante es lo que diga el crítico de El Adelantado, Vidal.

Ese sí que llena y vacía teatros.

(Puerta)

Buenas noches.

Hola. Madre, ¿qué hace aquí?

¿No le podrías haber dado el caldo en la habitación?

-Eso díselo a tu madre,

que es más cabezota que los bueyes del caserío del Antxón.

-¿Qué tal tu actuación?

De maravilla, estaba a reventar de gente.

Ay, eso es que funciona el boca a boca.

Muy bien. Oye, ¿y algún periodista?

No lo sé, madre.

Yo canto lo mejor que sé

y me fijo en que el público lo pase bien, lo demás no es asunto mío.

Me he encontrado con Fabiana.

-Es verdad.

Me dijo que vendría esta tarde, pero no lo ha hecho.

Por eso lo digo. Se ha disculpado.

Tenía lío en la pensión,

pero que viene mañana.

-Es una mujer agradable.

Como todas las vecinas que han venido.

Solo hay algo que no entiendo,

lo que dijo Marcelina, la del quiosco, sobre Margarita.

No sé a qué se refiere.

Cuando dije que iría a verte actuar con Margarita,

dijo que mejor sola que mal acompañada.

-¿Sí? Lo entendería usted mal, señora.

No, no lo entendí mal ni lo escuché mal.

Estoy enferma, pero no sorda.

Yo no creo que la haya escuchado decir nada de eso.

Está bien, me lo he inventado.

¿Y por qué no ha venido Margarita?

-¿Otra vez?

Ya se lo hemos dicho.

Ha venido muchas veces, pero cuando usted dormía.

-Ayer y hoy no he pasado el día durmiendo

y no recuerdo que haya venido.

Precisamente, ayer y hoy, Margarita estaba de viaje.

¿De viaje? -Y mañana también. En Valencia.

Sí, en Valencia.

En Valencia. -Ya está bien.

¿Creéis las dos que soy tonta?

(Puerta)

Te he dicho muchas veces que no quiero verte en mi casa.

Le aconsejo que se tranquilice, será lo mejor para usted.

¿Me amenazas? ¡Cállese de una vez

y escúcheme!

¿Qué ocurre?

He roto el cheque que me dio.

¿Qué?

En realidad lo he quemado, para que no quedara rastro.

Quiero el dinero en efectivo.

Es absurdo, es una cantidad muy alta.

No quiero que en el banco me hagan preguntas

ni que la policía acabe relacionándome con usted.

Está bien, tendrás el dinero en efectivo,

pero deberás esperar a que lo reúna.

(NIEGA)

Lo quiero ahora.

Te lo daré, pero con una condición.

¿Cuál?

Quiero saber tu verdadero nombre.

De poco le va a servir saberlo.

Tengo pasaportes para Cuba con cuatro nombres distintos.

Caradura.

Moviéndome entre gente como usted, debo cubrirme las espaldas.

Me llamo Israel. Podría ponerle Israel a su hijo.

Se llamará como su padre.

Me gusta que el hijo mayor lleve el mismo nombre que su padre.

Por eso se llamará Felipe.

Por eso... debería llamarse Israel.

Si quiere engañar al pánfilo del abogado,

hágalo, pero a mí no me va a embaucar.

¿Se cree que no me he dado cuenta de que ese bebé que lleva es mío?

¿No es así,...

Genoveva?

Los dos sois escoria.

Ni se le ocurra tratarme así.

¿Me amenazas?

¿No sabes cómo me las gasto?

Puedo hacer lo que me venga en gana.

Pobre Bellita,

se va a llevar un disgusto cuando se entere de lo que ha pasado.

Para ella, doña Margarita es muy buena persona.

Quiero que esa mujer sea condenada como se merece.

He quedado con Rafael Escribano.

-¿Con Rafael Escribano?

-Sí, el del Ateneo. ¿De qué te extrañas?

-No, nada, me parece curioso,

como ayer encontré a su mujer en una tienda

y me dijo que se iban a Toledo a visitar a su hija...

Liberto, ¿no me estarás engañando?

¿Qué está pasando con Margarita?

Vamos, ya estás tardando.

-Está bien. Si eso es lo que quieres...

-Su hija se va a comprometer, lo lograremos.

Y si es con un futuro marqués, mejor.

-Ojalá. Menudo futuro le iba a esperar.

Según el marchante, sus cuadros van a despertar mucho interés.

Ha insistido en que sus clientes parisinos

se los quitarían de las manos.

-Sí, según él, voy a cosechar buenas críticas con esta obra.

-El problema es que no estamos en Francia.

No sé si nuestros compatriotas se animarán tanto con sus cuadros.

Os vamos a echar muchísimo de menos.

-Y nosotros, Fabiana.

-Dame un abrazo.

-Cuídamela. -Por supuesto.

Cuéntame, ¿cómo va el plan que te propuse?

-Por el momento bien.

Hice lo que me indicaste

y le dije a mi madre que el muchacho me parecía bien.

-Se pondría contentísima.

-Como unas castañuelas.

Pero no sé cuánto tiempo podré mantener la mentira.

Si no es porque Andrade está tan mal,

pensaría que es cosa suya.

¿Quién será el asesino? Solo te lo preguntaré una vez,...

¿tuviste algo que ver con la muerte de Úrsula?

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Acacias 38 - Capítulo 1172

03 ene 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. carmela923777

    Los últimos capítulos levantaron el ínteres de ver la novela, ya que a mi como al público nos encanta la intriga, los secretos, y que los malos, paguen por sus fechorías. En general me encanta todo, los excelentes actores, locaciones , la ambientación, y el guión.

    06 ene 2020
  2. David

    Concordo plenamente Carmen debria estar vestida de senora ya que no es criada

    05 ene 2020
  3. Saro

    Va a ser difícil para mí no volver a ver a Ursula, ella era la auténtica protagonista de Acacias. No acabo de ver a su asesina como la sucesora que, por lo que parece, va a ser ése su papel, aunque la fotografíen de espaldas y en la ventana. Un actor o actriz puede ser bueno pero, hay un "algo muy especial" que sólo tienen algun@s y MONTSE ALCOVERRO lo tenía, es una GRANDE. Seguiré siempre echándola de menos. Fantástica la familia Domínguez (incluida Arantxa) lo que pasa es que la desaparición de Ursula ha sido tan increíble, que ha llevado a todo lo demás a segundo plano.

    04 ene 2020
  4. Aleja

    Porque Carmen sigue siendo "criada" en la presentación? Hasta Marcia (que no dejó el servicio en forma completa) viste de ahora de señora. Me encanta la novela (ya he vuelto al capitulo 0 para volver a disfrutarla!!) Saludos desde Bs As

    03 ene 2020