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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1159 - ver ahora
Transcripción completa

Ha intentado matar a una persona y va a pagar por ello.

-No tiene pruebas de que fuera yo.

-No dude que voy a conseguirlas. -¡Me está acusando injustamente!

-Ramón cree que todo lo que está pasando

se debe a César Andrade.

-¿Quién es esa mujer y por qué vino a verle?

-Ya se lo he dicho: vino a rezar.

Qué mundo este, ¿eh?

Hasta las beatas utilizan nombres falsos.

-No sé lo que me pasa, cada vez me encuentro más indispuesta.

-Pues que ya no somos mocitas, Bellita, y es natural

que vayan apareciendo achaques.

-Ahora el billete lo tenemos nosotros, y esto es un tercio o na.

-¿Tú estás de acuerdo con lo que está diciendo tu mujer?

-Yo creo que... tres partes está bien, ¿no?

Andrade también recibió una extraña visita.

¿Quién? Una tal Clara Jiménez,

una mujer de la caridad.

No tengo la menor idea de quién puede ser.

Sea quien sea, lo averiguaremos.

-Mi marido me ha reemplazado por otra igual que yo,

pero más joven.

-No se angustie, no merece la pena.

-La quiero mucho, madre. -Y yo a ti.

Y yo a ti.

Mi marido no pudo haberlo hecho.

-¿Por qué?

-Porque estaba conmigo en el momento en que se produjo el atropello.

Pasamos toda esa mañana juntos.

-Por supuesto que le concedemos la mano de nuestra niña.

Póngale el anillo.

-Quería saber si ha pasado algo en sus clases que yo no sepa.

Sé que usted es responsable del atropello de Felipe.

Eso no es verdad,

pero puede usted pensar lo que quiera.

Es cierto.

Aquí tiene una considerable cantidad de dinero,

es suya si se marcha definitivamente de aquí

y no la volvemos a ver más, ni Felipe ni yo.

¿Qué ha hecho usted para que Dios la haya abandonado?

Yo se lo diré: convertir el oro en su dios,

pero ni el Señor ni yo pretendemos su dinero.

Es una gran suma.

Ni que fuera el tesoro del rey Salomón.

Vamos, Úrsula. Nos conocemos.

Por una cantidad como esta mataría mucha gente.

Gente adoradora del becerro de oro, como usted.

Ni siquiera pretendo comprar su voluntad,

solo quiero que se marche de aquí y no verla más.

Puede pagarse un exilio dorado.

Hija,... no debería temerme.

Por muy piadosa que se finja, nos conocemos.

No quiero que se vuelva a acercar a Felipe.

Nada tuve que ver con ese accidente.

Guarde su dinero.

No puede tentarme con bienes materiales.

He entrado en un convento para consagrar mi vida

al Señor de la creación. Sé que es un nuevo ardid,

solo trata de escapar a la justicia.

Se piensa el ladrón que todos son de su condición,

pero se equivoca.

A partir de ahora,

mi vida será la oración a la espera de que el Señor

perdone todo el mal que he hecho.

Dios sabe que la gente como usted no cambia nunca.

Yo la he perdonado,

solo espero el perdón mutuo.

Perdóneme y deje en paz a su corazón.

¿A quién pretende engañar con ese aire de santurrona?

No sirve de nada este nuevo disfraz.

Nunca, jamás, le perdonaré lo que le ha hecho a Felipe.

Jamás.

No me afecta su odio,

el Señor está conmigo.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Puede estar tranquila, señora, no ha ocurrido nada entre nosotras

que haya podido alterar a Camino.

-Entonces, ¿a qué se debe ese comportamiento tan raro?

Triste, indiferente a los demás.

-No soy yo quién debería responder a eso.

-Tampoco es usted tan ajena como pretende aparentar.

-Yo no pretendo aparentar nada, ¿por qué me habla así?

-¿Cree que no me percaté de la frialdad con la que se trataron?

Por el amor de Dios,

si ni siquiera se miraron a la cara.

-Me reitero, no ha ocurrido nada entre nosotras.

Nada más allá de las diferencias entre profesora y alumna.

-Camino la miraba a usted como si fuera la octava maravilla del mundo,

y ahora, ni siquiera se hablan.

¿Pretende que la crea?

-Mire, podría decirle que me es indiferente que me crea o no,

pero voy a ser más constructiva.

¿No cree usted que el problema está en su propia casa?

-Si ahora la culpa la voy a tener yo.

-No está desencaminada.

Ya le he dicho hasta la saciedad que Camino tiene un talento desmesurado

y tiene vocación, quiere ser artista,

quiere ser pintora y su madre no le deja.

-¡Eso está más que hablado!

-Pero a Camino no le haga feliz.

-Y usted sí sabe lo que a mi hija le satisfaría.

-Ir a la universidad, estudiar Bellas Artes, quizás.

-Eso son pájaros que usted le ha metido en la cabeza

y que solo le pueden llevar a la perdición.

-Doña Felicia, nadie se pierde por desarrollarse como persona.

-Mi hija era una niña feliz,

alegre, hasta que usted llegó.

Usted le ha llenado la cabeza con esas ideas de grandeza

y ahora mi hija está amargada.

A esa edad, eso es un crimen,...

y usted es la criminal.

-Nunca he intentado perjudicar a Camino,

solo quería que fuese más allá,

que fuese una mujer capaz, instruida,

independiente. -Eso son sus locuras.

Las mujeres se deben a sus maridos, a sus hijos, a su familia,

lo demás solo les va a llevar a la perdición

y a la soledad.

-Lo siento muchísimo, doña Felicia, créame.

Yo me voy y no van a saber nada más de mí.

Si hay algo en lo que haya podido influir en Camino,

pronto lo olvidará.

Yo solo he querido lo mejor para ella.

-Espero que desaparezca pronto.

-(RESOPLA)

Muchas gracias, doctor.

Por lo que me habían comentado, esperaba encontrarme con usted

más maltrecho.

Siento decepcionar a las cotillas de barrio.

Los médicos dicen que, si paso buena noche,

mañana me mandan a casa.

Poco le van a durar los comentarios a las comadres.

Aún tendrán para hablar. Debo guardar unos días de reposo.

Quien me cuide o me deje de cuidar,

es un tema que puede dar para mucho.

Sabrá usted que a Santiago Becerra le han detenido por su atropello.

Sí, algo me ha contado el comisario Méndez.

Y sabrá usted también que la mayoría de los vecinos

le consideramos inocente de ese cargo.

El comisario Méndez y yo estamos de acuerdo:

ha sido Andrade quien ha encargado mi asesinato,

aunque no tenemos pruebas fidedignas.

Estoy de acuerdo con ustedes.

El más beneficiado con su muerte sería Andrade.

¿Van a liberar a Santiago?

Supongo que más pronto que tarde,

aunque el comisario dice que su detención

es una especie de sanción por mi agresión.

¿Tiene noticias del juicio?

Al parecer, muchos testigos no han comparecido y los que lo han hecho

no han sido suficientes para corroborar los cargos.

Tienen miedo.

Su testimonio hubiera servido de ejemplo y acicate, pero

les han faltado.

Puede que Andrade consiga su propósito sin necesidad de matarme.

Don Ramón. Doña Genoveva, qué alegría verla.

Según parece, todo ha quedado en un susto y poco más.

Gracias a Dios.

Dicen que a lo mejor nos vamos mañana.

Sí. Si paso buena noche.

Me marcho pues.

Nos vemos mañana en Acacias.

Don Ramón.

Gracias.

Le pediré a Agustina que prepare la casa para tu recuperación.

Debes estar cómodo y que todo esté a tu alcance.

Gracias por preocuparte por todo.

Me gusta cuidarte.

Intentaré que atenten contra mí más a menudo.

Qué bobo.

Espero que cuando vuelvas, puedas estar más pendiente de mí.

Perdón.

No,

perdóname tú.

¿Estás bien? (ASIENTE)

¿No ha supuesto ningún problema?

No.

En cuanto salga del hospital,...

hablaremos de nuestro futuro.

Espero que te recuperes pronto, por ti y por el futuro.

Voy a pedirle unas mantas a la enfermera.

Me quedaré contigo esta noche.

(EXHALA)

(EXHALA)

-Por la Virgen de Aránzazu, ¿es posible?

Si ni han catado los flamenquines.

-A esto hemos llegado, Arantxa, a desperdiciar una cena

que está diciendo "cómeme".

En mi vida había perdido yo la gazuza,

ni en la cáscara de nuez aquella con la que cruzamos por primera vez

el Atlántico.

Ni cuando vi salir del chiquero a Retruécano,

que lucía metro y medio entre cuerno y cuerno.

-Pero

no sean cabezotas, les pido por favor, hombre.

Si dejar de comer nunca ha resuelto ningún problema,

sino todo lo contrario. -Díselo a tu señora.

Deja, tata, que ya se lo digo yo.

Madre, ¿de verdad era necesario montar esa escena?

¿Me merezco que me amargue uno de los días más felices de mi vida?

Encima eso. -Tú cállate, saborío.

Siete machos.

Por ti me duele en el alma, hija mía, lo sabes,

pero las cuentas se las pides a tu padre.

-Y dale. -Ni me hables.

Infiel, perjuro, ¡felón!

-¿Quieres dejar de decir disparates?

-Disparate es que corras detrás de una falda de saldo.

-Anda, ¿por qué de saldo?

-¡Fuera de aquí, las dos!

A este me lo ceno yo sola.

-¿Has perdido el juicio?

-¿Qué?

¿Vas a tener la cara tan dura como para negarlo?

-No hay nada que negar.

-¡Te han visto, malaje, que te han guipado!

-Tú no escarmientas, ¿no?

No escarmientas. Otra vez con lo mismo.

-Te estoy diciendo que esta vez tengo pruebas,

¡testigos!

Eso para no decir

que has buscado pareja de tango cuando ya la tenías en casa.

-¿Esther?

-¿Qué? ¿Me vas a negar que os lleváis como uña y carne?

Por las espinas de Cristo, ¡si hasta os cogéis del brazo en mis narices

y entráis en la pensión a correros juergas y os abrazáis!

¡Te abrazas delante de todos! -¿Quién te ha dicho eso?

-Alguien honrado. Tú no conoces nadie de ese tipo.

-Un abrazo sin malicia, sin malicia.

-¿Cuál de los dos?

-Lucero, Esther me aguanta,

me escucha. Es la única persona

con la que he podido hablar de mis cosas cuando tú no me hacías caso.

Es una amiga, solo una amiga. -¡Una fulana es lo que es!

-No hables así de ella. -¡Hablo de ella como me da la gana!

¡Una buscona, y tú un miserable sinvergüenza, un canalla!

-Si la envidia fuera tiña...

-¿Crees que siento envidia de ella?

¿De ese pendón?

Cuando haya pisado la mitad de los escenarios que he pisado yo,

me avisas, y le damos un ramo de cardos por segundona.

Una envidia muy grande le tengo yo a esa pelandusca.

¡Ja!

-No es por ella, es por mí.

-¿De ti?

Como no sea de tu traje de luces, antes de que se apolillara,

por cierto.

-¿Por qué no me dijiste nada cuando toda la ciudad me felicitaba

por mi triunfo en el teatro?

-Fui a ver tu función, y te aplaudí.

-Con Margarita.

-¡Ahora tienes pelusa con Margarita!

-Cuando tú subías hacia la cumbre,

y nos quedábamos a solas,

soñábamos juntos.

Ahora ni siquiera nos quedamos a solas.

-Mira,

no me vengas con lagrimitas.

-Lagrimitas son lo mío, ¿no? Lo tuyo son lagrimones, ¿verdad?

Todo ha ido bien, siempre ha ido bien,

mientras yo he estado detrás de ti, llevándote la cola del vestido,

pero ahora que soy yo quien va delante,

eso no lo puedes aguantar.

-¿Eso quién te lo ha dicho? ¿Tu amiga Esther?

-Sí.

Sí, pero espera, que lo que viene ahora es de cosecha propia.

Yo hubiera querido compartir el éxito,

disfrutarlo los dos juntos, ¡pero tú has preferido

quitarte de en medio y consolar a tu amiga Margarita!

-Ya he escuchado suficiente. -No, te queda una cosa que escuchar.

Te has comportado como si yo no existiera,

y ahora,

viendo como me busco la vida por mi cuenta,

¡tratas por todos los medios de llamar mi atención!

-¿Yo? -Sí.

-¿Tu atención?

Vamos a ver, ¿qué he hecho yo para llamar tu atención?

-Fingir mareos.

¡No es nada, no es nada, pero me vuelvo a marear!

¡Eso es llamar mi atención!

-Mira,

no asomes la nariz por el dormitorio,

¡que te la corto con la de Albacete!

-¡¿Y dónde quieres que duerma?!

(SE QUEJA)

(SE QUEJA)

No tiene guasa el sofá.

(SE QUEJA)

(SE QUEJA)

-Te he dicho que el bizcocho era para la merienda,

no para el desayuno. Haces lo que te da la gana.

-No, señora, yo le tengo la casa como los chorros del oro.

Si alguien aquí tiene que hacer una reclamación, es servidora.

Con toda la faena que tengo por delante,

tengo que sacar tiempo pa limpiar el estudio de la pintora.

-A lo mejor pronto te libras de eso.

-Ya. Ya me he enterao de que se marcha.

-Sí. -Y duele, ¿eh?

Yo le había cogío mucho cariño a doña Maite.

Por cierto, ustedes podrían invitarla a tomar el té

más a menudo, o lo que sea que toma ella.

-Calla, cada uno en su casa y Dios en la de todos.

¿Sabes si de verdad está a gusto en el estudio?

Tiene pinta de ser muy quisquillosa como inquilina.

-Eso lo sabrá su marío.

-Pero si ella es soltera, alma cándida.

-No, digo el marío de usted, que seguro que si ha contao

alguna queja, habrá sido a su marío ayer mismamente,

que estaban el parque enfrascaos en tanta cháchara,

que ni siquiera me vieron pasar. -¿En el parque, dices?

-Sí, sentaos en un banco.

-Pues eso, algún descontento con el estudio, ¿verdad?

Lleva el bizcocho, que con tal de no trabajar,

te pones a hablar hasta de filosofía.

-Pero ¿no era para merendar? -¡Obedece!

Filosofía etrusca, todo, te inventas todo.

-Hay que jeringarse. ¡Uh!

-¿Has hablado con el comisario?

-Le dije que estabas conmigo en el momento del atropello.

-Eres un ángel.

¿Sabes por qué no me han soltado todavía?

-Estarán haciendo los trámites, no sé.

-No aguanto más aquí. -Es cuestión de tiempo, Santiago.

Están obligados a aceptar la coartada, ¿no?

-Esto es un nido de ratas. Está sucio, es húmedo, apesta.

Tengo que salir de aquí,

es insoportable verse en una celda.

-Santiago, hablas como si nunca hubieras estado entre rejas.

-Quizás es que ya he tenido bastante de rejas en esta vida.

De todos modos,

lo peor es que nos hayan separado.

Te echo en falta.

¿Me llevas muy cerca del corazón?

¿Es eso un beso?

-Es que me siento rara aquí.

-No está mirando. -No es solo por el guardia.

Andrade también está encerrado en este lugar.

-Olvida a Andrade.

Perdona,

pero no hay que temer por Andrade,

y menos ahora, durante el juicio.

Se lo llevan cada día, por la mañana, a primera hora,

y no lo traen de vuelta hasta por la tarde, cuando termina la sesión.

Siempre anda custodiado.

-No es miedo a que me maltrate,

es, es otra cosa.

-Pronto nos olvidaremos de él,

de él y de toda esta basura.

Hasta de esta ciudad.

Seremos felices en Cuba, te lo prometo.

(Golpes en la reja)

Me ha despertado el olor.

Reconocería tu café estuviese donde estuviese.

"Egun on" también para ti, ¿quieres un tazón?

Mira que tengo pan desmigao pa hacer sopas.

Venga, zalamera, siéntate a comer.

A ver,

te voy a echar poco café, porque ya sé que es...

mucha más leche que café...

y más pan que leche.

Hale, venga, remueve.

Mi padre ha dormido en el sofá.

Bueno, pero eso pasa hasta en los matrimonios mejor avenidos.

Nunca había visto discutir a mis padres con tanta saña.

Ni siquiera los había visto enfadados más de cinco minutos.

¿Enfadados de verdad? Jamás.

Bueno, alguna vez tiene que ser la primera.

Tus padres ya están rondando las bodas de plata.

¿Crees a mi madre?

Eres más pesada...

Parece mentira que no lo sepas tú.

Ya sabes que yo en los asuntos de tus padres no me meto.

Pero si no haces otra cosa que meterte en sus asuntos.

En asuntos mayores no, cariño.

Entonces, ¿es verdad?

¿El qué? Arantxa.

No sé, no sé, no sé.

No desconfías de mi padre, ¿cierto?

Conozco tu café y te conozco a ti,

y conociéndote sé que eso es un sí.

¿Tú crees que mi padre anda liado en asuntos de faldas?

¡Arantxa, di algo!

¿Crees que mi padre está enredado con otras?

Con otras no, con otra...

¿Se ha liado con Esther Nadal?

A ver, es que liao, liao...

Jesús, ¿cómo va a saber una hasta dónde han llegao?

Liar, liar... Digamos que ella

se ofrece y él no le hace ascos.

Jesús, qué familia.

¿Cuándo van a saber que por dejar de comer no se soluciona nada?

¡Andrade!

Guardia. ¡Guardia, deténgalo! ¿Qué hace?

-No me arrepiento de muchas cosas,

tú lo sabes, preciosa,

pero hay algo que sí me araña el estómago.

Algunas noches,

cuando estoy solo en mi celda, pienso en ti.

-¡Suéltame!

-Me arrepiento de no haberte hecho mía cuando estabas en mi poder,

y la prueba estaba en que todo un señor,

todo una lumbrera como Álvarez-Hermoso,

se jugó la vida por ti.

Ahora yo también tengo un abogado, como tú,

aunque a diferencia del tuyo, al mío,

al mío no le van las chicas como tú.

-¡Guardia, ayuda!

-¿Qué ocurre aquí? -Ayúdeme, por favor.

-¡Guardias, guardias!

Atrapa a ese hombre.

Les ordené que no coincidieran. ¿Qué hace esta mujer aquí?

Venga conmigo, yo la acompañaré a la salida.

-Te veré pudrir en la cárcel, animal.

-Frío, frío.

Estaré en la calle antes de que te des cuenta, y entonces sí,

volveremos a vernos.

-No le escuche. Venga conmigo.

Vamos.

-Muy buenas, Marcelina.

Hoy tienes la cara un poco rara, ¿no?

-Menos guasa, señorito,

que tengo a la Marcelina con tormento de muelas

que lleva toda la noche haciendo gárgaras.

-Ya lo siento, porque un dolor de muelas no se lo recomiendo

ni a mi peor enemigo. -Muy buenas.

Ay, don Antoñito, ¿le han contao ya que don Felipe vuelve hoy a casa?

-No, no.

Mi padre anoche comentó que existía esa posibilidad, pero...

-Doña Genoveva ha hablao por el aparato con Agustina.

Es firme:

vuelve. Sin sanar del todo, pero sí, vuelve.

-Pues no doy un chillido porque estoy molido, pero me alegro.

Ahora... solo falta que suelten a Santiago

y ya estaremos todos al amor de la lumbre, como el que dice.

-Lo de Santiago creo que va a estar un poco más complicado.

-Pobre muchacho.

Anda, Jacinto, dame "El Adelantado", que a mis huéspedes

les priva desayunar con las noticias.

-Y a mí dame otro.

-¿Y qué?

¿Cómo vais con lo de la lotería? -Aún no hemos decidido nada.

La Marcelina no estaba pa hablar anoche,

se la pasó haciendo gárgaras.

-¿Qué tenéis que decidir con la lotería?

Ni que estuvierais jugando al ajedrez.

-Me ha dicho Servando que estáis racaneando con la Casilda.

-No le haga caso, eso son las malas lenguas.

-Yo haría o no haría caso,

pero no sé de qué estáis hablando.

-Es muy sencillo, pero hay gente que no le entra en los sesos.

-Cuidado, que habló el catedrático.

-Espere, don Antoñito. El caso es que mi tía Anita

nos ha dao un número que creemos que es pa la lotería.

-Que creéis.

-Sí.

-¿Y por qué no se lo preguntáis? -Ya me gustaría a mí,

y a ella contestar, pero hace años que la diñó la mujer, ¿sabe?

El soplo me lo dio en sueños.

-Mi mujer te diría que lo tenéis hecho.

En Cabrahígo poco diferencian los sueños de la vigilia.

-En Cabrahígo y en cualquier lugar civilizao.

El caso es que me he hecho con el boleto exactamente.

-Boleto que no quieren compartir con Casilda,

que fue la única que entendió a la tía.

-¿Cómo que no?

Que sí, que le hemos dicho que le vamos a dar la tercera parte.

Esto es lo que le daremos, que es la tercera parte de...

-De nueve, ¿no? Tres.

-Pos eso, tres. Con las ovejas es mucho más fácil.

-También, menuda es la Casildilla para negociar.

En fin, me voy. Que gane el mejor, Jacinto. Fabiana.

-La avaricia rompe el saco, Jacinto.

-Vaya usted por la sombra.

-¿Sí, por la sombra?

Pues quédate tú ahí como lo que eres.

-Estarás satisfecho.

El juicio no podría estar yendo mejor.

-¿Eso son todos los testigos que tiene la acusación?

-¿Quién puede permitirse tomárselo a broma?

Los testimonios se limitan a difusas acusaciones,

siempre sin señalarle directamente.

-El miedo, amigo Velasco, el miedo mueve a este mundo.

-Un mundo que parece girar siempre a su favor.

-Pero no por azar, letrado.

Tengo que estar siempre atento

para que el giro no cambie de dirección.

-De seguir como hasta ahora,

el juez tendrá que morderse las puñetas

y reducir la pena que pide el Ministerio Fiscal.

Su paso por el penal va a ser visto y no visto.

-Y el único que podía hacer que no siga como hasta ahora es su colega,

el abogado Álvarez-Hermoso.

-No se preocupe, por ese lado no le vendrá la maza,

el comisario carece de pruebas que le impliquen en el atropello.

-Otro giro del destino con la orientación precisa.

El testimonio del bueno del letrado podía hundirme y, una vez más,

los astros apuestan por mí.

¿Qué se necesita, un accidente?

¿Que don Felipe sea atropellado la misma mañana de su testimonio?

Es lo que tiene estar a bien con los dioses.

-Los dioses no son tan puntuales. -Los míos sí.

-Pues espero que se haya cubierto bien.

-¿Insinúa que tuve algo que ver con tan desgraciado accidente?

Cuidado, Velasco,

vivirá más si no para mientes en según qué cosas.

-No me gustaría que un lance ajeno pudiera enturbiar mi defensa.

-Ya ve que no, ¿o tiene usted alguna duda más?

-Ninguna.

De hecho, la policía ya ha detenido un sospechoso.

-¿De veras? ¿Quién es el afortunado?

-Un tiznado, un don nadie.

Santiago Becerra.

¿Le conoce?

-Sorpresas te da la vida.

Ni en un millón de años

hubiera pensado en el bueno de Santiago como asesino.

-¿Has visto a mi mujer? -Bueno,

o lo que queda de ella.

-¿Dónde anda?

-Visitando a Margarita.

-Ah. Creo que me está evitando.

-Jesús, que suposición.

Parece que la noche le ha dao para meditar

sobre lo divino y lo humano. Digo,

los sofás, que invitan a la cavilación.

-Anda, ya veo por dónde van tus lealtades.

Bien, que sepáis tu señora y tú, que es la última noche

que duermo en una cama de faquir.

-Cuidao, que el sofá es mucho peor, créame.

-(SE QUEJA)

A usted le andaba buscando.

¿A mí? Si no me he movido de mi nuevo dormitorio.

Padre, ¿de verdad ha tenido el cuajo de engañar a madre?

Gracias por la presunción de inocencia.

Es lo mínimo que se espera de una hija.

Solo he preguntado.

No. No la he engañado.

La quiero con toda mi alma, chiquilla, yo nunca le haría eso.

Esther.

¿Qué arrebato le ha entrado con esa muchacha?

Esther es solo una compañera... que ha estado conmigo

cuando me temblaban las piernas antes del estreno,

sí, y que me ha aguantado carros y carretas,

inseguridades, pataletas, también, pero jamás,

jamás ha habido otra cosa.

¿Lo jura por mí?

Cómo se nota que soy tu ídolo. ¿A quién habrás salido?

¿De verdad? ¿En serio tengo pinta de Casanova?

Un poco, pero le creo.

No entiendo nada, canelita.

No entiendo nada.

Siempre desviviéndome por ella,

siempre pendiente de sus deseos,

de sus caprichos,

siempre a su lado, en las buenas y en las malas.

Padre, tenga paciencia,

usted sabe que madre ahora mismo está pachucha,

pero cuando vuelva a su ser,

se dará cuenta de que sus sospechas son ridículas.

¿Paciencia?

A mi lado, el santo Job es un cagaprisas.

Estoy empezando a hartarme, reina.

Aguante.

Hágalo por mí.

Tengo que ensayar mi,...

mi número final y no tengo ningunas ganas.

Buah, pues ya estamos a la par.

Yo tengo una cita con míster Golden para una prueba de cámara

y, me apetece lo mismo, que echarme una cabezadita aquí,

en el potro de tortura de la Inquisición.

Pero yo ya...

ya tengo todo el pescado vendido.

Eres tú,

tú no puedes arruinar tu oportunidad, no.

Sobre todo, no la puedes arruinar por lo que pase entre tu nosotros.

Padre, son lo único que tengo.

Bueno,

Vamos a ver, no sé, creo que tienes

algún prometido por ahí, que yo sepa.

Usted sabe lo que quiero decir.

Sé feliz, amor mío.

No, así no. Prométemelo.

Prometido, pero solo si usted también me lo promete a mí.

Feliz y junto a madre.

-¿Está resuelto lo de la lotería? -No.

Y no me venga con ese asunto, que me da el día, Cesáreo.

Por cierto, ¿sabe usted que don Felipe ya está casi sanao?

Le falta reposo.

Agustina se está encargando de que no le falte de na.

-Duro el abogao, todo un hombre de los pies al sombrero.

-¿Ha visto usted a Marcia? No doy con ella.

-No creo que quiera ver a nadie.

-Claro, y todo gracias a sus amigos los guindillas.

-La policía actuó correctamente.

¿Cómo se puede amenazar en público a un letrado?

Y suerte que don Felipe no le ha denunciado.

-¿Usted no tiene dos dedos de frente?

¿No se da cuenta que Santiago no atropelló a don Felipe?

-Probablemente no, pero un escarmiento no le vendrá mal.

-Claro, eso es, polizonte, que vivan las cadenas.

-(SUSPIRA)

-Disculpe, señorita, quería hablar con usted sobre Camino.

-Ya no soy su profesora.

-Lo sé, y quizá ahí esté el origen de todos sus males.

-¿Qué quiere decir?

¿Me está culpando de algo? -No, no, no, todo lo contrario.

Quería pedirle ayuda. A usted le hace caso,

así que dígale algo que le dé ánimos.

Aunque no lo haya pretendido, la chica ve a través de sus ojos.

-¿Y qué se supone que tengo que decirle?

-No sé, usted la conoce bastante bien,

que quizá encontrará otro profesor

y que su arte no depende de que usted se vaya...

-Eso ya lo sabe,

y yo no soy quién para meterme en su vida.

¡Solo he sido su profesora muy poco tiempo!

-Discúlpeme, no quería molestarla.

-Lo siento, no quería ponerme tan brusca.

Lo que quiero decir es que deberían ser sus familiares y amigos

los que la cuidaran, no yo.

-Claro, lo harán, me imagino.

Que tenga usted buenos días.

Con Dios. -Con Dios.

(LLORA)

-Frío, frío.

Estaré en la calle antes de que te des cuenta y entonces sí,

volveremos a vernos.

-Tengo que salir de aquí, es insoportable verse en una celda.

-Santiago, hablas como si nunca hubieras estado entre rejas.

-Pero ¿qué te ha pasao?

Te había dicho que hicieras paquetes con las lentejas,

no con los garbanzos. -Perdón, perdón.

No sé por qué creí que era con los garbanzos,

pero ahora mismo me pongo. -No te preocupes, déjalo, déjalo.

Ya lo apañaremos. Vamos a hacer una cosa:

tómate la tarde libre,

pasea, sí, duerme,

haz lo que creas que te va a venir bien

pa quitarte ese runrún de la mollera,

que yo también sé lo que es tener un hombre en presidio.

-Nadie tiene por qué pagar por mis platos rotos.

-Cómo le has cogido el tranquillo al castellano, con sus refranes y to.

Que no, que nadie tiene que pagar platos rotos ni na.

¿Soy o no soy la jefa? ¿Eh?

Arreando, va.

Harás horas cuando Santiago esté en casa.

-Lolita, hija, ¿te quedan cacahuetes?

-Ay, suegro, pues sí, alguno hay. -Yo parece que voy templando,

pero Carmen se está comiendo hasta las cáscaras

tiene más vicio que un emperador romano.

-Ahora les saco unos pocos.

Qué cruz.

-Marcia, ¿aguanta Santiago?

-Qué remedio le queda, pero espero que salga pronto.

He hablado con el comisario

y creo que le he convencido de que mi marido es inocente.

-Ojalá tengáis esa suerte.

¿Vas a declarar en el juicio de Andrade?

-Me necesitan, ¿verdad?

-Los testigos se están echando atrás.

Felipe no pudo declarar,

así que, si queremos que sea una condena severa, sí, te necesitamos.

-Y a Felipe le gustaría.

-Y a cualquiera que quiera que se haga justicia.

Ni qué decirte tengo que es un hombre muy peligroso.

-¿Sabe cómo encontrar al abogado de la acusación?

-No estoy muy seguro de que se pueda acceder todavía

a la lista de testigos, pero sí, encontraré al fiscal.

También te procuraré un abogado para que te pueda ayudar.

No será tan competente como Felipe,

pero no te presentarás en el juicio in albis.

Felipe no podrá intervenir por mucho que ya esté en casa.

-¿Ha vuelto?

-Sí, esta mañana le trajo un auto.

-¿Y está bien del todo?

-Tiene que recuperarse en casa, pero sí, está fuera de peligro.

Esta mujer, que no viene, voy a ver qué hace con los cacahuetes.

Menos mal que te he visto medio pasar por el escaparate.

¿Cuánto hace que no nos veíamos?

Por no hablar del tiempo que hacía que no hablábamos en condiciones.

Anda, siéntate.

¿Qué, cómo estás?

No muy bien.

Sí, no es muy buena época.

Lo que no veo es de qué te puedes quejar tú.

Te has comprometido y dentro de unos pocos días debutarás.

Tienes una situación que muchas muchachas envidiarían.

Camino, tú también.

Cinta, mírame.

¿Qué ves?

Una amiga. Y preciosa, para decirlo todo.

Preciosa o no,

pero sola.

Oye, ¿tú estás enamorada?

No estamos hablando de mí ahora, sola es sola.

Más misterioso me parece a mí que tú, teniendo un futuro brillante

por delante, andes de capa caída.

Es por mis padres, ya lo sabes.

Jesús,

¿dónde está ese desparpajo juvenil que tanto critican los curas?

-Los curas critican hasta depilarte las cejas.

-Tengo una cosa pa levantar los ánimos, ¿os apetecen natillas?

Ya las tengo cocidas.

Pues dicho y hecho.

Les voy a poner unos bizcochos de soletilla,

que esos tropezones alegran muchísimo. Ahora vengo.

Dicen que has dejado las clases, ¿es por eso?

Camino, no es para tanto.

Aunque Maite se marche, encontrarás otro profesor.

No será igual, pero... Espera.

¿Que Maite se marcha?

Sí. Pensaba que esa era la razón

por la que habías dejado las clases.

¿Adónde se marcha?

Me imagino que fuera de España: a París o vete tú a saber.

¿Quién te lo ha dicho? Arantxa,

y a ella se lo ha dicho Casilda.

Tengo que irme.

No me encuentro muy bien.

Camino.

¡Camino!

Pero ¿dónde vas?

-¿Es esa?

-(NIEGA) -¿Y esta?

-(NIEGA) -Esta de ahí no puede ser,

está más blanca que una novia, cómo reluce la jodía.

A ver, dime si es esta.

-(NIEGA)

Pues no sé, chica, me rindo.

De verdad, ojalá el sacamuelas sea más listo que yo

y dé con tu muela chunga. -A las buenas.

-¿Han traído a don Felipe?

-He echao una mano pa subirle, pero no venía a eso.

-Pero si en eso hemos quedao.

Que me avisabas cuando volviera. -Sí, pero...

no he subío a eso.

Subir, subir, he subío pa hablar de la lotería.

-Tengamos la fiesta en paz, Jacinto.

Ya os lo dije,

que con vuestro pan os lo comáis.

-Que no, que he reflexionao.

-Sería la primera vez en tu vida. -Mira,

si Marcelina no se encrespa,

creo que lo mejor es que el premio lo partamos en dos cachos.

-Pa discutir estoy yo,

el premio entero daba por que me quitaran esta pena.

-Lo primero:

la mitad del premio es mía.

Y lo segundo, pa que se te quite esa pena,

el sacamuelas tiene que dar con la muela chunga que tienes

y quitártela.

-Que sí, que el sacamuelas es más listo que tú.

Y ahora, dale las gracias a tu primo, anda.

-¿Y por qué? Si es lo que me toca por justicia.

-Lo justo, aquí y en la Cochinchina es que el que parte y reparte

se queda con la mejor parte.

Eso está escrito, prima.

-¿Ya estamos otra vez, prima? -Dejaos de tontás

y vamos a decidir en qué nos gastamos los cuartos.

-No no lo sé. No se me ocurre nada.

Todo lo que está por encima de un duro

hace que me tiemblen las canillas.

-Pos yo lo tengo to pensao.

Voy a montarle a Marcelina una casa más grande que una iglesia,

sin sacristán, y en el pueblo, claro, y en la trasera,

un corral que no lo va a llenar ni tres rebaños del Abraham.

-Ya sabía yo que había borrego encerrao en esos planes.

-Ya lo tengo.

Ya sé en qué voy a hacer el gasto.

Le voy a comprar una lápida nueva a la tía Anita

y le voy a poner un retrato suyo,

como tienen las tumbas de los curas y los ricos.

-Pues nosotros pagamos el mausoleo, que habrá dos ovejas,

a tamaño natural, de bronce, pa que la tía Anita

esté bien acompañá. Va a ser un rebaño bien avenío.

¡Yepayaaa! -Yepyaaa.

-A algo te invitaremos, tranquila.

-Como si no les conociera, siempre tiran la piedra

y luego esconden la mano.

Y los que parecen un cacho pan, como su marido, esos son los peores.

-Y todo por ese saco de huesos,

que tiene menos carne que una aguja de calceta.

El tipo de un mondadientes tiene esa.

(Puerta)

-Hombre, por fin te dejas ver.

Me gustaría hablar a solas contigo.

-Margarita es como una hermana para mí.

Puede escuchar lo que tengas que decirme.

-No estoy para bromas, corazón.

Debería estar de camino a ver a míster Golden.

Estar a malas contigo me mata, reina.

No tengo cuerpo para hacer la prueba de cámara que me están pidiendo.

-¿Eso es lo que tienes que decirme, que te preocupa tu carrera?

Eres un condenado egoísta.

-No es eso, Bella, y tú lo sabes.

Me preocupo por mi carrera, es normal,

pero yo renuncio a ella si tú no estás a mi lado.

-¿A tu lado? ¿Yo a tu lado?

¿Ya se te ha olvidado que me decías que fingía mi enfermedad

para llamar tu atención? ¡Vamos, tiene bemoles la cosa!

Tú amancebado por ahí y soy yo la que finge, ¿no?

Mira, que se ponga a tu lado la raspa esa.

-¿Qué "raspa"?

-¿Qué raspa?

Tu compañerita, tu Esther, tan comprensiva, tan amistosa.

¡Anda y que os ondulen a los dos! -Pero ¿tú...?

-¿Qué te había dicho? Es como todos, como todos.

-(LLORA)

(Se cierra la puerta)

¿Puedo pasar?

Pasa.

¿Cómo has entrado?

Por la puerta de servicio, no hay nadie en casa.

Me he enterado de que acabas de llegar

y no he tenido temple.

Tenía que verte.

Estoy bien.

No del todo.

Quisiera verte en el hospital, Felipe, pero todos me decían

que era una locura, que iba a empeorar las cosas.

Hubiese sido mi mejor medicina.

Marcia,...

¿por qué te has arriesgado a venir a verme?

Dímelo.

¿Sigues sintiendo algo por mí?

No puedo sacarte de mi cabeza.

Más.

A veces,...

a veces siento tus caricias, aunque estés lejos.

Ven.

Más cerca.

(Se abre y cierra una puerta)

(CARRASPEA)

Don Ramón, no le esperaba.

-Quería comentarte ciertos asuntos, Marcia.

¿Por qué se marcha de Acacias? -Es lo mejor para las dos.

-Así que, lo mejor para las dos es que me ignore,

que actuemos como si fuéramos dos desconocidas.

-Déjame que te lo explique.

-No, por una vez, ha llegado el momento de que hable yo.

Basta de excusas.

Te lo advierto por última vez: deja en paz a mi amado.

-A este paso,

no sé qué va a ser de nuestro matrimonio.

Ni siquiera se digna a aparecer por casa,

no sé dónde andará metido este hombre.

-Últimamente, no paro de discutir con mi esposa.

-Pero no se preocupe, ya verá como todo se soluciona pronto.

-¿Cómo puede estar tan segura?

-Habrás guardado bien el billete de lotería,

que hoy es el sorteo.

-No se preocupe, lo tengo bajo siete llaves.

-Ya te han liberado.

-Sí, el comisario al fin se ha convencido de mi inocencia.

-Debo contarle que esta mañana

estaba al lado del estudio de Maite

y he visto a su marido hablando con la pintora.

Hay algo de lo que quiero hablarte. -¿De qué se trata?

-De ti.

-Mire, de usted se hablará en todo el mundo, ¿qué le parece?

¿Se viene conmigo a Hollywood?

-José, ¿qué sucede?

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Acacias 38 - Capítulo 1159

13 dic 2019

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Victoria

    Capítulo 1164.- Me encanta Ursula, una mirada, un gesto, una palabra, su forma de andar ... sus apariciones son insuperables. D. Jose y Arantxa, geniales. Marcia, por fin, va descubriendo al falso Santiago, vamos a ver si los guionistas le permiten a Felipe enterarse, para ver si llega a tiempo de deshacer el entuerto. Enhorabuena a Montse Alcoverro, Manuel Bandera, Gurutxe Beitia, Trisha Fernández y Marc Parejo por su excelente trabajo.

    20 dic 2019
  2. Saro

    Enhorabuena a todos los que forman el extraordinario equipo de ACACIAS 38 y a la Productora BOOMERANG, por el Premio DAMA a la mejor serie diaria. Es un premio muy merecido por el excelente trabajo realizado durante cinco años. ¡¡¡FELICIDADES!!!!

    18 dic 2019
  3. María

    Conociendo a los guionistas seguro que matan a Marcia en tres, dos, uno...

    14 dic 2019
  4. Maribel

    La mejor escena de hoy la visita de MARCIA a FELIPE ... ¡grandes los dos!. El amor de esta pareja no puede romperse porque se quieren demasiado ... ¡¡son auténticos!!

    13 dic 2019