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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1138 - ver ahora
Transcripción completa

No es más que una vieja decrépita a la que todos odian.

Voy a sacar a la luz toda su ponzoña.

Y cuando haya atado todos los cabos,

usted desaparecerá para siempre.

¿Qué vamos a pintar? -Nada. Deja los pinceles, nos vamos.

-¿Adónde? -Al museo.

¿El papel es tuyo? -Eso parece.

-Ay, enhorabuena.

¿Qué tal el encuentro con Úrsula? Mal, la he despedido.

Me da mucha pena, pero no puedo soportar sus desplantes y maldad.

Recoge el gramófono, pero deja las sillas.

-¿Y pa qué se van a sentar los clientes, pa tomar el sol?

-Les regalas limonada, y verás cómo te compran periódicos,

altramuces o lo que les quieras vender.

"Ingrata". ¿Es usted?

"Vieja y boba".

Doña Genoveva va a traicionarme como me traicionó Cayetana.

¿Cuántos cuadros viste ayer pintados por mujeres?

-Ninguno. -Ya sabes lo que tienes que hacer,

trabajar mucho para estar ahí.

-Camino, ¿qué haces? Tienes la terraza sin atender.

-Perdone, he sido yo, que la he distraído.

-Pues cada cosa a su tiempo. Ahora hay que trabajar.

Maite por aquí, Maite por allá...

-Por el amor de Dios, ¿te vas a poner celosa a estas alturas?

Que Antoñito te adora.

-Carmen, los hombres te adoran hasta que dejan de hacerlo.

-¿Cómo está? -Es un trago amargo, Marcelina.

Voy a regalar el periódico con cada consumición.

-Yo también.

El periódico y unos altramuces, y así acabamos con su negocio.

Un día la tengo que ver vestida con ropas de dama,

debe parecer usted una reina.

-La de bastos, la reina de bastos. -(RÍEN)

¿Una actuación?

-Sí, benéfica, para recaudar fondos.

La actuación sería mía y de mi hija.

Lo recaudado sería para usted.

Ella me habla de los tugurios,

de las boardillas de Montmartre... y de la lucha de la mujer.

Es sufragista. Claro. Y yo.

La actuación sigue adelante y no va a parar.

Si se arrepiente de su decisión,

avíseme.

El sicario que mató a Alfredo Bryce ha sufrido un accidente

y será enterrado mañana.

Si quiere acudir a su entierro para comprobarlo...

No iré yo, pero es posible que necesite los datos del velatorio

para enviar a otra persona.

¿Alguien a quien quiera advertir de lo que le puede ocurrir?

Eres muy listo, Fermín.

Me parece que entre los dos sabremos complementarnos.

Mucho ha cambiado en los últimos tiempos.

Sí, algo he prosperado.

No lo digo porque se haya convertido en una dama de postín,

lo digo por el genio que se gasta.

¿Dónde quedó aquella muchacha ingenua y dulce

que marchó de Bilbao? Ya no existe.

¿Qué le ha ocurrido para sufrir un cambio tan brusco?

La muerte de Samuel.

Esa chica desapareció cuando él murió.

La vida nos hace espabilar a golpes.

Pero cada desgracia que nos ocurre, si no acaba con nosotros,

nos da fuerzas para seguir.

Esa muerte estuvo a punto de acabar conmigo.

Perdí las ganas y toda la ilusión de seguir.

Pero me barrunto que lo superó con creces.

No se la ve nada mal. Sí, así es, lo he superado.

Ahora tengo otro hombre al que amar y al que no pienso perder.

Me da igual lo que tenga que hacer para lograrlo.

La veo muy decidida.

No voy a tener piedad con quien quiera hacerle daño,

mi único interés es protegerle.

Le va a importar poco desafiar las leyes para conseguirlo.

Ahora me dirás que tienes escrúpulos.

¿Yo?

Nunca los he tenido, no.

Estoy a sus órdenes, a su entera disposición,

siempre que la paga sea buena, claro.

Eso es lo que quería escuchar. Por el dinero no te preocupes,

como puedes ver, ahora me sobra.

¿Qué he de hacer?

Quiero que traigas a alguien que preciso para seguir con mis planes.

Me barrunto que se trata de Cristóbal.

No, no es él.

Es alguien que estuvo aquí un tiempo

y se marchó sin dejar rastro.

Nadie puede desaparecer del todo,

siempre habrá alguna pista que me haga dar con su paradero.

Deme más datos.

(Sintonía de "Acacias 38")

Pero, señora, ¿qué tiene? Ha comido poquísimo.

¿No están las croquetas a su gusto?

-Sí, mujer, pero no tengo mucho apetito.

Están buenísimas.

Por como sabían, habrás echado un bacalao entero.

-Sus buenas tajadas sí que llevaba.

Pero si tu madre no las ha acabado y no ha pedido repetir,

algo gordo le está pasando.

Sí, madre, Arantxa lleva razón.

Nunca la había visto comerse menos de 10 croquetas.

Y no sé por qué me da a mí que esto tiene que ver

con el concierto que le está montando a Margarita.

¿Me equivoco?

-Qué meticona eres en algunas ocasiones.

No te equivocas, estoy preocupada por el concierto.

Madre, ¿qué pasa, va algo mal?

No, hija, todo va según lo previsto, el concierto se hará mañana,

por mucho que la homenajeada ponga pegas pa venir.

-Yo no movería ni un meñique por esa estulta.

-Que ya tenemos encargada la tarima y Jose está reunido con el músico.

-Eso les va a costar sus buenos duros.

-No, ahí te equivocas,

porque ha aceptado trabajar gratis por ser nosotros

y por ser pa una buena causa.

Algunos comercios, como el restaurante y la mantequería

han aportado donativos.

Sí. Ahora hace falta que las entradas se vendan a buen precio,

a pesar de que las aportaciones son voluntarias.

Los vecinos son generosos

y seguro que recogemos un buen dinero para Margarita.

Esperemos que entre razón y tenga a bien presentarse,

que el montante de lo que recojamos puede merecer la pena.

Ojala. Ojalá se baje del burro y aparezca en su homenaje.

Si no, la cosa pinta... Vamos, deslucida.

Nunca habíamos tenido una actuación de tanto fuste.

-No me lo perderé.

Más suelta esa pincelada, Camino.

Mira, permíteme.

Tienes que acariciar el lienzo con el pincel, ¿lo ves?

Así.

Y no es menester que cojas tanta pintura.

-Es que, a veces quiero que se marque mucho

el color con el que pinto, que no pase desapercibido.

-Y te aseguro que lo consigues.

Es mucha la pasión con la que pintas.

(Pasos)

-Buenas. La puerta estaba abierta y me he atrevido a entrar.

Bueno, como esposa del casero,

me corresponde averiguar si está usted a gusto.

-Por supuesto que lo estoy, para mí es una delicia

tener una alumna tan prometedora como Camino.

-Ah, ¿progresa su alumna?

Pues qué bien, yo sé que es muy difícil pintar al óleo.

-Hago lo que puedo. -Que es mucho.

En poco tiempo está adquiriendo una técnica buenísima.

-Eso tiene mucho mérito, yo sé de lo que hablo.

Recuerdo cuando asistí a clases de dibujo con Susana.

Su tía, ahora estamos emparentadas. (RÍE)

El profesor me decía que tenía una pincelada digna de Zurbarán.

-¿Y quién era su profesor, algún reputado artista?

-Bueno sí, se puede decir que sí.

-¿Cómo se llamaba?

Tal vez le conozca. -Lo dudo.

Es que... no solo era un artista del pincel

o del lápiz, también lo era de la estafa.

Intentó sisarnos una buena cantidad, pero esa es otra historia.

Hay que ver lo bien que esculpían estos griegos y romanos, ¿eh?

Me pregunto si todos los hombres de la época eran tan...

musculosos. -Ellos reflejaban la realidad.

-Qué suerte las mujeres de esos países.

-Parece que le gusta esta pieza.

-Es excepcional, qué torso.

¿Camino no es muy joven para contemplar todo el día

tanta anatomía masculina?

-No se preocupe, ella lo ve todo con ojos de artista.

Usted ya sabe lo que es eso. -Sí, claro,

yo sé lo que es.

-No se preocupe, doña Rosina,

a mí solo me interesa captar la luz, el color de las figuras,

me es indiferente si es una escultura de un dios

o un cesto de frutas. -Ya. Pues céntrate en lo segundo,

que lo primero te traerá pensamientos pecaminosos.

Me voy, no quiero interrumpir más. -No.

-Con Dios, ¿eh?

A más ver.

(RÍEN)

-Doña Rosina es de lo más particular.

Se moría de curiosidad por saber qué estaba pintando.

-Espérate que no vuelva para ver si lo consigue.

-Eso o a seguir admirando la escultura.

Por un momento, pensé que se la iba a pedir prestada.

-Es todo un personaje. -Sí.

-Venga, sigamos con la clase.

Ya sé que ella se desvivió por usted cuando estuvo muy mala,

pero eso no es suficiente.

Úrsula está perdiendo el seso y es capaz de hacer cualquier barbaridad.

-No insista, Fabiana, no puedo dejarla, y menos ahora.

-¿"Ahora"? Pero ¿qué le pasa ahora?

-Ayer escuché a doña Genoveva decir que había despedido a Úrsula.

-¿Úrsula en la calle?

Pero ¿qué va a hacer esa mujer ahora?

-Pues no lo sé.

Pero no está en condiciones de quedarse sola.

Por eso estoy tan inquieta.

-¿Qué podemos hacer nosotras, Agustina?

Tampoco es tan fácil encontrarle una nueva ocupación.

-Ni siquiera estoy segura de que ella comprenda la situación

en la que se encuentra.

-¿Cree que serviría de algo hablar con doña Genoveva?

-No sé.

Creo que va a ser muy difícil que la señora recule.

-Pues en la calle no la vamos a poner.

-Claro que no, no puede valerse por sí sola.

-De momento, que se quede en el altillo

y ya veremos qué hacemos con ella.

Pues como le iba diciendo, Agustina,

me muero de ganas de ver la actuación de doña Bellita.

-De ella y de su hija.

-Vaya, Úrsula.

-¿Qué tal, ha descansado?

Bien, he dormido toda la noche.

(Timbre)

Ya se ha levantado mi señor.

Tengo que ir a ver qué quiere. -Vaya, vaya.

Siéntese, Úrsula, siéntese.

Fabiana...

¿cree usted que una puede escapar a los pecados que ha cometido

a lo largo de su vida?

Esas cosas solo le corresponden juzgarlas a Dios.

No se caliente la cabeza y vuelva a descansar, Úrsula.

Necesito dinero.

Doña Genoveva tiene razón,

sin posición ni dinero no eres nadie.

Es cierto, sí, no anda desencaminada.

Pero no es menester que usted se apure con eso.

Ande, haga el favor y vuelva a su cuarto,

que tengo que bajar a la pensión y no me voy a gusto dejándola así.

Marche tranquila, Fabiana, enseguida vuelvo a mi alcoba,

solo he salido para ventilar mi habitación.

Está bien, como usted quiera.

Pero no esté mucho tiempo levantada, que no le hace bien.

A más ver. Con Dios.

Malditas seas, Genoveva.

Te has vuelto muy poderosa, pero tienes los pies de barro.

Yo sé quién puede hacerte daño.

Y voy a dar con él.

Qué acierto contratándote, Marcia.

(SE QUEJA) -Qué maravilla ver a una jefa

y a una empleada que se llevan tan bien.

-Esta chica vale un potosí.

-Yo cumplo con mis obligaciones. -Pa chasco que sí que vale.

Y no pierde el tiempo,

como otra gente que está deseando echar un rato de charla

en la fuente o en el mercao.

-Como hacemos nosotras.

¿Piensas ir al concierto de doña Bellita y su hija?

Felicia y yo hemos puesto unos duros pa que pueda hacerse.

-No sé yo si voy a poder.

No creo que doña Rosina me dé permiso.

-Ya.

Esa mujer cambia de humor cada dos por tres.

-Ahora estaba de buenas.

Ha venido del estudio de doña Maite la mar de contenta.

Vaya cara, Lolita. ¿Qué ha pasao,

que don Antoñito le ha hecho otro pedido?

-No, no, de eso se ocupa Marcia.

Estoy así como revirá.

-No tienes que darle importancia a lo que no lo tiene.

No pasa nada porque Antoñito sea amable y atienda a los clientes.

-Sí, pero no con tantas ganas.

Buenos días.

¿Me pueden atender?

Lo que te decía, esa mujer no se merece tantos miramientos.

Tu madre va a acabar haciendo el canelo.

Sí, amor, es posible, pero nosotros tenemos que apoyarla.

Bueno, venga o no venga a su homenaje,

nosotros tendremos el gusto de veros actuar a las dos.

Qué nervios, estoy deseando de que llegue el momento

de subir al escenario.

¿Cómo le va a tu padre con los ensayos?

Desde que le dieron el papel, apenas se le ha visto.

No levanta la vista del libreto, se le van a achicharrar las pestañas.

¿Tanto papel tiene? No.

Pero tiene que hablar en verso y le cuesta memorizarlo.

No me extraña que no se pase por aquí ni para tomar café.

Además, también ha estado ayudando a mi madre con el concierto.

Va de cabeza. ¿De cabeza como me traes tú a mí?

-Buenas.

-Qué susto nos has dado. Pensaba que era madre.

Me muero de vergüenza si nos pilla de esta guisa.

-Aún tardará en venir.

Tampoco hacéis nada malo, besarse es de lo más natural.

He tenido una clase muy interesante.

Ya tardas en contarme.

Cuéntamelo mientras te preparas para la faena.

Pues no, este queso no es francés, pero ni falta que le hace.

Espero que le guste a Felipe.

Le agrada tomar queso de postre, pero no uno cualquiera.

Ya, trabajé para él muchos años.

Recuerdo que era muy tiquismiquis con este asunto.

A mí no me importa darle todos sus caprichos.

Me encanta mimarle.

Cuando se encuentra al hombre adecuado,

una hace lo que sea para hacerle feliz.

Felipe es tan atento conmigo,

que yo no puedo menos que corresponderle.

Marcia, ¿me subes una lata de sardinas?, que se están acabando.

Me han dicho que ha puesto pesetas pa el concierto de doña Bellita.

Una pequeña aportación. Eso no es lo que he oído,

que 200 pesetas es un capitalazo.

Sin importancia, es por una buena obra.

Apúntame el queso, Lolita. Gracias.

Con Dios.

Pobre Marcia, le han tenido que dar los siete males.

-No es para menos.

Anda que no ha disfrutado comprando el queso,

más que un gorrino en una charca.

-Gracias por enviarme al almacén. No soporto su presencia.

-Mujer,...

tienes que hacer de tripas corazón y olvidarlo todo.

-Claro, lo pasao, pasao está.

Recordarlo, solo te va a traer dolor y pena.

-Lo sé, pero no siempre me resulta fácil.

-Buenos días. ¿Puedo pasar un rato?

-Claro, to el que quieras.

La Casilda y yo vamos a tomar el aire.

-Sí, sí, nos vamos a tomar el aire y así os dejamos solos.

He aprovechado mi hora de la comida para venir a verte.

¿Qué tienes?

No te alegras de verme.

-No tengo nada, solo estoy un poco triste.

-Me vas a contar qué te ocurre.

-No es nada, Santiago, no le des importancia.

-No te creo. Dime qué te pasa.

Marcia, tranquila.

Estoy a tu lado.

No voy a dejar que nada malo te ocurra.

Amor mío...

Ya está. -(LLORA)

Señoras, caballeros, limonada para todos.

-Marcelina, ya tengo mi entrada para el concierto de doña Bellita.

-Y una servidora.

No me lo perdería por nada del mundo.

-¿Tan aficionada es?

-Desde que era niña y escuchaba a las mujeres cantar sus canciones.

Y ahora que tengo este gran negocio, me gusta más.

-A mí también me gusta el cante,

y de paso, aprovecho para hablar con Arantxa,

si no está muy ocupada, claro.

-Mucho interés le está poniendo a la criada de los Domínguez.

-¿Yo? No, ninguno.

Simplemente, creo que es una mujer muy amable y dicharachera.

-Claro.

-¿Cómo marcha to?

-Muy bien. De cháchara, a cuenta de lo del concierto.

-Ah, pues muy tranquila te veo.

-¿Y por qué no iba a estarlo?

-Pa mí que no te has enterado de lo que está pasando ahí.

-¿Ha sucedido una desgracia?

-Según como se mire.

No me hagas reír.

Doña Felicia y la Lolita están regalando periódicos y altramuces

para hacerte la competencia.

-Serán malajes esas dos.

Esas no son formas de hacer competencia entre comerciantes.

-¿Y qué diferencia hay entre regalar periódicos o limonada?

-No me jeringue. ¡Voy a cantar las 40 a esas dos!

¡Esto se va a poner peor que la guerra de Lepanto!

-Quieta ahí pará.

-¡Suéltame, que te vas a llevar tú la primera tarascá!

-Sosiega, que como autoridad,

no voy a permitir que se monte ningún escándalo.

-De acuerdo, me quedaré todo lo quietecita que pueda.

Pero esto no es de recibo.

Esas dos tienen más cuartos que yo pa hacer regalos.

Si tanta autoridad tiene, debería de ir a verlas y llamarlas al orden.

-Templa, Marcelina y usa un poco la sesera.

¿No te das cuenta que te están pagando con la misma moneda?

Has empezado tú esta guerra.

-Tienes razón, yo he empezado con todo esto

¡y yo voy a terminarlo!

Ya se me ocurrirá algo pa poner en su sitio a esas dos pisacharcos.

Buenas, Casilda. -Buenas, señor.

Oiga, le quería comentar una cosilla.

He pensado que si termino pronto mis tareas

me daría tiempo a ir al concierto.

-No veo ningún problema.

Haz lo que quieras siempre que termines las labores.

-¿Qué es lo que puede hacer?

-Me ha pedido permiso para ir al concierto der Bellita.

Siempre y cuando termines las tareas.

-Muy bien, pero esas consultas domésticas debería hacérmelas a mí.

Ponme el aperitivo, que tengo hambre.

-Pero señora, ¿puedo ir o no?

-Ya veremos.

-Casilda me ha comentado que Lolita está disgustada con Maite.

-Pero ¿por qué? Si es un encanto.

-Al parecer, Antoñito le presta demasiada atención

y ella se la reclama.

-Que Maite le presta atención a Antoñito, qué tontería, no lo creo.

-Señora, me lo ha contado Lolita. -¡Pamplinas!

Es la primera noticia que tengo.

-Eso no tiene que ver para que sea cierto.

-Por favor, Liberto,

esta mañana he estado en su estudio hablando de artista a artista,

nuestras cosas, y no me ha comentado nada de Antoñito.

-Señora, con todos mis respetos,

yo no digo que tenga malas intenciones doña Maite con Antoñito,

pero si la Lola dice que su marido le está haciendo muchos recaos,

eso es una verdad como la catedral de Burgos.

-¡No te atrevas a replicarme, descarada! ¡Vete a la cocina!

-Estamos en la cocina.

-¡Pues te vas al salón!

No vas al concierto.

-Un día de estos... De verdad que un día de estos

me voy a ir al pueblo y no me van a volver a ver el pelo.

Que lidie otra con esta casa llena de locos.

-No deberías prestar oídos a estos chismes de criada.

-Cariño, si te lo he comentado es porque me ha parecido curioso,

nada más. Seguro de que se trata de un malentendido.

Tenemos que estar pendientes de Maite

para que no se meta en problemas.

-Lo estaremos, pero ¿sabes qué creo?

Que Lolita sigue siendo una pueblerina,

una mujer estrecha de mente, eso le pasa.

Si fuera una mujer de mundo como nosotras,

no le daría importancia a esto.

-¿Ah, no? ¿Estás segura de lo que dices?

¿Y qué pasaría si yo prestara atención a Maite

y sospecharas que ella me está mareando?

-Si le prestas más atención de la necesaria,

arde Troya, te lo aseguro.

-Justo lo que imaginaba, mujer sofisticada.

No te preocupes, eso no ocurrirá. -Más te vale.

Fabiana, me gustaría hacer algo por Santiago,

se ha quedado sin comer para venir a verme

y yo apenas le he hecho caso.

-¿Qué te ocurría para no prestarle atención?

-Genoveva... se ha pasado por la mantequería

y me ha sacado de mis casillas.

-Esa mujer siempre va a desasosegarte,

tienes que procurar ignorarla.

-¿Cree que no lo intento?

Me da mucho coraje que siga teniendo ese poder sobre mí.

El pobre Santiago se ha ido tan triste...

-Oye,

¿por qué no compras unas entradas para el concierto de Bellita

y de Cinta?

-No sé si le gustará mucho esa música.

-Quiá.

La copla es del gusto de todo el mundo,

aunque no se cante en tu país.

Bueno, o prepararle un buen guiso,

que un hombre con la tripa llena es un hombre feliz.

-Eso ya me gusta más.

Con su permiso, Fabiana, voy a la cocina,

a ver si consigo contentarle. -Buenas tardes.

-Buenas tardes.

-¿Qué le ocurre a esta? No parece muy dichosa.

-La pobre, intenta salir adelante con su matrimonio,

pero es ver que doña Genoveva y don Felipe están de novios,

y venirse abajo. -Le deseo lo mejor a esa muchacha,

pero ha de entender que lo de don Felipe es agua pasada,

él ahora está a partir un piñón con doña Genoveva.

-Ya. Si la pobre ya lo tiene muy tragao, Agustina,

pero eso no quiere decir que no deje de escocerle.

-Tiempo al tiempo.

Cuénteme, ¿cómo ha visto a Úrsula esta mañana?

-Muy mal, Agustina,

está completamente chalá, no decía más que cosas sin sentido.

Deliraba y no sé qué decía de un dinero que necesitaba

para váyase usted a saber para qué cosa.

-Yo me barrunto que su obsesión por el dinero

se debe a que sabe que necesitará cobijo cuando deje Acacias.

-Ya, eso es lo más razonable,

pero no lo decía con esa intención

o al menos, ya le digo, es lo que a mí me pareció.

-Quién sabe en qué estará pensando, su cabeza es un berenjenal.

-¿Sabe alguien más que la han despedido?

-Creo que no, pero no se va a poder mantener en secreto

durante mucho tiempo.

(Golpean la puerta)

¿Quién llama de forma tan desconsiderada?

¿Por qué me ha hecho llegar esto?

No sé de qué me habla.

He encontrado en mi habitación la tarjeta de un velatorio.

Pues ya sabe lo que tiene que hacer,

despedir al finado y darle el pésame a la familia.

Es el del hombre que asesinó a don Alfredo.

Solo una mente tan perversa como la suya

podría haberme dejado esta tarjeta.

Nada de lo que dice tiene sentido para mí, no sé de quién me habla.

¿En qué pretende involucrarme?

Es muy fácil.

Ahora lo entiendo todo.

Está usted detrás de esa muerte.

Eliminando a este hombre,

ya nadie podrá incriminarla en la muerte del señor Bryce.

Déjese de fantasías,

su mente la está traicionando,

su mala conciencia le hace ver fantasmas y asesinatos.

¿Por qué insiste en dejarme al margen?

Juntas podríamos haber consumado la venganza.

Usted lo ha estropeado todo. ¡Déjese de simplezas!

Estoy harta de escucharla.

Nunca hemos sido amigas y nunca lo seremos.

No me subestime,

yo también puedo hacerle mucho daño.

No me haga reír.

Si quiero, esto solo será el principio.

Tengo recursos para acabar con usted cuando me plazca.

¿De qué me habla?

¿Qué pretende hacerme?

Ya lo verá en su momento.

¡Fuera de mi casa!

¿Qué sucede aquí? ¿Tienes algún problema con Úrsula?

No, ninguno.

Úrsula ha venido a ver si necesitábamos algo,

pero ya se va al altillo.

Sí, ya marchaba.

Gracias, doña Genoveva.

Con Dios.

Esta mujer me preocupa enormemente.

Sí, a mí también me tiene muy revuelta, no está bien.

Pretendía limpiar la casa.

Le he dicho que debía volver a su habitación y tomar su medicina,

pero está fuera de la realidad.

No sufras por ella, no se lo merece.

Sé que no siempre ha obrado bien,

pero en estos momentos necesita auxilio y me sabe mal no dárselo.

Deberías distraerte.

Podríamos pasar unos días en un hotel de la sierra

ahora somos una pareja reconocida y nadie nos criticaría.

Me encantaría, pero ¿podemos esperar unos días?

He reunirme con mis abogados para la venta de unas plantaciones

que tenía Alfredo en Canarias

y, por otro, no quiero dejar a Úrsula tan desvalida.

Precisamente para que te olvides de ella, te propongo este plan.

Sé que te preocupas por mí.

Pero ha sido mi criada un tiempo y no quiero dejarla a su suerte.

Está bien, será como gustes.

Pero eres demasiado compasiva.

Voy a ver a Genoveva, a la vuelta lo quiero todo listo para las cenas.

-No se apure, madre, ya me quedo yo si Emilio tiene que salir.

-Me parece bien, así compensas el tiempo

que pierdes en las clases de pintura.

-Yo no diría que las clases con Maite sean una pérdida de tiempo.

-Lo que tú digas,

pero hora que pierdas pintando, hora que tienes que recuperar.

-Me parece bien, estoy encantada con todo lo que estoy aprendiendo.

-Eso salta a la vista,

últimamente solo hablas de lienzos, pinceles y óleos.

-Todo eso es muy bonito,

pero lo importante es ganar dinero para comer y tener una vida digna,

y eso solo sale de este negocio.

-Bueno, con un poco de esfuerzo hay tiempo para todo.

-No quiero que mi hija se quede para vestir santos.

-¿Qué tiene que ver la soltería con la pintura?

-Desgraciadamente, a los hombres no les gustan las mujeres sabiondas,

ni las artistas que están todo el día con la cabeza en la nubes.

Una mujer debe saber cuál es su lugar

y permanecer en él.

-Según dice Maite, llegará un día en el que las mujeres

tendremos tanta libertad como los hombres,

trabajaremos, nos ganaremos la vida

y seremos dueñas de nuestro destino.

-Qué barbaridad.

-Las mujeres tendremos una voz que luche por nuestros derechos

y, esa voz, cada vez va a ser más fuerte.

Y a lo mejor es a mí a la que no le gustan los hombres sabiondos.

-Lo primero, no me hables así en el restaurante,

no quiero ni saber qué pensarían los clientes si te escuchan.

Y lo segundo, no me gustan nada esas ideas revolucionarias.

-Es el futuro, y aunque lo intente, no lo va a poder parar.

-Como tú digas, hija.

Pero tu presente está aquí, así que ve a la cocina y friega los platos.

Emilio, hijo, cuando puedas, vas al estudio de la ilustradora

y echas un vistazo a ver qué se cuece.

-Madre, no me parece oportuno.

Camino está feliz con sus clases, pues ya está.

-No te estoy pidiendo tu opinión.

Quiero saber si realmente está aprendiendo cosas de interés

o si Maite le está llenando la cabeza de majaderías.

¿De acuerdo?

Esto son altramuces...

y esto...

es un periódico.

-Lo sé, pero parecen cagarrutas de oveja.

-¡Pues son altramuces!

Y esto...

es un puro. -¿Qué me quiere decir con esto?

-Que esto es lo que vas a regalar a tus clientes.

-¿No es mucho?

-Si tus competidoras regalan el periódico con altramuces,

tú tendrás que subir la apuesta.

-Así voy a perder un dineral, Servando.

-Si las quieres ganar, ¡tienes que ser más agresiva!

-A ver, Servando,

si con cada periódico que venda regalo un cucurucho de altramuces

y un puro, lo que voy a ser es tonta.

-Qué atrevida es la ignorancia. Vas a tener cola en el quiosco.

-Y si regalo un caballo, más.

Que no. Si le hago caso, voy a perder el dinero a espuertas.

-Eso serán los primeros días,

cuando tengas clientes a cientos

que estén acostumbrados a comprar las cosas,

les retiras la oferta y a forrarse.

-¿Seguro que voy a tener clientes a cientos?

-Y a miles. Vamos a ver,

vas a tener tantos, que tendrás que comprar locales en Acacias

para poder atender a tanta gente.

-Hecho, haré lo que me dice.

Ahora voy a buscar el mejor sitio para la actuación de doña Bellita,

que no me quiero perderme ni un gorgorito.

Con Dios. -Con Dios.

Ay, muchachas.

-Uy. ¿Mi mujer no estaba con uste?

-Ahora mismo, se acaba de ir.

Se ha bajado para coger un sitio bueno para el concierto.

-Si es por la noche, qué prisa le ha entrado.

Hay que ver cómo están las ventanas, Servando,

me he pasado toda la tarde liado con una pa que cerrara.

Oiga, ¿qué son esos garabatos? -Esto no es nada.

Es una cosa que le he estado explicando a Marcelina,

y como la pobre es un poco corta, he tenido que hacerle dibujos.

-¿Está malmetiendo pa que se enfrente con Lolita y doña Felicia?

-Que no, ha sido ella la que me ha pedido consejo comercial.

Claro, como sabe que soy un titán de la estrategia...

-Ya. Si tan listo es pa los negocios,

¿por qué no se ha hecho rico? Mire,

deje a la Marcelina y métase de sus asuntos.

-Hacéis mal en no hacerme caso, que una guerra comercial acaba

cuando uno de los bandos se arruina.

-¿La ruina ha dicho? -Justamente.

Y me da a mí que vosotros tenéis todas las papeletas. Con Dios.

Sí que ha venido gente a ver a las Domínguez.

-Natural, doña Bellita tiene mucha fama, aquí y en el extranjero.

-A ver si empieza ya, que llevo un rato esperando.

-Pierde cuidado, que parece que va con retraso.

-Será pa que dé tiempo a que lleguen todos a verla.

La gran Bella del Campo es muy considerá con su público,

y van a ser muchos los que la quieran ver desde tan cerca.

-Pues sí.

-A la que no veo es a Arantxa.

-Mire, por ahí viene con su señora.

Tiene mucho interés por ella.

-Me parecía raro que no estuviera por aquí.

-ya.

-¿Dónde estabais? Se está haciendo tarde, deberíamos empezar ya.

-Cinco minutos, a ver si llega Margarita.

¿No está entre el público?

-Tan seguro como que la trainera de Bermeo es la mejor.

-Cinta tiene que actuar ya.

Llevamos mucho retraso, y la gente se impacienta.

Estoy muy nerviosa, no puedo ni respirar.

-Es solo un momento.

-Pero ¿esa señora le dijo que iba a venir seguro?

-No con esas palabras, ni con ningunas.

Lo cierto es que no ha confirmado que venga.

Pero eso no quiere decir nada, lo mismo ha perdido el tranvía.

-Niña de mi corazón, como si ha perdido un barco.

O empezamos ya o esto es un fracaso de los gordos.

-Sea, no esperemos más.

¿Estás lista, hija? Desde hace un buen rato.

-Voy a presentarte.

-Venga.

-Buenas noches, señoras y señores.

Disculpen el retraso,

pero todo lo bueno en esta vida se hace esperar.

Para empezar, quiero presentarles a una muchacha

que está llamada a ser algo muy grande en el mundo de la copla.

¿Eh?

Les puedo asegurar que están antes la joven más talentosa

que hay en este país, y no lo digo porque sea mi hija.

(Risas)

Con todos ustedes, Cinta Domínguez.

(Aplausos)

-¡Guapa!

¡Ole mi niña!

-Bravo.

Gracias por recibirme tan bien.

(Guitarra española)

-Guapa.

Ole, qué guapa.

¡Ole!

¿Le queda mucho a tu esposa?

No vamos a llegar a la actuación.

-Todavía le queda un poco. Hoy está muy lenta.

-No llegamos ni a los aplausos. -Nos lo vamos a perder,

y eso que hemos contribuido económicamente.

¿Aún estás así?

-Me han entrao ganas de comerme una pera y no me he podido resistir.

-¿No te puedes comer la pera luego? No llegamos al concierto.

-A ver si va a ser un antojo y el niño sale con una mancha

en forma de pera.

-Nada, nos perdemos la actuación de la madre y de la hija, seguro.

-Vaya usted si quiere.

Antoñito y yo iremos más tarde.

-Sí, va a ser lo mejor, no me lo quiero perder todo.

-Me voy con usted, Carmen.

Lolita va a tardar mucho y no puede ser.

-¿Cómo?

¿Vas a dejar que vaya sola hasta el concierto?

-Lolita, son cuatro pasos.

-¿Y qué vas a hacer tú allí si no vas conmigo?

-Escuchar música y hacer compañía a Emilio,

y ver a Maite, con suerte está allí y me la encuentro.

Pero ¿qué te pasa?

-¿Que qué me pasa? Claro...

Es que...

Es que eres un sátiro,

eso es lo que me pasa, que eres un sátiro.

-¿Qué dices, Lolita, yo qué he hecho?

-¿Cómo puedes ser así

estando a punto de ser padre de una criatura?

-No entiendo nada.

-Muy bien. Encima no... Pues mira qué bien.

Mira, a la porra la pera, a la porra tú

y a la porra el concierto de las narices.

Hala, pásatelo ben.

-No entiendo a las embarazadas, y menos cuando son de Cabrahígo.

¿Tú entiendes algo?

-Me barrunto por dónde van los tiros.

-Pues explíquemelo, Carmen, porque yo estoy in albis.

-No puedes ser tan pavo.

Piensa un poco, piensa en lo que has dicho.

-¿Que me voy solo al concierto?

-Lo siguiente.

-¿Hablar con Emilio y con Maite?

-Ahí. Ahí ya te vas acercando más.

Voy a ver si consuelo a tu mujer,

que de un berrinche se nos pone de parto.

(Guitarra española)

¡Ole!

-¡Bravo! -Guapa.

-Mi chiquilla.

-Mi niña guapa.

-Guapa. -Qué grande.

-Guapa.

Muchas gracias. Muchas gracias.

Ha sido un gusto actuar ante un público tan considerado,

es como cantar en casa, bueno, al lado de ella.

Muchas gracias.

(Aplausos)

-¡Guapa! -¡Bravo!

-Quieta ahí.

Espera, espera.

(Aplausos)

Muchísimas gracias,

amigos de Acacias y de toda la ciudad.

Ay, estoy muy feliz de poder actuar ante ustedes.

La canción que voy a cantar...

es muy especial para mí,...

cuenta cómo me sentía cuando dejé estas tierras para ir a Argentina.

Para ustedes.

Maestro.

(Guitarra española)

Ole.

Ah...

Ah...

(Guitarra española)

# Al pie de un árbol sin frutos

# me puse a considerar.

# Qué pocos amigos tienes,

# qué pocos amigos tienes.

# El que no tiene pa dar...

# Al pie de un árbol sin frutos

# me puse a considerar. #

Ole.

Vámonos.

Vámonos, hijo.

-Tente, Marcelina, que te va a dar un patatús.

-No puedo, señá Fabiana, me llega muy adentro.

Mire, la piel de gallina tengo y to.

# Quisiera yo renegar

# de este mundo por entero,

# poder de nuevo evitar. #

-Ole.

# Madre de mi corazón.

# Por ver si en un mundo nuevo,

# por si ver si en un mundo nuevo

# encontrara más verdad. #

(Aplausos y vítores)

Muchísimas gracias por vuestro cariño, gracias de corazón.

Quiero dedicar esta canción

a una persona que ha sufrido mucho

y durante muchos años,

y a la que espero ayudar con el apoyo de todos ustedes.

Pido un fuerte aplauso para Margarita.

(Aplausos)

Margarita,...

¿quieres subir al escenario conmigo?

¡Margarita!

-¡Margarita!

Se nos hace tarde para ver el festival benéfico.

Es de suponer que todavía les queden algunas canciones.

Si le digo la verdad, no son de mi gusto las canciones de Bellita.

No tenemos por qué ir,

ya hemos hecho bastante corriendo con parte de los gastos.

Que no han sido pocos.

De todas formas, tendremos que hacer acto de presencia,

aunque sea al final.

Felicia,

antes de irnos, quiero darle las gracias

por todo lo que ha hecho para que lo mío con Felipe salga adelante.

Me consta que entre todas le han dado un empujoncito a mi amado.

No tiene importancia,

lo hemos hecho en aras del amor y de la buena voluntad.

Hace bien en preocuparse de esos asuntos.

Ahora que no está Susana, me ocuparé de esos menesteres.

La moralidad de mis vecinos es muy importante para mí.

Para usted y para todos.

Hay que asegurarse que Acacias siga siendo un sitio de bien.

Por supuesto.

Está en juego nuestro bienestar y la prosperidad de nuestros negocios.

Sera mejor que salgamos o no vamos a llegar ni a los bises.

No me dé ideas,

no vaya a ser que me quede en su casa y no lleguemos.

Lo mismo Bellita nos sorprende y nos agrada el espectáculo.

A juzgar por los aplausos que se han escuchado,

parecía que era algo digno de ver.

No se engañe, el público de Bellita no es muy exigente,

con que no desafine se quedan contentos.

No le esperaba ya.

-Lo suponía, pero preciso que me dedique un momento.

Le ruego que me disculpe,

pero he de atender unos asuntos de negocios con la máxima celeridad.

No se preocupe, la espero en el concierto,

total, si llega tarde no se pierde nada. Con Dios.

¿Cómo se te ocurre presentarte así?

Seguro que te han visto muchos vecinos.

¿Qué es lo que quieres?

Le interesa lo que tengo que contarle.

Desembucha.

He localizado a la persona que me pidió.

¿Lo has traído hasta aquí?

No ha habido forma. No quiere venir por nada del mundo.

Para decirme que has fracasado, no hacía falta que vinieras.

Quiero que lo traigas, eso, y no otra cosa necesito.

¿Está claro?

(ASIENTE)

¿Quién es el hombre que la visitó esta tarde?

¿Libre de pintar lo que quiera? -De pintar lo que quieras y...

de amar lo que quieras.

Nadie podrá decirte si está bien o está mal.

Si vuelvo a verla por el barrio,

tomaré una decisión que no le va a gustar.

Puede irse hoy por las buenas,

o mañana por las malas y para siempre.

Sigues pensando en Felipe.

Sigues sufriendo por un amor imposible

y no tienes tiempo ni ganas para aceptar mi amor sin reservas.

¿Ya está jorobando la Marcelina?

-Otra vez y peor. Esto es una locura.

La semana que viene es mi debut.

-Uy, ¿tan pronto?

Déjame hacer lo que me gusta,

vivir como me gusta.

Deja de comportarte como si fueras un padre preocupado.

-Yo no soy ningún padre preocupado.

-Eres el corre ve y dile de una madre preocupada.

Renunciaremos a todo y nos marcharemos.

-Santiago, ¿te das cuenta de lo que estás diciendo?

Han dejado un sobre por debajo de la puerta.

Buenas tardes. Ponme dos kilos de garbanzos,

unos huesos de pernil

y un manojillo de orégano.

-Espera, espera.

¿Cómo está tu madre?

Contenta con lo de la actuación, claro,

pero no tan contenta con lo del asunto de Margarita.

¿Sabéis algo de ella?

No, como si se la hubiera tragado la tierra.

Doña Genoveva...

pagará por lo que me hiciste.

Por lo que todos vosotros me habéis hecho.

Ella pagará por los demás.

Compréndalo, si estuviera casada

o tuviera novio conocido, pero así, soltera y sin compromiso,

su trato con los hombres debe ser algo más comedido.

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Acacias 38 - Capítulo 1138

13 nov 2019

La relación entre Úrsula y Genoveva sigue tensándose. La criada mueve los hilos para protegerse de las amenazas de su señora. Genoveva por su parte se cubre las espaldas: misteriosamente el sicario que mató a Alfredo Bryce ha aparecido muerto en la cárcel.
Marcia se encuentra por primera vez con Genoveva desde el anuncio de su compromiso con Felipe. La brasileña sufre y se refugia en los brazos de Santiago.
Felicia está cada vez más preocupada por Camino, teme que las ideas revolucionarias de Maite contaminen a su hija y manda a Felipe que espíe en las clases de pintura.
Grandes expectativas por el concierto benéfico. Cinta, con su pasión por la música recuperada, ensaya con ahínco su nuevo número y Bellita espera conseguir así el perdón de Margarita.
Genoveva recibe a Fermín, el hombre al que encargó una misión secreta, y se enfada cuando descubre que ha fracasado en su misión ¿qué es lo que oculta Genoveva?
Arranca el concierto benéfico sin la presencia de Margarita. Bellita teme que no vaya a acudir a pesar de su promesa, pero en el último momento llega. Sin embargo, tras la actuación de Bellita la mujer cae al suelo, fulminada.

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  1. ireida

    Y cual es el problema, desde la antiguedad ha existido la homosexualidad, solo es una trama mas creo que para darle un toque de frescura xq la trama Felipe-Genoveva-Marcia y Ursula esta cansona

    19 nov 2019
  2. Felicitas

    ¿ Se vino el lesbianismo a Acacias ? lo que faltaba !!!!!

    14 nov 2019