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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1153 - ver ahora
Transcripción completa

También quiero que averigüe qué le ofreció a Andrade

a cambio de información.

Se ha desmayado en la calle.

-No se preocupe, ya la ha visto un médico del 34, un vecino.

Dice que ha sido una bajada de tensión.

-Estaba preocupada por doña Maite.

Ha marchado sin avisarme de que suspendíamos las clases

y quería saber si es algo importante.

Ha marchado a Pamplona para cuidar de su madre, está enferma.

¿Quién era?

-Una buena samaritana que quiere ayudar a los presos.

¿Por qué está doña Genoveva dispuesta a pagar tanto dinero

para ayudarle?

-El amor, que es ciego, ya lo sabe.

-¿No me dirá que está enamorada de usted?

No soy el afortunado, desgraciadamente.

-¿Y quién es?

-Uno de sus colegas. Don Felipe Álvarez Hermoso.

-El testigo al que tanto tememos.

¿Qué me dices?

Que sí, pesado, que sí.

A través de mi amigo, el embajador de Brasil,

he podido saber que su esposa busca una doncella.

Quiere que sea de su país y de plena confianza.

-No puedo dejar a Lolita sola

ahora que le falta tan poco para tener al niño.

-¿Cómo va a tener un antojo, si la embarazada eres tú?

-Que sí, en el pueblo pasa, el antojo le da a los hombres.

Todos mis hijos,

todos me han abandonado.

Perdónalos, Señor.

Hoy he estado en el médico y me ha hecho pruebas.

Lo he hecho a escondidas para que nadie se enterase.

¿Qué te ha dicho?

Me darán los resultados en tres días.

Te propongo que hasta entonces no nos preocupemos.

Haremos lo que tú decidas.

Yo, si fuera tú, haría lo posible para que me dieran ese trabajo.

-¿Y la mantequería? -Que yo me apaño, mujer.

Ya buscaré a alguien para que me ayude.

Le voy a prohibir que siga asistiendo a clase.

-No, madre, no haga eso. Por favor se lo pido.

-Su vida es ganarse el pan, que no somos ricos.

El pan se gana sirviendo mesas y fregando platos.

Voy a por el té.

-"¿Quién soy yo para impedirte hacer lo que deseas?".

Pero...

Pero no será un trabajo que puedas hacer durante mucho tiempo.

Tengo otros planes para nosotros.

¿De qué planes hablas?

-De irnos a Cuba cuanto antes para entrar en el negocio del azúcar.

-¿A qué tanta prisa?

-Se acerca el momento adecuado.

Tú no entiendes de política, pero yo te puedo asegurar

que no sería de extrañar que varios países se enzarcen en una guerra.

-¿Y qué tiene que ver la guerra con el azúcar?

Lo que necesitarán son balas, no azucarillos.

-¡Qué inocente eres!

En una guerra no puedes tener a los soldados sin comer.

Los alimentos son tan necesarios como las armas,

por eso subirá el precio de las comidas, como si fueran de oro.

-¿De dónde sacarás el dinero para comprar la mercancías?

-En cuanto lleguemos a Cuba, buscaré inversores.

No me van a faltar cuando les cuente mis planes.

-¿Estás seguro?

La gente no es favorable a dar su dinero al primero que llega.

-Lo sé,...

Y me ofreceré como intermediario entre ellos

y los compradores europeos.

Cuando estalle la guerra

multiplicarán por mil su dinero,

y nosotros nos quedaremos la parte que nos corresponda.

No has de preocuparte de nada,

yo me encargaré de traer todo el dinero que pueda a casa.

Este negocio tiene que funcionar.

¿Dónde has aprendido tú todas esas cosas sobre negocios?

Antes no conocías ni una palabra de esos asuntos.

-El tiempo que pasé en la cárcel me sirvió para agudizar el ingenio

y estar atento a todo lo que se hablaba.

No tengas duda,...

sé bien lo que puedo conseguir en este mundo.

-Confío en ti plenamente, será como tú dices.

-Una pregunta.

¿De qué conoce don Liberto al embajador de Brasil?

Según me contó, coincidió con él en Maracaibo.

-Qué extraño, Maracaibo está en Venezuela.

¿Qué hacían los dos allí?

-No... No sé.

-Supongo que estarían metidos en el negocio del petróleo,

abunda por esas tierras.

Verás lo bien que nos va a ir por Cuba,

esa tierra está llena de oportunidades

para gente como nosotros.

Antes de que nos demos cuenta,

tendremos nuestra propia hacienda y un montón de criados.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Qué hace con las tazas? Si ya he servido yo el té.

-¿Qué voy a hacer?

Echarle un poco de azúcar para endulzar el té.

Es...

Es muy amable, Margarita, pero...

verá, es que no me apetece tomar nada,

no me siento bien.

-Hace mal,... una infusión, sin duda le entonará.

-Si acaso, tomaré una pasta.

-Razón para que la acompañe con algo de beber

o terminará atragantándose.

-Tiene razón.

Arantxa,

llévate el té y tráeme un vaso de agua.

-Sí, señora.

¿Quiere usté el té, doña Margarita?

-No, muchas gracias.

-Quédese un ratito conmigo.

Un poco de charla, me irá bien para distraerme.

-Claro que sí.

Como si quiere que estemos de cháchara toda la tarde.

Me tiene que contar todo lo que se dice sobre la función de su marido,

creo que las críticas son estupendas.

-Y tanto, no se puede quejar, le consideran un gran actor.

-Tiene que estar en una nube.

-Figúrese,

mi esposo es como un niño grande,

le da mucho bombo a esas cosas,

y... le encanta que le den un poquito de coba.

-Bueno, cualquiera haría lo mismo en su lugar.

-Él está muy ilusionado, porque ha invitado a los vecinos

a que vean la representación esta tarde.

Los pobres... van a tener que ir a verle, les guste o no el teatro.

Hay que ver

los vanidosos que son algunos hombres.

-Una barbaridad.

Nosotras somos mucho más comedidas con nuestros asuntos.

-¿Qué le ocurre, Margarita?

No deja de darle vueltas a su limosnera.

-Nada.

Trataba de sacar un pañuelo,

pero no quería interrumpir la conversación.

-No se ande con remilgos, que estamos en confianza.

-Sí, por supuesto que sí.

Parece que me estoy resfriando un poco.

-Pues tenga cuidado,

que los fríos que estamos pasando son muy traicioneros,

lamentaría mucho que se pusiera enferma.

-Es usted muy amable conmigo.

-Es lo que corresponde entre amigas.

¿Lo ve?

Un rato de charla... y parece que me siento mejor.

-Nada va mejor para el ánimo que criticar al marido de una.

(RÍEN)

Me alegro de que todo haya sido de su agrado, vuelvan pronto.

Con Dios.

¿Está libre esta mesa?

Sí, acaban de dejarla. Entonces, me sentaré un rato.

Tráigame un café con leche y una porción de tarta.

¿No me ha escuchado?

Ya le he dicho lo que me apetece.

Sí, la he escuchado perfectamente,

pero preferiría que se marchara.

¿Me está echando de su establecimiento?

No, pero no alcanzo a entender

qué hace aquí después de lo que pasó.

No sé a qué se refiere.

Hablo de lo que le hizo a Agustina,

no debería de estar aquí.

Nada de eso es cierto,

yo soy la única víctima, se me acusó falsamente.

No voy a discutir con usted por eso.

Entonces, ¿por qué quiere que me marche?

Solo las autoridades pueden señalarme por algo tan grave,

por supuesto, después de una investigación.

Los demás,

no son nadie para juzgarme,

tengo toda la libertad para moverme por donde desee.

No lo pongo en duda,

pero independientemente de lo que yo piense o deje de pensar,

no quiero escándalos en mi establecimiento.

¿De qué escándalo me habla?

Yo solo quiero merendar.

Úrsula, por favor, entre en razón,

si los criados la ven aquí sentada tan pancha,

se puede formar una trifulca.

En ese caso, lo que usted debe hacer

es llamar a la policía para que me proteja,

es su obligación como dueña de este restaurante.

¿Me sirve lo que le he pedido?

¿Qué está haciendo aquí?

Le contestaré aunque no tenga que hacerlo,

ya no soy su criada.

Me disponía a tomar un tentempié.

¿Cómo osa volver después de lo que hizo?

¡Es usted una malnacida!

No le consiento que me hable de esta guisa.

Nadie ha presentado cargos contra mí,

nada tengo de lo que avergonzarme.

Usted no sabe lo que es la vergüenza.

¡Asesina!

Téngase,... no merece la pena que monte un escándalo.

Tiene razón,

este endriago no merece consideración alguna.

Desengáñese,

nunca voy a salir de su vida.

Ni matándome

se librará usted de mí,... doña Genoveva.

Úrsula, no le consiento...

Sosiéguese, no haga caso de sus provocaciones.

Café con leche y tarta.

Por favor.

Mañana irá a ver qué le dicen en la embajada del Brasil.

-Ojalá le den el puesto,

trabajar allí de doncella sería el trabajo ideal para Marcia.

-No creo que tenga problemas,

la chica es mu discreta, y además, va recomendá por don Liberto.

-Si la cogen, me alegraré un potosí.

Lo que no sabía es que mis señores tenían amistades

en la embajada de Brasil.

-A la postre, todos los señores se conocen,

no ves que hay muchos menos que criaos y demás muertos de hambre.

-Vengo con un sofoco que me ardo.

-¿Qué le pasa?

-Respire, mujer, que está roja como un tomate.

Beba un poco, no sea que le dé un torozón.

-Siéntese.

-Créanme cuando les digo que no es para menos.

Úrsula ha vuelto al barrio.

-No puede ser, que cuajo tiene esa bicha.

-Me cuesta creerlo. ¿Está usted segura?

-Y tanto, como que la he visto

con estos ojos que se han de comer los gusanos.

Sentada que estaba en la terraza del restaurante tomándose un café.

-¿Y nadie le ha dicho na? -Al parecer,

doña Felicia y doña Genoveva han intentado que se fuera,

pero a ella no le ha salido de las pestañas marcharse.

-Esto no puede ser na bueno, con lo bien que estábamos sin ella.

-Dímelo a mí,

la mismísima doña Genoveva me ha llamado para ponerme sobre aviso.

Está muy preocupada.

-¿Y si es capaz de venir al altillo?

Yo no sé ustedes, pero a mí me da un síncope si la veo entrar.

-(RÍE) No pases miedo por eso, Casilda,

como se le ocurra presentarse en el altillo,

cojo una estaca y le mido las costillas con ella.

-No, no, eso no se le ocurra hacerlo.

-No veo por qué no, no se merece consideración alguna.

-Por supuesto,

pero estoy segura

de que lo que ella prefiere es que nos enfrentemos.

-Entonces, ¿qué ha pensado que hagamos?

-Mantenernos lo más alejados de ella que sea posible.

-Desde luego, tenemos que estar preparás pa cualquier cosa.

-Hay que poner en aviso a los criados,

que estemos alerta, esa no viene a hacer nada bueno.

-Si se ha atrevido a volver por aquí,

es que todavía tiene mucho poder.

-Bueno, no me se amilane, Agustina,

que nos tiene a nosotras pa no permitir que le haga nada.

¿Ha cenao usted ya? -No.

-Enseguida le pongo un plato calentito

pa que le entone el cuerpo.

Muchas gracias.

-Nuestra madre se quedó muy alterada después del encuentro con Úrsula.

-Es de suponer, eso no es plato de buen gusto para nadie.

-¿Qué crees que pretende esa mujer volviendo al barrio?

¿Sabes? Ayer tuve una conversación muy especial con Cinta.

-Qué bien.

-Pensaba contártelo, pero como te fuiste a casa.

-Estaba agotada.

-Ya. ¿Has podido descansar? ¿Te encuentras mejor?

-Sí.

-Pues lo que te estaba diciendo, ayer, Cinta y yo...

-Me parece bien que todo te vaya tan bien con tu novia,

pero no tengo cuerpo para escuchar monsergas de enamorados.

¿Está claro? -Está clarísimo,

pero no sé qué me hablas así,

nunca has sido tan desconsiderada conmigo.

-La gente cambia, Emilio, vete acostumbrando.

-Camino, ya está bien. ¿Te sucede algo de enjundia

o estás así porque no te puedes presentar al concurso de pintura?

-¿Me meto yo en tu vida? -No, solo lo justo.

-Pues toma nota y has lo propio,

no te he dado pie a que me hagas preguntas.

-Aquí traigo toa la prensa del día,

seguro que no trae buenas noticias.

-Gracias, Marcelina. -No hay de qué.

¿Es verdá eso que dicen que ayer estuvo Úrsula por aquí?

-Sí, la tuvimos de clienta, muy a nuestro pesar.

-Según me han contado,

tuvo un buen roce con su madre y con doña Genoveva.

-No lo sé, no estaba aquí.

-Me da mu mal fario que ande esa dándose paseos por aquí.

Menos mal que mi Jacinto esta ojo avizor y me protege de lo que sea.

-No es una mala protección,

hasta hace poco ha bregando con lobos,

aunque no sé si Úrsula es peor que esos animales.

-He tenido mucha suerte pescando a semejante hombretón.

-No hay nada mejor que vivir con la pareja de uno.

-Totalmente de acuerdo.

¿Has escuchado, Camino? A ver cuándo te sale un novio.

¡Qué pesado está todo el mundo hablando de parejas y casamientos!

¡Ponlo tú!

-Uy... ¿Qué le pasa a su hermana?

-La verdad es que no sé qué decir, a mí también me tiene asombrado.

-En fin, voy a por el dinero y enseguida vuelvo.

-Sí, sí.

¿Qué tal me queda la camisa que me ha prestado Lolita?

-Mira, para ser de ella, no te queda tan mal.

-La he arreglado, me venía mucho más grande.

-Hombre, se nota un poco,

pero tranquila, que vas a ir pinturera a la entrevista.

-Yo le cogería unas pinzas pa que te quede de perlas.

-No me va a dar tiempo.

-No te apures, te echo una mano y la dejamos mejor que nueva.

-Muchas gracias. Ojalá todo vaya bien.

-Seguro que sí, Marcía,

Tranquila, mujer, con talento y buenas maneras,

seguro que te dan el puesto.

-Y lo hacendosa que es.

Da gusto ver lo limpia y arreglá que tiene la habitación.

-Además, tú hablas el idioma,

te vas a llevar muy bien con la embajadora.

-Eso, sin duda sí es una ventaja.

-No creo que encuentren a una persona

que tenga tantas virtudes como tú.

-Anda,

quítate la blusa, que la arreglamos.

-A ver si va a entrar el señor y me encuentra en paños menores.

-No te preocupes, se marchó con doña Rosina.

-Me pregunto si don Liberto verá mucho al embajador.

-No lo sé.

Y les digo más,

es la primera noticia que tengo de que se conozcan.

-Por lo visto, coincidieron en un viaje a Maracaibo.

-Si él te lo ha dicho...

-Lo raro es que doña Rosina no esté presumiendo to el día

de que se codea con diplomáticos.

-¿Una embajadora?

Yo no sé si tengo nivel para tanto.

-Eres honesta,

trabajadora y conoces el idioma.

-No imaginaba que conocería al embajador de mi país.

-Sí. Tuve el placer de conocerlo hace años

en una antigua colonia portuguesa, en Maracaibo.

-"Qué extraño,"

Maracaibo está en Venezuela.

¿Qué hacían los dos allí?

Estarían metidos en el negocio del petróleo.

Me invitan a una recepción oficial en la Embajada de Brasil.

¿A el señor? Sí.

Hace tiempo que soy amigo del embajador.

Marcia, te has quedado en Babia. ¿Te pasa algo?

-No,... me estaba acordando de una cosa.

-Ya tiene que ser de enjundia,

te has quedao blanca, y eso en ti es mu raro.

-Me he acordado de lo que me han contado de Úrsula,

de que está otra vez por el barrio.

-Si por mi fuera, poco iba a estar por el barrio,

la piel a tiras le arrancaba si me dejaran.

-Temple.

Acuérdese de lo que dijo Agustina,

lo mejor es que la ignoremos.

-Me va a costar un mundo mirar para otro lado.

Anda, tráeme hilo de este color, que aquí no tienes.

Está todo el barrio revolucionado con la llegada de Úrsula.

-No me extrañaría que alguna cometiera una barbaridad

si se la encuentra.

-Por eso tengo que andar con 100 ojos,

no puedo permitir ningún tumulto.

-¿Y no debería pedir refuerzos?, el ambiente está muy tenso.

-Peor se va a poner con el juicio de Andrade.

-A alguna le va a dar hasta miedo salir a la calle.

-De eso no se preocupe, estando conmigo no corre peligro.

Lo sé, pero a mí no me da ningún miedo.

Si me veo envuelta en un tumulto,

no tengo problemas para liarme a mamporros.

Ha de saber que mi abuelo luchó en las guerras carlistas.

-Entonces no tiene excusa para que demos algún paseo.

-Bien me apetece, Cesáreo,

pero no le puedo decir cuando, ando tan atareada

que... (RESOPLA)

-Aquí está, Arantxa, venía buscándola.

Cesáreo.

¿Ya sabe de dónde viene el baile ese

que en su tierra llaman "zorziko"?

-Zortziko. Sí, ya sé.

Hasta una conferencia he tenido que poner con mi prima Begoña,

que esa sabe más de costumbres vascas,

que el mismísimo Sabino Arana.

-Y le habrá dicho que lo llevó a su tierra uno de Cabrahígo.

-De eso nada.

El zortziko es más antiguo que las traineras,

mucho más antiguo que a cualquiera de los suyos le diera por vivir

en ese terruño que llaman ustedes Cabrahígo.

-Uy, Arantxa.

Primero:

Cabrahígo es el pueblo más noble de toda España,

no un terruño.

Y segundo: me importa un pito lo que diga su prima.

Ese baile lo inventamos nosotros.

-Porque usted lo diga.

-Que no lo digo yo,

eso se baila en Cabrahígo desde que el pueblo tiene memoria.

Hasta hay un cuadro en el ayuntamiento,

que tiene doscientos años, donde salen pastores bailándolo.

-Para mí, eso que llaman ustedes el baile del pedrusco, como usted dice,

es una jota mal bailada.

-No me venga con simplezas,

que ya vio que eran los mismos pasos.

-Quia, casualidad.

No tienen gracia ni arte pa inventar un baile tan lúcido

como el zortziko.

-¡Cuidao, Arantxa!

Cuidao, pero más cuidao conmigo,

que tengo mucha paciencia,

y no voy a permitir que una vasca se apropie de nuestras tradiciones.

-Bueno, bueno, bueno, ¿y qué va a hacer usted?

-A ver, dejen la discusión antes de que llegue la sangre al rio.

Habrá otra forma para averiguar de dónde viene ese baile.

-Me voy.

Pero ese baile de vasco, no tiene na, que quede bien claro.

-¡¿Ha oído usted lo que ha dicho, lo ha oído?!

-No se sulfure, que está usted más guapa sin el ceño fruncido.

Pero ¿usted me cree o piensa que Lolita tiene razón?

-Si usted dice que el baile es vasco,

yo le contesto que es más vasco que la cesta punta.

Pero dejémonos de discusiones.

¿Por qué no bailamos un pasodoble

que es de todas las tierras y se baila agarrado?

-Espere, espere, a ver si nos va a ver alguien aquí, oiga.

Jesús.

-¿Quién nos va a ver?

-(ARANTXA TARAREA)

Estoy encantado.

Cinta se ha comprometido conmigo sin dudarlo.

-Mi más sincera enhorabuena, es una gran noticia.

-Gracias.

-¿Qué le han dicho su madre y su hermana?

-Nada, todavía no saben nada.

Es usted el primero al que se lo cuento.

-Ya verá, la vida de casados les va a traer toda la felicidad del mundo.

Digo que habrá que celebrarlo.

-Por supuesto, voy a por algo de beber para que brindemos.

-Y también algo de aperitivo,

que tengo apetito. -Claro.

Tenemos unas aceitunas buenísimas.

-Yo había pensado más en cacahuetes.

-Ya. Es que no tenemos.

-Mire a ver si tiene.

-No necesito mirarlo,

estoy seguro de que no hay ni una cascara.

-Me parece extraño,

porque veo cómo lo pone de tapa a todos los clientes.

¿No me estará ocultando cacahuetes?

-¿De tapa? No, se ha debido confundir.

La verdad es que Lolita ha estado aquí

y nos ha pedido que no le sirvamos cacahuetes aunque los pida.

-Puede ponerme unos pocos, no tiene que enterarse.

Yo no digo nada y me como mis cacahuetes.

Deme cacahuetes.

Cacahuetes. -Eh... Cinta.

Mire...

Justamente le estaba contado a Antoñito lo de nuestro compromiso.

-Enhorabuena por su compromiso, Cinta,

y dele la enhorabuena a su padre,

ayer le vi en el teatro y estuvo extraordinario.

Es muy amable.

Le diré en cuanto le vea que le gustó la representación.

En fin, yo me voy,

que a partir de ahora tendrán que hablar de muchos asuntos.

-Sí.

¿Qué te pasa?

¿A qué viene esa cara de funeral?

He estado pensando en lo que hablamos ayer...

y me han entrando dudas sobre el compromiso.

¿Te estás echando atrás?

Ya verá como esta sopa de pollo

la termina de entonar definitivamente.

-La verdad es que ya me siento un poco mejor.

Oye, qué raro que Margarita no haya venido a verme.

-No se extrañe, sí que ha venido.

Pero como estaba usted dormida, no se ha quedado.

-Me hubieras despertao.

-No me ha parecido oportuno, roncaba como una bendita.

-Margarita está muy sola y le viene bien estar conmigo.

-No lo dudo,

pero usted no está en condiciones de preocuparse por nadie,

más le vale pensar en sí misma.

-No puedes comparar un desmayo de nada

con lo que está pasando esa pobre mujer, que está sufriendo mucho.

-Usted también ha tenido lo suyo.

-Eso es cosa mía.

Te exijo que respetes a mi amiga tanto como a mí.

-Haré un poder, pero yo a ella no le debo nada.

-Oye, ¿qué te ocurre?

¿Por qué estás tan susceptible,

no será por el pique que te traes con Lolita

con el dichoso baile del "zorrico"?

-¿Usted también, señora?

Zortziko. Que no es solo por eso, hay más cosas.

Me inquieta lo que sucede en el barrio.

Ayer, según me han contado,

doña Genoveva se enfrentó con Úrsula.

-¿Úrsula ha vuelto al barrio?

No puedo entender que busca esa mujer volviendo aquí.

-Hacer daño. ¿Por qué otra causa iba a volver?

(Pasos)

-Buenas. ¿Tan pronto y con hambre?

-Arantxa ha insistido.

-Yo comeré también.

Me he encontrado con don Liberto y los Palacios.

Me han felicitado efusivamente por la función de ayer.

-Nuestros vecinos son muy amables.

-No solo se trata de cortesía,

se quedaron impresionados con mi forma de interpretar

a un héroe romántico.

-¿Y qué van a decir, si viven al lado

y las entradas les salieron de balde?

-¿Crees que me lo dicen solo por agradecimiento?

¿Que no tengo talento?

-No quiero decir eso,

pero no soporto que estés todo el día hablando de tu dichosa obra.

Ni siquiera te has molestado en preguntarme cómo me encuentro.

-Tienes razón, tienes razón, lo primero es lo primero,

y tu salud es lo más importante en esta casa.

Tenía que haberte preguntado, pero te he visto con ese vestido granate

y más lozana que un rosal en primavera...

-Será porque tú me ves con buenos ojos,

que cada día estoy más floja.

Seguro que le he dado la vuelta al jamón.

-Señora, qué raro.

¿No decía que había sido un desmayo sin importancia?

-Ea, se ve que en esta casa nadie me entiende,

me voy al cuarto a descansar.

-En esta casa hay mejores actuaciones que las mías.

-Ay, don Jose, no sé yo si lleva bien la señora

que le echen tantas flores a usted y ninguna a ella.

-Se tendrá que ir acostumbrando,

parece que no se me da mal esto de la interpretación.

-Y lo que le gusta hacer de galán.

¿No se le hace raro seducir a otra mujer en las tablas?

-Ya te conté que son cosas del teatro.

Mira, Arantxa, me voy a tomar esta sopa de hospital,

pero luego me traes dos huevos fritos con jamón

y patatas, que yo me siento que nunca.

-Ahora mismo se lo preparo.

-"¿Qué te pasa?".

¿Ya no me quieres?

No es eso. Te amo con locura.

Pero no sé si hemos hecho bien comprometiéndonos

sin el permiso de nuestros padres.

Cinta, yo no lo necesito,

lo único que quiero es amarte.

Yo siento lo mismo,

pero sin su consentimiento es como si no estuviéramos comprometidos.

No te entiendo, Cinta.

Yo te soy sincero contigo, no me voy a echar atrás.

Lo sé, no dudo de ti,

pero si no lo saben nuestros padres,

¿estamos realmente comprometidos?

No hay testigos de ese momento,

no sé si lo que hablamos tiene validez.

Es posible que nos precipitáramos,

mi madre tampoco lo sabe.

Mira, si te parece bien,

hablaré con tus padres y les contaré lo que ha pasado,

y luego, se lo diré a mi madre.

No sé,... quizás sea mejor que yo vaya preparando el terreno,

y más ahora, que mi madre no se encuentra bien.

Tenemos que encontrar el momento para decirles lo que hemos hecho.

Está bien. Lo haremos como tú gustes.

Has de ver como todo sale bien.

Ojalá sea así.

(SUSPIRA)

Le tendrían que prohibir asomar el hocico por aquí a la raposa esa.

-Me han contado que doña Genoveva le exigió que se fuera,

pero Úrsula dijo que nones.

-Pues hay que tener narices para plantar cara a la señora,

que tiene más carácter que un coronel de caballería.

-Si una tiene arrestos, la otra tiene más.

El caso es que la retorcida de Úrsula,

va a tener a todo el barrio soliviantado.

¡¿Qué hace?! -¿Qué?

-¡Por Dios, Servando, mire cómo lo pone todo perdido!

¡Que yo no limpio para que usted ensucie!

-Se tenía que haber enfrentado usted con la cuervo esa.

-Muy buenas.

Ponme un café, Servando, que hoy tengo el día ocioso.

-Sí. Lo que me gustaría a mí decir eso mismo

aunque fuera solo una vez en la vida.

-Mire, no me pinche, no me pinche, que cada día trabaja menos.

-Y...

Me podías poner con el café algo de tapa, ¿no?

-No se me ocurre qué ponerle de tapa con el café,

como no quiera un mantecado.

-Yo había pensado más bien en unos cacahuetes.

-"Cacahuetes". Le pongo cacahuetes,

pero que sepa que no le van a valer para mojar.

-Téngase quieto, Servando,

por orden de Lolita, no podemos servirle cacahuetes a su esposo.

-Pero si solo es un puñado para acompañar el café.

-No pue ser, y lo siento,

me lo ha pedido su esposa, y lo que dice Lolita va a misa.

-Tampoco hay qué ponerse así, son unos frutos secos,

a los elefantes se los dan a puñados.

-No me insista, por favor, que me pone usted en un compromiso.

Pa usted no hay cacahuetes

ni aunque venga acompañao de un elefante.

Ahora,...

me voy a arreglar una blusa de Marcia,

que tiene una entrevista y tengo que quitarle los hilos.

-Vaya ahí.

(CARRASPEA)

Que digo que sí que le ha dado a usted fuerte

con los cacahuetes, ¿eh?

-Sí me ha dado, sí,

y no los puedo comprar en ninguna parte,

Lolita ha puesto en sobre aviso a todas las tiendas y no venden nada.

A lo mejor me podrías conseguir alguna bolsita.

-¿Yo? -(ASIENTE)

-No sé,

con Lolita pendiente, corro mucho peligro.

-No tiene por qué enterarse.

-Pero si se entera Fabiana o su esposa,

recibo más palos que una estera.

-Pero puedes ir con cuidado.

-Sí, eso sí.

Que digo que hacer eso merece una recompensa, ¿no?

-Servando, si tú me consigues los cacahuetes,

te los pago como si estuvieran hechos de plata.

-Ya nos empezamos a entender.

¿Cuántos kilos quiere?

-De momento, medio kilo, y ya lo vamos viendo.

-Hecho.

Déjelo en mis manos.

-Ya, ya. -Ya está.

-Cacahuetes.

Cualquiera diría que tienes el baile de san vito,

no dejas de moverte un segundo.

-Estoy vigilando la calle.

¿Le piensa quitar el puesto a Cesáreo?

Me da miedo que Úrsula aparezca y nos pille desprevenidos.

-Sosiégate, no tenemos nada que temer de ella.

-Ojalá. Hablemos de algo más agradable.

Qué bien estuvo don Jose en la obra de teatro.

-Es cierto, tiene un porte y una presencia, que llena la escena.

Con esa labia, le iría bien en su oficio, Felipe.

No, no es lo mismo bregar con jueces y con fiscales

que recitar un texto que se ha memorizado.

Eso es cierto. Y hablando de tribunales,

en un par de días es el juicio de Andrade.

¿Qué impresiones tiene?

No muy buenas, la prensa apenas se hace eco del caso.

He presionado para conseguir una pena ejemplar

para el traficante, pero no he tenido éxito.

-Como el caso se destapó hace un tiempo,

la prensa tiene noticias más frescas a las que hacer caso.

Me temo que no es tan simple.

-¿Piensa en una mano negra que esté comprando a los periodistas?

Justamente.

Estoy convencido de que su abogado y su socio

están repartiendo dinero para que se olvide el asunto.

-¡Qué sinvergüenzas!

De ser así, fusilaría a todos, sean del bando que sean.

-Templa, Rosina que eres capaz de iniciar una guerra.

Buenas.

-Buenas.

¿Cómo está?

¿Se ha recuperado del disgusto de ayer con Úrsula?

Más o menos, aunque esa mujer está fuera de sí.

¡Es terrible!

No vamos a estar tranquilos hasta que la hagan desaparecer.

Por mí, una venda en los ojos y otra para el paredón.

-Hoy te has levantado con instintos asesinos, cariño.

-Ve tranquila, hija.

Acuérdate de lo que hemos hablado, ¿eh?

Seguro que ese trabajo será pa ti.

-Qué resultona que está esta chica cuando se viste bien,

tiene una figura envidiable.

-Tiene una entrevista para un trabajo de doncella.

-Casi parece una señora, ¿no creen?

Sí, es posible.

-Bueno, vamos.

-¿Felipe, me acompaña a casa?

Necesito consejo sobre unos documentos que he recibido.

Sí, ahora es buen momento.

Con permiso, señoras.

-Me quiero hacer una chaqueta igual.

¿Qué opina, a que es bonita?

La que lleva Marcia, así, entallada.

Sí, es bonita.

-Ea, pues marcha.

-A más ver. -A más ver.

Gracias por echarme un cable.

-De nada,

mi esposa no tiene rival cuando se trata de meter la pata.

Vamos.

Felipe.

(Timbre)

Venga, pasa, pasa.

¿Qué, has traído la mercancía?

-¿Hay alguien en casa? -Claro que no.

¿A qué viene tanta memez?

-¿Qué memez? Me estoy jugando el cuello.

O lo toma en serio o me voy con el alijo.

-Me lo tomo en serio. Venga, pasa, pasa.

-Ya, ya, ya.

-Venga, dame los cacahuetes.

-¿Tiene el dinero?

-Sí, pero primero quiero probar la mercancía.

Espero que estén buenos.

-Yo solo suministro calidad de primera.

-Ay...

Sí están buenos, sí.

-Afloje la mosca, que aquí estoy de más.

-Tome. Y prepare más, que le pediré más.

-Al precio que los paga, los que quiera.

-¡¿Qué está pasando aquí?! -(TARTAMUDEANDO) Nada.

Nada, Lolita, esto no es lo que parece.

-¡No me tome por tonta, que les he pillado infraganti!

Le está suministrando el vicio a mi esposo.

-Sí, me está dando cacahuetes,

porque no puedo vivir sin ellos.

Tú me los has vetado y no sé qué hacer.

-Yo solo le he hecho un favor.

Está tan apurado... Mírele. -¿Y ese billete?

-Comida pa las gallinas. -¿Cuáles?

-Las que no tengo... -¡Fuera de mi casa!

-¡Sí, sí! -¡Fuera!

Y pregónelo, pregónelo.

El que se atreva a aprovecharse de la debilidad de mi marido

y le traiga un solo cacahuete,...

se las verá conmigo. ¡Aire, ya!

-Sí, sí.

-Y tú,

tú, dame eso.

-No te los voy a dar.

-Antonio... -Son míos.

-¡Dámelos! -No.

-¡Que me los des! -¡Que no!

-¡Para! -Dame los cacahuetes.

-Antonio, ¡para, para!

¡Ya!

Peor que un niño de teta eres, ¿eh?

-Mis cacahuetes.

Tenga cuidado, va a manchar a nuestro invitado.

Perdone el señor,

pero estoy que no vivo en mí desde lo de ayer.

¿Cree que Úrsula volverá a por mí? No.

No sufra por eso.

Esa mujer no está en sus cabales,

pero no se atreverá a hacerle nada.

-En el barrio puedes estar tranquila,

todos vamos a estar pendientes de qué hace Úrsula

si le da por regresar.

-Mejor sería que no volviera más.

Sin duda, pero si lo hace, sabremos como recibirla.

Ahora, déjenos solos. Cierre la puerta.

Con su permiso, señor.

Gracias, Liberto, ha estado muy acertado.

-Me pareció que era lo mejor,

Genoveva estaba muy incómoda.

Lo sé, pero todos los encuentros con Marcia son motivo de tensión,

aunque he de reconocer que no podía apartar la vista de ella.

Estaba bellísima.

No se lo discuto,

pero creo que debería ser más reservado,

para Genoveva, Marcia sigue siendo una competidora.

Sé que le hago mucho daño con mi indiscreción.

En ese caso, lo mejor es que se aleje de esa muchacha.

Deje de pensar en ella.

Es lo que intento todos los días,

pero cuando la veo, siento como mi determinación desaparece.

Mis ansias de tenerla en mis brazos,

me ciega y me mata por dentro.

Amigo, tiene que ser muy fuerte

e intentar superar esos momentos de zozobra,

hágame caso, es lo mejor para usted y para esas dos mujeres.

Ahora solo quiero que Marcia consiga el puesto de doncella

y que tenga una buena vida.

No se preocupe por eso, seguro que la contrataran.

Por eso también quería darle las gracias.

Marcia está convencida que usted le ha conseguido esa entrevista.

He de reconocer que me costó mantener la pantomima,

no soy bueno mintiendo,

pero lo hice con gusto, se trataba de una buena causa.

Es usted un gran amigo.

(CARRASPEA)

¿Y... hay novedades...

respecto al embarazo de Genoveva?

No, no, de momento no.

Estamos esperando el resultado.

Ya. Habrá que esperar entonces.

De momento, me ha recriminado que no muestre suficiente interés.

No quiero ni pensar qué sucederá si realmente está embarazada.

Agradecida. Póngamelas por ahí.

A ver, esto tiene que quedar más claro que el agua de la fuente,

a mi Antoñito no hay que darle cacahuetes.

-¿Y por qué? Ni que fuera un mono.

-Yo te tengo avisao.

Que anda liando a todos y yo no quiero que los coma.

-Me parece muy bien, pero yo solo venía a por caballa.

-Te tengo avisao.

-Buenas. -Y a usted también.

¡Na de cacahuetes a Antoñito!

-Ya vengo enterado y no pienso darle ni uno.

Pero vengo por otra cosa.

-¿Qué quiere que le ponga?

-Paciencia y que no discutas con Arantxa.

Aunque parezca más dura que la piedra del pedernal,

es un cacho de pan y está disgustada con lo del baile.

-Yo también ando un muy disgustá con ese asunto.

-Razón de más para zanjar el tema.

Dile que el baile no es de Cabrahígo.

-¿Sabe lo que me está pidiendo?

Por nada del mundo mentiría yo en algo así.

-Mira que estás peleas no terminan en na bueno,

y Arantxa defiende las tradiciones de su tierra.

-Y eso, sin duda la honra, pero se ponga como se ponga,

el baile del pedrusco ¡no es de su pueblo y sanseacabó!

-Yo, yo, que no es por malmeter, pero...

¿qué más da quién lo haya inventao?

-¡Tú te callas, Jacinto, que de esto no sabes na!

A ver,

el baile del pedrusco es la envidia de mi comarca,

anda que no ha habío peleas a pedrás

cuando alguien lo ha trataó de copiar.

-¿No pensarás hacer lo mismo con Arantxa?

-No, no, no, que esa también es de armas tomar,

que se arma la de San Quintín.

-¡Yo no soy tan borrica!

Además, en la ciudad no hay piedras buenas.

-¿Y qué piensas hacer para resolver el entuerto?

No podéis estar discutiendo toda la vida.

-Me se ocurre un sistema infalible.

-¿Cuál?

-Voy a retar a Arantxa a que baile.

-Ah...

¿Y pa qué va a servir eso?

-Muy simple, la que mejor lo haga,

podrá decir que el baile es de su tierra,

y la otra, chitón pa siempre.

¿Qué les parece?

-Bien. Si con eso se resuelve el conflicto,

a bailar todo el mundo.

-Ea, pues asunto zanjado.

-Eso, pero ¿y mi lata de caballa?

-No me quedan. Sardinas, ¿te apañan o no?

-Qué remedio. -Pues ahora te las pongo. Espérate.

No se crea que tengo muchas ganas de salir.

-Ha de ver cómo le vendrá bien pasear,

luego nos pasaremos por mi casa a tomar un té moruno de esos

que nos sienta tan bien.

Venga, no perdamos tiempo.

-Vaya prisas que le han entrado esta tarde,

ni que tuviéramos que ir a apagar un incendio.

-Quiero aprovechar que no está el perro guardián en casa.

-¿Lo dice por Arantxa? -¿Por quién si no?

Me cuesta soportar lo entrometida que es su criada, Bellita.

-Debe disculparla,

la mujer es muy cabezota, pero es fiel y leal como pocas.

(Puerta)

-Voy a abrir.

-Muchas gracias.

-Buenas tardes. -Buenas tardes. ¿Está Bellita?

-Sí. Ya salíamos, pero adelante.

-Gracias.

-Bellita, ya veo que le pillo mal,

solo venía a preguntar cómo estaba.

-Es usted muy amable, Carmen. Parece que estoy más recuperada.

He entrado en una edad en la que todo son achaques.

-No diga tonterías, mujer, que está usted hecha un pimpollo.

-Un pimpollo seco.

Voy a ver si el aire me termina de recuperar.

-Entonces no las entretengo.

Nada más, felicitar a su marido por la interpretación que hizo,

él y la actriz que le acompaña estuvieron soberbios.

-Sí, hacen muy buena pareja.

-A mi parecer les encantan al público,

sobre todo, al femenino.

Marcho, que tienen prisa.

-Gracias por su visita.

A ver si nos vemos en otro momento con más tiempo.

-Sea. A más ver. -A más ver.

-Con Dios. -Con Dios.

-Bellita,

ahora que Carmen ha sacado el tema,

tengo que decirle que este asunto me tiene preocupada.

Yo también he notado mucha atracción entre esa actriz y su marido.

-Es su trabajo, están actuando.

-Tenga cuidado,

Ester Nadal tiene fama de enloquecer a los hombres.

Ándese con ojo, no le vaya a pasar lo mismo que a mí con Alfonso.

-Mi Jose nunca haría algo así, él besa por donde yo piso.

-No lo pongo en duda,

solo he pensado que era mi deber comentar

lo que está a la vista de todos.

-Margarita, olvídelo y vamos a dar un paseo.

-Claro.

¿Ha pasado por aquí Cinta para preguntar por mí?

-No. ¿Te ocurre algo con ella?

-No, nada.

Tengo que salir a tomar el aire.

-Buenas tardes.

¿Qué le ocurre a tu hermano, que sale sin saludar?

-No sé, no me ha dicho nada.

Pues algo le preocupa. ¿Tú cómo estás?

-Supongo que bien.

-¿Ha vuelto Úrsula por aquí?

Si te causa algún problema, avísame y vengo en un santiamén.

No, no se preocupe. Gracias por su interés.

¿Le apetece un poco de empanada? Le convida la casa.

-Me vendría bien pa coger fuerzas.

Estoy hasta el gorro del conflicto de Lolita y Arantxa con el baile.

-Parece mentira que se preocupen por algo tan tonto,

cuando hay personas con problemas de mayor enjundia.

-¿Te ocurre algo malo?

¿Alguien te ha hecho algo?

-No, todo lo contrario.

-Huy, esa carita, esas palabras...

¿No tendrás mal de amores? -No, no es eso.

-Cuéntame, que no termino de creerte.

Felipe,

Felipe, espera.

Buenas tardes.

Buenas tardes.

Vengo de la embajada de Brasil y me han dado el trabajo de doncella.

Me alegro mucho por ti.

Liberto me contó que te había conseguido una entrevista.

No es necesario que mientas,

sé que detrás de la oferta de trabajo estás tú.

Estaba cansado de verte trabajar como una mula,

pensé que te vendría bien un trabajo más acorde a tus cualidades

y más reposado.

No tenías que haberlo hecho a escondidas.

Lo siento,

no quería molestarte.

No me has molestado.

Sé que lo has hecho con la mejor de las intenciones.

Felipe,

aunque ya no estemos juntos,

no tiene que desaparecer el cariño y la sinceridad que nos tenemos.

Estás preciosa.

Tengo que confesarte que no dejo de pensar en ti.

No hay un solo instante en el día

que no me muera de ansiedad por tenerte entre mis brazos.

No, no continúes.

Lo siento.

Tan solo trataba de decirte lo que siento.

No te disculpes, a mí me ocurre lo mismo.

Pienso en ti cada vez que respiro.

-¿Qué está ocurriendo aquí?

No he hecho nada que pueda ofenderte.

¿No te parece suficiente humillación que te desvivas

por proteger a tu antigua amante?

¿Cree usted que ese té moruno que hemos tomado en su casa

habrá tenido algo que ver?

-Son hierbas, por el amor de Dios.

¿Qué mal le pueden hacer unas hierbas?

-Yo qué sé. Se me revuelven las tripas.

-Yo también me he tomado una taza y me encuentro perfectamente.

Prométame ser discreta, al parecer, está enamorada.

-¿Enamorada? ¿De quién?

-De alguien que no le corresponde.

¿Te has comprometido? Con Emilio.

Sé que debería haberlo consultado con ustedes,

tienen derecho a poner el grito en el cielo.

Ábralo, ábralo.

Don Antoñito, ¿por qué...?

Mañana es la vista oral contra César Andrade.

Contaba con que Marcia no tuviera que subir al estrado.

Pero no podré evitarlo.

Ella recibió un disparo

y eso le convierte en un testigo conmovedor y fiable.

Nos ha hecho acompañarle, ¿y ahora quiere desaparecer?

-Ella es muy guapa. -Algo tiene que tener

cuando le dan el papel protagonista.

-Pues dé las gracias de que don Jose sea tan cabal,

otro, estaría rendido a los pies de la cómica.

¡Si continúa metiendo las narices donde no le llaman,

terminará en el cementerio!

Don Felipe Álvarez Hermoso

es asunto mío,

¡exclusivamente mío!

¡¿Qué te pasa?!

¡¿Te ha enviado madre a sonsacarme?!

¡Eres su perrito faldero!

-Siento haberme marchado sin despedirme.

Supongo que habrás echado de menos las clases.

-Me muero de ganas de volver al estudio.

¿Podré tomar una clase hoy mismo?

-Si continúas viéndole, hablándole,

si continúas queriéndole,

pondré fin a este asunto de la única forma

que lo puede hacer un hombre.

Suficiente paciencia he tenido ya.

Correrá la sangre.

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Acacias 38 - Capítulo 1153

04 dic 2019

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Victoria

    Como me gusta ese primer plano de Felipe ... su mirada cuando ve aparecer a Marcia, ese amor que reflejan sus ojos y como la sigue con la mirada. Cuánto me ha gustado la "metedura de pata" de Rosina (como la ha calificado Liberto) pero que para mí fueron alabanzas, muy merecidas por cierto, hacia la persona de Marcia que estaba muy elegante. Y, qué decir de la escena en que Marcia se acerca a Felipe en la calle, me matan sus miradas, sus palabras de amor y cuánta felicidad en sus rostros pero, ¡qué peligro para ambos!

    05 dic 2019