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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1171 - ver ahora
Transcripción completa

Úrsula se presentó en casa de Felipe y le contó todo.

Úrsula viva es un peligro para los dos,

debemos continuar con el plan.

-Yo lo que creo es que solo se vive una vez,

que hay que luchar con uñas y dientes

lo que uno desea y siente.

Finalmente vas a actuar.

Me va a costar la vida, pero no fallaré a su voluntad.

Aquí tienes las llaves del estudio.

Ya tengo preparadas las maletas y en unas horas sale mi tren.

Ya tenía que haber dado muestras el antídoto de que está funcionando.

Tiene las horas contadas.

Recuerda que hoy llegaré tarde, tengo que atender a la mudanza

para la que me contrataron.

-Quería saber si ustedes han hablao ya de lo mío.

-¿Cómo vamos a negarle algo así a la persona que siempre

ha estado al lado de nuestra familia?

Marcia Sampaio.

Me marcho contigo, Maite. -No, no, no, eso no es posible.

-Ya tengo el billete para París y no puedes impedirme

que vaya donde quiera.

Quería dedicar la actuación de hoy...

a la insuperable Bella del Campo,...

mi madre.

Te amaré por siempre.

Y yo a ti, morena mía.

(Vítores)

-Bravo, bravo.

-¡Guapa, guapa!

-¡Bravo!

(LLORANDO) No.

¡No!

(LLORANDO) ¡No!

La aborrezco con todo mi ser.

(Disparo)

Yo la maldigo...

para toda la eternidad.

Se acabó, maldita rata.

Tenemos que deshacernos del cuerpo.

¿Es que no me has oído? Debemos borrar todo rastro

cuanto antes.

Quiero mi dinero.

¿Vas a pedirme el dinero con el cuerpo caliente?

El trato era matar a Úrsula y cobrar, he hecho mi trabajo,

ahora le toca a usted.

Toma, no perdamos más tiempo.

¿Qué pasa? Es la cantidad que pactamos, míralo.

No quiero un cheque, quiero efectivo.

¿De verdad te crees que estás en condiciones de exigir algo?

Acabas de matar a una mujer, ¿no te das cuenta?

Cada minuto...

La siguiente será usted.

(Sintonía de "Acacias 38")

Te lo ruego, baja ese arma.

Mal debe estar para rebajarse a rogar.

Sé razonable, tú no eres un asesino.

Usted me ha convertido en eso.

Le di la oportunidad de olvidar todo este asunto,

pero su sed de venganza la cegó.

No puedo dejarla con vida.

Su testimonio podría llevarme directamente al garrote

y no me voy a arriesgar.

Si aprietas ese gatillo,

también matarás al hijo que llevo.

¿Vas a sacrificar a un inocente?

Abandona esta farsa, sé que no vas a disparar.

Decirlo en alto no me hará cambiar de idea.

Sé que no vas a disparar porque eres un cobarde,

un farsante que lo único que ha hecho

es mentir y engañar. ¡Cállese!

Dispara si tienes agallas.

Hazlo de una vez.

¡Hazlo!

Veo que has entendido lo que tenemos que hacer.

Dejémonos de bravuconadas y librémonos de este cadáver,

no voy a permitir que nos atrapen.

Tú coge por los hombros, yo cogeré por los pies.

¿Qué ha sido eso?

Deben ser campesinos.

Debemos huir, no hay tiempo.

Me da igual, Maite,... ahora tú eres mi vida,

y marcharé donde tú vayas.

-¿Y dejar atrás a tu familia, tus amigos, tu ciudad?

¿Todo a cambio de una vida clandestina e incierta,

eso es lo que quieres?

-El resto me da igual si estoy a tu lado.

Quiero estar contigo donde sea y como sea.

-Tú no sabes lo que quieres.

Eres una niña inmadura

que no sabe las consecuencias que tienen sus actos.

-El futuro no me da miedo si estoy contigo.

Te amo tanto, Maite.

-Y yo también te amo,...

demasiado como para ver que echas tu vida a perder.

-¿Quieres dejarme que sea yo la que decida?

-Chist.

-¿No te das cuenta que ha sido el amor lo que ha dado sentido

a mi existencia? -Cálmate.

-Maite. -No hables tan alto.

-Sin tu amor no soy nada,... ¿entiendes?

Si me haces renunciar a él, ¿qué me queda?

Nada ni nadie me detendrá,

ni mucho menos me hará renunciar a mis sentimientos,

y ni siquiera tú.

Yo te ayudaré si no puedes continuar adelante, confía en mí.

-Dame tus billetes.

-¿Mis... billetes? -Dámelos, por favor.

-¿Qué vas a hacer?

-No voy a permitir...

que arruines tu vida... viniendo conmigo.

-No arruinaría nada, ya te lo he dicho.

-Dios sabe...

que he hecho todo lo posible para estar lejos de ti,

y ahora no pienso quedarme de brazos cruzados.

-¿Y crees que rompiendo el billete te voy a olvidar?

-No, pero al menos... no echarás tu vida a perder...

con un acto impulsivo. -¿Y por qué has roto el tuyo?

Eso... ¿qué quiere decir, que te quedas?

-(ASIENTE)

-¿Me lo prometes?

-Sí, te lo prometo.

Te lo prometo, pero, por favor, márchate.

No quiero que estés aquí, ahora no.

-¿Y cuándo volveremos a vernos? -No sé, pronto, pronto.

-Mañana. déjame despedir contigo

este año maravilloso en el que te he conocido.

-Por favor, vete.

Padre, ya estamos aquí. Don Jose, ¿ha venido el doctor?

Padre,... ¿está dormida, verdad?

-(LLORA)

-Cariño.

Madre. La he echado mucho de menos.

La actuación ha salido de maravilla, ¿verdad, Arantxa?

Todo el público en pie, señora,

aplaudiendo un buen rato además.

(LLORA)

Madre, por favor,...

no nos deje.

Tenemos que actuar juntas,

subirnos al escenario

y cantar y bailar,

y disfrutar de nuestro arte las dos juntas.

Por favor.

¡Madre!

Por favor, no se vaya.

Por lo que más quiera.

Las dos juntas.

(LLORAN)

-Ay, mi niña.

Arantxa, por favor, disponlo todo, y avisa a los vecinos.

-Ahora mismo.

(BELLITA RESPIRA)

Padre, ¿ha escuchado eso?

¿Lo ha oído? ¿Qué?

Déjame, déjame.

-¿Juntas?

Madre, que está viva.

Está viva.

Como que tiene el pulso más ligero que unos tanguillos.

Gracias, Virgencita del Carmen, gracias.

Voy a avisar al médico sin demora. Sí.

-(DON JOSE LLORA)

Creo que ha sido muy buena idea venir hoy a cenar aquí.

Sin criada y sin Genoveva, lo consideré la mejor opción.

¿Y a qué ha ido Genoveva a Ocaña? Bueno, que...

si no es indiscreción, claro. No.

Ha ido a encontrarse con la condesa de Mora.

Al parecer, quiere juntar a sus amigas más allegadas

para involucrarlas en el proyecto de Genoveva.

Esperemos que el perjuicio de viajar en estas fechas tenga su recompensa.

-Seguro que Genoveva se las lleva a todas de calle.

-Buenas noches. -Buenas noches, Carmen.

Don Ramón. -Buenas noches.

-Permítanme los abrigos. -Gracias.

-Discúlpennos la tardanza, nos ha sido complicado encontrar coche

al salir del teatro. Créanme que lamento mucho

no haber podido ir. ¿Cómo fue?

-Siéntense.

-Ha estado increíble,... ha sido una actuación...

muy especial.

Cinta estaba muy emocionada, ¿verdad, Ramón?

-Imagínense, con su madre en su estado, a la muchacha

no le ha sido nada fácil.

-Sí, pero aun así,

escucharla impresionaba.

La potencia de su voz resonaba en el teatro

como si fuera Bellita la que cantara.

-La niña ha sacao el arte de su madre.

-Si me lo permiten, estuvo mejor que su madre

en sus tiempos. -Si me permite,

creo que su opinión no es muy objetiva.

-No hagas comparaciones odiosas, y menos, estando Bellita como está.

-Tiene razón, retiro lo dicho. ¿Se sabe algo de su estado?

Pues no he podido subir a verla porque mi madre me precisaba aquí,

pero...

Cinta estaba deseando ver a su madre.

-Pobre chiquilla,

solo espero que no estén pasando una tragedia.

-No te preocupes, hijo, no dejamos de rezar para que se recupere.

Ahora dejemos a los señores que cenen tranquilamente.

Enseguida les traerán la crema de almendras.

Gracias.

Lolita, cuéntame, ¿qué tal el embarazo?

-Bah. -Está muy bien.

Cansada y dolorida por la espalda y las digestiones,

pero bastante bien.

-Sí, tú lo sabes mejor que yo, que parece que estés embarazao.

-Lo que pasa es que siento sus dolencias como si fueran mías,

pero cuéntales el apaño que te he hecho.

-Antoñito. -Hijo, no sofoques a tu esposa

contando intimidades. -Que no, que no...

es eso, simplemente se trata de poner un cojín bien grande

entre las piernas para que pueda dormir de lado.

¿Y funciona? Pa chasco que sí,

que boca arriba se me viene el chiquillo a la gola.

-Se me ha olvidado lo terribles que son los últimos meses de embarazo.

Esa criatura tiene mucha suerte de tener un padre como Antoñito.

-Aunque él no termine de darse cuenta.

-No, eso era antes, padre, ahora estoy deseando tener al niño

entre mis brazos.

No me imagino un momento de mayor felicidad.

Sin duda no.

Tener un hijo es la mayor de las satisfacciones.

-No sabía que usted ansiara la paternidad a estas alturas.

Bueno, imagino que es a lo que aspira cualquier pareja.

-¿Se refiere... a usted

y Genoveva?

Genoveva y yo nos casaremos en breve,

y sería maravilloso tener con ella...

lo que no pude tener con Celia:

un hijo, sangre de mi sangre.

No se me ocurre mejor motivo para brindar.

-Bridemos, pues, por los niños que vendrán.

-Uh, qué patada me ha dao.

-Eso es que se ha sentido aludido.

-Ya no. -Ya no.

-Oye, estos aperitivos están deliciosos.

-Felipe, después de la cena me gustaría invitarle a una copa

en mi casa. Supongo que no tendrá ninguna prisa.

Acudiré encantado.

(RESOPLA)

¿Qué hora es? -¿Qué haces aún despierta?

-Estaba inquieta y no podía coger el sueño.

¿Qué tal ha ido? -Bien.

Bien, ha ido bien,...

aunque la mudanza ha sido más complicada de lo que esperaba.

-¿Te han pagado, por lo menos?

-No,... todavía no, pero no te preocupes

que esos ricos van sobrados de parné.

-Irán sobrados, pero les cuesta soltarlo.

-He quedado en pasarme en año nuevo y me darán un extra por el retraso.

Me pagarán en efectivo y se ve que esos indianos tienen el dinero

guardado en el fondo de sus baúles.

Tendrías que haber visto los muebles que traían,

todo era lujo.

Y fíjate, Marcia, que...

ellos se fueron a América hace unos años y mira cómo han vuelto.

-Habrán tenido suerte y les ha ido bien.

-Como nosotros,... ya lo verás.

En cuanto me paguen, pondremos tierra de por medio

y empezaremos una nueva vida.

-¿Quieres que te prepare algo de cenar?

-No,... quizá un poco más de agua.

-Ahora mismo.

-Gracias.

-Servando, use el sentido común: la Nochevieja, ¿cuándo se celebra?

-La noche de San Silvestre. -Pues la "tardevieja" es lo mismo,

pero antes. ¿No le parece una gran idea?

-Eso depende de cada uno, a mí me viene de perlas.

-Y a mí, porque a la hora de dar las uvas

estaré atendiendo a los clientes.

Queremos sacarnos unas pesetas ofreciendo una cena a los huéspedes.

-Ganas son de meterse en camisa de once varas.

-Ganas y necesidad,

que son muchos los gastos y las cuentas no casan.

-Es buena idea. ¿Y cuántos son para cenar?

-Seremos unos... 20.

-¡Veinte! Muchas bocas son.

-Donde caben 10, caben 20, ¿no?

-Sí, una cosa es caber y otra, comer.

-¿Y tú, por qué no te tomas las uvas a su hora?

-Los señores, que se han empeñao que atienda la portería

para recibir a los invitados. -Pues qué faena para Marcelina,

le has chafao la fiesta. -No se crea, ella ha decidío

sacarse unos cuartos sirviendo en casa de doña Rosina.

-¿Y tu prima, se ha ido ya? -Sí.

Esta mañana cogía el primer tren que la llevara bien lejos.

Quería recibir el año nuevo en un sitio que no hablaran ni español.

-Me sorprende Casilda, no sabía que era tan aventurera.

-¿Y de Agustina sabemos algo? -Ni de ella ni de su hermana,

que bien mala debía estar viendo la premura con la que se ha ido.

-Un correo, Servando. -Muchas gracias, muchacho.

-Mucho correo reciben sus huéspedes para estar aquí de paso.

-Sí, mucho. (LEE) "Servando Gallo".

Pues esta es para mí.

"Don Armando Caballero".

-Lo mismo es pa decir que regresa a Acacias.

-Muy pronto me parece.

-No, nada, que... escribe para felicitar las Navidades,

a los criados también,

saludos de doña Susana y que preparemos un ágape en su honor,

que lo abonará a su regreso.

-Eso es hacer honor a su nombre.

-Un caballero con todas las letras, don Armando.

-¿No hará frío para hacer el brindis fuera, madre?

-Sí, pero dentro no puedo acoger a tanta gente,

y menos con la mesa tan grande que quiero preparar para los Palacios,

Genoveva y don Felipe.

-Pensé que eran ocho cuando querían reservar para cenar.

-Sí, pero quedaron tan contentos que quieren repetir.

La verdad es que son muy buenos clientes

y se merecen un trato especial.

-Lo que me extraña es que don Liberto y su esposa

no se unan al grupo, con lo que le gusta la fiesta a doña Rosina.

-Pero no le gusta rascarse el bolsillo.

-Madre, por Dios, si en esa casa sobra dinero.

-Hija, no pidas explicaciones donde no las hay.

Mira, ahí viene el del pescado.

Buenas. ¡Uh, Jesús, qué pinta más buena tiene esto!

¿Me ayuda a meterlo dentro?

Camino, voy dentro.

-¿Vais a servir fuera?

-Sí, madre quiere las mesas preparadas para el brindis.

¿Qué tal doña Bellita? -Pues está algo mejor,

pero todavía ninguno quiere lanzar las campanas al vuelo.

Cinta sigue bastante angustiada. -No es para menos,

todo lo que ha ocurrido no es plato de buen gusto para nadie.

¿Estás bien, Emilio?

-Yo sí,... pero a ti te noto bastante extraña.

-No sé a qué te refieres.

-A la pregunta que me hiciste el otro día, sobre Cinta.

Que si... haría cualquier cosa por ella.

¿Ha pasado algo?

¿A qué vino esa pregunta, Camino?

Sabes que puedes confiar en mí.

-Solo me ponía en el lugar de Cinta, es muy afortunada por tenerte.

-Y yo por tenerla a ella, de eso se trata el compromiso, ¿no?

-Nunca he tenido ninguno,

pero empiezo a entender de qué se trata.

-Ya lo dice la iglesia: en la riqueza y en la pobreza,

en la salud y en la enfermedad. En lo bueno y en lo malo...

-Hasta que la muerte os separe.

-Eso es. Algún día tú sentirás lo mismo.

El amor, aunque a veces duele,

es lo único que puede traer felicidad plena.

Ten paciencia, ya te llegará.

-Gracias, hermano.

¿Se puede?

Fabiana,... ¿qué haces aquí?

Disculpe, señor, Jacinto me ha abierto la puerta.

Como Agustina sigue fuera,

he pensao que quizá podría necesitarme

para adecentar la casa por si recibe invitados hoy.

Señor, si molesto, vengo en otro momento.

No, espera, espera,

discúlpame.

Acabo de recibir una carta de Tano

para felicitarme las fiestas.

Y mira el retrato que me ha mandado.

Ay, madre del amor hermoso,

pero si está hecho todo un caballero.

¿Sigue en Austria? Sí, en Viena.

Le va muy bien en el hospital donde trabaja,

está entregado a su profesión. Parece mentira, ¿eh, señor?

Un médico hecho y derecho.

Que no podrá venir al enlace,

no es buen momento para ausentarse del hospital.

Normal, con el frío que se gastan por esa tierra de Dios,

andará to el mundo malo.

Ojalá solo tuviéramos que preocuparnos por el frío.

La situación del país es complicada

y hay rumores de un conflicto bélico.

Hay que ver la manía que tienen estos de estar a la gresca siempre

como niños chicos.

Tú lo has dicho, Fabiana,

son niños pequeños jugando con vidas humanas,

pero esperemos que no vaya a más...

y que el año que viene nos traiga paz y felicidad.

Entonces, ¿qué, me pongo a la limpieza?

No te preocupes, cenaré algo en el restaurante,

no hagas nada.

Suficiente trabajo tendrás en la pensión.

No crea usted,

si yo estoy en pie desde el alba y ya casi lo tengo todo listo.

Tampoco me cuesta ningún trabajo pasar un paño por los muebles.

Está bien, Fabiana,

de nada va a servir que me niegue.

(Llaman a la puerta)

Abro y me pongo a la faena. Gracias.

-Fabiana. -Don Liberto, buenos días.

-Buenos días. Me ha citado don Felipe.

-Claro que sí, pase. Deje que coja sus cosas.

-Gracias.

¿Está sustituyendo Fabiana a Agustina?

Se ha empeñado, como si no tuviera suficiente trabajo.

Tome asiento.

Gracias por acudir a mi cita. No hay de qué.

Solo espero que no se trate de nada serio.

Verá, le he hecho venir para que esté al tanto

de que don Ramón sabe que Genoveva está embarazada.

Lo debió intuir ayer mientras cenábamos.

Salió el tema del embarazo de Lolita

y debió notar que el asunto no me era indiferente.

¿Y solo se dio cuenta por esto?

No, no exactamente.

Don Ramón me dejó caer varias veces que le ocultaba algo,

y dada la buena relación que tenemos,

decidí contarle la verdad.

Bueno, lo hecho, hecho está, no creo que deba preocuparse por don Ramón,

su discreción siempre ha sido intachable.

Es impresionante la dimensión que está tomando este asunto

poco a poco. Lo sé,

es un gran cambio.

Para empezar, Genoveva.

Me es imposible desconfiar...

de la que va a ser la madre de mi hijo.

Pues me alegra escuchar eso.

No se puede empezar una aventura así con desconfianzas y recelos.

Eso es lo que quería Úrsula cuando vino a mi casa,

malmeter y hablar mal de Genoveva.

¿Qué le dijo exactamente? No lo sé,

locuras, desvaríos. La tuve que echar de casa.

Esa mujer emponzoña todo lo que toca,

lo mejor es tenerla bien lejos.

Me he empeñado para que salga bien este matrimonio,

y nadie me va a parar.

Y eso es lo que debe hacer,

porque usted ama a Genoveva, ¿no?

Sí.

Sí, aunque...

no como a Celia.

Ni como a Marcia.

Felipe,...

debe olvidarse de esa muchacha...

y centrarse en la que va a ser la madre de su hijo.

Es un consejo de amigo.

¿Cómo ha pasado tu madre la noche?

Ahí está,...

despierta y sin fiebre, pero flojita de ánimo.

Ahora solo falta que empiece a comer.

Antes de bajar se ha tomado un caldito, no es gran cosa,

pero es lo primero que toma después de muchos días.

Eso es estupendo, ¿ves como no había que tirar la toalla?

Mi amor, tienes razón,...

pero el panorama estaba más negro que el betún.

Pero ahora tienes que alegrar la cara, que hay mucho que celebrar

este nuevo año.

Tu madre recuperándose y las buenas críticas sobre ti.

¿Qué más quieres?

¿Han escrito sobre mí? No he visto nada.

Han salido un par de reseñas en los periódicos, las he guardado.

Bueno, y según parece, Vidal, el prestigioso crítico,

estuvo ayer en el teatro

y te va poniendo de artista revelación.

¿Y en qué periódico ha aparecido? Aún no ha escrito nada sobre ti,

pero el rumor está ahí, y tu fama irá creciendo como la espuma.

-Cinta, precisamente estábamos hablando sobre tu madre.

-Sí, pensábamos subir a visitarla, pero no queríamos

importunarla.

-Me ha dicho Arantxa que ha tenío mejoría, ¿es verdad?

Sí, gracias a Dios.

Sigue débil, pero confiamos en que todo mejore.

Ay, no sabes cuánto me alegra escuchar eso.

Cuando menos lo pensemos, está otra vez canturreando.

-Y hablando de cante: muchas felicidades

por su actuación. -Es cierto, estuvo usted memorable,

todo arte y sentimiento.

-Con eso se nace o no se nace.

-A mí me hubiera encantado asistir, pero ya comprenderán ustedes,

sola en el restaurante y sin Emilio,

era complicado. Este negocio es muy esclavo.

-Confiemos en que Cinta nos deleite con más actuaciones.

De momento, lo más importante para mí es que mi madre mejore,

después veré lo que hago.

-Las dejo, que veo gente en el quiosco.

-Yo también me voy, Cinta, ya me dirás cuándo es mejor

que suba a ver a tu madre. Muchas gracias por preguntar.

No hay de qué.

-Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios.

-Cinta, cariño, creo que deberías ser más cautelosa

respecto a la salud de tu madre. -¿Qué quiere decir, madre?

-Esas mejorías hay que tomarlas con calma.

Me entiendes, ¿verdad?

Sí, lo sé, doña Felicia, pero no he podido evitar ilusionarme.

Normal. Emilio, ve dentro y ve preparando las sopas.

-Voy a ir sirviendo los chatos. -Ya era hora, hombre.

-No, un momento, un momento, mejor no destapar el vicio

antes de tiempo.

-Qué bien que se hayan apuntao a la "tardevieja",

en estas celebraciones, cuantos más, mejor para todos, ¿no cree?

-Es perfecto para los que no podemos celebrarlo por la noche.

Nosotros vamos a estar ayudando a Fabiana a servir la cena.

-Y bien que os lo agradezco, hija, de verdad.

-Fabiana, es lo menos que podemos hacer por la consideración

que tiene con nosotros. -¿Y yo qué?

Que la pensión Buena Noche tiene dos propietarios.

-Usted también, Servando. Los dos nos han ayudado muchísimo.

-Santiago, ¿qué le parece la "tardevieja"?

-Celebrar el paso de año a las cinco me parece extraño y peculiar.

-Y práctico, que así lo disfrutamos todos.

-Un momento, un momento.

Las manillas ¿qué marcan,

menos cinco?

-Cinco menos dos minutos, y sereno.

-No queda na.

-Y Arantxa sin venir.

-Y también se echan en falta Casilda y Agustina.

-La parte buena de todo esto

es que tocamos a más manduca por cabeza.

(Risas)

-Se han esmerado ustedes, tiene todo una pinta deliciosa.

-Todo esto es un detalle de don Armando,

que ha tenido con los criados.

-Lo ha apoquinao de su propio bolsillo.

-Es un señor con mayúsculas, doña Susana no podía haber dao

con ninguno mejor. -Marcelina.

Marcelina, que tanto requiebro con el diplomático...

me estoy encelando.

-¡Anda ya!

-Que nadie brinde sin mí, ¿eh? -Arantxa, ha venido.

-¿Cómo me iba a perder la "tardevieja", hombre?

-Eso es porque su señora está mejor.

-Uy, no sabe uste cuánto, como que la he dejao sentada.

-Eso son muy buenas noticias, así que siéntese uste también, venga.

-El médico nos ha pedido precaución,

pero ya saben cómo se las gastan en la casa de los Domínguez:

suenan dos cucharas y ya están bailando.

-Por menos de eso saca su señor la guitarra y el jamón.

(Risas)

-Preparados, vasos arriba. -Venga.

-Y vamos a brindar por partida doble:

por 1914

y porque la gran Bellita del Campo se recupere.

-Por Bellita. -(TODOS) ¡Por Bellita!

-Gracias, hasta luego.

Felicia. -Rosina.

-¿Qué, haciendo las últimas compras del año?

-Sí, esta noche tengo el restaurante lleno

y no quiero que nada falte.

Me ha parecido extraño que no se sumara a la mesa

de los Palacios y don Felipe.

-Liberto y yo tenemos otros planes.

-Ah, fuera del barrio, supongo. -No, en casa.

A mí, el bullicio de estas fechas me abruma

y prefiero pasar una Nochevieja íntima con mi marido.

-¿Los dos solos?

-Ya saben lo que dicen: la soledad escogida,

es mejor que la mejor de las compañías.

Bueno, qué bien que la veo,

necesito comentarle tres cosas.

-¿Precisamente tres?

-La primera es sobre Bellita:

imagino que siendo casi parientes

estará al tanto de si hay algunas novedades.

-Parece que está mejor,

pero ¿qué quiere que le diga?

Esas remontadas no me gustan nada.

Suelen acabar mal y con los pies por delante.

-Por favor, no sea fatalista.

No hay nada más triste que perder a una madre.

-Tiene usted razón.

¿Y cuál es la segunda cosa que quería usted decirme?

-He recibido postal de Francia, de Susana.

-Seguro que cuenta albricias de su nueva vida.

-No es para menos. Según cuenta,

don Armando ha resultado ser un hombre maravilloso,

y me manda saludos especiales para usted.

La tiene en gran consideración. -El sentimiento es mutuo.

¿Y la última cosa?

-Ay, sí, ¿qué era?

-No me diga que después de tanta expectación se le ha olvidado.

-No, claro que no, si es la cosa más importante.

Es muy especial.

Prepárese.

-A ver.

-Qué bien nos lo hemos pasao, señá Fabiana.

El año que viene repetimos la "tardevieja".

-Te advierto que este año ha lucido porque don Armando nos ha convidao.

-Y porque ha subido Arantxa, que anima mucho.

-Bueno, eso también es verdad.

Muchachas, venga, id bajando a preparar las cenas

que no quiero problemas con los señores.

Cesáreo, ¿ha visto hoy a Úrsula por el barrio?

-No me he cruzao con ella, ¿por qué?

-Porque esa aparece cuando menos te lo esperas,

sobre todo, si es para amargar las fiestas.

-¿A qué viene mentar al diablo a estas alturas?

-En casa de Álvarez-Hermoso

he escuchao cómo don Felipe decía que había discutido con Úrsula

por algo de doña Genoveva.

-Raro sería encontrarse con alguien que no se haya topao con ella.

-Di que sí, que hasta Marcia, que es más buena que el pan blanco,

la tuvo con ella.

-Bueno, esto ya está.

Me voy a la pensión.

¿Te vienes, Marcelina?

-Voy con usted, que la prensa de la tarde estará al llegar.

Con Dios. -Con Dios.

-Toma, hija, toma. -Gracias.

-Yo,... con la entrada de nuevo año

he decidido hacerme un cambio radical.

-¿Sí, y qué ha pensao? ¿Raparse el pelo como un quinto?

-¿Está uste loco? ¿Con esta mata que me ha dao Dios?

No, no, el cambio será de apellido.

Se acabó ya Servando Gallo.

-¿Y qué tiene de malo apellidarse Gallo?

-A mí me gusta,

hace honor a su persona.

-Más lo haría si me llamara Caballero.

-¿Cómo don Armando? -Claro,

es que esta mañana, al leer el sobre,

he pensao lo distinta que sería mi vida si me hubiera llamado

Servando Caballero.

Igual a estas alturas estaría al frente de un Ministerio, ¿eh?

-Sonar no suena mal. -Perdone que discrepe

de su planteamiento, pero me parece una solemne estupidez.

-Todos los triunfadores del barrio, ¿cómo se llaman?

Pues... Palacios, Álvarez-Hermoso,

Bryce, pero ¿dónde están los Fernández,

los Pérez, los Hernández, y mucho menos los Gallo?

-Me bajo a seguir con mi ronda y ya me contará usted

cómo queda lo del apellido.

-Entonces,...

¿a partir de ahora se va a hacer llamar Servando Caballero?

-No,...

algo mejor.

-¿Marqués de los Pontones?

-Sí, nieto del marqués de los Pontones.

Acaba de llegar del frente español en África.

-Eso quiere decir que su economía no es muy solvente

y que no se ha podido librar del cupo.

-Se equivoca. Su familia tiene dinero

a espuertas, y propiedades,

lo que pasa es que les ha salido un joven gallardo y patriota.

-Al grano.

¿Y cómo es, tiene todo en su sitio?

-Ay, Felicia.

Yo le conocí hace un par de años y me pareció que sí.

Un joven tan guapo, educado, fino, bueno, bueno...

-Rosina, no me ponga usted la miel en la boca.

Seguro que algún inconveniente tiene para que siga libre.

-Que no, que le digo que no.

Por eso he pensado en fijar

una cita para que se conozcan. ¿Qué le parece

si los convocamos en mi casa? -No sabe cómo se lo agradezco.

Estoy deseando desposar a mi hija.

-Tenga fe y no se me impaciente.

Yo creo que están hechos el uno para el otro,

pero tienen que conocerse.

-Por cierto, una cosa más:

el otro día comentó que su marido iba a inaugurar una galería de arte

con Maite Zaldúa. -Sí,...

van a exponer los cuadros de la propia Maite.

-Intuyo entonces

que esa mujer se va a quedar más tiempo.

-No sé: primero nos dice que se va hoy nos dice que se queda.

Esa muchacha cambia de opinión más que de camisa.

-Vaya.

-No se me aflija, Felicia, ya sabe cómo son estos bohemios:

inestables por naturaleza. El día menos pensado

se cansa del barrio y se va. -Eso espero.

-Buenas. -Buenas.

Bueno, la dejo en buena compañía. Feliz año.

-Igualmente.

-Espera.

Mira lo que he comprado. -Apunta usted muy alto, doña Rosina.

-Para los dos solos.

-Está usted tentando a la suerte, señora.

-Ya lo veremos, alfeñique.

¿Por qué duerme tanto? ¿No debería estar mejor?

No seas agonías, cariño mío.

Tu madre no tiene fiebre,

y ha comido un poquito, o sea que hay que esperar a que el alimento

se asiente y coja fuerzas.

-Ven aquí, anda, ven.

Tu madre se va a poner buena, chiquilla.

¿No ves que el antídoto está haciendo efecto?

-(DOÑA BELLITA BALBUCEA)

-Reina mora, ¿has dicho algo?

-Que tengo hambre. -Pero si ha tomao un caldo y todo.

-Un currusquito de algo.

El médico ha dicho que el hambre era síntoma de mejoría, ¿no?

-Venga, tráele un poco de pan, rápido.

-¿Qué pan ni qué pan?

Le voy a traer una tortilla francesa con unos boquerones fritos.

No, le voy a hacer marmitako de mi tierra, que eso sí que alimenta.

Pida uste por esa boquita, que le traigo lo que me pida.

Padre, ¿y si Felicia tiene razón y no es una mejoría?

-No digas pamplinas, canelita.

Arantxa, ve a la cocina y trae un aperitivo para la señora,

con mucho pan. -Ahora mismo.

-Arantxa.

-Dígame. -Espera.

-¿Qué quieres, reina?

-Tengo algo importante que contaros.

(Suena el timbre)

-Camino, te dije... -No digas nada.

Ya sé que no debería estar aquí,...

pero no quería terminar el año sin poder verte una vez más.

-Estoy muy contenta de que estés aquí.

-¿De veras?

-No hay nada que desee más que estar cerca de ti.

Aunque solo sea como amigas,...

porque esa es la única manera en la que podremos vernos.

-Maite, ya te lo dije: no le temo a nada.

-Juventud,...

es un valor, pero también un defecto,

porque te crees invencible, pero no es real,

es solo una sensación.

¿Serás capaz de ser solo mi amiga a partir de ahora?

¿Podrás o no?

-Sí,...

pero me gustaría yacer contigo una última vez,

y después, con el Año Nuevo, te prometo que se acabará todo.

-Pero a partir de mañana, solo amigas.

Recuérdalo, por favor. -Que sí.

-Gracias, Arantxa.

Así estoy bien.

-No te esfuerces, lucero mío, y descansa.

-Déjame hablar, Jose,...

por lo que más quieras. Hágale caso y déjela hablar,

no vaya a ser que pille un berrinche.

Os quiero pedir perdón a los tres...

porque me he portado muy malamente con vosotros.

-Eso no es verdad, morena.

-Sí lo es, vida mía.

Os arrinconé... y no he echado cuentas

cuando me necesitabais, y vosotros sois mi familia,

lo único que me importa.

Y tú también, Arantxa.

Jose,... perdóname

por echarme a un lado mientras vivías

tu sueño en el teatro,...

tu ilusión.

-Anda ya.

-Hija mía de mis entrañas,...

perdóname por fallarte...

cuando más me necesitabas.

No he estado a la altura, ni con tu noviazgo

ni con tu carrera.

Y a ti, mi fiel Arantxa,

te pido perdón

porque después de todos estos años compartiendo la vida,

ni siquiera me he dignado a preguntarte por tus amores

con el... sereno.

-Señora, por Dios, si no tiene uste culpa de nada.

Madre, Arantxa lleva razón,

nosotros no tenemos nada que perdonarle.

Y yo ¿qué quieres que te diga? He dado mi vida entera por ti.

-Y no imagináis cuánto os amo.

-(HABLA EN EUSKERA)

Se acabó, esta mujer está canina

y habrá que alimentarla, ¿no?

Señora,

¿qué le parece una tortilla de bacalao como aperitivo?

-Hagas lo que hagas será lo mejor.

-Eh. Y un platito de jamón.

Se acabaron las penas ya.

-Ya estaba usted tardando.

-Deja que te ayude.

Vamos a ver cómo te queda esto.

Así.

Preciosa.

Es que no me canso de mirarte.

Cada mirada, cada gesto me sugiere un cuadro.

Ven.

Ponte aquí.

Aquí, así, que te vea...

Así. Gira la cabeza, que te dé la luz. Bien.

Ahí, quieta, ¿de acuerdo?

-¿Qué haces? -Quiero inmortalizar este momento.

Será rápido, será solo un apunte.

-¿Poso mejor así? -No, no, no te muevas.

¿Qué te parece?

-Me encanta.

-Camino,...

este será nuestro último momento íntimo,

a partir de ahora, ninguna muestra de cariño.

No podemos levantar sospechas.

-Sobre todo con mi madre.

-Y si para eso tenemos que entablar amistad con hombres,

pues adelante.

Yo confío plenamente en ti.

-Me conformaré con tenerte cerca...

hasta que podamos vivir nuestro amor libremente.

-Algún día llegará,...

pero hasta entonces, tendremos que estar atadas con un lazo invisible

para el mundo.

-¿Un lazo como este?

Me alegra escuchar que el viaje a Ocaña fue todo un éxito.

La condesa de Mora fue una anfitriona excelente.

La próxima vez tienes que venir conmigo.

Me aseguraré con tiempo que ningún cliente me impida.

Eres un sol,...

mi sol.

(Llaman a la puerta)

Voy a abrir.

Comisario Méndez,

qué sorpresa más inesperada.

He venido a darles mis mejores deseos para el Año Nuevo.

Lo mismo le deseamos, comisario, feliz 1914.

Tome asiento. Gracias.

Para ser sincero, no es esta la única razón de mi visita.

Usted dirá.

No sé si le han puesto al corriente de la decisión del juez

respecto a Andrade. ¿Ha salido ya la sentencia?

Le han caído 12 años,

por secuestro y trata de blancas. ¿La pena mínima?

Ese hombre se merece cadena perpetua.

Doce años es muy poco, después del sufrimiento

que ha causado a esas mujeres. Cálmese.

Ya sabíamos que no iban a encerrarle de por vida.

No le han juzgado ni por la mitad de sus delitos.

¿Y por qué no lo han hecho?

Necesitaban cómplices, pruebas.

¿Y qué me dice de Úrsula Dicenta? Esa mujer fue su cómplice,

y se merece la cárcel tanto o más que Andrade.

Estoy de acuerdo,

pero Úrsula no era la única,

hay docenas de personas implicadas en la red que encabezaba Andrade.

(Llaman a la puerta)

Disculpen,

debe ser mi ayudante. Con su permiso.

Felipe, mantén la calma, al menos hasta que este hombre

se haya ido de casa. Luego hablamos.

Sí. Será lo mejor.

¿Qué ha pasado?

Esta mañana han...

encontrado en el extrarradio el cuerpo de una mujer

atravesada por dos disparos.

Acaban de identificar el cadáver:

era el de Úrsula Dicenta.

Dios mío.

Tenga cuidado Felipe, esto es un asesinato,

y a veces las palabras desvelan mucho más de lo que uno desea.

Tengo la conciencia tranquila.

Todo aquel que haya tenido disputas con Úrsula es sospechoso.

En ese caso, lo tiene complicado,

como usted ha dicho hace un rato, se trata de todo el barrio.

-Tenemos un pretendiente nuevo.

Tenemos una cita con él esta tarde en casa de Rosina.

-Como quiera, madre, yo voy a la cita,

me comporto como una señorita...

pero le tengo que pedir algo a cambio.

-Supongo que irán a visitar a Bellita en breve,

acompañados de sus esposas. -En cuanto usted nos dé permiso.

-Me gustaría pedirles que no mencionen a Margarita

delante de mi mujer

y que instruyan a doña Rosina y doña Carmen

para que ellas tampoco lo hagan. -He roto el cheque.

¿Qué?

En realidad lo he quemado, no quería dejar rastro.

Quiero el dinero,... pero en efectivo.

Está bien, tendrás el dinero en efectivo,

pero deberás esperar a que lo reúna.

(NIEGA)

Lo quiero... ahora.

-Yo, en cuanto me pueda levantar de esta cama, iré a ver el espectáculo.

Si Dios quiere, con mi amiga Margarita.

-Pos mejor sola que mal acompañá.

-¿Qué? -Estos cuadros no se van a vender.

-Si el galerista, que es usted,

no está de acuerdo, tendremos que suspender la exposición.

-Buenas tardes, disculpen la tardanza.

-Buenas tardes, soy Ildefonso Cortés, su más rendido admirador.

Estuviste a punto de estrangular a Úrsula,

yo lo vi.

Si el comisario Méndez lo supiera...

No se lo vas a decir.

Esto es algo que solo sabemos tú y yo.

No temas,...

yo no diré nada.

Todos tus secretos están a salvo conmigo.

Yo no he matado a Úrsula, lo juro.

Felipe, no hace falta que me jures nada,

yo confío en ti como tú confías en mí.

Nunca diré nada en tu contra.

-(JACINTO) Han encontrao el cadáver de Úrsula.

-¿El cadáver? -La han asesinao.

-Ay, que Dios nos asista.

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Acacias 38 - Capítulo 1171

02 ene 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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