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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1139 - ver ahora
Transcripción completa

Estoy a su entera disposición, siempre que la paga sea buena.

Quiero que traigas a alguien que preciso para seguir con mis planes.

El concierto se hará mañana,

por mucho que la homenajeada ponga pegas pa venir.

Ojalá se baje del burro y aparezca en su homenaje.

Malditas seas, Genoveva.

Yo sé quién puede hacerte daño... y voy a dar con él.

-Mucho interés le está poniendo a la criada de los Domínguez.

-Simplemente, creo que es una mujer muy amable y dicharachera.

-Sí, claro.

Casilda me ha comentado que Lolita está disgustada con Maite.

-Antoñito le presta demasiada atención

y ella se la reclama.

-Que Maite le presta atención a Antoñito, qué tontería, no lo creo.

Doña Felicia y la Lolita están regalando periódicos y altramuces

para hacerte la competencia.

-Serán malajes esas dos.

-Según dice Maite, llegará un día en el que las mujeres

tendremos tanta libertad como los hombres,

trabajaremos, nos ganaremos la vida

y seremos dueñas de nuestro destino.

-No me gustan nada esas ideas revolucionarias.

-¿Está malmetiendo pa que se enfrente con Lolita y doña Felicia?

-Que no, ha sido ella la que me ha pedido consejo comercial.

-Deje a la Marcelina y métase de sus asuntos.

-Emilio, hijo, cuando puedas, vas al estudio de la ilustradora

y echas un vistazo.

Camino está feliz con sus clases, pues ya está.

-No te estoy pidiendo tu opinión.

-¿Y qué vas a hacer en el concierto?

-Escuchar música y hacer compañía a Emilio,

y ver a Maite, con suerte está allí y me la encuentro.

Pido un fuerte aplauso para Margarita.

(Aplausos)

Margarita,...

¿quieres subir al escenario conmigo?

¡Margarita! -¡Margarita!

-He localizado a la persona que me pidió.

¿Lo has traído hasta aquí? No ha habido forma.

Quiero que lo traigas, eso, y no otra cosa necesito.

¿Está claro?

(ASIENTE)

Genoveva, la función ha terminado.

¿Y eso? ¿Cómo?

Malamente.

¿No han sido de agrado los números? Al contrario.

Al parecer, Cinta estuvo muy divertida,

y Bellita, imagínese usted, deslumbró al público.

¿Y por qué ha terminado mal?

Porque la homenajeada o receptora de los fondos, Margarita,

sufrió un síncope justo al final, cuando Bella pronunció su nombre

y las alabanzas adecuadas.

Qué mala suerte. ¿Qué tipo de síncope?

Está sin determinar.

Espero que no sea el cólico miserere.

No se ponga en lo peor. ¿Adónde la han llevado?

Está en casa de los Domínguez.

No será cosa de mucha gravedad. Eso espero.

El caso es que ha deslucido el esfuerzo de Bella y de Cinta.

Ella han hecho lo que han podido.

Mientras no haya que lamentar desgracias...

Bien dice usted.

Vuelvo al trabajo.

La gente pasará por el restaurante y mis hijos no darán abasto.

Vaya, mañana hablamos. Con Dios.

Con Dios.

¿Quién es el hombre que la visitó esta tarde?

¿Qué hombre?

Uno que entró en el portal con aire furtivo y luego llamó a su puerta.

Úrsula,

perdone que sea tan cruda con usted,

pero si los delirios no son buen síntoma,

los que incluyen a hombres furtivos

suelen tener connotaciones histéricas.

Desde luego, a la Iglesia no le gusta nada.

No trate de hacerme pasar por loca.

Ese hombre estuvo en su casa.

¿Tengo que repetirle que no sé de qué me está hablando?

No se haga la lista conmigo.

No me va a confundir.

Le he enseñado intrigas, hemos compartido intrigas,

no me puede engañar. No me necesita para eso,

ya se engaña usted misma.

Lo vi, nadie me lo ha contado.

Ese hombre estuvo en su casa.

No es de por aquí.

Y tiene toda la pinta de ser alguien

que por dinero se ofrece para cualquier cosa.

Ay, Úrsula, Úrsula, Úrsula,

usted cualquier cosa con tal de ser el centro de atención

con tal de ser necesaria.

Lo siento, pero no he recibido ninguna visita.

Todo es cosa de su imaginación.

No se ría de mí, no lo voy a consentir.

¿Quién es ese hombre?

¿Lo ha hecho traer para hacerse cargo de mí?

(SONRÍE MOFÁNDOSE)

(Sintonía de "Acacias 38")

Jesús, qué susto me ha dao esta mujer.

Cesáreo, muchas gracias.

Sin usted no hubiéramos podido cargar con ella.

-Nada, yo solo he hecho mi trabajo.

-Pero lo ha hecho usted muy bien.

Hasta muchos de los "harrijasotzaile" de Bilbao

las hubieran pasado canutas para cargar a doña Margarita

por las escaleras.

-¿Y qué son los harija...?

-"Harrijasotzaile". -Levantadores de piedras,

que se lo he oído decir varias veces.

-¿Es un piropo?

-A ver, que los "harrijasotzaile" levantan más de 200 kilos.

No creo que la señora pese tanto.

-Mujer, entre fajas, refajos y miriñaques...

-No me ha dejado usted terminar.

Digo que los "harrijasotzaile" levantan 200 kilos,

pero no los suben por una escalera tan empinada.

Y menos, con esa delicadeza.

-Chist, chist, que vuelve.

-¿Dónde estoy?

-En mi casa, Margarita, segura y atendida.

¿Está mejor?

-¿Qué me ha pasado?

-Ha sufrido un desmayo.

Una bajada de tensión, según el doctor que la atendió.

Pero bueno, que con reposo y líquido en abundancia

se pondrá usted buena enseguida. Beba un poquito de agua.

Incorpórese, que le ayudo.

Venga, suba.

-La señora tiene un corazón de oro.

-Y usted que lo diga.

Doña Margarita y su marido querían terminar con su carrera

y su buen nombre, y ella ahí, mimándola.

¿Qué tal, se recupera?

Por lo menos ha recuperado el habla, que no es mala señal.

-Arantxa, prepárale a Margarita algo que le dé fuerza,

un caldito o algo. -Como usted diga, señora.

-Yo también me marcho.

Que tengan buena noche. -Buenas noches, Cesáreo.

Muchas gracias.

Me retiro a mi habitación, me voy a cambiar.

Muy bien, hija.

-Muchas gracias por subirme a su casa.

-¿Cómo comprende que la iba a dejar en la calle?

Y mañana iremos al hospital.

-No, no es de cuidado.

De vez en cuando me dan estos vahídos,

sobre todo cuando me pongo nerviosa.

-Debería haber imaginado que me pasaría esto con la emoción.

Lo peor es lo cansada que me siento después.

-¿Cansada?

Mientras viene Arantxa,

me acabo de acordar que en uno de los muebles de la cocina

tengo una infusión que, por lo menos a mí,

me devuelve la fuerza enseguida. Vuelvo en un santiamén.

-Gracias.

Tendrás que pintar exactamente lo que ves,

sin ninguna aportación personal.

Y lo harás una y otra vez, una y otra vez,

hasta que conozcas cada curva como si fuera la tuya propia.

-No pondré inconveniente, descuide. -Sí que lo harás,

y espero que lo hagas, que te hartes.

Cuando conozcas cada línea y cada volumen,

querrás dar tu visión personal de las cosas.

No serías una buena artista si no lo hicieras.

-¿Ese es lo que ustedes llaman inspiración?

-Bueno, de algún modo, sí.

-No todos vemos el cuerpo y la naturaleza de la misma manera,

cada artista es único y tiene su visión personal.

Y si eso sabes plasmarlo en el lienzo,

es lo que te hace diferente y distinguible.

-¿Qué le inspira a usted?

-Bueno, ¿quién es aquí la alumna?

Empecemos de nuevo:

¿qué te inspira a ti?

-No lo sé, de verdad que todavía no lo sé.

-Bueno, te diré lo que me hace a mí pintar.

Es la belleza...

y la verdad.

-Creo que a mí también. -Claro.

A todos nos inspira la verdad y la belleza.

Pero no todos consideramos bello

y verdadero las mismas cosas.

Cuando sepas qué es para ti bello y verdadero,

te sentirás libre,

dejarás la técnica y pintaras lo que quieras pintar.

Ese es el fin, la libertad.

-¿Libre de pintar lo que quiera? -De pintar lo que quieras y...

de amar lo que quieras.

Si recorres ese camino,

conseguirás lo que tú quieras

y nadie podrá decirte si está bien o está mal.

Tú misma lo sabrás, en tu interior.

-Buenas. -Hola.

-Eh... ¿Cómo van esas clases?

-Bien. -Se ha hecho un poco tarde.

-Bien, muy bien.

No es usted de fiar.

Por mucho que ahora se vea en lo alto de la torre,

no tardará en caer, no si reniega de sus alianzas.

Nunca fue usted mi aliada, no insista en eso.

Esa gente con quien usted ahora se codea,

que acuden a sus actos y admiran sus obras de caridad,

ellos, todos ellos

son los que le negaron a usted

y a don Samuel amparo!

Ellos son los asesinos de don Samuel.

Es una lástima que tenga los nervios tan débiles.

Quizá sea la edad,

quizás ahora empieza a pagar por los pecados del pasado, no lo sé.

Lo que sí sé es que la mala conciencia la trastorna a usted.

Estoy muy cuerda. Solo déjeme organizar.

¿Organizar?

No.

Lo único que obtendrá de mí es que permita que se marche.

Váyase de Acacias, esta misma noche

y estaremos en paz. No volverá a oír hablar de mí.

No he terminado aquí.

No hemos terminado aquí.

Si mañana vuelvo a verla por el barrio,

tomaré una decisión que no le gustará.

Puede irse hoy por las buenas

o mañana por las malas y para siempre.

Decida y decida ya.

No le tengo miedo. Y sé cómo defenderme.

Quizá sea usted la que tenga que dejar el barrio a escape.

Es usted una vieja patética.

Vamos, Arantxa.

Margarita, aquí tiene la infusión, que esto levanta a...

-No está, señora.

-Ya lo veo.

-¿No habrá ido para dentro?

-No lo sé. Esta se ha ido con viento fresco.

-¿Por qué?

Si la estábamos cuidando. ¿Por qué?

-No lo sé, hija, no entiendo nada.

Disculpe si me entrometo, pero ¿por qué no está pintando?

¿Qué haces?

-No se trata solo de pintar y ya está, se trata de...

-El arte no es solo dominar los pinceles y la luz,

es comprender cómo y por qué se hace.

-¿La libertad que comentaba usted? -Claro.

Un artista debe ser libre para expresar lo que desee.

Y eso no se aprende solo pintando,

hay que hablar, ver y vivir mucho.

-Ya veo.

-Pero si lo que quieres es ver lo que ha estado haciendo tu hermana,

no tenemos inconveniente

en enseñarte sus apuntes y sus borradores.

-Sí que me gustaría ver su obra, sí.

-Muy bien, pues...

voy a la habitación a por el resto de prácticas.

-Muy bien.

Camino, ¿de verdad aprendes con tanta cháchara?

-No estás aquí de casualidad.

Ni por curiosidad.

-¿Ah, no? Entonces, ¿por qué?

-Déjame hacer lo que me gusta,

vivir como me gusta,

y deja de preocuparte como si fueras un padre preocupado.

-No soy un padre preocupado. -Peor,

eres el correveidile de una madre preocupada.

Deja de fisgar para ella.

No hago nada malo.

-Ella no está tan segura.

Quiere protegerte, nada más.

-¿De quién? ¿De Maite?

Por el amor de Dios.

Dile que no hay nada ni nadie de lo que me tenga que proteger,

que en todo caso, ya no soy una niña.

Díselo.

¿Cuándo has llegado?

-De madrugada.

A las cuatro o las cinco, no he oído al sereno.

Tuvimos que cargar carros que tenían que salir de la ciudad.

-Deben de ser las siete.

¿Cómo es que sigues despierto?

-Te miraba.

-No es la primera vez que me ves.

-Quiero tenerlo todo aquí dentro,

para no olvidarte.

-Santiago, siempre voy a estar a tu lado.

-Supongo que sí.

-Ahora estamos bien.

No hay por qué pensar en cosas oscuras.

-Míralo desde mi punto de vista.

Por más que me esfuerce,

tú no te has abierto del todo, no a mí.

-Santiago, he sido desconfiada, pudorosa, lo que quieras,

pero te pedí tiempo. -Y te lo di.

-Sí, me lo diste.

Y estamos en el buen camino, ¿verdad?

-No estoy seguro.

He cambiado mucho, tú lo has visto,

me he desvivido por ti,

pero tú no haces nada para que te sienta más cerca, más mía.

-Lo intento.

-¿Sabes lo que te pasa?

Que en el fondo de tu ser no crees que puedas ser feliz conmigo.

Soy tu marido y te pliegas a la ley, pero me desprecias.

-No es cierto.

-Sigues pensando en Felipe,

sigues sufriendo por un amor imposible

y no tienes ganas para aceptar mi amor sin reservas,

un amor verdadero.

-Santiago, no hables así.

¿No crees que me he ido acercando más a ti, aceptándote,

amándote un poco más cada día?

-Entonces, dime que le has olvidado.

Dímelo.

No es mi mente celosa quien lo piensa.

Tú lo piensas conmigo. -Pero no así, Santiago.

A Felipe...

le debo agradecimiento,

me salvó la vida.

Y a pesar de los prejuicios y de su posición social,

quiso hacerme su esposa.

-No me parece que sea solo agradecimiento.

-Santiago, se trata de algo más complicado que el amor.

Pero soy tu esposa

para lo bueno y para lo malo,

y estoy segura de que mi amor por ti crecerá.

-Está bien.

Esperaré.

Te quiero más que antes, ¿sabes? Más que cuando nos casamos.

Mucho más.

No concibo la vida sin ti, no sería vida.

Por primera vez tenemos un sitio donde enraizar,

donde ser felices.

-¿Te refieres a Acacias?

-Aquí podríamos tener una buena vida,

pero si alejándonos, podrás amarme sin restricciones,

renunciaremos a todo y nos marcharemos.

-Santiago, ¿te das cuenta de lo que estás diciendo?

-De todas y cada una de mis palabras.

-¿Nos marcharíamos?

-(ASIENTE)

¿La dejó marcharse doña Bella sin saber si estaba sanada?

-No es que la dejara o no la dejara, por favor,

Margarita dijo que tenía prisa

y no quiso encomendarse ni a Dios ni al diablo.

-Hay que jeringarse, todo el mundo tiene prisa,

hasta los enfermos y achacosos.

Hay que ver, a la carrera pa'quí, a la carrera pa'llá, ¿y pa qué?,

si la mayoría no llega a ninguna parte.

-Hay que ver, con lo chiquitaja que eres,

qué bien amueblada tienes la azotea.

Ya podría tener un poco más de eso tu prima, ya podría.

-¿Mi prima? ¿Qué ha hecho la buena mi prima?

-Lo de "buena" será un apodo familiar,

porque bien retorcidas que se las gasta.

-Ah, ya. Usted lo dice por la guerra que tiene

con la mantequería y el restaurante.

-A más que ha ido.

-¿Cómo que a más? ¿Sigue regalando?

-Ya te enterarás cuando vayas a verla.

Pero lo de la limonada, un juego de niños con lo de ahora.

Es un asunto que no tiene ni pies ni cabeza.

Como se enteren,

si no se han enterado ya, Lolita y doña Felicia,

van a poner el grito en el cielo.

-Ese asunto no puede tener un final gustoso para las tres,

y me da pena por la Lolita,

que la pobre ya tiene bastante con la cruz que está cargando.

-¿Lo dices por la preñez?

-Quiá, que no, peor.

-Pero mira que eres...

A ver, Casilda, ¿de qué se queja la mantequera?

Va a dar a luz, la tienda va bien, tiene un marido,

¿qué más puede pedir?

-Ahí está, en la penitencia está el marido.

-Pero si es un alma cándida ese hombre.

-Porque usted no lo ha conocido de jovencico, que era un truhán.

-Pero Lolita no va a estar penando por cómo fue su marido hace años.

-Por eso no, solo se lo cuento por aclararle el asunto.

Lo que sucede es que...

doña Maite tiene cierta querencia por don Antoñito

y parece ser que don Antoñito también se la tiene a doña Maite.

-¿Es cosa confirmada o son habladurías?

-Esto es lo que Lolita cree,

pero con eso basta pa que se lleve un disgusto.

Y sí es verdad que don Antoñito se desvive

por llevar los pedidos a doña Maite.

-¿Y quién más lo sabe?

-Aparte de los susodichos,

mis señores, se lo conté, pero no me quisieron hacer caso.

-Pero ¿cuántos pedidos ha llevado?

-No sé, todos los que ha podido.

Le digo una cosa, eso no es decente,

por mucho que no se haya probao el telenguendengue.

-En eso llevas razón, es verdad.

Los maridos de las otras son sagrados.

Pero a las señoritingas de ahora

les das la mano y hasta aquí te cogen.

-Eso es. A esas habría que atarlas en corto.

-Los artistas hacen de su capa un sayo,

esos no dejan pasar ningún capricho.

-¿Y usted cómo dice eso?,

si usted faena en una casa de artistas

y lo hace con mucho gusto y provecho.

-Cuidadito, ¿eh?

No me vayas a comparar, una artista consagrada

que rebosa talento

por todos los poros,

con una bohemia recién llegada de Francia que no ha demostrado nada.

-Eso no puede terminar bien. Como lo del quiosco.

-Pero Maite va a salir peor parada.

Lo pienso y hasta pena me da, fíjate lo que te digo,

porque si ya se está labrando esta fama,

siendo mujer, muy mal va a acabar.

Y me da pena que tu señora no te escuchara;

porque ella y su marido son los más adecuados

para corregir a esta descarriada.

Pobre.

A ver, solo dime qué vas a hacer hoy.

-A primera hora tengo una reunión con proveedores.

Por el asunto de recambios de las cafeteras, y luego...

Tres, tengo tres reuniones con clientes.

-Decirme eso y na es lo mismo. -¿Qué quieres que te cuente?

-¡El horario!

Tanta agenda...

No te molestará decirme qué vas a hacer a las once y media.

-¿Qué pasa, desconfías de mí o qué?

-A cualquier cosa le llaman desconfiar.

Tu horario no es un secreto real, me puedes decir...

(Timbre)

Quieto.

Ahora vengo.

¿Tienes un momento, Lolita? -Sí.

Pase.

-Buenas.

-Buenas.

-Aprovecho y me voy. Vendré a comer.

Un placer verla, doña Felicia. Adiós, Lola.

-¡Estoy que si me ponen una mecha, exploto!

-Ya está Marcelina jorobando otra vez, ¿no?

-¡Otra vez y peor! ¡Esto es Una locura!

-Siéntese.

(SUSPIRA)

¿Qué regala ahora esa chiflá?

-Además de obsequiar con altramuces y limonada,

ahora regala una flor a las clientas,

y a los clientes, ¡un puro!

-Se arruinará.

-Lo que va a hacer es arruinarnos a nosotras.

-Tenemos que defendernos con uñas y dientes.

-Con uñas y dientes sería fácil.

Yo no puedo regalar un puro a cada cliente por más que quiera.

-¿Y qué hacemos?

-A mí no se me ocurre nada.

Perderemos dinero si no regalamos nada

y perderemos dinero si regalamos a tontas y a locas como ella.

-¡Mira que es cabezona la Marcelina!

¡Se tira al río sin importarle si lleva calzones

o si salpica al sacristán!

-¿Qué? -Un dicho de mi pueblo.

Que no le importa acabar mal, si nosotras acabamos peor.

Eso no es sensato. -No es razonable.

-Eso, "racionable", que dicen los curas.

Marcelina no es un animal "racionable".

Ni los gorrinos, que son los animales más "racionables"

se matan entre ellos. -Espera, espera.

¿Cómo sabemos que no es razonable?

Porque gasta lo que no tiene, la puñetera.

-No, me refiero, a que no hemos intentado razonar con ella.

Podríamos ir a hablar con ella sin apasionamientos,

sin quejas,

hablar de lo que es mejor para cada una.

¿Te parece?

-Sí. Sí, sí.

(Puerta)

¿Os queréis creer que comprar el periódico,

Marcelina me ha regalado este veguero?

-No la entiendo, se le tienen que ir las ganancias en esos regalos.

-Y no es del montón, ¿eh?

Digo yo, si no es habano, se le acerca.

-No puede regalar un habano a cada cliente.

-No, hasta ahí no llega, tiene categoría.

El mío, es porque según sus palabras,

soy un Domínguez, por tanto, cliente distinguido.

-Le gustó a todo el mundo, ¿verdad? -¿Gustar?

¡Se pirraron!

Lo comentan por la calle, en los establecimientos.

Fue el acontecimiento artístico del año, ¡o del siglo!

Y todo gracias a madre.

Por su actuación y por enseñarme los pasos de la mía.

-Bueno, tú también estuviste superior

como maestro de ceremonias.

-Mira, podría hacerme el hombre sencillo y modesto,

pero ni lo voy a intentar. Sin falsa modestia, ¡estuve cumbre!

-¡Oye, oye!

¿Le has escuchado?

Ya habla como uno de esos actores pretenciosos

y no ha recibido ni un aplauso.

-Tampoco me han pateado un mutis.

Padre, en la profesión, los vicios y defectos

es lo primero que se adquiere.

(RÍE)

El caso es que actuamos para sacar unas perras

para Margarita y lo hemos conseguido.

Se llevará un buen pellizco.

Yo ahí no tengo ni arte ni parte.

Arte sí, mucho.

Gracias, padre, pero ya sabe lo que quiero decir.

No es por meterme donde no me llaman,

pero después de cómo se fue Margarita,

¿cree que debe darle ese dinero?

-Hay que entenderla, mujer.

Tú no has tenido que depender de la caridad para vivir.

Si se marchó sin despedirse... Huyó, no se marchó,

como una fugitiva, como si le fuéramos a contagiar algo.

Si se largó así, fue porque le avergonzaba recibir ese dinero.

Todos tenemos nuestro orgullo.

-Además, canelita, hicimos la función para eso,

para recaudar dinero para Margarita. Y a lo hecho, pecho.

Deberíamos llevarlo hasta el final. Está bien, como ustedes quieran,

yo no digo nada. -Eso es, déjanos a nosotros.

-Bueno, y cambiando de tema,

la semana que viene es mi debut.

-Uy, ¿tan pronto?

-No depende de mí.

Si esa compañía ha pensado en mí,

es porque pretenden que me comporte como un galán profesional.

Padre, usted no es el galán.

¿Y qué?

Un galán no se mide por las líneas del texto,

un galán se lleva dentro, y yo lo llevo.

-Oye, ¿estás nervioso?

-Más que una anguila en un anzuelo,

pero bueno, así es la vida del cómico.

Me voy a estudiar el papel, que los voy a dejar patidifusos.

¿Te lo dije o no te lo dije?

Sabía yo que en cuanto demostráramos

que podíamos traer a casa el segundo barco,

el ministro se pondría en contacto contigo.

Quiere vernos en unos días.

Me enviará recado con la fecha y la hora exacta.

Podría decirte palabra por palabra lo que nos pedirá.

Que continuemos con la iniciativa. Exacto. ¿Quieres seguir?

Naturalmente.

Desde que la prensa informó de nuestro éxito,

he recibido muchas adhesiones, gente que quiere saber cómo ayudar.

Sería hasta un pecado de soberbia despreciar esos recursos.

¿Y qué haremos? ¿Fletar un tercer transporte?

Si es necesario, sí.

Pero también podríamos organizar un sistema de acogida

para los repatriados.

No solo de garantizar su proceso de curación,

sino de ayudarles en su reinserción laboral.

¡Es una gran idea!

Esos soldados, requieren ayudas para recuperar sus vidas.

(Puerta)

Voy a abrir.

Deberías hacer algo con el servicio.

Han dejado un sobre por debajo de la puerta.

¿De qué se trata?

Nada importante.

¿De quién es?

¿Y tanta curiosidad?

¿Estás celoso? No, no es eso.

Temo que sea una maquinación de Úrsula.

No creas que aceptará que la hayas despedido.

Con gran dolor por mi parte. Pero no te preocupes,

a pesar de su estado de salud,

Úrsula me respeta y no me hará daño.

No deberías estar tan segura.

¿Podemos hablar de otra cosa?

Estabas a punto de adularme por mi idea de reinsertar a los soldados.

Sigue hablando de mis cualidades, pero mejor en mi alcoba.

Las lentejas ahí,

a la vista, que no veas cómo se venden.

-¿Cómo dices "lentejas"?

-"Lentilhas". -"Lentilhas".

Qué meloso el portugués.

-Brasileño, Lolita.

-Sí, eso. ¿Y los garbanzos? -¿Dónde?

Ahí. Pero ¿cómo dices garbanzo?

-"Grao de bico".

-"Grao de bico". "Grao de bico".

Qué meloso, con lo paleto que suena "garbanzos".

-Si no te importa, voy a la trastienda a traer las judías,

y ya dejamos todas las legumbres colocadas y listas.

-Sí, hija, tú ve, que me pongo a hablar y se me va el santo al cielo.

-(CARRASPEA) Buenas tardes.

Ponme dos kilos de garbanzos,

unos huesos de pernil y un manojillo de orégano.

-Espera, espera.

Pero ¿tú no decías que no volvías a comprar aquí nunca mas?

-Te has picado por cómo llevo mi negocio.

La que vale, vale, y la que no, que se las apañe.

-Ah, ¿sí? Pues mira lo que te digo yo,

que hoy te vas a ir de mi tienda sin el orégano,

sin el pernil y sin los garbanzos.

Para ti, esta tienda no existe.

Y le diré a Felicia que no te deje entrar en el restaurante.

-Uy, menuda amenaza.

Ni que mi marido y yo estuviéramos to el día

en ese restaurante de empingorotaos.

Que se lo meta por donde le quepa.

Y de la mantequería, tú sabrás,

pocas clientas tendrás tan buenas como yo.

-Bueno, ya veremos si tu Jacinto dice lo mismo

cuando se te acabe el chorizo picante que tanto le gusta

y que tú me has dicho y no miento,

que por las noches le pone bien a tono.

Tú verás si prefieres marido lánguido por falta de chorizo.

¡Sin chorizo no hay amor, Marcelina!

(RESOPLA)

Buenas tardes.

-Señora, tengo puros y flores gratis en el quiosco. ¡Siesa!

-Que... Oiga... Asunción, aquí tiene...

Aquí tiene la cuenta.

-Camino, no puedes estar de morros mientras atiendes.

-Y tú no puedes meterte en mis asuntos,

o me pongo de morros.

-Me mandó madre a echar un vistazo.

¿Has hablado con ella?

-Claro que he hablado con ella.

-Y habéis discutido, claro. -Pues no, mira tú.

Se hizo la desentendida, no hubo discusión.

-Entonces, ¿por qué estás así? -Porque no me gusta que me espiéis,

y que luego, ella se desentienda.

-Ya te lo he dicho, madre quiere lo mejor para ti

y se preocupa, como es lógico.

-¿Qué tienen de malo unas clases de pintura?

-Déjalo estar,

hazlo por ella.

Madre está muy preocupada por lo de Marcelina,

y no necesita estar a mal contigo.

-No quiero darle más preocupaciones,

pero no voy a permitir que me trate como a una niña.

Mira, los dos hermanos tan modositos.

-La procesión va por dentro.

-Cinta, me apena haberme perdido tu actuación,

me han dicho que estuviste espléndida, tú y tu madre.

El barrio no habla de otra cosa. -Hasta que haga otra actuación.

Eso espero. Los aplausos me animaron mucho.

Me quiero hacer un nombre en los escenarios.

Se me cae la baba cuando te veo subir a uno.

No seas zalamero. -Ni baboso.

Cinta, me tienes para lo que necesites.

Serás la primera en ver mi número cuando lo tenga más afinado.

Así me dices qué te parece y corregiré errores.

O sea, ¿estás dispuesta a buscar sala y lanzarte?

En cuanto esté más satisfecha. ¡Eso es maravilloso!

-¿Y tu madre cómo está?

Contenta con la actuación, claro,

pero no tan contenta con el asunto de Margarita.

¿Sabéis algo de ella?

Nada. Como si se la hubiera tragado la tierra.

No pares mientes en eso. Tú a lo tuyo, que es el éxito.

Sus chorizos, Fabiana.

Lo que me ha costado esconderlos, que me los quitan de las manos.

-Te lo agradezco, hija,

que algunos clientes vuelven a la pensión solo por esos chorizos.

-Pensaba que era por la simpatía de Servando.

-Seguro que sí.

Y estos chícheres también me los apuntas.

-¿Cómo les ha llamao? ¿Chícheres?

-Así les llaman en mi tierra.

-Tienen más nombres que los bandoleros.

En el mío, les llaman alubias carilla,

en el de al lao, alubias ojo de perdiz,

en el de al lao, alubias de ojo de liebre,

y en el otro, alubias ojo negro.

-Bueno, el caso es que están ricas les llamen como les llamen.

-Ya le digo.

Me las traen de Extremadura,

las mejores tierras después de Cabrahígo.

Se deshacen en la boca como azucarillos.

-No sigas, no sigas,

que se acerca la hora del condumio y me empiezan a rugir las tripas.

-Tome, un engañabobos pa que llegue a la cena.

Más manchego que el pisto es.

-Buenas tardes, Lolita y compañía.

-¿En qué puedo servirle?

-Querría unos quesos, así, variados, como los del primer día.

-Es que tengo visita. -¿Qué visita?

-Lolita...

-No, no se preocupe,

estaré encantada de satisfacer esa curiosidad tan exigente.

Ya me voy haciendo una idea de lo que es la vida de barrio.

Mire, viene a verme el abogado que está tramitando mi herencia,

que da la casualidad, que es un antiguo compañero del colegio.

-Espero que lo de su herencia vaya bien.

-Los quesos, Lolita.

-¡Ah, sí!

No me acuerdo los que le puse el día que llegó.

-Tranquila, póngame los que considere.

-¿No quiere usted probarlo? -No, muchas gracias.

-Está rico.

-De la casa.

-Gracias.

¿Lo apunta en mi cuenta?

Muy bien.

Pues nada, que tengan buena tarde.

-Uy.

-¿Se puede saber qué mosca te ha picao?

Pocas señoras te hubieran aguantado tanto desplante.

-Si no le gustan mis maneras, que cambie de pueblo,

o de barrio, que es lo mismo.

-¿Te ha hecho algo?

-A mí no, Fabiana, pero le ha echado el ojo a mi Antoñito,

y el tontorrón, se desvive por ella.

-Pa mí que te confundes, ¿eh?

No tiene pinta doña Maite de ser una roba maridos.

No le hace falta.

Además, es familia de don Armando.

¿Tú crees que si fuera una casquivana,

don Armando se la hubiera recomendado a don Liberto?

-Yo no sé por qué los señores se recomiendan los unos a los otros,

pero a mí me da el tufillo y, cuando me da el tufillo,

pues me da el tufillo.

-Deja de barruntar, que la cabeza es muy mala

cuando se pone a darle vueltas a una cosa.

Voy a hacer la cena.

A más ver. -Pal camino.

-Voy a coger dos.

Una delicia.

(SUSPIRA)

¿Tú qué crees,

que se le ha ido el seso a tu padre o a mí?

¿Y con el gris marengo qué hago? Llévelo también a la tintorería.

Acuérdese de que la tintorería tarda una semana en devolver los trajes,

eso como poco.

¿Se apañará usted con el azul y el negro durante una semana?

Si no, podríamos dejar el de raya diplomática...

No lo sé, Agustina. Decida usted.

No se enfade, señor. Agustina, no me enfado.

Digo por lo que le voy a decir.

Con todo mi respeto, señor,

necesita usted una esposa que le haga la vida más fácil

y más... amena, ya está dicho.

Para lo de cuidarme, no tengo queja de usted.

Pero sí, sé lo que quiere decir. Y no estoy en desacuerdo.

¡Pues échese al ruedo!

Como si el matrimonio fuera tan sencillo como salir a la plaza.

Exagero, pero todo se andará, Agustina.

¿Es doña Genoveva la candidata?

Es muy pronto para hablar de matrimonio.

Sí, usted déjelo caer como si fuera eterno.

Me decidiré un poco antes.

Pues para que lo sepa usted,

le diré que si yo tuviera que elegir,

elegiría a doña Genoveva con los ojos cerrados.

Quizá Dios la escuche y se la dé por señora antes de lo que piensa,

y sin necesidad de que haya boda por medio.

Por cierto, como sabe, doña Genoveva está sin servicio.

Pobre Úrsula.

Si no le importa,

me gustaría que la atendiera, compaginando las dos casas.

No me importa, señor, claro que no. Al contrario.

Me gusta servirle a usted, pero entiendo más de cosas de señoras.

¡Me encantan los tocadores!

Tengo que ir a ver a un cliente.

¿Bajo ya al principal? Las coge todas al vuelo, Agustina.

Vamos.

Telmo.

Telmo...

Doña Genoveva, va a pagar por lo que me hiciste,

por lo que todos vosotros me habéis hecho.

Ella pagará por los demás.

¿Operadora?

Necesito una conferencia con Bilbao.

Urgente.

Sí, claro, espero.

Querida, marcho ya.

-Vas muy galán y te has perfumado. -Gracias.

-¿Qué tienes que hacer? -Negociar con un inquilino.

-¿Maite Zaldúa? -No, eso ya lo cerré, te lo dije.

-Te acompaño y luego damos una vuelta.

Marcelina está regalando limonadas y revistas

al que compra en su quiosco.

Yo ya llevo no sé cuántas revistas y limonadas gratis.

(Puerta)

-Yo iré a abrir.

Maite, qué sorpresa.

-¿Puedo pasar? -Por supuesto.

-Gracias.

-Pase, pase.

-Encantada de verla, doña Rosina. -Igualmente, querida.

-Le he traído unos bombones.

El piso es maravilloso y me viene que ni pintado como estudio.

-Me alegro de que se siente cómoda. -¿No ibas a negociar unas rentas?

-Sí, y no me gustaría llegar tarde.

Un placer saludarla, Maite. -Igualmente.

-Siéntese, por favor. -Gracias.

-Querida, tenemos que hablar.

-Pues claro.

-Mire,

yo sé que usted no tiene ni ha tenido intención,

pero ha revolucionado usted Acacias.

En especial, tiene inquietas a las señoras.

-Claro, ya había notado algo.

Se refiere usted a casos como el de Lolita, ¿verdad?

-Y no es la única. Su trato franco con los hombres...

-Yo no he pretendido coquetear con nadie.

-Lo sé, pero compréndalo,

sus opiniones, sus gustos...

son un poco demasiado modernos para Acacias.

Yo soy su primera admiradora y tan avanzada como la que más,

pero he creído que era mi obligación de ponerla a usted al tanto.

-Sí, claro que sí. Se lo agradezco.

-Compréndalo, si estuviera usted casada o tuviera novio conocido...

Pero así, soltera y sin compromiso,

su trato con los hombres debe ser un poco más comedido.

-Doña Rosina, voy a corresponderle con igual sinceridad.

Ninguna señora debería temer por su esposo,

no solo por su relación conmigo.

-Maite, eso es fácil de decir.

-Le voy a contar una cosa.

Solo me enamoré una vez en la vida,

era mayor que yo,

y todo acabó en tragedia.

No he vuelto a enamorarme.

Así que... Bueno, pueden estar tranquilas conmigo.

-Lo siento. -Tranquila, no es su culpa.

Yo... procuraré ser más comedida en mis costumbres,

a ver si así los hombres no se hacen falsas ideas.

-"Très bien". No pierda la esperanza.

Nunca es tarde para enamorarse. Míreme a mí.

Usted es preciosa y de muy buena familia.

Raro sería que no encontrara a un joven

que bebiera los vientos por usted.

-Claro que sí. ¿Por qué no?

Además, en esta ciudad, se respira el amor.

-Si yo le contara. -Pues cuente, cuente.

-Pero antes, ¿chocolate? -(RÍE)

-"Très bien".

Agustina, no he puesto inconveniente a que me ayude,

al contrario,

le estoy agradecida por la voluntad que le pone,

pero no quisiera que se resintiera por ello.

Sinceramente, creo que es demasiado.

Si no puede atender las dos casas, díganoslo.

Descuide, señora, que puedo con las dos casas y con más que me echaran.

Cuenta con mi admiración.

¿Puedo hacerle una pregunta? Claro, señora, faltaría más.

Sé que Marcia está trabajando por horas en la mantequería.

Sí, señora, y creo que con provecho.

Lolita está más que contenta.

¿Sabe cómo le va económicamente al matrimonio?

No quisiera que nadie del servicio de Acacias pasara necesidad.

Es usted muy generosa,

pero no creo que Marcia y Santiago aceptaran caridad.

Además, se las apañan bien.

Santiago es de lo más trabajador

y hace jornadas que van más allá del sol a sol.

Pero tienen que pagar una habitación, eso no saldrá barato.

Han llegado a un acuerdo con Fabiana y Servando.

Echan una mano en la pensión...

y la estancia les sale más barata.

Me alegro, parece un matrimonio que no se arredra ante nada

y que sabe ganarse la vida honradamente.

¡Y se adoran! Sobre todo él.

Se desvive por ella.

No hay mujer mejor atendida

y mimada que Marcia.

Él solo tiene ojos para ella,

y no vive más que para satisfacer cualquiera

de sus caprichos.

Me alegra escucharlo.

Un matrimonio que se ama es motivo de alegría.

Y usted que lo diga.

Les deseo toda la felicidad del mundo.

En fin, la dejo continuar con su faena.

Buenas tardes.

Señora, ¿sigue dale que te pego con lo de Margarita?

-Al menos, quisiera entregarle la recaudación.

Todo lo hicimos por ella.

-Y luego le daría usted sopa con su propia cuchara.

A ver, olvídela.

Margarita sabía que podía recoger los beneficios,

pero ella prefirió marcharse, no es nuestro problema.

-Pero mío sí. -¡Jesús!

Cuando el diablo no tiene qué hacer, mata moscas con el rabo.

¿Qué dices?

-Nada, voy a abrir la puerta.

Señora, tiene usted visita. Pase, por favor.

-Gracias. Buenas tardes.

-Buenas tardes. -Si no quiere hablar, lo entiendo.

-No, no, ¿cómo se le ocurre? Deme dos besos.

Pase, siéntese.

Arantxa, un té. -Ahora mismo.

Margarita, ¿qué se le ofrece?

-Quiero pedirle perdón.

-No hay por qué.

-Sí que lo hay.

Le he guardado rencor todos estos años

y me ha demostrado que no tenía razón.

-Pues no hablemos más de eso.

-Sí, quiero hablar.

Me dejé llevar por mi marido... Estoy muy arrepentida.

La función de ayer me ha abierto los ojos.

Bellita, es una gran persona.

-Gracias.

Usted se merece la función de ayer y mucho más.

Ea, pelillos a la mar;

lo importante es que ya no hay inquina entre nosotras.

-Por mi parte, desde luego no.

-¿Por qué se fue de aquí sin decir ni siquiera una palabra?

-Estaba muy avergonzada.

Su hija y usted

entregadas en el escenario... para mí.

Y luego, tan atentas cuando me dio el vahído...

Me sentía miserable.

-Temple, señora,

no sea que le dé otro aquí.

-Arantxa lleva razón, no vale la pena cogerse otro sofoco.

Espere, que le voy a dar algo... que creo que le va a alegrar el día.

Esto es para usted.

-No puedo aceptarlo, no he hecho nada para merecerlo, al contrario.

-Chist. Me daría una satisfacción.

Puede hacer lo que quiera, claro está,

pero lo mejor sería que con ese dinero

pusiera en condiciones tu casa.

-(LLORA) -No, no me llore, Margarita.

-A ver, señoras,

tómense el té, que todo lo arregla.

-Gracias. -Siéntese.

No vuelvas a mandarme notas.

¿Qué es eso tan urgente que tienes que decirme?

Necesito dinero,

dinero de verdad, no cuatro perras. O me da usted lo que le pedí

o el abogado sabrá mucho más de lo que desearía.

¿Eres duro de mollera?

Te dejé muy claro que no aceptaría ningún chantaje.

Dejó claro que prefería pagarme de otro modo.

Y en su momento acepté,

a nadie le amarga un dulce.

Pero he perdido el interés.

Ahora solo acepto moneda de curso legal.

No me asustas. He conocido muchos chulos como tú.

La creo, se le nota.

Entiendo que prefiere que hable con don Felipe.

Se hará a su gusto.

Santiago,

si hablas con Felipe los dos habremos terminado aquí.

¿De verdad quieres perder a tu mujercita?

Ya me he enterado de lo que te han hecho Lolita y Felicia.

Vamos, es que, esa afrenta es imperdonable.

Por cosas menores, han empezado guerras muy cruentas.

Y no dejar en paz su negocio,

pero qué estrategia más burda y poco elegante.

He aprendido más en estos últimos días, que en toda mi vida.

Le estoy muy agradecida.

-No lo estés.

Para mí, darte clase, más que trabajo es un gusto.

-Me preocupan las lecciones que le esté dando Maite,

y no las de pintura. -Pretendo que sea más astuta.

Felipe lleva tiempo insistiendo

en que no es que ahora Úrsula no esté bien,

sino que no lo ha estado nunca.

¿A qué se refiere?

Afirma que es una mujer muy peligrosa

de la que debería deshacerme.

Pocos se lo recriminaríamos.

¿No crees que te estás dejando influenciar por Felicia?

¿Cómo no vas a despachar a Marcelina, si sois amigas?

-Es tozuda como una mula.

Jacinto me ha subido una nota de Margarita.

-¿Y qué dice en ella? -Me invita a su casa a tomar té.

Buenas.

Uy... Disculpen la interrupción.

No se separen, da gusto ver a una pareja tan bien avenida.

-Y así va a ser siempre si una pelandusca no se interpone.

Podrías haber adelantado la faena para antes de mi vuelta.

-No me era posible.

Recibí la ropa después de comer,

y de no haber sido así, tampoco habría podido,

porque tuve que salir a hacer un recado.

-¿Qué clase de recado?

-"Le he hecho un retrato".

-Esta mujer que has dibujado no soy yo,

es bellísima y muy atractiva.

Ojalá yo fuera como ella.

-Ya lo es.

Al menos, así la veo yo.

Le escuche comentar que le gusta mucho el té.

Espero que sea de su agrado. -Seguro que será así.

Dios quiera que lleguemos a ser muy buenas amigas, Margarita.

-Se equivoca, no lo llegaremos a ser.

Mi cabeza vuelve a funcionar como antes.

Ahora veo con claridad qué he de hacer para frenarla.

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Acacias 38 - Capítulo 1139

14 nov 2019

Úrsula indaga sobre Fermín ¿quién es y qué es lo que Genoveva busca de él? Lo que sabe es que forma parte del plan de Genoveva para terminar con ella, así que decide adelantarse: se cuela en casa de Felipe y llama por teléfono a Bilbao, la antigua ciudad de Genoveva.
Bellita se desvive por Margarita tras su desmayo en la actuación benéfica… Pero Margarita desaparece sin dejar rastro y Bellita se preocupa. Margarita regresa y le pide perdón a Bellita, se marchó porque se asustó, pero definitivamente se equivocó al juzgarla como alguien mala.
Camino se enfada con Emilio cuando descubre que fue enviado por su madre para espiar sus clases de pintura, y discute también con Felicia.
Lolita y Felicia abandonan la guerra comercial, pero declaran persona non grata a Marcelina.
Santiago, cada vez más enamorado de Marcia, le propone irse de Acacias para alejarse de Felipe. Pero cuando se lo propone a Genoveva ésta se opone, ahora le interesa tenerles cerca. Y amenaza a Santiago: será mejor que cumpla si no quiere perder a Marcia para siempre.

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  1. Anani Moreno

    Señores se han equivocado en el resumen del capítulo 1139

    15 nov 2019