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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1131 - ver ahora
Transcripción completa

Tantos años tratando de evitar que me dedique al arte,

y ahora, parece de que sería una tragedia si no lo hiciera.

En ocasiones, los padres nos equivocamos.

Nada me dolería más

que verte alejarte de aquello pa lo que naciste.

-Comentábamos lo buena pareja que hacen don Felipe y usted.

Esperemos que pronto no sea solo en los papeles.

-"Estoy algo nervioso".

-No se extrañe, hoy es su primer ensayo con el grupo parroquial.

Los nervios son normales.

Me llevo al Jacinto pa su pueblo. -¿Así, de repente?

¿No habrá ocurrido una desgracia?

Tengo que lograr que se recomponga de la muerte de la Remigia.

Oye, José, esta tarde iba a salir a hacer unas compras

por las boutiques del centro, ¿me acompañas?

-¿Esta tarde?

Había pensado en ir al Ateneo.

Sí, al Ateneo,

a escuchar una conferencia, una conferencia muy interesante.

Felipe y Genoveva deberían y van a acabar juntos.

Y yo, mientras tanto, me siento cada vez más confundida.

No dejo de pensar que mi esposo pueda ser un impostor.

Debo hablar con la única persona que me puede ayudar.

Voy a hablar con Felipe. -"Vengo del Ateneo".

-Precisamente, mi esposo está en el Ateneo en una conferencia.

Quizá le haya visto.

-Se equivoca, el salón del Ateneo está en obras.

No se podrán celebrar conferencias hasta dentro de unos días.

He estado removiendo Roma con Santiago tratando de obtener

un permiso para que pueda acompañarme en la misión del rey.

-¿Yo?

No deje escapar esta oportunidad de ser feliz.

¿Me está engañando con otra? -¿Qué cosas dice?

Hoy me ha asegurado que venía de una conferencia en el Ateneo

y me he enterado que la sala está en obras.

-Estamos a tiempo de acudir a la ermita de San Humberto.

Le parecerá una locura, pero... quiero que nos case su párroco.

-¡Por supuesto que sí!

Es una tarjeta de visita...

de un elegante lugar en la montaña.

No lo comprendo, Felipe.

Pasaremos el día allí.

¿Felipe?

(LLORA)

(LLORA)

Te amo más que a mi vida. Pues ya está todo hablado.

Querida, te traigo a un admirador.

¡Quieto, Andrade!

(Disparo)

-¡Felipe!

¡Llamen a un médico, por favor!

¡Un médico, llamen a un médico, por favor!

(Aplausos)

¿Santiago?

-Esposa mía.

-"Esto se tiene que acabar".

(LLORA)

Perdóname, señora... por lo que voy a hacer.

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

(SE AHOGA)

¿Marcia?

¡Marcia! ¡Ah!

¿Qué te pasa? ¡Marcia! ¡Ah!

-(SE AHOGA)

-¡Ay, mi niña, no! ¡Socorro, ayuda!

¡Ayuda!

No te vayas, niña, no.

¡Cesáreo, corra! ¡Venga, rápido!

-¿Qué ha pasado?

-No sé, me la he encontrado aquí en el suelo.

-Vamos a llevarla a la pensión.

Vamos. -Espera.

-(SE QUEJA)

(MARCIA RESPIRA CON DIFICULTAD)

(Sintonía de "Acacias 38")

¡Socorro, ayuda!

-¿Ha oído eso, Servando?

-Alguien está gritando. -¡Socorro!

-Será un borracho de parranda. -No, es una voz de mujer.

¿Qué pasa? -¿Y esto?

¿Qué le ha pasao?

-Le ha dado otro ataque, no puede respirar.

-¡Se ha tenido que dejar el inhalador!

¡A su cuarto, rápido!

¡Servando, unos paños húmedos!

-Voy, voy. -Agustina, ¿cómo ha sido?

-No lo sé, no lo sé, no lo sé.

¡Rápido! Aguanta, hija, aguanta.

-No reacciona.

-¡Démonos prisa! -No reacciona.

Marcia...

No reacciona. -Fabiana, ¿lo encuentra?

-Estoy en ello. ¡Estoy muy nerviosa!

¿Lo ha buscado usted bien? Tome, Agustina.

-Aquí, aquí. Dios mío, que no, solo es la funda.

-Madre mía. -Madre del amor hermoso.

Ahí.

(RÍE)

Ya me explicarás por qué me has hecho bajar.

Te quiero en mi lecho, he añorado tanto dormir contigo...

¿Solo dormir?

¿Ese es tu plan?

No. Mi plan es encerrarte en mi alcoba para siempre.

Tentador, pero entonces no podremos ir mañana a la sierra.

Vamos otro día.

A partir de ahora, pienso disfrutar de cada minuto libre a tu lado.

Espera, no tan deprisa.

¿Acaso no deseas lo mismo que yo?

Por supuesto que sí,

pero ¿no crees que deberíamos ir más despacio?

No era mi intención presionarte.

Genoveva, no, por favor.

Se nos va, no reacciona.

-No podemos dejarla así, tenemos que hacer algo.

-Voy a buscar un coche. Hay que llevarla a un hospital.

¡Marcia! ¿Qué ha pasado?

Otro ataque. -¿Le habéis puesto el inhalador?

-No lo encontramos. Solo está la funda.

-Lo hemos buscado por todas partes. -No hay manera.

-Siempre lo lleva consigo, tiene que estar por aquí.

-Tranquila.

Tranquila, Marcia.

-Aquí está.

Aquí está.

-Tranquila, Marcia, tranquila. -Ya está, Marcia, ya está.

-¡Por el amor de Dios! -Ayúdeme, Cesáreo.

Mi niña, tranquila.

-Calma, hija, calma, calma.

Calma, hija.

-Tranquila, mi amor, tranquila, tranquila.

Muy bien, amor.

Muy bien, amor.

Muy bien, muy bien.

-(MARCIA RESPIRA LENTAMENTE)

-Ya está. Respira. Despacio, muy bien.

-Muy bien, amor mío.

-Gracias al Señor. -Muy bien.

Ya pasó.

Ya pasó.

Ya está.

No ha tocado el pan. ¿Le preparo otra cosa?

Señora, ¿se encuentra bien?

-Sí, digo no, no me traigas na.

No tengo apetito. -¿No ha pasado buena noche?

-¿Cómo? ¿Durmiendo con un adúltero?

-Chist, chist.

-Pues no, no he pasado buena noche.

Señora, no se precipite en sus conclusiones,

a no ser que tenga algún otro indicio.

-Si vieras cómo dormía,

como un bendito na más tumbarse en la cama.

Por no hablar de la cena, ¿dejó algo en el plato?

-Rebañó como un obispo.

¿Quieres más indicios que ese?

Está claro que es feliz con su amante.

-Señora, yo es por llevarle la contraria,

solo le pido que se calme y que actúe con más cordura.

-¿Cordura?

¿Te parece poco que aún no le haya arrancado los ojos?

-Por favor, no le llame así al señor.

¿Está segura de que le dijo el Ateneo y no otro sitio?

-Tan segura como que por el río va el agua.

-Hable con él, seguro que se trata de un malentendido.

-¡Pero si tú misma escuchaste cómo se jactaba de engañarme!

-A ver...

(Pasos)

-Muy buenos días a las dos, y en especial, a mi lucero del alba,

que no te he sentío levantarte.

¡Tengo más hambre que un chavalín enamorado!

-Ya me ha dicho la señora que está usté asistiendo

a unas conferencias de lo más interesantes, ¿eh?

¿Y dónde son?

-En el mismísimo Ateneo. -Vaya.

-Concretamente, en el salón de actos.

Por cierto, qué maravilla de sala,

tienen un busto de la diosa Atenea, que parece que te va a hablar.

Esa mujer debió ser muy guapa.

-Eh... ¿Quiere solo el pan? Igual le apetece otra cosa.

-Pues sí, pues sí,

unas rosquillas.

-No... -Ya voy yo. ¿Quedan en la cocina?

-Unas dos docenas. Encima de la mesa están.

-¿Se puede ser más embustero?

¿O no?

Y tú le das rosquillas.

También... -A ver...

Cuente, ¿cómo fue la boda? ¿Iba guapa doña Susana?

-Sí. Bueno, a su estilo, ya sabes, tradicional... y con cierto recargo.

-¿Y don Armando se puso el traje de gala de diplomático?

- Ya ves si se lo puso.

Creo que hasta le quitaba años, ¿verdad?

-Años no sé, pero sí que le daba cierto empaque a la boda.

¿Y también lucía medallas?

Tendría que llevar muchas en la solapa.

-No me he fijado, pero imagino que alguna llevaría.

-Por cierto, ¿los diplomáticos

llevan también espada?

-No. No seas tan cotilla y tráenos algo para acompañar el café,

no me acostumbro a estas bodas sin convite.

-Una pregunta más,

¿se han marchado ya los novios?

-Sí, sí. Como dos prófugos de la justicia,

que ni un triste canapé nos han dado para celebrar el desposorio.

-No malmetas, Rosina,

sabes que tenían que coger un tren.

¿Para qué querías canapés, si no era la hora de cenar?

-No pase pena, señora,

que tengo en la cocina unos emparedados que he preparado.

Ahora se los traigo.

-(SUSPIRA)

-La vamos a echar de menos.

-Sí. La de vueltas que da la vida, ¿eh?

Hace días, tu tía Susana se iba a ir a Génova a ver a su hijo,

y ahora, la tenemos casada rumbo a Francia.

-A mí también me ha sorprendido lo rápido que ha ido todo,

pero me siento muy feliz por mi tía.

-Sí. ¿Quién la ha visto y quién la ve?

Con lo comedida que ha sido siempre.

-Algo ha tenido que ver en Armando para lanzarse de esa manera.

-He de reconocer que nunca había visto a Susana tan ilusionada.

Don Armando ha sabido

despertar en ella algo que creía muerto.

-Es un hombre muy curioso. ¿Sabes que me ha dejado un encargo?

-Ah, ¿sí? -Sí.

-Aquí están, señores.

He hecho unos emparedados de huevo hilado,

que me he acordao de doña Susana, a ella le pirraba.

-Buena forma de tenerla presente.

-¿Se quieren creer que ya la echo de menos?

-Pues se acaba de ir, Casilda.

-Sí.

Puede que pasen mucho años hasta que la volvamos a ver.

-¿Años?

-Claro. ¿No es eso lo que hacen los diplomáticos,

pasar años en otros países?

-Liberto, no lo había pensado. ¿Qué voy a hacer sin ella?

-Perderás a una amiga, pero siempre me tendrás a mí.

Gracias, querido.

Aquí tienen.

-Buenos días, Camino. -Buenas. ¿Ya de recogida, Cesáreo?

-Sí, ha sido una noche larga y accidentada.

Estoy deseando coger el catre.

-He oído que Marcia sufrió una crisis respiratoria.

-Sí, su salud se ha resentido mucho desde su convalecencia.

-Pensé que tenía controlado esos ataques de asfixia.

¿No le habían dado una medicación? -Sí, un inhalador.

Pero no aparecía,

menos mal que llegó Santiago y lo encontró entre sus ropas.

-Gracias a Dios.

-¿Qué hace el quiosco abierto?

¿No están Marcelina y Jacinto en el pueblo?

-Tiene razón, parece que hay alguien.

Antes no había nadie hace un segundo.

-Voy a ver.

¡Servando, ¿qué hace aquí?!

¡Casi se lo clavo! -Leche.

-La Marcelina,

La Marcelina nos pidió a Fabiana y a mí

que nos hiciésemos cargo del negocio en su ausencia.

-¿Por qué coloca las flores donde los periódicos?

Marcelina no lo coloca así.

-¿No me diga que no queda mucho más bonito y lucido así?

Antes estaba todo manga por hombro y no había quien se aclarara.

-¿Está seguro que le parece bien a Marcelina?

Le ha pedido que venda periódicos, no que se los descoloque.

-Cesáreo tiene razón, si Marcelina tiene sus cosas así, será por algo.

-Por eso, por respeto y responsabilidad.

Como emprendedor que soy,

he decidido mejorar el servicio que me han encargado.

-¿Y cómo va a hacerlo, poniendo patas arriba?

-Métase en sus asuntos y déjeme en paz,

¡que por algo soy el propietario en funciones!

Si quiere unas flores o un periódico, me lo pide, si no, agua.

-Servando, un respeto.

-¿Un respeto? Agua, agua.

-Camino, buenos días. -Con Dios.

-Buenos días. -Con Dios.

Ay, pobre Marcia, boqueando como un pez fuera del agua estaba.

-Pobre muchacha, no sale de una para meterse en otra.

-Que digo yo,

que es muy raro eso que le pasa.

-¿Raro por qué?

Después del tiro, Marcia quedó muy perjudicada.

-No digo que no,

pero los médicos dijeron que los ataques no tenían nada que ver

con esa herida.

-¿Qué me quiere decir, Fabiana?

-A ver, no quiero irme de la lengua, Agustina,

pero a Marcia le falta el aire cuando se pone nerviosa,

muy nerviosa. Eso lo hemos visto todos , ¿no?

-Sí.

Cuando apareció su esposo

estaba muy alterada.

-Pues anoche, estaba igualica que entonces.

Más allá que acá.

-¿Y cree que le ha podido pasar algo?

-A ver, todo esto es hablar por hablar, Agustina,

que servidora no ha podido hablar con ella todavía.

-¿No ha salido del cuarto?

-(NIEGA) Allí está descansado.

-A las buenas.

¿Se han enterao de que doña Susana se ha ido?

-Será un compromiso con alguna de sus amigas de la novena.

-De eso na, señá Agustina.

Ni amigas, ni novena.

Se ha casao con don Armando... -¿Qué?

-...y se ha marchao a Francia. -¿Doña Susana se ha casado?

-Pero ¿no se iba a Italia a ver a su hijo?

-Eso era antes de que el diplomático llegara a casa y se la llevara.

-Me cuesta creer que doña Susana

se haya casado tan precipitadamente.

No la reconozco.

-Ni yo, pero me alegro por ella, que falta le hacía.

Ni todo el azúcar de Cuba endulzaba a esa mujer.

-Verdad es que doña Susana tiene mucho genio,

pero no es mala persona. Es todo fachada.

-Pa chasco que sí.

Una fachada más grande que el Palacio Real.

A mí me tenía enfilá, y luego es un cacho de pan.

-Claro que sí, Casilda.

Por cierto, ¿te has enterado del ataque de Marcia?

-¿Qué le ha pasao?

-Anoche, que se volvió a quedar sin respirar.

-Ay, Dios mío. -En la pensión está,

no ha salido del cuarto desde entonces.

-Ahora mismo voy a verla. -No, quieta pará,

que su marido está cuidándola.

-Señá Fabiana, necesito ir a verla.

-Ya, ya te avisaré yo cuando sea conveniente.

A ver si por ayudar, solo vas a incordiar.

¿Quieres ayudar?

Pues venga, ayúdanos a nosotras, a nosotras sí. Siéntate.

Toma. Aquí.

¿Estás bien?

Bebe un poco, te templara el cuerpo.

-No has ido a trabajar.

-He mandado un aviso diciendo que mi esposa está enferma.

Marcia, ¿qué te preocupa? Sé que hay algo que te inquieta.

Si no me lo dices, no podré ayudarte.

-Estoy bien, Santiago,

no sé a qué te refieres.

-¿Por qué no usaste el inhalador?

No voy a presionarte, pero te ruego que no lo vuelvas a hacer más.

No soportaría volver a perderte.

Prometo que te cuidaré y te haré feliz cada día de tu vida.

No soporto verte sufrir, ¿me entiendes?

-Gracias por preocuparte por mí.

-No te arrepentirás de estar a mi lado.

Voy a por la comida,

debes reponer fuerzas.

Tiene que haber algo que delate a este embustero.

-¿No sería mejor preguntarle directamente?

-¿El qué, si me está poniendo la cornamenta con otra?

-Tampoco hace falta ser tan directa.

Con decirle que la sala del Ateneo está en obras...

-Sería preguntar pa na.

Mira, una amiga de toda la vida decía que los maridos infieles

siempre niegan el pecado.

-A ver...

Señora, no, no se precipite,

que tenemos pruebas de que esa mujer exista.

-Mira, solo me queda la evidencia, y en cuanto la tenga,

ya se puede ir bien lejos,

antes de que me lleven presa por arrancarle las tripas.

-Si me dice qué busca, yo le puedo echar una mano.

-No sé, una carta, una nota de una mujer, ya sabes.

-No, no sé.

En el norte conquistamos más con el estómago que con las letras.

(Puerta)

Buenos días. Hola.

Camino me ha dicho que Marcia sufrió otra crisis,

¿tú sabías algo, tata? Primera noticia.

Como hoy he madrugado, no he coincidido con las compañeras.

En cuanto me cruce con el sereno,

le pido que me ponga al tanto.

-Qué fatiga de chiquilla, a la pobre no le sale na bien.

Está claro que cada una lleva su cruz.

No sé por qué dice eso,

el marido de Marcia me parece un hombre decente.

¿Decente? Sería el primero.

Na, na de na. Pero ¿qué busca?

Na, cosas mías.

¿Cómo estás, tesoro?

Ayer estuve hablando con padre

sobre mi decisión de no pisar un escenario.

Maldita sea la estampa del Carchano ese.

Lo he pasado tan mal,

que se me han quitado las ganas de todo.

Pero no puedo dejar que ese hombre cambie mi vida.

Bien dicho.

Según padre, tengo que seguir mis instintos y hacer lo que me guste,

aprovechar cada momento.

Me ha dicho que si dejo pasar este tren me arrepentiré toda la vida.

Y que todos tenemos derecho a encontrar nuestro destino.

Sea. ¿Eso te dijo el libertino de tu padre?

¿Por qué le llama libertino? Mira...

Me voy, que me conozco,

¿Se puede saber qué le pasa?

-¿A tu madre? Nada.

¿Qué le va a pasar? Jesús.

Parece mentira que no la conozcas, ¿eh?

La conozco perfectamente, por eso intuyo que algo le ocurre.

Y tú me lo vas a decir. ¿Yo?

Yo no quiero liarla más.

Pues ya la has liado.

O me lo dices tú o se lo pregunto yo directamente.

Tu padre.

Tu madre cree que tiene una amante.

¿Mi padre una amante?

Vaya paradoja que doña Susana haya protagonizado

una boda tan precipitada.

-Con lo estricta que es ella con los plazos y las tradiciones.

-Nunca hay que decir de esta agua no beberé.

-¿Y dice que se fueron directamente de viaje?

-Prácticamente, el tren a Francia salía dentro de una hora.

-¿No será una broma que nos están gastando a todos?

-A nosotros también nos costó asimilarlo.

Sabíamos que ambos se atraían,

pero nunca imaginamos que tomarían esta decisión.

Ha sido una sorpresa.

-Lamento no haberme podido despedir de ellos.

Con doña Susana he compartido toda una vida.

-Precisamente tengo algo para usted. -¿Qué es?

Don Armando me pidió que se lo entregara.

Será una nota de despedida.

-(LEE) "Estimado señor Palacios,

le agradezco profundamente su amistad

y confío que la distancia solo sirva para afianzarla".

"No olvide que en París, no solo tiene casa,

sino un amigo de verdad".

"Hasta pronto, Armando".

-"Yo no desecharía la invitación".

-Casa no sé, que allí viven mis hijas, pero desde luego

no dudaría hacerle una visita si al final nos animamos.

Carmen no conoce París.

-No quiero meterme donde no me llaman,

pero ¿cuánto tiempo vivirá la pareja en el extranjero?

-Yo sospecho que bastante, Antoñito.

La misión de don Armando tiene que ver

con la situación internacional.

-Las relaciones entre Alemania y Francia son bastante delicadas,

espero que no nos salpiquen esas disputas.

-¿Está sugiriendo que la situación podría derivar en un conflicto?

-Cabe esa posibilidad, hijo.

La inestabilidad en los Balcanes

puede arrastrar a las potencias europeas,

como Rusia o la Gran Bretaña.

-Confiemos que la diplomacia internacional evite

un derramamiento de sangre.

-Espero. No me gustaría que me hijo viniera al mundo

en pleno conflicto bélico.

-No seamos agoremos y demos un voto de confianza al género humano.

Propongo un brindis, aunque sea con café por la nueva pareja.

-Por don Armando y doña Susana. -Y por la paz de Europa.

(Puerta)

¿Se puede pasar?

-Claro, Casilda.

-¿Cómo estás, muchacha? Contigo no gana una para sustos.

-Mucho mejor, gracias por venir.

-Y antes habría venío, de no ser por la señá Fabiana,

que decía que tenías que descansar.

A mí no me engañas, Marcia, a ti te ha pasao algo.

-Fue una crisis respiratoria, no es la primera vez.

-Ya. Todos vimos cómo te pusiste cuando llegó Santiago.

¿Es por don Felipe?

¿Le viste antes de que te diera el ataque?

-No. Fui a buscarlo, pero no lo encontré.

-Entonces, ¿tiene que ver con Santiago?

-No, no me hagas decir cosas que no son verdad.

-Yo solo trato de ayudarte.

-No necesito tu ayuda, ¿lo entiendes?

-Se...

¿Qué está pasando aquí?

Casilda, ¿se puede saber qué le estás diciendo?

-Nada, señá Fabiana.

Solo le preguntaba qué había pasado cuando le dio el ataque.

-Y te he dicho que nada.

-Tampoco es para que te lo tomes a mal.

-Anda, Casilda, deja descansar a Marcia.

Ya hablaréis cuando esté más recuperada.

-Sí. -Hala.

-No te preocupes, no te voy a molestar más.

-Casilda, espera.

Perdóname,

estoy...

muy cansada.

-Descansa.

-Fabiana, yo sé que me quiere ayudar, pero no estoy bien.

-(SUSPIRA)

Casilda es muy buena, pero a veces no se da cuenta

de que la gente necesita su tiempo.

Marcia, aquí donde me ves,

he sufrido lo que no está en los escritos,

por eso sé lo difícil que es hablar de ciertos temas,

sobre todo, cuando se tratan del corazón.

Escúchame.

Métete esto en la chaveta.

Por muy mal que se vean las cosas,

la vida no se para, hija,

no se para,

y hay que levantarse pa seguir adelante.

Doña Fabiana,...

vi a Felipe y a Genoveva juntos.

Por eso sufriste una crisis

y no quisiste usar tu inhalador, ¿no?

-(ASIENTE) -Pobre muchacha,

pobre muchacha. Ven.

Que Dios te perdone, que Dios te perdone, hija.

-Fue horrible, Fabiana, horrible.

-Ya, ya.

Pero, Marcia, no tienes derecho a hacerle esto a Santiago.

-Lo sé.

(LLORA)

-Mírame.

La vida te ha puesto en bandeja a un hombre que se desvive por ti.

Deja ya de mirar el pasado y céntrate en el futuro.

No lo estropees, ¿me oyes? No lo estropees.

Además,

tú no estás sola, mi niña.

Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea.

Solo tienes que llamarme y la Fabiana acudirá.

-Muchas gracias, Fabiana, de corazón.

-Anda, venga.

Hala, debes descansar.

Descansa, angelito, descansa.

Yo vigilaré para que nadie entre a molestarte.

Tranquila. -(ASIENTE)

Mi lucerito...

Hala...

¿No debería hacer esto Úrsula?

Sigue indispuesta en el altillo.

No se me van a caer los anillos por servir el té.

-Hablando de anillos,

mi marido me ha contado lo de la boda de Susana,

que sorpresa

tan enorme.

-Bien calladito lo tenían.

-No teníamos ni idea de que se casarían tan precipitadamente.

-Bueno, creo que ha sido una boda muy íntima.

-Solo estábamos el padre Iván, que nos citó prontísimo,

los novios, Liberto y yo.

Nos pidieron que fuéramos los padrinos y aceptamos enseguida.

¿Dónde fue?

En la Ermita de San Humberto, está a las afueras de la ciudad.

-Yo he oído hablar de ella,

aunque se celebran pocos enlaces allí.

-¿Le dio tiempo a Susana a confeccionarse un vestido?

-Todo fue tan precipitado...

Eso no quita para que Susana fuera guapísima,

y don Armando, tan elegante como siempre.

-A lo que nos interesa, ¿hubo beso al final?

-(RÍEN) -¡Y menudo beso!

Cualquiera diría que Susana ha estado años sin catarlo,

demostró estar a la altura. Es que esas cosas nunca se olvidan.

-No estoy yo tan segura.

-Yo pensaba como usted, Felicia, hasta que conocí a Ramón.

Nada mejor

que un hombre tierno y atento,

para despertar sentimientos dormidos.

-Don Ramón es un hombre excepcional,

es usted muy afortunada.

-Y más lo sería si fuera tan joven y apuesto como mi Liberto.

-Rosina, que la belleza pasa,

pero la inteligencia y la bondad son cualidades que perduran.

-Lo que digáis, pero dar gusto al cuerpo y a la vista durante años,

eso no tiene precio.

-Rosina, está usted con lo de siempre.

Doña Bellita,

le noto ausente.

-Emberrechiná estoy con mi José.

No sé si estoy casada con un ángel o un demonio.

¿Han discutido ustedes?

Todavía no, pero tiempo al tiempo.

-Bellita, no se ensañe con él.

No he visto a un hombre tan pendiente de una mujer

como su marido de usted.

-Sé yo que mi José bebe los vientos por mí,

por eso no entiendo algunas cosas que hace.

-Entender a los hombres, mucho pide usted doña Bella.

-Los que parece que se entienden a la perfección

son Genoveva y Felipe, ¿me equivoco?

No, está usted en lo cierto.

Parece que por fin, Felipe se ha dado cuenta

de quién es la mujer que le conviene.

-Tengo que confesar que los dos hacen muy buena pareja.

-Pues sí, buena planta no les falta.

Muchas gracias por lo que me toca, doña Rosina.

A Felipe, ni los años ni las desgracias

han hecho mella en su atractivo.

-Me alegro mucho por los dos.

-Qué bonitos son los primeros días del amor.

Créanme, pensaba que jamás volvería a enamorarme.

Después de las terribles pérdidas por las que he pasado,

había descartado ese tipo de sentimiento.

Pero realmente, la vida nunca deja de sorprendernos.

¿Cómo puede estar mi madre tan segura de una infidelidad?

Esto me pasa a mí por no haber mantenido cerrado el pico.

Si piensa eso de mi padre será porque tiene pruebas, ¿verdad?

Dímelo, por favor, que no diré nada.

No quiero hablar más este tema hasta que tu madre no lo aclare.

No entiendo que la esté engañando. Yo también tengo mis dudas.

Pero tu madre es tan cabezota, como los bueyes de mi tío,

que eran capaces de derribar un carro de un embiste.

(Puerta)

-¿Se puede?

Emilio, ¿qué haces aquí?

Pues nada, que tengo dos horas libres

y me gustaría llevarte a pasear por el río.

-¿Los dos solos por la vereda del río?

(HABLA EN EUSKERA)

-¿Me lo podría traducir?

-A cinco idiomas si quiere, pero en castellano le quedará más claro.

De eso nada, monada. -Pero ¿por qué?

Solo vamos a pasear y tomar algo en el merendero.

-Porque para merendar, mucho mejor en el centro,

no compare, hay más gente, van a estar más acompañados...

Y además,

bien cerquita hay un café precioso, Nuevo Siglo XX, ¿le suena de algo?

-Sí, me suena. -Muy bien.

Voy a continuar haciendo las alcobas.

Hace un calor en esta cocina, que mejor no juntarse.

-Bueno, ya iremos otro día.

Cinta, ¿qué te pasa?

¿Ha ocurrido algo con el asunto de los escenarios?

¿Soy yo? ¿He hecho algo que te ha molestado?

No es eso, amor,

es mi padre.

¿Qué pasa con tu padre?

Pues que... le está siendo infiel a mi madre.

La está engañando. Y ella se ha dado cuenta.

¿Qué?

-¿Y para cuándo un anuncio oficial?

Uy, no se precipiten, señoras,

lo mío con Felipe va bien,

pero no marcha tan rápido como a mí me gustaría.

-Hace bien en respetar los tiempos de Felipe.

Le han pasado demasiadas cosas últimamente,

y no es bueno presionarlo en esas circunstancias.

-Además, recuerden el refrán,

quien mucho corre, pronto para.

-Perdonen, pero yo discrepo.

Los dos tienen una edad,

y tanto remilgo puede ser contraproducente.

-Debería usted formalizar la relación cuanto antes.

Así evitaría comentarios y malentendidos.

-Y no se arriesga a que Felipe vuelva a sus escarceos con Marcia.

-A falta de Susana,

nosotras velaremos por las buenas costumbres y la moral del barrio.

-Lo que no quita para que ayudemos a Genoveva

a estrechar el cerco sobre Felipe.

¿De verdad me ayudarían con Felipe?

-La duda ofende.

-Cuente conmigo. -Y conmigo.

-Pues nada,

como dice la copla: ¡Y qué triunfe el amor!

Muchas gracias a todas.

Espero que podamos conseguirlo.

¿Ha descansado usté bien? -Falta me hacía.

Espero que el siguiente turno

no sea tan accidentado como el de anoche.

¿Sabe algo de Marcia? -En su cuarto está.

No ha querido salir en todo el día, aunque está mucho mejor.

-Si le soy sincero, pensé que no lo contaba.

-Yo también me asusté mucho.

-Pero espérese...

-A Servando no se le da mal el negocio.

-Tenga usted un buen día. Y usted...

-Muchas flores está vendiendo este.

-Todos se llevan un periódico y un ramo de flores.

-Ahí tiene, caballero, gentileza de la casa.

-¿La ha regalado las flores a ese señor?

-A ese y a todos los que me han comprado un periódico.

No se habían vendido tantos diarios en este quiosco como hoy.

-No te amuela, se va a cargar el negocio como siga así.

-Se equivoca, Fabiana.

Se trata de...

un exitoso plan comercial para vender más diarios,

un reclamo. ¿Eh?

Han venido clientes de otros barrios.

-Como se entere Marcelina, lo corre a palos.

-Al contrario, no, señor,

me felicitará porque nunca se han vendido tantos diarios.

-Servando, las flores son mucho más caras que los periódicos.

Está haciéndole perder dinero a Marcelina.

-Pues mañana cambiaré la oferta.

Mañana, por cada ramo de flores,

regalaré un diario ¿qué les parece?

-¿Tanto trabajo le cuesta hacer las cosas como a todo el mundo?

-No, no, sería muy fácil,

eso... si no fuera un visionario comercial.

Vamos a ver,

mi obligación es introducir novedades, pasar a la historia,

no pretenderán ustedes que venda las cosas

como en los tiempos de Maricastaña.

-Fabiana tiene razón.

El quiosco no es suyo, sino de Marcelina,

y si quiere "introducir novedades", monte usted un negocio

y asuma usted las consecuencias.

-¿Ah, sí? ¿Eso es lo que creen?

¡Pues si son ustedes tan listos, háganse cargo del negocio, hombre!

Venga, déjenme en paz. Abur.

-¡Eh, quieto, parao!

A partir de ahora, quien quiera flores

que las pague. -Ya lo ha oído.

Circulando. -Hala.

A ver si luego me paso por la pensión a ver a Marcia.

Estuve esta mañana y no la cogí de buen humor.

-Estaría cansada. -Ya.

Eso dijo la señá Fabiana,

que necesita descansar. -¿Sabes algo de Rosina?

Le quiero contar algo urgente sobre Armando y no doy con ella.

-Ya me tienes aquí. ¿Qué me quieres decir?

-¿De dónde vienes?

-De casa de Genoveva.

Nos ha invitado a tomar el té a las señoras.

Casilda, ¿me puedes traer algo para merendar?

-Pero ¿no viene de tomar el té?

Un té bebido y unas pastitas de nada,

¿eso te parece merendar? -Ya. Me olvido de cómo es usted.

Perdone. Voy a prepararle algo más contundente.

-La culpa de esta hambre la tiene tu tía, la echo de menos,

y ya sabes que la aflicción me abre el apetito.

-¿Te sirvo?

-Sí, por favor.

-Y entonces, ¿qué tal con Genoveva?

¿Bien? -Muy bien.

Todo indica que Felipe sentará la cabeza con ella.

-¿Te lo ha dicho ella?

-No directamente, pero lo ha dejado caer.

Genoveva lleva mucho tiempo detrás de Felipe,

ahora hay que ver si él está dispuesto a comprometerse.

-Claro que sí, ¿dónde va a encontrar mejor partido

que la viuda de Bryce?

-Ah, que luego se me olvida, que Armando me hizo un encargo.

-Eso me comentaste, ¿de qué se trata?

-Quiere que recibamos a Maite,

es una sobrina suya que viene de Francia.

Pasará una breve temporada en la ciudad

mientras resuelve un asunto relacionado con una herencia.

-Qué ilusión acoger a una dama parisina.

Me ayudará a estar entretenida

y no echaré tanto de menos a Susana. ¿Te dijo cómo era?

-No, solamente me dijo lo de la herencia, poco más.

Me lo dijo justo antes de irse,

creo que le daba apuro pedirme ese favor.

(Puerta)

-Casilda, ve a abrir.

Qué tontería, todo lo contrario.

(SUSPIRA)

Un damisela parisina.

Seguro que es así, conociendo a su tío, que es tan caballeroso...

Será un poco de aire fresco para el barrio, que falta hace.

¿Te dijo cuándo llegaría?

-No, que llegaría esta semana.

Imagino que nos avisará con cierto adelanto, porque si no...

-Eso espero, hay muchas cosas que hacer.

Podríamos organizar una merienda elegante

o una comida para presentarla a los vecinos.

-Claro.

-Señores, un mozo ha traído esta carta para ustedes.

-Es de Maite, la sobrina de Armando. ¿Dice qué día llegará?

-Esta noche.

-¿Cómo, qué dices, cómo se va a presentar así de repente?

-Eso es lo que dice en la nota.

Pues vaya con la sobrina, espero que no siempre sea así.

-¿Ahora qué hago? Tendremos que preparar una cena a toda prisa.

Vamos a la cocina. -¿Quiere ayudarme a pelar patatas?

-¡Las pelas tú, descarada!

Vamos a ver qué tenemos en la fresquera.

(RESOPLA)

Maldita seas, Genoveva,... harpía.

Me has abandonado.

Solo tenías que vengarte de ellos, solo eso,

de todos ellos.

Maldita seas.

"Úrsula, Úrsula".

Doña Cayetana... ha vuelto.

Doña Cayetana.

Doña Cayetana.

Espere, soy yo.

Úrsula.

Su fiel servidora, señora.

Espéreme.

Doña Cayetana. Señora.

Su fiel servidora, señora.

¿Dónde se ha metido?

¿Dónde está?

Es imposible que tenga una aventura, padre la adora.

Lo sé, hija, estoy hecha un lío.

A ratos pienso que me engaña y otros dudo de todo.

Ya no sé qué creer.

Ni que no lo conociera, llevan toda la vida juntos.

¿Y por qué me engaña?

Hasta Arantxa le oyó bien clarito hablar de pecados de la carne.

Se referiría a otro, yo qué sé.

Antes pasaba las tardes en casa y ahora está siempre fuera,

y no en el Ateneo, que miente y mal.

-Señora, mire lo que he encontrado.

¿De dónde ha salido esa maleta? No sé.

Alguien la ha tenido que esconder,

porque hace nada que hice limpieza y no estaba.

Les prometo que mía no es.

-Solo puede ser de tu padre.

¡Al fin le hemos pillao!

Pero padre no se pondría estas ropas tan zarrapastrosas,

ni pa disfrazarse. -La puerta.

-Las ha cogido pa pasar desapercibido.

(Puerta)

Qué alegría llegar a casa y ver a las dos niñas de mis ojos.

-¿De dónde vienes?

¿De dónde va a ser?

Del Ateneo, que hay que ver lo pesadita que estás últimamente

con la preguntita.

-¡Se acabaron las pamplinas, mentiroso!

-¿Qué dices?

-Arantxa, trae. ¿Qué?

¿Pensabas que no me iba a enterar?

-Lo siento.

-Vamos, que es verdad.

-Es cierto, llevo días mintiéndote.

-Lo sabía, lo sabía, sabía que me engañaba.

Ay, Dios mío, qué desgracia más grande.

Virgencita, llévame contigo. -Perdóname, lucero mío.

Por lo que más quieras, por lo que más quieras, perdóname.

-¿Quién es tu querida?

-¿Qué?

-¿Una admiradora de antaño

o una niñata de la edad de tu hija?

-Mari Belli, por Dios santo, ¿me estás llamando adúltero?

-¡Dime la verdad!

Señora.

Acabo de ver a doña Cayetana.

Ha vuelto.

Hemos de estar alerta.

Esa mujer es muy peligrosa.

Tenemos que protegernos la una a la otra.

Usted a mí y yo a usted.

Ah, doña....

Felipe Álvarez Hermoso.

Maldita furcia,

no ha podido contenerse.

No merece vivir.

Es usted tan despreciable como las demás.

No merece vivir.

¿Cómo he podido ser tan tonta?

Pensar que me ibas a engañar...

Si yo también te quiero una barbaridad.

-Ay, claro,

por eso hablaba usted solo, por los ensayos.

-Recitaba pa aprenderme el papel.

Rece conmigo,

o no volverá a tener paz.

¡Nadie ha de volver de entre los muertos!

Úrsula, suélteme.

¡Úrsula, está loca. ¡Suélteme! ¡Rece!

¡Fuera!

Debería habernos avisado con más tiempo de su llegada,

así hubiéramos podido prepararle la habitación de los invitados...

o una reunión con los vecinos para que le dieran la recepción.

-Lo sé, pero ha sido todo tan precipitado...

Si viene de la Francia, no me extraña.

-No todo eran baúles de ropa, también traía caballetes de pintura

y unas cajas con pinceles, oleos y demás.

-¿Qué es, pintora?

-Parecía. Me temo que doña Maite, la sobrina de don Armando

va a revolucionar la casa de don Liberto.

No sé por qué te doy de desayunar, si estoy enfadada contigo.

¿Conmigo? Pues no tienes razón.

Sí la tengo, por ocultarme los ensayos de mi padre.

Cinta, tu padre me lo pidió.

No sabía que el asunto se desmadraría tanto.

No deberías tener secretos conmigo.

Es mi futuro suegro y tengo que llevarme bien con él.

Marcia...

Me prometí no preguntártelo, pero...

no me puedo marchar con esa duda.

¿Fue Felipe Álvarez-Hermoso el causante de lo que intentaste hacer?

Disculpen a mi hijo,

le hubiera encantado participar de nuestra tertulia,

pero como saben, Lolita está en estado de buena esperanza

y tiene que atender a sus antojos.

-¿Está teniendo muchos Lolita?

-Los caprichos de una mujer de Cabrahígo en condiciones normales

son difíciles de satisfacer, se lo digo por experiencia

con mi malograda Trini, que en paz descanse.

Así que, imagínese usted con un embarazo.

¿No te había dicho el médico que tenías que descansar?

-Sí, pero ya estoy bien, y no es mucho.

-Como te vuelva a ver fregando, te echo de mi pensión.

Que pase buena tarde.

¿Las dudas que tenías sobre Santiago se han marchao?

-Un hombre que pasa tantos años en la cárcel,

por fuerza tiene que cambiar. -Eso me parece a mí.

Y Santiago ha cambiado para bien,

aunque tenga baches en la memoria

y haya cosas que ha olvidado para siempre.

A partir de ahora, tendrá nuevos recuerdos.

Fabiana.

Úrsula, ¿está usted bien?

Quiero que me sea sincera.

Dígame.

¿Murió doña Cayetana en el incendio?

Es mejor que se acostumbre a que la miren.

En España no somos como los franceses,

no somos de ideas tan avanzadas. -No cambiaré mis costumbres.

-Hace bien.

(Puerta)

Genoveva, ¿piensas que deberíamos aclarar las cosas

ante los ojos de los demás antes de viajar a la sierra?

Yo no quiero presionarte, pero quizá sería lo conveniente.

Usted no aguanta la competencia.

Su negocio está vacío y el mío está lleno.

-Competencia, no me haga usted reír.

Yo sirvo productos de primera calidad y usted altramuces.

-Lo que piden mis clientes. -Usted verá,

pero no quiero este escándalo todos los días. ¿Tiene permiso?

Señora, un mozo traía esto para usted.

-A ver...

-¿Qué pasa, malas noticias?

-O buenas, no lo sé.

El detective me manda la dirección de Margarita, la esposa de Alfonso.

Doña Cayetana.

No puede ser.

Usted murió hace muchos años.

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Acacias 38 - Capítulo 1131

04 nov 2019

Marcia sufre una crisis respiratoria en la calle tras haber visto a Felipe y a Genoveva besándose. Agustina y Cesáreo la socorren y la atienden en la pensión. La brasileña no les da ninguna pista de donde está su inhalador e intenta dejarse morir. Al mismo tiempo Genoveva y Felipe hacen el amor.
Jose sigue con su mentira y esto hace que Bellita dude cada día más de él. Por lo que empieza a buscar pistas y Cinta acaba enterándose de las sospechas de su madre. Bellita encuentra una pista clave y culpa a Jose de infidelidad.
Rosina y Liberto vuelven de la boda de Susana felices y con un encargo: atender a la sobrina de Armando que llega a España esa noche.
Úrsula espía a las señoras y oye a Genoveva pedirles ayuda para reconquistar a Felipe. Sueña que asfixia a Genoveva.

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  1. carmela

    Y yo digo que vuelva Cayetana, con un guión picantito que haga bailar a todos los personajes, y nos deleite a todos los televidentes. ¡¡¡Cordiales saludos para todos desde Buenos Aires !!!

    05 nov 2019
  2. selene quintanar castro

    Esta serie me tiene atrapada, no puedo ir a ningún lado a la hora que la transmiten tengo mas de un año que la veo a diario, soy de mexico de un lugarcito llamado san jose del cabo, los cabos. Esta muy bien realizada todos los personajes me hacer reír, llorar, enojarme, como la disfruto en verdad, muchas felicidades a todos los actores y en especial a mi novio felipe que es fenomenal. Felicidades a los creadores de esta estupenda serie.

    05 nov 2019
  3. lina

    Doña Cayetana vestida y peinada como más de 10 años atrás? Eso no hay quien se lo crea es un sueño de Úrsula.

    05 nov 2019
  4. Indignada

    ¿Felipe o Santiago? ¡Los acacieros votan con quien debería quedarse Marcia!. La respuesta fue: 86%: FELIPE, A QUIEN AMA. En el fondo, Felipe se "merece" lo que ha "elegido" ... ¡qué rápido ha sustituído a MARCIA!.

    05 nov 2019
  5. Liliana

    Ayy! No me digan que Susana no estará más en la novela... Si es así, Acacias 38 no será lo mismo. Liliana

    04 nov 2019