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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1154 - ver ahora
Transcripción completa

¿De qué planes hablas?

-De irnos a Cuba cuanto antes para entrar en el negocio del azúcar.

-¿A qué tanta prisa?

-Se acerca el momento adecuado.

¿Qué hace con las tazas? Si ya he servido yo el té.

-¿Qué voy a hacer?

Echarle un poco de azúcar para endulzar el té.

-Es muy amable, Margarita, pero... verá,

es que no me apetece tomar nada.

Me siento un poco mal.

Desengáñese,

nunca voy a salir de su vida.

Ni matándome se librará usted de mí,...

doña Genoveva.

No sé si hemos hecho bien

comprometiéndonos sin el permiso de nuestros padres.

Tenemos que encontrar el momento para decirles lo que hemos hecho.

Está bien. Lo haremos como tú gustes.

Me pregunto si don Liberto verá mucho al embajador.

-No lo sé.

Es la primera noticia que tengo de que se conozcan.

-Lo raro es que doña Rosina no presuma

que se codea con diplomáticos.

Ese baile lo inventamos nosotros.

Y no voy a permitir que una vasca se apropie de nuestras tradiciones.

-¿Y qué va a hacer usted?

¿Cuénteme, hay novedades... respecto al embarazo de Genoveva?

De momento, me ha recriminado que no muestre suficiente interés.

No quiero ni pensar qué sucederá si realmente está embarazada.

Voy a retar a Arantxa a que baile. -¿Y pa qué va a servir eso?

-La que mejor lo haga, podrá decir que el baile es de su tierra.

Le vendrá bien pasear,

luego nos pasaremos por mi casa a tomar un té moruno de esos

que nos sientan tan bien.

Venga, no perdamos tiempo.

Sé que detrás de la oferta de trabajo estás tú.

Tengo que confesarte que no dejo de pensar en ti.

A mí me ocurre lo mismo.

Pienso en ti cada vez que respiro.

-¿Qué está ocurriendo aquí?

¿Qué diablos cree usted que está haciendo?

-He sido yo la que... -¡Calla!

¿Busca usted una desgracia?

Porque si la busca, la encontrará.

Tan solo estaba felicitando a su esposa.

Mi esposa no necesita felicitaciones ni nada suyo.

No se acerque a ella o aténgase a las consecuencias.

-Vámonos, Santiago. -¡No!

Como esposo tuyo,

estoy en mi derecho de soltarle cuatro frescas.

No quiero problemas.

¿Qué se encuentra uno cuando se incordia a una mujer casada?

Mi intención no era ofender.

Ni a ella ni a usted. Ya.

Sin intenciones, ¿verdad?

¡Blanco y puro, como todos los señores!

-Santiago, vámonos. -¡Suelta!

Veamos si al señor abogado le entra alguna cosa buena en la cabeza.

Marcia le ha olvidado, ¿entiende algo tan sencillo?

Será mejor que atienda al ruego de su esposa.

Usted lo ha dicho,

mi esposa.

Y no por obligación ni por mandato sacramental.

Mi esposa está conmigo porque me quiere.

Me lo ha dicho,...

me lo ha demostrado.

-No tienes por qué explicarle nada. -Quiero hacerlo.

De otro modo, quizá insista en pensar que tiene alguna posibilidad.

No trato de separarla de usted.

Entonces, no vuelva a acercarse a ella.

¿Sabe lo que hemos pasado para volver a estar juntos?

¿Tiene usted la más remota idea?

No vamos a separarnos,... no la voy a perder de nuevo.

Antes muerto. O mato.

Caballero, no me amenace.

Mi paciencia tiene un límite.

Manténgase alejado de mi mujer.

Es la última vez que se lo digo.

Vamos.

Que tenga un buen día.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Y quién es el afortunado?

-Poco importa.

-Ya, ya, pero ¿quién es?

-Un chico.

-Me imagino. ¿Y lo conozco?

-No.

-¿Y tu familia, tu madre, tu hermano lo conocen?

-No. Ni lo conocen ni le van a conocer.

-¿No es de por aquí?

-No.

-Y si no es del barrio, ni lo conocemos tus allegados,

¿cómo es que lo conociste tú?

-Puede que le hayan visto por el barrio, no sé.

-A ver, aclárate, ¿dónde le conociste?

-Aquí, en el barrio.

Pero ni usted ni mi familia,

ni los vecinos le conocen como yo le conozco.

-Ya, que has visto en él algo que los demás no vemos.

-¡Pues sí!

He visto su verdadero ser, su alma,...

y sé que es la persona con la que quiero pasar toda mi vida.

-Son palabras muy profundas para una chica de tu edad.

-Nunca he estado tan segura de algo.

-Eso es amor, sin duda.

¿Se lo has dicho?

-Lo sabe.

Suélteme ya, ande.

No quiero que mi gente se dé un susto por nada.

-¿Podrá usted sola? -Llegar hasta los sillones sí,

lo peor han sido las escaleras.

-No entiendo de dónde pueden venir esas debilidades.

Le he estado dando vueltas todo el camino.

¿Cree usted que el té moruno que hemos tomado en su casa

habrá tenido algo que ver?

-¡Son hierbas, por el amor de Dios!

¿Qué mal le pueden hacer unas hierbas en infusión?

-Yo qué sé. A veces revuelven las tripas.

-Y la mayoría de las veces, las asientan.

Además, yo he tomado una taza y me encuentro perfectamente.

-Ya, pero cada uno es cada uno.

-¿Quiere que le diga lo que le pasa a usted?

Que se le han agarrado al estómago los nervios,

por lo de su marido y la actriz esa.

Uy, ¿eso?

¡Ya lo había olvidado!

-Conmigo no hace falta que finja.

¡Si ni siquiera podemos ser sinceras entre nosotras...!

Es más que normal,

yo diría que obligado,

que una mujer trate de proteger su matrimonio.

Y su marido, con el debido respeto,

sigue siendo un hombre de lo más galano.

¿Ella?

La tal Esther Nadal,

tiene fama de hechicera, de comehombres, vamos.

-No le voy a negar que sí que he sentido la punzada de celos,

pero no, se lo garantizo,

mi José no está para esas distracciones y ligerezas.

-¡Ave María purísima!

Pero ¿qué hora es esta para tener visita en casa?

A este paso cenaremos a las mil y monas.

-Arantxa, por favor. -No se preocupe,

que yo ya me marchaba.

Descanse; ya verá cómo mejora.

Mañana volveré en cuanto me sea posible.

-Gracias.

Buenas noches. -Buenas noches.

Buenas noches. -Hasta mañana si Dios quiere.

Mejorar, ¿de qué?

-Nada, mujer, un malestar. -¿Dónde está ese malestar?

-En las tripas.

Y en su parte más enroscá, ¡que todo tienes que preguntarlo!

-Claro. Pregunto por sí puedo cocerle un poco de pescao

o le puedo poner arroz blanco.

Alimentos que le van a sentir muy bien

a la parte más enroscá de las tripas.

-Olvídate de la pescadilla.

Cenaré lo que los demás.

-Muy bien, como usted quiera, señora.

-Espera un momento, Arantxa.

¿Qué te pareció la actriz principal,

la tal Esther Nadal?

-Yo no tengo ni tino ni maña pa esas cosas,

no soy ducha en tema de actrices.

-Es una buena cómica, de eso no cabe la menor duda.

Te pregunto más por... ¿Cómo la viste con mi José?

-Pues muy amable y compañera,

que para eso había sido un éxito la función.

-Pero ¿no estaba demasiado... volcada con él?

-Por lo que he podido guipar, en el mundo del artisteo

son muy sobones.

¡Pero todos, ¿eh?! Ellas y ellos.

Son mucho besuqueo, de abrazo, de ja, ja, ja, ja.

-Sí, bueno, pero entre nosotros sabemos distinguir

los besos de los besos.

A ver,

yo me refiero a que entre los dos,

entre José y esa actriz

se percibía...

A ver, cómo te lo diría yo.

Se percibía armonía, pero mucha, mucha armonía.

-Perdóneme, señora, no sé qué quiere usted que le diga.

-Que si notaste un tufillo raro cuando los viste juntos.

-El problema es que usted haya notado ese tufillo, no yo.

¿Sospecha algo raro?

-¡No, no, claro que no!

José no sería capaz de hacerme eso, ni mucho menos.

Ya pensé una vez mal de él, y prometí no hacerlo nunca más.

¿No te has fijado en él ahora? Si está como un niño.

-Como un niño con zapatos nuevos.

-¿Cómo?

-Que nada, que me voy a la cocina, que voy a freír huevos pa la cena.

-¿Huevos? Como tengo yo la tripa...

Hazme a mí la pescadilla, los huevos para el señor.

-Ya sabía yo, al final, pescao.

Santiago, al menos déjame que me explique.

-Si de verdad la señora cree que hay algo que explicar, adelante,

soy todo oídos.

-No me voy a andar con rodeos,

fue don Felipe quien me preparó la entrevista en la embajada.

-¡Me mentiste!

¡Lo sabía! ¿Habíais hablado?

¡¿Os seguís viendo?!

-¡No, Santiago, no! Yo solo hablé con don Liberto.

Fue él quien me informó de que la embajada buscaba una doncella

y me animó a presentarme al puesto.

-Entonces, ¿qué estás diciendo del maldito abogado?

-Es él quien conoce al embajador y a su esposa.

Pero sabía que si él mismo me lo proponía,

yo no pararía mientes en el asunto y no me presentaría.

-Debo reconocer que es un hombre inteligente.

-Y no ha tenido ninguna segunda intención.

-Siendo tan inteligente,

quizá ha podido tramarlo todo para que te enteraras.

Él queda como un héroe y tú en deuda.

-Solo pretende aliviarme de trabajo y ayudarme a ganar mejor jornal.

¿No es eso lo que queríamos, ganar más dinero?

Hasta podría seguir planchando.

Nos iríamos antes de lo previsto.

-No.

El abogado estaba en lo cierto:

no aceptarás un trabajo que él te haya proporcionado.

-¿Qué?

¡Es una tontería, Santiago!

La embajadora ha quedado muy contenta,

y el jornal es mucho mejor que el del barrio.

Es nuestra oportunidad.

-No le deberé mi prosperidad a ese hombre.

¡No se la deberemos a él, yo conseguí el trabajo!

¡Me eligieron a mí, no a otras! ¡Eso no es un truco de don Felipe!

-¡Deja de llamarle don Felipe! ¡Me hace sentir ridículo!

-Si nos hubieras visto, todo seguiría su curso.

-¡Pero te vi!

Sí. ¡Fui yo la que se acercó a darle las gracias!

¡No hay nada que afearme, ni a mí ni a él!

-No soy ciego, Marcia.

Ese encuentro no fue tan inocente como quieres hacerme creer.

Vi vuestros gestos,

vuestros ademanes...

-Te equivocas, Santiago. -No.

Soy tu marido ante Dios y ante los hombres,

¡todos los hombres!

Y como tal, me estoy portando.

Me desvivo por ti. ¿Te falta algo?

¿Por qué insistes entonces en hacerte daño,

en hacernos daño, poniendo a ese hombre en nuestras vidas?

Mira, Marcia,...

si continúas viéndole,... Hablándole,...

si continúas queriéndole,

pondré fin a este asunto de la única forma

que lo puede hacer un hombre de honor.

Suficiente paciencia he tenido ya.

Correrá la sangre.

¿Es eso lo que quieres?

A ver...

¡Ah!

¡Me he endiñao!

Si los señores no cambian de una puñetera vez estas ventanas

voy a terminar con los dedos como morcillas en pan.

-Por no hablar de las uñas.

Con tanto martillazo, vas a cambiar de uñas, tanto como de camisa.

-Algún día tendrá que venir un carpintero a poner unas nuevas.

-(RÍE)

Lo llevas claro.

Los señores son más agarraos que bailar un chotis

en medio de un huracán.

-Eso ya está.

-Buenos días.

Alguien se ha levantado con malos humos.

-Servando, por favor le pido,

¿puede esperar a que me tome la achicoria

para empezar a decir sandeces?

-Qué malas pulgas, oiga.

A ver si tiene que ver con el baile del zortzico,

el baile para grandes y pequeñicos.

-Por lo menos no ha dicho el baile del Pedrusco,

que no solo es incierto, sino prácticamente blasfemo.

-Oiga, oiga, a mí, cualquier cosa que no sea la jota de Naveros,

para mí son danzas de salvajes.

Salvajes son los guisos que se meten de castañas pilongas,

que no habrá quién los desatasque luego.

No me quiero imaginar el dormitorio de Naveros,

debe ser eso un festival de ruido y de olor.

-Uy, qué aguda.

A ver si va a tener miedo al reto que le ha propuesto Lolita.

-Se equivoca, Servando, y mucho,

voy a bailar hasta que me tiemblen las canillas,

pa demostrar que llevo el zortzico en la sangre y en las enaguas.

-¿Y qué tiene que ver el culo con las témporas?

Por muy bien que bailen, na tendrá que ver de dónde viene el gambeteo.

-Muy bien dicho, pastor.

A ver si este lance,

en vez de decirnos de dónde es oriundo el baile,

nos va a decir cuál de las dos danzarinas es más cabezota.

-A mí no me importa decirlo ni que se me escuche:

a mí, Lolita no me gana ni a cabeza ni a pies.

-¡Yepayá! Va a ser como una lucha de carneros, pero con más ubres.

-¡Jesús, por favor!

¡Jacinto, no diga esas barbaridades!

Otra más y se queda sin espectáculo.

-¡No, no, seña, disculpe, que no me lo quiero perder!

-Pues cuide un poquito esa lengua y esa boca,

que no es usted ya un gañán entre corderas.

-Tampoco es pa ponerse así.

Hablamos de un baile como los hay a cientos.

-¿A cientos?

Qué atrevida es la ignorancia.

Sepa usted que los bailes vascos son los más ancestrales de Europa,

que llevamos miles de años bailando eso, hombre.

-Vaya, pues no la hacía yo tan mayor.

(RÍEN)

-vaya par de sinsorgos.

Bueno, María, "gero arte".

-¿Qué ha dicho? -No sé qué de arte.

Este baile va a acabar a arañazos.

-O a escobazos, a lo peor.

Pero el espectáculo va a estar salao, verás.

Es el documento que te había comentado.

Para hacer una donación al Grupo de Apoyo a los Soldados,

no es habitual exigir la firma de un contrato tan embrollado.

Como habrás visto en el encabezado,

la donante es doña Catalina Narváez

y a doña Catalina no se le discute.

¿No?

Pues he visto un par de epígrafes bastante cuestionables.

Antes de cuestionar nada,

sáltate los párrafos y ve la cifra del donativo.

¡Con esta cantidad podríamos fletar el tercer buque!

Así lo haremos. Y es solo el principio.

A raíz de la gala real llegarán más donativos,

mínimo, tan generosos como este.

Tienes buena mano con los grandes de España.

Fue fácil con tu ayuda.

Sabes que mi presencia fue meramente decorativa.

Sabes moverte entre la aristocracia

como si hubierais ido con ellos al colegio.

Tampoco tú te quedas manco.

¿Yo?

Hiciste buenas migas con el embajador de Brasil y su esposa.

Nos conocemos desde hace años,

estudié portugués un tiempo y quería practicar.

Con Marcia, claro.

Deja en paz a Marcia, no tiene nada que ver con esto.

¿Ah, no?

¿Tu conversación con el embajador no tuvo como objetivo

conseguirle un trabajo a esa mucama?

¿Cómo lo sabes?

¿Quién te lo ha dicho?

No hace falta que nadie me lo diga.

Sois transparentes los hombres.

No servís, al menos, tú no, para las intrigas de salón.

No fue ninguna intriga. No tenía por qué serlo,

pero tu torpeza convirtió el asunto en una.

Te cubriste adjudicándole a Liberto la amistad con el embajador,

pero yo estaba allí, Felipe,

estaba en aquel salón,

y pude ver tus atenciones exageradas al matrimonio.

Supe que había algo más.

No he hecho nada que pueda humillarte.

Eso no lo decides tú.

¿No es suficiente humillación

que te desvivas por proteger a tu antigua amante?

No ha habido nada,

le he conseguido un trabajo a una mujer que lo necesita.

No quiero que me des explicaciones.

Si no lo hubieses hecho a mis espaldas,

me parecería bien que la ayudaras. ¿Dónde está el pecado?

¡En tu indecisión!

Porque no quiero pensar que sea indiferencia.

Indiferencia,... ¿hacia ti?

Sigues sin preguntarme...

por mi... estado.

Tienes razón.

Lo siento.

¿Cómo estás?

Bien.

¿Das el visto bueno al contrato?

Sí, no creo que sea un problema.

Si me disculpas, tengo un par de cosas que despachar.

Ya está to apañao. Arantxa ha dicho que sí,

así que las dos bailarán delante de todos el baile del Pedrusco.

-Querrá decir el zortziko.

-¡Anda que no se le nota ni na de qué lao está usté!

-Yo, como agente de la autoridad, no emitiré mi opinión,

me limitaré a mantener el orden en previsión

de posibles altercados protagonizados por partidarios

de una u otra contendiente. -¡Ande ya, no me venga con rollos!

¡A usté le va más el zortziko!

¡Mírelo, si hasta se pone colorao! -¿Colorado yo? No.

-¡Como un tomate pa freír!

Dígalo de una vez, Cesáreo,

soy hincha de Arantxa. -No.

No me lo reconoce, ¿eh? -(NIEGA)

-Voy pal chiscón a dejar la compra y me las piro pal quiosco.

-Con Dios.

-Le dejo aquí pensando.

Con Dios.

-Doña Felicia, espere.

¿Cómo se permite coger semejante bulto?

¿No ha podido pedir ayuda a nadie?

-Emilio ha ido a hacer un recado.

-¿Y la niña?

-No me hable de mi hija, de verdad.

No hay quién la entienda.

Parece que ha nacido para llevar la contraria o, peor,

para mirarte con ojos redondos

como si te juzgara o te acusara de algo.

Ojalá supiera qué le pasa.

-Doña Felicia, permítame el atrevimiento,

pero la veo tan atribulada, que he de contarle algo que sé.

-¿De mi hija?

-Sí. Pero prométame ser discreta,

es un secreto que ha tenido a bien contarme la muchacha.

Parece ser que está enamorada.

-¿Enamorada, de quién?

-De alguien que no le corresponde.

No me ha dado más detalles, pero... la muchacha sufre.

-(SONRÍE) Qué pava he sido.

Así que es eso.

Y el sufrimiento es lo que le hace estar más distante y huraña.

La verdad, me parece joven para que se eche al mundo,

pero ¿quién será tan tonto como para no fijarse en ella?

A ver, solo son observaciones mías,

no tengo más datos, pero yo diría que es el representante de vinos.

-No sé.

Sí que les he visto tontear,

y el muchacho es muy atento con ella,

pero ¿tanto como para fijarse en mi hija?

-Y, si no es él, ¿quién sino?

-No sé.

¡Jesús! Pero bueno, ¿tú no te vas a ir en algún momento del salón?

¿No tienes algo que ensayar?

Luego vendrá tu madre, y como no he barrido,

me va a echar la bronca y te vas a entender tú con ella.

Hoy me quedo, que hay algo que tengo que decirle a mis padres.

No me asustes, no me asustes.

¿Cómo de importante, pues?

¿No habrás hecho una barbaridad?

¡No, mujer, no! Estoy harta ya.

¿Cuántas veces te he dicho que soy decente?

Vas a conseguir ofenderme.

Yo te creería más fácil si no te hubiera visto pasear en camisón.

Perdona, Emilio no es un extraño.

Es joven, que es mucho peor.

-(SUSPIRA)

Me ha sentado estupendamente el desayuno, Arantxa.

Me había retirado a mis aposentos por si venían mal dadas, pero no,

tripas en orden,

cabeza despejada, equilibrio perfecto.

-Como me alegro, señora. -Digo yo.

-Tendríais que haber visto la función de anoche.

Clamorosos aplausos y bravos a diestro y siniestro.

Mi compañera y el menda tuvimos que salir a saludar varias veces.

Padres,

tengo algo importante que decirles.

Un anillo, mira qué bonito.

-¡Señor, que la niña está en edad casadera!

-¡Ay, José, es que no te enteras de nada, que estás muy tonto!

¿Te has comprometido, corazón? Con Emilio.

Debería habérselo consultado antes.

Tienen derecho a poner el grito en el cielo.

Pero... hecho está.

¿Es que no me van a regañar? Soy hija única. Digan algo.

Ay, estarás tan emocionada...

-A mí el muchacho me cae bien,

no sé, desde el principio me entró por el ojito derecho.

-Y lo agradable que es.

Y apuesto.

Muy buen mozo, aunque no sea diplomático.

-Por cierto,

¿has llevado a los Pasamar a ver la función?

No, no han encontrado un hueco en las faenas.

Pues no sé yo si resulta muy atento que mi futura consuegra

no se haya dignado a venir a aplaudirme.

Irá, iremos todos y le aplaudiremos a rabiar, no se preocupe.

Se me hace tarde para el ensayo. Ya nos sigues contando.

Hasta luego.

No creo que les hubiera costado mucho enfadarse un poco,

solo un poquito.

-Ay,... estás nerviosa, hija, y es normal,

que una no se compromete todos los días.

Pero vas a estar de suerte.

Ahora que Margarita está entre nosotros,

me ayudará a prepararte la boda.

Sí, que vete tú a saber por qué,

pero se le dan muy bien los detalles a esa mujer.

Tiene muy buena mano.

Por cierto, el anillo es muy bonito.

A Emilio le hubiera gustado algo mejor, con diamantes...

Me voy a arreglar y se lo cuento.

¿Y tú, tampoco me vas a reñir?

Qué te voy a reñir, si estoy encantada, hombre.

¿Por qué te tengo que reñir? ¿No estarás embarazada?

(RESOPLA)

Usted dirá, Servando, ¿qué se le ofrece?

-Nada, venía a ver a don Antoñito.

Me ha dicho Lolita que está fatal con lo de los cacahuetes.

-Un poco nervioso sí que está, sí, desde que no le dejamos comerlos.

-Pobre hombre, además de estar con antojo, no los puede comer.

Yo he pensado que... ¿Y si le dan cacahuetes hasta que se harte

y ya saldrá el sol por Antequera?

-No, no, no.

¡Si es que, para colmo, le sientan fatal al pobre!

Según Ramón, le pasa desde pequeño,

se pone a morir, aún más, cuando no están tostados.

-Si se los dan, mal, y si no se los dan, peor.

-Servando, me vienes muy bien porque...

quería hacerte una pregunta que tengo en la cabeza.

¿Te ha picado alguna vez a ti una abeja muerta?

-¿Una... abeja muerta?

Que yo recuerde no, don Antoñito.

-No le preguntes cosas raras a Servando,

que solo ha venido a interesarse por su estado de salud.

-Muchas gracias, Servando.

Es todo un detalle porque no tenías por qué, gracias.

-Gracias, gracias a usted, don Antoñito.

-Gracias. -Gracias.

Suélteme, por el amor de Dios.

Carmen, por favor... Don Antoñito...

¿Podría traerme un vaso de agua?

Que enseguida...

-Eh... Enseguida.

Disculpe que no le haya ofrecido nada antes.

Ahora mismo se lo traigo.

-Está apretando, aprieta mucho.

Mire, mire. Chist...

Quieto. Le he traído una cosa que le va a gustar.

-Huele muy bien.

-Gracias, don Antoñito.

Me parece que está como un alma en pena.

Aquí está. -¿Qué es?

-Ábralo, ábralo.

¿Eh?

Don Antoñito, por Dios...

Tienen cáscara.

Nada, don Antoñito, usted, usted coma, don Antoñito,

que sé muy bien lo que es el ansia, desde un año en Naveros del Río

que me castigaron sin tomar castañas.

No se puede hacer una idea de lo que es...

imaginarse un futuro sin castañas,

bueno, en su caso, sin cacahuetes.

Le tiemblan a uno las piernas de solo pensarlo.

-Gracias, Servando.

Eres un amigo de los que siempre se recuerdan, gracias.

-Gracias, don Antoñito. Usted ya sabe...

Hoy por ti, mañana por mí. Por Dios.

-Aquí tiene el agua, Servando.

-Ya, ya. Sí.

Muchas gracias, Carmen, pero se me ha pasado la sed.

Eh, con...

Con permiso, me retiro.

(Música)

Arrea, no sabía que hoy había jarana.

Claro, como nadie me avisa de na. -Qué jarana ni qué ocho cuartos.

¿Y pa qué es el gramófono si no es pa echarse unas piezas?

-Lo estaba ajustando, que no sonaba bien.

¿Qué hace usted con esa contraventana?

-Voy a lijarla y a pintarla,

que está más áspera que los talones de mi tío.

Cuando helaba en invierno, bajaba descalzo la cuesta de la iglesia

sin resbalarse ni na?

-Buenos callos tendría el hombre. -Bueno, bueno, si le cuento.

Un día vino un callista al pueblo, mi tío contrató sus servicios,

y cuando bajó del carromato, medía cuatro dedos menos.

(RÍE)

-Qué interesantes estas historias de su familia, interesantísimas.

Hale, termine usted la ventana

y ya me va contando historias familiares.

-Vale.

Vale. -Con Dios.

Prepárese, que tengo para aburrir.

-Cesáreo. -¿Qué?

-¿Para qué me necesitaba con tanto secreto, hombre?

-Para terminar lo que empezamos ayer, lo del pasodoble.

-Pero ¿aquí otra vez?

-Y con música. -¡Ni loca, Cesáreo, ni loca!

La música se escucha desde abajo. Podría entrar cualquiera...

-No se preocupe, que lo tengo todo controlado.

A esta hora,

las criadas están preparando el almuerzo de los señores.

-Bueno, tiene usted una mente fría y calculadora.

-Y un corazón caliente y apasionado.

-¡Jesús, María y José!

(Suena un pasodoble)

¡Descarado!

¡Ha resultado ser más fresco que...! ¡Un sinvergüenza es usted!

(SUSPIRA)

No sé si para bien o para mal,

pero está usted en boca de todos, amigo mío.

Su relación con doña Genoveva se ha convertido en la más popular

de toda la ciudad, son la pareja de moda.

La recepción ha dado mucho que hablar.

Y cuando la gente habla, llega hasta el final.

Se comenta que no ocultan ustedes prácticamente su intimidad.

¿Me he perdido algo?

Ya se lo contaré en otro momento.

Entiendo que usted lo sabe, Liberto, sea lo que sea.

No es por falta de confianza, créame.

Eso espero.

Lo sabrá usted, no lo dude,

pero ahora no sería conveniente.

-Quizá yo pueda templar un poco su resquemor, don Ramón.

Usted en la situación de don Felipe, habría actuado de la misma forma.

-Eso me tranquiliza.

Cuando quiera hacerme partícipe de su confidencia,

le estaré esperando.

-¿Tiene ya preparado su testimonio para mañana?

-Cierto, mañana es la vista oral contra César Andrade.

¿Está usted nervioso?

No, no, por mi declaración.

Fui testigo presencial y me limitaré a decir la verdad.

Sí que me inquietan el resto de los testigos.

-¿Las mujeres explotadas?

Contaba con que Marcia no tuviera que subir a declarar,

pero me temo que no podré evitarlo.

¿Y eso? ¿No sería suficiente con el testimonio de las demás mujeres?

Las muchachas que no se han fugado, se niegan a declarar.

-Es normal. Sufrieron el horror que les imponía Andrade.

Yo también las entiendo,

pero dejan a la acusación prácticamente en manos de Marcia.

Creo que hay una chica que está por decidirse.

Quizá sea suficiente;

al fin y al cabo, ella recibió un disparo

y eso le convierte en un testigo conmovedor y fiable.

Eso espero.

Pero no hemos preparado su testimonio con antelación.

Tendré que reunirme con ella para evitar que caiga en olvidos.

-Malo.

No creo que a su marido le agrade la citación ni que ustedes se vean.

-Felipe, antes de esa reunión de preparación,

debería usted pedirle permiso a Santiago.

O mejor aún,

invitarle para que él sea partícipe de la charla,

no creo que se niegue.

-Lo que no va a tolerar es que ustedes se vean a solas.

Lo sé.

No se crea, todavía lloro por las noches.

He pasado penurias y decepciones de todo tipo,

pero ninguna tan dolorosa como la infidelidad de mi marido.

-Hombres.

-Usted no se puede quejar.

Por mucho que don José sea ahora un galán afamado,

a la legua se ve que solo tiene ojos para usted.

-Y que no se fije en otra,

que entonces, quien no dormiría sería él.

(RÍEN)

Oiga, ¿y nunca, nunca, a lo largo de su matrimonio,

no sé, don José se ha permitido... un desliz?

-Jamás.

Como usted bien dice,

es solo mirarlo y ver que sigue enamorado como el primer día.

-¿Y qué?

Para los hombres, eso no es óbice ni cortapisa.

Perseguir faldas

es como una especie de deporte para ellos,

deporte que siguen practicando por muy enamorados que estén.

-Alguna vez se me ha pasado por la cabeza,

pero lo he desechado de inmediato.

Además de artista, soy bruja, y creo que lo notaría.

Además,

José no tiene doblez ninguna.

(Risas en la calle)

-O no la tenía hasta ahora.

-¿Qué quiere usted decir? -Mire.

-Bueno, me marcho. -No.

No puede marcharse así ahora, traidor.

¿Nos has hecho acompañarle hasta su barrio y ahora quiere desaparecer?

-Pero mi alma, tampoco por haberme acompañado,

vamos a tener que casarnos, ¿no?

-(RÍEN)

No se va a librar de nosotros tan pronto,

al menos no de mí.

Ya que nos ha hecho acompañarle,

¿por qué no nos invita a tomar algo en esta pensión?

-¿En la pensión? -Sí.

-Está bien. Pero una,

una na más, que luego tenemos función.

Que ahora empiezo a declamar monólogos

y vosotros os subís al carro, que os conozco.

(RÍEN)

-Parece que se llevan bien

y eso no es fácil en una cuadrilla de artistas.

-Donde esté mi José, siempre hay buen ambiente.

-Ella es muy guapa, ¿verdad?

-Sí.

Algo tiene que tener cuando le dan el papel protagonista.

Ya puede dar gracias de que don José sea tan cabal,

cualquier otro estaría ya rendido a la cómica.

Hm...

¿No te ha dicho si ha conseguido el puesto?

-Parece que le entró por el ojito derecho a la embajadora,

pero no sabe lo que pasará al final.

No parecía mu contenta.

-Pobre Marcia, ese trabajo hubiera sido una bendición para ella.

-Y que lo haría requetebién.

Pocas he visto más pacientes

y más buenas que ella, además de ser lista como el hambre.

-Por eso, precisamente, te convendría que no la eligieran

para que se quedara contigo en la mantequería.

No vas a encontrar una dependienta mejor.

-No sea desalmado, padre.

Si la muchacha puede prosperar, nosotros a callar y a buscar a otra.

Desde el punto de vista comercial no es una decisión correcta,

pero tienes razón, solo bromeaba.

Los Palacios no somos de los que se interponen por egoísmo

en el progreso de los demás.

-Carmen, ¿has echado cacahuetes a la tarta?

-Ni que una estuviera tonta. -Pues algo hay.

-Ya lo he visto.

-(LOLITA CARRASPEA)

Amor mío,...

¿has estado zampando cacahuetes?

-Pues... se ve que no confías en tu esposo.

-¿Y por qué tomas una infusión de menta en lugar de café?

Tú solo te endiñas la menta... cuando algo te sienta mal.

-Por proteger el estómago de los excesos de estos últimos días.

-Dejad de agobiarlo las dos;

más bobo sería él si comiera cacahuetes

sabiendo lo mal que le sientan.

Pero bobo, bobo para siempre.

-Gracias.

-Bueno, y hablando de las debilidades de cada uno,

repartamos juego:

Lolita, ¿qué hay de verdad en eso de que vas a bailar en público

el baile del Pedrusco?

-Mire, suegro, hay algunas malintencionás

que se dedican en engañar a los demás, diciendo que el Pedrusco

viene de las vascongadas.

-¿Es en serio? ¿Vas a bailar ese disparate?

-Es una cuestión de honor. De honor, justicia y verdad.

-¿Dónde has escuchado tú una cosa tan relamida?

-Creo que se lo escuche a usté.

-Lolita, eso es un dislate.

Independientemente de que puede ser malo para el embarazo,

que lo bailes mejor o peor,

no es significativo de que el baile sea originario de Cabrahígo.

-Demuestra que lo llevo en la sangre, cariño, hombre.

Y tranquilo, que en Cabrahígo, las preñás lo bailan con las comadronas.

-¡Dígaselo usted, padre, que a mí no me hace caso!

-Templa, hijo mío, templa:

Trini lo bailó durante su embarazo

y bien hermosa y guapa que ha salido tu hermana.

-Es que usted es peor que ella.

-Bailando el Pedrusco, seguro.

Mira que a mí me parece divertido, pero jamás le pillé el tranquillo.

-Es verdad.

-Ay, Ramón,

¿un caballero tan recto como tú bailando el Pedrusco?

-Que sí, ni que mi suegro fuera un baldón.

En mi pueblo lo baila hasta el sargento de la guardia civil

con el tricornio puesto.

Suegro, vamos a bailar.

-Venga.

Ya verás.

(LOLITA SUSPIRA)

De frente. -Venga.

-(LOLITA RÍE) Y...

(LOLITA SILBA)

Pa'tras, pa'tras. (LOLITA SILBA)

Pero no se ría, baile usted. -No.

Que sí, baile.

Y tú también, así se te quita el nervio.

Venga. -Venga.

-Venga. -Anda.

-Venga.

Con la derecha. Y...

(LOLITA SILBA) -Ay, Ramón.

A ver, por fortuna para nosotros,

prácticamente, la totalidad de sus mujeres o se han esfumado

o se han negado a declarar.

-En ese "prácticamente" está la trampa, ¿verdad?

¿Cuáles son las que testificarán?

-Una tal Fátima será la primera.

-No es muy lista. ¿Marcia?

-Ha sido citada a última hora, pero sí.

También declarará Mariano de Sousa.

-¿Esa rata?

¡Lo sabía, sabía que me vendería a la primera de cambio!

La policía o la acusación le habrán prometido algunos beneficios:

reducción de condena o inmunidad.

Van a por usted,

los demás no son sino herramientas para agravar su condena.

-¿Testificará Felipe Álvarez Hermoso?

-Sí, mañana, de los primeros.

-No se preocupe por él.

-¿Cómo que no me preocupe? Usted me paga por preocuparme

y el señor Hermoso es una pesadilla.

No solo es un testigo presencial,

conoce triquiñuelas para captar la atención de los jueces.

-No podrá perjudicarme.

-¿Está pensando en cubrirse las espaldas?

-De una manera u otra. No querrá usted que me rinda.

-¿Es eso lo que trató con la mujer que vino a verle?

-No quiera saber de más, abogado, no suele ser bueno para la salud.

-Tengo que saberlo... ¡o mi defensa será inútil!

¡O me cuenta los pasos que tiene pensados dar o...!

-¿O qué, letrado, o qué?

A diferencia de los que usted da, mis consejos son gratuitos:

si continúa preguntando por esa mujer,

si continúa metiendo las narices donde no le llaman,

terminará en el cementerio.

Don Felipe Álvarez Hermoso es asunto mío,

¡exclusivamente mío!

(Suenan las campanas)

¿Sabes? Cinta ya les ha dicho a sus padres que estamos prometidos.

¿No me preguntas cómo se lo han tomado?

-Creo que me lo vas a contar de todos modos.

-Muy amable. Pero sí, te lo voy a contar:

como si oyeran llover.

-¿No se han enfadado?

-No. Ni tampoco me han pedido que suba a su casa

a formalizar el asunto como Dios manda.

Hace un rato ha estado aquí doña Bella con Margarita,

y apenas me ha saludado. ¿No te parece de lo más raro?

-(CHASCA LA LENGUA)

-¿Se puede saber qué te pasa?

¡Nos tratas a todos como si no te importáramos!

-¡Déjame en paz! -¡No, se acabó tanto misterio!

¡Dime qué te pasa!

-¡¿Te ha enviado madre a sonsacarme?!

¡Eres su perrito faldero!

-¿Se puede saber a qué vienen esas voces delante de los clientes?

¡Sabéis que es algo por lo que no paso!

-¡Que se lo explique ella, si es que usted la entiende!

Mientras me hacías los desplantes,

he intentado callar y que la cosa no fuera a más.

Pero ahora tratas mal a tu hermano,

por no hablar de los clientes.

¿Te das cuenta de que no sonríes?

Por favor, piénsalo,

recapacita o esto terminará mal.

No, señora, no pienso aceptarlo.

Don Felipe ya me paga un jornal generoso.

Cójalo o terminará avergonzándome que trabaje para mí.

Si no lo necesito, señora, de verdad.

¿Cómo que no? Dese un capricho.

¿Cree que no me he fijado que conserva bien la coquetería?

Cómprese un tocado o un mantón, carmín rojo para los labios.

Quién sabe si no consigue un novio.

¡Señora! Bueno está lo bueno.

Nunca es tarde para el amor, Agustina.

Fíjese en mí: viuda, con pasado a mis espaldas,

y enamorada de Felipe.

Ojalá les vaya bien.

Marcho, que será don Felipe precisamente quien se enfade

si no le tengo dispuesta mañana la ropa para el juicio.

Que vaya al juzgado hecho un pincel.

No lo dude usted, señora.

Salga conmigo.

Doña Maite,

me alegro mucho de que su madre ya esté recuperada.

-Gracias.

Siento mucho haber marchado sin despedirme.

Supongo que habrás echado de menos las clases.

-Un poco, pero no ha sido culpa suya.

Eso sí, me muero de ganas de volver al estudio.

¿Podré tomar una clase hoy mismo?

-Por favor, estas ansias de la juventud.

Ten paciencia, tu profesora estará cansada,

acaba de poner un pie en el andén.

-Claro, perdone doña Maite.

¿Qué le da a esta muchacha para que aprecie tanto su pedagogía?

-Rosina tiene razón,

estoy agotada.

Hoy no podrá ser, pero...

pásate mañana por el estudio,

a la hora de siempre. -Allí estaré.

-Buena tarde.

Gracias doña Rosina por venir a recogerme.

-Un placer. -Con Dios.

-(SUSPIRA) Voy a tomarme un café.

-Pase, Rosina, ahora le atiende Emilio.

Camino, hija, ¿me he perdido algo?

-(NIEGA)

-Cualquiera diría que eres la misma de antes.

(Puerta)

Buenas tardes, Fabiana.

Buenas, don Felipe. ¿Qué puedo hacer por usted?

¿Un café? No se preocupe.

Vengo buscando a Santiago.

No ha vuelto todavía.

Escúcheme, don Felipe, con el debido respeto,

sería mejor que usted...

-Felipe.

¿Qué haces aquí?

Márchate, te lo ruego. Marcia, espera, espera.

No es lo que piensas.

Quiero hablar con tu marido.

Él no querrá hablar contigo. Dejemos las cosas como están.

Te confundes.

Le busco a él para pedirle permiso para hablar contigo.

¿Has recibido la citación para testificar contra Andrade?

¿Me van a llamar?

De eso se trata.

El requerimiento llegará y tenemos que preparar tu testimonio.

Yo te diré cómo responder al abogado.

-Don Felipe, Marcia, estaré dentro si me necesitan.

Gracias, Fabiana.

-No creo que mi marido permita que nos veamos ni siquiera para eso.

Marcia, quieres que condenen a ese canalla, ¿verdad?

Haré lo que sea, pero si tengo que estar a solas contigo...

-¿No aprende usted nunca, abogado?

Ya se lo dije.

¡Si volvía a encontrarle molestando a mi esposa, sería la última vez!

¿Cómo te llevas con tus compañeros, son amables contigo?

-Sobre todo Esther.

Tiene a todos los hombres bebiendo los vientos por ella.

-¿A todos?

-"¿Está tan cansada que no podemos vernos un rato?".

-Claro que estoy cansada, ¿por qué iba a mentirte?

-Pensé que lo había dicho porque estaba Rosina delante.

-La clase será mañana, y punto.

-Qué cara,

parece que haya visto a un aparecido.

-El único difunto es mi matrimonio.

-Jesús, señora, pero ¿qué está diciendo?

¿Hay novedades del concurso al que quiere presentar a mi hija?

-¿Concurso?

¿Ha dejado usted el diario sobre mi mesa?

No, señora.

Úrsula ha entrado. Quería que viera esta noticia.

Destrucción.

(Tormenta)

(Gritos)

(Aplausos)

-Nos hemos reunido aquí

para descubrir si el "chorchino"...

-Zortziko, animal, zortziko pues.

-¿El baile, el baile...

es original de Cabrahígo o de las Vascongadas?

(Aplausos)

"No dudo que su marido sea fiel y honesto,

pero ¿podemos decir lo mismo de esa lagarta?".

Termine el té, que conozco el camino.

Con Dios. -Con Dios.

Úrsula trata de advertirme.

Si me ataca, no solo mi vida estaría en juego.

(Música)

Se llame como se llame, son iguales.

¡¿Se cree lo bastante hombre como para pelearse conmigo?!

-¿Qué escándalo es este?

-¿Han perdido el oremus? Por Dios.

-Tranquila, Fabiana, el abogado y yo tenemos asuntos pendientes.

-Si se pelean en la pensión, nos buscan la ruina.

Aviso a los guardias.

-Vayamos a la calle.

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Acacias 38 - Capítulo 1154

05 dic 2019

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Felisa

    Lunes 9/12/2019, pasado con creces el horario habitual, no subieron a la página el capítulo 1155.-¿ es que sigue la joda en España ?

    09 dic 2019
  2. Felisa

    Viernes, 06/12/2019 no subieron el capítulo 1155._ ¿Que? en España era el día de la escarapela ???????

    07 dic 2019