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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1163 - ver ahora
Transcripción completa

No se rechaza a alguien así como así.

Quiero que la persona que se case conmigo,

si alguna vez vuelvo a casarme, también esté enamorada de mí,

no que me pida matrimonio por obligación.

-¿Qué me está pasando?

-Na, que te has puesto pachucha.

Pero ya ha venido el médico, están viendo qué medicinas

hay que darte para bajar la fiebre.

No te puedes marchar.

Quédate aquí y criemos juntos a ese hijo.

La decisión está tomada. ¿No hay nada que pueda hacer?

Estoy dispuesto a todo. Eso tendrás que demostrarlo.

Lo que voy a hacer es prepararle un té de los que le gustan.

-Perdone, doña Margarita, pero no. -¿Y por qué?

¿Quién eres tú para decir lo que puede tomar tu señora y lo que no?

-No soy yo, es el médico el que lo ha dicho,

que nada de infusiones,

que solo puede tomar la medicina que le ha prescrito,

y el caldo de gallina.

¿Qué hace esa mujer en el barrio y vestida de monja?

Es imposible controlarla.

No sé si con el hábito pretende hacernos creer que ha cambiado

o por el contrario, quiere asustar más.

-El número, el villancico...

¡Lo que dice la tía es que compremos lotería de Navidad!

Don Felipe Álvarez-Hermoso fue atropellado.

No es mi culpa si la medicina lo ha salvado.

El trato era impedir que declarara.

Y ahora, deme esa información,

o descubrirá el daño que le puedo hacer aquí dentro.

Mi esposo y Maite han entrado en un edificio del centro

y no salieron hasta casi pasada una hora.

No quiero pensar qué pudieran estar haciendo.

Sé que lo que le pido es importante y que hay que pagarlo bien.

Esto es solo un anticipo.

¿Y me daría otro igual que ese?

Otros diez.

Qué diferente sería la vida en Cuba con ese dinero, ¿no?

¿Seríamos los dos los que lo haríamos?

Mano a mano, tú y yo.

Si nos salvamos, lo hacemos los dos,

si caemos, también lo haremos juntos.

Y la manera de que ninguno hable. Así es.

¿Aceptas?

¿Qué dice, qué tiene madre?

-Han encontrado algo raro en la sangre y no saben lo que es

lo tiene que ver un especialista.

Es una imprudencia.

Será la última vez, te lo aseguro.

Por favor,

di lo que tengas que decir y márchate.

Ha venido a verte con todo el dolor de mi corazón,

esto no es fácil,

pero es menester que te enteres por mí.

Genoveva está en estado de buena esperanza.

Supongo que...

he de darte la enhorabuena.

Esto no es lo que yo quiero, no es lo que me hace feliz.

Tal vez sea lo mejor para los dos,

así ponemos fin a cualquier vana esperanza.

Sí.

Ahora mi obligación es...

contraer matrimonio con Genoveva.

Es lo que le corresponde a un hombre de bien como tú.

Pero nuestros caminos se separarán definitivamente.

Si pudiera elegir con quien disfrutar todo mi amor,

lo haría contigo sin pensármelo dos veces.

No tiene sentido que pensemos en lo que pudo haber sido

y nunca llegará a cumplirse.

Te recuerdo que esto es una espina clavada en mi pecho

que me torturará siempre.

No, yo no quiero eso, Felipe.

Quiero que cuando pienses en mí,

recuerdes los momentos felices que disfrutamos juntos,

y como por un instante llegamos a tocar el cielo.

Así que, desecha toda amargura.

Lo intentaré,

aunque no me va a resultar fácil,

ahora tengo que cumplir mis obligaciones con Genoveva.

No puede ser de otra forma.

Ahora, será mejor que te marches.

Antes de irme, quiero preguntarte algo,

¿eres feliz con Santiago? Felipe,...

es mi esposo... y me debo a él,

no necesitas saber más.

Si en algún momento te maltrata de alguna forma, por favor, dímelo.

Estoy aquí para lo que necesites.

Estoy dispuesto a darle su merecido si es necesario.

No te apures, es un buen hombre.

No estoy tan seguro. Créeme,

ha cambiado mucho después de pasar por la cárcel,

tanto que, a veces me resulta un extraño.

La cárcel suele cambiar a las personas,

pero nunca para bien. No en este caso.

Aunque pueda parecer inquietante,

generalmente se comporta como el hombre más tierno del mundo.

Marcia,

te deseo lo mejor, de verdad,

pero... imaginarte con otro hombre,

me mata por dentro.

Contén esa desazón,

no nos queda otra que aceptar nuestro destino

y tratar de vivir lo más sosegadamente posible.

-Ya está bien,

te estás arriesgando mucho, Marcia.

Don Felipe, tiene que irse, se lo ruego.

No dejaré de quererte

ni un solo instante de lo que me queda de vida.

Hasta siempre, amor mío.

(Sintonía de "Acacias 38")

Estoy desolado, la preocupación por mi mujer no me deja ni pensar.

-Al menos tómese un café, señor,

que no come nada desde que se desmayó la señora,

y eso no hay quien lo aguante. -Gracias, pero no me entra na.

-Por que no traes unos dulces, a ver si se anima tu señor.

No sea que Jose también enferme.

-Muy bien. He preparado intxaursaltsa.

A ver si les gusta.

-Debe sosegarse

y dejar que los médicos hagan su trabajo.

-Eso es lo que más me inquieta,

que no tienen ni idea de la dolencia que aqueja a mi esposa.

-Tenga fe en la ciencia,

está avanzando una barbaridad.

-Seguro que encuentran una cura en un decir Jesús.

-Ojalá sea como dicen,

pero no estoy yo tan convencido.

Me cuesta horrores parecer animado delante de ella y de mi hija.

-¿Cinta sabe lo mal que se encuentra su madre?

-Así es. Por momentos, pienso que debería habérselo ocultado.

-No crea,

ella tiene derecho a saber lo que está pasando.

-Sigue siendo una chiquilla, esto le va a afectar muchísimo.

-Pensamos que nuestros hijos son unos chiquillos,

pero son mucho más fuertes de lo que nos creemos.

-No sé si va a levantar cabeza con todo esto.

-Verá como sí.

Anímese, todos juntos van a salir adelante.

Son un modelo de familia.

-Lo hemos sido hasta ahora.

Lamento tanto haber descuidado la relación con mi esposa...

Me he centrado demasiado en mi éxito en el teatro

y no me he dado cuenta de lo que me necesitaba.

-Un éxito como el suyo no es fácil dejarlo a un lado,

no debe culparse.

¿Qué piensa hacer con la propuesta de Golden?

-Puf, no sé,

ahora no tengo la cabeza en ese asunto.

-¿Qué propuesta es esa?

-Un... productor americano

me ha ofrecido viajar con él a Los Ángeles,

a California

para participar en una película.

-¡Pero bueno, menuda oportunidad!

-Que no sé si dejaré pasar.

El americano tendrá que esperarse.

-¿Cómo está la enferma?

-Muy animosa, aunque la he visto un poco débil.

Nos preocupa que mi madre trata de no parecer enferma,

pero es todo fachada, ella odia dar pena.

-Enseguida le pongo un café, doña Carmen.

-No, no te preocupes,

no quiero incordiar,

me parece que es hora de que nos vayamos.

Don Jose estará deseando estar con Bellita.

-Pamplinas, a Jose lo que le va mejor es un rato de tertulia

con los amigos.

Además, no quiero perderme las "inchasalsas" de Arantxa.

-Rosina, cariño, querrás decir intxaursalsa.

-Lo que decía yo.

Demos cuenta de ello.

-Haga un poder y tome un dulce, le hará bien.

(SOLLOZA)

(Puerta)

¿Puedo pasar?

¿Qué te pasa, muchacha?

Desde que hablaste con Felipe, no paras de llorar.

-Soy la mujer más desgraciada del mundo.

-Y no te lo discuto, hija,

pero tienes que hacer de tripas corazón y sobreponerte,

no puedes dejar que tu marido te vea de esta guisa.

No me entra en la sesera

el por qué don Felipe y tú no dejáis de una vez de marear la perdiz.

Vosotros no podéis estar juntos, Marcia,

y punto redondo.

-A eso ha venido Felipe, a terminar con lo nuestro.

-Me alegro de que al menos alguien sea sensato,

porque tú no lo has sido

y mira que te he dicho veces que Santiago no es mal hombre.

Mi niña, ¿qué te pasa con tu marido, hija?

-Es difícil de explicar, como si no me parecieras tú.

Como si fueras otro.

-¿Cómo puedes dudar de nuevo de quién soy?

No lo entiendo.

¿Qué ha pasado para que vuelvan tus temores?

¿Has dicho una mentira para probarme?

-Has caído en mi trampa.

-¿Qué trampa?

¿Que te he ocultado que no recuerdo bien mi pasado?

No quería decepcionarte reconociendo mis olvidos.

-Muchacha, contéstame, por Dios.

¿Qué tienes, qué tienes?

-Buenas noches.

¿Qué ocurre, Marcia?, estás llorando.

-Con permiso, yo ya me iba. Les dejo solos. A más ver.

-¿Qué ocurre?

-No te preocupes.

Es por la desazón que me produce tener que declarar ante el juez

contra Andrade.

-Maldito sea ese hombre.

¿Quieres que te acompañe? -No.

No, eso me pondría más nerviosa.

El comisario Méndez vino a darme instrucciones de cómo debía actuar.

Espero hacerlo bien. -Seguro que lo harás bien.

Tienes más aplomo del que te crees.

Santiago,...

me he acordado de tu juicio en Manaos.

Yo iba muy preparada para defenderte,

pero me puse nerviosa y salí llorando del estrado.

¿Lo recuerdas? -Sí, claro,

fue muy duro verte sufrir.

-Yo aún lo recuerdo como si fuera hoy.

Me deje los pocos cuartos que teníamos en pagar a un abogado.

¿Cómo se llamaba?

-No sé, hay cosas que es mejor olvidar.

-Era un hombre desagradable y aprovechado,

solo quería robarnos el dinero.

Seguro que Andrade le pagó

para que no te defendiera bien.

-Sin duda,

ese juicio estaba amañado.

Aquí le dejo el pedido de la mantequería.

No, no.

No se tenía que haber molestado en traerlo.

No me causa problema que mande a Marcia a esta casa.

No le conviene andar cargando en tu estado.

No se preocupe.

Yo no puedo estar todo el día pará detrás del mostrador.

Los pedíos que no pesen se los traigo yo,

y así charlamos una miaja. Como mejor te venga.

Buenos días.

¡Qué bien le veo, don Felipe!

Es usted más duro que los mozos de Cabrahígo,

y allí, burros y duros son.

Gracias, Lolita, me lo tomaré como un cumplido.

Ea, a más ver.

Con Dios. Con Dios.

Puedes pasar y sentarte si quieres. Espera.

Venía a decirte que... he roto para siempre con Marcia.

Nunca será un impedimento para nosotros.

Me cuesta creerlo.

Te aseguro que es así. Le he dicho que estás en estado

y que quiero que nuestro hijo nazca en el seno de una familia,

es mi deseo y mi responsabilidad.

¿Se trata solo de eso, de tu responsabilidad?

No, no, no, no,

si te pido matrimonio, no es solo por obligación.

Hay sentimientos

muy profundos y sinceros que, desde hace tiempo, albergo por ti.

¿Cómo cuales?

Agradecimiento,

pasión,

emoción por estar al lado de una mujer de armas tomar.

Ese niño

no es solo mi responsabilidad, es sangre de mi sangre,

lo que siempre deseé con Celia y nunca me fue posible.

Por eso, te pido por favor,...

que te cases conmigo.

Está bien, me casaré contigo.

Pero si descubro que lo que acabas de decir es mentira,

las consecuencias serán terribles.

He sido totalmente sincero.

Me barrunto que ha sido tu primo el que te ha pedido que hables conmigo.

-Sí, no te voy a engañar,

está mu preocupao con eso de que te saque Servando la muela,

cree que te puede desgraciar.

-Qué exagerao que es.

-Yo tampoco me fiaría de Servando,

y menos pa que me esté trasteando la muela.

-(SE QUEJA)

Servando es to un señor

y si se compromete con algo, lo hace.

Si no te digo yo que no te saque la muela,

pero a saber el destrozo que te organiza.

-Pero me ha dao garantía del trabajo.

-Prima, eres más cándida que un niño de pecho, mujer.

¿Qué garantía te ha dao?

-Dice que me va a apañar sí o sí.

¿Crees que no preferiría ir a un buen barbero?

-¿Qué te lo impide?

-Qué va a ser, los cuartos,

me piden una fortuna por un tirón de na.

-De verdad, ojalá nos toque la lotería,

salimos de pobres y nos dejamos de cuitas pa los restos.

-¿De verdad crees que la tía Anita va a atinar con el número?

La primera vez fue una plancha de las de órdago.

-Estoy convencida de que esta vez nos forramos.

Ahora tengo que pedirle a doña Rosina

que me pague los jornales atrasaos, y con ese dinero, comprar el número.

(Puerta)

-Te dejo, prima, que por ahí viene.

-Ya estabas de palique con la del quiosco y la casa sin barrer.

-No me diga eso, señora,

si lo primero que hago es pasar la escoba.

-Es una forma de hablar, estulta.

¡No quiero que pierdas el tiempo! -Y no lo pierdo.

Le estoy preparando ese guiso de costillas que tanto le gusta,

ya le he zurcido las enaguas.

Y en un segundo estaré dispuesta a recibir sus órdenes.

-¿Qué andas buscando?

No te quejas de que te regañe, andas de lo más servicial...

-Tú buscas algo. -¿Yo?

No.

Pero si usted tuviera a bien pagarme los jornales atrasados,

me vendría de perlas.

-Ay, no tengo dinero. -¿Cómo que no?

Si ayer fue al banco, señora.

Hombre, hace mucho que me tenía que haber pagao esos jornales,

y se acercan las Navidades.

Haga el favor, que necesito el parné.

-¡Rediez, cállate ya!

Parece que te ha hecho la boca un fraile, no sabes más que pedir.

-¿No me da el aguinaldo?

-No perdonas una.

Toma, luego no digas que no soy generosa.

¿Sabes dónde está Liberto?

-Sí, en la pensión tomando café con los señores.

-Al menos lo tengo controlado y a la vista, ¿no crees?

-Yo de esas cosas no sé,

pero si le puedo decir

que he encontrao una botella de champán en su escritorio.

-¿Cómo que una botella de champán? ¿Estás segura?

-Sí, pa chasco que sí. Estaba en el escritorio escondida.

Pero luego he vuelto a mirar y ya no estaba,

la habrá cambiado de sitio. -Ay, Dios mío.

Champán escondido, citas secretas, alquileres...

No, no puede ser, otra vez infiel no puede ser.

Baja a ver si sigue en la pensión, por favor.

-No, lo siento en el alma,

yo no quiero seguir espiando, que luego me sienta muy mal.

-¡Tú harás lo que yo te diga!

Para coger el dinero no te ha faltado tiempo.

-Usted me paga por limpiar y hacer la casa, no por ser una fisgona.

Mejor le iría si hablara con él y aclarara las cosas.

-¡Tú no eres nadie para decirme lo que tengo que hacer!

Si no quieres ayudarme, descuida, arrieritos somos.

No te preocupes, yo me ocupo de mi esposo.

No hace falta.

Cinta, cariño, tienes que ser fuerte,

pase lo que pase, has de mantener la templanza.

No sé si podré.

Sin Bellita al frente de la casa, tu padre está perdido,

debes de coger las riendas mientras ella mejora.

Difícil tarea me pide,

mi madre es la luz y la guía de esta casa.

-¿Qué pasa?

Felicia. -Bellita.

-Niña, ¿y esas lágrimas?

Ni que se estuviera muriendo alguien.

No, madre, es un mosquito que se me ha metido en un ojo.

Menos mal que bailas mejor que mientes.

¿Han llegado ya mis análisis?

No, todavía no sabemos nada.

-Su hija me contaba lo bonito que está quedando su debut.

-Estoy segura que todos se van a quedar con la boca abierta.

No sé lo que haces aquí sentada,

ve a ensayar, que te quedan pocos días.

No se apure madre, lo tengo todo listo para el estreno.

Espero estar bien para poder verte.

-Seguro que para la Navidades está como una rosa.

-Me encantan esas fechas,

sobre todo el estar con tus seres queridos.

Felicia,...

me gustaría que las pasáramos juntas las dos familias.

-Claro que sí,

pero ¿no sé si estará usted para recibir invitados?

Eso ya se verá, lo importante es que usted se recupere.

Y no se agote, si quiere venir a verme.

-Sí, eso es lo más importante.

Dios tiene que concederme esa alegría.

Claro que sí.

Mi actuación será para usted.

Por mí

y por tu público.

Seguro que vas a triunfar, hija mía.

Y usted viajará conmigo

para aconsejarme y apoyarme en las giras.

-Ya verá como todo sale de perlas.

La actuación de su hija será un éxito

y la boda de nuestros hijos, perfecta.

Todos los pesares van a desaparecer en un tris.

-Qué bonito me lo pintan todo.

-Buenos días.

-Buenas.

-Está de lo más animada.

Hoy está mucho mejor.

Bueno,

las dejo solas,

voy a acompañar a doña Felicia a la puerta.

Chao.

-Cuídese.

-Gracias.

-Con Dios. -Con Dios, querida.

-De verdad, me alegro muchísimo de su mejoría.

-No se engañe,

es todo comedia,

mi familia no me lo quiere decir,

pero no me hace falta saber el diagnóstico.

Mi cuerpo me lo dice a gritos.

Me estoy muriendo, Margarita.

Ahí.

-Jacinto, ¿dónde anda la Marcelina?

-Se ha ido a recostar, tenía tanto dolor de muelas,

que no podía atender el quiosco ni na.

Una docena.

-Ay, pobre mujer, es que eso no es vida.

-Eso digo yo,

pero está empeñada en que se lo tiene que arreglar Servando.

-No sabe en qué manos se va a poner esa desgraciada.

Servando no tiene tino pa eso, bueno, ni pa ninguna cosa.

-¿Cree uste que como marido suyo que soy, debo imponerme

y no dejar que Servando haga un estropicio?

-Mejor no se meta, no salga trasquilao,

que eso es mu malo pa un pastor.

Con lo terca que es la Marcelina y lo manipulador que es Servando,

seguro que le iba de pena.

-Qué dolores de cabeza me da mi parienta.

Si nos tocara la lotería con el número de mi tía,

otro gallo nos cantaría. -Por cierto, ¿cómo va eso?

-Casilda y yo pensábamos que la tía estaba revirá con nosotros

por haber comprado lotería pero no del sorteo de Navidad.

-¿Tiene el billete de ese número? -(RESOPLA)

Buscando estamos.

-Yo sí.

Lo he encontrao en la otra punta de la ciudad.

¡Ahora sí que vamos a ser ricos!

-Espero que así sea,

que gastar tanto dinero en la lotería no es pa pobres,

y ya lleváis dos décimos gastaos. -To sea pa bien.

-En fin, me voy a mis quehaceres.

Jacinto, dígale a Marcelina que se mejore.

-Espere, espere, que quiero preguntarle una cosa.

¿Cree que podría haber algo de enjundia entre Arantxa y el sereno?

-¿Ha visto, señá Fabiana?

-Y luego dicen que las cotillas somos nosotras,

y aquí está mi primo cotilla preguntando.

-Y está siendo de lo más inoportuno.

La pobre Arantxa con lo que está pasando con su señora,

seguro que no tiene la cabeza pa ruidos.

-Ya lo supongo, pero esto viene de mucho antes.

Antes de que doña Bellita cayera enferma,

vi a Arantxa besándose con Cesáreo.

No puede ser que el juez haya admitido

que Felipe Alvarez-Hermoso declare fuera de plazo.

-Así es, y no podemos hacer nada por evitarlo.

-Es usted un inepto,

permite su declaración igual que permitió la de Marcia.

-No tengo medios para evitarlo.

-Puede poner todas las excusas que se le pasen por la cabeza,

pero el que va a seguir en la cárcel soy yo.

¡Esa mujer va a declarar hoy y no va a hacerme ningún favor!

-Tiraré por tierra su testimonio.

-Puede que con ella lo consiga.

Pero ¿podrá hacer lo mismo con un abogado experimentado como Felipe?

Tenía que haber impedido que acudiera al juicio.

-Hay asuntos que están lejos de mis competencias.

Yo no soy Dios.

-No le pido tanto,

lo único que hace falta es dinero

y, Genoveva nos prometió poner todos los medios necesarios

para mi defensa.

Hable con esa mujer y exíjale

que Felipe Álvarez-Hermoso

no llegue al juicio.

-Me temo que es demasiado tarde, debemos pensar en otra cosa,

si le sucediera algo más al señor Hermoso, nos pondría en evidencia.

-Genoveva no está haciendo lo suficiente

por librarme del presidio y lo va a pagar.

-Gracias a ella, los periódicos hacen caso omiso a este juicio.

Ha conseguido mantener a raya a los editores.

Tenía que haber sobornado al juez. -¡Eso son palabras mayores!

Es muy difícil comprar a un magistrado.

-No, no, no, siempre se puede hacer más.

¡Todo tiene un precio en esta vida!

Solo es cuestión de poner el dinero suficiente encima de la mesa.

-No sé si estará dispuesta. -¡Más!

¡Quiero más!

¡Quiero el compromiso absoluto de Genoveva!

De no ser así no dudaré en destruirla.

¡Dígaselo!

-No es el mejor momento.

-Me importa un comino lo que piense usted.

Dígale que si no se encarga de sacarme de aquí,

desvelaré todo nuestro acuerdo. ¿Está claro?

Guardia.

¿Sabe lo que se hace? -Calla, que me distraes,

que si me equivoco de muela, tenemos que empezar de nuevo.

-Pero tenga cuidao, que me está haciendo polvo.

-No seas quejica,

como te va a doler, si te estoy atando el cordel en la muela.

-Si no lo digo por eso,

que me está clavando el codo en una teta.

-Haga el favor, que es mi mujer.

-Yo tengo el mayor de los respetos a tu señora esposa, hombre.

A ver, que yo soy un profesional,

yo no me fijo en los pechos,

sino en dientes.

Acabe de una vez, Servando,

que todavía no ha empezao a tirar.

-Sosiégate, Marcelina,

que esa muela va a salir disparada como los cohetes de feria.

-¿Estás segura?

Que estamos a tiempo de buscar un barbero.

-Ya no hay tiempo.

Soy capaz de cualquier cosa pa que cese este dolor,

que esta muela me está volviendo loca.

-Seguro, que hay que estar mal de la cabeza pa ponerse en manos de este.

-Oye, que yo sé muy bien lo que hago.

-¡Si seguro que es primera muela que quita!

-La segunda, le quite una de leche a un sobrino mío en Naveros.

-Poca experiencia me parece esa. -Bueno, oye, mira,

mira, mira, mira, toma, toma, toma,

hazlo tú.

Hazlo tú, valiente, hazlo, hazlo, hazlo, hazlo.

-Yo no me atrevo.

Pero la ignorancia es muy atrevida, y a ignorante no le gana nadie.

-Aquí el científico, que hasta hace na solo sabía apacentar ovejas.

-¡Basta ya de discusiones y sacadme esta maldita muela de una vez!

Me está matando.

-Bueno...

Vamos a proceder a la extracción.

Este método se llama máster portazo:

portazo maestro.

Se trata de aplicar la suficiente fuerza en la puerta al cerrarla,

para que la pieza infectada salga del cubículo vocal

del paciente en un tris.

Esto es infalible, esto lo hacían los romanos.

-Dudo que en la antigüedad tuvieran puertas.

-¡Y más gordas las tenían!

¿Estás preparada, Marcelina?

-Sí, sí, sí.

-Pues vamos allá.

-(MARCELINA GRITA)

-Leche, no sé que ha podido ocurrir, si esto nunca falla.

-No le ha sacao la muela y ha roto la puerta.

-¿Qué culpa tengo yo de que Marcelina tenga las mandíbulas

tan fuertes como tienes tú tan flojos los pomos?

Es que...

-¿Y ahora qué hacemos? Si la muela me duele más todavía.

Marcia.

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

¿Cómo va el juicio contra el malnacido que te secuestró?

Espero que ese criminal se pudra en la cárcel.

-Yo no le deseo mal a nadie, pero sí pido justicia.

-Justicia es que le encierren y tiren la llave a un pozo.

-Al menos, para que no haga más daño.

Esta tarde tengo que ir a declarar ante el tribunal.

-No sabía que te presentabas como testigo.

-Así es,

me han llamado para que testifique y allí estaré.

-Eres muy valiente, ver otra vez a ese hombre,

no debe de ser plato de buen gusto.

-Le agradezco su apoyo.

Le dejo, que tengo que llevar este pedido antes de ir al juzgado.

-Con Dios. -Con Dios.

-Camino, ¿adónde vas con la carpeta de dibujo?

¿Vuelves a tener clase?

-No, ya no tendré más clases. -Ah.

¿Y por qué paseas tus obras de arte? Pretendes venderlas.

-No sería mala idea si alguien me diera un duro por ellas,

pero me temo que eso no es posible.

Ahora que he dejado mi carrera como artista aparcada,

he pensado regalárselas a una amiga.

-¿Se puede saber quién es esa señorita?

-Ya le digo que una amiga, da igual,

el caso es deshacerme de estos recuerdos.

-Debes pasar página,

tú madre está muy preocupada por tu futuro.

-Lo sé, como sé también que solo quiere lo mejor para mí.

-Pues no debes causarle más problemas,

ni a ella ni a ti misma.

-Tranquilo, Cesáreo, lo último que quiero es disgustarla.

-Me alegro, doña Felicia se merece todo el respeto del mundo.

-No tengo duda.

Ahora, si me lo permite, marcho a entregárselos a una amiga.

Muy bien, espero que le gusten.

Con Dios.

-"Camino es una niña dócil"

que, como muchas otras ha tenido una época rebelde, pero ya pasó.

-Me cuesta creer que las cosas hayan vuelto a su cauce.

-Sí, Emilio, se habrá cansado de seguir

las ideas peregrinas de Maite y de pelear con su madre.

-Ojalá tenga razón y vea fantasmas donde solo hay sábanas.

¿Qué tienes? ¿Qué le ha pasado a tu madre?

¿Qué más quieres que le pase? Sigue postrada en cama.

-Menos mal, pensaba que había ocurrido una desgracia.

¿Ha pensado que había pasado lo peor?

Siento decirle que sí. La verdad es que no es de extrañar.

Mi madre está muy enferma

y los médicos están perdidos con su diagnóstico.

Es lógico,

tendrán que tomarse su tiempo para estudiar un caso tan inusual.

Me temo que no, solo nos dan largas.

-Ten paciencia, Cinta,

has de ver como encuentran una cura para ella.

Debes tratar de sobrellevarlo de la mejor manera posible.

-Sí, busque algo que la mantenga entretenida.

-Sí, podrías retomar los ensayos, tu debut está muy cerca.

Y las Navidades.

Seguro que todo mejora en fechas tan señaladas.

Me gustaría pensar así,

pero todo lo veo del color de las hormigas.

Mi madre está muy enferma y ella es el soporte de la familia.

Se pondrá bien.

¿Y si no es así?

¿Qué pasará con mi padre y conmigo?

Nunca podremos superar su perdida.

No te tortures con esos pensamientos tan lúgubres.

Lúgubres, pero posibles.

Voy a hablar con el dueño del café y con el duelo del teatro.

Piénsalo bien, vas a perder una oportunidad de oro.

No te precipites.

Los acontecimientos pasan rápido

y tengo que estar preparada para todo.

Cancelo mi debut.

-¿Estás segura?

Es...

un paso que a lo mejor no tiene un paso atrás.

Ojalá que doña Bellita se reponga tan rápido como don Felipe,

que en un tris, estaba recuperado.

-Sí, si todo evoluciona correctamente,

podrá declarar en el juicio de Andrade.

-Como Marcia, que va a ir al juzgado.

-Espero que le vaya todo bien.

En fin Fabiana, muchas gracias por la charla y por el café.

-No hay de qué.

-Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios, Cesáreo.

Está mu callao hoy, Cesáreo,

y no hace más que marear ese café.

-Como con mi cabeza, que ando dándole vueltas a varias cosas.

-¿Qué es lo que le desasosiega?

-No sé qué decirle.

Si uno sabe algo que otro debería saber,

¿está obligado a contarlo? -Es de suponer que sí.

¿Aunque ese algo pueda perjudicar seriamente a otro

que ni siquiera sabe que uno sabe la verdad

y menos sabe que se la va a contar?

-Ay, a ver si aclaramos ese galimatías, hombre.

-A ver,... ¿quién es ese alguien

y de qué se ha enterado que tiene que contarle a quien?

-No puedo decírselo.

-Hable claro si quiere que le ayude con sus cuitas.

-Está bien.

Pero lo que le cuente aquí no puede cascarlo fuera.

-¿No soy yo la más discreta del barrio?

-He descubierto que Camino ve a la pintora a espaldas de su madre,

y esta cree que por fin se ha librado de tan nefasta influencia.

-Y usted no sabe si ir con el cuento a la madre o no.

-Justamente. Camino está engañando a doña Felicia

y, eso no está bien, pero si se lo cuento a la madre,

va a arder Troya.

-Y uste tampoco quiere jeringar a la chiquilla, ¿verdad?

-Lo mismo ella no es tan consciente de que está faltando a su madre.

No sé qué hacer. -Lo que tiene que hacer es pensar

si doña Maite es una mala influencia para la muchacha

o es que doña Felicia le ha cogido tirria.

Y después, obrar en consecuencia.

-Gracias por la ayuda, Fabiana,

pero ahora tengo más dudas que antes.

Cóbrese.

-"No tenías que haber venido".

No he podido evitar pasar por el estudio, me moría de ganas de verte.

-¿Crees que yo no quiero verte? -Espero que sí.

Claro, pero tenemos que tener cuidado y ser discretas...

-Deja de regañarme y disfruta el momento.

-Está bien.

Pero solo unos minutos.

-O un poco más.

No puedo volver ahora con mi madre,

qué pesada que está con buscarme un pretendiente.

¡Cómo si yo necesitara tal cosa!

-Ya, pero tendrás que seguirle la corriente.

-He conocido a uno y ya me tiene concertada una cita con otro.

Este le interesa más, su familia está bien situada.

Tiene muchas expectativas.

-Bueno, tu madre siempre ha querido buscarte una buena boda.

-Pues va a estallarle.

-Pero que no note tu desinterés.

Seguirle el juego a tu madre nos permitirá permanecer juntas.

-Ya, lo sé.

Tendré que fingir mostrar interés por esos caballeros,

pero eso no cambia nada entre nosotras,

lo hago solo por mantener las apariencias y que no sospeche.

-Lo sé.

Pero tienes que obedecer a Felicia, ¿vale?

-Quiero enseñarte

algunos de los dibujos que he hecho nuevos, a escondidas.

No quiero abandonar mi vocación,

como no quiero dejar de ser tu amante.

-Eres muy buena para ambas cosas, así que, no abandones ninguna.

¡Guau!

-Tienes cuadros nuevos, ¿estás pintado mucho?

-Sí. Bueno, últimamente estoy muy inspirada.

-¿Puedo verlos? -No, tienes que irte a casa.

-Más tarde.

Me encanta el tratamiento de color que le has dado a este,

la elegancia y la alegría que tiene es digna de un paisaje de Matisse.

A ver este otro.

Este me gusta más.

Me recuerda a una mañana de verano.

-"Los Domínguez llevan peor la enfermedad de la madre".

He visto pasar a la pobre Cinta llorando como una magdalena.

-Estaba yo en el restaurante cuando ha entrado,

no cree que pueda debutar cuando lo tenía planeado.

-Quién tiene ganas de bailar y cantar

cuando la madre tiene un pie en...

-Desde luego, Jose está muy mal,

ayer se olvidó de avisar al teatro de que no iba a acudir.

-Madre mía, vaya estropicio.

-Desde luego,

el director de la compañía está que trina con sus ausencias.

-Normal. No es profesional hacer algo así.

-Bueno, don Jose no es un profesional del teatro al uso,

y estando Bellita como está, es normal que se haya olvidado.

-Qué papelón que se suspenda una función por tu culpa.

Se va a cargar su carrera en un tris,

con tanta ausencia, no van a querer contratarle.

-No os imagináis lo mal que están Cinta y Emilio,

más que una boda, parece que preparan un el entierro.

-Cariño, no me seas gafe.

-Pero bueno, Marcia, qué elegante,

el juez se va a caer de culo cuando te vea.

-¿No me habré pasado arreglándome? -No,

vas elegante y sobria, justo como se debe de acudir a un juzgado.

-Tengo que darles las gracias

por dejarme salir antes para poder ir a declarar.

-De gracias nada.

Solo faltaría que por mi culpa, ese rufián saliera de rositas,

tú tómate el tiempo que sea menester.

Asegúrate que ese no sale del calabozo pa los restos.

-Don Ramón,

a usted si que tengo que agradecerle

que lograra que me aceptaran como testigo.

Estoy lista para verme la cara con ese hombre.

-No tengo ninguna duda.

Lo vas a bordar.

Me asombra la entereza con la que te tomas este asunto,

otra en tu lugar no habría tenido tanto valor.

-Será por todo lo que he pasado en mi vida.

-No tengas piedad con él,

duro y a la cabeza.

-Pero Marcia,

¿de verdad te sientes preparada para enfrentarte a él?

-Sí, me asiste la razón y la verdad.

Además, el comisario Méndez estuvo preparándome

para enfrentarme al interrogatorio.

-Tú sé sincera y con la verdad por delante.

Eso será suficiente para condenar a ese demonio.

-Ya verás, este va a ser el final de César Andrade.

-Ahora vete, no sea que llegues tarde.

-Con Dios.

Doña Genoveva, acompáñeme, por favor.

¿Ha perdido el oremus?

Estamos en la calle a plena luz del día,

puede vernos cualquiera.

Tiene que escucharme.

No pienso hacerlo, me está poniendo en peligro.

Es solo un minuto, tengo que irme al juicio inmediatamente.

Está bien, hable rápido. Andrade va a ir a por usted.

No veo por qué. El juicio no va bien.

La negrita hablará hoy y Felipe mañana,

y esto es un desfile de puñales.

Haga su trabajo y a Andrade no le pasará nada.

Me tengo por un buen abogado, pero no por un mago.

La sentencia va a ser dura.

Y él sabe que usted no hace lo suficiente.

Desde luego, no es una de mis prioridades,

es más, espero terminar muy pronto

mis compromisos con él.

Lo que él sabe de mí dejará de ser un problema muy pronto.

Espero que esté segura de sus movimientos, arriesga mucho.

¿Usted del lado de quien está?

Del suyo, por supuesto. ¿A qué viene esa duda?

¿A qué se debe esta reunión?

A nada, simplemente preguntaba por usted,

y pensé que la señora podría darme razón de su persona.

¿Ha venido para verme? ¿Para qué?

Simplemente, quería felicitarle...

por haber logrado que acepten su declaración fuera de plazo.

Ha tenido que mover contactos de mucho peso para lograrlo.

¿Está seguro de que quiere enfrentarse al señor Andrade?

¿Ha venido hasta aquí para amenazarme?

Si es así, se equivoca, mañana estaré ante el juez,

a menos que Andrade y sus matones vuelvan a atentar en mi contra.

Yo solo quería avisarle.

Es un movimiento muy torpe por su parte, no le creo.

Piense lo que quiera, nos veremos en el juicio.

Señora.

¿Qué te ha dicho?

Nada, solo me preguntó por ti.

¿Nos vamos? Me siento un poco indispuesta.

Sí, vamos.

Me da que la primera salida de don Felipe a la calle

no ha sido muy provechosa,

llevaba una cara de ajo que tiraba para atrás.

-Ya le he visto, no parecía muy contento.

¿Y esa botella?

-De un cliente que ha salido a la calle a tomarse una copa.

-¿No se la estará pimplando usted sola?

Que luego dice que tiene alucinaciones,

que ve a Úrsula vestida de moja.

-No es mi costumbre tomar copas ni tener alucinaciones.

-(SERVANDO RÍE)

Pellízqueme, que no sé si estoy dormido y soñando.

Sé que hice mal, pero lo olvidé por completo.

Bellita lo es todo para mí,

y el resto del mundo se queda en segundo plano.

-No dudo ni un momento de tus buenos sentimientos,

pero toda la compañía está muy preocupada por tus ausencias.

-Comprende que no puedo hacer otra cosa, lo siento.

-Bueno, no hace falta que te lamentes,

pero debes de entender que la vida continúa

y, como buena amiga tuya que soy,

he venido a advertirte que tu puesto en la función está en peligro.

-Natural, es la segunda vez que me ausento sin avisar.

Es normal que el empresario quiera echarme.

-Voy a lamentar mucho si te vas, has sido muy buen partenaire.

-Y no solo voy a perder el papel en el teatro,

el míster Golden, el americano, lleva días esperando mi respuesta.

-Pues no creo que ese señor tenga mucha paciencia.

-Eso ya da igual.

Confiaba en que Bellita mejoraría, y ha sido así

y, ni por lo más remoto me planteo separarme de ella.

-Bellita es afortunada por tener a un hombre tan bueno a su lado.

-Te agradezco mucho esta visita, eres una gran amiga.

-Me hubiera gustado darle ánimos personalmente,

pero entiendo que es mejor no molestarla.

-Mejor que no,

ya te he dicho que ha sufrido mucho pensando que teníamos un affaire,

como lamento no haberme dado cuenta para evitar ese sufrimiento.

-Pero no te tortures,

entre nosotros no hubo nada reprochable

y todo ha quedado aclarado.

Te deseo mucha suerte.

-Echaré de menos estar sobre las tablas

y los aplausos del público. -¿Sabes una cosa?

Aunque te echen del teatro, siempre serás un galán.

-Bueno,

un galán para mi Bellita,

que es la única mujer en el mundo para mí.

-Buenas tardes, Jose. -Gracias.

-Señor,...

tengo algo que decirle.

Este es el mejor.

A pesar de que pueda aparecer tenebroso,

me gusta la melancolía que desprende.

¿Qué quiere transmitir con esta pintura?

-Pues muchas cosas,

la pinté cuando trataba de olvidarte.

Pero no es momento para hablar de esto.

Me duele mucho decírtelo, pero no puedes estar aquí tanto tiempo.

Tienes que irte. -No puedo,...

necesito estar a tu vera, Maite.

Me despierto en mitad de la noche pensando en ti, en tus besos,

en acariciar tu piel con mis labios,

hasta puedo sentir el olor de tu pelo.

-Te ruego que no continúes,

no tengo tanta templanza como para escucharte

y pedirte que te vayas. -Pues no te reprimas,

las dos sentimos la misma pasión.

-Pero tenemos que ser muy cautas si queremos que esto dure.

Ve a tu casa.

-¿A qué? ¿A soportar a un pretendiente repeinado

que me habrá buscado mi madre?

Rosina la está ayudando a escoger candidatos.

-¿Cómo?

No te burles. -¿Rosina?

-¿No te doy pena?

-Sí, muchísima.

-Mira.

-Uy, qué pena me das.

(Timbre)

Te lo dije. Vamos, escóndete.

Ya va.

Cesáreo.

Marcia, ¿cómo ha ido en el juicio?

-Bien, no me puse nerviosa y pude contarlo todo.

El juez estaba muy interesado en todo lo que decía.

-Era de suponer que te sentirías aliviada.

¿Y no estás contenta? -En parte sí.

Tenía muchas ganas de terminar con este asunto

para poder enfrentarme a otros de igual importancia.

-¿A qué te refieres?

Sé que eres un impostor.

No sé si sabe que ya no le doy clases.

-Algo he oído, pero eso no significa que dejen de verse.

Hay buenas migas entre ustedes y pueden tomar café de vez en cuando.

-Llevo días sin verla.

-Le quería pedir perdón. -Perdón, ¿por qué?

Yo le conté a la señora lo del abrazo con Esther.

-¡Por los clavos de Cristo, Arantxa!

Habría puesto las manos en el fuego por él.

Pensé que después de lo de Genoveva

no osaría a volver a engañarme.

-¿Y qué va a hacer?

-Confirmarlo.

Trata de cortar amarras con usted.

-Genoveva no puede desentenderse,

sabe que conozco hechos de su pasado que la hundirían socialmente.

Han traído una nota pa usted.

-¿Te importa que dé por terminado el desayuno?

-Ah, no, no, baja y diviértete.

Y usted que está tan parlanchín, cuente, ¿qué ocurre con Arantxa,

va eso pa'lante o se queda en un veremos?

-¿Ya ha solucionado usted lo del teatro?

-He pedido que me sustituyan mientras mi esposa está enferma.

No les ha hecho gracia, pero yo he ido de frente.

Les he dicho que no puedo hacer una buena función en estas condiciones.

Las mujeres tenemos que asegurarnos nuestro futuro al lado de un hombre.

-Se lo voy a decir de la manera más mable que sé.

Ahora acudo yo, después de colar el té.

El médico ha dicho que solo puede tomar caldos.

¿Y qué otra cosa es el té?, caldo de hierbas.

-"Tengo algo para usted, hermana".

¿No necesitaba saber sobre Santiago Becerra?

¿A cambio de qué?

Mi objetico es acabar con doña Genoveva.

-"¿Quién eres?".

-No lo estropees, Marcia.

-Dime quién eres... o lárgate.

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Acacias 38 - Capítulo 1163

19 dic 2019

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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