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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1141 - ver ahora
Transcripción completa

y precisa de tiempo y distancia para cicatrizar.

Pero, para tu desdicha, me conviene que esté en estas calles,

que su presencia siga mortificando a Felipe.

Eso ha terminado de lanzarle a mis brazos.

-Ya conoce a Camino. Ahora mismo está entusiasmada por la novedad.

Si la ve tan pendiente

y a la contra, provocará el efecto contrario.

-Igual tienes razón.

-Sepa que el otro día su marido habló maravillas de usted.

-¿Sí? -¡Pues claro!

Su amor es verdadero.

¡Soy un rival... muy duro de vencer!

Ya es tarde para usted.

Su final está cerca, Úrsula. -"Hace un rato,"

me han subido una nota de Margarita.

-¿Y qué dice en ella?

-Nada, me invita a su casa a tomar té.

-He arreglado tu anillo de boda.

Esperaba que arreglarte el anillo fuera una forma de pedirte perdón.

-No hablemos más de nuestro pasado.

El resto de nuestra vida comienza ahora.

-Comenzara como comenzara,

el asunto está derivando en un disparate.

¡Lo único que están haciendo es perder dinero y enemistándose!

¿Les parece razonable?

-¡Olvidémonos del asunto cuanto antes!

-Pero ¿es que nadie me va a escuchar a mí?

-¡Dios quiera que lleguemos a ser muy buenas amigas!

-Se equivoca.

No lo llegaremos a ser,

porque ya lo somos.

Grandes amigas.

-"La he retratado".

-No soy yo: es bellísima y muy atractiva.

¡Ojalá yo fuera como ella!

-Ya lo es.

Al menos, así la veo yo.

-Bueno, creo que es hora de que te vayas.

Se te va a hacer tarde, Camino.

-De acuerdo.

"¿Recuerda a este hombre?". -"No caigo".

¿Acaso no recuerda al doctor Maduro?

"Don Cristóbal Cabrera".

No sabe cómo me alegra tener de nuevo en las calles de Acacias

al asesino de don Samuel Alday.

¡Pues menos mal que intervino

su marido de usted para poner paz con Lolita y Marcelina!

-Ya, Fabiana. Alguien tenía que hacerlo,

que la cosa se iba ya de madre. -¡Ay!

¡Y Servando malmetiendo!

-¡Gracias a Dios que no todos son como él!

Aunque Felicia enseguida entró en razón.

-¡Otra cosa no será,

pero juiciosa es un rato largo!

-(RÍE) ¡Sí, sí que lo es, sí!

-(JADEA) -¡Ay, Agustina! ¿Qué le pasa?

-¿Dónde está Úrsula? ¿Dónde está?

-¡Cálmese, cálmese!

-¡Es el demonio!

(LLORA) ¡El demonio! -Ande.

Venga con nosotras y se sienta un rato.

-Venga.

A ver, Agustina, ¿se puede saber

qué la ha alterado tanto, mujer?

-¡Endriago de mujer!

¡Maldita sea!

(SOLLOZA) -Agustina...

¿Por qué no se tranquiliza y nos cuenta qué ha pasado?

-Eso, mujer, haga un poder.

-¡Intentó matarme!

¡Úrsula quiso acabar con mi vida!

-¿Cómo dice?

-¡Ella me convenció

para que me tirara por la ventana!

-¡Madre del amor hermoso! ¡Que Dios nos coja confesados!

(FABIANA SUSPIRA)

(Sintonía de "Acacias 38")

(Sintonía: música instrumental)

¡El doctor Maduro...

era un actor de tres al cuarto contratado por Úrsula

para hacerse pasar por un facultativo!

-Pero ¡eso es imposible! ¿Y, entonces, las pruebas

que le hizo? -¡Todo era un engaño... (SUSPIRA)

para hacerme creer...

que mi diagnóstico era letal, que no tenía solución!

-¡Claro...!

Y así sumirla en la desesperación.

-¡Todo era mentira!

Una treta para empujarme al suicidio.

-¡Qué barbaridad!

-¿Está segura de lo que nos cuenta?

-¡El propio Maduro... me lo ha confesado!

-¿Y no la estará engañando de nuevo, Agustina?

-¡Fue doña Genoveva quien le hizo venir...

cuando se enteró de la farsa!

-No dudó en reconocer que Úrsula le había pagado...

para hacer lo que hizo!

-No sé, me cuesta creer que alguien reconozca

que ha hecho una barbaridad como esa.

-¡El hombre intentó justificarse!

¡Pensaba... que era una inocente charada!

¡No creía...

que me iba yo...

a quitar la vida!

-¡Será sinvergüenza!

¡Claro, y ahora querrá lavar

su conciencia!

-¿Cómo pude ser tan débil de espíritu?

¡Dios mío! (SOLLOZA) -(CHISTA) ¡Ay!

No se culpe, Agustina.

(AGUSTINA SOLLOZA)

-Usted solo ha sido una víctima

de un juego muy bien organizado por una mente enferma.

-¡Y todos creyéndola rehabilitada!

¡Pues se acabaron sus brujerías

y sus maldades!

¡Tenemos que echar a ese endriago de aquí pero para siempre ya!

¿Cómo lo supiste?

Fue ella misma quien se delató en uno de sus delirios.

¿Y no podría tratarse de eso, de un delirio?

Eso pensé cuando la escuché.

Por eso decidí contratar a un investigador que me confirmara

cuánto de verdad había en esos desvaríos.

Un detective.

¿Recuerdas la nota que recibí hace unos días

bajo mi puerta? Sí.

No quisiste decirme de quién era,

algo que me generó cierta desconfianza.

Lo noté, y te pido mil disculpas.

Odio ocultarte cosas,

pero necesitaba desenmascarar a Úrsula.

¿Era de ella la nota? No.

Era del detective, confirmándome que había dado

con el paradero del supuesto doctor Maduro.

(CHASQUEA LA LENGUA)

¡Nunca debimos bajar la guardia con esa mujer! ¡Es el demonio!

Por eso hay que alejarla de aquí y devolverla al infierno.

¡Qué razón tenías, Felipe!

(CHASQUEA LA LENGUA)

¿Cómo está Agustina?

(SUSPIRA) ¡Imagínate! ¡Destrozada!

Es duro que te abran los ojos respecto de alguien del que te fías.

Consideraba a Úrsula

su amiga. ¿Una amiga?

¡Una delincuente! ¡Eso es lo que es!

Menos mal que la has desenmascarado.

Pero que sea la última vez que actúas al margen mío.

Ya te dije que no era mi intención.

(SUSPIRA) Hemos perdido la oportunidad

de detener a ese farsante,

¡y con él a Úrsula!

Lo siento, mi amor. No volverá a ocurrir.

¡Temo tanto a esa mujer!

Por eso debes dejarme protegerte.

Haré que Úrsula salga hoy mismo del altillo.

¿Y si se cuela en mi casa?

¡No sería la primera vez!

¡No creo que hoy consiga dormir! ¡Eh, eh, eh!

Tranquila.

No te preocupes.

(SUSPIRA)

Úrsula pasará pronto a la historia.

(Murmullo de conversaciones)

¡Mira que he bregado con lo peor! Pero ¡no me acostumbro a la maldad!

-(RÍE) ¡Ni usted ni nadie, señor,

que está la pobre Agustina que no para de llorar! ¿Eh?

¡Y todos los vecinos del barrio deseando

que ese demonio de Úrsula se vaya de Acacias para siempre!

¡Si no hay más que verla, qué mala sombra!

-¡Sí, lagarto, lagarto...! -Una persona así...

solo merece la condena eterna.

Y de ahí para arriba.

-¡Yo creo que esa mujer no está en sus cabales!

-Bueno, pues, con cabales o sin cabales,

pero la condena, igualmente.

-¡Anda, si ya tenéis la mesa puesta!

¡Se me fue el santo al cielo con Margarita!

Eso quiere decir

que le ha ido bien. -¡Huy, divinamente!

¡Aunque al volver me he encontrado mucho jaleo en la calle, oye!

No he querido pararme por no retrasarme.

¿Sabéis qué ha pasado? -Sí.

¡Los vecinos del barrio,

que se han reunido para despedir a Úrsula!

-¿A cuento de qué? ¡Ni que fuera una estrella, como yo!

(RÍEN) -Dejemos eso para más tarde.

No nos amargue la cena. -Lo que os decía:

¡qué buen rato he echado con Margarita! (RÍE)

-Arantxa,

ve sirviendo la cena, por favor.

-Sí, señor.

-¡Nos hemos entendido como si fuéramos primas!

¡Qué alegría verla tan contenta!

-Contenta y tranquila después de tanto berrinche.

Bueno, ¿y usted qué?

¿Nervios por el debut?

-Es mañana, ¿no? -(SUSPIRA)

¡Digo! (BELLITA RÍE)

-¡Estamos más temblones que el suflé de la tía Encarna!

¡Normal! En el estreno se la juegan todos.

Sobre todo yo, que soy el debutante.

-¡Ay! ¡Vas a tener

los ojos de todo el mundo clavados como alfileres!

-¡Lucero mío, no hace falta que seas tan clara!

-Bueno, la ropa del estreno ya está lista, ¿eh? La suya...

y la mía también. Porque no pienso perdérmelo.

Aunque lo vea desde bastidores.

(RÍE) -¡De eso nada!

-¿Eh? -¡Ni hablar!

¡Estarás en primera fila!

¡Como una más de la familia, faltaría más!

(RÍE) -Oye, ¿y si invitamos también

a Margarita? Y a Emilio.

-(CHISTA)

¡Calma!

¿Eh? ¡Ya habrá tiempo de invitar a todo el mundo!

He pedido que no vaya nadie al pase,

solo vosotras. Lleva razón,

los nervios del estreno son malísimos.

Ajá.

(Gritos a lo lejos)

-¿Qué es ese griterío?

(Gritos más fuertes)

-¡Oh! ¡Están abucheando a Úrsula!

"Ondu egina!". ¡Bien hecho, sí, señor!

¿Eh? ¡Ay, ay, ay!

(Gritos en la calle)

-¡Eh!

(FABIANA) ¡Si no, baja! ¡Que bajes!

¡Baja ya de ahí, demonio!

-¡Qué poca vergüenza!

(GRITAN TODOS A LA VEZ)

(FABIANA) ¡Fuera del altillo!

-¡Vamos, baja!

(CESÁREO) ¡Baja ahora!

(HABLAN TODOS A LA VEZ)

-¡Qué poca vergüenza!

(GRITAN TODOS)

-¡Que ya viene, que viene!

(SERVANDO) ¡Ahí está! -Qué calladita estás ahora, ¿eh?

-¿Pensabas que no nos enteraríamos?

-¡Y nosotros pensando que había cambiado, Úrsula!

¡Mentira cochina! -¡Mala gente!

-¡Mentirosa! (ROSINA) ¿Qué haces ahí parada?

¡Atrévete a pasar, a mirarnos a la cara!

¡Cobarde! -¡Venga, bicho!

-¡Atrévete a pasar! -¡Cobarde!

-¡Eh, míranos a la cara!

¡No convencerás a nadie con tus malas artes!

(GRITA)

-¡Dejadme! -¡Ojalá te mueras!

-¡Maldita sea tu estampa!

(Gritos)

-Pero ¡¿cómo has podido ser tan ruin?!

-¡La culpa es nuestra, por haberla recibido de vuelta!

¡No! (CASILDA) ¡Venga!

¡Acercad las antorchas, que esto arde como una tea!

¡Por todos los lados, vamos!

-¡No te queremos aquí! ¡Vete del barrio!

-¡Qué poca humanidad hay que tener para hacer lo que hizo!

¡No se merece hablarle de usted!

(Gritos)

¡Con su maldad nos ha unido

a todos contra ella!

-¡Y luego se cree muy decente!

-¡Hacerle eso a la pobre Agustina!

¿Es que no tiene corazón? -¡No!

¡No tiene ni corazón ni vergüenza!

(GIME) -¡Sinvergüenza!

-¡Malnacida, que ni las bestias

tienen tan mala leche! -¡Eso es!

-¡Con todo lo que Agustina se ha preocupado por usted!

-¡Sí que es verdad, "demonia"!

-¿Cómo puedes ser tan mala persona?

-¡Endriago!

¡"Demonia"!

(GRITAN A LA VEZ)

-¡No nos engañarás más!

¡Una y no más!

(MARCELINA) ¡Eso es, doña Rosina!

¡Márchese ya

y deje al barrio tranquilo!

(Gritos)

-¿Qué está haciendo?

-Cuidado...

¡Perdóneme, Agustina!

(SOLLOZA)

(SERVANDO) ¡Qué poca vergüenza!

¡Lárguese!

(GRITAN TODOS)

-¡Al suelo como una serpiente!

¡Como una víbora!

-Esto es por enfrentarte a mí.

-¡Quieta, quieta, Marcia!

¡Nadie le ayudará nunca más a esta serpiente!

¡Razón tenía mi hija Cayetana cuando hablaba tan mal

de ella! -¡Asesina!

¡Úrsula!

¡Váyase y no haga daño a nadie más!

¡No!

¿No ha oído? ¡Largo!

-¡Muy bien, señora! ¡Fuera! -¡Fuera!

¡Vamos, fuera! ¡Vamos, lárguese!

¡Vamos!

¡No la queremos volver a ver por aquí, fuera!

-¡Fuera de aquí!

(Gritos)

(Banda sonora: música melodramática)

(Banda sonora: música melodramática)

(Banda sonora: música melodramática)

(Banda sonora: música melodramática)

(Banda sonora: música melodramática)

(Banda sonora: música melodramática)

(Banda sonora: música melodramática)

¡Demasiado benevolentes hemos sido con Úrsula!

Se merecía mucho más.

-¿Más? Yo creo que el desprecio que sufrió fue bastante duro.

-Felicia, créame, la conocemos desde hace muchos años.

¡No le hicimos bastante!

-Afortunadamente, yo no he vivido los horrores que cuentan de ella.

Cuando llegué, parecía rehabilitada. -Sí.

Pues, visto lo visto, era la misma. Y nos engañó.

-Está claro: ese árbol nació

torcido y es imposible enderezar sus ramas.

-Y pensar que no habríamos sabido nada si no llega a ser

por Genoveva...

-Pues sí...

(SUSPIRA) He de reconocer que...,

que esa joven se está ganando nuestro respeto, sí.

Primero conseguir los barcos para los heridos y ahora esto.

-Esa mujer es nuestro ángel

de la guarda.

-¡Desde luego, Úrsula...!

¡Qué cinismo y qué sangre fría tiene que tener

para tratar a Agustina como su hermana!

-(RÍE CON SORNA) ¡Una hermana a la que quieres eliminar!

(SUSPIRAN)

-¿Ustedes creen...

que Agustina logrará algún día asimilar esta traición?

-Dios lo quiera.

-Bueno, si no os importa, me gustaría cambiar de tema, ¿eh?

¡Es que se me está viniendo el ánimo abajo!

-(RÍE) ¡Tiene razón, Rosina!

Hay mejores temas con los que empezar el día.

-¡Venga! ¿Qué pasa en el barrio?

-Creo que el patriarca de los Domínguez

esta noche debuta en el teatro.

(ROSINA SUSPIRA) -¡Así es!

Aunque don José...,

personalmente, le ha pedido a mi esposo que no asista.

Está claro que se siente inseguro como actor.

-¡Hombre!

¡Está claro! ¡Entre su mujer y la niña,

le han puesto el listón bien alto!

-¡Imagínense el miedo al fracaso ante tanta lumbrera!

(RÍEN) -¡Hablando de artistas...!

¿Qué tal con su nueva inquilina? ¿Está contenta con el barrio?

-Bueno, aunque los asuntos inmuebles los lleva mi Liberto, la verdad es

que Maite está ya muy instalada e integrada,

haciendo amigos...

-¡Eso es estupendo! -Bueno, yo misma...

estoy intimando bastante con ella, la verdad.

Tanto que me ha puesto al tanto de su pasado amoroso.

-¡Oh!

-¿Y qué le ha contado?

-¡Ay, Felicia, se trata de una confesión entre amigas!

¡No estaría bien que yo ahora la revelara!

-Rosina, que no hay que ser muy hábil

para intuir que es un desengaño amoroso.

-¡Algo de eso hay!

-¿Se trata de algo reciente?

-¡No!

¡Pues tuvo un amor de juventud,

alguien mayor,

que acabó en tragedia! Y, según ella, no lo ha superado.

-¡Pobre muchacha!

No me extraña que con semejante dramón

se fuese a París a hacerse artista. -Bueno...

Tan escarmentada está que no quiere ver a un marido ni en pintura.

¡Nunca mejor dicho!

(RÍE A CARCAJADAS) ¡Ni en pintura!

-Pues a mí me parece una mujer...

muy interesante y desenvuelta.

Pasara lo que pasara, creo que lo ha superado.

-O no.

Ese amor ha podido dejarle una gran huella.

-Estoy de acuerdo. Yo soy de las que opinan

que algo así una mujer no lo supera si no es con una buena boda

de por medio. -(RÍE)

-Insisto, yo veo a Maite estupenda.

Estoy convencida

de que ha sabido encauzar esa mala experiencia con su arte.

(FELICIA RÍE)

¡Si usted lo dice...!

-¿Eh? -Sí.

-"¡Úrsula no merece compasión de nadie!".

¡Y menos la tuya! -Lo sé, Fabiana.

Pero ¡la vi tan mal que se me hizo difícil no echarle una mano!

-(RÍE) ¡Pues ella te la habría echado a ti, pero al cuello!

¡No cabe bondad posible con Úrsula! ¡Métete esto en la cabeza, hija!

-Fabiana...

Fue ella la que me compró a Andrade.

Para que entrara a servir donde Felipe

y así le contara todo lo que ocurría.

-¡Madre del amor hermoso! ¿Y tú te prestaste?

-No tenía otra opción.

De hecho, cuando vio que ya no le servía,

(SUSPIRA) me devolvió al horror de Andrade.

-¿Estás diciendo que Úrsula estaba detrás de tu secuestro?

-¿Y quién, si no?

-¿Y has callado hasta ahora?

Deberíamos hablar con la policía.

-Sin pruebas no puedo hacer nada, Santiago.

¡Yo contaba con que la justicia hiciera su trabajo!

Pero ¡Felipe nunca pudo demostrar que Úrsula estaba detrás de todo!

Tendré que...

conformarme con que Andrade esté entre rejas.

-¡Menos mal que no estuve anoche!

¡No sé qué habría hecho con esa arpía!

No la dejaré acercarse más a ti.

-¡Ni a ella ni a nadie!

¡Esa mujer ya es historia aquí, en Acacias!

¡De no ser por doña Genoveva, aún seguiríamos todos aquí engañados!

-Dicen que doña Genoveva es de armas tomar.

-(RÍE) ¡Y tanto!

¡Que hay que ser muy valiente

para desenmascarar a un ángel negro como Úrsula!

¡Que su sola presencia te vuelve el cuerpo del revés!

-Es una mujer diabólica.

-Llámalo como quieras,

pero doña Genoveva no se arredra ante cualquiera.

¡Si de algo no sufre esa señora es de miedo!

-Eso parece.

-Bueno, ya se acabó el darle a la sin hueso.

¡Ahí os dejo, pareja!

-Hasta luego.

(SANTIAGO SUSPIRA)

¡No imaginas lo feliz que me haces luciendo nuestro anillo!

-Estamos casados, Santiago.

Es lo normal.

-He tenido que aguantar mofas en el almacén

por llevarla en el trabajo.

Dicen que soy un señoritingo.

-(RÍE) ¿Un señoritingo?

-Si piensan que así me molestarán, están equivocados.

No me lo pienso quitar en el resto de mi vida.

-(RÍE)

Lolita me espera en la mantequería. No debo llegar tarde.

-Sí, claro. Ten un buen día.

Te quiero.

Con esta temperatura, nadie quiere entrar.

-Un sol como este no amarga a nadie en invierno.

-¿Y madre? ¿Dónde está? Debería haber llegado ya.

-Seguirá en casa de Rosina, chismeando sobre Úrsula.

-¡O sobre Maite! ¡No me deja en paz con ella!

-Es normal que se preocupe por ti: es tu madre.

Además, quien no lo debe no lo teme.

¿O hacéis algo más que dar clases de pintura?

-¡Anda ya! ¡No digas tonterías, por favor!

¡Madre mía, tenéis la terraza de bote en bote!

-¿Cómo le va a tu padre con los ensayos?

¡Para tenerlo bien lejos,

repitiendo el texto como un loro y subiéndose

por las paredes!

-Nosotros, en su lugar, estaríamos igual.

Por si fuera poco, Arantxa le sigue por toda la casa

con un café para que desayune. ¡Ni que fuera un niño!

(RÍEN) -¡Normal, los nervios!

Te cierran el estómago

mejor que 1000 candados.

¡Eso sin contar a mi madre!

¡Está todo el día riéndose y diciendo cosas sin sentido!

-¿Riéndose de qué? ¡No sé!

¡Me imagino que de sus nervios! Mi padre dice que se chotea de él.

Y la pobre se ha tenido que ir para no liarla.

-Bueno, todo eso terminará cuando debute hoy.

¡O se le pasa o se nos lleva a todos por delante!

Pues tú deberías hacer lo mismo.

¿El qué? ¿Subirme por las paredes?

(RÍE) ¡Buscar un sitio en condiciones para cantar!

Desde tu última actuación, tenemos ganas de más.

¡Anda que no!

Si por mí fuera, repetiría todos los días.

-El éxito te espera, amiga.

Con ganas, ya tienes la mitad hecho.

¿Dónde podría encontrar yo un escenario en condiciones?

¡Uh!

¿Qué haces, loco perdido? -(RÍE)

Sí, tú misma lo has dicho.

Me tienes tan loco que no me contengo.

(SUSPIRA) ¡Que tu madre puede llegar

en cualquier momento!

¡Nos van a ver!

¿Y si nos vamos a los jardines?

¿Eh? Y nos escondemos en el laberinto de los cipreses.

¿Ahora?

Ansío estar a solas contigo.

Amor...

¡Amor, contente!

¿Es que no me quieres?

¡Claro, más que a mi vida!

Pero te recuerdo que una es decente, católica, apostólica y romana.

Lo entiendes, ¿no?

Qué remedio.

No te enfades. Sabes que es peor si no te paro.

No lo sé: siempre me paras antes.

¡No te quejes más! Además, tengo que irme.

¿Nos vemos por la tarde?

¡Mi bolso!

(SUSPIRA)

(RESOPLA)

A la Úrsula la llamamos de todo menos bonita.

-(SUSPIRA)

¡Cómo me alegro de no haber bajado y haber visto todo desde arriba!

-¡Y lo fina que se puso mi Marcelina!

-¡Me hervía la sangre al verla con la Agustina como si nada!

-¡Y la señora Agustina no dijo esta boca es mía!

-¡Ni falta que hacía, prima! La mirada que le lanzó

era para echarse a temblar. ¿Miento o no?

-¡Peor que una puñalada trapera!

-¡Pues esperemos que con la Úrsula lejos

se acaben todos los males!

-Pues cambiando de tema...

¡Qué blanca me ha quedado la colada, Marcelina,

usando su secreto!

-Secreto a voces, Arantxa.

Si solo era un poco de bicarbonato,

vinagre, limón y mucho sol.

-Y porque no ha probado a echar leche.

-En esta no, pero, en la próxima colada,

claro que voy a probar. (RÍE)

-¡Oye!

¿Y a ti qué te pasa, que te sonríes tanto?

-Porque me da contentura no verte enrabietada, como hace rato.

Al fin ha vuelto la Marcelina que me enamoró.

-(SUSPIRA) -Es que nunca se movió del barrio.

-El cuerpo puede que no,

pero el genio... andaba a la gresca con doña Felicia y la Lolita.

(MARCELINA SUSPIRA)

¡Las ganas que tenía de volver a la normalidad

y que el quiosco fuera

el de siempre! -¡El quiosco y tú, Marcelina!

-Pero ¡que quede claro que yo he ganado esta batalla!

Así que lo mínimo que podrían hacer Felicia y Lolita

es pedirme perdón. -¡Hay que ver

cuánto te gusta tener la última palabra!

-¡Porque tengo razón! -Pues, con razón o sin ella,

te vas a estar quietecita. -¡Huy!

-¡No solo don Ramón se impondrá en el barrio!

-¡Di que sí, primo!

-A partir de ahora, en el quiosco se venden flores y periódicos, ¿vale?

-(RESOPLA)

¡A ver si crees que me puedes arrear como a una de tus ovejas!

(LOLITA SUSPIRA)

A los buenos días.

-¡Hola! -¡Lolita!

Tenemos un asunto pendiente.

-Pues tú dirás.

-¿Qué te he dicho, Marcelina? (RÍE) -(LE CHISTA)

Eh...

¡Nada, si solo es para los avíos del cocido!

Luego me paso por la mantequería.

(JACINTO RÍE) -¡Hija mía, Lolita!

¿Y tú qué haces aquí?

-Subí a preguntar por Agustina.

¿Cómo ha pasado la noche? -¡Regular!

Sigue con el disgusto, hija.

Y, en vez de descansar aquí,

sigue empeñada en bajar a casa

de su señor a trabajar.

-Pero tampoco mal no le va a hacer, Fabiana.

La tarea distrae mucho. -Pues me aplico el cuento

y me voy a trabajar. Aquí las dejo, señoras.

Adiós.

-Señora Fabiana.

Esta mañana, me ha parecido ver

en la pensión a doña Maite.

-Cierto que fue a la pensión, sí.

¡Imagínense el susto cuando vi entrar a toda una señora

y sentarse tan pancha a pedirse un café!

-¡Vaya usted a saber si es normal en París!

-Ajá... -¡Prima!

Tú estás yendo a su casa, ¿no? -Ah, sí.

Me lo ordenó mi señora, que vaya a hacerle la limpieza

en el estudio.

Y, siempre que me la encuentro,

me pregunta por mis cosas.

Como si le importase. (TODAS RÍEN)

-¡Nada que ver con doña Rosina, vaya!

-¡Nada que ver! ¡El otro día

me dio una propina...! ¡Y qué propina!

¡Bien generosa! -¡Claro!

A la mantequería no manda a una criada, ¡viene ella misma!

¡Es que la señorita Maite es un rato largo de sencilla!

-Al quiosco viene muy a menudo.

Es una gran interesada

de las revistas, y me las comenta educadamente.

(ARANTXA) Ajá. (FABIANA) ¡Vaya, pues se ve

que no hace distingos entre criados y señores!

-A mí tampoco me parece para tanto, no sé, ¿no?

¡Es fácil comportarse así cuando tienes la vida solucionada!

-Las señoras de Acacias la tienen.

¡Y les sobra el mal genio!

¡Véase mi señora, doña Rosina! (ARANTXA RÍE)

-Arantxa...

Parece que no le cae a usted muy en gracia, ¿no?

¿Ha tenido algún encontronazo

con la joven? -¡No!

¡No, qué va! ¡Era solo por decir! ¡No me hagan mucho caso!

(ROSINA SUSPIRA)

(LIBERTO SUSPIRA)

Sentimos mucho haber irrumpido así en su estudio.

No queremos quitarle tiempo de su tarea.

-¡Tranquilos! Es un placer para mí recibir visitas como la suya.

Siéntense. -¡Vaya, qué "lacheslongue"!

(TODOS RÍEN)

-Es que Rosina estaba muy preocupada por su bienestar

y ha insistido en venir para ofrecerle su ayuda.

-¡Ay! -¡Es que llegar a una ciudad nueva,

y sola, será muy difícil!

Por eso le volvemos a ofrecer la ayuda que necesite.

-¡Muchas gracias! ¡Son maravillosos!

-Y también lo hacemos en honor a la amistad que nos une

con su tío, don Armando.

-La verdad es que me han puesto las cosas muy fáciles.

Da gusto tratar con vecinos así.

-No se haga de menos, ¿eh?

¡Sus habilidades nos han conquistado a todos!

¡Hasta Lolita no para de hablar de sus bondades!

-Lolita es una joven bellísima y excepcional.

-Un diamante en bruto.

-Sí, que yo no puliría para no perder su pureza.

-¿Desean un refrigerio?

-No, gracias... -A mí

una copita de champán no me vendría mal.

-Lo siento, pero no soy muy amiga de la champaña.

-¿Cómo puede ser? ¿Viene de París y no le gusta?

-La Ciudad de la Luz es tan variada

y rica que acoge a gentes

de todos los gustos y preferencias.

-¿No echa de menos París?

-Bueno, echo de menos su vida y su pulso,

las tertulias exaltadas de los cafés,

los tugurios decadentes de Montmartre...

(RÍE)

Y las meretrices desnudas de Pigalle.

(RÍE) ¡Si es que en París todo es arte!

-¡Huy, aquí lo llamaríamos de una forma menos elegante!

-En el París que añoro no se bebe champán,

sino "pastis" y absenta. ¿Lo han probado?

-Eh... No.

Pero, viniendo de Francia,

no debe de ser malo. ¡Ay, todo lo francés es bueno! (SUSPIRA)

-¡Acaba de recordarme usted a Gertrude Stein! ¿La conoce?

Es una americana apasionada por todo lo francés.

Tanto que su casa rebosa de obras de arte.

-Arte en el sentido tradicional de la palabra, claro.

-En su casa hay obras de Picasso, Cézanne, Matisse, Monet...

Y todos los sábados por la noche

reúne a pintores, escritores,

todo tipo de artistas... Todos bajo el mismo techo...

embriagados con los efluvios del diablo verde.

-¿El diablo verde?

-Sí, sí. Así es como se conoce a la absenta.

Se imaginan por qué, ¿no?

-Por sus palabras, deduzco que conoce esas reuniones personalmente.

-¡Ay, no! ¡Ojalá!

(RÍE)

Las reuniones del salón Stein son muy conocidas en París,

pero son muy pocos los afortunados.

Gertrude es una mujer muy dura

y sabe desenvolverse con los hombres.

Pero es algo reacia a lo desconocido.

De hecho, a las parejas de sus invitados

las deja en otro salón

para que no interrumpan la visión de las obras.

-¡Oh! -(RÍE) ¡Bueno...!

Una excentricidad muy conocida del salón Stein

es la de un artista ruso que llegó con su chimpancé

(RÍE) y entonces la señora Stein tuvo que dejar al chimpancé

en el salón principal porque era como su consorte.

(RÍE) ¡Imagínense el escándalo!

¿Todo bien, doña Rosina?

-Me temo que ha logrado lo imposible: dejarla sin habla.

-¿Qué? (LIBERTO) ¡Nada, nada!

-¡Ah! (RÍE) (LIBERTO RÍE)

"Agustina, por Dios".

"¡Se lo ruego, hable!".

"¿No ve que me tiene angustiada?".

(SOLLOZA) ¡Me estoy muriendo!

"Nacemos solos...

y solos morimos".

"Sin familia, sin amigos".

"¡Sin nadie!".

"Solo con Dios y todos nuestros pecados".

"Pero ¡usted me tiene a mí!".

"¡Yo cuidaré de usted!".

"Y no quiero seguir así, con dolores,

haciendo sufrir a los pocos que me quieren".

¿Está diciendo lo que creo?

Estoy diciendo... que lo único que deseo...

es que el Señor me lleve cuanto antes

a su lado. Agustina.

¡Es nuestra obligación luchar por la vida!

A veces...

marcharse con dignidad de este mundo...

es nuestro único consuelo.

¡Así es!

¡Lástima que en ocasiones...

sea la misma enfermedad

la que no nos deja escoger la manera de irnos!

¡Nos reconcome

con tanta fuerza...

que nos niega incluso esa dignidad!

El aire de esta habitación está muy viciado.

Abriré un poco la ventana para que se airee todo.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

(FELIPE SUSPIRA)

Agustina...

¿Qué hace aquí trabajando?

Le dije que estuviera en el altillo.

¡No sabe cuánto lamento el dolor causado!

Siempre es mejor afrontar la realidad

que vivir engañada respecto a Úrsula.

¡Agustina, lo siento tanto...!

¡Y pensar... que se decía mi amiga!

Nadie merece el dolor del desengaño.

¡No se aflija, señora!

¡Nunca podré compensarle...

el haberme abierto los ojos de ese demonio!

¿Usted cree?

¡Por supuesto que sí!

¡No se atormente!

Yo opino exactamente lo mismo.

Siempre es mejor saber.

Aunque duela.

Poco a poco...

todo ha cobrado sentido.

Recuerdo las palabras de Úrsula al pie de mi lecho...

antes de...

(AGUSTINA SUSPIRA)

¡De arrojarme al vacío!

¡No piense en eso!

¡Ya ha pasado!

¡Gracias a usted por abrirme los ojos!

¡Gracias a los dos!

¡Venga, Agustina!

Lolita, la baronesa Hirth vendrá al restaurante la próxima semana

y necesito huevos de faisán para confeccionar un menú adecuado.

¿Me los puedes traer tú?

-En cuanto vuelva Marcia, la mando a echar una carta

a Pepe, el Tuerto, que en su granja tiene faisanes, pavos y hasta ocas.

-Pues lo dejo en tu mano. -Sepa que lo que yo le pida

a Pepe, el Tuerto, lo tengo servido. ¡Cuente con esos huevos!

-(RÍE) ¡No sabes qué tranquilidad me da tenerte en el barrio!

Te traeré una lista con más cosas que necesito para ese día.

-Sea lo que sea, pero con tiempo, que no me gusta ir con prisas.

-Lo tendré en cuenta.

¡Por cierto,

menos mal que Marcelina ha quitado ya esa horrible música!

-(SUSPIRA) Y no vea qué alivio, ¿eh?

Casi la lío bien gorda. ¡No sabía yo que la Marcelina

era tan terca!

-Espero que no vuelva a las andadas. -Ajá.

-Avísame nada más traer los huevos.

-Ajá. ¡Ay, espere, espere!

Le quiero yo preguntar algo.

Es que la Carmen me comentó

que la señorita Maite tuvo un amor... desgraciado.

-¡Eso es! Al parecer,

sufrió un desengaño que le dejó una huella terrible.

-¡Ah, o sea, que es verdad!

Pensaba que la Carmen fabulaba un poco.

-¿Por qué iba a hacerlo?

¡Es algo bastante común!

¡Desengaños hay muchos!

-No digo que no, pero no me cuadraba que la señorita Maite,

tan segura de sí misma y tan moderna,

hubiera podido sufrir mal de amores. ¡No sé!

-(RESOPLA) ¡El desamor no entiende de modernidades

ni de clases sociales!

¡Nadie está libre de ese mal!

-¡Para chasco que sí!

-¡Buenas!

-¡Buenas!

-¿Qué hablaban de Maite?

(FELICIA TITUBEA)

¡Nada, hija, que todos tenemos un pasado!

-¿Hablaban de su vida en París?

-No sabemos si fue en París.

La cosa es que la señorita Maite no tuvo mucha suerte en el amor.

-¿En..., en el amor?

-¡Bueno, Camino, no seas curiosa!

(LOLITA RÍE)

(FELICIA RÍE) -¿Qué le ocurrió?

-¡Que estuvo con un hombre mayor

y acabó como el rosario de la aurora!

-(SUSPIRA)

Sufrió un desengaño... -¡Uf!

Tanto que no se ha vuelto a ver con nadie.

-Bueno, Camino, vamos al restaurante, que tenemos faena. Adiós.

-Ajá. -Vaya yendo usted. Ahora voy yo.

¿Y cómo era él?

Servando es peor que un crío. No sale idea buena de esa cabeza.

-¡A mi Marcelina la ha trastocado!

-Pero ingenio debe tener; si no, ¿de qué va a arrastrarnos

una y otra vez? -Pues conmigo que no cuente, y menos

con la Marcelina. -Discúlpeme.

Arantxa.

-¿Sí? -Aguarde.

-¿Qué se le ofrece?

-Quería preguntarle

por el debut de su señor. -(SUSPIRA)

¡Deseando que pase ya, porque, fíjese,

los nervios nos los ha contagiado al resto!

-Los nervios son muy malos. -¿Me lo dice

o me lo cuenta? -¿Y va a ir toda la familia?

-¡Huy, si estaba pensando en asistir ya,

olvídese, porque el señor no quiere que vaya

nadie del barrio! -Sí, claro.

-Sí. Eh...

Dentro de unos días va a ser la verbena de la pradera del río.

-¡Sí, pues, con estos calores tardíos,

a más de uno le dará un soponcio entre baile y baile!

-(RÍE) ¡Sí, el buen tiempo se está alargando! ¡Qué bien!

-¡Sí...! -Y había pensado,

si usted no tiene inconveniente ni obligaciones...

-¡A ver, "bizkor"! -¿El qué?

-¡Que no, que digo que aligere un poco,

que me tengo que preparar para el debut del señor!

-Quería invitarla a la verbena para divertirnos y conocernos.

Sí, llevo pensando un tiempo en usted.

Creo que es una mujer muy agradable y por eso quería

invitarla a la verbena.

(ARANTXA) Ah...

Eh...

Pues muy agradecida por su interés.

-¿Y eso es un sí?

-No, es que me lo pensaré

y que ya le diré algo, ¿eh? -Ajá...

-Agur.

-Claro.

¿No podemos hablarlo en el salón?

-¡No! ¡Casilda! (CARRASPEA)

Quiero que me escuchéis los dos atentamente.

He decidido iniciar un proyecto,

inspirada por la conversación que tuvimos con Maite Zaldúa.

-¿Piensas retomar

tus clases de pintura o qué? -¡No!

Se trata de protocolar.

-Eh... ¿Proto..., qué?

-(SUSPIRA) Voy a recibir y a agasajar a mis invitados.

-Ah, vamos, lo que han hecho las señoras toda la vida de Dios.

-¡Te equivocas!

Voy a organizar tertulias en el salón...

para intelectuales y artistas.

-¡Para eso ya está el ateneo!

-¡Pero no! Las charlas...

en mi salón serán más excéntricas, más originales.

¡Salón Rosine!

-¿Rosine?

-Sí, Casilda, sí... "Rosina" en francés.

-¿Te estás burlando

de mí, miquitusa, con esa risa? -¡No!

¡No, no! ¡Dios me libre, señora, no!

¡Si yo solamente me río, pues...,

pues de la alegría,

del movimiento que va a haber

y de que usted va a brillar más que el lucero del alba!

-¡Haré como la americana esa! -¿Quién? ¿Gertrude Stein?

-¡Sí! ¡La gente que no me interese, que no esté

a la altura de la habitación, pues a la otra sala!

¡Yo me rodearé

de las mentes más privilegiadas y brillantes!

-¡Pues tenga usted cuidado, señora!

¡No vaya a deslucirse con tanto brillo!

-¡Te equivocas! ¡Yo, como anfitriona, luciré muchísimo!

¡Seré el sol, el centro de ese universo! ¿No lo entiendes?

¿Me ayudarás, Liberto?

-¡No sé, Rosina, es que estas cosas...

no se montan así como así! Para empezar,

tendrás que organizar algo que atraiga a las mentes preclaras.

-¡Si dices cuadros, olvídate!

¡No gastaré mi dinero

en algo que solo sirve para colgarlo en la pared!

¡Y menos esas pinturas

que no entiende nadie!

-¡Pues deberás contactar,

no sé, con escritores consagrados!

-¡No, menudo tostón! ¡Qué pesados!

¡Nada de letras ni de cuadros! ¡Yo ofreceré

en las tertulias del salón Rosine

algo único que gustará a todo el mundo!

-¡Lo tengo, señora! ¡Lingotes de oro!

(RÍE) -¡Tus canapés!

-¿Quieres invitar

a canapés a la crema de la sociedad!

¡Es muy fácil! ¡Organiza una fiesta!

-Pero...

¡Es que no se trata solo de eso, Liberto!

¡En el salón Rosine, la comida y la bebida

estarán aderezadas por un toque de mi encanto personal!

¡"Yestur Streis" tiene sus cuadros,

pero yo mi encanto natural!

-Pues...

Nada, si con eso te vas a entretener,

cuenta con mi apoyo. -(GRITA)

(RÍE Y LE BESA)

(JADEA) -No, no, señor,

aquí la entretenida será servidora,

no la señora. -Pero ¿qué dices?

(RÍE) ¡De verdad, qué cosas tienes!

¡Te cuidarás de los refrigerios, ya ves tú!

Pero ¡sobre mí caerá el peso del protocolo!

¡Por favor, hay que hacer la lista de invitados!

¡La lista de temas a tratar, la lista

de artistas a los que despotricar! ¡Madre!

¡Hablando de listas..., Casilda,

venga, empecemos! ¡Listas! ¡Hay que hacer la lista de la compra!

Lo apunto yo, claro.

¡Dame un papel!

¡Va!

¿Cómo vas?

-No, no, aún no puede verlo.

-Así me gusta:

no se debe mostrar un trabajo si no está acabado.

-(RÍE)

Yo solo sigo al pie de la letra sus enseñanzas:

cultivar la paciencia. -Ya veo, ya.

(SUSPIRA)

Estás avanzando mucho.

Cada día me sorprendes con tu talento.

-¿De veras?

-No sé cuál será el resultado, pero...

te felicito.

-¡Gracias!

Sus palabras son muy importantes para mí.

¿Puedo preguntarle algo?

-Otra cosa será que yo te conteste.

¡Dime!

-Sé que sufrió un desengaño amoroso.

¡Lo siento, no quería molestarla!

-¡No, no pasa nada!

Afortunadamente, fue hace mucho tiempo, yo era solo una niña.

Y todo acabó en tragedia.

-¿Cómo logró sobreponerse?

-Una mujer debe poder hacer frente a cualquier desgracia.

Sea amorosa o no.

La vida nos ha dado

una fortaleza que no tiene que ver con levantar peso,

sino con seguir y no dejarse hundir.

Si no, el ser humano...

se habría extinguido.

-¿Y los hombres no sirven para nada?

-Jovencita...

Nunca pongas esas palabras en mi boca, ¿eh?

Ellos ponen de su parte, por supuesto.

Pero nosotras parimos.

Cada historia de amor es un mundo

y un día te contaré la mía con detalle.

De momento, quédate con lo que doña Rosina ha difundido.

Un desengaño amoroso, nada más.

-Entonces, ¿es verdad?

-Sí, claro, pero no toda la verdad.

Esa prefiero reservármela.

-Me cuesta entender que alguien pueda rechazarla,

con lo especial que es usted.

-No seré ni la primera ni la última.

Pero ¿sabes qué es lo importante?

Seguir adelante,

aceptarse uno mismo y encontrar tu lugar en el mundo.

Enseñan más las malas experiencias que las buenas.

-Eso dicen...

-Y es así.

Métetelo en esa cabecita.

¿Lo harás?

(SUSURRA) ¡Ay, qué nervios!

-¡Ay, "ama"!

(Risas)

(JOSÉ RÍE)

(JOSÉ RÍE)

(JOSÉ BALBUCEA)

(SUSPIRA)

-¡Tío Trabuco! ¿No cena?

(JOSÉ) No...

(CARRASPEA)

(SUSPIRA)

¡Voy a ayunar!

¡Que es viernes!

(EL PÚBLICO RÍE)

(JOSÉ) Pero...

un buen traguito sí que me entraría, sí. ¡Venga!

¡Trae "p'acá"!

(JOSÉ ESCUPE) (EL PÚBLICO RÍE)

(JOSÉ) ¡Tú!

¡Esto es zupia!

¡Ande...,

tío Monipodio,

tráigame la botella del aguardiente!

¡Para enjuagarme la boca!

Madre, está arrastrando las palabras.

-(SUSPIRA) ¡Tanto ensayar para hacer de borracho! ¡Qué bochorno!

-¡Y qué bien hace de borracho!

¡Claro, que no me extraña,

porque, con dos copitas de fino y unas olivas, está el señor...!

-¿Llamas borracho a mi marido? -¡Dios me libre!

¡Por favor! (HOMBRE) ¡Chist!

-¡Yo, de los viajeros...,

no miro más que la moneda!

¡Ni es hembra...

ni es macho!

(RESOPLA)

¡No gasto saliva en lo que no me importa!

(JOSÉ) ¡Y buenas noches,

que ya se me va quedando la lengua dormida...

y quiero guardarle el sueño!

¡Sonsoniche!

(RÍE)

(RESOPLA)

-Eso es que ha cogido carrerilla. ¡Oh!

El texto no es nada fácil, ¿eh? -No, pero el bebercio

siempre le ha soltado mucho.

-¡Qué sabrás!

-¡Huy! (ESPECTADOR) ¡Chist!

¡Nos van a echar!

-¡Trabuco!

¡Tío Trabuco!

¿De dónde salió?

(JOSÉ) Malo...

¿Me quiere usted dejar en paz?

(JOSÉ) Yo solo sé...

¡Solo sé que tarde o temprano voy al cielo!

(JOSÉ RÍE)

¡Y ya me voy!

¡Me voy, huyendo de usted!

¡A dormir con mis mulos!

¡Que no saben latín...

ni son bachilleres!

-(EL PÚBLICO RÍE)

(Aplausos)

¡Ole, ole y ole! ¡Que es mi padre!

-¡Otro, señor! ¡Otro, otro!

-¡Viva la madre que te parió!

¡A ver, di que sí!

¡Guapo!

¿Qué hace esto aquí?

¡Úrsula, sé que está ahí!

¡Dé la cara, maldito demonio!

¡No le tengo miedo!

Imagino que conoce a Moisés, el Negro.

(SUSPIRA)

Váyase de mi casa.

¡Fuera!

Él y yo tenemos muchas cosas en común.

Los dos éramos criados y...

los dos fuimos despedidos por nuestros señores.

¡Váyase al infierno!

Yo que usted conservaría esa estampa.

La necesitará para rezar

por la cruel traición que ha perpetrado contra mí.

No me dan miedo sus amenazas.

Me ha hecho quedar como una demente

delante de todos los vecinos mientras que usted...

ha quedado...

como la buena de la historia.

Pero las dos sabemos que eso no es cierto.

¡Es usted una falsa,

una mentirosa!

De mentirosa a mentirosa,

déjeme que le diga una frase

que resume a la perfección lo que ha ocurrido.

Me he librado de usted.

No cante tan pronto victoria.

¿Por qué no?

He logrado que el barrio esté en su contra.

Y no sé cómo se ha atrevido a venir a mi casa.

¿Acaso no teme lo que pueden hacerle?

Todos quieren y aprecian a Agustina.

Nunca le perdonarán lo que hizo.

¡Me da igual lo que piensen esos imbéciles!

No debería.

Si por ellos fuera,

ya la habrían entregado hace tiempo al garrote vil.

Veo que le han crecido los dientes.

Está claro que ya no es usted

la furcia ilusa y enamoradiza

que llegó aquí de la mano de don Samuel Alday.

He aprendido mucho durante este tiempo en Acacias.

Y, hablando de su difunto esposo,

don Samuel,

¿recuerda al hombre que le ocasionó tan triste muerte?

¿Cómo se llamaba?

Lo tengo en la punta de la lengua.

¡Cristóbal!

Cristóbal Cabrera.

¿Se acuerda?

Creo que la tuvo en un puño durante su juventud.

Se sorprendería...

de lo poco que ha cambiado.

¿Lo recuerda?

¡Basta de faroles, Úrsula!

(RÍE CON SORNA)

¡Faroles!

Pues sí, ha cambiado tan poco...

que sigue interesado en usted.

Es usted una víbora mentirosa.

Piense lo que quiera.

¡Eso es mentira!

¿Dónde está el maldito Cristóbal?

¡Hable!

No hay trabajo, no hay paga.

La verdad es que estoy un poco preocupado con lo del dinero.

Es muy caro vivir aquí.

Esperaba que me salieran negocios,

pero no ha sido así. -¿Negocios?

Cristóbal Cabrera me habló mucho

de los tiempos de la muerte de su amado Samuel.

Pero también...

me habló de una amiga suya.

¡Marlene!

¡Estamos nerviosos por ver la prensa!

-¡Bueno, tranquila! ¡Que solo hago un papel secundario!

-Me han dicho que dará

charlas artístico-literarias en su salón.

-¡Qué poco duran los secretos! ¡Me va a oír Casilda!

-Ya, bueno, yo quería proponerle

que me invitara a una de las veladas.

-¡Madre santa del amor hermoso!

-Pero ¡di algo ya de una vez, hijo!

-Esto es para ti. Y gracias por venir a limpiar.

-¡No, gracias a usted!

¡Me paga más que doña Rosina!

-Ah, ¿sí?

Eso es porque no exiges tus derechos.

(TONO AFECTADO) ¡Señorita Maite, conocemos sus gustos!

¡Ha sido un honor, venga cuando quiera!

¿Qué pasa?

A las clientas hay que tratarlas bien.

Pues vete con ella al almacén, que seguro te dará lo que quieres.

Entra sin llamar.

No te arrepentirás.

Ven a las nueve.

Camino, ¿se puede saber de qué hablas?

-Comentaba con los dos caballeros

mi opinión sobre la lucha de clases.

-Pues se acabó, ve a colocar los periódicos.

-"Yo..."

quisiera que Úrsula no regresase nunca a Acacias.

Solo eso nos dejaría tranquilas a todas,

pero también quiero saber

en qué consiste ese apoyo.

-¡En no darle cobijo a esa mujer en el altillo,

no darle empleo!

-No entiendo por qué te enfadas conmigo.

No sé, quizá prefieres ir con Maite al teatro.

-Camino tiene mucho talento, pero aún no está lista para exponer.

-No creo que pueda seguir viniendo a las clases.

Tenemos mucho trabajo.

-Casarme, pero...

¿y si ella no quiere?

-Pues, si ella no quiere,

los celos dejarán de ser un problema.

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Acacias 38 - Capítulo 1141

18 nov 2019

La noticia de que Úrsula estaba detrás del intento de Agustina de quitarse la vida se propaga por el barrio. Todos, señores y criadas, condenan a Úrsula, que huye humillada de Acacias entre los gritos de los vecinos.
Alegría en casa de los Domínguez por el magnífico debut de Jose en el teatro. Bellita por fin está tranquila al saberse amiga de Margarita. Cinta, por su parte, decide retomar su carrera de cantante, animada por su padre. Y Arantxa se deja llevar por el miedo y rechaza la invitación de Cesáreo de acompañarla a la verbena.
Todo el barrio comienza a conocer el pasado de Maite, su importante desencuentro amoroso, pero nadie está más interesado que Camino. Por otro lado, Maite habla de Gertrude Stein a Rosina, sembrando la idea en ella de convocar tertulias culturales en su casa.
Genoveva figura frente a los vecinos como una valiente que ha desenmascarado a Úrsula. Felipe se muestra especialmente orgulloso de ella… Pero Úrsula no va a dejar así las cosas

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