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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1149 - ver ahora
Transcripción completa

Sé que usted trajo a ese tipo a España

para impedir el matrimonio de don Felipe y Marcia.

Nadie va a creerla.

Eso ya se verá cuando presente la evidencia delante de todos.

Cree que puede derrotarme, pero esto no ha hecho más que empezar.

¿Te ofende su contenido?

-Hay quien ha acabado en presidio por esa conducta desviada.

-Lo sé, pero el amor verdadero no se puede ocultar.

Tiene unas ideas que no quiero que inculque a mi hija,

Camino es muy vulnerable a esas influencias.

-No creo que vaya a enseñarle nada que le haga mal.

-No soy de la misma opinión.

¿Adónde vas así vestido? -A trabajar.

-¿Con tus mejores ropas?

-No voy al almacén, ya te dije que ando metido en otros negocios.

Me invitan a una recepción Real.

Cuentan conmigo y con un acompañante.

Si me he arriesgado a venir hasta aquí,

ha sido para proponerle un trato.

¿Cómo de lucrativo? Mucho.

Quiero saberlo todo sobre sus asuntos con ella.

A cambio, le daré a usted

información para defenderse.

En lo que al amor concierne,... tú eres mi única ambición.

He pensado que podríamos ir mañana a mi casa.

Me encargaré de que no haya nadie.

Me parece una gran idea. Así podremos estar un rato a solas.

Estamos mu contentas de que haya subido usted a charlar con nosotras.

-Estoy segura de que tenéis cosas interesantes que contarme.

Esa mujer es más maja que las pesetas.

Esta mañana ha estado con Casilda, con Fabiana y conmigo de tertulia.

-Señoras y servicio mezclado, es que esto es el acabose.

-Esos dos están enamoriscaos, quién lo iba a decir.

Deja en paz a los tortolitos, que lo que hagan, no es asunto tuyo.

-Pues tengo ganas de saber más.

Necesitará mucha ropa para ir cada tarde ver a su marido al teatro.

-No, una vez vista la obra, ya no tiene interés volver.

Por lo que más quiera, dígame qué esconde Santiago.

-¿Quiere saberlo? -"Sí".

-"Se ha metido en timbas ilegales,

y de ahí saca el dinero".

-Tenías razón.

Soy muy dichosa trabajando la arcilla.

Vaya...,

parece que has estado hurgando en mis cosas.

Te noto intranquilo, Santiago.

-Te he estado mintiendo.

Deja que te explique.

He estado juntando dinero para nosotros.

Lo he ganado jugando a naipes.

-Como me prometiste, todo legal.

-Lo he hecho por ti, por nosotros.

No he ido a esas timbas por placer de jugar.

Solo quería que tuvieras lo que te mereces,

lo que nos merecemos. -Santiago,

¿te he pedido yo algo? -No, al contrario,

pero yo quería ofrecértelo.

Ofrecerte una vida mejor lejos de aquí.

¿Sabes cuánto cuesta una vida nueva,

una vida feliz y sin sombras?

Jamás lo ganaremos dejándonos el lomo en el almacén,

en la mantequería o planchando.

Los pobres...

no salimos de pobres trabajando.

-Tampoco hay otro modo que yo apruebe.

-No quiero hacer nada que no te guste.

Necesito tu amor, tu compañía,

tu respeto.

No podría vivir con tu rechazo.

Se ha acabado, Marcia,...

dejo las timbas.

Juntaremos el dinero que necesitamos,

pero a tu modo.

Nos iremos lejos algún día.

Pero a tu modo.

(Sintonía de "Acacias 38")

"El sacerdote

en el altar espera".

"Dios nos bendecirá desde su esfera".

"Y cuando el nuevo sol

en el oriente...".

¡Ah!

"...protector de mi estirpe soberana...

-Señor.

Me voy a la piltra.

¿Le caliento un vaso de leche antes de irse a acostar?

-Mi mujer no ha vuelto, ¿sabe algo de ella?

-Yo no estoy segura, pero... -Da igual.

Ya volverá. Toma, ayúdame a repasar.

Hay una parte que no termina de entrarme.

Tata, menos mal que no te has ido todavía.

¿Por qué no vienes?, que te quiero enseñar un par de pasos.

Es que estaba ayudando a tu padre a encajar el texto

entre la frente y el cogote.

Si ya se lo sabe, ¿no?

Le falta un pelo. Seguro que podrá solo.

Vamos. No.

¿Y por qué no te acompaña tu padre, gran artista, y te da su opinión?

-No, hija, no, ahora no puedo.

Luego, cuando termine Arantxa de pasarme el texto.

¿Qué más le dará si alguien le escucha o no?

Usted declame, y cuando se quede atascado, mire el libreto.

No es lo mismo.

Yo sí que no sé cómo me quedan unos afarolaos.

Tienes un espejo.

Pero cuando me giro no me veo.

Arantxa, haz el favor y vámonos. Arantxa se queda.

¡Se viene conmigo! ¡Se queda aquí!

¡Qué no! ¡Que se queda aquí!

-¡Ya, ya, ya, ya!

¡Se acabó!

Ay, amá, claro que me voy a quedar,

sin dormir, a este paso, todo el día trabajando como una mula.

Me voy a descansar.

Ustedes se aclaran, y mañana, si eso, me cuentan.

(HABLA EN EUSKERA)

Ea, que descanse usted.

"Que descanse"...

Descansar ahora...

"El sacerdote en el altar espera".

"Dios nos bendecirá desde su esfera".

"Y cuando, y cuando...".

Y cuando... ¡¿qué?!

(SUSPIRA)

-Te gusta madrugar, ¿eh?

-¿Se pitorrea? -No, en absoluto.

A mí me encanta ver el amanecer.

Siento que el día me pertenece y puedo hacer lo que desee.

-Yo no, es el negocio el que lo pide.

Yo me quedaría acurrucada a mi Jacinto hasta las tantas,

desayuno y otra vez al sobre.

-(RÍE) -Es usted de risa fácil,

como nosotras, las criadas quiero decir.

Aunque estemos cansadas, siempre encontramos una guasa pa reír.

-Ya, ya, ayer lo vi.

-Anda que no lo pasamos bien. -Sí.

-Estamos muy agradecidas de que perdiera el tiempo con nosotras.

-¿Perder el tiempo? No me lo pareció.

Aguantasteis sin bostezar todas mis historias de París.

-Tendríamos la boca abierta, pero no por aburrimiento,

se aprende mucho con usted.

-El aprendizaje es mutuo.

Aprende tanto el que habla como el que escucha.

-Ah, si usted lo dice...

-Te he traído un regalo. -¿De verdad?

-Sí.

Unas postales de París. -Ah.

-La Torre Eiffel. Guau.

La catedral de Notre Dame y los Inválidos.

-Arrea con los gabachos.

¿Tienen todo este palacio pa los tullidos?

-En principio, se construyó para los militares inválidos, sí,

pero hoy en día es un museo, una iglesia...

Un monumento nacional, vaya.

-Ya decía yo.

¿Y cómo lo hace pa meter todo eso en su cabeza?

-Ah, no es ninguna proeza.

Si hubieses vivido en París, te acordarías.

¿O no sabes tú dónde está la ermita de San Gabriel Arcángel?

-Toma no, en el arrabal del pozo, ni que fuera tonta.

-Pues eso.

-(SUSPIRA)

-Uy, ¿y esto?

-Que es usted más maja que un sol. -Gracias.

Pero tengo mis días malos, no te creas, y mis malas mañas.

Ya lo iréis descubriendo en las tertulias.

-Buenos días. -Buenos días, doña Rosina.

Disculpe, estaba entreteniendo a Marcelina.

Es toda suya. Marcelina, date un día un capricho,

desayuna bien y no madrugues.

Nos vemos.

-Con Dios. -El Adelantado.

Maite... ¡Maite!

-Si me hubiese dicho que llevábamos la misma dirección,

la habría esperado.

-No importa, viene bien hacer ejercicio.

¿Se ha enterado usted de lo de doña Genoveva?

-No, ¿qué ha ocurrido? -Resulta...

que va a ir a una recepción en palacio.

Y se lleva a don Felipe.

-Ah, pues qué bien.

No sabía nada.

-Es que no está usted en lo que ha de estar.

Ayer fue la comidilla de todos los vecinos.

-Ayer estuve todo el día trabajando. -Ya.

Sé lo absorbente que puede ser su ocupación,

pero bien que sacó tiempo para echar un rato con las muchachas.

-Bueno, les debía una visita.

-¿Una visita, al altillo?

-Nunca está de más hacer ejercicio, usted lo ha dicho.

-Perdone que se lo diga así, sin ungüentos,

pero Maite, entre los propietarios no es habitual dar un trato,

digamos, tan familiar a las criadas.

No digo que no pueda ser cariñosa con ellas, ¿verdad?,

pero hágame caso, suelen malinterpretar las atenciones.

-A mí no me malinterpretan nada,

simplemente, charlamos de nuestras cosas.

-Lo digo por ellas, pero principalmente por usted.

Tantas familiaridades con el servicio

le pueden dar a usted mala fama.

Se lo digo con cariño porque soy amiga de sus tíos.

De verdad, y no quiero que algunos más estirados

se lo echen en cara o que la confundan con lo que no es.

Más vale prevenir que curar.

-Muy bien.

Muchas gracias, pero tengo prisa.

Si me permite.

-(CHASCA LA LENGUA)

Ya veo ya.

No terminaba de saber yo la manera de aplicar la cera

en superficies poco porosas.

Sí. Temía dejar grumos, pero...

Ya veo que tienes mucho arte.

En este país, a esa técnica se le llama:

darle a muñequilla.

-Ah. -Sí.

Y eres muy didáctica, ¿eh?

-¿Ha visto? -Sí, sí.

Y aunque crea lo contrario, estoy aprendiendo mucho.

Ahora, cuando termines eso,...

te pasas el trapo por el marco de mi retrato,

y así me quedo con todo, ¿eh?

Cualquier hombre que se precie en este país,

debería de saber dar a muñequilla a las cosas.

(Puerta)

Muy buenas. Un momentito.

Aquí tiene, su llave, caballero.

(RÍE)

(CHISTA) Ven. ¿Has visto?

Ven.

No pueden evitar ver mi efigie los clientes.

Yo diría que la ven más que la del rey en las pesetas.

Pero a ti eso no te extrañará, dado mi porte, ¿verdad?

(CARRASPEA) -Hecho, ya está.

-Espera un segundito, mujer.

Dale con un trapo al alrededor del marco.

Así se me queda ya la técnica, ¿eh?

Fíjate,...

no me extrañaría nada que la señorita Zaldúa

me llamara para posar con ella.

No, la he visto con ojitos golosones cuando me ve.

Servando, la señorita Zaldúa es ya intratable.

Pero no creo yo que tanto.

-Tienes razón, quizás no se atreva.

Cualquier pintor arrendaría para hacer esta obra.

Claro, que mejorarla ya es difícil. Pero tú fíjate

en la intensidad. Fíjate, ¿eh?

Quiero decir, tú fíjate

en la mirada, ¿eh?

-Da la impresión de que tiene usted hambre.

-Bonita, tú no estás llamada para la crítica pictórica.

En todo caso,

el único fallo que puede tener ese cuadro,

es... Fabiana, que pueda sentirse un poquito celosona...

Ya sabes, como somos socios...

-Pues haga un retrato de los dos juntos.

-Ni que fuera mi santa, no, qué va, qué va.

Ya se le pasará.

Y si algún huésped se cree que soy el único dueño,

ya estoy yo para aclarárselo.

Bueno, yo me marcho, que tengo faena en la mantequería.

-El otro día vi a Lolita, se ha recuperado rapidísimamente, ¿eh?

-Lolita es una mujer dura e incansable.

-Sí.

-Es lo que tiene trabajar de sol a sol toda la vida.

-Me acabas de recordar que tengo que ir al carbonero

para coger carbón, es que tengo los fogones vacíos.

Si no te importa quedarte un poquito al cargo de esto...

-Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios, Servando.

Preciosa...,

¿me pones un café?

Se me caen los párpados como a una persiana floja.

-Claro, ahora mismo.

-¿Hablaste con tu esposo?

-No hizo falta,

él mismo me lo contó todo antes de que pudiera reprochárselo.

-¿Y lo ha dejado? -(ASIENTE)

Está muy arrepentido.

Me juro que nunca más se volvería a sentar en una mesa de juego.

-No pareces muy convencida.

-Parecía sincero.

De verdad que lo parecía, pero...

No sé. -Bueno.

Confía en él, pero no le quites la vista de encima.

-Venga,

venga usted, señor.

Verá lo que le digo.

Acompáñeme, cuando a Agustina se le mete algo en la cabeza,

es mejor obedecerla. -Veo que la lealtad es compartida.

-¿No se acuerda de ello? -¿De qué están hablando?

De unos gemelos. Y muy valiosos.

Que ni recordaba que tenía.

-A ver.

Uh, pues son muy distinguidos, don Felipe.

-Y muy caros. Eso ya lo ha dicho, Agustina.

Sí, eso, regáñeme,

cuando solo trato de que vaya a palacio hecho un pincel.

Está bien, no sufra más, me los pondré para ir a palacio.

Déjemelos en la cómoda, no me los deje al vestirme.

-Y con la tapa abierta, para que le llame el brillo, como las urracas.

(RÍEN)

Siéntese, por favor.

A pesar del poco tiempo que tenemos para prepararnos,

es posible que vayamos a lucir y todo.

Me alegro por usted.

Es una ocasión para relacionarse con la crème de la crème.

Me sabe mal que ustedes, que han trabajado como yo,

o más que yo en las repatriaciones, no puedan acudir.

¿Y eso qué tiene que ver?

Disculpe que le diga, pero...

no le han invitado a usted, sino a doña Genoveva.

Sí, por el tema de los barcos.

Está claro, pero usted es el acompañante de la bella dama.

Sí, y se lo merece. Más que ninguno.

Por una vez, la casa real ha acertado con los honores.

Toda la vida trabajando en los tribunales para hacerme un nombre,

y cuando voy a una recepción, tiene que ser como adlátere.

(RÍE)

(CANTURREA)

Eh, buenas. -Hola.

¿Qué, a la plaza? -Pues sí.

Voy a dar de comer a mi gente un día más.

-Lo mismo no tienen ni ganas.

-¿Los Domínguez sin hambre? Esos se comen al rey por los pies.

-Lo digo por su señor, por don Jose,

que dicen que da mucho nervio salir a escena.

Tiene que ser como cuando llega la época de la esquila,

que te da una cosa... -Sí.

A ver, un poco alterados sí andan, pero de ahí a quedarse sin hambre,

hay un trecho, ¿no? -Eh...

¿Y usted?

-¿Yo? Pues muy bien. Muchas gracias.

Qué cortes está hoy nuestro portero.

-Ya sabe por qué lo digo.

-Jacinto, la mayoría de las veces no le entiendo cuando me habla,

imagínese cuando viene con misterios.

-Me refiero...

al sereno.

Se les ve muy juntos estos días. -¿A nosotros? ¿A Cesáreo y a mí?

Ande a paseo. -Sí, sí,

de paseo estaba yo cuando les vi tan acaramelados

dándose el postre,

el dulce, de la mano al pico.

-Panchineta se llama. Ya le dije que eran sobras de casa.

Que, que, que...

-Que, que con sobras también empezamos

la Marcelina y yo, y aquí estamos, hasta que la muerte nos separe.

-Uy...

-Adiós, ¿eh?

(RÍE)

Ay...

Ya ha salido.

-¿Don Felipe? -Sí, claro,

como que este pastor se cree que viene a ver al abogao.

-¿Quién si no?

El cochero de la casa real me ha dado recado de la hora

a la que se pasará esta tarde a recogerles.

-Ah. Que... estaba buena la panchineta, ¿eh?

-Un postre de dioses.

-Por no hablar de la que amasó el hojaldre.

-¿Qué insinúas, Jacinto? -Nada, solo digo que...

la Arantxa y usted hacen buenas migas, y mucho mejores postres.

-Es una mujer como pocas. -Ya.

Para usted como si fuera única, ¿a que sí?

-Subo, no vaya a ser que se me olvide el recado.

Con Dios.

-"El recado".

"El recado" dice.

(SUSPIRA)

Por la Virgen de Regla, qué mal pulso tengo.

Arantxa está en la compra

y he perdido la costumbre de llevar bandejas.

-¿Desea que le ayude? -No hace falta,

que entre las dos nos cargamos la vajilla.

-¿Por qué hay tantas tazas? -Es una sorpresa.

Vienen algunas señoras a tomar el té con nosotras.

-Ya.

-No parece que le haga gracia mi sorpresa.

-No, mujer, cómo me va a molestar, está usted en su casa.

Lo único que no me he vestido para la ocasión, para alternar.

-No es una cosa tan formal, un té entre amigas.

Verá como se lleva bien con ellas.

Necesita usted conocer gente.

-Tengo miedo de decepcionarlas, a ellas y a usted.

Desde que Alfonso se marchó, creo que no soy la mejor compañía.

-Verá como mete usted baza en la conversación en cuanto se anime.

Son todas muy cordiales y simpáticas.

¡Algunas, hasta dicharacheras!

(Puerta)

Uy, voy a abrir.

Ten servicio pa esto.

Muy buenas. Bienvenidas.

Por favor. Buenas.

Muy buenas.

Pasen.

Síganme.

Bueno,...

algunas ya conocen a Margarita,

fuimos buenas amigas y ahora volvemos a serlo.

-Pues encantada.

Lolita.

-Bueno, y siéntense, que vamos a tomar el té.

Muy bien.

Camino, camino.

Te buscaba. ¿Qué haces que no estás en el restaurante?

-He salido un momento, no había clientes.

Emilio me dijo que haría mi faena si era necesario.

-¿Para venir aquí?

-Estaba descansando un poco.

He ido antes a la biblioteca a recoger unos libros.

-Te he dicho que no me importa que te formes en arte,

que me gusta que te apasiones y que vayas a la biblioteca,

pero quedamos en que no podía interferir en tus obligaciones.

-Y no lo hace, madre, ni lo hace ni lo hará.

El trabajo siempre será lo primero, se lo prometo.

Además, ya volvía al restaurante.

-Te acompaño.

(Risas)

Muchas gracias, son ustedes muy amables.

-Ay, Bellita, cómo se le nota que está usted la mar de orgullosa.

-Cómo no voy a estarlo, un poco más,

y los Domínguez acaparamos todas las carteleras de la ciudad.

(RÍE)

Eso sí,

por otra parte, y sin falsa modestia,

me considero responsable del éxito de mi Cinta y de mi marido.

Que a una le he enseñado todo lo que sabe,

y al otro le he moldeado el talento desde que cayó en mis manos.

-Bueno, pues que Dios reparta suerte, como diría su Jose.

-Que Dios reparta suerte

y que don Jose reparta entradas para ir a verle.

-Digo. -Lolita.

Pague quien pague las entradas, podríamos ir al teatro todas juntas,

incluso

podríamos avisar a Felicia.

-Y antes de entrar al teatro, podríamos entrar en una tasca.

-Y si cambiamos tasca por restaurante y vino por champán,

me apunto a esas veladas.

Bueno, entre que estrenan y no estrenan,

nos organizamos y no nos organizamos,

podríamos salir todas a pasear uno de estos días.

-Pues sí.

Además, he oído que han abierto un salón de té de lo más inglés.

Podríamos conocerlo.

-¿Ha oído, Margarita? Un salón de té.

Margarita es la persona que conozco, que más ley le tiene al té.

Si por ella fuera, no bebía otra cosa.

¿Qué? ¿Le apetece venir a conocer el salón con nosotras?

-Eh..., claro, desde luego que sí.

Para mí, el té es uno de los mayores placeres de la vida.

-Ea, pues bravo.

¡Haremos la escapada!

Hay que ver, ¿quién le iba a decir a una

que vería un coche de la casa real tal y como la tengo a usted,

pero en el portal del 38?

-Mejor sería que parase frente a su pensión.

-Ya le digo, aunque solo fuera por hospedar a los cocheros.

-De todos modos, yo no me muevo de aquí,

hasta que no vea salir a doña Genoveva y don Felipe.

-Ni que fuese una boda. -Ojalá lo fuera.

-Seguro que se han maqueado como si lo fuese.

-Creía que no llegaba para verles.

-Me trae a matacaballo

como si llegáramos tarde a misa, yo que quería dar un paseo.

-¿No me diga que no siente curiosidad por verles las galas?

-Más curiosidad tengo por saber

qué les han dicho de nuestra a los soldados.

-Solo con que hayan invitado a Genoveva, todo serán parabienes.

-¡Ya bajan, ya bajan!

-Marcelina, ¿qué lleva ella?

-El contento en la cara, seguro.

Ella podría pasar por la emperatriz Sisi

o por la mismísima Josefina, la de Napoleón.

-A ver si se va a poner celosa la reina consorte y la jeringamos.

-Doña Genoveva, está usted más hermosa que nunca.

Gracias, don Ramón.

Y a usted no le digo nada sobre su aspecto, que es imponente.

Eso sí, aproveche esa postura para conseguir donativos

y seguir consiguiendo donativos.

No se preocupe, pondré toda mi labia a trabajar.

¿Vamos? Sí.

-¡Si tiene un momento con el rey, háblele del alcantarillado!

-¡Guapa, guapa y guapa!

(Motor de coche)

He venido lo antes que he podido.

-Es que estoy muy preocupada, ¿eh?

-Sí, ya me lo ha escrito, pero ¿ocurre algo grave?

-No, pero si no le ponemos remedio, va a terminar ocurriendo.

Y eso es tan seguro, como que la marea sube y baja

en la Concha de Donostia.

-Yo soy de secano, hábleme con claridad, ¿qué pasa?

-Que Jacinto está metiendo las napias.

-¿En lo nuestro?

-¿Qué es lo nuestro? -Si no lo sabe usted...

-Sí, está haciendo más preguntas que si fuese un guardia.

-A mí también.

-Pues esto se tiene que acabar. -No hemos matado a nadie.

No me importa que sepan que tengo cierto interés por usted.

-¿Cierto interés?

-O que bebo los vientos, a mí no me molesta.

-Pues a mí sí.

-Acaba de decir que... -Que me importa,

y ya está, punto. Porque...

A ver, que yo soy una mujer más que decente, Cesáreo.

No quiero andar en boca de todos y que el barrio vaya comentando.

Si Jacinto le dice algo, le pido por favor,

más callado que si estuviese cruzando la muga.

-Lo que usted diga. ¿Qué es la muga?

-La raya, la frontera. -Ah.

-O sea, el contrabando, hombre de Dios.

Si usted quiere pasar un alijo de Francia al País Vasco,

tiene que estar muy callado pa que no le pillen los guardias.

-Yo calladito. Eso es, calladito.

-(SILBA) Hombre...

Vaya, qué bien que están ustedes, ¿no?

Aquí.

-Yo ya me iba. -Y yo también.

-Pero no porque se vaya el sereno, me voy yo sola, sin sereno.

-Y yo me pregunto, me pregunto solo, porque a mí...

me gusta preguntarme de cuando estaba solo en los prados...

Y yo me pregunto,

¿qué hace un sereno... en el altillo?

-Yo pasaba por aquí. -Sí.

Bueno, no, fíjese, ha subido a preguntarme por los vascos,

porque resulta que es un aficionado.

-¿A los vascos? -Sí.

-Sí. ¿Qué pasa?

No podemos tener aficionados, ¿o qué?

-Por eso me dio la panchineta. -Eso es.

Y por eso, hoy le estaba enseñando el zortzico.

-¿El qué?

-El zortzico, hombre. Es un baile muy popular, vasco.

-Ah, un baile, con lo que a mí me gusta bailar.

¿Me enseña a mí también el "ozico" ese?

-Zortzico. -"Borrico".

-Zortzico. -¿Y yo qué he dicho?

El "chortijo" ese, el "chino", el...

El baile.

Pero ¿se hacen tilín? -Ay, calle.

Déjela que lo cuente cuando le salga.

-Me tiene en ascuas.

-No sé si se hacen tilín o tolón, como la vaca lechera,

pero las dos veces que el muchacho ha venido al restaurante,

se han quedado pelando la pava.

Eso sí, con el mostrador de por medio.

-¿Y dice que es viajante? -Viajante, sí.

De los vinos que gastamos en el restaurante.

-¿Y se ríen cuando hablan?

-A veces, de más.

El otro día, Cesáreo les vio...

y el muchacho le causó buena impresión.

Parece muy formal.

-Ojalá tenga suerte,

porque a Camino le van haciendo falta dos buenos paseos por el río.

-Rosina.

-¿No me diga que no?

-Camino necesita algo de suerte

y un muchacho que le pida matrimonio.

-Paseo por el río. -Rosina.

-Doña Rosina, otra cosita,

no nos ha dicho por qué nos ha citado aquí Maite.

-Es que no lo sé.

No se ha dignado a decírmelo, me ha pedido que os convoque aquí.

Pero también me ha pedido que venga Agustina.

-¿Agustina?

Pero ¿qué tenemos que ver con ella?

Es como mezclar la velocidad con el tocino.

(Puerta)

-Pues ahora saldremos de dudas, debe ser ella.

-Felicia, no hace falta que hable así de la Agustina,

que la menta usted como si fuera de otra ralea,

como si ella fuera una mula y nosotras unas jacas.

-No quería molestarte, Lolita.

-Buenas tardes. -Buenas.

-Han venido juntas, así que ya estamos todas.

-Gracias por acudir.

Siéntense. Bueno, las dos.

-Prefiero quedarme de pie si no les importa.

-Estarán deseando saber por qué le he pedido a doña Rosina

que nos reuniéramos. -Pues sí.

Se lo agradecemos si nos lo explica.

-Enseguida se lo explico, no me andaré con rodeos.

Además, espero que sepan cómo difundir mi postura

en algunos temas candentes en el barrio.

-No se preocupe,

que a la que pongamos un pinrel en la calle, ya se enteran todos.

-Se trata de explicarles...

que no justificarles, algunas de mis ideas y mis conductas.

Sobre todo, las que van en contra de sus costumbres.

-Y en buena medida, con la moral.

-Calle, Felicia, que esto promete.

Supongo, Maite, que se está refiriendo

a su talante... liberal con el servicio.

-Sí, en cierto modo sí.

El mundo, bueno, la sociedad no es justa,

y por eso hay personas que sirven y otras que son servidas,

independientemente de sus méritos y capacidades.

Y no seré yo quien ponga eso patas arriba, aunque me gustaría,

pero eso sí, trataré a las personas que lo han tenido más difícil

como me dé la gana.

Si tengo que ser su amiga, lo seré, no me importan sus costumbres.

-Maite, se lo he dicho y se lo vuelvo a repetir,

perdóname, Agustina,

no les hace ningún favor con estas deferencias.

¡Va a conseguir que se piensen que todo el monte es orégano,

y tendremos que aplicar un correctivo!

-No daría yo mucha confianza al servicio.

A las chicas... les das la mano y te acaban cogiendo el pie.

-Señoras, pueden seguir diciendo barbaridades,

que yo no cambiaré mi conducta.

Mi experiencia, me dice que ustedes

están equivocadas, pero no les pediré que cambien,

allá cada uno con su conciencia,

pero a contrapartida, les pediré que ustedes no me lo pidan a mí.

Espero que esto no suponga un distanciamiento,

me gustaría seguir siendo su amiga.

Al igual que de Agustina, de Casilda y de todas las demás.

-¿Ha terminado?

-Sí. Ya me marcho.

-Le acompaño.

-Yo soy más como ellas. -Lo sé.

“El sacerdote en el altar espera;

Dios nos bendecirá desde su esfera:

y cuando el nuevo sol en el oriente

protector de mi estirpe soberana...".

"...numen eterno en la región indiana,

la regia pompa de su trono ostente,

monarca de la luz, padre del día,

yo tu esposo seré, tú esposa mía".

Qué bien me viene.

-¿Se ha quedado con hambre?

Porque antes de irme le he dejado una tapita.

-Pero como la tapita me ha sabido a poco,

me he ido a por el plato entero.

Pero no te necesitaba pa eso,

quiero que me ayudes dándome la réplica.

-Es que yo,... pa esto no sirvo yo. Cada uno vale pa lo que vale, señor.

-No te voy a pedir que pongas el alma en el texto,

lo lees y listo, me das el pie y lo demás queda en mis manos.

Ahí empiezo yo, donde pone "el sacerdote en el altar...".

-"Espera". -Espero, ¿qué pasa?

-El texto.

"El sacerdote en el altar espera...".

-Ah. (RÍE)

¿Ves como eres útil?

"El sacerdote en el altar espera;

Dios nos bendecirá desde su esfera:

y cuando el nuevo sol en el oriente protector de mi estirpe soberana...

numen eterno en la región indiana,

la regia pompa de su trono ostente,

yo...". No.

"...monarca de la luz, padre del día,

yo tu esposo seré, tú, esposa mía".

-"Es tan tarde, don Álvaro".

“Muchacha, ¿qué te detiene ya?".

"Despacha por el balcón esas maletas, luego...".

"¡Curra! ¡Curra! ¡Detente!".

"¡Don Álvaro!".

-Pero si lo haces mejor que mi compañera de reparto.

-Tampoco no se mofe, don Jose.

-¡Que hablo en serio, en serio!

El acento es de Santurce a Bilbao,

pero el tono y el sentimiento lo clavas.

¡Me viene de perlas ese talento!

Al escucharte, me creceré. -No, señor,

tengo que atender la casa, no puedo estar aquí leyendo.

-Bueno, tampo... Olvídate de la casa,

yo me encargo de tenerla como los chorros del oro.

Lo que importa es que tu debut salga fetén.

¿Y ese repentino interés por mis ensayos,

cuando hasta ahora no te has dignado ni a preguntar?

Lo importante es rectificar y rectificar a tiempo.

Tengo una idea para mejorar su rendimiento.

¿Por qué no coge su libreto

y a Arantxa y se van al parque a darse réplicas y réplicas?

La paz de la alameda le vendrá muy bien

y yo no les molesto mientras hago las tareas.

No me parece mala idea, ¿eh, Arantxa?

Y de paso, nos compramos unos barquillos, yo invito.

Venga, vamos.

Independientemente de sus opiniones,

las ha expuesto con demasiada crudeza.

-Demasiado directa diría yo.

La verdad es que no sé cómo tomármelo.

Parecía que nos estaba declarando la guerra.

-A ver,

no exagere, mujer.

Lo ha dejado bien clarito, quiere llevarse bien con todos.

Si nadie se mete con ella, ella tampoco.

-¿Qué dices, Agustina, que parece que te ha comido la lengua el gato?

-Yo no he pedido venir, señora.

-Solo faltaba.

-Pero tendrás opinión, ¿no, Agustina?

-Estoy más de su lado, señoras.

No es que no me guste que me traten...

con respeto... y hasta con cariño,

pero entiendo que toda la vida se ha hecho de esta forma por algo.

-¡Claro, se ha hecho así por conservar el orden!

-A ver, a ver.

Tampoco es tan desordenao que señoras y criadas sean amigas.

Mírenme a mí,

que tengo un pie aquí y otro allá y todas me tratan con cariño.

-Lo que no sería justo es negarle a doña Maite su generosidad.

Puede que demasiado,

pero generosa lo es.

-Claro, con lo que no es suyo, que ella no tiene servicio.

-Equilicuá.

-¿Qué quieres decir?

-A ver, lo ha dejado bien clarito,

que nosotras podemos cantar misa,

pero ella va a hacer de su capa un sayo.

-(RESOPLA)

Siéntate.

¿De verdad que estamos solos?

Gracias, Señor, por estos dones que nos concedes,

aunque sea muy de vez en cuando.

Amor, sin prisas, tenemos tiempo.

Toda la vida, lo sé, pero es ahora cuando tenemos prisa.

Mi padre está ensayando y no vuelve hasta que se ponga el sol.

Si se empeña, se quedará debajo de un farol.

Aún así, ¿un besito pequeñito?

Estoy muy contenta de haber hecho las paces contigo.

No puedo estar enfadado contigo mucho tiempo.

Era yo la que estaba enfadada, ¿te lo recuerdo?

Al principio sí, por... Bueno, porque tú...

Porque eres un poco ansioso.

¡Es que me privas!

Te veo aquí tan de cerca, tan bonita,

que apenas puedo contenerme. Pues contente.

Eres lo más bonito que ha hecho la madre naturaleza.

Tú tampoco estás nada mal.

(CHISTA)

¿Ves? Así mucho mejor.

Es un esfuerzo supremo.

Eres muy exagerado.

Me lo agradecerás en un futuro.

Hay que mantener la llama del deseo hasta que llegue el momento.

¿Y cuándo llegará?

Espero que pronto, o acabaré no bebiendo,

no durmiendo, no comiendo, vamos, obsesionado.

¿Con qué te conformarías para ir tirando?

Pues... con un momento de intimidad contigo.

Nada especial, simplemente, pues que parezca que somos marido y mujer.

¿Sí?

¿Te quedarías más tranquilo si viviéramos un momento marital?

Sí, sí, vamos, completamente, más tranquilo que el Guerra.

Está bien, creo que puedo darte esa satisfacción.

Enseguida vuelvo.

Hecha toda una esposa.

(RESOPLA)

¿Ha decidido ya?

Déjeme en paz.

Es usted un estúpido

y, lo peor, es que cree que yo también lo soy.

No me importa lo que usted sea, quiero que deje de molestarme.

¿No ve que doña Genoveva le dejará en la cuneta en cuanto le convenga?

¡Le echará a los pies de los caballos

y usted estará indefenso!

Mire, infeliz,

no sé de dónde se ha sacado que yo tengo tratos con ella, pero no.

Si tiene cuentas pendientes con ella, allá usted.

Olvídese de mí.

No vuelva a mentirme.

No me puede engañar.

Sé que lo trajo para atar en corto a Marcia.

Y de la misma manera, con la misma facilidad,

le aplastará cuando no le necesite.

Usted delira. No.

Yo recuerdo.

Les vi, Santiago,

vi a César Andrade y a doña Genoveva...

¿Dígame?

¿Quién quiere hablar con él?

Espere.

Don César, una mujer quiere hablar con usted.

No ha querido decirme quién es,

pero dice que lo que le tiene que decir le puede interesar.

-¿Dígame?

Puedo diseccionar el carácter de una persona

sin necesidad de verla.

Tengo un don especial para las voces.

¿Y a mí cómo me calificaría?

Interesante,... lo suficiente como para concertar una cita

tras una llamada de teléfono de una desconocida.

¿Tan atractiva le ha sonado esa "desconocida"?

No van por ahí los tiros, doña Genoveva,

mi interés tiene más que ver con lo que me ha ofrecido por teléfono,

no con sus obvios encantos.

Estos podrán engañar a otro tipo de hombre, no a mí.

Mujeres bellas, nunca me han faltado.

Si traro con usted, me tranquiliza saber

que no se deja arrastrar por una cara bonita.

Ya le he contado cuál es la situación de Marcia en este momento,

ahora me gustaría que me concretara

qué quiere exactamente que haga con ella.

Pensé que tenía un don.

Solo quiero estar seguro de que los dos pensamos en lo mismo

y que coincidimos en el fin y en los medios para conseguirlo.

Quiero que sea todo lo contundente que necesite.

El dinero que le ofrezco es suficiente

para financiar cualquier tipo de medio

para deshacerse de esa morena.

Asumo que esa contundencia implica una serie de medidas...

definitivas.

Yo no lo habría dicho mejor.

Va a ser verdad, señor Andrade,

su capacidad maravillosa para leer la mente.

Capacidad y experiencia,

llevo muchos años haciendo negocios.

¿Con mujeres?

Y con hombres.

Llegué a Brasil con una mano delante y otra detrás.

Conseguí levantar mi propio negocio con el caucho

y volver a la madre patria para comenzar de nuevo.

Pocas cosas me echan atrás.

Cuénteme sobre Marcia, ¿qué edad tenía cuando la conoció?

Apenas era una niña cuando comenzó a trabajar a mis órdenes.

A primera vista, era como el resto de las mujeres,

oscura y salvaje,... pero algo la hacía diferente.

¿A qué se refiere con diferente?

Marcia... era una superviviente.

Lista y espabilada,

enseguida se hizo con un protector, un hombre que la defendiera.

Reconozco ese rasgo en Marcia.

Se llamaba Santiago,

Santiago Becerra,

y no solo era su protector,

también se convirtió en su marido.

¿Marcia estuvo casada?

Eso fue hace tiempo.

¿Un refrigerio?

Sí.

Ya ve, no solo sé que ella lo trajo,

sino cómo lo hizo y a través de quién.

La piedra está en su tejado.

Decídase,...

o con ella...

o conmigo.

¿Estás preparado?

¡Sí, sí, preparadísimo! ¡Voy!

Llega tu esposa.

¿Te estás burlando? ¿Yo?

¿No querías intimidad entre esposos?

Así es como pasan las veladas los esposos.

No dormiré, no comeré...

¡Siempre estás pensando en lo mismo!

No, en lo mismo no.

A veces estás en picardías, a veces bañándote...

Ya es suficiente.

Encima no te enfades.

No quiero enfadarme. Mira.

(Puerta)

(Se cierra la puerta)

-(GRITA) ¡Impúdicos!

(HABLA EN EUSKERA)

¡Ay, Virgen de Begoña, ayúdame!

¡Contra el sexto mandamiento, contra el sexto mandamiento!

¡Fuera!

-Déjame que te explique. -¡Ni Arantxa ni Arantxo!

Ay, amá.

¡Cinta! ¿No estabas en el parque?

¡Parque te voy a dar yo a ti! (HABLA EN EUSKERA)

¡Pero ¿cómo puedes hacer esto?! ¡Ay, amá!

Ha dejado la puerta abierta. -Ah, sí, sí.

¿Ese gesto es porque le gusta mi pintura

o porque no hay por dónde cogerla? Ya te lo diré.

La estoy estudiando.

Te daré una lista con las correcciones.

-(ASIENTE)

Usted suele ayudarse de modelos para pintar, ¿verdad?

-Sí, cuando trabajo con figuras humanas sí.

Lo he estado pensando...

Me gustaría posar para usted.

-¿Qué necesidad tienes?

-No necesidad ninguna,

pero, bueno, por un lado, ya que no me cobra sus lecciones,

me gustaría compensarle de algún modo.

-No necesito compensaciones.

-Y por otro lado, me gustaría, me encantaría.

-No, olvídate.

-La vería trabajar a usted,

me sería de gran utilidad

ver a la artista en su momento más íntimo con su obra,

abstraída, volcada en su labor... Aprendería mucho.

-Nos traería problemas, Camino.

-Nadie tiene por qué enterarse.

-¿En este barrio?

Sería la comidilla de las señoras.

Posaré cuando no venga Casilda.

Si usted ni yo lo comentamos, nadie lo sabe.

-(CHASCA LA LENGUA)

-Sería útil, me sentiría parte de la obra, no puede negármelo.

-¿Me prometes que no lo contarás?

-Prometido.

-Ni a tu hermano ni a tu madre. A ellos menos que a nadie.

-Prometido.

¿Ahí?

-¡Camino!, vístete, por favor,

no he dicho que necesitaras estar desnuda.

-Me lo enseñó usted el primer día de clase.

La esencia del ser humano está en su piel,

en su desnudez y la belleza también.

Eres abrumadoramente bella.

Será como pintar un ángel.

Un piropo más y le calzo al marqués la ponchera en la coronilla.

Era duque.

¿Qué más da? Te quería para él.

Aunque claro, no puedo culparle.

¿Quién no te querría para sí mismo?

¡Bobo, solo me estaba felicitando

por nuestro programa de repatriación!

¿Antes o después de bailar la polka?

Y durante.

Ah, por eso se acercaba tanto a ti,

para poder seguir alabándote sin perder el paso.

He sido el hombre más envidiado de palacio.

Y yo la mujer más orgullosa.

¿Sabes que todos pensaban que éramos matrimonio?

Espero que no les hayas sacado de su error.

Al contrario, he sido yo quien ha puesto en circulación el rumor.

Por cierto,

después de la tercera copa de champán querías decirme algo.

No, no era nada.

No puedes tirar la piedra y esconder la mano,

no conmigo, conmigo no.

(RÍEN)

¿Qué?

Prométeme que no te enfadarás.

¿Qué pasa?

Creo que estoy embarazada.

En buena hora me puse el camisón.

No sabía que Arantxa regresaría tan pronto.

Sí que fue mala fortuna.

¿Se olería algo?

No, volvió a por unas hojas del texto

de mi padre que se había olvidado.

¿Crees que le contará algo a tus padres?

Agustina, ¿es usted?

¿Hay alguien ahí?

(GRITA)

Por mucho que lo intento, no logro olvidarla.

Liberto, mi presente y mi futuro tienen nombre,

Marcia.

No persista en su error, don Felipe.

Marcia y futuro son palabras irreconciliables.

¿Desea más té, querida amiga?

Se lo preparo yo, ya que no está su criada.

-Se lo agradezco, pero ya he tomado demasiado,

no quiero que me siente mal.

-¿Cómo va a hacer tal cosa una bebida tan saludable?

-Mejor no tentar a la suerte.

¿No se da cuenta, hombre de Dios,

que con la excusa de las clases, vamos a pasar más tiempo juntos

y los demás no se van a dar ni cuenta?

-La verdad es que, bien visto, lleva usted más razón que un santo.

No eres justa conmigo, Marcia.

Estoy haciendo todo por ti.

Arriesgándome incluso.

¡¿Hasta cuándo voy a tener que soportar

que te desvivas por ese hombre?!

-No sé, Santiago, créeme que lo siento,

pero no puedo evitarlo.

(Aplausos y vítores)

¡Bravo!

-¡Bravo! -¡Bravo!

-¡Bravo! -¡Bravo!

(CAMINO) "No diré nada".

"Utilizaré mis labios para otra cosa que no es hablar".

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Acacias 38 - Capítulo 1149

28 nov 2019

Santiago justifica ante Marcia su pequeño capital: efectivamente ha salido de las timbas, pero es para que los dos puedan marcharse pronto de Acacias. Ella le perdona cuando él promete no volver a jugar. Mientras, Úrsula presiona a Santiago para que se alíe con ella contra Genoveva.
La amistad entre Margarita y Bellita se consolida en una merienda con las señoras. Margarita se siente incómoda, parece preferir la intimidad con Bellita.
Felipe y Genoveva más cerca que nunca con los preparativos de la recepción real. Todo el barrio aplaude su relación... Excepto Marcia, que sufre al verlos juntos y felices. A su regreso del palacio real Genoveva le trasmite la sospecha de... que está embarazada.
Los criados acosan a Arantxa y Cesáreo convencidos de que tienen un amorío.
Cinta, después de reconciliarse con Emilio, le invita a su casa para vivir un momento íntimo. Pero la aparición de Arantxa hace saltar por los aires cualquier romanticismo.
Camino insiste en posar para Maite, cuando la profesora accede, la muchacha se desnuda. Quiere ser pintada como una de las mujeres del cuadro que le enseñó.

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