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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1133 - ver ahora
Transcripción completa

-Bienvenidos al futuro. Es mi zona de relajación musical.

Tratándose de Servando,

algo, no sé el qué, pero algo malo puede pasar.

Pensar que me ibas a engañar... Yo también te quiero mucho.

-Por eso hablaba solo, por los ensayos.

-Recitaba para aprenderme el papel.

Nos tenía que haber avisado de su llegada con más tiempo,

le habríamos preparado la habitación de invitados

o incluso una reunión con los vecinos para recibirla.

-Lo sé, pero todo ha sido tan precipitado.

No se preocupen, yo me apaño en cualquier sitio.

¿Fue Felipe Álvarez-Hermoso el causante de lo que intentaste hacer?

¿Cayetana? No sé de qué me está hablando.

No la esconda, no quiero volverme loca.

Me parece que no tengo que hacer nada para volverla loca,

ya usted sola se basta y se sobra.

Solo sé que voy a apoyarte en lo que quieras hacer.

Quiero ser cantante, ser su sucesora.

Veo que ya conocen a Maite Zaldúa.

-Una pintora cotizadísima que nos honra con su presencia.

¿Murió doña Cayetana en el incendio?

Claro que sí.

Su cuerpo nunca apareció, no hubo entierro.

De eso hace casi quince años, Úrsula.

La he visto.

¡Yo era su madre!

¡¿Cómo se atreve a venir con estos infundios?!

¡Fuera de aquí!

-Y Santiago ha cambiado para bien,

aunque tenga baches en la memoria,

y haya cosas que haya olvidado para siempre.

A partir de ahora, tendrá nuevos recuerdos.

Yo te daré el tiempo que necesites.

Gracias por comprenderme.

Iré a darle las gracias y a decirle que me quedo el piso.

-Me alegro. -Sí.

Ha sido amor a primera vista. Es justo lo que necesito,

-¡Pues a la sobrina de don Armando le mira todo el mundo!

-Pa reírse, seguro. -No.

Los hombres la miraban embobados.

"¿Le ayudo a olvidar las penas?".

Déjeme tranquila.

Hoy no tengo la cabeza para tus intrigas.

-No lo dirá por doña Felicia.

Es que mi zona de relajación está llena y su terraza está vacía.

-Pero en su terraza, la gente hace gasto,

y aquí leen el diario gratis.

-¡Fuera de aquí!

El detective me manda la dirección de Margarita, la esposa de Carchano.

-Debería olvidarse de eso.

-Calle de las Islas Carolinas.

Nadie ha de volver de entre los muertos.

Úrsula, suélteme.

¡Úrsula, está loca! ¡Suélteme! ¡Rece!

¡Fuera!

Me dijeron que tuviste problemas respiratorios.

No finjas que te interesa.

No estoy fingiendo.

Felipe, ¿por qué no vas a preocuparte por Genoveva?

¿No es ella la que ha conquistado tu corazón?

¿Qué te ocurre? ¿A qué viene eso?

Lo sabes bien.

No quiero que haya fingimientos entre nosotros.

Mi preocupación por ti es sincera. No te creo,

si de verdad me apreciaras, no te comportarías como lo has hecho.

Yo ya no te importo.

No me puedo creer que me trates así

después de lo que ha pasado entre nosotros.

Entre nosotros... Por tu parte, solo mentiras.

Yo me separé de ti porque no tuve más remedio.

Sé que tú no tienes culpa de nada, pero te he seguido amando.

Por poco tiempo, Felipe,

muy pronto te has lanzado a los brazos de Genoveva.

¿Es eso lo que te desasosiega?

No, puedes amar a quien te plazca.

Me molesta, lo que me duele es el engaño,

el saber que todo lo que me dijiste eran mentiras.

Trata de comprenderme. Lo hago.

Ahora que estás con ella, comprendo

que tu amor era pasajero,

ni siquiera eso, era falso.

Entre Genoveva y yo no hay nada, no es una relación formal.

Eres un cínico.

No hace falta que formalices nada para dormir con ella cada noche.

¿No es lo mismo que lo que haces tú con Santiago?

Felipe, Santiago es mi marido, (RÍE)

...me debo a su... ¿Lo encuentras divertido?

Sí, me parece gracioso.

Ahora eres tú la cínica.

¿Por qué dices eso?

Te he visto paseando de la mano de Santiago, riendo sus chistes...

Has rehecho tu vida junto a él como si nada.

Te veo entregada a él. Hasta diría que le amas.

Eso no es cierto y lo sabes.

No niegues lo que es evidente.

No estás en condiciones de reclamarme nada.

¿Eso es lo que piensas? Sí, es lo que pienso.

Haces lo que mejor te viene

y exiges a los demás que estén a tu disposición.

No has entendido nada de mis sentimientos.

Yo creo que sí.

Entonces, no tenemos nada más que hablar.

Te ruego que no me busques más.

Ya está todo dicho.

Muy bien, será como gustes.

(Sintonía de "Acacias 38")

Entonces, suelto mi frase y hago mutis por el foro.

Raro será que el público no se ponga a aplaudir.

-Seguro que sí.

Y si no lo hacen, nosotras empezamos el aplauso pa que se animen.

Vamos a ser tu claque.

-Muy bien, toda ayuda es bienvenida,

aunque creo que no lo hago nada mal.

Lástima que no tenga más papel, ¿eh?,

porque mi personaje no es precisamente el protagonista.

-Hay secundarios

capaces de comerse la función con tres o cuatro frases.

Lo importante es que disfrute sobre las tablas, ya está.

-De eso estoy seguro,

cada minuto que paso en el escenario es como un regalo para mí.

-Cualquiera diría que no lo has hecho nunca.

¿Cuántas veces has subido a tocar la guitarra?

-Muchas, pero eso era distinto, lucero mío.

Siempre he sabido que era un guitarrista del montón,

si seguía tocando era por estar a tu vera.

-Y yo siempre te he agradecido mucho

que estuvieras allí acompañándome.

-Creo que tengo talento para la interpretación y me estoy luciendo.

Anda, mira que si al final he encontrado mi verdadera vocación...

-A la vejez viruelas, pero haces muy requetebién.

Diga que sí, padre, yo estoy muy orgullosa de usted.

¿Me ayudas a repasar el texto?

Las veces que sea menester. -Sí.

Pero en el cuarto,

que eso de repetir una y otra vez la misma frase me marea.

-Nos vamos a escape,

que lo último que quiero es contrariarte con mis ensayos,

reina de mis entretelas.

-Ole. -Gitana.

Espérate. Vamos que nos vamos.

-Eso, el vino y el jamón que no te falte.

(TOSE)

Vete a otro sitio, que vas a llenar la casa de polvo.

¡Vale ya! ¿Puedes dejar de ignorarme?

-¿Y usted puede levantarse para que sacuda el sofá?

-Mira, una cosa te voy a decir,

no te tienes que poner así porque vaya a visitar a Margarita.

-Yo no me pongo de ninguna manera,

pero me da coraje que sea cabezota y poco dada a escuchar consejos.

-Sabes que siempre he valorado mucho tu opinión.

-Pero luego no me hace caso, como en esta ocasión.

¿Para qué tiene que ir usted a visitar a esa señora?

Por mucho que me lo explique, no lo voy a entender.

-Está claro como el agua, quiero resarcirla.

-¿Por qué? Usted no es culpable de sus males.

-Pero Margarita no lo entiende de esa forma.

-Pues peor pa ella.

Lo que tiene que hacer es hablar con don José.

-No creo que sea necesario.

-Hágame caso, debe de ponerle en aviso de que va a ir a visitar

a la esposa del malnacido de Alfonso Carchano.

Señora, recuerde la que les lió.

-Mira, esto es entre Margarita y yo,

ni José ni Alfonso tienen vela en este entierro.

-Vamos, que va a ir usted sí o sí, sin encomendarse a nadie.

-Digo, mañana mismo. -Muy bien.

¿Ve cómo me hace menos caso que al pito del sereno?

Si es que... ¡Ay!

Su idea no ha funcionado todo lo bien que se esperaba.

-Si nuestros vecinos fueran más decentes y menos aprovechados,

esto hubiera salido fetén y habría ganado barrio el barrio.

-A la postre, todos vamos a nuestro apaño y poco importan los demás.

-Por mi parte,

esto de la zona de relajación musical

ha pasado a mejor vida. -No se haga mala sangre,

ha llevado a la práctica su idea,

no se quedó con las ganas de probar el invento como les pasa a otros.

-Sí.

Idea que me viene a la sesera, la pongo en marcha,

aunque algunos la tachen de memez.

-Es mejor arriesgarse mil veces

que esperar a que cambie la suerte.

-Eso digo yo.

Si yo me hubiera quedao parao, no tendría esta pensión

y seguiría siendo el portero del 38

hasta que me viniera a recoger la parca.

-Gente como usted levantan un país.

-Lástima no haber tenido más potra,

la mitad de mis negocios me han salido rana.

Si llego a pegar uno, a estas horas sería un potentado.

-Lo importante es no rendirse, ya llegará su momento.

-No será por falta de ideas, que las tengo a cientos.

¿Quiere que le diga la última que se me ha ocurrido?

-A ver... -Traerme música

del país del que usted viene pa venderla.

-¿Vender música brasileña?

-Justamente eso. Bueno, es que a la gente,

a la gente fue la que más le gustó, la que le trajo usted a Marcia, ¿eh?

-Ese disco tiene una canción preciosa.

-Y tanto, es que no me canso de oírla.

(Música)

Es una música preciosa.

-Buenas noches. -Buenas noches, amor.

-Si me disculpáis... Gracias.

-¿Bailas conmigo?

-Santiago, estoy muy cansada.

-Venga, dame ese capricho, es solo un baile.

-De verdad que no me tengo en pie.

-De eso no te preocupes, yo te sujeto.

(Música)

Esta canción es muy bella,

pero no lo bastante para expresar todo el amor que siento por ti.

-(CARRASPEA)

Si quieren, pueden llevarse el gramófono al cuarto.

-Perdónenos, la música nos ha hecho olvidar dónde estábamos.

-Lo que yo le decía, esta música despierta la pasión.

Ojalá me traigan pronto esos discos, me los van a quitar de las manos.

-Estoy convencido que de esta sí se hace rico.

-Por esto hay que brindar. Por esto,

y por la música de tu país, ¿qué te parece?

-No, Servando, gracias, me pone muy triste.

La música es lo que más extraño de Brasil.

Si me permiten, me voy a acostar. -Caro.

-Buenas noches. -Buenas noches.

¿Acabamos con eso? -Un momentito,

que en todos los trabajos se descansa.

Primero el brindis. -Venga, va.

¿Qué tiene, Arantxa?, no se escucha nada más que a las moscas volando.

-¿Qué voy a tener? Qué va, nada.

-Pues no ha abierto la boca

y, mire que es usted dicharachera. -Mi señora,

que me tiene loca con sus ocurrencias.

-Qué me va a contar.

Yo no dejo de padecer por don Felipe.

-¿Sigue sin levantar cabeza?

-Algo mejor va,

parece que se va enfocando el asunto de doña Genoveva, y eso le anima.

¿Qué le pasa a doña Bellita?

-De ese asunto no puedo hablar, no quiero pecar de indiscreta.

-Hace muy bien,

que lo nuestro es ver, oír y callar.

Si no quiere hablar, ya no he de preguntarle nada más.

-Buenas noches. -Hola.

-¿Qué te pasa? ¿De dónde vienes?

Se te ve cansada. -Será porque no he parao un momento.

-Doña Rosina acaba contigo.

-No, no he estao limpiando en casa de mi señora.

-Entonces, ¿de dónde vienes?

-Muchas gracias.

-De la casa donde va a vivir doña Maite, del estudio.

-Ah.

-¿Cómo es esa señora? Todo el barrio habla de ella.

-Al principio, me pareció que era de esas que van estirás

como si se hubieran tragao un palo,

pero ha resultao ser una señora fetén.

-¿Es de esas que se cree una princesa

por haber visitado tres sitios? -Nones, to lo contrario,

todo lo que tiene de educada y de buenas formas,

también lo tiene de sencilla y campechana.

-Quién lo diría, yo pensaba que era

una remilgada.

-No me ha tratado como a una criada,

y tampoco me ha pagado como tal.

-¡Arrope!

¡Sí que se ha estirado la señora!

-Qué bien está, qué gusto da

que lleguen buenas gentes,

generosas y amables. A la postre, todos somos iguales.

-Bueno, pero unos más iguales que otros.

Tampoco es menester que nos vayamos

a saltar las diferencias entre señora y sirvienta.

Cada una a lo suyo.

-Pues si yo a mi señora le tengo que cantar las cuarenta, se las canto.

-Tampoco me parece bien.

-Uy.

-No insista, Arantxa,

la señá Agustina es bastante añosa

como para comprender esas modernidades.

Po cierto, ¿saben que doña Maite

se gana la vida haciendo dibujos pa las revistas que leen los gabachos?

-¡Encima es una pinta monas!

(RÍEN)

-Miren, me ha dao un recorte de un dibujo suyo.

-Uh, la verdad es que se le da muy bien.

-Sí. A ver.

Es un anuncio de crema para la cara, para las señoras, Fleur de Violette.

-¿No me diga que sabe francés? -A ver, a la fuerza toca, Agustina.

He cruzao más veces de Irún a Hendaya,

que el propio puente del río Bidasoa.

-¿Y por qué no nos enseña a leer en gabacho?

-No digas enormidades, Casilda. No sabes leer en castellano,

¿y quieres aprender a leer en francés?

-Por mucho que me pese, tengo que darle la razón, sí.

Eso es como querer correr sin saber andar.

-Pues sí.

-Pero ¿a que es bonico?

-Bonico, bonico como dices tú, sí que es.

Vaya, ¿no descansa nunca, Agustina?

-¿Qué le voy a decir que usted no sepa?

La vida de la criada es todo sacrificio.

-Como la de todos los que no somos señores,

una en la pensión, tampoco deja de doblar el lomo.

-Al menos, lo que trabaja es para usted.

-Para mí y para el holgazán de Servando, no se olvide.

¿Qué, cómo ha pasao la noche Úrsula?

-Muy mal.

-¿Tuvo pesadillas? -Todo el tiempo,

hasta que se despertó de madrugada, aterrada y bañada en sudor.

-Cada día está un poco peor. -Ya lo creo.

La encontré en el pasillo deambulando sin rumbo,

completamente desorientada, me costó un mundo

convencerla de que volviera a la cama.

-¿Y decía algo? ¿Sabía ella por dónde se andaba?

-Al principio, no paraba de rezar,

luego decía cosas sin sentido,

confundiendo nombres y personas, un galimatías.

Doña Genoveva me ha encargado

que la cuide y que no la deje salir del altillo.

-Sí se está ocupando la señora de su criada.

-Y acuérdese que ya le conté que mandó a un médico y lo pagó.

Este, le ha recetado ahora

pastillas para tratar de calmarla,

pero Úrsula sigue con los nervios de punta.

-Es mu gordo lo que le está pasando.

Yo, al igual que usted, la veo cada vez peor.

-Una mujer que dice que ve difuntos,

no puede estar en sus cabales.

-No me lo recuerde, Agustina.

¿Por qué no dejará a los muertos descansar en paz?

-Para mí

que es su conciencia que se revela contra ella.

-Es mu posible, han sido muchos años de maldades y atrocidades,

y a la postre, la vida acaba pasando factura.

-¿Cree que terminará en una casa de locos como la otra vez?

-Quién sabe, pero me temo que es muy posible.

-Yo lo siento mucho por ella,

a pesar de todo lo que ha hecho, para mí sigue siendo una amiga.

-Yo la comprendo,

que yo también siento compasión por ella pese a todo lo que ha hecho.

Perder la cabeza de esa manera

es lo peor que le puede pasar a una persona.

Buenos días, compañeras. -Úrsula. ¿Adónde va ahora?

A la calle Principal a comprar unos regalos para mis nietos.

He pensado en un peluche para Moisés

y un trenecito para Mateo.

¿Creen que les gustarán? -Seguro que sí,

a ningún niño le amarga un dulce.

-Pero ha madrugado usted mucho, las tiendas estarán cerradas.

Esperaré a que abran.

-Para eso queda mucho todavía,

y la mañana está muy desapacible, cogerá frío.

Puedo esperar rezando en la iglesia.

-A esta hora

está fría como un tempano y hay unas corrientes de aire,

que se han llevado a más de una feligresa

para el cielo antes de tiempo.

-Ande, lo mejor será que vuelva usted a la cama.

-Descuide,

que yo la aviso cuando sea la hora.

Vamos, yo la acompaño.

(RESOPLA)

(Risas)

Hombre, dichosos los ojos. ¿Cómo os ha ido por el pueblo?

-Divinamente,

si no fuera por este negocio que tenemos aquí,

me habría quedado a vivir allí.

-Como en el pueblo de uno no se está en ningún otro sitio.

-Pues sí, hasta el aire se respira diferente.

-Hemos traído viandas y regalos pa tos.

-Espero que para mí sea el más gordo,

que he estado dando el callo.

-Ya verá como le gusta lo que le hemos traído.

-Y eso no es lo mejor,

menuda sorpresa nos llevamos cuando llegamos al pueblo.

-Por tu cara, parece que habéis encontrado oro.

-Mucho mejor que eso.

-Las chuletas del otro día no eran de la Remigia.

-La oveja seguía saltando por el campo y paciendo en los prados.

-Te habrás llevado una alegría al verla.

-Sí, pero más se alegró ella.

Na más verme, empezó a correr prado a través hacia mí.

-Daba gloria ver los abrazos que la daba,

de haber sido una moza, me habría puesto celosa.

-Se nota. Al menos ha recuperado su buen talante, mírale.

-Y otras cosas, perdió la tristeza

y volver a ser el que era en la alcoba.

-Era un peso mu grande el que tenía encima por lo de la Remigia.

-¿Por aquí como han marchado las cosas?

¿Le ha ido bien con el quiosco?

-A ratos, unos ratos mejor que otros.

-¿Qué ha pasao? ¿No habrás hecho ninguna desgracia?

-No, no, no, nada de eso.

-¿Y a qué se refiere?

-No ha pasado nada de enjundia, que...

Que ya os pondré al día en su momento.

Ahora, lo que tenéis que hacer es dejar los equipajes

y poneros a trabajar.

-En cinco minutos tiene a Marcelina aquí.

-Sí, mejor, que está Fabiana sola en la pensión

y pa uno solo es mucho trabajo.

-Pues vamos, que de charla aquí no adelantamos na.

-Eh, tenga en cuenta que esta tarde habrá una sorpresa en el altillo.

-Ya verá qué les hemos traído del pueblo.

-Hala. -Con Dios.

-Con Dios.

Lo he estado hablando largo rato con mis padres y estoy convencida,

voy a probar suerte otra vez en los escenarios.

Eso es una gran noticia, me alegro mucho.

-Bien pensado. Sois una familia de artistas,

no puedes luchar contra lo que manda tu sangre.

-Es natural que sigas, y más ahora, que tu padre vuelve a las tablas.

-Vais a triunfar los dos, en tu casa tiene gracia hasta la criada.

A esa déjala en su puesto,

no sea que también triunfe y nos quedemos sin cocinera.

Tengo ganas de ver a tu padre interpretando.

Ojalá le marche bien, está muy ilusionado.

-¿Ensaya mucho? No hace otra cosa,

y no lo hace mal, estoy muy orgullosa.

-Ese Alfonso se creía que podía acabar con vosotros,

pero sois más fuertes de lo que parece.

Somos como el ave fénix,

que renacemos de nuestras cenizas las veces que sea menester.

Estoy deseando ponerme en marcha.

Nada me hace más feliz que verte otra vez ilusionada con tu arte.

Ahora vuelves a ser la Cinta de siempre.

Tú me has ayudado mucho, te agradezco tu apoyo.

-¿Qué planes tienes para retomar tu profesión después de este tiempo?

No va a ser fácil.

-Pamplinas, eres una artistaza, se van a pelear por contratarte.

No lo tengo yo muy claro. -No seas tan pesimista,

has demostrado tu valía cantando y bailando,

solo tienes que darte a conocer.

-Has de trazar un buen plan y no ceder ni un milímetro.

He pensado mucho en ello.

Ahora que vuelvo, no lo quiero hacer de cualquier forma.

¿Y qué tienes pensado?

Hacer un número nuevo que sorprenda a la gente que venga a verme.

Algo grande, con músicos de postín y muchas bailarinas.

Suena de maravilla.

Quiero ensayar mucho hasta estar satisfecha

con lo que voy a presentar. -Veo que lo tienes clarísimo.

No tanto, quiero hacer algo que sea distinto

a todo lo que hemos visto.

-Lo primero es estar al día de lo que se está haciendo.

Podemos ir a los cafés teatro y ver que espectáculos representan.

-Y de paso, os pasáis la noche de jolgorio.

No sabes tú nada.

Me parece una idea muy acertada.

-Voy a buscar el periódico a ver a qué hora son las representaciones.

-Cinta,

estoy muy feliz de que todo os vaya tan bien,

os lo merecéis todo.

Así que, vive en París.

Tengo que admitir que mi hija es una enamorada de Paris,

prácticamente se crió allí. -Es una ciudad maravillosa.

Según la niña, las pastelerías de París son las mejores del mundo.

Una de sus favoritas es una que está en la calle Yves...

No me acuerdo bien. -¿Yves Toudic?

-Sí, eso es. ¿La conoce?

-Claro que la conozco, soy una de sus mejores clientas.

Le diré un secreto, soy una aficionada de los postres.

-A lo mejor ha coincidido con mi hija sin saberlo.

-Puede ser.

Seguro que es un encanto, como su padre.

-Buenos días. -Buenos días.

-Celebro que haya conocido a don Ramón,

donde le ve, es uno de los prohombres del barrio.

-Hemos pasado un rato agradable charlando.

Tenemos cosas en común, el interés por el arte, por ejemplo.

-Sí que me interesa, pero soy un perfecto ignorante en ese asunto.

-No, no, no se quite mérito,

sabe bastante más que todos los señores de esta ciudad.

-Me alegro que hayan congeniado tanto.

-¿Cómo no hacerlo con una dama tan encantadora?

Se nota que es sobrina de don Armando,

tiene tanto mundo como él. -Muchas gracias, es un caballero.

Por cierto...

Aquí tiene, el pago del primer mes del estudio.

-No corría ninguna prisa.

-Lo sé, pero no me gusta tener deudas con nadie.

¿Sabe? Estoy encantada con el barrio

y, sobre todo, con las personas que estoy conociendo.

-Pues pronto los conocerá a todos.

Ya han recibido la invitación para asistir al restaurante.

-Pensaba que iba a ser una cena.

-Sí, pero Felicia tenía el local reservado para la noche.

Haremos algo a media tarde, un picoteo, algo español,

para darle la bienvenida. -Le estoy muy agradecida,

estoy deseando conocer a todo el mundo.

-Eso está hecho, espero que no falte nadie.

-¿Usted vendrá, don Ramón? -Por supuesto.

Y vendrá mi esposa, que quiero presentársela.

-Será un placer conocerla.

Les tengo que dejar, caballeros,

tengo que ir al estudio a terminar unas cosas.

-Me gustaría saber cómo es el estudio de un artista.

Cuando esté instalada, le invitaré, y a usted también don Liberto.

-Iremos cuando usted lo estime oportuno, ¿verdad, Liberto?

-Por supuesto. -Fantástico. Les veo luego.

-Con Dios. -Con Dios.

Una mujer con mucho estilo,

¿verdad, amigo Liberto?

-Sí, hay pocas con tanta clase por aquí por el barrio.

-Es estupenda. -Totalmente.

Buenos días.

-Buenos días.

¿Qué haces tan concentrada?

-Aprendiendo a bordar,

Fabiana dice que puedo ganar dinero con esto.

-Me temo que para eso te queda aprender un poco.

-Sí, no es tan fácil como parece.

-¿Ya te encuentras bien?

-Completamente restablecida. ¿Qué le trae por aquí?

Servando ni Fabiana no están.

-La verdad es que busco a Santiago.

-Tampoco está en la pensión. ¿Qué quiere de mi esposo?

-No, nada, me ha pedido ayuda con un asunto

y quería darle respuesta cuanto antes,

más que nada por si le corre prisa.

-¿Y qué tipo de asunto?

No lo sé. -¿No lo sabe y viene tan dispuesto?

-Sí lo sé, pero no lo he hablado con él todavía.

Entonces, sabe de qué se trata, pero no va a contármelo.

-No seas tan cotilla, muchacha, que la curiosidad mató al gato.

-Creo que lo que oculta tiene que ver conmigo.

-Es posible o puede que no,

ya lo sabrás. A mí no me sacas ni una palabra más.

-Por lo que dice, no voy mal encaminada.

-A partir de ahora, estoy mudo.

Ah, una cosa más. -¿No era usted mudo?

-Un respeto, que soy la autoridad.

Si ves a tu marido, dile que estoy por los jardines.

-Así lo haré.

-Con Dios. -Con Dios.

Me alegra verte sola.

¿Qué quiere de mí?

Pedirte que te alejes de Felipe. ¿No le has hecho ya bastante daño?

No sé a qué viene esto.

Felicia os vio hablando ayer.

Tras la conversación, él se quedó muy afectado.

¿Hasta cuándo vas a seguir torturándole?

Se equivoca completamente.

Hice lo que debía, cortar sus esperanzas

y dejar claro que ya no hay nada entre nosotros.

¿Cómo sé que no me mientes?

Tendrá que confiar en mi palabra.

Créame, en vez de venir aquí a retarme,

debería darme las gracias por lo que hice.

Ya tiene el camino libre.

Pobre ilusa, no te necesito para alejarte de Felipe,

él ya no siente nada por ti.

¿Y a qué ha venido si está tan segura?

A dejarte las cosas bien claras, piojosa.

Como te vuelva a ver cerca de él, lo vas a pagar.

Procura no disgustarme.

Pues este choricito, con el vino y pan...

-Vaya, vaya, qué buena fiesta tenéis montada.

-Pa chasco que sí.

Estamos celebrando que Jacinto y Marcelina han vuelto del pueblo

y que Jacinto ya está recuperao.

-Agustina, ¿no teme que Úrsula se entere y se cargue la celebración?

-No lo creo. Entre las nuevas píldoras que le han recetado,

que deben de ser de caballo, y que se pasó toda la noche en vela,

duerme como una bendita.

Yo estoy que me caigo de sueño.

-Buah,... la compañía y la jarana la animarán.

-Déjense de cháchara y piquen a la salud de mis primos

y antes de que Servando acabe con la comida.

-Oye, oye, oye. -¿Y dónde está la pareja?

-Preparando una sorpresa. A saber qué será.

-Me da que han traído un condumio del pueblo.

Con pensarlo, se me hace la boca agua.

-Yo no sé de qué se trata,

pero mi primo ha vuelto más contento que unas castañuelas.

-Quieto parao to el mundo que ya estamos aquí.

-¿Y eso? -La sorpresa que les había prometío.

-¿Y tanto bombo pa unas chuletas?

-Unas chuletas, no. Las chuletas de la Remigia.

-Ahora sí que no entiendo nada. -Yo se lo explico.

Cuando estuvimos en el pueblo, Jacinto se reencontró con su oveja

y pudo despedirse de ella como Dios manda.

-Hablé con la oveja

y le conté lo sucedido, y la Remigia me dio a entender su satisfacción

por ser engullida por un grupo tan simpático.

Es una muestra de respeto para ella.

-Sí, sí, nos hemos traído hasta la lana,

por si alguna quiere hacerse unos borceguíes.

-¿Quieres que nos comamos a la Remigia?

-Justamente.

¿Esto no es lo más disparatado que han visto en su vida?

-Estos están chalados.

¿Les damos de las pastillas de Úrsula?

-Agustina, o se las damos a ellos o nos las tomamos nosotras.

Venga, piquen, piquen.

-Madre mía, primo, qué barbaridad,

la Remigia está de muerte.

-Como que ha comido siempre en los mejores prados.

Pero, coman, coman, que se enfrían. -Un borrego siempre será un borrego,

se llame como se llame, no le vamos a hacer el feo de no comerlo.

-Pero esta se llamaba Remigia. -Pues vamos a comernos a Remigia.

-¡Por la Remigia!

-¡Por la Remigia! -¡Por la Remigia!

Y resultó que las chuletas eran de Remigia,

la oveja de Jacinto.

No puedo creer que hicierais algo tan raro.

El hombre se empeñó en que nos la teníamos que comer,

e insistió tanto...

La verdad es que estaba de rechupete.

¿Y Jacinto también comió?

El que más. Se puso las botas.

Madre mía.

A ese hombre le falta un hervor,

me da hasta miedo tenerlo de portero.

Si se ha comido a la oveja que más quería,

¿qué no hará con un mozo que entre en el portal?

No creo que haga chuletas.

No me agrada hablar de esto, me voy a hacer vegetariana.

¿Estás segura?

Claro que no, ¿cómo me voy a hacer vegetariana?

-Buenas tardes. Hola.

Escuchar el notición que traigo.

Me han propuesto que asuma el papel del rey de Judea,

na menos que el protagonista de la obra.

Enhorabuena, padre.

Me ha dicho el director que pongo tanto empeño interpretando,

que hacer de pastor se quedaba corto

y, como ha tenido un enganchón con el protagonista,

me ha dado a mí el papel.

-Mucho mejor que haga de rey, señor,

porque los pastores terminan medio chalados.

Me alegro mucho por usted. Yo también tengo novedades.

Emilio tiene entradas para un café teatro.

Vamos a ir a buscar ideas para preparar nuevos pasos.

Me parece fetén,

seguro que se te ocurre algo de lo más pinturero.

¿Y tu madre? ¿Dónde anda, que no la he visto?

-Ha ido a la peluquería.

No quiere que le corte yo las puntas, a saber por qué.

-Qué raro, no me ha dicho na.

-Habrá pensado que tenía usted otros planes.

-Así es, pensaba ir a una merienda que organizan en el restaurante

para presentar y dar la bienvenida a la sobrina de don Armando.

Puede ir perfectamente sin ella.

No, no me apetece ir solo como si fuera un viudo.

Arantxa, ve a decirle ahora mismo a don Liberto

que causamos baja en el ágape. -Voy a escape.

-¿Me ayudarás a ensayar? Ahora tengo más texto.

Eso está hecho. ¿Tiene aquí la obra?

Digo, aquí mismo.

No me separo de ella ni un segundo,

cualquiera sabe cuándo voy a poder ensayar.

Vete a la escena tres, que es la que peor me sale.

Y tú haz de princesa, te va a salir requetebién.

(CARRASPEA) Hoy tengo la voz...

Ah... (HACE PEDORRETAS)

Le agradezco que haya venido, quería que conociera a Carmen

antes del ágape del restaurante.

-Es para mí un placer. -Igualmente.

-Siento haber llegado tarde.

-No se apure, hemos pasado un buen rato charlando las dos.

-Me alegro mucho, porque deshacer los bultos que traigo,

me ha llevado más tiempo del que pensaba.

-¿Se ha traído todo su estudio?

-Me hubiese encantado, pero hoy por hoy,

no es posible, he traído lo imprescindible.

-He de reconocerle que me da curiosidad

ver el lugar donde trabaja una artista.

-Puede visitarme cuando quiera.

De hecho, he invitado a su marido.

-¿Ah, sí?

-Me ha dicho que le interesaba conocer los detalles de mi oficio.

-Es normal, las artistas resultamos muy llamativas

para los legos en la materia.

También he sido pintora.

-Anda.

Entonces, conoce los sacrificios que tenemos que hacer

los artistas para conseguir una obra interesante, ¿verdad?

-Es de suponer

que lleva su tiempo hacer un buen dibujo o pintar un buen cuadro.

-A veces me paso días enteros

delante de un lienzo esperando la inspiración.

-¡Qué horror! ¿y qué es lo que hace entonces?

-Esperar a que surja la chispa.

Esas crisis suelen ser la antesala de mis mejores obras.

Los artistas estamos siempre a la espera de una idea brillante.

-Lo sé por mí misma y por mi hija, también es artista, escritora.

Vive en Lisboa. Leonor...

Ella siempre estaba tomando notas, para todo,

para su próxima novela, su artículo en el diario...

Yo creo que lo hacía hasta dormida.

A todo esto, tengo entendido

que en los salones de Europa tienen a gala invitar a los artistas.

-Bueno, más o menos,

sobre todo a los que ya están consagrados,

el resto es ignorado.

-Aquí no vamos a ser menos, usted tiene abierta esta casa.

A elegantes, sofisticados y bon vivant no nos gana nadie.

Anda que no he comprado yo cuadros de esos de frutas en el rastrillo.

Tiene que ver unos platos que tengo de Talavera,

eso sí que es una obra de arte.

Menudo mérito tiene pintar esas flores pequeñitas.

-(RÍE)

-Sí, la artesanía merece todo mi respeto.

Estaré encantada de verlos.

-Me da que nos vamos a llevar "très bien".

Ay, tengo que llevarla a un sitio

que le pintan el cuadro que quiera en un día.

-Anda, sí que son rápidos.

-Son casi iguales, son "magnifiques".

Ay, perdona Carmen, nosotras hablamos en francés.

-No se preocupe, de momento lo voy entendiendo todo.

-Yo les pedí que me hicieran un cuadro del pintor ese de Toledo

que lo saca todo alargado,

pero les dije que me quitaran al muerto.

-Es que... el Greco no es muy alegre que digamos.

-Bueno, dentro de un rato conocerá a los señores de Acacias.

"La créme de la créme". La flor y nata.

-Estaré encantada de conocerlos a todos,

si son como usted, no voy a aburrirme en Acacias.

-"Je suis trés content".

-Sí, gracias.

(Pasos)

Uy... ¿Qué tienes? Estás sofocado.

-Será el amor que siento por ti.

-No sé qué será, pero estás muy raro.

Hoy han venido

Emilio y Cesáreo, y los dos con el mismo recado:

"Ya te tienen la respuesta para aquello".

¿Qué es aquello? No me lo han querido decir.

-Por lo que estaba un poco raro.

Pero no pienses mal.

Santiago, ¿qué está pasando?

-No es nada de enjundia.

Estoy preparando una cosa y he pedido ayuda a algunos.

-¿Una cosa?

¿Puedes ser menos misterioso?

-Quería que fuera una sorpresa para ti,

pero tú, además de avispada, eres curiosa.

-En ese caso no me lo digas.

Solo he tenido una sorpresa en mi vida,

aún lo recuerdo con alegría. -De acuerdo, no te diré nada,

pero no creo que mi sorpresa te guste tanto.

-¿Quién sabe?

Tendremos que esperar a su momento.

Pero te puedo dar una buena noticia.

He estado hablando con Lolita,

como su embarazo está muy avanzado,

te quiere contratar algunas horas para que le ayudes.

-¿Puedo trabajar entonces?

-Pero no será toda la jornada.

Lolita aún está fuerte y tú necesitas recuperarte.

-Me parece muy bien, aunque podría hacer más cosas.

-No sufras por eso,

Lolita te ha conseguido otra ocupación.

En la tintorería de la calle Olmo necesita una planchadora.

No tienen espacio allí,

pero te puedes traer la ropa y devolverla en perchas.

¿Qué te parece? -Estupendo.

No solo has aceptado que trabaje,

además me has conseguido dos empleos.

¿No será esa la sorpresa?

-No, espero que la sorpresa te guste aún más.

Ah, por cierto.

Toma. Es para ti.

Para tus prácticas de bordado.

-Eres tan bueno conmigo...

A Marcia le va a encantar la sorpresa de Santiago.

-¿Ya lo tienen to listo?

-Estamos en ello.

Emilio también está colaborando para que salga bien,

Santiago va a necesitar la ayuda de todos.

-Cuente conmigo, sobre todo si hay que cargar algo.

Que vengo del pueblo hecho un toro.

Parece que le ha sentado bien el viaje.

-Y tanto,

ver a mi antiguo rebaño y congraciarme con la Remigia,

me ha dao la vida.

-En los pueblos se recupera la paz que perdemos en las ciudades.

El aire y la buena alimentación son las bases de la buena salud.

-Será por lo que sea, pero menudas calenturas la Marcelina y servidor,

eso era pa verlo.

-No queremos saber tus intimidades.

-Hombre, era un decir.

-El caso es que el aire del campo revitaliza, ¿sí o no?

-¿Eh? Perdón, no...

-Decíamos que visitar el pueblo de uno anima en todos los sentidos.

-Sí.

-¿Está bien? Está muy callado.

-Y usted no se calla ni debajo del agua.

-No es nada, que me ha dado un no sé qué

cuando has hablado de la Remigia.

-¿Está triste por ella?

-No, es que no me ha sentado bien que nos la hayamos comido.

-¿No será un empacho?

-No, qué va, pero tanto hablar de ella,

pues ya me parecía que era una persona.

-Por eso no se apure,

ella estaba encantá de que diéramos buena cuenta de sus carnes.

No puedo evitar que... me dé pena

cuando hablamos del pobre animalito.

Me da igual, que tengo que hacer cosas en el almacén.

-Sí que estamos listos, usté se alegra y este se entristece.

-Es que a esos animalillos se les coge mucho cariño.

-Hay que ayudar a Servando,

que cuando coge berrinches, no los suelta en meses.

Como no lo llevemos a mi pueblo a ver si se anima, no sé.

-Se me ocurre una idea mejor,

pero tú y Marcelina me tenéis que ayudar.

-Lo que sea por animar a Servando,

a fin de cuentas, to esto ha sido culpa mía.

Sí, yo...

Estoy encantada con este recibimiento,

no esperaba sentirme como en casa tan pronto.

-Otra cosa no, pero nos encanta recibir a los forasteros.

-Ya lo estoy viendo.

Gracias, don Liberto por esta recepción que ha dado en mi honor.

-No tiene importancia, es la mejor forma de que conozca a todos.

Lástima que los Domínguez no hayan podido venir.

-Nuestro local está a su disposición.

Estamos deseando tenerla como clienta.

-Gracias. -Como barres para casa, Emilio.

-Si lo prefiere, barro para la suya.

Es una mujer tan especial...

Tiene mucho mundo y un "je ne sais quoi",

que la hace muy especial.

Es una suerte que llegue al barrio una persona como ella,

porque así, las que tenemos un poco de "savoir faire",

no estamos tan solas.

-No recordaba que hablara tan bien el francés.

-"Naturellement", es la lengua más internacional,

y yo me tengo por una mujer muy "sofistique".

-Rosina no necesita abuela.

-Sí, parece muy elegante.

-¿Una copa, señores?

-Uy, uy, uy.

-Lo siento, lo siento muchísimo.

Lo siento mucho. -Toma, Camino.

-Perdón, perdón.

-Mira, déjalo, de verdad, si no tiene remedio.

-Le ruego que disculpe a mi hija, ha estropeado su fiesta.

Le compensaremos por el estropicio del tocado.

-En absoluto, ha sido un accidente, no pasa nada.

Además, este tocado está pasado de moda,

así que, no merece la molestia ni el gasto.

-Lo siento.

-Así que, ¿ella es su hija? -Sí.

-Encantada. Soy Maite.

-Encantada.

-Camino, por favor, recoge todo esto.

-Sí.

Úrsula.

¿Doña Cayetana? Sabía que era usted eterna.

Sabía que no había muerto en aquel incendio.

El fuego se combate con fuego.

Estaba convencida de que volvería, que no iba a dejarme sola.

He rezado noches enteras por volverla a ver.

¿Se puede?

¿Margarita?

Válgame Dios,

esto tiene más porquería que el palo de un gallinero.

Si hay miseria por todas partes.

-¿Usted qué hace aquí?

-Venía a hablar con usted y la puerta estaba abierta.

-¿Ha venido a insultarme?

-No, quería que nos viéramos.

-¿Para qué? ¿Para regodearse en mi desgracia?

-Yo nunca haría tal cosa.

Mi intención es otra distinta,

quiero que aclaremos algunas cosas.

¿Puedo sentarme? -No.

No hay nada que aclarar, si estoy así,

solo es por culpa suya.

Yo jamás le he deseado el mal a nadie,

siempre me he comportado de forma honesta con mis compañeras.

-¿De verdad cree lo que dice?

Si tuviera una pizca de conciencia,

usted no podría dormir por las noches.

-Está equivocada,

yo no soy la causante de sus desgracias,

esto se lo ha buscado usted sola. -Miente.

No paró hasta deshacerse de mí,

me tenía miedo y envidia,

pensaba que podía hacerle sombra.

-¡Nunca pensé tal cosa!

Margarita,

si usted no pudo triunfar,

perdóneme que le diga, solo fue por su culpa.

-No, eso no es cierto.

Ya me arruinó una vez en el pasado

y ahora ha vuelto a hacerlo al impedir que se proyecte la película.

-¡¿Qué otra cosa podía hacer?! ¡Eran solo mentiras!

-Nunca va a admitir que eso fue lo que pasó,

le escuece demasiado el pasado.

Si quiere ayudarme, permita que se proyecte la película,

así recuperaría mi dinero.

-No, eso es imposible,

¡no consentiré que mis admiradores piensen que yo fui así!

-Entonces, fuera de aquí, no quiero seguir escuchando

sus excusas.

Por usted estoy en la ruina,

nunca recuperaré el dinero que invertimos, ¡nunca!

-¡No puede culparme de haber rodado tal disparate!

-¡Fuera de aquí!

Solo espero que se pudra en el infierno.

Nunca le voy a perdonar en lo que ha convertido mi vida.

Fuera. ¡Fuera le he dicho!

Perdóneme, Cayetana, no debí resignarme a su perdida,

debí buscarla, ayudarla a recuperarse.

He sido débil.

Le he fallado,

pero ahora estaré a su lado,

las dos juntas volveremos a ser fuertes como antaño.

(Puerta)

¿Qué hace en mi casa otra vez?

Esta ya no es su casa.

La señora ha vuelto a recuperar lo que le pertenece.

La única señora soy yo

y le he dicho mil veces que permanezca en el altillo.

Yo haré lo que me venga en gana

y usted me dejará en paz por la cuenta que le tiene.

No se atreva a amenazarme.

No voy a acatar sus órdenes, ¡ya no es mi señora!

¡Ella ha vuelto!

No está usted en sus cabales.

¿No me ha escuchado? ¡Ya no tiene ningún poder sobre mí!

¡Estulta!

¡Úrsula, suélteme! ¡Úrsula, Úrsula, Úrsula, quieta!

¡Quieta, por favor, quieta, Úrsula, quieta!

¡Quieta!

No conoces a la verdadera Úrsula.

No la conoces.

¿Pretendes que tenga miedo de una criada?

Es muy peligrosa, créeme.

Que la señorita Zaldúa puede hablar de política internacional

y con criterio.

Y estará de acuerdo que no es una cualidad muy extendida

entre mujeres.

-Pero en Francia todos pueden hablar de lo que sea, hasta las mujeres.

Pero Margarita no tiene nada.

Empezamos igual y ella no tiene nada.

-Ah, pues démosle la vuelta al mundo.

¿Tenemos al músico? -Así es.

Don José ha quedado en tantear a sus amistades

y, conseguir incluso, un percusionista.

-No vendría mal. ¿Les ha dicho que serán aires brasileños?

-Que sí, no se ponga usted ansioso.

Todo saldrá bien. -Agradecido. ¿Está preparao?

-Estaré pendiente. -¿Sabe lo que debería hacer?

Estudiar a Shakespeare,

así le iría cogiendo el tranquillo a eso de los monólogos.

Es el autor de referencia para todos los actores.

-¿De veras? -¿Qué le pasa?

¿Vuelve a padecer por don Felipe? -Ya. Parece que se va asentando.

-Más le vale, porque si sigue bebiendo los vientos por Marcia,

va a pasar las de Caín.

No me has contado nada de la señorita que ha llegado al barrio.

¿Ah, Maite? Estuvo cenando en el restaurante.

Lo ha convertido en su lugar preferido.

Algo masculino eso de hacer de un bar tu paradero.

Oye, bar no, restaurante.

Un poco suelta con los hombres.

-Ahí quería llegar yo.

Ya sabéis que me muero por lo moderno.

Que haya invitado a nuestros esposos a visitarla, ya empieza a escamarme.

-Llueve sobre mojao.

-¿Qué?

¿Puedo verlo?

Tienes a una loca peligrosa en tu casa.

No, tengo en mi casa a una criada que lo está pasando mal.

¿Qué te ata a esa mujer?

Es solo compasión.

Caridad cristiana.

Cristiana o pagana,

no voy a dejarla en la calle cuando más lo necesita.

Espero que algún día me cuentes qué te ata a esa demente.

Mucha suerte va a tener que tener Úrsula

para que no la lleven al sanatorio.

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Acacias 38 - Capítulo 1133

06 nov 2019

Cinta y Emilio van a un espectáculo para coger ideas para el regreso de la joven a los escenarios. Jose llega con una gran noticia: le han dado el papel protagonista de la obra. Bellita va a ver a Margarita sin que lo sepa su familia, esta la echa de su casa y la culpa de su desgracia.
Jacinto y Marcelina regresan del pueblo con una noticia: ¡La Remigia estaba viva! y ofrece las chuletas de la oveja.
Todo Acacias está encantado con Maite. La artista está a punto de recibir sus obras de París e invita a los vecinos a que vayan a visitar el estudio. Rosina intenta imitar a Maite. Durante una tarde en el restaurante Maite y Camino se conocen.
Marcia se da cuenta de que Santiago está preparándole una sorpresa. Genoveva aborda a la criada y la acusa de haberle hecho daño a Felipe.
Úrsula está cada día peor de la cabeza y Agustina y Fabiana lo comentan entre ellas. Genoveva intenta echar a Úrsula de casa y esta se pone violenta. Felipe llega en ese momento y las separa.

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  1. Aleja

    Margarita y Bellita no parecen de edades similares, como para haber compartido el mismo escenario y haber empezado sus carreras artísticas al mismo tiempo....

    08 nov 2019