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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1158 - ver ahora
Transcripción completa

Felipe vivirá, usted no.

¿Me amenaza?

Olvide toda esperanza de esperar a la muerte en su lecho.

Su final está cerca.

Te peleas con Felipe,

me prohíbes coger un trabajo que es bueno para mí,

para los dos,

¿y pretendes arreglarlo con bombones?

-Sabes que no pretendo tu mal.

-A veces lo parece.

¿Les preparo algo?

-No, ya Margarita ha preparado el té.

Santiago Becerra,

con antecedentes por comportamiento violento,

estancias en la cárcel y un pasado tortuoso.

Hay más posibilidades de que el atropello tenga que ver

con el juicio contra Andrade que con una pelea de celos.

-Es posible. Pero no podemos descartar nada.

Me gustaría hablar con usted.

-Pásese por el estudio cuando quiera.

-Le pido que no le diga nada a mi esposa.

Se trata de un asunto del que no quiero que sepa nada.

Lo del número de vuestra tía. -Decidme, ¿qué es?

-El número que va a ganar el gordo de la lotería, el 24 421.

¿Qué ha pasado?

Te atropellaron, estás en el hospital. ¿Lo recuerdas?

(ASIENTE) Sí.

Ya no pintaré, pondré manteles, serviré mesas,

barreré el restaurante, todo, menos hacer lo que quiero.

Ah, y lo de echarme novio y formar una familia

ya lo veo más dudoso.

A lo mejor tienen que cargar con una solterona.

-¡Camino, cállate ya! -¡¿Qué pasa?!

¡¿Además de obedecer, tengo que callar?!

La actriz esa,

la tal Esther Nadal, que parece muy interesada en el señor.

-¿Es que es mejor que yo? -No, señora.

Pero ella le está haciendo caso... y usted no.

Venga, deme un abrazo.

Necesito una coartada para que me crean.

Di que estábamos juntos cuando el atropello.

-Pero eso no es cierto. -¿No me vas a ayudar?

(Puerta)

Abre tú.

-Santiago Becerra,...

necesito hablar con usted.

Suéltenme. Soy inocente, no sé de qué me está hablando.

-No se resista, así solo conseguirá empeorar su situación.

-Se lo ruego, déjeme explicarme.

-Tiene tiempo para explicarse en comisaría.

-No me entiende.

Solo unos segundos, déjeme hablar.

-Está bien, le escucho. Dígame,

¿qué es eso que tanto le urge contarme?

-Déjanos solos, Marcia.

-¿Qué?

-Sosiégate, no va a pasar nada.

Le juro

que soy inocente.

Es verdad que tuve una disputa con el abogado,

pero no tengo nada que ver con el atropello.

-Le amenazó el día anterior al accidente.

-Estaba fuera de mí, perdí el control.

-De eso estoy totalmente seguro. Pero luego recapacitó.

¿No es cierto?

Pensó que era mejor no actuar de frente,

decidió hacerlo con alevosía, ¡cobardemente!

-Nunca he temido a ese hombre,

¡ni a él ni a nadie!

-Le era más sencillo atropellarle y fugarse.

-No, no es así.

Si hubiera querido hacer efectiva mi amenaza,

lo hubiera hecho de frente, no tengo por qué ocultarme,

la razón y la moral me asisten.

-¿Cómo se atreve a hablar de moral un facineroso como usted?

¿Qué razón es esa? -La de un marido despechado,

ese hombre no ha dejado de tratar de arrebatarme a mi mujer.

-¡Basta ya!

Ha intentado asesinar a una persona y va a pagar por ello.

-No tiene pruebas. -No dude que voy a conseguirlas.

-Me está acusando injustamente. -No.

De nada le van a servir sus excusas, y máxime cuando Felipe es un amigo.

-Me van condenar por algo que no he hecho.

-Basta ya. Ha agotado mi paciencia.

Continuaremos en comisaría. -Está abusando de su poder,

no puede detenerme.

-Sí, sí que puedo,

y si se demuestra que no es el responsable del atropello,

tendrá que responder por la agresión a Felipe.

Llevároslo.

(Sintonía de "Acacias 38")

Marcia.

¿Qué te sucede? Estás descompuesta.

-La policía ha venido a por Santiago, Casilda.

-Templa, es natural.

Es muy normal que le interroguen después de lo sucedido.

-No, han venido a llevárselo.

-¿A llevárselo? ¿De qué le acusan?

-Del atropello de Felipe.

-Dios mío de mi vida.

Santiago, dime, ¿de qué habéis hablado?

-No te preocupes.

Tienes que ayudarme, Marcia, no he sido yo.

¿Cómo, qué quieres que haga?

-Dejadles un momento que se despidan,

va a pasar mucho tiempo hasta que puedan volver a verse.

-Dime, ¿qué hago? -Confía en mí.

Ya sabes lo que te he pedido.

Ah,...

guarda este anillo,

es el bien más preciado que tengo.

-Basta ya.

Vamos a comisaría.

-Prima, ¿se llevan preso a Santiago?

-Sí, Marcelina, ¿no lo estás viendo?

-Con el dolor de muelas, ni veo, ni oigo,

solo noto unos pinchazos de órdago.

-Yo me alegro de que le metan en chirona,

que reciba su merecido por lo que le ha hecho a mi señor.

-(LLORA)

Sosiégate, muchacha, de nada te sirven esos llantos.

-La policía no me deja ir con ellos.

-Calma, entra en la pensión y reposa,

ya tendrás noticias suyas. -No puedo, don Ramón.

estoy demasiado preocupada por él.

-¿Quieres subir a casa y que te preparemos un reconstituyente?

-No, gracias, Carmen, déjelo,

ya me ocupo yo de ella. Vamos a tu cuarto.

Ven, que no me voy a separar de ti ni un segundo.

Ha sido muy amable al invitarnos a desayunar.

-No hay de qué,

así nos ponemos al día de las novedades del barrio.

¿Verdad, Felicia?

-Oh, perdona, Rosina. -Pero ¿qué le pasa, Felicia?

Estás en todas partes menos en mi salón.

-Estaba perdida tratando de entender a mi hija,

cada día está más rara.

-Esta juventud ya no es como éramos nosotras,

más centradas y pendientes de los deseos de nuestros padres.

-Toda la razón, Rosina,

los jóvenes solo piensan en ir a su apaño y darse sus caprichos.

¿No sé a dónde vamos a llegar?

-Ya lo ve, la policía cada vez tiene más trabajo,

no deja de detener a delincuentes.

-¿Lo dice por Santiago? -Pues sí.

Me alegré mucho cuando supe que la policía le había detenido.

Ese rufián no se merece otra cosa. -Va a recibir su merecido.

-Es que, cuando lo pienso...

Llega al barrio con piel de cordero y ha resultado ser un asesino.

-No teníamos que habernos fiado de un hombre que ha estado preso.

-A saber qué felonías habrá cometido en su país.

-Una cosa es lo que haya hecho en el pasado,

es de entender que no se movía

por los ambientes más recomendables,

y otra muy distinta, es como es ahora.

-(SUSPIRA) Qué ingenua, Carmen,

la gente no cambia.

Está claro, ha estado rodeado de delincuentes y estafadores.

-Sí, es muy posible,

pero eso no es razón suficiente

para considerarle capaz de cometer un asesinato.

¿De verdad ustedes creen...

que ha intentado matar a Felipe?

-Pues ni que sí ni que no,

pero tiene todas las papeletas para ser el culpable.

-Yo no pongo la mano en el fuego por nadie.

-Pues mi esposo dice...

que todo lo que le ha pasado a Felipe,

no tiene que ver con Santiago.

-Entonces, ¿quién piensa que es el culpable?

-No ha sido un accidente.

-Ramón cree que todo lo que está pasando

se debe a César Andrade y a su juicio.

-Es posible.

Espera que la policía siga investigando en esa dirección.

-Sigo pensando que es más acertado creer que ha sido Santiago,

él tenía razones para hacerlo, he insisto, es un delincuente.

-Yo tengo mis dudas.

Lo que dice Ramón es muy acertado.

-Felicia, cambia muy rápido de parecer,

no me extraña que tenga problemas con tu hija.

-Rosina, no tiene nada que ver una cosa con la otra.

Perdona que te diga,

a veces está usted de lo más desacertada.

-Bueno, sea lo que sea lo que haya hecho,

creo que debemos dar buena cuenta de estos pestiños,

que ni siquiera los hemos probado.

-Eso sí que es acertado. Desayunemos.

-(FELICIA SUSPIRA)

Qué mal cuerpo.

Señora, se le han pegado un poco las sábanas,

porque ya está el sol en todo lo alto.

-Haz el favor, Arantxa, tráeme un café muy cargado.

-Sí.

¿Y... no le iría mejor una tila, señora?

Porque no se ha levando con muy buen semblante hoy, ¿eh?

-La verdad es que sigo un poco revuelta.

-Cómo el barrio, que ayer detuvieron al tal Santiago.

-Oye,... ¿Jose ya ha desayunado?

-Sí. Bueno,...

ha tomado un café y se ha ido a la barbería a que le retoquen el pelo.

-"Ozú".

Desde que es actor no sale de allí, se retoca más que una corista.

Arantxa,

¿qué averiguaste ayer en el teatro? -Bueno, ver,

Bueno, ver... Bueno, ver, también, ver...

Alguna cosa sí vi,

pero no sé qué quiere que le diga, señora.

-La verdad y rapidito.

-A ver, después de asistir a la función con Cesáreo,

le seguí un poco a ver que se cocía entre el señor

y la tal Esther Nadal esa.

-Y viste que estaban liados, ¿no?

-A ver, señora, yo no diría eso, no, no.

A ver, se hablan con confianza y cerquita, pero...

-Será desgraciado.

-Señora, por favor, no podemos decir a ciencia cierta

que tengan un asunto entre manos, no.

-Es posible,

pero si no están ya liados, les falta un par de suspiros.

-Hay que ser muy lelo para no darse cuenta de cómo se miran.

En fin, ese abrazo a mí no me pareció de compañeros.

-¿Cómo,...

también se abrazaron?

-Sí. -Ay, Arantxa.

Acércame ese abanico, que me está dando un sofoco.

-Ay, señora, por favor.

-Jesús, Jesús.

-Temple, que le va a dar un síncope, ¿eh?

¿Qué hacen? Madre, ¿está bien?

-Sí, que me ha entrado un poco de calor, cosas de la edad.

Nada de enjundia.

Y tú, ¿qué? ¿Le gustó al sereno la función?

-Sí. Pasmado estaba todo el rato.

-Es de suponer que eso de ir al teatro,

será una novedad para él, ¿no?

-No se crea, señora, cuando tiene algo de tiempo,

y algunas perras ahorradas,

le gusta ver alguna que otra función, aunque sea en el gallinero.

-Entonces, ¿qué fue lo que le llamó tanto la atención?

-Pues la actuación del señor,

le dejo boquiabierto.

-Está visto que todos se quedan encandilados con él,

ya sean hombres o mujeres.

Desengáñese, padre es un actorazo como la copa de un pino.

Claro.

No sabes hasta qué punto llega el arte que tiene.

Me voy, que tengo una reunión con el gerente del teatro

y con el dueño del café, quieren ver mi número antes del debut.

Deséenme suerte. Claro que sí, cariño.

-Claro que sí, toda la del mundo, mi vida.

Y sobre todo, que sea mejor que la de tu madre.

Comisario Méndez, qué bien le veo.

-Lo mismo digo.

Debe ser cierto eso que dicen de las ratas,

que se adaptan bien a los presidios.

-Cualquier lugar, por oscuro que sea,

se presta a que uno esté presentable.

-No he venido hasta aquí para escuchar sus opiniones,

es otro el asunto que me interesa. -Dígame en qué puedo ayudarle.

-No sé si hasta aquí ha llegado la noticia del accidente

de don Felipe Álvarez-Hermoso. -No, no tenía la menor idea.

¿Qué le ha ocurrido?

-Le han atropellado con un coche y le han dejado muy mal herido.

-No puedo decir que lo lamente.

-Déjese de pantomimas,

seguro que el asunto no le pilla por sorpresa,

sé que está implicado. -Le aseguro que no sabía nada,

eso sí, me extrañó no ver al abogado en el juicio.

-No juegue conmigo, la paciencia no es una de mis virtudes.

Si está implicado, lo voy a descubrir.

-Le animo a que lo intente,

no va a poder demostrar nada.

-No se engañe, no voy a necesitar mucho tiempo.

-No diga disparates,

¿cómo voy a organizar un asesinato desde la cárcel?

-Los dos sabemos que puede hacerlo si se lo propone.

-Estoy en pleno juicio,

no me parece muy elegante que trate de intimidarme

en estas circunstancias. -Deme los nombres de sus cómplices

y le pediré clemencia al juez.

-Ya le he dicho que no puedo hacer nada desde este encierro.

La conversación ha terminado,

No abriré la boca si no está presente mi abogado.

-Una cosa más.

Una tal Clara Jiménez, una mujer de la caridad,

vino a verle hace unos días. -Sí, eso es cierto,

vino a rezar por mis pecados.

-Hemos descubierto que el nombre con el que se registró,

no se corresponde con la cédula que le pidieron al salir de aquí.

Es una identidad falsa.

¿Quién es esa mujer? ¿Para qué vino a verle?

-Ya se lo he dicho, vino a rezar.

Qué mundo este,

que hasta las beatas utilizan nombres falsos.

No tengo ni idea de quién puede ser.

-No puedo creerle. -Haga lo que le parezca.

Yo, como ya le he dicho, no pienso decir nada más.

-Abra.

Camino, porque ayer no estaba de servicio,

si no me hubiera tocado detener a Santiago.

-Sí, supongo que sí. -Bueno, no lo habría hecho yo,

lo habrían hecho los guardias, pero yo estaría de refuerzo.

Yo también pensaba que estaba en el ajo.

¿A ti no te parece sospechoso?

-No sé.

-Camino, me da la sensación de que esto te importa un pito.

-No me quita el sueño, la verdad.

-Debería preocuparte lo que ocurre en el barrio, nos afecta a todos,

señores y criados.

-No va a dejar de darme igual.

-Bueno, me voy a mis asuntos,

que hablar contigo es igual que hablar con una estatua,

peor, que las estatuas no ponen esa cara de tedio.

-Es la única que puedo poner, créame que lo lamento.

-Muchacha, haz un poder y anímate. Ah,...

y no salgas sola hasta que esto se calme.

Con Dios.

-No le has dado ni la oportunidad de pegar la hebra al pobre Cesáreo.

-No tengo ganas de hablar.

-¿Sigues disgustada con madre?

No deberías,

ella está muy dolida por lo que pasó, y no se lo merece.

-Esa es tu opinión.

-Camino,

puede que tengas algo que reprocharle a nuestra madre

o que no estés de acuerdo con ella en algo,

pero piensa siempre en lo mucho que ella ha hecho por nosotros.

-Puede que...

pasara un poco los límites. -Pienso que sí.

Siempre debes tratar con respeto a nuestra madre,

ella te ha dado la vida y mucho más.

-Perdí los estribos, tenía que haber medido más mis palabras.

-Me alegra que lo comprendas.

Además, si tu profesora no puede seguir dándote clase,

no significa que no puedas seguir pintando.

-Sí, supongo que sí.

Anda, anímate, que por esto no se termina el mundo.

Tal vez con el tiempo,

encuentres a una profesora incluso mejor que la que tienes.

-Déjalo, no insistas, no voy a engañarme,

todo se ha acabado,

no puedo seguir sin Maite.

-¿No estás exagerando?

No puedes estar tan mal porque Maite no pueda darte clases,

es solo una profesora. -Te ruego que lo dejes.

No quiero seguir hablando del tema.

-¿Te reconciliarás con nuestra madre?

-Pensaré en lo que hemos hablado, te lo aseguro.

No termino de entonarme, no,

me he pasado toda la mañana sentada en el sofá.

-Espero que no sea nada de enjundia. ¿Quiere que busquemos a un doctor?

-No es necesario,

es de suponer que me encuentro así porque no he pegado ojo.

-¿Qué le quita el sueño?

-Pues nada, quería ir a ver a Jose y a Esther al teatro,

pero me encontraba tan regular, que fue Arantxa a echar un vistazo.

-Habérmelo pedido a mí,

ya sabe que estoy dispuesta a lo que sea por ayudarla.

No sé lo que me pasa,

pero cada vez me siento más indispuesta.

-Ya no somos mocitas, Bellita,

y es natural que vayan apareciendo achaques.

-A eso de hacerse vieja no le veo ninguna ventaja.

-No diga eso. (RÍE)

Aún nos quedan unos años para que nos puedan llamar de esa forma.

Cuénteme qué es lo que vio su criada en el teatro.

-Pues nada bueno.

Al parecer,

es cierto que mi Jose se está dejando seducir

por esa pelandusca de Esther Nadal.

-Ya le dije que esa mujer no era buena.

-Todavía no doy crédito a lo que está pasando.

Mi matrimonio siempre ha sido más sólido que la catedral de Sevilla.

Mi marido me ha venerado desde antes de nuestra boda.

Me niego a pensar que mi Jose es un hombre como los demás.

Él siempre ha sido especial, diferente a todos.

Tan cariñoso,

tan amable, tan gentil.

-Lo más probable es que lo siga siendo,

siendo pero con otra.

No sabe lo que me duele decírselo.

(Puerta)

-Muy tarde llegas de la barbería. -Y más pronto he de irme.

Solo he venido a por el abrigo. Voy al teatro.

-Pero si la representación es a la tarde.

-He quedado con Esther para que me ayude a preparar

la prueba de Míster Golden.

Voy a tener que bailar un tango ante la cámara,

y ella sabe bailarlo muy bien.

-A mí también me sale de perlas y no tendrías que salir de casa.

-(ASIENTE) No es mala idea,

pero... tú estás muy revuelta,

no quiero que te pongas peor. Ya he quedado con ella

y no quisiera darle plantón con lo amable que ha sido.

-Por supuesto que no puedes hacerle un feo a tu compañera.

-¿Sabes una cosa?

Me recuerda mucho a ti cuando eras joven, está llena de energía.

Margarita,

cuídemela mucho,

a ver si entre todos la sacamos adelante.

-Qué ciega he estado,

mi marido me ha remplazado por otra igual que yo,

pero más joven.

-No se angustie, no merece la pena.

Cinta, ¿cómo ha ido lo del teatro?

Vengo encantada, al dueño del café y al gerente del teatro

les ha encantado los números que he hecho para mi debut.

No podía ser de otra forma, eres la mejor artista de España.

No tanto, también me han puesto algún pero.

Eso es que no tienen ni idea.

¿En qué te han enmendado la plana? En poca cosa,

querían que hiciera algunos cambios,

pero tengo tiempo de sobra para hacerlo.

Entonces, todo va viento en popa, ¿no?

Y tanto, mi número va adelante, mi padre tiene prueba con Golden.

La única que me preocupa más es mi madre,

últimamente anda desmejorada. Espero no que no sea grave.

No, ella es muy quejica y dice que es solo una indisposición.

Pues... podríamos aprovechar el buen momento para que subiera a tu casa

y formalizar nuestro compromiso con ellos.

¿Qué pasa? ¿No te parece bien?

Me parece de perlas, pero aunque lo de mi madre no sea grave,

no está para visitas. Será solo un momento, Cinta,

no se trata de hacer una gran ceremonia,

no creo que la importune tanto.

Es que estos días está muy alicaída.

Es que, parece que pones excusas todo el tiempo,

como si no quisieras seguir adelante con lo nuestro.

Si solo trato de buscar la ocasión para que hables con mis padres.

No le des más vueltas, la ocasión propicia es ahora.

Yo no sé tú, pero...

estoy deseando contarle a todo el mundo que seremos marido y mujer.

Tienes razón, no tiene sentido que esperemos más.

Si lo vamos a hacer, mejor cuanto antes, ¿no?

Hoy mismo.

Me hace muy feliz verte tan dispuesta,

vamos a ser muy felices, te lo garantizo.

Voy a ver a mis padres y les digo que hoy irás a verles.

-¿Dónde va Cinta?

-Madre, tengo una cosa muy importante que decirle.

-¿Ha pasado algo con Camino?

-No, que yo sepa.

Se trata de mí y de mi futuro.

¿Cómo se encuentra?

Bastante mejor.

Deseando salir de aquí.

Eso está por ver,

aún falta que le hagan unas cuantas pruebas más.

Yo me siento casi recuperado.

Eso lo decidirán los médicos, tendrás que tener paciencia.

Supongo que no ha venido solo para interesarse por mi salud.

Así es.

Siento importunarle en esta situación,

pero tenemos que hablar.

¿Hay algo que pueda contarme sobre las circunstancias del accidente?

(NIEGA) No.

Todo...

se confunde en mi cabeza.

No deja de preguntar si sabemos cómo ocurrió,

es como si su memoria no pudiera retener ese momento.

Quiero que sepa que vamos a estar muy pendientes de su caso.

Hemos detenido a Santiago Becerra.

No creo que haya sido él,

aunque no le vendrán mal unos días en la cárcel.

Aún estaba dudando si denunciarle por la agresión.

Por supuesto que tenía que hacerlo. ¿En qué estaba pensando?

Le aseguro que no en él.

Si no lo hice, fue por...

Fue por deferencia a Marcia.

Ese tipejo no se merece ninguna consideración.

La otra línea de investigación nos lleva a Andrade,

él pudo encargar desde la cárcel que le atropellaran.

Eso me parece más acertado.

Es el único que se beneficia de mi estado actual.

También estamos investigando a su abogado.

Es lógico,

es con el único con el que ha tenido contacto

desde que entro en prisión. No es el único,

Andrade también recibió una extraña visita.

¿Quién? Una tal Clara Jiménez,

una mujer de la caridad.

No...

No tengo la menor idea de quién puede ser.

Sea quien sea, lo averiguaremos.

Pueden estar seguros que llegaremos al fondo de este asunto.

No me cabe la menor duda.

Bueno, no le molesto más,

espero verle muy pronto en la calle.

Le acompaño a la puerta. Gracias.

Con Dios.

En fin, espero que todo se solucione

y el accidente de don Felipe quede en agua de borrajas.

-Estoy segura de que no le pasará nada y que todo se aclarará,

Dios aprieta pero no ahoga. -La veo muy optimista.

Entre todas las desgracias que nos rodean,

siempre hay alguien que te saca una sonrisa.

-Tiene razón, seguro que al final todo se arregla.

La vida es como una travesía que hay que tomarse con calma.

En fin, con Dios.

-Con Dios.

-Quiero hablar con usted, madre.

-Espero que sea respetuosamente.

-Así procuro que sea siempre.

-Algunas veces no lo consigues.

-Y por eso quiero disculparme,

le pido perdón por cómo le hablé ayer.

-Fueron unas palabras muy duras, lo sabes.

-Lo sé.

Le falte al respeto

y no debí comportarme de esa manera.

-Acepto tus disculpas, hija,

pero estás muy distante.

De verdad, hija, no sé qué te pasa.

¿Por qué estás tan revuelta?

-No me ocurre nada, madre,

quizá esté baja de ánimos,

pero nada que deba preocuparla.

-Quiero que sepas que todo lo que hago,

lo hago pensando en tu felicidad.

-Sé que siempre lo hace.

-Trato de ser un escudo

que te proteja de todos los males que te acechan,...

aunque a veces, ni yo misma lo consiga.

-Lo de Valdeza está casi olvidado,

no se torture con eso, por favor.

-Hija, te quiero con toda mi alma,

con toda mi alma,

aunque a veces hay decisiones que no las entiendas,

pero llegará el día

en el que comprenderás que todo lo hago pensando en tu bien.

Tu hermano... y tú sois

lo más importante de mi vida.

-Lo sé, madre.

Por eso quiero que me digas qué te pasa,

cuál es el origen de tu desdicha.

-No sé apure, estoy bien.

-Preciso que me lo digas,

que me digas la verdad para poder ayudarte.

-Ya se lo he dicho,

son los ánimos, en unos días se me pasará.

-Camino, mírame,

quiero que sepas que siempre estaré a tu lado,

que comprenderé tus cuitas

y que haré todo lo que esté en mi mano...

para poder ayudarte.

-La quiero mucho, madre.

-Y yo a ti.

(LLORA)

A las buenas.

-He ido a buscarte a casa de tus señores,

doña Rosina me ha dicho que estabas aquí.

-Si quiero pulir la plata, tengo que salir de la casa,

que mi señora me vuelve loca con cada cucharilla.

-Como que me ha dado aviso de que bajes en diez minutos.

-Eso quiere ella.

Aquí me queda como una hora, y si termino antes,

me voy a tomar una achicoria tranquilita.

-¿Qué tal lo del billete de la lotería?

¿Has dao con él?

-No.

Primero he ido a ver a Marcia,

que está mu preocupá con lo de su marido.

-Yo no sé cómo va a acabar to eso,

a mi Jacinto y a mí nos da mala espina.

Pero ¿has buscao el billete o no?

-Que sí, mujer. Aprovechando que tenía que hacer la compra,

lo he buscado, pero nadie lo tiene.

-Pero haber seguido buscando.

-Como que me iba a dejar doña Rosina,

na más entrar por la puerta, me ha mandao un montón de tareas.

Se le da tan bien darme trabajo.

-Pa eso te ha contratao, pa tenerte de zascandila.

-Bueno, luego me voy a dar otro garbeo pa ver si lo encuentro.

-Ay, ¡qué triste sino el nuestro!

Tenemos la oportunidad de hacernos ricos gracias a la tía Anita,

y no podemos aprovecharlo.

(SE QUEJA)

-Mujer, no te pongas así, ya verás como damos con el dichoso numerito.

-No me pongo así por eso,

me da unos pinchazos que veo al demonio.

-¿Qué te ha dicho el sacamuelas?

-Que me haga unos enjuagues y me ponga este pañuelo

en los mofletes si me duele mucho.

¿Me ayudas?

-Pa chasco que sí.

Criatura, sí que estás jeringá, menuda desgracia.

-Desgracia es dejar pasar la lotería y que nos toque.

Estoy por salir a buscar el billete yo y to,

lo que sea pa no perder la oportunidad,

que la pintan calva.

-¡De eso na! Tengo el boleto.

Me he recorrido la ciudad dos veces, pero bueno, aquí está el número.

¿Qué te ha pasao?

-Que me duele muchísimo, Jacinto.

-¿Solo has comprao un décimo? -El que quedaba.

Pues nada, la mitad pa cada uno.

-¿Cómo vamos a hacer tres mitades?

Esto es un tercio pa cada uno.

¿No?

-Entonces, vosotros os quedáis con más parné,

las dos partes van pa la misma casa.

-Claro.

Pa eso somos un matrimonio bendecido por la Santa Madre Iglesia.

-Y un cuerno.

Esto es cosa de dos,

la tía Anita es nuestra tía,

tú solamente eres un añadío. -¡Ja!

Pero Jacinto ha comprao el billete.

-Y yo la que os dije que ese número era importante,

era un mensaje.

-Ahora el billete lo tenemos nosotros,

¡y esto es un tercio o na!

Además, he dejado dinero a deber al sacamuelas.

-¿Tú estás de acuerdo con lo que dice tu mujer?

-Eh...

-Más te vale decir que sí.

O no sé cómo vamos a pagar al sacamuelas, Jacinto.

Yo creo que en tres partes está bien, ¿no?

-¿Seguro, primo?

-¿Sí?

-Está bien. Pues entonces no quiero nada.

¡Quedároslo todo vosotros, avariciosos!

Y os digo una cosa,

ojalá os tengáis que gastar todo ese parné en un matasanos.

-Uy. -Prima...

-Esto lo guardo yo.

Tú eres capaz de hacer cualquier tontería.

Tómate esto, te entonará un poco.

-No puedo, tengo el estómago cerrado.

-¿Te han dicho algo en la comisaría?

-No, por más que he preguntado por él, no me han permitido verlo.

Solo me han dejado entrar para que el comisario me interrogara.

-Se te ve agotada, hija.

¿No te habrá sucedido nada más?

-No, ¿qué otra cosa podría pasarme?

-Yo no fui.

¿Me crees?

-Sí.

-Necesito una coartada para que la policía me crea.

Tienes que ayudarme, tienes que decir que estábamos juntos

cuando el atropello.

-Pero eso no es cierto. -¿Es que no me vas a ayudar?

-Mira, si quieres, mañana te acompaño a la comisaría

y le llevamos a Santiago algo de comer.

-Es usted muy buena, Fabiana.

-No es nada, hija.

¿Qué le trae por aquí, señor comisario?

Quiero hablar con usted y con Servando Gallo.

-Comisario,... tengo algo que contarle.

-Ya le hemos tomado declaración, ¿qué ocurre ahora?

-Es algo que no le he dicho antes.

-Está bien, dígame.

Usted vaya a buscar a Servando. -Sí, señor.

-Tengo que pedirle que libere a mi marido.

-No puedo hacerlo, él es el principal sospechoso.

-Pero es inocente.

-Eso mismo me dicen todos. -En el caso de mi marido es verdad.

Él no ha podido ser el autor del atropello de Felipe,

no dispone de dinero ni de los contactos para haberlo organizado.

-Comprendo su insistencia

y eso le honra como buena esposa,

pero muchos vecinos fueron testigos de las amenazas de Santiago,

y eso nunca lo vamos a pasar por alto.

-Comisario, es inocente.

-Mi marido no pudo hacerlo por una buena razón.

-¿Por qué?

-Porque estaba conmigo en el momento en el que se produjo el atropello.

Toda esa mañana la pasamos juntos.

-¿Por qué no me lo había contado?

-La impresión de ver a mi marido detenido me nubló la mente.

-Dar falso testimonio es un delito muy grave,

puede terminar en la cárcel como su esposo, téngalo muy presente.

-Es la verdad

y estoy dispuesta a firmar mi declaración.

-Lo tendremos en cuenta, usted sabrá lo qué hace.

(Suenan las campanas)

He visto pasar al comisario Méndez.

-¿Viste a dónde iba?

-Sí, entró en la pensión.

Me consta que habló con Marcia.

Luego, llegó Fabiana y Servando, también quería hablar con ellos.

-Querrá interrogar a los que han tenido más trato con Santiago.

-¿Qué estará pasando?

-A saber qué le ha contado Marcia a Méndez. Maite,

siéntese y tome un tentempié, hay mucho de lo que hablar.

-El caso es que llevo un poco de prisa.

-Quédese un momento, lo que dura un café.

-Está bien, unos minutos sí puedo dedicarles.

-Usted que es una mujer de mundo,

¿qué piensa sobre lo que está pasando?

-¿Pasan cosas tan terribles en París?

-Por supuesto,

y mucho peores,

es una ciudad muy grande y hay gente de todo tipo.

-Sí, eso ya nos lo figuramos, pero ¿qué opina del atropello?

-No tengo elementos suficientes como para aventurar un juicio,

pero he de confesar que...

me tiene muy sorprendida.

-Camino, trae un café para Maite, por favor.

-Voy enseguida.

-¿Y tú qué opinas del atropello, Camino?

-Creo que eso es asunto de la policía.

-De la policía y de todos,

tenemos que convivir con esas gentes que vienen del extranjero,...

y a saber qué es lo que quieren.

-Claro que sí, eso siempre trae malas intenciones.

-También los habrá buenos.

-Esos son los menos, Carmen.

-¿Usted qué opina, Maite? Está muy callada.

-No tengo nada que añadir a sus comentarios.

-Ni yo.

-Las dos siempre de acuerdo.

-Ay, perdón.

¿Podrías traer unos pocos de cacahuetes?

Llevo un rato sin catarlos y ya no puedo más.

-Carmen, ¿sigue con esa manía?

-Sí, estoy desesperada, deseando que termine esto,

de seguir así, se me va a poner cara de mono.

Camino, trae esos cacahuetes para Carmen y el café, por favor.

-Sí, y date prisa, por favor.

Cariño mío, estás dando más vueltas que una noria, pichín.

Puede que esté un poco nerviosa.

-¿Un poco? Tiemblas más que un flan chino.

¿Nos vas a decir para qué es esta reunión?

Paciencia, padre, ahora lo sabrá.

"Paciencia".

Voy a ver si tu madre ya está lista,

me estás mareando con el baile de san vito que te traes.

Tata, ¿está todo listo para la celebración?

-Sí, y si es para lo que yo me estoy oliendo,

hasta para brindar tengo.

¿Tiene que ver con casorios o voy desencaminada?

No seas meticona, ahora lo verás.

Ya le he dado las gracias a la Virgen de Begoña

y a la Virgen de Aránzazu, por ti, cariño mío,

y por tu madre, que esto la va a sacar del bache,

verás que sí, cariño mío.

Madre,... alegre esa cara, por Dios,

quiero que hoy se lleve una alegría.

-Ya me gustaría estar más animada, pero no me siento muy católica.

-Tenías que haber venido conmigo al ensayo de la prueba.

Esther me ha enseñado unos pasos, que quedarán de maravilla.

Ojalá pudiera hacer la prueba con ella,

nos comunicamos con solo mirarnos.

(Puerta)

Voy.

-Uy, esta niña está más acelerada que los cohetes de las ferias.

-Ay, y creo yo que tiene razones pa ello.

-Buenas. -Buenas.

-Señora.

Señorita.

Bienvenidos a nuestra casa. -Muchas gracias.

Me barrunto que se estarán preguntando

el motivo de esta reunión. -Sí, más que na porque la niña

está a punto de colgarse de la lámpara de los nervios que tiene.

-Pues en breve les voy a sacar de dudas.

La dirección no te la sé decir porque vive en una cueva,

pero preguntas por el tío Juanillo en el pueblo y te dan razón de él.

-No sé si me va a merecer la pena tanto esfuerzo

solo pa vender miel.

-Claro, mujer, es la miel más rica de España, te lo digo yo.

Yo creo que el hombre es medio abeja,

lleva toda la vida viviendo por ella, y ya es como un zángano.

-Gracias por la información, ya veré lo que me hago.

Voy pa dentro, que he dejado la tienda sola,

le he dao libre a Marcia. -Está hecha un trapo,

lleva to el día yendo y viniendo de la comisaría.

-Ea, a más ver.

-¡Muy mal, Jacinto, pero muy mal!

-¿Me he dejao la portería abierta o el portal sin barrer?

-No hablo de la casa,

te reprendo por lo que le has hecho a Casilda.

-Es ella la que no atiende a razones,

y yo no me voy a llevar un rapapolvo de Marcelina por su culpa.

-Serás calzonazos. De no ser por Casilda,

ni te habrías enterado de qué iba el sueño,

y ahora la quieres dejar fuera. -Mentira,

que yo la quiero dar una parte del premio.

-Una parte mínima, y vosotros os quedáis con casi todo.

-Natural, somos dos.

Y he sido yo el que ha encontrado el boleto.

-Eso es una injusticia más grande que una plaza de toros.

Lo que no puedes hacer es dejar fuera a tu prima Casildilla.

-Pues a ver cómo convenzo a Marcelina

de darle la mitad a mi prima.

-Bueno, pues no lo sé, pues... dale tú al magín.

¿Qué pensaría tu tía desde el cielo

si ve que quieres tangar a tu prima Casilda?

-Con su genio, no le iba a gustar.

-Claro, hombre.

Igual que te ha dado el dinero, te lo puede quitar.

-Es verdad, no lo había pensado así.

Si no lo hago por Casilda, lo puedo hacer por mi bien.

-Claro que sí, hombre.

Y ahora... que lo vas entendiendo y vas a ser rico,

¿nos prestarías cien duros a Fabiana y a mí para hacer una reforma?

-Pues no sé qué decirle,

¿sabe por qué?, a mi tía eso no le importaba mucho.

Cinta es la mujer más maravillosa del mundo,

además de ser bella, cariñosa y atenta,

es inteligente como la que más.

Siempre tiene...

la frase adecuada o el comentario más ingenioso.

Y por si fuera poco,

corre por sus venas todo el arte y el talento

de doña Bellita del Campo,

y de don Jose, que se ha revelado

como actor de postín.

-(RÍE)

Sería un botarate si no me hubiese dado cuenta de tanta virtud

en una sola persona.

Pero no solo he tenido la suerte de conocerla,

sino también la inmensa fortuna

de que me corresponda en cuanto a sentimientos.

Por esto,

y... habiendo dejado a un lado

algunos compromisos que tuve que aceptar en el pasado...,

me veo con... el valor suficiente

de pedirles formalmente la mano de su hija,...

señores de Domínguez.

-(DON JOSE CARRASPEA)

-Por supuesto... que le concedemos la mano de nuestra niña.

Póngale el anillo. -Sí, claro.

-Dame un abrazo, yerno.

-Madre. -Hijo.

-Mi niña.

Tan jovencita y ya te vas a casar,...

nos haces viejos, hija mía.

Soy tan feliz, padre.

Y no sin razón,

Emilio es un buen hombre,

un buen novio y será un buen marido.

¿No dice usted nada, madre?

-Solo puedo darte mi bendición.

Unas parejas empiezan y otras acaban.

Te deseo una vida...

plena... y llena de felicidad.

Ojalá no tengas que sufrir lo que yo estoy sintiendo ahora.

(BELLITA LLORA)

Y que tu Emilio te cuide...

y no te engañe.

-¿Qué estás diciendo?

"No tengo palabras... para describir lo que siento".

-"Pues no digas nada".

-No, no diré nada.

Usaré mis labios para otra cosa que no es hablar.

-No es necesario que te desnudaras.

-Usted me lo enseñó el primer día de clase.

La esencia del ser humano está en su piel,

"en su desnudez, y la belleza también".

(Puerta)

¿Qué hace usted aquí?

-Quería verla.

-Pase.

¿Qué quiere de mí? -¿Que hablemos de mi hija?

Camino está mal, muy mal,

como hace tiempo que no estaba.

Quiero saber si ha pasado algo en sus clases que yo no sepa.

(Puerta)

¿Qué hace vestida así, aún queda mucho para el carnaval?

Es la forma de purgar mis pecados.

Son muchos, no creo que sea suficiente con cambiar de ropa.

Entre.

Terminemos esto rápido.

Como guste.

¿Qué desea de mí?

A mí no me engaña ni un segundo.

Sé que es la responsable del atropello de Felipe.

No es verdad,

pero puede pensar lo que guste. ¡Claro que es cierto!

Usted sigue siendo el mismo bicho dañino de siempre

y yo hice mal en subestimarla,

pero estoy dispuesta a rectificar.

Aquí hay una considerable cantidad de dinero,

es suya si se marcha definitivamente

y no la volvemos a ver más ni Felipe ni yo.

Camino la miraba a usted maravillada, y ahora ni se hablan.

-Tal vez el problema esté en su casa.

-Ahora va a ser mi culpa.

-No está desencaminada.

-"¿Está a gusto en el estudio?".

-Si ha contado alguna queja, habrá sido a su marido,

ayer mismamente, que estaban en el parque.

-¿En el parque?

-Sí, en un banco.

¿Era necesario montar esa escena?

¡¿Merezco que me amargue uno de los días más felices de mi vida?!

Por ti me duele en el alma, hija mía, lo sabes,

pero las cuentas se las pides a tu padre.

-Y dale. -Tengo que salir de aquí.

Es insoportable verse en una celda.

-Hablas como si nunca hubieras estado entre rejas.

-Esther me aguanta.

Me escucha.

Es la única persona con la que he podido hablar

de mis cosas cuando tú no me hacías caso.

Mi tía nos ha dado un número que creemos que es pa la lotería.

Me he hecho con el boleto, número por número.

-Boleto que no quieren compartir con Casilda,

que fue la que entendió a la tía fiambre.

De seguir como hasta ahora, el juez tendrá que morderse las puñetas

y reducir la pena que pide el Ministerio Fiscal.

-Y el único que puede hacer que no siga como hasta ahora es su colega,

el abogado Álvarez-Hermoso.

Los testigos se están echando atrás.

Felipe no pudo declarar,

así que, si queremos que sea una condena severa, sí,

te necesitamos.

¡Andrade!

¡Guardia, deténgalo! ¡¿Qué hace?!

No sirve de nada este nuevo disfraz. Nunca,...

jamás le perdonaré lo que le ha hecho a Felipe.

¡Jamás!

No me afecta su odio.

El Señor está conmigo.

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Acacias 38 - Capítulo 1158

12 dic 2019

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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