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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1165 - ver ahora
Transcripción completa

No recuerdo detalles del juicio. -Es que no hubo juicio.

A mi marido lo encarcelaron sin juicio.

-Yo soy tu marido. -¡No!

¡No, Santiago o como quiera que te llames!

¿Quién eres tú?

-Dime quién eres... o lárgate.

Vamos, vete.

-Dame un beso.

-Vete ya. -Perdón a mí, ¿por qué?

Yo le conté a la señora lo del abrazo con Esther.

Imagínate, que a Mari Belli le pasa algo,

y hubiera seguido pesando sobre mí esa falsa acusación.

¡¿De qué me vale tu arrepentimiento?!

O peor, ¿de qué le serviría a ella?

Pensé que después de lo de Genoveva,

no osaría a volver a engañarme, pero sí, ha vuelto a engallarse.

-¿Se ha enterado de algo más?

-Me he enterado de que tenía una botella de champán en el escritorio.

-Lo siento mucho, pero no voy a poder darle a usted satisfacción.

-Ojalá pudiera decirle que sí,

eso significaría que mi mujer está curada.

-Claro.

Estimado señor Palacios...

Señor... don Felipe Álvarez-Hermoso,

Querida Lolita...

Me dijiste que estabas dispuesta a encontrar un novio,

pero veo que no es el caso.

Les encuentras defectos

antes de conocerles.

-Imagínese si llegara a conocerles.

Cinta dice que no... -¿Qué?

Que no le prepare usted el té

o la infusión o lo que sea.

Al menos, que no se lo prepare a doña Bellita.

¿Qué es? -¿Qué va a ser?

¡Nuestros pasajes! ¡Nos vamos a Cuba!

¿No necesitaba usted saber sobre Santiago Becerra?

¿A cambio de qué?

Mi único objetivo ahora es terminar con Genoveva.

Se va a sorprender usted con el tal Santiago.

¿No merezco tu confianza?

-Dime quién eres y podremos hablar de futuro.

-"Me refiero a Santiago Becerra, sí,"

al que se casó allá en Brasil con Marcia.

Pero hablo en pasado porque ese hombre...

está muerto.

(Pasos)

Sigo aguardando, la pregunta es sencilla.

-No lo es tanto la respuesta.

-Pues debería serlo.

Y si no me contestas, no iré contigo a nuestra parte.

Dímelo de una vez,

¿quién eres?

-¿Que quién soy?

Soy el hombre que ha luchado por ganarse tu corazón,

aquel que está dispuesto a todo por ti,

el que, a pesar de saber que amas a otro,

ha seguido a tu lado.

Soy el hombre que te ama,

te desea...

y que solo anhela una cosa en la vida:

vencer tus reparos

y hacerte mía.

¿Acaso no te vale como respuesta?

-No, por desgracia, no es suficiente.

-Marcia.

¿Es que no me crees?

-Sí que creo en tus palabras,

salen del corazón, no hay rastro de mentira en ellas.

-¿Entonces?

-Sé de sobra lo que has hecho por mí.

No dudo que me amas,

y he de reconocerte que por momentos has ganado mi corazón.

Pero...

tampoco te falta razón al decir que siento un amor profundo

por Felipe.

-Te he dicho que puedo vivir con ello.

-Descuida, sé que mi amor por Felipe es imposible,

los dos debemos seguir adelante sin mirar ya atrás.

-Yo te doy la oportunidad de hacerlo,

de empezar de nuevo.

-Sí, y resulta tentador.

No dudo que me tratarías con amor y respeto.

Entonces, ¿por qué te resistes a aceptar?

-Tus anteriores mentiras me impiden hacerlo.

Ya te lo he dicho, para aceptar, tengo que saber todo sobre ti.

Es que...

No entiendo cómo has podido engañarme durante tanto tiempo.

¿Cómo puedes parecerte tanto al que era mi esposo?

¿Cómo has llegado hasta mí?

¿Cuál es tu nombre?

Dímelo de una vez.

(Sintonía de "Acacias 38")

Le he hecho una pregunta.

-Y yo ya le he contestado.

Estaba preparando el té que tanto le gusta a Bellita.

-¿Y qué era eso que tenía en la mano,

qué estaba echando?

-¿Esto?

Tan solo es una especia que le añado para darle más dulzor.

Si prefiere, no se la pondré al té.

-¿Ya estamos otra vez, doña Margarita?

Ya le dije que no quería verla trasteando en mi cocina.

-Ya veo que aquí no soy bien recibida.

Solo espero

que le digan a Bellita que he tenido que marcharme.

-Así lo haremos.

Qué poco me gusta esa mujer.

Si por mí fuera, no volvía a pisar esta casa.

Ahora le dejo, que quiero ir a misa.

Ha perdido el oremus,

¿cómo puede asegurar que Santiago Becerra está muerto?

Porque es la verdad,

lleva criando malvas desde hace un par de años.

Lo sé bien.

Yo mismo ordené su muerte.

¿Usted?

Sí.

Tuvo... la insensata ocurrencia de declarar contra mí

por ciertos asuntos que tenía pendientes en Brasil.

No hubo más remedio que quitarle de en medio.

¿Eso significa que el Santiago Becerra

que se presentó en la boda de Marcia y Felipe...?

Es un impostor.

¿Quién es en realidad?

Un timador y chantajista, con cierta querencia por los naipes.

Un chico con talento, al que ya había recurrido en alguna ocasión.

Y que recogió el guante cuando le propuse sacarse unos cuartos

a cuenta del encargo de Genoveva.

Pero ¿cómo es posible

que Marcia no se diera cuenta de que era un impostor?

Hay muchas cosas que no cuadran.

Veo que es usted muy curiosa.

Pero no se alarme, todas tienen su respuesta.

¿A qué espera para brindármelas?

No tengo como costumbre hacer regalos.

Si quiere conocer toda la historia

del suplantador de Santiago Becerra,

tendrá que darme algo muy valioso a cambio.

Antes quiero saber algo.

Usted dirá.

¿Genoveva sabe la verdad,

sabe que ese hombre es un impostor?

Eso es lo mejor de todo,

ella no está al tanto.

Al fin se ha dormido mi madre.

Esperemos que este descanso la ayude a recuperarse.

No me quedo tranquila sin velar su sueño.

Ya lo hará mi padre, no se separará de ella en toda la noche.

Pues debería quedarme de guardia en la cocina,

quizá precisen algo. Si es así, ya se lo prepararé yo,

no te preocupes.

Me quedaría más tranquila.

No, tata, sube ya al altillo, llevas todo el día con ella

y nosotros te necesitamos descansada.

Los días que se avecinan prometen ser más duros.

Espero que tantas visitas no le hayan fatigado en exceso.

Sí, han sido demasiadas.

Pero eso es bueno, así ve el cariño que todos le guardan.

Se les agradece mucho el interés.

A unos más que a otros,

la tal Margarita podría haberse quedado tan ricamente en su casa.

¿Sigues sin fiarte de ella?

No me gusta ni un pelo.

La he vuelto a pillar en la cocina sola, anda como si fuese su casa.

La próxima vez, le cae la del pulpo.

No te hagas mala sangre.

Nos guste o no, Margarita, es un gran apoyo para mi madre.

Mal bastón se ha agenciado.

La trata con cariño y mi madre la tiene en alta estima.

Eso es cierto.

Y es lo único que importa, así que templa.

Tienes razón, niña.

Pero todo lo que está pasando me tiene muy alterada.

Sí, todos estamos muy nerviosos por mi madre.

Pero a mí, a esa preocupación,

se me suma la mala conciencia por haber dudado de tu padre.

No pienses más en eso, que agua pasada no mueve molino.

Ya, pero casi organizo un maremoto.

El asunto ya está aclarado y olvidado.

Ahora debemos estar juntos y en armonía.

Mi madre necesita todo nuestro apoyo.

Sí, ella es lo único que importa ahora.

Estoy tan inquieta por ella, que no tengo fuerzas ni para ensayar.

No digas eso, que tienes que hacer un esfuerzo.

Me pides un imposible. Tu piensa en tu madre.

A ella le gustaría tanto verte encima del escenario.

(Llaman)

Jesús, ¿más visitas y a estas horas?

Tranquila, sea quien sea, le mando de vuelta a su casa.

Como despierte a la señora, se va a enterar.

Uy. -Buenas noches.

-Hola.

-Buenas noches. Buenas noches.

-No le esperaba a esta hora ya.

-He subido antes de empezar la ronda para preguntar por su señora

y, ya de paso, verla.

Voy a ver si mi padre necesita algo.

Le agradezco su interés, Cesáreo.

Tata, cuando termines vete para el altillo,

no se te ocurra quedarte la noche en vela.

-(HABLA EN EUSKERA) Buenas noches.

-Buenas noches.

-Qué bien que haya venido, yo también quería verte, Cesáreo,

quería darle las gracias.

-¿Por qué motivo?

-Por convencerme de que hablara con mi señor.

-¿Ha podido aclararlo todo?

-Sí, y me ha perdonado.

Es que, mi señor es un santo en vida.

-Me alegra escucharla.

Pero entonces, ¿esa cara tan mohína?

-Porque mi señora no levanta cabeza, Cesáreo.

No es solo que no mejore, cada día que pasa empeora más.

Es que yo no me quiero imaginar que pueda pasarle algo...

Si algo le sucediese...

(Campanas)

(Motor de coche)

Me ha aliviado escuchar al doctor que el embarazo va bien.

Sí, yo también me he sentido muy dichosa.

Creo que nunca había sido tan feliz.

Tenemos que ir preparando nuestro enlace.

Hoy mismo me acercaré a ver al párroco

para fijar la fecha de la boda.

Aunque antes tendré que verme con unas señoras del barrio,

que están organizando los de repatriación.

Es evidente que hacen una gran labor.

Desde luego, pero he de reconocerte que no tengo la cabeza

para esas cuitas. Estoy tan excitada con lo nuestro.

Lo único que deseo es que aguardes la llegada de nuestro hijo

con la misma impaciencia que yo siento. ¿Es así?

Sí, claro que sí.

El coraje de Felipe es admirable,

no era fácil enfrentarse a ese mafioso en el juzgado.

-Sí, otro en su lugar, temeroso de las posibles represalias,

hubiese evitado declarar ante el juez.

-Por desgracia para ese canalla,

nuestro vecino no es de esos.

-Está dispuesto a hacerle pagar sus crímenes en prisión.

-No merece otra cosa.

No quiero ni pensar en las vejaciones a las que pudo someter

a mujeres como Marcia. -Madre mía.

Un hombre así no merece compartir mundo con la gente decente.

-No puedo estar más de acuerdo.

-Bueno, doña Bellita, ¿qué?

Carmen estuvo ayer visitándola y dijo que se encontraba algo mejor.

-Sí, ayer estaba más animada.

Por su semblante intuyo algún pero.

-Antoñito, entre usted y yo,

no hay muchos motivos para mostrase optimista al respecto.

Los médicos no dan con el origen de su mal.

Estamos muy preocupados por su suerte.

-Lamento escucharlo.

Espero que se equivoque

y para las Navidades, que ya están a la vuelta de la esquina,

se encuentre mucho mejor.

-Ojalá sea así, en tal caso,

tenemos mucho que celebrar estas Navidades.

Hablando de Navidades,

Lolita me había encargado comprar adornos navideños para la tienda.

Lo había olvidado por completo.

-Vaya, antes de que le cierren. -Madre mía.

-Con Dios. -Con Dios.

-Emilio, hijo, si quieres,

puedes subir antes de comer a casa de los Domínguez,

ya lo tengo todo organizado.

-Aun así, aquí puede haber mucha faena.

-Descuida,

cuando vuelva tu hermana del mercado, podrá ayudarme.

-Se lo agradezco.

Eso sí, antes de irme, dejaré terminadas las mesas.

-Vale, entre los dos lo dejaremos todo organizado en un santiamén.

-Madre, hay algo que desde ayer me inquieta.

¿Qué opinión tiene sobre Margarita, la amiga de doña Bellita?

-Poco puedo decirte.

Apenas la conozco. ¿A qué viene esa pregunta?

-No quiero aburrirle con detalles,

pero ayer se comportaba de forma extraña.

Me preguntaba si será de fiar.

-Imagino que tendrás que buscar la respuesta en otro sitio.

Lo único que puedo decirte es que Bellita confía ciegamente en ella.

-Lo sé.

-Me comentó en una ocasión que Margarita lo había pasado muy mal

en su vida, y que para ella era casi como una hermana.

-No sé si merece tal confianza.

-Emilio, no eres quién para meterte en las amistades de tus suegros.

Ellos sabrán con quién se tratan.

-Usted también parece seria y preocupada,

si me permite decirlo. ¿Qué le sucede?

-Lo siento, hijo. La verdad es que no estoy de humor.

No quiero hablar del tema.

Te estaba buscando, prima.

Me ha dicho la portera del 30,

que la del principal va a tirar unos colchones,

por si le hace apaño a alguien.

-Agradecía, luego se lo comento a mis compañeras.

-Uy. Pareces disgustá. ¿Te pasa algo?

-Algo pasa,

que no se sabe lo que pasa,

y por eso mismo, algo puede acabar pasando.

Pero yo te puedo hablar de ese asunto.

-Es una pena... porque te explicas como un libro,

pero como un libro cerrado a cal y canto.

-Tú tampoco eres la alegría de la huerta.

Vaya cara traes. -No te amuela,

la cara y el cuerpo, que no he pegao ojo en toda la noche.

-¿Por los ronquidos de la Marcelina?

-No.

Le he estao dando a la mollera sobre qué querría decirme la tía

con los números.

-Verde y con asas,

será el número premiado en el sorteo.

-¿Y si no es eso? -¿Qué más podría querer decirnos?

-Cualquier cosa.

A la tía le gustaban las alubias, como a mí,

igual quería decir que había que echar 24 421 alubias

pa hacer un buen guiso.

-Primo, ¿y quién se pone a contar las alubias?

-Además, que he sumado la cifra

y me he dado cuenta de que dan 13.

-Número de mal agüero.

-¿Y si quería decir que no comiera más de 13 platos de alubias?

-Me estás empezando a marear más que un pollino en una noria.

¿Quieres dejar de dar vueltas y relajarte? Disfruta.

Hoy vamos a ganar mucho parné.

-Estoy más convencido de que no va a tocar ni un céntimo.

No va a tocar na de na. -Eres único animando.

-Piénsalo bien, prima,

con lo agarrá que era la tía,

si supiera el número, se lo guardaría pa ella.

-Sí, claro.

Ya me dirás tú si no iba a tener dificultades estando muerta

como para jugar el número ella.

¿Y cuándo tuvo un detalle con nosotros?, era muy arisca.

-Ahí tienes razón.

Me estás haciendo dudar.

(Timbre)

Ay, madre, esa es mi señora.

Yo no tengo tiempo para lamentaciones.

Esta es capaz de pasarme de un cuerno a otro.

¿Sabes el genio de mil demonios que se gasta últimamente?

No lo sabes.

Con Dios. -Hala.

Uh...

Mira, ¿ya estás arreglada?

-No había manera de que te levantaras,

he tenido que desayunar sola. -Siento no haberte acompañado.

Anoche me quedé leyendo y se me han pegado las sábanas.

-Descuida, al final he desayunado rápido

porque tengo prisa, ya te comenté que quería hacer unas compras.

-No es motivo para tanta urgencia.

-Ah, no te lo dije, es que he quedado con una prima

que está de paso por la ciudad.

-Te acompaño y así la saludo.

-No, no es menester, es una prima muy lejana.

Me cae mal, de hecho, pero me he visto en el compromiso.

En definitiva, que voy a estar todo el día fuera.

Vas a estar libre de mí para dedicarte a lo que quieras.

-Ante todo, echarte un poco de menos.

-No estoy tan segura de eso.

(Pasos)

Al fin, Casilda, ¿se puede saber dónde estabas?

-Estaba acabando de planchar en el altillo.

En cuanto he visto la luz, he bajao.

-Haz el favor de arreglar el dormitorio.

-Sí.

-Eh, si no te importa, sírveme más café, por favor.

-Claro.

-Dime, Liberto, ¿qué piensas hacer el tiempo que yo esté fuera? -¡Eh!

-Casilda, se trataba de que me echaras el café en la taza,

no en el mantel.

-Sí, sí, perdóneme, señor. -No te preocupes, no te preocupes.

-Querido, como te estaba preguntando, ¿qué piensas hacer?

-Pues... No sé, nada importante,

arreglaré un papeleo que tengo papeleo pendiente.

-No me imagino de dónde sale tanto papeleo.

Pero mira, me quedo tranquila porque sé que estarás entretenido.

(Se cierra la puerta)

Va a quedar la tienda preciosa, Lolita.

-Y eso que Antonio no ha traído los adornos que le encargué.

Qué desastre de hombre,

a este paso van a llegar para las Navidades del año que viene.

¿Has tenido novedades de los Comités de ayuda a los veteranos

en Cabrahígo?

-Algo he sabido, sí.

Han repatriado a uno del pueblo. Al Eustaquio, el hijo de la Jacinta.

-¿Y qué tal el muchacho?

-El pobre ha vuelto más tonto de lo que se fue.

-Lolita, las ha debido de pasar canutas.

-Está impactao con la experiencia.

Todo el pueblo se ha volcao en ayudarle.

-Seguro que no tardará en recuperarse.

-Pa chasco que sí.

Le están cebando a cocidos montañeses,

y eso recupera a un muerto.

Hablando de viandas,

tendríamos que pensar en los menús pa las fiestas.

-Aún tenemos tiempo, mujer.

-Fíese de la virgen y no corra.

Si no preparamos lo que queremos de la mantequería,

vienen los clientes con los pedidos

y nos quedamos sin un mendrugo de pan pa Nochebuena.

-Anda que no eres exagerada. -Ya me agradecerá que lo haya sido.

-Oye, ¿le has dicho algo a doña Genoveva

sobre las novedades de Cabrahígo?

Como es ella la que ha repatriado a los muchachos...

-Nones.

Me temo que ahora tiene otras cuitas más importantes.

-¿A qué te refieres?

-Me han dicho que la han visto hablando con el párroco.

¿Será que suenan campanas de boda?

-Anda, pues yo no sabía nada.

Pero tampoco sería de extrañar.

La relación de Felipe y Genoveva

es algo oficial y conocido por todos.

-Pa chasco que sí.

Lo mismo, don Felipe, después del accidente,

se haya dao cuenta de que la vida son dos días

y pasa por la vicaría. -Pues sí.

Al final, don Felipe Álvarez-Hermoso se casa.

-Marcia, no te habíamos oído.

-¿Llevas mucho tiempo allí?

-Lo siento, lo de don Felipe es solo un rumor.

-Mujer, si al final es cierto,

no debes disgustarte.

En el fondo, es lo mejor para todos.

-Pa chasco que sí.

Si cada uno habéis decidido hacer vuestro camino, pues que así sea.

-Mira, Marcia,

la boda cerrará esa etapa de tu vida para siempre.

-Les agradezco que sean tan sinceras conmigo.

Tienen razón.

Esa boda me ayudaría a seguir adelante, ya sin remedio.

Otra cosa es como me afecte escucharlo.

-Bueno, Marcia, no hay mal que mil años dure.

Y piensa que tú también tienes a tu marido.

-¿Sabes qué?

Vamos a necesitar ayuda para adornar toda la tienda.

¿Por qué no nos ayudas?

-Sí. -Venga.

-Venga.

Toma este.

Aquí tiene, Fabiana, el musgo que buscaba pa el belén.

-Te lo agradezco mucho,

que quiero ponerlo en la recepción pa dar ambiente navideño.

Y a to esto, ¿qué, cómo va esa muela?

¿Te sigue dando guerra?

-Esta guerra ya la ha ganado.

Ya lo único que hago es tratar de no pensar en ella,

porque si lo hago,... (SE QUEJA)

me duele más todavía.

-Hija mía, en tal caso, lamento habértelo recordao.

¿Sabes una cosa? Agustina me ha escrito.

-¿Y qué le dice?

-Na, que la cosa en el pueblo se está alargando,

y que no cree que le vaya a dar tiempo a volver pa la fiestas.

-Pues es una pena,

no podremos tomarnos el turrón con ella.

-Marcelina, tú no estás para mucho turrón.

Y Agustina ya nos irá contando, a ver si al final sí llega.

-A las buenas.

Señá Fabiana, quería comentarle dos cosas.

-Pues empieza por la primera.

-Estábamos equivocás,

no parece que la Arantxa y el sereno estén en amoríos.

-Cesáreo me lo ha negao rotundamente.

-Sí, sí, mi Jacinto ya no esta tan seguro

de haber visto lo que vio.

-Pues es una pena, yo creo que hacen buena pareja.

¿Y qué es lo segundo que tienes que decirme?

-Ah, sí, quería pedirle la olla que le presté,

que tengo que prepararle la comida a mi señor.

-Pierde cuidao, que ahora mismo te la traigo.

-¿Te ha dicho Jacinto sus temores con el dichoso número?

-Sí, sí que lo ha hecho, me ha puesto la cabeza loca con eso.

Que dice de que no vamos a ver ni una peseta.

-Yo creo que se equivoca, porque si no,

¿pa qué iba a decirle tu tía lo del número en sueños?

-Mira, Marcelina, hay algo que no te he contao de mi tía,

que no la sabes.

Ella, aparte de ser vidente,

también era bromista.

-(SE QUEJA)

-Aquí tienes la olla.

Por cierto,

si ves a don Felipe, dile que quiero verle.

-¿Sucede algo? -No,

que quiero avisarle de que Agustina va a tardar en volver.

Por si quiere que le busquemos servicio, sobre todo pa las fiestas.

-En seguro que las pasa con doña Genoveva.

-Y Marcia, ¿les ha comentao qué va a hacer estas Navidades?

-Na de na.

Es de suponer que las pasará con su marido en la pensión.

Pero lleva un par de días muy seria.

No sé qué le estará pasando a esa chiquilla.

-Pues sí que estamos buenos. Menudas Navidades que nos aguardan.

Yo no creo que en casa de mis señores vaya a haber festejos.

-¿Y por qué no ibais a celebrarlas?

-Ah, por nada, por...

Por cosas mías.

Ya saben, en boca cerrada no entran moscas.

Con Dios. -Con Dios, prima.

Ya he terminado en la cocina.

-Gracias, hijo.

No aguardes más y ve a ver a tu suegra.

-¿Está segura de que podrá prescindir de mí por rato?

-Ve sin miedo. Tu hermana no tardará en llegar.

¿Qué haces?

¿Tan incapaz me ves que no eres capaz de dejarme sola?

-No, madre, no es eso,

es que no me marcho tranquilo sin saber qué le ocurre.

-No es nada importante. No te preocupes.

-No lo haría si me dijera de una vez qué le sucede.

-Está bien.

Ayer discutí con tu hermana.

Por eso no estoy de humor.

-Siento escucharlo.

Ya me pareció que anoche estaban muy serias.

-Con Camino no hay manera.

En los últimos tiempos no deja de faltarme al respeto

rebelándose contra mis decisiones.

-Pensaba que la cosa iba mejor. -Ya ves que no.

En mal momento conoció a esa pintora,

no es la misma desde que se relaciona con ella.

Ingenua de mí, pensaba que después de dejar las clases

y de relacionarse con esa mujer, Camino iba a ser la de siempre.

Pero no consigue liberarse de la influencia perniciosa de esta mujer.

-Sí que es extraño.

-Estoy preocupada.

Quiero que tu hermana sea dichosa,

pero esa mujer le ha metido unas ideas

que le van a complicar la vida. Ya no sé qué hacer.

-Tenga paciencia con Camino.

Ella es buena, su rebeldía pasará.

Ya verá como vuelven a entenderse.

-Me gustaría creerte, pero te equivocas.

Siento que estoy perdiendo a mi hija.

No te preocupes, no es nada.

Ve a ver a tu suegra y a hacerle compañía a Cinta.

-Se lo agradezco.

-(FELICIA SUSPIRA)

-Doña Felicia, ¿puedo hablar con usted?

-Claro, Cesáreo, ¿sucede algo?

-No he podido evitar escucharles.

Creo que hay algo que debo contarle.

Créame, me ha costado mucho tomar la decisión,

pero creo que es lo mejor.

Había pensado hablar antes con Camino,

pero usted debe saberlo, es lo mejor para ella.

-Cesáreo, deje de dar rodeos, me tiene en ascuas.

¿Qué está pasando? -Es sobre doña Maite.

Sé que la aventura que hemos iniciado conlleva sus riesgos.

-Y debería saber que a su esposa no le va a satisfacer cuando lo sepa.

-Descuide, confío en poder arreglarlo.

-Eso espero.

No me gusta tener que ocultárselo.

Ya sabe que me gusta ir con la verdad por delante,

aunque me traiga problemas. -Lo sé.

Pero quiero pedirle que tenga un poco más de paciencia.

Hablaré con mi esposa muy pronto.

-Así lo espero.

-Pero antes, quiero que hagamos algo.

La tenía guardada para este momento. Quiero que brindemos por nosotros.

(Timbre)

¿Esperaba a alguien? -No, pero parece que insiste.

Abriré antes de que tire la puerta abajo.

Doña Rosina.

(Descorcha la botella)

-¿Qué haces aquí?

-¡Dios santo! ¡Y yo que me resistía a creerlo!

-¿Creer el qué?

-¡Ya lo sabes, mal hombre! ¡¿Qué significa esto?!

¡No sé para qué pregunto, si ya conozco la respuesta!

-Lo lamento.

No quería que se enterara de esta manera.

-Te aseguro que te lo iba a contar todo esta misma tarde.

-¡No puede ser! ¡Dios mío, otra vez no!

¡El hombre es el único animal

que tropieza dos veces con la misma piedra!

-Te ruego que te calmes, por favor. Ya sospechaba que te iba a molestar.

-¡¿Lo sospechabas?! -Yo no quería ocultárselo.

-¡Cállese! Qué considerada.

-Está bien, te lo contaré todo.

Te contaré los detalles de mi proyecto con Maite.

-¿Proyecto? ¿Ahora lo llamáis así?

-La galería.

-¿Qué galería?

-La galería.

(Timbre)

Prima, estas son las hierbas

que en mi pueblo decían que son mano de santo pa los flemones.

-Me he acordao que las tomaban allí para calmar los dolores.

-Dios te oiga, que una está desesperá.

-Por cierto, primos,

ahora mismo deben de estar celebrando el sorteo de la lotería.

-Y yo que creía que íbamos a ser ricos.

-Tú y tos, Marcelina. Nos hicimos castillos en el aire.

-Yo daría todos los premios del mundo

con tal de librarme de esta muela.

-Descuida, Marcelina, que yo voy a lograrlo.

-Servando, ¿qué hace aquí?

-Vengo decidido a terminar con esa muela, ya es algo personal.

Cuida, prima, esto tiene muy mala pinta,

va a ser peor el remedio que la enfermedad.

-A grandes males, grandes remedios.

-Pero, ¿qué va a hacer, cacho bestia?

-No, que no le va a doler.

Con el destornillador, primero, ahuecaré la muela,

y después, con las tenazas, (RÍE)

se la saco.

-¿Y usted cree que no va a doler? -A mí no.

-¡Deténgase! -¿Quiere hacer una salvajada?

-Dejadle, dejadle, una ya está dispuesta a to

con tal de terminar con esta tortura.

-Espere, espere, espere.

-Venga.

Ah... Abre la boca.

Ahí.

(Risas)

-¿Qué hacen que no lo estáis celebrando?

-¿Celebrar el qué?

¿Qué Servando se va a liar a martillazos con Marcelina?

-No, que les ha tocado una pedrea en su número.

Cesáreo acaba de escucharlo en el sorteo.

-¿Cómo, está seguro?

-Sí, han dicho vuestro su número, que de tanto repetirlo,

me lo he aprendido.

Lo ganado no os cambiará la vida, pero pasaréis unas buenas Navidades.

-(RÍEN)

-¿Veis? La tía Anita no nos iba a decepcionar.

-Esto déjelo ya, que no va a hacer falta. No, no, no.

Voy a llevar a Marcelina a un buen médico con el monís del premio.

-¿Seguro que no preferís mi método?

-No, no, no.

(RÍEN)

-Pero qué buen mozo es este sereno,

y cómo le gusta traer siempre buenas noticias y alegres.

(HABLA EN EUSKERA)

-Hala.

-(SERVANDO CHISTA)

-(JACINTO CHASCA LA LENGUA)

(RESOPLA) Entonces, ¿vais a emprender un negocio juntos?

¿Eso era lo que estabas planeando las últimas semanas?

-Así es, Rosina.

-Ay, Dios.

¿Y por qué me lo has mantenido en secreto?

-Sé lo poco dada que eres a que arriesguemos nuestro capital.

-Ya.

Prefiero eso mil veces a que me pongas los cuernos.

-¿Acaso creía que su esposo y yo...?

-¿Qué otra cosa podía pensar con tanto secretismo?

-Por el amor de Dios, cariño, yo nunca volvería a engañarte.

Me has engañado ya ocultándomelo todo, actuando a escondidas.

-He empleado el tiempo en solicitar los permisos municipales

y en iniciar las obras de acondicionamiento

de un céntrico local de mi propiedad en la calle del Pino.

-Ese es el edificio donde os vieron entrar juntos.

Estoy decidido a abrir una moderna galería de exposiciones artísticas.

-Y su esposo está empeñado en inaugurarla

con una exposición de mi obra.

-¿Por eso iban a brindar? -Claro.

-¿Cómo ha podido pensar otra cosa?

Yo insistí en que no quería ocultárselo.

Pero Liberto me lo pidió.

Ya hablaré con mi esposo de eso.

Póngame una de esas copas. a ver si se me pasa el susto.

(SUSPIRA)

Muy bien, estaremos en contacto.

Gracias.

Ya sé que la ocasión merecía el mejor champán francés,

pero dado mi estado no tendremos otro remedio

que brindar con limonada.

¿Y por qué brindamos?

¿Por qué va a ser?

Por nosotros, por nuestro hijo, por nuestro próximo enlace.

No nos faltan motivos.

Por nuestro hijo.

En pocas semanas seremos marido y mujer.

Se lo deberíamos ir anunciando a nuestros más allegados.

¿Tendremos tiempo de prepararlo todo?

No tenemos otro remedio si no queremos que se note mi estado.

Ya sabes que me daría igual,

lo gritaría a los cuatro vientos.

No es necesario escandalizar a nuestros vecinos.

El párroco nos da fecha para después de las Navidades.

Llevaré un vestido con mucho vuelo, nadie notará nada.

Solo tú lo sabrás.

Siempre lo tengo presente,

llevas en tu interior a mi hijo...,

sangre de mi sangre.

(Timbre)

Doña Felicia, ¿qué hace aquí?

¿Sucede algo?

-Ya lo creo que sí.

¿Acaso no tiene vergüenza?

¿Qué clase de mujer se cree que es?

-De las que no le gusta que entren en su casa para insultarla.

-Descuide, que no la entretendré en demasía.

Tan solo he venido a decirle que deje en paz a mi hija.

-¿A Camino, por qué?

-No trate de negarlo,

sé que sigue asistiendo a sus clases a escondidas.

Ha hecho bastante daño a mi familia.

Le exijo que deje de verla de inmediato.

-Disculpe, doña Felicia, pero yo no la obligo a nada,

ni he perjudicado a Camino o a su familia.

-Se equivoca.

-Es usted la que se equivoca tratando a Camino como a una niña,

aún sometida a la autoridad de sus padres.

Le guste o no,

es mayorcita para tomar sus propias decisiones.

-¿Cómo se atreve a decirme cómo debo tratar a mis hijos?

-No, tan solo la estoy aconsejando.

Y debería hacerme caso,... si no quiere perder su cariño.

-Es usted la que debería medir sus palabras.

¡Pero ¿quién se cree que es?! -Le ruego que se calme.

-Cuando me venga en gana. -Es posible, pero no en mi casa.

Haga el favor de marcharse.

-¿Ahora se atreve a echarme?

-No, lo ha hecho usted misma con su actitud.

¿Y la señora?

-Al fin se ha quedado dormida. Parece que le ha bajado la fiebre.

Usted también debería descansar, don José,

que hace días que no se separa de su lecho.

-No me pienso separar ni un minuto.

-Usted también puede enfermar, don José.

-No me desagrada la idea,

así los dos correremos la misma suerte.

-Ya verá que no.

La señora es fuerte, ya verá como se recupera.

-Sí, yo también quiero creerlo así,

pero te reconozco que cada día que pasa estoy más preocupado.

-Ayer mejoró un poco.

-Fue una esperanza vana.

Hoy la veo peor que ningún día.

Esas fiebres la están consumiendo.

-Quizás... si le preparo un caldito...

-Ya has visto que no admite ningún alimento.

Y eso la debilita cada día que pasa.

Jesús, María y José,

¿cómo es posible que los médicos no den

con una solución pa lo que está padeciendo?

-Eso me inquieta también,

que, con todo su saber no reconozcan su mal.

Y si no lo logran,

no podrán administrarle tratamiento alguno para curarla.

Arantxa, estoy desesperado.

Yo sin Bellita no soy nada.

Ya lo sé, señor, ya lo sé, ya lo sé.

Pero debemos ser fuertes, sobre todo por ella.

Tenemos que ser fuertes.

La niña.

Hola.

-¿Cómo estás, hija?

Deshecha, padre.

-Pues sí que estamos buenos.

Vengo de hablar con el dueño del café y el dueño del teatro

les he planteado la posibilidad de retrasar el debut unas semanas.

-¿Unas semanas? -Sí, hasta que madre mejore.

-¿Y qué te han dicho?

No parecían muy satisfechos con la idea.

La semana que viene son Navidades y esperaban que el teatro se llenara.

Estaban convencidos que sería un debut de los que hacen época.

No puedo menos que opinar como ellos.

Las condiciones son las ideales,

no debes desaprovechar esta oportunidad, canelita.

Padre, no podría reunir fuerzas para ponerme delante del público,

mi corazón y mi mente están lejos, junto a mi madre.

Somos artistas, Cinta,

el espectáculo debe continuar cueste lo que cueste.

Y eso lo dice usted, ¿no?, que ha rechazado todos sus compromisos.

Mi caso es bien distinto.

No sé en qué.

Yo he iniciado una carrera tardía,

no me costaría nada renunciar a ella.

A mí tampoco. Sí. Te equivocas.

Tú estás en los albores de la tuya, a punto de alcanzar el éxito,

sería un crimen que lo desaprovecharas.

Oportunidades así, solo se dan una vez en la vida.

(Puerta)

-Voy a ver quién es.

Es tu obligación de dedicarle a tu arte el cuerpo y el alma.

Padre, que no puedo.

Sí que puedes, eres una artista como tu madre.

Ella se pondría hecha un basilisco

si se enterase de que tienes esas dudas.

No la falles.

-Señor, han llegado estos informes del laboratorio.

-Sí, los pidió el médico.

¿Qué dicen? -El sobre está cerrado.

-Trae.

No puedo esperar a que los médicos lo lean y después nos cuenten.

Padre, le ha cambiado el color de la cara.

¿Qué dice el informe?

-Señor, que nos tiene con el corazón en un puño.

-Según el informe,...

la paciente ha ingerido...

veneno...

durante varias semanas.

-¿Veneno?

Por mi futuro matrimonio.

(Puerta)

(Puerta)

¿Quién será a estas horas?

¿Usted?

¿Qué demonios hace aquí?

¿Acaso no sabe que no es bien recibida?

Le traigo una información que le concierne íntimamente.

(EXHALA)

Dudo mucho que una vieja bruja de su calaña

sepa lo que me concierne o no en tales cuitas.

Sin embargo, yo creo que le interesará.

Santiago Becerra está muerto.

Finalmente, ha perdido el poco seso que le quedaba.

¿De qué diantres está hablando? He podido verle esta misma mañana.

No, no ha podido hacerlo,

perdió la vida hace ya unos cuantos años.

El hombre que dice llamarse Santiago,

no es más que un vulgar impostor.

Eso es imposible.

Sé muy bien lo que me digo.

No es el esposo de Marcia.

Esa pobre criada es tan viuda como usted.

¿Se lo ha dicho a alguien más?

De momento, tan solo a usted. ¿De momento?

Comprenderá que tengo el deber moral...

de avisar a los implicados.

¿A Felipe y a Marcia? Claro.

Seguro que la nueva les satisface.

Ahora, nadie impedirá que don Felipe

pueda casarse con esa joven y bella mulata.

¡A nadie con dos dedos de frente

se le ocurre montar una galería de arte!

-¿Ves cómo tenía razón con lo de tu reacción?

-Que no.

¡Me da igual! ¡No voy a invertir en un negocio, en una idea tan absurda!

Tu madre ha ingerido alguna sustancia tóxica

durante mucho tiempo.

El envenenamiento se produjo al tomar cierto alimento.

Cada día estoy más nervioso con la idea de la paternidad.

¿No le hace ilusión?

Que no me veo como padre.

He pensado que me voy a hacer un viaje sola.

-¿Adónde vas a ir tú por esos mundos de Dios sola?

-Señá Fabiana, curiosidad y juventud,

no va a ser todo fregar y servir.

¿Adónde vas?

-Al herrero, ya se lo he dicho. -No vas al herrero.

Vas a ver a la pintora esa.

-Eso no es verdad. -Camino, lo sé todo.

Ser burlada por César Andrade y por ese falso Santiago,

debe ser humillante.

Fuera de aquí o solo Dios sabe cómo acabará esto.

¡Fuera!

Quiero que me obedezcas y te dejes de estupideces.

-¡Es usted una retrógrada sin remedio!

Una insensible.

¡Y la odio! -¡Basta!

-Señor Domínguez,

primero tendremos que saber qué veneno ha ingerido su señora.

Una vez lo tengamos claro, solo tendremos que dar con el antídoto.

Curiosa historia la de Marcia y Santiago, ¿no cree?

¿Nunca ha dudado Marcia de él?

No la entiendo, señora.

¿Ha dicho antídoto?

¿Eso quiere decir... que Bellita ha ingerido un veneno?

-(ASIENTE)

Si vas a vivir es porque todavía tienes un trabajo

que hacer para mí.

Pero que no quepa ninguna duda,

si no lo terminas, acabarás en una zanja.

¿Y si decido echarme atrás?

No quiero mancharme las manos de sangre

y terminar en el garrote.

No está en mis planes.

Escúchame bien, Santiago o cómo demonios te llames,

haz lo que te ordeno, y después, llévate a tu mujer lejos de aquí.

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Acacias 38 - Capítulo 1165

23 dic 2019

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Ana María

    Solo espero que los guionistas no hagan "desaparecer" a Marcia, sería una pena que no volviéramos a disfrutar de la pareja que hace con Felipe. Puede que la señora que dice estar embarazada en realidad no lo esté, ya que lo que lo que ambiciona es casarse con Felipe y, si lo está, el bebé no es de Felipe sino de Santiago. Por éso tengo esperanzas de que esa boda no se celebre y Felipe y Marcia vuelvan a estar juntos. Me encanta la pareja.

    24 dic 2019
  2. Marcela

    El que Santiago NO es Santiago, no tiene pies ni cabeza; solo con ver la cara de sorpresa de Marcia al aparecer su, supuestamente muerto marido, no caben dudas que ella lo reconoció como tal, tampoco fueron TANTOS años los que pasaron. Los guionistas se metieron en un berenjenal con este tema que quiero ver como lo resuelven

    24 dic 2019
  3. lina

    No es difícil que Marcia creyera que es su marido por varias cosas. 1. Han pasado muchos años y es lógico que cambie. 2. Seguro que se parece a su marido. 3. Ella y él son de distintas razas, y es más difícil difernciar dos personas que se parecen y no son de tu raza que si son de la misma raza.

    24 dic 2019