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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1150 - ver ahora
Transcripción completa

He estado juntando dinero para nosotros.

Lo he ganado jugando a naipes.

-Como me prometiste, todo legal.

Se ha acabado, Marcia,...

dejo las timbas.

Por la Virgen de Regla, qué mal pulso tengo.

Arantxa está en la compra

y he perdido la costumbre de llevar bandejas.

¡Ya bajan, ya bajan!

-Él está más guapo que Rodolfo Valentino.

-Y ella, ella podría pasar por la emperatriz Sisi

o por la mismísima Josefina.

-¡Guapa, guapa y guapa!

-No me importa que sepan que tengo cierto interés por usted.

A ver, que yo soy una mujer más que decente, Cesáreo.

No quiero andar en boca de todos y que el barrio vaya comentando.

Si Jacinto le dice algo, le pido por favor,

más callado que si estuviese cruzando la muga.

Trataré a las personas que lo han tenido más difícil

como me dé la gana.

Si tengo que ser su amiga, lo seré, no me importan sus costumbres.

Tengo una idea para mejorar su rendimiento.

¿Por qué no coge su libreto

y a Arantxa y se van al parque a darse réplicas y réplicas?

La paz de la alameda le vendrá muy bien

y yo no les molesto mientras hago las tareas.

-Tampoco es tan desordenao que señoras y criadas sean amigas.

Mírenme a mí,

que tengo un pie aquí y otro allá y todas me tratan con cariño.

(GRITA) ¡Impúdicos!

(HABLA EN EUSKERA) ¡Ay, Virgen de Begoña, ayúdame!

¡Fuera!

Sé que lo trajo para atar en corto a Marcia.

Y de la misma manera, con la misma facilidad,

le aplastará cuando no le necesite.

La piedra está en su tejado.

Decídase,...

o con ella... o conmigo.

Me gustaría posar para usted. -Nos traería problemas, Camino.

-Nadie tiene por qué enterarse.

-Eres bellísima.

Prométeme que no te enfadarás. Creo que estoy embarazada.

A la vista está que mis temores a la hora de contártelo

eran justificados.

Ni siquiera eres capaz de decir nada.

Lo siento, es que... me has sorprendido.

No hace falta que lo jures.

Entiendo que la mera idea de que pueda estar en estado

no provoca en ti ninguna ilusión.

Bueno, lo... que ha causado es desconcierto.

Y una vez superada la sorpresa,

¿qué opinas al respecto?

(RESOPLA)

Tener un hijo siempre es motivo de alegría.

Solo hace falta ver tu rostro para saber que no es así.

Comprenderás que, dadas nuestras circunstancias,

el asunto es complejo. Tampoco tanto.

Nos amamos y ese amor ha dado sus frutos, es bien sencillo.

Te olvidas de un pequeño detalle, no estamos casados.

Nuestro hijo será fruto del amor, pero también del adulterio.

¿Cómo informamos de tu estado a los vecinos?

Será un escándalo.

Sí, soy consciente de eso, y a mí también me desazona.

Pero juntos encontraremos solución.

No será sencillo.

Es posible...,

pero ahora mismo no es lo que más me importa.

Entonces, ¿qué?

Saber si la idea de que tengamos un hijo te hace dichoso o no.

Al aparecer, ya tengo la respuesta.

Claro que me hace feliz.

Pero los problemas...

son otros.

No, te equivocas, Felipe, eso es lo único que cuenta.

De todas maneras, quizás estemos hablando de más.

Aún habría que confirmarlo.

(Sintonía de "Acacias 38")

(LEE) "Su majestad recibe a altas personalidades de la sociedad".

-Aquí tienen sus cafés, señores. -Gracias, Fabiana.

-Gracias.

Continúe. ¿Qué más cuenta sobre la recepción real?

-Poco más.

Unas palabras más sobre la bella y comprometida pareja

y una foto de los dos en la portada.

-La verdad es que hacen una pareja maravillosa.

-Pueden estar orgullosos, la recepción ha sido un éxito.

-Sobre todo, doña Genoveva, que don Felipe iba de consorte.

-Servando, no me sea malicioso, no debe hablar así de los señores.

-A ver qué más nos cuenta Felipe.

-Sí, estoy deseando saber si hablaron con el rey.

-Pronto lo averiguaremos,

porque Felipe prometió que se tomaría un café con nosotros

y nos contaría todo.

Si antes le nombro, antes aparece.

-Felipe.

Don Felipe,...

siéntese con nosotros, que tiene mucho que contarnos.

-Sí. Comentábamos las noticias aparecidas en la prensa

sobre la recepción.

-Sale uste muy apuesto en el retrato, don Felipe.

-Y doña Genoveva muy elegante.

-No anden con tontunas.

Y díganos, ¿vio a nuestro monarca?

Claro, Servando.

Felicitó en persona a Genoveva por su labor.

-Fabiana, ya he terminado de barrer aquí.

Me pongo con las habitaciones.

-Claro, muchacha,

sigue con tu faena donde quieras, faltaría más. Hala.

-Lo que me hubiese gustado codearme con el rey y tantas autoridades.

-Arrea, Servando,

de lo que una no está tan segura es de que el placer hubiera sido mutuo.

-Felipe, no tiene por qué sentirse culpable

porque Marcia le escuche hablar de Genoveva,

las cosas ya deberían estar claras.

Lo sé, amigo,

pero no puedo evitar que mi alma se entristezca al verla.

-Cuéntenos, ¿pudo ver al marqués de Viana y a su esposa?

-De acuerdo, se lo diré.

¿Nos vemos la semana que viene? Con Dios.

-¿Qué te ha dicho, Agustín? -¿Qué Agustín?

-El representante de vinos con el que estabas hablando.

Camino, estás en Babia. -Perdona, estaba distraída.

-Eso ya lo veo.

-Agustín me ha dicho que antes del domingo tenemos el vino.

-Eso espero, que ya casi no nos queda.

Camino, aguarda un segundo. -¿Sucede algo?

-Eso me lo tendrás que decir tú.

Últimamente te noto como distraída.

-No, será tu impresión, Emilio, no me pasa nada.

-Cinta, amor mío, estaba deseando verte.

Pues a mí no me quedaban ganas después de la escena de ayer.

¿Qué te dijo Arantxa después de que me echara de casa?

Me echó un sermón de muy señor mío.

En buena hora me puse el camisón.

No sabía que Arantxa regresaría tan pronto.

Sí que fue mala fortuna. ¿Acaso se olía algo?

No, volvió inesperadamente a buscar unas hojas del texto de mi padre.

Ya podría haber tenido mejor memoria.

¿Crees que le contará algo a tus padres?

No estoy segura, pero por nuestro bien, espero que no.

¿Esta mañana no les ha dicho nada? Nada,

pero desayunando me echaba unas miradas...

Quizá no se haya decidido y esté pensando si contárselo o no.

-(CAMINO TARAREA) ¿Cómo, Camino?

¿Ahora ni me saludas o qué? Perdona, Cinta, no te había visto.

Pues era complicado, casi me pasas por encima.

Perdón.

¿Qué le pasa a tu hermana?

Eso me gustaría saber a mí.

Últimamente está así de rara, como con la cabeza en otra parte.

Serán las clases de pintura,

se lo ha tomado muy en serio.

puede, pero me da la impresión de que hay algo más.

Pero será difícil saberlo,

mi hermana es sumamente discreta para sus cosas.

Últimamente, ha hablado mucho con el chico que os trae los vinos,

quizá vayan por ahí los tiros.

Precisamente, poco antes de que llegaras,

estaban conversando agradablemente en la puerta.

¿Será por eso que a mi hermana le brillan los ojos?

Parece lo más posible.

Son claros síntomas de estar enamorada.

Es posible,...

pero ahora mismo no es lo que más me importa.

Entonces, ¿qué?

Saber si la idea de que tengamos un hijo te hace dichoso o no.

Al aparecer, ya tengo respuesta.

Claro que me hace feliz.

Pero los problemas,...

los problemas son otros.

Miente, no había más que ver su rostro.

(Puerta)

¿Agustina, es usted?

¿Hay alguien ahí?

(GRITA)

¡Suélteme!

De ninguna manera, no tengo interés en que me rompa la crisma.

¿Santiago?

Así es.

Parece que esperaba a otra persona, y que no soy de su agrado.

Tampoco lo eres tú.

¿Qué haces en mi casa? ¿Por qué has entrado de esta forma?

No consideré necesario llamar, entré por la puerta de servicio.

Te podías haber llevado un buen testarazo como premio.

Te lo merecías por haberte colado así.

Temí que fuese Úrsula o,

peor aún, los hombres de Cristóbal.

Pensé que sería mejor no permanecer mucho tiempo en el descansillo.

Había una forma más sencilla de evitar el riesgo, no haber venido.

Tenía que verla.

Llevo toda la noche dándole vueltas.

¿Qué ha pasado para que te alarmes de esta forma?

Tuve una conversación de lo más inquietante con Úrsula.

Me ofreció aliarme con ella para atacarla.

Lo sabe todo. ¿Todo, a qué te refieres?

No duda que esté en España porque fue usted quien me trajo.

Eso a mí no me hubiese quitado el sueño.

Ya estaba al tanto de que lo sabía,

nadie la creería si llegara a acusarme de tal cosa.

Es posible, pero hay algo más.

¿El qué?

Me aseguró...

que sabía a través de quién había llegado aquí.

No.

Miente, eso es imposible. ¿Está segura?

¿Puede afirmar que Úrsula desconoce su conexión con César Andrade?

Qué afortunados Genoveva y Felipe de haber sido invitados

a la recepción real. -Sí,

a todo Acacias le hubiese gustado estar en su lugar.

-El diario no cuenta lo más importante:

a quiénes se habrán encontrado,

¿qué les han servido para comer y de beber?

-Vaya a usted a saber.

-Pero aunque haya sido pan y agua, está claro que es todo un honor.

-Qué duda cabe.

Aunque nuestro monarca podría invitar a esos eventos a artistas.

-¿Como usted misma, señora? -¿Por qué ir más lejos?

No salvaremos soldados,

pero alegramos la vida a la gente con nuestro arte.

-Eso está claro.

Cinta, cariño, qué raro no verte en camisón.

-¿Qué cosas dices, Arantxa?

¿Cómo va a estar en camisón a estas horas?

-Tonterías mías. Yo ya me entiendo, ya me entiendo.

Madre, quería mostrarle un paso nuevo que estoy ensayando.

-Sí, niña, luego lo vemos.

Sí que parece entusiasmada con la idea.

¿Y tu padre, Cinta, le has visto?

¿Dónde se habrá metido?

-No es posible que no se acuerde.

Está en el ensayo general ultimando detalles.

¿Ha olvidado que hoy es el estreno?

-Claro que no lo había olvidado.

Pero ¿cuándo dices hoy, te refieres a hoy mismo?

-Cuando digo hoy mismo, me suelo referir a hoy mismo.

-Qué contrariedad,

había quedado con Margarita.

Yo también lo había olvidado.

Ya se pueden ir olvidando de sus compromisos.

Ahora mismo van a escoger las galas

que se van a poner,

porque van a ir al estreno, y van a ir de punta en blanco.

¡Faltaría más!

Dime primo, ¿viste volver a don Felipe y doña Genoveva

de la recepción de la casa real? -Nanay, y mira que estuve atento.

Cesáreo sí se los cruzó, me ha comentado.

Dice que iban de punta en blanco, sonrientes y bien aveníos.

-Pa no estarlo. Debieron pasarlo de guinda.

-Pa chasco que sí.

Que te reciba el rey son palabras mayores.

-¿Tú crees que le dieron la mano?

-La mano, y si hace falta el codo, que pa eso es el rey.

-Yo no sé qué haría si me encontrara con el rey,

me caería de culo al suelo de la impresión.

-(RÍE)

Servidor puede que también se quedara sin palabras,

lo mismo soltaba un ¡iepa-iá! de la emoción.

-No se vaya a pensar que le estás llamando borrico.

-Qué tontá es esa, si mis ¡iepa-iá! son de lo más cariñosos y sentíos.

Ah, lo olvidaba, prima,

que ya he averiguado por qué se llevan tan bien

Cesáreo y la Arantxa. -Cuenta.

Al parecer, Cesáreo tiene cierta curiosidad por los vascos,

Arantxa le está enseñando un baile de allá arriba.

-Ah.

-El "chorrillo" o algo así.

-Qué nombres le ponen a los bailes.

-Arantxa, mire. -Buenos días.

-Buenos días. Hablábamos de usted.

¿A que le está enseñando a Cesáreo el "chorrillo"?

-¿Otra vez? Mire que le he dicho ya veces, ¿eh?

Zortziko.

Jacinto, Zortziko. -Más o menos lo que he dicho yo.

-Un momento, ¿eso no es lo de cargar piedras?

-Anda la otra, lo que tengo que oír yo también.

Eso es harrijasotzaile. ¿Cómo puede confundirlo con el zortziko?

El zortziko es un baile tradicional de los vascos.

-¿Y se parece al pasodoble?

-Pues entre poco y nada.

-Me encantan los bailes regionales.

Tenía que verme bailar jotas.

Hasta la Virgen del Pilar daría palmas.

-(RÍEN)

-Oiga, se me está ocurriendo una cosa...

-¿Eh?

-Señá Arantxa, ¿por qué no nos da clases a nosotros del "chorrizo"?

-Eso, eso, eso.

¿Qué hace?

-El "chorrizo".

-¡Ay, amá!

(Timbre)

(Timbre)

(Timbre)

-Ya va, ya va.

Anda, qué sorpresa.

-Buenas. -Muy buenas.

-Disculpen, estaba trabajando y no escuché la llamada.

-Perdone si la hemos interrumpido.

-No, en absoluto. Es un placer.

-No deberíamos habernos presentado sin avisarla con antelación.

-No le quitaremos mucho tiempo.

-No son necesarias tantas formalidades.

El motivo es que un conocido mío del Ateneo

vino a visitarme a casa y pudo ver el cuadro que le compré.

Quedó maravillado con la pintura.

Me preguntó si podía visitar su estudio para ver otros trabajos.

-Por supuesto, estaré encantada.

-¿Existiría la posibilidad de otra venta?

Quedó muy interesado en su obra.

-Don Ramón, muchas gracias por la gestión.

-¿En qué estaba trabajando?, a lo mejor podemos verlo.

-No, no.

No me gusta mostrar mis trabajaos antes de acabarlos.

Lo siento.

-Bueno, claro, tiene sentido. Perdón.

-Si le parece, volveremos en un rato con mi conocido.

No he querido darle su dirección sin antes consultárselo.

-Gracias.

-Con Dios.

-Por cierto,

he sabido de la conversación que tuvo con las mujeres de Acacias.

-Sí.

-Espero que las comprenda,

muchas de ellas son...

muy tradicionales, nada que ver con sus conocidos de Paris.

-Son vidas y mundos distintos,

por eso creí necesario aclarar mis posturas.

Espero no haberlas molestado. -Seguro que no.

Estoy convencido de que pronto se llevarán a las mil maravillas.

-Dejamos que siga trabajando, padre. Ya la veremos.

-Con Dios.

(Se cierra la puerta)

Durante la recepción,

tuve ocasión de mantener una conversación con el ministro.

¿Qué le dijo?

Ya sabe cómo son los políticos,

se comprometió a poco.

Pero me dio la impresión de que dejaba la puerta abierta

para emprender nuevos proyectos

con la ayuda de la corona y del gobierno.

Me alegra escucharlo. Esos soldados lo merecen.

Pero no parece muy satisfecho.

¿Qué le preocupa?

No es nada que afecte a nuestra labor.

Solo me afecta a mí.

En tal caso, me preocupa de igual forma.

¿Qué le sucede?

No sé si debo contárselo.

Lo que consideré oportuno, por supuesto.

Pero ya sabe que yo solo quiero ayudarle.

Es un asunto muy delicado,

le ruego la máxima discreción.

Cuente con ella.

Verá,...

es posible que Genoveva esté embarazada.

Entiendo. Pero ¿solo posible?

De momento,

pero Genoveva tiene serias sospechas de que sea así.

Las mujeres no suelen confundirse en tales asuntos.

Bueno, la mayoría de las mujeres.

Lo sé, Liberto, lo sé.

¿Y qué opina usted al respecto?

No lo sé, es complicado.

Sí, sí lo es.

Al no estar casados, muchos les condenarán,

pero no creo que ni a Genoveva ni a usted les importe mucho eso.

No sé si estoy capacitado para ser padre.

Ya tengo unos años.

Por eso no se preocupe, amigo,

seguro que serán unos padres magníficos.

Y... la criatura será una criatura hermosa y valiente como ustedes.

Aunque...

de confirmarse la noticia,

solamente tienen una salida.

Sí, casarme con Genoveva, sería lo más honroso.

Y por su expresión, no parece que le ilusione mucho.

¿Dónde quedarán mis sentimientos?

¿Dónde queda mi amor por Marcia, aunque este sea imposible?

Ya hemos hablado de eso,

forma parte del pasado. Pero no puedo aceptarlo.

Por mucho que lo intento, no logro olvidarla.

Liberto,... mi presente y mi futuro tienen nombre:

Marcia.

No persista en su error, don Felipe,

Marcia y futuro son dos palabras irreconciliables.

Tiene que dar un paso al frente.

Debe que asimilar todo lo que ha pasado.

Saber que ahora tiene responsabilidades y...

Si no lo hace cuanto antes,

no solo acabará convirtiéndose en un desgraciado a sí mismo,

sino a las dos mujeres implicadas.

No ha pensado en eso, ¿verdad?

(EXHALA)

¿Desea más té, querida amiga?

Yo se lo prepararé, ya que no está su criada.

-Se lo agradezco, pero ya he tomado demasiado.

No quiero que me pueda sentar mal.

-¿Cómo podría hacer tal cosa una bebida tan saludable?

-Mejor no tentar la suerte. En todo caso, un poco más tarde.

-Bueno, como desee.

-Bueno,

ahora cuénteme cómo le va todo. ¿Se encuentra mejor?

-Ojalá pudiera decirle que es así, pero no puedo.

Por mucho que me esfuerce, mi dolor es aún muy grande.

Ya solo me queda soñar con que algún día

pueda a tener una vida normal y dichosa, como la suya.

-Seguro que lo logra.

Mientras, aquí estaré para ayudarla en todo lo que pueda.

-Se lo agradezco.

No se imagina el bien que me hace con su amistad.

Estos ratos con usted

tomando el té,

es lo único feliz que hay en mi vida.

-Disfrutemos entonces de ellos.

Si quiere, puede preparar más té.

-Voy a calentar el agua.

-Uy, perdón. ¿Adónde va con esa tetera?

-Arantxa, ¿ya has vuelto de la compra?

-Sí, y, al parecer, justo a tiempo.

-Iba a preparar más té. -No, no,

no se moleste, doña Margarita.

Discúlpeme, ya sabe que no me gusta que cualquiera trajine en mi cocina.

-No te preocupes, Arantxa, no es necesario.

Pensándolo mejor, me apetece más dar un paseo.

¿Qué le parece, Margarita?

Bueno, vayamos a los Jardines del Príncipe.

-Con Dios, señoras.

-Con Dios.

-No te ondula,

esa se cree que esta es la casa de tócame Roque, ¿o qué?

Anda, entrar en mi cocina y...

Hombre, mira quién aparece por aquí.

Me he sorprendido, porque como no te veo con tanta ropa por la casa.

Te agradezco que no les hayas dicho nada a mis padres.

Guárdate las gracias, que aún no me he decidido.

Lo que has hecho no tiene perdón de Dios,

es asunto de mucha enjundia. No tanto como crees.

No pasó nada indecente.

Cuesta creerlo, después de lo que vi...

Tienes mi palabra de que fue así.

Yo soy decente, eso era lo que le estaba mostrando a mi novio.

Le mostraba la pierna.

Cualquiera lo diría.

¿Y antes de llegar yo, qué le estabas enseñando?

Nada, nada, de verdad.

Era mi forma de decirle que se conformase con eso.

Me gustaría creerte. Hazlo sin miedo.

Sabes que puedo ser muchas cosas,

pero no una mentirosa.

Bueno, a ver...

Está vez.

Está bien.

Pero por tu bien,

que no vuelva a ocurrir nada semejante,

¡no quiero veros a los dos solos

o me encargo de hablar con tus padres!

Ven aquí.

Qué disgusto me has dado, ¿eh?

Que eres una sin fundamento, sin fundamento.

Lo siento.

No la entretengo más, Rosina.

-No digas eso, siempre es un placer recibirte.

¿Seguro que no quieres un café? -No, de verdad, no se apure.

Seguramente, Ramón me esté aguardando.

-Pues no le hagas esperar. ¿Nos vemos mañana?

-Sí.

Y así comentamos lo que se diga

sobre el estreno de la obra de don Jose.

-Carmen, qué falta de delicadeza no invitarnos.

-Muy buenas, doña Carmen, ¿se marcha?

-Sí.

-Compréndalo, Rosina, don Jose temía ponerse aún más nervioso

si nos viese a todos los vecinos y amigos en la platea.

-Pues... si esa era la causa,

podría habernos invitado al convite de después, que es lo mejor.

(RÍE)

-Si le parece,

podríamos ir juntas al teatro con nuestros esposos la próxima semana.

Y de paso, podrían invitarnos a cenar.

-Gran idea.

Si la obra no merece la pena,

nos compensan con una cena en un buen restaurante.

-Quedemos así entonces.

A más ver, don Liberto. -Con Dios, doña Carmen.

-Rosina.

-Es buena idea ir juntos a ver la obra de Jose.

Podríamos decírselo a Maite para que nos acompañe.

-(ASIENTE CON DESGANA)

¿No te parece bien?

-No, no me parece ni bien ni mal, sino todo lo contrario.

-Te explicas como un libro, pero un libro cerrado a cal y canto.

-Comprende que tenga mis reparos a la hora de frecuentar su compañía.

-Pensé que la pintora te agradaba.

-¡No me agradan sus ideas!

Ya te conté las barbaridades que dijo delante nuestro.

-Lo sé, pero no veo qué tiene de malo que exponga sus creencias.

-Lo malo es que sus creencias sean tan escandalosas.

-Si lo hizo fue para evitar que surgieran enfrentamientos.

-Pues no sé si los habrá, pero ahora tiene un problema.

-No deberías juzgarla tan duramente,

deberías cambiar de actitud respecto a ella.

-Si a mí me sigue pareciendo educada, la mar de amable.

Pero no tenemos tanto en común como yo pensaba.

Tal vez no sea el tipo de persona que encaje en el barrio.

-Y puede que tengas razón, pero no debes darle mayor importancia.

-¿Qué quieres decir? -Es muy simple.

Doña Maite no ha venido para quedarse.

Más tarde o más temprano, acabará sus gestiones y se irá.

Así que no deberías darle tantas vueltas al asunto.

-Tienes razón.

La aceptaré tal y como es,

aunque no intimemos del todo. -Claro.

Iba a poner música, ¿te apetece? -Sí.

-"No termino de comprenderla, Arantxa".

¿Por qué ese empeño tan repentino en enseñar el zortziko al resto?

Cesáreo, está bien claro.

-Eso dirá usted, un servidor lo ve bien oscuro.

-Por lo que les dijimos ayer,

ahora, Casilda y Jacinto

creen que yo ayer se lo estaba enseñando.

-Podía haber buscado otra excusa.

-Dé gracias a que me inventé esta,

que le recuerdo que usted estaba aquí

y se quedó callado como una tumba,

así... -Eso es cierto.

-Yo no me esperaba que Casilda

quisiera que yo le enseñara el baile.

-Con lo pequeña que es y las sorpresas que guarda.

-Pero bueno, Cesáreo, mírelo por el lado bueno.

-Perdone, Arantxa, pero ¿qué tiene de bueno

que pase mis ratos libres aprendiendo un baile ridículo,

en lugar de pasear con usted tan ricamente?

-Vuelva a decir que el zortziko es ridículo y se acabó lo que se daba.

-Me he explicado mal.

Usted estaba diciendo lo bonito que es aprender un baile tan noble.

-Eso está mejor.

¿No se da cuenta, hombre de Dios, que con la excusa de las clases,

podremos vernos más a menudo y sin que nadie sospeche?

-La verdad es que bien visto, lleva más razón que un santo.

Arantxa, además de guapa y buena moza es usted muy astuta.

-Es usted un dechado de virtudes.

-Cesáreo, no me sea lisonjero.

¡A las buenas!

Arantxa y compañía,

ya estamos preparados para la clase de "chorrico".

-Primo, que te has equivocado, que es el "zorrico".

-¿Quieren dejar de decir nombres al tuntún sin ningún sentido?

Zortziko.

Zortziko se llama. -Ese, ese.

-Y con ese nombre tan raro,

¿está segura de que es un baile decente?

-Cómo no va a ser decente, si lo bailo yo, Jesús.

No he oído una cosa igual.

-¿Y por qué no empezamos

antes de que esto se convierta en una tragedia?

-Eso es.

Mis señores me han dejado el gramófono

para que practiquemos con música, que está muy bien.

A ver.

(Música)

-Eh, pues qué música más curiosa, ¿eh?

A mis ovejas le hubiese encantao.

No mire así, que es un piropo. Mis ovejas eran muy sensibles.

Está uste a la que salta.

-Comencemos por los pasos más sencillos.

(Música)

-¿Y estos son los pasos más sencillos?

-Si levanto la pierna así, me descuajeringo.

-Cesáreo, no se queje tanto, que ya ha practicado.

-Ay, Jacinto.

-¡Pero ¿qué me están haciendo?!

¡Síganme a mí, sigan mis pasos!

Jesús...

¿Nos lo tomamos fuera?

-Sí, tenemos que aprovechar el buen tiempo.

-A ver si me espabilo, que llevo todo el día dando cabezadas.

-Esta misma noche es el estreno de don Jose.

-Lo sé, pero nosotros iremos otro día.

-Ah. Yo sí que asistiré, en calidad de novio de Cinta.

-Espero que su suegro tenga mucha suerte.

-Cuidado, que a los artistas no se les desea suerte,

sino mucha mierda.

-¿En serio?

Pues vaya capricho más raro.

-En cuanto a mi suegro, si todo le va como en los ensayos,

no dude que tendrá un rotundo éxito.

-Así lo esperamos todos.

¿Y con su novia, qué, cómo van las cosas?

-¿Se refiere a Cinta?

-No le conozco otra.

-Bien, todo parece ir mucho mejor.

-Cualquiera lo diría con esa cara de triste que tiene.

Mire, por ahí viene Cinta, a ver si ella le alegra la cara.

-Si me permite un segundo.

Cinta, estaba histérico aguardando noticias.

¿Has hablado con Arantxa? Así es.

¿Y qué te ha dicho?

¿Va a descubrirnos ante tus padres?

Habla, mujer, que me tienes en ascuas.

Pues ve apagándote, que no hay nada que temer.

¿Estás segura?

Ni ha contado nada ni lo va a contar, tengo su palabra.

(RESPIRA ALIVIADO)

Qué alegría me has dado. Pero...

¿Por qué siempre hay un pero?

Me ha dejado claro que nunca más subiremos a casa los dos solos.

Bueno, mujer, quien dice nunca, dice a veces.

Nunca, Emilio.

Le he dado mi palabra para no tener problemas.

Bueno, en ese caso, no nos queda más remedio.

Si es la condición para no contárselo a tus padres,

no hay otra que aceptarla.

A fin de cuentas, hemos salido bien parados del embrollo.

Desde luego.

Solo pensar en enfrentarme a tu madre y me tiembla hasta el alma.

Luego iremos todos al teatro. Tengo que ver qué me pongo.

Arantxa estaba hecha una furia por haberlo olvidado.

Te esperaré en el portal. Sí.

-¿Seguro que todo va bien?

Desde aquí, sus caras eran un poema.

-Le ruego que sea discreto.

Ayer, Arantxa nos descubrió en una situación...

un tanto comprometida.

-Vaya, lamento escucharlo.

-Entiéndame, no se trataba de nada deshonroso.

Simplemente, nos descubrió con Cinta en camisón,

pero nada más, se lo juro.

Apenas la atisbé un tobillo.

-Pues espero que lo aprovechara, porque ese tobillo

es lo único que va a disfrutar de ella hasta la boda.

Y con unos ojos vascongados pendientes de su pescuezo.

Ya.

(LLORA)

¿Qué te pasa, Marcia?

-Nada, me has asustado entrando de improviso.

No te esperaba.

-Ya veo que no me esperabas.

¿Estabas llorando por él?

-(LLORA)

-No eres justa conmigo, Marcia.

Estoy haciendo todo por ti, arriesgándome incluso.

¡¿Hasta cuándo voy a tener que soportar

que te desvivas por ese hombre?!

-Lo sé, Santiago, créeme que lo siento,

pero... no puedo evitarlo.

Soy consciente de el dolor que te estoy infligiendo.

Ojalá no fuera así.

-Estoy teniendo mucha paciencia contigo.

-No me cabe duda.

El Santiago que era mi esposo me hubiera cruzado la cara de lado.

Pero... tú eres otro hombre.

No eres el mismo que conocí.

-¿Qué quieres decir?

¿Me acusas de no ser quien digo? -No.

Santiago,

lo que alabo es que hayas sido capaz de cambiar tanto.

Te has convertido en un hombre bueno

y maravilloso.

Ahora, eres capaz de dejar tus vicios a un lado

y de quererme sin condiciones.

No te mereces que yo te trate así.

(LLORA)

-Ojalá pudiera ser de otra manera.

Ojalá pudiera dejarte a un lado...,

pero te quiero demasiado.

Quiero que seas mía,... solo mía.

-Santiago, perdóname.

(SE QUEJA)

Ayuda. ¡Ayuda!

¡Socorred a un moribundo!

-Emilio, la manita quita, ¿eh?

Solo nos estamos sujetando las manos.

Pues que se sujete él una con otra, que pa eso tiene dos.

-Le juro que era algo inocente. -¡Ayuda!

-Se acabó. ¿Qué haces?

Ponerme en medio, que no me fío ni un pelo.

Emilio, muévase. Que se mueva.

¿Qué pasa? Una se sienta donde le da la gana, ¿eh?

-¡Huid, temerario!

-¿Una mujer?

-¡Temed la ira del cielo!

-Cielos, qué acento.

Es un espectro.

Imagen adorada.

¿Leonor?

¿Leonor?

-Dios mío, ¿es don Álvaro?

Conozco esa voz.

Es él, ¡don Álvaro!

-Leonor, vida mía, ¡eres tú!

-¿Te lo pasas bien, Margarita? -Sí, Bellita.

Gracias por haberme invitado.

-(CHISTA) señora, que va a hablar el señor.

-(GRITANDO) ¡Oh, no!

-(SE QUEJA) -¡No!

¡Desdichado!

¡¿Qué hiciste?!

¡Leonor!

Ay, Leonor.

Respira.

Todavía respira.

Aún palpita

aquel corazón tan mío.

Vive, vive. Yo te adoro.

Sí, te hallé.

¡Por fin te hallé...,

muerta!

(Efectos de truenos en la obra)

-Qué arte tiene.

-Tiene a la platea sin respirar, fascinada con su actuación.

Empezando por su propia hija.

-No se sorprendería si hubiese acudido a sus ensayos.

-¡Infierno!

¡Infierno,... abre la boca y trágame!

¡Húndase el cielo,

perezca la raza humana;...

exterminio, destrucción!

(Gritos del público)

(Aplausos)

-Va a ser un rotundo éxito. Ya lo es, Emilio,

mira al público, está entusiasmado.

(Aplausos)

(Aplausos)

-¡Bravo!

(Aplausos y vítores)

-¡Bravo!

¡Qué grande! -(HABLA EN EUSKERA)

(Aplausos)

(Aplausos)

(Aplausos)

-¡Bravo! -¡Bravo!

-¡Bravo! -¡Bravo!

-¡Bravo! -¡Bravo!

-¡Bravo! -¡Bravo!

¿Maite?

(Pasos)

-Camino, te estaba esperando.

-¿Este es el cuadro que pintó de mí?

¿Ya está terminado?

-No, aún es un estudio previo, nada más.

Pero es tu retrato en el que estoy trabajando.

-¿Puedo verlo?

Ya sé que no le gusta mostrar sus obras inacabadas,

pero no puede pretender torturarme con semejante espera.

-Y no voy a torturarte.

Este cuadro es para ti, será tuyo cuando lo acabe.

Y, de acuerdo,

puedes verlo ahora, si ese es tu deseo.

¿Qué te parece?

-Me maravilla...

y me sorprende al mismo tiempo.

-Así es como te ven mis ojos.

Esta... eres tú para mí.

-No tengo...

palabras para describir lo que siento.

-Pues no digas nada.

-No, no diré nada.

Utilizaré mis labios para otra cosa que no es hablar.

(Ruido de llaves)

Por fin.

¿Nos conocemos?

Ya lo creo que sí.

Encantada de volver a verle, señor Andrade.

Pienso en usted.

No como, no duermo, no puedo concentrarme en otra cosa,

ocupa mis pensamientos.

-Camino, cállate, por favor.

-¿No siente usted lo mismo por mí?

Le agradezco mucho que hayan acogido a Jose,

en una compañía grande, lo hubiera tenido difícil.

-Su marido es un encanto, la alegría del grupo.

No hay problema que él no solucione con una frase o con un fandango.

Es un tesoro.

-A veces siento que no me cuentas toda la verdad.

Sigues siendo ese hombre, Santiago.

Sigues siendo el mismo hombre con el que me casé.

Estaba leyendo el caso de Andrade.

No puedes estar en todo.

¿Por qué?

A lo mejor tienes otras cosas en las que pensar.

¿Se encuentra bien, le pasa algo?

-Lo cierto es que no me he levantado muy fina.

-¿Llamo al doctor?

-¿Cree que sus señores se huelen lo nuestro?

-Pero ¿cómo lo nuestro? ¿Qué es lo nuestro, Cesáreo?

¿Hay algo entre nosotros?

¿Gira por España? (ASIENTE)

¿Tanto viajarías?

Así es la vida del artista, unos días aquí y otros allí.

Pues tendré que irme contigo.

No sé si mi madre nos va a dejar viajar solos por ahí.

Y mucho menos la tuya. -Estaba pensando...

en algo que pueda ayudarnos a salir adelante de una vez.

-¿Piensa volver a...? -No.

No voy a volver a las partidas ilegales.

-Ya.

-Esta vez estoy pensando en algo mucho más gordo.

Imagínese lo que supondría que se supiera

que vamos a tener un hijo fuera del matrimonio.

Eso sería terrible.

Vengo del estudio de doña Maite.

Me ha dicho la portera que la vio salir con una maleta.

Le ofrezco un trato.

La escucho.

La cabeza de Felipe Álvarez Hermoso.

¿Cuál es el precio?

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Acacias 38 - Capítulo 1150

29 nov 2019

Felipe no termina de encajar la noticia del embarazo de Genoveva, comparte sus dudas con Liberto: ¿debe empezar una vida con Genoveva cuando todavía ama a Marcia? Pero Liberto le recuerda que solo tiene una salida honrosa: casarse con Genoveva.
Emilio se da cuenta del cambio de carácter de Camino ¿estará enamorada? Pero tiene sus propios problemas ¿Arantxa será capaz de contar sus intimidades con Camino a Jose y Bellita?
Santiago no acepta la alianza con Úrsula y le cuenta a Genoveva que su antigua criada lo sabe todo. Ahora peligran los dos y será mejor que reaccionen pronto.
Camino queda fascinada con el trabajo de Maite con los apuntes de su desnudo. La muchacha se acerca, y besa a Maite en los labios.
El debut de Jose como protagonista es un gran éxito… Pero un desconocido acude también a ver la función ¿quién será y qué interés tiene en Jose Domínguez?
Arantxa y Cesáreo burlan las preguntas de los criados, curiosos por saber si están juntos.
Úrsula sospecha de la traición de Santiago y acude a la cárcel: quiere ver a César Andrade.

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  1. lina

    No ha habido historias de lesbianas que yo recuerde, por lo menos no de forma real dentro de la serie, lo que sí hicieron fue una representación teatral. Los únicos homosexuales de verdad que yo recuerde fueron Claudio y el segundo marido de Genoveva. A mí no me parece mal una historia de Lesbianas, el problema es que por estar en la época en que está Acacias pueden convertirla en una historia muy dramática y ya estoy un poco harta de tanto drama en esta serie

    03 dic 2019
  2. karimereina

    Qué repetitivos sois. Primero Susana y la gritona tomaron clase de pintura con un modelo desnudo. Ahora es Camino con la misma historia. Ya tuvieron escenas de lesbianas besándose, ahora volvéis con lo mismo. En otros capítulos viejos, también habéis repetido historias. Si vais a reproducir toda la serie cambiando únicamente los personajes, mejor terminar ya la serie e iniciar con un nuevo proyecto con diferentes guionistas para que no caigan en lo mismo.

    01 dic 2019